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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA INDEPENDENCIA EN COLOMBIA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Independence from Spain was a complex movement of civil confrontation and long and cruel wars of liberation. Human lives were lost, assets destroyed, capital fled, slavery abolished and public issues left to inexpert administrations, but at the same time there was an important reduction in the tax burden as well as a modernization of both the state and its financial regulations. The GDP per capita was reduced until 1830, and then recovered. The economies of Popayan and Cartagena contracted, the latter having been subsidized by the taxes of the “virreinato”, and Antioquia, with its mining, and Cundinamarca benefited.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>CONSECUENCIAS ECON&Oacute;MICAS DE LA INDEPENDENCIA EN COLOMBIA</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>ECONOMIC CONSEQUENCES OF INDEPENDENCE IN COLOMBIA</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Salom&oacute;n Kalmanovitz</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, Decano de la Facultad de Ciencias Econ&oacute;mico-Administrativas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:kalmanovitz@cable.net.co">kalmanovitz@cable.net.co</a>&#93;. Este ensayo es un subproducto de la investigaci&oacute;n “El ingreso nacional de Colombia en el siglo XIX”, para la cual he contado con la asistencia de Edwin L&oacute;pez Rivera a quien agradezco la elaboraci&oacute;n de las series estad&iacute;sticas y sus comentarios. Fecha de recepci&oacute;n: 21 de abril de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 10 de julio de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de septiembre de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: independencia, crecimiento econ&oacute;mico, miner&iacute;a, fiscalidad; JEL: N16, N36, N46&#93;</p>     <p align="justify">La Independencia de Espa&ntilde;a fue en todas sus colonias un movimiento complejo de confrontaci&oacute;n civil y una larga y cruenta guerra de liberaci&oacute;n. Se perdieron vidas humanas, se destruyeron activos, se fugaron capitales, se liquid&oacute; la esclavitud y la cosa p&uacute;blica qued&oacute; en manos de una administraci&oacute;n inexperta, aunque al mismo tiempo hubo una gran reducci&oacute;n de la carga tributaria y una modernizaci&oacute;n del Estado y de sus regulaciones bancarias. El PIB por habitante se redujo considerablemente hasta los a&ntilde;os treinta del siglo XIX, y luego se recuper&oacute;. Se deterior&oacute; la econom&iacute;a de Popay&aacute;n y Cartagena, esta &uacute;ltima subsidiada por los impuestos del resto del virreinato, y se beneficiaron Antioquia, con su miner&iacute;a de mazamorreros libres, y Cundinamarca.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: independence, economic growth, mining, public finance; JEL: N16, N36, N46&#93;</p>     <p align="justify">Independence from Spain was a complex movement of civil confrontation and long and cruel wars of liberation. Human lives were lost, assets destroyed, capital fled, slavery abolished and public issues left to inexpert administrations, but at the same time there was an important reduction in the tax burden as well as a modernization of both the state and its financial regulations. The GDP per capita was reduced until 1830, and then recovered. The economies of Popayan and Cartagena contracted, the latter having been subsidized by the taxes of the “virreinato”, and Antioquia, with its mining, and Cundinamarca benefited. </p> <hr>     <p align="justify">    <br>El Virreinato de la Nueva Granada logr&oacute; un notable crecimiento econ&oacute;mico durante la segunda mitad del siglo XVIII, que se fren&oacute; desde 1808 con el colapso de Espa&ntilde;a a causa de la invasi&oacute;n y la guerra contra la fuerzas de Napole&oacute;n. El crecimiento luego se torn&oacute; negativo debido a la interrupci&oacute;n del comercio, las cruentas guerras de Independencia, la decadencia del esclavismo y el estancamiento del comercio internacional, hasta 1850. La inexperta burocracia criolla que remplaz&oacute; a la de la Corona no ten&iacute;a capacidad para solucionar los problemas; de modo que la Independencia inaugur&oacute; un largo proceso de inestabilidad pol&iacute;tica que result&oacute; muy costoso para la sociedad, aunque se inici&oacute; una serie de reformas fiscales y legales que empezaron a modernizar la econom&iacute;a de la nueva rep&uacute;blica independiente.</p>     <p align="justify">El proceso de la Independencia produjo entonces costos y beneficios, en contra de la visi&oacute;n sesgada y unilateral de los criollos de la &eacute;poca y de los historiadores tradicionales, para quienes la Colonia fue un per&iacute;odo de atraso econ&oacute;mico y de oprobio pol&iacute;tico, y la emancipaci&oacute;n el pre&aacute;mbulo de una historia republicana lineal y progresista (Ocampo L&oacute;pez, 2007, 201). De acuerdo con otros autores, la Independencia, en cambio, no dio lugar a nada nuevo y el sistema pol&iacute;tico que se construy&oacute; cambi&oacute; poco y constituy&oacute; un prolongado fracaso hist&oacute;rico (Tovar, 2007a, 218).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En este trabajo nos proponemos demostrar que el per&iacute;odo colonial fue m&aacute;s pr&oacute;spero de lo que supone la literatura tradicional y que la econom&iacute;a se contrajo en la primera mitad del siglo XIX para recuperarse m&aacute;s adelante. Adem&aacute;s, que los criollos no ten&iacute;an una experiencia de gobierno proto-nacional que les permitiera reorganizar el orden pol&iacute;tico despu&eacute;s de la emancipaci&oacute;n y que, a pesar de estar profundamente divididos con respecto a la forma de organizaci&oacute;n que deb&iacute;a adoptar la rep&uacute;blica, modernizaron tortuosamente las instituciones pol&iacute;ticas y legales heredadas.</p>     <p align="justify">La rep&uacute;blica fue surgiendo dif&iacute;cilmente a partir de su legado absolutista y confesional. Los beneficios, que fueron menos tangibles al comienzo y se fueron asentando con el tiempo, integraban los siguientes elementos: una reducci&oacute;n apreciable de los impuestos, incluida la eliminaci&oacute;n del diezmo eclesi&aacute;stico; una modernizaci&oacute;n de las constituciones y del c&oacute;digo civil; la liberaci&oacute;n de los esclavos; la profundizaci&oacute;n de un mercado de tierras; la modernizaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n comercial, bancaria, de sociedades y de pesas y medidas; la abolici&oacute;n del monopolio del comercio, de los estancos y del cr&eacute;dito, que era detentado por la Iglesia, lo que hizo posible la aparici&oacute;n de bancos modernos y privados. Pero el establecimiento de un sistema pol&iacute;tico menos conflictivo que el que existi&oacute; durante el siglo XIX s&oacute;lo fue posible, y no del todo, despu&eacute;s de la muy cruenta Guerra de los Mil D&iacute;as, ya en el siglo XX.</p>     <p align="justify">La globalizaci&oacute;n no estaba madura en el tiempo de la Independencia, y cuando se desat&oacute; con gran fuerza, despu&eacute;s de 1850, Colombia estaba demasiado ensimismada en sus conflictos internos y encerrada dentro de su escarpada geograf&iacute;a como para tomar plena ventaja de la expansi&oacute;n del comercio mundial, aunque es os dos hechos se combinaron y reforzaron intr&iacute;nsecamente: el conflicto pol&iacute;tico impidi&oacute; el progreso econ&oacute;mico y el fortalecimiento del Estado, de modo que los recursos se destinaban a la guerra y no a la construcci&oacute;n de una infraestructura que derrotara a la geograf&iacute;a, algo que s&iacute; se pudo acometer con &eacute;xito en el siglo XX. No obstante, Colombia alcanz&oacute; a beneficiarse de un comercio creciente, bastante vol&aacute;til por cierto, en la segunda mitad del siglo XIX, que contribuy&oacute; a reanudar el crecimiento econ&oacute;mico sobre una base m&aacute;s amplia que aquella permisible bajo la &eacute;gida del imperio espa&ntilde;ol y de sus arcaicas relaciones de castas y corporaciones.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de estos p&aacute;rrafos de introducci&oacute;n, el ensayo consta de una secci&oacute;n sobre los antecedentes econ&oacute;micos de la Independencia y una sobre las constituciones localistas hasta la Constituci&oacute;n de la Gran Colombia en 1821; la tercera examina el desmonte de la estructura econ&oacute;mica colonial, y la cuarta discute los costos y beneficios de la Independencia en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos; termina con una breve conclusi&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>ANTECEDENTES: AUGE COLONIAL Y EXCESOS TRIBUTARIOS</b></p>     <p align="justify">La organizaci&oacute;n econ&oacute;mica de la sociedad colonial era ineficiente y se basaba en el monopolio p&uacute;blico y privado de la producci&oacute;n y del comercio. La sociedad era jer&aacute;rquica y se asentaba en el concepto de castas separadas, que convert&iacute;a a la pureza de la sangre en la principal barrera de entrada a la c&uacute;spide, es decir, a los cabildos, a los colegios mayores, a los consulados de comerciantes, a la curia mayor y a la alta oficialidad del ej&eacute;rcito (Garrido, 1993, 30-31). La mayor parte de la poblaci&oacute;n disfrutaba de pocas libertades: los mestizos viv&iacute;an en las haciendas como dependientes y peones o en las fronteras del territorio como colonos, con escasos o inciertos derechos de propiedad; los ind&iacute;genas eran considerados menores de edad y los esclavos se manten&iacute;an en un r&eacute;gimen de trabajo relativamente laxo, alejado del mercado mundial.</p>     <p align="justify">La ineficiencia de la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica colonial no hac&iacute;a imposible el crecimiento econ&oacute;mico. En contra de la idea de que la opresi&oacute;n colonial imped&iacute;a todo progreso econ&oacute;mico, idea que la historiograf&iacute;a tradicional comparte con los criollos de esa &eacute;poca, en el Virreinato de la Nueva Granada se desarroll&oacute; la miner&iacute;a del oro, un sector muy din&aacute;mico que creci&oacute; al 2,5% anual entre 1750 y 1800, tasa notable para una econom&iacute;a precapitalista, que lo convirti&oacute; en el sector l&iacute;der de la econom&iacute;a colonial. Las necesidades de la actividad minera jalonaban la producci&oacute;n agr&iacute;cola, ganadera y artesanal de muchas regiones del virreinato. La pol&iacute;tica borb&oacute;nica de reducci&oacute;n de los impuestos a la miner&iacute;a y los subsidios a sus insumos contribuyeron al auge de esta actividad. Las crecientes necesidades de los mineros del Cauca, del Choc&oacute; y de Antioquia eran atendidas por la agricultura del valle del r&iacute;o Cauca y de la Sabana cundiboyacense, y por las artesan&iacute;as, incluyendo “ropas de la tierra”, de Santander y de Nari&ntilde;o, como muestran los datos del comercio intrarregional (Twinan, 1988, 49). Un c&aacute;lculo aproximado del crecimiento del producto colonial entre 1750 y 1800 da como resultado una tasa del 1,2% anual: un 0,3% correspondiente a la productividad derivada de una mayor divisi&oacute;n y especializaci&oacute;n del trabajo de las diferentes regiones geogr&aacute;ficas del Virreinato y un 0,9% asociado al crecimiento demogr&aacute;fico, que corresponde al per&iacute;odo entre los censos de 1778 y 1825, resultado que extrapolamos hacia atr&aacute;s (Kalmanovitz, 2006, 176).</p>     <p align="justify">Como ya se dijo, los Borbones alentaron el auge minero con la reducci&oacute;n de los impuestos a la producci&oacute;n de oro, que pasaron de cerca del 22% del oro extra&iacute;do, sumando el quinto y el requinto, a un 3%. Esa pol&iacute;tica de fomento fue acompa&ntilde;ada de un enorme aumento de la tributaci&oacute;n impuesta a otras actividades, incluidos los diezmos y los m&aacute;rgenes de los monopolios o estancos, lo que llev&oacute; a que los criollos se sintieran atropellados y explotados, con justa raz&oacute;n. La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra que en 1760 los impuestos pod&iacute;an llegar al 3% del PIB, mientras que en 1800 eran de un 10%, al que se debe sumar un 1,2% por los diezmos. La inconformidad de los criollos aument&oacute; cuando la Corona los excluy&oacute; de las posiciones de mando a las que antes ten&iacute;an acceso y suspendi&oacute; la venta de cargos. Se extendi&oacute; entonces el sentimiento de que la Corona hab&iacute;a renegado del pacto colonial, que la compromet&iacute;a t&aacute;citamente a consultarles los impuestos, a permitirles que los evadieran y a aceptar su participaci&oacute;n en el gobierno colonial (Phelan, 1980, 4). Como resultado, algunos criollos se apoyaron en la teor&iacute;a legal escol&aacute;stica que supon&iacute;a la existencia de un pacto t&aacute;cito entre el rey y sus pueblos, mientras que los criollos conservadores se opusieron a las visiones m&aacute;s modernas de las revoluci&oacute;nes norteamericana y francesa. Por otra parte, muchos intelectuales criollos bebieron de las fuentes de la Ilustraci&oacute;n y de la econom&iacute;a pol&iacute;tica (Silva, 2002, 399 y ss.), e hicieron ejercicios constitucionales modernos, que absorb&iacute;an algunas ense&ntilde;anzas importantes de la revoluci&oacute;n norteamericana, as&iacute; como de la francesa, especialmente en su fase termidoriana (Urue&ntilde;a, 2007, 62 y 85).</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    <br> Participaci&oacute;n de los impuestos en el PIB, 1765-1870     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> (Porcentaje)</p>     <p align="justify"><b><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g1.jpg"></b></p>     <p align="justify">Aunque los Borbones incentivaron el libre comercio entre los virreinatos, nunca lograron consolidarlo; la Corona intent&oacute; limitar el poder de los consulados o gremios de comerciantes de C&aacute;diz y Sevilla sobre el comercio con la metr&oacute;poli, y el del consulado de Cartagena sobre la distribuci&oacute;n de las mercanc&iacute;as de ultramar en el interior de la colonia, pero no promovi&oacute; una apertura a fondo ni propici&oacute; una mayor competencia. La Corona otorgaba monopolios para simplificar el recaudo de los tributos, pues no ten&iacute;a inter&eacute;s especial en aumentar el comercio ni la riqueza de sus colonias; s&oacute;lo le interesaba fomentar la miner&iacute;a de metales preciosos.</p>     <p align="justify">Los criollos comenzaron a cuestionar la falta de libertad econ&oacute;mica y en particular los monopolios de comercio siguiendo el ejemplo de los colonos angloamericanos, que disfrutaban de un libre comercio entre las trece colonias y se hab&iacute;an independizado de Inglaterra en 1776. En las colonias angloamericanas la pol&iacute;tica comercial contribuy&oacute; a crear un mercado interno de crecientes proporciones, y entre ellas Inglaterra, que estaba interesada en importar materias primas y exportar manufacturas porque entend&iacute;a que as&iacute; incrementaba la riqueza de todos, lo que hizo posible el surgimiento de una burgues&iacute;a comercial rica en Norteam&eacute;rica.</p>     <p align="justify">Los criollos sent&iacute;an m&aacute;s agudamente sus carencias cuando los ingleses y holandeses los surt&iacute;an de bienes m&aacute;s baratos y de mejor calidad desde Jamaica y Curazao que los que entregaba el monopolio de la Corona y pod&iacute;an exportar a trav&eacute;s de ellos el oro que contrabandeaban de las minas, as&iacute; como algunas materias primas y artesan&iacute;as que los espa&ntilde;oles prohib&iacute;an comerciar. Surgi&oacute; una burgues&iacute;a comercial relativamente d&eacute;bil, anclada en los privilegios del consulado de Cartagena; &eacute;sta recurr&iacute;a as&iacute;mismo al contrabando, que llegaba a un 15% del comercio legal (Meisel, 2005, 4), y atend&iacute;a el comercio entre las regiones aur&iacute;feras y zonas productoras de alimentos, artesan&iacute;as y ropas de la tierra, entre la que se destacaron los arrieros antioque&ntilde;os.</p>     <p align="justify">Con todo, la Nueva Granada no era una colonia especialmente rica hacia 1800. Se ha calculado que su producto por habitante era de unos 27,4 pesos plata anuales (Kalmanovitz, 2006, 167), contra los 41,6 a que llegaba el de Nueva Espa&ntilde;a (Salvucci, 1999, 261), la joya de las colonias espa&ntilde;olas. Mientras que la Nueva Granada exportaba un equivalente a 2 millones de pesos plata a&ntilde;o a finales del siglo XVIII, Nueva Espa&ntilde;a exportaba 18 millones de pesos y Per&uacute;, incluyendo a Potos&iacute;, unos 8 millones.</p>     <p align="justify">El movimiento por la Independencia se puede entender como la aspiraci&oacute;n al auto-gobierno de los criollos que quer&iacute;an entrar a un mundo que se industrializaba, requer&iacute;a materias primas y promet&iacute;a una gran prosperidad. Pero, en fin de cuentas, no ser&iacute;a un proceso f&aacute;cil puesto que el legado hisp&aacute;nico ser&iacute;a defendido por otros grupos de la sociedad criolla, que no s&oacute;lo inclu&iacute;an a los que se aferraban a sus privilegios, a la herencia cultural y a la religi&oacute;n, sino tambi&eacute;n a los ind&iacute;genas que hab&iacute;an sido protegidos por la Corona de los abusos de los criollos, con instituciones como el resguardo, el cabildo ind&iacute;gena y el derecho indiano que los criollos se aprestaban a desmontar.</p>     <p align="justify">Los liberales que surgieron en el seno de la sociedad post-independiente pensaban que se deb&iacute;a erradicar lo que los espa&ntilde;oles hab&iacute;an sembrado: las relaciones de servidumbre –especialmente paternalistas con los ind&iacute;genas– y de esclavitud, un sistema de castas que consagraba la desigualdad ante la ley, una tributaci&oacute;n excesiva, un sistema de cr&eacute;dito monopolizado por la Iglesia y unas normas legales arcaicas que imped&iacute;an la movilidad de la tierra y de la mano de obra. Pensaban que se necesitaba abrir la econom&iacute;a al comercio internacional, liquidar los consulados y modernizar sus c&oacute;digos para poder prosperar. Las transacciones de tierras eran escasas porque la propiedad estaba reglamentada por leyes que proteg&iacute;an los mayorazgos, mientras que los censos (pr&eacute;stamos hipotecarios) y las capellan&iacute;as (propiedades cedidas para financiar con sus rentas los rezos por las almas de los muertos) manten&iacute;an parte de la propiedad inmueble por fuera de los circuitos comerciales; las heredades de la Iglesia, a su vez, sustra&iacute;an otra extensi&oacute;n importante de las tierras de su uso m&aacute;s productivo.</p>     <p align="justify">Los conservadores, por el contrario, pretend&iacute;an mantener el legado hisp&aacute;nico, religioso y legal, cultivar la lengua materna y mantener sometida a la poblaci&oacute;n mestiza, ind&iacute;gena y esclava que, tentada por los liberales, se alzar&iacute;a –seg&uacute;n ellos– en rebeli&oacute;n y liquidar&iacute;a la civilizaci&oacute;n que se hab&iacute;a heredado de Espa&ntilde;a.</p>     <p align="justify">Unos y otros se identificar&iacute;an con el federalismo, en cuanto les daba mayores oportunidades para asentar o defender sus pol&iacute;ticas. En &uacute;ltimas, los criollos de ambos bandos preservaban la desigualdad en el acceso a los recursos productivos de la sociedad colonial, y la modernizaci&oacute;n liberal la agravar&iacute;a en el caso de la tierra y aun en el de la tributaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los costos de la Independencia fueron muy altos, siendo el mayor de ellos la p&eacute;rdida del orden pol&iacute;tico que sostuvo el imperio espa&ntilde;ol de ultramar durante m&aacute;s de tres siglos. La sociedad republicana fue cambiando lentamente y logr&oacute; cierta prosperidad en la segunda parte del siglo. La disminuci&oacute;n del tama&ntilde;o del Estado llev&oacute; a que el excedente econ&oacute;mico quedara totalmente en manos de los criollos, pero ese Estado excesivamente peque&ntilde;o y mal administrado (Bushnell, 1966, 54), y los frecuentes cambios de las normas constitucionales y legales fueron una de las causas de su fracaso en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, en particular de la educaci&oacute;n y de la higiene, pero tambi&eacute;n de v&iacute;as de transporte en un pa&iacute;s taponado por la geograf&iacute;a y que concentraba la mano de obra, y por tanto la producci&oacute;n, en las tierras altas, lejanas de las costas.</p>     <p align="justify">Mientras que los pa&iacute;ses situados en la frontera del imperio espa&ntilde;ol que lograron la independencia sin guerras externas, como Argentina y Chile, o Costa Rica m&aacute;s cerca de Colombia, muy pronto establecieron reg&iacute;menes liberales abiertos al comercio y lograron estabilidad pol&iacute;tica y constitucional, los que vivieron intensamente el conflicto tardaron en alcanzar alguna estabilidad pol&iacute;tica y econom&iacute;as abiertas. “Los obst&aacute;culos institucionales al crecimiento econ&oacute;mico &#91;…&#93; fueron mayores en las zonas de poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona estable, donde quedaron encarnados en un ‘pacto’ colonial entre Espa&ntilde;a y la &eacute;lite colonial”, dice John Coatsworth sobre la Am&eacute;rica colonizada por Iberia. En Colombia los cambios constitucionales fueron muy frecuentes durante el siglo XIX: entre 1830 y 1916 tuvo 9 nuevas constituciones, mientras que los pa&iacute;ses del Cono Sur tuvieron una sola. Pero hubo pa&iacute;ses m&aacute;s inestables todav&iacute;a: Venezuela y Ecuador promulgaron 12 nuevas constituciones en el mismo per&iacute;odo (Dye, 2006, 178-179).</p>     <p align="justify"><b>DE LAS CONSTITUCIONES LOCALISTAS A LA GRAN COLOMBIA</b></p>     <p align="justify">El secuestro del rey de Espa&ntilde;a por Napole&oacute;n desat&oacute; la anarqu&iacute;a en casi todas las colonias ib&eacute;ricas. Surgieron iniciativas constitucionales en villas y provincias, y el gobierno provisional instaurado por las cortes de C&aacute;diz ofreci&oacute; amplia representaci&oacute;n a los criollos, s&uacute;bditos de los virreinatos de ultramar. La constituci&oacute;n aprobada en C&aacute;diz en 1812 propuso una monarqu&iacute;a parlamentaria. La carta era progresiva e incluyente porque estableci&oacute; el voto universal masculino sin requisito de propiedad ni de educaci&oacute;n o sin exigir ser propietario, lo que inclu&iacute;a a criollos blancos, mestizos e ind&iacute;genas (aunque excluy&oacute; expresamente a los esclavos), y estableci&oacute; gobiernos provinciales y ayuntamientos de origen popular (Rodr&iacute;guez, 2005, 168). la Nueva Granada no envi&oacute; delegados, por lo cual la influencia de la constituci&oacute;n gaditana fue limitada en este territorio, mientras que la restauraci&oacute;n del rey Fernando VII en el poder en 1814 le permiti&oacute; abolir las cortes y desconocer la constituci&oacute;n liberal de C&aacute;diz.</p>     <p align="justify">En la Nueva Granada, la influencia de las constituciones de las colonias norteamericanas se puso de manifiesto en el pronunciamiento constitucional de Cartagena (Urue&ntilde;a, 2004). En contraposici&oacute;n, la constituci&oacute;n de Cundinamarca de 1811 propuso una monarqu&iacute;a constitucional que reflejaba la actitud excluyente de los criollos frente a los que denominaban “castas” y el temor a perder el dominio sobre el orden pol&iacute;tico legado por Espa&ntilde;a. Otras iniciativas m&aacute;s federalistas, como las que propuso Camilo Torres bajo la influencia del constitucionalismo angloamericano para conformar las provincias unidas, llevaron a guerras intestinas que facilitaron la reconquista espa&ntilde;ola de 1817.</p>     <p align="justify">La historiograf&iacute;a tradicional califica a este per&iacute;odo como el de la “Patria Boba”, pero el conflicto no proven&iacute;a de la estupidez humana sino de la inexistencia de gobiernos proto-nacionales en todas las colonias espa&ntilde;olas. La monarqu&iacute;a poco depend&iacute;a de las cortes o parlamentos regionales espa&ntilde;oles, y las debilit&oacute;, y dio a&uacute;n menos representaci&oacute;n a los criollos ricos de sus colonias. En cambio, las asambleas de las trece colonias angloamericanas legislaban sobre impuestos y dispon&iacute;an de recursos suficientes para invertir en educaci&oacute;n e infraestructura. Dada esta experiencia, se les facilit&oacute; entrar en una negociaci&oacute;n compleja despu&eacute;s de su guerra de independencia que culmin&oacute; en una confederaci&oacute;n dotada de una constituci&oacute;n eficiente y leg&iacute;tima que perdura hasta hoy.</p>     <p align="justify">Durante los a&ntilde;os posteriores a la Independencia, en los pa&iacute;ses liberados por los ej&eacute;rcitos comandados por Sim&oacute;n Bol&iacute;var hubo una pugna entre los partidarios de una forma de gobierno centralista que concentraban el poder en la presidencia vitalicia del general –quien adem&aacute;s pod&iacute;a nombrar a su sucesor– y restring&iacute;an el ejercicio de la ciudadan&iacute;a a los que no ten&iacute;an propiedades o no sab&iacute;an leer y escribir, y los partidarios de una forma de gobierno m&aacute;s liberal con reglas menos restrictivas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica. la Gran Colombia se fund&oacute; en C&uacute;cuta en 1821, con la proclamaci&oacute;n de una constituci&oacute;n que debilitaba las aspiraciones dictatoriales del Libertador. En el caso de Colombia, la lucha termin&oacute; zanj&aacute;ndose a favor de los republicanos santanderistas, que vencieron a los partidarios de Bol&iacute;var (1826-1828), y tom&oacute; el nombre de Rep&uacute;blica de la Nueva Granada despu&eacute;s de la disoluci&oacute;n de la Gran Colombia en 1832, dando al traste con otro de los sue&ntilde;os del caudillo: el de ser el conductor de un gran imperio americano (Rodr&iacute;guez, 2005, 407-408).</p>     <p align="justify"><b>LA ESTRUCTURA ECON&Oacute;MICA DESPU&Eacute;S DE LA INDEPENDENCIA</b></p>     <p align="justify">La guerra de liberaci&oacute;n, combinada con el enfrentamiento social, ocasion&oacute; grandes costos: p&eacute;rdida de vidas, fuga de capitales, destrucci&oacute;n de activos productivos, reses, mulas y caballos, y aumento de los robos, el abigeato, los atracos y asesinatos (Bushnell, 1966, 64- 65). “En 1825-1826 los gastos militares segu&iacute;an absorbiendo tres cuartas partes de los ingresos del Estado. El conflicto fue destructivo y dej&oacute; muchas haciendas en ruinas, v&iacute;ctimas de la confiscaci&oacute;n y el saqueo durante las guerras y las venganzas personales despu&eacute;s de ella” (Lynch, 2006, 214). Los chapetones ricos sacaron los capitales que hab&iacute;an invertido o al menos la parte que pudieron hacer l&iacute;quida. Aunque es dif&iacute;cil de probar, la guerra redujo la poblaci&oacute;n en la Nueva Granada, aunque no tanto como en Venezuela, que debi&oacute; perder cerca de la tercera parte en la cruenta contienda.</p>     <p align="justify">Hubo adem&aacute;s cambios importantes en la distribuci&oacute;n de la propiedad agraria debido a la confiscaci&oacute;n de las tierra de los realistas y, luego, al reparto de tierras entre las tropas de los ej&eacute;rcitos libertadores. Los soldados recibieron vales para ser cambiados por tierras, pero los caudillos y altos oficiales se los compraban por una fracci&oacute;n de su valor. “Una nueva &eacute;lite de terratenientes, recompensada con propiedades secuestradas o tierras de la naci&oacute;n, se uni&oacute; a los propietarios de la colonia y en algunos casos los remplaz&oacute;. Los soldados que no hab&iacute;an recibido lo que se les deb&iacute;a se quejaron con amargura del funcionamiento de las comisiones de tierras” (Lynch, 2006, 212).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hubo otros efectos sociales y econ&oacute;micos, como el colapso de la esclavitud, la recesi&oacute;n en las zonas mineras que depend&iacute;an de ella –Cauca y Choc&oacute;– y la desarticulaci&oacute;n de las haciendas de Popay&aacute;n y el valle del Cauca. Aument&oacute; el cimarronaje, lo que ocasion&oacute; p&eacute;rdidas a los due&ntilde;os de esclavos, amenaz&oacute; la seguridad de sus bienes y redujo la capacidad para pagar sus deudas a la Iglesia. La Costa Atl&aacute;ntica sufri&oacute; a&uacute;n m&aacute;s: la liberaci&oacute;n de los esclavos tambi&eacute;n la perjudic&oacute; y, adem&aacute;s, se esfumaron los recursos para los gastos militares y la construcci&oacute;n en Cartagena, que jalonaban el alto ritmo de la actividad econ&oacute;mica de la regi&oacute;n. Meisel calcula que el situado de Cartagena era de 1.500.000 pesos, m&aacute;s del 6% del PIB neogranadino (Meisel, 2005). La reconquista fue muy cruenta en lo que hoy es el departamento de Bol&iacute;var, merm&oacute; su poblaci&oacute;n y arras&oacute; buena parte de su agricultura, su ganader&iacute;a y sus mulas (Earle, 2000, 63). En consecuencia, la regi&oacute;n costera involucion&oacute; durante la mayor parte del siglo XIX, y s&oacute;lo empezar&iacute;a a recuperarse en el siglo XX. La poblaci&oacute;n de Cartagena pas&oacute; de 17.600 habitantes en 1809 a 9.896 en 1851 (Calvo, 2002, 197). “Cartagena perdi&oacute; &#91;...&#93; su condici&oacute;n de puerto &uacute;nico para el comercio exterior y perdi&oacute; tambi&eacute;n abruptamente el situado, los dos pilares de su econom&iacute;a al final de la Colonia” (Calvo, 2002, 190). Fueron surgiendo puertos alternos como Barranquilla y Santa Marta que le restaron actividad econ&oacute;mica a Cartagena.</p>     <p align="justify">Las guerras de independencia y los cambios en el r&eacute;gimen de esclavitud tambi&eacute;n desarticularon la miner&iacute;a y las plantaciones en el Cauca. Lo que hab&iacute;a sido un sector l&iacute;der en la &uacute;ltima fase de la Colonia y hab&iacute;a jalonado la producci&oacute;n agr&iacute;cola y artesanal pas&oacute; a ser un sector rezagado que depend&iacute;a de la miner&iacute;a de aluvi&oacute;n, principalmente en la regi&oacute;n antioque&ntilde;a.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2<a name="g2"></a>    <br> Producci&oacute;n de oro 1704-1904     <br> Miles de pesos plata</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g2.jpg"></p>     <p align="justify">Hay tambi&eacute;n evidencias de alg&uacute;n grado de desurbanizaci&oacute;n en todo el pa&iacute;s: Bogot&aacute; perdi&oacute; poblaci&oacute;n entre 1825 y 1850, as&iacute; como los diez municipios principales, que en conjunto perdieron un 2% de su participaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n total (Ocampo, 1984b).</p>     <p align="justify">Las estad&iacute;sticas de precios son muy imperfectas. Pardo presenta un &iacute;ndice ascendente de precios de los alimentos entre 1780 y 1800, que debe reflejar un auge econ&oacute;mico general (Pardo, 1972). Los &iacute;ndices de precios luego caen, e insin&uacute;an una deflaci&oacute;n generalizada entre 1825 y 1850 (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>). Lo m&aacute;s plausible es que se trate de una baja sensible de la demanda, que antes era impulsada por la miner&iacute;a del oro y el gasto p&uacute;blico en Cartagena, Popay&aacute;n y Bogot&aacute;, lo que reduce los precios de los alimentos. Los dos &iacute;ndices reflejan el mismo fen&oacute;meno pero es m&aacute;s aguda la ca&iacute;da en el &iacute;ndice de Urrutia que en el de Pardo. Ambos &iacute;ndices informan que hay una recuperaci&oacute;n de los precios de los alimentos a partir de 1850, cuando la econom&iacute;a vive un auge exportador; productos como el tabaco, el a&ntilde;il y la quina, el caf&eacute; y los sombreros ten&iacute;an un alto impacto sobre la demanda de una econom&iacute;a muy peque&ntilde;a.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 3<a name="g3"></a>    <br> &Iacute;ndices de precios 1825-1860, base 1878</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g3.jpg"></b></p>     <p align="justify">El sector exportador se resinti&oacute; con la p&eacute;rdida del comercio centrado en C&aacute;diz y el debilitamiento de los consulados locales; por lo dem&aacute;s, no se ampliaron los mercados de materias primas en una Europa en guerra y autocentrada hasta 1850. En la d&eacute;cada de 1820 cayeron los precios del caf&eacute; y del cacao, en perjuicio de las haciendas de la capitan&iacute;a de Venezuela y de C&uacute;cuta. Ocampo estima que entre 1803 y 1850 la ca&iacute;da de las exportaciones per c&aacute;pita fue de un 42% (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>). En verdad, hab&iacute;a poco que exportar, aparte del oro, el producto de mayor valor entre los que se enviaban a Espa&ntilde;a. El Cauca, que concentraba gran parte del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico colonial, inici&oacute; un proceso de segura decadencia econ&oacute;mica, aunque tard&oacute; en manifestarse, y de p&eacute;rdida de influencia pol&iacute;tica en la nueva rep&uacute;blica. La miner&iacute;a de Antioquia, que se ven&iacute;a ampliando al final del siglo XVIII, sigui&oacute; produciendo con base en el mazamorreo libre, y m&aacute;s adelante implantar&iacute;a una miner&iacute;a empresarial mecanizada que compens&oacute; las p&eacute;rdidas de otras regiones y contribuy&oacute; a una producci&oacute;n nacional relativamente estable, como se aprecia en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Vicente Restrepo la producci&oacute;n de oro de Antioquia en el siglo XIX (137 millones de pesos) duplic&oacute; la del siglo XVIII (64 millones de pesos), mientras que la del Cauca sin Choc&oacute; pas&oacute; de 38 millones de pesos en el siglo XVIII a 37 millones en el XIX (Restrepo, 1952, 71 y 104). La provincia de Pasto, que se inclin&oacute; por la causa realista, termin&oacute; arruinada: “qued&oacute; destruida, con su poblaci&oacute;n diezmada y, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, condicionada para iniciar su vida republicana por la invasi&oacute;n y la ocupaci&oacute;n, como un territorio enemigo bajo el mando de jefes hostiles plenamente autorizados para castigarla y sojuzgarla” (Montenegro, 2002, 33). M&aacute;s adelante fue gobernada por Jos&eacute; Mar&iacute;a Obando, uno de los “Cuatro Supremos” que se rebelaron en el sur en 1840 contra el gobierno central e iniciaron una guerra que dur&oacute; dos a&ntilde;os y que volvi&oacute; a destruir vidas y activos, bajo los estertores del esclavismo.</p>     <p align="justify">Con el deterioro de la esclavitud, las haciendas del Cauca convirtieron a muchos esclavos en concertados campesinos, sometidos a relaciones de servidumbre, pese a la resistencia y a la rebeli&oacute;n abierta; otros huyeron hacia la frontera agr&iacute;cola (Mina, 1975, 50-51). La econom&iacute;a regional tambi&eacute;n involucion&oacute; hasta que se abri&oacute; el camino a Buenaventura en 1865, cuando comenzaron a llegar capital y algunos inmigrantes, y se estableci&oacute; un creciente n&uacute;mero de asalariados, en el Valle del Cauca mas no en Popay&aacute;n.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 4<a name="g4"></a>    <br> &Iacute;ndice de exportaciones reales por habitante, base 1803</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g4.jpg"></p>     <p align="justify">Los espa&ntilde;oles permitieron que en Antioquia y Santander se asentaran campesinos pobres espa&ntilde;oles, que hicieron a esas regiones m&aacute;s democr&aacute;ticas y pr&oacute;speras que las de los enclaves blancos entre pueblos ind&iacute;genas sometidos o esclavos (la Costa, la Sabana cundiboyacense, el Cauca y Nari&ntilde;o). Santander era particularmente rico en la Colonia, pues combinaba una peque&ntilde;a agricultura de tabaco, fique y algod&oacute;n con talleres artesanales dom&eacute;sticos que elaboraban “ropas de la tierra” y otros productos. Francisco Silvestre observ&oacute; en 1789 que en V&eacute;lez y El Socorro “el comercio de sus efectos y frutos es el m&aacute;s considerable del Reyno de Santa Fe y como esta provincia es la m&aacute;s poblada de &eacute;l y sus temperamentos varios y f&eacute;rtiles” es mayor la riqueza de la provincia (Silvestre, 1968, 73). Pero mientras que Antioquia se expandi&oacute; con su miner&iacute;a de base y su colonizaci&oacute;n hasta las haciendas del Valle del Cauca, Santander estaba rodeado de tierras poco f&eacute;rtiles y no pod&iacute;a colonizar las del Magdalena medio, donde asolaban el paludismo y las fiebres, ni las del oriente inf&eacute;rtil; existe la hip&oacute;tesis de que el aumento y el abaratamiento de las importaciones de textiles ingleses que compet&iacute;an con los suyos llev&oacute; a su involuci&oacute;n econ&oacute;mica en el siglo XIX, pero evidencias de un estudio sobre el contrabando de Muriel Laurent no la confirman (Laurent, 2008). En 1868, Medardo Rivas dec&iacute;a que en suelo santandereano “la poblaci&oacute;n iba mal vestida, estaba mal alimentada y carec&iacute;a de techo. Los campesinos ignorantes, habitantes de chozas endebles, ganaban menos de dos reales al d&iacute;a” (Johnson, 1984, 227).</p>     <p align="justify">Una regi&oacute;n poco afectada por las guerras fue la Sabana de Bogot&aacute; que “estaba bien cultivada: los agricultores consegu&iacute;an dos cosechas al a&ntilde;o y, gracias a un buen sistema de riego, obten&iacute;an una excelente producci&oacute;n de trigo, cebada y alfalfa. Sin embargo, los arados, escarificadores y dem&aacute;s herramientas para la agricultura eran primitivos, y la dependencia de la quincaller&iacute;a importada era todav&iacute;a considerable” (Lynch, 2006, 215).</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Crecimiento demogr&aacute;fico, 1778-1835    <br> (Porcentaje)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9c1.jpg"></p>     <p align="justify">El crecimiento demogr&aacute;fico es uno de los pocos indicadores del desarrollo econ&oacute;mico regional durante el siglo XIX. El <a href="#c1">cuadro 1</a> muestra la tasa de crecimiento anual intercensal entre 1778 y 1835 de la poblaci&oacute;n de las grandes provincias del Virreinato de la Nueva Granada, donde Cundinamarca incluye a Antioquia y la provincia del Cauca a lo que se denomin&oacute; Gran Caldas. Aunque hay fallas protuberantes en los censos, sobre todo en el de 1835, las cifras indican que Cundinamarca tuvo un crecimiento m&aacute;s elevado que las dem&aacute;s, debido quiz&aacute; a la expansi&oacute;n demogr&aacute;fica que ya hab&iacute;a comenzado en Antioquia y que se profundiz&oacute; en el per&iacute;odo 1835-1898, como muestran los datos ajustados por Fl&oacute;rez y Romero con una mayor descomposici&oacute;n por departamentos (<a href="#c2">cuadro 2</a>). Es notorio el bajo crecimiento de la Costa Atl&aacute;ntica, aunque all&iacute; tambi&eacute;n fue dif&iacute;cil contar la poblaci&oacute;n durante este per&iacute;odo.</p>     <p align="justify">El crecimiento de la poblaci&oacute;n total entre el censo colonial de 1778 y el de 1835 fue del 1,22% anual, y de 34 puntos decimales m&aacute;s en el per&iacute;odo de 1835-1898, lo que sugiere una mejor&iacute;a en las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n colombiana </p>     <p align="justify">Cuadro 2<a name="c2"></a>    <br> Evoluci&oacute;n de la poblaci&oacute;n por estados, 1835-1898    <br> (Porcentaje)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9c2.jpg"></p>     <p align="justify">Entre 1835 y 1898, la tasa anual de crecimiento en Antioquia (2,18%) casi duplica a la de Santander (1,18%), lo que refleja unas mejores condiciones de nutrici&oacute;n, salud y educaci&oacute;n que elevan la supervivencia de los infantes y la tasa de natalidad, mientras que la tasa de mortalidad disminuye debido a la mejor salubridad. Santander fue golpeado por las guerras civiles que generalmente se iniciaban en su territorio y por el deterioro de su actividad artesanal y agr&iacute;cola asociado con el declive general y de la miner&iacute;a mencionado. Sin embargo, entre 1835 y 1851, tuvo una mayor tasa de crecimiento demogr&aacute;fico, del 2% anual, que luego decay&oacute; fuertemente; hay que destacar que en las provincias del norte de Santander, C&uacute;cuta y Pamplona, hubo una expansi&oacute;n exportadora y demogr&aacute;fica notable en la segunda mitad del siglo XIX que empeor&oacute; la situaci&oacute;n de sus provincias del sur (Johnson, 1984, 265). La alta tasa del Cauca (2,14% anual) fue tambi&eacute;n un reflejo de la colonizaci&oacute;n antioque&ntilde;a porque gran parte de los actuales Risaralda y Quind&iacute;o pertenec&iacute;an al Gran Cauca, y los colonos llegaron a ocupar varios municipios del norte del valle del r&iacute;o Cauca como Sevilla, Cartago y Buga.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los departamentos de Bol&iacute;var y Magdalena tambi&eacute;n tuvieron bajos crecimientos demogr&aacute;ficos relativos, del 1,2% anual, mientras que Cundinamarca, Boyac&aacute; y Tolima tuvieron niveles intermedios, del 1,4% anual. La poblaci&oacute;n total creci&oacute; entre el 1,6% y el 1,8% anual en el siglo XIX, lo cual es un caso especial en el concierto latinoamericano (sin migraci&oacute;n) cuyo promedio fue de un 1,1% anual (Maddison, 1995), anomal&iacute;a que se explica en lo fundamental por el empuje demogr&aacute;fico de la colonizaci&oacute;n antioque&ntilde;a.</p>     <p align="justify">El desarrollo del Choc&oacute; durante la Colonia es t&iacute;pico de una ocupaci&oacute;n de blancos que martirizaron a los ind&iacute;genas y despu&eacute;s los remplazaron por esclavos, que llegaron a ser un poco m&aacute;s de 7.000 y produjeron una buena cantidad de oro. Los blancos no habitaban de manera permanente el dif&iacute;cil h&aacute;bitat selv&aacute;tico y por ello no hubo una organizaci&oacute;n municipal adecuada. Se dio all&iacute; “la presencia de instituciones extractivas con relaciones muy verticales y una &eacute;lite econ&oacute;mica poco interesada en la construcci&oacute;n de capital social de la regi&oacute;n” (Bonet, 2007, 12). Este patr&oacute;n no cambi&oacute; mucho en el siglo XIX, aunque la esclavitud se acab&oacute;, como en el resto del pa&iacute;s, hacia 1850, y los antiguos esclavos se dispersaron a lo largo de los r&iacute;os para dedicarse a la pesca y a la agricultura.</p>     <p align="justify">El alto crecimiento demogr&aacute;fico de Colombia refleja una amplia oferta de tierras f&eacute;rtiles que bien pod&iacute;an ocupar los hijos de los arrendatarios, vivientes y aparceros de las haciendas, que dispon&iacute;an de grandes territorios sin explotar dentro de sus linderos, o colonos que se aventuraban hacia la frontera agr&iacute;cola, todav&iacute;a no ocupada efectivamente por los terratenientes. Lo cierto es que uno de los efectos de la Independencia y de la rep&uacute;blica organizada por los criollos fue una mayor concentraci&oacute;n de la propiedad de la tierra con la reducci&oacute;n de las tierras de resguardo, la liquidaci&oacute;n de la propiedad comunitaria, incluidos los ejidos, y la titulaci&oacute;n de bald&iacute;os a favor de militares, empresarios y agiotistas que pose&iacute;an deuda p&uacute;blica respaldada por las tierras del Estado. Con las tierras de la Iglesia pas&oacute; lo contrario: hubo una democratizaci&oacute;n efectiva por el s&oacute;lo hecho de que pasaron, de una sola corporaci&oacute;n propietaria, a manos de 4.024 personas (Jaramillo y Meisel, 2007), esto a pesar de la creencia convencional de que la desamortizaci&oacute;n reconcentr&oacute; la propiedad en manos privadas.</p>     <p align="justify"><b>LA MODERNIZACI&Oacute;N FISCAL, BANCARIA Y LEGISLATIVA</b></p>     <p align="justify">La nueva rep&uacute;blica acometi&oacute; importantes tareas de modernizaci&oacute;n a lo largo del siglo XIX. Quiz&aacute;s el logro m&aacute;s importante de la Independencia fue la liquidaci&oacute;n legal del sistema de castas que daba privilegios expl&iacute;citos a los cristianos viejos. Todos los habitantes de la Nueva Granada eran presuntamente iguales ante la ley, si bien culturalmente sigui&oacute; primando –y a&uacute;n no ha acabado de hacerlo– la supremac&iacute;a de los blancos frente a los dem&aacute;s. Ind&iacute;genas y negros entraron en una senda de liberaci&oacute;n que tard&oacute; mucho en concretarse, aunque fue real. As&iacute; mismo, los pardos pod&iacute;an aspirar a la propiedad con su participaci&oacute;n en las guerras y en el desorden que las acompa&ntilde;&oacute;, aunque ganaron m&aacute;s los caudillos y oficiales.</p>     <p align="justify">Los impuestos se simplificaron y redujeron (Jaramillo, Urrutia y Meisel, 1997). Se abolieron las formas colectivas y obsoletas de propiedad de la tierra (el mayorazgo y las manos muertas en poder de la Iglesia, los ejidos y propiedades comunitarias de los ind&iacute;genas), lo que despertar&iacute;a la resistencia en algunos territorios, y se liquid&oacute; el muy racionado sistema de cr&eacute;dito eclesi&aacute;stico a favor de la banca libre que se pudo desarrollar con fuerza a partir de 1870. En 1853 se introdujo el moderno c&oacute;digo napole&oacute;nico de comercio que remplaz&oacute; a las Ordenanzas de Bilbao; adem&aacute;s se sustituy&oacute; el contradictorio y confuso sistema de medidas espa&ntilde;ol por el sistema m&eacute;trico decimal. Por &uacute;ltimo, se liquidaron o debilitaron los fueros corporativos –el del consulado, el eclesi&aacute;stico y el de los militares– y se camin&oacute; en direcci&oacute;n de la igualdad ante la ley, aunque estaba lejos de alcanzarse.</p>     <p align="justify">El mayor beneficio inmediato de la Independencia fue la reducci&oacute;n de los impuestos y diezmos, que se contrajeron del 11,2% del PIB a cerca del 5%, una de las grandes ganancias que cosecharon los criollos. El hecho de trasladar al sector privado algo m&aacute;s de 7,5 puntos del PIB, que sosten&iacute;an a la administraci&oacute;n colonial, la defensa de Cartagena y el culto de la Iglesia, debi&oacute; tener un impacto apreciable sobre el consumo de los criollos. La inversi&oacute;n, sin embargo, no ser&iacute;a vigorosa hasta que se liberaran las trabas al comercio exterior, en particular el estanco del tabaco, que sigui&oacute; siendo de las rentas m&aacute;s altas del nuevo Estado republicano y que se resist&iacute;a a soltar por no contar con ingresos sustitutos.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 5<a name="g5"></a>    <br> Gastos del gobierno como proporci&oacute;n del PIB    <br> Porcentaje)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g5.jpg"></b></p>     <p align="justify">La <a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a> muestra que el gasto p&uacute;blico aument&oacute; desde 1800 y durante todo el per&iacute;odo de la guerra hasta 1822; luego hubo un colapso del gasto del gobierno central, que en los a&ntilde;os del federalismo oscil&oacute; entre el 2 y el 4% del PIB, aunque paralelamente se ampli&oacute; el gasto de los estados soberanos y de los municipios. En 1860, por ejemplo, los estados soberanos recaudaban el 3,2% del PIB contra s&oacute;lo el 2% del gobierno central (<a href="#c3">cuadro 3</a>).</p>     <p align="justify">Los primeros gobiernos criollos consiguieron financiamiento ingl&eacute;s para la guerra de liberaci&oacute;n pero no fueron capaces de pagar la deuda, de modo que se les cerr&oacute; el cr&eacute;dito externo durante el resto del siglo XIX. En cada conflicto interno era frecuente que se recurriera a pr&eacute;stamos forzosos, y a veces voluntarios, o a las requisas de reses y cosechas para alimentar a la soldadesca a cambio de bonos o vales de deuda p&uacute;blica que eran descontados a favor de agiotistas y banqueros con la suficiente influencia pol&iacute;tica para hacerlos valer (Deas, 2007).</p>     <p align="justify">Cuadro 3<a name="c3"></a>    <br> Ingresos fiscales 1810-1860    <br> (Porcentaje y miles de pesos plata)</p>     <p align="justify"><b><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9c3.jpg"></b></p>     <p align="justify">En general, el desorden fiscal incentiv&oacute; la depredaci&oacute;n de los derechos de propiedad de los ricos de la &eacute;poca, incluidas las propiedades de la Iglesia, y la guerra abri&oacute; adem&aacute;s la posibilidad de que las guerrillas de uno u otro partido tambi&eacute;n usurparan la propiedad del pr&oacute;jimo, lo que propici&oacute; la fuga de capitales o el testaferrato para ocultar las riquezas, y en todo caso frenaba la inversi&oacute;n de haber existido un medio que la protegiera.</p>     <p align="justify">Los impuestos que pagaban los colombianos a la naci&oacute;n y a los estados en 1870 eran muy bajos, como muestra el <a href="#c4">cuadro 4</a>.</p>     <p align="justify">Cuadro 4<a name="c4"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Rentas por habitante, estados soberanos y gobierno central, 1870</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9c4.jpg"></p>     <p align="justify">Panam&aacute; era el estado soberano que m&aacute;s recaudaba debido a que permit&iacute;a comunicar al oeste y el este de Estados Unidos por medio de su ferrocarril interoce&aacute;nico, y por ello era una regi&oacute;n de intensa actividad comercial y urban&iacute;stica. El recaudo de Bol&iacute;var y Magdalena se beneficiaba de los grav&aacute;menes al comercio que pasaba por Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Antioquia ten&iacute;a unas finanzas estables basadas en su creciente riqueza minera y agr&iacute;cola. Boyac&aacute; era el estado de la Uni&oacute;n que menos recaudaba, seguido en orden ascendente por Santander, Tolima y Cauca. Cundinamarca era relativamente rico porque albergaba a la capital, que se recuper&oacute; demogr&aacute;ficamente entre 1850 y 1870, ya que pose&iacute;a una agricultura y una ganader&iacute;a pr&oacute;speras. La estructura econ&oacute;mica colonial cambi&oacute; entonces profundamente durante la rep&uacute;blica: las tres provincias m&aacute;s pr&oacute;speras antes de la Independencia –Cartagena, Santander y el Cauca– se empobrecieron, mientras que Antioquia y Cundinamarca continuaron enriqueci&eacute;ndose y Panam&aacute; despeg&oacute;, impulsada por el intenso comercio que atravesaba su territorio; las dem&aacute;s se mantuvieron en su retraso ancestral.</p>     <p align="justify"><b>COSTOS Y BENEFICIOS DE LA INDEPENDENCIA</b></p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de la Independencia, los resultados en t&eacute;rminos de crecimiento fueron desalentadores. El PIB per c&aacute;pita descendi&oacute; en un 17% hasta 1850, a una tasa del -0,3% anual. Sin embargo, la inserci&oacute;n en el mercado mundial mediante las exportaciones de tabaco, a&ntilde;il, &iacute;ndigo, cueros y caf&eacute; en la segunda mitad del siglo XIX produjeron un auge importante; a este se sum&oacute; la expansi&oacute;n ganadera propiciada por la introducci&oacute;n de los pastos Par&aacute; y Guinea desde 1840 y por algunas mejoras en las v&iacute;as de transporte (caminos y ferrocarriles y la navegaci&oacute;n a vapor por el r&iacute;o Magdalena) que permitieron que en 1860 se recuperara el nivel del producto per c&aacute;pita de 60 a&ntilde;os antes. Entre 1850 y 1885 el PIB por habitante creci&oacute; a una tasa del 0,5% anual, con alguna contribuci&oacute;n de una banca din&aacute;mica a partir de 1870; el crecimiento se revirti&oacute; con la Regeneraci&oacute;n y el PIB cay&oacute; a una tasa de -0,5% anual entre 1885 y 1905.</p>     <p align="justify">La comparaci&oacute;n del desarrollo econ&oacute;mico colombiano con el de otros pa&iacute;ses latinoamericanos y el de Estados Unidos no favorece a Colombia, especialmente hasta 1850, como muestra el <a href="#c5">cuadro 5</a>; y aunque lleg&oacute; tarde a la globalizaci&oacute;n, en pleno siglo XX, luego tuvo bastante &eacute;xito.</p>     <p align="justify">Con respecto al de Estados Unidos, el PIB por habitante de Colombia era el 39% en 1800, el 19% en 1850 y apenas un 13% en 1913, aunque algo se ha recuperado a finales del siglo XX, cuando llega al 23%. Los otros pa&iacute;ses latinoamericanos muestran un mayor desarrollo que el de Colombia, especialmente a la altura de 1850, cuando Argentina ten&iacute;a un ingreso por habitante 3,3 veces superior, Brasil algo similar y Chile duplicaba el nivel colombiano. En 1850, Colombia estaba cerca de M&eacute;xico, que sufri&oacute; intensas guerras civiles y dos invasiones externas. Sin embargo, con el curso del tiempo, especialmente en el siglo XX, las diferencias se han acortado, pero no sustancialmente.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 6<a name="g6"></a>    <br> PIB por habitante 1765-1905 (pesos plata)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9g6.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cuadro 5<a name="c5"></a>    <br> PIB por habitante en algunas econom&iacute;as del Nuevo Mundo (d&oacute;lares de 1985)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a9c5.jpg"></p>     <p align="justify">El debate sobre los costos y beneficios de la Independencia se ha dado en torno a las evidencias de que en M&eacute;xico y la Nueva Granada la &uacute;ltima fase del imperio espa&ntilde;ol en ultramar fue pr&oacute;spera, y de que la Independencia produjo una grave contracci&oacute;n econ&oacute;mica que s&oacute;lo superaron los pa&iacute;ses que entraron primero a la globalizaci&oacute;n, hacia 1860, y M&eacute;xico s&oacute;lo con el porfiriato (1870-1910). El trabajo de Dobado y Marrero sobre M&eacute;xico insin&uacute;a que su desarrollo econ&oacute;mico fue r&aacute;pido y “normal” en el siglo XVIII y que habr&iacute;a seguido as&iacute; de no ser por la Independencia (Dobado y Marrero, 2006). Ellos suponen impl&iacute;citamente que el desarrollo capitalista no exig&iacute;a cambios en la estructura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de la sociedad mexicana, algo que fue necesario incluso en Espa&ntilde;a, la cual tambi&eacute;n padeci&oacute; los problemas de unas reformas liberales incompletas que castigaron su desarrollo de largo plazo.</p>     <p align="justify">Leandro Prados hace un ejercicio contrafactual sin la revoluci&oacute;n de la independencia, suponiendo que el crecimiento econ&oacute;mico observado en el siglo XVIII se habr&iacute;a mantenido inalterado en el largo plazo. Supone que el choque independentista que lo interrumpe es temporal y que los pa&iacute;ses iberoamericanos recuperan su crecimiento m&aacute;s adelante. Prados aduce que la comparaci&oacute;n con Estados Unidos, en autores como Engerman y Sokoloff o Coatsworth, no es v&aacute;lida porque pone al continente iberoamericano a competir con el l&iacute;der mundial del crecimiento econ&oacute;mico. Sin embargo, de la comparaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina con &Aacute;frica, que tambi&eacute;n sufri&oacute; la opresi&oacute;n colonial de otras potencias europeas, Prados deduce que a los pa&iacute;ses con legado hisp&aacute;nico les va bastante bien (Prados de la Escosura, 2006, 470)<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p align="justify">En nuestra interpretaci&oacute;n, Espa&ntilde;a sembr&oacute; relaciones sociales arcaicas, serviles y esclavistas en el continente, y adem&aacute;s leg&oacute; un sistema absolutista, todos ellos factores retardatarios que dificultaron la instauraci&oacute;n de la igualdad ante la ley y la divisi&oacute;n y la separaci&oacute;n de poderes, caracter&iacute;sticos de la democracia liberal en Occidente. El crecimiento econ&oacute;mico no era imposible en esas condiciones pero se ve&iacute;a obstaculizado por las instituciones que monopolizaban el comercio y la producci&oacute;n e impon&iacute;an tributos excesivos a los s&uacute;bditos. El sector p&uacute;blico asfixiaba al sector privado, para decirlo en t&eacute;rminos modernos, con excepci&oacute;n de los sectores que se beneficiaban con las exenciones y los que evad&iacute;an las innumerables regulaciones de la Corona, que no eran pocas.</p>     <p align="justify">Las luchas del siglo XIX en Colombia y en casi toda la Am&eacute;rica hispana fueron un reflejo de los intereses de los criollos que pretend&iacute;an avanzar en direcci&oacute;n de la libertad econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, separar a la Iglesia del Estado y establecer el federalismo contra los que se empe&ntilde;aban en defender el legado pol&iacute;tico y religioso hisp&aacute;nico y su tradici&oacute;n de centralismo pol&iacute;tico.</p>     <p align="justify">Un ejercicio contrafactual distinto al de Prados ser&iacute;a buscar el momento m&aacute;s cercano posible a la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica en Espa&ntilde;a y en Am&eacute;rica: la asamblea constituyente en que se erigieron las cortes de C&aacute;diz en 1812, cuando Fernando VII era prisionero de los franceses. Se podr&iacute;a suponer entonces que las cortes organizan un ej&eacute;rcito con los tributos y pr&eacute;stamos de los hombres ricos de Espa&ntilde;a, que combate y derrota a los franceses, derroca a Fernando VII, y designan un rey al que puedan someter. Luego se proclama la rep&uacute;blica, se separa la Iglesia del Estado, se liquida la Inquisici&oacute;n, se reparten las tierras de los nobles, se establece una justicia independiente y se mantiene un nivel de tributaci&oacute;n suficiente para construir infraestructura y financiar la educaci&oacute;n universal.</p>     <p align="justify">El ejercicio contrafactual contin&uacute;a en los territorios ultramarinos: el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol triunfa en una reconquista democr&aacute;tica, se establecen asambleas locales que nombran sendos virreyes y se replican las reformas adoptadas en la metr&oacute;poli para contrarrestar la anarqu&iacute;a que estaba asolando las colonias reci&eacute;n liberadas, y as&iacute; se instaura un orden pol&iacute;tico de consenso. Espa&ntilde;a y sus colonias prosperan, crean un mercado com&uacute;n y luego los Estados Unidos de Iberia. Eventualmente, los Estados Unidos ib&eacute;ricos encuentran inconveniente su v&iacute;nculo con la metr&oacute;poli y proclaman su independencia, consolidan sus instituciones democr&aacute;ticas y navegan en paz hacia la prosperidad. La econom&iacute;a florece y en 1950 tenemos un ingreso por habitante m&aacute;s alto que el de los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la restauraci&oacute;n de Fernando VII en el trono espa&ntilde;ol entierra la constituci&oacute;n de C&aacute;diz y tambi&eacute;n nuestro ejercicio contrafactual. Espa&ntilde;a y sus colonias padecieron trabas para establecer democracias liberales as&iacute; como para lograr un buen crecimiento econ&oacute;mico, aunque Espa&ntilde;a tuvo un comportamiento aceptable en la segunda mitad del siglo XIX; no obstante, hacia la mitad del siglo XX su producto por habitante era inferior al de los pa&iacute;ses del Cono Sur e igual al de M&eacute;xico (G&oacute;mez y Silva, 2007, 785).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aqu&iacute; se evidencia una diferencia conceptual fundamental entre nuestro enfoque y los de Dobado y Marrero y Prados: la econom&iacute;a no procede linealmente, siguiendo una trayectoria de largo plazo inducida por factores t&eacute;cnicos, demogr&aacute;ficos, geogr&aacute;ficos o de distribuci&oacute;n de los factores, que se puede estimar y explicar con m&eacute;todos econom&eacute;tricos, sino que est&aacute; incrustada dentro de un sistema pol&iacute;tico y social que tiene fuerte injerencia sobre ella. Ni Espa&ntilde;a ni sus colonias pod&iacute;an prosperar m&aacute;s all&aacute; de cierto punto sin liquidar los monopolios p&uacute;blicos y privados que limitaban el comercio y la producci&oacute;n; deb&iacute;an tambi&eacute;n suprimir los odiosos privilegios de las corporaciones (gremios, ej&eacute;rcito e Iglesia), liberar los mercados de mano de obra y de tierras, y separar el Estado de la religi&oacute;n. La Iglesia, en particular, se opon&iacute;a a la democracia liberal, imped&iacute;a el surgimiento de un sistema financiero privado, obstaculizaba la universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n y de su contenido cient&iacute;fico y sumerg&iacute;a al pueblo en la superstici&oacute;n. De modo que el crecimiento econ&oacute;mico es distinto en una sociedad organizada con base en la servidumbre y la esclavitud, el absolutismo y los monopolios pol&iacute;ticos y religiosos, que en una sociedad basada en la igualdad de sus ciudadanos y que ofrece libertades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que aceleran el crecimiento. Este queda sujeto entonces a la transici&oacute;n entre los dos tipos de sociedad, a los vaivenes de los conflictos pol&iacute;ticos y a los cambios de las reglas de juego, mientras que el mismo crecimiento puede incidir en la calidad de las instituciones.</p>     <p align="justify"><b>A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">La raz&oacute;n obvia para el deterioro econ&oacute;mico de las colonias espa&ntilde;olas fue la p&eacute;rdida del orden pol&iacute;tico que la Corona supo mantener durante m&aacute;s de tres siglos, reconstruido dif&iacute;cilmente en el siglo XIX. La inestabilidad de las exportaciones colombianas quiz&aacute; tambi&eacute;n contribuy&oacute; a la involuci&oacute;n pol&iacute;tica y a la ca&iacute;da de los reg&iacute;menes liberales, como insin&uacute;a la comparaci&oacute;n con la trayectoria diferente de los pa&iacute;ses del Cono Sur que consolidaron gobiernos liberales respaldados por una gran prosperidad exportadora, que tambi&eacute;n desfallecieron cuando &eacute;sta se agot&oacute;.</p>     <p align="justify">La herencia hisp&aacute;nica tuvo gran peso en el desarrollo constitucional y legal del pa&iacute;s por cuanto leg&oacute; un sistema de creencias que orient&oacute; el dise&ntilde;o de las reglas de juego mediante las que se organiz&oacute; tortuosamente la rep&uacute;blica. La end&eacute;mica debilidad del Estado republicano nunca pudo poner l&iacute;mites estrictos a la revuelta porque pas&oacute; de los extremos democr&aacute;ticos de los liberales radicales a los muy represivos de los conservadores, cuando se asentaron en el poder. Los conservadores cre&iacute;an que era justo transgredir el orden constitucional si se atacaba a la Iglesia.</p>     <p align="justify">El principal costo de la Independencia fue la p&eacute;rdida del orden pol&iacute;tico que tard&oacute; casi un siglo en restaurarse, mientras que su mayor beneficio fue la gran reducci&oacute;n de la carga tributaria y la instauraci&oacute;n de regulaciones modernas que remplazaran a las que se heredaron de Espa&ntilde;a, en particular el sistema de castas, que se debilit&oacute; pero se mantuvo en las entra&ntilde;as de la rep&uacute;blica. Sin embargo, ese beneficio quiz&aacute; tambi&eacute;n tuvo efectos perjudiciales: la carga tributaria result&oacute; tan peque&ntilde;a que el Estado fue incapaz de establecer un orden pol&iacute;tico que le permitiera monopolizar los medios de violencia. Ese Estado era, adem&aacute;s, insuficiente para proporcionar a la poblaci&oacute;n bienes p&uacute;blicos de infraestructura, educaci&oacute;n e higiene que aumentaran la productividad y redujeran los costos de transporte.</p>     <p align="justify">La desigualdad ante la ley, que da lugar a tratamientos distintos seg&uacute;n la posici&oacute;n social, corporativa o de casta, resultaba de un sistema pol&iacute;tico que conservaba derechos ancestrales de pueblos, gremios, razas, monopolios e individuos que los criollos m&aacute;s conservadores tambi&eacute;n buscaron preservar dentro de la rep&uacute;blica. Frente a ellos, los liberales trataron afanosamente de establecer un nuevo orden pol&iacute;tico, mediante el ensayo y el error. La poblaci&oacute;n mestiza y negra obtuvo alguna representaci&oacute;n y ciertos derechos, pues en los enfrentamientos se recurr&iacute;a a las masas de artesanos, ind&iacute;genas o esclavos.</p>     <p align="justify">M&aacute;s adelante, las reformas fiscales y legales buscaron promover un desarrollo econ&oacute;mico basado en el comercio internacional que se fue asentando con gran volatilidad, aunque la miner&iacute;a del oro y despu&eacute;s de la plata aportaron una cantidad m&iacute;nima de exportaciones durante todo el siglo XIX, hasta que el cultivo cafetero en el occidente del pa&iacute;s se insert&oacute; s&oacute;lidamente en la econom&iacute;a mundial. Con la integraci&oacute;n a la globalizaci&oacute;n, emergieron empresas y bancos que ser&iacute;an el germen del capitalismo que s&oacute;lo se desarrollar&iacute;a a un alto ritmo en el siglo XX.</p>     <p align="justify">En suma, el costo de la independencia fue la p&eacute;rdida del orden pol&iacute;tico, y ello se reflej&oacute; en la inestabilidad de las reglas de juego que caracterizaron al siglo XIX colombiano, como resultado de la larga lucha entre liberales y conservadores. Los conflictos frecuentes alimentaron la depredaci&oacute;n de los derechos de propiedad de quienes eran v&iacute;ctimas de los pr&eacute;stamos forzosos o de las expropiaciones ejecutadas por el mismo Estado o por individuos y grupos que aprovechaban los des&oacute;rdenes para apropiarse de los activos de los ciudadanos m&aacute;s pudientes. Los conflictos dieron lugar a fugas de capital y al testaferrato para ocultar los bienes al Estado, bloquearon la inversi&oacute;n en el pa&iacute;s y redujeron su crecimiento potencial.</p>     <p align="justify">Las luchas entre los partidos, a su vez, tend&iacute;an a explotar con violencia pues se carec&iacute;a de un escenario para resolver las disputas y para la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica, como el que conforman los diversos niveles de un r&eacute;gimen parlamentario y un sistema de justicia independiente que, entre otras cosas, garantiza elecciones justas. Al no lograr construir y perfeccionar estas instituciones, Colombia perdi&oacute; el siglo XIX para su crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"><b>NOTA AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Esta comparaci&oacute;n es forzada porque el continente africano tuvo una p&eacute;rdida sistem&aacute;tica de la poblaci&oacute;n m&aacute;s joven y productiva durante dos siglos, que fue esclavizada por los portugueses, los ingleses y los franceses, algo que ayud&oacute; al poblamiento de Am&eacute;rica; de modo que sus sendas de desarrollo ser&iacute;an muy distintas (Dunn, 2005). </p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Bonet, J. <i>&iquest;Por qu&eacute; es pobre el Choc&oacute;?</i>, Cartagena, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200800020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Bushnell, D. <i>El r&eacute;gimen de Santander en la Gran Colombia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200800020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Calvo, H. “A la sombra de La Popa: el declive de Cartagena en siglo XIX”, H. Calvo y A. Meisel, eds., <i>Cartagena de Indias en el siglo XIX</i>, Cartagena, Universidad Jorge Tadeo Lozano y Banco de la Rep&uacute;blica, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200800020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Coatsworth, J. “El impacto econ&oacute;mico de la Independencia en la Am&eacute;rica Latina”, L. Prados de la Escosura y S. Amaral, eds., <i>La independencia de Am&eacute;rica Latina: Consecuencias econ&oacute;micas</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200800020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Coatsworth, J. “Economic and Institutional Trajectories in Nineteenth-Century Latin America”, 1800, <i>Latin America and the World Economy Since Coatsworth</i>, Cambridge, Harvard University, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200800020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Deas, M. “Inseguridad y desarrollo econ&oacute;mico en Colombia en el primer siglo de vida republicana independiente”, Seminario Historia Econ&oacute;mica de Colombia en el Siglo XIX, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200800020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Dobado, R. y G. Marrero. “The Mining Led Growth in Bourbon Mexico, The Role of the State and the Economic Cost of Independence”, <i>David Rockefeller Center for Latin American Studies Working Paper</i> 07-1, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200800020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Dye, A. “The Institutional Framework”, V. Bulmer; J. Thomas; H. Coatsworth y R. Cortes, eds., <i>Cambridge Economic History of Latin America</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200800020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Earle, R. <i>Spain and the Independence of Colombia: 1808-1825</i>, Exeter, Exeter University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200800020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Elliot, J. <i>Empires of the Atlantic World, Britain and Spain in America 1492-1830</i>, New Haven, Yale University Press. 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200800020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Engerman, S. y K. Sokoloff. “Dotaciones de factores, instituciones y v&iacute;as de crecimiento diferentes entre las econom&iacute;as del Nuevo Mundo”, S. Haber, ed., <i>C&oacute;mo se rezag&oacute; la Am&eacute;rica Latina</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200800020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Fl&oacute;rez, C. E. y O. Romero. “La demograf&iacute;a de Colombia durante el siglo XIX”, Seminario Historia Econ&oacute;mica Colombiana del Siglo XIX, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200800020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Garrido, M. <i>Reclamos y representaciones</i>, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200800020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. G&oacute;mez G., A. y S. Silva C. “La divergencia econ&oacute;mica entre M&eacute;xico y Espa&ntilde;a: 1950-2000”, R. Dobado; A. G&oacute;mez y G. M&aacute;rquez, eds., <i>M&eacute;xico y Espa&ntilde;a, &iquest;historias econ&oacute;micas paralelas?</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200800020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Jaramillo U., J.; A. Meisel y M. Urrutia. “Continuities and Discontinuities in the Fiscal and Monetary Institutions of New Granada 1783-1850”, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i> 21, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200800020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Jaramillo, R. L. y A. Meisel. “M&aacute;s all&aacute; de la ret&oacute;rica de la reacci&oacute;n: an&aacute;lisis econ&oacute;mico de la desamortizaci&oacute;n en Colombia, 1861-1888”, Seminario Historia Econ&oacute;mica Colombiana del Siglo XIX, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200800020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Johnson, D. <i>Santander, siglo XIX</i>, cambios socioecon&oacute;micos</i>, Bogot&aacute;, Carlos Valencia Editores, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200800020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Junguito, R. “Las finanzas p&uacute;blicas en el siglo XIX”, Seminario Historia Econ&oacute;mica Colombiana del Siglo XIX, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200800020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Kalmanovitz, S. “El PIB de la Nueva Granada en 1800: auge colonial, estancamiento republicano”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 11, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200800020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Kalmanovitz, S. y E. L&oacute;pez R. “Las Cuentas Nacionales de Colombia durante el siglo XIX”, ponencia en Congreso Latinoamericano de Historia Econ&oacute;mica, Montevideo, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200800020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Laurent, M. <i>Contrabando en Colombia en el siglo XIX</i>, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200800020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Lynch, J. <i>Sim&oacute;n Bol&iacute;var</i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200800020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Maddison, A. <i>Monitoring the World Economy, 1820-1992</i>, Paris, OECD, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200800020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Meisel, A. “Los or&iacute;genes econ&oacute;micos de la Independencia: presi&oacute;n fiscal y empobrecimiento en el Nuevo Reino de Granada”, Cartagena, Banco de la Rep&uacute;blica, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200800020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Meisel, A. “&iquest;Situado o contrabando? La base econ&oacute;mica de Cartagena de Indias y el Caribe colombiano en el Siglo de las Luces”, H. Calvo y A. Meisel, eds., <i>Cartagena de Indias en el siglo XVIII</i>, Cartagena, Banco de la Rep&uacute;blica, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200800020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Mina, M. <i>Esclavitud y libertad en el Valle del R&iacute;o Cauca</i>, Bogot&aacute;, Publicaciones La Rosca, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200800020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Montenegro, A. <i>Una historia en contrav&iacute;a: Pasto y Colombia</i>, Bogot&aacute;, El Malpensante, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200800020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. North, D.; W. Summerhill y B. Weingast. “Orden, desorden y cambio econ&oacute;mico: Latinoam&eacute;rica vs. Norte Am&eacute;rica”, <i>Revista Instituciones y Desarrollo</i> 12-13, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200800020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Nunn, N. “Slavery, Institutional Developmen and Long Run Growth in Africa, 1400-2000”, Vancouver, University of British Columbia, Canadian Institute of Advanced Research, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200800020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Ocampo L., J. <i>Historia b&aacute;sica de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Plaza y Jan&eacute;s Editores, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200800020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Ocampo, J. A. <i>Colombia y la econom&iacute;a mundial: 1830-1910</i>, Bogot&aacute;, Siglo XIX, 1984a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200800020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Ocampo, J. A. “Librecambio y protecci&oacute;n en el siglo XIX”, 1984b, J. A. Ocampo y S. Montenegro, eds., <i>Crisis mundial, protecci&oacute;n e industrializaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Editorial Norma, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200800020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Pardo, A. <i>Geograf&iacute;a econ&oacute;mica y humana de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200800020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Phelan, J. <i>El pueblo y el rey</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200800020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Prados de la Escosura, L. “The Economic Consequences of Independence in Latin America”, V. Bulmer-Thomas; J. H. Coatsworth y R. Cortes, eds., <i>Cambridge Economic History of Latin America</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200800020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Restrepo, V. <i>Estudio sobre las minas de oro y plata de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1952.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200800020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Rodr&iacute;guez, J. <i>La independencia de Am&eacute;rica Latina</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200800020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Salvucci, R. “El ingreso nacional mexicano”, <i>C&oacute;mo se rezag&oacute; la Am&eacute;rica Latina</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200800020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Silva, R. <i>Los ilustrados de Nueva Granada, 1760-1808: genealog&iacute;a de una comunidad de interpretaci&oacute;n</i>, Medell&iacute;n, Banco de la Rep&uacute;blica y Eafit, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200800020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Silvestre, F. <i>Descripci&oacute;n del Reyno de Santa Fe</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200800020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Tovar, H. “La lenta ruptura con el pasado colonial (1810-1850)”, J. A. Ocampo, ed., <i>Historia econ&oacute;mica de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Editorial Planeta, 2007b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200800020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Tovar, H. <i>Colombia: im&aacute;genes de su diversidad (1492 a hoy)</i>, Bogot&aacute;, Educar Editores, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200800020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Twinam, A. <i>Miners, Merchants, and Farmers in Colonial Colombia</i>, Austin, University of Texas Press, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200800020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Urrutia, M. “Precios y salarios en el siglo XIX”, Seminario Historia Econ&oacute;mica Colombiana del Siglo XIX, Banco de la Rep&uacute;blica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200800020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Urue&ntilde;a C., J. <i>Bol&iacute;var republicano</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Aurora, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200800020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Urue&ntilde;a C., J. <i>Nari&ntilde;o, Torres y la Revoluci&oacute;n Francesa</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Aurora, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996200800020000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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