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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL ORIGEN DEL PÁNICO DE 2008: LA CRISIS DEL MERCADO DE CRÉDITO HIPOTECARIO EN ESTADOS UNIDOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the causes of U.S. mortgage backed securities crisis, a crucial market in the financial panic of 2008. It shows that irrational behavior of investors is not infrequent, as evidenced by Ponzi schemes and bubbles. A comparison is made between traditional and new models of mortgage financing, where the key difference is the new model that unlinks incentives for different agents in the value chain and the risks they assume. It concludes with some reflections on the lessons that the experience of the Colombian mortgage crisis of 1998-2000 may offer for the resolution of the current crisis in the U.S.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EL ORIGEN DEL P&Aacute;NICO DE 2008: LA CRISIS DEL MERCADO DE CR&Eacute;DITO HIPOTECARIO EN ESTADOS UNIDOS</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE SOURCE OF THE PANIC OF 2008: THE MORTGAGE CREDIT MARKET CRISIS IN THE UNITED STATES</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Mauricio P&eacute;rez Salazar</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Decano de la Facultad de Econom&iacute;a y profesor de las facultades de Derecho y de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:mauricio.perez@uexternado.edu.co">mauricio.perez@uexternado.edu.co</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 17 de noviembre de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 24 de noviembre de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 3 de diciembre de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: mercado hipotecario, crisis financiera, Estados Unidos; JEL: G01, G15&#93;</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo examina las causas del desplome del mercado norteamericano de titularizaciones hipotecarias, un mercado crucial en el p&aacute;nico financiero de 2008. Se&ntilde;ala que no son infrecuentes los casos de comportamientos irracionales de los inversionistas, tipificados en pir&aacute;mides y burbujas. Contrasta el viejo y el nuevo modelo de financiaci&oacute;n hipotecaria, cuya principal diferencia es la titularizaci&oacute;n que desvincula los incentivos de los diversos agentes de la cadena de valor y los riesgos que asumen. Concluye con una reflexi&oacute;n sobre las lecciones que puede tener la crisis hipotecaria colombiana de 1998-2000 para resolver la crisis actual en Estados Unidos.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: mortgage market, financial crisis, United States; JEL: G01, G15&#93;</p>     <p align="justify">This article analyzes the causes of U.S. mortgage backed securities crisis, a crucial market in the financial panic of 2008. It shows that irrational behavior of investors is not infrequent, as evidenced by Ponzi schemes and bubbles. A comparison is made between traditional and new models of mortgage financing, where the key difference is the new model that unlinks incentives for different agents in the value chain and the risks they assume. It concludes with some reflections on the lessons that the experience of the Colombian mortgage crisis of 1998-2000 may offer for the resolution of the current crisis in the U.S.</p> <hr>     <p align="justify">    <br><b>A MANERA DE INTRODUCCI&Oacute;N: EL DINERO EST&Uacute;PIDO</b></p>     <p align="justify">El tema de este ensayo es el p&aacute;nico financiero de 2008. Uso la expresi&oacute;n en dos sentidos. Hasta bien entrado el siglo XX, una crisis como la actual se denominaba p&aacute;nico. Tambi&eacute;n uso la palabra “p&aacute;nico” en sentido literal, seg&uacute;n el Diccionario de la Real Academia: “apl&iacute;case al miedo grande o al temor excesivo sin causa justificada”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En testimonio que rindi&oacute; ante un comit&eacute; del Congreso de los Estados Unidos el 23 de octubre de 2008, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, afirm&oacute;:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Esta crisis ha resultado mucho m&aacute;s amplia de lo que hubiera podido imaginar. De una crisis ligada a las restricciones de liquidez se transform&oacute; en una crisis donde predomina el temor a la insolvencia &#91;...&#93; aquellos de nosotros que esper&aacute;bamos que el inter&eacute;s propio de las instituciones de cr&eacute;dito protegiera el patrimonio de los accionistas (especialmente yo) estamos en un estado de incredulidad estupefacta. La vigilancia del riesgo de contraparte es un pilar central del equilibrio de los mercados financieros. Si falla, como ocurri&oacute; este a&ntilde;o, la estabilidad de los mercados se desploma (Greenspan, 2008).</p> </blockquote>     <p align="justify">Dejando de lado que la crisis se puede atribuir a sus decisiones cuando actu&oacute; como regulador financiero en la Reserva Federal, su asombro ser&iacute;a menor si hubiese tenido en cuenta que hay una brecha entre la teor&iacute;a econ&oacute;mica y la realidad de los mercados. El supuesto fundamental de la teor&iacute;a es la racionalidad de los agentes. La realidad nos recuerda que los agentes de carne y hueso no siempre act&uacute;an as&iacute;. Como dijo el gran economista ingl&eacute;s del siglo XIX, Walter Bagehot, uno de los fundadores de <i>The Economist</i>:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Mucho se ha escrito sobre p&aacute;nicos y man&iacute;as, mucho m&aacute;s de lo que con el intelecto m&aacute;s dilatado podr&iacute;amos seguir o concebir, pero una cosa es cierta: en ciertos momentos mucha gente est&uacute;pida tiene mucho dinero est&uacute;pido &#91;…&#93; En ciertos periodos, el dinero de esa gente –el capital ciego del pa&iacute;s, como lo llamamos– es particularmente abundante e insaciable; busca a alguien que lo devore, y hay una “pl&eacute;tora”; encuentra a ese alguien y hay “especulaci&oacute;n”; es devorado y hay un “p&aacute;nico”<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">El an&aacute;lisis que sigue examina algunos aspectos conceptuales de las burbujas en los mercados de activos, las funciones del sector financiero en una econom&iacute;a de mercado, los problemas b&aacute;sicos de la regulaci&oacute;n financiera y el caso espec&iacute;fico de los mercados de cr&eacute;dito hipotecario. Luego describe los rasgos del cambio en el modelo de negocios de este mercado en Estados Unidos que desencadenaron una crisis financiera m&aacute;s amplia. Al final se examinan las respuestas de pol&iacute;tica que hasta ahora se han dado a la crisis y se concluye con algunas conjeturas sobre sus consecuencias.</p>     <p align="justify"><b>EL CICLO DE VIDA DE UNA BURBUJA</b></p>     <p align="justify">Quiz&aacute; la mejor demostraci&oacute;n de que los agentes econ&oacute;micos no siempre act&uacute;an de manera racional son las pir&aacute;mides financieras que se promueven en pueblos y ciudades intermedias (y a veces en las capitales) de Colombia. Un financista astuto empieza a pagar tasas de inter&eacute;s muy superiores a las de usura; se difunde la noticia y acuden en masa los clientes. Parte de su propuesta de venta es el cumplimiento religioso de sus obligaciones. Pero hay un problema invisible para los felices ahorradores: el financista no tiene forma de colocar lo que capta en inversiones tan rentables que cubran la elevada tasa de inter&eacute;s junto con sus costos de operaci&oacute;n. El financista paga intereses a los clientes antiguos con el capital que consignan los m&aacute;s recientes.</p>     <p align="justify">El esquema perdurar&iacute;a si hubiese infinitos recursos captables de clientes nuevos. Pero como no hay infinitos en los mercados reales, un d&iacute;a el local del audaz financista amanece cerrado ante una multitud de ahorradores, estafados e iracundos. El esquema de financiaci&oacute;n piramidal o Ponzi, como se conoce en la literatura, demuestra que los individuos a veces act&uacute;an con base en expectativas muy alejadas de la realidad, en otros t&eacute;rminos, que son irracionales. Parad&oacute;jicamente, la misma sabidur&iacute;a popular ilustra esa irracionalidad: el refr&aacute;n castellano “de eso tan bueno no dan tanto”, y tambi&eacute;n la expresi&oacute;n popularizada por Milton Friedman para aludir a la escasez: “no hay almuerzo gratis”. El p&aacute;nico de 2008 es a su manera la pir&aacute;mide pueblerina en gran escala.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La teor&iacute;a convencional, la misma que supone que los agentes siempre act&uacute;an de manera racional, predice que el precio de un activo (algo que se adquiere por su capacidad productiva y no para el consumo inmediato) equivale al valor presente neto de los flujos futuros de ingresos. Esa valoraci&oacute;n depende en parte del retorno esperado y en parte del riesgo asociado con el activo: la probabilidad de que el flujo real sea menor que el previsto o que deje de existir. Para la valoraci&oacute;n el agente tiene en cuenta la mejor informaci&oacute;n disponible en el momento de comprar o vender el activo. Por supuesto el precio de mercado del activo cambia a medida que se adquiere informaci&oacute;n adicional: elementos de juicio m&aacute;s completos acerca del futuro flujo de ingresos. Eso es lo que hace que los precios de los activos suban y bajen.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; caracteriza a una burbuja en un mercado de activos? En una burbuja como la que vivi&oacute; el mercado norteamericano de financiaci&oacute;n hipotecaria hay una ruptura. Se rompe el v&iacute;nculo entre el precio actual del activo y lo que puede producir en t&eacute;rminos del flujo esperado de ingresos futuros. Seg&uacute;n la etapa de la burbuja, el precio de mercado puede ser muy superior o muy inferior al valor subyacente del flujo de ingresos esperado.</p>     <p align="justify">Tolstoi empez&oacute; su novela <i>Ana Karenina</i> con la frase: “Todas las familias felices son parecidas; cada familia infeliz es infeliz a su manera”. A diferencia de las familias, todas las burbujas son a la vez parecidas y diferentes<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. La que primero se document&oacute; ocurri&oacute; en &Aacute;msterdam en 1636, en ese entonces la primera plaza financiera del mundo. Los activos en cuesti&oacute;n eran, aunque parezca inveros&iacute;mil, bulbos de tulip&aacute;n. Cuando estall&oacute; hubo una gran contracci&oacute;n econ&oacute;mica (Kindleberger y Aliber, 2005, 99-100).</p>     <p align="justify">Las burbujas tienen tres etapas. En la primera surge una tendencia alcista de precios, por alguna circunstancia macroecon&oacute;mica (p. ej., tasas de inter&eacute;s muy bajas) o microecon&oacute;mica (una escasez transitoria del activo). A diferencia de lo que ocurre en mercados normales, el alza de precios dispara la demanda. Los activos se valorizan cada vez m&aacute;s; la gente est&aacute; dispuesta a comprarlos precisamente porque los precios suben, y tiene la expectativa de que seguir&aacute;n haci&eacute;ndolo.</p>     <p align="justify">La conducta de los inversionistas durante la primera etapa de la burbuja es un ejemplo de las profec&iacute;as que se cumplen a s&iacute; mismas, explicadas as&iacute; por el soci&oacute;logo Robert Merton:</p>     <blockquote>      <p align="justify">La profec&iacute;a que se cumple a s&iacute; misma es, al principio, una definici&oacute;n <i>falsa</i> de la situaci&oacute;n que suscita un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepci&oacute;n original se vuelva verdadera. La enga&ntilde;osa validez de la profec&iacute;a que se cumple a s&iacute; misma perpet&uacute;a un reinado del error, pues el profeta citar&aacute; los eventos sucedidos como prueba de que ten&iacute;a la raz&oacute;n desde el principio (Merton, 1968, 477).</p> </blockquote>     <p align="justify">Las alzas de precios del activo atraen a nuevos inversionistas, y a medida que &eacute;stos llegan al mercado se fortalece la demanda y el activo –o el tipo de activos– se valoriza a&uacute;n m&aacute;s. Si se generaliza la expectativa de que invertir en cierto activo es un buen negocio, esa esperanza ser&aacute; durante alg&uacute;n tiempo una profec&iacute;a que se cumple a s&iacute; misma, a pesar de que los precios lleguen a niveles que no corresponden con su valor real o valor presente de los ingresos futuros que puede generar.</p>     <p align="justify">El n&uacute;mero de inversionistas en el mercado del activo se ampl&iacute;a de manera paulatina. Los pioneros quiz&aacute; son los que mejor conocen el mercado y por ello ingresan cuando los precios son relativamente bajos. Luego, cuando corre la bola de que “eso es con seguridad un buen negocio”, llegan inversionistas menos informados y menos audaces. Despu&eacute;s viene la fase de “todo el mundo lo est&aacute; haciendo”: acuden aun los m&aacute;s ignorantes y aversos al riesgo. Parad&oacute;jicamente, esa coyuntura –la de los precios m&aacute;s inflados– es la m&aacute;s riesgosa. Como se&ntilde;ala Karl Case, a prop&oacute;sito del cambio de tendencia del mercado hipotecario de Estados Unidos:</p>     <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El momento &oacute;ptimo para frenar la suscripci&oacute;n de hipotecas es precisamente cuando los precios inmobiliarios est&aacute;n al alza. Los cr&eacute;ditos concedidos en el pico son los m&aacute;s vulnerables, aunque en ese momento las tasas de morosidad sean m&iacute;nimas<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Entre otras razones, porque la expansi&oacute;n de la burbuja ha atra&iacute;do no s&oacute;lo a inversionistas incautos sino a negociantes inescrupulosos interesados en aprovecharse de su ingenuidad<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">En alg&uacute;n momento, hay un cambio en la tendencia de los precios que puede ser precipitado por un hecho ex&oacute;geno. Estalla la burbuja. En el punto de quiebre, o poco antes, algunos inversionistas se dan cuenta de la p&eacute;rdida de correspondencia entre el precio de los activos en el mercado y el valor presente de los flujos futuros de ingresos que pueden esperar de ellos. Lo uno ya no tiene que ver con lo otro.</p>     <p align="justify">La tercera etapa, la final, es la salida de inversionistas del mercado, que sigue un proceso sim&eacute;trico al que se ha descrito. Aunque al principio vendan pocos, los precios dejan de subir y luego empiezan a bajar. Cuando un n&uacute;mero cada vez mayor de inversionistas se percata de que la valorizaci&oacute;n del activo (lo que los atrajo al mercado) se ha revertido, la salida se convierte en fuga, y luego en desbandada.</p>     <p align="justify">La salida se manifiesta en una reducci&oacute;n de los precios que genera otra profec&iacute;a que se cumple a s&iacute; misma: la ca&iacute;da seguir&aacute; irremisiblemente. Hay dos agravantes despu&eacute;s del estallido. No s&oacute;lo caen los precios, tampoco hay mercado, es decir, no hay compradores<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. La falta de liquidez extrema acelera la ca&iacute;da de los precios, en especial cuando hay vendedores involuntarios: inversionistas obligados a vender por la presi&oacute;n de sus acreedores. Este hecho es uno de los rasgos m&aacute;s preocupantes de la crisis actual, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante. El otro problema es el cambio en la percepci&oacute;n del riesgo y en la actitud de los agentes hacia el riesgo. En la &uacute;ltima etapa de las burbujas la transformaci&oacute;n es radical. Quienes eran propensos o incluso neutrales al riesgo se vuelven muy aversos al riesgo; se hacen irracionalmente temerosos. De ah&iacute; que la palabra “p&aacute;nico” se pueda aplicar en sentido literal a las crisis financieras producto del estallido de una burbuja. El cambio de actitud suele ser duradero y dificulta la recuperaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>EL PAPEL DEL SECTOR FINANCIERO Y SU REGULACI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">El sector financiero y el mercado de capitales son indispensables para el funcionamiento de una econom&iacute;a moderna. Por eso es tan peligrosa la crisis de hoy y tan urgente una respuesta adecuada de pol&iacute;tica. Una crisis financiera no resuelta es el equivalente econ&oacute;mico de una bomba de neutrones. Luego del estallido quedan intactos los edificios y las f&aacute;bricas, la riqueza f&iacute;sica, pero desaparece la actividad econ&oacute;mica. As&iacute; ocurri&oacute; en Estados Unidos en los primeros a&ntilde;os de la Gran Depresi&oacute;n (1929 a 1933).</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; hacen el sector financiero y el mercado crediticio? Cumplen cuatro funciones: la transaccional, la intermediaci&oacute;n de cr&eacute;dito, la diversificaci&oacute;n del riesgo y la transformaci&oacute;n de plazos.</p>     <p align="justify">Los agentes econ&oacute;micos usan los servicios del sector financiero para recibir y hacer pagos. No s&oacute;lo aprovechan la infraestructura del sistema (oficinas, cajeros autom&aacute;ticos, red de corresponsales, etc.) sino que el grueso de las transacciones que realizan depende del buen cr&eacute;dito de los bancos. La proporci&oacute;n de las medidas m&aacute;s amplias de los medios de pago que corresponde a emisi&oacute;n primaria de los bancos centrales es peque&ntilde;a.</p>     <p align="justify">El sector financiero recibe recursos de un gran n&uacute;mero de ahorradores y los transfiere en forma de cr&eacute;ditos a quienes los requieren para hacer inversiones o para otros prop&oacute;sitos, como el consumo durable. Cuando funciona bien, el sector financiero ofrece a los primeros un veh&iacute;culo seguro para sus ahorros y los canaliza a los titulares de proyectos de inversi&oacute;n rentables; propicia as&iacute; un uso eficiente del ahorro de la sociedad que hace posible el crecimiento econ&oacute;mico. La intermediaci&oacute;n reduce los costos de transacci&oacute;n que tendr&iacute;an unos y otros en un mundo desintermediado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La diversificaci&oacute;n del riesgo es posible por la escala del establecimiento financiero y est&aacute; asociada a su labor de intermediaci&oacute;n. Se puede concebir un mercado de cr&eacute;dito sin intermediarios financieros. Un ahorrador individual podr&iacute;a hacer negocio con un prestatario individual, pero encontrarlo ser&iacute;a dispendioso. No ser&iacute;a f&aacute;cil hallar un cliente cuyas necesidades de cr&eacute;dito, en t&eacute;rminos de plazo, monto y modalidad de amortizaci&oacute;n correspondan exactamente a sus preferencias. Adem&aacute;s, el acreedor tendr&iacute;a un problema de concentraci&oacute;n de riesgo.</p>     <p align="justify">Si uno le presta todos sus ahorros a un amigo para que monte una f&aacute;brica de zapatos, le puede ir bien como le puede ir mal. Si le va mal, el ahorrador sufre una p&eacute;rdida total. Si el banco que recibe ese dinero en dep&oacute;sito presta a cien empresas de calzado, la expectativa razonable es que a la mayor&iacute;a le vaya bien, aunque unas pocas tengan problemas. Y ese riesgo, disperso, es cubierto por el margen de intermediaci&oacute;n del banco. Adem&aacute;s, el banco quiz&aacute; haga mejor la labor de evaluaci&oacute;n del riesgo de cada cr&eacute;dito de su cartera que un ahorrador com&uacute;n y corriente. En teor&iacute;a tiene mejores herramientas para la gesti&oacute;n del riesgo.</p>     <p align="justify">La &uacute;ltima funci&oacute;n esencial del sistema financiero es la transformaci&oacute;n de plazos. Los bancos reciben dep&oacute;sitos a corto plazo y luego los invierten en cartera de cr&eacute;ditos u otros activos financieros de largo plazo. El tama&ntilde;o de los bancos y la amplitud y diversidad de su base de depositantes les permite hacer esa transformaci&oacute;n de tal manera que se pueden dar el lujo de tener una cartera relativamente il&iacute;quida pero solvente y rentable, sin correr el riesgo de quedarle mal a sus depositantes cuando acudan individualmente a retirar sus ahorros<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Para que el sector financiero pueda cumplir estas funciones, y en particular la &uacute;ltima, la transformaci&oacute;n de plazos, requiere confianza. El ahorrador recibe promesas a cambio de su dinero. &iquest;Qu&eacute; respalda esas promesas? En principio la probidad, la solvencia y la idoneidad del banquero. No obstante, la experiencia hist&oacute;rica demuestra que la confianza necesita el respaldo adicional de un regulador externo, que normalmente es p&uacute;blico.</p>     <p align="justify">Sin entrar en minucias, el sistema de regulaci&oacute;n financiera tiene un objetivo claro y dos principios b&aacute;sicos, que a su vez obedecen a sendas fallas del mercado. El objetivo es proteger los intereses del ahorrador, dar al ahorrador la confianza de que volver&aacute; a ver el dinero que entreg&oacute; al banquero y que lo volver&aacute; a ver en las condiciones pactadas.</p>     <p align="justify">Entre el ahorrador y quien capta su dinero hay asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n, la primera falla de mercado. El ahorrador sabe que entrega dinero a un banco y que &eacute;ste lo invertir&aacute; en cr&eacute;ditos y otros activos financieros que respaldar&aacute;n la deuda con sus depositantes. El ahorrador no tiene forma de saber exactamente cu&aacute;les son los activos en que invierte el banquero ni su perfil de riesgo, es decir, tiene dificultades para juzgar el riesgo que asume cuando consigna dinero en un banco dado. De all&iacute; la necesidad de que el regulador imponga al banquero la obligaci&oacute;n de ser transparente en cuanto a la estructura y las caracter&iacute;sticas de sus activos y pasivos. Eso implica suministrar al p&uacute;blico informaci&oacute;n completa, fidedigna, oportuna y precisa acerca de la estructura de sus activos y responsabilidades frente a terceros, para no hablar de p&eacute;rdidas y ganancias que afecten la solvencia patrimonial del banco. Aunque no elimina del todo la asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n, esta condici&oacute;n permite a los ahorradores una elecci&oacute;n racional, por ejemplo entre un banco con alta rentabilidad y riesgo y otro con bajos niveles en ambos indicadores. Tambi&eacute;n les permite cambiar la composici&oacute;n de su portafolio personal de inversiones a medida que var&iacute;a la exposici&oacute;n al riesgo de los captadores de ahorro.</p>     <p align="justify">La segunda falla de mercado, el riesgo moral, es consecuencia de la asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; consiste el riesgo moral en este contexto? En que el banquero, en vez de obrar como el obediente, juicioso, competente y sobre todo honesto agente del ahorrador, sobreponga su inter&eacute;s propio al de &eacute;ste. Por ejemplo, que invierta los ahorros del p&uacute;blico en proyectos de muy alto riesgo, donde tiene la posibilidad de hacerse a una parte desproporcionada de la alta rentabilidad si son exitosos, mientras que traslada las p&eacute;rdidas al ahorrador si fracasan.</p>     <p align="justify">Para alinear los incentivos del banquero con los de los ahorradores, el segundo principio de la regulaci&oacute;n prudencial ofrece una soluci&oacute;n muy sencilla: exigir al intermediario financiero que mantenga un patrimonio cuyo monto depende de sus pasivos con el p&uacute;blico. &iquest;Qu&eacute; se logra con esto? Que si hay p&eacute;rdidas por desvalorizaci&oacute;n del portafolio de activos del banco, se carguen a su patrimonio. El patrimonio requerido es un colch&oacute;n que protege a los depositantes de los golpes que puedan causar los errores del banquero. La regla de distribuci&oacute;n de p&eacute;rdidas es: 100% para el banco y 0% para el ahorrador. Cualquier p&eacute;rdida deteriora la base patrimonial del banco sin que afecte necesariamente a sus pasivos. Con esta norma, el patrimonio exigido se debe reponer con capital fresco. Para tales casos hay un corolario, tambi&eacute;n sencillo: si el banquero perdi&oacute; dinero y no tiene c&oacute;mo recapitalizarse, &iexcl;de malas! El regulador interviene el banco y la intervenci&oacute;n se basa en ese principio sagrado: debe perder el banquero mas no el ahorrador. Es un asunto de responsabilidad de los accionistas y de los administradores de los bancos.</p>     <p align="justify">En el curso de la crisis financiera de 2008, la aplicaci&oacute;n de la norma de responsabilidad ha sido m&aacute;s la excepci&oacute;n que la regla. Los reguladores olvidaron la sabidur&iacute;a del di&aacute;logo hipot&eacute;tico entre un banquero y su regulador. El banquero pregunta: “Si yo le dijera que mi entidad tiene graves dificultades, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a?”. El regulador responde: “Analizar&iacute;a el asunto con su sucesor”.</p>     <p align="justify"><b>EL MERCADO DE CR&Eacute;DITO HIPOTECARIO Y SUS ACTIVOS SUBYACENTES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque el p&aacute;nico en el mercado de cr&eacute;dito hipotecario de Estados Unidos es apenas una pieza de la crisis financiera internacional, es una pieza clave: fue el detonante. El estallido de esta burbuja particular precipit&oacute; el estallido de muchas burbujas m&aacute;s. Los colombianos tenemos una perspectiva privilegiada por la experiencia de nuestra crisis hipotecaria de hace diez a&ntilde;os, que tiene analog&iacute;as con lo que hoy est&aacute; sucediendo en un contexto de mayor incertidumbre y complejidad, y de la que se pueden inferir soluciones eficaces<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p align="justify">La financiaci&oacute;n hipotecaria de la compra de finca ra&iacute;z y en particular de la compra de vivienda tiene caracter&iacute;sticas especiales. Normalmente es de largo plazo; en Estados Unidos, por ejemplo, el plazo normal de un cr&eacute;dito hipotecario para compra de vivienda es de treinta a&ntilde;os; en Colombia es de diez a quince a&ntilde;os. Puesto que lo que se financia suele ser el principal activo patrimonial de los hogares, hay un inter&eacute;s de pol&iacute;tica p&uacute;blica. La Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica colombiana consagra el derecho a la vivienda digna y dispone la creaci&oacute;n de sistemas adecuados de financiaci&oacute;n. Desde la Gran Depresi&oacute;n, un objetivo de la pol&iacute;tica p&uacute;blica de Estados Unidos es facilitar a los ciudadanos la compra de vivienda<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">El largo plazo de los cr&eacute;ditos hipotecarios puede ser un factor de riesgo, aunque estos cuentan con una fortaleza particular: el banco tiene dos salvaguardias aparentemente independientes. Por una parte, la capacidad de pago del deudor: se supone que el banquero es prudente y examina con cuidado sus finanzas, sus antecedentes y su capacidad de pago para determinar si tiene capacidad y disposici&oacute;n para pagar el cr&eacute;dito (aunque no siempre es as&iacute; por los motivos que se examinan m&aacute;s adelante). Por otra parte, la garant&iacute;a hipotecaria de la vivienda que se compr&oacute;: si falla la capacidad o la voluntad de pago del deudor el banco recibe el bien hipotecado como daci&oacute;n en pago y puede venderlo para resarcirse.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; tan riesgosa es la financiaci&oacute;n hipotecaria? Depende de la coyuntura del mercado inmobiliario, es decir, del mercado del activo subyacente del t&iacute;tulo hipotecario. La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> resume la serie de precios de la vivienda en Estados Unidos con datos del &iacute;ndice nacional y de Miami y Las Vegas, dos &aacute;reas metropolitanas de gran volatilidad de precios. Compara dos per&iacute;odos: los seis a&ntilde;os transcurridos entre julio de 2000 y julio de 2006 (el auge del ciclo), y los dos a&ntilde;os entre julio de 2006 y julio de 2008. Para facilitar su comparaci&oacute;n, las variaciones se expresan en promedios geom&eacute;tricos anuales.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    <br> Variaci&oacute;n del precio de la vivienda en Estados Unidos, Miami y Las Vegas    <br> 2000-2006 y 2006-2008</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g1.jpg"></p>     <p align="justify">Hay una simetr&iacute;a enga&ntilde;osa. Para el &iacute;ndice nacional, la valorizaci&oacute;n promedio anual de los primeros seis a&ntilde;os fue del 13%, mayor que la tasa de inflaci&oacute;n y bastante superior a las tasas de inter&eacute;s vigentes en ese lapso. Desde el estallido de la burbuja en 2006 hasta julio de 2008, la reducci&oacute;n promedio anual de los precios nominales ha sido del 11%. Con una diferencia significativa: el auge dur&oacute; seis a&ntilde;os, la contracci&oacute;n s&oacute;lo lleva dos. En igualdad de condiciones, faltar&iacute;an cuatro a&ntilde;os m&aacute;s para volver al punto de inicio.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2<a name="g2"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Variaci&oacute;n anual del precio de la vivienda en Miami</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g2.jpg"></p>     <p align="justify">En Miami hubo mucha especulaci&oacute;n (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). Hasta hace poco, las secciones de finca ra&iacute;z de los peri&oacute;dicos colombianos (para no hablar de las revistas de las aerol&iacute;neas) estaban llenas de propaganda, y aun de contenido editorial, dirigida a nuestros compatriotas m&aacute;s pudientes, cuyo mensaje era: “Compre en Miami, es la mejor inversi&oacute;n que puede hacer”. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en esa plaza? La tendencia es similar a la de Estados Unidos, pero con mayor varianza. Entre julio de 2000 y julio de 2006, los precios crecieron a un 18% anual promedio; durante los dos a&ntilde;os siguientes, la reducci&oacute;n anual promedio fue del 18%. A los compradores de Las Vegas les fue peor (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>): un alza promedio del 14% entre julio de 2000 y julio de 2006, y una ca&iacute;da anual promedio desde esta &uacute;ltima fecha hasta julio de este a&ntilde;o del 19%. La afici&oacute;n al azar de los residentes y visitantes de Nevada desborda los casinos. Quien compr&oacute; en Miami en el pico de julio de 2006 ha perdido el 32% del precio de compra, y en Las Vegas, casi el 35%. Quiz&aacute; no sea coincidencia que la Florida y Nevada, que antes de la crisis se consideraban estados republicanos seguros, hayan votado por el candidato dem&oacute;crata en las elecciones presidenciales de 2008.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 3<a name="g3"></a>    <br> Variaci&oacute;n anual del precio de la vivienda en Las Vegas</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g3.jpg"></p>     <p align="justify">El punto de referencia es el precio de compra y no la inversi&oacute;n del comprador, debido a otro aspecto esencial de la relaci&oacute;n entre el mercado inmobiliario y el de cr&eacute;dito hipotecario. Normalmente hay una cuota inicial (lo que no financia el acreedor) o fracci&oacute;n del valor de compra de la propiedad. Si la ca&iacute;da del precio de mercado supera el porcentaje de la cuota inicial, el deudor puede terminar con un pasivo superior al valor bruto de la vivienda que adquiri&oacute;. Esto tiene mucho que ver con el interrogante de cu&aacute;n riesgoso es el mercado de cr&eacute;dito hipotecario para los acreedores. Hay dos escenarios opuestos. En la primera etapa de la burbuja inmobiliaria todo es color de rosa para el que financia la compra y para el cliente. La garant&iacute;a hipotecaria es &oacute;ptima; si hay problemas con el flujo de caja del deudor, simplemente se vende la propiedad. Ambos ganan. Debido a la valorizaci&oacute;n, el precio de venta no s&oacute;lo cubre la deuda sino que el propietario apalancado recupera con creces la cuota inicial. Por definici&oacute;n el mercado tiene una “pl&eacute;tora” de liquidez y la venta es r&aacute;pida e indolora. Nunca faltan interesados en ingresar a un mercado en auge.</p>     <p align="justify">Las cosas cambian mucho despu&eacute;s del estallido de la burbuja. La ca&iacute;da de los precios del mercado de finca ra&iacute;z deteriora el valor de la garant&iacute;a. Y si adem&aacute;s hay falta de liquidez en el mercado, para el deudor y para el banco se convierte en un dolor de cabeza hacer efectiva la garant&iacute;a hipotecaria.</p>     <p align="justify">En la german&iacute;a del mercado norteamericano el escenario extremo se denomina “estar bajo el agua” (<i>underwater)</i>, situaci&oacute;n en que el cr&eacute;dito es mayor que el precio de mercado de la vivienda hipotecada, porque la ca&iacute;da del precio afecta la suma que un comprador hipot&eacute;tico pagar&iacute;a por la casa, pero no el valor nominal del saldo de la deuda. Igual que gran parte de los cr&eacute;ditos hipotecarios durante la crisis colombiana de hace diez a&ntilde;os, gran parte de los cr&eacute;ditos hipotecarios actuales en Estados Unidos est&aacute;n bajo el agua; seg&uacute;n estimativos de finales de octubre de 2008, este “hundimiento” afecta a ocho millones de familias norteamericanas, un 18% de las que tienen cr&eacute;dito hipotecario.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; ocurre cuando un cr&eacute;dito est&aacute; bajo el agua? Un estudio reciente de la crisis colombiana da la respuesta obvia: el deudor suele dejar de pagar<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. Para este efecto, el modelo de racionalidad econ&oacute;mica ofrece una predicci&oacute;n certera. A veces la decisi&oacute;n de la daci&oacute;n en pago es del due&ntilde;o de la vivienda. Simplemente pone las llaves en un sobre y las env&iacute;a al banco. En otros casos la iniciativa es del acreedor que por mora en el pago del cr&eacute;dito inicia una ejecuci&oacute;n hipotecaria (<i>foreclosure)</i> para hacer efectiva la garant&iacute;a, que en Estados Unidos es muy &aacute;gil. Este es el peor de todos los mundos. Para el deudor, significa la p&eacute;rdida total de su hogar y del patrimonio que invirti&oacute; en &eacute;l. Si el cr&eacute;dito est&aacute; bajo el agua sigue debiendo la diferencia entre la suma adeudada y el aval&uacute;o de la casa conforme al derecho norteamericano. Su historial crediticio queda manchado e incluso puede afectar sus posibilidades de emplearse.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El desenlace para el banco dista de ser positivo. Adquiere la propiedad del inmueble, &iquest;pero qu&eacute; hace con ella en una coyuntura como la que se ha vivido desde 2006? La casa es un encarte, vale menos que el cr&eacute;dito, lo que le genera p&eacute;rdidas contables, y no es f&aacute;cil de vender, lo que afecta su liquidez. Los bancos no tienen vocaci&oacute;n de administradores inmobiliarios. El resultado final: barrios enteros de ciudades grandes, peque&ntilde;as y medianas de Estados Unidos llenos de casas vac&iacute;as que se derrumban.</p>     <p align="justify"><b>LOS OR&Iacute;GENES DE LA CRISIS HIPOTECARIA: EL CAMBIO DEL MODELO DE NEGOCIOS</b></p>     <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo se lleg&oacute; a esta hecatombe de valor? Hay un trasfondo macroecon&oacute;mico. Desde 2000 la pol&iacute;tica monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos (y de otros bancos centrales, como el de Jap&oacute;n) fue expansiva: bajas tasas de inter&eacute;s y liquidez por doquier. Sin duda esa situaci&oacute;n alent&oacute; la burbuja. Aunque hay elementos de car&aacute;cter microecon&oacute;mico propios del mercado de cr&eacute;dito inmobiliario que produjeron una secuela de problemas y dificultades: el cambio en el modelo de negocios de la financiaci&oacute;n hipotecaria de vivienda, y graves fallas de la regulaci&oacute;n financiera.</p>     <p align="justify">En el modelo tradicional, un banco trabaja con un cliente con el que ha tenido relaciones durante alg&uacute;n tiempo. Conoce su capacidad de pago y de ahorro, y sus caracter&iacute;sticas personales. Con base en ese conocimiento decide si le financia o no la compra de vivienda. El banco establece varias condiciones, entre ellas el pago de una cuota inicial, que se cubre con ahorros previos del cliente. Esa cuota inicial es para el banco una especie de seguro contra el riesgo de desvalorizaci&oacute;n de la vivienda hipotecada. Si la casa se compr&oacute; en cien y el cr&eacute;dito hipotecario es de cincuenta, los precios de la vivienda pueden bajar bastante sin que la casa llegue a valer menos que la hipoteca. El banco mantiene el cr&eacute;dito en sus libros, sigue asumiendo y manejando el riesgo, y tiene un incentivo para estar pendiente de que las cosas vayan bien y buscar soluciones constructivas a las dificultades que sobrevengan durante la vida del cr&eacute;dito. Si la capacidad de pago del deudor se deteriora, puede decirle: “Mire, pensemos en reestructurar el cr&eacute;dito. Puedo ampliarle el plazo o reducirle la tasa de inter&eacute;s porque conf&iacute;o en usted. Busquemos una soluci&oacute;n para que repartamos de manera razonable nuestras p&eacute;rdidas y evitemos una ejecuci&oacute;n hipotecaria, que ser&iacute;a peor para ambos”.</p>     <p align="justify">En el mercado norteamericano hab&iacute;a una versi&oacute;n algo m&aacute;s sofisticada del modelo tradicional de negocios. El banco otorgaba un cr&eacute;dito hipotecario al cliente si cumpl&iacute;a todas las condiciones mencionadas, y lo redescontaba con una de las grandes compa&ntilde;&iacute;as nacionalizadas en estos d&iacute;as, Fannie Mae o Freddie Mac. Les trasladaba el riesgo, con la condici&oacute;n de que hubiese aplicado criterios de prudencia y de conocimiento del cliente cuando le concedi&oacute; el cr&eacute;dito. Fannie Mae y Freddie Mac ten&iacute;an el respaldo impl&iacute;cito del gobierno, pero su fortaleza real era la exigencia de estos requisitos sobre la cartera que recib&iacute;an para redescuento.</p>     <p align="justify">El nuevo modelo de negocios se adopta como fruto de un proceso de innovaci&oacute;n muy elogiado en su momento. En teor&iacute;a, hay menos regulaci&oacute;n, especializaci&oacute;n funcional de los agentes del mercado hipotecario, m&aacute;s eficiencia y mejoras en la gesti&oacute;n del riesgo. El cambio de modelo es una mejora de Pareto. Muchos se benefician y nadie pierde. Al menos esa era la expectativa. La realidad ha sido diferente.</p>     <p align="justify">El nuevo modelo se puede describir como una. El primer eslab&oacute;n es el originador (en lenguaje corriente, un vendedor de pr&eacute;stamos y de cr&eacute;ditos) que otorga el cr&eacute;dito hipotecario al comprador de la vivienda. Luego, este vende la cartera que ha colocado a la entidad que se desempe&ntilde;a como segundo eslab&oacute;n, la cual estructura la titularizaci&oacute;n, normalmente un banco de inversi&oacute;n de Wall Street. Su funci&oacute;n consiste en empacar las hipotecas individuales (e incluso peque&ntilde;as fracciones de &eacute;stas) en t&iacute;tulos para venderlos en el mercado de capitales. M&aacute;s adelante se analizan algunos problemas de esa estructuraci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En la uni&oacute;n entre estos eslabones intervienen dos agentes secundarios. Uno es el asegurador del riesgo crediticio. Si hay alg&uacute;n problema con el servicio de la deuda titularizada, el asegurador responde por el faltante; igual que en cualquier negocio de seguros, cobra una prima, normalmente una fracci&oacute;n del rendimiento bruto del t&iacute;tulo. Si el asegurador tiene una calificaci&oacute;n crediticia &oacute;ptima, &eacute;sta se traslada autom&aacute;ticamente a los t&iacute;tulos que asegura. El otro eslab&oacute;n es la calificadora de riesgos, que examina las caracter&iacute;sticas de los activos (los cr&eacute;ditos hipotecarios) que respaldan los t&iacute;tulos para evaluar el riesgo de incumplimiento y la garant&iacute;a que da el asegurador del riesgo crediticio. El resultado es que el t&iacute;tulo recibe la calificaci&oacute;n m&aacute;xima (a la que seg&uacute;n la nomenclatura de Fitch designamos como AAA). Luego de la estructuraci&oacute;n y de la calificaci&oacute;n, el banco de inversi&oacute;n procede a vender el t&iacute;tulo a inversionistas institucionales, por ejemplo, un fondo de pensiones, un banco comercial o un fondo de cobertura.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; sabe y qu&eacute; no sabe el comprador, el inversionista institucional, sobre el t&iacute;tulo que adquiere? Sabe que su calificaci&oacute;n es AAA, la m&aacute;s segura del mercado. Sabe que el t&iacute;tulo fue estructurado por uno de los bancos de inversi&oacute;n m&aacute;s reputados del mundo, que como evidencia tangible de su competencia ofrece adem&aacute;s utilidades astron&oacute;micas. Sabe que el t&iacute;tulo est&aacute; respaldado por un asegurador de cuya solvencia no caben dudas. No sabe mucho de los activos subyacentes en el t&iacute;tulo (de las hipotecas individuales y, en &uacute;ltimas, de sus garant&iacute;as). No entiende la metodolog&iacute;a que se us&oacute; para estructurar la titularizaci&oacute;n, y menos a&uacute;n la de los derivados. Pero para efectos del riesgo de su portafolio el t&iacute;tulo es un sustituto de cualquier otro AAA, salvo que renta m&aacute;s.</p>     <p align="justify">Ya se se&ntilde;al&oacute; que el cambio de tendencia del mercado inmobiliario modifica el riesgo de los cr&eacute;ditos hipotecarios, efecto que se traslada a las titularizaciones y a sus derivados. La crisis actual indica que el nuevo modelo ha exacerbado ese efecto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LA ESTRUCTURA DE INCENTIVOS DEL NUEVO MODELO DE FINANCIACI&Oacute;N HIPOTECARIA</b></p>     <p align="justify">La sabidur&iacute;a tradicional de los banqueros colombianos, aprendida a golpes durante sucesivas crisis financieras, es: “Si quiere da&ntilde;ar la calidad de su cartera, fije metas de crecimiento de la colocaci&oacute;n a los encargados de analizar y aprobar cr&eacute;ditos”.</p>     <p align="justify">El nuevo modelo de negocios da incentivos diferentes a cada eslab&oacute;n. El originador vende pr&eacute;stamos a los compradores de vivienda y luego vende la cartera a los titularizadores; la prudencia del banquero del modelo de negocios tradicional es anticuada y antiecon&oacute;mica pues limita el tama&ntilde;o del mercado. El originador gana una comisi&oacute;n por colocar y vender cartera, y otra por administrarla. La comisi&oacute;n es independiente de la calidad pero proporcional a la cantidad. El banquero de inversi&oacute;n que estructura las titularizaciones tambi&eacute;n recibe una comisi&oacute;n por sus servicios, proporcional a la cantidad titularizada; su comisi&oacute;n no s&oacute;lo depende de la cantidad sino que aumenta directamente con la proporci&oacute;n de activos riesgosos que embuta en un t&iacute;tulo AAA. La calificadora de riesgo recibe una alta comisi&oacute;n por declarar “Este t&iacute;tulo es AAA”; su riesgo es reputacional, pero como la reputaci&oacute;n es relativa no hay problema, y menos si todas obran igual. Los aseguradores del riesgo crediticio suponen que los papeles titularizados por bancos de inversi&oacute;n muy s&oacute;lidos y con sofisticados modelos de evaluaci&oacute;n de riesgo tienen un riesgo m&iacute;nimo.</p>     <p align="justify">Llama la atenci&oacute;n que s&oacute;lo se obligue a retener riesgo a los inversionistas finales y a los aseguradores del riesgo crediticio. Los dem&aacute;s eslabones lo pueden hacer si quieren, pero el modelo de negocios no los obliga. Entre ellos, quiz&aacute; bien informados, hubo algunos cuya prudencia fue superada por la codicia y la estulticia. Lehman Brothers y Goldman Sachs compet&iacute;an agresivamente, y ganaron mucho, en la estructuraci&oacute;n y venta de t&iacute;tulos inmobiliarios. Goldman se deshizo oportunamente de la mayor parte de estos papeles; Lehman no pudo, y quebr&oacute;.</p>     <p align="justify">&iquest;Cu&aacute;l fue la respuesta de cada eslab&oacute;n a estos incentivos?</p>     <p align="justify">Countrywide Financial Corporation era el originador hipotecario m&aacute;s grande y rentable. Su estrategia era la venta agresiva de cr&eacute;ditos hipotecarios de alto costo a personas de bajos ingresos, pocos conocimientos de matem&aacute;ticas financieras y una historia de cr&eacute;dito defectuosa. Seg&uacute;n Ira Rheingold, director ejecutivo de una asociaci&oacute;n de protecci&oacute;n de los consumidores:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Desde el punto de vista de la apat&iacute;a ante lo que estaba sucediendo, para aguantar hasta cuando fuese posible y seguir justificando la basura que vend&iacute;a, Countrywide era el peor prestamista &#91;…&#93; Y cuando los estados intentaban aprobar leyes sobre la responsabilidad de los pr&eacute;stamos, Countrywide se opon&iacute;a con u&ntilde;as y dientes<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Countrywide ten&iacute;a una capitalizaci&oacute;n de mercado de US$ 26,5 millardos en febrero de 2007. Luego de estallar la burbuja, el Bank of America la compr&oacute; en junio de 2008 por US$ 4 millardos, con un descuento del 85% con respecto a su m&aacute;ximo valor hist&oacute;rico.</p>     <p align="justify">La gesti&oacute;n de originadores como Countrywide tuvo los resultados que describi&oacute; el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">La exactitud de mucha de la informaci&oacute;n que sirvi&oacute; de base para aprobar los cr&eacute;ditos tambi&eacute;n es cuestionable. Las solicitudes de cr&eacute;dito hipotecario mal documentadas eran vulnerables a la desfiguraci&oacute;n o sobreestimaci&oacute;n de la capacidad de pago de acreedores y deudores, quiz&aacute; con la expectativa de que el aumento del precio de la vivienda rescatar&iacute;a pr&eacute;stamos poco s&oacute;lidos. Algunos deudores pueden haberse equivocado acerca de la posibilidad de pagar su hipoteca, y otros simplemente no entend&iacute;an las complejas estipulaciones de los contratos que firmaban<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p> </blockquote>     <p align="justify">A esta crisis se la conoce como “crisis del <i>subprime</i>”. Pero este tipo de cr&eacute;dito es apenas uno de los varios productos financieros que mercadeaban los originadores y que en retrospectiva resultaron de muy alto riesgo. El <i>subprime</i> propiamente dicho es un cr&eacute;dito hipotecario a un deudor cuyo historial crediticio tiene problemas. Otro segmento del mercado, denominado <i>Alt-A</i>, est&aacute; integrado por personas que no tienen malos antecedentes por mora pero que no pod&iacute;an (o no quer&iacute;an) demostrar su capacidad de pago, es decir, los ingresos requeridos para pagar el cr&eacute;dito. El deudor de <i>subprime</i> puede ser una persona de bajos ingresos y poca educaci&oacute;n, que ha incumplido pagos y es seducido por el atractivo producto financiero que le ofrece un originador astuto: “No importa que sea pobre, con esto puede comprar vivienda”. El deudor <i>Alt-A</i> se ajusta mejor al agente econ&oacute;mico “racional” que cae en el embrujo de la burbuja especulativa y cree en las profec&iacute;as que se cumplen a s&iacute; mismas. Es m&aacute;s sofisticado, entiende las condiciones del producto financiero, pero parte de una premisa falsa: lo que compra se valoriza m&aacute;s de lo que crece su obligaci&oacute;n financiera.</p>     <p align="justify">En ambos casos, un esquema crediticio muy usado es la hipoteca con tasa de inter&eacute;s flexible y un periodo inicial con tasa preferencial. La idea es, por supuesto, que lo que se deje de pagar al principio se pague despu&eacute;s. Estas modalidades (llamadas 2-28 o 3-27, por los dos o tres a&ntilde;os del periodo de tasa preferencial) no son muy distintas de lo que antes de la crisis colombiana de fin de siglo se denominaba cuotas “m&iacute;nimas” o “superm&iacute;nimas”. Una vez cumplido el periodo inicial, la cuota que paga el deudor se eleva de manera brutal: el reajuste puede llegar al 100%<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>. Este tipo de cr&eacute;ditos, llamados ARM (<i>adjustable rate mortgages)</i>, representaban las dos terceras partes de los que se concedieron a deudores <i>subprime</i> en los dos a&ntilde;os anteriores al estallido de la burbuja.</p>     <p align="justify">Para los originadores de ARM (y los deudores que entend&iacute;an la naturaleza del producto financiero que hab&iacute;an adquirido), la gracia era refinanciar el cr&eacute;dito al finalizar los dos o tres a&ntilde;os de tasa preferencial, esperando que continuar&iacute;an la valorizaci&oacute;n de la garant&iacute;a y la liquidez en el mercado de obligaciones hipotecarias. Expectativas que despu&eacute;s de cierto momento dejaron de cumplirse.</p>     <p align="justify">A lo anterior hay que a&ntilde;adir dos pr&aacute;cticas crediticias tan dudosas como frecuentes: elevar la cobertura del cr&eacute;dito con respecto al valor de la vivienda, lo que implica aumentar el apalancamiento y reducir la cuota inicial; y otorgar cr&eacute;ditos “<i>home equity</i>” (equivalentes a una segunda hipoteca), que propician el gasto de consumo del propietario respaldado por la valorizaci&oacute;n de su vivienda y lo inducen a tratar el valor patrimonial generado por la valorizaci&oacute;n de su inmueble como una caja menor. As&iacute;, endeudarse era como echar mano de lo que se tiene guardado en la alcanc&iacute;a<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p align="justify">El n&uacute;cleo del nuevo modelo de negocios era la estructuraci&oacute;n financiera de los t&iacute;tulos hipotecarios. Los estructuradores adquir&iacute;an los cr&eacute;ditos hipotecarios de los originadores para empaquetar t&iacute;tulos de bajo riesgo y alta rentabilidad. En la alquimia que transformaba una canasta heterog&eacute;nea de hipotecas en t&iacute;tulos de alta calidad se usaban modelos econom&eacute;tricos que pretend&iacute;an compensar el riesgo de ca&iacute;das del precio de la finca ra&iacute;z en una regi&oacute;n de Estados Unidos con las probabilidades de alza en otras. Seg&uacute;n Karl Case,</p>     <blockquote>      <p align="justify">En los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, se desarrollaron modelos de morosidad y ejecuci&oacute;n hipotecaria que parec&iacute;an “explicar” los diferenciales en estas variables en funci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas del deudor y del cr&eacute;dito. Todos los participantes en el mercado utilizaban estos, a veces incluso sin conocerlos &#91;...&#93; &#91;Se basaban en&#93; los resultados de miles de regresiones que reportaban alto poder explicativo. Su prop&oacute;sito espec&iacute;fico era valorar con exactitud el riesgo que asum&iacute;an los originadores y los participantes en el mercado secundario &#91;...&#93; Eran el est&aacute;ndar del mercado, y los originadores y aseguradores hipotecarios que no aceptaban las decisiones del modelo no hac&iacute;an negocios &#91;...&#93; El problema de estas regresiones era que se corr&iacute;an con datos de un periodo de 30 a&ntilde;os de alzas continuas de los precios de la vivienda, cuando las ca&iacute;das regionales de precios coincid&iacute;an con el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico regional. As&iacute;, se sacaba la conclusi&oacute;n de que si un portafolio ten&iacute;a diversificaci&oacute;n regional y la valoraci&oacute;n del riesgo se basaba en el historial crediticio del deudor, la cobertura del cr&eacute;dito, etc., el negocio ser&iacute;a rentable. Cuando los precios de la vivienda declinaron en todas partes y los ciclos regionales se hicieron m&aacute;s sincronizados, las regresiones dejaron de ajustarse a los datos (Case, 2008, p. 22-23).</p> </blockquote>     <p align="justify">Y eso porque los datos detallados que requer&iacute;an los modelos se limitaban a pocos decenios. Por falta de informaci&oacute;n detallada, los modelos no ten&iacute;an en cuenta la posibilidad de una baja general de los precios de la finca ra&iacute;z en Estados Unidos, como la que ocurri&oacute; durante la Gran Depresi&oacute;n. En palabras de Alan Greenspan,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">Se dio un premio Nobel al descubrimiento de un modelo de fijaci&oacute;n de precios que es la base de gran parte del avance de los mercados de derivados. El paradigma de manejo de riesgos moderno rein&oacute; durante varias d&eacute;cadas. Pero todo este edificio intelectual colaps&oacute; durante el verano del a&ntilde;o pasado <i>porque los datos que serv&iacute;an de insumo de los modelos de gesti&oacute;n generalmente s&oacute;lo cubr&iacute;an las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un periodo de euforia. Si los modelos se hubieran ajustado m&aacute;s apropiadamente a periodos de dificultades, a mi juicio los requerimientos de capital habr&iacute;an sido mucho mayores y el mundo financiero estar&iacute;a hoy en mejores condiciones</i> (Greenspan, 2008, cursivas a&ntilde;adidas).</p> </blockquote>     <p align="justify">En suma, los modelos de manejo del riesgo sirvieron para estructurar t&iacute;tulos atractivos, pero los par&aacute;metros de estimaci&oacute;n del riesgo se basaban en la falsa profec&iacute;a de que no cambiar&iacute;a la tendencia general del mercado de finca ra&iacute;z.</p>     <p align="justify">Aparte de las fallas de la estimaci&oacute;n econom&eacute;trica del riesgo crediticio, el dise&ntilde;o de la estructuraci&oacute;n financiera propiamente dicha tuvo consecuencias inesperadas y contraproducentes. La complejidad de su estructura fue descrita por Gorton (2008) y se puede entender como una serie de capas superpuestas en cuya base est&aacute;n los cr&eacute;ditos hipotecarios individuales. La capa siguiente se denomina RMBS (<i>residential mortgage backed securities</i> o t&iacute;tulos respaldados por hipotecas residenciales), cuya arquitectura implica la agregaci&oacute;n de hipotecas (o fragmentos de hipotecas) de diversa calificaci&oacute;n, incluyendo un componente de cr&eacute;ditos <i>subprime</i> y <i>Alt-A</i>, en su mayor&iacute;a de tasa de inter&eacute;s ajustable.</p>     <p align="justify">Para proyectar el flujo de caja de RMBS, un supuesto clave era que los deudores de hipotecas ARM refinanciar&iacute;an sus cr&eacute;ditos al terminar el periodo de tasa preferencial. Con eso se deb&iacute;an lograr dos resultados: con el dinero de la nueva hipoteca se prepagaba el saldo de la anterior, acelerando la amortizaci&oacute;n en favor de los tenedores de RMBS; y la nueva hipoteca se volv&iacute;a materia prima para nuevas titularizaciones, generando nuevas comisiones para todos los eslabones de la cadena. Por dise&ntilde;o, la estructuraci&oacute;n de RMBS ten&iacute;a caracter&iacute;sticas piramidales: el deudor de la hipoteca ARM (el activo subyacente del t&iacute;tulo) y el comprador de RMBS supon&iacute;an que el mercado seguir&iacute;a creciendo indefinidamente. La refinanciaci&oacute;n de hipotecas ARM s&oacute;lo era factible en las condiciones que dejaron de existir con el estallido de la burbuja en 2006: que las viviendas que garantizaban los cr&eacute;ditos siguieran valoriz&aacute;ndose y que hubiera liquidez en el mercado de cr&eacute;dito hipotecario. Con los deudores enfrentados al efecto tijera de la ca&iacute;da del precio de sus casas y de aumentos bruscos de sus cuotas, no sorprende que muchos dejaran de pagar.</p>     <p align="justify">La siguiente capa est&aacute; formada por CDO (<i>collateralized debt obligations</i> o t&iacute;tulos de cr&eacute;dito colateralizados). Un CDO se crea para adquirir una cartera de RMBS y luego vender bonos propios. En la estructuraci&oacute;n de estos &uacute;ltimos, los ingresos esperados de cada RMBS se dividen en varios tramos, seg&uacute;n el nivel de riesgo de la cartera hipotecaria subyacente. Adem&aacute;s de los CDO reales, tambi&eacute;n existen CDO sint&eacute;ticos (que compran y venden ya no RMBS sino derivados de RMBS, especialmente CDS –<i>credit default swaps</i>–) y CDO h&iacute;bridos (que combinan las dos modalidades).</p>     <p align="justify">Los compradores de todos estos papeles eran con frecuencia SIV (<i>structured investment vehicles</i> o veh&iacute;culos estructurados de inversi&oacute;n), la &uacute;ltima capa de la estructuraci&oacute;n financiera. El SIV obtiene recursos baratos de corto plazo en el mercado de dinero y se lucra con el diferencial entre la tasa de inter&eacute;s que paga y la tasa que recibe de su cartera de CDO de largo plazo.</p>     <p align="justify">Falta mencionar dos agentes m&aacute;s: las calificadoras de cr&eacute;dito y los aseguradores de riesgo crediticio. A mediados de 2006 (justo antes de estallar la burbuja), la agencia Moody’s evalu&oacute; un RMBS formado por 2.393 hipotecas individuales, con un valor nominal de US$ 430 millones. El titularizador le encomend&oacute; la tarea de calificar los tramos de mejor calidad de un CDO. Se gast&oacute; un d&iacute;a-hombre de un analista de Moody’s para dar el dictamen, favorable por supuesto: la p&eacute;rdida m&aacute;xima del RMBS, incluidas las hipotecas m&aacute;s riesgosas, no ser&iacute;a superior al 4,9%. Los honorarios de Moody’s fueron de unos US$ 200.000. A comienzos de 2008, el 27% de la cartera de ese RMBS estaba en mora (Lowenstein, 2008).</p>     <p align="justify">Si bien la autopsia que hizo la misma agencia atribuye la divergencia a cambios en las condiciones del mercado, no son descartables los conflictos de inter&eacute;s en Moody’s y las dem&aacute;s calificadoras: el que estructura y vende el t&iacute;tulo elige a la calificadora y le paga una generosa comisi&oacute;n. Indicios de ese conflicto afloraron en una audiencia sobre el tema en el Congreso de los Estados Unidos el 22 de octubre de 2008. Como evidencia se present&oacute; el siguiente intercambio de correo electr&oacute;nico entre dos funcionarios de Standard and Poor’s:</p>     <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Funcionario 1: De paso, ese negocio es rid&iacute;culo.    <br>  Funcionario 2: Lo s&eacute;, es rid&iacute;culo. El modelo definitivamente no captura la mitad del riesgo.     <br>  Funcionario 1: No deber&iacute;amos estarlo calificando.     <br>  Funcionario 2: Calificamos cualquier negocio. Podr&iacute;a ser estructurado por vacas y lo calificar&iacute;amos.</p> </blockquote>     <p align="justify">La calificaci&oacute;n de los t&iacute;tulos sol&iacute;a estar respaldada por un seguro de riesgo crediticio. En ese caso, el t&iacute;tulo recib&iacute;a la calificaci&oacute;n AAA sin mayores problemas porque era la del asegurador. Los aseguradores compart&iacute;an el optimismo ciego de otros agentes del mercado de cr&eacute;dito hipotecario. Uno de ellos, la compa&ntilde;&iacute;a de seguros m&aacute;s grande del mundo, American International Group (AIG), rescatada por el gobierno en septiembre de 2008, es una firma con un bill&oacute;n de d&oacute;lares en activos, operaciones en 130 pa&iacute;ses y 116.000 empleados. Una peque&ntilde;a filial en Londres, con menos de 400 trabajadores, se especializ&oacute; en seguros de riesgo crediticio en la modalidad de CDS. Su negocio parec&iacute;a muy rentable: en 2005 tuvo utilidades por m&aacute;s de US$ 3 millardos, el 18% del total de AIG. Pero cuando la cartera asegurada se deterior&oacute;, AIG tuvo problemas de liquidez y solvencia. El monto inicial del paquete de rescate fue de US$ 85 millardos; es posible que termine costando el doble. Debido a las condiciones del rescate es posible que AIG termine nacionalizada.</p>     <p align="justify">Otro caso es el de los dos grandes fondos semip&uacute;blicos de redescuento de cr&eacute;dito hipotecario de Estados Unidos, Fannie Mae y Freddie Mac, con un pasivo total de unos $5 billones. Sus t&iacute;tulos eran casi sustitutos de los bonos del Tesoro y algunos bancos centrales extranjeros hab&iacute;an invertido en ellos gran parte de sus reservas internacionales. Tambi&eacute;n fueron v&iacute;ctimas de la burbuja y de las presiones p&uacute;blicas y privadas para modificar su modelo de negocios. Por un lado, los llamados del Congreso para que adoptaran pol&iacute;ticas m&aacute;s flexibles y facilitaran la compra de vivienda a los ciudadanos de clase media. Por el otro, las condiciones del mercado. Los originadores les plantearon que si no aceptaban el redescuento de cartera de baja calidad dejar&iacute;an de usar sus servicios para la de buena calidad pues ambas ten&iacute;an buena demanda de los bancos de inversi&oacute;n de Nueva York. La cesaci&oacute;n de pagos de Fannie Mae y Freddie Mac habr&iacute;a afectado el cr&eacute;dito del gobierno federal y los reguladores las intervinieron, lo que implica la garant&iacute;a federal t&aacute;cita de sus pasivos. Con esta nacionalizaci&oacute;n indirecta, la deuda p&uacute;blica de Estados Unidos aument&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana en una suma equivalente al 45% del PIB.</p>     <p align="justify"><b>LA P&Eacute;RDIDA DE INFORMACI&Oacute;N Y SUS CONSECUENCIAS</b></p>     <p align="justify">En un an&aacute;lisis de las causas de la Gran Depresi&oacute;n, Ben Bernanke destac&oacute; que, adem&aacute;s de los efectos de la crisis sobre la solvencia de los bancos y deudores, la p&eacute;rdida de lo que denomina capital de informaci&oacute;n jug&oacute; un papel crucial:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Al desarrollar conocimientos espec&iacute;ficos cuando recogen informaci&oacute;n pertinente, as&iacute; como cuando mantienen relaciones continuas con sus clientes, los bancos y otros intermediarios acumulan “capital de informaci&oacute;n”. Los p&aacute;nicos bancarios de la d&eacute;cada del treinta obligaron a muchos bancos a cerrar sus puertas; ante el riesgo de corridas de dep&oacute;sitos, aun los que siguieron abiertos se vieron forzados a mantener sus balances tan l&iacute;quidos como fuese posible. Esto impidi&oacute; a los bancos utilizar su capital de informaci&oacute;n en actividades crediticias normales (Bernanke, 2007b).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Gary Gorton concluye su an&aacute;lisis de la crisis hipotecaria con una reflexi&oacute;n similar:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Se “perdi&oacute;” informaci&oacute;n debido a la complejidad de la cadena. &iquest;Qu&eacute; significa “perdi&oacute;” debido a la “complejidad”? “Perdi&oacute;” significa que la informaci&oacute;n era conocida en alg&uacute;n momento y luego se “perdi&oacute;”. Cuando digo se “perdi&oacute;” quiero decir que para inversionistas en CDO y otros inversionistas que tienen tramos de CDO en sus portafolios no es posible penetrar la cadena hacia atr&aacute;s a fin de valorarlos con base en las hipotecas subyacentes. En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, la estructuraci&oacute;n misma no lo permite. Hay (por lo menos) dos capas de productos estructurados en los CDO. La informaci&oacute;n se pierde por la dificultad de penetrar hasta los activos originales. Tampoco es posible para los que est&aacute;n al principio de la cadena usar su informaci&oacute;n para valorar la cadena “hacia arriba”, por as&iacute; decirlo. La “informaci&oacute;n asim&eacute;trica” es un t&eacute;rmino familiar, referido simplemente a una situaci&oacute;n donde una parte de una transacci&oacute;n tiene m&aacute;s informaci&oacute;n relevante que la otra del objeto que se transa, lo que puede llevar a los bien conocidos problemas de agencia. Inversionistas compraron tramos de pasivos de RMBS, CDO, SIV y fondos del mercado de dinero sin saber todo lo que sab&iacute;an quienes estructuraron los t&iacute;tulos que adquirieron. Estos inversionistas probablemente depend&iacute;an de banqueros con los que hab&iacute;an tenido relaciones reiteradas y de calificaciones crediticias. En esencia, los inversionistas no cuentan con los recursos para analizar individualmente estructuras tan complicadas y finalmente se apoyan menos en la estructura y los fundamentos y m&aacute;s en la relaci&oacute;n con el vendedor del producto. Las relaciones de agencia reemplazaron a la informaci&oacute;n real. Este hecho, subrayo, no es sorprendente, y no s&oacute;lo se aplica a productos estructurados. Pero en este caso la cadena es bastante larga (Gorton, 2008, 26-27).</p> </blockquote>     <p align="justify">Durante la expansi&oacute;n de la burbuja inmobiliaria, las valoraciones de los agentes del mercado se guiaron por modelos que aceptaban la falsa profec&iacute;a de que durar&iacute;a indefinidamente. Al mismo tiempo, se adopt&oacute; una metodolog&iacute;a de estructuraci&oacute;n financiera de tal complejidad que el valor de los activos estructurados s&oacute;lo se entend&iacute;a a partir de esos modelos. Cuando estall&oacute; la burbuja, las predicciones de los modelos quedaron invalidadas.</p>     <p align="justify">Pero, lo m&aacute;s grave, la p&eacute;rdida de informaci&oacute;n debida a la complejidad de la estructuraci&oacute;n lleva a que los inversionistas carezcan de cualquier otra base razonable para valorar esos activos. Nadie sabe –ni tenedores ni vendedores ni compradores– cu&aacute;nto vale (en valor presente del flujo futuro de ingresos) un RMBS, un CDO, un SIV o los derivados de estos papeles. Y eso lleva a un fen&oacute;meno com&uacute;n en las etapas finales de las burbujas: desaparece el mercado. No hay demanda salvo a precios irrazonables. La falta de liquidez en este mercado no es un problema monetario. Las inyecciones casi ilimitadas de liquidez de los bancos centrales a los mercados de dinero no han tenido mayores efectos en la demanda de titularizaciones hipotecarias. A continuaci&oacute;n se intenta evaluar las consecuencias de la p&eacute;rdida de informaci&oacute;n examinando dos mercados: el de titularizaciones hipotecarias residenciales, sobre el que hay informaci&oacute;n dispersa y no muy actualizada; y el de hipotecas comerciales, donde la calidad y la oportunidad de la informaci&oacute;n son mejores. En ambos casos, desapareci&oacute; el mercado.</p>     <p align="justify">Un indicador de la titularizaci&oacute;n de hipotecas residenciales son las colocaciones primarias de CDO, que pasaron de US $263 millardos en 2007 a US$ 5 millardos en el primer trimestre de 2008 (Gorton, 2008, 16). En el mercado de titularizaciones de hipotecas comerciales las ventas primarias pasaron de US$ 230 millardos en 2007 a US$ 12 millardos en los primeros seis meses de 2008. En el tercer trimestre de 2008 el valor de las colocaciones primarias fue nulo (CMSA, 2008, exhibit 1).</p>     <p align="justify">Una de las consecuencias de la opacidad de los modelos y m&eacute;todos de titularizaci&oacute;n hipotecaria es la destrucci&oacute;n <i>neta</i> de valor, es decir, el d&eacute;ficit entre lo que ser&iacute;a el valor presente del flujo de ingresos titularizado y el precio de mercado de los t&iacute;tulos (o de falta de mercado por las condiciones excepcionales de la demanda). Para medir esa p&eacute;rdida se puede pensar en un esquema de titularizaci&oacute;n con una metodolog&iacute;a para idiotas que usa como criterio de agregaci&oacute;n una muestra aleatoria y estad&iacute;sticamente representativa de las hipotecas en el mercado (p. ej., un t&iacute;tulo por valor de US$ 300 millones que agregue 2.000 cr&eacute;ditos hipotecarios de US$ 150.000 en promedio), metodolog&iacute;a similar a la de los fondos de inversi&oacute;n en t&iacute;tulos de renta variable que tratan de simular el comportamiento del &iacute;ndice de bolsa Standard &amp; Poor’s 500. As&iacute;, cabe esperar que el t&iacute;tulo tendr&aacute; un comportamiento similar al del mercado en su conjunto.</p>     <p align="justify">En el peor momento de la crisis colombiana de fin de siglo, la participaci&oacute;n de la cartera hipotecaria vencida en el total lleg&oacute; al 25,2% (en noviembre de 2002, seg&uacute;n el ICAV). En Estados Unidos los datos recientes de este indicador son del 15%, para el total de la cartera residencial titularizada. Para la cartera comercial titularizada, la mora es cercana al 1% (CMSA, 2008, exhibit 8).</p>     <p align="justify">Adoptemos ahora dos supuestos pesimistas: que el nivel de cartera vencida llegue al 30%; y que <i>toda</i> cartera vencida pierda <i>todo</i> su valor. El acreedor no recupera <i>nada</i>. Seg&uacute;n la metodolog&iacute;a para idiotas, el t&iacute;tulo hipot&eacute;tico tiene una trayectoria paralela a la del mercado. &iquest;Qu&eacute; implican estas dos condiciones? Que en el peor de los casos el valor de mercado de la titularizaci&oacute;n hipot&eacute;tica no debe ser inferior al 70% de su valor nominal.</p>     <p align="justify">Si bien la coyuntura del mercado no facilita la b&uacute;squeda de precios comparables a los del ejemplo, algunos datos son dicientes. Para las titularizaciones de cartera hipotecaria residencial, una firma privada, Markit, elabor&oacute; un conjunto de &iacute;ndices llamados ABX que no pretenden presentar una visi&oacute;n agregada del mercado pero hacen el seguimiento de una serie de t&iacute;tulos que inicialmente ten&iacute;an la misma calificaci&oacute;n y fueron emitidos en el mismo periodo. Las <a href="#g4">gr&aacute;ficas 4</a>, <a href="#g5">5</a> y <a href="#g6">6</a> muestran la cotizaci&oacute;n entre abril y octubre de 2008 de t&iacute;tulos emitidos en el segundo semestre de 2007. T&iacute;tulos comparables se cotizaban a la par hasta principios de 2007. Los datos indican que los t&iacute;tulos que inicialmente ten&iacute;an grado de inversi&oacute;n a finales de octubre registraron descuentos del siguiente orden: AAA, entre 47 y 42%; AA, 89%; A, 92%; y BBB, 95%.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Gr&aacute;fica 4<a name="g4"></a>    <br> &Iacute;ndice ABX para t&iacute;tulos hipotecarios AAA</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g4.jpg"></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 5<a name="g5"></a>    <br> &Iacute;ndice ABX para t&iacute;tulos hipotecarios AA y AB</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g5.jpg"></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 6<a name="g6"></a>    <br> &Iacute;ndice ABX para t&iacute;tulos hipotecarios A y BBB</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a2g6.jpg"></p>     <p align="justify">La p&eacute;rdida de valor de la cartera hipotecaria comercial se puede medir a trav&eacute;s del margen entre titularizaciones hipotecarias y bonos del Tesoro a diez a&ntilde;os, que a comienzos de septiembre oscilaba entre 300 y 2.200 puntos base para papeles con grado de inversi&oacute;n (AAA a BBB). En t&eacute;rminos del valor presente del papel a diez a&ntilde;os, una titularizaci&oacute;n hipotecaria comercial del grado m&iacute;nimo de inversi&oacute;n (BBB) tiene un descuento del 82% y una del grado m&aacute;ximo de no inversi&oacute;n (BB) del 96% con respecto al valor equivalente de un bono del Tesoro a ese plazo. El descuento para la titularizaci&oacute;n hipotecaria comercial mejor calificada (AAA), al mismo plazo, ser&iacute;a del 27% (CMSA, 2008, exhibits 14 y 15).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque la comparaci&oacute;n entre el t&iacute;tulo hipot&eacute;tico, con la metodolog&iacute;a para idiotas, y la cartera hipotecaria titularizada no sea exacta, lleva a una conclusi&oacute;n interesante: la p&eacute;rdida de informaci&oacute;n debida a los m&eacute;todos opacos de titularizaci&oacute;n hace que el mercado valore hoy la mejor cartera comercial (que hasta ahora tiene una proporci&oacute;n de cartera vencida del orden del 1%) en un nivel similar al del escenario hipot&eacute;tico y pesimista del m&eacute;todo para idiotas para la totalidad de la cartera hipotecaria: 30% de descuento. La cartera hipotecaria residencial de &oacute;ptima calidad (AAA) tiene una tasa de mora del 3%, pero se transa con un descuento de m&aacute;s del 50%.</p>     <p align="justify">El &iacute;ndice ABX para cartera residencial AAA arroja una valoraci&oacute;n impl&iacute;cita un 25% inferior al peor escenario del m&eacute;todo para idiotas. El margen para t&iacute;tulos comerciales BBB y BB de cartera hipotecaria comercial y el &iacute;ndice ABX para cartera residencial de grado de inversi&oacute;n no &oacute;ptima (AA a BBB) arroja valoraciones impl&iacute;citas entre 50 y 60 puntos porcentuales inferiores a la del m&eacute;todo para idiotas.</p>     <p align="justify">Vale la pena recalcar que, usando el m&eacute;todo para idiotas, estas cotizaciones implican que cerca del 90% de los cr&eacute;ditos hipotecarios titularizados dar&iacute;an una p&eacute;rdida <i>total</i>. Por muy grave que sea la crisis, ese escenario no es plausible. En el peor momento de la Gran Depresi&oacute;n (comienzos de 1934), la participaci&oacute;n de la cartera hipotecaria vencida en el total apenas lleg&oacute; al 50% (Wheelock, 2008, p. 569).</p>     <p align="justify">En un famoso art&iacute;culo, George Akerlof demostr&oacute; que los problemas de informaci&oacute;n pueden llevar a precios menores que el de competencia perfecta y aun a la desaparici&oacute;n de los mercados (1970). Puso como ejemplo el mercado de autos usados. Hay asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n entre vendedor y comprador, pues aquel conoce bien el estado real del veh&iacute;culo. Para el comprador es dif&iacute;cil o imposible adquirir esa informaci&oacute;n, sospecha que el vendedor aprovechar&aacute; esa circunstancia para sesgar la informaci&oacute;n que suministra, exagerando los m&eacute;ritos y ocultando los defectos, y reacciona estrat&eacute;gicamente: supone que el estado del carro es peor del que le describen y ofrece un precio muy bajo. Esto genera un proceso de selecci&oacute;n adversa. Como los precios prevalecientes en el mercado son bajos, los due&ntilde;os de autos en buen estado tienden a abstenerse y acuden muchos vendedores de veh&iacute;culos en malas condiciones (“limones”, como los llaman en Estados Unidos). Esto confirma la previsi&oacute;n pesimista del comprador.</p>     <p align="justify">Lo que hoy ocurre en el mercado de titularizaciones hipotecarias se puede entender como un caso extremo de selecci&oacute;n adversa. Cada comprador potencial piensa que el t&iacute;tulo que le ofrecen en venta es muy inferior al promedio del mercado que se infiere del m&eacute;todo para idiotas. Hay, sin embargo, una diferencia con la selecci&oacute;n adversa com&uacute;n: muchos vendedores, quiz&aacute; la mayor&iacute;a, tampoco tienen idea de cu&aacute;l puede ser el valor real de los t&iacute;tulos de su portafolio.</p>     <p align="justify"><b>FALLAS DE LA REGULACI&Oacute;N Y LECCIONES DE LA CRISIS COLOMBIANA</b></p>     <p align="justify">Como se se&ntilde;al&oacute; al comienzo de este art&iacute;culo, los principales instrumentos de la regulaci&oacute;n financiera responden a dos fallas de mercado, la informaci&oacute;n asim&eacute;trica y la posibilidad, derivada de ella, de problemas de agencia cuando la entidad que capta ahorro del p&uacute;blico prefiera sus intereses a los de sus depositantes. La evoluci&oacute;n de la crisis, en especial desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, indica la existencia de ambos problemas y que el marco regulador norteamericano no fue capaz de remediarlos. En el &aacute;mbito de la informaci&oacute;n asim&eacute;trica cabe mencionar, entre otros:</p>     <p align="justify">&#149; La opacidad de la estructuraci&oacute;n financiera de las titularizaciones que se discuti&oacute; en las secciones anteriores. So pretexto de diversificar el riesgo, quienes la llevaron a cabo lograron una p&eacute;rdida de informaci&oacute;n que hace que papeles financieros respaldados por alg&uacute;n valor (mayor o menor, seg&uacute;n el caso) no sean negociables. Un esquema dise&ntilde;ado para reducir riesgo lo increment&oacute; de manera exponencial.</p>     <p align="justify">&#149; El objeto expreso de las metodolog&iacute;as de titularizaci&oacute;n en sus diversas capas (RBMS, CDO en sus varias modalidades, SIV) era minimizar la revelaci&oacute;n contable del riesgo que asum&iacute;an las entidades financieras que hacen parte de la cadena del nuevo modelo de negocios de financiaci&oacute;n hipotecaria. Con frecuencia la motivaci&oacute;n plausible era el “alivio del requisito regulatorio de capital bancario o de gesti&oacute;n de riesgo. Los CDO desparecen el riesgo de esos activos de los estados financieros de su creador, con frecuencia de manera sint&eacute;tica”<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p align="justify">&#149; Derivados como los CDS permit&iacute;an que las entidades financieras crearan pasivos contingentes (que despu&eacute;s se convirtieron en reales) que no registraban en su contabilidad principal sino en las cuentas de orden de sus estados financieros. Esa fue la causa del colapso de AIG. Los graves problemas que enfrentaron los bancos de inversi&oacute;n de Wall Street tuvieron mucha relaci&oacute;n con sus operaciones de derivados. Una se&ntilde;al de falta de transparencia contable es que los pasivos (no las acciones) de Lehman Brothers, aparentemente solvente hasta d&iacute;as antes de su quiebra a mediados de septiembre, se coticen con un descuento de cerca del 90%.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&#149; Faltaron fuentes confiables de informaci&oacute;n sobre mercados clave. El &iacute;ndice ABX, elaborado por la empresa privada Markit desde 2006, fue el primer indicador de lo que ocurr&iacute;a en el mercado de titularizaci&oacute;n hipotecaria residencial de Estados Unidos. Seg&uacute;n Gorton, permiti&oacute; que la informaci&oacute;n del mercado fuera de conocimiento p&uacute;blico; la mayor transparencia contribuy&oacute; al estallido de la burbuja (Gorton, 2008, 21-23).</p>     <p align="justify">&#149; Un &aacute;mbito que trasciende la financiaci&oacute;n hipotecaria es el de los derivados o “swaps”, que entre 2002 y 2008 pas&oacute; de US$ 106 a US$ 531 billones (cifra equivalente a cincuenta veces el PIB de Estados Unidos) seg&uacute;n el <i>New York Times</i>. A finales de los noventa la encargada de la regulaci&oacute;n del mercado de derivados en Estados Unidos, la se&ntilde;ora Brooksley Born, propuso examinar posibles medidas en esta &aacute;rea, entre ellas sistemas de informaci&oacute;n de las transacciones y una c&aacute;mara central de compensaci&oacute;n. Enfrent&oacute; una f&eacute;rrea oposici&oacute;n de Wall Street, del Departamento del Tesoro y de Greenspan, con el argumento de que aniquilar&iacute;a en su cuna un mercado incipiente. Debido a esa oposici&oacute;n tuvo que dejar el cargo y no se hizo nada. Buena parte de la turbulencia financiera actual se debe a que no se sabe mucho del mercado en su conjunto ni de la exposici&oacute;n de actores individuales al riesgo de derivados.</p>     <p align="justify">&#149; Por &uacute;ltimo, el efecto de la informaci&oacute;n asim&eacute;trica en el contagio a otros mercados; ya no la asimetr&iacute;a entre captador y depositante sino la que es ocasionada por la desaparici&oacute;n de los mercados de activos que hacen parte importante del balance de los participantes en el mercado interbancario. La “vigilancia del riesgo de contraparte”, para usar la expresi&oacute;n de Greenspan, se vuelve una misi&oacute;n imposible. Especialmente si cada banquero sabe que tiene esqueletos m&aacute;s o menos escondidos en sus propias cuentas. Es natural que se pregunte por los de sus colegas, cuando esos esqueletos tienen un descuento de precio de un 90% en relaci&oacute;n con los valores nominales o contables.</p>     <p align="justify">Sobre el segundo punto, el de los m&aacute;rgenes adecuados de capitalizaci&oacute;n con respecto de sus pasivos, cabe destacar los siguientes hechos:</p>     <p align="justify">&#149; La falta de transparencia de la contabilidad, por las razones antes se&ntilde;aladas, lleva a que cualquier sistema dise&ntilde;ado para limitar el apalancamiento pierda al menos parte de su eficacia. En particular, hay que recordar que muchas titularizaciones hipotecarias no tienen precios de mercado.</p>     <p align="justify">&#149; A&uacute;n as&iacute;, el requisito de tener una proporci&oacute;n razonable de capital en relaci&oacute;n con los activos se hab&iacute;a desdibujado en la pr&aacute;ctica. Christopher Cox, presidente de la Securities and Exchange Commission (SEC), dijo de uno de los bancos de inversi&oacute;n que tuvo que ser adquirido por JP Morgan Chase para evitar su colapso: “A&uacute;n en el momento de su venta el domingo, el patrimonio de Bear Stearns &#91;...&#93; superaba las exigencias regulatorias” (citado en Morris y Shin, 2008, 3). A finales de 2007, el patrimonio de Bear Sterns y el de Lehman Brothers s&oacute;lo equival&iacute;an al 3% de los activos, una relaci&oacute;n de apalancamiento de 33 veces. Citigroup, que como banco comercial tiene un r&eacute;gimen regulador m&aacute;s estricto y que ha adquirido varias entidades financieras en problemas durante 2008, ten&iacute;a una relaci&oacute;n de apalancamiento de 20 veces a finales del a&ntilde;o anterior.</p>     <p align="justify">&#149; Este hecho tiene como antecedente la decisi&oacute;n de la SEC, adoptada en abril de 2004, de eliminar la exigencia de patrimonio m&iacute;nimo (es decir, el l&iacute;mite de apalancamiento) a los grandes bancos de inversi&oacute;n. En una reuni&oacute;n a veces interrumpida por risas, los comisionados hicieron comentarios como “Hemos dicho que estos son los grandes, pero eso quiere decir que si algo falla habr&aacute; un l&iacute;o terriblemente grande” y “Estoy muy contento de apoyar la propuesta, y mantendr&eacute; cruzados los dedos” antes de aprobar la medida por voto un&aacute;nime<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. En los cuatro a&ntilde;os siguientes la relaci&oacute;n de apalancamiento de Merrill Lynch pas&oacute; de 17 a m&aacute;s de 30, para poner un ejemplo.</p>     <p align="justify">La desregulaci&oacute;n que llev&oacute; a esta situaci&oacute;n pretend&iacute;a impulsar la innovaci&oacute;n financiera, y en retrospectiva algunos de los argumentos que la apoyaron parecen iron&iacute;as orwellianas. La eliminaci&oacute;n de los l&iacute;mites de apalancamiento se hizo en aras de un “uso m&aacute;s eficiente del capital” de las firmas beneficiadas. En todo caso, no fue un proceso espont&aacute;neo. Hubo un vigoroso cabildeo de las entidades financieras que tuvo una calurosa acogida de la persona que ocupaba la c&uacute;spide del aparato regulador, Alan Greenspan. Se podr&iacute;a hablar incluso de una captura del regulador por los regulados: muchos de los altos funcionarios del gobierno Bush provienen de la banca de inversi&oacute;n, en especial de Goldman Sachs.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n hubo un c&iacute;rculo vicioso de competencia en materia de laxitud regulatoria: seg&uacute;n se dec&iacute;a entonces, si los est&aacute;ndares aplicables en Nueva York eran m&aacute;s estrictos que los de Londres, se perder&iacute;a “competitividad” con respecto a esa plaza. Y el argumento inverso se usaba en Londres, con consecuencias id&eacute;nticas. No resultan sorprendentes las afinidades de las crisis en las dos costas del Atl&aacute;ntico.</p>     <p align="justify">Gary Gorton hace un balance de los resultados en los siguientes t&eacute;rminos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">El p&aacute;nico de hoy no es un p&aacute;nico bancario, en el sentido de que el sistema bancario tradicional no enfrent&oacute;, inicialmente, corridas bancarias como en p&aacute;nicos anteriores. Pero hemos sabido durante mucho tiempo que el sistema bancario estaba transmut&aacute;ndose en un mundo de “fuera del balance” y de derivados, en un sistema bancario la sombra (2008, 33).</p> </blockquote>     <p align="justify">La ideolog&iacute;a desregulacionista que propici&oacute; el surgimiento de ese sistema bancario a la sombra en muchos casos fue un disfraz de un p&eacute;simo an&aacute;lisis econ&oacute;mico que desconoce la existencia de fallas de mercado elementales para entender la actividad financiera: asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n y riesgo moral.</p>     <p align="justify">Sin entrar en detalles sobre su respuesta de pol&iacute;tica, se puede hablar de dos etapas del plan Paulson para rescatar el sistema financiero, aprobado por el Congreso de los Estados Unidos con un costo inicial de US$ 700 millardos. En la primera, se pens&oacute; en adquirir directamente titularizaciones hipotecarias de las entidades financieras. Esta propuesta abort&oacute;, en parte porque no cumpl&iacute;a el doble prop&oacute;sito de fortalecer la liquidez y la solvencia de los intermediarios. Si el gobierno federal adquir&iacute;a los t&iacute;tulos a los precios irrazonables que se cotizan en el mercado la entidad vendedora tendr&iacute;a que registrar la p&eacute;rdida correspondiente en sus estados financieros y castigar su patrimonio en un momento en que ya est&aacute; debilitado. Si el gobierno pagaba m&aacute;s que esa cotizaci&oacute;n, habr&iacute;a una nueva dificultad: establecer un precio razonable. Muchos se&ntilde;alaron, con raz&oacute;n, el peligro de selecci&oacute;n adversa; los intermediarios ofrecer&iacute;an la peor y m&aacute;s opaca de su cartera. Adem&aacute;s de las dificultades de informaci&oacute;n, segu&iacute;a vivo el problema de solvencia. Supongamos que el precio de compra involucre un descuento de apenas un 45%. Hay un “beneficio” del 45% del valor del t&iacute;tulo (respecto del descuento del 90% en el mercado), pero el vendedor tiene una p&eacute;rdida contable equivalente al otro 45%.</p>     <p align="justify">En la segunda etapa el plan de rescate sigue el modelo adoptado d&iacute;as antes por el gobierno brit&aacute;nico: una inyecci&oacute;n directa de recursos p&uacute;blicos en el capital accionario de las entidades financieras; una nacionalizaci&oacute;n parcial. Este modelo alinea con m&aacute;s &eacute;xito las soluciones a los problemas gemelos de liquidez y solvencia, y supera el de selecci&oacute;n adversa: si el gobierno adquiere parte de las acciones de la entidad financiera, adquiere a la vez un inter&eacute;s en la totalidad de su cartera de activos.</p>     <p align="justify">De manera complementaria, ambos gobiernos decidieron extender la garant&iacute;a p&uacute;blica a todos los dep&oacute;sitos bancarios (antes hab&iacute;a topes) y a las transacciones crediticias del mercado interbancario. Este &uacute;ltimo, en el peor momento de la crisis, estaba ag&oacute;nico por el contagio de percepciones extremas de riesgo de contraparte.</p>     <p align="justify">La segunda respuesta del plan Paulson se asemeja a la de Colombia y Suecia en sus crisis financieras de los noventa: nacionalizar temporalmente las entidades financieras en problemas. As&iacute; la calificaci&oacute;n crediticia del gobierno se extiende a las instituciones real o aparentemente insolventes y se restablece la confianza del p&uacute;blico. Pero hay una diferencia importante. Seg&uacute;n el presidente Bush y el secretario del Tesoro Paulson el aporte de capital de riesgo y de aseguramiento de dep&oacute;sitos y transacciones crediticias interbancarias no debe implicar una intromisi&oacute;n en las decisiones de negocios de las entidades rescatadas. Eso refleja el sesgo ideol&oacute;gico de que la intervenci&oacute;n del Estado siempre crea distorsiones e ineficiencias y ahoga innovaciones provechosas.</p>     <p align="justify">Pero hay un problema de incentivos. No es razonable que un tercero (en este caso el contribuyente norteamericano) asuma todo el riesgo del desempe&ntilde;o de una empresa sin tener control alguno de su gesti&oacute;n y sus resultados. Para no hablar del sentido com&uacute;n, la teor&iacute;a econ&oacute;mica predice que ello inducir&aacute; a los encargados de la administraci&oacute;n a lucrarse de los recursos que les encomendaron sin preocuparse mucho por los intereses de quienes los pusieron a su cuidado. De all&iacute; que es posible que la pol&iacute;tica de “pongo la plata pero no la mano” sufra algunas modificaciones luego del cambio de gobierno en enero de 2009.</p>     <p align="justify">Es inevitable un segundo debate, el de las perspectivas del primer piso del mercado de financiaci&oacute;n hipotecaria: la relaci&oacute;n entre los deudores de cr&eacute;ditos y el sistema financiero que es su acreedor y tendr&aacute; un control creciente del gobierno de Estados Unidos. La intensidad del p&aacute;nico se debe en buena medida a la ca&iacute;da extrema de las cotizaciones de la cartera hipotecaria titularizada, que como vimos es exagerada y obedece a la p&eacute;rdida de informaci&oacute;n en el proceso de estructuraci&oacute;n de los t&iacute;tulos.</p>     <p align="justify">En la gran mayor&iacute;a de los casos, las propiedades hipotecadas a&uacute;n existen y tienen alg&uacute;n valor, valor que subyace y determina el valor real de las titularizaciones hipotecarias. Igual que cualquier activo, las propiedades pueden generar un flujo futuro de ingresos, as&iacute; sea menor que las previsiones de sus propietarios o de sus acreedores. Para ello se debe restablecer cierta correspondencia entre tres variables: el valor del inmueble, el del cr&eacute;dito hipotecario que lo grava y la capacidad de pago del deudor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hay una lecci&oacute;n valiosa de la crisis hipotecaria colombiana. La soluci&oacute;n fue dise&ntilde;ada por la Corte Constitucional en una serie de fallos muy pol&eacute;micos. La Corte reestructur&oacute; la pol&iacute;tica de financiaci&oacute;n de vivienda y entre sus determinaciones orden&oacute; reliquidar toda la cartera hipotecaria, con una metodolog&iacute;a m&aacute;s ben&eacute;vola para los deudores. Esto tuvo el efecto pr&aacute;ctico de rescatar muchos cr&eacute;ditos que estaban bajo el agua y sentar las bases para recuperar su servicio. Otras decisiones establecieron pautas de largo plazo: prohibir esquemas de amortizaci&oacute;n con capitalizaci&oacute;n de intereses reales (cuyo efecto es similar al de las hipotecas ARM) y dar a los deudores el derecho a solicitar la reestructuraci&oacute;n del cr&eacute;dito en funci&oacute;n de su capacidad de pago<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; ha pasado en Estados Unidos durante esta crisis? Es posible, por supuesto, una reestructuraci&oacute;n que tenga en cuenta la capacidad de pago del deudor. Pero la experiencia de muchos deudores es la de una falta de &aacute;nimo negociador de los acreedores, que suelen ser representados por los originadores del cr&eacute;dito, como Countrywide. Aqu&iacute; puede haber un problema de incentivos: el administrador del cr&eacute;dito recibe su comisi&oacute;n independientemente del rendimiento, y decirle no al deudor es menos complicado y costoso que tramitar la reestructuraci&oacute;n con los acreedores &uacute;ltimos, dispersos y dif&iacute;ciles de identificar.</p>     <p align="justify">Hay dos enfoques posibles para desembotellar esta situaci&oacute;n, que perjudica por igual a los acreedores y a los deudores. Uno, “desde arriba”. La agencia federal de seguro de dep&oacute;sitos (FDIC) ha propuesto un esquema de reestructuraci&oacute;n de los cr&eacute;ditos que ha recibido de entidades quebradas, cuyo principio b&aacute;sico es que los deudores no paguen m&aacute;s del 38% de su ingreso. Otras propuestas, “desde abajo”, implican modificar la ley de quiebras personales, que faculta al juez para reestructurar todas las obligaciones del deudor, menos los cr&eacute;ditos hipotecarios.</p>     <p align="justify">Estas han encontrado la oposici&oacute;n miope y obtusa de los gremios bancarios y de algunos tenedores de t&iacute;tulos hipotecarios, que aducen que violentan la intangibilidad de los contratos. Hay un problema m&aacute;s concreto y pertinente: con las t&eacute;cnicas de estructuraci&oacute;n las hipotecas individuales se fraccionaron y la propiedad de un solo cr&eacute;dito puede estar repartida en decenas de portafolios. Rastrear a esos propietarios, para no hablar de negociar con cada uno de ellos, tendr&iacute;a enormes costos de transacci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La situaci&oacute;n se asemeja a lo que Heller llama tragedia de los anticomunes: una situaci&oacute;n donde la extrema dispersi&oacute;n de los derechos de propiedad hace imposible que sus titulares puedan combinarlos para usos econ&oacute;micamente aprovechables (2008). En esos casos, una soluci&oacute;n “desde arriba” puede ser la &uacute;nica viable. Consistir&iacute;a en algo similar a lo que decret&oacute; la Corte Constitucional colombiana: una norma que limite los derechos de propiedad de los titulares de deudas hipotecarias y establezca pautas obligatorias para reestructurarlas y restablecer los incentivos de los deudores para atender el servicio de sus deudas.</p>     <p align="justify">Eso no evitar&aacute; una crisis econ&oacute;mica prolongada y duradera que afecta al resto de las econom&iacute;as norteamericana y mundial. Es previsible que en los mercados crediticios ocurra lo que se observ&oacute; en Jap&oacute;n en la d&eacute;cada de los noventa: “Los bancos eran renuentes a prestar, porque su base de capital se hab&iacute;a erosionado por las p&eacute;rdidas en los cr&eacute;ditos, y las empresas eran renuentes a endeudarse por el lento crecimiento de la demanda de sus productos” (Kindleberger y Aliber, 2005, 181).</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; relevancia tiene todo esto para Colombia? Hay una certeza y dos inc&oacute;gnitas. La certeza es que la crisis nos golpear&aacute;. Las inc&oacute;gnitas, cu&aacute;ndo y con qu&eacute; intensidad. Paul Krugman escribi&oacute; en su blog, pocos d&iacute;as antes de recibir el premio Nobel: “We are all brazilians now”. Con cierta iron&iacute;a les dec&iacute;a a sus compatriotas: “Lo que antes s&oacute;lo les ocurr&iacute;a a los brasile&ntilde;os, ahora nos est&aacute; ocurriendo”. Esa expresi&oacute;n, “Ahora todos somos brasile&ntilde;os”, debe hacer pensar tambi&eacute;n a los colombianos. No podremos evitar el impacto de la crisis. Pero queda un consuelo. Durante la crisis quiz&aacute; les vaya mejor a pa&iacute;ses que aplicaron pol&iacute;ticas prudentes de regulaci&oacute;n financiera, como el nuestro.</p>     <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Citado en Biggs (2006, 33).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Un excelente referente te&oacute;rico y emp&iacute;rico de la historia de las burbujas en los mercados de activos es Kindleberger y Aliber (2005), cuyo an&aacute;lisis se sigue en esta secci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Case (2008, 23). La conducta de los inversionistas, en especial de los que llegan tarde, se puede denominar comportamiento de manada; ver Herrera (2005).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. La etapa inicial de las burbujas especulativas suele ser un caldo de cultivo propicio para fraudes y estafas; ver los numerosos ejemplos de Kindleberger y Aliber (2005, cap. 9).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. T&eacute;cnicamente, siempre hay compradores si el precio es suficientemente bajo; en la jerga de Wall Street se denominan inversionistas buitres. Pero lo que se registra en esos casos es la falta de compradores a precios que no sean irrazonables. Ver algunos ejemplos hist&oacute;ricos en Kindleberger y Aliber (2005, 178-180).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Una advertencia: si bien este an&aacute;lisis se refiere a bancos y otros intermediarios financieros para simplificar la exposici&oacute;n, hay otros veh&iacute;culos en el mercado de capitales que pueden cumplir funciones similares y ofrecer servicios comparables a los ahorradores. Pero no son sustitutos perfectos.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Para un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado de la crisis hipotecaria colombiana de fin de siglo, ver Echeverry, Gracia y Urdinola (1999) y P&eacute;rez Salazar (2007a).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Para una visi&oacute;n retrospectiva de la estructura del mercado y de las pol&iacute;ticas norteamericanas de financiaci&oacute;n de vivienda, ver Bernanke (2007c).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Carranza y Estrada (2007). Sobre resultados similares de la crisis hipotecaria norteamericana, ver Gerardi et al. (2008).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Citado en “Inside the Countrywide Lending Spree”, <i>New York Times</i>, 26 de agosto de 2007.</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Bernanke (2007a). Keys et al. (2008) confirman esta apreciaci&oacute;n con un ejercicio econom&eacute;trico que concluye: “Los portafolios con mayor probabilidad de ser titularizados tienen una tasa de morosidad superior en aproximadamente un 20% a la de un grupo de perfil de riesgo similar con una menor probabilidad de titularizaci&oacute;n &#91;...&#93; Nuestros resultados sugieren que la titularizaci&oacute;n <i>s&iacute;</i> tiene efectos adversos sobre los incentivos de los prestamistas para evaluar cuidadosamente los cr&eacute;ditos que conceden”.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Ver el an&aacute;lisis cuantitativo de Cagan (2007), en retrospectiva algo optimista, por la imprevisi&oacute;n de la ca&iacute;da continua de los precios de la finca ra&iacute;z.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Gerardi et al. (2008) encuentran una relaci&oacute;n positiva entre la cobertura del cr&eacute;dito (incluyendo los cr&eacute;ditos “<i>home equity</i>”) y el riesgo de morosidad del deudor, durante la crisis norteamericana.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. Es decir, con el uso de derivados (Gorton, 2008, 16).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Ver en <a href="http://www.nytimes.com/2008/10/03/business/03sec.html" target="_blank">http://www.nytimes.com/2008/10/03/business/03sec.html</a> la grabaci&oacute;n de la reuni&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Para una discusi&oacute;n de los fallos de la Corte Constitucional, ver P&eacute;rez Salazar (2007a y 2007b). Para un excelente an&aacute;lisis del mercado y de la financiaci&oacute;n de vivienda en Colombia, ver Cu&eacute;llar (2006).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Akerlof, G. “The Market for ‘Lemons’: Quality Uncertainty and the Market Mechanism”, The Quarterly Journal of Economics 84, 3, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200800020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Bernanke, B. “The Subprime Mortgage Market”, ponencia presentada en <i>Federal Reserve Bank of Chicago’s 43rd Annual Conference on Bank Structure and Competition</i>, Chicago, Illinois, 17 de mayo, 2007a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200800020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Bernanke, B. “The Financial Accelerator and the Credit Channel”, ponencia presentada en <i>The Credit Channel of Monetary Policy in the Twenty-first Century Conference</i>, Atlanta, Federal Reserve Bank of Atlanta, 15 de junio, 2007b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200800020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bernanke, B. “Housing, Housing Finance, and Monetary Policy”, ponencia presentada en <i>Federal Reserve Bank of Kansas City’s Economic Symposium</i>, Wyoming, Jackson Hole, 31 de agosto, 2007c.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200800020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Biggs, B. <i>Hedgehogging</i>, Hoboken, Wiley, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200800020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Cagan, Ch. <i>Mortgage Payment Reset: the Issue and the Impact</i>, Santa Ana, First American CoreLogic, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200800020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Case, K. “The Central Role of House Prices in the Current Financial Crisis: How will the Market Clear?”, ponencia presentada en <i>Brookings Papers on Economic Activities</i>, Washington, 11 de septiembre, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200800020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Carranza, J. E. y D. Estrada. “An Empirical Characterization of Mortgage Default in Colombia between 1997 and 2004”, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i> 450, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200800020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. CMSA. <i>Commercial Mortgage Securities Association Compendium of Statistics</i>, 10 de octubre, 2008, &#91;<a href="http://www.cmbs.org/" target="_blank">http://www.cmbs.org/</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200800020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Cu&eacute;llar, M. M. <i>&iquest;A la vivienda qui&eacute;n la ronda? Situaci&oacute;n y perspectivas de la pol&iacute;tica de vivienda en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia e ICAV, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200800020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Echeverry, J. C.; O. Gracia y B. P. Urdinola. “UPAC: evoluci&oacute;n y crisis de un modelo de desarrollo”, <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i> 128, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996200800020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Gerardi, K.; A. Lehnert; S. Sherlund y P. Willen. “Making Sense of the Subprime Crisis”, ponencia presentada en <i>Brookings Papers on Economic Activities</i>, Washington, 11 de septiembre, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200800020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Gorton, G. “The Subprime Panic”, <i>NBER Working Papers</i> 14398, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996200800020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Greenspan, A. “Testimony of Dr. Alan Greenspan, Committee of Government Oversight and Reform”, Washington, 23 de octubre, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996200800020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Heller, M. <i>The Gridlock Economy</i>, New York, Basic Books, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996200800020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Keys, B.; T. Mukherjee; A. Seru y V. Vig. “Did Securitization Lead to Lax Screening? Evidence from Subprime Loans”, <i>EFA 2008 Athens Meetings Paper</i>, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996200800020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Kindleberger, Ch. y R. Aliber. <i>Manias, Panics and Crashes: a History of Financial Crises</i>, Hoboken, Wiley, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996200800020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Lowenstein, R. “Triple-A Failure”, <i>The New York Times Magazine</i>, 27 de abril, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996200800020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Merton, R. Social Theory and Social Structure, New York, Free Press, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996200800020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Morris, S. y H. S. Shin. “Financial Regulation in a System Context”, ponencia presentada en <i>Brookings Papers on Economic Activities</i>, Washington, 11 de septiembre, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996200800020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. P&eacute;rez S., M. “El marco constitucional de las decisiones econ&oacute;micas: el caso de la financiaci&oacute;n de vivienda en Colombia”, <i>H&aacute;bitat y financiaci&oacute;n – una estrategia para la lucha contra la pobreza</i>, Bogot&aacute;, UN-H&aacute;bitat, 2007a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996200800020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. P&eacute;rez S., M. “Econom&iacute;a y fallos constitucionales: la experiencia colombiana durante la vigencia de la Carta Pol&iacute;tica de 1991”, Teor&iacute;a constitucional y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2007b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996200800020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Wheelock, D. “Changing the Rules: State Mortgage Foreclosure Moratoria during the Great Depression”, <i>Federal Reserve Bank of St. Louis Review</i> 90, 6, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-5996200800020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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