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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>VALORES, BIENES P&Uacute;BLICOS Y DESARROLLO HUMANO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>VALUES, PUBLIC GOODS AND HUMAN DEVELOPMENT</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>C&eacute;sar Ferrari</i>*</p>     <p>* Doctor en Econom&iacute;a, profesor titular del Departamento de Econom&iacute;a de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:ferrari@javeriana.edu.co">ferrari@javeriana.edu.co</a>]. Este escrito recoge las intervenciones del autor en el Foro “Desarrollo Econ&oacute;mico, Derechos e Inclusi&oacute;n”, Bogot&aacute;, 11 de marzo de 2010. Se benefici&oacute; de los aportes de algunos participantes, en particular, de C&eacute;sar Gonz&aacute;lez, consultor de la Secretar&iacute;a de Desarrollo Econ&oacute;mico de Bogot&aacute;, as&iacute; como los de Carlos Novoa, S.J., Alfredo Bateman, &Aacute;lvaro Montenegro, Alejandro Ch&aacute;vez y Mary Berr&iacute;o, colegas de la Pontificia Universidad Javeriana. Les agradezco, y reconozco que los errores que pueda haber son de mi responsabilidad. Fecha de recepci&oacute;n: 4 de mayo de 2010; fecha de modificaci&oacute;n: 11 de mayo de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para algunos economistas, el desarrollo humano es desarrollo econ&oacute;mico con rostro humano, es decir, aumento de la producci&oacute;n de bienes y servicios con estabilidad de precios y programas sociales para aliviar la pobreza. En otros tiempos, algunos lo entend&iacute;an como ajuste con rostro humano, lo que implicaba restringir el gasto para reducir la inflaci&oacute;n pero protegiendo a la poblaci&oacute;n de menores ingresos.</p>     <p>Estas son versiones inapropiadas del desarrollo humano, que implica progreso y mayor bienestar de las personas; por tanto, desarrollo econ&oacute;mico y, sin duda, desarrollo social, pol&iacute;tico y cultural. Tambi&eacute;n provisi&oacute;n de ciertos bienes p&uacute;blicos que no se identifican como tales sino con valores que gu&iacute;an el desarrollo en esos campos: libertad, equidad, solidaridad, dignidad, honestidad p&uacute;blica, seguridad.</p>     <p><b>LAS DIMENSIONES DEL DESARROLLO HUMANO</b></p>     <p>Una de las dimensiones del desarrollo humano es, por supuesto, la econ&oacute;mica. En el mundo moderno es imposible aspirar a mejores condiciones de vida y, por tanto, a mayor bienestar, sin una cantidad m&iacute;nima y creciente de bienes y servicios que satisfaga las necesidades de toda la poblaci&oacute;n.</p>     <p>El desarrollo humano tiene entonces que ver con el crecimiento econ&oacute;mico, pero tambi&eacute;n con la estabilidad relativa de los precios. Sin el primero no es posible ofrecer mayor cantidad de bienes y servicios y alcanzar mayores niveles de satisfacci&oacute;n; sin la segunda, la variaci&oacute;n sustancial de la rentabilidad de los distintos sectores econ&oacute;micos, en particular con altos niveles de inflaci&oacute;n, dificulta, si no hace imposible, la inversi&oacute;n para lograr m&aacute;s crecimiento.</p>     <p>Pero el desarrollo humano tambi&eacute;n tiene otras dimensiones, como la pol&iacute;tica, la social y la cultural, que se relacionan y est&aacute;n determinadas por valores tales como libertad, equidad, solidaridad, honestidad, dignidad y seguridad. La preeminencia de alguno o algunos de estos valores refleja preferencias y objetivos personales y sociales. Los valores, que gu&iacute;an y regulan el comportamiento humano, son elecciones personales y dependen de las preferencias individuales, que var&iacute;an con el tiempo y est&aacute;n condicionadas y sujetas a la influencia de la cultura y las costumbres, y se reflejan en los objetivos sociales, es decir, en las metas de los grupos sociales.</p>     <p><b>LOS VALORES HUMANOS</b></p>     <p>Los valores humanos mencionados no son nuevos. El grito de los revolucionarios franceses en 1789: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, tuvo gran resonancia y ha influido profundamente en las preferencias personales y sociales.</p>     <p>La seguridad no fue un valor que proclamaran los revolucionarios franceses. Lo que no es sorprendente. Pues cuestionaban, precisamente, la seguridad y la estabilidad del Antiguo R&eacute;gimen, que garantizaba los privilegios de la nobleza y la clase dirigente de ese entonces y, adem&aacute;s, las rentas que obten&iacute;an con ellos, es decir, la consecuci&oacute;n de rentas en mercados no competitivos distorsionados por esos privilegios.</p>     <p>Y cuando esos privilegios y el rentismo consiguiente dejaron de ser socialmente aceptados y aceptables, la delimitaci&oacute;n y la separaci&oacute;n entre la propiedad p&uacute;blica y la privada fue una consecuencia natural. La honestidad dej&oacute; entonces de referirse &uacute;nicamente al respeto por la propiedad privada para denotar tambi&eacute;n un atributo indispensable de los administradores circunstanciales de la propiedad p&uacute;blica que deb&iacute;a asegurar que &eacute;sta se utilizara en beneficio social y no personal. Adem&aacute;s, con la eliminaci&oacute;n de los privilegios, la dignidad dej&oacute; de estar reservada a los privilegiados y se extendi&oacute; a todos los seres humanos en virtud de su propio ser.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esos valores sobrevivieron y se extendieron al mundo occidental, al menos formalmente, a pesar de todos los esfuerzos de restauraci&oacute;n del Antiguo R&eacute;gimen para recuperar los privilegios, las rentas y el uso de la propiedad p&uacute;blica en beneficio personal, en aras de una supuesta mayor seguridad y estabilidad. Ese restablecimiento habr&iacute;a llevado a restringir de nuevo las libertades personales y pol&iacute;ticas, las de emprendimiento y comercio, al abandono de la igualdad ante la ley y al desconocimiento de la dignidad de todo ser humano. Pero la sociedad no se mostr&oacute; dispuesta a cambiar sus preferencias, es decir, a trocar m&aacute;s seguridad por menos libertad, menos igualdad, menos fraternidad y menos honestidad p&uacute;blica. Esos valores fundamentales nunca se han olvidado, y al menos han estado latentes en las condiciones m&aacute;s adversas.</p>     <p>En 1948, la Asamblea de las Naciones Unidas los proclam&oacute; en la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos, cuyo primer art&iacute;culo se&ntilde;ala: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como est&aacute;n de raz&oacute;n y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>Y han sido consagrados en todas las constituciones, tratados y normas sociales fundamentales de casi todos los pa&iacute;ses. Persisten, quiz&aacute; con otros nombres y con mayor precisi&oacute;n: la libertad es a&uacute;n libertad personal y pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n de emprendimiento y de comercio; la igualdad es, ahora, de oportunidades, para hacer posible la equidad en la distribuci&oacute;n del ingreso; la fraternidad es solidaridad y tambi&eacute;n rechazo de la discriminaci&oacute;n, por razones de raza, g&eacute;nero, inclinaci&oacute;n sexual y edad; y la honestidad es imperiosa para todos los individuos, y a&uacute;n m&aacute;s para los gobernantes, que tienen mayores responsabilidades con la sociedad.</p>     <p>Pero m&aacute;s all&aacute; de consideraciones &eacute;ticas, estos valores existen porque las personas los demandan, porque los incorporan en sus preferencias, y alguien los ofrece, o los debe ofrecer y satisfacer. As&iacute;, se pueden concebir como bienes o servicios para los que hay demanda y oferta, cuya “cantidad” y cuyo “precio” se definen en el “mercado” respectivo.</p>     <p><b>DEMANDA Y OFERTA EN LOS MERCADOS</b></p>     <p>Para explicar c&oacute;mo funcionan los mercados, los economistas suponen que los seres humanos act&uacute;an como consumidores y como productores. Como consumidores, adquieren bienes y servicios en los mercados con el fin de maximizar su bienestar. Se supone que eligen esos bienes y servicios, como los alimentos, los autom&oacute;viles, la electricidad o el entretenimiento, de acuerdo con sus preferencias. Y lo hacen repartiendo la cantidad limitada de dinero de que disponen. Es decir, tratan de adquirir la mayor cantidad de bienes y servicios con sus recursos.</p>     <p>De la soluci&oacute;n a este problema de distribuci&oacute;n de los recursos, formalizado con ayuda de las matem&aacute;ticas, los economistas deducen lo que se conoce como demanda del consumidor, de cada bien y de cada servicio. Y deducen que a mayor precio menor es la demanda, y que cuanto m&aacute;s alto es el ingreso y mayor es la preferencia mayor es la demanda.</p>     <p>Con sus preferencias y su dinero, los consumidores acuden al mercado correspondiente, uno por cada bien o servicio. As&iacute;, acaban comprando bienes y servicios en los mercados, de acuerdo con sus preferencias, considerando el precio respectivo y el ingreso del que disponen. De modo que con unos recursos limitados, compran cierta cantidad de un bien o servicio considerando todas las dem&aacute;s compras, es decir, si compran m&aacute;s de unos compran menos de otros.</p>     <p>La persona no act&uacute;a sola en un mercado, act&uacute;a en forma simult&aacute;nea con las dem&aacute;s; de modo que la demanda en el mercado es la suma de la demanda de quienes all&iacute; participan. Esa demanda enfrenta una oferta que intenta satisfacerla.</p>     <p>Esa oferta es la agregaci&oacute;n de la oferta de los individuos que act&uacute;an como productores de bienes o servicios. Se supone que lo hacen con el fin de maximizar la utilidad que puedan obtener con la producci&oacute;n, igual al producto de la venta de lo que producen menos el costo de producirlo, empleando la tecnolog&iacute;a que conocen. Esta tecnolog&iacute;a representa cierta combinaci&oacute;n de factores de producci&oacute;n e insumos intermedios, as&iacute; como en la producci&oacute;n de camisas se combinan de cierta manera mano de obra, m&aacute;quinas, servicios, telas, hilos y botones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De la soluci&oacute;n de ese problema de maximizaci&oacute;n de la utilidad del productor sujeta a una restricci&oacute;n tecnol&oacute;gica, los economistas deducen lo que se conoce como costos marginales de producci&oacute;n, es decir, lo que cuesta producir una unidad adicional del bien o servicio. Se supone que producir una unidad adicional le cuesta al productor un poco m&aacute;s que la unidad anterior o al menos lo mismo. El nivel de producci&oacute;n en la parte creciente o constante de los costos marginales en ambientes competitivos se conoce como oferta del productor en el mercado.</p>     <p>Quienes demandan o producen bienes y servicios no son siempre personas o individuos, son en general “agentes econ&oacute;micos”, bien sean personas naturales, empresas o Estado. El equilibrio entre la demanda agregada de unos agentes consumidores y la oferta agregada de otros agentes productores en cada mercado define un precio y una cantidad transada de equilibrio, es decir, consumida y producida en ese mercado. La teor&iacute;a del consumidor y la teor&iacute;a del productor son la esencia de la teor&iacute;a econ&oacute;mica; el resto es parafernalia<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p><b>BIENES Y SERVICIOS SIN PRECIOS, Y BIENES P&Uacute;BLICOS</b></p>     <p>No todos los bienes y servicios que las personas o agentes demandan y producen tienen un precio expl&iacute;cito ni existen, aparentemente, mercados para ellos. Ello ocurre en gran medida debido a lo que se llama “fallas de mercado”, en raz&oacute;n de las cuales aun si ese precio existiese no queda bien definido. El ejemplo t&iacute;pico es el del propietario que paga a un celador para que vigile su propiedad, y aunque el vecino no contribuya a ese pago se beneficia porque la presencia del celador ahuyenta a los ladrones.</p>     <p>Los bienes o servicios que no tienen un precio expl&iacute;cito y un mercado aparente se conocen como bienes p&uacute;blicos. A diferencia de los bienes privados, en el caso de los bienes p&uacute;blicos hay ciertas fallas de mercado o existen atributos que impiden definir su precio. Estos son la “no rivalidad”, es decir, no son como una manzana, que cuando alguien se la come nadie m&aacute;s puede disfrutarla, esto es, que no se agotan cuando otros los consumen; y la “no exclusi&oacute;n”, como una fumigaci&oacute;n contra mosquitos que transmiten la malaria que beneficia a todos los miembros de una comunidad, aunque no todos paguen, y es imposible impedir que los que no pagan resulten beneficiados (Nicholson, 2007, 368).</p>     <p>Desde el punto de vista econ&oacute;mico, valores como la libertad, la equidad, la solidaridad, la honestidad p&uacute;blica y la seguridad se pueden equiparar a los bienes p&uacute;blicos. Aunque no se “compren” igual que los bienes privados o p&uacute;blicos utilizados como ejemplo, porque no existe un mercado expl&iacute;cito para ellos y, aparentemente, no se pague un precio por ellos.</p>     <p>Pero no son menos importantes porque no tengan un precio expl&iacute;cito. Y el hecho de que no tengan un precio adecuado tampoco suprime la necesidad de satisfacer su demanda. Alguien debe ofrecerlos. Por lo general, la sociedad le asigna al Estado la obligaci&oacute;n de ofrecerlos o, al menos, de garantizarlos. En el caso de la honestidad p&uacute;blica deben ofrecerla los servidores p&uacute;blicos potenciales y en ejercicio. En el mundo moderno este tipo de bienes corresponde al derecho de las personas a gozar de la libertad, la equidad, la solidaridad, la dignidad y la seguridad.</p>     <p>Pero el Estado est&aacute; a cargo de los gobiernos, en representaci&oacute;n de la sociedad o de grupos limitados, seg&uacute;n sean democr&aacute;ticos u olig&aacute;rquicos, m&aacute;s all&aacute; de las formalidades con las que sean elegidos o designados. De modo que lo que el Estado ofrece o garantiza depende de la orientaci&oacute;n del gobierno y de qui&eacute;nes sean representados.</p>     <p><b>PRECIOS IMPL&Iacute;CITOS Y COSTOS DE OPORTUNIDAD</b></p>     <p>En t&eacute;rminos econ&oacute;micos, todos los bienes y servicios, incluidos los bienes p&uacute;blicos, tienen un precio. Cuando no es expl&iacute;cito est&aacute; dado por su costo de oportunidad en t&eacute;rminos de otros bienes y servicios, es decir, por lo que se deja de comprar de otros bienes o servicios para adquirir los primeros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ejemplo, el costo de una mayor seguridad en los vuelos a&eacute;reos no s&oacute;lo est&aacute; dado por lo que hay que pagar a los grupos de vigilancia y seguridad sino tambi&eacute;n por el costo en que incurren las personas por llegar m&aacute;s temprano a los aeropuertos y pasar por controles m&aacute;s estrictos, es decir, por el tiempo que podr&iacute;an dedicar a otros menesteres remunerados y m&aacute;s rentables. Y la seguridad que reporta un mayor gasto militar podr&iacute;a valorarse por las carreteras que se dejan construir o la salud que se deja de atender, m&aacute;s el valor de los bienes y servicios que se dejan de producir por la falta de acceso a los mercados debido a la inexistencia de esas carreteras, o por las enfermedades desatendidas. El costo de la p&eacute;rdida de libertad personal para adquirir armas, que se dan en monopolio al Estado para garantizar mayor seguridad a la sociedad, podr&iacute;a definirse a partir del costo por persona en que incurre el Estado para satisfacer esa seguridad, es decir, del gasto de mantenimiento de la fuerza p&uacute;blica y de su equipamiento dividido por el n&uacute;mero de personas que la integran.</p>     <p>Es claro que la reducci&oacute;n a t&eacute;rminos monetarios del valor de los bienes p&uacute;blicos puede llevar a infravalorarlos. Pero ese riesgo es similar a la infravaloraci&oacute;n o sobrevaloraci&oacute;n a que llevan los precios expl&iacute;citos del valor de los bienes y servicios que s&iacute; los tienen, cuando debido a la existencia de otras fallas en los mercados respectivos –como las externalidades negativas (p. ej., los costos de tratamiento de las aguas en que debe incurrir la ciudad por la contaminaci&oacute;n del r&iacute;o Bogot&aacute; que no pagan sus causantes)– dichos precios no reflejan el verdadero costo de oportunidad de esos bienes o servicios.</p>     <p><b>PREFERENCIAS Y CANASTA B&Aacute;SICA VERDADERA</b></p>     <p>Ahora bien, las preferencias de bienes y servicios que definen la demanda son propias de cada individuo. Se suele aceptar que los seres humanos prefieren en primer lugar los bienes o servicios que satisfacen sus necesidades humanas m&aacute;s b&aacute;sicas y que, por tanto, son los que primero adquieren. Esto es lo que se conoce como canasta b&aacute;sica del consumidor.</p>     <p>Usualmente, la canasta b&aacute;sica se define como un conjunto de bienes –alimentos y vestuario– y servicios: salud, educaci&oacute;n, vivienda y transporte, que despu&eacute;s se valorizan y contabilizan en t&eacute;rminos de precios. Se ha hecho costumbre incluir en esa canasta b&aacute;sica &uacute;nicamente esos bienes y servicios, porque se asocian con su “supervivencia f&iacute;sica”, y porque tienen precios expl&iacute;citos y son f&aacute;ciles de medir.</p>     <p>Puesto que lo que los consumidores compran depende de sus preferencias y su ingreso y de los precios, conforme aumentan sus preferencias y crecen sus ingresos se ampl&iacute;an las posibilidades de comprar bienes y servicios adicionales a los de la canasta b&aacute;sica. Si el dinero que poseen s&oacute;lo les alcanza para comprar la canasta b&aacute;sica, en las estad&iacute;sticas se clasifican como pobres; si no les alcanza ni para comprar alimentos, como indigentes. Lo cual querr&iacute;a decir, err&oacute;neamente, que s&oacute;lo las sociedades ricas podr&iacute;an y estar&iacute;an dispuestas a adquirir bienes y servicios adicionales a los que garantizan su “supervivencia f&iacute;sica”<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p>Pero, en realidad, a la luz de los antecedentes sociales mencionados, adem&aacute;s de dichos bienes y servicios, la canasta b&aacute;sica de los seres humanos tambi&eacute;n incluye libertad, equidad, solidaridad, dignidad, honestidad p&uacute;blica y seguridad, y as&iacute; se reconoce en las sociedades modernas.</p>     <p>En &eacute;pocas remotas los seres humanos se agruparon y se organizaron en sociedades. Para supervivir era indispensable ser parte de una comunidad y ser solidarios dentro de ella, lo que implicaba reconocimiento mutuo como miembros de la comunidad y cierta equidad en la distribuci&oacute;n de los recursos.</p>     <p>Tambi&eacute;n quer&iacute;an mantener su libertad frente a otros grupos que pod&iacute;an esclavizarlos. Y para disfrutar su libertad sin temor a perderla, por desconocer las motivaciones e intereses de terceros y desconfiar de ellos, tambi&eacute;n demandaban seguridad, dentro y fuera de su grupo, y tuvieron que ceder parte de su libertad para organizarse mejor pues unos pocos ten&iacute;an que dirigir y los m&aacute;s obedecer.</p>     <p>En esas &eacute;pocas, la solidaridad ten&iacute;a preeminencia porque era fundamental para la supervivencia y la libertad. Sin esa solidaridad, basada en la confianza, que se hace posible con el conocimiento mutuo, los seres humanos y sus sociedades no habr&iacute;an desarrollado instituciones como el mercado o, m&aacute;s adelante, la banca.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PREFERENCIAS Y BIENES P&Uacute;BLICOS</b></p>     <p>En la &eacute;poca actual, luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la seguridad pareci&oacute; recuperar la preeminencia sobre los dem&aacute;s bienes p&uacute;blicos mencionados en las preferencias de buena parte de la poblaci&oacute;n. Fue un fen&oacute;meno mundial que parec&iacute;a contradecir la esencia de la convivencia humana.</p>     <p>En ese contexto se eligieron gobiernos que en gran medida respond&iacute;an a esa alteraci&oacute;n de las preferencias, lo que a su vez condicion&oacute; y repercuti&oacute; en la oferta de bienes p&uacute;blicos. Ese cambio fue m&aacute;s notorio y m&aacute;s y fuerte en pa&iacute;ses con conflictos internos. Colombia no fue la excepci&oacute;n. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la sociedad colombiana parec&iacute;a valorar la seguridad por encima de los dem&aacute;s bienes p&uacute;blicos.</p>     <p>Y como las preferencias cambian, la preeminencia de un bien p&uacute;blico sobre los dem&aacute;s no puede ser permanente. Tambi&eacute;n cambia con el tiempo porque las preferencias se modifican con el tiempo. El cambio puede ser inducido por la realidad, que hace evidentes los costos de unos bienes p&uacute;blicos en t&eacute;rminos de otros, o por un buen publicista que logra inclinar las preferencias de los consumidores hacia el bien o servicio que quiere promocionar.</p>     <p>Las t&eacute;cnicas publicitarias son variadas y, en el mundo moderno, la masificaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n ha aumentado su poder. Incluyen campa&ntilde;as negativas para desprestigiar los productos de sus competidores y campa&ntilde;as positivas que tratan de realzar las ventajas de los suyos. Casi siempre apelan a sentimientos, a necesidades reales o imaginarias que se deben satisfacer o se supone se deben satisfacer, desde evitar la p&eacute;rdida de cabello y mantenerse atractivos hasta evitar perder la propiedad que, para algunos, puede terminar siendo m&aacute;s importante que la vida.</p>     <p>La inseguridad, real o aparente, fue magnificada a partir de hechos reales. Por diversas razones: las de quienes privilegian la seguridad por razones ideol&oacute;gicas o porque conviene a sus intereses, como fue el caso de los que intentaron restaurar el Antiguo R&eacute;gimen europeo o como el de los vendedores de armas de siempre.</p>     <p>Pero puesto que los recursos fiscales del Estado, responsable de proporcionar o asegurar la mayor parte de los bienes p&uacute;blicos, son limitados, la magnificaci&oacute;n de la seguridad llev&oacute; a postergar la provisi&oacute;n de otros, lo que produjo altos costos para la sociedad en t&eacute;rminos de estos &uacute;ltimos. As&iacute;, para lograr mayor seguridad p&uacute;blica en los campos y zonas rurales, la sociedad colombiana tuvo que dedicar cuantiosos recursos para gastos de personal y equipamiento militar y de seguridad; en consecuencia, se mostr&oacute; dispuesta a sacrificar, consciente o, tal vez inconscientemente, otro tipo de bienes… y para retomar dos ejemplos, las carreteras y los aeropuertos se construyeron, por as&iacute; decirlo, m&aacute;s lentamente; y la salud p&uacute;blica hoy enfrenta un grav&iacute;simo problema de organizaci&oacute;n y de falta de recursos.</p>     <p>En otras palabras, se podr&iacute;a decir que para lograr mayor seguridad se sacrificaron la solidaridad y la equidad, porque al postergarse la construcci&oacute;n de carreteras se redujo la competitividad de los productores, industriales y aun agr&iacute;colas, y con ello, sus posibilidades de crecer y de generar empleo; y al postergarse la destinaci&oacute;n de recursos para la salud, que afecta en mayor medida a los m&aacute;s pobres, se descuid&oacute; la atenci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles, y si se quiere tambi&eacute;n su capacidad productiva. Y se afect&oacute; tambi&eacute;n la libertad, como en el caso de las restricciones en los aeropuertos.</p>     <p>Se puede argumentar que sin seguridad es imposible ejercer la libertad, y es claro que ante la inseguridad, que genera temor y desconfianza, las personas se desentienden de la solidaridad. Pero tambi&eacute;n se puede afirmar que si la sociedad moderna y las personas fueran solidarias, por el hecho de conocerse y no existir barreras entre ellas, entre otras razones porque el Estado promoviera la eliminaci&oacute;n de dichas barreras, no desconfiar&iacute;an de sus semejantes, de modo que la libertad, la equidad y la seguridad ser&iacute;an m&aacute;s imperiosas.</p>     <p>De nuevo, las preferencias han cambiado o est&aacute;n cambiando para una gran cantidad de personas. As&iacute; lo demuestran diversos hechos. Por ejemplo, en Estados Unidos, la elecci&oacute;n a fines de 2008 del Presidente Barack Obama o su dif&iacute;cil victoria pol&iacute;tica en marzo de 2010, en su esfuerzo por extender la cobertura de los servicios de salud a los pobres estadounidenses que exclu&iacute;a el r&eacute;gimen anterior. M&aacute;s cerca, en Colombia, la protesta general por los notorios problemas de la salud p&uacute;blica o por la evidencia de interceptaciones telef&oacute;nicas. Estos dos ejemplos parecen indicar que la preeminencia de la seguridad est&aacute; disminuyendo en las preferencias de los ciudadanos y, en consecuencia, su demanda, lo que no quiere decir que desaparezca esa necesidad, sino que las preferencias y las demandas de otros bienes p&uacute;blicos como la solidaridad o la honestidad p&uacute;blica est&aacute;n desplaz&aacute;ndola del primer plano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es posible que ese cambio de preferencias y de demanda de otros bienes p&uacute;blicos se acent&uacute;e. Y es natural que ocurra. Conforme se hacen m&aacute;s evidentes los costos en t&eacute;rminos de libertad, equidad, solidaridad y honestidad p&uacute;blica, la preferencia y la demanda de seguridad a expensas de estos seguir&aacute;n disminuyendo y aumentando las de aquellos. Desde este punto de vista, y de no mediar otras circunstancias, la sociedad podr&iacute;a elegir como gobernante a quien prometa y garantice una oferta m&aacute;s cercana a la de sus preferencias y demandas actuales: honestidad p&uacute;blica y solidaridad, aun sin considerar sus programas particulares y detallados.</p>     <p><b>LOS RETOS DE LA POL&Iacute;TICA P&Uacute;BLICA</b></p>     <p>Pero la demanda de solidaridad y honestidad p&uacute;blica se ha de satisfacer, m&aacute;s all&aacute; de prometerlo en la competencia electoral. El gobernante debe satisfacerla proporcion&aacute;ndola efectivamente a trav&eacute;s de las pol&iacute;ticas y los programas p&uacute;blicos. En el fondo, lo que se promete se debe reflejar en la orientaci&oacute;n que, desde el Estado, el gobierno d&eacute; a la pol&iacute;tica p&uacute;blica y, en particular, a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Y se refleja en ese campo porque las decisiones p&uacute;blicas o econ&oacute;micas son en esencia decisiones pol&iacute;ticas que implican una posici&oacute;n &eacute;tica determinada por reflejar, a su vez, una elecci&oacute;n entre intereses diversos. Por tanto, expresan preferencias acerca de valores (o, como se definieron, bienes p&uacute;blicos) como la libertad, la solidaridad, la honestidad p&uacute;blica y, tambi&eacute;n, la seguridad.</p>     <p>En este marco de valores, una pol&iacute;tica econ&oacute;mica –que incluye las pol&iacute;ticas monetaria, fiscal y de regulaci&oacute;n– cuyo prop&oacute;sito no sea mejorar el bienestar de las personas en t&eacute;rminos f&iacute;sicos, culturales, sociales y de dignidad, es decir que no est&eacute; orientada al desarrollo humano, carecer&iacute;a de sentido. Por supuesto, entre sus objetivos deben figurar el crecimiento econ&oacute;mico elevado y sostenido y la estabilidad relativa de los precios, al estilo asi&aacute;tico por ejemplo, pero tambi&eacute;n la equidad en la distribuci&oacute;n del ingreso, al estilo n&oacute;rdico.</p>     <p>Debe procurar la expansi&oacute;n de la solidaridad, la libertad y la seguridad de las personas, no s&oacute;lo su seguridad, y volver imperativa la honestidad p&uacute;blica. Y garantizar, ciertamente, la libertad personal y pol&iacute;tica, como tambi&eacute;n la libertad de emprendimiento, producci&oacute;n y comercio.</p>     <p>Garantizar la libertad de emprendimiento y producci&oacute;n implica superar tres desventajas que restan competitividad a la producci&oacute;n de bienes y servicios transables internacionalmente<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> y reducen la posibilidad de exportar o de sustituir importaciones: unas tasas de inter&eacute;s activas elevadas, superiores a las internacionales, que no s&oacute;lo reducen las oportunidades de inversi&oacute;n sino que elevan los costos de las empresas; una tasa de cambio revaluada con respecto a la que enfrentan los productores de otros pa&iacute;ses, que agrava a&uacute;n m&aacute;s la falta de competitividad internacional; y unos impuestos elevados con respecto a los internacionales que disminuyen la rentabilidad, y que algunos productores logran reducir con exenciones particulares, por cierto inequitativas.</p>     <p>Esta situaci&oacute;n parece derivarse de la noci&oacute;n de que el control de la inflaci&oacute;n es la meta econ&oacute;mica suprema, superior a toda consideraci&oacute;n sobre la competitividad de los sectores transables. No se advierte que una mayor competitividad se traduce en acceso a nuevos y mayores mercados y, por tanto, en mayores ventas, mayor producci&oacute;n, m&aacute;s empleo, m&aacute;s autoempleo de alta productividad y m&aacute;s equidad.</p>     <p>Tampoco se advierte que ese acceso depende, en gran medida, de una tasa de cambio adecuada, bajos costos financieros e impuestos razonables. Se piensa que el &uacute;nico instrumento v&aacute;lido para lograr una mayor competitividad es aumentar la productividad de los factores y los insumos de producci&oacute;n cuando &eacute;sta, en el mejor de los casos, no logra crecer m&aacute;s de un 3% o un 4% al a&ntilde;o.</p>     <p>Entre quienes deciden la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en Am&eacute;rica Latina persiste un falso dilema: baja inflaci&oacute;n o competitividad. E insisten en reducir la inflaci&oacute;n con restricciones monetarias que se traducen en p&eacute;rdidas de competitividad y, por tanto, de crecimiento y equidad. Debido a una apreciaci&oacute;n errada del funcionamiento de la econom&iacute;a, a una visi&oacute;n agregada que no diferencia el comportamiento de los diferentes mercados y sus interacciones, en particular entre los mercados de bienes y servicios transables y los mercados cambiario y crediticio, se pierde de vista que una combinaci&oacute;n adecuada de pol&iacute;ticas fiscales, monetarias y de regulaci&oacute;n puede lograr ambas metas.</p>     <p>Las metas de crecimiento, estabilidad de precios y equidad en la distribuci&oacute;n del ingreso reclaman una nueva pol&iacute;tica de regulaci&oacute;n que haga competitivos a los mercados de servicios, en particular a los mercados de cr&eacute;dito, eliminando la opacidad de los precios, la “fidelidad” forzosa de los consumidores con los proveedores y las asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n; una nueva pol&iacute;tica monetaria que d&eacute; liquidez y cr&eacute;dito adecuados a una producci&oacute;n y unas transacciones crecientes, y mantenga una tasa de inter&eacute;s baja y una tasa de cambio devaluada; y, por supuesto, una nueva pol&iacute;tica fiscal que retorne a su utilizaci&oacute;n como mecanismo distributivo, a la progresividad de los impuestos, a los impuestos directos como base del recaudo, con tasas menores pero de aplicaci&oacute;n, sin excepciones, y a un gasto fiscal que haga posible construir la infraestructura econ&oacute;mica que requiere el desarrollo econ&oacute;mico y social, y que proporcione los bienes p&uacute;blicos que la poblaci&oacute;n necesita y demanda.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, la pol&iacute;tica p&uacute;blica, y la pol&iacute;tica fiscal en particular, debe promover la solidaridad y proporcionarla, no en forma de d&aacute;divas fiscales sino eliminando las barreras sociales y la discriminaci&oacute;n por g&eacute;nero, etnia, inclinaci&oacute;n sexual y edad, y, de modo m&aacute;s espec&iacute;fico, estableciendo sistemas de salud y de educaci&oacute;n universales, m&aacute;s all&aacute; de intereses financieros particulares.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas [<a href="http://www.un.org/es/documents/udhr/" target="_blank">http://www.un.org/es/documents/udhr/</a>].</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Los p&aacute;rrafos anteriores resumen muy sint&eacute;ticamente las teor&iacute;as microecon&oacute;micas del consumidor y del productor. Para un tratamiento m&aacute;s completo, de nivel intermedio, ver, por ejemplo, Nicholson (2007, partes segunda y tercera).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. La ONU clasifica como pobres a las personas cuyo ingreso es inferior a 2 d&oacute;lares diarios y como indigentes a las que ganan menos de un d&oacute;lar diario.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Aquellas actividades econ&oacute;micas que producen bienes o servicios que se exportan o sustituyen importaciones.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p>1. Nicholson, W. <i>Teor&iacute;a microecon&oacute;mica, principios b&aacute;sicos y ampliaciones</i>, M&eacute;xico, Thomson Editores, 2007.</p></font>      ]]></body>
</article>
