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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿QUÉ ES LA JUSTICIA GLOBAL?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The increasingly widespread expression “global justice” marks an important shift in the structure of moral discourse. Traditionally, international relations were seen as sharply distinct from domestic justice. First, it focused on interactions among states, and later, evaluated the design of a national institutional order in light of its effects on citizens. Such institutional moral analysis is becoming applied to supranational institutional arrangements, nowadays more pervasive and important for the life prospects of individuals. The traditional lens suggested fair agreements among states. The new lens shows that the global institutional order is unfair because it enriches elites in both rich and poor countries and perpetuates the oppression and impoverishment of the majority.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>&iquest;QU&Eacute; ES LA JUSTICIA GLOBAL?</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>WHAT IS GLOBAL JUSTICE?</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Thomas Pogge</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Doctor en Filosof&iacute;a; profesor de Yale University, New Haven, Estados Unidos &#91;<a href="mailto:thomas.pogge@yale.edu">thomas.pogge@yale.edu</a>&#93;. Una versi&oacute;n anterior en ingl&eacute;s se public&oacute; como parte de la Introducci&oacute;n a Follesdal y Pogge (2005). Agradecemos al profesor Pogge por autorizar esta publicaci&oacute;n. Traducci&oacute;n de Leonardo Garc&iacute;a Jaramillo, estudiante de Derecho, Universidad de Caldas.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: inequidad global, globalizaci&oacute;n, orden institucional, reconocimiento internacional, justicia, pobreza, soberan&iacute;a; JEL: F02, F55&#93;</p>     <p align="justify">El uso generalizado de la expresi&oacute;n “justicia global” indica un cambio en la estructura del discurso moral. Tradicionalmente, las relaciones internacionales se consideraban como algo distinto de la justicia nacional. Antes se centraban en las interacciones entre los Estados, y luego se consider&oacute; el dise&ntilde;o del orden institucional nacional a la luz de sus efectos sobre los ciudadanos. Ese an&aacute;lisis moral institucional se empieza a aplicar a los arreglos institucionales supranacionales, hoy m&aacute;s influyentes e importantes en la vida de las personas. La perspectiva tradicional suger&iacute;a acuerdos justos entre los Estados. La nueva perspectiva muestra que el orden institucional global es injusto pues enriquece a las &eacute;lites de los pa&iacute;ses ricos y pobres, y perpet&uacute;a la opresi&oacute;n y el empobrecimiento de las mayor&iacute;as. </p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: global inequality, globalization, institutional order, international recognition, justice, poverty, sovereignty; JEL: F02, F55&#93;</p>     <p align="justify">The increasingly widespread expression “global justice” marks an important shift in the structure of moral discourse. Traditionally, international relations were seen as sharply distinct from domestic justice. First, it focused on interactions among states, and later, evaluated the design of a national institutional order in light of its effects on citizens. Such institutional moral analysis is becoming applied to supranational institutional arrangements, nowadays more pervasive and important for the life prospects of individuals. The traditional lens suggested fair agreements among states. The new lens shows that the global institutional order is unfair because it enriches elites in both rich and poor countries and perpetuates the oppression and impoverishment of the majority.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Si se hace una b&uacute;squeda de literatura sobre “justicia global” se ver&aacute; que &eacute;sta es una expresi&oacute;n reciente y cada vez m&aacute;s frecuente; ya hay m&aacute;s libros y ensayos sobre este tema en este milenio que en el anterior, al menos hasta donde dicen los computadores. Por supuesto, algunos temas generales que hoy se discuten bajo el t&iacute;tulo de “justicia global” se han discutido durante siglos, desde comienzos de la civilizaci&oacute;n. Pero antes se discut&iacute;an bajo otros t&iacute;tulos, como “justicia internacional”, “&eacute;tica internacional” y “derecho de las naciones”. Y este cambio de terminolog&iacute;a es muy significativo, o as&iacute; lo creo.</p>     <p align="justify">Las personas que usan una nueva expresi&oacute;n pueden tener ideas y motivaciones diversas, con algunas de las cuales no estoy familiarizado. Debo confesar que no he le&iacute;do el libro –publicado en 1977– <i>No More Plastic Jesus: Global Justice and Christian Lifestyle</i>. Como dijo un colega fil&oacute;sofo, Clint Eastwood: “Un hombre debe conocer sus limitaciones”. As&iacute; que no pretendo hablar por todas ellas, sino hablar de las ideas que me motivaron a usar la expresi&oacute;n “justicia global” en el t&iacute;tulo de mi tesis doctoral (1983), en el de mi primer art&iacute;culo publicado en <i>Philosophy &amp; Public Affairs</i> y en otras publicaciones posteriores (1986, 2001a y 2001b).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Podemos empezar haciendo dos distinciones. La primera, entre dos maneras diferentes de ver los hechos de nuestro mundo social. Por un lado, podemos verlos <i>interactivamente</i>: como acciones y efectos de acciones realizadas por agentes individuales y colectivos. Por el otro, podemos verlos <i>institucionalmente</i>: como efectos de la forma en que est&aacute; estructurado nuestro mundo social, de nuestras leyes, convenciones, pr&aacute;cticas e instituciones sociales. Estas dos maneras de ver implican diferentes descripciones y explicaciones de los fen&oacute;menos sociales, y dos tipos diferentes de an&aacute;lisis o diagn&oacute;sticos morales.</p>     <p align="justify">Consideremos algunos hechos moralmente relevantes; por ejemplo, el de un ni&ntilde;o que sufre de desnutrici&oacute;n, el de una mujer desempleada o el de un hombre que result&oacute; herido en un accidente de tr&aacute;nsito. Podemos rastrear causalmente esos hechos hasta la conducta de los agentes individuales y colectivos, incluida la persona que sufre el da&ntilde;o. Hacer esto implica hacer enunciados contraf&aacute;cticos acerca de c&oacute;mo ser&iacute;an o podr&iacute;a haber sido las cosas si ese o aquel agente hubiese actuado de otra manera. Luego podemos explorar esos enunciados para determinar si alguno de los agentes causalmente relevantes <i>deber&iacute;a</i> haber actuado de manera diferente y si es parcial o totalmente culpable del hecho lamentable. Esto nos lleva a examinar si alguno de esos agentes pod&iacute;a haber <i>previsto</i> que su comportamiento conducir&iacute;a al hecho lamentable y si podr&iacute;a haber <i>evitado</i> razonablemente el da&ntilde;o sin ocasionar altos costos para &eacute;l mismo o para terceros. Me he referido a este tipo de exploraciones como <i>an&aacute;lisis moral interactivo</i> o como <i>diagn&oacute;stico moral interactivo</i> (Pogge, 1995).</p>     <p align="justify">Los hechos lamentables tambi&eacute;n se pueden seguir hasta factores duraderos de la sociedad o del sistema social en que ocurren: por ejemplo, su cultura o su orden institucional. Siguiendo este camino, se podr&iacute;a descubrir que la causa de la desnutrici&oacute;n infantil es el alto arancel a la importaci&oacute;n de los productos alimenticios, que la del desempleo es una pol&iacute;tica monetaria restrictiva y que la de los accidentes de tr&aacute;nsito es la falta de revisi&oacute;n t&eacute;cnica regular a los veh&iacute;culos. Hacer esto implica hacer enunciados contraf&aacute;cticos acerca de c&oacute;mo ser&iacute;an o podr&iacute;an haber sido las cosas si este o aquel conjunto de normas sociales fuese diferente. Luego podemos explorar esos enunciados para determinar si las normas causalmente relevantes <i>deber&iacute;an</i> haber sido diferentes y si alguien es responsable de los defectos de las normas a las que se puede culpar parcial o totalmente por los hechos lamentables. Esto nos llevar&aacute; a examinar si los responsables del dise&ntilde;o de esas normas –p. ej., los congresistas– pod&iacute;an haber previsto que ocasionar&iacute;an un da&ntilde;o y haber reformulado razonablemente las normas sin ocasionar un da&ntilde;o sustancial a otros. Me he referido a este tipo de exploraciones como <i>an&aacute;lisis moral institucional</i> o <i>diagn&oacute;stico moral institucional</i> (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify">Esta era la primera distinci&oacute;n: entre explicaci&oacute;n causal interactiva e institucional y, de manera correspondiente, entre an&aacute;lisis moral interactivo e institucional.</p>     <p align="justify">La segunda distinci&oacute;n es la que existe entre relaciones <i>intra-</i> nacionales e <i>inter</i> -nacionales, que tradicionalmente se ve&iacute;an como mundos distintos: el primero habitado por personas, familias, corporaciones y asociaciones dentro de una sociedad territorialmente delimitada, el segundo habitado por un peque&ntilde;o n&uacute;mero de actores: los Estados soberanos. Los gobiernos nacionales eran el v&iacute;nculo entre estos dos mundos. En el interior, el gobierno era un actor importante &uacute;nicamente dentro del Estado, que interactuaba con personas, familias, corporaciones y asociaciones, y dominaba a esos otros actores en virtud de su poder y autoridad especiales, de su <i>soberan&iacute;a interna</i>. En el exterior, el gobierno <i>era</i> el Estado, al que se reconoc&iacute;a el derecho de actuar en su nombre, de hacer acuerdos vinculantes en su nombre, etc., en virtud de su <i>soberan&iacute;a externa</i>. Aunque vinculados de esta manera, se consideraba que los dos mundos estaban separados, y las valoraciones normativas daban por sentada esta separaci&oacute;n, distinguiendo tajantemente dos esferas separadas de teorizaci&oacute;n moral: la justicia dentro de un Estado y la &eacute;tica internacional.</p>     <p align="justify">El an&aacute;lisis moral interactivo quiz&aacute; surgi&oacute; muy temprano en la evoluci&oacute;n del pensamiento moral. El an&aacute;lisis moral institucional es m&aacute;s exigente, pues presupone una comprensi&oacute;n del <i>car&aacute;cter convencional</i> de las normas sociales y de sus efectos comparados, que a menudo son estad&iacute;sticos. Hace apenas ochenta a&ntilde;os se consideraba que los pobres y desempleados eran perezosos y delincuentes s&oacute;lo porque otras personas de igual origen humilde hab&iacute;an ascendido de empleados de cocina a millonarios. En ese entonces muchas personas no entend&iacute;an las restricciones <i>estructurales</i> a la movilidad social: que los caminos a la riqueza son limitados y que la estructura de los mercados de capital y de trabajo prevalecientes produc&iacute;an inevitablemente ciertos umbrales de tasas de desempleo y de pobreza. Tampoco entend&iacute;an que se pod&iacute;a influir en las tasas existentes mediante el redise&ntilde;o inteligente de las normas. Hoy, despu&eacute;s de Keynes y del <i>New Deal</i> de Roosevelt y de varias transformaciones nacionales similares, esos temas se entienden mucho mejor, as&iacute; como que los gobiernos son responsables de sus decisiones de dise&ntilde;o institucional y de los efectos de esas decisiones sobre la satisfacci&oacute;n o la frustraci&oacute;n de las necesidades humanas. Tard&iacute;a pero admirablemente, esta comprensi&oacute;n fue articulada en la filosof&iacute;a mediante la obra cl&aacute;sica de John Rawls <i>Teor&iacute;a de la justicia</i>. En esta gran obra, Rawls estableci&oacute; que las instituciones sociales son una esfera separada de valoraci&oacute;n moral y marc&oacute; terminol&oacute;gicamente esa esfera asoci&aacute;ndola con los conceptos de <i>justicia</i> y <i>justicia social</i>. Esta innovaci&oacute;n terminol&oacute;gica se arraig&oacute; ampliamente, al menos en la filosof&iacute;a de habla inglesa, de modo que el concepto de <i>justicia</i> hoy se utiliza predominantemente en la valoraci&oacute;n moral de las normas sociales (leyes, pr&aacute;cticas, convenciones sociales e instituciones), y raras veces en la valoraci&oacute;n moral del comportamiento y el car&aacute;cter de los agentes individuales y colectivos. Siguiendo el camino trazado por Rawls, la distinci&oacute;n entre <i>an&aacute;lisis moral institucional</i> e <i>interactivo</i> se ha llegado a identificar como una distinci&oacute;n entre <i>justicia</i> y <i>&eacute;tica</i>.</p>     <p align="justify">Hoy estamos familiarizados con el enfoque del libro de Rawls: el an&aacute;lisis moral institucional aplicado a la organizaci&oacute;n interna del Estado. Pero lo que a&uacute;n falta, o ha empezado a surgir s&oacute;lo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, es el an&aacute;lisis moral institucional extendido a la esfera de las relaciones internacionales. Este retraso temporal no es sorprendente en vista de que tradicionalmente se la ha concebido como un campo m&aacute;s peque&ntilde;o y f&aacute;cil de estudiar que el vasto y muy complejo funcionamiento interno de una sociedad nacional moderna. Pareciera que no necesitamos an&aacute;lisis moral institucional en un mundo de una docena de actores relevantes en el que, cuando ocurren cosas malas, suele ser claro qui&eacute;nes son aquellos cuyo comportamiento es culpable.</p>     <p align="justify">El prolongado predominio de este marco tradicional se ilustra muy bien en el libro de Rawls sobre relaciones internacionales, <i>The Law of Peoples</i>, publicado hace 9 a&ntilde;os y 28 despu&eacute;s de <i>A Theory of Justice</i>, que ejemplifica el an&aacute;lisis moral <i>institucional</i> aplicado al contexto <i>intra-</i> nacional y donde Rawls hace una propuesta de valoraci&oacute;n moral comparativa de las formas alternativas como se podr&iacute;a dise&ntilde;ar el orden social de una sociedad. En el m&aacute;s reciente, que ejemplifica el an&aacute;lisis moral <i>interactivo</i> aplicado a la esfera <i>inter-</i> nacional, Rawls propone c&oacute;mo deber&iacute;an ser las normas que rigen el comportamiento del Estado. El an&aacute;lisis moral institucional –la idea de una valoraci&oacute;n comparativa de los sistemas de normas alternativos a la luz de los efectos moralmente relevantes que tendr&iacute;a cada uno– est&aacute; ausente en esta &uacute;ltima teor&iacute;a.</p>     <p align="justify">S&oacute;lo para los entusiastas de Rawls, debo a&ntilde;adir que la asimetr&iacute;a es m&aacute;s clara en la estructura de las dos teor&iacute;as. La teor&iacute;a <i>internacional</i> de Rawls es de <i>dos</i> niveles: uno contiene el experimento mental de la posici&oacute;n original, mientras que el otro, una lista de normas que se aplican directamente al comportamiento de los Estados. Su teor&iacute;a <i>dom&eacute;stica</i> es de <i>tres</i> niveles: el Nivel Uno contiene el experimento mental de la posici&oacute;n original, el Nivel Dos, los dos principios de la justicia (su norma para valorar los efectos comparados de instituciones sociales alternativas), y el Nivel Tres, los arreglos institucionales concretos que no se limitan a reglas de conducta de los agentes individuales y colectivos, sino que incluyen tambi&eacute;n reglas <i>constitutivas</i> que crean y definen ciertos agentes, roles y relaciones y que no s&oacute;lo gu&iacute;an a los actores preexistentes en un espacio de opciones preexistente. As&iacute;, Rawls complementa su teor&iacute;a <i>dom&eacute;stica</i> de la <i>justicia</i> con una teor&iacute;a <i>internacional</i> de la <i>&eacute;tica</i> (pero no de la justicia).</p>     <p align="justify">El concepto de justicia global rompe la separaci&oacute;n tradicional entre relaciones <i>intra-</i> nacionales e <i>inter-</i> nacionales, y extiende el an&aacute;lisis moral institucional a todo el campo. &iquest;Qu&eacute; motiva esta dr&aacute;stica reorientaci&oacute;n? Una motivaci&oacute;n importante es la comprensi&oacute;n de que la concepci&oacute;n tradicional del mundo de las relaciones internacionales, habitado &uacute;nicamente por Estados, es insatisfactoria. Todos sabemos que est&aacute; perdiendo r&aacute;pidamente su adecuaci&oacute;n <i>explicativa</i> con la aparici&oacute;n y el tama&ntilde;o creciente de otros agentes en el escenario internacional: compa&ntilde;&iacute;as multinacionales, organizaciones internacionales y asociaciones regionales. Pero para nuestro tema, aqu&iacute; es m&aacute;s importante la comprensi&oacute;n de que esa concepci&oacute;n tradicional <i>siempre</i> ha carecido de adecuaci&oacute;n <i>moral</i>, pues <i>nunca</i> ha sido plausible que los intereses de los Estados –es decir, los intereses de los gobiernos– deban proporcionar las <i>&uacute;nicas</i> consideraciones moralmente relevantes en las relaciones internacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Examinemos el ejemplo de un contrato de largo plazo para la exportaci&oacute;n de petr&oacute;leo crudo de Nigeria al Reino Unido que se establece sin coerci&oacute;n entre el dictador militar Sani Abacha y el gobierno brit&aacute;nico (o una compa&ntilde;&iacute;a petrolera brit&aacute;nica). En el marco intelectual tradicional, es obvio que se debe honrar ese acuerdo: “Los pueblos deben cumplir los tratados y compromisos”, dice el segundo principio de conducta del Estado que Rawls propone, y el tercero a&ntilde;ade: “Los pueblos son iguales y son partes de los acuerdos que los vinculan” (1999, 37). Pero vayamos a la realidad: el gobierno nigeriano es corrupto y opresivo, y su permanencia en el poder depende en gran medida de los militares. Las ventas de petr&oacute;leo imponen da&ntilde;os y riesgos de diverso tipo al pueblo nigeriano sin aportarle ning&uacute;n beneficio tangible debido a que una parte de los ingresos va a manos de la peque&ntilde;a &eacute;lite pol&iacute;tica y otra parte se gasta en el armamento necesario para la represi&oacute;n militar; armas que son suministradas por Estados Unidos de acuerdo con otros contratos realizados, sin coerci&oacute;n, entre los gobiernos de ambos pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Aqu&iacute; surge una pregunta obvia: &iquest;con qu&eacute; derecho puede un acuerdo libre y justo entre un dictador militar de Nigeria y el gobierno brit&aacute;nico, o alguna compa&ntilde;&iacute;a petrolera brit&aacute;nica, autorizar a estas dos partes a privar al pueblo nigeriano de sus recursos naturales y a destruir su medio ambiente?</p>     <p align="justify">Esta pregunta es invisible cuando concebimos las relaciones internacionales como una esfera separada en la que se identifica a cada Estado con su gobierno. Pero cuando vemos la pregunta, el antiguo marco intelectual se vuelve claramente insostenible. No podemos dejar de advertir que una profunda desventaja del orden internacional existente es que admite que los gobernantes, simplemente porque ejercen el poder efectivo dentro de un Estado, est&aacute;n autorizados a conferir derechos de propiedad legalmente v&aacute;lidos sobre los recursos de ese Estado y a endeudarse en su nombre. Ese reconocimiento otorga privilegios internacionales de endeudamiento y de recursos a muchos gobiernos que no merecen ese nombre. Estos privilegios son <i>empobrecedores</i> porque su ejercicio suele desposeer a la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s que es excluida de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica, y de los beneficios del endeudamiento o de la venta de recursos que gestiona su gobierno. Estos privilegios son adem&aacute;s <i>opresivos</i> porque suelen dar a los gobernantes dictatoriales el acceso a los fondos que necesitan para mantenerse en el poder, aun a pesar de la oposici&oacute;n popular casi universal. Y estos privilegios son <i>destructivos</i> porque proporcionan incentivos poderosos para la adquisici&oacute;n y el ejercicio antidemocr&aacute;tico del poder pol&iacute;tico, lo que lleva a los golpes de Estado y a las guerras civiles que son tan comunes en los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p align="justify">Ya dije que el concepto de justicia global rompe la separaci&oacute;n tradicional entre relaciones <i>intra-</i>nacionales e <i>inter-</i>nacionales, y extiende el an&aacute;lisis moral institucional a todo el campo. Hace visible que los ciudadanos de los pa&iacute;ses ricos est&aacute;n potencialmente involucrados en los horrores que tantas personas deben padecer en los pa&iacute;ses menos desarrollados, as&iacute; como en la violencia y el hambre que se infligen a esas personas.</p>     <p align="justify">El viejo marco era c&oacute;modo: compartimos la responsabilidad por el orden institucional de nuestra sociedad y por los da&ntilde;os que pueda infligir a nuestros conciudadanos. Tambi&eacute;n compartimos la responsabilidad por la actuaci&oacute;n honorable de nuestro gobierno en el exterior y el cumplimiento de leyes y convenciones internacionales razonables, en especial las relacionadas con la guerra, y de honrar sus contratos y tratados. En este marco tradicional, generalmente no tenemos responsabilidad por la violencia y la pobreza que se infligen a los extranjeros dentro de la caja negra de su propio Estado.</p>     <p align="justify">El nuevo marco intelectual asociado con la expresi&oacute;n “justicia global” no es tan c&oacute;modo. En este marco es esencial el impacto causal del dise&ntilde;o del orden institucional global sobre las condiciones de vida de los seres humanos de todo el mundo. Desde el fin de la Guerra Fr&iacute;a se han redise&ntilde;ado sustancialmente algunos componentes importantes del orden institucional global –como el sistema mundial de comercio y las normas que rigen las intervenciones militares– mientras que se han dejado en su lugar otros componente s, como los privilegios internacionales de recursos y endeudamiento que ya coment&eacute;. Hab&iacute;a muchas maneras alternativas de modelar y remodelar el orden institucional global cuando, despu&eacute;s del final de la Guerra Fr&iacute;a, las potencias del Atl&aacute;ntico Norte descubrieron que ten&iacute;an el control. La pregunta es entonces: &iquest;en qu&eacute; habr&iacute;an diferido los efectos de otras trayectorias de globalizaci&oacute;n sobre la poblaci&oacute;n mundial, por ejemplo, sobre la incidencia de la violencia, la opresi&oacute;n y la pobreza extrema? Y, a la luz de la valoraci&oacute;n comparativa de esos efectos, &iquest;c&oacute;mo juzgar en t&eacute;rminos morales el orden institucional global existente?</p>     <p align="justify">El orden institucional global est&aacute; relacionado causalmente con la incidencia de da&ntilde;os moralmente importantes de dos maneras. En primer lugar, sus normas pueden afectar directamente a la poblaci&oacute;n. Consideremos, por ejemplo, el actual sistema de tratados de la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio (OMC), que permite que los pa&iacute;ses ricos protejan sus mercados contra las importaciones baratas (productos agr&iacute;colas, textiles, acero, etc.) mediante cuotas, aranceles, cl&aacute;usulas <i>anti-dumping</i> y subsidios a los productores nacionales. Esas medidas proteccionistas reducen las oportunidades de exportaci&oacute;n de las empresas de los pa&iacute;ses en desarrollo, restringiendo sus exportaciones a los pa&iacute;ses ricos y, tambi&eacute;n, en el caso de los subsidios, permitiendo que los productores menos eficientes de los pa&iacute;ses ricos vendan sus productos en los mercados mundiales a menor precio que los productores m&aacute;s eficientes de los pa&iacute;ses pobres. Sin esas restricciones, los pa&iacute;ses en desarrollo podr&iacute;an lograr, seg&uacute;n la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, 1999), un ingreso adicional de 700 mil millones de d&oacute;lares cada a&ntilde;o por sus exportaciones, casi 13 veces la suma anual de la ayuda oficial al desarrollo. Este aspecto particular del sistema de tratados de la OMC puede tener entonces gran impacto en la incidencia de la pobreza extrema en los pa&iacute;ses en desarrollo, entendiendo “impacto” de manera contraf&aacute;ctica comparativa: si el sistema de tratados de la OMC no permitiera esas medidas proteccionistas, hoy habr&iacute;a mucha menos pobreza en el mundo. Este ejemplo ilustra el impacto m&aacute;s <i>directo</i> del orden institucional global sobre las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n mundial.</p>     <p align="justify">Las reglas del orden institucional global tambi&eacute;n pueden afectar de manera <i>indirecta</i> a la poblaci&oacute;n, contribuyendo a moldear conjuntamente el orden institucional nacional en que vive. Los privilegios internacionales de recursos y de endeudamiento que se conceden a los gobernantes desp&oacute;ticos son un ejemplo obvio. Estos privilegios hacen posible que los gobernantes tir&aacute;nicos y las juntas militares se atrincheren en el poder y confieren a los opresores potenciales un fuerte incentivo para que intenten tomar el poder por la fuerza, y con ello facilitan y alimentan gobiernos opresivos y corruptos en muchos pa&iacute;ses en desarrollo donde los recursos naturales son un componente importante de la econom&iacute;a nacional, y los ciudadanos corrientes tienen pocos medios para enfrentar la opresi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Se podr&iacute;a y se deber&iacute;a decir mucho m&aacute;s sobre estos dos ejemplos, pero aqu&iacute; mi objetivo no es demostrar la injusticia sino mostrar c&oacute;mo se puede aplicar el an&aacute;lisis moral institucional al orden global institucional.</p>     <p align="justify">Ahora bien, puesto que el orden global institucional actual ocasiona una mayor violencia y pobreza extrema de las que habr&iacute;a en un orden alternativo mejor dise&ntilde;ado, podemos pasar a preguntar qui&eacute;n es responsable de que este orden se haya configurado de la manera en que fue configurado y si los responsables pod&iacute;an haber previsto y evitado razonablemente el exceso de violencia y pobreza extrema que ha ocasionado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El papel dominante en la conformaci&oacute;n del orden institucional global posterior a la Guerra Fr&iacute;a fue desempe&ntilde;ado por los gobiernos de los pa&iacute;ses desarrollados m&aacute;s poderosos, en particular los que integran el G-7. En la formaci&oacute;n de ese orden, dichos gobiernos dieron mucho peso a los intereses de sus &eacute;lites empresariales nacionales y poco peso a los intereses de la poblaci&oacute;n pobre y vulnerable de los pa&iacute;ses en desarrollo. Se puede argumentar que el orden global institucional resultante es injusto porque la incidencia de la violencia y la pobreza extrema que en &eacute;l ocurre es mucho mayor que la que habr&iacute;a en un orden alternativo cuyo dise&ntilde;o hubiese dado m&aacute;s peso a los intereses de los pobres y los vulnerables. Puesto que los pa&iacute;ses miembros del G-7 son razonablemente democr&aacute;ticos, sus ciudadanos comparten la responsabilidad por el orden global que forjaron sus gobiernos y por su impacto comparativo en la vida humana. Este es el tipo de diagn&oacute;stico moral que estar&iacute;a en e l centro del escenario si los debates normativos sobre las relaciones internacionales pasaran del paradigma de la <i>&eacute;tica internacional</i> al de la <i>justicia global</i>, si el an&aacute;lisis moral institucional se extendiera m&aacute;s all&aacute; del Estado.</p>     <p align="justify">Perm&iacute;tanme concluir examinando dos objeciones que alguien comprometido con el antiguo marco de la &eacute;tica internacional podr&iacute;a oponer al nuevo paradigma intelectual.</p>     <p align="justify">La primera objeci&oacute;n es que el orden institucional global es inmune a la cr&iacute;tica moral porque tambi&eacute;n fue consentido libremente por los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres y menos poderosos. El objetor admitir&iacute;a que, en algunos casos, el consentimiento otorgado al sistema de tratados de la OMC, por ejemplo, fue quiz&aacute;s problem&aacute;tico. Estar&iacute;a dispuesto a considerar la posibilidad de que algunos Estados d&eacute;biles negociaron en condiciones de gran dureza y que carec&iacute;an de capacidad t&eacute;cnica para determinar si las normas asim&eacute;tricas de acceso a los mercados que les propon&iacute;an eran mejores o peores para ellos que si se manten&iacute;an por fuera de la OMC. Nuestro objetor podr&iacute;a incluso estar dispuesto a considerar que el poder de negociaci&oacute;n de los Estados que entraron a las negociaciones fue quiz&aacute;s afectado indebidamente por cr&iacute;menes hist&oacute;ricos como el colonialismo. Aun as&iacute;, insistir&iacute;a en que, puesto que los Estados consintieron libre y competentemente las normas comunes, esas normas son moralmente aceptables. <i>Volenti non fit iniuria</i><a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p align="justify">Quien propone el nuevo marco de la justicia global podr&iacute;a rechazar este razonamiento con base en tres razones mutuamente independientes. Primera, el consentimiento en cuesti&oacute;n fue otorgado <i>por los gobiernos</i>, y ese consentimiento no es un consentimiento de <i>los gobernados</i> a menos que el gobierno en cuesti&oacute;n sea m&iacute;nimamente representativo de los intereses de quienes gobierna. Muchos gobiernos de los pa&iacute;ses pobres carecen de esa representatividad m&iacute;nima. Y su consentimiento al sistema de tratados de la OMC o, m&aacute;s en general, al orden institucional global actual, no resguarda a este orden de la cr&iacute;tica moral en nombre de quienes gobiernan. Aunque el consentimiento de los Mobutu, Sani Abacha, Mugabe y Suharto del mundo en desarrollo se haya dado libre y competentemente, no pod&iacute;a haber renunciado a los derechos de sus s&uacute;bditos oprimidos.</p>     <p align="justify">Segunda, el defensor de la justicia global podr&iacute;a replicar que un gobierno, aunque sea m&iacute;nimamente representativo del pueblo al que gobierna, no puede renunciar a los derechos <i>inalienables</i> de sus s&uacute;bditos consintiendo libre y competentemente. Aunque est&eacute; sujeto a controversia en qu&eacute; consisten esos derechos inalienables, es ampliamente aceptado que las personas no pueden renunciar a su derecho a no ser torturadas ni esclavizadas, ni a su derecho a satisfacer las necesidades b&aacute;sicas para la supervivencia humana. Puesto que el orden institucional global actual lleva previsiblemente a un incumplimiento de esos derechos inalienables mayor del que ser&iacute;a razonablemente evitable, este orden no se puede defender apelando al consentimiento directo o indirecto de aquellos cuyos derechos inalienables son insatisfechos.</p>     <p align="justify">Tercera, aunque las personas pudieran renunciar incluso a sus derechos m&aacute;s fundamentales y autorizar a su gobierno para que renunciara a esos derechos en su nombre, esas personas tendr&iacute;an que tener una edad m&iacute;nima. La pobreza extrema y la violencia en nuestro mundo afectan desproporcionadamente a los ni&ntilde;os. Ni los ni&ntilde;os ni sus padres ni sus gobiernos pueden consentir v&aacute;lidamente que se imponga a estos ni&ntilde;os un orden institucional en el que de manera previsible y evitable se incumplen sus derechos m&aacute;s fundamentales.</p>     <p align="justify">Con esto falla la primera objeci&oacute;n. Un orden institucional global que –evitable y previsiblemente– produce un gran exceso de violencia y pobreza extrema no se puede justificar ni siquiera por el consentimiento un&aacute;nime de <i>todos</i> los gobiernos.</p>     <p align="justify">La segunda objeci&oacute;n dice que la raz&oacute;n de ser y el prop&oacute;sito de los gobiernos es representar y proteger los intereses de su poblaci&oacute;n. Es por tanto completamente apropiado y permisible que los gobiernos de los pa&iacute;ses ricos hagan todo lo posible para configurar el orden global institucional en procura del mejor inter&eacute;s de sus ciudadanos.</p>     <p align="justify">Es evidente que hay algo de verdad en esta objeci&oacute;n. Es cierto que no se exige a un gobierno que atribuya igual peso a los intereses de todos los seres humanos del planeta, y que se le permite ser <i>parcial</i> y dar mayor importancia a los intereses de su poblaci&oacute;n, actual y futura. Pero esa parcialidad permisible tiene sus l&iacute;mites.</p>     <p align="justify">Hay obvios l&iacute;mites <i>&eacute;ticos</i> o <i>interactivos</i> a la parcialidad de un gobierno: puesto que no es permisible que nuestros ciudadanos asesinen personas inocentes para lograr nuestros intereses, tampoco es permisible que nuestro gobierno lo haga en nuestro nombre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los l&iacute;mites a la parcialidad permisible del gobierno con respecto a la conformaci&oacute;n del orden institucional global son menos familiares pero no menos indiscutibles (Follesdal, 1991 y 1997). Muy en general, se puede decir que la parcialidad s&oacute;lo es leg&iacute;tima en un contexto de “igualdad de condiciones”, concebidas en t&eacute;rminos amplios para que incluyan reglas de juego justas que sean administradas imparcialmente. Esta idea es familiar y ampliamente aceptada en muchos contextos: est&aacute; bien que las personas se dediquen a promover sus intereses o los de su grupo, su equipo deportivo o su familia, siempre que lo hagan en el contexto de una competencia justa. <i>Debido</i> a que ese marco justo es un prerrequisito moral para la parcialidad permisible, esta parcialidad no se puede extender de manera permisible a la subversi&oacute;n de la igualdad de condiciones. Por el contrario, una condici&oacute;n para que tal parcialidad sea permisible es que quienes son <i>parciales</i> en favor de su propio grupo tambi&eacute;n deben estar <i>im</i> parcialmente interesados en preservar la equidad del entorno social m&aacute;s amplio. Por ejemplo, en el ambiente dom&eacute;stico, es totalmente permisible dedicar tiempo y dinero a dar una buena educaci&oacute;n a los <i>hijos propios</i>, a expensas de otros ni&ntilde;os cuya educaci&oacute;n tambi&eacute;n se podr&iacute;a promover. Pero ser&iacute;a moralmente inapropiado promover un buen futuro para los hijos utilizando la influencia pol&iacute;tica para oponerse a un igual acceso a la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os de otro g&eacute;nero, color o clase social. En suma: la parcialidad del inter&eacute;s es apropiada en un contexto m&iacute;nimamente justo, pero no cuando se busca debilitar la justicia m&iacute;nima de ese contexto. La justicia m&iacute;nima de las condiciones de competencia no se puede convertir en objeto de la competencia. Y el l&iacute;mite de <i>justicia</i>, el l&iacute;mite <i>institucional</i> a la parcialidad de un gobierno en favor de sus ciudadanos es entonces que su conducta parcial no puede debilitar la justicia m&iacute;nima del orden institucional global. La apelaci&oacute;n a la parcialidad permisible no puede justificar que los gobiernos m&aacute;s poderosos impongan al resto del mundo un orden institucional global injusto en el que la mayor&iacute;a de la humanidad es privada, de modo previsible y evitable, de todo lo que se parezca a un inicio justo de la vida.</p>     <p align="justify">En este ensayo he intentado dar sentido al marco intelectual asociado con la expresi&oacute;n ‘justicia global’. Una caracter&iacute;stica de este marco es que se centra en el an&aacute;lisis causal y moral del orden global institucional en el contexto de las alternativas factibles. Dentro de este enfoque general de la justicia global, las distintas concepciones pueden diferir acerca de los criterios espec&iacute;ficos de justicia global que proponen. Pero esos criterios coinciden en que dan &eacute;nfasis a la pregunta de qu&eacute; tan bien le va a nuestro orden institucional global, en comparaci&oacute;n con las alternativas factibles, con respecto a los intereses humanos fundamentales que importan desde el punto de vista moral. Esta pregunta extiende el an&aacute;lisis moral institucional m&aacute;s all&aacute; del Estado y centra la atenci&oacute;n en c&oacute;mo se podr&iacute;a aliviar la enorme incidencia de la pobreza extrema y de la violencia en el mundo actual, no simplemente a trav&eacute;s de un mejor comportamiento del gobierno, nacional e internacionalmente, sino tambi&eacute;n, y de modo m&aacute;s efectivo, mediante reformas institucionales que, entre otras cosas, enaltezcan el comportamiento de los gobiernos modificando sus opciones y los incentivos que enfrentan.</p>     <p align="justify">La importancia de este enfoque de la justicia global va m&aacute;s all&aacute; de la filosof&iacute;a. Es esencial para hacer posible que los ciudadanos corrientes, en particular los ciudadanos de los pa&iacute;ses desarrollados, lleguen a una comprensi&oacute;n adecuada de su situaci&oacute;n moral y sus responsabilidades. Y es tambi&eacute;n muy &uacute;til para impulsar a los cient&iacute;ficos sociales, en especial a los economistas del desarrollo, para que superen su sesgo hacia lo que denomino “nacionalismo explicativo”: su tendencia a explicar el fen&oacute;meno de la pobreza y del hambre en t&eacute;rminos de factores causales internos a las sociedades en las que se presenta. Por v&aacute;lidas y &uacute;tiles que sean, esas explicaciones nacionalistas se deben complementar con investigaciones sustanciosas de los efectos comparativos de los factores institucionales globales sobre la incidencia de la pobreza extrema en todo el mundo. Es satisfactorio que el desarrollo del enfoque de la justicia global muestre de una vez por todas que la lechuza de Minerva despliega sus alas <i>antes</i> del anochecer, que la filosof&iacute;a puede dar un fuerte impulso conceptual a la econom&iacute;a, la ciencia pol&iacute;tica y la pol&iacute;tica. Sin embargo, a&uacute;n est&aacute; por verse qu&eacute; efecto tendr&aacute; este impulso.</p>     <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. No se ofende a quien da su consentimiento.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Aiken, W. y H. LaFolette, eds. <i>World Hunger and Morality</i>, Upper Saddle River, Prentice Hall, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0124-5996200800020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Alesina, A. y D. Dollar. “Who Gives Foreign Aid to whom and why?”, <i>Journal of Economic Growth</i> 5, 2000, pp. 33-64, &#91;<a href="http://papers.nber.org/papers/w6612" target="_blank">http://papers.nber.org/papers/w6612</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0124-5996200800020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Amdur, R. “Rawls’s Theory of Justice: Domestic and International Perspectives”, <i>World Politics</i> 29, 3, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0124-5996200800020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Barry, B. “Humanity and Justice in Global Perspective”, R. Pennock y J. Chapman, eds., <i>Ethics, Economics, and the Law</i>, New York, New York University Press, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0124-5996200800020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Barry, B. “Self-Government Revisited”, D. Miller y L. Siedentop, eds., <i>The Nature of Political Theory</i>, Oxford, Clarendon Press, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0124-5996200800020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Barry, B. <i>Theories of Justice</i>, Berkeley, University of California Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0124-5996200800020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Beitz, C. “Cosmopolitan Ideals and National Sentiment”, <i>Journal of Philosophy</i> 80, 1983, pp. 591-600.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0124-5996200800020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Beitz, C. et al., eds. <i>International Ethics</i>, Princeton, Princeton University Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0124-5996200800020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Beitz, C. <i>Political Theory and International Relations</i>, Princeton, Princeton University Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0124-5996200800020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Cavallero, E. “Sovereignty and Global Justice”, Ph.D. dissertation, Yale University, Philosophy Department, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0124-5996200800020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Chen, S. y M. Ravallion. “How did the World’s Poorest Fare in the 1990s?”, <i>Review of Income and Wealth</i> 47, 2001, pp. 283-300.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0124-5996200800020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Congressional Research Service. “Conventional Arms Transfers to Developing Nations 1994-2001”, 2001, &#91;<a href="http://www.fas.org/asmp/resources/govern/crs-rl31529.pdf" target="_blank">www.fas.org/asmp/resources/govern/crs-rl31529.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-5996200800020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Correa, C. <i>Intellectual Property Rights, the WTO and Developing Countries: The TRIPs Agreement and Policy Options</i>, London, Zed Books, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-5996200800020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Crocker, D. A. y T. Linden, eds. <i>Ethics of Consumption: The Good Life, Justice, and Global Stewardship</i>, Lanham, Rowman y Littlefield, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-5996200800020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Danielson, P. “Theories, Intuition, and the Problem of World-Wide Distributive Justice”, <i>Philosophy and the Social Sciences</i> 3, 1973, pp. 331-340.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-5996200800020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Dasgupta, P. <i>An Inquiry into Well-Being and Destitution</i>, Oxford, Oxford University Press, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-5996200800020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Demarco, J. P. “International Application of the Theory of Justice”, <i>Pacific Philosophical Quarterly</i> 62, 1981, pp. 393-402.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996200800020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Diamond, J. <i>Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies</i>, New York, Norton, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-5996200800020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Falk, R. <i>The End of World Order</i>, New York, Holmes and Meier, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996200800020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Finnerty, A. D. <i>No More Plastic Jesus: Global Justice and Christian Lifestyle</i>, New York, Orbis Books, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-5996200800020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Follesdal, A. “Do Welfare Obligations end at the Boundaries of the Nation State?”, A. Follesdal y P. Koslowski, eds., <i>Restructuring the Welfare State: Theory and Reform of Social Policy</i>, Berlin, Springer, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996200800020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Follesdal, A. “The Significance of State Borders for International Distributive Justice”, Ph.D. Dissertation, Harvard University, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-5996200800020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Follesdal, A. y T. Pogge, eds. <i>Real World Justice</i>, Berlin, Springer, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996200800020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Goodin, R. E. “What is so Special about our Fellow Countrymen?”, <i>Ethics</i> 98, 1988, pp. 663-686.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-5996200800020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Griffin, K. <i>International Inequality and National Poverty</i>, London, Holmes Meier, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996200800020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Habermas, J. “Kants Idee des Ewigen Friedens – aus dem historischen Abstand von 200 Jahren”, <i>Kritische Justiz</i> 28, 3, 1995, pp. 293-319.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-5996200800020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Harrison, L. E. y S. P. Huntington, eds. <i>Culture Matters: How Values Shape Human Progress</i>, New York, Basic Books, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996200800020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. H&ouml;ffe, O. <i>Demokratie im Zeitalter der Globalisierung</i>, M&uuml;nchen, Beck Verlag, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-5996200800020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. International Labor Organization (ILO). “A Future without Child Labour”, 2002, &#91;<a href="http://www.ilo.org/public/english/standards/decl/publ/reports/report3.htm" target="_blank">www.ilo.org/public/english/standards/decl/publ/reports/report3.htm</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996200800020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Kant, I. <i>Kant’s Political Writings</i>, H. Reiss, ed., Cambridge, Cambridge University Press, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-5996200800020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Lam, R. y L. Wantchekon. “Dictatorships as a Political Dutch Disease”, <i>Economic Growth Center Discussion Paper</i> 795, 1999, &#91;<a href="http://econpapers.hhs.se/paper/wopyalegr/" target="_blank">http://econpapers.hhs.se/paper/wopyalegr/</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996200800020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Landes, D. <i>The Wealth and Poverty of Nations: Why some are so Rich and some so Poor</i>, New York, Norton, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-5996200800020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Mandle, J. “Globalization and Justice”, <i>Annals of the American Academy</i> 570, 2000, pp. 126-139.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996200800020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Milanovic, B. “True World Income Distribution, 1988 and 1993: First Calculation Based on Household Surveys Alone”, <i>The Economic Journal</i> 112, 2002, pp. 51-92, &#91;<a href="http://www.blackwellpublishers.co.uk/specialarticles/ecoj50673.pdf" target="_blank">www.blackwellpublishers.co.uk/specialarticles/ecoj50673.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-5996200800020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Mill, J. S. <i>On Liberty</i>, 1859, Indianapolis, Hackett, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996200800020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Miller, D. “Justice and Global Inequality”, A. Hurrell y N. Woods, eds., <i>Inequality, Globalization and World Politics</i>, Oxford, Oxford University Press, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-5996200800020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Miller, D. “National Responsibility and International Justice”, D. Chatterjee, ed., <i>The Ethics of Assistance: Morality and the Distant Needy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996200800020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Miller, D. “National Self-determination and Global Justice”, <i>Citizenship and National Identity</i>, Cambridge, Polity Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-5996200800020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Monbiot, G. <i>The Age of Consent: A Manifesto for a New World Order</i>, London, Flamingo, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996200800020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Murphy, L. “Institutions and the Demands of Justice”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 27, 1999, pp. 251-291.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-5996200800020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Murphy, L. <i>Moral Demands in Non-ideal Theory</i>, Oxford, Oxford University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996200800020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Nagel, T. “Poverty and Food: Why Charity is not Enough”, P. Brown y H. Shue, eds., <i>Food Policy: The Responsibility of the United States in the Life and Death Choices</i>, New York, Free Press, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-5996200800020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Nagel, T. <i>Mortal Questions</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996200800020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Nickel, J. <i>Making Sense of Human Rights</i>, Berkeley, University of California Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-5996200800020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Nussbaum, M. y A. Sen, eds. <i>The Quality of Life</i>, Oxford, Oxford University Press, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996200800020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. O’Neill, O. “Lifeboat Earth”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 4, 1974, pp. 273-292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-5996200800020000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. O’Neill, O. <i>Faces of Hunger</i>, London, Allen and Unwin, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996200800020000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Plato. <i>The Republic</i>, G. M. A. Grube, trad., Indianapolis, Hackett, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-5996200800020000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Pogge, T. “‘Assisting’ the Global Poor”, D. K. Chatterjee, ed., <i>The Ethics of Assistance: Morality and the Distant Needy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996200800020000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Pogge, T. “An Egalitarian Law of Peoples”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 23, 3, 1994, pp. 195-224.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-5996200800020000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Pogge, T. “Kant, Rawls, and Global Justice”, Ph.D. dissertation, Harvard University, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996200800020000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Pogge, T. “Liberalism and Global Justice: Hoffmann and Nardin on Morality in International Affairs”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 15, 1, 1986, pp. 67-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-5996200800020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. Pogge, T. “Rawls on International Justice”, <i>Philosophical Quarterly</i> 51, 203, 2001, pp. 246-253.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996200800020000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. Pogge, T. “Three Problems with Contractarian-Consequentialist Ways of Assessing Social Institutions”, <i>Social Philosophy and Policy</i> 12, 2, 1995. Publicado tambi&eacute;n en <i>The&nbsp;Just&nbsp;Society</i>, E. Frankel P. et al., eds., Cambridge, Cambridge University Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-5996200800020000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">55. Pogge, T. <i>Realizing Rawls</i>, Ithaca, Cornell University Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996200800020000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. Pogge, T. <i>World Poverty and Human Rights: Cosmopolitan Responsibilities and Reforms</i>, Cambridge, Polity Press, 2002. Publicado en espa&ntilde;ol como <i>La pobreza en el mundo y los derechos humanos</i>, E. Weickert, ed., Barcelona, Paid&oacute;s, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-5996200800020000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">57. Pogge, T. “Priorities of Global Justice”, <i>Metaphilosophy</i> 32, 1-2, 2001a, pp. 6-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996200800020000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">58. Pogge, T., ed. <i>Global Justice</i>, Oxford, Blackwell, 2001b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-5996200800020000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">59. Rawls, J. “The Law of Peoples”, S. Shute y S. Hurley, eds., <i>On Human Rights</i>, New York, Basic Books, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996200800020000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">60. Rawls, J. <i>A Theory of Justice</i>, 1971, Cambridge, Harvard University Press, 1999. Publicado en espa&ntilde;ol como <i>Teor&iacute;a de la justicia</i>, M. D. Gonz&aacute;lez, ed., M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-5996200800020000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">61. Rawls, J. <i>The Law of Peoples with the Idea of Public Reason Revisited</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1999. Publicado en espa&ntilde;ol como <i>El derecho de gentes y una revisi&oacute;n de “La idea de raz&oacute;n p&uacute;blica”</i>, H. Valencia Villa, ed., Barcelona, Paid&oacute;s, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996200800020000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. Richards, D. A. J. “International Distributive Justice”, R. Pennock y J. Chapman, eds., <i>Ethics, Economics, and the Law</i>, New York, New York University Press, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996200800020000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">63. Ross, M. L. “The Political Economy of the Resource Curse”, <i>World Politics</i> 51, 1999, pp. 297-322.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996200800020000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. Scanlon, T. M. <i>What we owe to each other,</i> Cambridge, Harvard University Press, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200800020000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Scheffler, S. <i>Boundaries and Allegiances</i>, Oxford University Press, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200800020000500065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66. Sen, A. <i>Poverty and Famines</i>, Oxford, Oxford University Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200800020000500066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">67. Shue, H. <i>Basic Rights</i>, Princeton, Princeton University Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200800020000500067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">68. Simon, R. L. “Global Justice and the Authority of States”, <i>Monist</i> 66, 4, 1983, pp. 557-572.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200800020000500068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">69. Singer, P. “Famine, Affluence and Morality”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 1, 1972, pp. 229-243.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200800020000500069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70. Singer, P. <i>One World: The Ethics of Globalization</i>, New Haven, Yale University Press, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200800020000500070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">71. Stiglitz, J. <i>Globalization and its Discontents</i>, Harmondsworth, Penguin, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200800020000500071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">72. Tan, K-C. <i>Toleration, Diversity, and Global Justice</i>, Pennsylvania, Pennsylvania State University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200800020000500072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">73. Tobin, J. “A Proposal for International Monetary Reform”, <i>Eastern Economic Journal</i> 4, 1978, pp. 153-159.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200800020000500073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">74. UNCTAD. <i>Trade and Development Report 1999</i>, New York, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200800020000500074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">75. Unger, P. <i>Living High and Letting Die: Our Illusion of Innocence</i>, Oxford, Oxford University Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200800020000500075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">76. Unger, R. <i>Democracy Realized: The Progressive Alternative</i>, London, Verso, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200800020000500076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">77. United Nations Children’s Fund (UNICEF). <i>The State of the World’s Children 2002</i>, New York, 2002, &#91;<a href="http://www.unicef.org/sowc02/pdf/sowc2002-eng-full.pdf" target="_blank">www.unicef.org/sowc02/pdf/sowc2002-eng-full.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200800020000500077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">78. United Nations Food and Agriculture Organization (FAO). “Rome Declaration on World Food Security”, 1996 &#91;<a href="http://www.fao.org/wfs/" target="_blank">www.fao.org/wfs/</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200800020000500078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">79. United Nations Food and Agriculture Organization (FAO). <i>The State of Food Insecurity in the World 1999</i>, 1999, &#91;<a href="http://www.fao.org/news/1999img/sofi99-e.pdf" target="_blank">www.fao.org/news/1999img/sofi99-e.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200800020000500079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">80. United Nations. “Millennium Declaration”, <i>General Assembly Resolution</i> 55, 2, 2000, &#91;<a href="http://www.un.org/millennium/declaration/ares552e.htm" target="_blank">www.un.org/millennium/declaration/ares552e.htm</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200800020000500080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">81. United States Department of Agriculture (USDA). “U.S. Action Plan on Food Security”, 1999, &#91;<a href="http://www.fas.usda.gov/icd/summit/pressdoc.html" target="_blank">www.fas.usda.gov/icd/summit/pressdoc.html</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200800020000500081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">82. Universal Declaration of Human Rights (UDHR). “Twenty-four Human Rights Documents”, New York, Columbia University Center for the Study of Human Rights, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200800020000500082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">83. Wallerstein, I. <i>The Capitalist World Economy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200800020000500083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">84. Wallerstein, I. <i>The Essential Wallerstein</i>, New York, New Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200800020000500084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">85. Walzer, M. “The Moral Standing of States”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 9, 1980, pp. 209-229.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200800020000500085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">86. Walzer, M. <i>Just and Unjust Wars</i>, New York, Basic&nbsp;Books, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200800020000500086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">87. Wantchekon, L. “Why do Resource Dependent Countries Have Authoritarian Governments?”, <i>Leitner Working Paper 1999-11</i>, 1999, &#91;<a href="http://www.yale.edu/leitner/resources/docs/1999-11.pdf" target="_blank">http://www.yale.edu/leitner/resources/docs/1999-11.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200800020000500087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">88. World Health Organization (WHO). <i>The World Health Report 2001</i>, Geneva, WHO Publications, 2001, &#91;<a href="http://www.who.int/whr/2001" target="_blank">www.who.int/whr/2001</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200800020000500088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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