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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ORLANDO FALS BORDA, SOCIÓLOGO DEL COMPROMISO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ORLANDO FALS BORDA, COMMITMENT SOCIOLOGIST]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Externado de Colombia Facultad de Ciencias Sociales Programa de Sociología]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay presents the development of thinking of the Colombian sociologist and social critic Orlando Fals Borda in three major stages: the establishment of a scientific sociology, the assertion of a committed sociology and the use of knowledge for social transformation. A critical balance of the achievements and constraints of his political positions is also made.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>ORLANDO FALS BORDA, SOCI&Oacute;LOGO DEL COMPROMISO</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>ORLANDO FALS BORDA, COMMITMENT SOCIOLOGIST</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Gonzalo Cata&ntilde;o</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Soci&oacute;logo, profesor del Programa de Sociolog&iacute;a de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:anomia@supercabletv.net.co">anomia@supercabletv.net.co</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 7 de noviembre de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 14 de noviembre de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de noviembre de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: sociolog&iacute;a cient&iacute;fica, Orlando Fals Borda; JEL: Z13&#93;</p>     <p align="justify">Este ensayo presenta el desarrollo del pensamiento del soci&oacute;logo y cr&iacute;tico social colombiano Orlando Fals Borda en tres grandes etapas: el establecimiento de una sociolog&iacute;a cient&iacute;fica, la afirmaci&oacute;n de una sociolog&iacute;a comprometida y el uso del conocimiento para la transformaci&oacute;n social. Hace, adem&aacute;s, un balance cr&iacute;tico de los logros y limitaciones de sus posiciones pol&iacute;ticas. </p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: scientific sociology, Orlando Fals Borda; JEL: Z13&#93;</p>     <p align="justify">This essay presents the development of thinking of the Colombian sociologist and social critic Orlando Fals Borda in three major stages: the establishment of a scientific sociology, the assertion of a committed sociology and the use of knowledge for social transformation. A critical balance of the achievements and constraints of his political positions is also made.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>“Se escribe de mala gana cuando se acaba de conocer la muerte de un hombre a quien se le debe mucho”, apunt&oacute; el historiador y cr&iacute;tico literario Georg Brandes al recibir la noticia del fallecimiento de Hip&oacute;lito Tain e (Brandes, s.f., 33). Lo mismo nos sucede con la reciente desaparici&oacute;n del profesor Orlando Fals Borda. Su muerte est&aacute; muy fresca en la mente de sus alumnos y allegados para hablar con sosiego de su personalidad y de sus logros intelectuales. El sentimiento, el afecto y el cari&ntilde;o todav&iacute;a empa&ntilde;an la mente del analista e impiden la apreciaci&oacute;n serena de los hechos. Fals fue un autor prol&iacute;fico y, aunque el tema de su vida fueron los campesinos, dentro de &eacute;l trat&oacute; muchos aspectos y de muy diversa manera. Su veintena de libros y su centenar de ensayos y art&iacute;culos conforman una obra de extensi&oacute;n poco frecuente en nuestro medio, cuyo balance requiere una mirada m&aacute;s sosegada.</p>     <p align="justify">En espera de un &aacute;nimo m&aacute;s temperado, el lector encontrar&aacute; en estas p&aacute;ginas una presentaci&oacute;n general de la evoluci&oacute;n de su pensamiento y de sus estrategias pol&iacute;ticas y de cambio social. Una evaluaci&oacute;n m&aacute;s apaciguada de sus contribuciones y de sus indigencias exige la consulta de archivos, instituciones y personas que atesoran documentos, memorias y recuerdos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Orlando Fals Borda naci&oacute; en Barranquilla el 11 de julio de 1925 en el seno de una familia presbiteriana de clase media. Desde la adolescencia se familiariz&oacute; con el ingl&eacute;s, lengua que alcanz&oacute; a hablar, leer y escribir con fluidez, y que le sirvi&oacute; para difundir su pensamiento en escenarios m&aacute;s dilatados que los del mundo hispano parlante. Muri&oacute; en Bogot&aacute; el 12 de agosto de 2008 a los 83 a&ntilde;os de edad, colmado de honores y del reconocimiento de la comunidad cient&iacute;fica nacional y extranjera. Cuando se pronuncia su nombre, se sabe que se alude al fundador de la sociolog&iacute;a moderna en el pa&iacute;s y a una de las mentes m&aacute;s fecundas de las ciencias sociales latinoamericanas.</p>     <p align="justify"><b>POR UNA SOCIOLOG&Iacute;A CIENT&Iacute;FICA</b></p>     <p align="justify">La variada producci&oacute;n intelectual de Fals –escrita a lo largo de 60 a&ntilde;os de actividad ininterrumpida– se puede ordenar en tres grandes etapas. La primera, que cubre los a&ntilde;os cincuenta y el lustro inicial de la d&eacute;cada de los sesenta, est&aacute; vinculada con sus estudios de sociolog&iacute;a en Estados Unidos y con la creaci&oacute;n de la Facultad de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia. Su rasgo dominante es la afirmaci&oacute;n de una ciencia social rigurosa, emp&iacute;rica y te&oacute;ricamente significativa. Hay aqu&iacute; un especial cuidado por la objetividad y por el uso combinado de t&eacute;cnicas y m&eacute;todos de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, adem&aacute;s de un particular inter&eacute;s por el potencial aplicado de la sociolog&iacute;a a los problemas del pa&iacute;s. Su expresi&oacute;n m&aacute;s acabada se encuentra en dos estudios de sociolog&iacute;a rural redactados para cumplir sendas obligaciones acad&eacute;micas: <i>Campesinos de los Andes</i> (1955), su tesis de –Mag&iacute;ster en la Universidad de Minnesota, y <i>El hombre y la tierra en Boyac&aacute;</i> (1957), su disertaci&oacute;n doctoral en la Universidad de Florida. En estas obras tempranas, orientadas por lo mejor de la sociolog&iacute;a rural de su tiempo, el joven Fals hizo gala de un h&aacute;bil manejo de datos demogr&aacute;ficos, hist&oacute;ricos y etnogr&aacute;ficos que le permitieron trazar un agudo retrato de los modos de vida del campesino cundiboyacense. Estudi&oacute; su pasado, su h&aacute;bitat, su cultura y sus nacientes v&iacute;nculos con la rutilante sociedad urbano-industrial. Aquella singular combinaci&oacute;n de la perspectiva sociol&oacute;gica con la hist&oacute;rica y la antropol&oacute;gica elev&oacute; su nombre al pin&aacute;culo de la ciencia social latinoamericana cuando apenas cumpl&iacute;a treinta a&ntilde;os de edad. El volumen de 1955, publicado originalmente en ingl&eacute;s por Florida University Press, recibi&oacute; los m&aacute;s entusiastas aplausos de reconocidos latinoamericanistas, como el antrop&oacute;logo Eric Wolf, el ge&oacute;grafo James J. Parsons y el soci&oacute;logo T. Lynn Smith.</p>     <p align="justify">Estas destrezas te&oacute;ricas y anal&iacute;ticas las hab&iacute;a recibido en Minnesota de manos de Lowry Nelson (1893-1986), un l&iacute;der de la sociolog&iacute;a rural norteamericana con estudios en agronom&iacute;a. Autor de un influyente manual de sociolog&iacute;a rural, que Fals estudi&oacute; con atenci&oacute;n, hab&iacute;a trabajado sobre los mormones del Estado de Utah, su patria chica, y sobre la vida rural caribe&ntilde;a en su libro <i>Rural Cuba</i> (1950), un cl&aacute;sico en la materia. En las p&aacute;ginas de este volumen, Nelson examin&oacute; los h&aacute;bitos familiares, los m&eacute;todos de explotaci&oacute;n agr&iacute;cola, la tenencia de la tierra, las oportunidades educativas, los niveles de vida y las clases sociales de la isla de Jos&eacute; Mart&iacute;. Esta rica informaci&oacute;n proven&iacute;a de entrevistas, observaciones en el terreno, an&aacute;lisis censales y meditaciones hist&oacute;ricas. En el Departamento de Sociolog&iacute;a de Minnesota de los a&ntilde;os cincuenta, cuando Fals adelantaba su maestr&iacute;a, todav&iacute;a se sent&iacute;a la huella de la mente abarcadora del ruso Pitirim Sorokin, el te&oacute;rico, investigador y cr&iacute;tico social y pol&iacute;tico que dej&oacute; su huella en los m&aacute;s diversos campos del an&aacute;lisis sociol&oacute;gico. Sorokin trabaj&oacute; en Minnesota entre 1924 y 1930 y en sus claustros escribi&oacute; y organiz&oacute;, con Carle C. Zimmerman, dos obras fundacionales de sociolog&iacute;a rural: <i>Principios de sociolog&iacute;a rural y urbana</i> (1929) y la monumental <i>Fuentes sistem&aacute;ticas de la sociolog&iacute;a rural</i> en tres tomos (1930-1932), libro en el que se les sum&oacute; el veterano Charles J. Galpin, “el patriarca de la sociolog&iacute;a rural estadounidense”<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de terminar la maestr&iacute;a, Fals fue a Florida en busca del doctorado. All&iacute; recibi&oacute; clases de Thomas Lynn Smith, alumno de Nelson y Sorokin en Minnesota y autor de varios trabajos sobre Colombia, Brasil y M&eacute;xico. En Colombia se lo conoc&iacute;a desde 1944 por una monograf&iacute;a sobre el municipio de Tabio, que inici&oacute; la sociolog&iacute;a rural en el pa&iacute;s y allan&oacute; el camino de su joven y talentoso estudiante (Smith et al., 1944).</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de la calidad acad&eacute;mica de sus primeros libros, el temprano &eacute;xito de Fals estuvo asociado a una caracter&iacute;stica permanente de su obra: el estudio de tem&aacute;ticas socialmente relevantes. En un tiempo en que la reforma agraria y la discusi&oacute;n de la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n campesina estaban a la orden del d&iacute;a en Am&eacute;rica Latina, sus intereses de investigaci&oacute;n se fijaron en la pobreza rural, en los ofensivos sistemas de tenencia de la tierra y en los sistemas de valores de los grupos tradicionales resistentes al cambio. Su intenci&oacute;n era mostrar que la sociolog&iacute;a y sus procedimientos de investigaci&oacute;n pod&iacute;an aclarar situaciones complejas y proponer soluciones a los numerosos problemas del pa&iacute;s. La ciencia estudiaba la realidad con instrumentos objetivos y la difusi&oacute;n de sus resultados pod&iacute;a promover una conciencia de las dificultades en los grupos pol&iacute;ticos con influencia y capacidad decisoria. No en vano la tesis de doctorado sobre la tenencia de la tierra en Boyac&aacute; llevaba un atractivo subt&iacute;tulo: “Bases socio-hist&oacute;ricas para una reforma agraria”.</p>     <p align="justify">En los a&ntilde;os que siguieron a sus estudios de postgrado, Fals dedic&oacute; sus energ&iacute;as a la fundaci&oacute;n de la Facultad de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional. Quer&iacute;a transmitir sus experiencias y crear una comunidad de investigadores sobre fundamentos estables. El “Informe Lebret”, elaborado por la Misi&oacute;n Econom&iacute;a y Humanismo (1958, 366), hab&iacute;a recomendado poco antes la formaci&oacute;n de expertos “que conozcan las t&eacute;cnicas recientes de an&aacute;lisis sociol&oacute;gico practicadas en Europa y en los Estados Unidos, con capacidad de adaptarlas a la realidad colombiana”. Fals tom&oacute; como suya esta recomendaci&oacute;n y en 1959 comprometi&oacute; a las autoridades de la Universidad Nacional para abrir estudios de sociolog&iacute;a, esfuerzo que tuvo su asiento inicial en la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas. Para las tareas docentes reclut&oacute; al inolvidable Camilo Torres y a varios egresados de la desaparecida Escuela Normal Superior de Bogot&aacute;, la instituci&oacute;n que 25 a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;a emprendido el primer intento moderno de formaci&oacute;n de cient&iacute;ficos sociales en el pa&iacute;s. Fue as&iacute; como a su alrededor concentr&oacute; las labores de ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n de los antrop&oacute;logos Virginia Guti&eacute;rrez, Roberto Pineda, Milc&iacute;ades Chaves y Segundo Bernal, y algo m&aacute;s tarde a los licenciados en ciencias sociales Miguel Fornaguera y Dar&iacute;o Mesa. A ellos se unieron el ge&oacute;grafo Ernesto Guhl, el historiador de origen ucraniano Juan Friede, el abogado Eduardo Uma&ntilde;a Luna y el soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo Carlos Escalante. Pero Fals no se limit&oacute; a emplear los recursos que ofrec&iacute;a el medio. Su prestigio hizo que varios analistas extranjeros se vincularan al proyecto en calidad de profesores visitantes. Por la Facultad de Sociolog&iacute;a de aquellos a&ntilde;os pasaron el ingl&eacute;s Andrew Pearse, el germano-brasile&ntilde;o Emilio Willems y los norteamericanos Everett Rogers, Arthur Vidich, Aaron Lipman, Eugene Havens, William Flinn y su profesor T. Lynn Smith. Todos ellos, nacionales y extranjeros, contribuyeron a crear en la nov&iacute;sima escuela de sociolog&iacute;a de aquellos d&iacute;as un clima de apertura y pluralismo intelectuales poco frecuente en las universidades de Am&eacute;rica Latina. Y no obstante las dificultades pol&iacute;ticas de la &eacute;poca, r&aacute;pidamente se afirm&oacute; como el principal centro formativo de los soci&oacute;logos colombianos.</p>     <p align="justify">Al lado de estas labores organizativas, Fals no se olvid&oacute; de sus trabajos acad&eacute;micos. Sab&iacute;a bien que profesor y departamento de ciencias sociales que no haga investigaci&oacute;n carece de legitimidad para exig&iacute;rsela a sus estudiantes. Junto a sus tareas administrativas emprendi&oacute; investigaciones sobre la violencia, la educaci&oacute;n, la modernizaci&oacute;n y la acci&oacute;n comunal, que difundi&oacute; en la colecci&oacute;n “Monograf&iacute;as Sociol&oacute;gicas”, &oacute;rgano oficial de la Facultad. Y con ayuda de los colegas y de su colaborador m&aacute;s cercano, Camilo Torres, fund&oacute; la Asociaci&oacute;n Colombiana de Sociolog&iacute;a para promover el encuentro y las publicaciones de los soci&oacute;logos. Por aquellos a&ntilde;os la Asociaci&oacute;n tuvo a su cargo la direcci&oacute;n del VII Congreso Latinoamericano de Sociolog&iacute;a (julio de 1964) y la organizaci&oacute;n del I y del II Congreso Nacional de Sociolog&iacute;a que se realizaron en Bogot&aacute; en 1963 y 1967.</p>     <p align="justify"><b>POR UNA SOCIOLOG&Iacute;A COMPROMETIDA</b></p>     <p align="justify">Pero a mediados de los sesenta los intereses intelectuales de Fals tomaron un rumbo diferente. Su mente se centr&oacute; en las tensiones pol&iacute;ticas y en las fuerzas sociales que las nutr&iacute;an. Eran los a&ntilde;os dorados del Frente Nacional, los d&iacute;as en que los partidos tradicionales disfrutaban paritariamente del aparato del Estado y olvidaban sus viejas rencillas pol&iacute;ticas y burocr&aacute;ticas. Liberales y conservadores se repartieron la administraci&oacute;n p&uacute;blica (los ministerios, las gobernaciones y las alcald&iacute;as) para serenar las fuentes de la disensi&oacute;n social, y con esta “paz” confundieron la alianza entre los partidos con el consenso nacional. No eran conscientes, sin embargo, de que dejaban por fuera a los campesinos, a sectores enteros de la clase obrera y a los estratos medios vinculados con la universidad, grupos que respiraban nuevos aires provenientes del exterior. El movimiento estudiantil explot&oacute; con todo su vigor agitacional y en las &aacute;reas rurales las asociaciones campesinas se fortalecieron y la lucha guerrillera –muy cercana al partido liberal en las d&eacute;cadas anteriores– dej&oacute; atr&aacute;s sus antiguos nichos ideol&oacute;gicos para seguir el ejemplo de la Revoluci&oacute;n cubana. Los soci&oacute;logos y la sociolog&iacute;a no escaparon a esta sacudida. El carism&aacute;tico profesor de sociolog&iacute;a urbana, Camilo Torres, recorri&oacute; el pa&iacute;s, se tom&oacute; las plazas p&uacute;blicas y en menos de un a&ntilde;o concentr&oacute; la atenci&oacute;n de amplios sectores de la opini&oacute;n nacional. No satisfecho con estos logros, a finales de 1965 abandon&oacute; sus actividades docentes y pol&iacute;ticas para integrarse al movimiento guerrillero, donde meses despu&eacute;s encontr&oacute; la muerte cuando apenas cumpl&iacute;a 37 a&ntilde;os de edad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sobre este fondo, Fals afirm&oacute; un nuevo &eacute;nfasis, la “sociolog&iacute;a comprometida”, que le ocup&oacute; los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los sesenta y los primeros de la de los setenta. Esta segunda etapa se inici&oacute; con <i>La subversi&oacute;n en Colombia, Visi&oacute;n del cambio social en la historia</i> (1967), donde examin&oacute; las frustraciones de los movimientos sociales y la capacidad del Estado colombiano para disipar las demandas de los sectores populares. <i>La subversi&oacute;n</i> era un trabajo de sociolog&iacute;a viva, sobre la marcha, referido a los acontecimientos mismos, que captaba las “lecciones del pasado” para comprender el presente y orientar el futuro. En sus cap&iacute;tulos plante&oacute; el compromiso del investigador con sus temas de estudio, exigencia que lo llev&oacute; a revisar los presupuestos epistemol&oacute;gicos de sus anteriores obras fundadas en la objetividad y la sociolog&iacute;a libre de valores. A su juicio, todo analista interesado en los procesos actuales, aquellos que implican finalidad y prop&oacute;sito, pronto descubre que la noci&oacute;n de neutralidad se disuelve en la mente hasta volverse un predicado vac&iacute;o. Su calidad de miembro activo de la sociedad lo conduce, irremediablemente, a tomar posiciones ante realidades escindidas y en permanente disputa. Y a&uacute;n m&aacute;s, en los pa&iacute;ses en desarrollo como Colombia, el soci&oacute;logo no puede evadir las valoraciones: los sectores empobrecidos esperan de &eacute;l un diagn&oacute;stico de la sociedad en transici&oacute;n y una elecci&oacute;n del mejor camino para alcanzar los anhelos de igualdad y justicia sociales.</p>     <p align="justify"><i>La subversi&oacute;n</i>, un volumen de 300 p&aacute;ginas, dedicado a su amigo Camilo Torres y al pol&iacute;tico liberal Otto Morales Ben&iacute;tez, fue redactado con premura. Su prosa abat&iacute;a al lector desde el comienzo y el uso frecuente de conceptos y definiciones sin un referente emp&iacute;rico claro hac&iacute;a que el lenguaje cayera en una pesada jerga de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n para los no iniciados. Y pese a que un a&ntilde;o m&aacute;s tarde sac&oacute; una segunda edici&oacute;n –“revisada, ampliada y puesta al d&iacute;a”, con el t&iacute;tulo de <i>Subversi&oacute;n y cambio social</i> (1968), ahora sin el nombre de Morales Ben&iacute;tez en la dedicatoria, esta edici&oacute;n ten&iacute;a un tono m&aacute;s radical–, sus postulados s&oacute;lo lograron alguna atenci&oacute;n cuando la editorial Siglo XXI difundi&oacute; el op&uacute;sculo <i>Las revoluciones inconclusas de Am&eacute;rica Latina</i> (1968), que conten&iacute;a una exposici&oacute;n llana y directa de las tesis consignadas en las dos ediciones anteriores. La obra super&oacute; los marcos hispanoamericanos con la publicaci&oacute;n de una versi&oacute;n inglesa en las prensas de la Universidad de Columbia de Nueva York, <i>Subversion and Social Change in Colombia</i> (1969), muy consultada por los analistas anglosajones interesados en la suerte de los pa&iacute;ses latinoamericanos. El esoterismo de su prosa fue comentado sarc&aacute;sticamente por el soci&oacute;logo ingl&eacute;s de origen polaco Stanislav Andrevski en su devastador volumen, <i>Las ciencias sociales como forma de brujer&iacute;a</i>. Andrevski se&ntilde;al&oacute; que al libro lo nutr&iacute;a una “mezcla de marxismo aguado con parsonianismo deshilvanado”, y que como para Fals subversi&oacute;n significaba producir cambios en la sociedad, el t&iacute;tulo era pleon&aacute;stico (Andrevski, 1973, 93-94).</p>     <p align="justify">Cabe recordar, adem&aacute;s, que en las p&aacute;ginas de <i>La subversi&oacute;n</i> se encuentra la mejor exposici&oacute;n de su pensamiento pol&iacute;tico de la &eacute;poca y el desarrollo m&aacute;s completo de sus reflexiones hist&oacute;ricas sobre el poder, el Estado, las clases dirigentes y el alcance de los movimientos sociales. Y as&iacute; pareci&oacute; entenderlo un acad&eacute;mico sovi&eacute;tico de estirpe marxista-leninista:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han hecho famosos en todo el continente los trabajos del soci&oacute;logo colombiano radical de izquierda Orlando Fals Borda. La fuerza principal del desarrollo hist&oacute;rico en todas sus etapas, a juicio de Fals Borda, son las fuerzas del “derrocamiento” que niegan las “tradiciones”. La fuente del derrocamiento radica en las utop&iacute;as, producidas y difundidas por las “anti&eacute;lites”, por las minor&iacute;as con pensamiento cr&iacute;tico. Difundi&eacute;ndose en las masas y empujando a la sociedad hacia una revuelta revolucionaria, las utop&iacute;as pierden su poder explosivo y el pa&iacute;s nuevamente entra en una etapa de debilidad (B urlatski, 1982, 336-337).</p> </blockquote>     <p align="justify">El acad&eacute;mico no se quedaba en la mera exposici&oacute;n. A continuaci&oacute;n arremet&iacute;a contra el proyecto revolucionario del soci&oacute;logo colombiano:</p>     <p align="justify">“La concepci&oacute;n de Fals Borda, a pesar de su pretensi&oacute;n de originalidad, lleva la impronta de la interpretaci&oacute;n elitaria de la revoluci&oacute;n. La revoluci&oacute;n es concebida como un acto puramente destructivo y externo a la sociedad estable. Sus or&iacute;genes est&aacute;n en el &aacute;mbito del esp&iacute;ritu y de la conciencia cr&iacute;tica” (ib&iacute;d., 337).</p>     <p align="justify">En esta etapa Fals tambi&eacute;n busc&oacute; un fundamento institucional y acad&eacute;mico. Su capacidad organizativa lo condujo a crear el Programa Latinoamericano para el Desarrollo (PLEDES), una maestr&iacute;a adjunta a la Facultad de Sociolog&iacute;a para formar especialistas en el campo de las transformaciones socio-culturales. Ahora su pensamiento comenzaba a impregnarse de latinoamericanismo, una tradici&oacute;n cultural donde la noci&oacute;n de neutralidad &eacute;tica y pol&iacute;tica ten&iacute;a pocos adeptos. Su antigua formaci&oacute;n anglosajona fue quedando atr&aacute;s, para recordar s&oacute;lo a los pensadores de habla inglesa m&aacute;s afines a la cr&iacute;tica, el inconformismo y el extra&ntilde;amiento con las condiciones de vida imperantes. Su acercamiento a las contribuciones de la sociolog&iacute;a latinoamericana, muy sensibles al marxismo en aquellos a&ntilde;os, lo llevaron, adem&aacute;s, a enjuiciar el colonialismo intelectual y a subrayar la necesidad de una “ciencia propia”, de una disciplina que diera cuenta de los problemas de la regi&oacute;n, y el compromiso con el desarrollo y el bienestar de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. De all&iacute; el concepto de “subversi&oacute;n”, empleado como equivalente a proyectos de transformaci&oacute;n impulsados por grupos y agentes sociales estrat&eacute;gicos. Por el PLEDES, que dur&oacute; cinco a&ntilde;os, de 1964 a 1969, pasaron algunos de los m&aacute;s notables soci&oacute;logos latinoamericanos de la &eacute;poca, como profesores regulares o como visitantes y conferencistas espor&aacute;dicos. Una vez m&aacute;s el nombre de Fals era foco de atracci&oacute;n y fuente de intercambios acad&eacute;micos, haciendo del PLEDES el esfuerzo institucional m&aacute;s conspicuo del pa&iacute;s por estudiar los aportes de la sociolog&iacute;a latinoamericana en una &eacute;poca de gran florecimiento intelectual en la regi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Estos fueron a&ntilde;os de controversias te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas. Quiz&aacute; la m&aacute;s significativa fue la que sostuvo con el soci&oacute;logo uruguayo Aldo Solari sobre la objetividad, el compromiso y la sociolog&iacute;a libre de valores<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. En este intercambio Fals insisti&oacute; en que la elecci&oacute;n de temas alejados de los problemas m&aacute;s acuciantes de la sociedad muestra hacia d&oacute;nde se inclina el cient&iacute;fico y qu&eacute; valores lo asisten. Si persiste en su alejamiento y en el desconocimiento de las tensiones de la sociedad contempor&aacute;nea, “no s&oacute;lo se descubre la orientaci&oacute;n conservadora y reaccionaria del cient&iacute;fico, sino que se echa por tierra la justificaci&oacute;n hist&oacute;rica de la sociolog&iacute;a como <i>ciencia de la crisis</i>”. La querella de Fals era una manifestaci&oacute;n end&oacute;gena de las discusiones sobre la crisis de la sociolog&iacute;a occidental que ocupaba la atenci&oacute;n de los soci&oacute;logos europeos y estadounidenses durante aquellos a&ntilde;os, caracterizada por la quiebra del funcionalismo como marco de referencia hegem&oacute;nico, que tuvo su expresi&oacute;n m&aacute;s acabada en el sonado libro de Alvin Gouldner, <i>La crisis de la sociolog&iacute;a occidental</i> (1970). “Hoy teorizamos entre el estruendo de las armas de fuego &#91;la guerra de Vietman estaba en la c&uacute;spide&#93;. El viejo orden tiene clavadas en su piel las picas de cien rebeliones”, escribi&oacute; Gouldner con vigor en la primera p&aacute;gina de su obra para llamar la atenci&oacute;n de los intelectuales renuentes a tomar conciencia de los problemas de su tiempo<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">Aunque la idea de compromiso no era extra&ntilde;a en el medio latinoamericano, pues ya era conocida en los c&iacute;rculos literarios que se adher&iacute;an a los reclamos de Sartre, “el escritor le habla a sus contempor&aacute;neos, a sus compatriotas, a sus hermanos de raza o de clase” (Sartre, 1950, 90), se deb&iacute;a formalizar el modelo de una sociolog&iacute;a comprometida. Fals escribi&oacute; varios ensayos a ese respecto, que luego reuni&oacute; en <i>Ciencia propia y colonialismo intelectual</i> (1970), un peque&ntilde;o volumen donde examinaba las inevitables relaciones entre ciencia y pol&iacute;tica y entre sociolog&iacute;a y pr&aacute;ctica social. En esos textos llevaba su compromiso m&aacute;s all&aacute; de la mera comprensi&oacute;n y difusi&oacute;n de los problemas y necesidades del “pueblo”. Como investigador, deseaba conocer la vida de las comunidades mediante entrevistas, observaciones directas y consulta de archivos hist&oacute;ricos, pero, a diferencia del pasado, ahora pensaba que se deb&iacute;a ir m&aacute;s lejos. Los resultados de la investigaci&oacute;n no se deb&iacute;an destinar &uacute;nicamente a multiplicar el acervo de la ciencia o a iluminar la inteligencia de las &eacute;lites que dirig&iacute;an el Estado. Por el contrario, deb&iacute;an retornar a las personas que los hab&iacute;an producido. Constitu&iacute;an su haber m&aacute;s preciado para examinar su situaci&oacute;n y tomar conciencia de sus propios problemas. El investigador era s&oacute;lo un mediador que ayudaba a aflorar el pasado, las tradiciones m&aacute;s queridas y las luchas y experiencias que en otros tiempos promovieron la afirmaci&oacute;n y el progreso del grupo. Su informe <i>El reformismo por dentro de Am&eacute;rica Latina</i> (1971), una evaluaci&oacute;n del movimiento cooperativo de Colombia, Ecuador y Venezuela, auspiciada por las Naciones Unidas, le mostr&oacute; una vez m&aacute;s la capacidad de los Estados latinoamericanos para aprovecharse de las iniciativas de la poblaci&oacute;n campesina. Al tomar este rumbo, la mente de Fals empez&oacute; a transitar los senderos de una tercera fase que llamar&iacute;a “Investigaci&oacute;n-Acci&oacute;n”, una estrategia te&oacute;rica y metodol&oacute;gica nacida de las entra&ntilde;as mismas de la etapa anterior.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LA INVESTIGACI&Oacute;N-ACCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Un proyecto de este tipo no se pod&iacute;a llevar a cabo en el medio universitario, regido por c&aacute;nones de neutralidad valorativa y ordenamientos curriculares extra&ntilde;os al estudio de comunidades campesinas para sublevarlas. El &aacute;mbito m&aacute;s adecuado eran las organizaciones pol&iacute;ticas o los centros privados de investigaci&oacute;n comprometidos con el cambio. Fals eligi&oacute; esta &uacute;ltima opci&oacute;n. Cre&oacute; instituciones –FUNDARCO, Punta de Lanza y Fundaci&oacute;n Rosca de Investigaci&oacute;n y Acci&oacute;n Social– para captar recursos nacionales y extranjeros a fin de asegurar su <i>modus vivendi</i>, sus pesquisas y sus lides intelectuales y pol&iacute;ticas. Renunci&oacute; a las tareas docentes y lo que, al principio, pens&oacute; que era una decisi&oacute;n temporal se prolong&oacute; hasta convertirse en un modo de vida. “Sal&iacute; de la Universidad hace 18 a&ntilde;os, y definitivamente no me arrepiento de haberlo hecho”, dijo en un encuentro de investigadores (Fals et al., 1986, 75). Y no hab&iacute;a raz&oacute;n para arrepentimientos. Esta tercera etapa, que comenz&oacute; al despuntar los a&ntilde;os setenta y se prolong&oacute; hasta el final de sus d&iacute;as, con un ligero y tard&iacute;o paso por el Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos de la Universidad Nacional, estuvo colmada de experiencias pol&iacute;ticas y logros intelectuales que ratifican su inquebrantable pasi&oacute;n por la investigaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Desde esos a&ntilde;os fue otro el escenario de sus fatigas. El p&uacute;blico integrado por estudiantes y profesores fue relevado por campesinos, sindicatos y partidos de izquierda. Su empresa era ahora de car&aacute;cter pol&iacute;tico, cient&iacute;fico y subversivo. Quer&iacute;a conocer para transformar, saber para despertar la conciencia de los moradores de pueblos, caser&iacute;os y veredas<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Esto le exig&iacute;a modificar el lenguaje, el estilo y la presentaci&oacute;n de los informes de investigaci&oacute;n. Los jueces de los trabajos no ser&iacute;an ahora sus colegas de los claustros universitarios, sino hombres y mujeres con escasas habilidades escolares. Como en las famosas <i>Tesis sobre Feuerbach</i> del joven Marx, el propio educador, Fals en este caso, ten&iacute;a que ser educado. Su larga experiencia de investigador del medio rural deb&iacute;a pasar por serias transformaciones. En primer lugar, deb&iacute;a tener una mente abierta, sin cortapisas te&oacute;ricas que le coartaran la mirada de las m&uacute;ltiples dimensiones de lo real y, en segundo lugar, estar atento a lo que pensaban, musitaban y deseaban las personas con las que trabajaba para devolverles un resultado apropiado. Si en el pasado los campesinos se ruborizaban por su dificultad para responder un cuestionario, ahora era el intelectual quien se sonrojaba por la torpeza de sus conceptos y de sus marcos de referencia. El investigador deb&iacute;a ser investigado, su rol de sujeto deb&iacute;a trocarse en el de objeto, y aprender que el conocimiento se adquiere en una relaci&oacute;n igualitaria con quien lo posee y tiene el deseo de transmitirlo. En medio de estas experiencias difundi&oacute; la noci&oacute;n, tomada de los campesinos momposinos, de <i>sentipensante</i>: el trance de pensar-sintiendo. R&aacute;pidamente la tradujo a la condici&oacute;n del saber m&aacute;s acabado, al acto de “combinar la mente con el coraz&oacute;n”, la raz&oacute;n con el sentimiento, estrategia del saber emp&aacute;tico que recuerda los mecanismos diltheyanos de <i>vivencia</i> (vida experimentada) y de <i>comprensi&oacute;n</i> (reconstrucci&oacute;n y vivificaci&oacute;n imaginaria de una experiencia ajena para conocerla mejor).</p>     <p align="justify">Los frutos de estos esfuerzos se plasmaron en dos publicaciones de saber pedag&oacute;gico –<i>Capitalismo, hacienda y poblamiento en la Costa Atl&aacute;ntica</i> (1973 y 1975) e <i>Historia de la cuesti&oacute;n agraria en Colombia</i> (1975)–, redactados en un lenguaje directo con ilustraciones, mapas y fotograf&iacute;as que ayudaban a entender los temas de estudio. Las portadas llevaban el nombre de Fals, aunque &eacute;l insist&iacute;a en que eran trabajos colectivos fruto de un saber ventilado con campesinos, intelectuales y dirigentes de las regiones analizadas. El objetivo de los textos era claramente pol&iacute;tico: “hacer avanzar la causa de la revoluci&oacute;n socialista en Colombia”. Sus p&aacute;ginas se leyeron en los cursos universitarios m&aacute;s militantes de introducci&oacute;n a las ciencias sociales, pero, en general, el sector acad&eacute;mico los encontr&oacute; elementales, esquem&aacute;ticos y demasiado ideol&oacute;gicos. Los labriegos y l&iacute;deres de base debieron considerarlos, por el contrario, bastante “encumbrados”, academicistas y te&oacute;ricos. Sus cap&iacute;tulos ostentaban citas, pies de p&aacute;gina y bibliograf&iacute;as con t&iacute;tulos en ingl&eacute;s, elementos que, unidos al frecuente uso de conceptos tomados de la econom&iacute;a y de la sociolog&iacute;a, deb&iacute;an resultar bastante ex&oacute;ticos para las culturas orales de las empobrecidas &aacute;reas rurales.</p>     <p align="justify">Estas experiencias prepararon el terreno para una investigaci&oacute;n de gran alcance que Fals esbozaba en silencio: la <i>Historia doble de la Costa</i>. Su contacto con las organizaciones campesinas del Departamento de C&oacute;rdoba, para las que hab&iacute;a escrito los op&uacute;sculos anteriores, lo familiarizaron con la historia y la cultura del pueblo coste&ntilde;o, regi&oacute;n en la que naci&oacute; pero de la que se sent&iacute;a espiritualmente alejado por su origen urbano de clase media. Ahora quer&iacute;a hacer una presentaci&oacute;n m&aacute;s comprensiva de la vida, las luchas y la formaci&oacute;n social del norte del pa&iacute;s. El primer tomo de la <i>Historia</i> sali&oacute; en 1979 y el cuarto y &uacute;ltimo en 1986. Fue una labor persistente, continua, sin respiro, que mostr&oacute; que el autor de los dos grandes libros de sociolog&iacute;a rural de los a&ntilde;os cincuenta todav&iacute;a ten&iacute;a mucho que decir y de manera novedosa<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="justify">El autor vivi&oacute; semestres enteros en las regiones de su estudio. Simpatiz&oacute; con sus moradores y recorri&oacute; sus pueblos, sus veredas y los caminos que facilitaban sus intercambios. El relato comienza con los tiempos precolombinos y el per&iacute;odo colonial en la regi&oacute;n de Mompox, para continuar con los sucesos pol&iacute;ticos del antiguo Estado de Bol&iacute;var, centrados en la figura decimon&oacute;nica del general Juan Jos&eacute; Nieto. Luego la atenci&oacute;n se traslada a los pueblos del r&iacute;o San Jorge para examinar su pasado, la mezcla de razas y las tensiones pol&iacute;ticas y religiosas de finales del siglo XIX y comienzos del XX. La tetralog&iacute;a finaliza con el “retorno a la tierra”, con las luchas agrarias de los habitantes del r&iacute;o Sin&uacute; en busca de la propiedad que ayer les fue arrebatada y que fue suya en tiempos remotos. La <i>Historia</i> es “doble” por la l&oacute;gica de la presentaci&oacute;n del material. Fals quiso innovar en el m&eacute;todo de exposici&oacute;n as&iacute; como en el m&eacute;todo de investigaci&oacute;n. Como las vanguardias literarias latinoamericanas de nuestros d&iacute;as –que buscan destruir el relato mezclando los m&aacute;s diversos g&eacute;neros y manifestaciones art&iacute;sticas (m&uacute;sica, pintura, poes&iacute;a y prosa) para resaltar las sensaciones de ritmo, espacio y tiempo–, se afan&oacute; por superar el tradicional informe sociol&oacute;gico. Opt&oacute; por una exposici&oacute;n a dos voces: la de la p&aacute;gina izquierda, de car&aacute;cter anecd&oacute;tico, coloquial y descriptivo, la de la derecha, de modulaci&oacute;n “cient&iacute;fica”, es decir, documental, conceptual y metodol&oacute;gica. La primera la llenan personajes vivos con los que el autor dialoga, y la segunda registra las fuentes, las explicaciones hist&oacute;ricas, las leyendas y los procesos aludidos por los entrevistados. Esto produce en el lector la sensaci&oacute;n de contrapunto, de nota contra nota, de voces del pasado y del presente que discuten y rivalizan sobre los problemas que las aquejan. Y, como en los textos anteriores, la <i>Historia</i> despliega dibujos, mapas y fotograf&iacute;as que recrean la solidaridad de una cultura que a finales del siglo XX se niega a desaparecer ante el &iacute;mpetu de la violencia y la feroz arremetida del mundo urbano. En conjunto, la obra es un homenaje al pueblo coste&ntilde;o, y su autor encuentra las mejores palabras para exaltar a los pobres del campo y enaltecer sus manifestaciones culturales, expresadas en la m&uacute;sica, el baile, la hermandad y el cotorreo<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Una vez termin&oacute; la <i>Historia doble</i>, Fals se dedic&oacute; a formalizar los procedimientos de su estrategia, que ahora llam&oacute; Investigaci&oacute;n-Acci&oacute;n Participativa (IAP), expresi&oacute;n que le sirvi&oacute; para recalcar que el conocimiento se adquiere y se aplica con el consentimiento de los miembros de la comunidad. La oleada de seguidores y adeptos de otros pa&iacute;ses le exigi&oacute;, adem&aacute;s, una teorizaci&oacute;n m&aacute;s completa de sus maneras de hacer. Se sucedieron los congresos internacionales y los simposios regionales para evaluar las experiencias nacionales y extranjeras. Con asombro hall&oacute; que lo que ayer era una conducta desviada, ahora parec&iacute;a un estilo de trabajo en v&iacute;as de normalizaci&oacute;n. Como el William James de principios del siglo XX, Fals observ&oacute; que toda innovaci&oacute;n de teor&iacute;a y m&eacute;todo en el campo de las ciencias sociales es, al principio, atacada por absurda; luego admitida como cierta, pero tildada por sus rivales de evidente e insignificante; y, por &uacute;ltimo, considerada tan importante que sus propios detractores pretenden haberla descubierto (James, 1945, 145).</p>     <p align="justify"><b>POR LAS SENDAS DE LA POL&Iacute;TICA Y DE LA TRANFORMACI&Oacute;N SOCIAL</b></p>     <p align="justify">Fals no fue s&oacute;lo un investigador. Tambi&eacute;n fue un hombre de la pol&iacute;tica. Desde <i>La subversi&oacute;n en Colombia</i> se declar&oacute; socialista, pero un socialista muy particular, <i>&agrave; la</i> colombiana, no exento de ribetes anarquistas. Gerardo Molina fue quien mejor lo describi&oacute;. En su entusiasta recuento de las ideas socialistas en Colombia lo llam&oacute; “socialista democr&aacute;tico” y defensor del “car&aacute;cter aut&oacute;ctono del socialismo”, del colectivismo que se nutre de las “bre&ntilde;as, ci&eacute;nagas y montes que nuestros ind&iacute;genas explotaban en forma comunitaria”. Para Fals –recuerda Molina– no hay modelos socialistas universales; a cada pa&iacute;s le corresponde crear el suyo. En Colombia ser&iacute;a una organizaci&oacute;n con amplia participaci&oacute;n de los sectores populares que tuviera profundo respeto por las formas de vida local y regional. La democracia surge de la participaci&oacute;n de las bases: de las discusiones y acuerdos de abajo hacia arriba. Lo contrario, la orientaci&oacute;n desde arriba, es dominaci&oacute;n y despotismo embozado. Se requiere entonces rechazar el Estado centralista, aquella instituci&oacute;n que quiere administrarlo todo, y repudiar la noci&oacute;n de dictadura del proletariado, tan cara a la experiencia rusa y a la tradici&oacute;n marxista-leninista de los partidos comunistas de Am&eacute;rica Latina (Molina, 1987, 331-334).</p>     <p align="justify">Su relaci&oacute;n con el marxismo fue secundaria aunque de admiraci&oacute;n. En sus obras hay, sin duda, alusiones a Marx, y a veces emple&oacute; su perspectiva anal&iacute;tica –el conflicto, los modos de producci&oacute;n y las formas sociales–, pero nunca fue un autor central en su formaci&oacute;n. “No soy marx&oacute;logo”, exclam&oacute; en una ocasi&oacute;n (Fals, &iquest;1985?, 12). Esto confiere a sus textos pol&iacute;ticos cierta frescura frente a la <i>bibliocracia</i> –el poder y la gravedad del libro– de la izquierda latinoamericana, lista siempre a la postraci&oacute;n cuando se enunciaba una frase de Marx y Engels o de Lenin, Gramsci o Mao Tse-Tung. Para Fals, Marx y sus seguidores constitu&iacute;an una tradici&oacute;n m&aacute;s que hab&iacute;a enriquecido el desarrollo general de la sociolog&iacute;a. Sus contribuciones hac&iacute;an parte <i>de</i> la ciencia social, pero no eran <i>la</i> ciencia social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sus ribetes anarquistas, su mensaje libertario, evidente en la desconfianza del aparato estatal, que identificaba con el gobierno central, proven&iacute;an de las ense&ntilde;anzas del pr&iacute;ncipe Kropotkin y de la obra de Gustav Landauer. Del ruso, un anarquista amable cuando se lo compara con las fogosidades de su compatriota Bakunin, aprendi&oacute; la idea del apoyo mutuo: de la cooperaci&oacute;n entre los hombres desde los tiempos remotos. En su famoso ensayo de la <i>Enciclopedia Brit&aacute;nica</i> de 1910, Kropotkin defini&oacute; el anarquismo –vocablo griego que significa contrario a la autoridad– como la teor&iacute;a de la vida y de la conducta que concibe la sociedad sin gobierno. La armon&iacute;a se obtiene no por sometimiento a una ley o autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los grupos territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producci&oacute;n, el consumo y la satisfacci&oacute;n de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de los seres civilizados. Los hombres –apunt&oacute;– trabajan m&aacute;s a gusto y con m&aacute;s eficacia si se sienten unidos por lazos de reciprocidad. Los v&iacute;nculos de &eacute;pocas remotas son su mejor ejemplo. Las sociedades primitivas muestran <i>in vivo</i> la idea de asistencia y comprensi&oacute;n mutuas, base de la sociedad justa y del respeto a la voluntad individual. El Estado, cualquiera que sea, oprime y subyuga; tiende a suplantar el libre desenvolvimiento de las comunidades, exaltando minor&iacute;as que avasallan y explotan el trabajo del pueblo. De Landauer –pensador que encontr&oacute; en un pasaje de <i>Ideolog&iacute;a y utop&iacute;a</i> de Karl Mannheim–, tom&oacute; la noci&oacute;n de <i>top&iacute;a</i>, el orden social existente, y su contraria, <i>utop&iacute;a</i>, im&aacute;genes a&ntilde;oradas que una vez interiorizadas en el coraz&oacute;n de las masas desempe&ntilde;an una funci&oacute;n revolucionaria (ese fue el germen de su noci&oacute;n de subversi&oacute;n)<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Pero en Landauer hab&iacute;a algo m&aacute;s: una exaltaci&oacute;n de la vida comunal como fuente de existencia real, completa y acabada; el medio donde los individuos pod&iacute;an alcanzar su realizaci&oacute;n y la humanidad, la felicidad. La sociedad, el Estado-naci&oacute;n, es una construcci&oacute;n artificial, lejana, extra&ntilde;a y sofocante; enemiga del pueblo llano. “La forma b&aacute;sica de la cultura socialista –indic&oacute; en su libro program&aacute;tico <i>Iniciaci&oacute;n al socialismo–</i> es la asociaci&oacute;n de las comunas econ&oacute;micas que trabajan independientemente y que cambian entre s&iacute; sus productos en justicia”. El socialismo es colaboraci&oacute;n en libertad; la voluntad sin trabas para resolver las necesidades del grupo. El Estado, tal como se lo conoce, nada tiene que hacer: es un estorbo para el libre ejercicio de la cooperaci&oacute;n. Para reemplazarlo hay que volver a la vieja acepci&oacute;n de la palabra <i>rep&uacute;blica</i>, “la cosa del bien de todos”, y rescatar el significado original de <i>anarqu&iacute;a</i>: “el orden por las asociaciones de voluntariedad” (Landauer, 1947, 184)<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">Estos mensajes nutrieron al &uacute;ltimo Fals, al Fals militante, al analista veterano comprometido con bander&iacute;as, partidos y facciones de la balcanizada izquierda colombiana. En un principio el Frente Unido de Camilo Torres, despu&eacute;s el Movimiento Firmes de su admirado Gerardo Molina y al final el Polo Democr&aacute;tico, una federaci&oacute;n de grupos de oposici&oacute;n que lo eligi&oacute; presidente honorario. Sus ideas no son f&aacute;ciles de resumir; tienen matices tan variados y delicados que apenas es posible formarse una imagen de su contenido y alcance. En sus textos program&aacute;ticos, los hechos y las realidades se mezclan con la emoci&oacute;n y el sentimiento, y los conceptos no est&aacute;n bien definidos. El apego y la devoci&oacute;n por los <i>humildes</i> –su sincera e incuestionable entrega a los campesinos– ganan terreno ante el razonamiento pausado y fr&iacute;o del estratega que pasa largas temporadas de meditaci&oacute;n y estudio. Adem&aacute;s, algunas de sus reformas est&aacute;n lejos de lo posible por su romanticismo y su utopismo desenfrenados. Ante ellas el cr&iacute;tico no est&aacute; seguro de si todav&iacute;a permanece en la esfera de lo pol&iacute;tico o si se ha desplazado al terreno de los deseos e inclinaciones personales: a las demandas del coraz&oacute;n lejos de la raz&oacute;n<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">Hay que regresar –dice– a la tierra, a las ra&iacute;ces de nuestros pueblos originarios como el zen&uacute;, ajenos a la violencia y emparentados con la artesan&iacute;a, la solidaridad, la ayuda y el brazo <i>prestao</i>. Nuestro socialismo s&oacute;lo tomar&aacute; aliento siguiendo el patr&oacute;n de las antiguas instituciones cooperativas plenas de altruismo y solidaridad comunal –como la <i>minga</i> y el <i>ayllu</i>– y la comprensi&oacute;n y el respeto por la naturaleza. Esta fuente primigenia se ha perdido para muchos observadores de nuestros d&iacute;as, pero a&uacute;n est&aacute; presente en la generosidad de los pueblos no contaminados por el ego&iacute;smo, la competencia y la altivez de la cultura urbana. A esto se suma el hecho de que Colombia es, desde tiempos inmemoriales, un pa&iacute;s con vocaci&oacute;n agraria. Recuperar esta disposici&oacute;n natural significa poner de nuevo la agricultura en el centro de la atenci&oacute;n, y animar tras ella una pol&iacute;tica de producci&oacute;n de alimentos dirigida a toda la poblaci&oacute;n. Buscar otra v&iacute;a es ensayar en el vac&iacute;o y caer en la est&eacute;ril y desp&oacute;tica imitaci&oacute;n de lecciones for&aacute;neas que poco o nada tienen que ver con nuestros problemas. Toda naci&oacute;n digna de respeto –recalc&oacute;– no se hace importando o plagiando a otros pueblos, sino aprovechando creativamente lo que mora en sus propias entra&ntilde;as. Hay que frenar el euroamericanismo, la copia servil de Europa y Estados Unidos, calco que ha resultado en funesto colonialismo intelectual y en un complejo de inferioridad que mutila lo mejor de la inteligencia nacional.</p>     <p align="justify">Como en la mejor tradici&oacute;n libertaria de la Europa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, la de Kropotkin y sus disc&iacute;pulos, el Estado central es un obst&aacute;culo. El porvenir pertenece a los poblados y a su libre determinaci&oacute;n. Son ellos la base de la sociedad y el medio en que transcurre la vida cotidiana de los individuos. El Estado oprime y no respeta la diversidad y la autonom&iacute;a regionales. Colombia perdi&oacute; a Panam&aacute; por una obtusa pol&iacute;tica de control de ojos cerrados. Es verdad que las comunidades no son entidades aisladas. Se desenvuelven en permanente intercambio con sus vecinas hasta formar regiones naturales que apenas entienden los planificadores del gobierno central. El mapa que hoy se exhibe en hogares, escuelas y oficinas p&uacute;blicas jam&aacute;s examin&oacute; los contextos locales. Sus l&iacute;mites departamentales y municipales no expresan la vida real de la poblaci&oacute;n y de sus territorios. La actual cartograf&iacute;a surgi&oacute; de los intereses pol&iacute;ticos de los partidos tradicionales y de la acci&oacute;n de planificadores <i>antipensantes</i> que nunca consultaron las necesidades del campo. Cuando fue elegido a la Constituyente de 1991, su mayor logro pol&iacute;tico, propuso un reordenamiento de las provincias siguiendo “el afecto y el esp&iacute;ritu de solidaridad entre las gentes”, pero no tuvo eco.</p>     <p align="justify">Fals no fue, sin embargo, un anarquista radical en asuntos estatales. Su mente era la del libertario mesurado, la del estratega que buscaba reformar el Estado, no arrasarlo. Abogaba por una Segunda Rep&uacute;blica, una “Rep&uacute;blica Regional-Unitaria” integrada por una docena de Estados con autonom&iacute;a para la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica. Al describirla la llam&oacute; “naci&oacute;n posmoderna, descentralizada y auton&oacute;mica, inspirada en principios socialistas y ecol&oacute;gicos”. Su objetivo inmediato era recuperar “las libertades y ventajas que nuestros antepasados gozaban en sus comunidades cuando los golpe&oacute; la violencia originada en c&uacute;pulas citadinas”. La Primera Rep&uacute;blica, la que se deb&iacute;a superar, creada por los h&eacute;roes de la Independencia, gobern&oacute; a los colombianos con sucesivos fracasos durante los siglos XIX y XX, y ahora est&aacute; agotada y en franca crisis. Detr&aacute;s de la voz “unitaria” estaba la idea de conservar la naci&oacute;n como ente compacto e indiviso. No es claro qu&eacute; funciones tendr&iacute;a el organismo encargado de cumplir esta operaci&oacute;n de integraci&oacute;n y aglutinamiento. Su teor&iacute;a del Estado es bastante borrosa. De todas formas, su exposici&oacute;n alude a un organismo laxo encargado de articular las tareas de la naci&oacute;n “regionalizada, provincializada y municipalizada”. El poder vendr&iacute;a sin duda de abajo, de los labriegos como n&uacute;cleo b&aacute;sico, y la instituci&oacute;n central encargada de acoplar estas voluntades tendr&iacute;a como tarea conjugar, sin hegemon&iacute;as ni atropellos, los intereses de las regiones libremente asociadas.</p>     <p align="justify">La noci&oacute;n de comunidad como ente deliberativo no es clara en Fals, pero su empleo sugiere que se refer&iacute;a a los ciudadanos de una localidad reunidos directamente para discutir y decidir sobre sus problemas. Era la democracia directa, sin intermediarios, la democracia de los antiguos, la de la ciudad griega del siglo V y la que en su tiempo busc&oacute; Rousseau para su amada Ginebra. La comunidad, el medio donde imperan las relaciones cara a cara, lo es todo. Es la unidad primaria. De all&iacute; parte la “naci&oacute;n posmoderna”. Al asociarse con otras por intercambios econ&oacute;micos y afinidades culturales, y quiz&aacute; por compartir un pasado com&uacute;n, forman una regi&oacute;n y &eacute;stas, reunidas, la federaci&oacute;n nacional.</p>     <p align="justify">En un programa de tales caracter&iacute;sticas no pod&iacute;a faltar una reflexi&oacute;n sobre la ciudad. Sab&iacute;a que los centros urbanos albergan al 70% de la poblaci&oacute;n, y a ellos hab&iacute;a que volver la mirada para organizar los proyectos de transformaci&oacute;n y cambio. Se&ntilde;al&oacute; que el crecimiento desmesurado de las capitales hab&iacute;a causado un desequilibrio geopol&iacute;tico luego del cual Colombia dej&oacute; de ser “el arc&aacute;dico pa&iacute;s que era”. La situaci&oacute;n se hab&iacute;a hecho insostenible y era urgente detener el gigantismo de las urbes. Hab&iacute;a que frenar la expansi&oacute;n de Bogot&aacute; antes de que se “calcutice y se pavimente toda la Sabana”. Un retorno a la tierra para disminuir la poblaci&oacute;n urbana al menos en un 50% era la prioridad del momento. Para iniciar esta tarea sin traumatismos, se deb&iacute;an crear contenedores demogr&aacute;ficos –ciudades intermedias y peque&ntilde;os municipios– que albergaran n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n manejables. El paso siguiente, tal vez una generaci&oacute;n m&aacute;s adelante, ser&iacute;a rescatar la tierra en su plenitud. Hoy tenemos, sin embargo, un contingente de colombianos que podr&iacute;a acelerar este proceso y mostrar, con su modelo, las bondades del plan. Hay que organizar el regreso de los casi tres millones de desplazados de la violencia a sus lugares de origen. Ello exige una pronta y eficaz reforma agraria: la entrega de los latifundios de ganader&iacute;a extensiva y de tierras subutilizadas a los campesinos que las saben trabajar y explotar de manera racional y adecuada. Esta ser&iacute;a, adem&aacute;s, la estrategia m&aacute;s expedita para emprender un plan integral de paz y dar cumplimiento a “los principios socialistas humanitaristas y ecol&oacute;gicos”.</p>     <p align="justify">Para Fals, los campesinos son un grupo colaborador y sincero, esencialmente pac&iacute;fico y respetuoso de la naturaleza. As&iacute; lo indican sus tradiciones de solidaridad y mano prestada. Los coste&ntilde;os, sobre todo, de “personalidad informal, franca, hospitalaria y generosa”. Cuando surgen tensiones en sus pueblos, los enfrentamientos toman la coloraci&oacute;n del pu&ntilde;o y el chisme, nunca la del fusil o aqu&eacute;lla de la repudiable delaci&oacute;n. La violencia, el flagelo, el hostigamiento y la intimidaci&oacute;n vienen de afuera, del Estado central, de terratenientes ambiciosos, de pactos endemoniados entre la clase dirigente y del capitalismo salvaje animado por feroces intereses individualistas.</p>     <p align="justify">Con estas estrategias era dif&iacute;cil hacer pol&iacute;tica y guiar la labor de un partido de masas, como pretende ser el Polo, cuya base electoral se encontraba en las ciudades. Sus colegas parec&iacute;an tolerarlo; detr&aacute;s de aquellas propuestas estaba el cient&iacute;fico de renombre que daba prestigio a la organizaci&oacute;n. Sus ideas ten&iacute;an el sabor de algo remoto, de un plan que s&oacute;lo tendr&iacute;a &eacute;xito cuando el mundo rural combinara lo mejor de la ciudad con las excelencias del campo. La ciudad, a pesar de sus agobios, todav&iacute;a es muy atractiva para sus propios habitantes y para los pobladores del campo. Los j&oacute;venes aldeanos de ambos sexos que conocieron la escuela y las habilidades del alfabetismo ven en ella la imagen del cambio, de la novedad y del “progreso” personal: trabajo, independencia, movilidad social y mayores oportunidades educativas. Las &aacute;reas rurales, en cambio, les ofrecen una rutina opresora, ocupaciones deleznables, bajos ingresos, dependencia patriarcal y un paisaje con est&oacute;mago vac&iacute;o. Ante esta opci&oacute;n prefieren, como recordaba Weber a prop&oacute;sito de los campesinos del este del Elba, “respirar el aire viciado pero socialmente m&aacute;s libre de la ciudad” (Weber, 1972, 466). Es verdad que muchos de los desplazados por la violencia gimen por sus antiguos pagos, especialmente los que eran propietarios. Para este contingente de colombianos la ciudad no fue una elecci&oacute;n aut&oacute;noma. Se tomaron sus calles y levantaron barrios de hojalata para salvar la vida de la carnicer&iacute;a de bandas, <i>narcos</i>, <i>paras,</i> guerrilleros y de un ej&eacute;rcito que apenas respeta los derechos humanos.</p>     <p align="justify">El programa de Fals tiene, adem&aacute;s, el sabor de la recuperaci&oacute;n de una Arcadia perdida que se fue de las manos de los colombianos por la acci&oacute;n inconsulta de sus gobernantes. A sus palabras las anima una fant&aacute;stica imprecaci&oacute;n contra el caos de la gran ciudad y la descomposici&oacute;n de pueblos y aldeas ayer luminosos y hoy apagados. Con &iacute;mpetu rom&aacute;ntico imagin&oacute; un pasado feliz que le sirvi&oacute; para dibujar el desespero del presente. Quer&iacute;a ruralizar de nuevo el pa&iacute;s en busca de mejores tiempos ahora eclipsados. Exalt&oacute; una edad de oro para tejer el mito del calor comunitario, de la solidaridad de grupos aupados por la simpat&iacute;a y el afecto. No conceb&iacute;a al individuo sin la solidaridad del vecindario. Su inter&eacute;s no era la libertad individual sino la independencia de las comunidades. Desconfiaba de la metr&oacute;polis y no estaba seguro de que “el aire de la ciudad libere”. No ve&iacute;a en ella la posibilidad de los intercambios calurosos, y menos todav&iacute;a el clima de armon&iacute;a, fraternidad y apoyo. La pretendida libertad individual de la gran ciudad no era para &eacute;l m&aacute;s que soledad, ostracismo, abatimiento y tristeza.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Nelson (1948, v) y Coser (1977, 487).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Solari (1969) y Fals (1969).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. El libro de Gouldner fue traducido por la editorial Amorrortu de Buenos Aires en 1973.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Estos nuevos acentos ten&iacute;an mucho que ver con dos movimientos en otras esferas del conocimiento y de la pr&aacute;ctica social de los a&ntilde;os sesenta: la pedagog&iacute;a y la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n. Ambas manifestaciones eran un grito de libertad y afirmaci&oacute;n de los oprimidos. La salvaci&oacute;n cristiana no es posible sin la emancipaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica de los pobres del mundo, y el aprendizaje –la alfabetizaci&oacute;n– redime y libera. Cuando un adulto aprende a leer y escribir –afirman los adalides de la pedagog&iacute;a de la liberaci&oacute;n–, recupera el dominio de su propia vida y analiza, mediante una reflexi&oacute;n en com&uacute;n con otros seres humanos, su realidad para transformarla. Estos movimientos surgieron en Brasil con el pedagogo Paulo Freire y el te&oacute;logo Leonardo Boff (junto al peruano Gustavo Guti&eacute;rrez), pero r&aacute;pidamente ganaron la atenci&oacute;n de sacerdotes y maestros de otros pa&iacute;ses para convertirse en una contribuci&oacute;n latinoamericana a la cultura occidental.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Un recuento de estas experiencias se encuentra en Parra (1983).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. El historiador Charles Bergquist hizo una evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica de <i>La historia</i> en la revista <i>Huellas</i> (26, 1989, 40-56), que se public&oacute; el a&ntilde;o siguiente en ingl&eacute;s.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Mannheim (1958, 269-274, 305, 345.246). Las tesis de Landauer se encuentran en su libro m&aacute;s representativo, <i>La revoluci&oacute;n</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Aparte de las ocasionales exposiciones del pensamiento anarquista, que tienden a dejarlo de lado por su misticismo, el mejor embajador en Occidente de las ideas de Landauer fue su amigo Martin Buber, quien le dedic&oacute; un comprensivo estudio en el cap&iacute;tulo V de <i>Caminos de utop&iacute;a</i>. La idea de comunidad, un cap&iacute;tulo obligado de toda sociolog&iacute;a rural, estaba por supuesto muy arraigada en la mente de Fals. Desde sus a&ntilde;os de Minnesota le eran familiares las conceptualizaciones de Ferdinand T&ouml;nnies –la comunidad como una relaci&oacute;n de convivencia, vecindad y afecto, como la vida que “se desarrolla en relaci&oacute;n constante con el campo y la casa”– y los enfoques de Robert Redfield, un autor que Fals siempre tuvo en gran estima, acerca de la sociedad folk: la agrupaci&oacute;n aislada, analfabeta, religiosa, homog&eacute;nea, autosuficiente, con escasa divisi&oacute;n del trabajo y un profundo sentido de solidaridad. De este concepto, como se sabe, el antrop&oacute;logo social norteamericano deriv&oacute; la tipolog&iacute;a del “continuo folk-urbano”, de gran recibo en Am&eacute;rica Latina durante los a&ntilde;os cincuenta, que le sirvi&oacute; para contrastar la cultura cerrada de los medios rurales con el esp&iacute;ritu abierto, el secularismo, la diversidad y el individualismo de los entornos urbanos. Ver T&ouml;nnies (1947, cap. I) y Redfield (1942). Del &uacute;ltimo Redfield tambi&eacute;n deriv&oacute; un compromiso &eacute;tico –humanista, de amor por la humanidad– respecto de ciertos valores sobre los cuales no deber&iacute;a haber transacci&oacute;n. “En m&iacute; –se&ntilde;al&oacute;– el hombre y el antrop&oacute;logo no est&aacute;n tajantemente separados”. Debemos respetar sin duda la cultura y los c&oacute;digos morales de los pueblos primitivos, &iquest;pero debemos ser indiferentes ante los can&iacute;bales y los cazadores de cabezas? &iquest;Debemos permanecer callados cuando vemos que los mayas yucatecos capturan un animal salvaje, lo empapan de gasolina y enseguida le prenden fuego? &iquest;Debemos silenciar la tortura de los prisioneros por parte de los hurones? (Redfield, 1963, cap. VI).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. La siguiente exposici&oacute;n de las transformaciones pregonadas por Fals se basa en los materiales compilados en Fals (2003, 10). All&iacute; consign&oacute; su esperanza de que “las ideas de cambio contenidas en este libro se sigan decantando y estudiando hasta llegar a las clases populares, que han sido mi principal preocupaci&oacute;n”.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Andrevski, S. <i>Las ciencias sociales como forma de brujer&iacute;a</i>, Madrid, Taurus, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-5996200800020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Brandes, J. <i>Los grandes hombres</i>, Madrid, Editorial Am&eacute;rica, s.f.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996200800020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Buber, M. <i>Caminos de utop&iacute;a</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1955.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-5996200800020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bergquist, Ch. “In the Name of History: A Disciplinary Critique of Orlando Fals Borda’s ‘Historia doble de la costa’”, <i>Latin America Research Review</i> 25, 3, 1990, pp. 156-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996200800020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Burlatski, F., dir. <i>Materialismo hist&oacute;rico</i>, Mosc&uacute;, Editorial Progreso, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-5996200800020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Coser, L. A. <i>Master of Sociological Thought: Ideas in Historical and Social Context</i>, New York, Harcourt Brace Jovanovich, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996200800020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Fals B., O. “La crisis social y la orientaci&oacute;n sociol&oacute;gica: una r&eacute;plica”, <i>Aportes</i> 13, 1969, pp. 62-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-5996200800020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Fals B., O. <i>Ante la crisis del pa&iacute;s: ideas-acci&oacute;n para el cambio</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora Editores, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996200800020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Fals B., O. et al. <i>El marxismo en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, &iquest;1985?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-5996200800020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Fals B., O. et al. <i>Investigaci&oacute;n acci&oacute;n participativa en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Punta de Lanza y Foro Nacional por Colombia, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996200800020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. James, W. <i>Pragmatismo</i>, Buenos Aires, Emec&eacute;, 1945.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-5996200800020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Landauer, G. <i>Iniciaci&oacute;n al socialismo</i>, Buenos Aires, Americalee, 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996200800020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Landauer, G. <i>La revoluci&oacute;n</i>, Buenos Aires, Proyecci&oacute;n, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-5996200800020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Mannheim, K. <i>Ideolog&iacute;a y utop&iacute;a</i>, Madrid, Aguilar, 1958.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996200800020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Misi&oacute;n Econom&iacute;a y Humanismo. <i>Estudio sobre las condiciones del desarrollo de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Cromos, 1958.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-5996200800020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Molina, G. <i>Las ideas socialistas en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996200800020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Nelson, L. <i>Rural Sociology</i>, New York, American Book Company, 1948.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-5996200800020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Parra, E. <i>La investigaci&oacute;n en la Costa Atl&aacute;ntica: evaluaci&oacute;n de la rosca 1972-1974</i>, Cali, Fundaci&oacute;n para la Co&shy;municaci&oacute;n Popular, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996200800020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Redfield, R. “La sociedad Folk”, <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a</i> 4, 4, 1942, pp. 13-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-5996200800020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Redfield, R. <i>El mundo primitivo y sus transformaciones</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996200800020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Sartre, J.-P. <i>&iquest;Qu&eacute; es la literatura?</i>, Buenos Aires, Losada, 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-5996200800020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Smith, T. L.; J. D&iacute;az R. y L. R. Garc&iacute;a. <i>Tabio: estudio de la organizaci&oacute;n social rural</i>, Bogot&aacute;, Minerva, 1944.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996200800020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Solari, A. “Algunas reflexiones sobre el problema de los valores, la objetividad y el compromiso en las ciencias sociales”, <i>Aportes</i> 13, 1969, pp. 6-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-5996200800020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. T&ouml;nnies, F. <i>Comunidad y sociedad</i>, Buenos Aires, Losada, 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996200800020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Weber, M. <i>Ensayos de sociolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i>, Barcelona, Mart&iacute;nez Roca, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-5996200800020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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