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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA ECONOMÍA COLOMBIANA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>PERSPECTIVA HIST&Oacute;RICA DE LA ECONOM&Iacute;A COLOMBIANA*</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>HISTORICAL PERSPECTIVE OF COLOMBIAN ECONOMY</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Luis Ospina V&aacute;squez</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Conferencia dictada en el marco del ciclo auspiciado por la Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango, para preparar el sesquicentenario de la Independencia. Tomado de <i>Ciencias Econ&oacute;micas</i> 6, 16, 1960, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, pp. 5-32.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Cuando el Director de la Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango tuvo a bien designarme para hablar en este ciclo de conferencias, y me se&ntilde;al&oacute; el tema, me di a vacilar.</p>     <p align="justify">No, ciertamente, porque yo pudiera negarle mi concurso, cualquiera que sea su valor, al doctor Duarte French, y a la Biblioteca: he abusado demasiado de la bondad de los sucesivos directores de ella, a trav&eacute;s de a&ntilde;os ya largos; y por lo dem&aacute;s, se me hac&iacute;a un honor al llamarme a colaborar en la misi&oacute;n que la Biblioteca se ha impuesto; vacilaba sobre lo que pudiera decir del tema que se me ofrec&iacute;a: el desarrollo industrial de Colombia.</p>     <p align="justify">Entiendo que no se trata de hacer la historia de nuestro desarrollo industrial, en el sentido estrecho del t&eacute;rmino. Estas conferencias tienen la intenci&oacute;n, seg&uacute;n creo, de presentar una especie de panor&aacute;mica de nuestra historia en los ciento cincuenta a&ntilde;os transcurridos desde que se inici&oacute; la lucha por la independencia. Se excluyen de ellas, por consiguiente, el estudio propiamente t&eacute;cnico, y el estrictamente especializado. Es por lo menos la interpretaci&oacute;n que yo les doy. Confieso que me caus&oacute; un alivio poder entender en esa forma la tarea que se me ped&iacute;a. He gastado algunos a&ntilde;os haciendo una historia relativamente detallada de ciertos aspectos del proceso econ&oacute;mico en un per&iacute;odo largo de nuestra vida y s&eacute; lo &aacute;rida que es esa tarea, para quien la realiza y para quien se impone la labor de examinar, o siquiera leer, o de hojear, un libro en que una tarea de esa clase se concreta.</p>     <p align="justify">Se trata pues de hacer una labor de s&iacute;ntesis, de mirar el tema por lo alto, y de situarlo en el rodaje general de nuestra vida; y de deducir ense&ntilde;anzas del proceso hist&oacute;rico, y aun de extrapolarlo, de proyectarlo hacia el porvenir. Si hay audacia en todo esto, es, me parece, lo que la ocasi&oacute;n requiere.</p>     <p align="justify">Y muy audazmente, yo dar&iacute;a la idea de lo que esa s&iacute;ntesis pide, bajo la especie de una suposici&oacute;n extrema.</p>     <p align="justify">Supongamos que vemos a cierta porci&oacute;n de la tierra desde una gran distancia, pero con suma claridad, y que el tiempo en que nos encontramos sumidos es un tiempo inmensamente acelerado. Bajo nuestra mirada esa porci&oacute;n de tierra ir&aacute; cambiando de aspecto.</p>     <p align="justify">Haciendo a un lado los efectos de posibles cambios espont&aacute;neos geol&oacute;gicos y clim&aacute;ticos, el autor de esas variaciones son unas cuantas ideas, que obran a trav&eacute;s del hombre. La regi&oacute;n que observamos se llama Persia, o Siria, o &Aacute;frica Menor. La inspiraci&oacute;n teol&oacute;gica de un mercader &aacute;rabe ha lanzado sobre ella gentes nuevas, y m&aacute;s que gentes, ideas. Por ellas, el l&iacute;mite entre el desierto y lo cultivado se hace indeciso; el desierto avanza. Va desapareciendo el arbolado, los cultivos se van localizando en &aacute;reas discontinuas, el desierto o el semidesierto, o un m&iacute;sero cultivo de secano, se insin&uacute;a entre las manchas de cultivo de los jardines regados. Estas consecuencias f&iacute;sicas estaban impl&iacute;citas en esa concepci&oacute;n religiosa.</p>     <p align="justify">Obraba por mediaci&oacute;n de ideas m&aacute;s pr&aacute;cticas y pedestres, pero son las ideas las que han hecho los desiertos, y las que han hecho florecer los yermos y despoblados. Una s&iacute;ntesis del desarrollo econ&oacute;mico de un pa&iacute;s o de una regi&oacute;n es, esencialmente, la historia del impacto de ciertas ideas sobre un conjunto f&iacute;sico, y de las consecuencias de ese impacto sobre el hombre de ese medio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Naturalmente, yo no pretendo aventurarme hasta esa regi&oacute;n de las causas m&aacute;s profundas de nuestro desarrollo econ&oacute;mico. Me he de restringir a lo m&aacute;s inmediato. Pero eso m&aacute;s inmediato es resultado del impacto de ideas –de ideas derivadas en &uacute;ltimo lugar de cavilaciones teol&oacute;gicas y filos&oacute;ficas incre&iacute;blemente arduas y abstrusas– sobre un medio f&iacute;sico, a trav&eacute;s de los hombres que en &eacute;l se movieron y actuaron.</p>     <p align="justify">La raz&oacute;n de ser de estas conferencias (y otras causas) pide que me concrete a cierto per&iacute;odo de nuestra historia, o por lo menos que lo destaque especialmente. Tomo como punto de partida y como primera etapa el momento en que estall&oacute; la rebeli&oacute;n contra Espa&ntilde;a, y los a&ntilde;os que le siguieron, hasta mediados del siglo pasado.</p>     <p align="justify">El Nuevo Reino de Granada, en el momento de iniciarse la lucha contra Espa&ntilde;a, presentaba una ordenaci&oacute;n econ&oacute;mica y social considerablemente mejor de lo que la imaginaci&oacute;n popular se figura. Me parece que es poco discutible que el tenor de la vida –que no es el simple nivel de vida, o el <i>standard of living</i>, estrictamente concretado en los consumos, sino un conjunto mucho m&aacute;s complejo y mucho m&aacute;s interesante, en el cual entran en buena parte los imponderables– en los &uacute;ltimos decenios de la Colonia fue de valor bastante alto. He tra&iacute;do en otra parte algunos datos para sustentar ese aserto. No es necesario repetirlos. Los creo de alg&uacute;n valor, y si no temiera incurrir en paradoja dir&iacute;a que otra prueba, y buena, de ese aserto, es la insurrecci&oacute;n de los Comuneros. Que un impuesto nuevo, que los atropellos de los agentes del resguardo de rentas, que destruyeron algunos sembrados de tabaco, fuera cosa capaz de ocasionar un levantamiento popular de la importancia de ese movimiento, da la sensaci&oacute;n de una vida social y pol&iacute;tica de calidad alta a quien ha visto la forma y naturaleza de los grav&aacute;menes que se han impuesto m&aacute;s tarde, y el casi diario atropello y despojo que es suerte com&uacute;n de los labriegos en Colombia –en toda Colombia, puede decirse, y no en &eacute;pocas de desmoralizaci&oacute;n y violencia, ni por actos de forajidos, sino por la acci&oacute;n normal del fisco.</p>     <p align="justify">Conviene no perder de vista esto, para dar su valor al anticolonialismo, que ha sido una de las constantes, y de las m&aacute;s funestas, de nuestro pensamiento y de nuestro obrar en materias econ&oacute;micas y sociales.</p>     <p align="justify">Nuestro pa&iacute;s no era un pa&iacute;s de miseria, no era un pa&iacute;s proletarizado, ni era, como algunos otros pa&iacute;ses hispanoamericanos, dos pa&iacute;ses: el pa&iacute;s indio y el pa&iacute;s europeo, totalmente distanciados. No estaba una parte de la poblaci&oacute;n deprimida totalmente, por fuero de raza y nacimiento.</p>     <p align="justify">Exist&iacute;a el problema del indio. El indio hab&iacute;a sufrido, y sufr&iacute;a, y sufre, del traumatismo hist&oacute;rico del vencimiento y la conquista, de la brusca desaparici&oacute;n de su sistema social; y hab&iacute;a sufrido violencia f&iacute;sica, hab&iacute;a descendido en algunas regiones a un estado de servidumbre, casi a la esclavitud. En grandes extensiones la raza hab&iacute;a desaparecido total o virtualmente, no tanto sin duda por exterminaci&oacute;n violenta deliberada, sino por la depresi&oacute;n vital que traen consigo las cat&aacute;strofes pol&iacute;ticas y la servidumbre, por las enfermedades que hab&iacute;an tra&iacute;do los europeos –y tambi&eacute;n por el cruzamiento con &eacute;stos. Para el final de la Colonia “el problema del indio” estaba reducido m&aacute;s o menos a sus t&eacute;rminos actuales. Era, esencialmente, un problema de algunas regiones de la faja de tierra, desde antes de la Colonia densamente poblada, relativamente, que va del Zulia al T&aacute;chira (la faja oriental, si nos referimos a la parte poblada del pa&iacute;s), y m&aacute;s especialmente era un problema de las tierras altas de lo que hoy son los departamentos de Cundinamarca y Boyac&aacute;, y secundariamente de partes de Nari&ntilde;o y del Cauca. No era &uacute;nicamente, ni principalmente, un problema econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">En la realidad, el problema del indio es el problema de la incurable mezquindad de sus conceptos morales, de la falta de respeto propio, de la fealdad corporal. En mucha parte ello proven&iacute;a, sin duda, del gran traumatismo de su vencimiento y sujeci&oacute;n, pero la Corona de Espa&ntilde;a no hab&iacute;a tratado deliberadamente de agravar su situaci&oacute;n (como por lo dem&aacute;s no lo ha hecho la Rep&uacute;blica) y antes trat&oacute; de dar un asiento estable a su vida (resguardos) y de organizarla socialmente, con base principalmente en ideas religiosas. Si algo se puede deducir con certeza de un estudio de la legislaci&oacute;n, y de su aplicaci&oacute;n, y de las pr&aacute;cticas administrativas en este campo, y de las fuentes que nos dan noticia de la situaci&oacute;n social al final de la Colonia, es que para entonces el indio conservaba a&uacute;n mucha parte de sus tierras, que el proceso de su proletarizaci&oacute;n no hab&iacute;a progresado tanto como ha progresado despu&eacute;s. La mita, el concierto forzado, hab&iacute;an desaparecido desde hac&iacute;a varias generaciones (salvo, el segundo, en algunas regiones: Popay&aacute;n, el Choc&oacute;, etc.). No parece que la remuneraci&oacute;n del obrero agr&iacute;cola fuera insuficiente para su sustento. Era, con suma probabilidad, en todo caso, mejor que la que hoy goza.</p>     <p align="justify">Y en bastantes regiones el campesino pod&iacute;a suplementar las ganancias de su labor agr&iacute;cola por el ejercicio de una industria casera o semicasera: alfarer&iacute;a, producci&oacute;n de textiles. La producci&oacute;n de &eacute;stos era importante, dentro de la econom&iacute;a de ese entonces. La producci&oacute;n de textiles estaba radicada esencialmente en la regi&oacute;n andina santandereana. Su centro tradicional era El Socorro.</p>     <p align="justify">Conviene recordar esto, porque tendemos a olvidar que nuestro pa&iacute;s, en la Colonia, y en los primeros tiempos de la Rep&uacute;blica, fue un pa&iacute;s industrial. Un pa&iacute;s industrial en la escala que reg&iacute;a entonces, con una t&eacute;cnica modesta, en comparaci&oacute;n con la contempor&aacute;nea de los pa&iacute;ses avanzados, pero que con todo prove&iacute;a de textiles a una parte mucho mayor de la poblaci&oacute;n de lo que hasta hace poco suced&iacute;a.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n era la miner&iacute;a una actividad secundaria importante, pero el fondo de nuestro paisaje econ&oacute;mico era una agricultura de productividad mediana o menos que mediana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esa agricultura era de dos clases: hab&iacute;a la agricultura de las tierras altas y la de las tierras bajas.</p>     <p align="justify">La primera estaba radicada principalmente en la faja oriental. Era la misma que hab&iacute;a venido con los conquistadores. Hab&iacute;an tra&iacute;do animales y plantas, hab&iacute;an adaptado los m&eacute;todos de cultivo tradicionales de Espa&ntilde;a (los de las tierras no irrigadas) a las condiciones del medio y a los productos nativos. Las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas de Espa&ntilde;a, en materia de cultivos no irrigados, eran sin duda de las m&aacute;s primitivas de Europa, y perdieron en la trasplantada. No evolucionaron, ni aqu&iacute;, ni en Espa&ntilde;a. A medida que en otras partes se perfeccionaba la t&eacute;cnica agr&iacute;cola, que se iniciaba y se consumaba la Revoluci&oacute;n Agr&iacute;cola, se destacaba m&aacute;s la inferioridad de las pr&aacute;cticas tradicionales espa&ntilde;olas, cuyas formas degeneradas hab&iacute;amos heredado; y con ellas el esp&iacute;ritu de rutina, el empirismo, del cultivador espa&ntilde;ol, aumentados por la apat&iacute;a y la torpeza del indio. Aparte de que pocos ser&iacute;an los cultivadores expertos, o siquiera profesionales, que a estas tierras vinieron.</p>     <p align="justify">Esa agricultura no inclu&iacute;a la ganader&iacute;a como parte del proceso general de la producci&oacute;n. La ganader&iacute;a y los cultivos no se compenetraban, casi que no se tocaban, en el engranaje de la producci&oacute;n agr&iacute;cola. Es dif&iacute;cil de exagerar el da&ntilde;o que esta inconexi&oacute;n nos ha causado. Si la forma agr&iacute;cola que vino de Espa&ntilde;a a nuestras tierras fr&iacute;as hubiera contenido siquiera en germen esa conexi&oacute;n, hubiera sido posible que en ese sector de nuestra producci&oacute;n rural se hubiera desarrollado sin mucha dificultad una combinaci&oacute;n del tipo de la que dio base para la Revoluci&oacute;n Agr&iacute;cola. No la conten&iacute;a.</p>     <p align="justify">Los m&eacute;todos de cultivo del hacendado y los del peque&ntilde;o cultivador, muchas veces ind&iacute;gena, en las tierras fr&iacute;as, no se diferenciaban notablemente, y eran antiecon&oacute;micos, destructivos, e incapaces de evoluci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En esa agricultura el autoabastecimiento de la unidad productora desempe&ntilde;aba un papel importante, pero no tanto como en la agricultura campesina propiamente tal, en la que ese autoabastecimiento es la consideraci&oacute;n principal, y s&oacute;lo una parte peque&ntilde;a de los productos, una parte que deliberadamente se hace m&iacute;nima, va al mercado a cambiarse por unos poqu&iacute;simos productos del mundo externo. En la agricultura campesina propiamente tal, esta autocontenci&oacute;n depende de una tendencia muy propagada y profunda: la de considerar la tierra como fuente directa de la subsistencia, no como equipo de un negocio (de donde dependen pr&aacute;cticas agr&iacute;colas muy peculiares). La agricultura de nuestro peque&ntilde;o cultivador de tierra fr&iacute;a no ha sido campesina, en ese sentido. No ha sido tampoco agricultura comercial. No hab&iacute;a, en realidad, ni agricultura campesina, ni agricultura comercial o industrial, en el sentido estricto de los t&eacute;rminos, y trat&aacute;ndose de los productos destinados a nuestro propio consumo (en la tierra fr&iacute;a no se produc&iacute;an –ni se producen– otros, y casi que tampoco, en otro tiempo, en las calientes). Este es uno de los rasgos importantes de nuestra vida econ&oacute;mica. La unidad productora peque&ntilde;a t&iacute;pica no ha producido esencialmente para su propio consumo, ha producido para el mercado, principalmente, pero para un mercado peque&ntilde;o, cercano, y ha producido con m&eacute;todos rudimentarios, mucho m&aacute;s que los usuales en la producci&oacute;n campesina propiamente dicha, en donde tal producci&oacute;n se ha dado con todo su desarrollo. La unidad mayor se ha encontrado m&aacute;s o menos en el mismo caso: no se trataba de agricultura comercial, pero tampoco era agricultura campesina.</p>     <p align="justify">Esa agricultura era (y sigue siendo) h&iacute;brida, de rasgos mal definidos. Los entes de esa clase com&uacute;nmente se ven condenados a la estagnaci&oacute;n. Por simplificar hablaremos de agricultura de subsistencia para designar a la que produce para el mercado local, con m&eacute;todos tradicionales; tambi&eacute;n se le podr&iacute;a llamar subindustrial.</p>     <p align="justify">Se trata de los cultivos de las tierras altas y fr&iacute;as, o talvez mejor, de los de las regiones altas de la faja oriental ya definida: las dem&aacute;s regiones de tierra fr&iacute;a, poco extensas, entonces estaban en buena parte despobladas. En el extremo norte de la cordillera central los cultivos presentaban un desarrollo un poco distinto: en esa regi&oacute;n se hab&iacute;a establecido una relaci&oacute;n entre la ganader&iacute;a y la producci&oacute;n de alimentos (ma&iacute;z, especialmente), de tipo original. Era una relaci&oacute;n de sucesi&oacute;n. El pasto sucede al cultivo. Ni all&aacute;, ni en la faja oriental, se hab&iacute;a establecido la gran ligaz&oacute;n entre los cultivos y la explotaci&oacute;n del ganado que es la caracter&iacute;stica de la agricultura permanente en grandes extensiones de la zona templada del norte, de la agricultura bion&oacute;mica de tipo europeo.</p>     <p align="justify">Sin embargo, en esas zonas altas, pero m&aacute;s a&uacute;n en las bajas, en forma tan callada que solemos atribuirla a la acci&oacute;n de fuerzas naturales, la ganader&iacute;a hab&iacute;a realizado una operaci&oacute;n de importancia econ&oacute;mica enorme: la creaci&oacute;n de razas bovinas adaptadas a las especial&iacute;simas condiciones de nuestro medio. M&aacute;s tarde, la introducci&oacute;n y propagaci&oacute;n de pastos nuevos, y luego la de razas finas y su cruce con las de antiguo naturalizadas entre nosotros, marcaron avances muy importantes en su estructura. Esta f&aacute;cil aclimataci&oacute;n del ganado, y la introducci&oacute;n de los nuevos pastos, se deben considerar como pasos de primera importancia en la historia econ&oacute;mica del pa&iacute;s. Los efectos de las introducciones de pastos, en la &eacute;poca posrevolucionaria, empero, no se vinieron a hacer sentir en forma muy notable sino cuando ya mediaba el siglo pasado.</p>     <p align="justify">La agricultura de subsistencia de las tierras templadas y calientes era en general la t&iacute;pica agricultura de milpa, tan propagada en los tr&oacute;picos: corte y quema del monte, cultivo durante unos pocos a&ntilde;os, un solo a&ntilde;o, a veces, y vuelta del terreno a la vegetaci&oacute;n espont&aacute;nea.</p>     <p align="justify">En algunas regiones, ya se dijo, al cultivo suced&iacute;a generalmente el pasto. Esa modalidad del sistema estaba especialmente extendida en la regi&oacute;n antioque&ntilde;a, en las tierras altas como en las bajas, y se reforz&oacute; much&iacute;simo con la introducci&oacute;n de nuevos pastos. Favorec&iacute;a la expansi&oacute;n del h&aacute;bitat y la finca de mediana extensi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En donde la cobertura vegetal se prestaba para ello, se desarroll&oacute; la ganader&iacute;a extensiva, con importancia bastante grande en la llanura Atl&aacute;ntica, el Valle del Cauca, el alto valle del Magdalena (Tolima Grande), y los Llanos Orientales. En el caso de esta clase de ganader&iacute;a, la inconexi&oacute;n con los cultivos era total. La agricultura comercial o industrial apenas si ten&iacute;a m&aacute;s importancia que en las tierras fr&iacute;as.</p>     <p align="justify">La plantaci&oacute;n no exist&iacute;a, pr&aacute;cticamente. La producci&oacute;n de panela (y de az&uacute;car, pero en &iacute;nfimas cantidades) se realizaba en empresas que no presentaban las formas de la plantaci&oacute;n o s&oacute;lo muy d&eacute;bilmente, y lo mismo se puede decir de la producci&oacute;n de cacao, y de otros productos cuyo cultivo se ha realizado muy frecuentemente en “plantaciones” en otros pa&iacute;ses. No en el nuestro, o s&oacute;lo excepcionalmente.</p>     <p align="justify">La agricultura de subsistencia constitu&iacute;a la actividad econ&oacute;mica b&aacute;sica del pa&iacute;s, como la constituye todav&iacute;a, aunque rara vez lo recordamos, y a&uacute;n parece a veces que quisi&eacute;ramos disimularnos ese hecho, deliberadamente. De ella depend&iacute;a esencialmente la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de la masa de la poblaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Esencialmente, la historia de nuestro proceso industrial (dando al t&eacute;rmino “industria” la acepci&oacute;n que la hace sin&oacute;nimo de actividad manufacturera), en los primeros cien a&ntilde;os de vida independiente, es la historia de la destrucci&oacute;n de la industria aut&oacute;ctona. Esa destrucci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en varias etapas, con algunos cambios de direcci&oacute;n: por momentos se trat&oacute; de proteger la industria textil nacional (1830, 1880), o m&aacute;s bien de reemplazar la vieja industria textil por otra de tipo nuevo; y a la industrial textil se a&ntilde;ad&iacute;an otras, para protegerlas: cer&aacute;mica, papel, etc. Por el momento esa protecci&oacute;n, d&eacute;bil e indecisa, era ineficaz. Las industrias de tipo tradicional se mor&iacute;an, no las reemplazaban las de otro tipo. Para fines del siglo pasado no hab&iacute;a en nuestro suelo, puede decirse, ninguna actividad manufacturera.</p>     <p align="justify">No s&eacute; si las antiguas industrias textiles hubieran sido capaces de transformarse. No lo hicieron. Probablemente eran demasiado endebles para poderlo hacer. Endebles como t&eacute;cnica, y como organizaci&oacute;n; y probablemente esto &uacute;ltimo fue el factor definitivo en su desaparici&oacute;n. No lograron pasar de las formas sencillas, t&eacute;cnicas y estructurales, de la industria casera. Talvez podamos absolver a nuestros librecambistas (y a nuestros proteccionistas, que quer&iacute;an proteger otras industrias u otras formas de producci&oacute;n industrial, no las tradicionales) de la muerte de &eacute;stas: probablemente no eran capaces de vivir.</p>     <p align="justify">El proceso de su desaparici&oacute;n fue lento, sin grandes sobresaltos; se le dio poca importancia. Puede decirse que fue insensible; pasados los primeros cincuenta o sesenta a&ntilde;os de vida independiente, la importancia monetaria de la producci&oacute;n que desaparec&iacute;a no era ya grande, dentro de una econom&iacute;a que, a pesar de su poca vitalidad, crec&iacute;a. Pero las implicaciones de esa desaparici&oacute;n eran grandes. El pa&iacute;s prescind&iacute;a de una forma de actividad econ&oacute;mica y fiaba su bienestar y desarrollo al desarrollo de otras actividades, que lo hac&iacute;an m&aacute;s dependiente del exterior. Lo hac&iacute;a en gran parte –creo haberlo demostrado en otro lugar– como una reacci&oacute;n contra la servidumbre colonial, para afirmar y realizar ideas anticoloniales, pero al hacerlo daba a su vida econ&oacute;mica un cariz que despu&eacute;s se ha tenido por colonial.</p>     <p align="justify">El pa&iacute;s se dio a buscar un producto agr&iacute;cola que tuviera las cualidades necesarias para ser exportable, a pesar de los alt&iacute;simos fletes que encontrar&iacute;a, y que suplementara el tradicional art&iacute;culo de exportaci&oacute;n, el oro.</p>     <p align="justify">Esta forma de vivencia fue la caracter&iacute;stica de nuestro pa&iacute;s en la segunda mitad del siglo pasado. En el primer momento la dependencia del exterior era poco sensible. S&oacute;lo un hilo delgado nos conectaba permanentemente con la econom&iacute;a mundial: el oro.</p>     <p align="justify">No hemos dado a la miner&iacute;a la importancia que merece, y la alabanza que merece, como espinazo de nuestra econom&iacute;a en un per&iacute;odo largo, o mejor, como &oacute;rgano, gl&aacute;ndula, de la evoluci&oacute;n y crecimiento de nuestra econom&iacute;a nacional, en las centurias que precedieron a la actual. A trav&eacute;s de esos a&ntilde;os, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, casi sin excepci&oacute;n, el oro ocup&oacute; el primero o el segundo puesto en el rol de nuestras exportaciones. Es cierto que los valores de lo exportado no eran grandes, en cifras absolutas, que seguramente, aunque carecemos de datos sobre el valor de la producci&oacute;n total del pa&iacute;s, representaban una proporci&oacute;n peque&ntilde;a de ese valor total; pero ese valor era la parte principal del precio de la actividad de nuestros grupos menos rutinarios, de las actividades propiamente econ&oacute;micas que se desarrollaban en nuestro pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Es dif&iacute;cil visualizar exactamente c&oacute;mo hubiera sido nuestra vida sin la exportaci&oacute;n de oro. Nos hubi&eacute;ramos visto encerrados en una especie de isla, de vida muy mon&oacute;tona y atenuada. Y si no puede decirse que la miner&iacute;a de oro, y las actividades conectadas con ella, se hayan llevado a un nivel t&eacute;cnico muy alto, s&iacute; fueron una escuela muy preciosa, de t&eacute;cnica y de organizaci&oacute;n, cuyos resultados se hicieron sentir principalmente en una regi&oacute;n donde esa miner&iacute;a fue especialmente importante y pr&oacute;spera, en la regi&oacute;n antioque&ntilde;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por intermitencias nuestra econom&iacute;a recib&iacute;a un choque del exterior por raz&oacute;n de un producto de exportaci&oacute;n que surg&iacute;a repentinamente para desaparecer despu&eacute;s, desastrosamente. Primero fue el tabaco, cuya exportaci&oacute;n en algunos a&ntilde;os dio cifras importantes, luego el a&ntilde;il, cuya exportaci&oacute;n dur&oacute; apenas un momento, y despu&eacute;s las quinas, cuyo paso fue casi tan corto, y m&aacute;s desastroso. El caf&eacute; ha durado m&aacute;s, y ya la exportaci&oacute;n del oro ha quedado reducida a una proporci&oacute;n insignificante.</p>     <p align="justify">Todo esto afectaba muy poco a la agricultura de subsistencia, que se limitaba a ensanchar su &aacute;mbito, sin modificar sus m&eacute;todos. La ganader&iacute;a, en cambio, hizo algunos progresos y la industria volvi&oacute; a desempe&ntilde;ar un papel de importancia en nuestra econom&iacute;a. Se le est&aacute; protegiendo continuamente desde 1880, pero eficazmente s&oacute;lo desde principios de este siglo.</p>     <p align="justify">Reducido a estos rasgos, nuestro desarrollo econ&oacute;mico aparece como un proceso sumamente sencillo. Y en realidad lo es, aunque desde luego mucho menos de lo que esta presentaci&oacute;n pudiera hacer creer, pero en los detalles, no en sus caracter&iacute;sticas generales, no en su fisonom&iacute;a. Admiro mucho a quienes logran ver en &eacute;l proyecciones vastas, grandes profundidades, errores tr&aacute;gicos –algo de epopeya. Un poco de eso hay, no lo dudo (la colonizaci&oacute;n de la parte media de la Cordillera Central, la propagaci&oacute;n del cultivo del caf&eacute;, la primera implantaci&oacute;n de n&oacute;mico de un grupo humano casi en todos sus subgrupos componentes, la industria textil, etc.), pero, en general, es la historia del desarrollo econ&oacute;mico en la totalidad de sus representantes, ap&aacute;tico e incompetente, que explota desganadamente y sin imaginaci&oacute;n ni previsi&oacute;n mayores un medio natural mediocre.</p>     <p align="justify">Y no era m&aacute;s din&aacute;mica y vivaz su ideaci&oacute;n, en materias econ&oacute;micas. Como emanaci&oacute;n y &oacute;rgano de operaci&oacute;n de ideas generales, de un <i>idearium</i> difuso, que m&aacute;s que otra cosa es una mentalidad, un <i>habitus</i>, las someras elucubraciones que han dado la <i>rationale</i> de la acci&oacute;n en estos campos cobran una vida de que por s&iacute; carecen. Dar esta conexi&oacute;n es lo que ha hecho para una faceta de nuestra econom&iacute;a Luis Eduardo Nieto Arteta en un op&uacute;sculo de mucho arte y sabor: <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana</i>. Antes lo hab&iacute;a hecho, ya para la econom&iacute;a en general, aunque en forma muy inferior, en mi opini&oacute;n, en <i>Econom&iacute;a y cultura en la historia de Colombia</i>.</p>     <p align="justify">Pero talvez precisamente el gran arte de esos ensayos nos haga ver lo insustancial, y a veces trivial, de las ideas econ&oacute;micas, expuestas como tales, y la poca sofisticaci&oacute;n de las deducciones econ&oacute;micas hechas con base en las ideas generales.</p>     <p align="justify">Las ideas llamadas econ&oacute;micas que han tenido aceptaci&oacute;n e importancia en la marcha del pa&iacute;s se han situado entre las propiamente te&oacute;ricas y las del hombre de la calle. Sin duda ser&aacute; as&iacute;, en grado m&aacute;s o menos grande, en todas partes. Entre nosotros, esas ideas del plano medio intelectual han sido invariablemente de suma facilidad e ingenuidad. En realidad se ha tratado generalmente de una receta sencill&iacute;sima, de un eslogan, puede decirse, que en cada momento se ha cre&iacute;do que representa la f&oacute;rmula salvadora, definitiva y total. La historia de nuestra evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica en achaques de econom&iacute;a es la historia del paso de una receta, y el advenimiento de otra.</p>     <p align="justify">Esa entidad mental que en cada momento nos ha se&ntilde;alado la direcci&oacute;n y la forma de la acci&oacute;n econ&oacute;mica es la idea clave de un momento de nuestra evoluci&oacute;n en esa materia.</p>     <p align="justify">Esas ideas clave –talvez debiera decirse m&aacute;s bien frases clave– muy com&uacute;nmente se han relacionado con un “complejo colonial”, de inmensa importancia en la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Por sobreponemos a la Colonia hemos tomado caminos que nos han alejado de nosotros mismos, que nos han llevado a todas las imitaciones.</p>     <p align="justify">Nuestros primeros organizadores quisieron naturalmente dar al pa&iacute;s un r&eacute;gimen en todo distinto, contrario, al que hab&iacute;a impuesto Espa&ntilde;a. Esto quer&iacute;a decir en primer lugar que se tratar&iacute;a de un r&eacute;gimen de libertad econ&oacute;mica. Se cre&iacute;a muy inocentemente que con ello se resolver&iacute;an prontamente todos nuestros problemas. Eran, naturalmente, librecambistas. Lo fueron con suma ingenuidad; con tanta ingenuidad que se permit&iacute;an algunas infracciones peque&ntilde;as a los c&aacute;nones de la estricta ortodoxia. La suerte de las industrias manufactureras aut&oacute;ctonas no era motivo de preocupaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Vino luego un per&iacute;odo en el que la desilusi&oacute;n, por lo nulo o lo negativo de los resultados obtenidos, trajo una reacci&oacute;n contra esos c&aacute;nones e impuso nuevas posiciones. Dur&oacute; de 1830 a 1846, aproximadamente. Se implantaron sistemas de protecci&oacute;n industrial que no carecieron completamente de eficacia. La fundamentaci&oacute;n ideol&oacute;gica, empero, era pobr&iacute;sima. El ensayo, que hab&iacute;a dado resultado al principio, terminaba mal, en gran parte por raz&oacute;n de los trastornos pol&iacute;ticos de 1840.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un grupo influyente quer&iacute;a que se dejara lo que juzgaban un sistema anticuado, la vuelta a lo colonial. Con la ascendencia de los portadores de esas ideas (que eran, por lo dem&aacute;s, las de muchos conservadores, las oficiales del partido conservador, tal como para estos a&ntilde;os las expon&iacute;an sus fundadores, Ospina y Caro) se entra en el per&iacute;odo del liberalismo econ&oacute;mico manchesteriano. Este liberalismo quedaba reducido, en manos de nuestros ide&oacute;logos, a su forma m&aacute;s escueta, en muchos casos, a la simple muletilla.</p>     <p align="justify">Ten&iacute;a por lo menos la ventaja de la consistencia l&oacute;gica, aunque en el hecho los que aplicaban pr&aacute;cticamente la doctrina se permitieron algunas modestas transgresiones al credo liberal ortodoxo.</p>     <p align="justify">La principal fue el fomento de la industria sider&uacute;rgica. Es una industria que ha tenido la peculiaridad de atraer, como ninguna otra demostraci&oacute;n econ&oacute;mica, el inter&eacute;s de los platitudinarios.</p>     <p align="justify">N&uacute;&ntilde;ez renov&oacute; la atm&oacute;sfera, trayendo, si no ideas originales, puntos de vista distintos. Quer&iacute;a que se hiciera un ensayo de protecci&oacute;n, principalmente por razones de equilibrio social. Se admiti&oacute; la protecci&oacute;n industrial sin discusi&oacute;n mayor. Pas&oacute; a ser una idea clave. Lo es a&uacute;n.</p>     <p align="justify">Cuando ya se empezaba a ver que pod&iacute;a dar lugar a resultados efectivos se le combati&oacute;, pero la discusi&oacute;n no se iba a fondo. Las ideas clave no se discuten a fondo. Se les ataca de flanco, y son raros los que a tanto se atreven.</p>     <p align="justify">De las entidades ideol&oacute;gicas (si no es abusivo dar tal nombre a manifestaciones ideales tan modestas) encaminadas a combatir la protecci&oacute;n, la que m&aacute;s se propag&oacute; fue la de las “industrias ex&oacute;ticas”.</p>     <p align="justify">No se trataba de que los precios de los productos de esas industrias fueran mayores que los del mercado exterior. Se trataba de que esas industrias elaboraban materia prima extranjera. Hay que reconocer que lo usual era que esa materia prima, o el producto semielaborado que serv&iacute;a de materia prima a alguna de las “industrias ex&oacute;ticas” en cuesti&oacute;n, estuviera muy poco gravado, y el producto acabado, en cambio, lo estuviera muy fuertemente. As&iacute; resultaba econ&oacute;micamente factible dar las &uacute;ltimas manipulaciones a un producto en el pa&iacute;s, y con eso se ten&iacute;a una “industria nacional”. Esta forma de la protecci&oacute;n aduanera es la que m&aacute;s eficacia ha demostrado, en el orden de favorecer el trasplante de industrias a nuestro suelo. Pero esas industrias eran “ex&oacute;ticas”. Pronto se le ocurri&oacute; a alguien que poniendo grav&aacute;menes muy fuertes a las materias primas se pod&iacute;a hacer que se produjeran en el pa&iacute;s, aunque resultaran caras. Consumi&eacute;ndolas, las industrias ex&oacute;ticas dejaban de serlo, en la opini&oacute;n de esos teorizantes, si bien sus productos resultaban a&uacute;n m&aacute;s caros y m&aacute;s malos que antes.</p>     <p align="justify">Con estas “ideas” se llev&oacute; alg&uacute;n tiempo nuestro r&eacute;gimen de protecci&oacute;n industrial.</p>     <p align="justify">Mejor dicho, con ellas se lleva todav&iacute;a, s&oacute;lo que se ha encontrado la manera de aprobar y fomentar industrias de ambas clases. Se fomentan las que dan alguna &uacute;ltima mano a productos cuasielaborados, introducidos con grav&aacute;menes fiscales benignos. Su tipo es la industria de ensamblaje, hoy tan desarrollada, y muy fomentada. Al mismo tiempo, se <i>desexotizan</i> ciertas industrias, oblig&aacute;ndolas a consumir materia prima nacional, m&aacute;s cara que la extranjera. Se dan para ello, no propiamente argumentos, pero s&iacute; frases hechas, que tienen por lo menos el m&eacute;rito de su eficacia pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">La idea madre, base actual de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, es el axioma de la necesidad de la industrializaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">De esa idea clave dependen las dem&aacute;s. As&iacute;, la necesidad de la planificaci&oacute;n (otra idea clave) es, por ahora, la necesidad de obrar en forma consistente, sistem&aacute;tica (por lo menos en principio) en el sentido de la industrializaci&oacute;n indiscriminada, y muy poco m&aacute;s.</p>     <p align="justify">La conexi&oacute;n entre ese dogma y las ideas generales, entre &eacute;l y el desarrollo general –una idea del desarrollo general que abarque un campo amplio de la vivencia de la naci&oacute;n– no aparece m&aacute;s claramente, aparece menos claramente que cuando se iniciaba el movimiento hacia la protecci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n, ahora ochenta a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">Los argumentos b&aacute;sicos tampoco son mejores; pero en realidad una tendencia de esta clase no necesita de argumentos de valor para que se le acepte: est&aacute; aceptada de antemano, con o sin argumentos.</p>     <p align="justify">Desconsuela comprobar la manera incre&iacute;blemente superficial como hemos pensado nuestra acci&oacute;n econ&oacute;mica m&aacute;s fundamental, la trivialidad de los argumentos en que se han apoyado y se apoyan las resoluciones m&aacute;s importantes. Quisiera que no fuera as&iacute;, pero desgraciadamente creo que la constataci&oacute;n de esta carencia es una de las ense&ntilde;anzas m&aacute;s importantes y evidentes de nuestra historia.</p>     <p align="justify">Es muy dif&iacute;cil exagerar lo que ha costado a nuestra econom&iacute;a esta manera de pensar.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; es lo que hemos logrado? &iquest;C&oacute;mo es, cualitativamente, nuestra econom&iacute;a?</p>     <p align="justify">Hay que decir, en primer lugar, que nuestra econom&iacute;a no es una econom&iacute;a francamente colonial, por m&aacute;s que as&iacute; se diga a veces. No es una econom&iacute;a escindida: la econom&iacute;a en que un sector grande de la producci&oacute;n est&aacute; en manos de extranjeros, y se lleva en un plano totalmente extra&ntilde;o al del medio en que se est&aacute; sumida, como sucede en las regiones en que la plantaci&oacute;n tiene gran importancia. Esto, por lo menos, hemos obtenido: nuestro equipo es nuestro, con excepciones de poca importancia relativa y que no constituyen islotes culturales y econ&oacute;micos, quistes notables en el cuerpo de nuestra econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">Otra cosa es que, por las razones que atr&aacute;s se dieron, y que esencialmente dependieron de nuestro propia querer, de nuestra manera de ver nuestro porvenir, esa econom&iacute;a dependa para su prosperidad de factores externos, en grado mayor del que quisi&eacute;ramos. Tal dependencia, por s&iacute; sola, no constituye en colonial a la econom&iacute;a que la padece, pero s&iacute; la expone a cambios bruscos, de efectos muy perniciosos.</p>     <p align="justify">Esa econom&iacute;a no es una econom&iacute;a notablemente desequilibrada.</p>     <p align="justify">El concepto de equilibrio es un concepto est&aacute;tico. Aplic&aacute;ndolo a nuestra econom&iacute;a, tal como en el momento se da, no aparece en ella una enorme hipertrofia de ninguna de las partes. Su dependencia del exterior, y de un solo producto, el caf&eacute;, si excesiva, no es tan grande como la de otras econom&iacute;as.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esto desde luego no quiere decir que estemos empleando los recursos de que disponemos en la forma m&aacute;s adecuada posible, cualquiera que sea el criterio que se adopte para calificar esa adecuaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Se trata de una econom&iacute;a muy pobre y endeble. No nos ha dado un nivel de vida que se pueda considerar como aceptable. Se trata de una econom&iacute;a destructiva.</p>     <p align="justify">La base f&iacute;sica de ese desarrollo es el empleo de recursos naturales muy modestos, cuya mayor parte va a la agricultura. La parte principal de nuestra agricultura est&aacute; constituida por la de subsistencia.</p>     <p align="justify">Los datos estad&iacute;sticos disimulan el car&aacute;cter esencial de nuestra agricultura, y en especial la de subsistencia. Es probable, por ejemplo, que el valor que se atribuye a esa producci&oacute;n sea inferior al real, por la dificultad de apreciar la parte muy grande de ella que se consume en la misma unidad productora. Y de todas maneras, todav&iacute;a hoy, de la agricultura deriva directamente la mayor parte de la poblaci&oacute;n sus recursos, y ella da, a&uacute;n sin hacer las correcciones posibles a los c&aacute;lculos, una fracci&oacute;n muy importante del valor del producto nacional. Las proporciones fueron mayores en otro tiempo. Y en todo tiempo ha estado encomendado a la agricultura el manejo de nuestro principal recurso natural, la tierra. La agricultura de subsistencia ocupa la parte mayor de la tierra dedicada a los cultivos no herb&aacute;ceos, y el uso de esa tierra es el sector cr&iacute;tico de nuestra econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">Hoy, como antes, la agricultura de subsistencia se divide en dos tipos: el de las tierras altas y fr&iacute;as, y el de las bajas.</p>     <p align="justify">En las primeras, la situaci&oacute;n no parece haber cambiado en el &uacute;ltimo siglo. El &aacute;rea ocupada por la hacienda se ha extendido, probablemente, por la absorci&oacute;n de los resguardos, donde los hubo, y por la adquisici&oacute;n de parcelas a peque&ntilde;os cultivadores. Sus sistemas de explotaci&oacute;n en general han cambiado poco, y en los casos en que s&iacute; se ha dado cambio, ha sido com&uacute;nmente en el sentido de la comercializaci&oacute;n e industrializaci&oacute;n de la ganader&iacute;a y en especial del desarrollo de la producci&oacute;n lechera, en donde encuentra mercados pr&oacute;ximos. El volumen de la producci&oacute;n afectada por cambios fundamentales no es grande, ni absoluta ni relativamente.</p>     <p align="justify">El peque&ntilde;o cultivador de tierra fr&iacute;a, desde luego no ha cambiado sus m&eacute;todos.</p>     <p align="justify">La presi&oacute;n de la poblaci&oacute;n sobre la tierra ha aumentado, y una buena fracci&oacute;n de la tierra cultivable ha desaparecido o se ha desmejorado considerablemente, por la erosi&oacute;n o la depleci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En las tierras bajas la agricultura de milpa propiamente tal –la que hace suceder al monte alto el cultivo temporal, y a &eacute;ste, otra vez, el monte alto, o por lo menos una cobertura vegetal espont&aacute;nea poderosa, que tarda bastantes a&ntilde;os en desarrollarse– se ejerce en ciertas franjas, en los bordes del islote despedazado que forma nuestra &aacute;rea de poblamiento. Ya el espacio con que se cuenta en esas franjas es relativamente poco, si no se toman en cuenta las regiones ecuatoriales (de alta precipitaci&oacute;n constante), que atraen pocos pobladores. En muchas partes, con m&aacute;s o menos energ&iacute;a y &eacute;xito, se ha adoptado el sistema primitivamente originado en Antioquia, y al ma&iacute;z sucede el pasto. Esto ha impedido la degradaci&oacute;n definitiva de grandes extensiones de tierras que han pasado al aprovechamiento relativamente estable, si no muy proficuo, de la ganader&iacute;a, a la manera t&iacute;pica nuestra. En otras no se emplea ese sistema, y en algunas la presi&oacute;n de la poblaci&oacute;n no permite dar a la regeneraci&oacute;n de la vegetaci&oacute;n el tiempo necesario, y la tierra sufre.</p>     <p align="justify">Tomando el pa&iacute;s en conjunto esa degradaci&oacute;n del medio agr&iacute;cola ha reca&iacute;do sobre una &aacute;rea grande, y que se extiende con bastante rapidez. Las repercusiones de esta deterioraci&oacute;n sobre nuestro desarrollo hist&oacute;rico son grandes y alarmantes, y pueden serle definitivamente fatales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En esas tierras bajas, calientes o templadas, a trav&eacute;s del proceso explicado, principalmente, se ha desarrollado una ganader&iacute;a de bastante importancia. Una ganader&iacute;a semiintensiva, bien adaptada al medio, y bastante pr&oacute;spera. Vale la pena de explicar un poco esto.</p>     <p align="justify">Es un rasgo muy importante, especialmente porque demuestra que el camino hacia ciertas formas agr&iacute;colas no nos est&aacute; cerrado, como s&iacute; parece que lo est&aacute; para otras regiones tropicales.</p>     <p align="justify">Se cree generalmente que la ganader&iacute;a que se practica en los fundos ganaderos grandes y medianos de las tierras calientes es una ganader&iacute;a extensiva, de ning&uacute;n m&eacute;rito agr&iacute;cola. No lo es, en la mayor parte de los casos. Entre la ganader&iacute;a extensiva propiamente tal, de la que quedan restos en nuestros Llanos Orientales y en algunos otros poqu&iacute;simos sitios, y la extensiva, a base de alimentos concentrados, y con miras principalmente a la producci&oacute;n de leche, se sit&uacute;a una ganader&iacute;a en la que se da cierto cultivo a los pastos, en la que se emplean preferentemente los llamados “artificiales”, en la que se opera cierta selecci&oacute;n (hay que ver la extensi&oacute;n que han tomado en nuestra ganader&iacute;a los cruces con ganado ceb&uacute;, en un lapso relativamente corto). Ese ha sido el tipo caracter&iacute;stico de nuestra ganader&iacute;a, desde que le dio su forma actual la introducci&oacute;n de la par&aacute;, la guinea, y la yaragu&aacute;, y de otros pastos, en distintas &eacute;pocas, y la del alambre de p&uacute;as en la d&eacute;cada del setenta. La de las tierras fr&iacute;as, por lo dem&aacute;s, en general se le parece mucho, aunque en ella, con m&aacute;s frecuencia que en la otra se busque la producci&oacute;n de leche y de sus derivados como fin importante de la explotaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Nuestra ganader&iacute;a de las tierras calientes se ha dado formas relativamente perfectas, ha prosperado, no ha tropezado con obst&aacute;culos extraordinarios. Esto es cosa que se debe destacar resueltamente. El medio de nuestras tierras calientes no presenta para el ganado y la ganader&iacute;a la inhospitalidad de otras tierras tropicales. Es cosa que se debe tener muy presente al apreciar las posibilidades de la agricultura mixta en nuestras tierras bajas.</p>     <p align="justify">La agricultura industrial de las tierras calientes y templadas se subdivide en dos ramas.</p>     <p align="justify">La una la compone el caf&eacute;, que con nuestros m&eacute;todos, y en el medio f&iacute;sico en que se desarrolla, carece, y no puede menos de seguir careciendo, de ciertos caracteres que asociamos com&uacute;nmente con los cultivos industriales. En particular, rechaza la mecanizaci&oacute;n. Es susceptible de grandes perfeccionamientos (introducci&oacute;n de nuevas variedades), pero no de gran mecanizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En cambio, en los cultivos industriales de la otra rama (algod&oacute;n, az&uacute;car, etc.) es posible llevar bastante lejos la mecanizaci&oacute;n. Por lo menos no hay inconvenientes t&eacute;cnicos insuperables para ello. Esto es muy importante en s&iacute; mismo. Es m&aacute;s importante talvez por raz&oacute;n del atractivo invencible que la mecanizaci&oacute;n tiene para las mentalidades que suelen moverse en cierto plano intelectual.</p>     <p align="justify">Esos cultivos industriales capaces de alta mecanizaci&oacute;n ocupan ya un lugar importante en nuestra producci&oacute;n agr&iacute;cola.</p>     <p align="justify">Ni esta agricultura, ni la de subsistencia, han establecido relaci&oacute;n con la agricultura animal. Mejor dicho, ese contacto est&aacute; (entre nosotros) en ensayo, en el caso del caf&eacute;, y en alg&uacute;n otro. No se ha generalizado.</p>     <p align="justify">El otro factor econ&oacute;mico cuya importancia en los primeros cien a&ntilde;os de nuestra vida independiente (y en todo el per&iacute;odo de la Colonia) se destac&oacute; atr&aacute;s, la miner&iacute;a de oro, ha ca&iacute;do a un plano de poca significaci&oacute;n; y no lo ha reemplazado en su puesto importante otra producci&oacute;n minera nueva, pero la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo, la de carb&oacute;n, y recientemente la de hierro, juegan un papel secundario de alguna importancia en nuestra vida econ&oacute;mica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sobre estas bases econ&oacute;micas y f&iacute;sicas bastante mediocres, como se ve, se ha levantado, a precio de un gran esfuerzo, con la ayuda de una protecci&oacute;n muy decidida, y a&uacute;n dr&aacute;stica (no desprovista de costo general, y aun grande, pero cuya cuant&iacute;a no es f&aacute;cil de precisar), un aparato manufacturero importante.</p>     <p align="justify">Esencialmente, se trata de industria ligera. La industria pesada no tiene sino pocos representantes. De ellos, Paz del R&iacute;o constituye un caso muy especial. Otras empresas de la industria pesada tienen caracter&iacute;sticas menos extra&ntilde;as que ese monstruo.</p>     <p align="justify">Generalmente, nuestras industrias producen a precios no competitivos, aunque en algunas se haya avanzado considerablemente en el camino del adelanto t&eacute;cnico, y en la mejor factura y baratura del producto. En bastantes casos, el nivel de organizaci&oacute;n y manejo es relativamente alto.</p>     <p align="justify">La producci&oacute;n terciaria tiene el desarrollo muy modesto que corresponde a nuestro grado de adelanto, o de atraso.</p>     <p align="justify">Esta es, en sus grandes rasgos, la posici&oacute;n a la que ha tra&iacute;do a nuestra econom&iacute;a la combinaci&oacute;n de actos espont&aacute;neos y de actos deliberadamente encaminados a fines determinados del orden econ&oacute;mico general, en combinaci&oacute;n con las fuerzas y los acontecimientos naturales.</p>     <p align="justify">El rendimiento que nos da nuestra actividad econ&oacute;mica no es ni siquiera el m&iacute;nimo que necesitamos para sobrevivir sin deterioro biol&oacute;gico. Falta mucho para ello.</p>     <p align="justify">Evidentemente, esta carencia es ominosa, pero m&aacute;s a&uacute;n lo es esto: la plataforma en que est&aacute; asentada se est&aacute; deshaciendo, f&iacute;sicamente. Los recursos naturales, no sobresalientes ni mucho menos, que forman la base de cualquier posible desarrollo de nuestra econom&iacute;a, est&aacute;n disminuyendo con un ritmo r&aacute;pido, y que tiende a acelerarse. Esto se refiere en primer lugar a la tierra, pero la deterioraci&oacute;n agr&iacute;cola lleva consigo la de otros recursos, y en especial, la del muy precioso de las fuentes de energ&iacute;a hidroel&eacute;ctricas.</p>     <p align="justify">El da&ntilde;o m&aacute;s notable se presenta, seg&uacute;n creo, en la agricultura de subsistencia de las tierras templadas.</p>     <p align="justify">La producci&oacute;n agr&iacute;cola de subsistencia en los tr&oacute;picos no ha encontrado una forma permanente de uso general sino en la muy poco apreciada de la milpa. En el supuesto de una rotaci&oacute;n en la que el per&iacute;odo de reposo de la tierra es largo, en la que se da tiempo para una regeneraci&oacute;n m&aacute;s o menos total de la cobertura vegetal natural, esta forma de cultivo es permanente. Si la rotaci&oacute;n se acorta es destructiva.</p>     <p align="justify">Es lo que pasa en mucha parte de nuestro pa&iacute;s. El monte ha desaparecido en mucha extensi&oacute;n, y en gran parte le ha sucedido el pasto. En donde no ha sido as&iacute;, al monte grueso ha sucedido el “rastrojo de agricultura”, muchas veces en v&iacute;a de degradaci&oacute;n; despu&eacute;s hasta esa d&eacute;bil reposici&oacute;n de la fertilidad desaparece. En el mejor de los casos, es el barbecho desnudo y cultivos pobr&iacute;simos –cada vez m&aacute;s pobres, hasta, talvez, la estabilizaci&oacute;n en un nivel muy bajo. En otros casos es el desaparecimiento de la tierra agr&iacute;cola.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La restricci&oacute;n progresiva del &aacute;rea en la que es posible la rotaci&oacute;n larga har&aacute; que caigan al r&eacute;gimen de la explotaci&oacute;n destructiva de esta clase &aacute;reas grandes cuya desaparici&oacute;n como tierra agr&iacute;cola ser&aacute; causa de que aumente la presi&oacute;n sobre las dem&aacute;s, que a su vez desaparecer&aacute;n m&aacute;s y m&aacute;s r&aacute;pidamente. Es el caso del proceso irreversible, de temibles consecuencias.</p>     <p align="justify">Nuestro cultivo de exportaci&oacute;n principal, el del caf&eacute;, no es altamente destructivo, en la forma corno tradicionalmente se le ha practicado en nuestro pa&iacute;s. Y hay un conocimiento bastante completo de estos aspectos de la producci&oacute;n del grano, se conocen ya m&eacute;todos que hacen su cultivo pr&aacute;cticamente inocuo, y esos m&eacute;todos se est&aacute;n propagando, aunque lentamente. No parece exagerado decir que ese cultivo est&aacute; en v&iacute;a de hacerse permanente, ecol&oacute;gicamente. Pero econ&oacute;micamente est&aacute; muy amenazado. Sin embargo, aunque sufriera un retroceso grande, no es probable que se llegue a una desaparici&oacute;n tan completa como lo fue la del tabaco, el a&ntilde;il y las quinas. Subsistir&aacute; en buena parte, buena parte de ese cultivo se hace en forma y condiciones que le permiten competir en el mercado mundial, aun en un mercado deprimido; pero podr&iacute;a ser que esa competencia fomentara el abuso destructivo de la tierra.</p>     <p align="justify">En las tierras fr&iacute;as, pobladas densamente en muchas partes desde los tiempos precolombinos, la destrucci&oacute;n actual de la tierra es m&aacute;s lenta, probablemente. Mucha parte de la que iba a ocurrir ocurri&oacute; ya, y talvez desde los tiempos anteriores a la Conquista. Y por lo dem&aacute;s, sobre todo en la Cordillera Oriental, en la que la constituci&oacute;n geol&oacute;gica de los terrenos los hace m&aacute;s erodibles, la topograf&iacute;a de las tierras altas da lugar a una inclinaci&oacute;n media de las tierras cultivadas menor que la de las de la zona templada. Hay en las tierras altas algunas mesetas y valles altos planos, si bien de extensi&oacute;n peque&ntilde;a. Mucha parte de las tierras bajas son planas. En las medias no hay, virtualmente, tierras planas.</p>     <p align="justify">Fuera del caf&eacute;, del cual se ha hablado ya, los cultivos industriales se ejercen en gran parte en tierras planas, menos sujetas a la erosi&oacute;n que las pendientes; pero no est&aacute; excluida la posibilidad de que esos cultivos est&eacute;n agotando las tierras que ocupan.</p>     <p align="justify">El problema de la inadecuaci&oacute;n de nuestra agricultura a su funci&oacute;n, y su car&aacute;cter destructivo, es, me parece, un problema mucho m&aacute;s grave, dentro de la perspectiva hist&oacute;rica, que cualquiera de los otros de nuestra econom&iacute;a. La manera como se le ha atacado es una manifestaci&oacute;n la m&aacute;s palpable de la importancia y de la calidad usual de las ideas clave. La idea clave en este campo es la tecnificaci&oacute;n y mecanizaci&oacute;n de nuestra agricultura.</p>     <p align="justify">Tengo para m&iacute; que es natural que as&iacute; sea: es una consecuencia de nuestra historia. Es una consecuencia de nuestra reacci&oacute;n ante la Colonia. Es natural que nos dejemos fascinar por las m&aacute;quinas, y que nos figuremos que la salvaci&oacute;n de nuestra agricultura est&aacute; en la mecanizaci&oacute;n. Convendr&iacute;a, sin embargo, que antes de embarcarnos estudi&aacute;ramos la realidad.</p>     <p align="justify">La agricultura intensiva o cuasiintensiva de tipo americano, altamente mecanizada, es, esencialmente, una agricultura de llanura. Tambi&eacute;n lo es la mixta de tipo europeo, en el sentido de que tuvo su origen y ha obtenido su principal desarrollo en tierras de llanura, pero es mucho m&aacute;s adaptable a terrenos quebrados. Sin embargo la doctrina corriente, la tendencia de la acci&oacute;n oficial, las ideas generales, favorecen la agricultura mecanizada.</p>     <p align="justify">Todos hemos o&iacute;do, &uacute;ltimamente, <i>ad nauseam</i>, cierto estulto estribillo: c&oacute;mo en nuestro pa&iacute;s “las partes planas, situadas en f&eacute;rtiles valles, se dedican a la ganader&iacute;a, mientras que para la agricultura se emplean las faldas de las monta&ntilde;as”. Y se propone que se traslade la agricultura a los “f&eacute;rtiles valles” y las pendientes se dediquen al pastoreo. La agricultura de que se trata es una agricultura industrial altamente mecanizada. Por eso se trata de trasladarla a las tierras planas, “tractorizables”. Pero no hay tales “f&eacute;rtiles valles”: la proporci&oacute;n de la tierra plana a la quebrada en nuestro pa&iacute;s es peque&ntilde;a, y mucha parte de las tierras planas no son “f&eacute;rtiles valles” sino sabanas resecas, o tierras inundadizas o excesivamente h&uacute;medas, no utilizables para cultivos intensivos, o s&oacute;lo utilizables mediante mejoras tan costosas que dif&iacute;cilmente ser&aacute;n rentables. Otras son, por el momento, y probablemente por bastante tiempo, econ&oacute;mica y a&uacute;n f&iacute;sicamente inaccesibles. Aunque se aprovecharan todas las extensiones planas accesibles en forma igual a como se aprovechan las partes de ellas que ahora se aprovechan bien, y que ya constituyen una gran porci&oacute;n de lo que se puede aprovechar econ&oacute;micamente para cultivos mecanizados, con ello no se har&iacute;a m&aacute;s que introducir algunos islotes de cultivo de ese tipo en un mar de cultivos de otro tipo, que son los posibles en una gran extensi&oacute;n: en la extensi&oacute;n inmensamente mayor del territorio con que hoy contamos, y que ser&aacute; la parte con que podemos contar en el futuro f&aacute;cilmente previsible. H&aacute;gase lo que se haga, nuestra agricultura ser&aacute;, en su gran masa, una agricultura que no se desarrollar&aacute; en esos supuestos “f&eacute;rtiles valles”.</p>     <p align="justify">No podemos contar entre esas extensiones planas f&eacute;rtiles, propias para la agricultura de que se trata, a las tierras de nuestros Llanos Orientales. Haciendo a un lado el problema de su comunicaci&oacute;n con las regiones pobladas, es muy improbable que la tierra ah&iacute; aprovechable en la forma dicha sea mucha. Parece m&aacute;s bien que s&oacute;lo se puedan emplear en esa forma extensiones discontinuas, islas no grandes, cuya cabida total, sin duda, no ser&aacute; peque&ntilde;a, en n&uacute;meros absolutos, pero s&iacute; en relaci&oacute;n con la inmensidad de la regi&oacute;n contemplada. Ni los m&aacute;s optimistas piensan en que la Amazonia encierre porciones grandes de tierra de la clase de referencia.</p>     <p align="justify">Las otras zonas en que se encuentran bloques de alguna extensi&oacute;n de tierras de esa clase son la Meseta Granadina (Sabana de Bogot&aacute;), el Valle del Cauca y la Llanura Atl&aacute;ntica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es dif&iacute;cil y arriesgado lanzar cifras concretas cuando no hay datos fidedignos que las hagan indiscutibles. Sin embargo me atrevo a lanzas &eacute;stas: hay en la parte occidental de nuestro pa&iacute;s (excluyendo pues las partes remotas de la Amazonia y la Orinoquia), un mill&oacute;n a un mill&oacute;n quinientas mil hect&aacute;reas, menos de dos millones, en todo caso, de tierras aprovechables para la agricultura industrializada, sin necesidad de grandes trabajos. Con un costo grande se pueden adaptar a ese uso otras de extensi&oacute;n igual. M&aacute;s all&aacute; de eso, ahora y (en la medida en que ello se puede prever) en un futuro no remoto, veinte o veinticinco a&ntilde;os digamos, el costo de adaptaci&oacute;n es prohibitivo. Creo ser amplio; no creo que se pueda aumentar, en las condiciones presentes, y en las del futuro previsible, las extensiones que caen en esas definiciones, antes es muy probable que ese c&aacute;lculo sea optimista. Es muy poco para una &aacute;rea de cuarenta a cincuenta millones de hect&aacute;reas (en parte desocupadas), que ser&aacute;n las que corresponden a la parte de nuestro territorio comprendido dentro de los l&iacute;mites generales del islote de poblamiento.</p>     <p align="justify">Es para m&iacute; muy claro que esas tierras planas pueden dar un suplemento sumamente importante a nuestra producci&oacute;n agr&iacute;cola ladere&ntilde;a, pero que no la pueden reemplazar. Aun haciendo una suposici&oacute;n arriesgad&iacute;sima, suponi&eacute;ndolas cultivadas en su totalidad muy intensivamente, podr&iacute;an dar una fracci&oacute;n grande, talvez la parte mayor de lo que ahora necesitamos, como m&iacute;nimo, en materia de productos agr&iacute;colas. Pero no todo lo que necesitamos, y se trata del presente. El traslado de la agricultura a los “f&eacute;rtiles valles”, en un per&iacute;odo corto, es cosa imposible, social, econ&oacute;mica y t&eacute;cnicamente, y a medida que la poblaci&oacute;n aumenta lo que necesitamos obtener de nuestra agricultura ser&aacute; mayor, y m&aacute;s que proporcionalmente mayor, si el est&aacute;ndar de vida de esa poblaci&oacute;n ha de ser algo superior al m&iacute;nimo. Dentro de veinte, de veinticinco a&ntilde;os, nuestra poblaci&oacute;n pasar&aacute;, talvez ampliamente, de los veinte millones. Ser&iacute;a poco realista pensar que de los pocos millones de hect&aacute;reas que se ha dicho pudieran derivar los productos agr&iacute;colas necesarios para una vida siquiera tolerable. Es cierto que el rendimiento f&iacute;sico de una hect&aacute;rea de tierra se puede llevar muy lejos –con un costo grande en trabajo, en abonos, etc. No se ve claro por qu&eacute; se haya de producir s&oacute;lo en esos “f&eacute;rtiles valles”, si en ellos resulta m&aacute;s costoso. Las tierras pendientes entrar&aacute;n a competir con las planas (y habr&aacute; necesidad –como la hay ya, por lo dem&aacute;s– de pensar muy seriamente en conservarles su fertilidad, m&aacute;s precaria que la de las tierras asentadas).</p>     <p align="justify">Es posible, naturalmente, que se presenten cambios fundamentales en la t&eacute;cnica agr&iacute;cola, o que se d&eacute; un uso para terrenos hoy poco aprovechables (como el cultivo de plantas para la producci&oacute;n de alcohol para combustible en las tierras de clima ecuatorial, del que se habla desde hace decenios, sin que cristalice). Es poco prudente contar con un desarrollo de este g&eacute;nero.</p>     <p align="justify">As&iacute;, mirando las cosas con cierta perspectiva, parece ut&oacute;pico suponer que nuestro desarrollo agr&iacute;cola futuro deba tomar –puede tomar– el sentido de un asentamiento de los cultivos en los “f&eacute;rtiles valles” en cuesti&oacute;n, con prescindencia de las faldas, que se dedicar&iacute;an a la ganader&iacute;a, como tanto se dice. Y esta separaci&oacute;n espacial de la ganader&iacute;a y la agricultura es muy sugestiva: indica que se piensa en t&eacute;rminos de la agricultura mec&aacute;nica, que se prescinde de la agricultura bion&oacute;mica, en la que cultivo y ganader&iacute;a van inseparablemente unidos.</p>     <p align="justify">Y siendo &eacute;ste de la tierra plana de buenas condiciones de situaci&oacute;n, de clima, de humedad, de fertilidad, un recurso tan escaso, el recurso escaso de nuestra econom&iacute;a, y dado que el aumento de la poblaci&oacute;n es r&aacute;pido e inevitable, parece que hubi&eacute;ramos de mirar con mucha especialidad a la ocupaci&oacute;n que se d&eacute; a esas tierras privilegiadas.</p>     <p align="justify">Esas tierras han ido pasando de la ganader&iacute;a semiextensiva a la intensiva, o a cultivos semiintensivos, donde ello ha resultado econ&oacute;micamente factible, pero esa evoluci&oacute;n ha sido interferida por una acci&oacute;n oficial que merece alg&uacute;n comentario, como otro ejemplo de lo que pueden ciertos conceptos muy superficiales, que muy f&aacute;cilmente se convierten en ideas clave. Una parte apreciable de esas tierras est&aacute; ocupada por plantaciones de ca&ntilde;a que alimentan centrales azucareras. Ese uso de las tierras es artificial. Sus ventajas desde el punto de vista del costo de oportunidad (dada especialmente la gran inversi&oacute;n de capital que significa) son muy discutibles. En cuanto tiende a hacer que el az&uacute;car reemplace la panela representa una gran p&eacute;rdida social, por la mejor calidad alimenticia de &eacute;sta. Hemos implantado esa industria con costos grandes: por tenerla hemos pagado en promedio, en el curso de varios a&ntilde;os, el az&uacute;car que consumimos a un precio mucho m&aacute;s alto que el de los mercados mundiales. En esta forma hemos logrado aclimatar la producci&oacute;n azucarera, una industria que es notoria por ser el tipo m&aacute;s perfecto de las “industrias problemas”.</p>     <p align="justify">No es el &uacute;nico caso de acci&oacute;n de esa clase. Talvez se deba decir que nuestra agricultura industrializada casi toda es una muestra acabada de industria artificial. Es seguramente el ejemplo m&aacute;s claro de la desviaci&oacute;n que las llamadas “ideolog&iacute;as, o las ideas de los “economistas”, imponen a los procesos econ&oacute;micos. Son pasos costosos que s&oacute;lo por casualidad nos pueden llevar en la buena direcci&oacute;n. Pero &iquest;cu&aacute;l es esa buena direcci&oacute;n? &iquest;No la pueden decir las frases-clave? &iquest;O los “planes” basados en las frases-clave?</p>     <p align="justify">Algunas de esas tierras son, por lo que parece, especialmente aptas, f&iacute;sicamente, para los cultivos de “huerta grande”. Para dar mercado lucrativo a sus productos (si se dedicaran extensiones grandes de ellas a esos cultivos) ser&iacute;a necesario que cambiara el r&eacute;gimen diet&eacute;tico de los colombianos, que se introdujeran en &eacute;l, en cantidades mayores, la leche, las legumbres y verduras –una de las cosas que m&aacute;s activamente se debieran procurar. Si se lograra, estos islotes o algunos de ellos ser&iacute;an oasis de cultivos altamente intensivos dentro de un espacio mucho mayor aprovechado en forma menos intensiva, pero no solamente para la ganader&iacute;a semiintensiva.</p>     <p align="justify">El punto de vista criticado tiene por lo menos el m&eacute;rito de reconocer que hay pr&aacute;cticas agr&iacute;colas, aplicables en las tierras planas, que no son posibles en las pendientes.</p>     <p align="justify">Otro punto de vista que denota m&aacute;s desconocimiento de la realidad es el de quienes, suponiendo impl&iacute;citamente la homogeneidad del medio agr&iacute;cola en cada uno de los pisos t&eacute;rmicos, desconociendo las enormes diferencias que son consecuencia de las modalidades topogr&aacute;ficas y clim&aacute;ticas de las partes de nuestro territorio, y la originalidad de los problemas nuestros, suponiendo, por lo que parece –pues sobre esto no es de uso que se den explicaciones mayores– la existencia de pr&aacute;cticas agr&iacute;colas ya dadas, alternativas a las actuales y de mucho mejor calidad, universal e inmediatamente aprovechables, proceden a proyectar cambios casi instant&aacute;neos verdaderamente extraordinarios en el aprovechamiento, en los rendimientos de la tierra, y basan sobre ello sus programas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas que suponen no existen en estado de inmediata disponibilidad, por lo menos para la parte inmensamente m&aacute;s importante de nuestra agricultura, la que se ejerce en medios calientes.</p>     <p align="justify">Ni su implantaci&oacute;n es cosa de los pocos a&ntilde;os que se suponen. Las tesis y programas de quienes exponen estas utop&iacute;as nos han hecho un da&ntilde;o inmenso. Nadie ha pensado seriamente, me supongo, en la posibilidad de realizaci&oacute;n de un programa de la clase del de la CEPAL, por ejemplo, pero avanzar programas de esa clase estorba el planteamiento y la realizaci&oacute;n de los realistas. La acci&oacute;n realista no es la de trasplantar mec&aacute;nicamente m&eacute;todos que resolver&iacute;an nuestros problemas. Esos m&eacute;todos no existen, en forma que se les pueda trasplantar mec&aacute;nicamente. Nuestro problema es precisamente idear, o por lo menos adaptar a nuestro caso peculiar&iacute;simo, m&eacute;todos agr&iacute;colas adecuados, e integrarlos, injertarlos, en nuestra vida econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">El problema es sin duda inmensamente dif&iacute;cil. Sin embargo, se sabe ya de complejos de cultivos tropicales en los que la estabilidad se conjuga con la abundancia del producto, en cuya composici&oacute;n entran los productos animales, como necesidad del cultivo mismo –formas ya parecidas a las de la agricultura estable de tipo europeo.</p>     <p align="justify">Una forma de conjunci&oacute;n de los cultivos vegetales con la ganader&iacute;a para formar una agricultura bion&oacute;mica adaptada al tr&oacute;pico ha sido realizada con base en los estudios y experimentos llevados a cabo en la India por Sir Albert Howard, cuyos resultados pr&aacute;cticos han quedado concretados en el llamado M&eacute;todo de Indore, hoy ya muy propagado en los tr&oacute;picos. Esa, y formas afines, pueden ser el punto de partida, o la base, de una transformaci&oacute;n que haga para la agricultura tropical lo que para la de las zonas templadas hizo la Revoluci&oacute;n Agr&iacute;cola del siglo antepasado. Esa revoluci&oacute;n est&aacute; en marcha. No se trata de experimentos de laboratorio. Hay ya datos que permiten avanzar un juicio sobre la aplicabilidad de esos sistemas a los cultivos de subsistencia, en el orden t&eacute;cnico y en el econ&oacute;mico. Los m&eacute;todos de que se trata, basados en la conexi&oacute;n entre el cultivo de plantas y la ganader&iacute;a, no tienen la misma dificultad para adaptarse a la agricultura de ladera que los de caracteres distintos. Todo indica que los podemos adaptar a las exigencias de nuestras necesidades muy peculiares, y aun se han dado pasos muy importantes en ese sentido, a pesar de que estas ideas, y los estudios y experimentos a ellas referentes, se han visto con el m&aacute;s perfecto desprecio, han sido considerados sin importancia, y aun rid&iacute;culos, y &ntilde;o&ntilde;os, y retr&oacute;grados, por muchos de los que hubieran podido ayudarlos a implantarse y propagarse.</p>     <p align="justify">Hace algunos a&ntilde;os se hizo una tentativa de dar vigencia a ideas de este g&eacute;nero, como parte del programa de una administraci&oacute;n presidencial. No pudieron los gacetilleros y los “ide&oacute;logos” resistir la tentaci&oacute;n de ejercitar su ingenio sobre ese plan.</p>     <p align="justify">Conozco un plan para la constituci&oacute;n de parcelas peque&ntilde;as –pero no ruinosos minifundios– en las que se podr&iacute;a desarrollar una producci&oacute;n estable, balanceada, capaz de dar base y sustento a una vida de familia activa y sana. El autor la pens&oacute; con especialidad para las tierras de clima medio, de suelo pobre, de la franja nordeste del islote de poblamiento antioque&ntilde;o.</p>     <p align="justify">Se atrevi&oacute; a presentarlo a quienes pod&iacute;an hacer algo por su realizaci&oacute;n. Se le contest&oacute; con una carcajada.</p>     <p align="justify">Los cultivos de subsistencia de las tierras fr&iacute;as se pueden adaptar con m&aacute;s facilidad a una pauta o rutina de cultivo de ese tipo; y m&aacute;s talvez el cultivo del caf&eacute;.</p>     <p align="justify">&iquest;Lo haremos? La incomprensi&oacute;n de lo nuestro ha sido la causa principal por la que el desarrollo industrial, tan notable, de nuestro pa&iacute;s en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os no ha estimulado una mutaci&oacute;n correspondiente en la agricultura. La err&oacute;nea manera de pensar sobre estos asuntos no es s&oacute;lo la de los encargados oficialmente de funciones de guianza econ&oacute;mica, es tambi&eacute;n la de los particulares. Es nuestra manera de pensar. El pliegue de nuestro pensamiento, que ha llevado a una forma y estilo de la acci&oacute;n oficial, ha influido en el mismo sentido en la acci&oacute;n extraoficial. Esto es, probablemente, lo m&aacute;s grave de nuestro caso.</p>     <p align="justify">En la evoluci&oacute;n que dio por resultado la creaci&oacute;n de la forma europea de agricultura permanente, y que se ha llamado la Revoluci&oacute;n Agr&iacute;cola, el crecimiento de las ciudades, su mayor riqueza, por el progreso de las manufacturas, la demanda de productos agr&iacute;colas distintos de los antes usados (y especialmente de art&iacute;culos alimenticios de origen animal), fue el factor determinante en la evoluci&oacute;n. Sin la industrializaci&oacute;n y la urbanizaci&oacute;n y la concentraci&oacute;n del mercado no habr&iacute;a sido econ&oacute;micamente viable la nueva agricultura (y a la inversa: el campo, enriquecido, absorb&iacute;a f&aacute;cilmente el mayor producto de las actividades urbanas).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No ha sucedido lo mismo entre nosotros. Hemos realizado, o estamos realizando, nuestra Revoluci&oacute;n Industrial. No hemos realizado la agr&iacute;cola. Por esta raz&oacute;n nuestra econom&iacute;a es una econom&iacute;a no propiamente desequilibrada sino deforme, y destructiva, y en peligro de retrogresi&oacute;n por la desaparici&oacute;n de los recursos b&aacute;sicos.</p>     <p align="justify">La industrializaci&oacute;n podr&iacute;a dar el medio, y el impulso, para el desarrollo de una agricultura permanente y abundante y as&iacute;, con inmensa ventaja propia, dotarnos de base para una econom&iacute;a estable, apta para llenar lo que en primer lugar hemos de exigirle: una alimentaci&oacute;n apropiada y suficiente para nuestras masas. El gran costo econ&oacute;mico que la industrializaci&oacute;n implica tendr&iacute;a entonces una contrapartida que, mirando al per&iacute;odo largo, posiblemente la justificar&iacute;a. No hemos mirado nuestra industrializaci&oacute;n por ese aspecto. Esa manera de situar y engranar los procesos hubiera hecho ver muchas cosas en forma distinta a como se les ha visto com&uacute;nmente, y as&iacute; se hubieran tomado caminos muy distintos, se hubieran seguido consecuencias muy distintas. La industria avanzada y la nueva agricultura se hubieran apoyado, se hubieran necesitado mutuamente. Talvez se deba decir que la industrializaci&oacute;n era, si no condici&oacute;n necesaria, por lo menos medio propicio para una gran mutaci&oacute;n agr&iacute;cola, que podr&iacute;a venir por raz&oacute;n de un proceso deliberado, planeado, o m&aacute;s f&aacute;cilmente a&uacute;n, por raz&oacute;n de concomitancias naturales. Lo ha estorbado, ante todo, nuestra perversa ideolog&iacute;a. Ella nos ha dado un dise&ntilde;o de pensamiento –y de acci&oacute;n, por consiguiente– en el que la consideraci&oacute;n de estos engranajes no encuentran cabida.</p>     <p align="justify">Sin embargo, hay ciertas se&ntilde;ales de que puede cambiar nuestro com&uacute;n modo de pensar y de obrar en esta materia. Ese cambio ser&iacute;a un acontecimiento hist&oacute;rico de primera, de m&aacute;xima importancia. En el campo de la acci&oacute;n particular van prendiendo nuevas ideas, y se va dando aplicaci&oacute;n eficaz y pr&aacute;ctica a nuevos m&eacute;todos. Esa experimentaci&oacute;n se ha efectuado por el favor de las condiciones creadas por la industrializaci&oacute;n: para aprovechar mercados concentrados creados por ella, usando capitales obtenidos, directa o indirectamente, por raz&oacute;n de ella, y t&eacute;cnicas derivadas de ella indirectamente: la mayor audacia para el experimento, el h&aacute;bito, la atm&oacute;sfera del experimento, que propicia el uso corriente de las operaciones t&eacute;cnicas complicadas. Es un proceso que empieza apenas, y que a pesar de ello se ha desviado en no pocos casos de lo razonable. Es, con todo y eso, un proceso sumamente interesante, y m&aacute;s, porque va contra pr&aacute;cticas y tendencias ya muy arraigadas y se desarrolla en el medio impropicio que crea la competencia contra el productor que arruina su tierra pero, por el momento, produce barato.</p>     <p align="justify">Todo el que se ha enterado de la marcha y desarrollo de la Revoluci&oacute;n Agr&iacute;cola habr&aacute; notado c&oacute;mo, al lado de la experimentaci&oacute;n del an&oacute;nimo productor campesino, se dio la del productor en escala mayor, y de mentalidad distinta, y muy generalmente aficionado, o semiaficionado.</p>     <p align="justify">El aporte de esta clase de experimentadores a esa magna mutaci&oacute;n, especialmente en sus etapas medias y &uacute;ltimas, fue de la mayor importancia. Los ensayos de que trato tienen caracteres semejantes. No me refiero a la tecnificaci&oacute;n e industrializaci&oacute;n de la producci&oacute;n lechera y a otros conatos de adelanto agr&iacute;cola, bien cacareados a veces, que tienen un car&aacute;cter m&aacute;s af&iacute;n con la mecanizaci&oacute;n de la agricultura que con esa otra manera de concebirla y ejercitarla; si bien esas nuevas formas de producci&oacute;n, la lechera especialmente, pueden tender tambi&eacute;n a un aprovechamiento de la tierra que se asemeje a los que son caracter&iacute;sticos de la agricultura bion&oacute;mica. Me refiero especialmente a los ensayos en que se busca la producci&oacute;n vegetal como finalidad de importancia igual o poco menor que la de los productos animales –en los que se trata de combinar las dos producciones, no en muchos casos, expl&iacute;citamente, en busca de la estabilidad de la producci&oacute;n, por s&iacute; misma, sino como condici&oacute;n de su rendimiento econ&oacute;mico, en condiciones de tierra cara (especialmente por la cercan&iacute;a de mercados concentrados relativamente grandes y ricos). Los ensayos de esta clase que se est&aacute;n realizando no son pocos en Colombia. De ellos puede salir una forma de explotaci&oacute;n agr&iacute;cola que resuelva el gran problema de la explotaci&oacute;n de nuestras tierras inclinadas, de manera estable, econ&oacute;micamente rentable, y de rendimiento f&iacute;sico alto.</p>     <p align="justify">He seguido de cerca, a trav&eacute;s de varios a&ntilde;os, alg&uacute;n ensayo de este g&eacute;nero en cierto fundo de una regi&oacute;n aleda&ntilde;a a Medell&iacute;n en la que se han estado elaborando y propagando, por obra en primer lugar de un agr&oacute;nomo profesional, cuyo ejemplo ha obrado sobre agricultores aficionados, pr&aacute;cticas agr&iacute;colas que ya tienen o tienden a tener los caracteres de la agricultura bion&oacute;mica, y que son viables, y a&uacute;n bien productivas, econ&oacute;micamente. Es una regi&oacute;n fr&iacute;a, de topograf&iacute;a suave, de tierra pobre y maltratada, cubierta antes de rastrojo miserable. Bien regada s&iacute; –el fundo que digo se llama Manantiales–, como por lo dem&aacute;s lo est&aacute;n en lo general las tierras de Antioquia, y tierra agradecida. Son tierras como tantas de las tierras de Antioquia, colinarias m&aacute;s bien que de monta&ntilde;a, y es sin duda bueno que los ensayos primeros se hagan en donde las dificultades no son las mayores. Como &eacute;ste hay, he o&iacute;do decir, bastantes otros.</p>     <p align="justify">Andando por esos campos he pensado que es posible que en ese escenario sin pretensiones, en una actividad sin ruido ni arrebatos, se est&eacute; haciendo historia, nuestra verdadera historia, en forma m&aacute;s real y profunda que en lugares m&aacute;s visibles.</p>     <p align="justify">Cuando iniciaba esta conversaci&oacute;n habl&eacute; de situarnos en un punto de vista que es casi aquel “punto de vista de Sirio” de que hablara Ren&aacute;n. Hay un gran trecho entre eso y la breve meseta ondulada de “Las Palmas”. Y podr&iacute;a creerse que he faltado a lo que de m&iacute; se exig&iacute;a, que era dictar una conferencia hist&oacute;rica, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, una conferencia que explicara “el desarrollo industrial de Colombia”. Creo, sin embargo, haberlo hecho –intentado al menos– dentro de lo que puedo y desde un punto de vista que talvez no todos comparten. He procurado buscar en la historia general de nuestro desarrollo industrial alguna ense&ntilde;anza, y alg&uacute;n vislumbre sobre la marcha futura.</p>     <p align="justify">He destacado la posibilidad de una combinaci&oacute;n en la que la actividad industrial (y la terciaria, pero esto en el momento es mucho menos importante que la industrial o secundaria) se conjugue con la agr&iacute;cola en un proceso de interacciones rec&iacute;procas, de donde resulte cierto tenor, cierta forma de econom&iacute;a, y de vida, que juzgamos particularmente deseable, m&aacute;s deseable que otras posibles, y uno de cuyos rasgos principales ser&iacute;a la estabilidad y ubertad de la producci&oacute;n agr&iacute;cola.</p>     <p align="justify">Quisiera poder creer que ese ser&aacute; el rumbo de nuestra acci&oacute;n econ&oacute;mica. No hay lugar sin embargo para muchas ilusiones. El rumbo general de las tendencias operantes, tal como se le puede deducir de esos indicios notables que son las ideas clave, no va en ese sentido. Es cierto que no ha sido com&uacute;n que una idea-clave tenga una vigencia larga. Hemos abandonado muchas a lo largo de nuestra historia. Talvez estemos prontos a darnos nuevos rumbos y directivas m&aacute;s acordes con la realidad y la originalidad de nuestros problemas. Si acaso ello nos impulsa en el camino de la resoluci&oacute;n del gran problema del aprovechamiento del tr&oacute;pico para una producci&oacute;n agr&iacute;cola estable y suficiente para sustentar un tenor de vida alto, ser&iacute;a una haza&ntilde;a hist&oacute;rica trascendental.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El medio tropical, ind&oacute;cil, cargado de problemas nuevos, plantea aquel “desaf&iacute;o” que seg&uacute;n Toynbee es la condici&oacute;n necesaria para la elaboraci&oacute;n de una nueva forma de vida exitosa. Talvez lo m&aacute;s peligroso de ese “desaf&iacute;o” en el caso nuestro es su forma insidiosa. No nos pone entre la cat&aacute;strofe, la extinci&oacute;n, a corto plazo, y una vida de cierta plenitud. Se nos ofrece como alternativa a una vida aminorada, una vida de pobreza y aletargamiento, ruin, pero capaz de prolongarse indefinidamente. La mayor parte de nuestro territorio montuoso es de suelo pobre, pero resistente. Puede llegar a un grado de productividad muy bajo, pero no f&aacute;cilmente a desaparecer del todo como tierra agr&iacute;cola, como s&iacute; puede suceder y ha sucedido en los de constituci&oacute;n distinta, en regiones del Mediterr&aacute;neo, por ejemplo, y en algunas regiones nuestras. Y no est&aacute; excluida la posibilidad de un aprovechamiento radicalmente mejor de la mitad oriental de nuestro pa&iacute;s: y aun puede creerse que hacia ella se desplace el eje de nuestro poblamiento y de la vida nacional, a favor sin duda de nuevas t&eacute;cnicas que hagan m&aacute;s aprovechables y habitables esos territorios, que en mucha parte, en el estado actual, lo son muy poco.</p>     <p align="justify">Es dif&iacute;cil poner l&iacute;mites a las posibilidades, en una &eacute;poca como la nuestra, pero es mucho m&aacute;s probable que el “desaf&iacute;o” nos siga planteado, b&aacute;sicamente, en los t&eacute;rminos actuales: como alternativas no catastr&oacute;ficas, no de logro cuasiinstant&aacute;neo, sino de realizaci&oacute;n lenta, en mal o en bien, que por eso mismo exigen mayor previsi&oacute;n, mayor constancia, mayor tino, y cuya base &uacute;ltima es la conservaci&oacute;n y potenciaci&oacute;n (o lo contrario) de los recursos agr&iacute;colas, de las tierras que tenemos.</p>     <p align="justify">Nuestra historia econ&oacute;mica parece demostrar que hemos comprendido poco los t&eacute;rminos de ese desaf&iacute;o, que no lo hemos afrontado plenamente, y que nuestro modo de comportarnos ante &eacute;l, en lo pasado, m&aacute;s que otra cosa, nos da una ense&ntilde;anza negativa: esta inconsciencia, esta limitaci&oacute;n de la visi&oacute;n a lo inmediato, esta tendencia a la receta y a la imitaci&oacute;n, no es el camino hacia las realizaciones trascendentales, es un estorbo para ellas.</p>     <p align="justify">Yo no s&eacute; si este andar atontado de nuestra econom&iacute;a haya de cambiarse, en momento no lejano, por una marcha intencionada hacia metas racionales, o siquiera claramente entendidas. Puedo prever que los eslogan de hoy –la industrializaci&oacute;n a ultranza, la sustituci&oacute;n indiscriminada de las importaciones, y “la econom&iacute;a de divisas”– dentro de un tiempo parecer&aacute;n tan incre&iacute;blemente inanes como nos parecen ahora los de otros tiempos. No puedo prever qu&eacute; clase de ideas-clave vayan a reemplazar a las actuales, y si tendr&aacute;n m&aacute;s valor que las de hoy, si, talvez, tomen un car&aacute;cter distinto, si logremos formar un cuerpo de doctrina econ&oacute;mica de alguna consistencia y eficacia. Creo, s&iacute;, que de ello depender&aacute; nuestro porvenir, fundamentalmente.</p></font>      ]]></body>
</article>
