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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA GUERRA CIVIL DE 1876-1877 EN LOS ANDES NORORIENTALES COLOMBIANOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper seeks to understand from a regional perspective the causes of the civil war of 1876-1877 in the Northeastern Colombian Andes. An approximation is made to the urban hierarchy in the current Colombian departments of Santander and Norte de Santander between 1853 and 1875. The conditions leading to conflict and the change in that hierarchy are presented. In addition, intervening players and the location of the events of the war are identified. It concludes that the group that fell in urban hierarchy was the one that started the war and that this hierarchical change was one of the causes of the war.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LA GUERRA CIVIL DE 1876-1877 EN LOS ANDES NORORIENTALES COLOMBIANOS</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE 1876-1877 CIVIL WAR IN THE NORTHEASTERN COLOMBIAN ANDES</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Edna Carolina Sastoque R.</i>*    <br> <i>Mario Garc&iacute;a M.</i>**</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesora e investigadora de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:edna.sastoque@uexternado.edu.co">edna.sastoque@uexternado.edu.co</a>].</p>     <p>** Doctor en Econom&iacute;a, profesor e investigador de la Universidad Externado de Colombia y profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:mgarciamo@unal.edu.co">mgarciamo@unal.edu.co</a>]. Fecha de recepci&oacute;n: 24 de febrero de 2009, fecha de modificaci&oacute;n: 24 de noviembre de 2009, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>[Palabras clave: guerras civiles, Colombia, siglo XIX; JEL: N46, N56]</p>     <p>Este trabajo busca comprender regionalmente las causas de la guerra civil de 1876-1877, en los Andes nororientales colombianos. Se reconstruye y se analiza la malla de asentamientos urbanos de los Santanderes entre 1853 y 1857, se establece la jerarqu&iacute;a de los centros urbanos, las condiciones que contribuyeron al surgimiento de conflictos y los relevos jer&aacute;rquicos que estos propiciaron. Por otro lado, se identifica a los actores que intervinieron en la guerra y la localizaci&oacute;n de los acontecimientos b&eacute;licos. Con base en este an&aacute;lisis se muestra que el grupo que inici&oacute; la guerra fue el mismo que perdi&oacute; jerarqu&iacute;a en la malla urbana y que &eacute;sta fue una de las causas de la guerra.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>[Keywords: civil wars, Colombia, 19th Century; JEL: N46, N56]</p>     <p>This paper seeks to understand from a regional perspective the causes of the civil war of 1876-1877 in the Northeastern Colombian Andes. An approximation is made to the urban hierarchy in the current Colombian departments of Santander and Norte de Santander between 1853 and 1875. The conditions leading to conflict and the change in that hierarchy are presented. In addition, intervening players and the location of the events of the war are identified. It concludes that the group that fell in urban hierarchy was the one that started the war and that this hierarchical change was one of the causes of the war.</p> <hr size="1">     <p>Los historiadores suelen considerar que la guerra de 1876-1877 en Colombia fue desencadenada por la respuesta de los conservadores, en asocio con la Iglesia, al proyecto liberal de establecer un sistema de educaci&oacute;n p&uacute;blica que permitiera elegir entre educaci&oacute;n laica o religiosa, y romper el monopolio que manten&iacute;a la Iglesia; de ah&iacute; el nombre tradicional de “Guerra de las Escuelas” (Jaramillo, 1984; Palacios, 1995, y Pardo, 2004). Este conflicto se inici&oacute; en 1870, cuando el gobierno radical de Eustorgio Salgar promulg&oacute; la ley de ense&ntilde;anza laica del 1.&deg; de noviembre, y se profundiz&oacute; en los seis a&ntilde;os siguientes con la llegada de una misi&oacute;n pedag&oacute;gica alemana cuya labor ser&iacute;a formar futuros profesores en las escuelas normales y crear escuelas p&uacute;blicas en los diferentes Estados. A comienzos de 1876, en el gobierno de Aquileo Parra, la Iglesia sigui&oacute; neg&aacute;ndose a ceder el monopolio de la educaci&oacute;n y, en julio de 1876, finalmente estall&oacute; la guerra en el Estado del Cauca, que se extendi&oacute; en los meses siguientes a los Estados de Antioquia, Tolima, Cundinamarca y Santander.</p>     <p>Seg&uacute;n esa versi&oacute;n, la guerra se incub&oacute; entre 1850 y 1876, por las tensiones que generaron las pol&iacute;ticas liberales con respecto a la estabilidad de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y la inestabilidad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y electoral (Camacho, 1923, 278).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el &aacute;mbito estrictamente econ&oacute;mico se se&ntilde;ala que 1873 fue un a&ntilde;o de falso optimismo, pues el pa&iacute;s empez&oacute; a tener problemas de orden fiscal y comercial. Las elecciones de 1875 encendieron las pasiones pol&iacute;ticas y rompieron la fr&aacute;gil estabilidad existente, cuando ning&uacute;n candidato logr&oacute; la mayor&iacute;a absoluta –cinco votos de nueve Estados–, lo que llev&oacute; a que el nuevo presidente fuera elegido por el Congreso, que el 21 de febrero de 1876 nombr&oacute; a Aquileo Parra por 48 votos, contra 18 por Rafael N&uacute;&ntilde;ez (Posada, 2003).</p>     <p>En el caso del nororiente andino, en el Estado Soberano de Santander, a esos conflictos generales se sum&oacute; el enfrentamiento de largo plazo por el control de los nuevos territorios productivos del Estado, que se reflej&oacute; en la inestabilidad de la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del sistema provincial debida a las continuas luchas por la autonom&iacute;a presupuestal, fiscal y electoral. En efecto, el n&uacute;mero de provincias y la sede de las capitales se cambiaron repetidamente en las d&eacute;cadas anteriores a la guerra (Guerrero y P&aacute;ez, 2005).</p>     <p>Una segunda fuente de conflictos fue la consolidaci&oacute;n del experimento radical en Santander entre 1857 y 1875. La excesiva desregulaci&oacute;n y la incertidumbre generada por las reformas liberales de los radicales llevaron a que los gobiernos siguientes tuvieran que limitarlas, sin renunciar a la importancia de las libertades individuales (Camacho, 1923).</p>     <p>Otra fuente de malestar era de origen econ&oacute;mico. Kalmanovitz resalta a este respecto el establecimiento de un impuesto &uacute;nico y las dificultades comerciales con otros Estados de la Uni&oacute;n o con otros pa&iacute;ses. As&iacute; como la brecha que se cre&oacute; entre las regiones que sustituyeron la producci&oacute;n de tabaco por la producci&oacute;n de caf&eacute; y las que no pudieron sustituirla (Kalmanovitz, 1994). Los intereses enfrentados de las &eacute;lites santandereanas tambi&eacute;n alimentaron el conflicto por la construcci&oacute;n de un ferrocarril que diera salida a los productos de exportaci&oacute;n y por la distribuci&oacute;n de tierras bald&iacute;as<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>La conjunci&oacute;n de conflictos locales, y entre la regi&oacute;n y la naci&oacute;n, llev&oacute; a que el Estado de Santander participara activamente en las guerras de la segunda mitad del siglo XIX, en particular durante 1876-1877. Con pocas excepciones, el estudio de las causas de las guerras civiles ha privilegiado la coyuntura pol&iacute;tica. Dependiendo de la &oacute;ptica, hay documentos “pol&iacute;ticos”, “militares” o de “espectadores”. Pero, en general, todos hacen caso omiso del espacio en que se libr&oacute; la guerra de 1876-1877. Por ello, este trabajo se ocupa del espacio, una dimensi&oacute;n anal&iacute;tica que permite entender c&oacute;mo se combinaron muchos de los factores anteriores en ciertas zonas<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p>Para evitar anacronismos, cabe aclarar algunos t&eacute;rminos que tienen connotaciones distintas seg&uacute;n el per&iacute;odo, como “guerra civil”, que se suele usar, sin distinciones, para referirse a las guerras internas, revoluciones, montoneras o tumultos que ocurrieron durante el siglo XIX en Colombia y otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, si bien desde finales del siglo XVII sus caracter&iacute;sticas fueron tema de estudio de algunos tratadistas internacionales. Posada muestra que Vattel, en 1758, describi&oacute; la costumbre de llamar guerra civil “a toda guerra entre miembros de una misma sociedad pol&iacute;tica […] Si la guerra es entre un cuerpo de ciudadanos de un lado y el soberano y quienes son leales del otro, nada m&aacute;s se necesita para que la insurrecci&oacute;n adquiera el t&iacute;tulo de guerra civil [...] sino que los insurgentes tengan una causa para levantarse en armas” (Posada, 2001, 5), aunque se reconocieran algunas diferencias de intensidad y dimensi&oacute;n nacional. El derecho internacional hoy distingue tres caracter&iacute;sticas de la guerra civil: la divisi&oacute;n de los miembros de una Rep&uacute;blica en dos o m&aacute;s bandos militares, uno de ellos el Estado; la intensidad del conflicto –duraci&oacute;n y beligerancia–, y su dimensi&oacute;n territorial.</p>     <p>Las guerras civiles colombianas de la segunda mitad del siglo XIX no siempre tuvieron estas caracter&iacute;sticas, pues en algunos casos fueron guerras regionales, enfrentamientos de guerrillas u operaciones espont&aacute;neas y desorganizadas sin suficiente duraci&oacute;n y beligerancia (Ceballos, 2005, 40-42). La guerra de 1876-1877 parece cumplir el requisito de la dimensi&oacute;n territorial, pues se extendi&oacute; a los Estados de Cauca, Santander, Tolima, Cundinamarca y Boyac&aacute;.</p>     <p>Como indicadores de la intensidad se pueden considerar el tama&ntilde;o de los ej&eacute;rcitos y el n&uacute;mero de muertos en batalla. Las dos principales batallas de la guerra de 1876 en el &aacute;mbito nacional fueron Los Chancos y La Garrapata. Si bien hay variaciones seg&uacute;n la fuente, en Los Chancos (Cauca, 31 de agosto de 1876) se enfrentaron de 24.000 a 25.000 liberales contra 16.000 a 20.000 conservadores; el n&uacute;mero de muertos oscila entre 200 y 770 conservadores y entre 212 y 300 liberales (Arenas, 2009, 49 y 52-53). En La Garrapata (Tolima, 19-22 de noviembre de 1876) se enfrentaron cerca de 12.000 combatientes, hubo 1.319 muertos en combate y 190 m&aacute;s en los hospitales (Arenas, 2009, 69, y <i>Gaceta de Santander</i>, 1876, folio 108, 20). Los combates en Santander tuvieron menor intensidad. Los dos principales fueron en Mutiscua y La Donjuana. En Mutiscua (9 de diciembre de 1876) se enfrentaron 1.600 liberales contra 1.000 conservadores, y hubo 24 muertos (&Aacute;lvarez, 1989, 173). En La Donjuana (27 de enero de 1877) se enfrentaron 4.900 liberales contra 4.000 conservadores, murieron 250 conservadores y de 110 a 500 liberales (Arenas, 2009, 73-74; Franco, 1877, 47, y Brice&ntilde;o, 1947, 423). Los dem&aacute;s fueron a&uacute;n menores: en Tequia, por ejemplo, murieron 32 combatientes, y en C&uacute;cuta, 6 (Franco, 1877, 68).</p>     <p>En cuanto a la conformaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos, si bien en la &eacute;poca exist&iacute;a un ej&eacute;rcito nacional y ej&eacute;rcitos regionales, los rebeldes sol&iacute;an recurrir a la guerra de guerrillas y, a veces, en una batalla el ej&eacute;rcito era la uni&oacute;n moment&aacute;nea de varios grupos guerrilleros. Adem&aacute;s, la estructura jer&aacute;rquica de los ej&eacute;rcitos en muchos casos depend&iacute;a, no de la habilidad militar sino de la posici&oacute;n econ&oacute;mica y social del l&iacute;der militar, lo que sol&iacute;a llevar al desconocimiento de los asuntos militares. Era probable que los soldados al mando de un oficial fueran trabajadores de su hacienda y que ese oficial no tuviera conocimientos de t&aacute;ctica y estrategia (Tirado, 1976, y Ortiz, 2004).</p>     <p>Otro t&eacute;rmino que debemos aclarar es el de “asentamientos urbanos”. La Colombia del siglo XIX era b&aacute;sicamente rural. Seg&uacute;n el censo de 1870, Bogot&aacute; ten&iacute;a 40.833 habitantes (Mej&iacute;a, 2000, 238). Como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, en ese a&ntilde;o los principales asentamientos urbanos de Santander ten&iacute;an entre la cuarta y la quinta parte de la poblaci&oacute;n de Bogot&aacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este trabajo procura identificar las posibles relaciones entre estructura econ&oacute;mica, social e institucional que pudieron influir en que ciertos espacios geogr&aacute;ficos fueran territorios de guerra, para contribuir al an&aacute;lisis de la guerra civil de 1876-1877 m&aacute;s all&aacute; de las motivaciones religiosas y educativas.</p>     <p>Primero se describe la malla de asentamientos urbanos de los Santanderes para identificar tensiones de m&aacute;s largo plazo que las militares en esta regi&oacute;n; luego se se&ntilde;ala d&oacute;nde y c&oacute;mo fue la guerra civil de 1876-1877 en Santander; en tercer lugar se muestra que las tensiones de largo plazo ayudan a entender mejor esta guerra.</p>     <p><b>MALLA DE ASENTAMIENTOS URBANOS</b></p>     <p>Esta malla muestra la jerarqu&iacute;a y las zonas de influencia de los centros urbanos de una regi&oacute;n, durante un per&iacute;odo, a partir de la distribuci&oacute;n de los flujos migratorios, el equipamiento urbano, la actividad econ&oacute;mica y la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa (Simon, 1998; Caravaca, 1998, y Moncayo, 2002). Se decidi&oacute; usar la malla de asentamientos urbanos como criterio de regionalizaci&oacute;n (Simon, 1998) aunque en la literatura se utilizan otros criterios, como los de <i>funciones nodales</i> y <i>epicentro urbano</i>. El de funciones nodales establece el tipo de funciones urbanas que cumple un nodo y los centros de relevo que lo rodean<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. El de epicentro urbano identifica el lugar que “juega primordialmente un papel de mercado y desarrollo; y es a veces tambi&eacute;n un centro manufacturero y artesanal”<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. En la literatura se usan para analizar la &eacute;poca actual, y su adaptaci&oacute;n a la sociedad rural del siglo XIX puede dar lugar a anacronismos.</p>     <p>En cambio, la malla de asentamientos urbanos establece jerarqu&iacute;as de funcionalidad urbana seg&uacute;n el tipo de servicios que albergan<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>, considerando otras variables de jerarquizaci&oacute;n y el espacio rural que rodea al asentamiento (en nuestro caso, las provincias). La malla de asentamientos y su evoluci&oacute;n permite identificar tensiones de m&aacute;s largo plazo en la regi&oacute;n, pues pone de presente la estructura de poder de los diferentes centros urbanos. Si bien la historia de las batallas suele verse desde el punto de vista de lo que Braudel llam&oacute; “historia de los acontecimientos”, la construcci&oacute;n de la malla de asentamientos liga el an&aacute;lisis a fen&oacute;menos m&aacute;s lentos (Braudel, 1979, 4 41) que, si bien no necesariamente son de larga duraci&oacute;n, s&iacute; pueden al menos ser de mediano plazo o, en t&eacute;rminos de Braudel, <i>de conjuncture</i> (Braudel, 1970, 69).</p>     <p>La informaci&oacute;n de la malla de asentamientos urbanos se plasm&oacute; en mapas que se construyeron de la siguiente manera. En primer lugar se tomaron los mapas y la informaci&oacute;n del Sistema de Divisi&oacute;n Pol&iacute;tico- Administrativa del DANE, entre ellos los datos de ubicaci&oacute;n y localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica, forma y extensi&oacute;n, geograf&iacute;a f&iacute;sica, clima, geograf&iacute;a humana, actividad econ&oacute;mica y v&iacute;as de comunicaci&oacute;n de la regi&oacute;n que hoy conocemos como los Santanderes. En segundo lugar, con base en informaci&oacute;n primaria y secundaria se reconstruyeron las divisiones pol&iacute;tico-administrativas del per&iacute;odo, y sobre ellas se superpusieron los atributos, econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y sociales. Con esta informaci&oacute;n as&iacute; organizada se elaboraron los mapas correspondientes (<a href="#m1">mapas 1 a 4</a>). Luego, con base en fuentes primarias de las actividades militares en la guerra se ubicaron los principales combates y las rutas de los ej&eacute;rcitos (<a href="#m5">mapa 5</a>).</p>     <p>La regi&oacute;n de los Santanderes se ubica en la parte nororiental de los Andes colombianos. El Estado limitaba por el norte con el Estado del Magdalena, por el oriente con Venezuela, por el sur con el Estado de Boyac&aacute; y por el occidente con el R&iacute;o Magdalena y los Estados de Bol&iacute;var y Antioquia<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. Desde el punto de vista jurisdiccional, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica del 21 de mayo de 1853 recogi&oacute; los cambios econ&oacute;micos, sociales, pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos de mediados de siglo. El art&iacute;culo 47 confirm&oacute; a la provincia como unidad b&aacute;sica del orden territorial del pa&iacute;s, y le dio autonom&iacute;a en su organizaci&oacute;n, r&eacute;gimen y administraci&oacute;n. Los actuales departamentos de Santander correspond&iacute;an a las provincias de Oca&ntilde;a, Santander y Pamplona (Norte de Santander) y Soto, Garc&iacute;a Rovira, Socorro y V&eacute;lez (Santander). Las nuevas disposiciones constitucionales permitieron que las &eacute;lites regionales consolidaran su poder local con la promulgaci&oacute;n de sus propias constituciones provinciales (Estupi&ntilde;&aacute;n, 2001, 163).</p>     <p><a name="m1"></a>Mapa 1    <br> Centros urbanos, 1853</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a8m1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 11 de noviembre de 1857 la Asamblea Constituyente promulg&oacute; la Constituci&oacute;n del Estado de Santander. La creaci&oacute;n de un pa&iacute;s federal llev&oacute; en 1858 a una reforma legislativa de las atribuciones del gobierno general y los v&iacute;nculos de los Estados, que estableci&oacute; los derechos y las obligaciones de cada Estado frente a la Confederaci&oacute;n. El 25 de junio de 1859 se dividi&oacute; el territorio en siete departamentos, cada uno con un jefe departamental nombrado por el presidente del Estado. Pero la delimitaci&oacute;n de las funciones nacionales y regionales sigui&oacute; siendo penosa y conflictiva, hasta tal punto que el 3 de junio de 1860 la Asamblea de Santander se neg&oacute; a aceptar un fallo de la Corte Suprema y aprob&oacute; la propuesta de separarse de la Confederaci&oacute;n (Johnson, 1942, 169).</p>     <p>Mapa 2    <br> Estado Soberano de Santander, 1857</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a8m2.jpg"></p>     <p>El 12 de abril de 1861 se ratific&oacute; la creaci&oacute;n del Estado Soberano de Santander, y la capital se traslad&oacute; de Bucaramanga a Villa del Socorro. La Constituci&oacute;n de 1863 le dio a la Confederaci&oacute;n el nombre de Estados Unidos de Colombia. Este breve recuento indica que los veinte a&ntilde;os anteriores a la guerra se caracterizaron por la inestabilidad de la organizaci&oacute;n del territorio santandereano, conformado b&aacute;sicamente por las provincias del Socorro, Pamplona y Oca&ntilde;a y el cant&oacute;n de V&eacute;lez. Inestabilidad no s&oacute;lo por la definici&oacute;n de las provincias, sino tambi&eacute;n al interior de ellas (Codazzi, 2004 y Mart&iacute;nez et al., 1991).</p>     <p>El <a href="#m3">mapa 3</a> muestra la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del Estado Soberano de Santander en el momento de la guerra de 1876-1877. Esa divisi&oacute;n tuvo numerosos cambios y al final el Estado Soberano de Santander, junto con el r&eacute;gimen federalista, desaparecer&iacute;an con la Constituci&oacute;n de 1886 (&Aacute;lvarez et al., 2000, 50).</p>     <p>En este contexto, a fin de entender la regi&oacute;n desde el punto de vista funcional se utilizan criterios de jerarquizaci&oacute;n de car&aacute;cter administrativo, pol&iacute;tico, religioso y econ&oacute;mico para identificar la malla de asentamientos urbanos, as&iacute; como para ubicar los nodos de primero y segundo orden –de acuerdo con su funcionalidad espacial–, los v&iacute;nculos entre ellos y el tipo de circuitos vigentes en la &eacute;poca.</p>     <p><a name="m3"></a>Mapa 3    <br> Divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del Estado de Santander, 1876-1877</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a8m3.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a los criterios administrativos es necesario resaltar que en la segunda mitad del siglo XIX la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n era rural y que exist&iacute;an pocas ciudades. L os asentamientos urbanos eran simples n&uacute;cleos de residencia de peque&ntilde;os propietarios rurales, a los que se sumaba un peque&ntilde;o grupo de artesanos y funcionarios<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Los n&uacute;cleos urbanos de mayor poblaci&oacute;n eran El Socorro (16.048 habitantes), V&eacute;lez (11.267), Bucaramanga (11.255), San Gil (10.038), Gir&oacute;n (9.954), Piedecuesta (9.015), Barichara (8.855) y Pamplona (8.261), conforme al Censo de 1870<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. Estos centros, cabeceras de cant&oacute;n o cabeceras de provincia, ten&iacute;an cierto equipamiento urbano: hospitales, c&aacute;rceles, cementerios, escuelas, algunos servicios p&uacute;blicos, notar&iacute;as, iglesias, concejos municipales, etc.</p>     <p>Con tales elementos, estas ciudades eran centros pol&iacute;ticos y administrativos donde se legislaba y se tomaban decisiones sobre impuestos y asignaci&oacute;n del gasto en las zonas rurales y los dem&aacute;s asentamientos urbanos. Por ello, entre esas ciudades exist&iacute;a una continua competencia con el fin de demostrar cu&aacute;l ten&iacute;a mejor estructura para ser la capital del Estado Soberano y para concentrar el poder pol&iacute;tico y administrativo. Esta competencia se dio entre Pamplona, El Socorro y, al final del per&iacute;odo, Bucaramanga, gracias al extraordinario crecimiento inducido por el caf&eacute;.</p>     <p>En cuanto a los criterios pol&iacute;ticos, la concentraci&oacute;n de las actividades administrativas, los cargos p&uacute;blicos, los consejos cantonales y el Consejo de Estado hac&iacute;an coincidir el poder pol&iacute;tico con el poder administrativo. Esta coincidencia se conjugaba con el predominio de uno u otro partido pol&iacute;tico en cada centro urbano. Entre las provincias de predominio radical se encontraban Soto, V&eacute;lez, El Socorro, C&uacute;cuta y Garc&iacute;a Rovira; entre las conservadoras, con gran influencia clerical, Pamplona, Guanent&aacute; y la parte sur de Garc&iacute;a Rovira (Mart&iacute;nez et al., 1991, 78).</p>     <p>En materia religiosa hay que destacar el papel de Pamplona, la ciudad que se erigi&oacute; en di&oacute;cesis encargada de organizar y administrar la Iglesia en Santander y en la que exist&iacute;a uno de los principales seminarios de formaci&oacute;n sacerdotal. Esto la llev&oacute; a consolidarse como uno de los centros espirituales del Estado y del poder administrativo de la Iglesia en el oriente del pa&iacute;s.</p>     <p>En suma, se observa una coincidencia entre los criterios de jerarquizaci&oacute;n de los asentamientos urbanos seg&uacute;n sus funciones administrativas, pol&iacute;ticas y religiosas, que se concentraron en los centros urbanos tradicionales de la Colonia.</p>     <p>En cuanto a las caracter&iacute;sticas de la actividad econ&oacute;mica del Estado, los Santanderes se caracterizaron por una variada y abundante producci&oacute;n de alimentos y materias primas, que no s&oacute;lo hizo posible el desarrollo de una activa producci&oacute;n agr&iacute;cola sino la consolidaci&oacute;n de un artesanado casero y a domicilio que produc&iacute;a textiles de algod&oacute;n. Con la reducci&oacute;n de los precios de los textiles de algod&oacute;n a causa de las importaciones inglesas, se intent&oacute; sustituirlos por la producci&oacute;n de sombreros de jipijapa. Gir&oacute;n, Bucaramanga, Piedecuesta, Barichara y Zapatoca se convirtieron en los centros productores de sombreros m&aacute;s importantes de la regi&oacute;n. Para 1868, “podemos suponer que por lo menos el 20% de la poblaci&oacute;n de estos lugares depend&iacute;a de la venta de jipijapas [...] En 1875 el 85% de los artesanos eran mujeres [...] quiz&aacute;s el 40% de las familias de Guanent&aacute; y Soto ten&iacute;an alg&uacute;n ingreso p rocedente de la manufactura de sombreros”. El mercado de sombreros se derrumb&oacute; despu&eacute;s de 1870 (Johnson, 1942, 150).</p>     <p>Por la variedad de climas de los Santanderes se cultivaban casi todos los productos de pancoger para la alimentaci&oacute;n diaria: papa, ma&iacute;z, fr&iacute;joles, arracacha, yuca, arroz y pl&aacute;tano. Esa variedad tambi&eacute;n permiti&oacute; cultivar productos para exportaci&oacute;n o elaboraci&oacute;n de manufacturas. En las tierras t empladas y c&aacute;lidas se cultivaba tabaco, a&ntilde;il, cacao, ca&ntilde;a de az&uacute;car, algod&oacute;n y fique. Estos &uacute;ltimos se usaban como materia prima para fabricar panela, az&uacute;car, aguardiente, mantas y lienzos, y otros bienes manufacturados.</p>     <p>El cultivo del tabaco estaba muy esparcido en los valles de los r&iacute;os Lebrija y Su&aacute;rez. Gir&oacute;n fue una de las regiones en que tuvo mayor auge la expansi&oacute;n del tabaco, que benefici&oacute; a los agricultores y comerciantes. Desde 1858 hasta el colapso final en 1878, la industria del tabaco era manejada igual que cualquier otra empresa agr&iacute;cola dom&eacute;stica y su progreso fue m&iacute;nimo. V&eacute;lez, San Gil, Piedecuesta y El Socorro depend&iacute;an de la combinaci&oacute;n del cultivo del tabaco y el algod&oacute;n, y de la industria artesanal.</p>     <p>La quina surgi&oacute; como producto de exportaci&oacute;n de Santander en la d&eacute;cada de 1850. Extra&iacute;da de la corteza de la chinchona, se consegu&iacute;a en terrenos bald&iacute;os cercanos a Bucaramanga, El Socorro, Zapatoca y luego en las selvas del Carare. La quina dio gran impulso a los comerciantes de Bucaramanga, centro de acopio, y a Zapatoca, una de las principales zonas de extracci&oacute;n. En la d&eacute;cada de 1870 se inici&oacute; un flujo migratorio de poblaci&oacute;n productiva tradicional a las regiones donde comenzaba la producci&oacute;n cafetera, C &uacute;cuta y Oca&ntilde;a, las &aacute;reas l&iacute;deres en el cultivo de caf&eacute;.</p>     <p>Entre las ciudades intermedias se destacaron Oca&ntilde;a y C&uacute;cuta, que orientaron sus actividades comerciales y culturales hacia la Costa Atl&aacute;ntica y Venezuela respectivamente (Johnson, 1942, 157). Seg&uacute;n &Aacute;ngel (1990, 68), despu&eacute;s de 1875 San Jos&eacute; de C&uacute;cuta se convirti&oacute; en el centro magn&eacute;tico del &aacute;rea y afirm&oacute; su importancia al convertirse en un gran cruce de caminos; adem&aacute;s, era una conexi&oacute;n obligatoria entre el sur y el lago de Maracaibo, por la que deb&iacute;an circular el cacao y las materia primas de esta regi&oacute;n para llegar a los puertos desde los que se enviaban a varias islas del Caribe, lo que la catapult&oacute; como zona abierta al libre comercio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En suma, entre 1850-1870 la actividad econ&oacute;mica de los Santanderes se caracteriz&oacute; por la decadencia paulatina del sector textil y el auge de productos de exportaci&oacute;n como el tabaco, el a&ntilde;il, la quina y los sombreros de jipijapa, cuya producci&oacute;n se concentraba en el sur del Estado. Con el fracaso de la industria de textiles y la inestabilidad de los precios de los dem&aacute;s productos agr&iacute;colas de exportaci&oacute;n se intent&oacute; una conversi&oacute;n productiva hacia el cultivo del caf&eacute;. El mayor crecimiento se present&oacute; en las zonas cafeteras y el menor, en las &aacute;reas artesanales, de cultivos de tabaco, ca&ntilde;a de az&uacute;car y pancoger (Johnson, 1942, 267).</p>     <p>El an&aacute;lisis anterior no considera algunos espacios, como el Magdalena Medio santandereano de hoy –las selvas del Carare y el Op&oacute;n– o la zona situada entre Oca&ntilde;a y C&uacute;cuta, debido a las dificultades del clima, a las precarias comunicaciones y a la falta de colonizaci&oacute;n. Es decir, en las &aacute;reas extremas, la delimitaci&oacute;n jurisdiccional y funcional de la regi&oacute;n santandereana era difusa, pues se trataba de espacios bald&iacute;os o en disputa.</p>     <p>Como resultado del an&aacute;lisis se pueden identificar a El Socorro, V&eacute;lez, Bucaramanga, San Gil, Gir&oacute;n, Barichara y Pamplona como centros urbanos principales, por su densidad de poblaci&oacute;n, porque reun&iacute;an el poder pol&iacute;tico y religioso, y por sus actividades econ&oacute;micas; a Oca&ntilde;a, C&uacute;cuta, Piedecuesta, Zapatota, Rionegro, Villa del Rosario, M&aacute;laga, Simacota y Charal&aacute; como ciudades intermedias, por el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n y por su importancia econ&oacute;mica; y como otros centros urbanos a los dem&aacute;s asentamientos que luego se convirtieron en cabeceras municipales, con excepci&oacute;n de Vetas y California, que eran centros de actividades extractivas.</p>     <p>Por otra parte, la malla de asentamientos urbanos tambi&eacute;n permite entender c&oacute;mo compet&iacute;an algunos centros urbanos por las &aacute;reas de influencia, por ejemplo, Bucaramanga y Gir&oacute;n o Barichara y San Gil. Pero las tensiones se encuentran en los cambios y relevos causados por el desplazamiento de un centro urbano por otro, como consecuencia de la evoluci&oacute;n de los fen&oacute;menos sociales o econ&oacute;micos que usamos como criterios de jerarquizaci&oacute;n. Por ejemplo, la inestabilidad de la actividad agroexportadora tradicional llev&oacute; a la p&eacute;rdida de importancia de Pamplona, El Socorro y V&eacute;lez, que fueron relevados por los centros urbanos en cuyas zonas circundantes se impuls&oacute; la producci&oacute;n de caf&eacute;, como C&uacute;cuta y Bucaramanga. El Socorro, sin embargo, mantuvo importancia como centro pol&iacute;tico, pues era capital del Estado. V&eacute;lez, por su parte, estaba en la periferia del Estado y oscilaba entre Boyac&aacute; y Santander. La principal tensi&oacute;n es entonces la relativa a la p&eacute;rdida de poder de Pamplona.</p>     <p>Otro requisito para entender la regi&oacute;n desde el punto de vista funcional es buscar un espacio temporal en el que los eventos tienen una estructura m&aacute;s o menos uniforme y evolucionan lentamente. Autores como Espa&ntilde;a et al. (2003), Ortiz (2004) y Pardo (2004) consideran que fue con las reformas liberales de mediados de siglo que hubo una ruptura con la econom&iacute;a colonial.</p>     <p>Mapa 4    <br> Malla de asentamientos urbanos</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a8m4.jpg"></p>     <p>Aunque los datos disponibles para la segunda mitad del siglo XIX son precarios, en general se considera que entre 1850 y 1874 hubo estabilidad econ&oacute;mica y aumentaron las exportaciones, adem&aacute;s de que se refinanci&oacute; la deuda externa<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. El punto de inflexi&oacute;n ocurri&oacute; en 1875 con el deterioro del sistema productivo debido a las medidas que adoptaron los Radicales y a la crisis internacional de 1873. Entre 1875 y 1880 las exportaciones agr&iacute;colas tradicionales disminuyeron dr&aacute;sticamente, en especial las de a&ntilde;il, quina y tabaco –&eacute;ste &uacute;ltimo, base de la econom&iacute;a colombiana entre 1830 y 1875–, mientras que aumentaban lentamente las exportaciones de oro y de un nuevo producto: el caf&eacute;.</p>     <p>En el caso m&aacute;s espec&iacute;fico de Santander, los sectores artesanal y comercial tuvieron un comportamiento inestable en el per&iacute;odo 1850-1875. En la &eacute;poca radical hubo una dr&aacute;stica reducci&oacute;n del sector textil, si no en t&eacute;rminos absolutos s&iacute; en t&eacute;rminos relativos, debido a las importaciones de textiles, principalmente ingleses; as&iacute; como una gran inestabilidad del mercado internacional. En el campo pol&iacute;tico, el Estado Soberano de Santander fue el lugar de experimentaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas radicales, pues all&iacute; se estableci&oacute; el impuesto &uacute;nico y se limit&oacute; la intervenci&oacute;n estatal, incluso en infraestructura. Y en materia de propiedad de la tierra no hay consenso entre los historiadores. A lgunos opinan que la estructura era ante todo minifundista y otros que los peque&ntilde;os agricultores usualmente no pose&iacute;an la tierra, que eran arrendatarios o aparceros, o intentaban pagar las hipotecas. Sin embargo, parece claro que la desaparici&oacute;n de los resguardos en 1850, la venta de las tierras de la Iglesia en 1861 y la disponibilidad de terrenos bald&iacute;os favorecieron el sistema de haciendas, especialmente a mediados de la segunda mitad del siglo con el establecimiento del cultivo del caf&eacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nuestro an&aacute;lisis se centra en las reformas liberales de mitad de siglo, el ascenso del liberalismo radical al poder y los continuos cambios en la actividad productiva que enfrent&oacute; la regi&oacute;n entre 1853 y 1886, como consecuencia de su intento de articularse al comercio exterior. Esos cambios provocaron auges y ca&iacute;das de los centros urbanos y tensiones porque algunos sal&iacute;an de la &oacute;rbita de influencia de otros. Los asentamientos emergentes o ciudades de relevo fueron Bucaramanga y C&uacute;cuta, mientras que los asentamientos en decadencia fueron Pamplona, San Gil y El Socorro. El auge de Bucaramanga y C&uacute;cuta llev&oacute; a que cobraran fuerza con respecto a Pamplona, de la que antes depend&iacute;an, lo que gener&oacute; una de las tensiones principales (Bucaramanga-Pamplona). La tensi&oacute;n Pamplona-C&uacute;cuta fue atenuada por la p&eacute;rdida de importancia moment&aacute;nea ocasionada por el terremoto que padeci&oacute; C&uacute;cuta en 1875<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. Entre El Socorro y San Gil exist&iacute;a una tensi&oacute;n de tiempo atr&aacute;s, desde que El Socorro se separ&oacute; de San Gil, que se exacerb&oacute; cuando El Socorro fue designada capital del Estado. Si bien ambas perdieron jerarqu&iacute;a a causa de la inestabilidad de la econom&iacute;a agroexportadora tradicional, en El Socorro el impacto fue mitigado por su car&aacute;cter de capital. La crisis econ&oacute;mica de 1875 afect&oacute; en menor medida a Pamplona que a los dem&aacute;s asentamientos que depend&iacute;an de las exportaciones agr&iacute;colas.</p>     <p><b>D&Oacute;NDE Y C&Oacute;MO FUE LA GUERRA</b></p>     <p>Cuando la revoluci&oacute;n conservadora se inici&oacute; en el Cauca, la inquietud y la incertidumbre se extendieron a los dem&aacute;s Estados de la Uni&oacute;n. El 4 de agosto de 1876, el presidente del Estado Soberano de Santander, Marco A. Estrada, aument&oacute; el pie de fuerza a 5.886 hombres y reorganiz&oacute; el ej&eacute;rcito. El 16 de agosto de 1876, el Presidente Parra declar&oacute; turbado el orden p&uacute;blico en la Uni&oacute;n y elev&oacute; el pie de fuerza a 20.000 hombres. En el caso de los Estados del Norte, Parra llam&oacute; al General Sol&oacute;n Wilches –lo mismo hizo Estrada– inst&aacute;ndolo a prestar sus servicios a la Uni&oacute;n.</p>     <p>El 31 de agosto Estrada aument&oacute; el pie de fuerza del Estado a 10.000 hombres<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>. Y entre otras medidas, se impuso un empr&eacute;stito forzoso al Estado de $200.000 y se prohibi&oacute; el tr&aacute;nsito de personas sin pasaporte oficial.</p>     <p>El 17 de septiembre se nombr&oacute; al General Wilches como Comandante en Jefe del Ej&eacute;rcito del Norte y luego se dividi&oacute; el ej&eacute;rcito en dos divisiones (El Socorro, V&eacute;lez y Guanent&aacute;; y Soto, Garc&iacute;a Rovira, Pamplona y C&uacute;cuta), junto con la columna de Oca&ntilde;a. Entre tanto llegaban noticias de continuas incursiones de las guerrillas en Cundinamarca y Boyac&aacute; (Ortiz, 2004, 108); los choques en el centro del pa&iacute;s llevaron a que las guerrillas se desplazaran hacia Boyac&aacute; y finalmente a Santander.</p>     <p>No es muy claro el motivo de las incursiones de las guerrillas conservadoras en Santander. D&iacute;az argumenta que fue el resultado de los triunfos de algunas guerrillas conservadoras en el norte de Boyac&aacute;, en Santana, Chitoraque y Chiquinquir&aacute;. Por su parte, Ortiz afirma que se debi&oacute; al hostigamiento y al control que ejerc&iacute;an el Ej&eacute;rcito de la Uni&oacute;n y las guerrillas liberales de Boyac&aacute;, lo que llev&oacute; a las guerrillas conservadoras a buscar el apoyo de los conservadores de Santander. Este ser&iacute;a el caso, por ejemplo, de las incursiones intermitentes del guerrillero conservador Antonio Valderrama en algunas poblaciones conservadoras fronterizas con Boyac&aacute;, sobre todo en Garc&iacute;a Rovira. No obstante, Valderrama mismo expres&oacute; que su funci&oacute;n era apoyar a Leonardo Canal, con quien se sent&iacute;a comprometido personalmente, mientras que Cardozo deb&iacute;a hostigar y tratar de tomarse a Tunja<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p>En medio de la incertidumbre por la cercan&iacute;a de estos choques armados, cada parte se atribu&iacute;a la supremac&iacute;a en diferentes aspectos: hombres, armamento, provisiones y triunfo en algunas escaramuzas<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Esto se exacerb&oacute; porque las dificultades de comunicaci&oacute;n imped&iacute;an que los partes de guerra llegaran oportunamente<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p>La principal preocupaci&oacute;n del gobierno de Estrada era la sospecha del intento de organizaci&oacute;n de los conservadores, en particular en M&aacute;laga, Pamplona y Oca&ntilde;a. En noviembre, sus sospechas se confirmaron cuando recibi&oacute; informaci&oacute;n de que el conservador pamplon&eacute;s Leonardo Canal estaba reclutando voluntarios y acopiando recursos para iniciar la sublevaci&oacute;n contra el gobierno liberal, lo que finalmente sucedi&oacute; en Mutiscua a finales de noviembre de 1876.</p>     <p>Luego del pronunciamiento de Canal, Estrada declar&oacute; turbado el orden p&uacute;blico del Estado. Canal comenz&oacute; a incorporar a su movimiento otros pueblos del departamento, Pamplona y Soto, y concentr&oacute; sus operaciones en el coraz&oacute;n del Estado. Al llegar estas noticias a El Socorro, Wilches orden&oacute; a sus fuerzas, ubicadas en Garc&iacute;a Rovira, Bucaramanga y Oca&ntilde;a, que iniciaran una maniobra envolvente contra los rebeldes de Pamplona. De Pamplona tambi&eacute;n salieron fuerzas para hacer frente a Canal (Franco, 1877).</p>     <p>En la retirada del enfrentamiento cerca de Mutiscua, los conservadores fueron diezmados y Canal result&oacute; herido, por lo cual pidieron un acuerdo de paz (&Aacute;lvarez, 1989, 173). El General Wilches, que se dirig&iacute;a al norte desde El Socorro, se enter&oacute; del triunfo y se devolvi&oacute; para enfrentar a las guerrillas de Valderrama, que hostigaban a M&aacute;laga y sus alrededores, y ocuparon a San Gil<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. En vista de la actividad del sur, muchos conservadores creyeron que no era momento de rendirse y repudiaron los convenios suscritos por Canal, quien fue reducido a prisi&oacute;n con sus hermanos por violar su compromiso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar del triunfo liberal en Alto Grande, en los d&iacute;as siguientes continu&oacute; el hostigamiento de las guerrillas conservadoras boyacenses en el valle de San Gil y Mogotes, con la intenci&oacute;n de llegar a El Socorro<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. Al parecer, el 30 de diciembre de 1876 plenipotenciarios conservadores de Boyac&aacute;, Cundinamarca y Santander acordaron en Mogotes que los tres Estados se levantaban en armas y se independizaban del resto del pa&iacute;s<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>.</p>     <p>En enero, el General Wilches fue informado de que los rebeldes buscaban aprovisionarse de municiones y armas con los conservadores de Bucaramanga, y luego de Venezuela, y se desplaz&oacute; hacia el norte del Estado (D&iacute;az, 1999, 119). Seg&uacute;n la prensa liberal, el autoproclamado presidente conservador del Estado Soberano de Santander, Jos&eacute; Mar&iacute;a Samper, intent&oacute; convencer al gobierno venezolano para que reconociera al gobierno provisional y al ej&eacute;rcito de la Regeneraci&oacute;n, y los apoyara con dinero, armas y municiones a cambio de la sesi&oacute;n del territorio de San Faustino<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p>El 26 de enero, un encuentro fortuito entre los ej&eacute;rcitos, en La Donjuana (entre C&uacute;cuta y Chin&aacute;cota), termin&oacute; en una batalla decisiva, con la victoria liberal. Con la instalaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos liberales en C&uacute;cuta, Bucaramanga y otras zonas, el General Wilches dio el parte de que estaba asegurada la paz<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p>Pero era evidente que se deb&iacute;a capturar y desarticular a los reductos conservadores que hab&iacute;an escapado, y cubrir sus dos posibles salidas, C&uacute;cuta y Chin&aacute;cota. El &uacute;ltimo combate ocurri&oacute; en cercan&iacute;as de Mutiscua, el 14 de febrero, en donde se replegaron los vencidos en la primera batalla. Al final de los combates, la mayor&iacute;a de los rebeldes qued&oacute; prisionera<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. Valderrama y otros generales conservadores se entregaron y se acogieron al indulto que ofreci&oacute; el gobierno, y aceptaron salvoconductos para ir a Venezuela, acuerdos que no cumplieron los rebeldes ni el gobierno, que luego aprehendi&oacute; a ciudadanos amnistiados (D&iacute;az, 1999, 124, y &Aacute;lvarez, 2000, 177).</p>     <p>A pesar de las victorias en La Donjuana y Mutiscua, la paz en el Estado demor&oacute; alg&uacute;n tiempo, pues algunas guerrillas conservadoras santandereanas continuaron sus incursiones armadas<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>. S&oacute;lo el 9 de julio de 1877 se celebr&oacute; un convenio en R&iacute;o del Oro que puso fin a los choques armados en el norte del departamento. La guerra en los Santanderes dur&oacute; casi 6 meses. En el &aacute;mbito nacional se prolong&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s, hasta la victoria total del gobierno liberal.</p>     <p>A pesar de la derrota militar de los rebeldes en Santander, la alianza de los conservadores, los liberales moderados y la Iglesia sigui&oacute; hostigando a los gobiernos radicales, no s&oacute;lo por sus pol&iacute;ticas, sino por los atropellos y la destrucci&oacute;n durante la guerra.</p>     <p>El <a href="#m5">mapa 5</a> conjuga la malla de asentamientos con el desarrollo de la guerra en los Santanderes. Se puede observar que la guerra se concentr&oacute; en la parte oriental del Estado Soberano. Cabe se&ntilde;alar que las causas que motivaron la participaci&oacute;n de los santandereanos en la guerra fueron diferentes en el territorio del Estado.</p>     <p><a name="m5"></a>Mapa 5    <br> Rutas y encuentros armados, 1877</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a8m5.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El an&aacute;lisis espacial sugiere que los pamploneses percibieron la oportunidad de recuperar el poder jurisdiccional, pol&iacute;tico y religioso que hab&iacute;an perdido con las medidas radicales, pues el sur del Estado qued&oacute; vulnerable debido a la crisis econ&oacute;mica y a las continuas incursiones de las guerrillas conservadoras de Boyac&aacute; y Cundinamarca. Esto quiz&aacute; explique la demora del levantamiento en los Santanderes –en Mutiscua, a poca distancia de Pamplona– que s&oacute;lo se inici&oacute; a finales de noviembre, cuando ya hab&iacute;an ocurrido las batallas de Los Chancos y La Garrapata –el 31 de agosto y el 20 y 21 de noviembre de 1876, respectivamente–, y la concentraci&oacute;n de los choques armados en su &aacute;rea de influencia.</p>     <p>De acuerdo con esta hip&oacute;tesis, C&uacute;cuta y Oca&ntilde;a habr&iacute;an cumplido el papel de centros de operaciones y de control de los corredores de entrada y salida de provisiones –armas, cartuchos o alimentos– y de las guerrillas hacia zonas de combate y descanso y recuperaci&oacute;n. En V&eacute;lez no hubo mayores enfrentamientos armados, quiz&aacute; debido a que se benefici&oacute; con los proyectos radicales del ferrocarril del Norte y de construcci&oacute;n de caminos en el Carare-Op&oacute;n. La tensi&oacute;n tradicional entre San Gil y El Socorro explicar&iacute;a por qu&eacute; las guerrillas boyacenses se apoyaron en la conservadora San Gil, con el prop&oacute;sito de atacar a la capital del Estado, El Socorro.</p>     <p>Por otra parte, la crisis econ&oacute;mica de algunos centros urbanos, tanto del sur como del norte, podr&iacute;a explicar la estrategia de apoyo de San Gil, M&aacute;laga, Oiba y Mogotes a las guerrillas conservadoras del sur, y de Mutiscua, Pamplona, Galindo, Oca&ntilde;a y La Cruz a las guerrillas conservadoras del norte.</p>     <p>No obstante, la hip&oacute;tesis no explica la participaci&oacute;n de otros centros urbanos, como Galindo, que concentr&oacute; buena parte de la actividad armada entre febrero y junio de 1877 y que, debido a que la mayor&iacute;a de su poblaci&oacute;n se declar&oacute; en rebeli&oacute;n y se localizaba en una zona alejada, requerir&iacute;a un estudio m&aacute;s espec&iacute;fico.</p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>Entre los factores internos que alentaron la guerra de 1876-1877 se destacan la continua separaci&oacute;n e incorporaci&oacute;n de la provincia de Pamplona, la formaci&oacute;n de solidaridades entre gamonales y la crisis causada por la reducci&oacute;n de las exportaciones. Y entre los factores externos, el fraude o la manipulaci&oacute;n electoral y el malestar por las reformas liberales. En conjunto, estos factores conformaron un escenario propicio para el desarrollo de una guerra que se caracteriz&oacute; por varios elementos.</p>     <p>En primer lugar, la fragmentaci&oacute;n del partido liberal en sus vertientes radical e independiente, que llev&oacute; a enfrentamientos continuos entre ellas y a alianzas entre independientes y conservadores para enfrentar a los Radicales, principalmente en el norte del Estado. En segundo lugar, la continua incursi&oacute;n de las guerrillas conservadoras de Boyac&aacute; y Cundinamarca para llegar al n&uacute;cleo del experimento liberal radical, desestabilizarlo y reducir su influencia en el &aacute;mbito nacional. En tercer lugar, la filtraci&oacute;n a la regi&oacute;n de los conflictos nacionales, como el descontento con las reformas liberales, en particular las educativas; la inestabilidad del orden p&uacute;blico en los Estados del sur y aleda&ntilde;os, y la supuesta violaci&oacute;n de la soberan&iacute;a de los Estados atribuida a las medidas del presidente de la Uni&oacute;n.</p>     <p>Esos elementos son bien conocidos en la historiograf&iacute;a, pero la coincidencia entre el grupo que perdi&oacute; poder, desde la &oacute;ptica de la malla de asentamientos, y el grupo que inici&oacute; la guerra sugiere la necesidad de introducir un elemento adicional: la p&eacute;rdida de poder de Pamplona por las segregaci&oacute;n de centros urbanos de Bucaramanga y C&uacute;cuta con la creaci&oacute;n del Estado Soberano de Santander. En ese per&iacute;odo Bucaramanga se convirti&oacute; en un importante centro de fabricaci&oacute;n de sombreros, tabaco, a&ntilde;il y quina para exportaci&oacute;n; y C&uacute;cuta, de cacao, tabaco y caf&eacute;; lo que llev&oacute; a que estos n&uacute;cleos urbanos y los grupos de poder correspondientes buscaran una mayor autonom&iacute;a, y a que Pamplona intentara mantener el control. A esto se sum&oacute; la reacci&oacute;n por la p&eacute;rdida de poder religioso de la arquidi&oacute;cesis de Pamplona como resultado de la reforma educativa nacional.</p>     <p>La guerra, que en el &aacute;mbito nacional ten&iacute;a motivaciones ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas, en el &aacute;mbito regional inclu&iacute;a una tensi&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica localizada espacialmente, que se manifest&oacute; en la lucha por el control de las zonas de cultivos de exportaci&oacute;n. En tiempos de paz, esa tensi&oacute;n se pod&iacute;a resolver pol&iacute;ticamente mediante el sufragio, los cambios constitucionales en las diferentes provincias y el recurso a las clientelas de los pol&iacute;ticos (Duarte, 2001, y G&oacute;mez et al., 2004), por ejemplo, presionando el nombramiento de funcionarios o el cambio de la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa.</p>     <p>El an&aacute;lisis espacial que realizamos permite ver que, adem&aacute;s de las pasiones que despertaron las disputas pol&iacute;ticas por la educaci&oacute;n, la Iglesia o las elecciones, los intereses econ&oacute;micos que obraban dentro de la regi&oacute;n tambi&eacute;n cumplieron su papel entre las causas de la guerra. Pero esos dos elementos no se pueden disociar. En palabras de uno de los fundadores del partido conservador:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Las mujeres y los pueblos no obran sino a impulsos del sentimiento o de la pasi&oacute;n, y si el c&aacute;lculo del inter&eacute;s o la convicci&oacute;n del deber los determina alguna vez, el m&oacute;vil toma luego la forma de pasi&oacute;n, y sin esto tal vez es ineficaz para moverlos (Safford, 1983, 9-28, y Moreno, 1999).</p> </blockquote>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. <i>Gaceta de Santander</i> 984, 16 de septiembre de 1875, y 954, 4 de marzo de 1875.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Adem&aacute;s de los aspectos pol&iacute;ticos o militares, es necesario revelar los “intereses” que ocultan las “pasiones” pol&iacute;ticas, religiosas o &eacute;tnicas. “Un conjunto de pasiones conocidas hasta ahora como codicia, avaricia o amor por el lucro, podr&iacute;a utilizarse convenientemente para enfrentar y frenar a otras pasiones tales como la ambici&oacute;n, el ansia de poder o el deseo sexual” (Hirschman, 1978, 47).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Braudel (1979, 11) defini&oacute; este criterio y estableci&oacute; dos tipos de jerarquizaci&oacute;n: el de centro urbano, o centro de la log&iacute;stica, la informaci&oacute;n, las mercanc&iacute;as, el sistema financiero, etc.; y los centros de relevo, que rodean al polo y por lo general desempe&ntilde;an un papel secundario: montan guardia alrededor de la metr&oacute;poli, dirigen hacia ella el flujo de sus asuntos, redistribuyen o encauzan los bienes que les conf&iacute;a.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. En Colombia se destaca el trabajo de Fornaguera y Guhl (1969, 13), que elaboraron una regionalizaci&oacute;n con base en el criterio de epicentro urbano.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. El criterio de malla de asentamientos urbanos establece criterios jer&aacute;rquicos de funcionalidad urbana a partir del suministro de bienes administrativos, pol&iacute;ticos, religiosos y econ&oacute;micos, las conexiones con otros asentamientos de igual o menor jerarqu&iacute;a y con el sector rural –las redes o canales de comunicaci&oacute;n o movilidad internas– y sus conexiones con otras &aacute;reas. “La estructura tipol&oacute;gica de la malla se configura tambi&eacute;n de acuerdo a un sistema jer&aacute;rquico, desde la red m&aacute;s general –con nodos de ‘primer orden’ &uacute;nicamente– hasta configuraciones progresivamente m&aacute;s espec&iacute;ficas, de acuerdo con ciertas reglas de juego” (Simon, 1998, 34).</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. El terreno es muy quebrado y est&aacute; surcado por numerosos r&iacute;os (no completamente navegables) que corren entre valles profundos. Por ello, los centros monta&ntilde;osos donde habitaba la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n estaban bastante aislados (Johnson, 1942, 18).</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Johnson (1942, 127) afirma: “Santander ten&iacute;a pocos latifundos, pocos esclavos e ind&iacute;genas y ninguna encomienda. En las zonas agr&iacute;colas predominaba la peque&ntilde;a propiedad mientras en las ciudades como Pamplona, Gir&oacute;n, Oca&ntilde;a, Pie de Cuesta, Zapatoca, San Gil y Socorro se desarrollaba una vigorosa industria de textiles y sombreros”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n8" name="8">8</a>. UIS, <i>Compendio de Series Hist&oacute;ricas de los Santanderes</i>.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. El recaudo fiscal proven&iacute;a exclusivamente de las aduanas y las salinas nacionales, salvo ingresos extraordinarios como la desamortizaci&oacute;n de bienes de manos muertas; pero hubo cierto fortalecimiento de los fiscos regionales con el establecimiento del r&eacute;gimen federal, la desamortizaci&oacute;n y algunas bonanzas exportadoras (Ocampo, 1984; Melo, 1982, y Junguito, 1995).</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. La presencia de poblaci&oacute;n europea en C&uacute;cuta puede haber jugado un papel importante en esta tensi&oacute;n (Cardozo, 1992), pero no ha sido muy estudiada.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. <i>Gaceta de Santander </i>1046, 31 agosto de 1876.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. <i>Estado de Guerra </i>9, 22 de diciembre de 1876, 35-36; D&iacute;az (1999) y Ortiz (2004).</p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. <i>Estado de Guerra</i> 7, 14 de diciembre de 1876; 9, 22 de diciembre de 1876; 10, 3 de enero de 1877; Alcance bolet&iacute;n oficial No. 3, MS 194; Duarte (1995, 102-125).</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. <i>Estado de Guerra</i> 13, 31 de enero de 1877.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. <i>Estado de Guerra</i> 8, 19 de diciembre de 1876.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. <i>Estado de Guerra</i> 10, 3 de enero de 1877, 39.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. <i>Estado de Guerra</i> 14, 9 de febrero de 1877, 53-55; Brice&ntilde;o (1947, 382-383).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n18" name="18">18</a>. <i>Estado de Guerra </i>26, 20 de marzo de 1877.</p>     <p><a href="#n19" name="19">19</a>. <i>Estado de Guerra </i>14, 9 de febrero; 15, 14 de febrero; 16, 17 de febrero, y 17, 20 de febrero de 1877.</p>     <p><a href="#n20" name="20">20</a>. <i>Estado de Guerra </i>20, 27 de febrero; 21, 1 de marzo de 1877.</p>     <p><a href="#n21" name="21">21</a>. <i>Estado de Guerra </i>24, 13 de marzo de 1877.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. &Aacute;lvarez, L; &Aacute;. Garc&iacute;a, J. G&oacute;mez, y L. Gonz&aacute;lez. <i>Santander nuestro departamento</i>, Bucaramanga, UIS, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996201000010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. &Aacute;lvarez, P. <i>Uniformes y sotanas. Estudio hist&oacute;rico de la guerra civil de 1876,</i> tesis de Mag&iacute;ster en Historia, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996201000010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Arenas, H. <i>&iquest;Estado irresponsable o responsable? La responsabilidad patrimonial del Estado colombiano, luego de la guerra civil de 876-1877</i>, Bogot&aacute;, Universidad del Rosario, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996201000010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Braudel, F. “La ciudad en s&iacute; misma”, <i>Civilizaci&oacute;n material, econom&iacute;a y capitalismo. Siglos XV-XVIII</i>, vol. 3, Madrid, Alianza, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996201000010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Braudel, F. <i> La historia y las ciencias sociales</i>, Madrid, Alianza, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996201000010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Brice&ntilde;o, M. <i>De la revoluci&oacute;n de 1876-1877. Recuerdos para la historia</i>, Bogot&aacute;, Biblioteca de Historia Nacional, Imprenta Nacional, 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996201000010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Camacho, S. <i>Memorias</i>, vol. 74, Medell&iacute;n, Editorial Bedout, 1923.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996201000010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Caravaca, I. “Los nuevos espacios ganadores y emergentes”, <i>EURE </i>24, 73, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996201000010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Cardozo, G. “El eje comercial Maracaibo-C&uacute;cuta a mediados del siglo XIX”, <i>Fronteras, regiones y ciudades en la historia de Colombia</i>, Bucaramanga, UIS, noviembre de 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996201000010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Ceballos, D. L. “Un balance sobre los problemas colombianos”, <i>Ganarse el cielo defendiendo la religi&oacute;n. Guerras civiles en Colombia 1840-1902</i>, Medell&iacute;n, Universidad Nacional de Colombia, 2005, pp. 29-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996201000010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Codazzi, A. <i>Geograf&iacute;a f&iacute;sica y pol&iacute;tica de la Confederaci&oacute;n Granadina: El Estado de Santander, antiguas provincias de V&eacute;lez, Socorro, Oca&ntilde;a, Santander y Pamplona</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Red de Estudios de Espacio y Territorio y Universidad del Cauca, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996201000010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. D&iacute;az, J. “Del fraccionalismo liberal en el ocaso del federalismo: La guerra civil de 1876-1877”, tesis de pregrado en Historia, Bucaramanga, UIS, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996201000010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Duarte, J. “Los proyectos pol&iacute;ticos del liberalismo en Santander 1857-1880”, <i>Ensayos de historia regional de Santander</i>, Bucaramanga, UIS, 1995, pp. 102-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996201000010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Duarte, J. “Los c&iacute;rculos de notables en la pol&iacute;tica santandereana en el siglo XIX: Sol&oacute;n Wilches y el C&iacute;rculo de La Concepci&oacute;n-Garc&iacute;a Rovira”, tesis de pregrado en Historia, Bucaramanga, UIS, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996201000010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Espa&ntilde;a, G.; A. Atehort&uacute;a, y M. Palencia. <i>Narraciones de las guerras civiles colombianas</i>, tomos I y II, UIS, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996201000010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Estupi&ntilde;&aacute;n, L. <i>Ordenamiento territorial en Colombia: Perspectiva hist&oacute;rica y legal</i>, Bogot&aacute;, Universidad Libre, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996201000010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fornaguera, M. y E. Guhl. “Colombia, ordenaci&oacute;n del territorio en base del epicentrismo regional”, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996201000010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Franco, C. <i>Apuntamientos para la historia. La guerra de 1876 i 1877</i>, tomos I y II, Bogot&aacute;, Imprenta La &Eacute;poca, 1877.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996201000010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. G&oacute;mez, A. et al. <i>Las constituciones pol&iacute;ticas del gran Santander 1853-1885</i>, Bucaramanga, UIS, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996201000010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Guerrero A. y L. P&aacute;ez. <i>Poblamiento y conflictos territoriales en Santander</i>, Bucaramanga, UIS, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996201000010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Hirschman, A. <i>Las pasiones y los intereses</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996201000010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Jaramillo, J. “El proceso de la educaci&oacute;n en la Rep&uacute;blica (1830-1886)”, 1984, <i>Nueva Historia de Colombia</i>, tomo 2, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Cultura y Editorial Planeta, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996201000010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Johnson, D. <i>Santander siglo XIX: cambios socioecon&oacute;micos</i>, 1942, Bogot&aacute;, Carlos Valencia Editores, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996201000010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Junguito, R. <i>La deuda externa en el siglo XIX: cien a&ntilde;os de incumplimiento</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores y Banco de la Rep&uacute;blica, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996201000010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Kalmanovitz, S. <i>La idea federal en Colombia durante el siglo XIX</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996201000010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>26. La Gaceta de Santander</i>, El Socorro, 1875 a 1877.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996201000010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Mart&iacute;nez, A. et al. <i>Historia de la subregionalizaci&oacute;n de los Santanderes</i>, Bucaramanga, UIS, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996201000010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Mej&iacute;a, G. <i>Los a&ntilde;os del cambio: historia urbana de Bogot&aacute; 1820-1910</i>, Bogot&aacute;, Universidad Javeriana, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996201000010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Melo, J. O. “Evoluci&oacute;n econ&oacute;mica de Colombia, 1830-1900”, <i>Manual de Historia de Colombia, historia social, econ&oacute;mica y cultural</i>, tomo 2, Bogot&aacute;, Procultura e Instituto Colombiano de Cultura, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996201000010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Moncayo, &Eacute;. “Nuevos enfoques de pol&iacute;tica regional en Am&eacute;rica Latina: el caso de Colombia en perspectiva hist&oacute;rica. Las pol&iacute;ticas regionales en Colombia”, <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i> 198, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996201000010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Moreno, D. <i>La toga contra la sotana</i>, Bogot&aacute;, Editorial Kimpres, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996201000010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Ocampo, J. <i>Colombia y la econom&iacute;a mundial, 1830-1910</i>, Bogot&aacute;, Siglo XXI y Fedesarrollo, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996201000010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Ortiz, L. J. <i>Fusiles y plegarias: guerras de guerrillas en Cundinamarca, Boyac&aacute; y Santander, 1876-1877</i>, Medell&iacute;n, Universidad Nacional de Colombia, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996201000010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Palacios, M. <i>Entre la legitimidad y la violencia</i><i>: </i><i>Colombia 1875-1994</i>, Bogot&aacute;, Norma, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996201000010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Pardo, R. <i>La historia de las guerras</i>, Bogot&aacute;, Ediciones B, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996201000010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Posada, E. “&iquest;Guerra civil? &iquest;Guerra contra civiles? &iquest;Violencia generalizada?: Sobre la naturaleza del conflicto interno en Colombia”, Fundaci&oacute;n de Ideas para la Paz, 3 de mayo, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996201000010000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Posada, E. “Elecciones y guerras civiles en la Colombia del siglo XIX: la campa&ntilde;a electoral de 1875”, <i>El desaf&iacute;o de las ideas. 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Safford, F. “Formaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos durante la primera mitad del siglo XIX”, <i>Aspectos pol&eacute;micos de la historia de Colombia del siglo XIX – Memoria de un seminario</i>, Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Cafetero, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996201000010000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Simon, A. “Eventos pertinentes para una gesti&oacute;n comprensiva de la fenomenolog&iacute;a ambiental de un regi&oacute;n. El primer escollo: los conceptos de regionalizaci&oacute;n, planificaci&oacute;n, ordenaci&oacute;n y gesti&oacute;n ambiental”, <i>Opci&oacute;n Amaz&oacute;nica, Suplemento Especial</i> 2, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996201000010000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Tirado, &Aacute;. <i>Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Cultura, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996201000010000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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