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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL KIOSCO DE LA LUZ EN EL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA)  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>EL KIOSCO DE LA LUZ EN EL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE KIOSK OF LIGHT IN THE CENTENNIAL OF INDEPENDENCE</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Juan Santiago Correa R.</i>*</p>     <p>* Mag&iacute;ster en Historia, candidato a doctor en Sociolog&iacute;a Jur&iacute;dica e Instituciones Pol&iacute;ticas de la Universidad Externado de Colombia, director de Investigaci&oacute;n del Colegio de Estudios Superiores de Administraci&oacute;n (CESA), Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:juansc@cesa.edu.co">juansc@cesa.edu.co</a>]. Fecha de recepci&oacute;n: 1&deg;. de junio de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 8 de junio de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia, en Bogot&aacute; se realiz&oacute; la Exposici&oacute;n Industrial y Agr&iacute;cola que fue inaugurada el 23 de julio de 1910 en el Parque de la Independencia. Con ese motivo se levant&oacute; una serie de edificios que albergaron las muestras principales “en el t&eacute;rmino angustiado de tres meses” (Triana, 1910, 209). Esta nota describe el contexto econ&oacute;mico y social de esa feria y la calidad de patrimonio hist&oacute;rico del &uacute;nico edificio que queda de esa exposici&oacute;n: el Kiosco de la Luz.</p>     <p>Primero se hace una descripci&oacute;n detallada de los edificios que se construyeron en el Parque de la Independencia para albergar la Exposici&oacute;n y luego se analizan las principales cr&iacute;ticas e impresiones que suscit&oacute; la Exposici&oacute;n en 1910.</p>     <p>El Pabell&oacute;n Central, el m&aacute;s grande de los edificios que se construyeron para la Exposici&oacute;n, fue construido en cien d&iacute;as (a partir del 14 de febrero) por los arquitectos Mariano Santamar&iacute;a y Escipi&oacute;n Rodr&iacute;guez, con un costo de $22.000 oro. Este pabell&oacute;n conten&iacute;a la muestra industrial y exhib&iacute;a art&iacute;culos de cer&aacute;mica, fotograf&iacute;a, litograf&iacute;a, panader&iacute;a, pasteler&iacute;a, cigarrer&iacute;a, licorer&iacute;a, sastrer&iacute;a, zapater&iacute;a, talabarter&iacute;a y carpinter&iacute;a, as&iacute; como productos farmac&eacute;uticos, chocolates, tejidos, velas y jabones (i b&iacute;d., 237).</p>     <p>En este listado llama la atenci&oacute;n que muchos de esos art&iacute;culos hoy no se considerar&iacute;an productos industriales sino manufacturas o artesan&iacute;as. Pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX, el t&eacute;rmino “industria” cubr&iacute;a un campo m&aacute;s amplio: el trabajo considerado en extenso. En ese sentido, hab&iacute;a industria siempre que hubiera un trabajo continuo o una serie de trabajos encaminados a superar una serie de obst&aacute;culos, entendiendo por obst&aacute;culo la dificultad que se opone a la utilizaci&oacute;n de alguna cosa (P&eacute;rez, 1880, 13).</p>     <p>El segundo edificio era el Pabell&oacute;n de la Maquinaria, tambi&eacute;n construido en cien d&iacute;as por el arquitecto Escipi&oacute;n Rodr&iacute;guez, con un valor de $15.000 oro. En este pabell&oacute;n se exhib&iacute;an productos de una f&aacute;brica de muebles y una de peinetas, varias m&aacute;quinas de hilander&iacute;a –de las que seg&uacute;n los inmodestos comentarios de la &eacute;poca Manchester se habr&iacute;a ufanado–, relojes, obras de fundici&oacute;n de imprenta y catres de hierro, una peque&ntilde;a serie de m&aacute;quinas para beneficiar caf&eacute;, productos de una f&aacute;brica de tubos de gres, f&aacute;bricas de f&oacute;sforos, algunos motores a vapor y una rueda Pelton (Triana, 1910, 238).</p>     <p>Llama la atenci&oacute;n que la muestra de maquinaria para la industria del caf&eacute; fuera tan limitada pues, como se&ntilde;ala Nieto, la demanda interna en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX estaba condicionada por el caf&eacute; en todas las regiones colombianas. Las industrias ten&iacute;an asegurado un consumo estable en todo el territorio debido a que el caf&eacute;, al crear la econom&iacute;a nacional, elev&oacute; la capacidad de compra (Nieto, 1999, 53). El caf&eacute; no s&oacute;lo aument&oacute; el volumen de la demanda, sino que impuls&oacute; cambios cualitativos en su composici&oacute;n, pues aument&oacute; el consumo de art&iacute;culos que hasta entonces estaban fuera del alcance del “consumidor ordinario”: gaseosas, dulces manufacturados, objetos de cuero, porcelana, cervezas y cigarrillos extranjeros, entre otros (Correa, 2001, 89).</p>     <p>El Pabell&oacute;n Egipcio, copia del Templo de Edf&uacute;, se construy&oacute; bajo la direcci&oacute;n del ingeniero Arturo Jaramillo y del arquitecto Carlos Camargo, con un costo de $12.000 oro, en 137 d&iacute;as. Este pabell&oacute;n era manejado por las damas que apoyaban las <i>Salas del Asilo</i>, que por medio de la venta de refrescos y comida recogieron fondos para esta obra de caridad (Triana, 1910, 239). El Pabell&oacute;n de las Bellas Artes tambi&eacute;n fue construido por los constructores del Pabell&oacute;n Egipcio. Las obras comenzaron el 15 de marzo y tuvieron un costo de $15.000 oro. En este pabell&oacute;n se exhib&iacute;a la muestra de pinturas y esculturas de los artistas locales y sus disc&iacute;pulos (ib&iacute;d.).</p>     <p>Adem&aacute;s de los edificios principales, para la Exposici&oacute;n se erigieron algunos kioscos dispersos para exhibiciones particulares. El primero fue el Kiosco de la M&uacute;sica, con una capacidad para cien m&uacute;sicos, donado por la Compa&ntilde;&iacute;a de Chocolates. El Kiosco de la Luz, el &uacute;nico edifico que a&uacute;n permanece de todos ellos, fue construido en <i>concreto de cemento</i> (<i>sic</i>), sin el auxilio de maderas, por el alba&ntilde;il Sim&oacute;n Mendoza, obra financiada por los hijos de Miguel Samper para exhibir la maquinaria que distribu&iacute;a la luz donada por la Compa&ntilde;&iacute;a de Energ&iacute;a El&eacute;ctrica para la Exposici&oacute;n (ib&iacute;d., 214 y 239).</p>     <p>El conjunto de edificios, pabellones y kioscos, pod&iacute;a albergar unos cuarenta mil visitantes, y era una p&aacute;lida copia del Campo de Marte, de Versalles y del majestuoso Palacio de Cristal. Pero las obras estaban lejos de hacer gala del despliegue t&eacute;cnico y arquitect&oacute;nico de la Feria Industrial de Londres de 1851, para la que se construy&oacute; el Palacio de Cristal.</p>     <p>La principal cr&iacute;tica a la Exposici&oacute;n fue que no representaba a la industria nacional, pues muchas regiones del pa&iacute;s no asistieron y las que concurrieron lo hicieron de manera incompleta. Las industrias minera y agr&iacute;cola tuvieron una m&iacute;nima representaci&oacute;n en el pabell&oacute;n dedicado a las manufacturas y la muestra de productos del suelo fue muy limitada, faltando en especial los aceites y los minerales de exportaci&oacute;n (i b&iacute;d., 235).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n comentarios de la &eacute;poca, la Feria de 1910 exhibi&oacute; un esp&iacute;ritu imitativo y aplicaci&oacute;n artesanal, pero no dio muestras del desarrollo fabril, de adelantos agr&iacute;colas ni del sentido econ&oacute;mico de aprovechamiento del suelo. Adem&aacute;s, por el desorden de la exposici&oacute;n, no represent&oacute; el mapa industrial del pa&iacute;s, faltando las industrias principales y las descripciones corogr&aacute;ficas. Tampoco se elabor&oacute; un cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n ni estad&iacute;sticas ilustrativas que permitieran evaluar la capacidad real de la industria nacional en 1910 (i b&iacute;d., 236-237).</p>     <p>Estas cr&iacute;ticas cobran mayor fuerza si se tiene en cuenta que la Exposici&oacute;n se realiz&oacute; durante el gobierno de Carlos E. Restrepo, quien inaugur&oacute; los actos del Centenario. El pa&iacute;s que exist&iacute;a en ese momento no era la “rep&uacute;blica patriarcal, agr&iacute;cola, entregada a la placidez de una vida provinciana” que describi&oacute; Nieto Arteta en su obra (1999, 43), por el contrario, era una rep&uacute;blica que hab&iacute;a sufrido los sucesos m&aacute;s dram&aacute;ticos en su dif&iacute;cil paso del siglo XIX al XX. Este gobierno fue uno de los matices m&aacute;s interesantes de la Rep&uacute;blica Conservadora, pues a pesar de estos tumultuosos acontecimientos y del renacimiento de un sectarismo pol&iacute;tico que se fortalec&iacute;a a medida que el gobierno de Reyes se debilitaba, Carlos E. Restrepo lleg&oacute; al poder con una f&oacute;rmula de Uni&oacute;n Republicana (Duque, 1982, 33). Esta alianza era un tercer partido (con miembros liberales y conservadores), cuya concepci&oacute;n pol&iacute;tica se expres&oacute; en la reforma constitucional de 1910, que buscaba adecuar el aparato estatal a las necesidades econ&oacute;micas del pa&iacute;s, con un producto de exportaci&oacute;n estable, el caf&eacute;, y la aparici&oacute;n de nuevas industrias (Correa, 2001, 95).</p>     <p>Adem&aacute;s, la Feria y, en especial, el Kiosco de la Luz, sirvieron para apoyar el “b oycotteo del tranv&iacute;a yankee” y demostrar que no se hab&iacute;a “bastardeado del de 1810” (Triana, 1910, 240). El boicot se llev&oacute; a cabo desde el 7 de marzo de 1910 hasta octubre de ese a&ntilde;o, cuando el Municipio tuvo que comprar el tranv&iacute;a de Chapinero por ochocientos mil d&oacute;lares. Se considera que &eacute;ste fue el primer paro de usuarios del transporte, encabezado por Tom&aacute;s Samper, hijo de Miguel Samper, quien adem&aacute;s organiz&oacute; los festejos del Centenario y la construcci&oacute;n del Kiosco de la Luz. Con esta celebraci&oacute;n se pretend&iacute;a demostrar que el pueblo colombiano era soberano e independiente de Estados Unidos, y que las modificaciones de Reyes al tratado Cort&eacute;s-Root, en las que se acept&oacute; vergonzosamente el <i>robo</i> de Panam&aacute;, no eran compartidas por el resto de la naci&oacute;n (Esquivel, 1996, 27-28).</p>     <p>Como ya se mencion&oacute;, el Kiosco de la Luz es el &uacute;nico edificio que a&uacute;n sigue en pie de los que se construyeron, en apurados tres meses, para la Exposici&oacute;n. Infortunadamente este edificio no era el m&aacute;s importante ni el m&aacute;s hermoso de la exposici&oacute;n, ni era intenci&oacute;n de quienes lo construyeron que perdurara cien a&ntilde;os, por el contrario lo construyeron como publicidad para la industria cementera de la familia Samper y, adem&aacute;s, con una intencionalidad pol&iacute;tica soslayada frente a los acontecimientos de 1910.</p>     <p>Aunque este kiosco, p&aacute;lida imitaci&oacute;n de la casa de mu&ntilde;ecas del palacio de Versalles, tiene el m&eacute;rito t&eacute;cnico de haber sido construido totalmente en cemento para mostrar las virtudes de este material para aquella &eacute;poca, no es ni mucho menos una gran proeza t&eacute;cnica ni una obra de arte hecha para perdurar. En la actualidad, este peque&ntilde;o edifico est&aacute; restaurado y es el &uacute;ltimo recuerdo f&iacute;sico de las celebraciones del Centenario. Habr&aacute; que ver c&oacute;mo nos recuerdan en el Tricentenario de la Independencia.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p>1. Correa, J. S. “Nieto Arteta y el caf&eacute; en la sociedad colombiana”, <i>Memoria y Sociedad</i> 10, 5, 2001, pp. 75-101.</p>     <p>2. Duque E., I. “Perfil y huella de Carlos E. Restrepo en la historia nacional”, A. L. G&oacute;mez, ed., <i>Carlos E. Restrepo antes de la presidencia</i>, tomo 1, Medell&iacute;n, Imprenta Departamental de Antioquia, 1982, pp. 15-37.</p>     <p>3. Esquivel, R. “Sociedad y transporte urbano en Bogot&aacute; (1865-1950)”, <i>Memoria y Sociedad</i> 2, 1, 1996, pp. 19-37.</p>     <p>4. Nieto A., L. E. <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana</i>, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora, 1999.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>5. P&eacute;rez M., S. “Programa anal&iacute;tico de econom&iacute;a pol&iacute;tica i estad&iacute;stica”, mimeo, 1880.</p>     <p>6. Triana, M. et al. <i>Revista de Colombia - Volumen del Centenario</i>, Bogot&aacute;, Casis, 1910, pp. 209-240.</p></font>      ]]></body>
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