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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CÁTEDRA DE HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN: LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA Y SUS DIRECTRICES]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>C&Aacute;TEDRA DE HISTORIA DE LA CIVILIZACI&Oacute;N: LA ENSE&Ntilde;ANZA DE LA HISTORIA Y SUS DIRECTRICES*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>CHAIR OF THE HISTORY OF CIVILIZATION: THE TEACHING OF HISTORY AND ITS GUIDELINES</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Fernand Braudel</i></p>     <p>* El texto original se public&oacute; en el <i>Anu&aacute;rio da Faculdade de Filosofia, Ci&ecirc;ncias e Letras: 1934-1935</i>, S&atilde;o Paulo, Revista dos Tribunais, 1937, pp. 113-121, y en conmemoraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Fernand Braudel se reprodujo en <i>Revista de Hist&oacute;ria</i> 146,&nbsp;2002, pp. 61-68. Esta es la versi&oacute;n que usamos para revisar la traducci&oacute;n al castellano de Carlos Aguirre Rojas, profesor de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este informe se dirige al mismo tiempo a las autoridades universitarias que lo solicitaron, al p&uacute;blico que se interesa por los destinos de la nueva Facultad de Filosof&iacute;a, Ciencias y Letras y tambi&eacute;n –&iquest;es necesario decirlo?– a los estudiantes. De ah&iacute; que sea tan extenso. Confesamos que por un momento pensamos abreviar este examen de conciencia, y limitarlo &uacute;nicamente a sus conclusiones &uacute;tiles y t&eacute;cnicas. Que era suficiente presentar en algunas l&iacute;neas las soluciones que a nuestro parecer eran buenas y &uacute;tiles en lo que respecta a los programas, a la exposici&oacute;n de los cursos y a la orientaci&oacute;n de los estudios para dar a este informe su sentido y su eficiencia. Si finalmente preferimos un camino m&aacute;s largo fue porque aqu&iacute;, en un pa&iacute;s joven, donde el futuro se extiende sin cesar y normalmente sobrepasa las promesas del presente, nuestros actos revisten una gravedad y un alcance que tienen origen en su importancia y que exigen ser meditados y sopesados en forma m&aacute;s extensa y minuciosa que en otras partes.</p>     <p align="center">* * *</p>     <p>La denominaci&oacute;n de esta c&aacute;tedra – Historia de la civilizaci&oacute;n – es en s&iacute; misma un programa, y esto fue, por cierto, lo que quisieron los fundadores de la Facultad. Dieron a su titular un dominio sin l&iacute;mites, le confiaron a su estudio los anales completos de la Humanidad, en el tiempo y en el espacio. Esa actitud era quiz&aacute; una recomendaci&oacute;n t&aacute;cita de que nos elev&aacute;ramos cuanto fuese posible por encima de lo que se relaciona exclusivamente con la erudici&oacute;n, de lo que dice sobre el recurso a los arsenales bibliogr&aacute;ficos y a la herborister&iacute;a de las instituciones. En &Aacute;frica del norte y en Siria se encuentran numerosas ruinas romanas, tan disfrazadas que no se revelan a la simple observaci&oacute;n. En cambio, la mirada desde las alturas permite descubrirlas o comprenderlas mejor en su conjunto. Elevarse no es, forzosamente, perderse entre las nubes…</p>     <p>El t&iacute;tulo de esta c&aacute;tedra indica e impone una elecci&oacute;n. Implica de hecho una definici&oacute;n de la historia, sobre la que es necesario detenernos. El historiador no siente todos los d&iacute;as la necesidad de definir su disciplina, su posici&oacute;n exacta en el campo general de la vida intelectual: otros se encargan de ello, no haci&eacute;ndolo siempre de buena fe, o, lo que es lo mismo, con competencia. &iquest;Es necesario entonces definir una actitud del esp&iacute;ritu, tan antigua como lo es el mundo civilizado? Las sociedades siempre buscan en forma espont&aacute;nea su <i>temps perdu</i>. La historia existe, de hecho, desde que despert&oacute; la reflexi&oacute;n inteligente, desde las primeras leyendas que cant&oacute; el hombre... &iexcl;Un peligroso privilegio, sin embargo! Son las ciencias sociales, nacidas ayer o que nacer&aacute;n ma&ntilde;ana, las que buscan definirse... En su caso, se trata de la justificaci&oacute;n espiritual de su nacimiento; quieren vivir y es preciso que excluyan a las otras de sus nuevas posesiones... Esas ciencias no recibieron, como la Historia, esta herencia secular, este imperio, estas colonias, todas esas riquezas que tienden menos a la acci&oacute;n que a la tranquilidad de las viejas potencias... Entre tanto, ser&iacute;a simple definir la finalidad de la historia, tal y como ella se afirma en este acervo de centenares de obras esenciales que han aparecido principalmente en el curso de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, en las obras de Henri Pirenne, por ejemplo, para s&oacute;lo citar a uno de los grandes maestros que ya no est&aacute;n vivos. La Historia es la m&aacute;s antigua de las ciencias sociales, no la &uacute;nica, como bien se puede pensar. Es la impotencia de nuestro esp&iacute;ritu y no la dificultad del objeto –que a&uacute;n tiene su importancia– la que nos obliga a fragmentar la realidad. A cada ciencia social pertenece s&oacute;lo un fragmento de un espejo partido en mil pedazos. Existe empero, m&aacute;s all&aacute; de nuestras posibilidades, ese espejo intacto en el que la sociedad refleja su imagen m&oacute;vil y total. A esta sociedad, objeto de nuestras investigaciones, la econom&iacute;a pol&iacute;tica la estudia en sus condiciones de vida material; la estad&iacute;stica, bajo el signo del n&uacute;mero; la geograf&iacute;a, en el espacio; el derecho, desde el prisma de las obligaciones contractuales; la sociolog&iacute;a, en su mecanismo; la etnograf&iacute;a y la etnolog&iacute;a, en sus formas a&uacute;n balbuceantes; la historia en su realidad de ayer... As&iacute;, el historiador a&ntilde;ade a su tarea una dificultad m&aacute;s. Los otros trabajan sobre lo que est&aacute; vivo, lo que se ve, lo que se mide; el historiador, sobre lo que ya no existe... y ah&iacute;, aunque le falten datos, es la totalidad de la vida social lo que &eacute;l busca recomponer, sin tener a su disposici&oacute;n ni el objeto ni el espejo; el primero porque ya no existe y el segundo porque no pertenece a este mundo.</p>     <p>De esta comparaci&oacute;n podr&iacute;amos deducir las dificultades de nuestro <i>m&eacute;tier</i>. Pero, &iquest;qui&eacute;n no las conoce? &iquest;No ser&aacute;n las ciencias apenas una demostraci&oacute;n continua de la incertidumbre del saber? Una doble constataci&oacute;n aten&uacute;a estas sombras. &iquest;La vida social de hoy no tendr&iacute;a m&uacute;ltiples puntos de semejanza con la vida de las sociedades ya desaparecidas, y el presente no se nos ofrece como un laboratorio? Invirtiendo los t&eacute;rminos habituales, &iquest;no podr&iacute;amos decir que su luz nos ilumina el pasado? Pirenne declar&oacute; que hab&iacute;a entendido las <i>vilas-novas</i> de Europa medieval despu&eacute;s de haber visto las <i>boom-cities </i>de Am&eacute;rica del Norte. En segundo lugar, el material vivo, actual, s&oacute;lo representa una peque&ntilde;a parte de los hechos sociales inventariados. As&iacute;, todas estas ciencias sociales que defin&iacute; antes, con alguna prisa, utilizan documentos referentes a sociedades muertas, nueve de cada diez veces. Ese espect&aacute;culo tiene algo que es reconfortante y que nos da seguridad. Si el hecho hist&oacute;rico es un elemento intelectual indispensable para otras ciencias, esto es ya bastante para nosotros. Esa sola certeza justificar&iacute;a nuestro trabajo, porque somos nosotros los que creamos y ponemos en circulaci&oacute;n los hechos hist&oacute;ricos. Pero, es para nosotros mismos que trabajamos, para alcanzar nuestro propio fin: la reconstrucci&oacute;n de las im&aacute;genes del pasado, la resurrecci&oacute;n de las sociedades de otrora. Pirenne, a quien citamos una vez m&aacute;s, dec&iacute;a que la isla de Robinson Crusoe no pertenece al dominio hist&oacute;rico. S&oacute;lo existe la historia de los grupos sociales, y de ellos debemos dar la historia total. Si la historia tiene posibilidades de ser una ciencia no es porque fije este o aquel punto sino porque nos lleva a comprobaciones generales sobre las sociedades, a se&ntilde;alar semejanzas a trav&eacute;s de accidentes particulares. Y es en esos raros instantes que parece darnos la certeza de reconstituir el <i>espejo</i> en su totalidad. El paisaje integral est&aacute; por constituirse. Tr&aacute;tese de la verborrea de la diplomacia, a veces tan ponderosa, o de la vida pol&iacute;tica, donde se sintetiza toda la colectividad; tr&aacute;tese de la historia de los grandes hombres, v&iacute;ctimas o verdugos de sus semejantes; tr&aacute;tese del precio del pan, de la evoluci&oacute;n de las rentas o del cambio de monedas: ninguna de estas minucias se puede aislar del conjunto social con el que se relaciona. El aprendiz de historiador har&aacute; bien en ver todo, en no limitar su campo de observaci&oacute;n. Reducir el pasado a lo que s&oacute;lo es econ&oacute;mico es tan absurdo como reducir todo el conjunto a los acontecimientos pol&iacute;ticos, tal como se hac&iacute;a apenas hace poco.</p>     <p>Este primer aspecto general nos ense&ntilde;a que nuestros trabajos deben tomar a las sociedades en su totalidad. Adem&aacute;s, debemos reanimar su vida. Como el novelista, el historiador crea la vida. La crea de nuevo sobre el plano de la verdad. Y &eacute;sta es su tarea, bella y noble. Quien no conoce el deleite de esa resurrecci&oacute;n del pasado del que habla Michelet no puede entender la alegr&iacute;a secreta del historiador ni el papel exacto del profesor de historia, de ese gu&iacute;a en los viajes a trav&eacute;s de los tiempos. Hay historiadores que s&oacute;lo lo son de nombre. Son eruditos que se asemejan a los qu&iacute;micos que reunieron todos los elementos de un experimento pero que no se decidieron a ejecutarlo, por temor a encender los hornos o por h&aacute;bito...</p>     <p align="center">* * *</p>     <p>Adem&aacute;s de los casos especiales, no est&aacute; de m&aacute;s decir alguna cosa sobre el estudiante de la c&aacute;tedra de Historia y se&ntilde;alar sus caracter&iacute;sticas: los defectos evidentes y las cualidades. En el cap&iacute;tulo de las cualidades, se&ntilde;alo desde ya el deseo, la necesidad, la pasi&oacute;n de ver todo desde lo alto, desde un poco m&aacute;s alto que los dem&aacute;s; tambi&eacute;n… un amor inteligente por la tierra brasile&ntilde;a y especialmente por la tierra paulista: es a trav&eacute;s de su pasado, de sus ciclos econ&oacute;micos, de su vida tan abierta a las influencias del mundo entero, de sus fastos, que el estudiante organiza su cultura hist&oacute;rica.</p>     <p>De ah&iacute; una visi&oacute;n directa tan justa y tan penetrante, en ciertos dominios de la historia econ&oacute;mica o moderna, que tal vez no posea el estudiante europeo. El punto de vista brasile&ntilde;o proporciona una iluminaci&oacute;n preciosa sobre este aspecto. &iquest;Por qu&eacute; no hablar tambi&eacute;n del fervor que algunos, casi todos, muestran por el estudio y m&aacute;s especialmente por la formaci&oacute;n de una biblioteca particular, para lo que hacen grandes sacrificios? Tambi&eacute;n se pueden se&ntilde;alar, infelizmente, muchas sombras. A los estudiantes paulistas muchas veces les falta una cultura general b&aacute;sica, sin la que es dif&iacute;cil avanzar con rapidez. &Eacute;ste es un problema de la formaci&oacute;n secundaria, sobre el que aqu&iacute; apenas se dir&aacute;n algunas palabras para quienes desean y a&uacute;n pueden remediar esa falta. Sin querer aducir a la cuesti&oacute;n que aqu&iacute; se discute otras consideraciones sobre el problema insoluble o dif&iacute;cil de la cultura general, perm&iacute;taseme decir que para quien se encamina a la Historia es importante dominar, adem&aacute;s de las nociones hist&oacute;ricas, tres disciplinas esenciales: el portugu&eacute;s, el lat&iacute;n y una s&oacute;lida cultura filos&oacute;fica. El lat&iacute;n porque permite aprender el portugu&eacute;s en la mayor parte de sus ra&iacute;ces y porque es necesario que el historiador conozca su idioma a la perfecci&oacute;n. A diferencia del fil&oacute;sofo, del soci&oacute;logo, del jurista y del m&eacute;dico, el historiador no posee un vocabulario que sea suyo sino que usa el de todos, lo que a prop&oacute;sito es un bien inestimable. Al no tener un vocabulario propio, a pesar de algunas tentativas que se han hecho en este sentido, el historiador gana mucho utilizando un lenguaje que est&aacute; en contacto con la vida y con sus realidades, y enriquecido con esta vida y estas realidades. Theodor Mommsen, Fustel de Coulanges, Henri Pirenne y Maurice Holleaux fueron escritores admirables. &iexcl;Son ejemplos dignos de meditaci&oacute;n! Sin mencionar las otras ventajas que el aprendizaje del lat&iacute;n traer&iacute;a por s&iacute; mismo. Es f&aacute;cil entender que Roma pierde todo su sentido para el historiador que ni siquiera abord&oacute; las declinaciones. Por &uacute;ltimo, la filosof&iacute;a. Entiendo por cultura filos&oacute;fica, en este caso, un <i>mis en place</i> del pensamiento. Nuestros estudiantes, aun los mejores, tienen una fuerte tendencia a filosofar sin saberlo. Disciplinados en este dominio, desembarazar&iacute;an a sus trabajos de la neblina que all&iacute; se introduce con el nombre de idea general. Siguiendo el viejo precepto, es preciso pensar el propio pensamiento.</p>     <p>Habr&aacute; quien diga que es muy larga esta lista de exigencias. La vida intelectual reclama, lo sabemos, cierto coraje. Para cumplir este programa, nuestros estudiantes no s&oacute;lo disponen de su tiempo de aprendizaje sino tambi&eacute;n de los a&ntilde;os de ejercicio profesional, que para algunos de ellos comenzar&aacute;n ma&ntilde;ana. A&ntilde;adamos algunas consideraciones. La cultura intelectual de hoy es una cultura internacional. Para la historia, como para las dem&aacute;s actividades del esp&iacute;ritu, el conocimiento de lenguas extranjeras es una necesidad para quien quiera participar en el concierto de las voces mundiales. Al tratarse del conocimiento ling&uuml;&iacute;stico necesario para la lectura de libros o art&iacute;culos de revista, el esfuerzo requerido no es exagerado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las ciencias sociales forman un bloque, una coalici&oacute;n. Son solidarias. Ser&aacute; siempre &uacute;til que el historiador revise sus m&eacute;todos, su esp&iacute;ritu y sus resultados. La etnograf&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la econom&iacute;a pol&iacute;tica merecen su atenci&oacute;n. Si fuese posible organizar cursos complementarios para este efecto, desear&iacute;amos que fuesen de naturaleza especial, concebidos no como una perspectiva independiente, sino como una contribuci&oacute;n a la cultura hist&oacute;rica. No hablo aqu&iacute; de la ligaz&oacute;n con la geograf&iacute;a, que fue muy bien pensada, aunque sea un tanto rigurosa pues se prosigue durante los tres a&ntilde;os de estudio. Convendr&iacute;a m&aacute;s un r&eacute;gimen m&aacute;s amplio y m&aacute;s flexible, que permitiera orientar mejor los estudios, adapt&aacute;ndolos mejor al contenido de la carrera.</p>     <p>El azar –siempre ben&eacute;fico– favoreci&oacute; a la secci&oacute;n de Historia, pues le aport&oacute; como estudiantes a algunos juristas. No es de extra&ntilde;ar que, conocedores de las fuertes disciplinas del derecho, esos estudiantes regular y autom&aacute;ticamente se hayan destacado con respecto a sus compa&ntilde;eros. Esta relaci&oacute;n fortuita, eficaz para el reclutamiento de estudiantes valiosos, &iquest;no ser&aacute; necesario resguardarla de una ruptura tan fortuita como la que la cre&oacute;?</p>     <p align="center">* * *</p>     <p>El ciclo de estudios es aqu&iacute;, como en las dem&aacute;s c&aacute;tedras, de tres a&ntilde;os. El primero consagrado a la Antig&uuml;edad, el segundo a la Edad Media y el tercero a los Tiempos Modernos. Ese es el programa que funcionar&aacute; a partir de 1936 y cuya responsabilidad incumbe al autor de este informe.</p>     <p>Limitamos deliberadamente la ense&ntilde;anza de la historia moderna, que en las facultades europeas tiende ampliarse. Si as&iacute; procedimos fue porque el estudio de los tiempos modernos se cubre directamente en la ense&ntilde;anza de las c&aacute;tedras de historia del Brasil e historia de Am&eacute;rica. Por otro lado, los estudiantes ya conocen en l&iacute;neas generales la historia de los tiempos modernos. De ah&iacute; la necesidad de consagrarnos a las &eacute;pocas m&aacute;s lejanas, totalmente ignoradas. Adem&aacute;s, existe la ventaja de recorrer lentamente el camino que lleva de Oriente a Grecia, de Grecia a Roma y de Roma a nuestros d&iacute;as, pasando por las etapas medievales, cuya pujante originalidad y cuyo valor hoy son conocidos. Adem&aacute;s, nos pareci&oacute; bien hacer que el estudiante viviera en esas &eacute;pocas tan alejadas y tan diferentes de la nuestra, en las que se encuentran oscuridades que no encontramos en otras &eacute;pocas, pero que son obst&aacute;culos &uacute;tiles para la inteligencia que reflexione sobre este mundo de coordenadas tan particulares, donde se empieza a elaborar lo que ser&aacute; y lo que despu&eacute;s fue Europa, antes de esa cesura que hizo nacer a Brasil de Portugal... Es en esas tierras cl&aacute;sicas donde el aprendizaje del oficio hist&oacute;rico es m&aacute;s directo y m&aacute;s provechoso. Casi todos los historiadores de renombre mundial fueron especialistas en historia antigua y medieval. Un &uacute;ltimo argumento en favor de este programa es el mejor: la simpat&iacute;a evidente de los estudiantes por estos dif&iacute;ciles problemas. Tal vez en este dominio, en el que las vastas perspectivas no se quiebran por la sobreabundancia de menudencias, la inteligencia brasile&ntilde;a, como la latina, se siente m&aacute;s a gusto prefiriendo ese estudio al de las largas guerras civiles, examinadas minuciosamente, de la historia moderna de Europa.</p>     <p>Este programa implica entonces una revisi&oacute;n general de los conocimientos hist&oacute;ricos b&aacute;sicos, revisi&oacute;n lenta porque no est&aacute; constituida por la simple recordaci&oacute;n de nociones ya adquiridas sino por continuos descubrimientos. De all&iacute; se concluye que esta tarea general absorber&aacute; nuestro tiempo y casi todos nuestros esfuerzos. Esta revisi&oacute;n de nociones fundamentales no es sino la primera iniciaci&oacute;n. Apenas la que es necesario proporcionar.</p>     <p>La funci&oacute;n de esta c&aacute;tedra es formar profesores para la ense&ntilde;anza secundaria y para la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica. Esa finalidad no se podr&aacute; alcanzar si la ense&ntilde;anza no se hace en profundidad. La cultura hist&oacute;rica no se adquiere en los <i>manuales</i> sino en las obras esenciales. Se adquiere en el dominio de la historia que se crea, en medio de verdaderas dificultades, en las penas y las alegr&iacute;as de la investigaci&oacute;n. Encaminar a los estudiantes hacia ese campo avanzado, &iexcl;qu&eacute; tentaci&oacute;n, pero qu&eacute; pesado deber! Ense&ntilde;arles las disciplinas auxiliares de la historia, la arqueolog&iacute;a, la epigraf&iacute;a, la paleograf&iacute;a, y orientarlos hacia uno de los numerosos sectores de nuestro dominio, vincularlos a investigaciones dignas de la erudici&oacute;n brasile&ntilde;a, todo esto es reconocer la necesidad de la especializaci&oacute;n.</p>     <p>Recomend&aacute;bamos hace poco la cultura general. Aunque sabemos que es apenas un medio y s&oacute;lo eso. Dispersar el esp&iacute;ritu, abrirlo a nuevos horizontes –s&iacute;–, pero para concentrarlo despu&eacute;s con todas esas riquezas adquiridas, con toda su energ&iacute;a y eficacia, en una tarea vigorosa y espec&iacute;fica. En un momento dado se precisa profundizar en la Historia, si se quiere marcar en ella un lugar propio y &uacute;til. Ahora bien, la especializaci&oacute;n no encuentra su lugar en el programa ya de por s&iacute; sobrecargado de materias de nuestros tres a&ntilde;os. Adem&aacute;s, los estudiantes son solicitados para trabajos diversos en c&aacute;tedras afines e incluso llamados desde fuera de la universidad. Por tanto, no es buena voluntad lo que les falta, sino tiempo. Aplaudimos entonces la organizaci&oacute;n inteligente del curso de doctorado, modelado conforme al de las facultades francesas de letras. La cultura general se impone y la especializaci&oacute;n es una cuesti&oacute;n de libertad y de vocaci&oacute;n. Se precisa solamente asegurar la vida material de quienes han de ser los primeros doctores de nuestra facultad.</p> Se podr&iacute;a decir que esta formaci&oacute;n, llevada a un grado m&aacute;s elevado y que se corona con el doctorado, no conviene al profesor de Historia o de Geograf&iacute;a de secundaria, al que esta c&aacute;tedra debe formar en parte. Las &uacute;ltimas palabras de este informe se dedican a esta cuesti&oacute;n. Para el profesor de secundaria lo indispensable es un bagaje de conocimientos generales. La licenciatura asegura esta adquisici&oacute;n. Pero es apenas lo estrictamente necesario... En la m&aacute;s alejada de las ciudades del estado de Sao Paulo el profesor debe seguir perteneciendo al mundo de los intelectuales y, adem&aacute;s de su tarea cotidiana, es preciso que no pierda su v&iacute;nculo con ese mundo. Aqu&iacute; conocemos, como en todas partes, el peligro social que representa el profesor que no trabaja, que no estudia... Ahora bien, s&oacute;lo en su cant&oacute;n especializado el profesor puede mantener despierta su inteligencia. &iquest;Y lo esencial no es la inteligencia del profesor? &iquest;Sin la especializaci&oacute;n se puede ejercer la inteligencia de manera &uacute;til? Si el lector se ve impulsado a reflexionar sobre las soluciones que presentamos, este art&iacute;culo no habr&aacute; sido quiz&aacute; del todo in&uacute;til para lo que dice sobre el futuro universitario del Brasil.</p></font>      ]]></body>
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