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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[HECHOS Y VALORES EN EL PENSAMIENTO ECONÓMICO. UNA REFLEXIÓN EPISTEMOLÓGICA]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Minho Departamento de Economía ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>HECHOS Y VALORES EN EL PENSAMIENTO ECON&Oacute;MICO. UNA REFLEXI&Oacute;N EPISTEMOL&Oacute;GICA</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>FACTS AND VALUES IN ECONOMIC THOUGHT. AN EPISTEMOLOGICAL ANALYSIS</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Paulo Reis Mour&atilde;o</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor del Departamento de Econom&iacute;a de la Universidad de Minho, Braga, Portugal, [<a href="mailto:paulom@eeg.uminho.pt">paulom@eeg.uminho.pt</a>]. Agradezco las sugerencias de un comentarista an&oacute;nimo de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>. Las limitaciones que subsistan son de mi responsabilidad. Documento original en portugu&eacute;s. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 4 de septiembre de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 6 de noviembre de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 1 de febrero de 2008.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>En una &eacute;poca en que est&aacute; en boga la “crisis de valores”, propagada por la democratizaci&oacute;n inducida por los medios de comunicaci&oacute;n, el papel de los “valores” en la ciencia o de una ciencia sin valores retorna al &aacute;gora donde se debate la concepci&oacute;n cient&iacute;fica, y se someten a discusi&oacute;n la metodolog&iacute;a, su operatividad, sus fundamentos e incluso su eficacia.</p>     <p align="justify">Se percibe entonces la necesidad de una seria reflexi&oacute;n epistemol&oacute;gica entre los cient&iacute;ficos sociales, en particular, entre los economistas. Esta nota muestra la importancia de los conceptos de    <br> “hecho” y “valor” en el pensamiento econ&oacute;mico, y su complejidad; resume los principales rasgos de la visi&oacute;n de los hechos y los valores en econom&iacute;a, y busca estimular la reflexi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Como ciencia, la econom&iacute;a recurre a hechos y valores, bien sea como objeto o como producto de su acci&oacute;n; un aspecto relevante adicional de la reflexi&oacute;n. La reflexi&oacute;n provoca la cr&iacute;tica. La cr&iacute;tica estimula la definici&oacute;n, y la definici&oacute;n estimula la acci&oacute;n. La acci&oacute;n es un paso esencial que precede al desarrollo: ese desarrollo metodol&oacute;gico que diversos autores hoy exigen a la econom&iacute;a como espacio de debate promisorio de una tem&aacute;tica acogida en el seno de esta ciencia durante m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os<sup><a href="#1" name="n1">1</a></sup>.</p>     <p align="justify">Empezamos por la revisi&oacute;n de las posiciones m&aacute;s destacadas acerca de los hechos y los valores en el mundo cient&iacute;fico (primera secci&oacute;n), concretando su papel en la teor&iacute;a econ&oacute;mica (segunda secci&oacute;n), donde se muestra la relevancia de la ciencia econ&oacute;mica como espacio de pluralidades pero tambi&eacute;n de contradicciones en la visi&oacute;n de los hechos y de los valores. La &uacute;ltima secci&oacute;n presenta las conclusiones.</p>     <p align="justify"><b>HECHOS Y VALORES EN LA CIENCIA – EL ORIGEN DE LA DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify"><b>H<small>ECHOS &ndash; UNA CONTEXTUALIZACI&Oacute;N</small></b></p>     <p align="justify">Desde una perspectiva filos&oacute;fica amplia, Oliver (2005) identifica el “hecho” con la “cualidad de verdadera de una verdad”, es decir, el “hecho” es el n&uacute;cleo s&oacute;lido de una hip&oacute;tesis que ayuda a identificar una verdad o tesis final<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup>, una concepci&oacute;n cercana a las interpretaciones de la noci&oacute;n de verdad basadas en la idea de correspondencia que desarroll&oacute; Giambattista Vico en <i>La ciencia nueva</i>, en las que el “hecho” es el objeto final en el que confluye una expresi&oacute;n verdadera, conclusi&oacute;n a la que tambi&eacute;n llega el argumento de que siendo as&iacute;, s&oacute;lo puede existir un hecho: la verdad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque este argumento b&aacute;sico parezca consensual, en la realidad, una expresi&oacute;n factual tan obvia como “Lisboa es la ciudad capital de Portugal” combina por lo menos tres (sub)hechos o argumentos: Lisboa es una ciudad; Portugal tiene una capital; la capital de Portugal es una ciudad, de los que se infiere que Lisboa es esa ciudad capital.</p>     <p align="justify">De modo que en los hechos (compuestos) confluyen otros hechos, a&uacute;n m&aacute;s nucleares, en el sentido de que son m&aacute;s simples. En el dominio de la epistemolog&iacute;a, un hecho es una observaci&oacute;n objetiva y verificable, a diferencia de las conjeturas o teor&iacute;as que intentan explicar o interpretar los hechos.</p>     <p align="justify">Kuhn se&ntilde;ala que el simple conocimiento de los hechos que se deben examinar (selecci&oacute;n) y c&oacute;mo medirlos (m&eacute;todo de observaci&oacute;n) requiere teor&iacute;as complementarias o importadas de otras ciencias (as&iacute; como la inferencia estad&iacute;stica requiere la contribuci&oacute;n de las matem&aacute;ticas), lo que genera nuevos hechos o problemas en el proceso cient&iacute;fico. Percy Williams Bridgman, fundador del operacionalismo, va m&aacute;s lejos y muestra que en las observaciones (hechos) no s&oacute;lo influyen los medios y supuestos de los observadores, sino que las determinan.</p>     <p align="justify">Sin embargo, en t&eacute;rminos epistemol&oacute;gicos, la percepci&oacute;n m&aacute;s o menos objetiva de los hechos que se identifican en la investigaci&oacute;n se clarifica mediante los procedimientos corrientes, como la exposici&oacute;n ante otras escuelas, la revisi&oacute;n emp&iacute;rica o la publicaci&oacute;n sometida a revisores an&oacute;nimos.</p>     <p align="justify">En el siglo XVIII, Giambattista Vico concibi&oacute; la realidad como una construcci&oacute;n humana o social, idea que fue retomada por la escuela hist&oacute;rica alemana y por el institucionalismo norteamericano (McCall, 1991, y Mour&atilde;o, 2007). Vico, en una precoz anticipaci&oacute;n de Bridgman, observ&oacute; que puesto que tenemos cuerpo y los actos humanos corporales involucran la interacci&oacute;n con el mundo f&iacute;sico, el &eacute;xito de esos actos depende de los condicionantes del mundo f&iacute;sico. Por ello, el cient&iacute;fico “crea” a partir de lo que existe, revela hechos a partir de hechos, lo que es uno de los mayores aportes de la ciencia, en el sentido de que establece las combinaciones posibles de un conjunto finito.</p>     <p align="justify"><b>V<small>ALORES &ndash; UNA CONTEXTUALIZACI&Oacute;N</small></b></p>     <p align="justify">David Hume examin&oacute; la l&iacute;nea tenue que separa los “hechos” y los “valores”. En el <i>Tratado de la naturaleza humana</i>, Hume sostuvo que no existe un modo inequ&iacute;voco para sacar conclusiones a partir de un conjunto de premisas ni para verificarlas de facto. Moore consider&oacute;, adem&aacute;s, que la pretensi&oacute;n de derivar valores a partir de los hechos es una falacia naturalista.</p>     <p align="justify">El valor se identifica m&aacute;s claramente con una cualidad de un objeto o hecho. Para el psicologismo y el utilitarismo, el valor es el acto individual de valorar, resultado del inter&eacute;s, el deseo o el agrado del sujeto. El sociologismo identifica el valor con lo que una sociedad o cultura acepta y reconoce como valioso.</p>     <p align="justify">No obstante, en la ontolog&iacute;a de los valores existe una corriente que defiende el car&aacute;cter objetivo de los valores y minimiza el papel del sujeto o del agente realzando el papel del objeto valorado. Esta corriente objetivista permite destacar tres tendencias (Val&eacute;rio, 2006): i) la idealista neo-kantiana (los valores preceden a la raz&oacute;n y a la experiencia); ii) la fenomenol&oacute;gica o empirista (los valores se derivan de la experiencia), y iii) la metaf&iacute;sica neo-escol&aacute;stica (el valor proviene del Ser y trasciende su origen para el Ser Supremo).</p>     <p align="justify">Cabanas (2000) presenta una s&iacute;ntesis de la noci&oacute;n de valor basada en los textos m&aacute;s comunes en ciencias sociales: el valor no es la perfecci&oacute;n del objeto sino la perfecci&oacute;n estimada y estimable, deseada y deseable, por un sujeto. Cabanas sostiene que su propuesta combina el objetivismo axiol&oacute;gico (el valor es una cualidad del objeto) y el subjetivismo axiol&oacute;gico (el valor surge del inter&eacute;s del sujeto). La ciencia econ&oacute;mica proporciona uno de los ejemplos m&aacute;s conocidos de la dicotom&iacute;a entre lo deseado y lo deseable: el valor de un bien es el resultado de la interacci&oacute;n entre las cantidades deseadas y las cantidades deseables de ese bien por cuanto el elemento contractual (el precio) es el resultado de la interacci&oacute;n entre las cantidades deseadas (la demanda) y las cantidades disponibles (la oferta).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los intentos filos&oacute;ficos y epistemol&oacute;gicos de separar totalmente lo deseado y lo deseable llevan al vac&iacute;o: lo deseable que no es deseado lleva a un vac&iacute;o te&oacute;rico o formal; los deseado que no es deseable o equivalente a lo deseable degenera en una concreci&oacute;n irracional, ineficiente e in&uacute;til.</p>     <p align="justify">La manera de conocer y reconocer los valores produjo contribuciones fundamentales en las ciencias sociales. Por una parte, autores que, a semejanza de Veblen (1899) o Hessen (2001), argumentan que los sujetos captan los valores de modo directo e inmediato, como fruto de la intuici&oacute;n, y no mediante razonamientos que se pueden modelar. Por otra, autores que afirman que sin una dimensi&oacute;n racional, los valores no ser&iacute;an objeto de debate, pues ser&iacute;an tan ef&iacute;meros como la transitoriedad del tiempo; como Pareto, Popper y Wittman (1995), cuya posici&oacute;n se ve reforzada por la evidencia obtenida en la investigaci&oacute;n neurol&oacute;gica, que demuestra que valorar es m&aacute;s que intuir.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n se ha debatido intensamente acerca de la universalidad de los valores. Por un lado, una corriente historicista e institucionalista de las ciencias sociales que defiende la localizaci&oacute;n individual y sociol&oacute;gica de los valores: “aquellos valores para aquellos agentes, estos valores para estas personas”. Por el otro, la posici&oacute;n esencialista de las escuelas neocl&aacute;sicas (m&aacute;s visibles en econom&iacute;a) que, secundando a Rousseau, sostienen que entre dos culturas s&oacute;lo cambian las costumbres externas, y que los valores esenciales siguen siendo fundamentales. Estos valores esenciales (<i>nomos</i>) se pueden encontrar mediante la sistematizaci&oacute;n de la ciencia, con modelos basados en la racionalidad de los agentes y en la posibilidad de comunicaci&oacute;n axiol&oacute;gica en situaciones de “mercado”, en el sentido amplio de espacio comunicativo y no en el sentido estrecho de tienda de comerciantes.</p>     <p align="justify"><b>HECHOS Y VALORES &ndash; SISTEMATIZACI&Oacute;N DE LA DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Diversos autores han tratado de sistematizar la manera de abordar los “hechos” y los “valores” en la ciencia. Uno de ellos, Japiassu (2000), sigue las propuestas de Sayre-McCord (1988) y Brink (1989). La posici&oacute;n de la ciencia ante los hechos y los valores se puede resumir en cuatro corrientes principales: realismo, no cognitivismo, relativismo y escepticismo. La oposici&oacute;n entre estas corrientes no es exclusiva del debate metodol&oacute;gico en econom&iacute;a; est&aacute; ligada a concepciones de los hechos (y de los valores) que se remontan a la oposici&oacute;n entre las escuelas griegas cl&aacute;sicas.</p>     <p align="justify">El realismo, sin adjetivarlo de moral o cient&iacute;fico (como tampoco a las otras corrientes mencionadas), considera que los hechos tienen un fundamento objetivo y no se basan en convenciones. Desde la c&eacute;lebre demostraci&oacute;n plat&oacute;nica de la intemporalidad de la proposici&oacute;n 1 + 1 = 2 en <i>La rep&uacute;blica</i> hasta al positivismo moderno, pasando por los juicios naturales que rigen a los seres de Santo Tom&aacute;s de Aquino, muchos han considerado que las causas y los hechos son independientes de las entidades que deciden. En esta nota nos interesa el realismo cient&iacute;fico, investigado por Ian Hacking (1983, 41-47), que pone de manifiesto seis ideas b&aacute;sicas: 1) el &eacute;nfasis en la verificaci&oacute;n o falsaci&oacute;n (en la l&iacute;nea de Popper); 2) la observaci&oacute;n sensorial fundamenta todo conocimiento aut&eacute;ntico; 3) el llamado de Hume a entender las causas pero sobre todo los efectos; 4) la hostilidad al dominio de las causas; 5) la aversi&oacute;n a lo que no es observable y, por tanto, a las entidades te&oacute;ricas; lo que nos lleva al &uacute;ltimo aspecto, 6) la oposici&oacute;n a la metaf&iacute;sica.</p>     <p align="justify">El no cognitivismo niega el absolutismo de la verdad (o falsedad) de las conclusiones. Sus seguidores reconocen la universalidad de frases como “Juan tiene el cabello rubio”, pero cuestionan la validez de “Juan es un muchacho alto” y, en un ejemplo extremo, de “Juan es una buen muchacho”. En la versi&oacute;n religiosa tom&oacute; la forma de agnosticismo, y en la cient&iacute;fica involucra “supuestos” que contrar&iacute;an la posibilidad de sacar conclusiones, bien sea por el complejo espacio-temporal circundante, por la emotividad de quienes sacan las conclusiones o por cualquier otro motivo. La corriente econ&oacute;mica cercana a esta vertiente filos&oacute;fica es el “institucionalismo norteamericano”, en la formulaci&oacute;n original de Thorstein Veblen.</p>     <p align="justify">El relativismo acoge la idea de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, de Prot&aacute;goras, que en la terminolog&iacute;a actual significa que cualquier postulado, ley o pauta social se deriva de convenciones humanas. Despu&eacute;s de los sofistas, los relativistas m&aacute;s famosos, en el sentido m&aacute;s amplio del t&eacute;rmino<sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup>, fueron Durkheim, Comte, Albert Einstein y Thomas Kuhn. Para este &uacute;ltimo, no todas las teor&iacute;as est&aacute;n sujetas a la falsaci&oacute;n de Popper; en la realidad, las concepciones cambian y est&aacute;n dominadas por paradigmas aceptables para las opiniones dominantes y m&aacute;s influyentes, lo que diluye las fronteras entre ciencia y no ciencia. Las rupturas entre paradigmas ocurren de la manera como se entrega un correo en la guerra: el primero entrega el mensaje al segundo porque no tiene acceso al campo dominado por el segundo; as&iacute;, un nuevo paradigma surge cuando las preguntas encuentran respuesta en el nuevo, que asimila las ideas m&aacute;s poderosas del antiguo. Como sucedi&oacute; con el keynesianismo y su &eacute;xito despu&eacute;s de la Gran Depresi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, el escepticismo niega el conocimiento o la justificaci&oacute;n de los fundamentos de la acci&oacute;n y de sus objetivos. No niega los objetivos existentes, pero &eacute;stos est&aacute;n muy relacionados con el sujeto, como en un juicio est&eacute;tico. Un ejemplo de escepticismo extremo es el nihilismo, que postula que ning&uacute;n valor tiene sentido, que no se pueda transmitir alg&uacute;n conocimiento. En t&eacute;rminos te&oacute;ricos, Malthus y Ricardo fueron los economistas m&aacute;s cercanos a la visi&oacute;n esc&eacute;ptica de la realidad (curiosamente, se tiende a considerar que Hume era esc&eacute;ptico<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup>). Pero, en la pr&aacute;ctica, los ejemplos nihilistas son exportados diariamente por las econom&iacute;as de pa&iacute;ses con &iacute;ndices de desarrollo mediocres, donde el pesimismo de la poblaci&oacute;n y su entrega a las condiciones paralelas del mercado negro parecen conducir al fracaso los esfuerzos gubernamentales e internacionales de desarrollo.</p>     <p align="justify">Este &uacute;ltimo aspecto nos advierte sobre el papel fundamental de los valores en el proceso cient&iacute;fico. El divorcio entre los “productores” de conocimiento cient&iacute;fico y sus “usuarios” condujo, entre otros ejemplos, a las bombas at&oacute;micas que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki. No existe una ciencia exenta de valores ni desprovista de intenciones. Siguiendo a Weber, los valores son “ideas, objetivos finales, fines y evaluaciones pr&aacute;cticas de los hechos, acordes con los ideales humanos” (Rugina, 1984, 811). Esto nos lleva de nuevo a la discusi&oacute;n sobre el “ser” y el “deber ser”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Weber utiliz&oacute; un silogismo para mostrar que en la ciencia no hab&iacute;a espacio para los valores y los juicios de valor: toda ciencia se basa en el conocimiento emp&iacute;rico; los valores y juicios de valor se basan en sentimientos individuales; por tanto: en la ciencia no existe espacio para los valores y juicios de valor. Hoy podr&iacute;amos argumentar que no todo el conocimiento emp&iacute;rico es base de la ciencia, lo que nos permite llegar a conclusiones cercanas a las de Antonio Damasio (1996), quien en <i>El error de Descartes</i> llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre la importancia de la inteligencia emocional, por ejemplo. Pero a&uacute;n estar&iacute;amos ignorando el papel preponderante de una l&iacute;nea normativa de la econom&iacute;a que, bien o mal, demostr&oacute; la estrecha relaci&oacute;n entre una ciencia y los valores que la motivan.</p>     <p align="justify">Con respecto al intento de separar la raz&oacute;n y los valores, cabe citar por completo un p&aacute;rrafo del fil&oacute;sofo y te&oacute;logo Hans K&uuml;ng (1996, 37):</p>     <blockquote>     <p align="justify">La crisis de la idea de progreso es, en el fondo, la crisis del racionalismo moderno. En efecto, a partir del siglo XVIII, se impuso una cr&iacute;tica de la raz&oacute;n ilustrada a la nobleza y a la Iglesia, al Estado y a la religi&oacute;n, pero concluy&oacute;, finalmente, con una autocr&iacute;tica de la misma raz&oacute;n (las cr&iacute;ticas de Kant). Sin embargo, la creciente autoafirmaci&oacute;n de una raz&oacute;n que pide cuentas de todo (junto con la libertad de la subjetividad), de una raz&oacute;n sin conexi&oacute;n con cosmos alguno, y para la que nada es sagrado, termina por destruirse a s&iacute; misma.</p> </blockquote>     <p align="justify">A continuaci&oacute;n se muestra c&oacute;mo se traslad&oacute; esta discusi&oacute;n –q&shy;ue se inici&oacute; en otros campos de la ciencia– al dominio de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify"><b>HECHOS Y VALORES EN LA CIENCIA ECON&Oacute;MICA COMO ESPACIO DE PLURALIDAD Y CONTRADICCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify"><b>L<small>A ECONOM&Iacute;A COMO ESPACIO DE PLURALIDAD</small></b></p>     <p align="justify">Los detractores de la ciencia econ&oacute;mica suelen acusarla de ser el &uacute;nico campo cient&iacute;fico donde dos individuos pueden ganar el premio Nobel por defender tesis contrarias. Ese espacio de pluralidad que proporciona la econom&iacute;a es m&aacute;s visible en el debate sobre la concepci&oacute;n de los hechos y los valores.</p>     <p align="justify">En primer lugar, la econom&iacute;a tiende a tratar a los seres humanos como miembros de grupos sociales: aunque existen razones (cuasi) deterministas que llevan a razonamientos que predicen comportamientos, la incertidumbre acerca de las motivaciones individuales, las diferentes capacidades y posibilidades de reacci&oacute;n ponen la Teor&iacute;a del Caos en el orden del d&iacute;a, como previ&oacute; Rothbard (1988), y por esta v&iacute;a es inconcebible concretar reglas detalladas e ineludibles dentro de sistemas definidos, como las que se admiten en f&iacute;sica o qu&iacute;mica y llevan a negar el divorcio entre hechos y valores, tan f&aacute;cil en otras ciencias<sup><a href="#5" name="n5">5</a></sup>. En cambio, los valores, como medios interpuestos entre hechos y agentes, son una pieza insustituible en la definici&oacute;n metodol&oacute;gica de los objetos de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">En segundo lugar, la econom&iacute;a es una ciencia pro-experimental; mientras que en la f&iacute;sica muchas situaciones se pueden verificar repetidas veces, en la econom&iacute;a eso es m&aacute;s complejo, no s&oacute;lo por la dimensi&oacute;n humana que condena el uso del hombre como “rat&oacute;n de laboratorio” sino tambi&eacute;n porque el comportamiento individual es imprevisible, debido a que los valores de los agentes econ&oacute;micos se traducen a los valores de los economistas; de all&iacute; la frase: “tres economistas tienen cuatro opiniones diferentes”. La elaboraci&oacute;n de modelos econ&oacute;micos obliga a adoptar cierta fenomenolog&iacute;a, por cuanto se supone que los fen&oacute;menos describen el comportamiento de los agentes y reflejan sus valores. Los trabajos de Vernon Smith (que recibi&oacute; el Nobel en 2002) y de la escuela de econom&iacute;a experimental han intentado deducir predicciones de los modelos de optimizaci&oacute;n de los agentes con la observaci&oacute;n <i>in situ</i> de sus reacciones y de sus valoraciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En tercer lugar, el economista actual se caracteriza por lo que llamar&eacute; el “mal del cronista”: las mayores joyas de la literatura laica medieval fueron escritas por cronistas reales, como Fern&atilde;o Lopes y Geoffrey Chaucer; aunque persiste la duda sobre la exactitud de la informaci&oacute;n que transmitieron, debido a su cercan&iacute;a (y dependencia) del mecenazgo. El papel del economista, aun en su tarea b&aacute;sica de analizar, interpretar y expresarse, tambi&eacute;n sugiere, casi autom&aacute;ticamente, una conexi&oacute;n idiosincr&aacute;sica, que dificulta la producci&oacute;n cient&iacute;fica exenta de valoraciones internas o inducidas por la cr&iacute;tica ajena (como la <i>Wertfreiheit</i> que preconiz&oacute; Weber), como Sen reconoci&oacute; (Chaves, 2002).</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, la econom&iacute;a tiende a reflejar y a ser “hija de” su tiempo, y a&uacute;n hoy se puede decir que “quien no se interesa en la econom&iacute;a, tiene el castigo de ser gobernado por quienes se interesan en ella”<sup><a href="#6" name="n6">6</a></sup> (Pinto, 2000). Es entonces una ciencia permeable a juicios de valor que evolucionan y llevan a una comprensi&oacute;n de los hechos construida en momentos hist&oacute;ricamente distintos, como veremos en seguida.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A ECONOM&Iacute;A COMO ESPACIO DE CONTRADICCI&Oacute;N</small></b></p>     <p align="justify">En esta nota no puedo comentar algunas propuestas “marginales” –como la del “institucionalismo norteamericano”, de Veblen y Commons, con seguidores como Galbraith o Heilbroner, que trato en detalle en Mour&atilde;o (2007)– ni las tesis recientes de Kevin Hoover y su “No-(wo)man’s land”, donde hace &eacute;nfasis en la persistencia de campos econ&oacute;micos que no contienen definiciones metodol&oacute;gicas concretas<sup><a href="#7" name="n7">7</a></sup>. Paso de inmediato, siguiendo el camino que abri&oacute; Mark Blaug (1992), a una revisi&oacute;n hist&oacute;rica de las vertientes metodol&oacute;gicas que dan sost&eacute;n a la “corriente econ&oacute;mica principal”.</p>     <p align="justify">Blaug empieza recordando la oposici&oacute;n “hist&oacute;rica” entre los adeptos a la introspecci&oacute;n y los defensores de la observaci&oacute;n emp&iacute;rica, a pesar de la opini&oacute;n de Popper de que “las teor&iacute;as s&oacute;lo son ‘cient&iacute;ficas’ si son falsables”.</p>     <p align="justify">Karl Popper cre&iacute;a que un ciudadano que viviera en democracia tomar&iacute;a en cuenta los argumentos cr&iacute;ticos y aprender&iacute;a de la experiencia. El cient&iacute;fico no ser&iacute;a diferente: aprender&iacute;a mediante la conjetura (la situaci&oacute;n experimental vivida) y la discusi&oacute;n cr&iacute;tica, y as&iacute; llegar&iacute;a a entender los hechos. Pero admit&iacute;a que, como hip&oacute;tesis, la premisa de que los “agentes act&uacute;an siempre de un modo apropiado ante la situaci&oacute;n en que se encuentran” se deb&iacute;a concebir “como una regla muy cercana a la verdad” y a toda teor&iacute;a social comprobable. Lo que se volver&iacute;a clave para explicar el comportamiento individual (que, <i>a priori</i>, explicar&iacute;a los hechos sociales por inducci&oacute;n). En resumen, Popper sosten&iacute;a que la sociedad y la ciencia requer&iacute;an el debate e, instrumentalmente, una acci&oacute;n racional; lo que implica, en primer lugar, que una acci&oacute;n sin una estructura social es una ficci&oacute;n y, en seg&uacute;n lugar, que en las ciencias naturales y en los estudios sociales la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica debe incorporar algunos mecanismos explicativos. Por tanto, no deben existir “feudos” donde los campos cient&iacute;ficos se resguarden de la cr&iacute;tica y de la discusi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Retornemos a Blaug, que advierte que el <i>E nsayo sobre la naturaleza y significaci&oacute;n de la ciencia econ&oacute;mica</i> de Robbins, de 1932, fue el primero “que alborot&oacute; el avispero” despu&eacute;s de la apasionada controversia metodol&oacute;gica entre William Nassau Senior y John Stuart Mill. A Robbins le debemos la separaci&oacute;n entre “econom&iacute;a positiva” y “econom&iacute;a normativa”, despu&eacute;s de la contribuci&oacute;n de Hume que, en el <i>Tratado de la naturaleza humana</i>, estableci&oacute; que no todos los hechos pueden ser sometidos a juicios morales o &eacute;ticos y cort&oacute; al cuerpo del “deber ser” su miembro superior, el “ser”. Robbins tambi&eacute;n apoy&oacute; el “apriorismo radical”, que s&oacute;lo juzga posible hacer deducciones l&oacute;gicas a partir de la introspecci&oacute;n, en clara oposici&oacute;n al “ultra-empirismo”, que comienza por los hechos –en contra de Cairnes, uno de los &uacute;ltimos cl&aacute;sicos, para quien “El economista empieza por el conocimiento de las causas &uacute;ltimas” (Blaug, 1994, 119).</p>     <p align="justify">Ya desde Adam Smith, la cuesti&oacute;n de los “hechos” como causas &uacute;ltimas fue motivo de pol&eacute;mica. Cabe recordar que algunos cl&aacute;sicos “liberales” como Stuart Mill o Cairnes apelaban a la existencia de variables ex&oacute;genas sobre las cuales los agentes no ten&iacute;an influencia, mientras que Marx se justificaba con las contradicciones intr&iacute;nsecas al proceso dial&eacute;ctico. Por su parte, los primeros marginalistas (de Jevons y Walras a Marshall) intentaron eludir el problema aceptando excepciones (que se convertir&iacute;an en regla) como las del <i>ceteris paribus</i> y el <i>estado estacionario</i>, que facilitaban la manipulaci&oacute;n de los modelos. Fue necesario que Keynes advirtiera que, a pesar de la persistencia de las variables independientes del modelo, esta regla de total alineamiento se romp&iacute;a sistem&aacute;ticamente en la vivencia cotidiana, cr&iacute;tica que resurgi&oacute; con Mirowski (1991) y Ormerod (1999).</p>     <p align="justify">Algunos neocl&aacute;sicos, como Hicks o Samuelson, se escudaron en teoremas microecon&oacute;micos est&aacute;ticos, metodol&oacute;gicamente muy cercanos a las restricciones utilizadas en la qu&iacute;mica de laboratorio. Paul Samuelson tambi&eacute;n afirma que “en ausencia de informaci&oacute;n cuantitativa completa, se espera que se formulen restricciones cualitativas para poder derivar definiciones cualitativas definitivas, desde las reacciones del sistema en cuesti&oacute;n hasta cambios en algunos par&aacute;metros”, en lo que se conoci&oacute; como m&eacute;todo est&aacute;tico-comparativo.</p>     <p align="justify">En 1953, Milton Friedman, con su natural irreverencia, argument&oacute; que era necesario abandonar los supuestos te&oacute;ricos y preferir las pruebas de las implicaciones como presupuestos de los modelos, enriquecidos con hechos que, curiosamente, se llegaron a denominar “estilizados” (algunos de los m&aacute;s famosos, que datan de ese per&iacute;odo, son los de Kaldor (1961), centrados en el crecimiento econ&oacute;mico).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Desde entonces, con la mayor intervenci&oacute;n del Estado en los procesos econ&oacute;micos nacionales e internacionales, la cuesti&oacute;n del car&aacute;cter normativo y positivo de la econom&iacute;a se convirti&oacute; en centro de la atenci&oacute;n metodol&oacute;gica, junto con las contribuciones a la metodolog&iacute;a de una “vieja” se&ntilde;ora rejuvenecida por las contribuciones cr&iacute;ticas de los autores neocl&aacute;sicos y la b&uacute;squeda de hechos estilizados por parte de los monetaristas de Chicago: la econometr&iacute;a.</p>     <p align="justify">Concluimos esta secci&oacute;n con las palabras de Jacinto Nunes (1998), quien dice, citando a Kuhn, que “todo cient&iacute;fico act&uacute;a dentro de una comunidad que comparte un paradigma [...] Todo cient&iacute;fico, que pertenece impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente a una comunidad, prefiere ese conjunto de criterios”. Nunes tambi&eacute;n nos advierte sobre la persistencia del m&eacute;todo babil&oacute;nico, muy com&uacute;n entre los estudiosos modernos del post-positivismo.</p>     <p align="justify">Lo ideal es entonces no caer en la tentaci&oacute;n de los fundamentalismos metodol&oacute;gicos, cuyos extremos son el “pensar babil&oacute;nico” y el “pensar cartesiano”, es decir, la imposibilidad del conocimiento completo (seg&uacute;n la imagen b&iacute;blica, en la torre de Babel la diversidad ling&uuml;&iacute;stica confundi&oacute; la comunicaci&oacute;n entre los hombres) y la imposibilidad de la incertidumbre, t&iacute;pica de la clarividencia del autor de la frase “pienso, luego existo”. Quiz&aacute;, como dice Blaug, deber&iacute;amos reconocer que “la Meca de la econom&iacute;a es el m&eacute;todo de la ciencia”.</p>     <p align="justify">De all&iacute; la simplicidad de esta nota que muestra la complejidad (y la vitalidad) de una ciencia que entiende que s&oacute;lo se elige lo que se valora, lo que ha suscitado dentro de la econom&iacute;a algunas de las discusiones metodol&oacute;gicas m&aacute;s pertinentes del &uacute;ltimo medio siglo.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de un ensayo de esta naturaleza, la conclusi&oacute;n no puede ser un ejercicio de consenso o de mera s&iacute;ntesis. Esa no es una conclusi&oacute;n, que debe ser esencial, breve y revelar personalidad.</p>     <p align="justify">Durante el gran “renacimiento” del siglo XVIII, el pensamiento econ&oacute;mico s&oacute;lo se pod&iacute;a considerar cient&iacute;fico si obedec&iacute;a las reglas del tiempo. Entonces se opt&oacute; por acoger una metodolog&iacute;a que luego se transformar&iacute;a en diversas corrientes epistemol&oacute;gicas y metodol&oacute;gicas, seg&uacute;n las escuelas, los pensadores y las situaciones. No se trata de que Arist&oacute;teles, la escuela escol&aacute;stica, Averroes o la escuela de Salamanca no sean dignos de menci&oacute;n por ser anteriores a la <i>Riqueza de las naciones</i>, sino de que no lo son en el mismo nivel que Smith, Marx o Keynes. No obstante, s&oacute;lo despu&eacute;s de los “cl&aacute;sicos” de la econom&iacute;a del siglo XVII la cuesti&oacute;n metodol&oacute;gica suscit&oacute; la controversia e hizo posible la ruptura y la discusi&oacute;n. El m&eacute;todo que adopte un economista o una escuela ser&aacute; semejante a una moda, los convencionales lo adoptar&aacute;n y los exc&eacute;ntricos lo rechazar&aacute;n.</p>     <p align="justify">Desde una concepci&oacute;n filos&oacute;fica abarcadora, hay diferentes maneras de entender y tratar a los hechos, lo que permite una asociaci&oacute;n especial con el campo te&oacute;rico. Esta nota muestra las diversas posiciones de los autores econ&oacute;micos ante los hechos. Los cl&aacute;sicos liberales reconoc&iacute;an la existencia de hechos no condicionados por la actitud individual de los agentes; los neocl&aacute;sicos y monetaristas y sus disc&iacute;pulos percibieron los hechos como fuentes primarias de la econom&iacute;a y establecieron la distinci&oacute;n entre una econom&iacute;a positiva (relatora, int&eacute;rprete y planificadora de los hechos) y una econom&iacute;a normativa (enfocada en los valores de los agentes que toman decisiones).</p>     <p align="justify">Los valores, a los que podr&iacute;amos considerar como un resultado de la relaci&oacute;n entre el hecho y el sujeto, existen en la teor&iacute;a econ&oacute;mica, que no puede menospreciar su aspecto “normativo”. Este aspecto normativo ayuda a definir el campo de observaci&oacute;n, el objeto de estudio y la posici&oacute;n del cient&iacute;fico social. Si bien el aspecto pro-experimental de la econom&iacute;a lleva a una complejizaci&oacute;n axiom&aacute;tica (los valores de los agentes que toman decisiones se traducen a los valores de los agentes que observan), tambi&eacute;n define el producto de la ciencia econ&oacute;mica, encuadr&aacute;ndolo en una matriz hist&oacute;rica de pensamiento.</p>     <p align="justify">Esta nota destaca la complejidad de la econom&iacute;a, como ciencia social en la que se han desarrollado, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, importantes debates sobre la historicidad de los hechos y los valores, y como espacio de pluralidad y de contradicci&oacute;n. Ese espacio ha sido enriquecido por la discusi&oacute;n permanente sobre los hechos y los valores, y ha provocado cambios (m&aacute;s silenciosos pero m&aacute;s radicales) en la forma como la misma econom&iacute;a se asume como ciencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. De acuerdo con Neves (2007), para evitar una interpretaci&oacute;n “imperialista”, es preciso reconocer que otras ciencias, como la ciencia pol&iacute;tica –o, como sugiri&oacute; un revisor de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>, la sociolog&iacute;a del conocimiento– tambi&eacute;n contribuyen a profundizar el debate axiol&oacute;gico.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. El t&eacute;rmino “hecho” proviene de <i>factum</i>, palabra latina que se usaba para designar “lo que se realiz&oacute; de manera duradera”.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. De acuerdo con Brink (1989), el relativismo engloba toda estructura de pensamiento que no invalida la presencia de dos conclusiones distintas y v&aacute;lidas sobre el mismo objeto emitidas por dos sujetos (o por el mismo sujeto en situaciones espacio-temporales diferentes).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Por ejemplo, Kemerling (2001).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Ver Myrdal (1969) y Pinto (2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Par&aacute;frasis de la frase original que se refer&iacute;a a la pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. [<a href="http://www.econ.duke.edu/~kdh9/" target="_blank">www.econ.duke.edu/~kdh9/</a>].</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Searle (1969) hizo una cr&iacute;tica relevante a esta posici&oacute;n de Hume, acerc&aacute;ndose a Vico y valorizando la experiencia como fuente normativa.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Blaug, M. <i>Economic Theory in Retrospect</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1992.</p>     <p align="justify">2. Brink, D. <i>Moral Realism and the Foundations of Ethics</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1989.</p>     <p align="justify">3. Cabanas, J. <i>Pedagog&iacute;a axiol&oacute;gica: la educaci&oacute;n ante los valores</i>, Madrid, Dykinson, 1998.</p>     <p align="justify">4. Cairnes, J. <i>Some Leading Principles of Political Economy Newly Expounded</i>, London, MacMillan, 1874.</p>     <p align="justify">5. Chaves, J. “&Eacute;tica y econom&iacute;a: la perspectiva de Amartya Sen”, <i>Estudios Filos&oacute;ficos</i> 51, 146, 2002, pp. 5-37.</p>     <p align="justify">6. Dam&aacute;sio, A. <i>O erro de Descartes – emo&ccedil;&atilde;o, raz&atilde;o e o c&eacute;rebro humano</i>, S&atilde;o Paulo, Companhia das Letras, 1996.</p>     <p align="justify">7. Hacking, I. <i>Representing and Intervening</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1983.</p>     <p align="justify">8. Japiassu, H. <i>Nem tudo &eacute; relativo – A quest&atilde;o da verdade</i>, S&atilde;o Paulo, Letras &amp; Letras, 2000.</p>     <p align="justify">9. Kaldor, N. “Capital Accumulation and Economic Growth”; F. Lutz y D. Hague, eds., <i>The Theory of Capital</i>, New York, St. Martin’s Press, 1961, pp. 177-222.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">10. Kemerling, G. “Hume: Empiricist Naturalism”, mimeo, 2001, [<a href="http://www.philosophypages.com/hy/4t.htm#intro" target="_blank">www.philosophypages.com/hy/4t.htm#intro</a>].</p>     <p align="justify">11. K&uuml;ng, H. <i>Proyecto para una &eacute;tica mundial</i>, Madrid, Editorial Trotta, 1996.</p>     <p align="justify">12. McCall, J. “Vico and De Finetti: An Economic Perspective”; <i>UCLA Department of Economics Working Papers</i> 630, 1991.</p>     <p align="justify">13. Mirowski, P. <i>More Heat than Light – Economics as Social Physics, Physics as Nature’s Economics</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.</p>     <p align="justify">14. Mourao, P. “El institucionalismo americano: or&iacute;genes y presente”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 9, 16, 2007, pp. 315-325.</p>     <p align="justify">15. Myrdal, G. <i>Objectivity in Social Research</i>, New York, Pantheon Books, 1969.</p>     <p align="justify">16. Neves, V. “The ‘Economic’ and Interdisciplinary Exchange in Economics: Institutional Economics vs. Economics Imperialism”, <i>EAEPE Conference Proceedings</i>, Oporto, 2007.</p>     <p align="justify">17. Nunes, J. “Keynes, incerteza e metodologia”, <i>Economia Pura</i> 94-98, 1998.</p>     <p align="justify">18. Oliver, A. “Fact”, E. Craig, ed., <i>Shorter Routledge Encyclopedia of Philosophy</i>, Oxford, Routledge, 2005.</p>     <p align="justify">19. Ormerod, P. <i>Butterfly Economics: A New General Theory of Social and Economic Behavior</i>, New York, Basic Books, 1999.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">20. Pinto, P. “A Word on Economic Method”, <i>Symposium Proceedings “Economics and Public Policy</i>”, Sydney, 2000.</p>     <p align="justify">21. Robbins, L. <i>Essay on the Nature and Significance of Economic Science</i>, London, MacMillan, 1932, [<a href="http://www.mises.org/books/robbinsessay2.pdf" target="_blank">www.mises.org/books/robbinsessay2.pdf</a>].</p>     <p align="justify">22. Rothbard, M. “Chaos Theory: Destroying Mathematical Economics from Within?”, <i>Free Market</i> 6, 3, 1988.</p>     <p align="justify">23. Rugina, A. “The Problem of Values and Value-Judgements in Science and a Positive Solution”, <i>International Journal of Sociology and Social Policy</i> 4, 3, 1989.</p>     <p align="justify">24. Sayre-McCord, G. <i>Essays on Moral Realism</i>, New York, Cornell University Press, 1988.</p>     <p align="justify">25. Searle, J. “How to Derive ‘Ought’ from ‘Is’”, W. Hudson, ed., <i>The Is/Ought Question</i>, London, MacMillan, 1969, pp. 120-134.</p>     <p align="justify">26. Sen, A. “Description as Choice”, <i>Oxford Economic Papers</i> 32, 1980.</p>     <p align="justify">27. Val&eacute;rio, M. “Os valores”, <i>&Eacute;tica e deontologia em servi&ccedil;o social – Textos de apoio</i>, Miranda do Douro, Universidade de Tr&aacute;s-os-Montes e Alto Douro, 2006.</p>     <p align="justify">28. Veblen, T. <i>The Theory of the Leisure Class</i>, 1899, New York, Penguin Books, 1979.</p>     <p align="justify">29. Wittman, D. <i>The Myth of Democratic Failure: Why Political Institutions Are Efficient</i>, Chicago, Chicago University Press, 1995.</p></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
