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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL ORIGEN COLONIAL DE LAS DIFERENCIAS DEL DESARROLLO ENTRE PAÍSES: EL NEOINSTITUCIONALISMO E HISPANOAMÉRICA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents and discusses the hypothesis and results of Acemoglu and his colleagues, regarding the colonial origin of development, and reviews the main historical facts of that period to show the scope and limitations of his theory regarding Spanish-America. When the correlation European settlements-initial institutions-present institutions-present performance is framed in the political, economic and cultural facts of the colonial context, it is shown that it is a simplistic, biased and ethnocentric view of development.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>EL ORIGEN COLONIAL DE LAS DIFERENCIAS DEL DESARROLLO ENTRE PA&Iacute;SES: EL NEOINSTITUCIONALISMO E HISPANOAM&Eacute;RICA</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE COLONIAL ORIGIN OF THE DIFFERENCES IN DEVELOPMENT BETWEEN COUNTRIES: NEOINSTITUTIONALISM AND HISPANO-AMERICA</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>&Aacute;lvaro Alb&aacute;n Moreno</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Especialista en Docencia Universitaria, profesor e investigador del Centro de Investigaciones Econ&oacute;micas de la Universidad Libre y l&iacute;der del grupo de investigaci&oacute;n en Desarrollo Local y Regional, Cali, Colombia, &#91;<a href="mailto:alvaro.alban@email.unilibrecali.edu.co">alvaro.alban@email.unilibrecali.edu.co</a>&#93;. Este trabajo es parte de una investigaci&oacute;n sobre la econom&iacute;a colombiana dentro del proyecto “Din&aacute;mica econ&oacute;mica colombiana y desarrollo: un enfoque estructuralista”, que busca entender c&oacute;mo influyen los factores pol&iacute;ticos de la estructura econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s y los condicionantes internacionales en la distribuci&oacute;n de los beneficios del crecimiento y sus efectos en el desarrollo econ&oacute;mico y su sostenibilidad. Fecha de recepci&oacute;n: 3 de diciembre de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 18 de abril de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 27 de octubre de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: neoinstitucionalismo, colonia, desarrollo, Hispanoam&eacute;rica, historia; JEL: N10, 043, 057&#93;</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo presenta y discute las hip&oacute;tesis y resultados del trabajo de Acemoglu y sus colegas sobre el origen colonial del desarrollo, y revisa los principales hechos hist&oacute;ricos de la &eacute;poca para mostrar los alcances y las limitaciones de su teor&iacute;a con respecto a Hispanoam&eacute;rica. Cuando su correlaci&oacute;n asentamientos europeos-instituciones iniciales-instituciones actuales-desempe&ntilde;o actual se enmarca en el contexto de los hechos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y culturales de la Colonia se evidencia que es una visi&oacute;n simplista, parcializada y etnoc&eacute;ntrica del desarrollo. </p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: neoinstitutionalism, colony, development, history; JEL: N10, 043, 057&#93;</p>     <p align="justify">This article presents and discusses the hypothesis and results of Acemoglu and his colleagues, regarding the colonial origin of development, and reviews the main historical facts of that period to show the scope and limitations of his theory regarding Spanish-America. When the correlation European settlements-initial institutions-present institutions-present performance is framed in the political, economic and cultural facts of the colonial context, it is shown that it is a simplistic, biased and ethnocentric view of development.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Las investigaciones recientes sobre las diferencias en el crecimiento y el desarrollo de largo plazo entre pa&iacute;ses, que usan t&eacute;cnicas econom&eacute;tricas relativamente refinadas y tienen en cuenta el tipo de colonizaci&oacute;n, contribuyen a entender las relaciones entre el desarrollo de los pa&iacute;ses colonizados y los hechos hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de cada regi&oacute;n e invitan a profundizar la reflexi&oacute;n.</p>     <p align="justify">El ensayo, que no pretende ser un trabajo historiogr&aacute;fico original basado en fuentes primarias, enmarca esos aportes en el contexto hispanoamericano considerando la acci&oacute;n de los pa&iacute;ses colonizadores en el cuadro de la Revoluci&oacute;n Industrial y las revoluciones burguesas para mostrar sus limitaciones y contribuir a un di&aacute;logo que permita superarlas. La primera secci&oacute;n describe el trabajo que Daron Acemoglu et al. publicaron en el n&uacute;mero 13 de esta Revista, donde establecen las correlaciones entre condiciones geogr&aacute;ficas, tasa de mortalidad de los colonos, tipo de asentamientos y las instituciones que crearon los colonos, y argumentan que esas correlaciones explican las diferencias del desarrollo entre pa&iacute;ses; adem&aacute;s, compara esta explicaci&oacute;n con las de otros autores. La segunda secci&oacute;n presenta las grandes l&iacute;neas hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas de la Colonia y la Independencia. Por &uacute;ltimo, se presentan las conclusiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>POR QU&Eacute; SON M&Aacute;S RICOS UNOS PA&Iacute;SES QUE OTROS: LA RESPUESTA DEL NEOINSTITUCIONALISMO</b></p>     <p align="justify">Acemoglu et al. defienden la hip&oacute;tesis de que “la mortalidad de los colonizadores afect&oacute; a los asentamientos, los asentamientos afectaron a las primeras instituciones, y las primeras instituciones persistieron y fueron la base de la instituciones actuales” (2005, 24). Es decir, la tasa de mortalidad determin&oacute; el tipo de asentamiento, &eacute;ste dio lugar a las instituciones de las que se derivaron las instituciones actuales, y &eacute;stas, a la riqueza y el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico. Con dicha hip&oacute;tesis intentan dar respuesta a la pregunta: “&iquest;Cu&aacute;les son las causas fundamentales de las grandes diferencias de ingreso per c&aacute;pita entre pa&iacute;ses?” (ib&iacute;d., 17). Esta secci&oacute;n resume los elementos b&aacute;sicos de su argumentaci&oacute;n y los contrasta con las tesis de otros autores.</p>     <p align="justify"><b>E<small>L PUNTO DE PARTIDA </small></b></p>     <p align="justify">Los autores admiten que hay controversia sobre la posible respuesta, y se&ntilde;alan que se ha dado “considerable atenci&oacute;n” a las diferencias en las instituciones y los derechos de propiedad para explicar las diferencias de capital f&iacute;sico y humano y su uso m&aacute;s o menos eficiente. Apoyan su tesis en correlaciones transversales entre &iacute;ndices de derechos de propiedad y de desarrollo econ&oacute;mico y trabajos microecon&oacute;micos sobre la relaci&oacute;n entre derechos de propiedad, inversi&oacute;n y producto. Entre los ejemplos que ilustran esta relaci&oacute;n citan los de Corea del Norte y Corea del Sur, y de Alemania Oriental y Occidental, que para ellos muestran que la planeaci&oacute;n centralizada y la propiedad colectiva hicieron menos pr&oacute;speros a los pa&iacute;ses que no optaron por la propiedad privada y la asignaci&oacute;n de recursos a trav&eacute;s del mercado. No obstante, aceptan que las econom&iacute;as tambi&eacute;n difieren por otras razones y que, por ello, difieren en sus instituciones y en su ingreso per c&aacute;pita.</p>     <p align="justify">Para establecer una fuente ex&oacute;gena de variaci&oacute;n de las instituciones proponen la hip&oacute;tesis de las diferencias institucionales entre pa&iacute;ses colonizados que consta de tres elementos: 1) el tipo de colonizaci&oacute;n: <i>extracci&oacute;n</i> (Congo Belga), <i>emigraci&oacute;n y asentamiento</i> (Australia, Nueva Zelanda, Canad&aacute;, Estados Unidos); 2) la factibilidad del asentamiento y su relaci&oacute;n con el tipo de colonizaci&oacute;n, y 3) la persistencia de las instituciones despu&eacute;s de la independencia.</p>     <p align="justify">A partir de las tasas de mortalidad, establecen una relaci&oacute;n determinista con el tipo de colonizaci&oacute;n, el asentamiento, las instituciones y el desempe&ntilde;o actual. El ejercicio econom&eacute;trico, con datos de una muestra de 75 pa&iacute;ses, da como resultado una fuerte relaci&oacute;n negativa entre el logaritmo del PIB per c&aacute;pita de 1995 y el logaritmo de la tasa de mortalidad de los colonizadores, de lo que infieren que cuanto mayores eran las tasas de mortalidad mayor es la pobreza actual, y que sucede lo contrario en las colonias cuyas condiciones geogr&aacute;ficas eran m&aacute;s benignas. La mortalidad act&uacute;a a trav&eacute;s de las instituciones que llevaron los europeos a las colonias.</p>     <p align="justify">Prueban esta relaci&oacute;n con una regresi&oacute;n entre el desempe&ntilde;o y las instituciones actuales, instrumentada mediante la tasa de mortalidad de los colonizadores. Para ello y puesto que equiparan el desarrollo institucional a la solidez de los derechos de propiedad y del sistema de pesos y contrapesos, usan el &Iacute;ndice de Protecci&oacute;n contra el “riesgo de expropiaci&oacute;n” de <i>Political Risk Services</i> como proxy de las instituciones<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, lo que da como resultado una fuerte relaci&oacute;n entre tasas de mortalidad de los colonizadores e instituciones actuales<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">Las tasas de mortalidad que enfrentaron los colonizadores hace algunos siglos explican m&aacute;s del 25% de la variaci&oacute;n de las instituciones actuales. Esa relaci&oacute;n opera a trav&eacute;s del canal que sustenta la hip&oacute;tesis. Con el m&eacute;todo de m&iacute;nimos cuadrados ordinarios en dos etapas estiman que el efecto de las instituciones en el desempe&ntilde;o es “preciso y general”. A t&iacute;tulo de ejemplo, se&ntilde;alan que “el mejoramiento de las instituciones de Nigeria al nivel de Chile podr&iacute;a incrementar siete veces el ingreso de Nigeria en el largo plazo” (p. 20)<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Advierten que las tasas de mortalidad no son la causa &uacute;nica ni principal de la variaci&oacute;n de las instituciones, pero que su enfoque emp&iacute;rico requiere una fuente de variaci&oacute;n ex&oacute;gena.</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a>    <br> Sinopsis de la literatura</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a10c1.jpg"></p>     <p align="justify">Mencionan otros trabajos que no establecen un v&iacute;nculo entre tasa de mortalidad, asentamientos e instituciones. Su prop&oacute;sito es entonces determinar emp&iacute;ricamente el v&iacute;nculo entre instituciones y desarrollo, siguiendo a Bertocchi y Canova (1996) y Grier (1999). El <a href="#c1">cuadro 1</a> hace una sinopsis de esos y otros trabajos.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A HIP&Oacute;TESIS Y LOS ANTECEDENTES HIST&Oacute;RICOS</small></b></p>     <p align="justify">Esa hip&oacute;tesis establece algunas relaciones hist&oacute;ricas: entre tasas de mortalidad de los colonizadores y tipo de asentamiento, entre tipo de colonizaci&oacute;n y persistencia de las instituciones. Un gran n&uacute;mero de europeos se estableci&oacute; en los territorios cuyas condiciones geogr&aacute;ficas eran similares a las de su lugar de origen y formaron “colonias de asentamiento” e instituciones que satisfac&iacute;an sus deseos –libertad y posibilidad de desarrollar el comercio– estructuradas a partir de la propiedad de la tierra y del ganado.</p>     <p align="justify">Para Acemoglu et al., el principal objetivo de la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola y portuguesa era obtener oro y otras riquezas. Despu&eacute;s de la conquista, Espa&ntilde;a estableci&oacute; la encomienda, que adjudicaba derechos sobre la tierra, y un complejo sistema de monopolios y regulaciones comerciales para extraer recursos. Por razones similares, los europeos establecieron el comercio de esclavos en &Aacute;frica.</p>     <p align="justify">Las instituciones legales y de propiedad que se establecieron en Australia, Canad&aacute;, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Hong Kong y Singapur son la base de las instituciones actuales. En Am&eacute;rica Latina se mantuvieron las instituciones que serv&iacute;an a la extracci&oacute;n, monopolios y regulaciones, y el trabajo forzado se intensific&oacute;. Las instituciones tienden a persistir mediante mecanismos econ&oacute;micos. Primero, debido a los costos de establecer instituciones que limiten el poder del gobierno y garanticen los derechos de propiedad; cuando se heredan instituciones extractivas, esos costos son enormes. Segundo, debido a la relaci&oacute;n entre las ganancias de la extracci&oacute;n y el tama&ntilde;o de la &eacute;lite que se las apropia; cuanto m&aacute;s peque&ntilde;a es la &eacute;lite, mayores las ganancias y mayor el incentivo para mantener la extracci&oacute;n. Tercero, debido a la inclinaci&oacute;n a preservar las instituciones cuando se hacen inversiones irreversibles, por ejemplo, en capital humano y f&iacute;sico.</p>     <p align="justify">Los autores de esta teor&iacute;a reconocen que no hay consenso sobre los determinantes de las instituciones y argumentan que “las diferencias en la experiencia colonial pueden ser una fuente de diferencias ex&oacute;genas de las instituciones” (p. 59), partiendo de tres premisas: las diferencias en el tipo de colonizaci&oacute;n: en la de extracci&oacute;n se trasladan recursos a la metr&oacute;poli, lo que desestimula la inversi&oacute;n y el progreso econ&oacute;mico; en la de asentamiento se crean instituciones que garantizan la prevalencia de la ley e incentivan la inversi&oacute;n; el tipo de colonizaci&oacute;n depende en parte de la factibilidad del asentamiento. Cuanto peores son las condiciones –mayor tasa de mortalidad–, menos posible es el asentamiento y mayor la probabilidad de establecer Estados extractivos; las instituciones originarias persisten hasta el presente. Una ecuaci&oacute;n que se puede sintetizar as&iacute;: tasas de mortalidad – asentamientos europeos – instituciones originarias – instituciones actuales – desempe&ntilde;o actual (ingreso per c&aacute;pita).</p>     <p align="justify">En cuanto a la segunda premisa, cabe se&ntilde;alar que las condiciones y el grado de desarrollo de las culturas que encontraron los colonizadores y su propio nivel de desarrollo determinaron las instituciones y las relaciones econ&oacute;micas que pod&iacute;an instaurar.</p>     <p align="justify">Como dice Correa (2006), en esa ecuaci&oacute;n se encajona a todo el mundo no europeo, sin mayores alusiones al proceso hisp&aacute;nico, en cuyas explotaciones agr&iacute;colas los colonizadores adoptaron t&eacute;cnicas ind&iacute;genas y amalgamaron el ambiente natural, la organizaci&oacute;n social americana y la estructura econ&oacute;mica espa&ntilde;ola.</p>     <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, su importancia num&eacute;rica, su tipo de organizaci&oacute;n y su desarrollo t&eacute;cnico, constituyen el elemento principal de la dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola, elemento que tiene una enorme influencia sobre la distribuci&oacute;n del asentamiento ib&eacute;rico y sus modalidades econ&oacute;micas. La tendencia a implantar en el suelo americano una sociedad de tipo se&ntilde;orial o feudal no ser&iacute;a m&aacute;s que una tendencia si &#91;...&#93; no hubieran encontrado civilizaciones agrarias que pudieran utilizar como mano de obra servil (Zuleta, 2004, 15).</p> </blockquote>     <p align="justify">L&oacute;pez (1976)<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> y Zuleta (2004) coinciden en que las diferencias en la colonizaci&oacute;n y las instituciones de Am&eacute;rica del Norte y del Sur tambi&eacute;n obedecieron al tipo de organizaci&oacute;n social existente. En Hispanoam&eacute;rica, exist&iacute;an relaciones serviles e instituciones sociales como la mita. En Norteam&eacute;rica no exist&iacute;an esas formas de organizaci&oacute;n y no se pod&iacute;an establecer explotaciones basadas en la servidumbre, de modo que los colonos se vieron obligados a establecer explotaciones basadas en el trabajo libre.</p>     <p align="justify">De acuerdo con Kalmanovitz, en la colonizaci&oacute;n hubo un proceso de adaptaci&oacute;n en el que el sistema de producci&oacute;n imperante en Espa&ntilde;a determin&oacute; las relaciones econ&oacute;micas y sociales que se establecieron en Am&eacute;rica. La sociedad colonial no fue un simple calco de la espa&ntilde;ola. Si bien las instituciones coloniales ten&iacute;an antecedentes espa&ntilde;oles que se transmitieron a la nueva sociedad, no repet&iacute;an las espa&ntilde;olas. La organizaci&oacute;n social y econ&oacute;mica colonial dependi&oacute; en alto grado de la que exist&iacute;a en cada regi&oacute;n. En India, colonizada por Inglaterra, no se establecieron relaciones de producci&oacute;n capitalistas y se recurri&oacute; al trabajo forzado. Tambi&eacute;n influyeron las posibilidades de extraer los excedentes (Kalmanovitz, 1996, 15).</p>     <p align="justify">Por otra parte, de acuerdo con la revisi&oacute;n comparativa de Bonet y Meisel (2006, 9), para Acemoglu et al. las instituciones resultantes de la colonizaci&oacute;n dependieron de la proporci&oacute;n de colonizadores con respecto a la poblaci&oacute;n total, mientras que para Engerman y Sokoloff dependieron de la dotaci&oacute;n de recursos, que “predispuso a las sociedades del Nuevo Mundo para que siguieran sendas de crecimiento econ&oacute;mico con grados diferentes de desigualdad en la distribuci&oacute;n de la riqueza, el capital humano y el poder pol&iacute;tico”. Donde fue posible establecer plantaciones con econom&iacute;as de escala se instaur&oacute; el esclavismo; donde hab&iacute;a alta densidad de poblaci&oacute;n nativa y pocos colonizadores se instauraron instituciones como la encomienda. Esto dio lugar a sociedades marcadas por relaciones de esclavitud o servidumbre y a una desigual distribuci&oacute;n de la riqueza y de las oportunidades. En cambio, donde se pod&iacute;a cultivar con econom&iacute;as de escala y hab&iacute;a poca densidad de poblaci&oacute;n nativa o pocos recursos minerales, la distribuci&oacute;n inicial de la riqueza fue “bastante equilibrada” y se instauraron “instituciones donde predominaba una igualdad de oportunidades” (ib&iacute;d., 10).</p>     <p align="justify">Estas explicaciones de las diferencias de desarrollo basadas en las condiciones f&iacute;sicas y demogr&aacute;ficas de las regiones colonizadas dejan de lado los factores pol&iacute;ticos e hist&oacute;ricos en el proceso de causalidad, as&iacute; como el diferente grado de desarrollo de los pa&iacute;ses colonizadores y su responsabilidad. En su &eacute;poca, la colonizaci&oacute;n llev&oacute; a que Espa&ntilde;a lograra una posici&oacute;n dominante en el concierto global, mientras que en la suya, la colonizaci&oacute;n propiciada por Inglaterra o los Pa&iacute;ses Bajos impuls&oacute; el desarrollo del capitalismo y la expansi&oacute;n de los mercados, y dio a Europa la supremac&iacute;a econ&oacute;mica, cultural y pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">El desarrollo cultural, institucional e industrial europeo fue trasplantado a las colonias por emigrantes de pa&iacute;ses como Inglaterra, lo que favoreci&oacute; el desarrollo de la producci&oacute;n capitalista en las regiones donde se asentaron. El flujo de metales preciosos de Am&eacute;rica a Europa a trav&eacute;s de Espa&ntilde;a tambi&eacute;n fue decisivo en el desarrollo del capitalismo, pero los colonizadores espa&ntilde;oles llegaron en un per&iacute;odo anterior y su entorno institucional, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico era menos desarrollado, retraso que tambi&eacute;n se reflej&oacute; en sus colonias<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="justify">Atribuir el esclavismo a las condiciones geogr&aacute;ficas y a una predisposici&oacute;n de la sociedad colonial es simplista, pues deja de lado otros factores esenciales como los or&iacute;genes sociales e hist&oacute;ricos de esa instituci&oacute;n y su funci&oacute;n econ&oacute;mica. En Norteam&eacute;rica tambi&eacute;n se estableci&oacute; la esclavitud, y s&oacute;lo desapareci&oacute; cuando dej&oacute; de ser rentable y adecuada socialmente, cuando la industrializaci&oacute;n hizo necesarias nuevas formas de trabajo y exigi&oacute; mayor productividad a la mano de obra. Los c&aacute;lculos indican que al menos 20 millones de esclavos llegaron a Am&eacute;rica entre los siglos XVI y XVIII (Zuleta, 2004).</p>     <p align="justify">Las explicaciones de las actuales diferencias en el desarrollo centradas en indicadores de desempe&ntilde;o econ&oacute;mico como el ingreso per c&aacute;pita y sus correlaciones econom&eacute;tricas con variables como las instituciones, el clima o la geograf&iacute;a evidencian un vac&iacute;o que exige ampliar la visi&oacute;n para considerar esos aspectos ignorados y situarlos en el contexto de los complejos procesos sociales e hist&oacute;ricos que escapan a los modelos, por m&aacute;s sofisticados que sean t&eacute;cnicamente<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Bonet y Meisel tambi&eacute;n se&ntilde;alan que la discusi&oacute;n sobre los determinantes &uacute;ltimos del nivel econ&oacute;mico es esencialmente emp&iacute;rica, y que se trata de establecer la influencia de las instituciones, la geograf&iacute;a y la cultura, en su orden el tipo de variables m&aacute;s utilizadas, sobre el crecimiento de largo plazo o variable dependiente<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. En esos t&eacute;rminos, parecer&iacute;a que la discusi&oacute;n te&oacute;rica sobre las causas del desarrollo est&aacute; agotada y que s&oacute;lo resta avanzar en la sofisticaci&oacute;n t&eacute;cnico-instrumental para determinar emp&iacute;ricamente el peso relativo de las instituciones, la geograf&iacute;a y la cultura.</p>     <p align="justify">La hip&oacute;tesis de que la geograf&iacute;a, el tipo de colonizaci&oacute;n y el sistema de producci&oacute;n que establecieron los colonizadores explica las diferencias de ingreso per c&aacute;pita con las metr&oacute;polis o con los pa&iacute;ses desarrollados que fueron colonias ‘tipo Nueva Inglaterra’ fue sometida a prueba por Posada y Escobar (2003, 17). Esta hip&oacute;tesis, que ellos llaman historicista, se someti&oacute; a una prueba de panel usando la participaci&oacute;n del decil m&aacute;s rico como indicador de la concentraci&oacute;n del ingreso, y sus resultados favorecen la hip&oacute;tesis ‘historicista’, por cuanto “la concentraci&oacute;n del ingreso vigente en 1820 fue un factor fundamental determinante del desempe&ntilde;o econ&oacute;mico durante la segunda mitad del silgo XX y del producto per c&aacute;pita al final del siglo”. Otra prueba, en la que usaron el coeficiente de Gini como medida de concentraci&oacute;n del ingreso, fue desfavorable, pues “los sucesos de la segunda mitad del siglo XX han sido m&aacute;s importantes en la explicaci&oacute;n del producto per c&aacute;pita observado al finalizar el siglo”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Como bien se&ntilde;alan Bonet y Meisel, el an&aacute;lisis emp&iacute;rico es un campo de investigaci&oacute;n provechoso porque ayuda a entender el origen de la riqueza de los pa&iacute;ses. No obstante, la perspectiva hist&oacute;rica permite entender el origen de la pobreza de unas regiones como resultado del juego de factores sociales y decisiones pol&iacute;ticas que permitieron la acumulaci&oacute;n de riqueza en las sociedades dominantes m&aacute;s desarrolladas desde el punto de vista capitalista, una discusi&oacute;n te&oacute;rica que a&uacute;n no est&aacute; cerrada<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">En 1606, Espa&ntilde;a prohibi&oacute; el cultivo del tabaco durante diez a&ntilde;os (cuyo cultivo ten&iacute;a mejores posibilidades en Am&eacute;rica), por temor a ser desplazada como intermediario por el contrabando. De no ser por ello, los productores americanos podr&iacute;an haber conseguido mejores mercados para sus cosechas y manufacturas m&aacute;s baratas por fuera de la metr&oacute;poli. Espa&ntilde;a no pod&iacute;a resolver el problema mediante la competencia econ&oacute;mica y recurri&oacute; a medidas pol&iacute;ticas y militares, el monopolio estatal, el control burocr&aacute;tico y la represi&oacute;n, que no pod&iacute;a dejar en manos de sus s&uacute;bditos (Zuleta, 2004, 15). Lo anterior ilustra que las instituciones que Espa&ntilde;a estableci&oacute; en sus colonias tambi&eacute;n depend&iacute;an del atraso econ&oacute;mico y social de la metr&oacute;poli, as&iacute; como de decisiones de &iacute;ndole pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">En suma, adem&aacute;s de las condiciones geogr&aacute;ficas y demogr&aacute;ficas que encontraron los espa&ntilde;oles, la estructura cultural, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de las comunidades prehisp&aacute;nicas y el atraso relativo de Espa&ntilde;a determinaron el tipo de colonizaci&oacute;n y moldearon la estructura econ&oacute;mica, pol&iacute;tica e institucional de las colonias, la cual imprimir&iacute;a caracter&iacute;sticas particulares a la emancipaci&oacute;n de la regi&oacute;n e incidir&iacute;a en el atraso de Hispanoam&eacute;rica.</p>     <p align="justify"><b>EL DESARROLLO HISPANOAMERICANO Y SU MARCO HIST&Oacute;RICO</b></p>     <p align="justify">En esta secci&oacute;n se analizan brevemente las revoluciones en el pensamiento y en la sociedad ligadas al desarrollo del capitalismo, en las que se enmarca el proceso hist&oacute;rico y social de Hispanoam&eacute;rica. Un an&aacute;lisis detallado supera el alcance de este trabajo, que se limita a esbozar el contexto pol&iacute;tico e institucional del desarrollo econ&oacute;mico colombiano y a contrastar los hechos hist&oacute;ricos con los an&aacute;lisis emp&iacute;ricos que se comentaron en la secci&oacute;n anterior, especialmente los que se relacionan con el legado colonial.</p>     <p align="justify"><b>S</b><b><small>IGLOS XVI, XVII Y XVIII: LA “CARRERA DE INDIAS”</small></b></p>     <p align="justify">En el siglo XVI Espa&ntilde;a pas&oacute; de creerse portadora de una misi&oacute;n superior a padecer una realidad interna y externa conflictiva<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. La estructura pol&iacute;tica, administrativa, financiera y religiosa creada para administrar y controlar los territorios de ultramar reflejaba la disparidad de intereses y poderes en juego<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. Espa&ntilde;a intent&oacute; compensar su debilidad econ&oacute;mica con una mara&ntilde;a de papel y burocracia, control a la religi&oacute;n y a la migraci&oacute;n, purismo de sangre de los administradores coloniales. A contracorriente de las realidades de la &eacute;poca. El contrabando aument&oacute; en respuesta a las trabas que, en su obsesi&oacute;n por mantener el control, la metr&oacute;poli impon&iacute;a a la actividad econ&oacute;mica. Y los grupos sociales que adquirieron poder econ&oacute;mico desde el siglo XVII luego se rebelar&iacute;an porque se les negaba el poder pol&iacute;tico.</p>     <p align="justify">El siglo XVII trajo cambios decisivos en las relaciones entre Espa&ntilde;a y el Nuevo Mundo. Sus dominios, en los que fue hegem&oacute;nica durante casi un siglo, le fueron disputados, se extendi&oacute; el comercio il&iacute;cito a gran escala y la posesi&oacute;n de los territorios se ciment&oacute; en la ocupaci&oacute;n y la colonizaci&oacute;n y no en el descubrimiento. Los grupos emergentes en el Nuevo Mundo vieron la oportunidad de consolidarse ante la debilidad de la metr&oacute;poli, aunque guardando en principio la conexi&oacute;n ideol&oacute;gica con sus or&iacute;genes ib&eacute;ricos.</p>     <p align="justify">La “Carrera de Indias” es una expresi&oacute;n que abarca la trama de relaciones econ&oacute;mico-comerciales, ideol&oacute;gicas, culturales y pol&iacute;tico-sociales entre el Nuevo Mundo y los pa&iacute;ses europeos, que inclu&iacute;an los flujos de bienes materiales, hombres y mujeres, esclavos, dinero capital y migraci&oacute;n; la competencia geopol&iacute;tica, los monopolios, las instituciones y todo tipo de relaciones que se desarrollaron durante m&aacute;s de tres siglos entre la metr&oacute;poli y el Nuevo Mundo<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p align="justify">Entre 1492 y 1720, el Imperio Espa&ntilde;ol pas&oacute; del optimismo al pesimismo, luego de que Roma le dio poder absoluto para la expoliaci&oacute;n material y espiritual de los territorios y habitantes “descubiertos”. La Corona tuvo que aceptar que era imposible e in&uacute;til restringir el acceso de otros competidores, en medio de los ciclos de explotaci&oacute;n del oro y la plata, del casi exterminio de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. En 1720 se inicia una nueva fase despu&eacute;s de superar la pirater&iacute;a, y se consolida el escenario para los desarrollos pol&iacute;ticos del siglo XVIII que culminar&iacute;an en la independencia<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El flujo de oro y plata de Am&eacute;rica a los pa&iacute;ses europeos m&aacute;s avanzados, a trav&eacute;s de Espa&ntilde;a, ocurri&oacute; en un per&iacute;odo de fuertes desequilibrios entre &eacute;sta y aqu&eacute;llos debido a las diferencias en el nivel de desarrollo: Espa&ntilde;a se convirti&oacute; en exportador de materias primas e importador de manufacturas. El tesoro americano, que impuls&oacute; el capitalismo aumentando los precios<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>, multiplic&oacute; las posibilidades del capital comercial y abri&oacute; nuevas formas de acumulaci&oacute;n y concentraci&oacute;n. Fue a la vez un premio a la conquista espa&ntilde;ola y su maldici&oacute;n, pues no mejor&oacute; su situaci&oacute;n de subdesarrollo relativo y lo agrav&oacute; por la propia debilidad econ&oacute;mica de Espa&ntilde;a<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p align="justify">As&iacute;, bien fuese mediante el asentamientos o la extracci&oacute;n, el usufructo de los recursos y del trabajo de los nativos o de quienes se trasladaron contribuy&oacute; a la expansi&oacute;n y al desarrollo europeo, y los metales preciosos de Am&eacute;rica fueron esenciales para el desarrollo del capitalismo. Otra cosa ocurri&oacute; en Espa&ntilde;a, que al inicio de la colonizaci&oacute;n ten&iacute;a un desarrollo relativo menor que el de sus competidores, y se limit&oacute; a servir de intermediario comercial<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>.</p>     <p align="justify">Su estancamiento y su decadencia se agravaron con la expulsi&oacute;n de jud&iacute;os y moros, que pose&iacute;an saberes y pericia industrial, comercial y artesanal. Destrezas que sacrific&oacute; a cambio del recaudo, mediante la confiscaci&oacute;n, de sus “enormes” riquezas. Adem&aacute;s, a la Espa&ntilde;a de talante aristocr&aacute;tico y clerical se a&ntilde;adi&oacute; la carga de impuestos a casi todos los productos, que le restaban competitividad y le tra&iacute;an una r&aacute;pida inflaci&oacute;n interna. Estos rasgos de la Espa&ntilde;a de los siglos XVI y XVII determinaron las caracter&iacute;sticas de su colonizaci&oacute;n (Zuleta, 2004).</p>     <p align="justify"><b>L<small>AS REVOLUCIONES BURGUESAS </small></b></p>     <p align="justify">Entre tanto, en el seno del orden feudal europeo hubo una explosi&oacute;n de fuerzas productivas (ligadas a mercados internos y externos) y de manufacturas en formaci&oacute;n, que al madurar y consolidarse liquidaron el sistema feudal<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. Ese proceso, que avanz&oacute; desde finales del siglo XVI, superar&iacute;a la renuencia o la resistencia de la aristocracia enquistada en el poder y aferrada a sus privilegios. En esa transici&oacute;n hist&oacute;rica, los cambios econ&oacute;micos fueron acompa&ntilde;ados de la exigencia de cambios pol&iacute;ticos impulsados por una clase que deseaba autonom&iacute;a y lucrarse del capitalismo naciente (burgueses y nuevos nobles). Busc&oacute; instalarse en el poder cubriendo la revoluci&oacute;n con un manto puritano. La confrontaci&oacute;n fue inevitable y violenta. Inglaterra es el caso cl&aacute;sico<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. La instalaci&oacute;n del republicanismo en Inglaterra dio aliento ideol&oacute;gico a una fracci&oacute;n de la poblaci&oacute;n europea asentada en el Nuevo Mundo, en gran parte formada por gentes que huyeron de la persecuci&oacute;n religiosa, que en el siglo siguiente declar&oacute; traidor al representante del absolutismo y decidi&oacute; vencerlo por la fuerza de la raz&oacute;n y de las armas. En Inglaterra, la nueva clase tuvo &eacute;xito porque reclut&oacute; a la gran masa de despose&iacute;dos que carec&iacute;an de derechos y de representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Canaliz&oacute; la inconformidad mediante la confrontaci&oacute;n religiosa, en su lucha contra la estructura feudal. La burgues&iacute;a y los nuevos nobles llegaron as&iacute; al poder.</p>     <p align="justify">En el siglo XVIII naci&oacute; la naci&oacute;n norteamericana y en su conciencia arraigaron los valores que le dieron origen. En la fundaci&oacute;n de la Uni&oacute;n de Estados Americanos no falt&oacute; quien pensara que su nacimiento era una decisi&oacute;n divina: “El Todopoderoso ha elegido a la presente generaci&oacute;n para construir el imperio americano”<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>. Un imperio “predestinado” a colonizar y explotar a todo el continente.</p>     <p align="justify">En la Revoluci&oacute;n Norteamericana incidieron factores como la consolidaci&oacute;n de un gran potencial econ&oacute;mico, la facilidad para adquirir tierras, la dotaci&oacute;n de recursos naturales, una clase comercial consciente de su potencial, el desarrollo de ciudades costeras con profusa vida intelectual y cultural, y la formaci&oacute;n de una amplia y fuerte clase media que ve&iacute;a limitadas sus posibilidades por la pol&iacute;tica imperial que los brit&aacute;nicos impulsaron en 1763<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p align="justify">Estall&oacute; entonces un conflicto entre quienes buscaban la autonom&iacute;a econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de la sociedad colonial y las fuerzas del imperio. La Revoluci&oacute;n Norteamericana no buscaba derrumbar una vieja sociedad, sino una transformaci&oacute;n social y pol&iacute;tica que la liberara del Imperio Brit&aacute;nico. En la sociedad colonial conviv&iacute;an tres clases (la aristocracia y las clases media y baja) que compart&iacute;an valores similares –laboriosidad, trabajo independiente, respeto de los derechos de propiedad, expectativas de crecimiento ilimitado y capacidad humana para mejorar socialmente (Adams, 1989)– importados de Europa y fortalecidos por los inmigrantes.</p>     <p align="justify">Las diferencias entre la Revoluci&oacute;n Norteamericana y las de Hispanoam&eacute;rica tienen origen en las caracter&iacute;sticas de la colonizaci&oacute;n. Las colonias norteamericanas no eran s&oacute;lo una fuente de materias primas, productos agr&iacute;colas y metales preciosos, eran tambi&eacute;n un mercado para las manufacturas de la metr&oacute;poli, pues la alta migraci&oacute;n y la abundancia de recursos hicieron posible una sociedad de propietarios. El <a href="#c2">cuadro 2</a> resume esas diferencias.</p>     <p align="justify">Cuadro 2<a name="c2"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Diferencias en el tipo de colonizaci&oacute;n</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a10c2.jpg"></p>     <p align="justify">Zuleta se&ntilde;ala que para explicar las diferencias estructurales de Norteam&eacute;rica e Hispanoam&eacute;rica se suele apelar superficialmente a las diferencias de car&aacute;cter o a las peculiaridades religiosas de los colonizadores, dejando por fuera las circunstancias econ&oacute;micas, sociol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas de las naciones colonizadoras y las condiciones sociales que encontraron en los nuevos territorios. En Hispanoam&eacute;rica hab&iacute;a culturas “desarrolladas y jerarquizadas” y, por tanto, una fuerza humana acostumbrada a la “obediencia y al tributo”; el mestizaje se inici&oacute; con “la prestaci&oacute;n de servicios sexuales de las indias y esclavas negras a sus se&ntilde;ores”. La colonizaci&oacute;n inglesa, portadora de t&eacute;cnicas modernas, exig&iacute;a mano de obra relativamente calificada, atra&iacute;da por la esperanza de convertirse en propietaria independiente. Igual que en las colonias espa&ntilde;olas, cuando los pueblos abor&iacute;genes de Norteam&eacute;rica “resultaban inutilizables como mano de obra &#91;...&#93; fueron exterminados o desalojados” (Zuleta, 2004, 38-39).</p>     <p align="justify">Las motivaciones y los fines eran diferentes. Los espa&ntilde;oles buscaban metales preciosos (El Dorado) y, con su agotamiento, la opci&oacute;n m&aacute;s segura y estable fue la apropiaci&oacute;n de las tierras y la explotaci&oacute;n de los indios. En Norteam&eacute;rica, los colonos buscaban la libertad –muchos huyeron de sus pa&iacute;ses por la persecuci&oacute;n religiosa–, la propiedad y condiciones propicias para desplegar sus capacidades y ejercer sus oficios<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. Hay una gran diferencia entre unos colonos que van a trabajar por s&iacute; mismos y para s&iacute; mismos, lo que requiere una gran migraci&oacute;n familiar, y unos conquistadores que llegan a extraer riquezas ajenas, que s&oacute;lo requieren peque&ntilde;os grupos de hombres armados y de evangelizadores para someter a relaciones de servidumbre a la poblaci&oacute;n nativa.</p>     <p align="justify">La Revoluci&oacute;n Norteamericana y la fundaci&oacute;n de Estados Unidos, entre 1763 y 1815, tuvieron varias caracter&iacute;sticas: apoyo externo (Francia y Espa&ntilde;a); inexistencia de una nobleza identificada con la Corona y resistencia a los tributos impuestos por la Corona inglesa. La clase media consciente de sus posibilidades de progreso se enfrent&oacute; a la monarqu&iacute;a constitucional de Inglaterra (Adams, 1989).</p>     <p align="justify">Desde el punto de vista pol&iacute;tico se logr&oacute; un gran consenso que convirti&oacute; en &iacute;cono a la constituci&oacute;n y a las leyes, e hizo posible la creaci&oacute;n de instituciones asentadas en valores comunes: libertad individual, soberan&iacute;a popular, sufragio universal, federalismo, derechos de propiedad, separaci&oacute;n de poderes, r&eacute;gimen presidencialista y gobierno laico. Si bien no hizo suyo el concepto de igualdad, pues no aboli&oacute; la esclavitud, la instituci&oacute;n que sosten&iacute;a a la poderosa clase aristocr&aacute;tica sure&ntilde;a. Tampoco reconoci&oacute; derechos a la poblaci&oacute;n aborigen, lo que despu&eacute;s influir&iacute;a en Hispanoam&eacute;rica. Hubo que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para que se proscribiera la esclavitud, aunque no la segregaci&oacute;n racial, bajo el impulso de las relaciones capitalistas y como resultado de la Guerra de Secesi&oacute;n.</p>     <p align="justify">En 1789 estall&oacute; la Revoluci&oacute;n Francesa y la toma de la Bastilla se erigi&oacute; en s&iacute;mbolo hist&oacute;rico de la ca&iacute;da de la nobleza; las ideas de libertad, igualdad y fraternidad promet&iacute;an la realizaci&oacute;n del proyecto de la modernidad fruto de la Ilustraci&oacute;n. Sus pilares ser&iacute;an la Revoluci&oacute;n Francesa y la Revoluci&oacute;n Industrial.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A</small> R<small>EVOLUCI&Oacute;N</small> I<small>NDUSTRIAL</small></b></p>     <p align="justify">En el siglo XIX se desarroll&oacute; y consolid&oacute; el capitalismo. Decay&oacute; la pirater&iacute;a; tambi&eacute;n la intervenci&oacute;n y el control absoluto del Estado; se abolieron los antiguos monopolios y aument&oacute; la competencia. La Revoluci&oacute;n Industrial dej&oacute; atr&aacute;s los progresos manufactureros de los siglos XVII y comienzos del XVIII<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>.</p>     <p align="justify">El capitalismo mercantil foment&oacute; la expansi&oacute;n de los mercados necesaria para instaurar el capitalismo industrial y la innovaci&oacute;n permanente. Hubo revoluciones burguesas en Inglaterra, Estados Unidos y Francia, y de independencia en Am&eacute;rica Latina. La Revoluci&oacute;n Industrial, iniciada en siglos anteriores, se desarroll&oacute; en el marco pol&iacute;tico que la misma burgues&iacute;a construy&oacute;. Pero el proceso no fue id&eacute;ntico en todos los pa&iacute;ses. En algunos, quedaron vestigios de feudalismo; en Francia, despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n vino la Restauraci&oacute;n. Muchos otros pa&iacute;ses no marcharon al ritmo de Inglaterra, Estados Unidos y los Pa&iacute;ses Bajos. El mundo occidental se dividi&oacute; en pa&iacute;ses desarrollados y subdesarrollados; los primeros usaron su poder pol&iacute;tico y b&eacute;lico para afianzar su poder econ&oacute;mico y asegurar mercados a sus manufacturas. Inglaterra es de nuevo el caso cl&aacute;sico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Apareci&oacute; una fuerza nueva y arrolladora: el sistema de f&aacute;bricas y centros fabriles, que remplaz&oacute; gradualmente al trabajador manual individual y engros&oacute; las filas de quienes buscaban trabajo junto a los expropiados de la tierra durante la acumulaci&oacute;n originaria. Las relaciones trabajo-capital se profundizaron. Madur&oacute; una categor&iacute;a econ&oacute;mica, el capital, y surgi&oacute; la clase obrera. Los gremios de comerciantes y artesanos decayeron, y se pas&oacute; del control flexible y desorganizado de la industria dom&eacute;stica a la reglamentaci&oacute;n estricta de la factor&iacute;a. El sistema fabril lleg&oacute; a extremos execrables, no escaparon las mujeres ni los ni&ntilde;os; hab&iacute;a que alquilar trabajo a toda costa para obtener ganancias. El proyecto moderno entr&oacute; en crisis, hasta el desarrollo, en los albores del siglo XX, de la sociedad fordista<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>L<small>AS REVOLUCIONES EN</small> H<small>ISPANOAM&Eacute;RICA: EL INICIO</small></b></p>     <p align="justify">Espa&ntilde;a emprendi&oacute; la reconquista del Nuevo Mundo en 1765, y provoc&oacute; una crisis de lealtad de la clase emergente que hab&iacute;a tomado conciencia de s&iacute; y desarrollado una identidad cultural y territorial. Los criollos vieron afectados sus intereses<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>, ante la p&eacute;rdida de una emancipaci&oacute;n informal resultado de la inercia y la pesadez de la Corona. La riqueza que recib&iacute;a de ultramar se redujo pues algunos excedentes americanos se reinvert&iacute;an y se daban los primeros pasos hacia la industrializaci&oacute;n. El remedio ser&iacute;a peor que la enfermedad, pues el reforzamiento del control imperial y del comercio monop&oacute;lico afect&oacute; los intereses econ&oacute;micos de las &eacute;lites surgidas en el Nuevo Mundo. El imperio se sacud&iacute;a para recuperar su posici&oacute;n mundial, sin importar o sin calcular los costos de su estrategia<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>.</p>     <p align="justify">El problema no era excluir del comercio a los extranjeros sino controlar a los criollos, amalgamados con funcionarios y comerciantes en un sistema de repartimientos que serv&iacute;a a sus intereses mediante la explotaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y esclava. Era una reconquista burocr&aacute;tica y econ&oacute;mica, y tambi&eacute;n del poder. La Corona se situ&oacute; en medio del sector privado colonial y de los indios. Y una paradoja de su pol&iacute;tica liberal es que aument&oacute; la dependencia<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a>. Las reformas de Carlos III atizaron la hoguera de odios e intereses encontrados y fueron el caldo de cultivo que justificar&iacute;a el alzamiento en armas. Fue la oportunidad para que quienes hab&iacute;an sido proscritos del poder pol&iacute;tico ascendieran y ocuparan el lugar que cre&iacute;an merecer.</p>     <p align="justify">La Iglesia –guardiana de la moral y la pureza racial– sinti&oacute; el embate; las reacciones pronto aparecieron y se fortaleci&oacute; el poder pol&iacute;tico de las &eacute;lites, como ocurri&oacute; en M&eacute;xico. Dos medidas prendieron la mecha: la ampliaci&oacute;n del monopolio del tabaco y la administraci&oacute;n directa de las alcabalas. Tambi&eacute;n se abri&oacute; y se extendi&oacute; el comercio, y Espa&ntilde;a se benefici&oacute;<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a>, pese a su atraso relativo. Pero los criollos se perjudicaron; su libertad, <i>de facto</i>, se restringi&oacute;. El monopolio, el comercio y la navegaci&oacute;n se hicieron m&aacute;s eficientes<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a>.</p>     <p align="justify">Hacia 1790 la migraci&oacute;n espa&ntilde;ola se quintuplic&oacute; con respecto a la de comienzos del siglo. Una invasi&oacute;n de bur&oacute;cratas y comerciantes de Cantabria reforz&oacute; la reconquista. Su primer objetivo, el comercio y la miner&iacute;a; luego, el poder pol&iacute;tico. Creci&oacute; el resentimiento y la frustraci&oacute;n porque los criollos fueron excluidos del poder pol&iacute;tico y marginados en el comercio. Perdieron las esperanzas de la &eacute;poca de inercia del imperio, pero su n&uacute;mero era mayor y estaba en continuo crecimiento; en orden de magnitud, indios, mestizos, blancos y negros integran una estructura social de castas. El imperio permiti&oacute; cierta movilidad social (1795) para contener la presi&oacute;n social, con efectos contrarios: los blancos se aferraron a sus privilegios y los criollos trataron de mantener distancias con mulatos, indios y zambos<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a>.</p>     <p align="justify">Cuando se modific&oacute; la pol&iacute;tica en 1796, ya era muy tarde. La econom&iacute;a del Nuevo Mundo no respond&iacute;a a est&iacute;mulos externos: por su atraso relativo, se invert&iacute;a poco y las exportaciones no compensaban las importaciones europeas que inundaban la regi&oacute;n. La industria local pereci&oacute;; el resultado: m&aacute;s salida de metales preciosos y mayor explotaci&oacute;n de la mano de obra. Espa&ntilde;a, en su papel de intermediario, aument&oacute; la dependencia y el rezago del desarrollo capitalista en el Nuevo Mundo.</p>     <p align="justify">En Venezuela y M&eacute;xico, las &eacute;lites protestan y el imperio reacciona. La c&oacute;lera estalla en M&eacute;xico en 1810. Los criollos quedan en la mitad; su sospecha se confirma: ser&aacute;n guardianes del orden social y herederos de la Colonia. Es su oportunidad: ellos o los pardos. Espa&ntilde;a colaps&oacute; conquistada por Napole&oacute;n (1808). Pero la unidad americana se vio frustrada por las divisiones administrativas establecidas por los espa&ntilde;oles, naturales y econ&oacute;micas que ya mostraban las dificultades de integraci&oacute;n comercial por las rivalidades iniciadas en los virreinatos.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de la independencia cada pa&iacute;s ir&iacute;a por su lado, y la rebati&ntilde;a entre criollos por cargos p&uacute;blicos, prestigio y poder ser&iacute;a un fardo que empezar&iacute;an a soportar los pueblos latinoamericanos hasta el presente. La Ilustraci&oacute;n lleg&oacute; a una &eacute;lite reducida que acogi&oacute; la idea de libertad, pero vio con reserva la de igualdad. Las causas de las revoluciones fueron los intereses propios m&aacute;s que las ideas europeas. La Revoluci&oacute;n Americana, m&aacute;s que la francesa, fue la que inspir&oacute; a los criollos; al fin y al cabo Napole&oacute;n era emperador. El republicanismo y la libertad fueron un poderoso ejemplo. La constituci&oacute;n norteamericana fue imitada y “traducida convenientemente” por varios pa&iacute;ses para promover los intereses de comerciantes atentos al potencial mercado americano, una vez cayera el monopolio espa&ntilde;ol.</p>     <p align="justify">Los intelectuales criollos hicieron florecer una literatura nacionalista. Los jesuitas hab&iacute;an jugado un papel determinante<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a>, pues contribuyeron a forjar una nueva cultura, que rebat&iacute;a el mito de la inferioridad y el irracionalismo americanos y sent&oacute; las bases de una conciencia hist&oacute;rica y regional que daba identidad regional: la patria americana, su historia y sus recursos<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Lleg&oacute; entonces la oportunidad para el americanismo: los modelos de Carlos III y Carlos IV decayeron. Espa&ntilde;a colaps&oacute;, y con ello los Borbones. Napole&oacute;n ocup&oacute; Madrid, Carlos IV y su hijo Fernando abdicaron y se proclam&oacute; a Jos&eacute; Bonaparte Rey de Espa&ntilde;a y de la Indias. Siguen dos a&ntilde;os decisivos e Hispanoam&eacute;rica se incendia: no estaban los Borbones; los criollos no quer&iacute;an a Napole&oacute;n, y no confiaban en los liberales espa&ntilde;oles. Era hora de hacerse cargo de su destino.</p>     <p align="justify">El 20 de julio de 1810 se declar&oacute; la independencia en la capital de la Nueva Granada, cuya guerra se prolongar&iacute;a hasta 1819. Adem&aacute;s de la de independencia habr&iacute;a 10 guerras civiles y cerca de 40 conflictos provinciales entre 1812 y 1899, por motivos regionales, pol&iacute;ticos, territoriales y religiosos que ser&iacute;an la semilla de los del siglo XX. A eso se sum&oacute; la inercia de la estructura econ&oacute;mica heredada del imperio, factores que aletargar&iacute;an las posibilidades del desarrollo. En los conflictos territoriales, se instalar&iacute;a el germen de una violencia que se arraigar&iacute;a hist&oacute;rica y estructuralmente en la sociedad colombiana<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a>.</p>     <p align="justify">Fueron entonces causas internas (conciencia de una cultura, identidad y recursos propios, desarrollo de otras actividades econ&oacute;micas aparte de la miner&iacute;a, discriminaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico) y externas (inercia del Imperio Espa&ntilde;ol, colapso de la metr&oacute;poli, pol&iacute;tica neo-imperial, leyes contra la discriminaci&oacute;n) las que confluyeron en un momento propicio para crear las condiciones de la emancipaci&oacute;n continental, con marcadas diferencias regionales.</p>     <p align="justify"><b>L<small>AS REVOLUCIONES EN</small> H<small>ISPANOAM&Eacute;RICA: CONDICIONES OBJETIVAS</small></b></p>     <p align="justify">El conflicto se extiende y las &eacute;lites criollas cambian de bando al vaiv&eacute;n de las circunstancias internas y externas, seg&uacute;n conviene a sus intereses. Su objetivo se resume en la frase de Lampedusa “que todo cambie para que todo siga igual”. El peso de la ideolog&iacute;a “Rey y Dios” sofocar&aacute; las aspiraciones de cambio una vez terminadas las guerras de independencia, debido al choque entre grupos que buscan preservar el antiguo sistema y los portadores del r&eacute;gimen burgu&eacute;s naciente.</p>     <p align="justify">Todo ser&aacute; distinto pero nada cambiar&aacute;, pues las condiciones econ&oacute;micas siguen intactas. La inercia de la ideolog&iacute;a colonial es muy pesada. Despu&eacute;s de su acomodo moment&aacute;neo, los arist&oacute;cratas y los comerciantes reclamaron lo que les era esquivo: el poder pol&iacute;tico. Los traicionados fueron las masas populares; los sacrificados, los militares libertadores. En el Alto Per&uacute; (Bolivia), como caso t&iacute;pico, el Congreso qued&oacute; en manos de la fracci&oacute;n colonial aristocr&aacute;tica.</p>     <p align="justify">Caracas y Buenos Aires son los centros de la guerra. Los mantuanos caraque&ntilde;os hab&iacute;an tomado Caracas en 1749. Caracas y Buenos Aires est&aacute;n al margen del desarrollo minero de Per&uacute; y M&eacute;xico. Lo suyo es el tabaco, la ca&ntilde;a de az&uacute;car, el cacao, el ganado, actividades que se ven favorecidas por el auge del mercado mundial del siglo XVIII. Adem&aacute;s, el esclavismo, el contrabando y la pol&iacute;tica liberal de los Borbones permitieron acumular capitales comerciales y ganaderos vinculados al capital mercantil ingl&eacute;s. Antes de retornar al sistema de privilegios y restricciones, la &eacute;lite americana apoy&oacute; a los patriotas en un momento de extraordinario desarrollo comercial. Caracas y Buenos Aires son los dos ejes del conflicto entre la clase social en ascenso y la burocracia colonial en decadencia. En el juego tambi&eacute;n entran los militares de tendencia burguesa, los representantes de la ideolog&iacute;a liberal espa&ntilde;ola y las grandes masas. El ajedrez est&aacute; completo.</p>     <p align="justify">El conflicto es entonces por la hegemon&iacute;a y la defensa de los intereses de cada fracci&oacute;n, ligada a intereses internacionales: la ideolog&iacute;a liberal y la ideolog&iacute;a absolutista de la Santa Alianza<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a>. El premio es el poder pol&iacute;tico. La condiciones para la revoluci&oacute;n est&aacute;n maduras: poder local (demograf&iacute;a y econom&iacute;a) y decadencia del poder absolutista (en la guerra napole&oacute;nica se reflejaron los intereses de la burgues&iacute;a francesa), el punto de intersecci&oacute;n de los dos planos.</p>     <p align="justify">La ca&iacute;da del rey debilita a la fracci&oacute;n metropolitana, crea un vac&iacute;o de poder en las colonias y cambia la correlaci&oacute;n de fuerzas a favor de la fracci&oacute;n ascendente. Pero sus objetivos no van m&aacute;s all&aacute; de la transferencia del poder. Es una emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica, que no toca la estructura social. El instrumento ser&aacute;n los militares vanguardistas, lectores y admiradores de los pensadores de la Ilustraci&oacute;n y seguidores –y algunos participantes– de las revoluciones de Estados Unidos y Francia. La clase emergente teme que el conflicto se desborde, como ocurri&oacute; en Francia y Hait&iacute;. El conflicto se masifica cuando intervienen las castas inferiores: llaneros, indios, mestizos, gauchos.</p>     <p align="justify">La guerra se desarrolla seg&uacute;n la regi&oacute;n y el virreinato: guerra de guerrillas, liberaci&oacute;n externa o entre ej&eacute;rcitos regulares. Espa&ntilde;a retoma el poder en Venezuela en 1814, con apoyo popular. Bol&iacute;var huye y regresa pensando que los intereses sociales importan. En 1815, el intento de restaurar el absolutismo, el <i>status quo ante</i>, cambia todo. Bol&iacute;var aglutina en torno suyo el sentimiento americano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Per&uacute; inici&oacute; la guerra en 1809. La audiencia de Charcas, eje administrativo y pol&iacute;tico de la colonia, ejerce la vigilancia y el control de la metr&oacute;poli. Es la representante de la confusi&oacute;n administrativa por el temor de la Corona a la independencia de los &oacute;rganos de poder. Acumula el pol&iacute;tico, el judicial, el eclesi&aacute;stico y el militar. Chuquisaca es el centro de una aristocracia (gachupina y criolla) bur&oacute;crata, arrogante, conservadora y provincial. Ignora la autoridad de Lima y Buenos Aires: s&oacute;lo es responsable ante Dios y el rey. Ante las circunstancias, la &eacute;lite criolla ve la posibilidad de romper la hegemon&iacute;a espa&ntilde;ola. En Espa&ntilde;a, la Junta de Sevilla, Napole&oacute;n y el hermano de Fernando VII reclaman el poder. La fracci&oacute;n aristocr&aacute;tica criolla se inclina por el rey: en 1809, quebranta su fidelidad y declara en La Paz sus intenciones de independencia; pero su rebeli&oacute;n es aplastada.</p>     <p align="justify">En 1823 los soldados franceses restauran el absolutismo espa&ntilde;ol en nombre de la Santa Alianza. Como consecuencia del conflicto entre liberales burgueses y absolutistas en la metr&oacute;poli, los criollos mexicanos, pro realistas hasta 1820, se vuelven partidarios de la independencia; se unen al alto clero y a la aristocracia terrateniente. En Per&uacute; todo termina en las batallas de Jun&iacute;n y Ayacucho (1824), cuando el ej&eacute;rcito de Bol&iacute;var derrota a La Serna. Ola&ntilde;eta se dispersa y luego se une al ej&eacute;rcito triunfador, base del ej&eacute;rcito de Bolivia. Sus oficiales, criollos de origen rico, pronto har&aacute;n valer sus intereses.</p>     <p align="justify">Los militares encabezados por Bol&iacute;var eran una vanguardia pol&iacute;tico militar influida por la Ilustraci&oacute;n y las revoluciones burguesas. Pero si en Europa la ideolog&iacute;a revolucionaria era expresi&oacute;n de la clase en ascenso, en Hispanoam&eacute;rica no lo era. Hubo una coincidencia entre los militares de vanguardia y los grupos conservadores mientras tuvieron un enemigo com&uacute;n: el imperio colonial. Al terminar la guerra, dicha coincidencia desapareci&oacute;. Surgi&oacute; entonces el antagonismo entre unos y otros, y se contuvo la acci&oacute;n reformadora.</p>     <p align="justify">En Hispanoam&eacute;rica no hubo un bonapartismo que impulsara los intereses burgueses. No exist&iacute;a una burgues&iacute;a s&oacute;lida en el Nuevo Mundo, ni condiciones objetivas para una revoluci&oacute;n burguesa. A&uacute;n pesaba la ideolog&iacute;a colonial. Bol&iacute;var intent&oacute; llenar el vac&iacute;o del <i>nacionalismo</i> burgu&eacute;s con el <i>americanismo</i>. Por ello, el destino de la vanguardia militar ser&iacute;a tr&aacute;gico. En el Alto Per&uacute;, las guerrillas fueron un intento popular de romper la estructura colonial. La mayor&iacute;a ind&iacute;gena era indiferente, por falta de comprensi&oacute;n, porque no ve&iacute;a interpretados sus intereses o por recelo ante sus antiguos amos ahora convertidos en libertadores. Las guerrillas eran dispersas y carec&iacute;an de unidad central. El concepto de patria nada les dec&iacute;a.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; qued&oacute; despu&eacute;s de quince a&ntilde;os de guerra (1810-1825)? La necesidad de reorganizar la estructura econ&oacute;mica e institucional. &iquest;C&oacute;mo organizarla?, &iquest;restaurar las viejas formas?, &iquest;implantar nuevas?, &iquest;qui&eacute;n las organizar&iacute;a?</p>     <p align="justify">En el Alto Per&uacute;, los protagonistas frustrados son Bol&iacute;var y Sucre al mando del ej&eacute;rcito. En el congreso intentan reformas estructurales y proponen una divisi&oacute;n pol&iacute;tica acorde con los l&iacute;mites administrativos de la colonia. Bol&iacute;var sue&ntilde;a en grandes confederaciones estatales con una unidad central. Pronto despertar&aacute; de su sue&ntilde;o: no hay condiciones para las reformas. Sucre, nombrado presidente, cede ante la oligarqu&iacute;a local, la opci&oacute;n separatista (1845), encabezada por patriotas de &uacute;ltima hora (clero, abogados, mineros, terratenientes, antiguos verdugos de los indios); no participa la generaci&oacute;n de 1809. Bol&iacute;var acepta, resignado. Las viejas clases inician la reconquista del poder. Llenar&aacute;n el vac&iacute;o pol&iacute;tico e institucional con la autoridad de las bayonetas de Bol&iacute;var. La falta de la base social necesaria para la revoluci&oacute;n burguesa se intenta llenarla con una pieza que no puede llevar a cabo la transformaci&oacute;n hacia un orden capitalista. Las &eacute;lites se toman el parlamento y la vanguardia militar se queda con el ejecutivo. Las primeras buscan conservar las viejas relaciones; la segunda, destruirlas. Bol&iacute;var hab&iacute;a afirmado el 15 de febrero de 1819 en Angostura que las bases de la rep&uacute;blica deb&iacute;an ser la divisi&oacute;n de poderes, la libertad civil, la proscripci&oacute;n de la esclavitud y la abolici&oacute;n de la monarqu&iacute;a y de los privilegios (Dieterich, 1978).</p>     <p align="justify">El decreto de Trujillo y Cuzco, que proviene de la vanguardia militar, fractura a la clase dominante: reconoce la propiedad privada de la tierra, deroga las prestaciones personales, institucionaliza el salario monetario y suprime el tributo ind&iacute;gena. As&iacute; amenaza el fundamento econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de los arist&oacute;cratas y afecta a la burocracia parasitaria. Y tambi&eacute;n al clero: deroga el diezmo, seculariza la educaci&oacute;n y los de monasterios no utilizados, separa el Estado y la Iglesia. El sistema de educaci&oacute;n que propone Sim&oacute;n Rodr&iacute;guez es inaceptable pues supone un sistema de ense&ntilde;anza sin distinci&oacute;n de raza ni color de piel (Dieterich, 1978).</p>     <p align="justify">Surge la reacci&oacute;n, pues la cuesti&oacute;n social pasa a primer plano despu&eacute;s de la guerra, en toda Hispanoam&eacute;rica. Las &eacute;lites organizan conspiraciones: hay que liberarse de los libertadores. Los h&eacute;roes son proscritos y asesinados o exiliados. Los sue&ntilde;os se desinflan: Am&eacute;rica no estaba preparada para ellos<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a>. En Bolivia, por ejemplo, la econom&iacute;a precapitalista se mantuvo hasta 1865, y en un mundo que tiende al capitalismo, entr&oacute; en crisis por su atraso, que perdurar&aacute; hasta finales del siglo XIX. Las manufacturas de Cochabamba quebraron por la competencia inglesa. La agricultura de gamonales e ind&iacute;genas marginados est&aacute; condenada al fracaso. Hay un d&eacute;ficit permanente en el comercio exterior. La econom&iacute;a era d&eacute;bil y la industria minera estaba en quiebra. No hab&iacute;a una nueva clase que transformara el viejo orden econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. Aparecen entonces el caudillismo, el populismo y el oportunismo de los pa&iacute;ses vecinos. Bolivia termina sin salida al mar.</p>     <p align="justify">Los terratenientes son la fuerza social m&aacute;s poderosa luego del desplome de la miner&iacute;a, y jam&aacute;s fueron sujeto de desarrollo<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a>. Tampoco el campesinado, por su dependencia secular. Mucho menos el ind&iacute;gena, ap&aacute;tico, ignorante e indiferente al proceso social. La peque&ntilde;a burgues&iacute;a apenas era tolerada. Se unen los conservadores y reaccionarios y el ej&eacute;rcito es su veh&iacute;culo estrat&eacute;gico. Lo importante es el presente, no el futuro. Hasta los a&ntilde;os 1870 gobern&oacute; la oligarqu&iacute;a.</p>     <p align="justify">Luego, el ascenso de los precios de la plata en el mercado mundial atrae capitales extranjeros que crean una fracci&oacute;n capitalista equivalente a la burgues&iacute;a europea. Vienen las exigencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas: gobierno democr&aacute;tico y estable, apoyo al desarrollo de la industria, construcci&oacute;n de v&iacute;as y ferrocarriles, liberaci&oacute;n del comercio. Se difunde el racionalismo del c&aacute;lculo econ&oacute;mico. Ahora lo que es acertado pol&iacute;ticamente es sentar el marco para el desarrollo del capitalismo; la clase arist&oacute;crata va de salida. El capital industrial se acumula a nivel nacional en su primera fase. Se requiere entonces un Estado nacional moderno y competente y legalidad constitucionalidad que garanticen la circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as, aseguren la propiedad privada y el flujo de capital extranjero, indispensable para la modernizaci&oacute;n en vista de los escasos capitales nacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los comerciantes, rentistas e industriales son garantes de la paz; su pesadilla es la inestabilidad pol&iacute;tica. No pocas guerras estallaron por la llegada de nuevos grupos, como la del salitre, ejecutada por chilenos y provocada por capitales de Estados Unidos e Inglaterra interesados en apropiarse de los yacimientos bolivianos bajo la mirada indiferente y c&iacute;nica de las &eacute;lites de ese pa&iacute;s. La burgues&iacute;a nacional se instala entonces, en las postrimer&iacute;as del siglo XIX, como fuerza de progreso y veh&iacute;culo de la producci&oacute;n fabril, es decir, progresista con respecto al arcaico sistema colonial.</p>     <p align="justify">Las guerras de independencia fueron un reflejo de los poderes e intereses en pugna, que determinaron sus resultados: fueron revoluciones burguesas no consumadas (Kossok, 1989). El car&aacute;cter potencialmente burgu&eacute;s de la revoluciones de Hispanoam&eacute;rica fue contrarrestado por las &eacute;lites aristocr&aacute;ticas terratenientes y los comerciantes, que impidieron consumar la revoluci&oacute;n. Sus efectos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos restringir&iacute;an el desarrollo del capitalismo en la regi&oacute;n, en contraste con Norteam&eacute;rica y una parte de Europa<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">En el desarrollo de los pa&iacute;ses es determinante su historia pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, institucional y cultural. En Hispanoam&eacute;rica, los grupos que se favorec&iacute;an con el viejo sistema obstaculizaron los cambios sociales necesarios para asentar y consolidar la producci&oacute;n capitalista. Su desempe&ntilde;o econ&oacute;mico actual fue condicionado por el juego de las fuerzas pol&iacute;ticas y sociales que comentamos en la &uacute;ltima secci&oacute;n. De modo que la relaci&oacute;n entre tasa de mortalidad, tipos de colonizaci&oacute;n, instituciones y desarrollo se complementa y s&oacute;lo encuentra sentido y poder explicativo como factor del atraso o &eacute;xito econ&oacute;mico en el marco de la evoluci&oacute;n social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica interna, determinada por el nivel de desarrollo de los pa&iacute;ses colonizadores.</p>     <p align="justify">En la persistencia de las instituciones que los espa&ntilde;oles legaron a Hispanoam&eacute;rica fueron determinantes el contexto socioecon&oacute;mico que encontraron, y el desarrollo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de la metr&oacute;poli. La amalgama que se produjo durante el per&iacute;odo colonial dio lugar a fuerzas contrarias que chocaron despu&eacute;s de la independencia, y la transformaci&oacute;n de las estructuras sociales impulsada por la fracci&oacute;n progresista fue obstaculizada por los grupos que s&oacute;lo buscaban la autonom&iacute;a pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a y el ejercicio del poder.</p>     <p align="justify">Las ideas y el ejemplo de las revoluciones burguesas, en su acepci&oacute;n universal, llegaron a tierras inf&eacute;rtiles; la aristocracia hispanoamericana termin&oacute; liber&aacute;ndose de sus libertadores. En las guerras latinoamericanas tambi&eacute;n incidieron los intereses geopol&iacute;ticos europeos: el choque entre el liberalismo ascendente y el absolutismo representado en la Santa Alianza marc&oacute; las revoluciones de independencia y circunscribi&oacute; sus resultados en t&eacute;rminos de desarrollo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">La s revoluciones hispanoamericanas fueron motivadas por el deseo de autonom&iacute;a y poder pol&iacute;tico de una &eacute;lite aristocr&aacute;tica, terrateniente y comercial, colocada entre el Imperio Espa&ntilde;ol decadente y la poblaci&oacute;n aborigen y esclava; no fueron motivadas por ideales de igualdad e imperativos sociales y econ&oacute;micos que llevaran a la emancipaci&oacute;n de los grupos dominados. Los grupos que ascendieron al poder heredaron instituciones cargadas de pesadez colonial, no debido a unas condiciones geogr&aacute;ficas adversas sino a las pol&iacute;ticas y restricciones del Imperio Espa&ntilde;ol, ligadas a sus condiciones hist&oacute;ricas y a su retraso econ&oacute;mico con respecto a otros pa&iacute;ses europeos.</p>     <p align="justify">Las revoluciones burguesas potenciales no se consumaron porque no exist&iacute;a una clase capitalista fuerte y no subordinada a las &eacute;lites sociales m&aacute;s poderosas. El legado de la metr&oacute;poli, producto de su propio y particular estado de atraso, fue fundamental en el desenvolvimiento econ&oacute;mico y pol&iacute;tico posterior a las revoluciones de independencia. La permanencia de sus instituciones tambi&eacute;n determinar&iacute;a las relaciones econ&oacute;micas de Latinoam&eacute;rica con los pa&iacute;ses desarrollados de la &eacute;poca, en especial Inglaterra, que ante la inestabilidad pol&iacute;tica limitaron sus inversiones a la extracci&oacute;n de materias primas, lo que fren&oacute; el desarrollo del subcontinente.</p>     <p align="justify">La revoluciones agr&iacute;cola e industrial, y el proceso colonizador, que impulsaron el desarrollo del capitalismo son, sin duda, determinantes de las diferencias en el desarrollo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico de los pa&iacute;ses. En Colombia, luego de que las &eacute;lites consiguieron el poder pol&iacute;tico, procuraron consolidar el poder econ&oacute;mico. Debido a las desigualdades sociales, el nuevo orden ser&iacute;a inestable, en principio asociado a la propiedad de la tierra y luego a la propiedad industrial. La concentraci&oacute;n de la riqueza provocar&iacute;a numerosos conflictos despu&eacute;s de la independencia y recortar&iacute;a las oportunidades para la movilidad social, lo que junto con un sistema pol&iacute;tico restrictivo y excluyente conformar&iacute;a un escenario propicio para la polarizaci&oacute;n social que a&uacute;n se mantiene y que es una amenaza latente para el orden institucional.</p>     <p align="justify">La expansi&oacute;n del capital trascendi&oacute; el Estado-Naci&oacute;n, creado por las revoluciones burguesas como estructura pol&iacute;tica para el desarrollo de las fuerzas productivas que le dieron vida. La globalizaci&oacute;n super&oacute; el estatismo socialista y el Estado burgu&eacute;s. En este contexto, la superaci&oacute;n del subdesarrollo es un desaf&iacute;o tambi&eacute;n global, que desborda toda f&oacute;rmula mec&aacute;nica y de ingenier&iacute;a social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La asepsia instrumental y t&eacute;cnica en la explicaci&oacute;n del desarrollo y, por tanto, la omisi&oacute;n de los factores pol&iacute;ticos y de poder, soslaya la responsabilidad europea en el subdesarrollo de la Am&eacute;rica hispana, cuyas estructuras sociales no son un mero resultado estad&iacute;stico de factores escogidos arbitrariamente, sino resultados hist&oacute;ricos y complejos de opciones y decisiones que beneficiaron a unas sociedades en detrimento de otras. La concepci&oacute;n estrecha y unilateral del desarrollo, adem&aacute;s de ser parcializada pol&iacute;ticamente, es etnoc&eacute;ntrica y niega otras opciones de bienestar humano y social.</p>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, la atribuci&oacute;n del atraso y de las diferencias de desarrollo entre pa&iacute;ses a factores naturales –como el clima, la geograf&iacute;a y aun el origen racial–, adem&aacute;s de parecer pol&iacute;ticamente neutral, es una explicaci&oacute;n insuficiente y limitada.</p>     <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Una revisi&oacute;n del concepto de “instituciones” revela las limitaciones de su uso en la econom&iacute;a. Seg&uacute;n Portes, suele ir acompa&ntilde;ado de confusi&oacute;n y olvidos selectivos de la teor&iacute;a anterior, y “el olvido selectivo disminuye nuestra capacidad para analizar los fen&oacute;menos econ&oacute;micos y ‘econ&oacute;micamente relevantes’ (Weber, &#91;1904&#93; 1949), pues ignora distinciones b&aacute;sicas y descuida diferentes niveles de significancia causal”. Luego afirma: “Quiz&aacute; influidos por la promesa de colaboraci&oacute;n interdisciplinaria como consecuencia de las nuevas ideas, han pasado por alto un hecho fundamental: los economistas no est&aacute;n entrenados profesionalmente para tratar los m&uacute;ltiples elementos de la vida social ni su interacci&oacute;n y, en sus intentos de hacerlo, los confunden elaborando diagn&oacute;sticos malos o simplemente err&oacute;neos de la realidad”. Concluye: “Es imposible acumular conocimientos cient&iacute;ficos cuando los conceptos fundamentales representan pr&aacute;cticamente cualquier cosa” (Portes, 2006, 43-44).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Algunos autores critican la simplicidad de esta teor&iacute;a desde la actualidad del pa&iacute;s: “La idea de que siempre es deseable un Estado con baja capacidad para expropiar es, como m&iacute;nimo, desacertada: no cuadra, por ejemplo, con la prioritaria labor que afronta la sociedad colombiana de extinguir el dominio de tierras y propiedades de narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares”. “El Estado asistencial, activo en materia distributiva y activo en pol&iacute;ticas antidiscriminatorias, que parece deseable y recomendable en esta situaci&oacute;n, tampoco encaja bien en el esquema, defendido en el ensayo, de un ejecutivo que simplemente refuerza el <i>statu quo</i> y los derechos de propiedad existentes” (Rubio, 2006, 293).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. El FMI ha adoptado este enfoque simplista y lineal: “El desempe&ntilde;o econ&oacute;mico podr&iacute;a mejorar sustancialmente si los pa&iacute;ses en desarrollo reforzaran sus instituciones” (Edison, 2003, 35). J. Sachs critica este simplismo, que para &eacute;l ha llegado a un “grado peligroso”: “El concepto vago de ‘instituciones’ se ha convertido &#91;...&#93; en la meta intermedia de toda tentativa por mejorar una econom&iacute;a”. Critica la unilateralidad de esta &oacute;ptica que atribuye los logros del desarrollo a “los mensajes de Occidente acerca de la libertad, los derechos de propiedad y los mercados”; y se&ntilde;ala que el mundo desarrollado no asume su responsabilidad: “el mundo de los ricos est&aacute; &#91;...&#93; exento de responsabilidad financiera ante los pobres porque las fallas del desarrollo son producto de fallas institucionales y no de falta de recursos” (Sachs, 2003, 38).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Citado por Posada y Escobar (2003, 2).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Esto lleva a discutir si las instituciones son causa o consecuencia del crecimiento econ&oacute;mico: “Para el caso espec&iacute;fico de Acemoglu et al., Glaeser y sus coautores cuestionan los resultados emp&iacute;ricos, ya que estos &uacute;ltimos argumentan que los europeos que llegaron al Nuevo Mundo no solo trajeron instituciones, sino tambi&eacute;n su capital humano. Adem&aacute;s agregan que fue ese capital humano &#91;…&#93; lo que impuls&oacute; el crecimiento econ&oacute;mico” (Bonet y Meisel, 2006, 11).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. “Mientras no se mire y observe minuciosamente lo que ocurri&oacute; desde abajo, en distintas &eacute;pocas y sociedades, mientras no se abandone el desafortunado reflejo de creer que para entender los arreglos institucionales basta pensar ‘qu&eacute; har&iacute;a un individuo racional, si llegara, hace unos doscientos a&ntilde;os, a un lugar inh&oacute;spito, para colonizarlo’, seguir&aacute;n las vueltas abstractas e inconsecuentes, con impresionantes hallazgos econom&eacute;tricos agregados, pero sin avanzar un &aacute;pice en la comprensi&oacute;n de lo que pensaron y acordaron los individuos que contra todo pron&oacute;stico sobrevivieron a unas aventuras irracionales” (Rubio, 2006, 297).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Rodrik y Subramanian examinan la relaci&oacute;n entre las variables que explican las diferencias en el nivel ingreso: la geograf&iacute;a, el comercio internacional (o integraci&oacute;n econ&oacute;mica) y las instituciones. La geograf&iacute;a afecta directamente el nivel de ingreso, e indirectamente lo hace a trav&eacute;s de la integraci&oacute;n econ&oacute;mica y las instituciones. Encuentran que las instituciones son el &uacute;nico determinante positivo del nivel de ingreso e, igual que Acemoglu et al., asumen que si se mejoran aumentar&aacute; el ingreso per c&aacute;pita. No obstante, reconocen que hay pruebas “de que en la combinaci&oacute;n institucional deseable hay un gran elemento de especificidad del contexto que surge de las diferencias hist&oacute;ricas, geogr&aacute;ficas, de econom&iacute;a pol&iacute;tica u otras condiciones iniciales, lo que ayudar&iacute;a a explicar por qu&eacute; los pa&iacute;ses en desarrollo que lograron el &eacute;xito casi siempre han incorporado elementos poco ortodoxos en las pol&iacute;ticas ortodoxas” (Rodrik y Subramanian, 2003, 31-33).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Es inevitable citar a Marx: “El sistema colonial hizo madurar, como plantas de invernadero, el comercio y la navegaci&oacute;n &#91;...&#93; La colonia aseguraba a las manufacturas en ascenso un mercado &#91;...&#93; y una acumulaci&oacute;n potenciada por el monopolio del mercado. Los tesoros expoliados &#91;...&#93; por el saqueo, la esclavizaci&oacute;n y las matanzas con rapi&ntilde;as, reflu&iacute;an a la metr&oacute;poli y se transformaban all&iacute; en capital” (1974, 734).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Entre abril y septiembre de 1493, el papa Alejand ro VI expidi&oacute; las “Bulas Alejandrinas”, que donaban a los Reyes Cat&oacute;licos las islas descubiertas y por descubrir que se encontraran por occidente.</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. “La difusi&oacute;n de la autoridad se basaba en una distribuci&oacute;n de obligaciones que reflejaba las distintas manifestaciones de poder real en Indias: administrativa, judicial, financiera y religiosa. Pero con frecuencia las l&iacute;neas de separaci&oacute;n no estaban n&iacute;tidamente trazadas: diferentes ramas del gobierno se superpon&iacute;an, un &uacute;nico funcionario pod&iacute;a combinar diversos tipos de funciones y hab&iacute;a infinitas posibilidades de fricci&oacute;n &#91;…&#93; estas aparentes fuentes de debilidad podr&iacute;an ser consideradas en cierto modo como la mejor garant&iacute;a del predominio de las decisiones tomadas en Madrid, puesto que cada agente de autoridad delegada tend&iacute;a a imponer un freno a los dem&aacute;s, mientras que, al mismo tiempo, a los s&uacute;bditos del rey en las Indias, oponiendo una autoridad contra otra, se les dejaba suficiente espacio de maniobra en los intersticios del poder” (Bethel, 1990, 7).</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. La siguiente cita de Zuleta muestra la complejidad de la &eacute;poca: “Guerra, pirater&iacute;a, contrabando, caza y trata de esclavos, fanatismo religioso, especulaci&oacute;n y otra vez guerra, es el signo de los tiempos. Una &eacute;poca dif&iacute;cil de comprender como pocas: casi nunca &#91;...&#93; encontramos una distancia tan grande entre los principios y los hechos; los intereses m&aacute;s s&oacute;rdidos y las masacres m&aacute;s inhumanas se cubren con el ropaje de la m&aacute;s elaborada teolog&iacute;a. En esa &eacute;poca comenz&oacute; a definirse el destino hist&oacute;rico de los pueblos americanos y su influencia pesa todav&iacute;a sobre nuestro presente” (2004, 20).</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Ese per&iacute;odo es profuso en hechos hist&oacute;ricos, cuyos resultados (expansi&oacute;n europea, mercantilismo monopol&iacute;stico y colonialismo extractivo) y consecuencias, a&uacute;n patentes en muchos pa&iacute;ses, llevan a afirmar que la Carrera de Indias fue parte decisiva del “complejo de factores que aportaron el nacimiento del capitalismo, la Revoluci&oacute;n Industrial y la hegemon&iacute;a de Europa en todo el mundo” (Bethel, 1990, 84).</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. La llegada de los metales preciosos a Europa ocurri&oacute; en un momento de ca&iacute;da de los precios, debido a que la mayor capacidad productiva de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados no fue acompa&ntilde;ada de un incremento de la producci&oacute;n de metales. La “revoluci&oacute;n de los precios” tuvo significativas consecuencias para el floreciente capitalismo europeo; para Espa&ntilde;a fue contraproducente (Zuleta, 2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. “El monopolio del comercio con la Indias Occidentales no pod&iacute;a significar gran cosa, ya que Espa&ntilde;a estaba reducida en lo fundamental al papel de intermediario, entre las manufacturas europeas y las riquezas americanas. En ese papel obten&iacute;a grandes ganancias que le permitieron sostener su poder&iacute;o pol&iacute;tico y militar, pero, lejos de impulsar con ello el crecimiento de la econom&iacute;a, se cre&oacute; una situaci&oacute;n cada vez m&aacute;s desfavorable para este. El tesoro americano que fue a parar a las arcas espa&ntilde;olas, result&oacute; ser un factor decisivo en la decadencia de Espa&ntilde;a y una traba inagotable para el desarrollo de su producci&oacute;n” (ib&iacute;d., 23).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. No obstante, Hamilton muestra que el descubrimiento del Nuevo Mundo y de la ruta a la Indias Orientales por el Cabo de la Buena Esperanza dio lugar a grandes transformaciones sociales y econ&oacute;micas: mejoramiento de la navegaci&oacute;n, ampliaci&oacute;n de los mercados y de la divisi&oacute;n del trabajo, aparici&oacute;n de nuevos productos, migraciones que aliviaron la presi&oacute;n demogr&aacute;fica en las metr&oacute;polis, aumento de los excedentes industriales, organizaci&oacute;n gremial de empresarios, alivio a la depresi&oacute;n de los precios y aparici&oacute;n de la sociedades por acciones (Hamilton, 1984).</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. “La Revoluci&oacute;n Inglesa del siglo XVII fue como el estallido de un rayo que anunciaba el nacimiento de un nuevo sistema econ&oacute;mico-social llegado a sustituir el viejo orden feudal. Esta fue la primera Revoluci&oacute;n Burguesa de importancia europea. La declaraci&oacute;n de sus principios expresaba por primera vez no solamente las exigencias de Inglaterra sino las necesidades de toda la Europa de aquella &eacute;poca y del desarrollo hist&oacute;rico que condujo al establecimiento del orden burgu&eacute;s” (Barga, 1975, 125).</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. En el cap&iacute;tulo XXIV del <i>Capital</i>, Marx tom&oacute; como modelo a Inglaterra en su an&aacute;lisis de la acumulaci&oacute;n originaria. Ese cap&iacute;tulo estudia el origen del capitalismo desde una perspectiva esencialmente pol&iacute;tica: la acumulaci&oacute;n no fue resultado del modo de producci&oacute;n capitalista sino su punto de partida; fue su “pecado original”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. William H. Drayton, dirigente de Carolina del Sur, citado por Adams (1989, 38).</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. Inglaterra se propuso restaurar el principio mercantilista de acumular riqueza para el imperio, a trav&eacute;s del control territorial y administrativo (Adams, 1989).</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. Instituciones del capitalismo, como la de la propiedad, encontraron en Norteam&eacute;rica las condiciones propicias para impulsar el tipo de desarrollo propio de este modo de producci&oacute;n. La obligaci&oacute;n de poner a producir la tierra en cierto tiempo, la inexistencia del derecho de mayorazgo, la moderaci&oacute;n de los impuestos y la disposici&oacute;n de un mercado m&aacute;s amplio para realizar los excedentes productivos crearon un marco institucional y pol&iacute;tico favorable para elevar la productividad de la tierra y para el desarrollo capitalista de la colonia. Refiri&eacute;ndose al desarrollo de las colonias inglesas, Adam Smith expres&oacute; que “Las dos grandes causas de la prosperidad de toda nueva colonia son la abundancia de buena tierra y la libertad para administrar sus asuntos a su manera” (Smith, 2004, 578).</p>     <p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Bairoch (1979) muestra que la agricultura fue esencial para la Revoluci&oacute;n Industrial pues aport&oacute; alimentos y trabajadores, impuls&oacute; la revoluci&oacute;n demogr&aacute;fica, dio nacimiento a la industria textil y del hierro, al inicio suministr&oacute; gran parte del capital y empresarios que animaron sectores clave. La mecanizaci&oacute;n del trabajo textil se deriv&oacute; del intercambio de bienes de consumo proveniente del aumento de recursos agr&iacute;colas. La industria produjo m&aacute;s bienes y materias primas agr&iacute;colas. Este proceso fue complejo y tuvo amplias consecuencias sociales, econ&oacute;micas y t&eacute;cnicas.</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. “Por grandes que fueran los abusos cometidos con las mujeres el aspecto m&aacute;s desagradable del nuevo sistema fabril fue el empleo general de ni&ntilde;os. El peor de los males estuvo relacionado con la utilizaci&oacute;n de los aprendices mendigos &#91;…&#93; las autoridades que administraban los bienes de la beneficencia comenzaron a arrendarlos como aprendices de los manufactureros &#91;…&#93; El &uacute;nico freno para los patronos era el temor a la inanici&oacute;n, las epidemias o una mortalidad tan terrible que determinase escasez de trabajadores &#91;…&#93; Algunas de las peores condiciones reveladas por las investigaciones en diversas factor&iacute;as fueron precisamente las dominantes entre estos desdichados <i>aprendices</i> &#91;…&#93; ‘los ni&ntilde;os viv&iacute;an la vida de la m&aacute;quina cuando trabajaban, y cuando no, la de las bestias’” (Barnes, 1980, 363).</p>     <p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. Los criollos descend&iacute;an de los colonizadores y se diferenciaban de los ind&iacute;genas, negros y otros emigrantes. Hijos de espa&ntilde;oles, nacidos en el Nuevo Mundo, tambi&eacute;n se diferenciaban de los peninsulares. Formaban parte de la aristocracia latifundista y de la burgues&iacute;a mercantil. Aunque los cargos de responsabilidad pol&iacute;tica eran para los peninsulares (chapetones), los criollos participaban en el ej&eacute;rcito y se les extendieron “los derechos e inmunidades que gozaban los militares espa&ntilde;oles. No solo adquirieron un nuevo fuero, sino tambi&eacute;n un sentido de identidad militar y confianza, nacidos del conocimiento de que la defensa del pa&iacute;s estaba en sus manos” (Lynch, 1985, 19).</p>     <p align="justify"><a href="#n24" name="24">24</a>. “A finales del siglo XVII Hispanoam&eacute;rica se hab&iacute;a emancipado de su inicial dependencia de Espa&ntilde;a. El primitivo imperialismo del siglo XVI no pod&iacute;a durar. La riqueza mineral era un patrimonio decreciente, e invariablemente engendraba otras actividades. Las sociedades americanas adquirieron gradualmente identidad, desarrollando m&aacute;s fuentes de riqueza, reinvirtiendo en la producci&oacute;n, mejorando su econom&iacute;a de subsistencia &#91;…&#93; El crecimiento econ&oacute;mico fue acompa&ntilde;ado de cambio social, form&aacute;ndose una &eacute;lite criolla de terratenientes y otros, cuyos intereses no siempre coincid&iacute;an con los de la metr&oacute;poli” (ib&iacute;d., 10).</p>     <p align="justify"><a href="#n25" name="25">25</a>. Que inclu&iacute;a tres estrategias: pol&iacute;tica: aumentar el control metropolitano, recuperar el poder y la posici&oacute;n geopol&iacute;tica; econ&oacute;mica: monopolio del tabaco, administraci&oacute;n directa de la alcabala, parcelaci&oacute;n de latifundios, liquidaci&oacute;n de privilegios de pastos, aumento del comercio ultramarino; social: mayor movilidad social (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify"><a href="#n26" name="26">26</a>. El tr&aacute;nsito de los Habsburgo a los Borbones llev&oacute; al florecimiento econ&oacute;mico de Espa&ntilde;a: la econom&iacute;a de las colonias creci&oacute; 700 veces, la navegaci&oacute;n entre La Habana y la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica pas&oacute; de seis barcos en 1760 a 200 en 1778, Buenos Aires pas&oacute; de producir 150 mil cueros a 800 mil. “Inevitablemente se llega a la conclusi&oacute;n de que no fue por la pobreza o la miseria, sino por la p&eacute;sima distribuci&oacute;n de la riqueza, que a&uacute;n subsiste, que surgi&oacute; la rebeld&iacute;a contra la metr&oacute;poli” (L&oacute;pez, 2007).</p>     <p align="justify"><a href="#n27" name="27">27</a>. “Las manufacturas y productos americanos que copiaban las importaciones europeas se hallaban sin esencial protecci&oacute;n gracias a la pol&iacute;tica borb&oacute;nica &#91;…&#93; La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola cre&oacute; un dilema de intereses entre los exportadores agr&iacute;colas y los manufactureros locales, un conflicto entre libre comercio y protecci&oacute;n que fue transferido casi intacto a las nuevas rep&uacute;blicas” (Lynch, 1985, 23-24).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n28" name="28">28</a>. “Los criollos eran muy conscientes de la presi&oacute;n social que ven&iacute;a de abajo y se esforzaban en mantener a la gente de color a distancia. Los prejuicios de raza crearon en Am&eacute;rica una ambivalente actitud hacia Espa&ntilde;a” (ib&iacute;d., 30).</p>     <p align="justify"><a href="#n29" name="29">29</a>. En 1767 fueron expulsados cerca de 2.500 jesuitas. Adem&aacute;s del fortalecimiento de la administraci&oacute;n, los Borbones intentaron debilitar a la Iglesia (Lynch, 1985).</p>     <p align="justify"><a href="#n30" name="30">30</a>. Los intelectuales interpretaron el sentimiento americano. La hip&eacute;rbole y el lirismo germinaron en tierra abonada: “En Buenos Aires, <i>El Tel&eacute;grafo</i> describi&oacute; al R&iacute;o de la Plata como el ‘pa&iacute;s m&aacute;s rico del mundo’. Manuel de Salas se refiri&oacute; a Chile como ‘el m&aacute;s f&eacute;rtil de Am&eacute;rica y el m&aacute;s adecuado para la humana felicidad’” (Lynch, 1985, 43-44).</p>     <p align="justify"><a href="#n31" name="31">31</a>. “Pensar el territorio colombiano implica, entonces, definirlo a trav&eacute;s de sus m&uacute;ltiples antagonismos. Entrecruces de demandas y reivindicaciones pol&iacute;ticas de la poblaci&oacute;n que hist&oacute;ricamente se han expresado en pr&aacute;cticas de actores enfrentados, haciendo que la conformaci&oacute;n de sus territorios se delimite en raz&oacute;n del conjunto de pr&aacute;cticas y v&iacute;nculos de dominio, de poder, de pertenencia o de apropiaci&oacute;n que se ejercen sobre espacios geogr&aacute;ficos espec&iacute;ficos” (P&eacute;rez, 2004, 61).</p>     <p align="justify"><a href="#n32" name="32">32</a>. La Santa Alianza fue suscrita por Rusia, Prusia y Austria el 26 de septiembre de 1815 y luego, con excepci&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a y El Vaticano, por todos los monarcas europeos. Fue el s&iacute;mbolo de la renovaci&oacute;n del absolutismo en Europa, cuyo reflejo en Hispanoam&eacute;rica fue determinante en la direcci&oacute;n y los resultados de las guerras de independencia. Para Espa&ntilde;a, signific&oacute; el regreso del m&aacute;s puro absolutismo despu&eacute;s del trienio constitucional de 1820-1823.</p>     <p align="justify"><a href="#n33" name="33">33</a>. “En esto pensaba Sucre cuando dijo en 1827, refiri&eacute;ndose a Bolivia: ‘Nuestros edificios pol&iacute;ticos est&aacute;n construidos sobre arena, por m&aacute;s solidez que pongamos en las paredes, por m&aacute;s adornos que se les hagan, no salvamos el mal de sus bases &#91;…&#93; Estoy persuadido que el terreno sobre el que trabajo es fango y arena; que sobre tal base ning&uacute;n edificio puede subsistir’” (Dieterich, 1978, 252).</p>     <p align="justify"><a href="#n34" name="34">34</a>. Esta calificaci&oacute;n supera la simplificaci&oacute;n de considerar al terrateniente como retardatario por oponerse a un nuevo modo de producci&oacute;n. Lo que estaba en juego eran los intereses de una clase que se sent&iacute;a perjudicada por el cambio.</p>     <p align="justify"><a href="#n35" name="35">35</a>. Bol&iacute;var reconoci&oacute; su fracaso: “a partir de las condiciones geogr&aacute;ficas, culturales, hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas, predijo con gran sentido visionario las formas de gobierno por las que se regir&aacute;n estos pa&iacute;ses una vez lograda la independencia y las dificultades que esto conllevar&iacute;a” (Kossok, 1989, 162).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Acemoglu, D. et al. “Los or&iacute;genes coloniales del desarrollo comparativo: una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 7, 13, 2005, pp. 17-67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200800020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Acemoglu, D. “Ra&iacute;z hist&oacute;rica. Un enfoque hist&oacute;rico de la funci&oacute;n de las instituciones en el desarrollo econ&oacute;mico”, <i>Revista Finanzas &amp; Desarrollo</i> 40, 2, 2003, pp. 27-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200800020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Adams, W. P. <i>Los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Historia universal</i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200800020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bairoch, P. “La agricultura de la Revoluci&oacute;n Industrial 1700-1914”, C. M. Cipolla, ed., <i>Historia econ&oacute;mica de Europa, La Revoluci&oacute;n Industrial</i>, vol. III, Barcelona, Ariel, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200800020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Barga, M. <i>La Revoluci&oacute;n Inglesa en el siglo XVII</i>, M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200800020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Barnes, H. E. “Aparici&oacute;n de la f&aacute;brica. El nuevo imperio de las m&aacute;quinas y el comienzo del sistema fabril”, <i>Historia econ&oacute;mica del mundo occidental</i>, M&eacute;xico, Tipogr&aacute;fica Editorial Hispanoamericana, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200800020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Bertocchi, G. y F. Canova. “Did Colonization Matter for Growth? An Empirical Exploration into the Historical Causes of Africa’s Underdevelopment”, <i>CEPR Discussion Paper</i> 1444, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200800020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Bethel, L. <i>Historia de Am&eacute;rica Latina</i>, tomo II, caps. I y II, Barcelona, Editorial Cr&iacute;tica, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200800020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Bonet, J. y A. Meisel. “El legado colonial como determinante del ingreso per c&aacute;pita departamental en Colombia”, <i>Documentos de Trabajo de Econom&iacute;a Regional del Banco de la Rep&uacute;blica</i> 75, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200800020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Correa, S. “Historia para <i>dummies</i>: una mirada colonial a la historia imperial”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 8, 14, 2006, pp. 277-288.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200800020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Dieterich, H. <i>Relaciones de producci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina</i>, cap. V, M&eacute;xico, Cultura Popular, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200800020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Escobar, J. y C. Posada. “Crecimiento econ&oacute;mico y concentraci&oacute;n original del ingreso: experiencias internacionales desde 1820”, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i> 236, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200800020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Edison, H. “&iquest;V&iacute;nculos s&oacute;lidos? &iquest;C&oacute;mo es la relaci&oacute;n entre la calidad institucional y el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico?”, <i>Revista Finanzas &amp; Desarrollo</i> 40, 2, 2003, pp. 35-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200800020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Grier, R. M. “Colonial Legacies and Economic Growth”, <i>Public Choice</i> 98, 3-4, 1999, pp. 315-335.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200800020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Hamilton, H. <i>El florecimiento del capitalismo y otros ensayos de historia econ&oacute;mica</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200800020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Hobsbawm, E. J. <i>En torno a los or&iacute;genes de la Revoluci&oacute;n Industrial</i>, cap. IX, M&eacute;xico, Siglo XXI, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200800020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Kalmanovitz, S. <i>Econom&iacute;a y sociedad</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200800020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Kossok, M. “El contenido burgu&eacute;s de las revoluciones de independencia en Am&eacute;rica Latina”, <i>Revista Americana de Ciencias Sociales</i> 13, 1989, pp. 144-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200800020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. L&oacute;pez M. A. “Entre cat&oacute;licos y protestantes”, <i>El Tiempo - Lecturas fin de semana</i>, 17 de febrero, 2007, p. 6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996200800020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Lynch, J. <i>Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826</i>, cap. I, Barcelona, Ariel, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-5996200800020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Marx, K. <i>El capital</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996200800020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. O’Gorman, E. <i>La invenci&oacute;n de Am&eacute;rica</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200800020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. P&eacute;rez, M. E. “La conformaci&oacute;n territorial en Colombia: entre el conflicto, el desarrollo y el destierro”, <i>Cuadernos de Desarrollo Rural</i> 51, 2004, pp. 62-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200800020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Portes, A. “Instituciones y desarrollo: una revisi&oacute;n conceptual”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 25, 45, 2006, pp. 13-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200800020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Rodrik, D. y A. Subramanian. “La primac&iacute;a de las instituciones (y lo que implica)”, <i>Revista Finanzas &amp; Desarrollo</i> 40, 2, 2003, pp. 31-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200800020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Rubio, M. “De la moralidad militar y episcopal en la colonia, al desempe&ntilde;o econ&oacute;mico contempor&aacute;neo. &iquest;Qu&eacute; pudo pasar?”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 8, 14, 2006, pp. 298-297.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200800020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Sachs, J. “Las instituciones son importantes, pero no para todo”, <i>Revista Finanzas &amp; Desarrollo</i> 40, 2, 2003, pp. 38-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200800020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Smith, A. <i>La riqueza de las naciones</i>, Madrid, Alianza Editorial, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200800020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Weber, M. <i>The Methodology of the Social Sciences</i>, 1904, E. A. Sihls y H. A. Finch, eds., New York, Free Press, 1949.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200800020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Zuleta, E. <i>Conferencias sobre historia econ&oacute;mica de Colombia</i>, Medell&iacute;n, Hombre Nuevo, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200800020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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