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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DISCURSO SOBRE LA RAZA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>DISCURSO SOBRE LA RAZA*</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>SPEECH ON RACE</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Barack Obama</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Discurso pronunciado por el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, en Filadelfia, el 18 de marzo de 2008. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano.</p> <hr>     <p align="right">    <br>Nosotros, el pueblo, a fin de formar una uni&oacute;n m&aacute;s perfecta</p>     <p align="justify">Hace doscientos veinti&uacute;n a&ntilde;os, en un edificio que todav&iacute;a est&aacute; al otro lado de la calle, un grupo de hombres se reuni&oacute; y con estas sencillas palabras dio inicio al improbable experimento de la democracia norteamericana. Agricultores y eruditos, estadistas y patriotas que atravesaron el oc&eacute;ano para escapar de la tiran&iacute;a y la persecuci&oacute;n finalmente hicieron real su declaraci&oacute;n de independencia en una convenci&oacute;n en Filadelfia que trascurri&oacute; durante la primavera de 1787.</p>     <p align="justify">El documento que redactaron fue firmado eventualmente, pero en &uacute;ltimas qued&oacute; incompleto. Llevaba la mancha del pecado original de la esclavitud en esta naci&oacute;n, una cuesti&oacute;n que dividi&oacute; a las colonias y estanc&oacute; la convenci&oacute;n, hasta cuando los fundadores decidieron permitir que el comercio de esclavos continuara al menos veinte a&ntilde;os m&aacute;s, y dejar una soluci&oacute;n final a las generaciones futuras.</p>     <p align="justify">Por supuesto, la respuesta a la cuesti&oacute;n de la esclavitud ya estaba incorporada en nuestra Constituci&oacute;n: una Constituci&oacute;n que en su esencia conten&iacute;a el ideal de igual ciudadan&iacute;a conforme a la ley; una Constituci&oacute;n que promet&iacute;a al pueblo libertad y justicia, y una uni&oacute;n que se pod&iacute;a y deb&iacute;a perfeccionar en el curso del tiempo.</p>     <p align="justify">No obstante, las palabras escritas en un pergamino no ser&iacute;an suficientes para liberar a los esclavos ni para otorgar a los hombres y las mujeres de todo credo y color plenos derechos y obligaciones como ciudadanos de Estados Unidos. Se necesitar&iacute;an generaciones sucesivas de estadounidenses dispuestos a hacer su aporte –mediante protestas y luchas, en las calles y en los tribunales, a trav&eacute;s de una guerra civil y la desobediencia civil, y siempre con grandes riesgos– para cerrar esa brecha entre la promesa de nuestros ideales y la realidad de su tiempo.</p>     <p align="justify">&Eacute;sta fue una de las tareas que nos propusimos al comienzo de esta campa&ntilde;a: continuar la larga marcha de quienes vinieron antes de nosotros, una marcha por una Am&eacute;rica m&aacute;s justa, m&aacute;s igual, m&aacute;s libre, m&aacute;s solidaria y m&aacute;s pr&oacute;spera. Decid&iacute; postularme para la presidencia en este momento de la historia porque creo profundamente que no podemos resolver los desaf&iacute;os de nuestra &eacute;poca a menos que los resolvamos juntos; a menos que perfeccionemos nuestra uni&oacute;n entendiendo que tenemos historias diferentes pero esperanzas comunes; que podemos no lucir iguales y no proceder del mismo lugar, pero todos queremos ir en la misma direcci&oacute;n: hacia un futuro mejor para nuestros hijos y nuestros nietos.</p>     <p align="justify">Esta convicci&oacute;n proviene de mi fe inquebrantable en la decencia y la generosidad del pueblo estadounidense. Pero tambi&eacute;n proviene de mi propia historia estadounidense.</p>     <p align="justify">Soy hijo de un hombre negro de Kenia y de una mujer blanca de Kansas. Fui criado con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivi&oacute; a la Gran Depresi&oacute;n para servir en el Ej&eacute;rcito de Patton durante la Segunda Guerra Mundial y de una abuela blanca que trabaj&oacute; en una l&iacute;nea de ensamblaje de bombarderos en Fort Leavenworth mientras &eacute;l estaba en el extranjero. Fui a algunas de las mejores escuelas de Estados Unidos y viv&iacute; en uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres del mundo. Estoy casado con una negra estadounidense que lleva sangre de esclavos y due&ntilde;os de esclavos: una herencia que transmitimos a nuestras dos preciadas hijas. Tengo hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos, t&iacute;os y primos de toda raza y todo color, dispersos en tres continentes, y nunca olvidar&eacute; mientras viva que en ning&uacute;n otro pa&iacute;s de la Tierra mi historia habr&iacute;a sido posible.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una historia que no ha hecho de m&iacute; el m&aacute;s convencional de los candidatos. Pero una historia que ha impreso en mi estructura gen&eacute;tica la idea de que esta naci&oacute;n es m&aacute;s que la suma de sus partes; que adem&aacute;s de muchos, somos realmente uno.</p>     <p align="justify">En el primer a&ntilde;o de esta campa&ntilde;a, contra todas las predicciones adversas, vimos que el pueblo estadounidense estaba &aacute;vido de este mensaje de unidad. A pesar de la tentaci&oacute;n de ver mi candidatura a trav&eacute;s de un lente puramente racial, obtuvimos victorias inspiradoras en estados con algunas de las poblaciones m&aacute;s blancas del pa&iacute;s. En Carolina del Sur, donde a&uacute;n ondea la bandera confederada, construimos una poderosa coalici&oacute;n de estadounidenses africanos y estadounidenses blancos.</p>     <p align="justify">Esto no quiere decir que la raza no haya sido tema de la campa&ntilde;a. En diversas etapas de la campa&ntilde;a, algunos comentaristas me han juzgado “demasiado negro” o “no suficientemente negro”. Vimos que las tensiones raciales salieron a la superficie durante la semana anterior a la elecci&oacute;n primaria de Carolina del Sur. La prensa tambi&eacute;n ha escudri&ntilde;ado cada encuesta a boca de urna en busca de la prueba m&aacute;s reciente de polarizaci&oacute;n racial, no s&oacute;lo en t&eacute;rminos de blancos y negros, sino tambi&eacute;n de negros y mestizos.</p>     <p align="justify">No obstante, s&oacute;lo en las dos &uacute;ltimas semanas la discusi&oacute;n de la raza en esta campa&ntilde;a ha tomado un giro particularmente divisivo.</p>     <p align="justify">En un extremo del espectro, escuchamos la insinuaci&oacute;n de que mi candidatura es de alg&uacute;n modo un ejercicio de acci&oacute;n afirmativa, que se basa exclusivamente en el deseo de los liberales ingenuos de comprar barata la reconciliaci&oacute;n racial. En el otro extremo, escuchamos a mi antiguo pastor, el reverendo Jeremiah Wright, que usa un lenguaje incendiario para expresar opiniones que no s&oacute;lo tienen el potencial para ahondar la divisi&oacute;n racial sino que denigran de la grandeza y de la bondad de nuestra naci&oacute;n; que con raz&oacute;n ofenden por igual a blancos y negros.</p>     <p align="justify">Ya conden&eacute; en t&eacute;rminos inequ&iacute;vocos las declaraciones del reverendo Wright que causaron esa controversia. Para algunos, subsisten preguntas inc&oacute;modas. &iquest;Sab&iacute;a yo que es un cr&iacute;tico ocasionalmente feroz de la pol&iacute;tica nacional y exterior estadounidense? Por supuesto. &iquest;Alguna vez le escuch&eacute; comentarios que pod&iacute;an ser controversiales mientras asist&iacute;a a la iglesia? S&iacute;. &iquest;Estuve en fuerte desacuerdo con muchas de sus opiniones pol&iacute;ticas? Totalmente; as&iacute; como estoy seguro de que muchos de ustedes han escuchado comentarios de sus pastores, sacerdotes o rabinos con los que est&aacute;n en fuerte desacuerdo.</p>     <p align="justify">Pero los comentarios que ocasionaron esta reciente tormenta de fuego no eran simplemente controversiales. No eran simplemente el esfuerzo de un l&iacute;der religioso por denunciar la injusticia percibida. Expresaban, en cambio, una opini&oacute;n profundamente distorsionada de este pa&iacute;s; una opini&oacute;n que considera end&eacute;mico al racismo blanco, y que eleva lo que est&aacute; mal en Estados Unidos por encima de todo lo que sabemos que est&aacute; bien en Estados Unidos; una opini&oacute;n que considera que los conflictos en el Medio Oriente se originan principalmente en las acciones de aliados leales como Israel, en vez de surgir de las ideolog&iacute;as perversas y rencorosas del Islam radical.</p>     <p align="justify">En s&iacute; mismos, los comentarios del reverendo Wright no s&oacute;lo eran equivocados sino tambi&eacute;n divisivos, divisivos en un momento en que necesitamos unidad; racialmente cargados en un momento en que debemos unirnos para resolver un conjunto de problemas monumentales: dos guerras, la amenaza terrorista, el declive econ&oacute;mico, la crisis cr&oacute;nica de atenci&oacute;n de la salud y el cambio clim&aacute;tico potencialmente devastador; problemas que no son negros o blancos o latinos o asi&aacute;ticos, sino problemas que enfrentamos todos.</p>     <p align="justify">Teniendo en cuenta mis antecedentes, mi pol&iacute;tica, mis valores e ideales profesados, no habr&aacute; dudas para quienes mis declaraciones condenatorias no son suficientes. Pueden preguntar: &iquest;por qu&eacute; me relacion&eacute; con el reverendo Wright? &iquest;Por qu&eacute; no me un&iacute; a otra iglesia? Y confieso que si todo lo que conociera del reverendo Wright fueran los fragmentos de esos sermones que se transmiten incesantemente en la televisi&oacute;n y en YouTube, o si Trinity United Church of Christ se asemejara a las caricaturas que difunden algunos comentaristas, no hay duda de que yo reaccionar&iacute;a casi de la misma manera.</p>     <p align="justify">Pero la verdad es que eso no es todo lo que conozco de ese hombre. El hombre que conoc&iacute; hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os es un hombre que contribuy&oacute; a iniciarme en la fe cristiana, un hombre que me habl&oacute; de nuestra obligaci&oacute;n de amar a los dem&aacute;s, de cuidar a los enfermos y de velar por los pobres. Es un hombre que sirvi&oacute; a su pa&iacute;s como infante de marina; que estudi&oacute; y ha dictado conferencias en las mejores universidades y seminarios del pa&iacute;s, y que durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os ha dirigido una iglesia que sirve a la comunidad haciendo el trabajo de Dios aqu&iacute; en la Tierra: alojando a las personas sin hogar, atendiendo a los necesitados, prestando servicios de guarder&iacute;a y becas y catequesis en las c&aacute;rceles y socorriendo a quienes sufren de sida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En mi primer libro, <i>Los sue&ntilde;os de mi padre</i>, describ&iacute; la experiencia de mi primer servicio en Trinity:</p>     <blockquote>      <p align="justify">La gente empez&oacute; a gritar, a levantarse de sus asientos y a aplaudir y a dar grandes voces; un fuerte viento elevaba la voz del reverendo hacia las vigas del techo &#91;…&#93; Y en esa nota &uacute;nica –&iexcl;esperanza!– escuch&eacute; otra cosa; al pie de esa cruz, en miles de iglesias de la ciudad, imagin&eacute; las historias de personas negras corrientes que se mezclaban con las historias de David y Goliat, de Mois&eacute;s y el fara&oacute;n, de los cristianos en la madriguera de los leones, del campo de huesos secos de Ezequiel. Esas historias –de supervivencia y libertad y esperanza– se convirtieron en nuestra historia, en mi historia; la sangre que se hab&iacute;a derramado era nuestra sangre; las l&aacute;grimas, nuestras l&aacute;grimas; hasta que esta iglesia negra, en este d&iacute;a brillante, pareci&oacute; otra vez una nave que llevaba la historia de un pueblo a las generaciones futuras y a un mundo m&aacute;s grande. Nuestras pruebas y triunfos se tornaron a la vez &uacute;nicas y universales, negras y m&aacute;s que negras; en la narraci&oacute;n de nuestro viaje, las historias y las canciones nos dieron medios para recordar que no necesit&aacute;bamos sentir verg&uuml;enza de &#91;…&#93; recuerdos que todas las personas pod&iacute;an estudiar y apreciar; y con los que pod&iacute;amos empezar a reconstruir.</p> </blockquote>     <p align="justify">Esa ha sido mi experiencia en Trinity. Igual que otras iglesias predominantemente negras del pa&iacute;s, Trinity encarna a la comunidad negra en su totalidad: al m&eacute;dico y a la madre que recibe ayuda p&uacute;blica, al estudiante modelo y al ex pandillero. Igual que otras iglesias negras, los servicios de Trinity est&aacute;n llenos de risas roncas y de humor a veces procaz. Est&aacute;n llenos de danzas, aplausos, chillidos y gritos que pueden parecer irritantes a los o&iacute;dos no acostumbrados. La iglesia contiene en su plenitud la generosidad y la crueldad, la inteligencia feroz y la ignorancia terrible, las luchas y los &eacute;xitos, el amor y s&iacute;, la amargura y el prejuicio que conforman la experiencia negra en Am&eacute;rica.</p>     <p align="justify">Y esto ayuda a explicar, quiz&aacute;s, mi relaci&oacute;n con el reverendo Wright. Tan imperfecto como &eacute;l pueda ser, para m&iacute; ha sido como la familia. Reforz&oacute; mi fe, ofici&oacute; mi boda y bautiz&oacute; a mis hijas. Ni una sola vez en mis conversaciones con &eacute;l lo he escuchado hablar de alg&uacute;n grupo &eacute;tnico en t&eacute;rminos despectivos ni tratar a los blancos con los que interactuaba con algo distinto de cortes&iacute;a y respeto. &Eacute;l contiene dentro de s&iacute; las contradicciones –lo bueno y lo malo– de la comunidad a la que ha servido diligentemente durante tantos a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">No puedo repudiarlo como no puedo repudiar a la comunidad negra. No puedo repudiarlo como no puedo repudiar a mi abuela blanca: una mujer que ayud&oacute; a criarme, una mujer que se sacrific&oacute; una y otra vez por m&iacute;, una mujer que me ama tanto como ama algo en este mundo, pero una mujer que una vez confes&oacute; su temor a los negros con que se cruzaba en la calle, y que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n ha expresado estereotipos raciales o &eacute;tnicos que me hac&iacute;an estremecer.</p>     <p align="justify">Estas personas son parte de m&iacute;. Y son parte de Am&eacute;rica, este pa&iacute;s que amo.</p>     <p align="justify">Algunos ver&aacute;n esto como un intento de justificar o disculpar comentarios que son inexcusables. Puedo asegurarles que no es as&iacute;. Supongo que lo pol&iacute;ticamente seguro ser&iacute;a pasar por alto este episodio y esperar a que se desvanezca. Podemos desechar al reverendo Wright como a un chiflado o a un demagogo, as&iacute; como algunos desecharon a Geraldine Ferraro, luego de sus declaraciones recientes, como si albergara alg&uacute;n prejuicio racial profundamente arraigado.</p>     <p align="justify">Pero pienso que la raza es un asunto que esta naci&oacute;n no puede darse el lujo de ignorar en este momento. Estar&iacute;amos cometiendo el mismo error que el reverendo Wright cometi&oacute; en sus sermones ofensivos sobre Estados Unidos: simplificar y estereotipar y amplificar lo negativo hasta el punto de distorsionar la realidad.</p>     <p align="justify">El hecho es que los comentarios que se han escuchado y los asuntos que han emergido a la superficie en las &uacute;ltimas semanas reflejan las complejidades del problema racial en este pa&iacute;s que nunca hemos profundizado realmente: una parte de nuestra uni&oacute;n que a&uacute;n debemos perfeccionar. Y si hoy las pasamos por alto, si simplemente nos retiramos a nuestras esquinas respectivas, nunca podremos unirnos y resolver desaf&iacute;os como la atenci&oacute;n de la salud, o la educaci&oacute;n, o la necesidad de encontrar buenos empleos para todos los estadounidenses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La comprensi&oacute;n de esta realidad requiere que recordemos c&oacute;mo llegamos a este punto. Como escribi&oacute; William Faulkner alguna vez, “El pasado no est&aacute; muerto y enterrado. En realidad, ni siquiera es pasado”. No necesitamos recitar aqu&iacute; la historia de la injusticia racial en este pa&iacute;s. Pero necesitamos recordarnos a nosotros mismos que muchas de las disparidades que hoy existen en la comunidad afro-americana se remontan directamente hasta las desigualdades heredadas de una generaci&oacute;n anterior que sufri&oacute; bajo el legado brutal de la esclavitud y de Jim Crow.</p>     <p align="justify">Las escuelas segregadas eran, y a&uacute;n son, escuelas inferiores; a&uacute;n no las hemos mejorado, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s del fallo Brown vs. Board of Education, y la educaci&oacute;n inferior que proporcionaban, en ese entonces y todav&iacute;a, ayuda a explicar la amplia brecha de logros entre estudiantes negros y blancos de hoy.</p>     <p align="justify">La discriminaci&oacute;n legalizada –donde se imped&iacute;a, a menudo a trav&eacute;s de la violencia, que los negros tuvieran propiedades, o no se daban pr&eacute;stamos a empresarios afro-americanos, o los negros no pod&iacute;an tener acceso a las hipotecas de la FHA, o se exclu&iacute;a a los negros de los sindicatos, de la fuerza policial o de los departamentos de bomberos– significaba que las familias negras no pod&iacute;an amasar una riqueza significativa para legarla a las generaciones futuras. Esa historia ayuda a explicar la brecha de riqueza y de ingresos entre negros y blancos, y las concentraciones de pobreza que persisten en tantas comunidades urbanas y rurales de hoy en d&iacute;a.</p>     <p align="justify">Una falta de oportunidades econ&oacute;micas entre los negros, y la verg&uuml;enza y la frustraci&oacute;n por no ser capaces de mantener a la familia, contribuyeron a la erosi&oacute;n de las familias negras; un problema que las pol&iacute;ticas de asistencia social pueden haber agravado durante a&ntilde;os. Y la falta de servicios b&aacute;sicos en tantos vecindarios urbanos negros –parques para que jueguen los ni&ntilde;os, polic&iacute;as que hagan la ronda, recolecci&oacute;n regular de basuras y cumplimiento de las normas de construcci&oacute;n– todo ello ayud&oacute; a crear un ciclo de violencia, deterioro y desidia que sigue acos&aacute;ndonos.</p>     <p align="justify">&Eacute;sta es la realidad en la que crecieron el reverendo Wright y otros afro-americanos de su generaci&oacute;n. Llegaron a la mayor&iacute;a de edad a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, una &eacute;poca en que la segregaci&oacute;n era a&uacute;n la ley de la tierra y las oportunidades eran sistem&aacute;ticamente restringidas. Lo que es admirable no es cu&aacute;ntos fracasaron por la discriminaci&oacute;n, sino cu&aacute;ntos hombres y cu&aacute;ntas mujeres superaron las desventajas; cu&aacute;ntos fueron capaces de abrir un camino donde no lo hab&iacute;a para aquellos que, como yo, vendr&iacute;an despu&eacute;s de ellos.</p>     <p align="justify">Pero al lado de todos aquellos que con las u&ntilde;as pudieron hacerse a un pedazo del sue&ntilde;o americano, hubo muchos que no lo lograron; aquellos que en &uacute;ltimas fueron derrotados, de una manera u otra, por la discriminaci&oacute;n. Ese legado de derrota se transmiti&oacute; a las generaciones siguientes: a esos j&oacute;venes y, cada vez m&aacute;s, a esas j&oacute;venes que vemos en las esquinas de las calles o languideciendo en nuestras c&aacute;rceles, sin esperanzas ni posibilidades para el futuro. Aun para los negros que lo lograron, las cuestiones de la raza y del racismo siguen definiendo su visi&oacute;n del mundo de manera fundamental. Para los hombres y las mujeres de la generaci&oacute;n del reverendo Wright, los recuerdos de la humillaci&oacute;n y la duda y el temor no han desaparecido; como tampoco la ira y la amargura de esos a&ntilde;os. Esa ira no se puede expresar en p&uacute;blico, frente a compa&ntilde;eros de trabajo blancos o amigos blancos. Pero encuentra eco en la peluquer&iacute;a o alrededor de la mesa de la cocina. A veces, esa ira es explotada por los pol&iacute;ticos, para levantar votos con consignas raciales, o para compensar las fallas propias de un pol&iacute;tico.</p>     <p align="justify">Y ocasionalmente encuentra eco en la iglesia, en la ma&ntilde;ana del domingo, en el p&uacute;lpito y en los bancos. El hecho de que tantas personas se sorprendan al escuchar esa ira en algunos de los sermones del reverendo Wright simplemente nos recuerda el viejo lugar com&uacute;n de que la hora m&aacute;s segregada en la vida estadounidense es la del domingo en la ma&ntilde;ana. Esa ira no es siempre productiva; en efecto, demasiado a menudo distrae la atenci&oacute;n de la soluci&oacute;n de los problemas reales; nos impide enfrentar directamente nuestra complicidad con nuestra propia situaci&oacute;n e impide que la comunidad afro-americana forje las alianzas que necesita para realizar el cambio verdadero. Pero la ira es leg&iacute;tima, es poderosa, y desear que simplemente desaparezca, condenarla sin entender sus causas, s&oacute;lo sirve para ensanchar el abismo de malentendidos que existe entre las razas.</p>     <p align="justify">De hecho, existe una ira similar en algunos segmentos de la comunidad blanca. La mayor&iacute;a de la clase trabajadora y de la clase media estadounidenses no siente que haya sido particularmente privilegiada por su raza. Su experiencia es la experiencia del inmigrante; en cuanto a ellos concierne, nadie les ha regalado nada, lo que tienen lo han construido desde cero. Han trabajado duro toda su vida, muchas veces s&oacute;lo para ver sus empleos despachados al extranjero o su pensi&oacute;n perdida despu&eacute;s de una vida de trabajo. Est&aacute;n preocupados por su futuro, y sienten que sus sue&ntilde;os se est&aacute;n desvaneciendo; en una &eacute;poca de salarios estancados y de competencia global, las oportunidades llegan a ser concebidas como un juego de suma cero, en el que sus sue&ntilde;os se realizan a costa m&iacute;a. De modo que cuando se les dice que manden en autob&uacute;s a sus hijos a una escuela del otro extremo de la ciudad, cuando oyen que un afro-americano est&aacute; sacando ventaja de un buen empleo o de un cupo en una buena universidad debido a una injusticia que ellos nunca cometieron, cuando se les dice que sus temores por los cr&iacute;menes en los vecindarios urbanos son de alg&uacute;n modo prejuiciados, el resentimiento crece con el tiempo.</p>     <p align="justify">Igual que la ira dentro de la comunidad negra, esos resentimientos no siempre se expresan entre personas refinadas. Pero han contribuido a dar forma al paisaje pol&iacute;tico al menos durante una generaci&oacute;n. La ira contra la asistencia social y la acci&oacute;n afirmativa ayud&oacute; a forjar la coalici&oacute;n de Reagan. Los pol&iacute;ticos explotaron rutinariamente el temor al crimen para sus propios fines electorales. Los presentadores de programas de entrevistas y los comentaristas conservadores construyeron carreras enteras desenmascarando falsas denuncias de racismo mientras desestimaban las discusiones leg&iacute;timas de la injusticia y de la desigualdad racial como mera correcci&oacute;n pol&iacute;tica o racismo a la inversa.</p>     <p align="justify">As&iacute; como la ira negra a menudo prob&oacute; ser contraproducente, este resentimiento blanco desvi&oacute; la atenci&oacute;n de los verdaderos culpables de la reducci&oacute;n de la clase media: una cultura corporativa plagada de negociados, de pr&aacute;cticas contables cuestionables y de codicia de corto plazo; una pol&iacute;tica de Washington dominada por cabilderos y grupos de inter&eacute;s particular; unas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que favorecen a pocos a costa de muchos. Y, no obstante, desear que los resentimientos de los estadounidenses blancos desaparezcan, calificarlos de equivocados y aun de racistas, sin reconocer que se basan en preocupaciones leg&iacute;timas, tambi&eacute;n ampl&iacute;a la divisi&oacute;n racial y bloquea el camino de la comprensi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aqu&iacute; es donde estamos ahora. En una encrucijada racial en la que hemos estado arrinconados durante a&ntilde;os. En contra de las denuncias de algunos de mis cr&iacute;ticos, negros y blancos, nunca he sido tan ingenuo como para creer que podamos superar nuestras divisiones raciales en un solo ciclo electoral o con una sola candidatura, en particular con una candidatura tan imperfecta como la m&iacute;a.</p>     <p align="justify">Pero he expresado la firme convicci&oacute;n –una convicci&oacute;n originada en mi fe en Dios y mi fe en el pueblo estadounidense– de que trabajando juntos podemos resta&ntilde;ar algunas de nuestras viejas heridas raciales, y que en realidad no tenemos otra elecci&oacute;n si queremos proseguir en el camino de una uni&oacute;n m&aacute;s perfecta.</p>     <p align="justify">Para la comunidad afro-americana, ese camino implica aceptar las cargas de nuestro pasado sin convertirnos en v&iacute;ctimas de nuestro pasado. Implica seguir insistiendo en una medida plena de justicia en cada aspecto de la vida estadounidense. Pero tambi&eacute;n implica unir nuestras quejas particulares –por una mejor atenci&oacute;n de la salud y mejores escuelas y mejores empleos– a las grandes aspiraciones de todos los estadounidenses: de la mujer blanca que lucha por romper las barreras invisibles a su ascenso, del hombre blanco que fue despedido, del inmigrante que trata de alimentar a su familia. Y esto significa asumir la plena responsabilidad de nuestra propia vida, exigiendo m&aacute;s de nuestros padres, y dedicando m&aacute;s tiempo a nuestros hijos, y leerles y ense&ntilde;arles que aunque enfrenten desaf&iacute;os y discriminaci&oacute;n en su propia vida, nunca deben sucumbir a la desesperaci&oacute;n ni al cinismo, que siempre deben creer que pueden escribir su propio destino.</p>     <p align="justify">Ir&oacute;nicamente, esta noci&oacute;n quintaesencialmente estadounidense –y s&iacute;, conservadora– de la autoayuda se expresaba a menudo en los sermones del reverendo Wright. Pero lo que mi anterior pastor muy a menudo no pudo comprender es que embarcarse en un programa de autoayuda tambi&eacute;n requiere creer que la sociedad puede cambiar.</p>     <p align="justify">El profundo error de los sermones del reverendo Wright no es que haya hablado del racismo en nuestra sociedad, sino que lo haya dicho como si nuestra sociedad fuera est&aacute;tica, como si no se hubiera hecho ning&uacute;n progreso, como si este pa&iacute;s –un pa&iacute;s que ha hecho posible que uno de sus propios miembros se postule para el m&aacute;s alto cargo de la naci&oacute;n y haya construido una coalici&oacute;n de blancos y negros, latinos y asi&aacute;ticos, ricos y pobres, j&oacute;venes y viejos– a&uacute;n estuviese atado irrevocablemente a un pasado tr&aacute;gico. Pero lo que sabemos –lo que hemos visto– es que Estados Unidos puede cambiar. &Eacute;se es el verdadero genio de esta naci&oacute;n. Lo que ya hemos logrado nos da la esperanza –la audacia de la esperanza– para lo que podemos y debemos lograr ma&ntilde;ana.</p>     <p align="justify">En la comunidad blanca, el camino a una uni&oacute;n m&aacute;s perfecta implica reconocer que lo que aflige a la comunidad afro-americana no existe s&oacute;lo en la mente de gentes negras; ese es el legado de la discriminaci&oacute;n; y los actuales hechos de discriminaci&oacute;n, aunque menos expl&iacute;citos que en el pasado, son reales y se deben enfrentar. No s&oacute;lo con palabras, sino con hechos: invirtiendo en nuestras escuelas y en nuestras comunidades, haciendo cumplir nuestras leyes de derechos civiles y asegurando la imparcialidad de nuestro sistema de justicia penal, proporcionando a esta generaci&oacute;n escaleras de oportunidades de las que no dispon&iacute;an las generaciones anteriores. Esto requiere que todos los estadounidenses entiendan que sus sue&ntilde;os no tienen que realizarse a costa de mis sue&ntilde;os; que invertir en la salud, en el bienestar y en la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os negros y mestizos y blancos ayudar&aacute; en &uacute;ltimas a que todos prosperen en Estados Unidos.</p>     <p align="justify">Al final, entonces, lo que se pide no es nada m&aacute;s, y nada menos, que lo que demandan todas las grandes religiones del mundo: que hagamos por los dem&aacute;s lo que los dem&aacute;s har&iacute;an por nosotros. Seamos guardianes de nuestro hermano, nos dicen las Escrituras. Seamos guardianes de nuestra hermana. Encontremos ese inter&eacute;s com&uacute;n que todos tenemos en el otro, y dejemos que nuestra pol&iacute;tica tambi&eacute;n refleje ese esp&iacute;ritu.</p>     <p align="justify">Porque tenemos una opci&oacute;n en este pa&iacute;s. Podemos aceptar una pol&iacute;tica que alimenta la divisi&oacute;n y el conflicto y el cinismo. Podemos tratar la raza s&oacute;lo como un espect&aacute;culo –como hicimos en el juicio de O. J. Simpson– o despu&eacute;s de la tragedia, como hicimos con las consecuencias del Katrina –o como forraje para las noticias de la noche. Podemos ver los sermones del reverendo Wright en todos los canales, todos los d&iacute;as, y hablar de ellos desde hoy hasta la elecci&oacute;n, y hacer una &uacute;nica pregunta en esta campa&ntilde;a: si el pueblo estadounidense piensa que creo o simpatizo de alg&uacute;n modo con sus palabras m&aacute;s ofensivas. Podemos abalanzarnos sobre alguna imprudencia de un partidario de Hillary como prueba de que ella juega la carta racial, o podemos especular si todos los hombres blancos acudir&aacute;n en tropel a votar por John McCain en las elecciones generales sin considerar sus pol&iacute;ticas.</p>     <p align="justify">Podemos hacer eso.</p>     <p align="justify">Pero si lo hacemos, puedo decirles que en la pr&oacute;xima elecci&oacute;n estaremos hablando de alguna otra distracci&oacute;n. Y luego de otra. Y luego de otra. Y nada cambiar&aacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&Eacute;sa es una opci&oacute;n. Ahora bien, en este momento, en esta elecci&oacute;n, podemos unirnos y decir: “No esta vez”. Esta vez queremos hablar de las escuelas que se est&aacute;n derrumbando y que est&aacute;n robando el futuro de los ni&ntilde;os negros y los ni&ntilde;os blancos y los ni&ntilde;os asi&aacute;ticos y los ni&ntilde;os hispanos y los ni&ntilde;os nativos. Esta vez queremos rechazar el cinismo que nos dice que estos ni&ntilde;os no pueden aprender, que esos ni&ntilde;os no se parecen a nosotros y que son el problema de otros. Los ni&ntilde;os de Estados Unidos no son esos ni&ntilde;os, son nuestros ni&ntilde;os, y no dejaremos que se queden atr&aacute;s en la econom&iacute;a del siglo XXI. No esta vez.</p>     <p align="justify">Esta vez queremos hablar de las colas de las salas de emergencia repletas de blancos y negros e hispanos que no tienen atenci&oacute;n m&eacute;dica, que no tienen el poder para vencer por s&iacute; solos a los grupos de intereses particulares de Washington, pero que pueden tenerlo si lo hacemos juntos.</p>     <p align="justify">Esta vez queremos hablar de las f&aacute;bricas cerradas que alguna vez dieron una vida decente a hombres y mujeres de todas las razas, y de las casas en venta que alguna vez pertenecieron a estadounidenses de todas las religiones, de todas las regiones, de todos los modos de vida. Esta vez queremos hablar del hecho de que el problema real no es que alguien que no se parece a usted usurpe su empleo, es que la corporaci&oacute;n en la que trabaja no lo despache al extranjero por nada m&aacute;s que una ganancia.</p>     <p align="justify">Esta vez queremos hablar de los hombres y las mujeres de todos los credos y colores que sirven juntos, y luchan juntos, y sangran juntos bajo la misma bandera orgullosa. Queremos hablar de c&oacute;mo devolverlos a casa de una guerra que nunca se debi&oacute; autorizar y que nunca se debi&oacute; emprender, y queremos hablar de c&oacute;mo demostraremos nuestro patriotismo cuid&aacute;ndolos, a ellos y a sus familias, y d&aacute;ndoles los beneficios que se ganaron.</p>     <p align="justify">No me habr&iacute;a postulado para presidente si no creyera con todo mi coraz&oacute;n que esto es lo que la vasta mayor&iacute;a de los estadounidenses quieren para este pa&iacute;s. Esta uni&oacute;n nunca puede ser perfecta, pero una generaci&oacute;n tras otra ha mostrado que siempre se puede perfeccionar. Y hoy, cuando me siento dudoso o c&iacute;nico acerca de esta posibilidad, lo que me da la mayor esperanza es la pr&oacute;xima generaci&oacute;n: las personas j&oacute;venes cuyas actitudes y creencias y cuya disposici&oacute;n al cambio ya hicieron historia en esta elecci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Hay una historia en particular que hoy quiero compartir con ustedes: una historia que cont&eacute; cuando tuve el gran honor de hablar en el aniversario del Dr. King en su iglesia, Ebenezer Baptist, en Atlanta.</p>     <p align="justify">Una joven blanca de veintitr&eacute;s a&ntilde;os llamada Ashley Baia se uni&oacute; a nuestra campa&ntilde;a en Florence, Carolina del Sur. Estaba trabajando para organizar a una comunidad principalmente afro-americana desde comienzos de esta campa&ntilde;a, y un d&iacute;a estaba en una mesa redonda donde todos iban a contar su historia y por qu&eacute; estaban all&iacute;.</p>     <p align="justify">Y Ashley dijo que cuando ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, su madre enferm&oacute; de c&aacute;ncer. Y debido a que tuvo que faltar algunos d&iacute;as de trabajo, fue despedida y perdi&oacute; su atenci&oacute;n de salud. Tuvieron que declararse en bancarrota, y entonces Ashley decidi&oacute; que ten&iacute;a que hacer algo para ayudar a su madre.</p>     <p align="justify">Sab&iacute;a que la comida era uno de sus mayores gastos, y fue as&iacute; como Ashley convenci&oacute; a su madre de que lo que realmente le gustaba y deseaba comer m&aacute;s que cualquier otra cosa eran emparedados con mostaza y condimentos. Porque era la manera m&aacute;s barata de comer.</p>     <p align="justify">Hizo esto durante un a&ntilde;o hasta que su madre mejor&oacute;, y dijo a todos los de la mesa redonda que la raz&oacute;n para unirse a nuestra campa&ntilde;a era que pod&iacute;a ayudar a millones de ni&ntilde;os del pa&iacute;s que tambi&eacute;n quieren y necesitan ayudar a sus padres.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ashley podr&iacute;a haber tomado una opci&oacute;n diferente. Quiz&aacute;s alguien le dijo que la causa de los problemas de su madre eran los negros que acud&iacute;an a la asistencia social y eran demasiado perezosos para trabajar, o los hispanos que entraban ilegalmente al pa&iacute;s. Pero ella no lo hizo. Busc&oacute; aliados en su lucha contra la injusticia.</p>     <p align="justify">Sea como fuere, Ashley termina su historia y luego camina alrededor de la habitaci&oacute;n y pregunta a los dem&aacute;s por qu&eacute; est&aacute;n apoyando la campa&ntilde;a. Todos tienen historias y razones diferentes. Muchos traen a colaci&oacute;n un asunto espec&iacute;fico. Y finalmente llegan a un anciano negro que se mantuvo sentado y en silencio todo el tiempo. Y Ashley le pregunta por qu&eacute; est&aacute; all&iacute;. Y no trae a colaci&oacute;n un asunto espec&iacute;fico. No dice que por la atenci&oacute;n de la salud o la econom&iacute;a. No dice que por la educaci&oacute;n o la guerra. No dice que estaba all&iacute; debido a Barack Obama. Simplemente les dice a todos: “Estoy aqu&iacute; por Ashley”.</p>     <p align="justify">“Estoy aqu&iacute; por Ashley”. Por s&iacute; mismo, ese momento &uacute;nico de reconocimiento entre esa muchacha blanca y ese anciano negro no es suficiente. No es suficiente para dar atenci&oacute;n m&eacute;dica a los enfermos, o empleos a los desempleados, o educaci&oacute;n a nuestros hijos.</p>     <p align="justify">Pero es ah&iacute; donde empezamos. Es ah&iacute; donde nuestra uni&oacute;n se hace m&aacute;s fuerte. Y como tantas generaciones han llegado a entender en el curso de los doscientos veinti&uacute;n a&ntilde;os desde que una banda de patriotas firm&oacute; ese documento en Filadelfia, es ah&iacute; donde la perfecci&oacute;n comienza.</p></font>      ]]></body>
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