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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DEMOCRACIA, IMPERIALISMO, GUERRAS Y GENOCIDIO]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>DEMOCRACIA, IMPERIALISMO, GUERRAS Y GENOCIDIO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>DEMOCRACY, IMPERIALISM, WAR AND GENOCIDE</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>El lado oscuro de la democracia. Un estudio sobre la limpieza &eacute;tnica</i>, Michael Mann, Valencia, Universitat de Val&egrave;ncia, 2009, 662 pp.</p>     <p>    <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br></p>     <p><i>Alberto Castrill&oacute;n</i>*</p>     <p>* Especialista en Historia Econ&oacute;mica, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:jracastrillon@yahoo.com">jracastrillon@yahoo.com</a>]. Fecha de recepci&oacute;n: 19 de mayo de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 28 de mayo de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     <blockquote>       <p align="right">Quienes abogan por la represi&oacute;n encuentran que es m&aacute;s conveniente operar de manera encubierta en forma de “escuadrones de la muerte” y grupos paramilitares semiaut&oacute;nomos. As&iacute; las cosas, las infraestructuras legales y de polic&iacute;a empiezan a fragmentarse, como ha sido intermitente en pa&iacute;ses como Argentina, Uruguay, Guatemala, Per&uacute; y, por supuesto, Colombia.</p>       <p align="right">(Michael Mann, 2002)</p> </blockquote>     <p><b>EL NUEVO IMPERIALISMO</b></p>     <p>Michael Mann, autor del libro que aqu&iacute; se rese&ntilde;a, es “soci&oacute;logo hist&oacute;rico”, profesor de la Universidad de California en Los &Aacute;ngeles, y tiene la nacionalidad brit&aacute;nica y estadounidense. Es un autor prol&iacute;fico; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han publicado en castellano algunas de sus obras, como <i>Las fuentes del poder social</i>, en la que expone “una historia y una teor&iacute;a de las relaciones de poder en las sociedades humanas”, que consta de dos vol&uacute;menes, el primero <i>Una historia del poder desde los comienzos hasta 1760 d.C.</i>, y el segundo <i>El desarrollo de las clases y los Estados nacionales, 1760-1914</i>. Est&aacute; pendiente el tercero, sobre el per&iacute;odo transcurrido entre la Primera Guerra Mundial y finales del siglo pasado.</p>     <p>Para M. Mann, la sociedad como tal no existe, m&aacute;s bien concibe las sociedades como “redes socio espaciales de poder”, cuya comprensi&oacute;n exige estudiar lo que para &eacute;l constituyen las cuatro fuentes del poder social: las relaciones ideol&oacute;gicas, econ&oacute;micas, militares y pol&iacute;ticas. Estas redes se pueden entender como redes superpuestas de interacci&oacute;n social, como organizaciones e instituciones dise&ntilde;adas para alcanzar objetivos humanos. Marx, Weber y Parsons son autores siempre presentes en su obra, que se propone superar la visi&oacute;n reduccionista de los procesos hist&oacute;ricos de la vida en sociedad, con el objetivo expreso de refutar a Marx y reorganizar a Weber.</p>     <p>Tambi&eacute;n se ha vertido al castellano <i>El imperio incoherente. Estados Unidos y el nuevo orden internacional</i>, cuyo prop&oacute;sito es analizar el “nuevo imperialismo” estadounidense y brit&aacute;nico de G. W. Bush y A. Blair y poner de presente el papel de los “militares, cl&eacute;rigos y fan&aacute;ticos de toda condici&oacute;n” (p. 9). Este libro expresa una preocupaci&oacute;n similar a la del polit&oacute;logo Sheldon S. Wolin, <i>Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido</i>, que examina las tendencias del gobierno estadounidense anterior, que son una forma de totalitarismo contraria a los principios fundamentales de la democracia constitucional, aunque no se puede sostener juiciosamente que Estados Unidos reencarne a la Alemania nazi ni que Bush sea una reencarnaci&oacute;n de Hitler. Como tampoco lo ser&iacute;a su remedo tropical colombiano, que a juzgar por los resultados de la primera vuelta en las elecciones presidenciales no tendr&aacute; un fin cercano, al contrario de lo que pas&oacute; en Estados Unidos donde se eligi&oacute; un presidente dem&oacute;crata.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las tendencias que se&ntilde;ala S. Wolin, y que tambi&eacute;n preocupan a M. Mann, son la obsesi&oacute;n por el control, la expansi&oacute;n, la superioridad y la supremac&iacute;a. En <i>El imperio incoherente</i>, cuya edici&oacute;n en ingl&eacute;s apareci&oacute; en 2003, Mann se mantiene en el terreno acad&eacute;mico y evita las fil&iacute;picas morales a los responsables del desastre, pero no deja de se&ntilde;alar que “por el bien del mundo” es necesario detener los intentos de construir un imperio, prop&oacute;sito en el que G. Bush “es el l&iacute;der imperial” y A. Blair “su correligionario y buf&oacute;n” (p. 9). Junto con Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, Bush y Blair integraron el infame “Tr&iacute;o de Las Azores”, que decidi&oacute; la invasi&oacute;n y la rapi&ntilde;a de Irak. Lo que para Mann era evidente, tambi&eacute;n lo fue para los ciudadanos estadounidenses y espa&ntilde;oles, que marcharon por millones contra la aventura imperial del tr&iacute;o: “Mis dos gobiernos est&aacute;n amenazando la paz y el orden mundiales al perseguir una pol&iacute;ticas militares extraordinariamente temerarias” (ib&iacute;d.).</p>     <p>Y pensar que Blair es vicepresidente de la Internacional Socialista. Portavoz de la socialdemocracia europea. Asesor del gobierno colombiano en relaciones internacionales. Y, seg&uacute;n versiones de prensa, asesor del candidato oficialista a la presidencia de Colombia en temas de medicamentos (<i>El Espectador</i>, 2010). Ir&oacute;nicamente, Blair y Uribe recibieron de George W. Bush la Medalla Presidencial... &iexcl;a la Libertad!, un galard&oacute;n que estableci&oacute; un presidente dem&oacute;crata.</p>     <p><b>FASCISTAS Y AUT&Oacute;CRATAS</b></p>     <p>Otra obra de M. Mann publicada en castellano es <i>Fascistas</i>, un estudio sociol&oacute;gico de los movimientos fascistas y autoritarios en Italia, Alemania, Austria, Hungr&iacute;a, Rumania y Espa&ntilde;a. El fascismo es una forma extrema del nacionalismo de Estado, que floreci&oacute; despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial, caracterizada por el nacionalismo, el estatismo, la trascendencia, la “limpieza” y el paramilitarismo. Mann lo define como “la b&uacute;squeda de un estatismo nacionalista trascendente y purificador mediante el paramilitarismo”, algunos de cuyos elementos perduran y resurgen en pa&iacute;ses amenazados por crisis econ&oacute;micas. El fascismo pretend&iacute;a, al menos en su ret&oacute;rica, construir una sociedad que trascendiera el capitalismo y el socialismo, que superara lo que para el liberalismo y el socialismo democr&aacute;tico es algo normal: la existencia de conflictos sociales ocasionados por la existencia de grupos de inter&eacute;s. Para el fascismo, una “naci&oacute;n org&aacute;nica”, con un Estado fuerte dispuesto a usar la violencia, sin atender las limitaciones de las constituciones democr&aacute;ticas, superar&iacute;a los conflictos de clase y lograr&iacute;a modernizar a cualquier pa&iacute;s.</p>     <p>Los lectores colombianos no dejar&aacute;n de percibir similitudes sobrecogedoras en el continuo llamado a un “Estado comunitario”, en la vac&iacute;a entelequia de un “Estado de opini&oacute;n” supuestamente superior al Estado de derecho, en el uso permanente de la dial&eacute;ctica amigo-enemigo, base de la “seguridad democr&aacute;tica” que concibe a los opositores como “guerrilleros vestidos de civil”, en la noci&oacute;n de que la existencia de las FARC justifica transgredir los l&iacute;mites constitucionales y el derecho internacional, en la descalificaci&oacute;n agresiva de toda oposici&oacute;n razonada, en la interceptaci&oacute;n de l&iacute;neas telef&oacute;nicas, en la paramilitarizaci&oacute;n de la sociedad, en el chauvinismo patriotero, en la afirmaci&oacute;n de que la distinci&oacute;n entre izquierda y derecha es “obsoleta y polarizante”, en la concepci&oacute;n corporativista de la econom&iacute;a y en las gabelas tributarias para los ricos.</p>     <p>La vana y banal declaraci&oacute;n de que “la caracter&iacute;stica m&aacute;s importante del Estado colombiano es que es un Estado de opini&oacute;n” est&aacute; en las ant&iacute;podas de la sentencia de Kant: “toda pol&iacute;tica debe doblar su rodilla ante el derecho”. En un momento en que se compite por la presidencia, cuando los candidatos repiten una y otra vez la cantilena de la seguridad para no perder credibilidad ante el electorado m&aacute;s sensible al temor, no est&aacute; de m&aacute;s recordar al constitucionalista estadounidense Stephen Holmes<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>:</p>     <blockquote>       <p>Ofrecer seguridad a la poblaci&oacute;n es fundamental, pero es una base insuficiente para la legitimidad de un gobierno. La existencia de l&iacute;mites claros a los gobiernos es una fuente de legitimidad distinta al miedo. Est&aacute; basada m&aacute;s en la esperanza que en el temor (<i>El Espectador</i>, 2009).</p> </blockquote>     <p>En ciertas circunstancias, de tensi&oacute;n y zozobra, en Colombia o en Espa&ntilde;a o en otras partes, los pueblos suelen subestimar el peligro de ciertas tendencias o actitudes pol&iacute;ticas, bien sean de los gobernantes o de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Manuel Aza&ntilde;a, el pol&iacute;tico republicano espa&ntilde;ol, cometi&oacute; un error de juicio garrafal a este respecto; en sus <i>Cuadernos</i> de 1933 anot&oacute;:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay o puede haber en Espa&ntilde;a todos los fascistas que se quiera. Pero un r&eacute;gimen fascista no lo habr&aacute;. Si triunfara un movimiento de fuerza contra la Rep&uacute;blica, recaer&iacute;amos en una dictadura militar y eclesi&aacute;stica de tipo tradicional. Por muchas consignas que se traduzcan y muchos motes que se pongan. Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por ese lado el pa&iacute;s no da otra cosa.</p> </blockquote>     <p>M. Mann cae en el mismo error de apreciaci&oacute;n cuando se refiere a Espa&ntilde;a: considera que all&iacute; no hubo fascismo propiamente dicho, porque el falangismo espa&ntilde;ol no se ajusta a su definici&oacute;n. Tambi&eacute;n yerra en el caso de la Hungr&iacute;a del Mariscal Horthy. En Espa&ntilde;a la eliminaci&oacute;n de los opositores lleg&oacute; a una escala espantosa, fueron tantos o m&aacute;s que en Alemania y por motivos ideol&oacute;gicos similares. El tema a&uacute;n causa dolor en el cuerpo y en el alma de los ciudadanos espa&ntilde;oles: hoy, 71 a&ntilde;os despu&eacute;s de terminar la Guerra Civil, la poblaci&oacute;n se divide por la decisi&oacute;n de un magistrado del Tribunal Supremo de juzgar al juez Baltasar Garz&oacute;n por declararse competente y empezar a investigar los cr&iacute;menes que cometi&oacute; el franquismo como cr&iacute;menes contra la humanidad.</p>     <p><b>EL LADO OSCURO DE LA DEMOCRACIA</b></p>     <p>La portada de la edici&oacute;n castellana del libro que comento es chocante a primera vista: una fotograf&iacute;a de cr&aacute;neos de v&iacute;ctimas de Pol Pot y de los Jemeres Rojos en Camboya. La pregunta que viene inmediatamente a la mente es: &iquest;qu&eacute; tiene que ver la democracia con Pol Pot? Pens&eacute; que se trataba de una ilustraci&oacute;n mal escogida para la edici&oacute;n castellana. Pero en la edici&oacute;n en ingl&eacute;s aparece en portada el incendio del Reichstag, que los nazis cometieron aunque culparon a otros. La tesis de M. Mann tambi&eacute;n sorprende a primera vista: el genocidio –la “limpieza” &eacute;tnica criminal– es moderno. Es la cara oculta de la democracia. Algo sorprendente porque no estamos acostumbrados a asociar la democracia con el genocidio ni con la limpieza &eacute;tnica, tampoco con la guerra. Mann define la <i>limpieza &eacute;tnica</i> como la “eliminaci&oacute;n, por parte de un grupo &eacute;tnico dominante, de otra etnia de su propia sociedad”. Lo que define a una etnia depende de cada caso: la religi&oacute;n es importante para los serbios, no as&iacute; para los alemanes; el idioma es importante para los alemanes, no as&iacute; para los serbios. En la definici&oacute;n de etnia tienen m&aacute;s peso el concepto de raza o cierta morfolog&iacute;a, como en la clasificaci&oacute;n europea entre tutsis y hutus.</p>     <p>La presencia del mal, dice Mann, no es algo exterior a la civilizaci&oacute;n:</p>     <blockquote>       <p>el mal lo genera la civilizaci&oacute;n misma […] la limpieza &eacute;tnica ha sido un problema central de nuestra civilizaci&oacute;n, de nuestra modernidad, de nuestras concepciones del progreso y de nuestros intentos de introducir la democracia (p. 9).</p> </blockquote>     <p>Entre 60 y 120 millones de personas han sido asesinadas mediante limpieza &eacute;tnica. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) las v&iacute;ctimas civiles fueron de un 5%, porcentaje que subi&oacute; al 60% en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y es mayor del 80% en las guerras de los a&ntilde;os setenta y ochenta, cifras que no obedecen &uacute;nicamente a una tecnolog&iacute;a mort&iacute;fera m&aacute;s eficiente sino a que se identific&oacute; a pueblos enteros como <i>el enemigo</i>. Hoy, m&aacute;s de 20 millones de personas viven como refugiados y muchos m&aacute;s como desplazados. Los asesinatos masivos y la limpieza &eacute;tnica se han cometido en pa&iacute;ses tan distantes como Australia, Indonesia, India, Rusia, Alemania, Irlanda, Ruanda, Estados Unidos, Brasil; tambi&eacute;n en Colombia. En este aspecto, el siglo XXI –dice Mann– tal vez sea peor que el XX, y cabe recordar que, m&aacute;s en general, Isaiah Berlin sostuvo que el siglo XX fue el peor de la historia. La “guerra contra el terrorismo” que inici&oacute; el gobierno de G. W. Bush adquiri&oacute; connotaciones &eacute;tnico-religiosas tan pronto empez&oacute;, aunque no fuera ese su prop&oacute;sito inicial. La extrema derecha estadounidense habl&oacute; de una cruzada”, haciendo caso omiso de las connotaciones que el t&eacute;rmino evoca entre los &aacute;rabes.</p>     <p>Mann empieza recordando tres frases impactantes. Primera, los “cr&iacute;menes” de los americanos nativos “justificaban su exterminio”; segunda, “el exterminio –de los nativos– fue en &uacute;ltimo t&eacute;rmino tan beneficioso como inevitable”; tercera, “Es la maldici&oacute;n de la grandeza pasar sobre los cad&aacute;veres para crear nueva vida”. La primera es de Thomas Jefferson, la siguiente de Theodore Roosevelt y la &uacute;ltima de Heinrich Himmler, jefe de las SS.</p>     <p>Mann se propone explicar estas atrocidades por medio de ocho grandes tesis, que precisa con algunas tesis complementarias, las cuales ilustra profusamente a lo largo del libro. Algunas de ellas son las siguientes:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las democracias, as&iacute; como los reg&iacute;menes autoritarios o totalitarios, no est&aacute;n libres de la amenaza que encierra la aspiraci&oacute;n a la homogeneidad &eacute;tnica, en la que el <i>demos</i>, el pueblo, se identifica con una etnia particular, a la <i>macroetnicidad</i>, como dice Mann. Aunque ello no significa que en &eacute;pocas premodernas no hubiera limpiezas &eacute;tnicas, su tesis es que se intensificaron con la formaci&oacute;n de los macro-agrupamientos, que dar&iacute;an paso a las naciones y a los Estados nacionales, cuando el <i>ethnos</i> se solap&oacute; con estos &uacute;ltimos. De ah&iacute; su pol&eacute;mica afirmaci&oacute;n, “la limpieza criminal es moderna porque es el lado oculto de la democracia”. Esto no significa que la democracia per se haga limpiezas &eacute;tnicas en forma rutinaria. Su significado es m&aacute;s preciso: hace posible que las mayor&iacute;as tiranicen a las minor&iacute;as y “esta posibilidad comporta consecuencias horribles en determinados medios multi&eacute;tnicos” (p. 12).</p>     <p>Esta tesis se precisa y complementa con otras, como la de que la identificaci&oacute;n entre <i>demos </i>y <i>ethnos</i> dominante en un pa&iacute;s alienta la depuraci&oacute;n de las minor&iacute;as. Los sentimientos &eacute;tnicos pueden llegar a prevalecer sobre los sentimientos de clase. En las sociedades donde la pol&iacute;tica de masas reconoce el conflicto de clase, el mito de los or&iacute;genes o la unidad org&aacute;nica de la naci&oacute;n tiende a desaparecer. Las democracias que se han embarcado en proyectos colonizadores, en ciertos contextos se han visto comprometidas en asesinatos masivos. Aunque Mann precisa que, en su propio territorio, las democracias institucionalizadas son menos propensas a la limpieza &eacute;tnica que las democracias recientes o los reg&iacute;menes autoritarios. No obstante, “en el pasado, limpieza &eacute;tnica y democratizaci&oacute;n avanzaron codo con codo. Las democracias liberales se erigieron sobre limpiezas &eacute;tnicas”. Al menos en las colonias, en la metr&oacute;poli asumi&oacute; la forma de coerci&oacute;n.</p>     <p>Se podr&iacute;a decir que, en el extremo, los reg&iacute;menes que aplican pol&iacute;ticas de limpieza &eacute;tnica no son democr&aacute;ticos. De hecho, a medida que avanza la escalada van perdiendo sus caracter&iacute;sticas democr&aacute;ticas. Este es el lado oscuro de la democracia: <i>la perversi&oacute;n de los ideales liberales o socialistas de la democracia en el curso del tiempo</i>.</p>     <p>Un libro de Samantha Power, <i>Problema infernal. Estados Unidos en la era del genocidio</i>, recoge abundante informaci&oacute;n sobre la manera como Estados Unidos ha omitido cumplir el papel que le competir&iacute;a en raz&oacute;n de su poder&iacute;o econ&oacute;mico y militar, y sobre su pretensi&oacute;n de convertirse en un imperio global que imponga la <i>Pax Americana: </i>desde el genocidio armenio, a comienzos del siglo XX, hasta el genocidio de los tutsis, crimen de lesa humanidad contra el que se ha negado a actuar e incluso a usar la palabra <i>genocidio</i> para calificarlo, debido a que, seg&uacute;n ella, en esos hechos no estaban comprometidos los intereses estadounidenses. De acuerdo con M. Mann, la incoherencia del <i>imperio estadounidense</i> es justamente la falta de correspondencia entre su enorme poder militar y la p&eacute;rdida de legitimidad ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica, aparte de su debilidad econ&oacute;mica, como se ve en las recientes aventuras de Irak y Afganist&aacute;n. Del imperialismo de la posguerra se ha pasado a un militarismo sin autoridad, que se impone con bombardeos e invasiones.</p>     <p>La limpieza &eacute;tnica tiene entonces muchas causas y obedece a muchos factores, entre los que existen sinergias. Algunos conflictos, aun en sociedades multi&eacute;tnicas como el Imperio Otomano, Sud&aacute;frica o Yugoeslavia, tienden a convertirse en conflictos bi-&eacute;tnicos. Serbios y kosovares, por ejemplo. Y como es normal en los estudios de las ciencias sociales, se pueden identificar tendencias comunes en los casos de limpieza &eacute;tnica. Mann subraya que no se trata de leyes “en absoluto” sino de tendencias emp&iacute;ricas, observables, en la mayor&iacute;a de los casos de limpieza &eacute;tnica: si surgen ciertas condiciones, refuerzan otras y pueden desembocar en asesinatos masivos. Existen grados de violencia y limpieza entre los grupos o etnias: desde ning&uacute;n grado de violencia hasta asesinatos en masa premeditados, pasando por la coacci&oacute;n institucional, la represi&oacute;n controlada, la represi&oacute;n violenta y los asesinatos en masa no premeditados. El grado de limpieza puede ser nulo, parcial o total, que &eacute;l representa en una matriz que, en un extremo refleja un multiculturalismo tolerante, y en el otro, el genocidio. El libro ilustra con muchos ejemplos espec&iacute;ficos c&oacute;mo convergen y se desarrollan esas tendencias.</p>     <p>Se est&aacute; a punto de ejecutar la limpieza &eacute;tnica cuando dos grupos &eacute;tnicos antiguos reclaman una parte o todo un territorio, reclamo que juzgan leg&iacute;timo y juzgan posible satisfacer. Las etnias rivales reivindican su “propio” Estado sobre el mismo territorio.</p>     <p>Cuando se llega a este punto se abren dos escenarios: primero, la parte m&aacute;s d&eacute;bil es empujada a luchar en vez de someterse, quiz&aacute; alentada con la idea, falsa, de que llegar&aacute; ayuda del exterior. Con ciertas particularidades, este ha sido el caso de kurdos, chechenios y georgianos. Segundo, la parte m&aacute;s fuerte considera que tiene el poder militar y la legitimidad para ejecutar la limpieza con pocos riesgos, f&iacute;sicos o morales. As&iacute; sucedi&oacute; con armenios, jud&iacute;os y abor&iacute;genes australianos o americanos. Aunque el consenso sobre la necesidad de defender los derechos humanos es muy reciente, son inquietantes las palabras de un eximio representante del republicanismo, Thomas Jefferson:</p>     <blockquote>       <p>Si alguna vez nos vemos obligados a levantar el hacha contra alguna tribu, no volveremos a bajarla hasta que esa tribu sea exterminada o empujada m&aacute;s all&aacute; del Mississippi [...] En la guerra, nos matar&aacute;n a unos cuantos; nosotros los destruiremos a todos (p. 89).</p> </blockquote>     <p>Mann afirma que “la limpieza &eacute;tnica pocas veces es el prop&oacute;sito inicial de sus responsables”. Este punto de vista es “moralmente inc&oacute;modo”, sobre todo de cara a v&iacute;ctimas de matanzas como los armenios, los jud&iacute;os o los tutsis. Inc&oacute;modo porque las v&iacute;ctimas no pueden aceptar que su sufrimiento sea “accidental”. Por supuesto, Mann no sugiere que sea accidental. S&oacute;lo se&ntilde;ala que el camino para perpetrar una matanza deliberada es “tortuoso”, mucho m&aacute;s complejo y circunstancial de lo que sugieren las teor&iacute;as centradas en la culpa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En lo que se refiere a los actores, hay tres principales: unas &eacute;lites radicales con gobiernos de partido &uacute;nico, grupos de militantes que se convierten en paramilitares violentos y un electorado que da apoyo masivo aunque no sea mayoritario. Por lo general se requiere el concurso de estos tres actores para que se ejecute la limpieza &eacute;tnica: sin anuencia del electorado –compuesto en potencia por individuos marginales, dependientes del Estado, informales, inclinados a usar la violencia f&iacute;sica, j&oacute;venes pandilleros– los l&iacute;deres no podr&iacute;an “manipular o dotar a pueblos enteros de una notable homogeneidad ideol&oacute;gica”. Culpar a Hitler del genocidio jud&iacute;o o de la Segunda Guerra Mundial es un recurso demasiado simplista y demasiado f&aacute;cil.</p>     <p>Su &uacute;ltima tesis, basada en estudios de la psicolog&iacute;a humana, es provocadora e invita a la reflexi&oacute;n: “la gente ordinaria” puede cometer atrocidades y ser impulsada a cometerlas. Las matanzas son obra de seres humanos comunes y corrientes, “personas normales de acuerdo con las definiciones com&uacute;nmente aceptadas por la profesi&oacute;n”. Mann recalca: “usted y yo tambi&eacute;n podr&iacute;amos hacer limpieza &eacute;tnica”, si se dan las condiciones y el contexto social propicio. Desde el famoso experimento de Stanley Milgran –en el que la mayor&iacute;a de los sujetos no dudaron en causar un dolor extremo a personas inocentes si alguna autoridad lo ped&iacute;a; lo que se puede hacer aun por la televisi&oacute;n (Garc&iacute;a, 2010)– es claro que para tales atrocidades no se precisan psic&oacute;patas, aunque estos no falten. Como mostr&oacute; Ron Jones, profesor de Palo Alto, California, las personas comunes f&aacute;cilmente pueden tener actitudes totalitarias o someterse a un aut&oacute;crata. El experimento de Jones inspir&oacute; un movimiento, <i>La tercera ola</i>, una novela y una pel&iacute;cula, <i>La ola</i>, de la que se estren&oacute; hace poco, con mucho &eacute;xito, una versi&oacute;n alemana, <i>Die Welle</i>, del director Dennis Gansel.</p>     <p>Michael Mann, es un dem&oacute;crata que no s&oacute;lo advierte contra los riesgos de la democracia: fustiga duramente a reg&iacute;menes criminales como los de Stalin, Mao y Pol Pot, que encabezaron procesos de <i>limpieza comunista</i> y dejaron muchos millones de muertos, cuyo objetivo no era principalmente de car&aacute;cter &eacute;tnico sino acabar con los <i>enemigos de clase</i>. As&iacute; como en otros casos se identific&oacute; al <i>demos</i> con el <i>ethnos</i>, los comunistas identificaron la <i>soberan&iacute;a popular</i> con la <i>soberan&iacute;a del partido del proletariado</i> (pp. 369-407). Y la singularidad &eacute;tnica revisti&oacute; la forma de una clase proletaria &uacute;nica, en un proceso similar al que se describe en la primera de sus tesis. En sus palabras:</p>     <blockquote>       <p>Las atrocidades estalinistas, mao&iacute;stas o del Jemer Rojo fueron versiones socialistas del organicismo moderno, que corrompieron las teor&iacute;as socialistas y de clase sobre la democracia. Del mismo modo que las atrocidades con motivaciones &eacute;tnicas degradaron las teor&iacute;as nacionalistas de la democracia (p. 406).</p> </blockquote>     <p>Para complementar las tesis de Michael Mann conviene mencionar que la divisi&oacute;n &eacute;tnica –en asocio con los elementos antes se&ntilde;alados– no s&oacute;lo puede terminar en limpieza. Los especialistas tambi&eacute;n se&ntilde;alan su relevancia para el desarrollo econ&oacute;mico. Elinor Ostrom (2000) muestra que la <i>reputaci&oacute;n individual</i> dentro de los grupos, incide en el cumplimento de los contratos o del respeto de los derechos de propiedad. Tambi&eacute;n se ha demostrado que el fraccionamiento &eacute;tnico dificulta la aparici&oacute;n de normas o reglas generales y abstractas cuyo cumplimiento –con independencia de etnia, credo o clase– es indispensable para consolidar la econom&iacute;a de mercado. El fraccionamiento &eacute;tnico es uno de las variables significativas a la hora de explicar el fracaso de las reformas de mercado en las antiguas rep&uacute;blicas sovi&eacute;ticas (Hodgson, 2006).</p>     <p>El libro del profesor Mann es de inter&eacute;s para los lectores colombianos por varias razones. Basta mencionar su contribuci&oacute;n para entender la muerte de decenas de miles de colombianos durante el per&iacute;odo de <i>La Violencia</i>, y m&aacute;s recientemente de miles de miembros de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, movimiento pol&iacute;tico que fue exterminado en un proceso tortuoso y que en principio quiz&aacute; no fue deliberado, pero que dio lugar a un <i>bloque perpetrador</i> en el que participaron narcotraficantes, paramilitares, autodefensas, pol&iacute;ticos, agentes del Estado y numerosos miembros de las Fuerzas Armadas. Siguiendo a M. Mann, el caso de la UP fue un <i>politicidio</i>. La interrelaci&oacute;n compleja entre estructuras, situaciones y relaciones sociales, discursos e intenciones de algunos individuos a veces genera una <i>mentalidad genocida</i> en la que recurrir a la violencia y a la “limpieza” &eacute;tnica, pol&iacute;tica o religiosa es la manera de resolver los conflictos sociales y deja de ser un problema<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. A prop&oacute;sito, los paeces, guambianos, kankuamos, kogis, way&uacute;us, emberas, aw&aacute;s, tukanos, sikuanis, piapocos y otros grupos &eacute;tnicos del territorios colombiano han sido diezmados por las masacres perpetradas por aquellos a quienes estorban porque viven en zonas estrat&eacute;gicas, bien sean corredores para el contrabando de armas o el tr&aacute;fico de drogas, porque sus tierras son aptas para cultivar palma africana o plantas de coca o porque las tierras ind&iacute;genas circundan los latifundios aleda&ntilde;os. Temas que deben ser sometidos al an&aacute;lisis y al juicio de todos los que buscan la democracia en el pa&iacute;s.</p>     <p>Es tan grave lo que sucede en Colombia que el 5 de octubre 2004 la Corte Interamericana de Derechos Humanos le demand&oacute; al Estado que adoptara “sin dilaci&oacute;n, las medidas que sean necesarias para proteger la vida e integridad personal de todos los miembros de las comunidades que integran el pueblo ind&iacute;gena kankuamo”<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Y esta es apenas una de las tantas demandas que se han hecho al gobierno colombiano para que proteja la vida, la integridad y la libertad personal de los miembros de las comunidades ind&iacute;genas. Son centenares los ind&iacute;genas asesinados en el territorio colombiano mediante acciones que parecer&iacute;an obedecer a un plan sistem&aacute;tico de exterminio. Todo ello en un pa&iacute;s que ostenta hoy el lamentable r&eacute;cord de ser en el mundo, despu&eacute;s de Sud&aacute;n, el pa&iacute;s que tiene m&aacute;s desplazados internos.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. <i>El Espectador</i>, 13 de junio de 2009.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n2" name="2">2</a>. Quienes deseen profundizar este punto, pueden consultar el trabajo de A. G&oacute;mez (2007).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Resoluci&oacute;n de la Presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 7 de octubre de 2008. “Medidas provisionales respecto de la Rep&uacute;blica de Colombia. Asunto: asunto pueblo ind&iacute;gena kankuamo”.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p>1. Aza&ntilde;a, M. <i>Diarios 1932-1933</i> (<i>los ‘Cuadernos robados’</i>), Madrid, Cr&iacute;tica, 1997.</p>     <p>2. Dom&egrave;nech, A. <i>El eclipse de la fraternidad. Una revisi&oacute;n republicana de la tradici&oacute;n socialista</i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2004.</p>     <p>3. <i>El Espectador</i>. “La esencia de la democracia es la alternaci&oacute;n en el poder”, 13 de junio de 2009.</p>     <p>4. <i>El Espectador</i>. “Tony Blair asesorar&aacute; a J. M. Santos en crisis de precios de medicamentos en Colombia”, 29 de abril de 2010.</p>     <p>5. Feierstein, D. <i>El genocidio como pr&aacute;ctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina</i>, Buenos Aires, FCE, 2007.</p>     <p>6. Garc&iacute;a V., M. “Tiempo cerebral disponible”, <i>El Espectador</i>, 26 de marzo de 2010.</p>     <p>7. Garz&oacute;n V., E. <i>Calamidades</i>, Barcelona, Gedisa, 2004.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>8. G&oacute;mez-S., A. “Perpetrator Blocs, Genocidal Mentalities and Geographies: The Destruction of the Uni&oacute;n Patri&oacute;tica in Colombia and Its Lessons for Genocide Studies”, <i>Journal of Genocide Research</i> 9, 4, 2007, pp. 637-660.</p>     <p>9. Hodgson, G. Instituciones, recesiones y recuperaci&oacute;n en las econom&iacute;as en transici&oacute;n, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 8, 15, 2006, pp. 43-68.</p>     <p>10. Mann, M. <i>Una historia del poder desde los comienzos hasta 1760 d.C.</i>, Madrid, Alianza, 1991.</p>     <p>11. Mann, M. <i>El desarrollo de las clases y los Estados nacionales, 1760-1914</i>, Madrid, Alianza, 1997.</p>     <p>12. Mann, M. <i>El imperio incoherente. Estados Unidos y el nuevo orden internacional</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2004.</p>     <p>13. Mann, M. <i>Fascistas</i>, Valencia, Universidad de Valencia, 2006.</p>     <p>14. Ostrom, E. <i>El gobierno de los bienes comunes. La evoluci&oacute;n de las instituciones de acci&oacute;n colectiva</i>, M&eacute;xico, FCE, 2000.</p>     <p>15. Power, S. <i>Problema infernal. Estados Unidos en la era del genocidio</i>, Buenos Aires, FCE, 2005.</p>     <p>16. Wolin, S. <i>Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido</i>, Madrid, Katz, 2008.</p></font>      ]]></body>
</article>
