<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962010000100002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CRISIS]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE CRISIS]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenspan]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alan]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Greenspan Associates LLC  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Washington ]]></addr-line>
<country>Estados Unidos</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>12</volume>
<numero>22</numero>
<fpage>15</fpage>
<lpage>60</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962010000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962010000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962010000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este artículo revisa las causas de la crisis, explora la naturaleza de la intermediación financiera, presenta un conjunto de reformas para superar las deficiencias de la estructura reguladora y examina el papel de la política monetaria en la crisis actual. Concluye que es primordial aumentar los requerimientos regulatorios de capital y de liquidez de los bancos e incrementar en forma significativa las garantías obligatorias de los productos financieros que se negocian globalmente.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article reviews the causes of the crisis, explores the nature of financial intermediation, presents a set of reforms to overcome the deficiencies of the regulatory structure and examines the role of monetary policy in the current crisis. It concludes that it is essential to increase regulatory capital requirements and liquidity of banks and increase the guarantees of financial products that are traded globally.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[crisis económica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[intermediación financiera]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[economic crisis]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[financial intermediation]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LA CRISIS</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE CRISIS</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Alan Greenspan</i>*</p>     <p>* Doctor en Econom&iacute;a, ex Presidente de la Junta de Reserva Federal y Presidente de Greenspan Associates LLC, Washington, Estados Unidos. Fecha de recepci&oacute;n: 18 de marzo de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 6 de abril de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010. Art&iacute;culo original en ingl&eacute;s. Traducci&oacute;n de Mauricio P&eacute;rez Salazar y Alberto Supelano.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p>[Palabras clave: crisis econ&oacute;mica, intermediaci&oacute;n financiera; JEL: E32, E44]</p>     <p>Este art&iacute;culo revisa las causas de la crisis, explora la naturaleza de la intermediaci&oacute;n financiera, presenta un conjunto de reformas para superar las deficiencias de la estructura reguladora y examina el papel de la pol&iacute;tica monetaria en la crisis actual. Concluye que es primordial aumentar los requerimientos regulatorios de capital y de liquidez de los bancos e incrementar en forma significativa las garant&iacute;as obligatorias de los productos financieros que se negocian globalmente.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>[Keywords: economic crisis, financial intermediation; JEL: E32, E44]</p>     <p>This article reviews the causes of the crisis, explores the nature of financial intermediation, presents a set of reforms to overcome the deficiencies of the regulatory structure and examines the role of monetary policy in the current crisis. It concludes that it is essential to increase regulatory capital requirements and liquidity of banks and increase the guarantees of financial products that are traded globally.</p> <hr size="1">     <p>La bancarrota de Lehman Brothers en septiembre de 2008 precipit&oacute; lo que en retrospectiva quiz&aacute; sea la crisis financiera mundial m&aacute;s virulenta que se haya registrado. Por supuesto, la contracci&oacute;n subsiguiente de la actividad econ&oacute;mica ha sido menor a la Gran Depresi&oacute;n de los a&ntilde;os treinta. Pero la virtual desaparici&oacute;n del cr&eacute;dito privado de corto plazo, a una escala tan global, el elemento principal de la crisis financiera, no tiene antecedentes en nuestra historia financiera. El colapso de la supervisi&oacute;n privada del riesgo de contraparte, afinada a lo largo de muchas d&eacute;cadas, y el fracaso del sistema de regulaci&oacute;n global exigen la cuidadosa revisi&oacute;n que los gobiernos han emprendido.</p>     <p>La tesis central de este escrito es que durante los a&ntilde;os anteriores a esta crisis la intermediaci&oacute;n financiera intent&oacute; funcionar con una capitalizaci&oacute;n muy endeble, debido a una mala interpretaci&oacute;n del nivel de riesgo incorporado en unos productos y unos mercados financieros cada vez m&aacute;s complejos.</p>     <p>En la primera secci&oacute;n se revisan las causas de la crisis. En la segunda secci&oacute;n se explora la naturaleza de la intermediaci&oacute;n financiera, en la tercera secci&oacute;n se presenta un conjunto de reformas para superar las deficiencias de la estructura reguladora existente, en la cuarta secci&oacute;n se examina el papel de la pol&iacute;tica monetaria en la crisis actual; la &uacute;ltima secci&oacute;n presenta las conclusiones.</p>     <p><b>CAUSAS DE LA CRISIS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>E<small>L MERCADO GLOBAL ARBITRADO DE BONOS Y LA CRISIS DE LA VIVIENDA</small></b></p>     <p>El detonador inmediato de la crisis actual fue la proliferaci&oacute;n global de hipotecas <i>subprime</i> t&oacute;xicas titularizadas de Estados Unidos. Pero a mi juicio sus or&iacute;genes se remontan a las secuelas de la Guerra Fr&iacute;a.</p>     <p>La ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n dej&oacute; al descubierto el desastre econ&oacute;mico causado por el sistema econ&oacute;mico del bloque sovi&eacute;tico<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. En respuesta, los mercados competitivos, silenciosa pero r&aacute;pidamente, desplazaron a la desacreditada planificaci&oacute;n centralizada que prevalec&iacute;a en el bloque sovi&eacute;tico y el entonces Tercer Mundo.</p>     <p>Un buen n&uacute;mero de naciones del otrora Tercer Mundo, especialmente China, replicaron el exitoso modelo econ&oacute;mico orientado a la exportaci&oacute;n de los Tigres Asi&aacute;ticos: una fuerza laboral bien educada y de bajo costo unida a la tecnolog&iacute;a del mundo desarrollado y protegida por el fortalecimiento gradual del imperio del derecho desat&oacute; un crecimiento econ&oacute;mico explosivo<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. El FMI estim&oacute; que en 2005 m&aacute;s de US$800 millones de miembros de la fuerza laboral del planeta se incorporaron a los mercados de exportaci&oacute;n y, por tanto, competitivos; un incremento de US$500 millones desde la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n (IMF, 2007, cap. 5, 162). Cientos de millones de trabajadores adicionales quedaron expuestos a las fuerzas competitivas dom&eacute;sticas, especialmente en la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Como resultado, entre 2000 y 2007 el crecimiento del PIB real del mundo en desarrollo fue m&aacute;s del doble que el del mundo desarrollado.</p>     <p>La consecuencia fue una ca&iacute;da pronunciada de las tasas de inter&eacute;s mundiales de largo plazo, nominales y reales (Desroches y Francis, 2007) entre 2000 y 2005 (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>), que indicaba que las intenciones mundiales de ahorro hab&iacute;an sido cr&oacute;nicamente mayores que las intenciones mundiales de inversi&oacute;n. En el mundo en desarrollo, el consumo restringido por la cultura y la inadecuada financiaci&oacute;n de los consumidores no pudo mantener el ritmo del aumento del ingreso y, en consecuencia, su tasa de ahorro ascendi&oacute; del 24% del PIB nominal en 1999 al 34% en 2007, superando de lejos a la tasa de inversi&oacute;n.</p>     <p>Pero la tasa de ahorro-inversi&oacute;n mundial ex post en 2007, en conjunto, s&oacute;lo fue ligeramente mayor que en 1999, lo que indica que la tendencia ascendente de las intenciones de ahorro de las econom&iacute;as en desarrollo no fue acorde con la baja de las intenciones de inversi&oacute;n en el mundo desarrollado. El estudio del Banco de Canad&aacute; de marzo de 2007 (ib&iacute;d.) tambi&eacute;n lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que el debilitamiento de la inversi&oacute;n mundial fue el principal determinante del descenso de las tasas reales de inter&eacute;s mundiales de largo plazo. Por supuesto, bien fuese un exceso de intenciones de ahorro o un d&eacute;ficit de intenciones de inversi&oacute;n, la conclusi&oacute;n es la misma: menores tasas de inter&eacute;s reales de largo plazo.</p>     <p><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g1.jpg"></p>     <p>Las tasas de inflaci&oacute;n y de largo plazo de todas las econom&iacute;as desarrolladas y de las principales econom&iacute;as en desarrollo convergieron a un solo d&iacute;gito en 2006, creo que por vez primera. La ruta de convergencia es evidente en la varianza no ponderada de las tasas de inter&eacute;s de la deuda soberana a diez a&ntilde;os de 15 pa&iacute;ses, que descendi&oacute; marcadamente entre 2000 y 2005 (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>)<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. La tasas de capitalizaci&oacute;n de las acciones y de la finca ra&iacute;z fueron inevitablemente arbitradas hacia abajo por la ca&iacute;da de las tasas de inter&eacute;s reales mundiales de largo plazo. Por tanto, los precios de los activos, en particular los de la vivienda, se elevaron dram&aacute;ticamente.</p>     <p><a name="g2"></a>Gr&aacute;fica 2    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Varianza de la tasa de inter&eacute;s de largo plazo sobre la deuda soberana a 10 a&ntilde;os, no ponderada</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g2.jpg"></p>     <p>Los an&aacute;lisis de <i>The Economist</i> documentan la notable convergencia de los aumentos del precio de la vivienda en 20 pa&iacute;ses durante la &uacute;ltima d&eacute;cada<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Jap&oacute;n, Alemania y Suiza (por razones diversas) son las &uacute;nicas excepciones importantes. En su pico, el alza de precios en Estados Unidos no fue mayor que el promedio del pico mundial (IFM, 2008). En resumen, los eventos geopol&iacute;ticos llevaron a una ca&iacute;da de las tasas de inter&eacute;s hipotecarias de largo plazo, que a su vez llev&oacute;, con un rezago, a un alza extraordinaria e insostenible de los precios de la vivienda en el mundo.</p>     <p><b>T<small>ITULARIZACI&Oacute;N DE <i>SUBPRIMES</i>: LA TRAMA DE LA CRISIS AL DESCUBIERTO </small></b></p>     <p>Durante a&ntilde;os, en Estados Unidos las hipotecas <i>subprime</i> fueron un peque&ntilde;o ap&eacute;ndice del mercado hipotecario de la vivienda, y en una fecha tan reciente como 2002 s&oacute;lo representaron el 7% del total de hipotecas originadas. La mayor&iacute;a de esos pr&eacute;stamos eran hipotecas con tasa de inter&eacute;s fija, y s&oacute;lo una peque&ntilde;a cantidad se hab&iacute;a titularizado. A medida que el precio de la vivienda ascend&iacute;a cada vez m&aacute;s r&aacute;pidamente desde 1997 (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>), esos pr&eacute;stamos <i>subprime</i> se hac&iacute;an m&aacute;s atractivos para los inversionistas.</p>     <p><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g3.jpg"></p>     <p>Cuando llegaron con cierto retraso a este mercado a finales de 2003, las firmas financieras empezaron a acelerar la agrupaci&oacute;n y el empaquetamiento de hipotecas de vivienda <i>subprime</i> en t&iacute;tulos (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>). Esas firmas encontraron compradores receptivos. Los inversionistas nacionales y extranjeros, sobre todo europeos<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>, fueron atra&iacute;dos por el rendimiento de estos t&iacute;tulos, mayor que el promedio, y por una tasa de ejecuci&oacute;n de las hipotecas subyacentes que hab&iacute;a disminuido durante dos a&ntilde;os.</p>     <p><a name="g4"></a>Gr&aacute;fica 4    <br> Emisi&oacute;n trimestral de t&iacute;tulos hipotecarios subprime    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> (SA, US$ miles de millones)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g4.jpg"></p>     <p>Otro factor que contribuy&oacute; al r&aacute;pido aumento de la demanda fueron las grandes compras de t&iacute;tulos <i>subprime</i> realizadas por Fannie Mae y Freddie Mac, las grandes empresas patrocinadas por el gobierno de Estados Unidos (EPG). Presionadas por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a> y por el Congreso para que ampliaran las “metas de vivienda asequible”, decidieron cumplirlas invirtiendo fuertemente en t&iacute;tulos <i>subprime</i>. Se estima que esas firmas pose&iacute;an un 40% de los t&iacute;tulos hipotecarios <i>subprime</i> emitidos (casi todos con tasa variable) durante 2003 y 2004 (<a href="#c1">cuadro 1</a>)<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Una participaci&oacute;n estimada cinco veces mayor que en 2002, lo que implica que una gran proporci&oacute;n del aumento de la demanda de t&iacute;tulos <i>subprime</i> respaldados por hipotecas en 2003-2004 fue decidida pol&iacute;ticamente y por tanto motivada por una demanda altamente inel&aacute;stica.</p>     <p><a name="c1"></a>Cuadro 1    <br> (US$ miles de millones)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2c1.jpg">    <br> <font size="-2">a: Total de t&iacute;tulos hipotecarios subprime vigentes; b: cambio en el total de t&iacute;tulos hipotecarios subprime vigentes; c: mantenidos en portafolio; d: como porcentaje del total de t&iacute;tulos hipotecarios subprime vigentes; e: variaci&oacute;n desde finales del a&ntilde;o anterior, y f: variaci&oacute;n como porcentaje del cambio en el total de t&iacute;tulos hipotecarios subprime vigentes. Datos estimados parcialmente por el autor. Todos los datos de Fannie Mae de 2002 a 2008 son reales. Para los datos de 2001 se separ&oacute; el total publicado que combinaba subprime y Alt-A. Como gu&iacute;a se tomaron los t&iacute;tulos vigentes a finales de 2002 (casi todos ARM). Todos los datos de Freddie Mac de 2006 a 2008 son reales. Los datos anteriores combinaban subprime y Alt-A y para separarlos utilic&eacute; la divisi&oacute;n disponible para 2006. En la anterior separaci&oacute;n se emplearon otros datos sobre la divisi&oacute;n entre tasa fija y ARM (predominantemente subprime).    <br> Fuente: FHFA, Annual Report to Congress, 2008 (revisado), Loan Performance.</font></p>     <p>En el primer trimestre de 2007, pr&aacute;cticamente todas las originaciones <i>subprime</i> estaban titularizadas (frente a la mitad en 2000) (IMFP, 2009), y los t&iacute;tulos hipotecarios <i>subprime</i> vigentes totalizaban m&aacute;s de US$900 mil millones de d&oacute;lares, un incremento de m&aacute;s de seis veces desde finales de 2001.</p>     <p>Los titularizadores, empaquetando rentablemente esta nueva fuente de papeles en conjuntos de hipotecas y armados con lo que en retrospectiva resultaron ser calificaciones de cr&eacute;dito burdamente infladas, pod&iacute;an vender cantidades aparentemente ilimitadas de t&iacute;tulos hipotecarios <i>subprime</i> en lo que parec&iacute;a ser un mercado mundial enorme y receptivo. En cuanto los est&aacute;ndares de aprobaci&oacute;n de los pr&eacute;stamos se deterioraron r&aacute;pidamente<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>, las originaciones de hipotecas <i>subprime</i> se inflaron en 2005 y 2006 a un burbujeante 20% del total de originaciones de hipotecas de vivienda de Estados Unidos, casi el triple de su participaci&oacute;n en 2002.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>U<small>NA BURBUJA DE EUFORIA CL&Aacute;SICA COBRA FUERZA</small></b></p>     <p>Como indicaci&oacute;n de que el apetito por el riesgo se hab&iacute;a extendido m&aacute;s all&aacute; del mercado de hipotecas titularizadas, los durante largo tiempo sacrosantos convenios de deuda<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a> se flexibilizaron cuando cobr&oacute; fuerza una cl&aacute;sica burbuja de euforia global. Para 2007, los m&aacute;rgenes de rendimiento en los mercados mundiales de deuda se hab&iacute;an estrechado hasta un punto en que hab&iacute;a poco espacio para subvalorar a&uacute;n m&aacute;s el riesgo. Nuestro indicador m&aacute;s amplio del riesgo de cr&eacute;dito, el margen de rendimiento de los bonos calificados con CCC o de menor calidad (contra los bonos del Tesoro a 10 a&ntilde;os) cay&oacute; a un m&iacute;nimo hist&oacute;rico en la primavera de 2007, aunque s&oacute;lo marginalmente (<a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>). Casi todos los agentes del mercado que yo conoc&iacute;a eran conscientes del aumento de los riesgos, pero tambi&eacute;n sab&iacute;an que el riesgo se hab&iacute;a subvalorado durante a&ntilde;os. Yo habl&eacute; del espectro de la “exuberancia irracional” en 1996<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>, s&oacute;lo para ver que la burbuja puntocom, despu&eacute;s de un traspi&eacute;s de un d&iacute;a, sigui&oacute; infl&aacute;ndose durante cuatro a&ntilde;os m&aacute;s sin que la contuviera un incremento acumulado de 350 puntos b&aacute;sicos en la tasa de fondos federales entre 1994 y 2000. En forma similar, en 2002 expres&eacute; mi preocupaci&oacute;n ante el Comit&eacute; Federal de Mercado Abierto (FOMC) de que “nuestro extraordinario auge de la vivienda [...] financiado por incrementos muy grandes de la deuda hipotecaria, no puede continuar indefinidamente”. Y dur&oacute; hasta 2006<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p><a name="g5"></a>Gr&aacute;fica 5    <br> Margen diario de rendimiento: T&iacute;tulos CCC y de menor calificaci&oacute;n menos Bonos del Tesoro a 10 a&ntilde;os, (% p.a.)    <br> 4 de agosto de 1988 a 5 de marzo de 2010</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g5.jpg"></p>     <p>Es claro que con esas experiencias en mente las empresas financieras tem&iacute;an que si reduc&iacute;an su exposici&oacute;n demasiado pronto, casi con seguridad perder&iacute;an participaci&oacute;n en el mercado, quiz&aacute; en forma irremisible. Sus temores se sintetizaron en el hoy famoso comentario de Charles Prince, del Citigroup, en 2007, poco antes del inicio de la crisis: “Cuando la m&uacute;sica pare, en t&eacute;rminos de liquidez, las cosas se complicar&aacute;n. Pero mientras siga la m&uacute;sica, uno tiene que pararse y bailar. Todav&iacute;a estamos bailando”<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p>Las empresas financieras se arriesgaron a prever a tiempo el inicio de la crisis, para reducir su exposici&oacute;n. Y se equivocaron. Cre&iacute;an que la demanda, entonces al parecer insaciable, de su gama de productos financieros ex&oacute;ticos les permitir&iacute;a vender sin p&eacute;rdidas gran parte de sus portafolios. No reconocieron que la transformaci&oacute;n de la liquidez del balance contable en demanda efectiva es principalmente una funci&oacute;n de la aversi&oacute;n al riesgo<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Ese proceso se manifiesta en per&iacute;odos de euforia (la aversi&oacute;n al riesgo cae por debajo del promedio de largo plazo, que no tiene tendencia) y temor (la aversi&oacute;n al riesgo aumenta por encima del promedio). Una disminuci&oacute;n de la intensidad de la aversi&oacute;n al riesgo reduce los m&aacute;rgenes entre precio de oferta y de demanda de activos, en volumen, la definici&oacute;n convencional de liquidez de <i>mercado</i>, en contraste con la liquidez del balance contable.</p>     <p>En este contexto, defino una burbuja como un per&iacute;odo prolongado de descenso de la aversi&oacute;n al riesgo que se traduce en descensos de las tasas de capitalizaci&oacute;n que caen perceptiblemente por debajo de su promedio de largo plazo, que no tiene tendencia<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. El descenso de las tasas de capitalizaci&oacute;n eleva el precio de uno o m&aacute;s activos a niveles insostenibles. Todas las burbujas estallan cuando la aversi&oacute;n al riesgo llega al m&iacute;nimo irreductible, es decir, cuando los m&aacute;rgenes entre tipos de cr&eacute;dito se acercan a cero, aunque la capacidad de los analistas para predecir el inicio de la deflaci&oacute;n ha probado ser ilusoria.</p>     <p>Algunas burbujas estallan sin consecuencias econ&oacute;micas graves; por ejemplo, la burbuja puntocom y la r&aacute;pida alza de precios de las acciones en la primavera de 1987. Otras estallan con graves consecuencias deflacionarias. Como demostraron Reinhart y Rogoff (2009), este tipo de burbujas parece depender del grado de apalancamiento de la deuda en el sector financiero, en particular cuando el vencimiento de sus pasivos es menor que el vencimiento de los activos que financia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="g6"></a>Gr&aacute;fica 6    <br> Margen de rendimiento: Bonos corporativos BAA menos Bonos del Tesoro a 10 a&ntilde;os    <br> Enero de 1919 a febrero de 2010</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g6.jpg"></p>     <p>Dudo mucho de que si en septiembre de 2008 los activos financieros hubieran estado financiados predominantemente con capital accionario en vez de deuda la deflaci&oacute;n de los precios de los activos hubiese generado un efecto de contagio mayor que el de la burbuja puntocom. A este respecto es instructivo que ning&uacute;n fondo de cobertura haya incumplido el pago de su deuda durante la crisis actual, a pesar de grandes p&eacute;rdidas que llevaron a la liquidaci&oacute;n de algunos.</p>     <p><b>&iquest;P<small>OR QU&Eacute; LLEG&Oacute; LA BURBUJA A TALES ALTURAS? </small></b></p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; la burbuja de 2007 alcanz&oacute; una euforia &uacute;nica en el siglo? Creo que la respuesta se encuentra en la burbuja puntocom que estall&oacute; con muy pocos efectos visibles sobre el PIB mundial; y, en Estados Unidos, en la recesi&oacute;n m&aacute;s suave del per&iacute;odo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y, por cierto, la recesi&oacute;n anterior en Estados Unidos (1990-1991) fue la segunda menos profunda. Junto con el hecho de que la crisis burs&aacute;til de 1987, que no tuvo un impacto visible en el PIB, indujo a la Reserva Federal y a un buen n&uacute;mero de inversionistas sofisticados a creer que las contracciones futuras tampoco ser&iacute;an peores que una recesi&oacute;n de posguerra t&iacute;pica.</p>     <p>La protecci&oacute;n amortiguadora de los niveles de capital de los grandes bancos parec&iacute;a cada vez menos apremiante en este per&iacute;odo de Gran Moderaci&oacute;n. A&uacute;n en abril de 2007 el FMI dec&iacute;a:</p>     <blockquote>       <p>Los riesgos econ&oacute;micos mundiales han <i>disminuido</i> desde […] septiembre de 2006 [...] El conjunto de la econom&iacute;a de Estados Unidos se mantiene bien [y] las se&ntilde;ales en otras partes son muy alentadoras (IMF, 2007, xii).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las regulaciones de Basilea indujeron un modesto incremento de los requerimientos de capital antes de la crisis. Pero los debates de Basilea sobre reglas globales acerca de las exigencias de capital bancario, que resultaron en Basilea II, versaron principalmente sobre la alternativa entre requerimientos estables de capital bancario y un menor capital bancario. En consecuencia, el apalancamiento financiero se infl&oacute;.</p>     <p>Es en tales circunstancias que dependemos de nuestro muy sofisticado sistema global de gesti&oacute;n del riesgo financiero para contener los colapsos del mercado. &iquest;C&oacute;mo pudo fallar a tan gran escala? El paradigma que engendr&oacute; varios Premios Nobel de Econom&iacute;a<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a> fue acogido tan ampliamente por la academia, los bancos centrales y los reguladores que en 2006 se convirti&oacute; en el n&uacute;cleo de los est&aacute;ndares de regulaci&oacute;n global (Basilea II). Muchas firmas cuantitativas que, triturando cifras, buscaban estrategias rentables de negociaci&oacute;n en el mercado tuvieron &eacute;xito mientras la aversi&oacute;n al riesgo se movi&oacute; incrementalmente (lo que sucedi&oacute; gran parte del tiempo). Pero triturar datos que s&oacute;lo cubr&iacute;an las dos o tres d&eacute;cadas anteriores a la crisis actual no produjo un modelo que pudiera prever una crisis.</p>     <p>Sin embargo, los modelos matem&aacute;ticos que definen el riesgo son mejores gu&iacute;as para manejar el riesgo que los juicios “a ojo” de hace medio siglo. Hasta hoy es dif&iacute;cil encontrar fallas en el marco <i>conceptual</i> de nuestros modelos, hasta donde van. La elegante prueba de fijaci&oacute;n de precios de las opciones de Fisher Black y Myron Scholes no es hoy menos v&aacute;lida que hace una d&eacute;cada. No obstante, el paradigma del manejo de riesgo albergaba una falla fatal.</p>     <p>En el estado de alta y creciente euforia, los gerentes de riesgo, la Reserva Federal y otros reguladores no entendieron plenamente el tama&ntilde;o subyacente, la duraci&oacute;n y el impacto de cola negativa de la distribuci&oacute;n de los resultados del riesgo que iban a ser revelados cuando la crisis estall&oacute; despu&eacute;s de la quiebra de Lehman. Durante d&eacute;cadas, con pocos datos o ninguno, la mayor&iacute;a de los analistas, en mi experiencia, hab&iacute;a conjeturado un riesgo de cola mucho m&aacute;s limitado. Se puede argumentar que &eacute;sta es la causa principal de las fallas cr&iacute;ticas del sistema de gesti&oacute;n del riesgo.</p>     <p>Un problema ligeramente menor fue la enorme y en algunos casos casi indescifrable complejidad de una amplia gama de productos y mercados financieros que se desarrollaron con el advenimiento de sofisticadas t&eacute;cnicas matem&aacute;ticas para evaluar el riesgo<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. En la desesperaci&oacute;n, una parte excesiva de las decisiones de inversi&oacute;n se deleg&oacute; a las valoraciones de riesgo “puerto seguro” de las agencias calificadoras de cr&eacute;dito. No se requer&iacute;a un juicio adicional de los funcionarios a cargo de las decisiones de inversi&oacute;n, por cuanto cre&iacute;an estar resguardados por los juicios de las calificadoras autorizadas por el gobierno.</p>     <p>Pero a pesar de d&eacute;cadas de experiencia, los analistas de las agencias calificadoras de cr&eacute;dito probaron no ser m&aacute;s competentes para prever el inicio de la crisis que la comunidad inversionista en general.</p>     <p>Aun con el fracaso de nuestros sofisticados modelos de manejo de riesgo, se puede argumentar que el sistema financiero se habr&iacute;a mantenido inc&oacute;lume si el segundo baluarte contra la crisis –nuestro sistema regulador– hubiese funcionado eficazmente. Pero, bajo la presi&oacute;n de la crisis, tambi&eacute;n fracas&oacute;.</p>     <p>Los bancos comerciales y de ahorro de Estados Unidos est&aacute;n regulados ampliamente, y aunque durante a&ntilde;os nuestras 10 o 15 entidades bancarias m&aacute;s grandes han tenido revisores permanentes <i>in situ</i> para supervisar las operaciones diarias, muchos de estos bancos compraron activos t&oacute;xicos. La muy elogiada Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido no pudo prever y evitar el retiro masivo de dep&oacute;sitos bancarios que amenaz&oacute; a Northern Rock. Las veneradas agencias calificadoras de cr&eacute;dito dieron calificaciones que permitieron prosperar en el mercado a muchos derivados altamente t&oacute;xicos con el sello AAA. El Comit&eacute; de Supervisi&oacute;n Bancaria de Basilea, en representaci&oacute;n de las autoridades reguladoras de los principales sistemas financieros del mundo, promulg&oacute; un conjunto de normas de capital incapaces de prever la necesidad –en el momento &aacute;lgido de la crisis– de requerimientos de capital y de liquidez mucho mayores.</p>     <p><b>LA INTERMEDIACI&Oacute;N FINANCIERA</b></p>     <p><b>E<small>L PROP&Oacute;SITO DE LAS FINANZAS</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El fin &uacute;ltimo de la estructura y la regulaci&oacute;n financiera en una econom&iacute;a de mercado es dirigir el ahorro de cada naci&oacute;n y el que se obtiene en pr&eacute;stamo del extranjero (el d&eacute;ficit en cuenta corriente) hacia inversiones en planta, equipo y capital humano que ofrecen los mayores incrementos del producto por hora en la naci&oacute;n. El producto no financiero por hora, en promedio, aumenta cuando las instalaciones obsoletas (con bajo producto por hora) son sustituidas por instalaciones que incorporan tecnolog&iacute;as de punta (con alto producto por hora). Este proceso mejora (en promedio) el nivel general de vida de toda la naci&oacute;n. El evidente &eacute;xito de las finanzas en las d&eacute;cadas anteriores al inicio de esta crisis para dirigir nuestros ahorros escasos a inversiones de capital real productivo parece explicar el grado en que los agentes de los mercados no financieros de Estados Unidos remuneraban los servicios financieros.</p>     <p>De acuerdo con la Oficina de An&aacute;lisis Econ&oacute;mico, la proporci&oacute;n del ingreso bruto de Estados Unidos que corresponde a las finanzas y a los seguros aument&oacute; en forma casi continua del 2,3% en 1947 al 7,9% en 2006 (<a href="#g7">gr&aacute;fica 7</a>). S&oacute;lo una peque&ntilde;a parte del aumento fue resultado de un aumento de la demanda extranjera neta de servicios financieros y seguros de Estados Unidos<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. El descenso de la proporci&oacute;n al 7,4% en 2008 refleja el castigo al ahorro que se supon&iacute;a empleado productivamente.</p>     <p><a name="g7"></a>Gr&aacute;fica 7    <br> Valor agregado de los sectores financiero y de seguros    <br> &nbsp;(porcentaje de PIB)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g7.jpg"></p>     <p>En vista del derrumbe hist&oacute;rico de los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, &iquest;los participantes en los mercados no financieros malinterpretaron durante d&eacute;cadas la eficiencia del sector financiero y remuneraron en forma inadecuada a este peque&ntilde;o segmento de nuestra econom&iacute;a? La ocurrencia de tantos fracasos de productos financieros as&iacute; lo sugiere para el per&iacute;odo que precedi&oacute; a la crisis. Pero es dif&iacute;cil hacer ese mismo juicio frente al aumento m&aacute;s o menos persistente de la participaci&oacute;n de este sector durante <i>seis </i>d&eacute;cadas<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>. Adem&aacute;s, la participaci&oacute;n del <i>crecimiento </i>de las finanzas en el <i>crecimiento </i>del PIB nominal carece de tendencia desde 1990, y promedia un 10% (<a href="#g8">gr&aacute;fica 8</a>)<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>. La proporci&oacute;n del empleo no agr&iacute;cola atribuible a las finanzas y los seguros desde 1947 ha aumentado mucho menos que el ingreso bruto de estos sectores, lo que implica una mejora significativa de las habilidades y la remuneraci&oacute;n de los trabajadores atra&iacute;dos por las finanzas. Un estudio reciente indica un pronunciado aumento, superior al promedio, de los salarios de quienes est&aacute;n empleados en el sector financiero (Philippon y Reshef, 2008), lo que quiz&aacute; refleje esa mejora. En 2007, una cuarta parte de los graduados del venerable Instituto Tecnol&oacute;gico de California entraron a dicho sector<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>.</p>     <p><a name="g8"></a>Gr&aacute;fica 8    <br> Sectores financiero y de seguros: variaci&oacute;n del valor agregado como proporci&oacute;n de la variaci&oacute;n del PIB</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g8.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;C&oacute;mo debemos interpretar esta tendencia ascendente estable y extraordinariamente persistente? &iquest;Es del todo accidental? (despu&eacute;s de todo, no hay evidencia de tal tendencia en los a&ntilde;os de preguerra) No es que el valor de los activos que se deben manejar haya aumentado persistentemente con respecto al PIB<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>. La respuesta a esta pregunta importa mucho.</p>     <p>En el contexto de la reforma financiera, la pregunta cr&iacute;tica que se debe hacer es: &iquest;la participaci&oacute;n creciente de los servicios financieros fue casual o es evidencia de que se <i>requer&iacute;a </i>una proporci&oacute;n creciente de servicios financieros en el PIB para intermediar una divisi&oacute;n del trabajo cada vez m&aacute;s compleja<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>?</p>     <p>Hago la pregunta porque muchas recomendaciones recientes de pol&iacute;tica reducir&iacute;an la participaci&oacute;n del ingreso financiero en el PIB. &iquest;Esas pol&iacute;ticas afectar&iacute;an el crecimiento de la productividad no financiera de Estados Unidos y nuestro nivel de vida? La pregunta m&aacute;s importante, en vista del fracaso reciente de la gesti&oacute;n del riesgo y de la regulaci&oacute;n, es si el aumento de la regulaci&oacute;n financiera en este momento inhibe o promueve (mediante una mayor estabilidad) el crecimiento econ&oacute;mico. Necesitamos una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda del papel de la intermediaci&oacute;n financiera en el crecimiento econ&oacute;mico para responder esa pregunta.</p>     <p><b>L<small>A INTERMEDIACI&Oacute;N FINANCIERA RIESGOSA</small></b></p>     <p>Un intermediario financiero no puede operar rentablemente sin asumir riesgos. Mantener &uacute;nicamente t&iacute;tulos de deuda p&uacute;blica de corto plazo, cuyo riesgo es nulo, asegura contra p&eacute;rdidas de cartera pero el margen del ingreso por intereses siempre ser&aacute; negativo. Por tanto, ese portafolio, con raras excepciones<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>, no puede ser financiado con ahorro privado sin p&eacute;rdidas. Los intermediarios financieros no tienen entonces m&aacute;s opci&oacute;n que operar con apalancamiento y aceptar el riesgo que involucra.</p>     <p>Pero, &iquest;qu&eacute; tanto riesgo se necesita para obtener una tasa competitiva de rendimiento del capital dedicado a la intermediaci&oacute;n financiera? Es evidente que el nivel de apalancamiento promedio (el inverso de la relaci&oacute;n entre capital social y activos) que los bancos pueden asumir y seguir siendo rentables aument&oacute; dr&aacute;sticamente de menos de 2 antes de la Guerra Civil a 10 o m&aacute;s despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Los sistemas de pagos mejoraron y los pr&eacute;stamos agr&iacute;colas dejaron de predominar en la composici&oacute;n de la cartera bancaria estadounidense (en favor de los pr&eacute;stamos comerciales). Y la competencia se ampli&oacute;.</p>     <p>Pero los promedios transmiten poca informaci&oacute;n relevante sobre la distribuci&oacute;n del riesgo. Hasta la evidencia del impacto de Lehman se desconoc&iacute;a la forma de la distribuci&oacute;n del riesgo de cola negativo extremo. Puesto que el riesgo de cola es indefinido<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>, al menos en principio, siempre habr&aacute; <i>alg&uacute;n</i> riesgo que no se puede cubrir con capital de los bancos y, por tanto, de que quiebren algunos e incluso muchos bancos. Pero eso no se convierte necesariamente en un problema sist&eacute;mico si los requerimientos de capital social y de liquidez se elevan sustancialmente y se ordena que una parte significativa de la deuda de los intermediarios sean bonos de capital contingente<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a>. A&uacute;n as&iacute;, habr&aacute; la posibilidad, por remota que sea, de que el sistema de intermediaci&oacute;n financiera privado tambalee, y requiera cr&eacute;dito soberano para seguir cumpliendo su vital funci&oacute;n.</p>     <p>Durante mucho tiempo los banqueros centrales han sido conscientes del potencial de quiebras en los mercados financieros privados. De hecho, en Estados Unidos, tan recientemente como en 1991, pensando en lo “impensable”, y ante el apremio de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, el Congreso examin&oacute; y enmend&oacute; la Secci&oacute;n 13-3 de la Ley de la Reserva Federal. La secci&oacute;n da autoridad pr&aacute;cticamente ilimitada a la Junta para otorgar pr&eacute;stamos en “circunstancias inusuales y exigentes”.</p>     <p><b>L<small>A INUNDACI&Oacute;N DEL SIGLO </small></b></p>     <p>En referencia a este tema, hace una d&eacute;cada se&ntilde;al&eacute;:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Existe [...] un dif&iacute;cil problema de manejo del riesgo que los banqueros centrales enfrentan cada d&iacute;a, reconozc&aacute;moslo expl&iacute;citamente o no: &iquest;qu&eacute; parte del riesgo subyacente de un sistema financiero debe recaer [exclusivamente] sobre los bancos y otras instituciones financieras? [Los bancos centrales] han decidido impl&iacute;citamente, si no de manera m&aacute;s abierta, exigir niveles de capital y de reservas a los bancos para prevenir resultados adversos, pero sin contemplar los de aquellas crisis que ocurren una o dos veces en un siglo y que amenazan la estabilidad de nuestros sistemas financieros nacionales e internacionales.</p> </blockquote>     <blockquote>       <p>No creo que ning&uacute;n banco central haga este c&aacute;lculo en forma expl&iacute;cita. Pero hemos elegido est&aacute;ndares de capital que por ning&uacute;n esfuerzo de la imaginaci&oacute;n nos pueden proteger contra todos los resultados adversos de p&eacute;rdidas potenciales. En este ejercicio est&aacute; impl&iacute;cita la admisi&oacute;n de que, en ciertos episodios, cuando sus sistemas de manejo del riesgo resultan ser inadecuados, los problemas de los bancos comerciales y otras entidades financieras ser&aacute;n resueltos por los bancos centrales. Al mismo tiempo, la sociedad en conjunto debe exigir que estos est&aacute;ndares sean muy altos. Las inundaciones del siglo s&oacute;lo ocurren una vez cada cien a&ntilde;os. Las instituciones financieras deber&iacute;an pensar en recurrir al banco central &uacute;nicamente en situaciones sumamente raras (Greenspan, 2000).</p> </blockquote>     <p>Est&aacute; en discusi&oacute;n si la crisis actual es esa “inundaci&oacute;n del siglo”. A lo sumo, las observaciones realizadas una vez en un siglo no pueden producir resultados robustos. Pero la evidencia reciente sugiere que la que sucedi&oacute; despu&eacute;s del colapso de Lehman es quiz&aacute; la crisis financiera global m&aacute;s grave que haya ocurrido. En la Gran Depresi&oacute;n, por supuesto, el colapso del producto econ&oacute;mico y el aumento del desempleo y la indigencia superaron de lejos a la situaci&oacute;n actual, y para muchos, a la situaci&oacute;n previsible futura de la econom&iacute;a mundial. Y, por supuesto, las quiebras bancarias generalizadas redujeron notablemente la disponibilidad de cr&eacute;dito de corto plazo. Pero los mercados financieros de corto plazo siguieron funcionando.</p>     <p>Las crisis financieras se caracterizan por una incapacidad progresiva para emitir, primero, deuda de largo plazo y, luego, de corto plazo, as&iacute; como deuda interbancaria. La incertidumbre del futuro y, por tanto, el riesgo futuro, es siempre mayor que el riesgo de plazo m&aacute;s cercano; por ello los m&aacute;rgenes de riesgo siempre aumentan con el vencimiento de un instrumento financiero<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a>. La profundidad de la crisis financiera es medida apropiadamente por el grado de colapso de la disponibilidad de cr&eacute;dito de corto plazo.</p>     <p>Creo que la evaporaci&oacute;n de la oferta global de cr&eacute;ditos de corto plazo unas horas o unos d&iacute;as despu&eacute;s de la quiebra de Lehman no tiene precedente hist&oacute;rico. Una corrida de los fondos del mercado de dinero, que hasta entonces se percib&iacute;an casi libres de riesgo, estaba en camino horas despu&eacute;s del anuncio del cese de pagos de Lehman<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a>. La Reserva Federal tuvo que actuar r&aacute;pidamente para apoyar al desfalleciente mercado de papeles comerciales. Sin apoyo, la desaparici&oacute;n del cr&eacute;dito comercial desencaden&oacute; una espiral de colapso econ&oacute;mico mundial en pocos d&iacute;as. Aun el casi sacrosanto mercado de repos plenamente colateralizados encontr&oacute; graves dificultades sin precedentes.</p>     <p>Debemos explorar muy a fondo la historia financiera de tiempos de paz para descubrir episodios similares. El mercado de dinero a la vista, ese veh&iacute;culo de la financiaci&oacute;n de corto plazo clave en esa &eacute;poca, se clausur&oacute; en el pico del p&aacute;nico de 1907, “cuando no se ofrec&iacute;a dinero a la vista a un d&iacute;a y la tasa solicitada aument&oacute; del 1 al 125%” (Homer y Sylla, 1991). Aun en lo m&aacute;s alto de la crisis burs&aacute;til de 1929, el mercado de dinero a la vista funcionaba, aunque las tasas ascendieron al 20%. En crisis financieras m&aacute;s moderadas, la disponibilidad de fondos en el mercado de largo plazo desapareci&oacute;, pero el mercado interbancario y otros mercados de corto plazo siguieron funcionando.</p>     <p>La desaparici&oacute;n del cr&eacute;dito interbancario es la m&aacute;xima estrechez financiera. Los inversionistas est&aacute;n dispuestos a prestar de un d&iacute;a para otro antes de que se sientan suficientemente protegidos por un capital adecuado para lograr vencimientos m&aacute;s lejanos y, por tanto, m&aacute;s riesgosos.</p>     <p>La evaporaci&oacute;n de los cr&eacute;ditos de corto plazo en septiembre de 2008 fue global y envolvente. Pero fue un proceso que ya hab&iacute;amos observado antes, s&oacute;lo que a nivel m&aacute;s micro<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>REFORMA DE LA REGULACI&Oacute;N</b></p>     <p><b>P<small>RINCIPIOS DE LA REFORMA</small></b></p>     <p>En vista de este per&iacute;odo de turbulencia pr&aacute;cticamente sin precedentes, &iquest;con qu&eacute; est&aacute;ndar se deber&iacute;a juzgar la reforma de la supervisi&oacute;n y la regulaci&oacute;n oficiales? No conozco ninguna forma de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica basada en la divisi&oacute;n del trabajo, desde el <i>laissez-faire</i> sin restricciones hasta la planificaci&oacute;n centralizada opresiva, que haya logrado el m&aacute;ximo crecimiento econ&oacute;mico sostenible y la estabilidad permanente. La planificaci&oacute;n centralizada fracas&oacute; y dudo mucho que en las econom&iacute;as capitalistas se pueda lograr la estabilidad, puesto que los mercados competitivos siempre turbulentos son atra&iacute;dos continuamente hacia el equilibrio, sin que jam&aacute;s lo logren del todo (ese es el proceso que lleva al crecimiento econ&oacute;mico).</p>     <p>Las personas que act&uacute;an sin previsi&oacute;n no pueden ser productivas, salvo por casualidad. La identificaci&oacute;n de la innovaci&oacute;n efectiva es, por necesidad, un acto racional. Por tanto, la inhibici&oacute;n del comportamiento irracional –cuando se lo puede identificar– mediante la regulaci&oacute;n puede ser estabilizadora, como muestra la historia reciente. Pero la regulaci&oacute;n tiene costos inevitables, en t&eacute;rminos de crecimiento econ&oacute;mico y nivel de vida, cuando se imponen restricciones que van m&aacute;s all&aacute; de contener el comportamiento improductivo.</p>     <p>Por su naturaleza, la regulaci&oacute;n impone restricciones a los mercados competitivos. El punto elusivo del equilibrio entre crecimiento y estabilidad siempre ha sido tema de debate, especialmente en lo que ata&ntilde;e a la regulaci&oacute;n financiera.</p>     <p>Durante los a&ntilde;os de posguerra, con excepci&oacute;n de un n&uacute;mero limitado de operaciones de salvamento de bancos estadounidenses<a href="#29" name="n29"><sup>29</sup></a>, el capital privado prob&oacute; ser capaz de cubrir pr&aacute;cticamente todas las provisiones por p&eacute;rdidas de cartera. Por tanto, nunca hubo una prueba definitiva de lo que entonces constitu&iacute;a la sabidur&iacute;a convencional: que una relaci&oacute;n entre capital social y activos del 6% al 10%, el rango que existi&oacute; entre 1946 y 2003, era suficiente para respaldar al sistema bancario de Estados Unidos.</p>     <p>El supuesto de los gestores de riesgo sobre el tama&ntilde;o de la cola negativa de la distribuci&oacute;n del riesgo de cr&eacute;dito y de tasa de inter&eacute;s, como se&ntilde;al&eacute; m&aacute;s atr&aacute;s, era, por necesidad, conjetural, y durante generaciones no tuvimos que probar esas conjeturas. En los a&ntilde;os anteriores a la crisis, estaba totalmente documentado que la mayor parte de la forma de la distribuci&oacute;n del riesgo percibido correspond&iacute;a a crisis financieras “moderadas” y euforias representadas en la parte relevante de la curva. Pero desde cuando empez&oacute; la compilaci&oacute;n moderna de datos financieros nunca tuvimos una “inundaci&oacute;n del siglo” que revelara la plena intensidad de la cola negativa.</p>     <p>Las secuelas de la crisis de Lehman trazaron una cola negativa mucho mayor de lo que se hubiera imaginado previamente. Supongo, con esperanza m&aacute;s que con conocimiento, que ese fue de hecho el extremo de una posible crisis <i> financiera </i>que se pueda experimentar en una econom&iacute;a de mercado.</p>     <p>En las d&eacute;cadas anteriores, los gestores de riesgo sab&iacute;an, por supuesto, que no era realista suponer que prevalecer&iacute;a la normalidad de la distribuci&oacute;n del riesgo, sino que era una primera aproximaci&oacute;n que facilitaba los c&aacute;lculos. Las matem&aacute;ticas de las colas gruesas eran bien entendidas, pero nuestra capacidad para triturar cifras era insuficiente para hacer los c&aacute;lculos necesarios para guiar las decisiones, excepto a un costo prohibitivo. Ese ya no es el caso.</p>     <p>Es claro que lo que experimentamos en las semanas siguientes a la quiebra de Lehman es exactamente el tipo de espasmo del mercado que supuestamente captaba la conjetura del riesgo de cola, y que no se capt&oacute;. Luego de la experiencia de Lehman, los gestores de riesgo ser&aacute;n mucho m&aacute;s cuidadosos al evaluar el riesgo futuro; al menos durante alg&uacute;n tiempo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Muchas firmas de inversi&oacute;n est&aacute;n construyendo distribuciones de probabilidad de los resultados utilizando como cola negativa los datos basados en las experiencias de los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Empleando simulaciones de Monte Carlo u otras t&eacute;cnicas han concluido, no inesperadamente, que se habr&iacute;a predicho que la probabilidad de una crisis financiera tan grave como la actual es mucho mayor de lo que indican los modelos de distribuci&oacute;n normal del riesgo. Dicha evidencia sugiere que una “inundaci&oacute;n del siglo” se da con m&aacute;s frecuencia que una vez cada cien a&ntilde;os.</p>     <p>La reforma m&aacute;s urgente que se debe realizar luego de la crisis es, a mi juicio, la del nivel de capital regulatorio ajustado por el riesgo de los activos. Lamentablemente, las evidentes posibilidades de que se haga trampa al sistema exigen una restricci&oacute;n adicional en forma de un requerimiento de capital <i>tangible </i>m&iacute;nimo. Los requerimientos de capital regulador anterior a la crisis, basado en d&eacute;cadas de experiencia, calificaban los t&iacute;tulos de hipotecas de vivienda amortizables entre los instrumentos privados m&aacute;s seguros. Y, sorprendente y desafortunadamente, gran parte de las decisiones de portafolio de inversi&oacute;n fue subcontratada al (mal) juicio de las agencias de calificaci&oacute;n de cr&eacute;dito.</p>     <p>Ese r&eacute;gimen es hoy desueto. Al parecer, los requerimientos de capital y de liquidez para los prestatarios individuales hoy se est&aacute;n ajustando al criterio revisado del mercado, seg&uacute;n el cual la cola negativa de la distribuci&oacute;n de riesgo se hab&iacute;a subestimado. En consecuencia, como se&ntilde;al&eacute; antes, los mercados privados hoy est&aacute;n requiriendo capital econ&oacute;mico y liquidez contable superiores a los de Basilea II, que muy pronto se enmendar&aacute;n.</p>     <p>Seg&uacute;n mi experiencia, los requerimientos de capital y liquidez pueden afrontar casi todas las deficiencias de la estructura de la regulaci&oacute;n financiera que la crisis saca a la luz. En retrospectiva, debe haber un nivel de capital que habr&iacute;a evitado la quiebra de Bear Stearns y Lehman Brothers, por ejemplo (si no un 10%, pensemos en un 40%). Adem&aacute;s, el capital tiene la ventaja reguladora de que no hay que pronosticar qu&eacute; productos financieros particulares est&aacute;n a punto de volverse t&oacute;xicos. Los inversionistas no previeron el futuro de los t&iacute;tulos <i>subprime</i> ni de los innumerables productos adicionales que fallaron. Un capital adecuado elimina la necesidad de una especificidad inalcanzable en el afinamiento de la regulaci&oacute;n.</p>     <p>Nuestra actual y hechiza estructura de regulaci&oacute;n ha evolucionado durante d&eacute;cadas y se ha vuelto demasiado compleja. Durante los debates que llevaron a la legislaci&oacute;n que se tradujo en una apertura necesaria a la competencia financiera (la Ley Gramm-Leach-Bliley), los dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica se equivocaron al no reconocer que el aumento de la competencia tambi&eacute;n incrementaba necesariamente el riesgo de cola negativo, lo que hac&iacute;a necesarios unos requerimientos de capital m&aacute;s altos.</p>     <p><b>U<small>N MAYOR CAPITAL ECON&Oacute;MICO</small></b></p>     <p>La cantidad de capital que hoy exigen las contrapartes influir&aacute; fuertemente en las pr&oacute;ximas revisiones de los requerimientos de capital <i>regulatorio</i>.</p>     <p>Es muy pronto para tener respuestas definitivas. Pero se pueden inferir aproximaciones muy toscas a partir de la respuesta de los CDS (<i>credit default swaps</i>) bancarios a los eventos posteriores a la crisis<a href="#30" name="n30"><sup>30</sup></a>. Sus movimientos tambi&eacute;n deber&iacute;an darnos un indicio de cu&aacute;ndo regresar&aacute; el sistema bancario al cr&eacute;dito amplio de los a&ntilde;os anteriores a la crisis.</p>     <p>Empezando a finales de 2008 y acelerando en el primer trimestre de 2009, el Tesoro de Estados Unidos a&ntilde;adi&oacute; US$250 mil millones al capital bancario a trav&eacute;s del Programa de Alivio de los Activos en Problemas (TARP), el equivalente de unos dos puntos porcentuales de la relaci&oacute;n entre capital social y activos. Su impacto fue importante e inmediato.</p>     <p>Cuando la crisis financiera se afianz&oacute; y se profundiz&oacute;, el margen promedio no ponderado de los CDS a 5 a&ntilde;os de los seis principales bancos de Estados Unidos<a href="#31" name="n31"><sup>31</sup></a> ascendi&oacute; de 17 puntos b&aacute;sicos a comienzos de 2007 a 170 puntos b&aacute;sicos justo antes del cese de pagos de Lehman el 15 de septiembre de 2008. En respuesta a la quiebra de Lehman, los CDS a 5 a&ntilde;os se elevaron a m&aacute;s de 400 puntos b&aacute;sicos el 10 de octubre. El <i>d&iacute;a </i>en que se anunci&oacute; el TARP (el 14 de octubre), los CDS a 5 a&ntilde;os cayeron cerca de 200 puntos b&aacute;sicos, el 50% (<a href="#g9">gr&aacute;fica 9</a>). Una adici&oacute;n de dos puntos porcentuales a la relaci&oacute;n entre capital social y activos en los libros de los bancos, que revirti&oacute; casi a la mitad el aumento de los CDS a 5 a&ntilde;os debido a la crisis, implica que para financiar las obligaciones de los bancos los participantes en el mercado exigen un aumento adicional de 4 puntos porcentuales en el colch&oacute;n de capital social (del 10% a mediados de 2007 al 14%). Esto supone una extrapolaci&oacute;n lineal (un supuesto evidentemente herc&uacute;leo) y adem&aacute;s la presunci&oacute;n de que la probabilidad de un TARP antes de Lehman era <i>de m inimis</i>. La brusquedad de la reacci&oacute;n del mercado al anuncio del TARP parece confirmar esa presunci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="g9"></a>Gr&aacute;fica 9    <br> CDS a 5 a&ntilde;os: Promedio de Bank of America, JP Morgan, Citigroup, Goldman Sachs, Wells Fargo y Morgan Stanley</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g9.jpg"></p>     <p>Las relaciones actuales entre capital y activos en libros est&aacute;n a&uacute;n muy lejos del 14%. La relaci&oacute;n entre capital y activos de los bancos comerciales era del 11,1% el 30 de septiembre de 2009 (seg&uacute;n report&oacute; la FDIC), en comparaci&oacute;n con el 10,1% a mediados de 2007. Pero si se descontara la adici&oacute;n de m&aacute;s de US$500 mil millones a los activos de los bancos comerciales en forma de tenencias de saldos en la Reserva Federal (un activo de riesgo nulo) la relaci&oacute;n entre capital y activos se elevar&iacute;a al 11,7%. El FMI estim&oacute; en octubre pasado que las p&eacute;rdidas de pr&eacute;stamos no reconocidas eran tambi&eacute;n de centenares de miles de millones de d&oacute;lares. Las tendencias de la liquidez relevante se miden con menor facilidad, pero se suponen paralelas a las variaciones del capital.</p>     <p>Que los bancos a&uacute;n deben adicionar m&aacute;s capital social tambi&eacute;n lo indican los CDS a 5 a&ntilde;os del 31 de diciembre de 2009 (y desde entonces) con un precio cercano a 100 puntos b&aacute;sicos, a&uacute;n muy alto con respecto al nivel de 17 puntos b&aacute;sicos que prevalec&iacute;a a comienzos de 2007, cuando un capital del 10% era al parecer suficiente para eliminar pr&aacute;cticamente la amenaza de quiebra e inducir a los oficiales de cr&eacute;dito a prestar m&aacute;s libremente.</p>     <p>No hay duda de que la inyecci&oacute;n de dinero del TARP redujo notoriamente el temor de quiebras bancarias a comienzos de 2009. Lo que es m&aacute;s dif&iacute;cil de juzgar es el impacto del dram&aacute;tico incremento del capital bancario a precio de <i>mercado</i> frente a los activos bancarios a precio de <i> mercado</i> sobre los CDS bancarios. Esa relaci&oacute;n aument&oacute; 5 puntos porcentuales desde finales de marzo de 2009 hasta finales de septiembre (del 7,4% al 12,6%)<a href="#32" name="n32"><sup>32</sup></a>(<a href="#g10">gr&aacute;fica 10</a>). No caben muchas dudas de que esto aument&oacute; en forma significativa la solvencia de los bancos, aunque al parecer s&oacute;lo con la mitad de la efectividad (d&oacute;lar por d&oacute;lar) del cambio m&aacute;s permanente del valor del capital social en libros<a href="#33" name="n33"><sup>33</sup></a>.</p>     <p><a name="g10"></a>Gr&aacute;fica 10    <br> FDIC, bancos comerciales asegurados</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g10.jpg"></p>     <p>Gran parte del reembolso de las inversiones del TARP al Tesoro de Estados Unidos se financi&oacute; con la emisi&oacute;n de nuevo capital que se hizo posible con el incremento de US$650 mil millones del capital a precio de mercado de los bancos comerciales, y los pr&eacute;stamos se volvieron m&aacute;s f&aacute;ciles (y m&aacute;s baratos) debido al aumento del colch&oacute;n de capital engendrado por el aumento del capital bancario a precio de mercado. La contribuci&oacute;n relativa del TARP y de ese aumento de capital a la solvencia bancaria y a la disposici&oacute;n a prestar no es del todo clara, aun en retrospectiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El TARP no s&oacute;lo introdujo capital sino que indujo a los agentes del mercado a inferir que el Tesoro de Estados Unidos respaldar&iacute;a las obligaciones del sistema bancario, al menos por un tiempo. Esto puede explicar la divergencia, desde septiembre de 2009, entre el Libor- OIS de corto plazo (de 1 a 3 meses)<a href="#34" name="n34"><sup>34</sup></a> y los CDS a 5 y 10 a&ntilde;os. A finales de septiembre de 2009 los m&aacute;rgenes Libor- OIS de corto plazo retornaron al nivel anterior a la crisis. S&oacute;lo una parte de los CDS de largo vencimiento retorn&oacute; a ese nivel<a href="#35" name="n35"><sup>35</sup></a>. El Libor- OIS a un a&ntilde;o se sit&uacute;a en el medio (<a href="#g11">gr&aacute;fica 11</a>). Es claro que los mercados est&aacute;n descontando parte del colch&oacute;n del capital bancario a precio de mercado de aqu&iacute; a cinco y diez a&ntilde;os, debido a la volatilidad de los precios de las acciones o a que cuestionan la voluntad o la capacidad pol&iacute;tica del gobierno, despu&eacute;s de que los mercados vuelvan a la normalidad, para iniciar otra operaci&oacute;n de rescate bancario.</p>     <p>En vista del anterior conjunto de supuestos y conclusiones fr&aacute;giles (es todo lo que tenemos) juzgar&iacute;a que al final veremos que los requerimientos de capital social regulador habr&aacute;n ascendido del 10% anterior a la crisis (en t&eacute;rminos del valor en libros) al 13% o 14% en 2012, y que los requerimientos de liquidez se habr&aacute;n endurecido en similar medida.</p>     <p>Los agentes del mercado tambi&eacute;n han aumentado el margen requerido y las garant&iacute;as requeridas para las transacciones con intermediarios financieros no bancarios. En las transacciones con entidades no bancarias de todas las variedades que se conocen como “banca en la sombra” quiz&aacute; sea mejor regular los productos financieros y no a las instituciones.</p>     <p><a name="g11"></a>Gr&aacute;fica 11</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g11.jpg"></p>     <p><b>L<small>O QUE LA REGULACI&Oacute;N <i>PUEDE</i> HACER</small> <i></i><i></i></b></p>     <p>Seg&uacute;n mi experiencia, lo que la supervisi&oacute;n y el examen <i>pueden</i> hacer para respaldar los requerimientos de capital y la gesti&oacute;n del riesgo de contraparte es promulgar normas preventivas <i>que no requieran anticipar un futuro incierto</i>. La supervisi&oacute;n:</p>     <li>puede auditar y hacer cumplir las garant&iacute;as y el capital requeridos<a href="#36" name="n36"><sup>36</sup></a>.</li>     <li>puede exigir que la emisi&oacute;n de algunas deudas de las instituciones financieras se convierta en capital, en caso de que el capital social se deteriore (ver pp. 46-47). aqu&iacute;; poner el n&uacute;mero correspondiente en la diagramaci&oacute;n</li>     <li>puede y tiene que imponer l&iacute;mites o prohibiciones a ciertos tipos de cr&eacute;dito bancario concentrado.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>puede prohibir una estructura compleja de filiales y subsidiarias cuyo &uacute;nico prop&oacute;sito es la evasi&oacute;n de impuestos o del arbitraje regulador.</li>     <li>puede inhibir la reconsolidaci&oacute;n de filiales que se vendieron a los inversionistas, especialmente los veh&iacute;culos de inversi&oacute;n estructurada (SIV). Cuando estos activos parec&iacute;an a punto de entrar en mora, las compa&ntilde;&iacute;as patrocinadoras, temerosas del riesgo de reputaci&oacute;n (&iquest;una nueva intuici&oacute;n?), reabsorbieron legalmente las filiales que hab&iacute;an vendido, con una gran p&eacute;rdida subsiguiente.</li>     <li>puede exigir “testamentos en vida” que obliguen al intermediario financiero a indicar peri&oacute;dicamente c&oacute;mo se puede liquidar expeditamente con m&iacute;nimo impacto sobre las contrapartes y los mercados.</li>     <p><b>H<small>ISTORIA DEL CAPITAL REGULATORIO</small></b></p>     <p>A fines del siglo XIX, los bancos estadounidenses necesitaban un capital social del 30% de los activos para atraer los dep&oacute;sitos necesarios para financiar sus activos. En el per&iacute;odo anterior a la Guerra Civil, esa cifra super&oacute; el 50% (<a href="#g12">gr&aacute;fica 12</a>). Dado el car&aacute;cter rudimentario de los sistemas de pagos y la mala distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de las reservas en una econom&iacute;a en ese entonces agr&iacute;cola, la competencia por cr&eacute;dito bancario era sobre todo local. Permiti&oacute; que los bancos nacionales obtuvieran un rendimiento neto promedio sobre activos de m&aacute;s de 200 puntos b&aacute;sicos a finales de la d&eacute;cada de 1880 y quiz&aacute; m&aacute;s de 300 puntos b&aacute;sicos en la de 1870 (en comparaci&oacute;n con 70 puntos b&aacute;sicos un siglo despu&eacute;s).</p>     <p><a name="g12"></a>Gr&aacute;fica 12    <br> Relaci&oacute;n entre capital propio total y activos totales</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g12.jpg"></p>     <p>El aumento de la eficiencia de la intermediaci&oacute;n financiera, debido a la consolidaci&oacute;n de las reservas y a la mejora de los sistemas de pagos, presion&oacute; a trav&eacute;s de la competencia para estrechar los m&aacute;rgenes y permitir que disminuyera la relaci&oacute;n entre capital y activos. En marcado contraste, la tasa anual promedio de ingreso neto de los rendimientos del <i>capital propio</i> fue asombrosamente estable, y raras veces sali&oacute; del rango del 5% al 10% anual durante el siglo transcurrido entre 1869 y 1966 (<a href="#g13">gr&aacute;fica 13</a>). Eso significa que el ingreso neto como porcentaje de los activos y el grado de apalancamiento fueron bastante proporcionales, y que se compensaban.</p>     <p><a name="g13"></a>Gr&aacute;fica 13    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Ingreso neto como porcentaje del capital propio</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g13.jpg"></p>     <p>Las tasas de rendimiento de los activos y del capital se elevaron levemente durante 1966-1982 (pese al descenso del apalancamiento)<a href="#37" name="n37"><sup>37</sup></a> debido a la r&aacute;pida expansi&oacute;n del ingreso no proveniente de intereses, de actividades fiduciarias, cargos y retribuciones por servicios, ingreso neto de la titularizaci&oacute;n (y m&aacute;s tarde de la banca de inversi&oacute;n y el corretaje). El ingreso no proveniente de intereses aument&oacute; notoriamente entre 1982 y 2006 (incrementando el rendimiento neto sobre el capital en cerca del 15%) como consecuencia de la ampliaci&oacute;n del alcance de las actividades autorizadas a los bancos.</p>     <p>Eso reflej&oacute; en parte el surgimiento en abril de 1987 de las entidades “Secci&oacute;n 20”, bancos de inversi&oacute;n filiales de las compa&ntilde;&iacute;as de <i>holding</i> bancario, figura autorizada por los tribunales y regulada por la Reserva Federal<a href="#38" name="n38"><sup>38</sup></a>. El cambio de composici&oacute;n de los ingresos de ese negocio es claramente visible en la aceleraci&oacute;n del crecimiento del ingreso bancario bruto con respecto al de los bancos de inversi&oacute;n que se inici&oacute; en 2000 (<a href="#g14">gr&aacute;fica 14</a>)<a href="#39" name="n39"><sup>39</sup></a>.</p>     <p>Presumo que la estabilidad hist&oacute;rica del ingreso neto promedio con respecto al capital, que se remonta a los a&ntilde;os posteriores a la Guerra Civil, refleja una tasa de rendimiento subyacente de la intermediaci&oacute;n determinada ex ante por el mercado.</p>     <p><a name="g14"></a>Gr&aacute;fica 14    <br> Valor agregado: Participaci&oacute;n en el PIB nominal (%)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g14.jpg"></p>     <p>En resumen, la crisis actual dejar&aacute; en su camino un requerimiento de capital a activos mucho m&aacute;s alto, econ&oacute;mico y regulatorio, que se debe alcanzar para que la intermediaci&oacute;n se restablezca hasta al punto en que los bancos y otros intermediarios conf&iacute;en en que tienen un colch&oacute;n de capital suficiente y seguro para prestar libremente.</p>     <p><b>L<small>&Iacute;MITES A LOS REQUERIMIENTOS DE CAPITAL REGULATORIO</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando se determinan los niveles de capital regulatorio adecuado, es necesario reconocer que esa decisi&oacute;n no es independiente del alcance de la actividad bancaria regulada. El nivel de capital regulatorio tiene l&iacute;mites. Un banco, o cualquier intermediario financiero, necesita un apalancamiento significativo para ser competitivo. Sin apalancamiento adecuado, los mercados no proporcionan una tasa de rendimiento de los activos financieros suficientemente alta para atraer capital a esa actividad<a href="#40" name="n40"><sup>40</sup></a>. Pero con un grado de apalancamiento demasiado alto, la solvencia del banco queda en riesgo.</p>     <p>Para encontrar el equilibrio regulatorio necesitamos buscar la relaci&oacute;n promedio entre capital y activos m&aacute;s alta que un sistema bancario puede tolerar antes de que un n&uacute;mero significativo de bancos tenga que elevar su margen o reducir su tama&ntilde;o<a href="#41" name="n41"><sup>41</sup></a>.</p>     <p>Ese problema es resoluble si tomamos como referencia la notable estabilidad de la relaci&oacute;n entre ingreso neto y capital social (del 5% al 15%) que prevaleci&oacute; con raras excepciones desde el final de la Guerra Civil (<a href="#g13">gr&aacute;fica 13</a>). Supongo una tasa de rendimiento anual promedio del 5% (el l&iacute;mite inferior del rango) como <i>proxy</i> de la distribuci&oacute;n de todos los miles de bancos que compondr&iacute;an el promedio. Tasa que para este ejercicio representa el rendimiento m&iacute;nimo promedio de la intermediaci&oacute;n requerido ex ante en condiciones de competencia. De ser as&iacute;, la relaci&oacute;n entre capital y activos <i>m&aacute;s alta</i> que puede tolerar el sistema bancario de Estados Unidos y seguir suministrando una capacidad financiera adecuada al sector no financiero se puede inferir a partir de la identidad:</p>     <p>&pi;/C = (&pi;/A)(A/C)</p>     <p>donde p es el ingreso neto, C el capital social y A los activos totales.</p>     <p>Si &pi;/C = 0,05, C/A = 20(&pi;/A).</p>     <p>Se puede demostrar que &pi;/A = (r<sub>r</sub> – r<sub>p</sub> – k)w + n – e – &alpha;, donde r<sub>r</sub> es la tasa de inter&eacute;s que reciben los activos con rendimiento, r<sub>p</sub> la tasa de inter&eacute;s que se paga por los pasivos remunerados, k la relaci&oacute;n entre p&eacute;rdidas y activos con rendimiento, w la relaci&oacute;n entre activos con rendimiento y activos totales, n la proporci&oacute;n entre ingreso no proveniente de intereses y activos, e la relaci&oacute;n entre gastos diferentes de intereses y activos totales, y &alpha; el cociente de impuestos y otros ajustes menores sobre activos totales.</p>     <p>Como se puede ver en el <a href="#c2">cuadro 2</a>, todo el aumento de &pi;/A y &pi;/C desde 1980 se debe al marcado aumento del ingreso no proveniente de intereses.</p>     <p><a name="c2"></a>Cuadro 2</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2c2.jpg">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <font size="-2">a: Ingreso neto dividido por el total de activos; b: Margen de la tasa de inter&eacute;s x participaci&oacute;n del total de activos que reciben ingreso; c: Provisiones por p&eacute;rdidas de pr&eacute;stamos y arriendos y transferencias de riesgo divididas por activos que reciben ingreso x participaci&oacute;n del total de activos que reciben ingreso; d: Ingreso no proveniente de intereses dividido por el total de activos; e: Gasto diferente de intereses dividido por el total de activos, y f: Impuestos m&aacute;s rubros    <br> menores netos divididos por el total de activos.</font></p>     <p>En los a&ntilde;os inmediatamente anteriores al inicio de la crisis &pi;/A promedi&oacute; 0,012 y, por tanto, el capital regulatorio m&aacute;ximo promedio inferido, C/A, fue 0,24. Si todo lo dem&aacute;s es igual<a href="#42" name="n42"><sup>42</sup></a>, una tasa mayor de 0,24 llevar&iacute;a la tasa de rendimiento promedio del capital por debajo del nivel cr&iacute;tico del 5%. Si &pi;/A revirtiera y regresara al promedio del primer cuarto de siglo del per&iacute;odo de posguerra (0,0075), entonces &pi;/A = 0,0075 y C/A = 0,15, marginalmente superior a los requerimientos de capital del 12% al 14% presumiblemente determinados por el mercado, que inducir&iacute;an a los bancos a prestar libremente.</p>     <p>Aunque estos c&aacute;lculos se derivan de un modelo est&aacute;tico y es inevitable que sean imprecisos, destacan los <i>trade-offs</i> regulatorios entre requerimientos de capital y alcance de las actividades bancarias permisibles. Y sugieren que un requerimiento de capital del 13% al 14% de los activos deja gran libertad de acci&oacute;n a los reguladores para elevar los requerimientos de capital <i>siempre que</i> en el proceso no se restrinja indebidamente el alcance de las actividades bancarias.</p>     <p>En resumen, existe un l&iacute;mite superior al monto total de capital social que una firma financiera puede requerir para mantener sin presiones su tasa de rendimiento del capital por debajo de lo que la historia sugiere que es el 5% promedio competitivo m&iacute;nimo. Debido a que la intermediaci&oacute;n financiera requiere un apalancamiento significativo para ser rentable, los riesgos, a veces grandes, son inherentes a este proceso indispensable. Y en raras ocasiones la firma quebrar&aacute; y podr&aacute; requerir la sustituci&oacute;n temporal de capital privado por cr&eacute;dito soberano.</p>     <p><b>D<small>EMASIADO GRANDE PARA QUEBRAR</small></b></p>     <p>M&aacute;s all&aacute; de aumentar significativamente los requerimientos de capital est&aacute; la necesidad de enfrentar los problemas de algunas firmas financieras “demasiado grandes para quebrar” (DGPQ) o, en t&eacute;rminos m&aacute;s adecuados, “demasiado interconectadas para ser liquidadas r&aacute;pidamente”. El empleo productivo del ahorro escaso de la naci&oacute;n est&aacute; siendo amenazado por firmas financieras al borde de la quiebra, respaldadas con fondos de los contribuyentes, a las que se denomina instituciones sist&eacute;micamente importantes. Estoy de acuerdo con Gary Stern, ex Presidente del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, quien por mucho tiempo ha sostenido que “los acreedores seguir&aacute;n subvalorando la toma de riesgos de estas instituciones financieras, financi&aacute;ndolas en exceso, sin proporcionar una disciplina de mercado efectiva. Ante precios demasiado bajos, las firmas sist&eacute;micamente importantes tomar&aacute;n riesgos excesivos”<a href="#43" name="n43"><sup>43</sup></a>. Estas firmas absorben los ahorros escasos que se necesita invertir en tecnolog&iacute;as de punta para que el producto por hora y el nivel de vida sigan aumentando.</p>     <p>Despu&eacute;s de ser un asunto marginal en la ciencia econ&oacute;mica durante a&ntilde;os, el problema de “demasiado grande para quebrar” se convirti&oacute; en una importante y visible amenaza para el crecimiento econ&oacute;mico. Se volvi&oacute; un asunto de primera l&iacute;nea con la intervenci&oacute;n de Fannie Mae y Freddie Mac el 7 de septiembre de 2008. Antes de esa fecha, los formuladores de pol&iacute;tica de Estados Unidos (con los dedos cruzados) pod&iacute;an se&ntilde;alar que Fannie y Freddie, por mandato legal, no estaban respaldas por la “plena fe y el cr&eacute;dito del gobierno de Estados Unidos”. Los agentes del mercado, sin embargo, no creyeron en la negaci&oacute;n, y proporcionaron consistentemente a Fannie y Freddie un subsidio de cr&eacute;dito extraordinario. El 7 de septiembre de 2008, los agentes del mercado fueron finalmente vindicados<a href="#44" name="n44"><sup>44</sup></a>.</p>     <p>Un efecto muy perturbador del problema del salvamento de las firmas DGPQ, que se present&oacute; desde la toma federal de Fannie Mae y Freddie Mac en septiembre de 2008, es que los agentes del mercado van a creer, si surge la ocasi&oacute;n, que <i>toda </i>entidad financiera importante ser&aacute; rescatada con dinero de los contribuyentes. Las empresas que sean rescatadas tienen ventajas de competitividad y de costo del capital, pero no ventajas de eficiencia, sobre las firmas que no se consideran sist&eacute;micamente importantes.</p>     <p>Durante a&ntilde;os la Reserva Federal ha estado preocupada por el tama&ntilde;o cada vez mayor de nuestras entidades financieras. Las investigaciones de la Reserva Federal no han podido encontrar econom&iacute;as de escala en la banca m&aacute;s all&aacute; de una entidad de tama&ntilde;o modesto. Hace una d&eacute;cada, citando esa evidencia (Berger y Humphrey, 1994, 7), se&ntilde;al&eacute;: “los megabancos que se est&aacute;n formando con el crecimiento y la consolidaci&oacute;n son entidades cada vez m&aacute;s complejas que generan un potencial de riesgos sist&eacute;micos inusualmente altos en la econom&iacute;a nacional e internacional si llegan a quebrar” (Greenspan, 1999). Infortunadamente, poco hicimos para abordar el problema.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las entidades que generan riesgos sist&eacute;micos son uno de los principales problemas de regulaci&oacute;n para los que no hay buenas soluciones. La resoluci&oacute;n anterior de los problemas bancarios bajo la Ley de Mejoramiento de la Corporaci&oacute;n Federal de Seguros de Dep&oacute;sitos de 1991 (FDICIA) parece haber funcionado con bancos m&aacute;s peque&ntilde;os durante per&iacute;odos de prosperidad general. Pero la noci&oacute;n de que los riesgos se pueden identificar con la oportunidad suficiente para liquidar un gran banco con m&iacute;nima p&eacute;rdida prob&oacute; ser insostenible en esta crisis y sospecho que lo ser&aacute; tambi&eacute;n en crisis futuras<a href="#45" name="n45"><sup>45</sup></a>.</p>     <p>A mi juicio, la soluci&oacute;n que tiene al menos una posibilidad razonable de revertir el enorme riesgo moral<a href="#46" name="n46"><sup>46</sup></a> que surgi&oacute; el a&ntilde;o pasado es exigir que los bancos y quiz&aacute; todos los intermediarios financieros mantengan bonos de capital contingente, es decir, deuda que se convierta autom&aacute;ticamente en capital cuando el capital social caiga por debajo de cierto umbral. Dicha deuda, por supuesto, ser&aacute; m&aacute;s costosa que la emisi&oacute;n de bonos ordinarios, pero su existencia podr&iacute;a reducir notoriamente el riesgo moral.</p>     <p>Pero si los bonos de capital contingente resultan ser insuficientes deber&iacute;amos permitir que las entidades grandes quiebren, y si los reguladores juzgan que son demasiado interconectadas para liquidarlas r&aacute;pidamente, llevarlas a una instancia especial de bancarrota. Eso dar&iacute;a al regulador el acceso a recursos fiscales para obtener cr&eacute;ditos postconcordatarios. Una nueva ley crear&iacute;a un panel de jueces expertos en finanzas. La ley exigir&iacute;a que (cuando el capital est&eacute; totalmente agotado) los acreedores est&eacute;n sujetos a principios legalmente definidos de descuento del valor nominal de sus acreencias (<i>haircuts</i>) antes de que el intermediario financiero sea reestructurado. La firma luego estar&iacute;a obligada a dividirse en unidades independientes, ninguna de las cuales deber&iacute;a ser demasiado grande para quebrar.</p>     <p>Supongo que algunas de las firmas reci&eacute;n creadas sobrevivir&aacute;n y otras quebrar&aacute;n. Si despu&eacute;s de un plazo fijo (&iquest;un mes?) ninguna salida de la bancarrota parece viable, se deber&aacute; liquidar al intermediario financiero de la manera m&aacute;s expedita posible.</p>     <p><b>R<small>EGULACIONES QUE INCORPOREN PERMANENTEMENTE LAS FALLAS DE PREVISI&Oacute;N</small></b></p>     <p>La crisis actual demostr&oacute; que ni los reguladores bancarios ni nadie m&aacute;s pueden pronosticar consistente y exactamente si las hipotecas <i>subprime</i> se volver&aacute;n t&oacute;xicas o en qu&eacute; grado, por ejemplo, o si un tramo particular de una obligaci&oacute;n de deuda garantizada entrar&aacute; en mora o incluso si el sistema financiero en conjunto se paralizar&aacute;. Un alto porcentaje de esas dif&iacute;ciles previsiones ser&aacute; err&oacute;neo. Los reguladores pueden identificar f&aacute;cilmente la subvaloraci&oacute;n del riesgo y la existencia de burbujas, pero lo que es m&aacute;s importante, no pueden prever cu&aacute;ndo se iniciar&aacute; una crisis, salvo por casualidad<a href="#47" name="n47"><sup>47</sup></a>. Esto no nos deber&iacute;a sorprender.</p>     <p>Una crisis financiera se define como un descenso fuerte y abrupto del precio de los activos con rendimiento, usualmente inducido por un brusco aumento de la tasa de descuento de los flujos de ingreso cuando los agentes del mercado pasan de la euforia al temor. Un corolario del cambio fuerte y s&uacute;bito de precios es que no fue previsto por la mayor&iacute;a de agentes del mercado. De otra manera, los desequilibrios de precios se habr&iacute;an eliminado por el arbitraje.</p>     <p>Por cierto, a&ntilde;os antes de agosto de 2007 se preve&iacute;a que el evento que precipitar&iacute;a la “pr&oacute;xima” crisis ser&iacute;a una fuerte ca&iacute;da del d&oacute;lar a ra&iacute;z del incremento dram&aacute;tico del d&eacute;ficit en cuenta corriente de Estados Unidos a partir de 2002. El d&oacute;lar se ver&iacute;a en consecuencia sometido a fuertes presiones de venta. El aumento de la tasa de cambio euro-d&oacute;lar, de 1,10 en la primavera de 2003 a 1,30 a finales de 2004, por ejemplo, parece haber eliminado <i>gradualmente</i> por arbitraje ese presunto detonador de la “pr&oacute;xima” crisis. El d&eacute;ficit en cuenta corriente de Estados Unidos no tuvo un papel directo importante en el inicio de la crisis de 2007, aunque pueda tenerlo en la pr&oacute;xima.</p>     <p>En los a&ntilde;os venideros, los pronosticadores identificar&aacute;n f&aacute;cilmente el riesgo que est&aacute; subvalorado, o al menos identificar&aacute;n los riesgos cuyo precio es menor que el promedio hist&oacute;rico. Pero, como ya se&ntilde;al&eacute;, en un caso despu&eacute;s de otro el riesgo estuvo subvalorado durante a&ntilde;os. Los pronosticadores como grupo casi con certeza fallar&aacute;n al prever el inicio de la siguiente crisis financiera, como han fallado tantas veces en el pasado, y presumo que cualquier “regulador sist&eacute;mico” reci&eacute;n dise&ntilde;ado tambi&eacute;n fallar&aacute;. En el actual ambiente de complejidad no veo una alternativa disponible distinta de aumentar en forma significativa los requerimientos de capital y liquidez regulatorios y reforzar la vigilancia del riesgo de contraparte de los bancos individuales.</p>     <p>La Reserva Federal ha estado preocupada durante a&ntilde;os por la capacidad de los reguladores y encargados de la vigilancia y el control para prever la aparici&oacute;n de problemas que eludan los sistemas de auditor&iacute;a interna de los bancos y de sus auditores independientes. En 2000 coment&eacute; ante la American Bankers Association:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os la tecnolog&iacute;a r&aacute;pidamente cambiante ha empezado a volver obsoleto gran parte del r&eacute;gimen de auditor&iacute;a bancaria que se estableci&oacute; en las d&eacute;cadas pasadas. Los reguladores bancarios est&aacute;n siendo forzosamente presionados a depender cada vez m&aacute;s de la mayor y m&aacute;s sofisticada disciplina del mercado privado, a&uacute;n la forma m&aacute;s efectiva de regulaci&oacute;n. De hecho, estos desarrollos refuerzan la verdad de una lecci&oacute;n clave de nuestra historia bancaria: que la supervisi&oacute;n privada del riesgo de contraparte sigue siendo la primera l&iacute;nea de defensa en la regulaci&oacute;n del sistema<a href="#48" name="n48"><sup>48</sup></a>.</p> </blockquote>     <p>Lamentablemente, esa primera l&iacute;nea de defensa fracas&oacute;.</p>     <p>Hace un siglo, los examinadores pod&iacute;an evaluar los pr&eacute;stamos individuales y juzgar su solidez<a href="#49" name="n49"><sup>49</sup></a>. Pero en el actual entorno global del cr&eacute;dito, &iquest;c&oacute;mo juzga un examinador de un banco estadounidense la calidad de un pr&eacute;stamo a un banco ruso, por ejemplo, y por tanto la cartera de pr&eacute;stamos de ese banco? Lo que a su vez exigir&iacute;a examinar a las contrapartes del banco ruso y las contrapartes de esas contrapartes para juzgar la solidez de una sola transacci&oacute;n financiera. En suma, un examinador bancario no puede y tampoco lo puede hacer una agencia calificadora de cr&eacute;dito. &iquest;Qu&eacute; profundidad en el examen de los miles de capas es suficiente para la certificaci&oacute;n?</p>     <p>En su operaci&oacute;n, la complejidad de nuestro sistema financiero engendra en una semana muchas supuestas crisis que nunca suceden en ese momento, e innumerables alegatos de mal comportamiento financiero. Para examinar cada una de esas posibilidades con el nivel de detalle necesario para llegar a conclusiones precisas se necesitar&iacute;a un cuerpo de examinadores muchos m&uacute;ltiplos mayor que el que hoy opera en cualquiera de nuestras agencias de regulaci&oacute;n bancaria. Se puede argumentar que ese nivel de examen impedir&iacute;a los pr&eacute;stamos bancarios y la toma de los riesgos necesarios.</p>     <p>Por ello se exig&iacute;a y a&uacute;n se exige que la Reserva Federal y otros reguladores adivinen cu&aacute;les se&ntilde;alamientos de problemas pendientes o alegatos de mal comportamiento deben ser sometidos al pleno escrutinio de un cuerpo de funcionarios que necesariamente tiene limitada capacidad de examen. Pero este dilema significa que despu&eacute;s de la siguiente crisis veremos que examinadores muy competentes no pudieron detectar a un Madoff. La supervisi&oacute;n y la evaluaci&oacute;n de la Reserva Federal son tan buenas como es posible, aun considerando las fallas de los a&ntilde;os anteriores. Pero los bancos tienen pocas opciones, salvo la de confiar en su vigilancia del riesgo de contraparte como primera l&iacute;nea de defensa de las crisis<a href="#50" name="n50"><sup>50</sup></a>.</p>     <p><b>EL PAPEL DE LA POL&Iacute;TICA MONETARIA</b></p>     <p><b>L<small>A POL&Iacute;TICA MONETARIA Y LAS BURBUJAS DE PRECIOS DE LA VIVIENDA</small></b></p>     <p>La burbuja global de los precios de la vivienda fue una consecuencia de las bajas tasas de inter&eacute;s, pero fueron las tasas de inter&eacute;s <i> de largo plazo </i>las que impulsaron los precios de los activos de vivienda, no las tasas de inter&eacute;s de intervenci&oacute;n de los bancos centrales, como ha llegado a ser la sabidur&iacute;a convencional. En Estados Unidos, la burbuja de precios de la vivienda fue inducida por el bajo nivel de la tasa fija de las hipotecas a 30 a&ntilde;os, que empez&oacute; a descender de su pico de mediados de la d&eacute;cada de 2000 seis meses antes de que la Reserva Federal redujera la tasa de fondos federales en enero de 2001.</p>     <p>Entre 2002 y 2005, las tasas mensuales de las hipotecas de vivienda a 30 a&ntilde;os se adelantaron al cambio de los precios mensuales de la vivienda (medidos por el &iacute;ndice de precios de la vivienda Case Shiller en 20 ciudades) durante 11 meses, con un R<sup>2</sup> (ajustado) de 0,511 y un estad&iacute;stico t de -6,93; un indicador de precios de la vivienda mucho mejor que las tasas de fondos federales, que registraron un R<sup>2</sup> (ajustado) de 0,216 y un estad&iacute;stico t de 3,62 (con un adelanto de s&oacute;lo ocho meses)<a href="#51" name="n51"><sup>51</sup></a>. La regresi&oacute;n de las tasas hipotecarias (con un adelanto de 11 meses) y la tasa de fondos federales (con un adelanto de 8 meses) contra los precios de la vivienda arroja un estad&iacute;stico t altamente significativo para las hipotecas, de 5,20, pero un estad&iacute;stico t no significativo para la tasa de fondos federales, de -0,51.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto no deber&iacute;a sorprender. Despu&eacute;s de todo, los precios de los activos de larga duraci&oacute;n siempre se han determinado descontando el flujo de ingresos (o los servicios imputados) por las tasas de inter&eacute;s de igual vencimiento que la vida del activo. Nadie, que yo sepa, utiliza las tasas de inter&eacute;s interbancarias –como las tasas de los fondos federales– para determinar la tasa de capitalizaci&oacute;n de los bienes ra&iacute;ces, bien sean los flujos de efectivo de un edificio de oficinas o el arriendo imputado de una residencia unifamiliar.</p>     <p>Es comprensible por qu&eacute; antes de 2002 se percib&iacute;a que las tasas de fondos federales eran un indicador anticipado de muchas series estad&iacute;sticas que en realidad tienen una relaci&oacute;n causal con tasas de inter&eacute;s de m&aacute;s largo plazo. En Estados Unidos, el coeficiente de correlaci&oacute;n entre las tasas de fondos federales y la tasa de hipotecas a 30 a&ntilde;os desde 1963 hasta 2002, por ejemplo, fue de un estrecho 0,83<a href="#52" name="n52"><sup>52</sup></a>. En consecuencia, durante esos a&ntilde;os, las regresiones en las que los precios de la vivienda eran la variable dependiente funcionaban igualmente bien con tasas de largo plazo o con tasas de inter&eacute;s interbancario como variable explicativa.</p>     <p>Pero la tasa de las hipotecas a 30 a&ntilde;os se desvincul&oacute; claramente de la tasa de los fondos federales en la primera parte de esta d&eacute;cada. La correlaci&oacute;n entre la tasa de los fondos y la tasa hipotecaria a 30 a&ntilde;os cay&oacute; a un insignificante 0,17 entre 2002 y 2005, el per&iacute;odo en que la burbuja fue m&aacute;s intensa, y como consecuencia la tasa de los fondos tuvo poca influencia en los precios de la vivienda, si es que tuvo alguna.</p>     <p>La tasa de los fondos federales se redujo del 6&frac12;% de comienzos de 2001 al 1&frac34;% a finales de 2001, y luego al 1% a mediados de 2003, una tasa que se mantuvo durante un a&ntilde;o. La Reserva Federal vio la tasa del 1% como una medida preventiva frente a la tasa decreciente de inflaci&oacute;n en 2003, que ten&iacute;a caracter&iacute;sticas similares a la deflaci&oacute;n japonesa de la d&eacute;cada de 1990. La Reserva Federal pensaba que la probabilidad de deflaci&oacute;n era peque&ntilde;a pero que, si ocurr&iacute;a, los efectos ser&iacute;an peligrosos. Aunque reconoci&oacute; que una tasa de fondos demasiado baja durante mucho tiempo pod&iacute;a alentar la <i>inflaci&oacute;n de precios de los productos</i>. En esa &eacute;poca pens&eacute; que la reducci&oacute;n de la tasa reflejaba, no obstante, un balance apropiado de los riesgos. A&uacute;n lo pienso.</p>     <p>Que yo sepa, esa reducci&oacute;n de la tasa de los fondos federales hace casi una d&eacute;cada no se consider&oacute; un factor clave de la burbuja de la vivienda. De hecho, tan tarde como en enero de 2006, Milton Friedman, el cr&iacute;tico m&aacute;s severo de la Reserva Federal, en su evaluaci&oacute;n del per&iacute;odo 1987-2005 escribi&oacute;: “no hay ning&uacute;n otro per&iacute;odo de duraci&oacute;n comparable en el que el Sistema de la Reserva Federal haya tenido tan buen desempe&ntilde;o. Es m&aacute;s que una diferencia cuantitativa, se acerca a una diferencia cualitativa”<a href="#53" name="n53"><sup>53</sup></a>.</p>     <p>Resulta entonces sorprendente que, en agosto de 2007, John Taylor, de la Universidad de Stanford (con quien raras veces disiento), argumentara que la pol&iacute;tica de la Reserva Federal luego de la burbuja de las empresas puntocom fue la causa principal del surgimiento de la burbuja de la vivienda en Estados Unidos (Taylor, 2007).</p>     <p>Seg&uacute;n &eacute;l, si la tasa de los fondos federales hubiera seguido su regla ep&oacute;nima, el n&uacute;mero de viviendas iniciadas habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s bajo y la econom&iacute;a de Estados Unidos habr&iacute;a evitado “gran parte del boom de la vivienda” y de la burbuja de precios. Temo que su conclusi&oacute;n, copiada y repetida con frecuencia, parece haber llegado muy cerca de ser la sabidur&iacute;a convencional<a href="#54" name="n54"><sup>54</sup></a>.</p>     <p>Como evidencia, Taylor se&ntilde;ala primero la correlaci&oacute;n inversa “significativa”, con un rezago, de mediados de 1959 a mediados de 2007, entre la tasa de fondos federales y el n&uacute;mero de viviendas iniciadas, y argumenta que de acuerdo con su regla (una primera aproximaci&oacute;n &uacute;til para la posici&oacute;n de pol&iacute;tica monetaria de un banco central) la Reserva Federal fij&oacute; una tasa de fondos inadecuadamente baja entre 2002 y 2005<a href="#55" name="n55"><sup>55</sup></a>. En consecuencia, “el n&uacute;mero de viviendas iniciadas lleg&oacute; a un m&aacute;ximo de 25 a&ntilde;os [...] El r&aacute;pido ascenso de la <i>demanda</i> de vivienda llev&oacute; a un alza de la inflaci&oacute;n de precios de la vivienda. El salto de la inflaci&oacute;n de precios de la vivienda luego aceler&oacute; la demanda de vivienda en una espiral ascendente” (it&aacute;licas a&ntilde;adidas).</p>     <p>Taylor equipara inapropiadamente el n&uacute;mero de viviendas iniciadas (un incremento de la oferta) a la demanda, el principal impulsor de los precios de la vivienda. La evidencia sugiere que no es el n&uacute;mero de viviendas iniciadas el que impulsa los precios e inicia la “espiral ascendente”, sino al contrario (<a href="#g15">gr&aacute;fica 15</a>). El cambio en los precios de la vivienda, con un adelanto de 6 meses, tiene un poder explicativo significativo para el n&uacute;mero de viviendas unifamiliares iniciadas de 1976 a 2009 (R<sup>2</sup> ajustado de 0,36 y estad&iacute;stico t de 15,0). Seg&uacute;n mi experiencia, en Estados Unidos los constructores de vivienda responden al cambio de precios para determinar cu&aacute;ntas “viviendas para la venta” empiezan a construir, y no a la tasa de fondos federales. Y el cambio de precios de la vivienda, como se&ntilde;al&eacute; antes, es una funci&oacute;n de las tasas hipotecarias de largo plazo rezagadas.</p>     <p><a name="g15"></a>Gr&aacute;fica 15</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g15.jpg"></p>     <p>El n&uacute;mero de viviendas iniciadas, en todo caso, deber&iacute;a ser ajeno a la explicaci&oacute;n de la burbuja que da Taylor. Se utiliza debido a que la Regla de Taylor est&aacute; estructurada para indicar la tasa de fondos federales adecuada para balancear el <i>trade-off</i> entre inflaci&oacute;n y desempleo. La Regla de Taylor no tiene como insumos los precios de los activos, particularmente los precios de la vivienda. Los precios de la vivienda no se pueden sustituir, a las buenas o a las malas, por el IPC o por el PCE en el paradigma Taylor. El IPC podr&iacute;a ser un <i>proxy</i> de los precios de la vivienda si la correlaci&oacute;n entre precios de la vivienda e IPC fuera muy alta. Pero no lo es. La correlaci&oacute;n entre precios de la vivienda y precios al consumidor, y entre precios de los activos en general y precios de los productos, es peque&ntilde;a o insignificante o a veces negativa.</p>     <p>Es claro que la Regla de Taylor no se puede aplicar a los precios de los activos, especialmente cuando una inflaci&oacute;n de precios de los productos benigna es casi con seguridad una condici&oacute;n necesaria para una burbuja de precios de los activos que producen ingreso<a href="#56" name="n56"><sup>56</sup></a>.</p>     <p>La interpretaci&oacute;n correcta de una Regla de Taylor como la que se aplic&oacute; en el per&iacute;odo de 2002 a 2005, que estipul&oacute; que la tasa de fondos federales es demasiado baja, es que la inflaci&oacute;n de precios <i>de los productos</i> (el deflactor impl&iacute;cito del PCE para la Reserva Federal) es amenazadora y que para hacerle frente son indicados los aumentos de la tasa. Pero la inflaci&oacute;n no amenaz&oacute;. De hecho el PCE promedi&oacute; una modesta tasa de inflaci&oacute;n de apenas un 2% durante 2002-2005. De modo que la Regla de Taylor no s&oacute;lo era inadecuada para evaluar las causas de los aumentos de precios de los activos sino que tambi&eacute;n daba una se&ntilde;al falsa para la pol&iacute;tica de estabilizar el PCE.</p>     <p>Los que creen que la pol&iacute;tica de “dinero f&aacute;cil” de la Reserva Federal es el origen de la burbuja de la vivienda se&ntilde;alan correctamente que una baja tasa de fondos federales (del 1% entre mediados de 2003 y mediados de 2004) redujo las tasas de inter&eacute;s de los cr&eacute;ditos hipotecarios con tasa de inter&eacute;s variable (<i>adjustable rate mortgages</i>, ARM). Lo que a su vez, sostienen ellos, aument&oacute; la demanda de viviendas financiadas con ARM y, por tanto, contribuy&oacute; en forma importante al surgimiento de la burbuja.</p>     <p>Pero en retrospectiva parece que la decisi&oacute;n de comprar vivienda precede a la decisi&oacute;n de c&oacute;mo financiar la compra. Sospecho (pero no puedo probarlo definitivamente) que una gran mayor&iacute;a de compradores de vivienda financiada con ARM, si &eacute;sta no se hubiera ofrecido durante ese per&iacute;odo de euforia, hubiese acudido a hipotecas con tasa de inter&eacute;s fija a 30 a&ntilde;os. De otro modo, &iquest;c&oacute;mo explicar el pico de originaciones de ARM dos a&ntilde;os <i>antes</i> del pico de precios de la vivienda? (<a href="#g16">gr&aacute;fica 16</a>). La demanda de mercado obviamente no necesit&oacute; financiaci&oacute;n ARM para elevar los precios durante los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os de expansi&oacute;n de la burbuja.</p>     <p><a name="g16"></a>Gr&aacute;fica 16</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2g16.jpg"></p>     <p>Taylor, confrontado por la evidencia de que la burbuja de la vivienda es mundial, alude a una relaci&oacute;n aparentemente estrecha entre el grado de desviaci&oacute;n de la Regla de Taylor y el tama&ntilde;o de las burbujas en algunos pa&iacute;ses europeos (Taylor, 2009). Pero un estudio reciente de funcionarios de la Reserva Federal, que usa una muestra m&aacute;s amplia de pa&iacute;ses, se&ntilde;ala que las desviaciones de la Regla de Taylor no parecen estar correlacionadas con los cambios de precios de la vivienda. Y concluye que la relaci&oacute;n “no es estad&iacute;sticamente significativa (y es d&eacute;bil en t&eacute;rminos econ&oacute;micos)” (Dokko et al., 2009).</p>     <p>Adem&aacute;s, John Taylor no acepta la explicaci&oacute;n de la reducci&oacute;n de las tasas reales de inter&eacute;s de largo plazo basada en la inversi&oacute;n- ahorro mundial como detonador de la burbuja global de la vivienda, que denomina “pl&eacute;tora de ahorro”. &Eacute;l afirma sucintamente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Algunos argumentan que las bajas tasas de inter&eacute;s de 2002-2004 fueron causadas por factores globales por fuera del control de las autoridades monetarias. De ser as&iacute;, las decisiones de tasas de inter&eacute;s de las autoridades monetarias no fueron el principal factor causante de la burbuja. Esta explicaci&oacute;n –atractiva a primera vista porque las tasas de inter&eacute;s de largo plazo se mantuvieron bajas durante alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s de que la tasa de los fondos federales de corto plazo empez&oacute; a aumentar– se centra en el ahorro global. Se argumenta que hubo un exceso de ahorro mundial –una pl&eacute;tora de ahorro global– que presion&oacute; hacia abajo las tasas de inter&eacute;s de Estados Unidos y otros pa&iacute;ses. El principal problema de esta explicaci&oacute;n es que no hay evidencia real de una pl&eacute;tora de ahorro global. Al contrario, [...] la tasa de ahorro mundial –el ahorro mundial como porcentaje del PIB mundial– fue baja en el per&iacute;odo 2002-2004, especialmente si se compara con la de las d&eacute;cadas de 1970 y 1980 (Taylor, 2009).</p> </blockquote>     <p>Taylor utiliza datos ex post para refutar el an&aacute;lisis basado en las intenciones de ahorro e inversi&oacute;n ex ante (ver p. 5), un argumento que muchos economistas considerar&iacute;an parad&oacute;jico.</p>     <p><b>&iquest;S<small>E PODR&Iacute;A HABER EVITADO EL COLAPSO</small>?</b></p>     <p>&iquest;Se podr&iacute;a haber evitado el colapso que devast&oacute; los mercados financieros mundiales? Lo dudo mucho dado el insuficiente capital de los intermediarios financieros (es decir, el excesivo apalancamiento) y dos d&eacute;cadas de prosperidad pr&aacute;cticamente imparable, baja inflaci&oacute;n y bajas tasas &shy; de &shy; inter&eacute;s &shy; de &shy; largo &shy; plazo. Esas condiciones econ&oacute;micas son condiciones necesarias, y quiz&aacute; suficientes, para el surgimiento de una burbuja de activos rentables. Con seguridad, los bancos centrales tienen la capacidad para quebrar el espinazo de cualquier flujo prospectivo de efectivo que apoye los precios burbujeantes de los activos, pero casi con seguridad al costo de una severa contracci&oacute;n del producto econ&oacute;mico, con consecuencias indeterminadas. El aspecto negativo de ese <i>trade-off</i> es indefinido<a href="#57" name="n57"><sup>57</sup></a>.</p>     <p>&iquest;Pero por qu&eacute; no un apret&oacute;n incremental? Que yo sepa, no hay ejemplos de una desactivaci&oacute;n incremental exitosa de una burbuja que deje la prosperidad intacta. El apret&oacute;n incremental exitoso de los bancos centrales para desactivar gradualmente una burbuja requiere retroalimentaci&oacute;n en el corto plazo<a href="#58" name="n58"><sup>58</sup></a>.</p>     <p>Pero la pol&iacute;tica afecta a la econom&iacute;a con rezagos largos y variables de hasta uno o dos a&ntilde;os<a href="#59" name="n59"><sup>59</sup></a>. &iquest;C&oacute;mo sabe la Reserva Federal, en <i>tiempo real</i>, si su pol&iacute;tica cada vez m&aacute;s contraccionista est&aacute; afectando la econom&iacute;a al ritmo que aquella requiere? &iquest;Con qu&eacute; adelanto tendr&aacute; que apretar para desinflar la burbuja sin desactivar la econom&iacute;a? Pero a&uacute;n m&aacute;s relevante, a menos que el apret&oacute;n incremental de la Reserva Federal aumente significativamente la aversi&oacute;n al riesgo (y las tasas de inter&eacute;s de largo plazo) o desactive la econom&iacute;a lo suficiente para frenar los flujos de dinero que soportan los precios de los activos relevantes, veo pocas perspectivas de &eacute;xito.</p> El &uacute;nico intento de la Reserva Federal de un apret&oacute;n incremental fracas&oacute;. A comienzos de 1994 nos embarcamos en un apret&oacute;n de 300 puntos b&aacute;sicos para enfrentar lo que en ese momento percibimos como presiones inflacionarias crecientes. Fue una pol&iacute;tica que pudo haber sido interpretada f&aacute;cilmente por el mercado como un apret&oacute;n incremental para desactivar la burbuja entonces incipiente de las empresas puntocom que estaba en camino.     <p>No s&oacute;lo no pudimos desactivar la naciente burbuja de la bolsa de valores que era evidente a finales de 1993, sino que quiz&aacute; la reforzamos. La capacidad de la econom&iacute;a para resistirse a un apret&oacute;n monetario severo en 1994 demostr&oacute;, sin que ese fuera el prop&oacute;sito, que la burbuja naciente era m&aacute;s fuerte de lo que los mercados hab&iacute;an previsto, y, en consecuencia, elev&oacute; el nivel de equilibrio del &iacute;ndice Dow Jones<a href="#60" name="n60"><sup>60</sup></a>. Esto indica que se habr&iacute;a requerido un apret&oacute;n m&aacute;s fuerte que el del episodio de 1994 y el de 2000 para sofocar la burbuja. Ciertamente se habr&iacute;a requerido una tasa de fondos federales mucho m&aacute;s alta que la del 6&frac12;% que se alcanz&oacute; a mediados de 2000.</p>     <p>A alguna tasa, la pol&iacute;tica monetaria puede aplastar cualquier burbuja. Si no funciona la del 6&frac12;%, probemos con el 20% o el 50%. Cualquier burbuja se puede aplastar, pero la prosperidad ser&aacute; una v&iacute;ctima inevitable<a href="#61" name="n61"><sup>61</sup></a>. En 2005, en la Reserva Federal abrigamos preocupaciones por la posible resoluci&oacute;n de la euforia de la burbuja de la vivienda que cautiv&oacute; a la naci&oacute;n. En 2005 se&ntilde;al&eacute;: “la historia no se refiere amablemente a las secuelas de per&iacute;odos prolongados de bajas primas de riesgo”<a href="#62" name="n62"><sup>62</sup></a>.</p>     <p>Sin embargo, nunca tuvimos una convicci&oacute;n tan fuerte acerca de los riesgos que podr&iacute;an esperarnos. Como se&ntilde;al&eacute; m&aacute;s atr&aacute;s, est&aacute;bamos adormecidos en un estado de complacencia por las consecuencias econ&oacute;micas apenas ligeramente negativas de la crisis burs&aacute;til de 1987 y de la burbuja puntocom. En vista de la historia, cre&iacute;amos que la reducci&oacute;n de precios de la vivienda ser&iacute;a gradual. No se percib&iacute;a que surgieran problemas desestabilizadores en el mercado de deuda en esas condiciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como gu&iacute;a, recurrimos a la pol&iacute;tica en respuesta al baj&oacute;n sin precedentes de la burbuja burs&aacute;til de un d&iacute;a del 19 de octubre de 1987 y a la baja del mercado de 2000. En contra de cualquier experiencia anterior<a href="#63" name="n63"><sup>63</sup></a>, las grandes inyecciones de liquidez de la Reserva Federal aparentemente ayudaron a estabilizar la econom&iacute;a.</p>     <p>A menos que la sociedad elija abandonar los mercados din&aacute;micos y el apalancamiento y adoptar alguna forma de planificaci&oacute;n centralizada, temo que al final no ser&aacute; factible evitar las burbujas. Atenuar sus consecuencias parece ser lo mejor a lo que podamos aspirar. Las pol&iacute;ticas, privadas y p&uacute;blicas, se deber&iacute;an centrar en atenuar la extensi&oacute;n de la pobreza y la adversidad causada por las crisis deflacionarias. Pero si se descubriera un medio efectivo para desactivar las burbujas apalancadas, sin un impacto grave sobre el crecimiento econ&oacute;mico, ser&iacute;a un gran paso adelante en la organizaci&oacute;n de nuestras econom&iacute;as de mercado.</p>     <p><b>EN RESUMEN</b></p>     <p>En este escrito, me empe&ntilde;o en rastrear las poderosas fuerzas econ&oacute;micas que surgieron despu&eacute;s de la Guerra Fr&iacute;a y llevaron a un descenso dram&aacute;tico y a la convergencia de las tasas reales de inter&eacute;s de largo plazo en el mundo. Lo que a su vez gener&oacute; una dram&aacute;tica burbuja del precio mundial de la vivienda fuertemente apalancada por deuda y una desvinculaci&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria y las tasas de largo plazo<a href="#64" name="n64"><sup>64</sup></a>.</p>     <p>La burbuja mundial fue exacerbada por la fuerte titularizaci&oacute;n de las hipotecas <i>subprime</i> y Alt-A de Estados Unidos, que encontr&oacute; compradores entusiastas dentro y fuera del pa&iacute;s, muchos de ellos animados por calificaciones de cr&eacute;dito burdamente infladas. M&aacute;s de una d&eacute;cada de prosperidad mundial pr&aacute;cticamente sin parang&oacute;n, de baja inflaci&oacute;n y bajas tasas de inter&eacute;s de largo plazo redujo la aversi&oacute;n mundial al riesgo a niveles hist&oacute;ricamente insostenibles.</p>     <p>La burbuja se empez&oacute; a desinflar en el verano de 2007. Pero a diferencia de la deflaci&oacute;n de la burbuja puntocom anterior, que poco afect&oacute; a los mercados de cr&eacute;dito, el fuerte apalancamiento desencaden&oacute; un cese de pagos en serie, que culmin&oacute; en lo que quiz&aacute; se considere como la crisis financiera m&aacute;s virulenta jam&aacute;s vista. El fracaso may&uacute;sculo de la gesti&oacute;n privada del riesgo y de la regulaci&oacute;n p&uacute;blica fue juzgar muy mal el tama&ntilde;o de los riesgos de cola que quedaron al descubierto despu&eacute;s de la quiebra de Lehman. Si las provisiones de capital y de liquidez para absorber p&eacute;rdidas hubieran sido significativamente mayores antes de la crisis, el contagio del incumplimiento seguramente habr&iacute;a sido mucho menor.</p>     <p>Este escrito argumenta, en concordancia, que el mayor imperativo que tenemos adelante tiene que ser aumentar los requerimientos regulatorios de capital y de liquidez de los bancos e incrementar en forma significativa las garant&iacute;as obligatorias de los productos financieros que se negocian globalmente, con independencia de las entidades financieras que hagan las negociaciones. Tambi&eacute;n se&ntilde;alo algunas iniciativas de reforma menos importantes que pueden ser &uacute;tiles.</p>     <p>Pero la noci&oacute;n de un “regulador sist&eacute;mico” efectivo como parte de un paquete de reformas normativas es un mal consejo. El deplorable estado actual de la prospecci&oacute;n econ&oacute;mica deber&iacute;a dar un comp&aacute;s de espera a los gobiernos sobre este asunto. Los modelos est&aacute;ndar, aparte de aquellos que son fuertemente <i>add-factored</i><a href="#65" name="n65"><sup>65</sup></a>, no pod&iacute;an prever la crisis actual, y mucho menos su profundidad. De hecho, los modelos raras veces prev&eacute;n las recesiones, excepto, de nuevo, que la recesi&oacute;n sea <i>add-factored</i> en la estructura del modelo.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Para una explicaci&oacute;n m&aacute;s detallada, ver Greenspan (2007, cap. 20).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n2" name="2">2</a>. La inversi&oacute;n extranjera directa en China, por ejemplo, aument&oacute; gradualmente entre 1980 y 1990, pero se septuplic&oacute; en 2007.</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Las variaciones de los logaritmos de las 15 tasas de inter&eacute;s de largo plazo muestran tendencias similares.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Por ejemplo, <i>The Economist</i>, 13 de septiembre de 2007.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Como lo confirman las grandes p&eacute;rdidas recientes sobre hipotecas de Estados Unidos reportadas por inversionistas europeos. Los bancos del &aacute;rea del euro, por ejemplo, registran una relaci&oacute;n muy alta entre hipotecas residenciales respaldadas por t&iacute;tulos provisionados y pr&eacute;stamos hipotecarios residenciales (IFM, 2009, 10).</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. En octubre de 2000, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos (HUD) ultim&oacute; una regla “que elevaba significativamente las metas de vivienda asequible de las EPG” para cada a&ntilde;o entre 2001 y 2004. En noviembre de 2004 se elevaron a&uacute;n m&aacute;s las metas anuales de vivienda para 2005 y a&ntilde;os posteriores (Office of Policy Development and Research, Issue Brief No. V y otros).</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Informe Anual de la FHFA al Congreso 2008, tablas de datos hist&oacute;ricos (revisadas) 5b Parte 2 y 14b Parte 2 (publicadas originalmente el 18 de mayo de 2009 y actualizadas para incluir una reclasificaci&oacute;n significativa que se hizo efectiva el 3 de septiembre de 2009). Antes de la revisi&oacute;n, estim&eacute; la participaci&oacute;n en s&oacute;lo un 25%. Los datos reci&eacute;n reclasificados de las cuentas Fannie Mae dan raz&oacute;n de casi toda la revisi&oacute;n.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. En la Reserva Federal fuimos advertidos ya en 2000 de incidentes de algunas pr&aacute;cticas altamente irregulares de originaci&oacute;n de hipotecas <i>subprime</i>. Pero lamentablemente pensamos que eran un problema localizado sujeto a la supervisi&oacute;n prudencial est&aacute;ndar y no un precursor de la burbuja de hipotecas <i>subprime</i> titularizadas que surgir&iacute;a unos a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Restricciones que un prestamista impone a un prestatario para restringir otros pr&eacute;stamos, el nivel de capital de trabajo o la cobertura del servicio de la deuda, por ejemplo.</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. Comentarios en la Conferencia Francis Boyer de The American Enterprise Institute for Public Policy Research, 5 de diciembre de 1996.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. La incapacidad para prever la duraci&oacute;n y la profundidad de las burbujas emergentes no deber&iacute;a sorprender. Aunque nos gusta pretender lo contrario, los formuladores de pol&iacute;tica, y los pronosticadores en general, lo hacemos muy bien si podemos lograr proyecciones esencialmente correctas el 70% de las veces. Pero eso significa que nos equivocamos el 30% de las veces. En dieciocho a&ntilde;os y medio en la FED, ciertamente tuve mi proporci&oacute;n de equivocaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n12" name="12">12</a>. <i>Financial Times</i>, 9 de julio de 2007.</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. Debo se&ntilde;alar que mi definici&oacute;n de la aversi&oacute;n al riesgo es m&aacute;s amplia que la definici&oacute;n econ&oacute;mica estrecha en t&eacute;rminos de utilidad de los diferentes resultados. La aversi&oacute;n al riesgo, como uso el t&eacute;rmino, abarca todos los factores que rigen la voluntad de los individuos para emprender acciones riesgosas. M&aacute;s notablemente, abarca no s&oacute;lo sus preferencias hacia el riesgo, sino sus percepciones del riesgo.</p>     <p>La aversi&oacute;n al riesgo es el principal rasgo humano que rige la fijaci&oacute;n del precio de los activos que producen ingreso. Cuando las personas se vuelven indecisas o temerosas, se alejan del riesgo percibido. Cuando su incertidumbre disminuye, asumen nuevos compromisos. La aversi&oacute;n al riesgo puede ir entonces de ser nula a ser plena.</p>     <p>Los extremos de aversi&oacute;n al riesgo nula y plena, por supuesto, est&aacute;n fuera de toda experiencia humana. Una aversi&oacute;n nula –es decir, ninguna aversi&oacute;n a emprender acciones riesgosas– implica que los individuos no se preocupan por –o no pueden discriminar entre– los estados objetivos de riesgo para la vida y la persona. Esos individuos no pueden (o eligen no) reconocer los eventos que amenazan la vida.</p>     <p>Para conseguir alimento, vivienda y otros bienes necesarios para vivir se requiere acci&oacute;n, es decir tomar riesgos, bien sea del mismo individuo o de otros que act&uacute;an en su nombre. La evasi&oacute;n de todo riesgo objetivo no es congruente con la vida. De modo que la plena aversi&oacute;n al riesgo as&iacute; como la aversi&oacute;n nula son estados hipot&eacute;ticos que nunca observamos en la pr&aacute;ctica.</p>     <p>La existencia cotidiana transcurre dentro de los l&iacute;mites extremos de aversi&oacute;n al riesgo, y se puede medir muy aproximadamente mediante los m&aacute;rgenes de riesgo del cr&eacute;dito. Los m&aacute;rgenes de cr&eacute;dito que muy aproximadamente detectan los cambios en la aversi&oacute;n al riesgo, muestran poca o ninguna tendencia de largo plazo (ver, p. ej., la <a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a>). Los bonos de los ferrocarriles AAA de los a&ntilde;os inmediatamente posteriores a la Guerra Civil reflejan m&aacute;rgenes sobre los bonos del Tesorero de Estados Unidos que son similares a nuestra experiencia posterior a la Segunda Guerra Mundial.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. Los rendimientos reales de los bonos del Tesoro de largo plazo, una <i>proxy</i> de las tasas de capitalizaci&oacute;n libres de riesgo, esencialmente carecen de tendencia. Los rendimientos reales de los &uacute;ltimos a&ntilde;os no est&aacute;n muy lejos de los rendimientos nominales de los bonos del Tesoro de 1900, cuando las expectativas de inflaci&oacute;n de largo plazo (bajo el patr&oacute;n oro) eran efectivamente nulas.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. Harry Markowitz, Robert Merton, Myron Scholes, y Fisher Black si no hubiese fallecido.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. A menudo he sostenido que, debido a la complejidad, ten&iacute;amos que confiar en una “mano invisible” internacional para llevar esos mercados indescifrables al equilibrio. El alto nivel de liquidez del mercado parec&iacute;a confirmar (err&oacute;neamente) que el sistema estaba funcionando.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. La demanda neta extranjera de servicios financieros creci&oacute; en forma significativa, pero fue ampliamente compensada por las importaciones netas de servicios de seguros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n18" name="18">18</a>. A menudo no se puede saber durante muchos a&ntilde;os qu&eacute; tan productivamente se ha invertido el ahorro de una naci&oacute;n en activos fijos.</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. Una continuaci&oacute;n de esa tasa de crecimiento marginal significa que la <i>participaci&oacute;n promedio</i> que ha estado aumentando durante seis d&eacute;cadas pronto deber&iacute;a reducirse, aunque no haya en perspectiva una reforma de la regulaci&oacute;n.</p>     <p><a href="#n20" name="20">20</a>. <i>The Economist</i>, 13 de febrero de 2010.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. Los activos netos de las familias son una <i>proxy</i> de los activos netos de la econom&iacute;a que se deben manejar a cambio de una retribuci&oacute;n. La relaci&oacute;n entre activos netos e ingreso personal se mantuvo casi contante entre 1952 y 1996. Desde entonces ha sido vol&aacute;til y en los &uacute;ltimos trimestres ha retornado al promedio de largo plazo.</p>     <p><a href="#n22" name="22">22</a>. El crecimiento de la participaci&oacute;n del sector financiero en el PIB es evidente en el Reino Unido, Canad&aacute;, Alemania y Jap&oacute;n, entre otros, aunque menos pronunciado. La econom&iacute;a progresivamente orientada al mercado y de m&aacute;s r&aacute;pida expansi&oacute;n, China, reporta un aumento de la participaci&oacute;n de los intermediarios financieros en el PIB del 1,6% en 1980 al 5,4% en 2008.</p>     <p><a href="#n23" name="23">23</a>. Es concebible que en raros casos el valor agregado de la diversificaci&oacute;n –una funci&oacute;n primordial de los intermediarios– pueda compensar tales p&eacute;rdidas.</p>     <p><a href="#n24" name="24">24</a>. El riesgo de cola converger&iacute;a a cero &uacute;nicamente si la aversi&oacute;n al riesgo se volviera absoluta, una imposibilidad si la vida debe ser sostenida (ver la nota 13).</p>     <p><a href="#n25" name="25">25</a>. Un bono de capital contingente es un pasivo que se debe convertir obligatoriamente en acciones de la entidad financiera cuando el capital regulatorio cae por debajo del m&iacute;nimo exigido. Permite la recapitalizaci&oacute;n autom&aacute;tica de la entidad financiera con recursos de los tenedores de estos bonos (N. de los T.).</p>     <p><a href="#n26" name="26">26</a>. Los rendimientos de los vencimientos de m&aacute;s largo plazo libres de riesgo pueden caer por debajo de las tasas de corto plazo libres de riesgo si la escasez de dinero persuade a los inversionistas de que la inflaci&oacute;n futura ser&aacute; menor.</p>     <p><a href="#n27" name="27">27</a>. Hugo B&auml;nziger, director de riesgo del Deutsche Bank, <i>Financial Times</i>, 5 de noviembre de 2009.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n28" name="28">28</a>. Cuando la deuda de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, se volvi&oacute; sospechosa a mediados de los setenta, la primera falla de emisi&oacute;n fue evidente en los bonos municipales de largo plazo, seguido de fallas de los vencimientos de plazos progresivamente m&aacute;s cortos, hasta que incluso los mercados de un d&iacute;a para otro se empezaron a derrumbar.</p>     <p><a href="#n29" name="29">29</a>. Continental Illinois en 1984, por ejemplo.</p>     <p><a href="#n30" name="30">30</a>. &Eacute;sta es la medida m&aacute;s sensible de la probabilidad de quiebra bancaria, donde, por ejemplo, el vendedor de protecci&oacute;n asegura al tenedor de un instrumento particular de deuda en caso de incumplimiento.</p>     <p><a href="#n31" name="31">31</a>. Bank of America, JP Morgan, Citigroup, Goldman Sachs, Wells Fargo y Morgan Stanley.</p>     <p><a href="#n32" name="32">32</a>. En el cuarto trimestre la relaci&oacute;n aparentemente cambi&oacute; poco. El valor de mercado capitalizado de S&amp;P 1500 a finales del cuarto trimestre s&oacute;lo era 2,3% m&aacute;s alto que el 30 de septiembre.</p>     <p><a href="#n33" name="33">33</a>. Entre finales de marzo de 2009 y finales de septiembre los CDS cayeron de 370 a 125 puntos b&aacute;sicos, cuando la relaci&oacute;n entre el valor de mercado del capital y el valor de mercado de los activos aument&oacute; m&aacute;s de 500 puntos b&aacute;sicos entre esas fechas.</p>     <p><a href="#n34" name="34">34</a>. Un indicador de corto plazo de la probabilidad de quiebra bancaria (alternativo a los CDS).</p>     <p><a href="#n35" name="35">35</a>. <img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a2n35.jpg" align="texttop"></p>     <p><a href="#n36" name="36">36</a>. El aumento del capital requerido puede ayudar a limitar los grandes paquetes de remuneraci&oacute;n. Las altas utilidades obtenidas en las &uacute;ltimas vigencias se tendr&iacute;an que destinar a satisfacer los requerimientos de capital, especialmente si los bancos mundiales competidores tienen requerimientos de capital similares.</p>     <p><a href="#n37" name="37">37</a>. El resultado del aumento de los requerimientos de capital del Comit&eacute; de Basilea.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n38" name="38">38</a>. Eso signific&oacute; que la revocatoria de la Ley Glass-Steagal en 1999, que separ&oacute; la banca comercial y la banca de inversi&oacute;n, cuando adopt&oacute; la forma de la Ley Gramm-Leach-Bliley, cambi&oacute; muy pocas cosas. Desde su promulgaci&oacute;n en 1999 hasta cuando la Reserva Federal acept&oacute; a Goldman Sachs y JP Morgan como compa&ntilde;&iacute;as de servicios financieros en lo m&aacute;s &aacute;lgido de la crisis, no se present&oacute; ninguna solicitud para realizar las nuevas operaciones autorizadas por esta ley. Esa abstenci&oacute;n obedeci&oacute; al parecer al deseo de eludir el alcance regulador de la Reserva Federal.</p>     <p><a href="#n39" name="39">39</a>. Las tasas de rendimiento se derrumbaron en el primer semestre de 2009, y las reducciones s&oacute;lo se equipararon a las de 1932-1934 (en t&eacute;rminos anuales). Ambos casos reflejaron una rara y fuerte ca&iacute;da con respecto al rango hist&oacute;rico, en su mayor parte como resultado del castigo de pr&eacute;stamos otorgados previamente.</p>     <p><a href="#n40" name="40">40</a>. En comparaci&oacute;n con las actividades no financieras, que requieren sustanciales activos fijos altamente il&iacute;quidos, un intermediario financiero se puede crear y liquidar (con autorizaci&oacute;n legal) r&aacute;pidamente. El rendimiento de sus activos es entonces mucho menor que el que requiere una corporaci&oacute;n industrial promedio. En consecuencia, las finanzas requieren un apalancamiento (y un riesgo) mucho mayor para dar un rendimiento competitivo sobre el capital.</p>     <p><a href="#n41" name="41">41</a>. Aunque la calidad de los cr&eacute;ditos de su cartera debe mejorar como consecuencia, en alg&uacute;n punto ese encogimiento puede deteriorar los niveles de actividad econ&oacute;mica que dependen de un sector financiero significativo para facilitar la inversi&oacute;n real.</p>     <p><a href="#n42" name="42">42</a>. No niego que todo lo dem&aacute;s no es igual y, por tanto, que esas conclusiones son m&aacute;s ilustrativas que explicativas. Un modelo din&aacute;mico est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del alcance de este escrito. El ingreso neto de intereses tiene suficiente historia para modelarlo efectivamente. Pero el ingreso que no proviene de intereses no la tiene.</p>     <p><a href="#n43" name="43">43</a>. Declaraci&oacute;n ante el Comit&eacute; de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado de Estados Unidos, Washington, D.C., 6 de mayo de 2009.</p>     <p><a href="#n44" name="44">44</a>. Es necesario dividir a Fannie Mae y Freddie Mac en compa&ntilde;&iacute;as individuales, ninguna “demasiado grande para quebrar”, y reconvertirlas en titularizadoras que agreguen un servicio valioso a las finanzas modernas. Su solvencia futura se puede asegurar si se les proh&iacute;be acumular grandes portafolios de activos que no agreguen ning&uacute;n respaldo &uacute;til al proceso de titularizaci&oacute;n o a los mercados hipotecarios m&aacute;s en general.</p>     <p><a href="#n45" name="45">45</a>. La FDIC tuvo grandes p&eacute;rdidas del valor de los activos que tom&oacute; en posesi&oacute;n por resoluci&oacute;n durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os.</p>     <p><a href="#n46" name="46">46</a>. E n un contexto econ&oacute;mico, el riesgo moral surge cuando una entidad no asume la totalidad de los costos de sus acciones. Por lo tanto tender&aacute;, al menos a veces, a actuar de una manera distinta de como actuar&iacute;a si estuviera en un &aacute;mbito de libre competencia perfecta, donde las externalidades de los costos potenciales del salvamento ser&iacute;an plenamente internalizadas por sus competidores. Cuando hay riesgo moral, esa entidad obliga a otras partes a asumir algunos de los costos de sus acciones.</p>     <p>Una especulaci&oacute;n interesante es si la crisis que surgi&oacute; en agosto de 2007, debido al enorme apalancamiento (de unas 20 a 30 veces el capital tangible) que recibieron los bancos de inversi&oacute;n estadounidenses, no habr&iacute;a ocurrido si estas firmas hubiesen seguido siendo las sociedades generales que eran hasta hace un cuarto de siglo. La decisi&oacute;n (de 1970) que permiti&oacute; que los agentes corredores se constituyeran como sociedades an&oacute;nimas y obtuvieran capital permanente parec&iacute;a sensata en esa &eacute;poca. No obstante, como sociedades generales, Lehman Brothers y Bear Stearns no habr&iacute;an abandonado su bajo apalancamiento hist&oacute;rico. Antes de constituirse en sociedades an&oacute;nimas, esas entidades eran conscientes de la responsabilidad solidaria e ilimitada de los socios, por lo que rehu&iacute;an pr&aacute;cticamente cualquier riesgo que pudieran evitar. Su negocio b&aacute;sico, la suscripci&oacute;n de emisiones primarias de t&iacute;tulos valores (<i>underwriting </i>), rara vez las expon&iacute;a por m&aacute;s de unos pocos d&iacute;as.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ciertamente los funcionarios de alto nivel de Bear Stearns y Lehman Brothers perdieron centenares de millones de d&oacute;lares con el desplome de sus tenencias de acciones de la compa&ntilde;&iacute;a respectiva. Pero, que yo sepa, ninguno hizo la solicitud de bancarrota personal, y su riqueza restante les permiti&oacute; mantener en buena medida su nivel de vida anterior.</p>     <p>Replicar la estructura de incentivos de las sociedades de responsabilidad ilimitada deber&iacute;a ser un objetivo de futuras reformas hasta donde sea factible. Para eliminar el riesgo moral, no deber&iacute;a ser necesario llegar a la posici&oacute;n extrema de Hugh McCulloch, nuestro primer Contralor de la Moneda, quien en 1863, y quiz&aacute; sobrepas&aacute;ndose, propuso que la Ley Bancaria “sea enmendada para que la quiebra de un banco nacional se presuma <i>prima facie</i> fraudulenta, y que los funcionarios y directores bajo cuya administraci&oacute;n ocurra tal insolvencia sean personalmente responsables de las deudas del banco y sancionados penalmente, salvo que se demuestre en la investigaci&oacute;n que sus asuntos fueron administrados honestamente”. En ese r&eacute;gimen, el riesgo moral seguramente no existir&iacute;a.</p>     <p><a href="#n47" name="47">47</a>. Ha habido confusi&oacute;n sobre el tema, a la cual pude haber contribuido. Con raras excepciones <i>ha probado</i> ser imposible identificar el punto en que una burbuja explotar&aacute;, pero su surgimiento y desarrollo <i>es</i> visible en los m&aacute;rgenes de cr&eacute;dito.</p>     <p><a href="#n48" name="48">48</a>. Greenspan ante la American Bankers Association, 18 de septiembre de 2000.</p>     <p><a href="#n49" name="49">49</a>. En 1903, O. Henry (W.S. Porter), quien tuvo una relaci&oacute;n m&aacute;s que pasajera con las marrullas bancarias, escribi&oacute; en “A Call Loan” acerca de un examinador bancario de la Oficina del Contralor de la Moneda obsesionado con la garant&iacute;a de un pr&eacute;stamo de 10.000 d&oacute;lares: ese escrutinio detallado es excepcional en los bancos m&aacute;s grandes de la actualidad.</p>     <p><a href="#n50" name="50">50</a>. Como miembro de la junta de JP Morgan durante una d&eacute;cada antes de que me vinculara a la Reserva Federal, tuve amplios elementos de juicio para hacerme a una idea de la efectividad relativa de la supervisi&oacute;n del riesgo de sus contrapartes (Citicorp, Bank of America, Wells Fargo y otros) en comparaci&oacute;n con la supervisi&oacute;n regulatoria de los bancos de la Reserva Federal.</p>     <p><a href="#n51" name="51">51</a>. Pero ambas regresiones, especialmente la de la tasa de fondos federales, muestran una correlaci&oacute;n serial significativa, lo que sugiere que los coeficientes t quiz&aacute; sean demasiados altos.</p>     <p><a href="#n52" name="52">52</a>. En consecuencia, la Reserva Federal asumi&oacute; que la prima de tasa de inter&eacute;s de los papeles de m&aacute;s largo plazo era una variable independiente relativamente estable. En 2004 y 2005 se consider&oacute; un “enigma” la falla del aumento de 400 puntos b&aacute;sicos en la tasa de fondos federales para inducir un movimiento semejante en los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez a&ntilde;os (como hist&oacute;ricamente lo hab&iacute;a hecho en forma casi invariable). Esto modific&oacute; dram&aacute;ticamente la visi&oacute;n que se tuvo durante mucho tiempo, seg&uacute;n la cual la pol&iacute;tica monetaria influ&iacute;a notablemente en las tasas de inter&eacute;s de largo plazo de Estados Unidos, si no las determinaba.</p>     <p>El surgimiento de tasas de largo plazo arbitradas globalmente ha desvinculado en gran medida las tasas de largo plazo de Estados Unidos de la pol&iacute;tica de la Reserva Federal. As&iacute;, el “enigma” de por qu&eacute; el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 a&ntilde;os no respondi&oacute; a los cambios de la tasa de fondos federales en 2004 pas&oacute; a ser: &iquest;por qu&eacute; la estructura de vencimientos de las tasas de inter&eacute;s fue tan estable durante la &uacute;ltima parte del siglo XX? Cualquier noci&oacute;n que la Reserva Federal tuviera de que esa estabilidad es una caracter&iacute;stica fundamental de las finanzas de Estados Unidos se derrumb&oacute; con el surgimiento de las tasas de largo plazo arbitradas globalmente.</p>     <p><a href="#n53" name="53">53</a>. <i>Wall Street Journal</i>, 31 de enero de 2006.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n54" name="54">54</a>. Por ejemplo, en una encuesta reciente de <i>The Wall Street Journal</i> (1-14-2010) se encontr&oacute; que el 77% de los economistas de Wall Street y de las empresas y el 48% de los economistas acad&eacute;micos pensaba que “la pol&iacute;tica excesivamente expansionista de la Reserva Federal en la primera mitad de la d&eacute;cada contribuy&oacute; a causar una burbuja de precios de la vivienda”.</p>     <p><a href="#n55" name="55">55</a>. De acuerdo con una gr&aacute;fica de Taylor, la Regla de Taylor indicaba que la tasa de fondos se deber&iacute;a de haber fijado en un promedio del 3,8% durante el per&iacute;odo 2002-2005, en comparaci&oacute;n con una tasa real de fondos que promedi&oacute; el 1,8%. Los c&aacute;lculos de Taylor utilizan el IPC como variable de inflaci&oacute;n. Si se utiliza el componente de precios de los gastos de consumo personal (<i>personal consumer expenditure</i>, PCE), el indicador preferido de la Reserva Federal, la brecha se cierra considerablemente.</p>     <p><a href="#n56" name="56">56</a>. Adem&aacute;s, se ignoraron los culpables usuales de la inflaci&oacute;n de precios de los activos o de los productos. El crecimiento de M2, por ejemplo, tuvo buen comportamiento entre 2002 y 2005.</p>     <p><a href="#n57" name="57">57</a>. Unas normas m&aacute;s estrictas para los pr&eacute;stamos hipotecarios, por ejemplo, exigir una cuota inicial del 30% o m&aacute;s, eliminar la deducci&oacute;n de impuestos por el pago de intereses hipotecarios y eliminar las provisiones que permiten la entrega de vivienda hipotecada en daci&oacute;n en pago completa (aunque valga menos que el cr&eacute;dito) desalentar&iacute;an fuertemente el entusiasmo por poseer vivienda. Pero eso limitar&iacute;a la propiedad de vivienda a los opulentos, salvo que la propiedad de los de ingreso bajo y moderado fuera totalmente subsidiada por el gobierno. Desde enero de 2008, el mercado de originaciones <i>subprime</i> pr&aacute;cticamente desapareci&oacute;. &iquest;C&oacute;mo se alcanzar&iacute;an las metas de vivienda asequible del HUD (ver la nota 6) en el futuro?</p>     <p><a href="#n58" name="58">58</a>. Algunos modelos econom&eacute;tricos sugieren que dicha capacidad existe para los precios de los activos en general y los precios de la vivienda en particular. Logran esto suponiendo una estructura de vencimientos estable que, por necesidad, arroja una relaci&oacute;n estrecha entre la tasa de fondos federales y las tasas de largo plazo. Estas &uacute;ltimas luego se utilizan para capitalizar un flujo de ingresos (los servicios imputados en el caso de la vivienda).</p>     <p><a href="#n59" name="59">59</a>. Ver, p. ej., Blinder, A. <i>Wall Street Journal</i>, 15 de diciembre de 2009.</p>     <p><a href="#n60" name="60">60</a>. Para los detalles, ver los comentarios de Alan Greenspan en la reuni&oacute;n anual de la American Economic Association, 3 de enero de 2004.</p>     <p><a href="#n61" name="61">61</a>. Tales acciones obviamente provocar&iacute;an una reacci&oacute;n pol&iacute;tica extrema. Aunque las decisiones de la Reserva Federal no est&aacute;n sujetas a reversi&oacute;n legal, la gama de elecciones de pol&iacute;tica monetaria est&aacute; limitada pol&iacute;ticamente a lo que constituye la sabidur&iacute;a convencional en la academia. Como reafirma la evidencia reciente, el grado de independencia de pol&iacute;tica de la Reserva Federal es fijado por la ley y se puede alterar o eliminar por la ley.</p>     <p><a href="#n62" name="62">62</a>. Alan Greenspan, Jackson Hole Symposium, 26 de agosto de 2005.</p>     <p><a href="#n63" name="63">63</a>. Con anterioridad, derrumbes similares llevaron a recesiones econ&oacute;micas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n64" name="64">64</a>. Est&aacute; por ver si estas &uacute;ltimas continuar&aacute;n con un mercado internacional de bonos menos arbitrado.</p>     <p><a href="#n65" name="65">65</a>. Seg&uacute;n el Glosario Estad&iacute;stico de la OCDE, un <i>add-factor</i> es “un ajuste que se hace a una proyecci&oacute;n basada en ecuaciones en el per&iacute;odo de proyecci&oacute;n. Por ejemplo, si una ecuaci&oacute;n subestima el valor de una variable en per&iacute;odos recientes, se le puede a&ntilde;adir un <i>add-factor</i> si se juzga que la ecuaci&oacute;n tambi&eacute;n subestimar&aacute; los valores en el per&iacute;odo de proyecci&oacute;n. En s&iacute;ntesis, los <i>add-factors</i> son los residuos de la ecuaci&oacute;n aplicados en el per&iacute;odo de proyecci&oacute;n”, [<a href="http://stats.oecd.org/glossary/detail.asp?ID=44" target="_blank">http://stats.oecd.org/glossary/detail.asp?ID=44</a>] (N. de los T.).</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Berger, A. y D. Humphrey. “Bank Scale Economies, Mergers, Concentration, and Efficiency: The U.S. Experience”, <i>Wharton Financial Institutions Center Working Papers</i> 94-25, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000326&pid=S0124-5996201000010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Desroches, B. y M. Francis. “World Real Interest Rates: A Global Savings and Investment Perspective”, <i>Bank of Canada Working Paper</i> 2007-16, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000327&pid=S0124-5996201000010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Dokko, J. et al. “Monetary Policy and the Housing Bubble”, <i>Finance and Economics Discussion Series of the Federal Reserve Board</i> 2009-49, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000328&pid=S0124-5996201000010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Philippon, T. y A. Reshef. “Wages and Human Capital in the U.S. Financial Industry: 1909-2006”, <i>NBER Working Paper Series</i> 14644, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000329&pid=S0124-5996201000010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Greenspan, A. “The Evolution of Bank Supervision”, comentarios presentados a la American Bankers Association, Phoenix, 11 de octubre de 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000330&pid=S0124-5996201000010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Greenspan, A. “Technology and Financial Services”, comentarios presentados en la Conferencia del <i>Journal Financial Services Research</i> y el American Enterprise Institute e n honor de Anna Schwartz, Washington, 14 de abril de 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000331&pid=S0124-5996201000010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Greenspan, A. <i>The Age of Turbulence: Adventures in a New World</i>, New York, Penguin Press, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000332&pid=S0124-5996201000010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Sidney, H. y R. Sylla. <i>A History of Interest Rates</i>, New Brunswick, Rutgers University Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000333&pid=S0124-5996201000010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. IMF. <i>World Economic Outlook, Spillovers and Cycles in the Global Economy</i>, Washington, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000334&pid=S0124-5996201000010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. IMF. <i>World Economic Outlook, Housing and the Business Cycle</i>, Washington, abril, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000335&pid=S0124-5996201000010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. IMF. <i>Global Financial Stability Report, Responding to the Financial Crisis and Measuring Systemic Risks</i>, Washington, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000336&pid=S0124-5996201000010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. IMFP. <i>The 2009 Mortgage Market Statistical Annual</i>, Bethesda, Inside Mortgage Finance Publications, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000337&pid=S0124-5996201000010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Reinhart, C. y K. S. Rogoff. <i>This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly</i>, Princeton, Princeton University Press, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000338&pid=S0124-5996201000010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Taylor, J. B. “Housing and Monetary Policy”, Kansas City Federal Reserve Bank Economic Symposium, Jackson Hole, agosto de 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000339&pid=S0124-5996201000010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Taylor, J. B. <i>Getting Off Track: How Government Actions and Interventions Caused, Prolonged, and Worsened the Financial Crisis</i>, Stanford, Hoover Institution Press, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000340&pid=S0124-5996201000010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Berger]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Humphrey]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Bank Scale Economies, Mergers, Concentration, and Efficiency: The U.S. Experience]]></article-title>
<source><![CDATA[Wharton Financial Institutions Center Working Papers]]></source>
<year>1994</year>
<numero>94-25</numero>
<issue>94-25</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Desroches]]></surname>
<given-names><![CDATA[B.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Francis]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[World Real Interest Rates: A Global Savings and Investment Perspective]]></article-title>
<source><![CDATA[Bank of Canada Working Paper]]></source>
<year>2007</year>
<numero>2007-16</numero>
<issue>2007-16</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dokko]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. et al]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Monetary Policy and the Housing Bubble]]></article-title>
<source><![CDATA[Finance and Economics Discussion Series of the Federal Reserve Board]]></source>
<year>2009</year>
<numero>2009-49</numero>
<issue>2009-49</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Philippon]]></surname>
<given-names><![CDATA[T.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Reshef]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Wages and Human Capital in the U.S. Financial Industry: 1909-2006]]></article-title>
<source><![CDATA[NBER Working Paper Series]]></source>
<year>2009</year>
<numero>14644</numero>
<issue>14644</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenspan]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Evolution of Bank Supervision]]></source>
<year>11 d</year>
<month>e </month>
<day>oc</day>
<publisher-loc><![CDATA[Phoenix ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenspan]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Technology and Financial Services]]></source>
<year>14 d</year>
<month>e </month>
<day>ab</day>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Greenspan]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Age of Turbulence: Adventures in a New World]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Penguin Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sidney]]></surname>
<given-names><![CDATA[H.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sylla]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A History of Interest Rates]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[New Brunswick ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Rutgers University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>IMF</collab>
<source><![CDATA[World Economic Outlook]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>IMF</collab>
<source><![CDATA[World Economic Outlook, Housing and the Business Cycle]]></source>
<year>abri</year>
<month>l,</month>
<day> 2</day>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>IMF</collab>
<source><![CDATA[Global Financial Stability Report, Responding to the Financial Crisis and Measuring Systemic Risks]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>IMFP</collab>
<source><![CDATA[The 2009 Mortgage Market Statistical Annual]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bethesda ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Inside Mortgage Finance Publications]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Reinhart]]></surname>
<given-names><![CDATA[C.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rogoff]]></surname>
<given-names><![CDATA[K. S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Taylor]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Housing and Monetary Policy]]></source>
<year>agos</year>
<month>to</month>
<day> d</day>
<publisher-loc><![CDATA[Jackson Hole ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Kansas City Federal Reserve Bank Economic Symposium]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Taylor]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Getting Off Track: How Government Actions and Interventions Caused, Prolonged, and Worsened the Financial Crisis]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Stanford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Hoover Institution Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
