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<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PERTINENCIA PARA LA POLÍTICA ECONÓMICA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>PERTINENCIA PARA LA POL&Iacute;TICA ECON&Oacute;MICA*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>RELEVANCE FOR ECONOMIC POLICY</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Javier Fern&aacute;ndez Riva</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Este texto corresponde al cap&iacute;tulo 6 del libro <i>Modelos cl&aacute;sico y keynesiano. Un enfoque te&oacute;rico con especial atenci&oacute;n a su relevancia para la econom&iacute;a colombiana</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2007. Las referencias a las p&aacute;ginas que figuran en este texto corresponden a esa edici&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p align="justify">Los modelos de este libro son de est&aacute;tica comparativa y tienen limitaciones para aplicarse a asuntos como la inflaci&oacute;n y el crecimiento, pero proveen la base para una discusi&oacute;n preliminar de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica aplicada, siempre que se utilicen con cuidado. Para facilitar esa discusi&oacute;n en el cuadro 2 (pp. 188-195), al final de este cap&iacute;tulo, se presenta una historia macroecon&oacute;mica de Colombia de 1990 a 2004, mediante 80 variables. El grupo incluye versiones m&aacute;s o menos directas y algunas aproximaciones a las variables que examinamos en los modelos te&oacute;ricos (producto, consumo, inversi&oacute;n, tasas de inter&eacute;s, precios, salarios, dinero, exportaciones, importaciones, flujos de capitales, etc.), m&aacute;s algunas transformaciones de las mismas que facilitan apreciar cambios o relaciones. La discusi&oacute;n siguiente, que usar&aacute; esa base estad&iacute;stica, no pretende ahondar en la discusi&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica colombiana sino ilustrar c&oacute;mo los modelos te&oacute;ricos pueden facilitar la comprensi&oacute;n de asuntos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica de la mayor importancia.</p>     <p align="justify"><b>POL&Iacute;TICA MACRO EXPANSIVA DURANTE LA APERTURA ECON&Oacute;MICA DE 1991-1994</b></p>     <p align="justify">Al iniciarse la d&eacute;cada de 1990 Colombia hab&iacute;a superado plenamente la "crisis de la deuda latinoamericana" que estall&oacute; en 1982, as&iacute; como las crisis fiscal y financiera que se vivieron a mediados de los ochenta, y disfrutaba de un crecimiento econ&oacute;mico aceptable y de una s&oacute;lida situaci&oacute;n fiscal, de deuda externa y de balanza de pagos. El lunar era una inflaci&oacute;n de m&aacute;s del 30% porque, aunque la pol&iacute;tica de devaluaci&oacute;n deliberada de 1985 -19 90 hab&iacute;a logrado elevar el tipo de cambio real y consolidar la situaci&oacute;n externa, el pa&iacute;s no hab&iacute;a podido evitar del todo los efectos de la devaluaci&oacute;n sobre los precios. Por otro lado, pese a algunas medidas de apertura tomadas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del gobierno Barco (1986-1990), todav&iacute;a predominaban las restricciones a las importaciones y a la cuenta de capitales que hab&iacute;an sido tradicionales en Colombia durante la mayor parte del siglo XX y se acentuaron en la administraci&oacute;n Betancur (1982-1986), con la "crisis latinoamericana de la deuda externa". En 1991 la administraci&oacute;n Gaviria, inaugurada en agosto de 1990, tom&oacute; la decisi&oacute;n de abrir la econom&iacute;a en forma r&aacute;pida. Al mismo tiempo, la nueva autoridad monetaria establecida en la Constituci&oacute;n de 1991, el Banco de la Rep&uacute;blica independiente, defini&oacute; como su prioridad la reducci&oacute;n de la inflaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La pol&iacute;tica de apertura a las importaciones, cuya base era la reducci&oacute;n de los aranceles y la eliminaci&oacute;n de las restricciones administrativas a las importaciones, estaba concebida con criterios de largo plazo pero complementaba en forma ideal la pol&iacute;tica de reducci&oacute;n de la inflaci&oacute;n porque hac&iacute;a que la competencia externa impusiera un techo a los precios locales, menor cuanto m&aacute;s bajo fuera el precio del d&oacute;lar. La pol&iacute;tica de apertura al mercado internacional de capitales, combinada con una amnist&iacute;a tributaria a los capitales que se repatriaran, operaba en el mismo sentido. Ello era as&iacute; porque, debido al alto tipo de cambio real que se hab&iacute;a alcanzado en 1990, despu&eacute;s de 5 a&ntilde;os de una pol&iacute;tica deliberada para aumentar la competitividad cambiaria del pa&iacute;s, y teniendo en cuenta la s&oacute;lida situaci&oacute;n fiscal y de la balanza de pagos al inicio de los noventa, las expectativas de los mercados eran de apreciaci&oacute;n real e incluso nominal del peso frente al d&oacute;lar, lo que invitaba a traer capitales al pa&iacute;s. Ese incentivo se reforz&oacute; con programas de privatizaci&oacute;n, esto es, de venta de las viejas empresas estatales creadas y desarrolladas durante las d&eacute;cadas previas, lo que aument&oacute; la oferta de d&oacute;lares y la tendencia a la revaluaci&oacute;n del peso pues los compradores fueron firmas externas o firmas locales con financiamiento externo.</p>     <p align="justify">El riesgo econ&oacute;mico a comienzos de los noventa ten&iacute;a que ver con la posibilidad de que un gran abaratamiento de las importaciones, por la combinaci&oacute;n de baja de aranceles y revaluaci&oacute;n del peso, desviara demasiada demanda hacia compras al resto del mundo, sustituyendo producci&oacute;n local, e indujera una recesi&oacute;n. Aunque en esos a&ntilde;os el r&eacute;gimen cambiario era administrado, la Junta Directiva del Banco de la Rep&uacute;blica, que desde la Constituci&oacute;n de 1991 se convirti&oacute; en la autoridad monetaria y cambiaria, y cuya prioridad absoluta era bajar la inflaci&oacute;n, permiti&oacute; que entre 1990 y 1994 el tipo de cambio real del peso frente al d&oacute;lar cayera de 133 a 100, como se observa en la fila 66 del cuadro 2 al final del cap&iacute;tulo (pp. 188-195). En un contexto inflacionario una lenta devaluaci&oacute;n nominal equivale a lo que en nuestros modelos de econom&iacute;a abierta con tipo de cambio administrado ser&iacute;a una baja del tipo de cambio nominal E, que disminuye la demanda agregada (desplaza la curva IS hacia la izquierda) y tiene efectos depresivos. Las importaciones respondieron con entusiasmo a la combinaci&oacute;n de apertura con revaluaci&oacute;n, como se aprecia en la fila 18 del cuadro 2 (pp. 188-195), donde se muestra que entre 1991 y 1994 crecieron un 122% en t&eacute;rminos reales, pues a precios de 1994 saltaron de $ 6. 368 MM a $ 14. 127 MM. En la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> mostramos un &iacute;ndice de las importaciones reales de bienes y servicios y un &iacute;ndice del PIB, una l&iacute;nea de referencia que facilita apreciar el colosal aumento de las importaciones durante la apertura econ&oacute;mica con revaluaci&oacute;n, que continu&oacute; hasta la v&iacute;spera de la crisis de 1998-1999; como veremos en la secci&oacute;n siguiente.</p>     <p align="justify"><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1    <br> PIB e importaciones reales de bienes y servicios</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g1.jpg"></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Cartera de cr&eacute;ditos/ PIB    <br> (Porcentajes)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g2.jpg"></p>     <p align="justify">El riesgo de recesi&oacute;n por sustituci&oacute;n de la producci&oacute;n local con importaciones se neutraliz&oacute; adoptando, entre 1991 y 1994, la pol&iacute;tica monetaria y fiscal m&aacute;s expansiva de que se tenga memoria en Colombia. La oferta monetaria ampliada creci&oacute; el 39,6% en 1992, el 43,8% en 1993 y el 42,9% en 1994, para acumular el 187% entre 1991 y 1994 (filas 51 y 52 del cuadro 2, (pp. 192-193)). Eso aliment&oacute; un extraordinario aumento del cr&eacute;dito y del endeudamiento de las personas y empresas. Ese cr&eacute;dito, medido como porcentaje del PIB, salt&oacute; del 22,5% en 1991 al 33,2% en 1994 y sigui&oacute; creciendo durante algunos a&ntilde;os m&aacute;s (fila 53 del cuadro 2, p. 193, y figura 20, p. 156), antes de desplomarse en 1998, cuando el Banco de la Rep&uacute;blica decidi&oacute; frenar en seco, como se examina en la secci&oacute;n siguiente. La pol&iacute;tica monetaria expansiva de la primera parte de los noventa tambi&eacute;n dio lugar a una gran baja de las tasas de inter&eacute;s. La tasa de dep&oacute;sitos a t&eacute;rmino de 90 d&iacute;as (DTF) se redujo en t&eacute;rminos reales del 8,5% promedio en 1991 al 1,4% en 1993, aunque comenz&oacute; a subir a mediados de 1994, al t&eacute;rmino del Gobierno Gaviria (fila 64 del cuadro 2, p. 194). En cuanto a la pol&iacute;tica fiscal, seg&uacute;n las Cuentas Nacionales el consumo real del sector p&uacute;blico aument&oacute; 16,1% en 1992, un 16,6% en 1993 y un 17,3% en 1994 (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>), con lo que la relaci&oacute;n de gasto de consumo del sector p&uacute;blico a PIB salt&oacute; del 9,5% en 1991 al 14,7% en 1994 (fila 9). En el Gobierno Nacional Central (GNC) los gastos distintos de intereses saltaron del 8,5% del PIB en 1990 al 11,6% en 1994. Sin embargo, es interesante se&ntilde;alar que en ese per&iacute;odo el d&eacute;ficit fiscal no empeor&oacute; mucho pues los recaudos tributarios tambi&eacute;n crecieron r&aacute;pidamente. En el GNC los ingresos saltaron del 8,9% del PIB en 1990 al 11,4% en 1994, como se consigna en la fila 73 del cuadro 2 (p. 195) y el balance del GNC antes de pago de intereses s&oacute;lo se deterior&oacute; del 0,4% al-0,2% del PIB. El entonces Ministro de Hacienda, Rudolf Hommes reconoci&oacute;, en posteriores escritos, que el Gobierno era consciente del poder expansivo del "presupuesto balanceado", esto es, de que, aunque los impuestos crecieran pari passu con los gastos para evitar una explosi&oacute;n del d&eacute;ficit, el efecto neto sobre la demanda agregada ser&iacute;a positivo, como lo sugieren los modelos keynesianos examinados en este libro.</p>     <p align="justify"><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3    <br> Crecimiento del gasto de consumo p&uacute;blico    <br> (Porcentajes)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g3.jpg"></p>     <p align="justify">El consumo privado y la inversi&oacute;n respondieron a esa pol&iacute;tica expansiva en la forma que tales modelos permitir&iacute;an esperar, esto es, con fuertes aumentos que facilitaron que, por as&iacute; decirlo, hubiera demanda para todos: para los extranjeros, a los que Colombia les estaba comprando mucho m&aacute;s que antes, y para los productores locales. En las filas 14 y 16 del cuadro 2 del final del cap&iacute;tulo (p. 189) se aprecia que el consumo privado creci&oacute; el 13,9% entre 1991 y 1994, y que la inversi&oacute;n bruta salt&oacute; un 68,0% en el mismo per&iacute;odo. Sin duda, en el caso de la inversi&oacute;n no s&oacute;lo cont&oacute; la baja tasa de inter&eacute;s y la abundancia de cr&eacute;dito sino un efecto de confianza y de expectativas favorables sobre el crecimiento, del tipo que en nuestros modelos simplificados caracterizamos como "aumentos ex&oacute;genos" de la variable inversi&oacute;n aut&oacute;noma, I A. En cambio, debido a la p&eacute;rdida de competitividad cambiaria, las exportaciones tuvieron un crecimiento mediocre: en t&eacute;rminos reales s&oacute;lo crecieron el 10,8% entre 1991 y 1994, y la mayor parte de su aumento se explica por mayores exportaciones petroleras, cuyo incremento era independiente del tipo de cambio.</p>     <p align="justify">El efecto neto de todo eso sobre el producto y el empleo fue muy positivo, como se aprecia en las filas 19 y 79 del cuadro 2 (p. 189 y 195). Entre 1991 y 1994, el PIB creci&oacute; un acumulado del 16,0% y la tasa de desempleo promedio anual se redujo del 10,2% al 8, 9 %. Nada de ello deber&iacute;a extra&ntilde;ar a quien haya estudiado los modelos de este libro. La combinaci&oacute;n pol&iacute;tica monetaria y fiscal expansiva logr&oacute; mantener el crecimiento frente a una avalancha de importaciones estimulada por la revaluaci&oacute;n del peso, mientras esa misma revaluaci&oacute;n combinada con la dr&aacute;stica baja de aranceles del comienzo de la d&eacute;cada facilit&oacute; reducir la inflaci&oacute;n. Sin embargo, el &uacute;ltimo logro no fue demasiado impresionante. Entre 1990 y 1994 el PIB aument&oacute; en un 18,7% y la inflaci&oacute;n, medida por el deflactor del PIB, se redujo del 28,2% al 24, 8 %. En el mismo per&iacute;odo la inflaci&oacute;n en pesos de las importaciones cay&oacute; del 31,4% al 10, 1 %, y ya vimos que las importaciones, medidas a precios constantes de 1994, saltaron un 122% (fila 18 del cuadro 2, p. 189).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La pol&iacute;tica descrita tuvo los efectos colaterales negativos que un economista hubiera podido prever usando los modelos keynesianos de econom&iacute;a abierta descritos en este libro. En primer lugar, una severa p&eacute;rdida de competitividad cambiaria, con efectos acumulativos sobre el comercio exterior durante muchos a&ntilde;os. En segundo lugar, un notable deterioro de la balanza de pagos, que pas&oacute; de un super&aacute;vit de US$ 2. 347 millones en 1991 a un d&eacute;ficit de US$ 3. 674 millones en 1994, lo que implica un r&aacute;pido aumento de los pasivos netos del pa&iacute;s con el resto del mundo. Como se muestra en la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>, el d&eacute;ficit de la cuenta corriente continu&oacute; creciendo hasta 1997, y en 1998, cuando la abundancia de cr&eacute;dito externo se transform&oacute; en escasez, debi&oacute; corregirse mediante una recesi&oacute;n y un ajuste cambiario "a rega&ntilde;adientes", que se discuten en la secci&oacute;n siguiente. En tercer lugar, un exceso de endeudamiento de las personas y empresas, que las torn&oacute; vulnerables a una eventual recesi&oacute;n, as&iacute; como a aumentos de las tasas de inter&eacute;s. Finalmente, cierto agotamiento tributario porque, aunque la explosi&oacute;n de gasto no implic&oacute; un gran d&eacute;ficit fiscal, para financiar en forma "ortodoxa" ese gasto los ingresos del gobierno se elevaron v&iacute;a mayores impuestos, reduciendo as&iacute; la capacidad de ahorro del sector privado. Los gobiernos posteriores se quejaron de que sus antecesores les dejaron una "olla raspada", aunque cada uno hizo lo posible por seguir rasp&aacute;ndola.</p>     <p align="justify"><a name="g4"></a>Gr&aacute;fica 4    <br> Balanza de pagos en cuenta corriente    <br> (Millones de d&oacute;lares) </p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g4.jpg"></p>     <p align="justify"><b>LA RESPONSABILIDAD DE LA POL&Iacute;TICA ECON&Oacute;MICA EN LA CRISIS DE 1998 -1 999</b></p>     <p align="justify">En el segundo semestre de 1998 el PIB se descolg&oacute;, y en el a&ntilde;o completo apenas creci&oacute; un 0, 6 %, muy por debajo de lo que creci&oacute; la poblaci&oacute;n. Al a&ntilde;o siguiente el PIB cay&oacute; un 4, 2 %. Esa fue la &uacute;nica ca&iacute;da de la producci&oacute;n desde 1931, y la peor en toda la historia de Colombia. La ca&iacute;da de 1931, durante la Gran Depresi&oacute;n, fue apenas del-1, 6 %. La recesi&oacute;n de 1998-1999 tuvo consecuencias prolongadas para la econom&iacute;a, entre otras cosas por la ruina de muchos deudores hipotecarios, que perdieron sus viviendas, as&iacute; como por la liquidaci&oacute;n de muchas empresas o su p&eacute;rdida de capacidad de endeudamiento, y por una crisis financiera que indujo, durante varios a&ntilde;os, una retracci&oacute;n del cr&eacute;dito. Adem&aacute;s, como resultado de ese pobre desempe&ntilde;o econ&oacute;mico, el pa&iacute;s perdi&oacute; desde 1999 la calificaci&oacute;n de "grado de inversi&oacute;n" en materia de riesgo soberano, de la que hab&iacute;a disfrutado desde 1993, y fue degradado por las agencias calificadoras internacionales a "grado especulativo", con un inevitable efecto alcista sobre las tasas de inter&eacute;s de su deuda p&uacute;blica externa.</p>     <p align="justify">Lo m&aacute;s notable es que en el bienio 1998-1999, cuando el PIB de Colombia cay&oacute; un acumulado del 3,6% respecto a 1997, no hubo, ni mucho menos, una recesi&oacute;n mundial. En la fila 25 del cuadro 2 (p. 190) se muestra que en ese bienio el PIB de Estados Unidos creci&oacute; el 8, 8 %, y en la <a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a> se aprecia que el desempe&ntilde;o de Colombia entre 1997 y 2002 fue muy pobre frente al de Estados Unidos. La comparaci&oacute;n de &iacute;ndices resulta generosa para Colombia pues Estados Unidos tiene un ingreso per c&aacute;pita casi 20 veces mayor que el colombiano y una poblaci&oacute;n que crece mucho menos r&aacute;pidamente. Aunque ello no se muestre en el cuadro 2 (pp. 188-195), podemos a&ntilde;adir que Europa creci&oacute; en el bienio en cuesti&oacute;n un acumulado del 5, 9 %, y China "explot&oacute;" con un crecimiento acumulado del 15, 2 %. Esa evoluci&oacute;n mundial contrasta con la de la Gran Depresi&oacute;n de los treinta cuando, entre 1929 y 1931, el PIB de Estados Unidos cay&oacute; un 14,4% pero el PIB de Colombia s&oacute;lo cay&oacute; un 2, 4 %. La Junta Directiva del Banco de la Rep&uacute;blica, que est&aacute; a cargo de los principales instrumentos de pol&iacute;tica coyuntural, ha tratado de vender la idea de que la crisis de 1998-1999 no tuvo nada que ver con su decisi&oacute;n de restringir la liquidez y disparar las tasas de inter&eacute;s para tratar de obstaculizar la correcci&oacute;n cambiaria, sino que fue el resultado inevitable de una reducci&oacute;n s&uacute;bita en las entradas de capitales por las "crisis rusa y asi&aacute;tica" que, al inducir una s&uacute;bita reducci&oacute;n de las entradas de capitales, supuestamente, obligaron a la econom&iacute;a colombiana a frenar en seco para poder reducir su d&eacute;ficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, v&iacute;a la contracci&oacute;n de las importaciones, hasta transformar el d&eacute;ficit en un super&aacute;vit. Los modelos desarrollados en este libro facilitan entender que esa pretensi&oacute;n es insostenible.</p>     <p align="justify"><a name="g5"></a>Gr&aacute;fica 5    <br> &Iacute;ndices del PIB de Colombia y de Estados Unidos    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> (1997 = 100)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g5.jpg"></p>     <p align="justify">No afirmo, de ninguna manera, que mediante una flotaci&oacute;n del peso, aceptando una devaluaci&oacute;n repentina cuando se redujo el acceso a los capitales externos, en lugar de restringir la liquidez y subir las tasas de inter&eacute;s, Colombia hubiera podido evitar por completo un efecto recesivo de la reducci&oacute;n del financiamiento externo. Mucho menos afirmo que esa pol&iacute;tica alternativa habr&iacute;a carecido de consecuencias para la inflaci&oacute;n. El manejo econ&oacute;mico de la primera parte de la d&eacute;cada, que discutimos en la secci&oacute;n anterior, hab&iacute;a creado notables debilidades econ&oacute;micas al permitir que se acumulara un gran d&eacute;ficit de la balanza de pagos en cuenta corriente, que habr&iacute;a hecho indispensable tarde o temprano un ajuste, y al inducir un gran endeudamiento de las empresas y los individuos con el sector financiero y con el exterior. Las consecuencias de las pol&iacute;ticas no se limitan a sus efectos coyunturales. En 1998 la econom&iacute;a se hab&iacute;a tornado vulnerable a una correcci&oacute;n cambiaria s&uacute;bita pues una gran devaluaci&oacute;n podr&iacute;a haber quebrado a muchos que ten&iacute;an deudas con el exterior, habr&iacute;a "empobrecido" a quienes se hab&iacute;an acostumbrado a consumir muchos bienes importados (aunque quiz&aacute;s ser&iacute;a m&aacute;s apropiado decir que habr&iacute;a hecho desaparecer su ilusoria sensaci&oacute;n previa de riqueza por un "peso fuerte") y habr&iacute;a inducido inflaci&oacute;n de costos. Pero no es v&aacute;lido pintar como una cat&aacute;strofe la respuesta de la econom&iacute;a a una correcci&oacute;n cambiaria s&uacute;bita. Muchos pa&iacute;ses, incluyendo Colombia antes del Estatuto Cambiario de 1967, han efectuado en muchas ocasiones ese tipo de ajustes, con efectos recesivos de corto plazo limitados y hasta plenamente compensados por el est&iacute;mulo de una reorientaci&oacute;n de la demanda hacia la producci&oacute;n nacional, en respuesta a la devaluaci&oacute;n, y con efectos inflacionarios manejables. En realidad, antes de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) cambiara su enfoque y sus recomendaciones en los noventa, y adoptara la l&iacute;nea de tratar de impedir que los pa&iacute;ses devaluaran –pues ello perjudica a los inversionistas extranjeros y aumenta los riesgos de "default" de la deuda externa–, la "receta est&aacute;ndar" del FMI para los pa&iacute;ses que sufr&iacute;an serios d&eacute;ficit de balanza de pagos debido a la sobrevaluaci&oacute;n de sus monedas era corregir lo m&aacute;s pronto posible el rezago cambiario, aceptando los traumatismos de corto plazo sobre la producci&oacute;n y los precios como un costo necesario para recuperar las condiciones para el crecimiento y la sostenibilidad cambiaria.</p>     <p align="justify">Pero si los errores previos hicieron que en 1998 Colombia fuera vulnerable a una correcci&oacute;n cambiaria, su excesivo endeudamiento la torn&oacute; a&uacute;n m&aacute;s vulnerable a un gran aumento de las tasas de inter&eacute;s, a una restricci&oacute;n crediticia y a una recesi&oacute;n, las tres cosas que ocurrieron en 1998 y 1999 debido en buena parte a las pol&iacute;ticas que se adelantaron para obstaculizar y demorar la correcci&oacute;n cambiaria que el desequilibrio de la balanza de pagos estaba pidiendo a gritos.</p>     <p align="justify">&iquest;Por qu&eacute; a gritos? &iquest;Cu&aacute;n grande era ese desequilibrio? Las filas 56 y 57 del cuadro 2 (p. 193) muestran que el d&eacute;ficit de la cuenta corriente tom&oacute; un curso explosivo a partir de 1992 y que en 1997 hab&iacute;a alcanzado US$ 5. 751 millones, que equival&iacute;an al 5,4% del PIB cuando el d&eacute;ficit se convierte a pesos al sobrevaluado tipo de cambio de ese a&ntilde;o. Pero un efecto colateral de tener una moneda sobrevaluada (un d&oacute;lar anormalmente barato) es que distorsiona el indicador de d&eacute;ficit corriente/ PIB pues convierte el d&eacute;ficit en d&oacute;lares a d&eacute;ficit en pesos a un tipo de cambio demasiado bajo. Ello contribuye a que las autoridades y los deudores del pa&iacute;s se conf&iacute;en, hasta que resulta demasiado tarde para poder efectuar un ajuste cambiario no recesivo. Con un tipo de cambio m&aacute;s sostenible que el de 1997, el d&eacute;ficit corriente de ese a&ntilde;o habr&iacute;a excedido el 7% del PIB.</p>     <p align="justify">Lo m&aacute;s peculiar del manejo de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica de 1998 y parte de 1999 es que, aunque hasta el distorsionado indicador de la raz&oacute;n d&eacute;ficit en cuenta corriente a PIB estaba advirtiendo que se requer&iacute;a un alza del tipo de cambio real al estilo del que se habr&iacute;a contemplado en los viejos programas de ajuste del FMI que estimulara las exportaciones y redujera las importaciones, la autoridad monetaria se empe&ntilde;&oacute; en calificar de especulativa la presi&oacute;n alcista sobre el d&oacute;lar y sobre el techo de la "banda cambiaria" que apareci&oacute; en 1998, cuando se redujo la entrada de capitales. Por ello se esforz&oacute; en evitarla o al menos obstaculizarla y posponerla mediante la reducci&oacute;n de la liquidez y una tremenda alza de las tasas de inter&eacute;s orientada a atraer capitales y desalentar su salida. Algunos directores del Banco de la Rep&uacute;blica y muchos analistas fueron m&aacute;s all&aacute;, y calificaron de absurda y destinada a fracasar cualquier pretensi&oacute;n de elevar el tipo de cambio real porque, dec&iacute;an, una devaluaci&oacute;n inducir&iacute;a un aumento proporcional de la inflaci&oacute;n, que se "comer&iacute;a" la competitividad cambiaria. La historia se encargar&iacute;a de mostrar cu&aacute;n equivocados estaban, pero lo importante para este libro de modelos te&oacute;ricos es que quien examine en el cap&iacute;tulo 5 el impacto de la devaluaci&oacute;n nominal, dE, sobre los precios, dP, se dar&aacute; cuenta de que, bajo condiciones normales, es absurdo decir que una devaluaci&oacute;n "inducir&aacute; un aumento proporcional de los precios". La experiencia colombiana ense&ntilde;a que tanto las devaluaciones como las revaluaciones nominales del peso tienen efectos muy limitados sobre los precios.</p>     <p align="justify">Es cierto que entre 1998 y 1999 las autoridades elevaron en varias ocasiones el "techo" de la banda cambiaria, para aliviar la presi&oacute;n cuando esta se hac&iacute;a insoportable, pero tambi&eacute;n lo es que la "defensa de la banda" entre una y otra modificaci&oacute;n de esta se hizo recurriendo a altas tasas de inter&eacute;s que le hicieron un gran da&ntilde;o a la econom&iacute;a. En el cuadro 2 (pp. 188-195) no mostramos las "tasas de intervenci&oacute;n" del Banco de la Rep&uacute;blica, que en algunas semanas de 1998, durante el per&iacute;odo m&aacute;s intenso de la "defensa de la banda", excedieron el 80 %, pero en la fila 55 se aprecia que la tasa de inter&eacute;s real promedio anual para los dep&oacute;sitos a 90 d&iacute;as salt&oacute; del 6,2% en 1997 al 15,5% en 1998, un aumento brutal, capaz de inducir una profunda depresi&oacute;n en cualquier pa&iacute;s. Tambi&eacute;n se muestra, en las filas 51 y 52, que de la org&iacute;a monetaria de los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada se pas&oacute; a un crecimiento de la oferta monetaria ampliada, M 3, muy inferior a la inflaci&oacute;n, esto es, se pas&oacute; a una pol&iacute;tica monetaria contractiva. Entre diciembre de 1997 y diciembre de 1999, M 3 apenas creci&oacute; un 15, 3 %, cuando los precios del PIB aumentaron un acumulado del 29,3% (fila 27 del cuadro 2, p. 190). La consecuencia fue que muchos deudores, que no lograron que la banca les renovara los cr&eacute;ditos, se vieron obligados a amortizar sus deudas con recursos propios, y a servir intereses exorbitantes, al tiempo que se contra&iacute;a la econom&iacute;a, con una brutal p&eacute;rdida de empleos y de ingresos. A poco andar, como era previsible, esos deudores "tiraron la toalla", dejando de pagar sus deudas y entregando a los bancos las garant&iacute;as (casas, maquinaria, etc.), lo que llev&oacute; a la crisis financiera de 1999-2001, que tuvo consecuencias de largo plazo sobre el crecimiento pues durante varios a&ntilde;os el cr&eacute;dito se retrajo mientras la banca curaba sus heridas y recuperaba la confianza.</p>     <p align="justify">En las filas 19 a 24 del cuadro 2 (pp. 189-190) se aprecia que casi todos los componentes del gasto agregado se contrajeron en 1998-1999. El consumo del Gobierno no cay&oacute; en ese per&iacute;odo, pero creci&oacute; mucho menos que en a&ntilde;os previos, porque el "extintor de incendios", el gasto keynesiano antic&iacute;clico, se hab&iacute;a usado en exceso entre 1992 y 1997. Recordemos que, aunque la demanda interna creci&oacute; vigorosamente entre 1992 y 1997, en ese per&iacute;odo se busc&oacute; compensar a punta de gasto p&uacute;blico y liquidez abundante los efectos depresivos de la explosi&oacute;n de importaciones. Como ya se se&ntilde;al&oacute;, debido a sus ramificaciones financieras la &uacute;nica recesi&oacute;n colombiana en casi siete d&eacute;cadas tuvo efectos prolongados, en t&eacute;rminos de lento crecimiento y aumento de la miseria durante varios a&ntilde;os. Basta se&ntilde;alar que el PIB de 2004 fue apenas un 10,9% mayor que el del 1997, lo que arroja un crecimiento medio anual de 1,5% entre 1997 y 2004, de lejos el m&aacute;s bajo de la historia colombiana para un per&iacute;odo de siete a&ntilde;os, y uno de los menores del mundo.</p>     <p align="justify">No hay duda, al menos para el autor de este libro, de que en 1998-1999 la autoridad monetaria, despu&eacute;s de haber sembrado durante la primera mitad de la d&eacute;cada la semilla de la crisis, al generar debilidades estructurales como la revaluaci&oacute;n real del peso, un gran d&eacute;ficit de balanza de pagos en cuenta corriente, el agotamiento tributario para financiar el "presupuesto balanceado" y un exceso de deuda de los individuos y las empresas, hizo exactamente lo necesario para desatar una crisis general. La Junta Directiva del Banco de la Rep&uacute;blica estaba bien intencionada, y hay que reconocer que no trat&oacute; de evitar por completo el ajuste cambiario, sino de moderarlo y posponerlo mediante sucesivas correcciones de la banda cambiaria; pero, debido a la prioridad que le conced&iacute;a a la baja de la inflaci&oacute;n y a su temor, justificado pero excesivo, de que una devaluaci&oacute;n s&uacute;bita hiciera subir los precios, y a su concepci&oacute;n "neocl&aacute;sica" del ajuste macroecon&oacute;mico, esto es, al supuesto de que el ajuste recesivo de la balanza de pagos ser&iacute;a r&aacute;pido y casi indoloro, hizo exactamente lo que los modelos keynesianos sugieren que deber&iacute;a hacer quien que se propusiera da&ntilde;ar la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">Sin embargo, es preciso reconocer que la recesi&oacute;n de 1998-1999 fue eficaz para reducir la inflaci&oacute;n: en la fila 33 del cuadro 2 (p. 191) se confirma que entre 1997, el &uacute;ltimo a&ntilde;o de crecimiento aceptable del PIB, y 2001 la inflaci&oacute;n del deflactor del PIB se redujo casi a la tercera parte, del 16,8% al 6,2%. La relaci&oacute;n entre la recesi&oacute;n y la reducci&oacute;n de la inflaci&oacute;n est&aacute; bien establecida en t&eacute;rminos estad&iacute;sticos y se ilustra en la <a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a> donde se muestra el crecimiento del PIB y la reducci&oacute;n anual, en puntos porcentuales, de la inflaci&oacute;n para consumidores. En nuestros modelos de est&aacute;tica comparativa, en lugar de baja de la inflaci&oacute;n hablar&iacute;amos de una reducci&oacute;n de los precios, y una baja ser&iacute;a uno de los resultados esperados de una ca&iacute;da de la demanda y la producci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="g6"></a>Gr&aacute;fica 6    <br> Crecimiento del PIB y reducci&oacute;n anual de la inflaci&oacute;n para consumidores    <br>  (Puntos Porcentuales)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g6.jpg"></p>     <p align="justify"><b>POL&Iacute;TICA DE ESTABILIZACI&Oacute;N Y REVALUACI&Oacute;N REAL</b></p>     <p align="justify">Desde septiembre de 1999, tras la desafortunada y fracasada "defensa del peso contra ataques especulativos" mediante altas tasas de inter&eacute;s, que produjo los resultados ya descritos, Colombia adopt&oacute; un r&eacute;gimen de tipo de cambio flotante, como el que discutimos en la secci&oacute;n 5, 5 del cap&iacute;tulo 5. Ello arroj&oacute; excelentes dividendos, sobre todo porque permiti&oacute; bajar a niveles razonables, y luego estabilizar, las tasas de inter&eacute;s, creando as&iacute; las condiciones para que la econom&iacute;a se recuperara. Pero el inconveniente del tipo de cambio flotante, en un mundo de flujos de capitales muy sensibles a los diferenciales de tasas de inter&eacute;s y a las vol&aacute;tiles expectativas de los mercados, es la inestabilidad cambiaria y el riesgo de que, si se combinan algunas circunstancias, se presente algo mucho m&aacute;s grave que la volatilidad: una prolongada ca&iacute;da del tipo de cambio real que, por no obedecer a una mejora de los fundamentos del pa&iacute;s, se convierta en fuente de problemas futuros.</p>     <p align="justify">La Tasa Representativa de Mercado, es decir, la cotizaci&oacute;n media del d&oacute;lar bancario en el d&iacute;a h&aacute;bil previo, subi&oacute; m&aacute;s del 30% entre febrero de 2002 y febrero de 2003, en un momento en que el mercado percib&iacute;a que el cr&eacute;dito externo se tornar&iacute;a escaso, pues exist&iacute;a mucha inquietud sobre el curso de Brasil. A partir de ese momento cambiaron las expectativas y el d&oacute;lar se desplom&oacute; m&aacute;s del 20% en t&eacute;rminos nominales en los siguientes 20 meses, y m&aacute;s del 25% en t&eacute;rminos reales. Aunque en muchos otros pa&iacute;ses la moneda nacional se apreci&oacute; frente al d&oacute;lar, hay una diferencia: en Colombia la abundancia de d&oacute;lares de 2004 no reflej&oacute; un super&aacute;vit de la balanza corriente, como s&iacute; lo hizo en Argentina, Brasil, Taiw&aacute;n y otros. Esto es, la fortaleza del peso no correspondi&oacute; a solidez real de la balanza de pagos, y mucho menos a buenas perspectivas cambiarias a mediano plazo. La fortaleza del peso reflej&oacute; una bonanza transitoria de exportaciones basada en altos precios de las no tradicionales y una recuperaci&oacute;n de las ventas a Venezuela, combinada con entradas netas de capitales debido a endeudamiento del gobierno y del sector privado. Todo ello con el agravante de que muchos de esos capitales eran de corto plazo.</p>     <p align="justify">En el cap&iacute;tulo 5 vimos que, bajo cambio flotante, con elasticidades del comercio exterior a los precios relativos que pueden ser muy bajas en el corto plazo, aun peque&ntilde;os flujos de capitales o peque&ntilde;os cambios en la balanza comercial pueden tener grandes efectos sobre el tipo de cambio. La inestabilidad de corto plazo de las monedas bajo reg&iacute;menes de flotaci&oacute;n es la norma m&aacute;s que la excepci&oacute;n, pero la historia mundial de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas muestra que esa inestabilidad est&aacute; lejos de representar un problema cr&iacute;tico para el desarrollo del comercio y la globalizaci&oacute;n. Una cosa muy distinta es un abaratamiento prolongado y excesivo del d&oacute;lar, que no refleje solidez aut&eacute;ntica de la balanza de pagos, sino entrada de capitales o accidentes de corto plazo del comercio externo.</p>     <p align="justify">La experiencia muestra que una revaluaci&oacute;n excesiva y prolongada de la moneda local puede tener altos costos a mediano plazo si es ocasionada por capitales especulativos. Ello es as&iacute; porque la entrada de esos capitales no s&oacute;lo refleja un aumento de los pasivos del pa&iacute;s con el resto del mundo sino que desestimula las exportaciones de bienes y servicios, esto es, la capacidad para generar d&oacute;lares en el futuro para atender tales pasivos, y aumenta la demanda de importaciones. Colombia ya tuvo esa experiencia negativa a comienzos de los noventa, y tambi&eacute;n a finales de los a&ntilde;os setenta, antes de la "crisis latinoamericana de la deuda externa". Incluso pa&iacute;ses que no han sufrido en carne propia experiencias similares, como China, le conceden gran importancia a la defensa de su "competitividad cambiaria". No se trata de concebir el tipo de cambio como "el instrumento" para ganar competitividad internacional, una cr&iacute;tica tan necia como frecuente a quienes consideran importante evitar ca&iacute;das excesivas del tipo de cambio real. La competitividad internacional se logra con educaci&oacute;n, tecnolog&iacute;a, infraestructura e innovaci&oacute;n, no a punta de devaluaciones, pero ello no autoriza a desconocer lo obvio: una p&eacute;rdida de competitividad cambiaria por un inadecuado manejo de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica es capaz de arruinar los esfuerzos mejor orientados en los otros frentes para alcanzar competitividad internacional.</p>     <p align="justify">Probar que el tipo de cambio real observado en un momento es inadecuado resulta casi imposible porque la pregunta que debe contestarse es de tipo prospectivo: &iquest;es razonable la situaci&oacute;n de cuenta corriente a la que ese tipo de cambio dar&aacute; lugar en el futuro, o implicar&aacute; un desequilibrio excesivo y, a la postre, insostenible? Los analistas responder&aacute;n de manera diferente esa pregunta dependiendo de sus expectativas sobre los precios y las exportaciones f&iacute;sicas de petr&oacute;leo, el costo de los intereses de la deuda externa, la capacidad de los exportadores no tradicionales y de quienes compiten con importaciones para sacrificar m&aacute;rgenes o elevar su productividad para compensar una p&eacute;rdida de competitividad cambiaria, y muchos otros factores. Pero supongamos que se ha llegado a un punto como el de finales del a&ntilde;o 2004 donde incluso los m&aacute;s optimistas sobre las perspectivas de la balanza de pagos aceptaban que un tipo de cambio real inferior al vigente en ese momento causar&iacute;a serios perjuicios a mediano plazo. &iquest;Qu&eacute; sugieren los modelos examinados en este libro sobre lo que puede hacerse para evitar que el tipo de cambio siga cayendo?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Lo m&aacute;s directo ser&iacute;a imponer un piso al d&oacute;lar, esto es, pasar a un tipo de cambio fijo m&iacute;nimo –aunque no necesariamente con un "techo" como bajo una banda cambiaria– donde el Banco de la Rep&uacute;blica compre el exceso de d&oacute;lares, obviamente con emisi&oacute;n. A algunos ese abandono o acotaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de flotaci&oacute;n, debido a la imposici&oacute;n de un piso al d&oacute;lar –aunque se deje flotar la moneda hacia arriba– les suena no s&oacute;lo inelegante sino casi pecaminoso. Pero una vez se acepta, como hacemos aqu&iacute;, por hip&oacute;tesis, que habr&iacute;a un desastre si la revaluaci&oacute;n real se acent&uacute;a, las consideraciones de elegancia de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica deben ceder a otras de m&aacute;s enjundia. &iquest;Hay un sacrificio m&aacute;s sustancioso que el de la elegancia cuando se acepta imponer un piso transitorio al d&oacute;lar?</p>     <p align="justify">A diferencia de lo que ocurre cuando se trata de imponer un techo al d&oacute;lar, cuando el banco central decide comprar d&oacute;lares no tropieza con un l&iacute;mite de recursos, pues no hay tope a la cantidad de dinero que un banco central puede emitir. Sin embargo, el modelo del cap&iacute;tulo 5 muestra que adquirir una suma importante de reservas para sustentar el d&oacute;lar puede implicar un gran aumento de la cantidad de dinero y que, si ello ocurre cuando el pa&iacute;s est&aacute; pr&oacute;ximo al pleno empleo, tendr&aacute; un gran efecto alcista sobre los precios. En ese caso acabar&iacute;a perdi&eacute;ndose la competitividad cambiaria que se intentaba defender, pero por una v&iacute;a peor que la ca&iacute;da del tipo de cambio nominal pues la inflaci&oacute;n –en nuestros modelos est&aacute;ticos, el aumento de los precios– puede causar otros da&ntilde;os. Sin embargo el modelo subraya que ello depender&aacute; de si la econom&iacute;a est&aacute; o no en pleno empleo o, como se dir&iacute;a en el mundo real, si est&aacute; creciendo a su ritmo de crecimiento potencial o por debajo de ese nivel. Tambi&eacute;n muestra que, incluso cuando se est&aacute; en pleno empleo, en principio la autoridad monetaria puede compensar el efecto monetario de la emisi&oacute;n para compra de reservas retirando de la circulaci&oacute;n el exceso de dinero, una operaci&oacute;n que se conoce como "esterilizaci&oacute;n monetaria". Para ello puede usar "encajes" que disminuyan la capacidad de expansi&oacute;n secundaria de la emisi&oacute;n primaria, o venta de t&iacute;tulos del portafolio del banco central, o de t&iacute;tulos del mismo banco central (incluyendo "dep&oacute;sitos" en el mismo) sin que para ello tenga que ofrecer mayores tasas de inter&eacute;s que las vigentes puesto que, por hip&oacute;tesis, la esterilizaci&oacute;n monetaria se requiere precisamente porque hay exceso de liquidez.</p>     <p align="justify">China y la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, que entre los a&ntilde;os 2000 y 2004 acumularon ingentes reservas internacionales, precisamente para evitar que sus monedas se apreciaran frente al d&oacute;lar, probaron ser capaces de "esterilizar" la mayor parte del efecto monetario de la compra de reservas sin elevar las tasas de inter&eacute;s. Colombia tambi&eacute;n oper&oacute; en esa direcci&oacute;n en el a&ntilde;o 2004, aunque su compra de reservas fue, como proporci&oacute;n de su PIB o de su comercio externo, menor que la de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos.</p>     <p align="justify">Una segunda v&iacute;a, complementaria m&aacute;s que alternativa a la compra de reservas para la sustentaci&oacute;n del d&oacute;lar, cuando parte de la presi&oacute;n bajista tiene que ver con entradas de capitales especulativos, es la reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s mediante la pol&iacute;tica monetaria. Nuestro modelo del cap&iacute;tulo 5 dice que los capitales especulativos responden al diferencial entre la tasa interna y externa ajustado por las expectativas de devaluaci&oacute;n. Una pol&iacute;tica del banco central de reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s –que, obviamente, exige elevar la oferta de liquidez para poder atender la demanda monetaria que surge a menores tasas– puede desalentar por partida doble los flujos de capitales. Por un lado, disminuye en forma directa el diferencial de tasas. Por otro lado, contribuye a generar expectativas racionales de salida de capitales en el futuro y, por ende, de futura reducci&oacute;n de la oferta de d&oacute;lares, lo que hace atractivo poner una mayor proporci&oacute;n del portafolio de inversi&oacute;n en d&oacute;lares.</p>     <p align="justify">La tercera v&iacute;a, como lo sugiere nuestro modelo te&oacute;rico, ser&iacute;a actuar directamente sobre el diferencial de las tasas de inter&eacute;s, pero no por la v&iacute;a de una reducci&oacute;n de la tasa de inter&eacute;s sino mediante la introducci&oacute;n de un impuesto sobre la diferencia, hasta reducir o eliminar el atractivo para traer capitales. En la literatura econ&oacute;mica esa clase de impuestos tiene una larga tradici&oacute;n te&oacute;rica desde que James Tobin los propusiera, para los capitales de muy corto plazo, hace cuatro d&eacute;cadas. En tiempos recientes su racionalidad ha sido defendida por economistas como Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Colombia y Chile los aplicaron durante la primera parte de los a&ntilde;os noventa, pero hoy muchos creen que las innovaciones financieras han hecho que esos instrumentos pierdan eficacia. Adem&aacute;s, las entidades multilaterales los miran con malos ojos. Para colmo, ese ser&iacute;a un punto de conflicto en un tratado de libre comercio con Estados Unidos, como el que Colombia estaba negociando en los a&ntilde;os 2004 y 2005, y al que la pol&iacute;tica oficial le asignaba absoluta prioridad.</p>     <p align="justify">Una cuarta v&iacute;a, a la que las entidades multilaterales y algunos funcionarios de bancos centrales suelen atribuirle gran importancia, es que el pa&iacute;s genere un super&aacute;vit fiscal –o al menos reduzca su d&eacute;ficit fiscal– de tal manera que pueda usar una mayor proporci&oacute;n de sus fondos p&uacute;blicos para efectuar pagos netos de deuda externa. En el modelo del cap&iacute;tulo 5 ello operar&iacute;a como una combinaci&oacute;n de aumento en los impuestos, T, o de reducci&oacute;n del gasto, G, m&aacute;s una salida equivalente de d&oacute;lares (esto es, una inversi&oacute;n de portafolio del gobierno en el exterior) por un monto igual, dF A = -dG. Ello aumentar&iacute;a la demanda de d&oacute;lares y, en el r&eacute;gimen de flotaci&oacute;n, har&iacute;a elevarse el valor del tipo de cambio E. Pero cabe se&ntilde;alar que un movimiento fiscal de ese tipo desplazar&iacute;a hacia la izquierda la curva IS y, aunque el banco central compensara los efectos monetarios depresivos, tendr&iacute;a efectos mucho m&aacute;s complejos que el simple resultado cambiario que se buscaba alcanzar. La mayor&iacute;a de las recomendaciones de que se use en forma exclusiva la v&iacute;a fiscal para defender la competitividad cambiaria son de un simplismo pasmoso desde su punto de partida, que insiste en atribuirle al d&eacute;ficit fiscal la apreciaci&oacute;n de la moneda local, cosa que s&oacute;lo puede ocurrir bajo condiciones muy especiales, incluyendo el financiamiento externo de gran parte del d&eacute;ficit. En cualquier caso, aun cuando la v&iacute;a fiscal para defender la competitividad cambiaria est&eacute; abierta y sea racional usarla (dos condiciones que no siempre se cumplen), esa v&iacute;a no tiene por qu&eacute; entrar en conflicto con el uso de instrumentos complementarios para la defensa del tipo de cambio real, como la compra de reservas por el banco central o la reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s.</p>     <p align="justify">Infortunadamente, cuando el banco central le asigna poca importancia a la defensa de la competitividad cambiaria, y m&aacute;xima importancia a la reducci&oacute;n de la inflaci&oacute;n, puede ocurrir que, pese al riesgo de p&eacute;rdida cr&iacute;tica de competitividad, decida, contra las conveniencias del pa&iacute;s en el largo plazo, subir las tasas de inter&eacute;s para bajar la inflaci&oacute;n, as&iacute; ese manejo de las tasas de inter&eacute;s eche m&aacute;s le&ntilde;a en la hoguera de la revaluaci&oacute;n. En opini&oacute;n del autor de estas notas, muchas crisis de balanza de pagos suelen ser el resultado no s&oacute;lo de pol&iacute;ticas fiscales irresponsables sino de decisiones ortodoxas y bien intencionadas de los bancos centrales, que elevan las tasas de inter&eacute;s tratando de propiciar una reducci&oacute;n de la inflaci&oacute;n, pero s&oacute;lo logran atraer capitales especulativos e inducir revaluaciones reales. Lo malo es que los perniciosos efectos de esas pol&iacute;ticas sobre la balanza de pagos en cuenta corriente s&oacute;lo se hacen evidentes a&ntilde;os despu&eacute;s. Tampoco es raro que, despu&eacute;s de que durante a&ntilde;os un banco central siembra la semilla de una futura crisis de balanza de pagos y deuda externa al propiciar una revaluaci&oacute;n de la moneda local, una vez se inicia la correcci&oacute;n del mercado cambiario la misma autoridad cambiaria intente evitarla o reducirla para que la devaluaci&oacute;n no complique el logro de sus metas de inflaci&oacute;n. Ambas cosas, complacencia con la revaluaci&oacute;n y, luego, propensi&oacute;n a frenar el ajuste mediante alzas de las tasas de inter&eacute;s y uso de las reservas internacionales, se observaron en Colombia entre 1991 y 1998. Al autor de este libro no le extra&ntilde;ar&iacute;a que volvieran a observarse en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.</p>     <p align="justify"><b>DOLARIZACI&Oacute;N Y AJUSTE: ARGENTINA Y ECUADOR</b></p>     <p align="justify">En marzo de 1991 Argentina adopt&oacute; el r&eacute;gimen de "convertibilidad", nombre dado en ese pa&iacute;s a lo que en la literatura econ&oacute;mica en espa&ntilde;ol se conoce como "caja de conversi&oacute;n" y en ingl&eacute;s se denomina <i>currency board</i>, que comentamos al final del cap&iacute;tulo 4: por ley se fija el precio del d&oacute;lar en la moneda local y se establece que el banco central comprar&aacute; todos los d&oacute;lares que le ofrezcan y vender&aacute; todos los d&oacute;lares que le demanden a ese tipo de cambio, y que la &uacute;nica fuente de emisi&oacute;n monetaria ser&aacute; el aumento de las reservas internacionales del pa&iacute;s. En Argentina la adopci&oacute;n de ese r&eacute;gimen extremo fue una medida de &uacute;ltima instancia para recuperar la credibilidad en la moneda nacional, que era casi inexistente tras muchos a&ntilde;os de abusos monetarios e hiperinflaciones. Con la convertibilidad se elimin&oacute; la discrecionalidad del banco central en materia de emisi&oacute;n.</p>     <p align="justify">La disciplina monetaria, m&aacute;s el potente efecto sicol&oacute;gico de la garant&iacute;a de poder comprar y vender libremente los d&oacute;lares a un tipo de cambio fijo e inamovible por ley, tuvieron &eacute;xito en eliminar la tradicional hiperinflaci&oacute;n argentina de las d&eacute;cadas previas. En la superficie las cosas funcionaron maravillosamente durante varios a&ntilde;os. En buena parte mediante uso de endeudamiento externo barato por parte del sector privado y del Gobierno, el consumo y la inversi&oacute;n crecieron mucho entre 1992 y 1997, coincidiendo con una inflaci&oacute;n nula e incluso negativa. Pero, con ese tipo de cambio fijo extremo, Argentina experiment&oacute; crecientes dificultades cuando entr&oacute; en una recesi&oacute;n, a partir de 1998, que coincidi&oacute; con un d&eacute;ficit cada vez mayor de su balanza de pagos en cuenta corriente y dificultades para financiarlo a pesar de estar pagando tasas de inter&eacute;s cada vez m&aacute;s elevadas, y al final tasas "de tarjeta de cr&eacute;dito" para atraer capitales. En 2001, en una medida desesperada para evitar que la poblaci&oacute;n retirara masivamente sus dep&oacute;sitos de la banca para pasarse a d&oacute;lares y sacarlos del pa&iacute;s –pues todo el mundo ol&iacute;a la crisis inminente de la convertibilidad y del sistema bancario–, el Gobierno estableci&oacute; el llamado "corralito", que congel&oacute; arbitrariamente los dep&oacute;sitos en el sistema bancario. Al cierre de 2001, despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os de recesi&oacute;n y de esos y otros recursos desesperados para mantener la convertibilidad, Argentina decidi&oacute; dejar flotar su moneda. No fue una decisi&oacute;n de "optimizaci&oacute;n", fr&iacute;amente calculada: simplemente el agotamiento de las reservas internacionales del banco central hizo imposible seguir honrando el compromiso de la convertibilidad, esto es, seguir vendiendo al tipo de cambio fijo de un peso argentino por d&oacute;lar todos los d&oacute;lares que el mercado demandara. Sin embargo, antes de abandonar la convertibilidad el banco central malvendi&oacute; buena parte de las reservas de la Naci&oacute;n que estaba encargado de custodiar. En diciembre del 2001 Argentina se declar&oacute; en cesaci&oacute;n de pagos de su deuda externa. Hasta poco antes del colapso cambiario esa deuda se calculaba como el 55% del PIB porque se convert&iacute;a a un tipo de cambio ilusorio de un peso argentino por d&oacute;lar, pero era el triple de ese nivel, una vez se valoraba a un tipo de cambio realista. En 2002 el pa&iacute;s sufri&oacute; una brutal devaluaci&oacute;n y una profunda recesi&oacute;n. Sin embargo, como me hizo notar Jos&eacute; Antonio Ocampo en una nota que me remiti&oacute; con el pr&oacute;logo a este libro,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">&#91;…&#93; la mayor parte de la ca&iacute;da se dio durante el segundo semestre del 2001, acompa&ntilde;ando la reducci&oacute;n de dep&oacute;sitos bancarios que termin&oacute; en el famoso corralito. En otras palabras, la mayor parte de la ca&iacute;da se dio durante la fase de crisis final de la convertibilidad, no como resultado de la devaluaci&oacute;n. De hecho, despu&eacute;s de una peque&ntilde;a ca&iacute;da adicional (que pudo haber sido arrastre de la crisis previa, incluido el corralito) la ca&iacute;da de la actividad econ&oacute;mica se fren&oacute; en el primer trimestre del 2002.</p> </blockquote>    <p align="justify">Desde mediados de 2002 Argentina volvi&oacute; a crecer con fuerza, y en 2004 ya era uno de los pa&iacute;ses de mayor crecimiento mundial, con una s&oacute;lida balanza de pagos y una situaci&oacute;n fiscal igualmente s&oacute;lida. Su gran super&aacute;vit de cuenta corriente y la confianza en el pa&iacute;s generaron en el primer semestre de 2005 presiones a la apreciaci&oacute;n del peso que las autoridades neutralizaron mediante compras de reservas y bajas tasas de inter&eacute;s pues ten&iacute;an muy frescas las ense&ntilde;anzas de la crisis previa. En la <a href="#g7">gr&aacute;fica 7</a> se muestra la evoluci&oacute;n del PIB trimestral de Argentina a precios constantes, que permite apreciar la recesi&oacute;n en los a&ntilde;os finales de la convertibilidad, la depresi&oacute;n en el a&ntilde;o del "corralito", en v&iacute;speras de la flotaci&oacute;n, y la r&aacute;pida recuperaci&oacute;n posterior.</p>     <p align="justify">No es del caso entrar en los muchos aspectos interesantes de la evoluci&oacute;n argentina bajo la convertibilidad y la posterior "flotaci&oacute;n sucia", sino subrayar que los modelos desarrollados en los cap&iacute;tulos 4 y 5 de este libro, correspondientes al "modelo cl&aacute;sico de econom&iacute;a abierta" y a los "modelos keynesianos de econom&iacute;a abierta con tipo de cambio fijo y con tipo de cambio flotante", facilitan la comprensi&oacute;n de la evoluci&oacute;n argentina. Puede decirse que, durante la d&eacute;cada de 1990, bajo la influencia de una poderosa corriente de pensamiento neocl&aacute;sico que contaba con el apoyo de las entidades multilaterales, Argentina adopt&oacute; lo m&aacute;s parecido al esquema de pol&iacute;tica econ&oacute;mica sugerido por el modelo cl&aacute;sico del cap&iacute;tulo 4, y renunci&oacute; a toda pol&iacute;tica monetaria y cambiaria. Pero la situaci&oacute;n objetiva del pa&iacute;s no era la del modelo cl&aacute;sico, con flexibilidad de los salarios y pleno empleo garantizado por esa flexibilidad, sino la de una econom&iacute;a "keynesiana" donde la demanda agregada juega un papel crucial y las recesiones distan de corregirse en forma r&aacute;pida y autom&aacute;tica. Por tanto, las consecuencias finales fueron las que se podr&iacute;an esperar del modelo keynesiano con tipo de cambio fijo, tras una terca insistencia en mantener, durante a&ntilde;os, a punta de excesivo endeudamiento externo, una moneda sobrevaluada.</p>     <p align="justify"><a name="g7"></a>Gr&aacute;fica 7    <br> La crisis de la convertibilidad argentina    <br> (PIB de Argentina, millones de pesos argentinos de 1993)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v11n20/v11n20a15g7.jpg"></p>     <p align="justify">En un comienzo la adopci&oacute;n de la convertibilidad –"un peso argentino es igual a un d&oacute;lar y lo ser&aacute; siempre pues el banco central garantiza que vender&aacute; todos los d&oacute;lares que le demanden a ese precio"– logr&oacute; generar confianza entre los inversionistas, y esa confianza dur&oacute; hasta pocos a&ntilde;os antes del dram&aacute;tico final. La inversi&oacute;n externa, tanto directa como financiera, fluy&oacute; masivamente a Argentina, y durante la mayor parte de los noventa el pa&iacute;s vivi&oacute; una bonanza de crecimiento e inversi&oacute;n, con estabilidad de precios, cuya contrapartida fue un gran aumento de los pasivos externos del pa&iacute;s, incluyendo deuda externa expl&iacute;cita e inversiones extranjeras. Los argentinos, incluyendo al gobierno y el sector privado, se endeudaron con el resto del mundo hasta mucho m&aacute;s arriba de la coronilla, y no s&oacute;lo para invertir sino para financiar consumo.</p>     <p align="justify">En 1998, cuando ya era evidente que Argentina se hab&iacute;a endeudado m&aacute;s de lo razonable, surgi&oacute; la crisis asi&aacute;tica que, aunque fue r&aacute;pidamente superada, gener&oacute; nerviosismo en los mercados de capitales sobre el futuro de los pa&iacute;ses emergentes y llev&oacute; a muchos inversionistas a retirarse de esos mercados o a exigir que les pagaran por sus fondos tasas de inter&eacute;s exorbitantes. Lo interesante es que, a pesar de toda la ideolog&iacute;a sobre la "irrelevancia del modelo keynesiano", nadie en Argentina estaba dispuesto a jugar con las reglas estrictas de una "caja de conversi&oacute;n". Tales reglas exig&iacute;an que, en respuesta a la reducci&oacute;n del financiamiento externo, la oferta monetaria se contrajera e indujera una deflaci&oacute;n lo bastante profunda y prolongada para restablecer el equilibrio de la balanza de pagos. Lo que se hizo fue muy distinto. Para evitar que los capitales externos que hab&iacute;an alimentado la bonanza salieran volando y se contrajera la oferta monetaria, las autoridades decidieron buscar cr&eacute;dito a la desesperada, aceptando pagar tasas de inter&eacute;s cada vez m&aacute;s onerosas, del 15% o m&aacute;s en d&oacute;lares, y echaron a rodar una bola de nieve: aumentos cada vez mayores de la deuda externa para poder financiar pagos de intereses cada vez m&aacute;s altos. Para colmo, Brasil, su principal socio comercial, devalu&oacute; fuertemente el real brasile&ntilde;o en 1999, con lo cual el d&eacute;ficit comercial argentino explot&oacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Debe recalcarse que, si de verdad Argentina hubiera vivido bajo condiciones como las del "modelo cl&aacute;sico", con flexibilidad de salarios, como suger&iacute;an los ide&oacute;logos dom&eacute;sticos de la convertibilidad, contando para ello con el apoyo conceptual de las entidades multilaterales, la soluci&oacute;n del problema creado por una escasez temporal de financiamiento externo habr&iacute;a sido permitir una contracci&oacute;n monetaria que llevara a una ca&iacute;da de los precios y los salarios nominales hasta recuperar la competitividad internacional, sin efectos adversos duraderos sobre el empleo. Pero una cosa es la ideolog&iacute;a y otra la pr&aacute;ctica de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. En medio de una crisis ni los ide&oacute;logos m&aacute;s obstinados pueden ser completamente ciegos, as&iacute; contin&uacute;en siendo fatalmente miopes. Debido al aumento de las tasas de inter&eacute;s para retener capitales, y a la reducci&oacute;n de la demanda externa neta, Argentina ya estaba sufriendo una recesi&oacute;n en 1998-2001. Si en esas circunstancias hubiera permitido que, adem&aacute;s, los medios de pago se contrajeran, para jugar con las reglas del modelo cl&aacute;sico, cuando la econom&iacute;a en realidad ten&iacute;a una estructura "keynesiana" donde la demanda agregada juega un gran papel en la determinaci&oacute;n del producto y el empleo, la recesi&oacute;n se habr&iacute;a convertido r&aacute;pidamente en una depresi&oacute;n que habr&iacute;a acabado con el Gobierno. Ello explica que las autoridades, aunque mantuvieron el tipo de cambio fijo hasta que les fue imposible perder m&aacute;s reservas, intentaran paliar la recesi&oacute;n manteniendo el gasto p&uacute;blico a punta de endeudamiento externo, que elevaran cada vez m&aacute;s las tasas de inter&eacute;s para atraer capitales y que establecieran, como &uacute;ltimo recurso, el "corralito" bancario.</p>     <p align="justify">Con tales mecanismos Argentina evit&oacute; caer de manera inmediata en la depresi&oacute;n pero entr&oacute; en una recesi&oacute;n sin esperanzas y sigui&oacute; acumulando cada vez mayores debilidades: m&aacute;s deuda externa privada y p&uacute;blica y mayor d&eacute;ficit de la cuenta corriente. Adem&aacute;s, se hizo cada vez m&aacute;s claro que un colapso era inevitable, a pesar de los grandes intereses en negar lo evidente, y de toda la cuerda que el FMI le dio al pa&iacute;s para que se ahorcara, en la forma de cr&eacute;ditos que le permitieron diferir el ajuste mientras empeoraba la situaci&oacute;n. A mediados de 2001 la inminencia del desenlace (el abandono de la convertibilidad y una megadevaluaci&oacute;n del peso argentino) estaba de bulto para cualquier observador objetivo, como en su momento lo se&ntilde;al&oacute; en varios art&iacute;culos el autor de este libro. Durante su &uacute;ltimo a&ntilde;o la "convertibilidad" s&oacute;lo sirvi&oacute; para que las reservas del banco central de Argentina fueran saqueadas con la complicidad de las autoridades, pues continuaron siendo vendidas a muchos vivos a la absurda tasa de cambio de un peso argentino por d&oacute;lar. Pocos meses despu&eacute;s, una vez flot&oacute; la moneda, el precio del d&oacute;lar superar&iacute;a tres pesos argentinos.</p>     <p align="justify">Subrayo que la raz&oacute;n &uacute;ltima del abandono de la convertibilidad al final de 2001 fue la imposibilidad de sostenerla. La breve depresi&oacute;n argentina de comienzos de 2002, en la etapa inicial de la flotaci&oacute;n, result&oacute; en parte del "arrastre" de la depresi&oacute;n creada en 2001, cuando se intentaba defender la convertibilidad mediante la desesperada medida del "corralito bancario", y en parte del inevitable trauma de la cirug&iacute;a requerida para salvar al paciente. A su vez el incumplimiento de pagos de ese pa&iacute;s, y su posterior exigencia de una condonaci&oacute;n del 70% de la deuda externa con el sector privado (que en 2005 logr&oacute;, mediante acuerdo mayoritario con sus acreedores), fueron la consecuencia de haberse endeudado en exceso durante los a&ntilde;os alegres de la primera etapa de la convertibilidad, y a tasas de usura durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando el Gobierno trataba de posponer el inevitable final.</p>     <p align="justify">Una cosa buena de la profundidad de la crisis argentina es que hizo desaparecer las recomendaciones de muchos ide&oacute;logos para que los pa&iacute;ses latinoamericanos adoptaran sistemas similares al de la convertibilidad, que pocos a&ntilde;os antes se presentaba como el "modelo salvador" para Colombia y otros pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Un pa&iacute;s latinoamericano que adopt&oacute; un esquema cambiario a&uacute;n m&aacute;s extremo que el de la convertibilidad fue Ecuador, que al inicio del a&ntilde;o 2000 desech&oacute; su antigua moneda, el sucre, y adopt&oacute; la moneda de Estados Unidos, el d&oacute;lar, sobre la cual obviamente carece por completo de control. La decisi&oacute;n se tom&oacute; en medio de una profunda crisis econ&oacute;mica, causada precisamente por haber vivido durante a&ntilde;os con una moneda sobrevaluada y haber financiado d&eacute;ficit crecientes de la cuenta corriente y del fisco nacional con deuda externa. A la dolarizaci&oacute;n no lleg&oacute; Ecuador por una supuesta decisi&oacute;n de optimizaci&oacute;n sino porque el sucre hab&iacute;a perdido toda credibilidad tras la megadevaluaci&oacute;n de 1999, cuando el precio del d&oacute;lar en sucres salt&oacute; m&aacute;s del 191% una vez los capitales dejaron de llegar para financiar un d&eacute;ficit corriente gigantesco. En 1998 ese d&eacute;ficit se estimaba en un 8,6% del PIB, convirtiendo a sucres el valor en d&oacute;lares del d&eacute;ficit en d&oacute;lares con un tipo de cambio claramente inadecuado de 6.780 sucres por d&oacute;lar, cuando al final de 1999 el tipo de cambio alcanzar&iacute;a 19.754 sucres por d&oacute;lar, y cuando se adopt&oacute; la dolarizaci&oacute;n la conversi&oacute;n se hizo a 25.000 sucres por d&oacute;lar. Si el d&eacute;ficit corriente de 1998 se hubiera convertido a sucres usando un tipo de cambio menos distorsionado que el de ese a&ntilde;o, su relaci&oacute;n con el PIB habr&iacute;a sido al menos del 15 %, m&aacute;s del triple de lo que las convenciones financieras internacionales consideran peligroso.</p>     <p align="justify">Como en Argentina, la deuda externa de Ecuador, antes de la crisis, era aplastante, pero ello tambi&eacute;n quedaba oscurecido por el uso de un tipo de cambio inadecuado para convertir esa deuda a sucres. Usando el tipo de cambio distorsionado de 1998 la deuda externa se calculaba en dicho a&ntilde;o en un 61,8% del PIB. Con un tipo de cambio m&aacute;s realista ese coeficiente habr&iacute;a alcanzado al menos el 100%. Ello implica que, incluso con tasas de inter&eacute;s reales moderadas sobre esa deuda, digamos del 6% anual, el pago de los intereses se habr&iacute;a comido cada a&ntilde;o todo el crecimiento del PIB m&aacute;s un buen pico. Pero, igual que Argentina, en los a&ntilde;os previos a su crisis cambiaria Ecuador hab&iacute;a comenzado a pagar tasas de inter&eacute;s de usura porque el Gobierno trataba de atraer capitales dispuestos a correr los riesgos cada vez m&aacute;s evidentes de un pa&iacute;s con gran rezago cambiario. Y, como Argentina, una vez dej&oacute; de contar con suficiente financiamiento externo, pues hasta los capitales m&aacute;s aventureros prefirieron abstenerse, Ecuador entr&oacute; en cesaci&oacute;n de pagos y procedi&oacute; a reestructurar su deuda externa. El pa&iacute;s logr&oacute; una rebaja del orden del 36% sobre la deuda externa distinta de la deuda con entidades multilaterales. Una raz&oacute;n por la que la rebaja fue mucho menor para Ecuador que para Argentina es que, una vez Ecuador adopt&oacute; la dolarizaci&oacute;n, y renunci&oacute; al uso del instrumento cambiario para equilibrar su balanza de pagos, no pod&iacute;a permitirse adoptar una actitud dura frente a los capitales externos.</p>     <p align="justify">La adopci&oacute;n del d&oacute;lar como moneda del pa&iacute;s puso a Ecuador en una situaci&oacute;n que tiene muchas similitudes con la de Argentina bajo la convertibilidad, pero es m&aacute;s extrema: ya no se trata de que los medios de pago s&oacute;lo puedan crecer en proporci&oacute;n a las reservas internacionales sino de que la moneda del pa&iacute;s es el d&oacute;lar de Estados Unidos, el cual, obviamente, no puede ser emitido por Ecuador. Mientras la balanza de pagos sea superavitaria, la liquidez ser&aacute; suficiente e incluso abundante; pero si la balanza de pagos se torna deficitaria, la cantidad de dinero se reducir&aacute; a menos que se tomen medidas como aumentos de las tasas de inter&eacute;s, eventualmente a niveles exorbitantes, para atraer capitales y evitar que falte el circulante y el pa&iacute;s caiga en una depresi&oacute;n. Y ya se sabe que al final de cuentas ni siquiera tasas de inter&eacute;s de usura logran atraer capitales suficientes. Por otro lado, el Ecuador dolarizado carece de toda posibilidad de recurrir a una devaluaci&oacute;n para alterar la relaci&oacute;n de los precios de las importaciones y las exportaciones a los precios locales y corregir por esa v&iacute;a un d&eacute;ficit comercial. Si, por ejemplo, el precio del petr&oacute;leo cayera profundamente y se generara un gran d&eacute;ficit corriente de balanza de pagos, con su consecuencia de una severa contracci&oacute;n de la liquidez (d&oacute;lares) y efectos depresivos, no habr&iacute;a ninguna posibilidad de que mediante una devaluaci&oacute;n se encarecieran las importaciones y se estimularan las exportaciones no petroleras para restablecer el equilibrio macroecon&oacute;mico. El ajuste tendr&iacute;a lugar exclusivamente por la v&iacute;a de una contracci&oacute;n de la producci&oacute;n, que redujera las importaciones. En resumen, tras la dolarizaci&oacute;n Ecuador carece de la posibilidad de ejecutar pol&iacute;ticas monetarias o cambiarias como las que nuestros modelos del cap&iacute;tulo 5 sugieren para suavizar una recesi&oacute;n inducida por accidentes externos.</p>     <p align="justify">La dolarizaci&oacute;n funcion&oacute; bien entre los a&ntilde;os 2000 y 2004 y puede seguir funcionando mientras Ecuador disfrute de un super&aacute;vit de balanza de pagos, ya sea por la cuenta corriente –como en 2003 y 2004, gracias a los excelentes precios del petr&oacute;leo y el aumento de las exportaciones f&iacute;sicas de crudo– o por ingresos de capitales dispuestos a llegar sin exigir rendimientos exorbitantes. Pero el punto de inter&eacute;s para este libro es si la estructura de la econom&iacute;a ecuatoriana queda mejor caracterizada por un "modelo cl&aacute;sico" donde la flexibilidad de los salarios garantiza el pleno empleo y el equilibrio de la balanza de pagos, a lo sumo con per&iacute;odos de desempleo cortos mientras la econom&iacute;a se ajusta a una perturbaci&oacute;n, o si sus condiciones se parecen m&aacute;s a las de una econom&iacute;a "keynesiana", donde una eventual ca&iacute;da de la demanda agregada o de los ingresos por exportaciones, por una perturbaci&oacute;n cualquiera, precipitar&iacute;a una recesi&oacute;n prolongada, y donde la dolarizaci&oacute;n dej&oacute; al pa&iacute;s sin instrumentos para atenuar esa recesi&oacute;n. Son muchas las fuentes de perturbaci&oacute;n posibles: ca&iacute;das del precio del petr&oacute;leo, devaluaciones en otros pa&iacute;ses, remezones pol&iacute;ticos, etc. Este libro no es de prospectiva econ&oacute;mica, pero su autor se inclina a creer que, as&iacute; como la evoluci&oacute;n argentina aport&oacute; mucha luz al debate sobre la relevancia de los modelos te&oacute;ricos para el mundo real, el futuro ecuatoriano aportar&aacute; &uacute;tiles referencias adicionales.</p></font>      ]]></body>
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