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<institution><![CDATA[,Universidad Externado de Colombia Facultad de Ciencias Sociales Programa de Sociología]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay is an account of the reception of Émile Durkheim's thought in Colombia. Special attention is given to its application aand use by Colombian sociologists, educators and historians. It also covers the teaching of Durkheim's work in universities and the translation of his texts by Colombian scholars.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>DURKHEIM EN COLOMBIA<a href="#nast">*</a><a name="ast"></a></b></p> </font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>DURKHEIM IN COLOMBIA</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Gonzalo Cata&ntilde;o**</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> ** Soci&oacute;logo, profesor del Programa de Sociolog&iacute;a de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:anomia@supercabletv.net.co">anomia@supercabletv.net.co</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 27 de enero de 2009, fecha de modificaci&oacute;n: 29 de abril de 2009, fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de julio de 2009.</p> <hr size="1">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: teor&iacute;a sociol&oacute;gica, historia del pensamiento social, pedagog&iacute;a, religi&oacute;n, anomia, tipolog&iacute;a; JEL: Z13&#93;</p>     <p align="justify">El presente ensayo registra la llegada del pensamiento de &Eacute;mile Durkheim al pa&iacute;s. Pone especial cuidado en los empleos que hicieron de su obra los soci&oacute;logos, los pedagogos y los historiadores colombianos a lo largo del siglo XX. Igualmente, ofrece informaci&oacute;n sobre la ense&ntilde;anza del soci&oacute;logo franc&eacute;s en las instituciones de educaci&oacute;n superior y sobre las traducciones de sus textos emprendidas por los estudiosos nacionales de su obra.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: sociological theory, history of social thought, pedagogy, religion, anomie, typology; JEL: Z13&#93;</p>     <p align="justify">This essay is an account of the reception of &Eacute;mile Durkheim's thought in Colombia. Special attention is given to its application aand use by Colombian sociologists, educators and historians. It also covers the teaching of Durkheim's work in universities and the translation of his texts by Colombian scholars.</p> <hr size="1">     <p align="justify">Agradezco a los colegas de la Universidad Nacional la invitaci&oacute;n a participar en esta conmemoraci&oacute;n de los 150 a&ntilde;os del nacimiento de &Eacute;mile Durkheim, autor que me ha acompa&ntilde;ado durante buena parte de mi vida de soci&oacute;logo. Y, adem&aacute;s, por celebrarlo con la presencia de la profesora Lidia Girola de M&eacute;xico y el profesor Ram&oacute;n Ramos de Espa&ntilde;a, a quien tanto debemos por sus traducciones, ensayos y libros acerca del fundador de la escuela francesa de sociolog&iacute;a.</p>     <p align="justify">Mi disertaci&oacute;n ser&aacute; un recuento de la llegada a Colombia de la obra de Durkheim y de sus usos entre nosotros en el siglo XX. No ser&eacute; exhaustivo y en ning&uacute;n momento pretendo serlo. Seguir con detalle la bibliograf&iacute;a publicada en provincia y en la capital no es tarea f&aacute;cil. Los registros de las bibliotecas y de los centros de documentaci&oacute;n son imprecisos y con frecuencia precarios. S&oacute;lo me anima el deseo de mostrar que los empleos de Durkheim han sido m&aacute;s ricos y a&ntilde;ejos de lo que se podr&iacute;a pensar. Dividir&eacute; la exposici&oacute;n en dos partes: la lectura del soci&oacute;logo franc&eacute;s antes de 1959, y su presencia despu&eacute;s de ese a&ntilde;o que, como se sabe, fue decisivo en la sociolog&iacute;a nacional. En efecto, en 1959 se fundaron los primeros departamentos de sociolog&iacute;a del pa&iacute;s y su labor marc&oacute; una ruptura con el pasado sociol&oacute;gico en manos de autodidactas, ensayistas y amantes de la <i>question sociale</i>. Indicar&eacute;, adem&aacute;s, los escenarios intelectuales e institucionales en los que se desarrollaron estas lecturas, y sus consecuencias para el conocimiento de los problemas objeto de estudio. Esta perspectiva anuncia el dinamismo con el que se recibieron sus contribuciones. Sabemos que las aproximaciones piadosas a un gran pensador dejan poca huella en la cultura receptora, y al final le hacen un flaco servicio al sabio extranjero, siempre deseoso de dejar su impronta en entornos m&aacute;s vastos que aquellos en donde brot&oacute; su obra. La sociolog&iacute;a –sus autores, sus libros, sus teor&iacute;as– s&oacute;lo se convierte en un hecho cultural cuando interviene la experiencia de quienes la reciben, la asimilan y la juzgan. Son ellos los que la aceptan, la entienden y la piensan, o los que la rechazan, la niegan y la desprecian; los que con su trabajos crean una tradici&oacute;n, o con su silencio instauran un vac&iacute;o que impide que arraigue un autor o una corriente de pensamiento en un medio intelectual determinado (Jauss, 1987, 59).</p>     <p align="center">I</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hasta donde tenemos noticia, la primera menci&oacute;n de Durkheim en Colombia apareci&oacute; en un trabajo del historiador, ge&oacute;grafo y militar Francisco Javier Vergara y Velasco (1860-1914). En una exposici&oacute;n sobre los rasgos del nuevo concepto de historia (la historia como ciencia), basada en escritos de varios autores –entre los que descollaban los historiadores Charles Langlois y Charles Seignobos, y los soci&oacute;logos Jacob Novicow, Maxim Kovalevsky y &Eacute;mile Durkheim–, anot&oacute; que "el historiador no puede ignorar los progresos de la sociolog&iacute;a". Si la historia revive los acontecimientos, si los describe en una secuencia fundada en datos extra&iacute;dos de los archivos, es tarea de las ciencias sociales explicarlos siguiendo las demandas de la investigaci&oacute;n m&aacute;s rigurosa. "La historia –agreg&oacute;– es ciencia en cuanto a los procedimientos de investigaci&oacute;n, cualquiera que sea la forma art&iacute;stica que se pretenda darle para la exposici&oacute;n de los hechos". Para que esto fuera realidad, los historiadores deb&iacute;an abandonar la cr&oacute;nica ligera, el dato superfluo, las fechas in&uacute;tiles, los personajes sin sentido y la biograf&iacute;a encomi&aacute;stica de los mandatarios. Deb&iacute;an centrar su atenci&oacute;n en la historia del "pueblo", en lo que le sucedi&oacute; y le sucede a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. En el mejor clima durkheimiano, habr&iacute;a que observar el rol de las instituciones, de las costumbres y de las creencias –de las realidades <i>colectivas</i>, en una palabra–, cuya acci&oacute;n confiere sentido a la contingencia y a la extrema fluidez de los hechos individuales, tan caros a la forma tradicional de hacer historia. La historia no alcanzar&aacute; la calificaci&oacute;n de ciencia si no se eleva por encima de lo individual; si persiste en la an&eacute;cdota y en el dato aislado su capacidad de generalizaci&oacute;n ser&aacute; siempre muy pobre y limitada (Vergara y Velasco, 1906, II-VIII).<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>     <p align="justify">Vergara no llev&oacute; a feliz t&eacute;rmino su proyecto historiogr&aacute;fico. No produjo un trabajo de envergadura que mostrara las bondades que anunciaba, pero tuvo la fortuna y el coraje de plantear la estrategia que guiaba la mejor investigaci&oacute;n hist&oacute;rica europea de su tiempo. Ten&iacute;a buena formaci&oacute;n en geograf&iacute;a, pero sus conocimientos sociol&oacute;gicos, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos (en teor&iacute;a del Estado) eran muy precarios. Sin ellos no pod&iacute;a ofrecer un retrato persuasivo del desarrollo material, cultural y social del pa&iacute;s, y hubo que esperar casi cuarenta a&ntilde;os para la feliz realizaci&oacute;n de su programa<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Sus anhelos s&oacute;lo se har&iacute;an realidad con los trabajos de la generaci&oacute;n de Luis E. Nieto Arteta, Guillermo Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez y Luis Ospina V&aacute;squez, investigadores anal&iacute;ticamente orientados que subrayaron el papel de las instituciones, la funci&oacute;n de las ideolog&iacute;as y las formas econ&oacute;micas que acompa&ntilde;aron el desenvolvimiento de la naci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En los a&ntilde;os en que Vergara divulgaba el nuevo concepto de historia, dos j&oacute;venes –Luis Eduardo y Agust&iacute;n Nieto Caballero (1889-1975)– adelantaban sus estudios de derecho, econom&iacute;a y pedagog&iacute;a en Francia. All&iacute; conocieron a las figuras m&aacute;s representativas de la cultura francesa de la &eacute;poca. Escucharon a los fil&oacute;sofos &Eacute;mile Boutroux (profesor de Durkheim) y Henri Bergson (compa&ntilde;ero del joven Durkheim en la Escuela Normal Superior); a los juristas y economistas Marcel Planiol, Andr&eacute; Weiss, Henri Berth&eacute;lemy, Paul Leroy-Beaulieu y Charles Gide; al matem&aacute;tico Henri Poincar&eacute; y al f&iacute;sico Paul Langevin; a los escritores Anatole France, Paul Bourget y Maurice Barr&eacute;s; al cr&iacute;tico &Eacute;mile Faguet y al dirigente socialista Jean Jaur&egrave;s; a los psic&oacute;logos Alfred Binet, Pierre Janet y Th&eacute;odule Ribot, y al profesor de ciencias de la educaci&oacute;n de la Sorbona &Eacute;mile Durkheim. En un texto autobiogr&aacute;fico don Agust&iacute;n escribi&oacute; con entusiasmo:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Eran los d&iacute;as en que Henri Bergson congregaba en su c&aacute;tedra del Colegio de Francia, no s&oacute;lo a los severos estudiantes de filosof&iacute;a sino a todo el mundo elegante de la llamada por antonomasia Ciudad Luz &#91;...&#93; El &eacute;xito mundano de sus sabias disertaciones se deb&iacute;a a la magia de su personalidad. Hablaba con voz pausada, como si adrede expresara con dif&iacute;cil facilidad su pensamiento. Daba la impresi&oacute;n de estar creando cada vez, delante del auditorio, sus ideas &#91;...&#93; De sus labios sal&iacute;a un surtidor de bellas im&aacute;genes, de inesperadas met&aacute;foras. Sus disc&iacute;pulos, y las damas del gran mundo que se apresuraban a buscar cada tarde sitio entre ellos, quedaban desde el primer momento cautivados, quiz&aacute; a&uacute;n m&aacute;s que por la profundidad de los conceptos, por la manera como eran expresados. Jam&aacute;s los oyentes, que a lo largo de cuatro a&ntilde;os le seguimos, dejamos de o&iacute;r cosas nuevas y hermosas. Asistir a su c&aacute;tedra era presenciar un soberbio espect&aacute;culo de fuegos artificiales.    <br>  Calle de por medio, en la Sorbona, Emilio Durkheim, el severo maestro a quien no vimos sonre&iacute;r jam&aacute;s, nos explicaba con el rigor del pensamiento germano y la claridad cartesiana, la ciencia de la educaci&oacute;n, y Alfredo Binet, el genial psic&oacute;logo cuya temprana muerte sumi&oacute; en dolor a la juventud estudiosa de aquel momento, nos iniciaba en las pruebas de la inteligencia que habr&iacute;an de recorrer el mundo de la sabidur&iacute;a (Nieto, 1964, 38, y 1966, 32).</p> </blockquote>    <p align="justify">Sospecho que Nieto Caballero fue el &uacute;nico colombiano que tuvo una relaci&oacute;n directa con el autor de <i>Las reglas del m&eacute;todo sociol&oacute;gico</i>. No estamos seguros, sin embargo, de si pas&oacute; por sus clases en calidad de oyente o de alumno con deberes acad&eacute;micos y "ex&aacute;menes reglamentarios", como &eacute;l mismo apunt&oacute; cuando aludi&oacute; a las asignaturas obligatorias que tom&oacute; en la Escuela de Derecho. De todas formas, Durkheim –y otros pedagogos como el norteamericano John Dewey– lo introdujeron a los problemas de la Escuela Nueva y le mostraron los v&iacute;nculos de la educaci&oacute;n con la sociedad. Los objetivos de la Escuela Nueva institu&iacute;an el respeto a la integridad del ni&ntilde;o, el aprendizaje por la acci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n personales, y la expulsi&oacute;n del castigo y la violencia de las instituciones escolares. A todo esto Durkheim a&ntilde;ad&iacute;a en sus cursos de ciencias de la educaci&oacute;n la importancia de interiorizar en el coraz&oacute;n de los ni&ntilde;os y adolescentes el esp&iacute;ritu de disciplina, las nociones de responsabilidad y autonom&iacute;a de la voluntad, y la adhesi&oacute;n a las instituciones y grupos m&aacute;s preciados de la sociedad. En medio de estas tareas no olvidaba la discusi&oacute;n acerca del contenido y alcance de la pedagog&iacute;a y sus relaciones con las necesidades del organismo social, que dieron lugar a sus conferencias sobre las teor&iacute;as pedag&oacute;gicas en Francia desde la alta Edad Media hasta finales del siglo XIX<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Los aspectos te&oacute;ricos de sus charlas las propag&oacute; "el severo maestro" en varios ensayos aparecidos en el lexic&oacute;n m&aacute;s comprensivo del momento, el <i>Nouveau dictionnaire de p&eacute;dagogie et d'&eacute;ducation primaire</i> (1911) de su amigo Ferdinand Buisson, tesauro que Nieto Caballero, como todos los pedagogos ilustrados de la &eacute;poca, consultaba con frecuencia<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">A su regreso a Colombia, Nieto Caballero difundi&oacute; este mensaje en el Gimnasio Moderno, la prestigiosa instituci&oacute;n de ense&ntilde;anza primaria y secundaria de alumnos de clase media y alta que dirigi&oacute; por m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. Tradujo las ense&ntilde;anzas de sus profesores franceses en amor a la patria, en respeto a los intereses del ni&ntilde;o y en afirmaci&oacute;n de los sentimientos de obligaci&oacute;n y reverencia a la autoridad, o –como le gustaba decir– en "formar ciudadanos &iacute;ntegros, hombres de bien, con un claro sentido de sus responsabilidades" (Nieto, 1974, 419). En un discurso de 1918 reiter&oacute; estos objetivos:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Preciso es dar a la educaci&oacute;n un car&aacute;cter de eficacia social; desarrollar plenamente al individuo, no como unidad aislada que ha de brillar por su altura, sino como miembro de una comunidad a la que ha de enaltecer. El individuo pasa; la colectividad permanece &#91;…&#93; ni un solo momento es posible olvidar que estamos educando colombianos (Nieto, 1964, 38).</p> </blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Dudo que Nieto Caballero se haya acercado a los libros mayores de Durkheim, <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>, <i> El suicidio</i> o <i>Las formas elementales de la vida religiosa</i>. Son textos dif&iacute;ciles y algo tediosos para un pedagogo comprometido con las did&aacute;cticas y las absorbentes tareas cotidianas de la administraci&oacute;n educativa. Pero la idea de la sociedad como raz&oacute;n final para la cual se educa (recordemos la definici&oacute;n durkheimiana de educaci&oacute;n estampada en el <i>Nouveau dictionnaire</i>: "la acci&oacute;n ejercida por las generaciones adultas sobre las que todav&iacute;a no est&aacute;n maduras para la vida social") fue permanente en el colombiano. Y con ello dio ejemplo a otros pedagogos influyentes, como Rafael Bernal Jim&eacute;nez (1898-1974), el arquitecto de la reforma educativa del Departamento de Boyac&aacute; durante la d&eacute;cada de 1920. Bernal, que a&ntilde;os despu&eacute;s se defini&oacute; como soci&oacute;logo y fund&oacute; y presidi&oacute; el ef&iacute;mero Instituto Colombiano de Sociolog&iacute;a, conoc&iacute;a bien <i>Las reglas del m&eacute;todo sociol&oacute;gico</i>, en cuyas p&aacute;ginas hall&oacute; en versi&oacute;n condensada los postulados esenciales de la sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n. El boyacense consideraba el estudio del ni&ntilde;o bajo dos aspectos: la perspectiva org&aacute;nica y psicol&oacute;gica, y la perspectiva social. Esta &uacute;ltima alud&iacute;a a la adaptaci&oacute;n del infante al grupo y a la finalidad temporal (pr&aacute;ctica y aplicada) de la ense&ntilde;anza, tareas que exigen "la intervenci&oacute;n de la pedagog&iacute;a sociol&oacute;gica como orientadora del esfuerzo educativo hacia fines hist&oacute;ricamente definidos". Y para dar fuerza a su argumentaci&oacute;n, se remiti&oacute; a los pasajes del primer cap&iacute;tulo de <i>Las reglas</i> donde el franc&eacute;s postul&oacute; el car&aacute;cter social de los procesos educativos:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Es vano creer que podemos educar a nuestros hijos como queremos &#91;...&#93; Cada sociedad, considerada en un momento determinado de su desarrollo, tiene un sistema de educaci&oacute;n que se impone a los individuos con una fuerza generalmente irresistible (Bernal, 1949, 239-240).</p> </blockquote>    <p align="justify">Despu&eacute;s de sus labores en Boyac&aacute;, Bernal regres&oacute; a Bogot&aacute; para dirigir la Facultad de Educaci&oacute;n adscrita a la Universidad Nacional, que se convirti&oacute; en la recordada Escuela Normal Superior. Ense&ntilde;&oacute; sociolog&iacute;a en varias universidades de la capital y al calor de sus cursos redact&oacute; la voluminosa <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a o itinerario para una filosof&iacute;a de lo social</i>, publicada en 1961 por la imprenta del Ej&eacute;rcito Nacional, donde volvi&oacute; una vez m&aacute;s sobre Durkheim. All&iacute; rese&ntilde;&oacute; su sociologismo, la subordinaci&oacute;n del individuo a la sociedad, y su estrategia metodol&oacute;gica: desechar las prenociones y emprender las labores de investigaci&oacute;n a partir de los hechos (Bernal, 1961, 183-184, 231-239).</p>     <p align="justify">Estos ecos dejaron huella en otros educadores. El veterano profesor de ense&ntilde;anza media Luis Emilio Pinto Linero (1911-?) –inspector de educaci&oacute;n, rector de colegios de secundaria y director de programas de educaci&oacute;n p&uacute;blica– redact&oacute; un ensayo de sociolog&iacute;a educativa siguiendo las directrices del soci&oacute;logo franc&eacute;s. Se proclam&oacute; su disc&iacute;pulo a distancia, y desde el comienzo de su libro escribi&oacute; que dado que "la educaci&oacute;n es un fen&oacute;meno eminentemente social tanto por su origen como por sus funciones, hemos cre&iacute;do conveniente enfocar nuestro modesto estudio con un criterio sociol&oacute;gico" (1946, 10). Pinto registr&oacute; en la bibliograf&iacute;a la lecci&oacute;n inaugural de Durkheim en la Sorbona, "P&eacute;dagogie et sociologie" (1902), pero parece que la fuente principal de su texto era la inteligente <i>Sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n</i> (1942) del brasile&ntilde;o Fernando de Azevedo, el desarrollo m&aacute;s completo y acabado durante aquellos a&ntilde;os de la perspectiva durkheimiana en asuntos educativos<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="center"> II</p>     <p align="justify">De lo dicho se desprende que Durkheim tuvo una presencia en la esfera pedag&oacute;gica con asientos institucionales estables. Pero &eacute;ste no fue el &uacute;nico &aacute;mbito de influencia de su obra. Otro medio de difusi&oacute;n fueron las conferencias de sociolog&iacute;a dictadas en las facultades de Derecho, algunas de las cuales se convirtieron en libro de texto. Sus autores hablaron all&iacute; de las "doctrinas" de Durkheim y expusieron sus limitaciones y sus contribuciones al pensamiento social. Las primeras de estas disertaciones pertenecen al mencionado Diego Mendoza P&eacute;rez (1857-1933), profesor de sociolog&iacute;a de la Universidad Externado a finales de los a&ntilde;os veinte. En ellas abord&oacute; el concepto de funci&oacute;n desarrollado en el cap&iacute;tulo V de <i>Las reglas</i>. "Emilio Durkheim dice que la palabra funci&oacute;n se emplea de dos manera diferentes: o designa un sistema de movimientos vitales (abstracci&oacute;n hecha de sus consecuencias), o expresa la correspondencia que existe entre esos movimientos y las necesidades del organismo". Y por su cuenta afirm&oacute; que la funci&oacute;n del gobierno y del Estado es defender la sociedad de los influjos antisociales, de la misma forma que la funci&oacute;n de un organismo es la de protegerse, nutrirse y conservarse. Tambi&eacute;n abord&oacute; la noci&oacute;n de hecho social, pero ya no bas&aacute;ndose directamente en Durkheim sino en los textos de su sobrino Marcel Mauss, de su alumno Paul Fauconnet y de Ren&eacute; Maunier, autor de una perspicaz introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a de cien p&aacute;ginas. Siguiendo a estos autores defini&oacute; los hechos sociales como uniformidades de vida y pensamiento, como maneras de ser comunes a un grupo de individuos, esto es, como h&aacute;bitos colectivos de los hombres (Mendoza, 1962, 16-17 y 69-71)<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Cuando Mendoza P&eacute;rez ofrec&iacute;a su curso en el Externado, el padre Jos&eacute; A. Berm&uacute;dez (1886-1938), historiador y fil&oacute;sofo del derecho, dictaba su c&aacute;tedra de sociolog&iacute;a en la Escuela de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas de la Universidad Nacional. Por sus clases pasaron numerosos estudiantes que despu&eacute;s se destacaron en la pol&iacute;tica y en la vida intelectual, como Gerardo Molina, Juan Jos&eacute; Turbay, Diego Monta&ntilde;a Cu&eacute;llar y Luis E. Nieto Arteta. La aproximaci&oacute;n sociol&oacute;gica de Berm&uacute;dez no lograba desprenderse del marco confesional de las enc&iacute;clicas papales y de las reflexiones sociales de los te&oacute;logos. De la mano de la popular <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a</i> de Maunier, defini&oacute; los hechos sociales como "repetici&oacute;n de algo que muchos otros ejecutan", e insisti&oacute; en que "para Durkheim &#91;constitu&iacute;an&#93; una especie de coacci&oacute;n que la colectividad ejerce sobre el individuo" (Berm&uacute;dez, 1931, 17)<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Despu&eacute;s critic&oacute; su noci&oacute;n de moral que "por desgracia tanto ha influido en el desarrollo de la moderna sociolog&iacute;a". Para Durkheim, se&ntilde;al&oacute;, no existe una moral universal. Por el contrario, parte del hecho de que toda sociedad tiene sus reglas y formas particulares de legitimar creencias y sancionar el comportamiento de sus integrantes. La sociedad se impone a sus miembros, los moldea y los ajusta a normas generales. Lo que m&aacute;s molestaba al padre Berm&uacute;dez era que esta perspectiva eliminaba la necesidad de un legislador supremo y de una ley natural, "universal y necesaria", para todos los hombres y todas las sociedades, seg&uacute;n hab&iacute;an establecido los escol&aacute;sticos. Al respecto escribi&oacute; con desasosiego:</p>     <blockquote>    <p align="justify">En esto hemos retrocedido los hombres de las presentes edades mucho m&aacute;s que los pueblos que tuvimos en otro tiempo por salvajes, pues la verdad es que mientras estos salvajes daban siempre a su moral un aspecto religioso y sagrado, nosotros en nuestra edad tenemos que presenciar con dolor el empe&ntilde;o de no pocos pensadores que s&oacute;lo parecen preocupados por destruir a Dios de nuestra pr&aacute;ctica, y por implantar en el mundo una moral independiente, que acabar&aacute; por arruinar del todo la moral natural (Berm&uacute;dez, 1931, 91).</p> </blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Algo semejante ocurr&iacute;a con la sociolog&iacute;a jur&iacute;dica de Durkheim, que consideraba el derecho como un mero resultado de la vida social. En su esquema no hab&iacute;a lugar para la existencia de ideas abstractas, metaf&iacute;sicas o imperecederas de justicia o, lo que era a&uacute;n m&aacute;s grave, para la existencia de un derecho "racional o natural esculpido por el propio Creador en la conciencia de los hombres". A los ojos del padre Berm&uacute;dez esto era funesto:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Si suponemos que hay un pueblo que practique legalmente el homicidio, la violaci&oacute;n del domicilio o el latrocinio, y reconocemos al mismo tiempo las teor&iacute;as &eacute;tico-jur&iacute;dicas de soci&oacute;logos al estilo de Durkheim, llegamos a una de estas dos conclusiones: o que hay que reconocer la bondad de las leyes que aquel pueblo ha dado como consecuencia de sus depravadas costumbres, o que el sistema preconizado por Durkheim para explicar los fundamentos de la moral y del Derecho no son admisibles (ib&iacute;d., 99)<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p> </blockquote>    <p align="justify">El libro de cabecera de Berm&uacute;dez era <i>Las reglas</i>, a pesar de que sab&iacute;a que Durkheim hab&iacute;a publicado "multitud de obras". En sus p&aacute;ginas encontr&oacute; el m&eacute;todo, los conceptos, la visi&oacute;n y el estilo de argumentaci&oacute;n del fundador de la escuela francesa de sociolog&iacute;a. A veces citaba a sus herederos, como el egipt&oacute;logo Alexandre Moret y Georges Davy, autores de <i>De los clanes a los imperios</i>, libro al que juzg&oacute; interesante; pero se cuidaba de advertir a los lectores que estuvieran atentos a "los errores filos&oacute;ficos que la obra contiene" (Berm&uacute;dez, 1926, 142)<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">En la d&eacute;cada siguiente, el abogado, periodista y pol&iacute;tico antioque&ntilde;o Ricardo Uribe Escobar (1892-1968) ense&ntilde;&oacute; sociolog&iacute;a en la Universidad de Antioquia. En sus lecciones, redactadas en un lenguaje claro y mesurado, no exento de elegancia, puso especial cuidado en el legado de Durkheim. Discuti&oacute; con propiedad sus posturas metodol&oacute;gicas sobre los hechos sociales y su aproximaci&oacute;n a las funciones de la divisi&oacute;n del trabajo, sin dejar de lado las teor&iacute;as tot&eacute;micas y la noci&oacute;n de lo sagrado estudiada por sus alumnos Beuchat, Hubert y Mauss (Uribe, 1965, 133-139, 171-175 y 300). Sus apuntes de clase rebasaron las aulas y fueron le&iacute;dos por amigos y allegados, alcanzando comentarios elogiosos. As&iacute;, en el celebrado <i>Diccionario biogr&aacute;fico y bibliogr&aacute;fico de Colombia</i>, don Joaqu&iacute;n Ospina apunt&oacute; que adem&aacute;s de la pol&iacute;tica, el periodismo y la profesi&oacute;n de abogado, Uribe "se ha dedicado &uacute;ltimamente al ramo de la sociolog&iacute;a y tiene algunos apuntes tan interesantes que van a ser un buen texto para las Facultades de Derecho" (1939, 836). Y el antrop&oacute;logo Paul Rivet le escribi&oacute;: "su admirable esfuerzo cient&iacute;fico me ha conmovido sobre manera. He admirado c&oacute;mo, a pesar de la dificultad de la documentaci&oacute;n, usted ha podido dictar y escribir un curso s&oacute;lido, bien construido y de alta significaci&oacute;n" (Uribe, 1965, 111)<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p align="justify">Otro manual, de estirpe confesional como el de Berm&uacute;dez, provino de Abraham Fern&aacute;ndez de Soto (1911-1956), jurista y profesor de sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional en los a&ntilde;os cincuenta. En sus <i>Treinta lecciones de sociolog&iacute;a cat&oacute;lica</i>, de 1952, muy cercanas al pensamiento del can&oacute;nigo espa&ntilde;ol Jos&eacute; M. Llovera, dirigidas a "ense&ntilde;ar a las juventudes universitarias de mi patria que hay una concepci&oacute;n cat&oacute;lica de cada uno de los temas que constituyen la ciencia del hombre en sociedad", hizo una exposici&oacute;n cr&iacute;tica de las escuelas sociol&oacute;gicas. Su tratamiento de Durkheim es confuso y deja ver una escasa familiaridad con la historia del pensamiento sociol&oacute;gico. Para empezar, dice que Durkheim –junto con Tarde, Simmel y T&ouml;nnies– conceb&iacute;a la sociolog&iacute;a como una ciencia puramente especulativa, cuyo objeto es el estudio de las estructuras y formas de la asociaci&oacute;n. P&aacute;ginas m&aacute;s adelante, sin embargo, olvida esta declaraci&oacute;n y comunica a su audiencia que Durkheim consideraba a la sociolog&iacute;a ya no como el examen de las "formas", sino como la ciencia de las instituciones sociales, de su g&eacute;nesis y su funcionamiento. Si los hechos sociales son maneras de obrar que ejercen una acci&oacute;n coactiva externa sobre el individuo, "el objeto de estudio de la sociolog&iacute;a son las leyes jur&iacute;dicas y morales, los dogmas religiosos, en fin, las manifestaciones en que se expresan las instituciones sociales". Fern&aacute;ndez de Soto encontraba estrecha y limitante esta aproximaci&oacute;n. A su juicio, el dep&oacute;sito de las reglas jur&iacute;dicas, morales y de las que provienen de la tradici&oacute;n y las costumbres no representa toda la vida colectiva. Son apenas "la est&aacute;tica", la parte menos viva de la sociedad; si lo acept&aacute;ramos, dejar&iacute;amos por fuera el movimiento, la din&aacute;mica social (Fern&aacute;ndez, 1952, 16, 23, 31-32).</p>     <p align="justify">El dominio confesional de aquellos d&iacute;as, los m&aacute;s crudos de la administraci&oacute;n conservadora de Laureano G&oacute;mez y del designado Roberto Urdaneta Arbel&aacute;ez, no fue, sin embargo, absoluto. Uno de los alumnos de Berm&uacute;dez, Diego Monta&ntilde;a Cu&eacute;llar (1910-1991), tambi&eacute;n ense&ntilde;&oacute; sociolog&iacute;a, pero con un enfoque diferente y muy cercano al materialismo hist&oacute;rico. Monta&ntilde;a se hizo liberal y luego marxista y espor&aacute;dico militante del partido comunista. A pesar de sus adhesiones ideol&oacute;gicas nunca desde&ntilde;&oacute; a su mentor. En una de sus conferencias lo record&oacute; en un tono amable muy cercano al encomio.</p>     <blockquote>    <p align="justify">El profesor Berm&uacute;dez ten&iacute;a una orientaci&oacute;n tomista, como correspond&iacute;a a su calidad de presb&iacute;tero cat&oacute;lico. Por su inteligencia, su gallard&iacute;a personal, su amplio criterio filos&oacute;fico y las cualidades de su esp&iacute;ritu tuvo la m&aacute;s destacada posici&oacute;n dentro del clero colombiano, y descoll&oacute; en el mundo de las letras patrias. Fue el fundador de la c&aacute;tedra de sociolog&iacute;a (Monta&ntilde;a, 1950, 55).</p> </blockquote>    <p align="justify">Como sabemos, esto &uacute;ltimo no es cierto. El fundador de la c&aacute;tedra de sociolog&iacute;a en nuestro medio fue, por sugerencia del presidente en ejercicio Rafael N&uacute;&ntilde;ez, Salvador Camacho Rold&aacute;n durante los a&ntilde;os ochenta del siglo XIX.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En sus conferencias en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre, Monta&ntilde;a abord&oacute; las ideas de Durkheim con una extensi&oacute;n y permisividad cercanas a la tradici&oacute;n marxista. "En Am&eacute;rica, m&aacute;s que en ninguna parte –apunt&oacute;– tiene plena validez el sistema impuesto por Durkheim de estudiar los hechos como cosas, objetivamente". A diferencia de Tarde, concluy&oacute;, los fen&oacute;menos sociales no se pueden explicar por imitaci&oacute;n. Por el contrario, es la vida social la que produce la imitaci&oacute;n y lleva a maneras colectivas de obrar, sentir y pensar. Y si bien es verdad que la sociolog&iacute;a es la ciencia de las instituciones, de su g&eacute;nesis y de su funcionamiento, tambi&eacute;n lo es que en su interior se producen "los medios gracias a los cuales se transforman y engendran las necesidades que impulsan a los hombres a una acci&oacute;n revolucionaria" (ib&iacute;d., 13-15). A Durkheim se le debe, adem&aacute;s –concluy&oacute;– el haber fijado definitivamente la sociolog&iacute;a como ciencia positiva, como disciplina que trabaja con hechos que se plasman en regularidades de la conducta que hacen que lo individual cobre la forma de lo colectivo (Monta&ntilde;a, 1954, 33-38).</p>     <p align="center">III</p>     <p align="justify">Las anteriores conferencias de sociolog&iacute;a, y s&oacute;lo hemos mencionado unas pocas, son –como producto intelectual– algo est&eacute;riles<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>. Su contenido es evasivo. Reflejan lecturas dispersas y nada met&oacute;dicas de sus autores, y algunas son tan esquem&aacute;ticas que su contenido no supera el croquis de una teor&iacute;a, el enunciado de una corriente de pensamiento o el cat&aacute;logo de las figuras m&aacute;s prominentes de la reflexi&oacute;n social. El lector contempor&aacute;neo se sorprende con varias de ellas y no est&aacute; seguro de que sus autores entendieran realmente de lo que hablaban. &iquest;C&oacute;mo entender la frase de L&oacute;pez de Mesa, en la <i>Disertaci&oacute;n sociol&oacute;gica</i>, de que "en la centuria XIX, Comte a mediados, Durkheim a fines, dijeron que el hombre se explica por la Humanidad"? (1939, 40)<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>. &iquest;La humanidad era la sociedad? Muchas de estas conferencias, redactadas en un estilo pesado, sentencioso y hueco, eran, adem&aacute;s, res&uacute;menes de res&uacute;menes, condensaciones de manuales e introducciones a la sociolog&iacute;a de f&aacute;cil consulta en espa&ntilde;ol por aquellos d&iacute;as. Es la t&iacute;pica sociolog&iacute;a de c&aacute;tedra, la exposici&oacute;n formal de "escuelas" y corrientes de pensamiento en el sal&oacute;n de clases que el estudiante deb&iacute;a memorizar para formarse una idea, una imagen de los esfuerzos por fundar una ciencia de la sociedad desde el mundo griego hasta nuestros d&iacute;as. Ninguna de estas conferencias hizo carrera. Al expresar las lecturas y extractos personales del docente, desaparec&iacute;an en el momento mismo en que el profesor abandonaba la universidad donde "regentaba" la c&aacute;tedra (Bernal, 1957, 65). El que llegaba y ocupaba la vacante tra&iacute;a su propia orientaci&oacute;n, sus libros y sus autores preferidos, y con ellos armaba sus conferencias que despu&eacute;s conoc&iacute;an la publicaci&oacute;n impresa. No pocos profesores hablaban de las bondades de la investigaci&oacute;n –y mencionaban las t&eacute;cnicas de recolecci&oacute;n y an&aacute;lisis de datos– pero no la hac&iacute;an. La dejaban para una mejor oportunidad o para sus estudiantes que, quiz&aacute; con m&aacute;s disposici&oacute;n y empe&ntilde;o, podr&iacute;an en alg&uacute;n momento acercarse a las estad&iacute;sticas peri&oacute;dicas, a los archivos o a la observaci&oacute;n de los hechos "comunitarios". Y cuando estos catedr&aacute;ticos se compromet&iacute;an con la producci&oacute;n intelectual, apenas superaban el periodismo, el relato literario, el campo anegado de la filosof&iacute;a social o el ensayo hist&oacute;rico valorativamente orientado con escaso o nulo trabajo de archivo. Hubo excepciones, por supuesto, pero en su mayor&iacute;a dictaban sociolog&iacute;a como un curso m&aacute;s de cultura general. Adem&aacute;s de sociolog&iacute;a ense&ntilde;aban &eacute;tica, "filosof&iacute;a y letras" o una introducci&oacute;n al derecho<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p align="justify">A pesar de los infortunios, los cursos de sociolog&iacute;a general agitaron ideas, nombres y tradiciones de pensamiento que de alguna manera mantuvieron vivo el clamor sociol&oacute;gico. A&ntilde;o tras a&ntilde;o sensibilizaron a los estudiantes de las facultades de derecho sobre los aspectos sociales que moldeaban su profesi&oacute;n y animaban su materia de estudio. En estas escuelas era muy corriente la vieja sentencia latina <i>Ubi societas, ibi ius, "</i>Donde hay sociedad, hay derecho", y no pocos maestros conoc&iacute;an las palabras de Durkheim en <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>: el derecho es ante todo un hecho social que supera el inter&eacute;s inmediato de los pleitistas (Durkheim, 1967, 101). Pero si todo esto era verdad, hab&iacute;a que mostrar c&oacute;mo operaban en realidad las instituciones y c&oacute;mo incid&iacute;an en la conducta de los individuos. Para dar respuesta a esta inquietud surgieron los primeros usos de Durkheim en la investigaci&oacute;n social.</p>     <p align="justify">Una meditaci&oacute;n preliminar en esta direcci&oacute;n fue la del joven Cayetano Betancur en su festejada tesis de grado de 1937 en la Universidad de Antioquia, <i>Ensayo de una filosof&iacute;a del derecho</i>. All&iacute; distingui&oacute; dos posturas del empirismo jur&iacute;dico: la que reduce el derecho a la norma estatuida en la legislaci&oacute;n y, la "m&aacute;s cient&iacute;fica", que ampl&iacute;a la noci&oacute;n de lo jur&iacute;dico a las reglas, cualesquiera que ellas sean, que gobiernan las conductas concretas de los hombres en sociedad. A esta corriente pertenecen, entre otros, "Tarde, L&eacute;vy-Bruhl y Durkheim" (1937, 34). Un ejemplo m&aacute;s directo fue la sugestiva monograf&iacute;a del egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, Augusto Vargas Cu&eacute;llar, <i>Las nuevas tendencias sociales y el Estado colombiano: ensayo de sociolog&iacute;a pol&iacute;tica</i>, de 1941. El joven autor expuso con solvencia la perspectiva de Durkheim sobre los hechos sociales, la solidaridad y las instituciones. A diferencia de los int&eacute;rpretes anteriores, conoc&iacute;a tanto <i>Las reglas</i> como <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>, que glosa una y otra vez para exponer los elementos de la solidaridad mec&aacute;nica y org&aacute;nica. Vargas estaba interesado en la teor&iacute;a de los grupos sociales para fundamentar una cr&iacute;tica del individualismo, y en la teor&iacute;a de las instituciones para auspiciar un programa de descentralizaci&oacute;n administrativa en el pa&iacute;s. Con ayuda de Durkheim, del jurista Maurice Hauriou y del soci&oacute;logo galo-ruso Georges Gurvitch desarroll&oacute; una definici&oacute;n de la sociedad como complejo de instituciones impulsadas por grupos con intereses particulares. Los grupos ostentan una personalidad con objetivos propios, una moral que reclama una legislaci&oacute;n aut&oacute;noma, esto es, un derecho estatutario que regule su funcionamiento. Vargas defend&iacute;a la descentralizaci&oacute;n y quer&iacute;a destronar la exclusividad del derecho estatal, de las normas surgidas del organismo central que ahogan las fuerzas vivas de la sociedad. Era, en pocas palabras, una defensa del pluralismo jur&iacute;dico, del respeto al derecho espont&aacute;neo de los grupos que viven en un pa&iacute;s de m&uacute;ltiples regiones "que no se compadece con la vieja noci&oacute;n exclusivista del derecho unitario" (Vargas, 1941, 127)<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p align="justify">Tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la tesis de Vargas, el soci&oacute;logo norteamericano T. Lynn Smith (1903-1976) y los abogados Justo D&iacute;az Rodr&iacute;guez y Luis R. Garc&iacute;a publicaron <i>Tabio, estudio de la organizaci&oacute;n social rural</i>, una obra pionera sobre la comunidad en la que se aplicaron de manera sistem&aacute;tica las modernas t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n social: la observaci&oacute;n, la entrevista, el cuestionario y las estad&iacute;sticas censales. Al caracterizar a la poblaci&oacute;n rural de los a&ntilde;os cuarenta, encontraron que las relaciones tradicionales declinaban para dar cabida a nuevas formas de interdependencia y cohesi&oacute;n social derivadas de una mayor complejidad de la divisi&oacute;n del trabajo. Los &eacute;nfasis pasaban de una "solidaridad mec&aacute;nica", de una similitud de funciones y creencias, a una "solidaridad org&aacute;nica", a la mutua interdependencia fundada en la expansi&oacute;n de las actividades especializadas en la comunidad (Smith et al., 1944, 68). Algo parecido hall&oacute; trece a&ntilde;os m&aacute;s tarde el joven Orlando Fals Borda (1925-2008), alumno de Smith, en sus estudios de sociolog&iacute;a rural. En <i>El hombre y la tierra en Boyac&aacute;</i> registr&oacute; "la evoluci&oacute;n de la sociedad &#91;colombiana&#93; de su presente etapa rural primaria, en la cual predomina la <i>solidarit&eacute; m&eacute;canique</i>, de que habla Durkheim, a una m&aacute;s compleja con <i>solidarit&eacute; organique&rdquo;</i> (Fals, 1957, 5). Pero en su estudio sobre la comunidad de Sauc&iacute;o, en el municipio de Chocont&aacute;, se tropez&oacute; con una realidad diferente. All&iacute; todav&iacute;a imperaban los lazos personales y la identidad de visiones, que hac&iacute;an que "la solidaridad de las gentes de Sauc&iacute;o pueda considerarse mec&aacute;nica en el sentido empleado por Durkheim: aunque hay alguna especializaci&oacute;n, la personalidad individual es absorbida por la personalidad colectiva" (Fals, 1961, 46).</p>     <p align="justify">En los estudios de sociolog&iacute;a rural de la &eacute;poca tambi&eacute;n se emplearon las perspectivas anal&iacute;ticas de los alumnos de Durkheim. En su disertaci&oacute;n doctoral en la Universidad de Lovaina sobre el campesino colombiano, el padre Gustavo P&eacute;rez Ram&iacute;rez estudi&oacute; las pautas de consumo de los colombianos siguiendo las orientaciones de Maurice Halbwachs. Empleando su marco de referencia, P&eacute;rez encontr&oacute; que las necesidades de consumo cambiaban seg&uacute;n las clases sociales y los per&iacute;odos hist&oacute;ricos. Un mismo ingreso monetario no ten&iacute;a id&eacute;ntico uso seg&uacute;n estuviera en manos de un obrero, de un empleado o de un funcionario, y cambiaba "bajo la influencia de la evoluci&oacute;n social". Las clases trabajadoras no distribuyen sus gastos de la misma manera que lo hac&iacute;an hace treinta a&ntilde;os (P&eacute;rez, 1959, 105-109).</p>     <p align="justify">Durante la d&eacute;cada de 1940 hubo otra manifestaci&oacute;n de los usos de Durkheim, tanto de manera directa como a trav&eacute;s de sus herederos intelectuales. Fue el caso de los trabajos de antropolog&iacute;a hist&oacute;rica sobre las funciones de la religi&oacute;n en los pueblos precolombinos. En su estudio de los chibchas, Guillermo Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez (1906-1990) cit&oacute; <i>Las formas elementales de la vida religiosa</i> para afirmar la generalidad de las deidades incorp&oacute;reas, misteriosas y an&oacute;nimas en el pensamiento religioso. Aludi&oacute;, adem&aacute;s, a los trabajos de Beuchat, Mauss y Hubert sobre el poder de los jefes militares entre los aztecas, y a las funciones del mito, la magia y el sacrificio en la cosmovisi&oacute;n de los grupos ind&iacute;genas de la Nueva Granada (Hern&aacute;ndez, 1949, 94, 140, 147). Estos mensajes de la etnolog&iacute;a durkheimiana se difundieron a&uacute;n m&aacute;s con la fundaci&oacute;n del Instituto Etnol&oacute;gico Nacional en 1941. Su primer director, Paul Rivet, que vivi&oacute; en el pa&iacute;s entre 1941 y 1943, conoc&iacute;a bien los trabajos de la escuela francesa de sociolog&iacute;a. Junto con Mauss y Lucien L&eacute;vy-Bruhl hab&iacute;a creado en 1925 el Instituto de Etnograf&iacute;a de la Universidad de Par&iacute;s, una dependencia del Mus&eacute;e de l'Homme donde se formaron los antrop&oacute;logos galos de los a&ntilde;os de 1920 y 1930. En sus claustros, Marcel Mauss emprendi&oacute; su magisterio etnogr&aacute;fico resumido en el c&eacute;lebre <i>Manuel d'etnographie</i>, una pormenorizada gu&iacute;a con carga anal&iacute;tica para observar, registrar y clasificar en el terreno los fen&oacute;menos sociales y culturales<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. En los a&ntilde;os de residencia en Colombia, Rivet tuvo a su cargo los cursos de antropolog&iacute;a general, antropolog&iacute;a americana, ling&uuml;&iacute;stica americana y, como era de esperar, de or&iacute;genes del hombre americano (Uribe, 1996, 69). Su cari&ntilde;o por Mauss y su amigo L&eacute;vy-Bruhl fue de toda la vida. A ellos y "a los 5.075 alumnos que han seguido los cursos del Institut d'Ethnologie de Paris" dedic&oacute; su libro m&aacute;s c&eacute;lebre, <i>Los or&iacute;genes del hombre americano</i><a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>.</p> Pero para precisar esta huella te&oacute;rica y pr&aacute;ctica en nuestro medio debemos dar la palabra a los etn&oacute;logos. Un estudio de la presencia de la etnograf&iacute;a francesa revelar&iacute;a la influencia de la escuela durkheimiana en la formaci&oacute;n de los primeros antrop&oacute;logos nacionales y en el an&aacute;lisis de las formas de vida de las comunidades ind&iacute;genas y campesinas del pa&iacute;s.    <p align="center">IV</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de 1959, la relaci&oacute;n de los colombianos con el soci&oacute;logo franc&eacute;s fue muy distinta. Con la fundaci&oacute;n de los primeros departamentos de sociolog&iacute;a su nombre cobr&oacute; fuerza y su conocimiento gan&oacute; en precisi&oacute;n y detalle. La timidez de la lectura y de los usos de la generaci&oacute;n anterior se troc&oacute; en un estudio m&aacute;s acabado de sus textos y en aplicaciones m&aacute;s conscientes y controladas de su perspectiva te&oacute;rica. Creci&oacute;, adem&aacute;s, la literatura secundaria sobre su vida y obra, y nuevas traducciones enriquecieron su legado. No se debe olvidar que el libro can&oacute;nico que sirvi&oacute; para conocer su pensamiento antes de 1959, <i>Las reglas del m&eacute;todo sociol&oacute;gico</i>, vertido al castellano por el infatigable Antonio Ferrer y Robert en 1912, fue usado por generaciones como manual de sociolog&iacute;a y como expresi&oacute;n de lo que era o quer&iacute;a ser la ciencia de la sociedad<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. El texto era claro, contundente y de tama&ntilde;o moderado, y sus variados ejemplos –tomados de la propia experiencia de Durkheim como investigador– mostraban una forma concreta y persuasiva de hacer sociolog&iacute;a. Otros libros del soci&oacute;logo franc&eacute;s apenas se leyeron, aunque estaban disponibles en castellano desde 1910. Recordemos que en 1915 aparecieron sus panfletos sobre la Primera Guerra Mundial, <i>Alemania por encima de todo</i> y <i>&iquest;Qui&eacute;n ha querido la guerra?</i>; en 1928, <i>El suicidio</i> y <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>; y tres a&ntilde;os despu&eacute;s, <i>El socialismo</i> y <i> Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i>, la compilaci&oacute;n de sus principales ensayos de sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n. En la d&eacute;cada de 1940 se conoci&oacute; el curso sobre <i>La educaci&oacute;n moral</i>, y en la de 1950 los trabajos sobre las representaciones individuales y colectivas, la determinaci&oacute;n del hecho moral y la discusi&oacute;n de los juicios de valor y los juicios de realidad, compilados bajo el t&iacute;tulo de <i>Sociolog&iacute;a y filosof&iacute;a</i> (Cata&ntilde;o, 1998). Pero ninguno de estos vol&uacute;menes tuvo mayor impacto. Los lectores de <i>El socialismo</i>, por ejemplo, se acercaron a sus p&aacute;ginas no como a una aplicaci&oacute;n del enfoque de Durkheim al estudio de las ideas y del pensamiento social, sino como a un libro m&aacute;s que brindaba informaci&oacute;n &uacute;til sobre Saint-Simon y el nacimiento del socialismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los primeros usos de Durkheim durante la d&eacute;cada de 1960 siguieron el patr&oacute;n de T. L. Smith y de Fals Borda. Colombia se urbanizaba aceleradamente y el campo perd&iacute;a peso en el escenario nacional. La industrializaci&oacute;n, la violencia y la emigraci&oacute;n de campesinos a las ciudades agitaban al pa&iacute;s y sacud&iacute;an los lazos comunitarios. Camilo Torres (1929-1966), el profesor de sociolog&iacute;a urbana del Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional, registr&oacute; este proceso en varios trabajos. Describi&oacute; las nuevas formas de cooperaci&oacute;n en las urbes con creciente divisi&oacute;n del trabajo y acentu&oacute; la declinaci&oacute;n de las antiguas solidaridades agrarias, de los terru&ntilde;os donde todos hac&iacute;an todo y de todo. Era el paso de la solidaridad mec&aacute;nica a la solidaridad org&aacute;nica; ahora unos necesitaban de los dem&aacute;s y nadie era autosuficiente y capaz de valerse por s&iacute; mismo (Torres, 1970, 212, 232). Id&eacute;ntica situaci&oacute;n apareci&oacute; en el trabajo de uno de sus alumnos, Rodrigo Parra, que conten&iacute;a una meditaci&oacute;n sobre la anomia (el desarraigo) en las comunidades rurales que sufr&iacute;an cambios sociales acelerados (Parra, 1966, 21, 77-78)<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p align="justify">Estas aplicaciones se extendieron por los terrenos de la sociolog&iacute;a de la religi&oacute;n, como fue el caso de <i>Sociedad y religi&oacute;n en Colombia</i> de Benjamin Haddox (1965, 21-23), y por las sendas de la utilidad de la sociolog&iacute;a, tan caras al Fals Borda de <i>La subversi&oacute;n en Colombia</i>. Al plantearse la pregunta cl&aacute;sica: &iquest;para qu&eacute; el conocimiento?, Fals respondi&oacute; que lo que interesa no es la ciencia <i>per se</i>, sino su empleo para el bien de la humanidad. Como ilustraci&oacute;n, record&oacute; que un soci&oacute;logo tan alejado de las controversias pol&iacute;ticas como Durkheim, "a quien se presenta en las academias como abanderado del estricto m&eacute;todo sociol&oacute;gico", termin&oacute; su gran obra sobre el suicidio con un cap&iacute;tulo sobre las consecuencias pr&aacute;cticas de este reiterado hecho social en la cultura occidental (Fals, 1967, 279). Posiblemente Fals estaba al tanto de que en el pr&oacute;logo a <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i> Durkheim hab&iacute;a se&ntilde;alado que sus "investigaciones no merecer&iacute;an la pena si no tuvieran m&aacute;s que un inter&eacute;s especulativo" (ib&iacute;d., 34)<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p align="justify">Una vez establecidas las primeras escuelas de sociolog&iacute;a, el acercamiento al soci&oacute;logo franc&eacute;s se bas&oacute;, principalmente, en literatura secundaria. Esto ayud&oacute; a precisar sus temas entre profesores y estudiantes: las caracter&iacute;sticas de los hechos sociales, las representaciones colectivas, la anomia, los tipos de suicidio, lo sagrado y lo profano, el totemismo, la impronta de la divisi&oacute;n del trabajo en la sociedad y la definici&oacute;n de sociolog&iacute;a como el examen de las instituciones, como el estudio de las creencias y de los modos de conducta instituidos por la colectividad. Los manuales de Harry E. Barnes y Howard Becker, de Pitirim Sorokin, de Nicholas Timasheff y de Don Martindale contribuyeron a fijar esta recepci&oacute;n encapsulada de Durkheim. Pero a finales de la d&eacute;cada de 1960 vino la lectura directa de sus obras en seminarios especializados que ocupaban uno o dos semestres de labor acad&eacute;mica. Se leyeron con alg&uacute;n detalle <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>, <i> El suicidio</i> y la formalizaci&oacute;n epistemol&oacute;gica de estos libros condensada en <i>Las reglas</i>. Los cursos m&aacute;s audaces merodearon <i>Las formas elementales de la vida religiosa</i> y algunos textos de sociolog&iacute;a pol&iacute;tica. Esta labor docente encontr&oacute; su apoyo en la editorial Schapire de Buenos Aires que por esos a&ntilde;os puso de nuevo en circulaci&oacute;n los textos ya conocidos y otros que no se hab&iacute;an traducido al castellano. Entonces se tuvo acceso a <i>Las formas elementales</i>, a las <i>Lecciones de sociolog&iacute;a</i>, a <i>Pragmatismo y sociolog&iacute;a</i> y a renovadas versiones de <i>Las reglas</i>, <i> La divisi&oacute;n del trabajo</i>, <i> El suicidio</i>, <i> La educaci&oacute;n moral</i> y <i>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i>. Al lado de esta valiosa bibliograf&iacute;a lleg&oacute; una creciente literatura secundaria. Se conocieron las biograf&iacute;as intelectuales cl&aacute;sicas de Harry Alpert y Steven Lukes, y las autorizadas exposiciones cr&iacute;ticas de Georges Gurvitch, Talcott Parsons, Raymond Aron, Robert Nisbet, Irving Zeitlin, Edward Tiryakian y Anthony Giddens. Algunos de estos textos, como los de Alpert y Gurvitch, exist&iacute;an en el mercado mucho antes de 1959, pero s&oacute;lo fueron le&iacute;dos con atenci&oacute;n y esmero una vez que el estudio directo de Durkheim gan&oacute; la atenci&oacute;n de profesores y estudiantes<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. Sabemos que la literatura secundaria no reemplaza a las obras originales, especialmente para aquellos soci&oacute;logos y soci&oacute;logas de mayor vocaci&oacute;n intelectual, pero es claro que ayuda a transitar con mayor holgura por los pasajes oscuros de un autor. Aclara las dudas, puntualiza los conceptos, ilustra las fuentes de su pensamiento e indica las situaciones particulares que promovieron su teor&iacute;a, los problemas que suscit&oacute; y los dilemas que intent&oacute; resolver. Y esto es un amparo formidable cuando no se cuenta con el auxilio de profesores experimentados o con la posibilidad de frecuentarlos para superar las dificultades.</p>     <p align="center">V</p>     <p align="justify">El objetivo latente o manifiesto de los seminarios sobre Durkheim –y de otros autores como Marx, Weber, Parsons y Merton– era la formaci&oacute;n de los estudiantes en las fuentes de la sociolog&iacute;a y en sus manifestaciones m&aacute;s recientes. Se quer&iacute;a superar el resumen y la lectura holgazana de manuales y libros introductorios, para insistir en el examen de las grandes obras que sellaron la suerte de la sociolog&iacute;a moderna. En el caso de Durkheim se buscaba familiarizarlos con la construcci&oacute;n de conceptos, la elaboraci&oacute;n de teor&iacute;as y la contrastaci&oacute;n emp&iacute;rica. A diferencia de otros soci&oacute;logos de su generaci&oacute;n, &eacute;l mostraba casos concretos de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica f&aacute;ciles de seguir y analizar, como en <i>El suicidio</i>, libro que es un excelente ejemplo de sociolog&iacute;a en acci&oacute;n, de elaboraci&oacute;n de marcos de referencia para iluminar datos dirigidos a explicar el orden y el cambio sociales en las sociedades de nuestros d&iacute;as.</p>     <p align="justify">Algo similar ocurri&oacute; en el campo pedag&oacute;gico. Con la apertura de los programas de postgrado en las facultades de educaci&oacute;n, surgi&oacute; un inter&eacute;s por el estudio de los fundamentos sociales de la educaci&oacute;n. La Universidad Pedag&oacute;gica Nacional (UPN) inici&oacute; este proceso y r&aacute;pidamente se convirti&oacute; en patr&oacute;n para los dem&aacute;s centros de formaci&oacute;n de docentes. En 1976 cre&oacute; la maestr&iacute;a en investigaci&oacute;n socioeducativa, y all&iacute; la ense&ntilde;anza de Durkheim cobr&oacute; un valor estrat&eacute;gico. No s&oacute;lo era el fundador de la sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n un pensador que hab&iacute;a meditado sobre la esencia de la pedagog&iacute;a y sus relaciones con la sociolog&iacute;a y la psicolog&iacute;a. A todo ello sum&oacute; una investigaci&oacute;n de gran alcance sobre los estadios de la pedagog&iacute;a occidental en su libro p&oacute;stumo <i>L'&eacute;volution p&eacute;dagogique en France</i><a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>.</p>     <p align="justify">La experiencia de la UPN qued&oacute; registrada en una evaluaci&oacute;n de la maestr&iacute;a en Investigaci&oacute;n Socioeducativa (Cata&ntilde;o, 1989, 125-169). El programa ofreci&oacute; seminarios sobre la obra "pedag&oacute;gica" de Durkheim, Weber y Mannheim para estimular la capacidad anal&iacute;tica y la imaginaci&oacute;n te&oacute;rica de los j&oacute;venes investigadores. Se quer&iacute;a abandonar la ense&ntilde;anza afincada en compendios, muy corriente en las facultades de educaci&oacute;n, tradicionalmente alejadas del contacto directo con las grandes tradiciones de pensamiento, y ofrecer un marco de referencia que facilitara la observaci&oacute;n del desenvolvimiento de las instituciones educativas en el contexto social. Los objetivos eran bastante ambiciosos:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Los cl&aacute;sicos proporcionan un modelo para el trabajo intelectual y ofrecen un andamiaje conceptual para obtener explicaciones m&aacute;s coherentes de los fen&oacute;menos sociales. Previenen contra el parroquialismo intelectual y promueven las discusiones de importancia para el avance del conocimiento. Quien se forma a la sombra de esp&iacute;ritus penetrantes como &Eacute;mile Durkheim, Max Weber, Georg Simmel, Thorstein Veblen o Karl Mannheim, lleva una marca indeleble que usualmente se expresa en el buen sentido y en el juicio certero. Con diferencias de grado, en estos autores est&aacute; siempre presente la intenci&oacute;n de lo general sin olvidar las singularidades de los fen&oacute;menos o, dicho de otra manera, tienen la rara cualidad de extraer conclusiones generales despu&eacute;s de adelantar agudos escrutinios de lo particular. La discusi&oacute;n del legado de los cl&aacute;sicos ser&aacute;, por lo tanto, un instrumento creativo para ampliar el contexto y la perspectiva de la investigaci&oacute;n social y no un mero adorno ret&oacute;rico para salpicar de erudici&oacute;n los informes de investigaci&oacute;n (ib&iacute;d., 1989, 166-167).</p> </blockquote>    <p align="justify">Estos acentos tuvieron una consecuencia inesperada que reforz&oacute; el contacto con Durkheim y las dem&aacute;s figuras del pensamiento social. Dado que buena parte de su obra sobre educaci&oacute;n no estaba vertida al castellano, o se hab&iacute;a agotado, se emprendi&oacute; una labor editorial de alguna extensi&oacute;n<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>. Se volvi&oacute; a poner en circulaci&oacute;n la vieja traducci&oacute;n de los ensayos de <i>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i> publicada en 1931 en la colecci&oacute;n "La Lectura" animada por el pedagogo Lorenzo Luzuriaga<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Y se emprendieron traslados de textos desconocidos en Hispanoam&eacute;rica. El m&aacute;s significativo fue <i>Educaci&oacute;n y pedagog&iacute;a: ensayos y controversias</i>, una colecci&oacute;n de 14 textos dispersos no compilados hasta ese momento que contribu&iacute;a a un mejor conocimiento de su obra pedag&oacute;gica<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>.</p>     <p align="justify">Pero aqu&iacute; no termin&oacute; la labor de traducci&oacute;n, s&oacute;lo fue el comienzo. El programa editorial de la Asociaci&oacute;n Colombiana de Sociolog&iacute;a de los a&ntilde;os ochenta patrocin&oacute; la edici&oacute;n de la tesis complementaria de Durkheim para obtener el doctorado, "Contribuci&oacute;n de Montesquieu a la constituci&oacute;n de la ciencia social" (la tesis mayor era <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>). Atendiendo al ordenamiento de la edici&oacute;n francesa se incluy&oacute; el extenso ensayo "El contrato social de Rousseau", y con el t&iacute;tulo <i>Montesquieu y Rousseau: precursores de la sociolog&iacute;a</i> (1990) puso a disposici&oacute;n dos importantes trabajos que mostraban una faceta poco conocida de Durkheim<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a>. A estas versiones se sumaron, a&ntilde;os despu&eacute;s, la sugestiva conferencia de Durkheim "El porvenir de la religi&oacute;n", traducida por Sonia Mu&ntilde;oz, que acompa&ntilde;a su traslado del op&uacute;sculo de Henri Hubert, <i>Breve estudio de la representaci&oacute;n del tiempo en la religi&oacute;n y en la magia</i>, y las "Rese&ntilde;as sobre temas econ&oacute;micos" reunidas por la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> de la Universidad Externado de Colombia en traducci&oacute;n de Alberto Supelano.</p>     <p align="justify">Estos ejemplos muestran una modesta pero persistente participaci&oacute;n colombiana en la difusi&oacute;n de Durkheim en los campos de la pedagog&iacute;a, la religi&oacute;n, la econom&iacute;a y la historia del pensamiento social. A ellos se suma, por supuesto, el aprovechamiento de su obra en el terreno. Aqu&iacute;, sin embargo, no es f&aacute;cil se&ntilde;alar con seguridad los usos y aplicaciones. Las repetidas lecturas, seminarios y res&uacute;menes ofrecidos en los departamentos de sociolog&iacute;a, en las facultades de educaci&oacute;n y en los programas de antropolog&iacute;a han naturalizado su pensamiento en la mente de los analistas hasta borrarlo de las referencias. Quien use el concepto de solidaridad social, de anomia o de representaciones sociales no tiene necesariamente que citar al autor de <i>El suicidio</i>. Estos conceptos est&aacute;n formalizados en los manuales, en los diccionarios y en las enciclopedias. Hacen parte de la ciencia normal, del vocabulario corriente de los investigadores. &iquest;Qui&eacute;n se remite a Comte cuando emplea el concepto de din&aacute;mica social? &iquest;Qui&eacute;n recuerda a Plejanov cuando utiliza la expresi&oacute;n materialismo dial&eacute;ctico? &iquest;Qui&eacute;n menciona a William Cullen cuando se refiere a la neurosis? &iquest;Qui&eacute;n cita a Dugald Stewart cuando aplica la noci&oacute;n de historia conjetural? Es la "obliteraci&oacute;n por incorporaci&oacute;n", el ir&oacute;nico acto de borrar de la memoria al autor y el origen de una teor&iacute;a, de un hallazgo o de una idea una vez que hace parte del saber p&uacute;blico y del pensamiento com&uacute;n (Merton, 1980, 45). Los usuarios son aqu&iacute; ladrones honrados, usuarios de un patrimonio com&uacute;n que tuvo un progenitor que s&oacute;lo recuerdan los lexicones m&aacute;s estrictos o los historiadores de la cultura m&aacute;s esmerados. Mediante esta pr&aacute;ctica, buena parte de la ciencia social de nuestros d&iacute;as es durkheimiana sin saberlo: las ideas del soci&oacute;logo franc&eacute;s circulan por sus venas sin que sus practicantes tengan conciencia de la fuente de las teor&iacute;as y conceptos que emplean cotidianamente.</p>     <p align="justify">A pesar de los olvidos por anexi&oacute;n y asimilaci&oacute;n, se pueden identificar sus huellas en los estudios sobre educaci&oacute;n. Una investigaci&oacute;n sobre la educaci&oacute;n y la estructura social en Colombia parti&oacute; de la definici&oacute;n durkheimiana de educaci&oacute;n –que tiende a identificarse con el concepto de socializaci&oacute;n– y se gui&oacute; por su caracterizaci&oacute;n de los maestros como portadores de patrones morales y por su enfoque de la influencia de los medios sociales particulares en la din&aacute;mica de la educaci&oacute;n formal. Para Durkheim, las castas, las clases, los grupos profesionales y los entornos urbanos, pueblerinos y rurales dejan su impronta en las labores escolares, aunque sus instituciones se rijan por normas y reglamentos id&eacute;nticos. La educaci&oacute;n de los patricios –se&ntilde;al&oacute;– no es la de los plebeyos, la del bram&aacute;n no es la del sudra, la del burgu&eacute;s no es la del obrero y la de la ciudad no es la del campo (Cata&ntilde;o, 1989, 13, 43, 68, 89).</p>     <p align="center">VI</p>     <p align="justify">Junto a estos usos surgieron las primeras ex&eacute;gesis del pensamiento de Durkheim derivadas de los seminarios de teor&iacute;a sociol&oacute;gica. Manuel G. Camargo, estudiante de la Universidad Nacional, se gradu&oacute; con una tesis sobre la sociolog&iacute;a del derecho en Durkheim, Weber y Parsons. Con propiedad expuso las funciones del orden jur&iacute;dico desarrolladas en <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i>. Para Durkheim –nos dice Camargo– el derecho es una norma de conducta sancionada que expresa necesidades sociales y reposa en la opini&oacute;n (la conciencia colectiva). Su funci&oacute;n es reforzar la solidaridad social hasta convertirse en su s&iacute;mbolo m&aacute;s visible. En las sociedades primitivas, con poca divisi&oacute;n del trabajo y una uniformidad social muy extendida, prevalece un derecho represivo que termina en la expiaci&oacute;n (el castigo), y en las sociedades m&aacute;s evolucionadas, con una complejidad de funciones y diferencias sociales profundas, impera un derecho restitutivo (cooperativo), que busca la reparaci&oacute;n de los da&ntilde;os causados (Camargo, 1981, 45-124).</p>     <p align="justify">Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, el profesor de sociolog&iacute;a rural de la Universidad Nacional, Jaime E. Jaramillo, abord&oacute; las tipolog&iacute;as constructivas de organizaci&oacute;n social –las de T&ouml;nnies, Sorokin, Redfield, Parsons y Durkheim– en un volumen que recuerda el orientador libro de John C. McKinney de 1966, <i>Tipolog&iacute;a constructiva y teor&iacute;a social</i>. Jaramillo insisti&oacute; en la utilidad de la dicotom&iacute;a solidaridad mec&aacute;nica-solidaridad org&aacute;nica para estudiar los problemas del Tercer Mundo. Volviendo sobre un pasaje de <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i> (Durkheim, 1967, 247-252), dedicado a la disminuci&oacute;n de la fuerza de la tradici&oacute;n a causa del aumento de la poblaci&oacute;n, las migraciones y el crecimiento de las ciudades, lig&oacute; las reflexiones durkheimianas –tomadas de la experiencia europea– con el caso latinoamericano. La desintegraci&oacute;n de las comunidades rurales y pueblerinas, la quiebra de las costumbres ancestrales, la p&eacute;rdida de la autoridad de los ancianos, el movimiento de la poblaci&oacute;n hacia las grandes urbes, donde, como record&oacute; Durkheim, "los temperamentos son tan cambiantes que todo lo que proviene del pasado es un poco sospechoso", marcaron la entrada de los pa&iacute;ses latinoamericanos a la vida moderna. Es el reino de la solidaridad org&aacute;nica, de la integraci&oacute;n de unos y otros por la mutua combinaci&oacute;n y complementariedad de las funciones especializadas en permanente crecimiento y expansi&oacute;n (Jaramillo, 1987, 153-159).</p>     <p align="justify">Las nuevas traducciones de los libros y ensayos de Durkheim sobre historia de las ideas –sus estudios sobre Saint-Simon, Montesquieu, Rousseau y las doctrinas pedag&oacute;gicas, lo mismo que sus textos de lucha pol&iacute;tica como <i>"Alemania por encima de todo": la mentalidad alemana y la guerra</i> – llamaron la atenci&oacute;n hacia un campo apenas cultivado por los soci&oacute;logos nacionales: el estudio de los pensadores nativos. Estos trabajos ofrec&iacute;an ejemplos del examen de las ideas como expresi&oacute;n del medio social y cultural y, lo m&aacute;s sugerente, se&ntilde;alaban la incidencia de las ideas en el entorno que las vio nacer y que les sirvi&oacute; de incitaci&oacute;n y est&iacute;mulo. Para Durkheim, los idearios eran productos sociales y a la vez g&eacute;rmenes de procesos sociales. En estos tratamientos hab&iacute;a una tercera lecci&oacute;n no menos significativa. En varios de ellos, los consagrados a Montesquieu y Rousseau especialmente, mostr&oacute; las bondades de la ex&eacute;gesis interna, de la explicaci&oacute;n del autor por el autor. Su l&oacute;gica era simple. Durkheim tomaba en sus manos una obra –un libro, una teor&iacute;a, una tradici&oacute;n de pensamiento–, separaba sus elementos constitutivos, defin&iacute;a sus conceptos, su vocabulario y su contenido y a continuaci&oacute;n indicaba c&oacute;mo se relacionaban internamente. Descompon&iacute;a la teor&iacute;a objeto de an&aacute;lisis para volverla a armar paso a paso, y en medio de esta delicada labor volv&iacute;a la mirada a sus antecedentes para establecer los v&iacute;nculos con el pasado y evaluar los posibles progresos que la teor&iacute;a entra&ntilde;aba para el conocimiento o el desarrollo de una disciplina particular (Cata&ntilde;o, 1999, 246-247). Sabemos que esta era una pr&aacute;ctica corriente en Durkheim. En una ocasi&oacute;n le manifest&oacute; a un amigo: "Si usted desea madurar su pensamiento, entr&eacute;guese al estudio meticuloso de un gran maestro; desmonte un sistema en sus mecanismos m&aacute;s secretos. Es lo que yo hice y &#91;aqu&iacute;&#93; mi maestro fue Renouvier" (cit. por Alpert, 1945, 11, y Lukes, 1984, 55).</p>     <p align="justify">El uso de esta perspectiva se encuentra en los trabajos de Fernando Uricoechea, profesor de teor&iacute;a sociol&oacute;gica de la Universidad Nacional. En un texto corto, apresurado y no siempre claro, rese&ntilde;&oacute; su concepci&oacute;n de la vida religiosa y la hall&oacute; estrecha, parad&oacute;jica y contradictoria (Uricoechea, 2002a, 25-42). Quer&iacute;a explicar a Durkheim siguiendo la metodolog&iacute;a de Durkheim. A su juicio, el soci&oacute;logo franc&eacute;s generaliz&oacute; los rasgos del fen&oacute;meno religioso tomando un caso elemental, el sistema tot&eacute;mico australiano, pero "lastimosamente" –escribi&oacute;– sus conclusiones apenas son v&aacute;lidas para la experiencia australiana. Uricoechea no cree que se puedan hacer generalizaciones desprendidas del cuidadoso escrutinio de un caso particular. &iquest;No lo hizo Marx para el capitalismo siguiendo la experiencia inglesa? Como en el <i>survey</i>, el an&aacute;lisis basado en encuestas, quiere muestras representativas. A continuaci&oacute;n abord&oacute; su elaboraci&oacute;n conceptual de lo sagrado y lo profano y su postura ante el animismo y el "naturismo" (&iquest;naturalismo?). En el desarrollo de estos temas encontr&oacute; que su argumentaci&oacute;n era precaria, ingeniosa y falaz. Eran elaboraciones meramente racionales, construcciones l&oacute;gicas y de bufete, de consistencia limitada. En esta labor de destrucci&oacute;n, Uricoechea no le dec&iacute;a al lector qu&eacute; camino deb&iacute;a tomar para hacerse a una buena teor&iacute;a de los fen&oacute;menos religiosos. A sus ojos, Durkheim lo intent&oacute; y fracas&oacute;.</p>     <p align="justify">En otro texto de mayor extensi&oacute;n, Uricoechea volvi&oacute; sobre Durkheim para destronar su teor&iacute;a de la divisi&oacute;n del trabajo y su concepci&oacute;n de la solidaridad social (2002b, 157-206). Despu&eacute;s de una juiciosa exposici&oacute;n de los temas centrales de <i>La divisi&oacute;n del trabajo social</i> –la conciencia colectiva, la pena y el crimen, el derecho represivo y el derecho restitutivo, la solidaridad mec&aacute;nica y la solidaridad org&aacute;nica, el papel de los grupos profesionales y la noci&oacute;n de funci&oacute;n–, que sugiere una atenta lectura de la obra, se enfrenta con sus explicaciones causales. En este terreno encuentra pobres los esfuerzos de Durkheim para explicar los fundamentos de la solidaridad: "carece del rigor metodol&oacute;gico necesario para una comprobaci&oacute;n satisfactoria". Su insistencia en las variaciones concomitantes –la presencia de una asociaci&oacute;n entre dos variables cuando la oscilaci&oacute;n de una de ellas va acompa&ntilde;ada de mutaciones simult&aacute;neas en la otra– apenas sugiere el v&iacute;nculo entre dos variables, pero no que una causa a la otra. Este es otro asunto, dice Uricoechea. No cree, adem&aacute;s, que la solidaridad mec&aacute;nica y la org&aacute;nica sean antag&oacute;nicas: una del pasado, de las sociedades "elementales", y otra del presente, de las sociedades complejas. Por el contrario, son complementarias, dos tipos ideales que se mueven con libertad y &eacute;nfasis diferente seg&uacute;n las circunstancias. Una y otra est&aacute;n presentes en nuestra sociedad. Hay que reconocer que Uricoechea es un cr&iacute;tico feroz no exento de admiraci&oacute;n y aprecio. Sabe que Durkheim es un maestro del que se aprende tanto de sus aciertos como de sus errores. Califica <i>La divisi&oacute;n del trabajo</i> de "magn&iacute;fica obra", y <i>Las formas elementales</i> como la "m&aacute;s hermosa de sus grandes obras" (2002a, 188 y 196)<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En varias ocasiones, Uricoechea tambi&eacute;n desafi&oacute; la concepci&oacute;n durkheimiana de la historia. A su juicio, el franc&eacute;s no mostr&oacute; inter&eacute;s por las situaciones particulares y los individuos hist&oacute;ricos. Su empleo del pasado fue meramente pragm&aacute;tico; lo us&oacute; como despensa, como arsenal de datos e informaciones para ilustrar sus generalizaciones sociol&oacute;gicas (1988, 9-10). Parece, sin embargo, que el colombiano no tuvo oportunidad de meditar sobre un volumen poco frecuentado por los soci&oacute;logos, pero muy visitado por los educadores cultivados: <i>La evoluci&oacute;n pedag&oacute;gica en Francia</i>. Sus 27 cap&iacute;tulos ofrecen un impresionante fresco del esp&iacute;ritu franc&eacute;s desde Carlomagno hasta finales del siglo XIX. Es una historia anal&iacute;ticamente orientada de los ideales pedag&oacute;gicos, con personajes e instituciones que cumplen tareas formativas y de cr&iacute;tica social en los campos de la filosof&iacute;a, la ciencia, la literatura, las artes, la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica y el gobierno. Una creaci&oacute;n que muestra lo mejor de la sociolog&iacute;a de la cultura de Durkheim y de su manera de operar en el vasto campo de la sociolog&iacute;a del conocimiento que tanto ayud&oacute; a normalizar.</p>     <p align="center">VII</p>     <p align="justify">Del recuento anterior se desprende que la obra de Durkheim y de algunos de sus disc&iacute;pulos tiene un puesto bien ganado en la sociolog&iacute;a nacional. Como en toda recepci&oacute;n, las formas de apropiaci&oacute;n de un pensador por parte de los analistas sociales, la lectura fue selectiva. En los c&iacute;rculos pedag&oacute;gicos hubo mayor inter&eacute;s por los ensayos acerca de la funci&oacute;n escolar y por libros como <i>La educaci&oacute;n moral</i> y <i>La evoluci&oacute;n pedag&oacute;gica en Francia</i>. En los dominios de la antropolog&iacute;a, un &aacute;rea todav&iacute;a por explorar, se dio preferencia a los estudios etnol&oacute;gicos, especialmente a los de sus alumnos<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a>. Los soci&oacute;logos tendieron a subrayar los textos can&oacute;nicos, <i>La divisi&oacute;n del trabajo</i>, <i> El suicidio</i> y <i>Las reglas</i>. Sospechaban que all&iacute; estaba el Durkheim esencial, el que pas&oacute; sin mayores dificultades a los manuales de metodolog&iacute;a, a las discusiones te&oacute;ricas y a la lucrativa industria de las introducciones a la sociolog&iacute;a. Pero lo que cada una de estas guildas acad&eacute;micas ha ganado en singularidad y hondura, lo ha perdido en integridad y en visi&oacute;n de conjunto. Durkheim desarroll&oacute; un esquema general de pensamiento que llev&oacute; a los m&aacute;s diversos campos de la reflexi&oacute;n sociol&oacute;gica. Su orientaci&oacute;n te&oacute;rica le sirvi&oacute; para estudiar los temas religiosos, la divisi&oacute;n del trabajo, el suicidio, las ideas, la educaci&oacute;n, la pol&iacute;tica, la moral (la cultura) y algunas dimensiones de la vida econ&oacute;mica. Era el mismo enfoque para juzgar las m&aacute;s diversas manifestaciones de lo social. Y en esta labor opac&oacute; las sociolog&iacute;as rivales de la Francia de su tiempo. &iquest;Qui&eacute;n recuerda hoy al laborioso doctor Charles Letourneau con trabajos en todos los campos del saber humano?<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a>. Ante la sociolog&iacute;a durkheimiana se desvanecieron igualmente Gabriel Tarde, Ren&eacute; Worms, el multifac&eacute;tico Gustave Le Bon y los herederos de Fr&eacute;d&eacute;ric Le Play. Durkheim afirm&oacute; una metodolog&iacute;a, una l&oacute;gica de la investigaci&oacute;n –unos procedimientos, unos principios y operaciones de razonamiento, una meditaci&oacute;n sobre la naturaleza de los conceptos– que hoy hace parte del patr&oacute;n operativo de las ciencias sociales. Exigi&oacute; la presencia de datos y teor&iacute;as que se enriquecieran mutuamente. A ello uni&oacute; una prosa controlada y suficientemente el&aacute;stica para sujetar y aprehender la complejidad de lo real. Escribi&oacute; libros y m&uacute;ltiples ensayos cuya organizaci&oacute;n interna se impuso en las revistas profesionales. Una caracterizaci&oacute;n de este g&eacute;nero como forma en sociolog&iacute;a lo opuso al estilo libre y sin cortapisas de su rival, el alem&aacute;n Georg Simmel:</p>     <blockquote>    <p align="justify">&#91;Sus ensayos&#93; exhiben un ordenamiento interno riguroso: un marco de referencia, definiciones precisas, hip&oacute;tesis, abundancia de datos y b&uacute;squeda de conclusiones. Su exposici&oacute;n es coherente y ajena a las digresiones; su lenguaje no se permite libertades estil&iacute;sticas y su prosa avanza en medio de severos controles de claridad y transparencia. Un razonamiento absorbente y sin tropiezos parece conducir al lector desde los planteamientos iniciales hasta el resultado final (Cata&ntilde;o, 2004, 68-69).</p> </blockquote>    <p align="justify">De all&iacute; que su huella en Colombia no est&eacute; asociada solamente al empleo de sus marcos de referencia en la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica o en la reflexi&oacute;n te&oacute;rica, sino tambi&eacute;n en el entrenamiento de las j&oacute;venes camadas de cient&iacute;ficos sociales con vocaci&oacute;n emp&iacute;rica, disposici&oacute;n te&oacute;rica y habilidades aplicadas. Quienes lo han estudiado con alg&uacute;n cuidado saben que "s&oacute;lo puede influirse eficazmente sobre las cosas en la medida en que se conoce su naturaleza" (Durkheim, 1976, 182). No se puede dirigir bien –por ejemplo– la reforma de un sistema escolar, si no se sabe lo que es y de qu&eacute; est&aacute; hecho, cu&aacute;les son los conceptos y los grupos profesionales que lo conforman, las necesidades a que responde y las causas que lo llevaron a su estado actual. El rastro de Durkheim no se redujo entonces al sal&oacute;n de clases, al trabajo de campo o a la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica; tambi&eacute;n se manifiesta, como lo quer&iacute;a Fals Borda, en los proyectos y en la voluntad de cambio afincados en un saber estricto de lo que se desea transformar. Ambos autores hubieran suscrito sin cortapisas el juicio de Kurt Lewin: "No hay nada tan pr&aacute;ctico como una buena teor&iacute;a" (Lewin, 1978, 161).</p>     <p align="justify">Si ello es as&iacute;, no creemos enga&ntilde;arnos al decir que Durkheim es uno de los cl&aacute;sicos m&aacute;s conocidos y arraigados en nuestro medio. Posiblemente comparta este estatus con Marx y Weber, aunque la recepci&oacute;n de este &uacute;ltimo es m&aacute;s reciente, m&aacute;s especializada y menos extendida. En el futuro habr&aacute; sin duda m&aacute;s estudios sobre su obra y quiz&aacute; m&aacute;s traducciones. Todav&iacute;a hay mucho por hacer en este terreno. Sus trabajos juveniles no han sido trasladados al castellano y un c&uacute;mulo de ensayos, art&iacute;culos y recensiones donde abord&oacute; las contribuciones de otros autores y se interrog&oacute; acerca de los fundamentos de su propia obra espera la mano redentora de los traductores, de esos inveterados y no siempre valorados agentes de la naturalizaci&oacute;n del pensamiento extranjero. Si un gran pensador no se desliza por nuestra lengua, no arraiga. Como el extranjero de Simmel, es un extra&ntilde;o, un forastero que se desvanece con la misma rapidez con que se vislumbra su silueta en lontananza. Es verdad que un sabio que conozca la lengua original puede acceder a sus secretos sin mayores trabas, pero esto, para la generalidad de los estudiosos y el conjunto de la disciplina, no es suficiente. Tiene que estar cerca, al lado, unido a nuestro idioma para volver sobre &eacute;l siempre que se lo requiera, y todo ello porque no hay m&aacute;s lengua viva que la lengua en que se vive y se medita. De no ser as&iacute; el pensador se disipa en la lejan&iacute;a de lo ex&oacute;tico y nunca se lo percibe como algo propio, familiar y allegado.</p> Ahora sabemos que este no es el caso del soci&oacute;logo franc&eacute;s. Durkheim lleg&oacute; al pa&iacute;s hace m&aacute;s de una centuria para quedarse. El contacto inicial provino de una espor&aacute;dica relaci&oacute;n con el original, pero, sobre todo, de las tempranas traducciones de varias de sus obras que –con los d&iacute;as que unos tras otros conforman la usanza, el h&aacute;bito y la tradici&oacute;n– afirmaron su nombre en las ciencias sociales nacionales. Sus contribuciones se fueron esparciendo con naturalidad como instrumento de investigaci&oacute;n, como gu&iacute;a para la formaci&oacute;n de j&oacute;venes analistas y como eventual ejemplo de aplicaci&oacute;n de los productos de la ciencia en la promoci&oacute;n del cambio social. Durkheim es nuestro como lo es de Europa, Norteam&eacute;rica y las dem&aacute;s regiones donde se cultiva con alg&uacute;n decoro la ciencia de Comte.    <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#ast">*</a><a name="nast"></a> Palabras pronunciadas en los festejos del sesquicentenario del nacimiento de &Eacute;mile Durkheim promovidos por el Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, 14-18 de abril de 2008.</p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Para dar fuerza y legitimidad a este mensaje de renovaci&oacute;n de los estudios hist&oacute;ricos, Vergara difundi&oacute; dos autorizados manifiestos del positivismo historiogr&aacute;fico <i>fin de si&egrave;cle</i>: public&oacute; una versi&oacute;n compendiada, con aplicaciones al caso colombiano, de la aplaudida <i>Introducci&oacute;n a los estudios hist&oacute;ricos</i> de Langlois y Seignobos (Vergara y Velasco, 1907), y una traducci&oacute;n del famoso ensayo <i>La historia</i> de Gabriel Monod, profesor de Durkheim en la Normal Superior. Para mayor informaci&oacute;n sobre estas labores de difusi&oacute;n de Vergara, ver Cata&ntilde;o (1999, 56-60).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. De todas formas, quien m&aacute;s se acerc&oacute; a este ideal en su &eacute;poca fue Diego Mendoza P&eacute;rez con el "Ensayo sobre la evoluci&oacute;n de la propiedad en Colombia" (1897), un examen del proceso de divisi&oacute;n de la propiedad rural desde los tiempos coloniales hasta finales del siglo XIX (Mendoza P&eacute;rez, 1994, 83-147).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Las clases de Ciencias de la Educaci&oacute;n fueron publicadas despu&eacute;s de la muerte de Durkheim por sus alumnos con los t&iacute;tulos de <i>La educaci&oacute;n moral</i> y <i>La evoluci&oacute;n de la pedagog&iacute;a en Francia</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. La mayor&iacute;a de los ensayos de Durkheim aparecidos en el <i>Nouveau dictionnaire</i> fueron recogidos m&aacute;s tarde por su disc&iacute;pulo Paul Fauconnet en el op&uacute;sculo <i>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i>, que contiene los materiales fundacionales de la sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. "Azevedo introdujo al Brasil la obra de Emilio Durkheim", escribi&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s Monta&ntilde;a Cu&eacute;llar en su <i>Sociolog&iacute;a americana</i> (1950, 50).</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Para un examen m&aacute;s completo del curso de sociolog&iacute;a de Mendoza, ver Cata&ntilde;o (1999, 73-80). El curso se public&oacute; por primera vez en la revista <i>Externado</i> II, 3-6, julio-agosto de 1936, pp. 233-483.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. En verdad, el inter&eacute;s de Berm&uacute;dez por el analista franc&eacute;s ven&iacute;a de tiempo atr&aacute;s. En su curso de filosof&iacute;a del derecho de 1926 se hab&iacute;a referido ya a "la moral sociol&oacute;gica de Durkheim", que considera a la sociedad como una especie de ente trascendental distinto de los individuos que la integran (Berm&uacute;dez, 1926, 126).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. La gu&iacute;a intelectual de estas cr&iacute;ticas proven&iacute;a de <i>Le conflit de la morale et de la sociologie</i> (1911) del sacerdote y pol&iacute;tico belga Simon Deploige, con quien Durkheim polemiz&oacute; en varias ocasiones. Berm&uacute;dez recomendaba con ah&iacute;nco la lectura de esta obra "a los estudiantes que deseen informarse de los errores de Durkheim" (Berm&uacute;dez, 1931, 88). Por su lado, el soci&oacute;logo franc&eacute;s consideraba el libro de Deploige un "<i>pamphlet apolog&eacute;tique&rdquo;</i> dirigido a exaltar la filosof&iacute;a social de Tom&aacute;s de Aquino y a despreciar las contribuciones de la sociolog&iacute;a (Durkheim, 1975, 401-407).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a> Es claro que se refer&iacute;a a la uni&oacute;n de los fen&oacute;menos religiosos con la organizaci&oacute;n tot&eacute;mica (el t&oacute;tem como alma difusa del clan, como fuente primigenia del grupo). El libro de Moret y Davy –de la colecci&oacute;n "La Evoluci&oacute;n de la Humanidad" dirigida por Henri Berr, un historiador muy cercano a la perspectiva de Durkheim–, apareci&oacute; tempranamente en espa&ntilde;ol en la editorial Cervantes de Barcelona, en 1925 (la edici&oacute;n francesa era de 1923). Adem&aacute;s de Moret y Davy, la colecci&oacute;n de Berr difundi&oacute; trabajos de los durkheimianos Henri Hubert, Marcel Granet y Louis Gernet.</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. El curso de Uribe alcanz&oacute; tard&iacute;amente la publicaci&oacute;n definitiva en las p&aacute;ginas de la revista <i>Estudios de Derecho</i> (1965) de la Universidad de Antioquia, tres a&ntilde;os antes de su muerte.</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Otras conferencias orales y escritas de sus profesores, que tuvieron recibo en las instituciones de educaci&oacute;n superior, fueron las de Benigno Mantilla (1956) en la Universidad de Antioquia, las de Abel Naranjo Villegas (1963) en la Universidad del Rosario y las de Eduardo Santa (1968) en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Todas mencionan a Durkheim, pero ninguna supera el resumen estereotipado de su "doctrina" (de sus posturas cerradas con aura de dogma).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Tambi&eacute;n debi&oacute; ser sorpresiva e ininteligible para los lectores de la &eacute;poca, como lo es para la nuestra, la excentricidad erudita de L&oacute;pez de Mesa cuando afirm&oacute; que existe una "econom&iacute;a social, de fuente francesa, que se inicia con el ginebrino Leonardo Sismondi, y se plantea ruidosamente en 1910 cuando Emilio Durkheim habl&oacute; en la Sociedad de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica de cosas opinables, con gran esc&aacute;ndalo de los especialistas" (L&oacute;pez de Mesa, 1939, 30). De hecho existi&oacute; tal debate, pero no tuvo lugar en 1910 sino en 1908, en la sesi&oacute;n del 4 de abril de la Soci&eacute;t&eacute; d'&Eacute;conomie Politique de Par&iacute;s. Y all&iacute; no se habl&oacute; de "econom&iacute;a social", de programas para poblaciones deprimidas, sino de aspectos sociales y culturales que determinan los comportamientos econ&oacute;micos. Durkheim apunt&oacute; que la "opini&oacute;n" –las creencias, la conciencia colectiva– incide en los procesos econ&oacute;micos. Las adhesiones religiosas limitan o promueven el comercio de ciertos productos. Proh&iacute;ben, por ejemplo, el consumo del cerdo o aumentan la demanda de pescado algunos d&iacute;as de la semana (Durkheim, 2007, 277-283).</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. No cabe duda de que Fals Borda fue muy generoso al se&ntilde;alar que si bien en 1953 no hab&iacute;a entrado de lleno la investigaci&oacute;n social emp&iacute;rica al pa&iacute;s, s&iacute; exist&iacute;a en cambio una amplia gama de esfuerzos te&oacute;ricos. "Hasta ahora –escribi&oacute; en su tesis de maestr&iacute;a para la Universidad de Minessota– la sociolog&iacute;a no ha salido en escala apreciable fuera de las aulas universitarias, ni se ha dirigido hacia la observaci&oacute;n y la medici&oacute;n directa de los fen&oacute;menos sociales sobre el terreno. Hasta el presente, las contribuciones de los soci&oacute;logos colombianos han sido sobresalientes s&oacute;lo en el campo te&oacute;rico" (Fals Borda, 1961, 307). Al observar con alg&uacute;n detenimiento la producci&oacute;n intelectual de la &eacute;poca, se encuentra que en la esfera te&oacute;rica las penurias eran a&uacute;n mayores que en el campo emp&iacute;rico. Se debe recordar que en los a&ntilde;os treinta la Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica dio los primeros pasos para estabilizar el uso de encuestas y de datos censales en el estudio de los problemas sociales.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. El nombre de Durkheim tambi&eacute;n circul&oacute; por los medios de la criminolog&iacute;a y de los tratadistas del derecho penal. Cabe recordar que el primer traductor de <i>El suicidio</i>, el penalista murciano Mariano Ruiz-Funes, acompa&ntilde;&oacute; su versi&oacute;n con un largo estudio sobre la "Etiolog&iacute;a del suicidio en Espa&ntilde;a" (1928, I-XXXIX). Siguiendo estos acentos, Cayetano Betancur resalt&oacute; –en la secci&oacute;n "Los fundamentos del derecho penal" de su <i>Introducci&oacute;n a la ciencia del derecho–</i> la definici&oacute;n durkheimiana de delito: el "acto que ofende el estado fuerte y definido de la conciencia colectiva" (1953, 39, y Durkheim, 1967, 75).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Editado por su alumna Denise Paulme en 1947, y traducido tard&iacute;amente al castellano por Ediciones Istmo de Madrid en 1971 y por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica de Buenos Aires en 2006.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Informaci&oacute;n sobre la colaboraci&oacute;n Rivet-Mauss, y sus afinidades socialistas, se encuentra en Marcel Fournier (2006, 235-238, 276-277, 311-312). Las hip&oacute;tesis de Rivet –el hombre americano proviene de migraciones asi&aacute;ticas– fueron muy populares en su tiempo y r&aacute;pidamente pasaron a los manuales de ense&ntilde;anza, como fue el caso de la difundida <i>Nueva geograf&iacute;a de Colombia</i>, "obra adaptada al programa oficial de bachillerato", del espa&ntilde;ol transterrado Pablo Vila (1945, 118-120). Vila (1881-1980), formado en la escuela de Vidal de la Blache, muy cercana a los c&iacute;rculos durkheimianos, colabor&oacute; en la edici&oacute;n castellana de la monumental <i>Geograf&iacute;a universal</i> de Vidal y de su "<i>fid&egrave;le lieutenant&rdquo;</i> Lucien Gallois</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. Durkheim conoci&oacute; la versi&oacute;n de Ferrer y Robert y fue consultado acerca de algunos vocablos de dif&iacute;cil traslado al espa&ntilde;ol. Los shakespearianos recuerdan a Ferrer y Robert por su traducci&oacute;n "simbolista" de <i>Macbeth</i> (1906), y los soci&oacute;logos por su divulgaci&oacute;n, del franc&eacute;s, de <i>Or&iacute;genes y evoluci&oacute;n de la familia y de la propiedad</i> de Maxim Kovalevski (autor y libro que tanto ayudaron a Marx y a Engels en sus especulaciones sobre el papel econ&oacute;mico y social de las antiguas tierras de comunidad familiar) y, del ingl&eacute;s, de <i>El sexo y la sociedad</i> de William I. Thomas.</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. El tema de la anomia, algo desvanecido en la teor&iacute;a sociol&oacute;gica actual, ha tenido varios cultivadores nacionales como V&iacute;ctor Reyes (2004) y Carlos Parales (2004 y 2008), adem&aacute;s del alem&aacute;n Peter Waldmann (2006) con su <i>Guerra civil, terrorismo y anomia social: el caso colombiano en un mundo globalizado</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. El original franc&eacute;s era a&uacute;n m&aacute;s enf&aacute;tico: "<i>nous estimerions que nos recherches</i> ne m&eacute;ritent pas une heure de peine <i> si elles ne devaient avoir qu'un int&eacute;r&ecirc;t sp&eacute;culatif&rdquo;</i> (&eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. A estos textos se deben a&ntilde;adir las traducciones de los libros y ensayos de los alumnos de Durkheim que extendieron su legado y dieron lugar a la formaci&oacute;n de la escuela francesa de sociolog&iacute;a. Cabe mencionar, en primer lugar, a sus colaboradores m&aacute;s cercanos, como Marcel Mauss, Henri Hubert, Henri Beuchat, C&eacute;lestin Bougl&eacute;, Georges Davy, Paul Fauconnet y Robert Hertz, que combinaron la investigaci&oacute;n sociol&oacute;gica con la etnol&oacute;gica. Junto a ellos hay que recordar, en segundo lugar, a los que llevaron su mensaje a terrenos m&aacute;s lejanos, como el egipt&oacute;logo Alexander Moret, el historiador de la cultura griega Louis Gernet, el especialista en la China antigua Marcel Granet y el vers&aacute;til Maurice Halbwachs, investigador del suicidio, la demograf&iacute;a, las clases sociales y la memoria colectiva.</p>     <p align="justify">De los antidurkheimianos hay tambi&eacute;n varias obras en castellano. Las de Gabriel Tarde, difundidas a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron muy populares entre los juristas. Las de Gustave Le Bon atrajeron la atenci&oacute;n de los psic&oacute;logos y del p&uacute;blico culto interesado en el comportamiento de las multitudes. De Ren&eacute; Worms hubo pocas traducciones, pero su libro introductorio, <i>La sociolog&iacute;a, su naturaleza, su contenido, sus agregados</i>, circul&oacute; en los a&ntilde;os veinte. De Gaston Richard, sucesor de Durkheim en Burdeos, colaborador de <i>L'Ann&eacute;e Sociologique</i> y despu&eacute;s "<i>durkheimien apostat&rdquo;</i> y estrecho colaborador de Worms, s&oacute;lo se conoci&oacute; su <i>Pedagog&iacute;a experimental</i>, de evidente inter&eacute;s para los educadores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Titulado en castellano <i>Historia de la educaci&oacute;n y de las doctrinas pedag&oacute;gicas</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. Aqu&iacute; jug&oacute; un papel crucial la <i>Revista Colombiana de Educaci&oacute;n</i>, fundada en 1978. Tradujo y difundi&oacute; por primera vez trabajos sobre educaci&oacute;n de Max Weber, Thorstein Veblen, Robert E. Park, Basil Bernstein, Pierre Bourdieu y Emmanuel Wallerstein.</p>     <p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. La edici&oacute;n colombiana de <i>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i> tra&iacute;a el instructivo pr&oacute;logo de Talcott Parsons a la versi&oacute;n norteamericana, y r&aacute;pidamente alcanz&oacute; tres ediciones: dos en Bogot&aacute; (por las editoriales Babel en 1976 y Linotipo en 1979) y una en M&eacute;xico (por la imprenta Colof&oacute;n, s.f.).</p>     <p align="justify"><a href="#n24" name="24">24</a>. Los textos tambi&eacute;n alcanzaron tres ediciones en poco tiempo. Una en la <i> Revista Colombiana de Educaci&oacute;n</i> en 1988, otra en <i>Educaci&oacute;n y Pedagog&iacute;a</i> auspiciada por el ICFES y la UPN en 1990 y, la tercera, la definitiva, en las prensas de la editorial Losada de Buenos Aires en 1998. Estas versiones se deben a In&eacute;s Elvira Casta&ntilde;o (1949-2008), estudiante del postgrado en Investigaci&oacute;n Socioeducativa y profesora de la UPN. Ella promovi&oacute;, adem&aacute;s, la primera traducci&oacute;n castellana del controvertido ensayo de Durkheim, "La concepci&oacute;n materialista de la historia", divulgado por la <i>Revista Universidad de Antioquia</i> en 1987, y la mencionada discusi&oacute;n de Durkheim con los economistas, "Debate sobre la econom&iacute;a pol&iacute;tica y las ciencias sociales", aparecida en <i>Hojas Econ&oacute;micas</i> de 1997 y en la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 17 de 2007. A los esfuerzos de difusi&oacute;n en los medios pedag&oacute;gicos se debe a&ntilde;adir la publicaci&oacute;n del folleto <i>&iquest;Qu&eacute; es educaci&oacute;n?</i>, que ofrece una edici&oacute;n comentada del ensayo "La educaci&oacute;n, su naturaleza y su funci&oacute;n" a cargo del profesor Rafael &Aacute;vila de la UPN (Durkheim, 1988).</p>     <p align="justify"><a href="#n25" name="25">25</a>. La traducci&oacute;n estuvo a cargo de Rub&eacute;n Sierra Mej&iacute;a, fil&oacute;sofo de formaci&oacute;n. Esta edici&oacute;n alcanz&oacute; circulaci&oacute;n hispanoamericana en 2001 con su inclusi&oacute;n en la colecci&oacute;n de obras de Durkheim auspiciadas por la casa Mi&ntilde;o y D&aacute;vila Editores de Madrid y Buenos Aires. En 1990 el profesor Rodrigo Alzate de la Universidad Nacional tradujo "Los principios de 1789 y la sociolog&iacute;a", para las revistas bogotanas <i>Investigar</i> y <i>Argumentos.</i> El <i> Montesquieu y Rousseau</i> despert&oacute; un inter&eacute;s por los ancestros de la sociolog&iacute;a, como se indica en "Durkheim y los or&iacute;genes de la sociolog&iacute;a" de Milc&iacute;ades Vizca&iacute;no (2006, 129-134).</p>     <p align="justify"><a href="#n26" name="26">26</a>. A Uricoechea debemos tambi&eacute;n un paralelo entre la sociolog&iacute;a de la religi&oacute;n de Durkheim y la de Max Weber (1996, 5-24).</p>     <p align="justify"><a href="#n27" name="27">27</a>. Aqu&iacute; se debe evocar la obra de un amigo renuente de Durkheim, su contempor&aacute;neo Lucien L&eacute;vy-Bruhl (1857-1939), colaborador de los durkheimianos, cuyas obras sobre la moral, las costumbres y la mentalidad primitiva circularon en espa&ntilde;ol desde los a&ntilde;os veinte. L&eacute;vy-Bruhl ingres&oacute; a l'&Eacute;cole Normale Sup&eacute;rieure en 1876, el mismo a&ntilde;o que Henri Bergson y Jean Jaur&egrave;s, y un a&ntilde;o antes que Durkheim. A su muerte, Marcel Mauss le dedic&oacute; un sentido obituario: "Su obra filos&oacute;fica y sociol&oacute;gica es grande, su obra de profesor y de propagador no fue menos grande" (1969, III, 564).</p>     <p align="justify"><a href="#n28" name="28">28</a>. Nuestro Nicol&aacute;s Tanco Armero (1830-1890) se sirvi&oacute; de &eacute;l en la sonada pol&eacute;mica con Salvador Camacho Rold&aacute;n sobre el alcance de la sociolog&iacute;a. Ver Tanco (1883) y Letourneau (1880)</p> <hr size="1">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Alpert, H. <i>Durkheim</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1945.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200900010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Berm&uacute;dez, J. A. "Conferencias de filosof&iacute;a del derecho", <i>Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas de la Universidad Nacional</i> 3-4, 1926.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200900010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Berm&uacute;dez, J. A. "Conferencias de sociolog&iacute;a", <i>Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas de la Universidad Nacional</i> 13, 1931, pp. 3-252.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200900010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bernal J., R. <i>La educaci&oacute;n, he ah&iacute; el problema</i>, Bogot&aacute;, Prensas del Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional, 1949.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200900010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bernal J., R. "Informe sobre la ense&ntilde;anza de las ciencias sociales en Colombia", <i>Primer seminario colombiano sobre la ense&ntilde;anza de las ciencias sociales en el nivel universitario</i>, Bogot&aacute;, Empresa Nacional de Publicaciones, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200900010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bernal J., R. <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a o itinerario para una filosof&iacute;a de lo social</i>, Bogot&aacute;, Secci&oacute;n Imprenta y Publicaciones de las Fuerzas Militares, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200900010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Betancur, C. <i>Ensayo de una filosof&iacute;a del derecho</i>, Medell&iacute;n, Editorial Cat&oacute;lica, 1937.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200900010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Betancur, C. <i>Introducci&oacute;n a la ciencia del derecho</i>, Bogot&aacute;, Biblioteca de Autores Colombianos, 1953.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200900010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Buisson, F. <i>Nouveau dictionnaire de p&eacute;dagogie et d'education primaire</i>, Paris, Hachette, 1911.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200900010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Camargo V., M. G. <i>Sociolog&iacute;a del derecho: un examen de perspectivas en Durkheim, Weber y Parsons</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200900010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Cata&ntilde;o, G. <i>Educaci&oacute;n y estructura social: ensayos de sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Asociaci&oacute;n Colombiana de Sociolog&iacute;a y Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200900010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Cata&ntilde;o, G. "Los escritos de &Eacute;mile Durkheim en espa&ntilde;ol: rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica", <i>Revista Espa&ntilde;ola de Investigaciones Sociol&oacute;gicas</i> 81, 1998, pp. 151-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200900010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Cata&ntilde;o, G. <i>Historia, sociolog&iacute;a y pol&iacute;tica: ensayos de sociolog&iacute;a e historia de las ideas</i>, Bogot&aacute;, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200900010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Cata&ntilde;o, G. <i>La artesan&iacute;a intelectual</i>, Bogot&aacute;, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200900010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Durkheim, &Eacute;. <i>De la divisi&oacute;n del trabajo social</i>, Buenos Aires, Schapire, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200900010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Durkheim, &Eacute;. <i>Textes I</i>, Paris, Les &Eacute;ditions de Minuit, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200900010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Durkheim, &Eacute;. <i>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Babel, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200900010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Durkheim, &Eacute;. "La concepci&oacute;n materialista de la historia", <i>Revista de la Universidad de Antioquia</i> 212, 1987, pp. 10-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200900010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Durkheim, &Eacute;. <i>&iquest;Qu&eacute; es educaci&oacute;n?</i>, Bogot&aacute;, Nueva Am&eacute;rica, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200900010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Durkheim, &Eacute;. <i>Montesquieu y Rousseau: precursores de la sociolog&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia y Asociaci&oacute;n Colombiana de Sociolog&iacute;a, 1990a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200900010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Durkheim, &Eacute;. "Los principios de 1789 y la sociolog&iacute;a", <i>Argumentos</i> 22-23, 1990b, pp. 17-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200900010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Durkheim, &Eacute;. "Debate sobre la econom&iacute;a pol&iacute;tica y las ciencias sociales", <i>Hojas Econ&oacute;micas</i> 6 y 7, 1997, pp. 143-147.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200900010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Durkheim, &Eacute;. <i>Educaci&oacute;n y pedagog&iacute;a: ensayos y controversias</i>, Buenos Aires, Losada, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200900010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Durkheim, &Eacute;. "El porvenir de la religi&oacute;n", H. Hubert, ed., <i>Breve estudio de la representaci&oacute;n del tiempo en la religi&oacute;n y en la magia</i>, Cali, Archivos del &Iacute;ndice, 2006, pp. 79-93.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200900010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Durkheim, &Eacute;. "Rese&ntilde;as sobre temas econ&oacute;micos", <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 9, 16, 2007, pp. 275-310.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200900010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Fals B., Orlando. <i>El hombre y la tierra en Boyac&aacute;: bases sociol&oacute;gicas e hist&oacute;ricas para una reforma agraria</i>, Bogot&aacute;, Antares, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200900010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Fals B., Orlando. <i>Campesinos de los Andes: estudio sociol&oacute;gico de Sauc&iacute;o</i>, Bogot&aacute;, Iqueima, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200900010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Fals B., Orlando. <i>La subversi&oacute;n en Colombia: el cambio social en la historia</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200900010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Fern&aacute;ndez de Soto, A. <i>Treinta lecciones de sociolog&iacute;a cat&oacute;lica</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1952.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200900010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Fournier, M. <i>Marcel Mauss, a Biography</i>, Princeton, Princeton University Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200900010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Haddox, B. E. <i>Sociedad y religi&oacute;n en Colombia: estudio de las instituciones religiosas colombianas</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200900010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Hern&aacute;ndez R., G. <i>De los chibchas a la Colonia y a la Rep&uacute;blica: del clan a la encomienda y al latifundio en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1949.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200900010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Jaramillo J., J. E. <i>Tipolog&iacute;as polares, sociedad tradicional y campesinado: T&ouml;nnies, Durkheim, Sorokin, Parsons y Redfield</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200900010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Jauss, H. R. "El lector como instancia de una nueva historia de la literatura", J. A. Mayoral, comp., <i>Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n</i>, Madrid, Arco Libros, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200900010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Letourneau, Ch. <i>La sociologie d'apr&egrave;s l'ethnographie</i>, Paris, Libraire-&Eacute;diteur, 1880.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200900010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Lewin, K. <i>La teor&iacute;a del campo en la ciencia social</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200900010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. L&oacute;pez de M., L. <i>Disertaci&oacute;n sociol&oacute;gica</i>, Bogot&aacute;, El Gr&aacute;fico, 1939.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200900010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Lukes, S. <i>&Eacute;mile Durkheim: su vida y su obra</i>, Madrid, Siglo XXI, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200900010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Mantilla P., B. <i>Sociolog&iacute;a general</i>, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, 1956.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200900010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Mauss, M. <i>Œuvres III</i>, Paris, Minuit, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200900010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Mendoza P., D. <i>Sociolog&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 1962.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200900010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Mendoza P., D. <i>Evoluci&oacute;n de la sociedad colombiana: ensayos escogidos</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200900010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Merton, R. K. <i>Teor&iacute;a y estructura sociales</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200900010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Monod, G. <i>La historia</i>, Bogot&aacute;, Imprenta Moderna, s.f.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200900010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Monta&ntilde;a C., D. <i>Sociolog&iacute;a americana</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200900010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Monta&ntilde;a C., D. <i>Sociolog&iacute;a general</i>, Bogot&aacute;, Lopeserna, 1954.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200900010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Naranjo M., V. <i>Sociolog&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Rosaristas, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200900010000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Nieto C., A. "Palabras del doctor Agust&iacute;n Nieto Caballero", <i>Cincuentenario del Gimnasio Moderno: 1914-1964</i>, Bogot&aacute;, Canal Ram&iacute;rez-Antares, 1964, pp. 33-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200900010000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Nieto C., A. <i>Una escuela</i>, Bogot&aacute;, Antares, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200900010000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Nieto C., A. <i>Palabras a la juventud</i>, Bogot&aacute;, Canal Ram&iacute;rez-Antares, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200900010000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Ospina, J. <i>Diccionario biogr&aacute;fico y bibliogr&aacute;fico de Colombia</i>, Bogot&aacute;, &Aacute;guila, 1939.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200900010000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Parales Q., C. "El conflicto interno colombiano: identidad, solidaridad y conflicto social", <i>Revista Internacional de Sociolog&iacute;a</i> 38, 2004, pp. 191-214.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200900010000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. Parales Q., C. "Anomia social y salud mental p&uacute;blica", <i>Revista de Salud P&uacute;blica</i> 10, 2008, pp. 658-666.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200900010000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. Parra S., R. <i>La estructura social y el cambio en la tecnolog&iacute;a agr&iacute;cola: el caso de Candelaria (Valle)</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200900010000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">55. P&eacute;rez R., G. <i>El campesino colombiano: un problema de estructura</i>, Bogot&aacute;, Iqueima, 1959.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200900010000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. Pinto L., L. E. <i>Reflexiones de un educador: ensayo sobre sociolog&iacute;a educativa</i>, Bogot&aacute;, Kelly, 1946.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200900010000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">57. Reyes M., V. "La anomia revisitada", <i>Revista Colombiana de Sociolog&iacute;a</i> 22, 2004, pp. 153-161.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200900010000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">58. Ruiz-Funes, M. "Etiolog&iacute;a del suicidio en Espa&ntilde;a", &Eacute;. Durkheim, ed., <i>El suicidio</i>, Madrid, Reus, 1928, pp. I-XXXIX.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200900010000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">59. Santa, E. <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a</i>, Bogot&aacute;, Temis, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996200900010000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">60. Smith, T. L.; J. D&iacute;az R. y L. R. Garc&iacute;a. <i>Tabio, estudio de la organizaci&oacute;n social rural</i>, Bogot&aacute;, Minerva, 1944.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-5996200900010000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">61. Tanco, A. N. "Sociolog&iacute;a", <i>El Conservador</i> 206, 1883.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996200900010000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. Torres, C. <i>Cristianismo y revoluci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Era, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200900010000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">63. Uribe E., R. "Lecciones de sociolog&iacute;a", <i>Estudios de Derecho</i> 67, 1965, pp. 111-313.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200900010000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. Uribe T., C. A. "Entre el amor y el desamor: Paul Rivet en Colombia", J. Landaburu, comp., <i>Lenguas abor&iacute;genes de Colombia: fuentes</i>, t. I, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, 1996, pp. 49-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200900010000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Uricoechea, F. "La sociolog&iacute;a como naturaleza o como historia: &iquest;cui prodest?", <i>Revista Colombiana de Sociolog&iacute;a</i> 6, 1, 1988, pp. 7-17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200900010000500065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66. Uricoechea, F. "Durkheim, Weber y las nuevas formas de religiosidad", <i>Revista Colombiana de Sociolog&iacute;a</i> 3, 1, 1996, pp. 5-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200900010000500066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">67. Uricoechea, F. "La concepci&oacute;n de la vida religiosa en Durkheim: una cr&iacute;tica", H. E. P&eacute;rez R., ed., <i>Ensayos sobre teor&iacute;a sociol&oacute;gica: Durkheim, Weber, Marx</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 2002a, pp. 25-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200900010000500067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">68. Uricoechea, F. <i>Divisi&oacute;n del trabajo y organizaci&oacute;n social: una perspectiva sociol&oacute;gica</i>, Bogot&aacute;, Norma, 2002b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200900010000500068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">69. Vargas C., A. C. <i>Las nuevas tendencias sociales y el Estado colombiano: ensayo de sociolog&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Bogot&aacute;, Talleres Gr&aacute;ficos Mundo al D&iacute;a, 1941.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200900010000500069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70. Vergara y Velasco, F. J. <i>Cap&iacute;tulos de una historia civil y militar de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Imprenta El&eacute;ctrica, 1906.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200900010000500070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">71. Vergara y Velasco, F. J. <i>Tratado de metodolog&iacute;a y cr&iacute;tica hist&oacute;rica y elementos de cronolog&iacute;a colombiana Introducci&oacute;n a los estudios hist&oacute;ricos</i>, Bogot&aacute;, Imprenta El&eacute;ctrica. Este volumen incluye la versi&oacute;n condensada del libro de C. Langlois y C. Seignobos, 1907.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200900010000500071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">72. Vila, P. <i>Nueva geograf&iacute;a de Colombia: aspectos pol&iacute;tico, f&iacute;sico, humano y econ&oacute;mico</i>, Bogot&aacute;, Librer&iacute;a Colombiana, 1945.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200900010000500072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">73. Vizca&iacute;no G., M. <i>La sociolog&iacute;a y la comprensi&oacute;n de la sociedad colombiana</i>, Bogot&aacute;, Universidad Cooperativa de Colombia, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200900010000500073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">74. Waldmann, P. <i>Guerra civil, terrorismo y anomia social: el caso colombiano en un mundo globalizado</i>, Bogot&aacute;, Grupo Editorial Norma, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200900010000500074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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