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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>EDITORIAL</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>A veces se debate si la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> se ha apartado del sendero que indicar&iacute;a su nombre al publicar contribuciones que pertenecen a campos especializados de la disciplina. De hecho, desde 2008 una parte significativa de nuestras p&aacute;ginas se ha consagrado a debatir las causas, los mecanismos y las secuelas de la crisis financiera internacional, con &eacute;nfasis en sus aspectos macroecon&oacute;micos.</p>     <p>Este n&uacute;mero de la <i>Revista</i> mantiene esa tendencia. Los primeros cuatro art&iacute;culos de fondo son an&aacute;lisis de economistas extranjeros sobre el por qu&eacute; de la crisis actual y de las respuestas de pol&iacute;tica en los centros financieros m&aacute;s golpeados por la crisis.</p>     <p>&iquest;Implica eso perder de vista la importancia de lo institucional en la disciplina econ&oacute;mica? El cuerpo editorial de la <i>Revista</i> no lo piensa as&iacute;. El inter&eacute;s en las instituciones no es una heterodoxia que deba atrincherarse para resistir los embates de la corriente principal sino un elemento esencial de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Y eso implica entender que el funcionamiento de los mercados no es independiente de las instituciones en que se fundan y que les sirven de marco. Los cuatro art&iacute;culos mencionados tienen un argumento com&uacute;n: para que la teor&iacute;a macroecon&oacute;mica recupere algo de su capacidad explicativa, debe volverse m&aacute;s institucional, especialmente en lo que concierne a la regulaci&oacute;n financiera.</p>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     <p>El periodista brit&aacute;nico John Cassidy, de la revista <i>The New Yorker</i>, public&oacute; el a&ntilde;o pasado una cr&oacute;nica sobre el impacto de la crisis en el pensamiento de algunos de los profesores m&aacute;s destacados de las escuelas de econom&iacute;a y de administraci&oacute;n de empresas de la Universidad de Chicago. El eje de su indagaci&oacute;n fue la vigencia de las hip&oacute;tesis de las expectativas racionales y de los mercados eficientes. Las entrevistas que llev&oacute; a cabo ilustran dos tipos de temperamento y mentalidad. Algunos, a la manera del erizo de Arqu&iacute;loco que s&oacute;lo sabe una gran cosa, parecen afirmar que la crisis no afecta para nada el s&oacute;lido edificio de la teor&iacute;a econ&oacute;mica y que en el peor de los casos s&oacute;lo demuestra la existencia de hechos que ninguna teor&iacute;a podr&iacute;a predecir.</p>     <p>Por ejemplo, dice Eugene Fama:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>No s&eacute; qu&eacute; quiera decir una burbuja crediticia. Ni siquiera s&eacute; qu&eacute; que quiera decir una burbuja. Estas palabras se volvieron populares. No creo que tengan significado alguno [...] En cualquier momento los precios subieron y bajaron; me imagino que eso es lo que llaman una burbuja. La gente se ha vuelto totalmente chapucera.</p> </blockquote>     <p>Su colega James Heckman tiene una posici&oacute;n algo m&aacute;s matizada, aunque aferrada a la noci&oacute;n de que los mercados s&iacute; funcionaron bien. Refiri&eacute;ndose a los or&iacute;genes de la crisis, &eacute;l dice:</p>     <blockquote>       <p>Sin embargo, el mercado estaba enviando las se&ntilde;ales correctas. Muchos ganaron mucho dinero: los “traders” [...] Result&oacute; que no era socialmente &oacute;ptimo, pero &eacute;se es otro problema [...] Mire, yo podr&iacute;a subsidiar el asesinato de ni&ntilde;os y si ofreciera suficiente dinero no creo que fuera dif&iacute;cil encontrar una oferta copiosa de asesinos.</p> </blockquote>     <p>Heckman hace algunos reparos sobre el uso de la teor&iacute;a, m&aacute;s que sobre su validez:</p>     <blockquote>       <p>Personas como Greenspan utilizaban una forma muy burda y extrema de la hip&oacute;tesis de mercados eficientes y dec&iacute;an que esto justificaba no regular los mercados. Era el uso ret&oacute;rico de la hip&oacute;tesis de mercados eficientes para justificar pol&iacute;ticas.</p> </blockquote>     <p>Sobre la hip&oacute;tesis de expectativas racionales, a&ntilde;ade:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lucas es una persona muy sutil y su inter&eacute;s principal es la teor&iacute;a. No hace muchas afirmaciones emp&iacute;ricas. No creo que Bob [Lucas] se haya dejado llevar, pero algunos de sus disc&iacute;pulos s&iacute;. Cuanto m&aacute;s baja uno en la cadena alimentaria, m&aacute;s predominan los fan&aacute;ticos.</p> </blockquote>     <p>En &uacute;ltimas, la posici&oacute;n es de principio, existan o no las burbujas. En palabras de Gary Becker:</p>     <blockquote>       <p>Lo que siempre aprend&iacute; y ense&ntilde;&eacute; como el punto de vista de Chicago es que los mercados hacen un buen trabajo. Estos no son perfectos, pero los gobiernos hacen un peor trabajo [...] Apoy&eacute; la invasi&oacute;n de Irak. En retrospecci&oacute;n, creo que fue un error, no s&oacute;lo porque las cosas no salieron muy bien, sino porque no tuve suficientemente en cuenta que los gobiernos no gestionan bien las cosas.</p> </blockquote>     <p>Otros acad&eacute;micos de Chicago pertenecen a la segunda categor&iacute;a de Arqu&iacute;loco, la del zorro que sabe muchas cosas. Dicho de otra manera, del que es capaz de aprender. Saber aprender implica tener conciencia de los l&iacute;mites del conocimiento propio y capacidad para criticar las fracturas del sistema. En tal sentido Raghuram Rajan se&ntilde;al&oacute;:</p>     <blockquote>       <p>La falla de la profesi&oacute;n macroecon&oacute;mica no fue tanto el supuesto de expectativas racionales, que es un artefacto conveniente y &uacute;til. Fue hacer caso omiso de la fontaner&iacute;a. Los economistas se dieron el lujo de hacerlo por mucho tiempo porque la fontaner&iacute;a no se taponaba. Ahora que eso ha pasado, uno halla que en realidad los cr&eacute;ditos no se hacen en un mercado puro y pr&iacute;stino. Las cosas pueden descomponerse. Puede haber restricciones de cantidad, cuando nadie est&aacute; dispuesto a prestarle a nadie sin que importe el precio.</p> </blockquote>     <p>En parte, el problema es el supuesto fundamental de la racionalidad de los agentes del mercado. Como se&ntilde;ala Richard Thaler:</p>     <blockquote>       <p>Los presidentes de las empresas financieras claramente no entend&iacute;an lo que hac&iacute;an sus “traders”. Es lo que llamo el problema del “principal bruto”. Haga la lista: AIG, Citigroup, Bear Stearns, Lehman Brothers. Estas compa&ntilde;&iacute;as fueron destruidas o devastadas por una peque&ntilde;a parte de cada firma que se desboc&oacute; y puso en riesgo a la firma en su conjunto. Quienes estaban a cargo eran codiciosos, est&uacute;pidos o, posiblemente, ambas cosas.</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Thaler menciona de manera expl&iacute;cita la posibilidad de que la profesi&oacute;n aprenda a ra&iacute;z de la crisis. Parad&oacute;jicamente, pone como ejemplo a uno de los integrantes de la escuela de Chicago de mayor edad:</p>     <blockquote>       <p>[Richard] Posner va contra el grano. &Eacute;l quiz&aacute; sea el contraejemplo de la teor&iacute;a de que nadie aprende nada.</p> </blockquote>     <p>&Eacute;ste &uacute;ltimo, a su vez, muestra con suma claridad el papel esencial de las instituciones en la necesaria reconstrucci&oacute;n de la teor&iacute;a econ&oacute;mica:</p>     <blockquote>       <p>Creo que hay que preguntarnos si la econom&iacute;a moderna, incluyendo a la econom&iacute;a de Chicago, es demasiado formal y abstracta. Otra pregunta que debemos hacernos es si los economistas modernos han perdido el inter&eacute;s o la sensibilidad por detalles institucionales que pueden ser muy importantes. No s&eacute; cu&aacute;ntos de estos economistas realmente saben algo sobre c&oacute;mo funciona la banca moderna, sobre c&oacute;mo operan los nuevos instrumentos financieros: t&iacute;tulos de deuda colateralizados, <i>swaps</i> de incumplimiento de deuda y similares.</p> </blockquote>     <p>&iquest;C&oacute;mo explicar la actitud de sus colegas m&aacute;s conservadores (en el sentido amplio de la palabra), de los erizos de la disciplina econ&oacute;mica? Para Posner, es una simple cuesti&oacute;n de costos y beneficios:</p>     <blockquote>       <p>Bueno, una posibilidad es que no hayan aprendido nada. Porque –para decirlo de alguna forma– los correctivos del mercado funcionan muy lentamente en mercados acad&eacute;micos. Los profesores tienen el <i>tenure</i>. Tienen muchos doctorandos en proceso que necesitan avanzar hacia su t&iacute;tulo de PhD. Tienen t&eacute;cnicas que conocen y manejan c&oacute;modamente. Hace falta mucho para sacarlos de sus m&eacute;todos acostumbrados de trabajo.</p> </blockquote>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Alan Greenspan tiene la doble distinci&oacute;n de haber sido uno de los economistas m&aacute;s prestigiosos del siglo XX y de haber protagonizado, en su calidad de presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, los hechos que llevaron al p&aacute;nico de 2008. El t&iacute;tulo de su art&iacute;culo es escueto: “La crisis”. Si bien contiene elementos exculpatorios, ofrece la valiosa perspectiva hist&oacute;rica de quien conoce como pocos el sector financiero de su pa&iacute;s y su regulaci&oacute;n.</p>     <p>Su preocupaci&oacute;n central es la gesti&oacute;n del riesgo y la manera como fracasaron tan estrepitosamente los mecanismos privados (los de los banqueros) y p&uacute;blicos (los de los reguladores) en la antesala de la crisis. Como muchos otros, reconoce que los elegantes modelos que utilizaban unos y otros resultaron incapaces de prever lo que &eacute;l mismo denomina metaf&oacute;ricamente “la inundaci&oacute;n del siglo”. Se&ntilde;ala que ni siquiera en el peor momento de la Gran Depresi&oacute;n se evaporaron tan veloz y completamente los mercados de cr&eacute;dito de corto plazo.</p>     <p>Uno de los factores de vulnerabilidad fue el creciente apalancamiento del sector financiero. En la terminolog&iacute;a de Greenspan, cay&oacute; la proporci&oacute;n de activos de las entidades financieras representada por el capital regulatorio (el que exigen los reguladores) y el capital econ&oacute;mico (el que exigen las contrapartes en el mercado). Sin perjuicio de defender la necesidad de una regulaci&oacute;n m&aacute;s robusta, Greenspan muestra cierto pesimismo acerca de hasta d&oacute;nde puede llegar hoy la efectividad de la regulaci&oacute;n financiera:</p>     <blockquote>       <p>Pero en el actual entorno global del cr&eacute;dito, &iquest;c&oacute;mo juzga un examinador de un banco estadounidense la calidad de un pr&eacute;stamo a un banco ruso, por ejemplo, y por tanto la cartera de pr&eacute;stamos de ese banco? Lo que a su vez exigir&iacute;a examinar las contrapartes del banco ruso y las contrapartes de esas contrapartes.</p> </blockquote>     <p>Con diversos argumentos, Greenspan concluye que en el futuro ser&aacute; indispensable que las grandes instituciones financieras alcancen niveles de capitalizaci&oacute;n del orden del 12 al 14%, niveles muy superiores a los promedios hist&oacute;ricos registrados (del 6 al 10%).</p>     <p>“Repensar la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica” es la tarea que emprenden en su art&iacute;culo Olivier Blanchard, Giovanni Dell’Ariccia y Paolo Mauro del Fondo Monetario Internacional. Art&iacute;culo que dividen en tres partes: lo que pens&aacute;bamos que sab&iacute;amos; d&oacute;nde est&aacute;bamos equivocados; e implicaciones para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas. Su balance es:</p>     <blockquote>       <p>La mala noticia es que la crisis dej&oacute; en claro que la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica debe tener muchos objetivos; la buena es que nos record&oacute; que tenemos, de hecho, muchas herramientas, desde la pol&iacute;tica monetaria “ex&oacute;tica” hasta los instrumentos reguladores, pasando por los instrumentos fiscales [...] El reto es aprender a usarlos de la mejor manera.</p> </blockquote>     <p>Andrew Haldane, del Banco de Inglaterra, plantea “La pregunta de los 100 mil millones”. Sostiene que el costo econ&oacute;mico, y no meramente fiscal, de la crisis es mucho mayor de lo que se suele suponer. Y por ello la b&uacute;squeda de la estabilidad financiera es apremiante. Luego de examinar diversas opciones de pol&iacute;tica para lograr ese fin, concluye que el problema puede entenderse en t&eacute;rminos de la escala &oacute;ptima de las instituciones financieras. M&aacute;s all&aacute; de los 100 mil millones de d&oacute;lares de activos, el crecimiento de las instituciones financieras no trae mayores beneficios pero s&iacute; p&eacute;rdidas de robustez y resiliencia, tanto a nivel de entidades individuales como del sistema en su conjunto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Paul Ormerod es m&aacute;s radical en su cr&iacute;tica. Para &eacute;l, las fallas de la macroeconom&iacute;a son paradigm&aacute;ticas y se cifran en el supuesto err&oacute;neo de un mundo poblado por agentes racionales que toman decisiones &oacute;ptimas con base en expectativas racionales.</p>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     <p>En el segundo bloque de art&iacute;culos se presentan cuatro trabajos sobre teor&iacute;a econ&oacute;mica, temas colombianos y concesiones viales. El primero hace una exhaustiva revisi&oacute;n de la literatura sobre econom&iacute;a de la cultura. Los dos siguientes tratan, respectivamente, de la reforma del sistema de pensiones en Colombia y de la guerra civil de finales de la d&eacute;cada de 1870 en el nororiente del pa&iacute;s. El &uacute;ltimo analiza los posibles cambios en el sistema de concesiones de construcci&oacute;n y mantenimiento de v&iacute;as en la Rep&uacute;blica Oriental del Uruguay.</p>     <p>El art&iacute;culo sobre econom&iacute;a de la cultura, de Luis A. Palma, profesor de la Universidad de Sevilla, y Luis F. Aguado, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, describe el surgimiento y la consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a de la cultura como campo de especializaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las herramientas del an&aacute;lisis econ&oacute;mico. Rastrea sus or&iacute;genes en la obra de Baumol y Bowen sobre la “enfermedad de los costos”, delimita sus fronteras, presenta sus principales temas de estudio y expone c&oacute;mo se ha consolidado hasta lograr pleno reconocimiento internacional. La revisi&oacute;n hist&oacute;rica muestra que, conforme a la visi&oacute;n de los economistas cl&aacute;sicos, el estudio de la cultura no se pod&iacute;a erigir como campo propio de la econom&iacute;a debido a la concepci&oacute;n limitada de los bienes econ&oacute;micos, concepci&oacute;n que luego se ampli&oacute; hasta abarcar los bienes culturales, por influencia de Keynes, Robbins y Marshall y de los estetas victorianos. El art&iacute;culo muestra que el trabajo de Baumol y Bowen, que dio inicio a esta subdisciplina, sigue la tradici&oacute;n intelectual de esos tres economistas y que en los &uacute;ltimos lustros su &aacute;mbito se ha extendido para incluir a todas las artes, las industrias culturales y la pol&iacute;tica cultural. En el curso de su desarrollo ha situado al concepto de creatividad en el centro del an&aacute;lisis y con ello ha dado un nuevo impulso al estudio de la innovaci&oacute;n. Tambi&eacute;n ha enriquecido el estudio del crecimiento econ&oacute;mico haciendo m&aacute;s operativo el examen de las influencias culturales.</p>     <p>El art&iacute;culo sobre la reforma del sistema de pensiones en Colombia, de &Aacute;lvaro Moreno, profesor de la Universidad Nacional y del Externado de Colombia, y Fabio Ortiz, profesor del Externado y de la Universidad de los Andes, hace una revisi&oacute;n cr&iacute;tica de las propuestas de reforma que se han presentado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, las cuales, seg&uacute;n los autores, se basan en tres falacias: que el paso de un sistema de reparto simple financiado con impuestos a un sistema privado financiado individualmente resuelve el problema de los pagos a una poblaci&oacute;n en proceso de envejecimiento; que estos compromisos se pueden cubrir aumentando el ahorro individual, y que la privatizaci&oacute;n del sistema de pensiones evitar&aacute; el aumento de impuestos. Falacias que se fundan en el error l&oacute;gico de creer que lo que es v&aacute;lido para el individuo es v&aacute;lido para el conjunto de la econom&iacute;a. Los autores presentan sendos modelos de econom&iacute;a cerrada y abierta, y esquemas contables que demuestran que el sistema de reparto simple y el de capitalizaci&oacute;n individual enfrentan los mismos problemas en el largo plazo, y que en ambos casos se tendr&aacute; que aumentar el ahorro o los impuestos para pagar a los pensionados. En la &uacute;ltima secci&oacute;n analizan diversos indicadores que se&ntilde;alan que esas propuestas de reforma son alarmistas y carecen de fundamentos s&oacute;lidos. Sus proyecciones muestran que las cargas por el envejecimiento de la poblaci&oacute;n y la financiaci&oacute;n del sistema p&uacute;blico de pensiones se reducir&aacute;n en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, y a&uacute;n m&aacute;s si se implementan pol&iacute;ticas de generaci&oacute;n de empleo.</p>     <p>El art&iacute;culo siguiente, sobre la guerra civil de 1876-1877 en el nororiente colombiano, de Edna Carolina Sastoque, profesora del Externado de Colombia, y Mario Garc&iacute;a, profesor del Externado y de la Universidad Nacional de Colombia, es una contribuci&oacute;n al an&aacute;lisis de las causas de este episodio de las guerras civiles que se prolongaron desde la Independencia hasta comienzos del siglo XX. Los historiadores suelen considerar que esta guerra, llamada Guerra de las Escuelas, fue motivada por la reacci&oacute;n de los conservadores y la Iglesia ante las medidas que adopt&oacute; el gobierno de los Radicales para establecer una educaci&oacute;n laica y romper el monopolio educativo de la Iglesia. Los autores complementan, enriquecen y precisan esta tesis analizando la evoluci&oacute;n de la malla de asentamientos urbanos en la regi&oacute;n de Santander entre 1853 y 1857, an&aacute;lisis que los ayuda a identificar los cambios que ocurrieron en la jerarqu&iacute;a de los centros urbanos y las condiciones que influyeron en el desarrollo de la guerra en esta parte del territorio colombiano. Este ejercicio indica que los grupos de poder que iniciaron la guerra representaban a las &eacute;lites sociales, econ&oacute;micas y religiosas de los centros urbanos que perdieron jerarqu&iacute;a en la malla de asentamientos urbanos.</p>     <p>El &uacute;ltimo art&iacute;culo, sobre la posible privatizaci&oacute;n de las concesiones viales en Uruguay, de Andr&eacute;s Pereyra, profesor de la Universidad de la Rep&uacute;blica de Uruguay, recurre a la teor&iacute;a de subastas para analizar los efectos del traspaso del contrato de concesi&oacute;n del sistema de v&iacute;as administrado por la Corporaci&oacute;n Vial del Uruguay al sector privado. La ciudadan&iacute;a uruguaya tiene una alta preferencia por la provisi&oacute;n p&uacute;blica de servicios domiciliarios y redes de transporte y, dentro del marco constitucional del pa&iacute;s, ha recurrido a la democracia directa para oponerse a las privatizaciones en los sectores de acueducto, energ&iacute;a, telecomunicaciones y combustibles.</p>     <p>El contrato de concesi&oacute;n para construir y mantener la red vial que est&aacute; vigente y que se trasladar&iacute;a al sector privado mide el cumplimiento de acuerdo con el monto del gasto en obras y mantenimiento durante el per&iacute;odo de concesi&oacute;n. El riesgo moral de este contrato hoy se aten&uacute;a con un contrato adicional que no ser&iacute;a posible con la privatizaci&oacute;n. El profesor Pereyra propone un modelo que permite estimar el impacto de la privatizaci&oacute;n teniendo en cuenta la capacidad del gobierno para manejar la asimetr&iacute;a de informaci&oacute;n. Sus resultados indican que este impacto puede ser considerable y que es necesario reconsiderar el esquema, redise&ntilde;ando el contrato para que la medici&oacute;n del cumplimiento incluya aspectos relacionados con la calidad de las v&iacute;as que se puedan observar de manera objetiva. Si se mantuviera el contrato actual, se deber&iacute;a promover una intensa competencia entre los aspirantes a la concesi&oacute;n, pues un alto n&uacute;mero de oferentes reducir&iacute;a las rentas y atenuar&iacute;a la b&uacute;squeda de rentas, efectos que no se conseguir&iacute;an f&aacute;cilmente con una mejora de la capacidad de regulaci&oacute;n del gobierno.</p>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     <p>En la secci&oacute;n de Cl&aacute;sicos se presenta un escrito poco conocido de Fernand Braudel, un informe sobre la C&aacute;tedra de Historia que present&oacute; a la Facultad de Filosof&iacute;a, Ciencias y Letras de la Universidad de S&atilde;o Paulo, c&aacute;tedra de la que se har&iacute;a cargo durante su estancia en Brasil, y que se public&oacute; en el Anuario de 1934-1935 de esa facultad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la secci&oacute;n de Notas y Discusiones se ofrece un material de clase, escrito por el profesor Uwe Reinhardt para sus alumnos del curso de Econ100 de la Universidad de Princeton; una nota sobre el cambio de preferencias de una parte de los electores colombianos escrita por C&eacute;sar Ferrari, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, un comentario de Jimena Hurtado y Santiago Mesa, profesores de esa misma universidad, al art&iacute;culo sobre Adam Smith, de Vanesa D’Elia, que se public&oacute; en el n&uacute;mero anterior, y una breve anotaci&oacute;n de Santiago Correa, profesor del CESA, sobre el Kiosko de la Luz construido en el Parque de la Independencia en conmemoraci&oacute;n del Centenario.</p>     <p>Como es usual, concluimos este n&uacute;mero con la secci&oacute;n de Rese&ntilde;as, que procuramos seguir fortaleciendo. En esta oportunidad, publicamos una nota de lectura de <i>La teor&iacute;a general del empleo, el inter&eacute;s y el dinero</i> escrita por Richard Posner, j uez de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos y profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago, donde expone las razones que lo condujeron a convertirse en keynesiano despu&eacute;s de verse obligado a leer la obra del economista ingl&eacute;s a causa de la crisis financiera. Le sigue un comentario de Daniel Fuentes C., profesor de la Universidad de Zaragoza, del libro <i>Animal spirits. C&oacute;mo influye la psicolog&iacute;a humana en la econom&iacute;a</i>, de George A. Akerlof y Robert J. Shiller. La tercera rese&ntilde;a, de Fernando L&oacute;pez C., profesor de la Universidad de Granada, es un comentario sobre <i>Prosperidad y violencia. Econom&iacute;a pol&iacute;tica del desarrollo</i>, de Robert H. Bates. La &uacute;ltima, de Alberto Castrill&oacute;n, profesor del Externado de Colombia, comenta <i>El lado oscuro de la democracia. Un estudio sobre la limpieza &eacute;tnica</i>, de Michael Mann.</p> </font>      ]]></body>
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