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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACIÓN EN EL NUEVO REINO DE GRANADA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACI&Oacute;N EN EL NUEVO REINO DE GRANADA*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b> ESSAY OF A NEW PLAN OF ADMINISTRATION FOR THE NEW KINGDOM OF GRANADA</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Antonio Nari&ntilde;o</i></p>     <p>* El texto de este Plan que Antonio Nari&ntilde;o envi&oacute; a Carlos IV a trav&eacute;s del Virrey Pedro Mendinueta se tom&oacute; de <i>Vida y escritos del General Antonio Nari&ntilde;o</i>, Jos&eacute; M. Vergara y V., ed., Bogot&aacute;, Imprenta Nacional, 1946.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>* * *</b></p>     <p align="center"><b>N<small>OTA DE LOS EDITORES</small></b></p>     <p>En esta ocasi&oacute;n honramos la memoria de Antonio Nari&ntilde;o como primer traductor, en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola, de la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, un documento fundamental de la Revoluci&oacute;n francesa cuya difusi&oacute;n hab&iacute;a sido prohibida por el Tribunal de la Inquisici&oacute;n, y como precursor de la Independencia de la Nueva Granada en este a&ntilde;o del bicentenario. Mientras estaba preso por esa subversiva traducci&oacute;n, escribi&oacute; en 1797 el documento que transcribimos: un ensayo con el t&iacute;tulo casi anacr&oacute;nico de "Un nuevo plan de administraci&oacute;n" para el Virreinato. Con altivez lo present&oacute; desde la c&aacute;rcel "al Excelent&iacute;simo se&ntilde;or Virrey para que lo dirigiese a su Majestad".</p>     <p>Este ensayo es una de las obras menos recordadas de Antonio Nari&ntilde;o, pero reviste especial inter&eacute;s porque resume el "estado del arte" del pensamiento econ&oacute;mico de los ilustrados de su &eacute;poca en lo que hoy es territorio colombiano y prefigura los principales debates econ&oacute;micos del pa&iacute;s durante el siglo XIX. En su plan aborda tres grandes problemas: los monopolios, la pol&iacute;tica fiscal y la pol&iacute;tica monetaria. Su punto de partida es la misma pregunta que ha ocupado a generaciones sucesivas de economistas colombianos: &iquest;por qu&eacute; es tan pobre un pa&iacute;s dotado de tantas riquezas naturales? Y su respuesta se sigue repitiendo con otro lenguaje y desde distintos enfoques: deficiencias institucionales y malas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas.</p>     <p>Su propuesta central era eliminar el monopolio estatal (o estanco) del tabaco y del aguardiente. En ambos casos, aduc&iacute;a Nari&ntilde;o, estos arbitrios rent&iacute;sticos eran ineficientes porque los costos, en t&eacute;rminos de producci&oacute;n e ingreso perdidos, superaban de lejos los beneficios del recaudo para la Corona. Cre&iacute;a que su eliminaci&oacute;n ampliar&iacute;a la actividad econ&oacute;mica del cultivo y del procesamiento (incluso aprovechando en la destilaci&oacute;n la miel de purga, que entonces se perd&iacute;a) de manera significativa y facilitar&iacute;a la competencia de la Nueva Granada en los mercados de exportaci&oacute;n. Contrastaba, de nuevo con un criterio de eficiencia, tales estancos con el de la sal, sobre el que argument&oacute; que el monopolio real deb&iacute;a mantenerse por cuanto su buena administraci&oacute;n abastec&iacute;a adecuadamente y a precios razonables la demanda del Virreinato. Aunque Nari&ntilde;o no lo dice as&iacute;, estas dos categor&iacute;as difieren porque la primera corresponde a productos transables mientras que la segunda a un producto no transable en el mercado internacional.</p>     <p>Nari&ntilde;o reconoc&iacute;a, como lo har&iacute;an los hacendistas decimon&oacute;nicos, que la supresi&oacute;n de los estancos del tabaco y del aguardiente afectar&iacute;a los ingresos del fisco en el corto plazo. Propuso a cambio un nuevo impuesto, la capitaci&oacute;n, que a su juicio se podr&iacute;a administrar con eficiencia porque la Iglesia dispon&iacute;a de informaci&oacute;n confiable y fidedigna sobre la base gravable: la poblaci&oacute;n. &iquest;Sobre qui&eacute;n recaer&iacute;a el impuesto? Los c&aacute;lculos de Nari&ntilde;o disuenan a o&iacute;dos modernos: una renta media de 73 pesos frente a un impuesto de capitaci&oacute;n de 8 pesos. Es decir, una incidencia muy superior al 11% para los m&aacute;s pobres. Sin embargo, apoyado en la m&aacute;s moderna teor&iacute;a de la &eacute;poca (la <i>Riqueza de las naciones</i> de Smith, que cita en otro contexto) se&ntilde;alaba que la ley de hierro de los salarios de subsistencia llevar&iacute;a a una elevaci&oacute;n, en igual cuant&iacute;a, del jornal o arrendamiento prevaleciente, de tal forma que el tributo recaer&iacute;a sobre los hacendados y los empresarios.</p>     <p>En materia monetaria, como ocurrir&iacute;a en el siglo siguiente, su diagn&oacute;stico se centraba en la escasez y la mala calidad del circulante (en una alta proporci&oacute;n compuesto por las llamadas "macuquinas", monedas de plata de tosca factura f&aacute;ciles de adulterar y falsificar). De all&iacute; se desprenden altos costos de transacci&oacute;n. La propuesta de Nari&ntilde;o, reacu&ntilde;ar la moneda y asegurar su buena ley, era costosa. Pero de nuevo ofrec&iacute;a un arbitrio: la emisi&oacute;n de moneda fraccionaria de cobre y fiduciaria (papel moneda), que de paso aliviar&iacute;a la escasez de dinero, que para &eacute;l era un freno a la actividad econ&oacute;mica.</p>     <p align="center"><b>* * *</b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><i>Presentado al Excelent&iacute;simo se&ntilde;or Virrey para que lo dirija a Su Majestad, en 16 de diciembre de 1797</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="right"><i>Non possidentem multa vocaveris    <br>     Rect&eacute; beatum, recti&uacute;s occupat    <br>     Nomen beati, qui Deorum    <br>     Muneribus sapienter uti,    <br>     Duramque callet pauperiem pati</i>.    <br>     Horacio, oda IX, Libro V</p>       <p align="right"><i>Al que posee riquezas no le llames    <br>     Dichoso, sino a aquel que de los dioses    <br>     Los favores gozando sabiamente,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     A la miseria su virtud opone</i>.</p>       <p align="right"><i>Yo no puedo responder sino de la pureza    <br>     de mis designios, dec&iacute;a el Consejo de un rey    <br>     de Persia. La ejecuci&oacute;n depende com&uacute;nmente    <br>     de otras personas, y sobre todo de la fortuna,    <br>     que de nadie depende</i>.</p> </blockquote>     <p>Sin entrar en el pormenor de la generalidad del Reino, de sus producciones preciosas y ricas minas; sin detenerme en la pintura de su estado actual, y de las ventajas que ofrece en general, s&oacute;lo dir&eacute;: que por rico que sea un pa&iacute;s en minas y otras producciones, si sus habitantes son pobres, el Estado no puede sacar grandes ventajas; el que nada tiene no puede contribu&iacute;r, y el &uacute;nico modo de que contribuya es proporcionarle medios de que adquiera. Qu&eacute; medios son los que se pueden adaptar en este Reino para que sus habitadores adquieran y puedan c&oacute;modamente contribuir, son los que voy a hacer el ensayo de proponer. Si mis esperanzas no correspondieren a mis deseos, yo repito lo del consejero del rey de Persia....</p>     <p>La poblaci&oacute;n de este Reino, a pesar de lo que aparece en los defectuosos padrones que hasta ahora se han hecho, monta 1.880.000 almas, sobre poco m&aacute;s o menos, en una extensi&oacute;n de terreno descubierto de m&aacute;s de 100.000 leguas cuadradas. Su fertilidad es prodigiosa en todo g&eacute;nero de producciones de ambas Am&eacute;ricas, y de las Indias Orientales en los pa&iacute;ses que se hallan bajo las mismas latitudes. Posee tambi&eacute;n renglones exclusivos al resto del Universo, o a lo menos desconocidos hasta ahora en todo lo descubierto. Los caudalosos r&iacute;os que desaguan al Este, al Norte y al Sur en ambos mares, proporcionan la salida de sus frutos; y la variedad de temperamentos el cultivo de todo g&eacute;nero de producciones extranjeras.</p>     <p>Aunque el Reino ofrece por su situaci&oacute;n en t&aacute;nta variedad de temperamentos bajo la zona t&oacute;rrida, un comercio ventajos&iacute;simo a la Monarqu&iacute;a y a sus habitadores, no obstante vemos todo lo contrario. El comercio es l&aacute;nguido; el Erario no corresponde ni a su poblaci&oacute;n ni a sus riquezas territoriales y sus habitantes son los m&aacute;s pobres de la Am&eacute;rica. Nada es m&aacute;s com&uacute;n que el espect&aacute;culo de una familia andrajosa, sin un real en el bolsillo, habitando una choza miserable rodeada de algodones, de canelos, de cacaos y de otras riquezas, sin exceptuar el oro y las piedras preciosas.</p>     <p>La riqueza sigue en todas partes a la poblaci&oacute;n, y aqu&iacute; es en sentido inverso: a proporci&oacute;n que se multiplican los hombres se aumenta su pobreza, y la decadencia se anuncia por todas partes. Tunja, Mariquita, V&eacute;lez, Muzo, La Grita, Tocaima y un sinn&uacute;mero de otras ciudades, que se hallan en el d&iacute;a casi desiertas, prueban bien la necesidad en que se han visto sus pobladores de retirarse a una choza, para ocultar su miseria en medio de los bosques.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si el Erario no se resiente de esta decadencia, es porque todo el trabajo del d&iacute;a se refunde en &eacute;l. Pero la pobreza junto con la necesidad de contribu&iacute;r, es la causa de que el Reino est&eacute; amenazado, si no se atiende a su remedio.</p>     <p>Hay un g&eacute;nero de contribuciones que son m&aacute;s gravosas por los obst&aacute;culos que oponen al adelantamiento de los vasallos, que por la cantidad que de ellos se exige o por lo que el Erario reporta. Tales son en este Reino las alcabalas interiores, y los estancos de aguardiente y de tabaco.</p>     <p>Los estancos y alcabalas en este Reino parece que han sido la piedra fundamental sobre que se ha querido estribar la prosperidad del Erario. Pero si es indubitable que todo vasallo est&aacute; obligado a contribu&iacute;r a las cargas del Estado, no lo es menos que todo g&eacute;nero de contribuci&oacute;n no es igualmente aparente en todas partes. El producto que aqu&iacute; dejan al Erario los estancos y alcabalas interiores, no corresponde al atraso que causan y al riesgo en que ponen continuamente al Reino; pudiendo sustitu&iacute;rse en su lugar otro g&eacute;nero de contribuciones que, sin deteriorar la Real Hacienda, no traigan estos inconvenientes.</p>     <p>El tabaco es aqu&iacute; un ramo de primera necesidad, si ramo de primera necesidad puede llamarse aquel sin el cual las gentes no se pueden pasar. La administraci&oacute;n est&aacute; muy mal servida: obliga a tomar bueno y malo a un mismo precio; los dependientes pillan, atropellan y maltratan con la autoridad de que se ven revestidos, y as&iacute; no es extra&ntilde;o que el p&uacute;blico se queje. El estanco limita las siembras al consumo interior, y no s&oacute;lo esta limitaci&oacute;n trae grandes escaseces los a&ntilde;os que se pierde la cosecha en una provincia, sino que, prohibi&eacute;ndose la cultura en un ramo que prospera por todas partes, se hace m&aacute;s sensible su privaci&oacute;n. Permiti&eacute;ndose la siembra y extracci&oacute;n del tabaco, se har&aacute; un ramo fort&iacute;simo de comercio, que contribuyendo a la salida del Reino con un tanto por ciento, estoy cierto que en pocos a&ntilde;os balancear&aacute; una parte muy considerable del producto que ahora deja l&iacute;quido al Erario. El tabaco no paga hoy diezmo y deber&iacute;a continuar del mismo modo, pero pag&aacute;ndolo a Su Majestad en el mismo fruto; que aument&aacute;ndose como es de creerse su cultura, no ser&aacute; este rengl&oacute;n de poca consecuencia, si hacemos atenci&oacute;n que s&oacute;lo Marilandia y Virginia pagaban el a&ntilde;o de 723 al Tesoro Real de Inglaterra en este ramo, de 3 a 400.000 libras esterlinas, y que se cosechaban de 60 a 70.000 barricas, de a cuatro quintales.</p>     <p>Del producto de este diezmo real en materia se puede establecer una f&aacute;brica de rap&eacute;, cedida a una compa&ntilde;&iacute;a que reciba el tabaco en hoja al precio corriente, y que pague un corto derecho por la exportaci&oacute;n o el expendio. Yo estoy pronto a comunicar las luces que poseo en la materia, si se adapta el pensamiento, sin que sirva de obst&aacute;culo la tentativa que se hizo en a&ntilde;os pasados, porque si no se sintieron sus buenos efectos fue por la impericia del director encargado de su laboreo y composici&oacute;n.</p>     <p>Si no se adaptare el pensamiento del rap&eacute;, se puede remitir a Espa&ntilde;a en hoja, de cuenta de Su Majestad para las f&aacute;bricas de tabaco en polvo, etc. Y si tampoco se creyere esto conveniente, se puede recaudar este ramo por arrendamiento, en los mismos t&eacute;rminos que est&aacute;n hoy los diezmos, esto es, por medio de simples cobradores y con la misma denominaci&oacute;n.</p>     <p>La supresi&oacute;n del estanco del aguardiente parece que no debe traer ninguna ventaja al p&uacute;blico; pero no es as&iacute;, va a influ&iacute;r poderosamente sobre otro ramo de mucha importancia, como son los az&uacute;cares. Uno de los mayores obst&aacute;culos para la prosperidad de este ramo es el no poder los due&ntilde;os de los ingenios o trapiches emplear la mil que llaman de purga, y que as&iacute; en La Habana como en las islas francesas se convierte en el aguardiente de ca&ntilde;a, de t&aacute;nto consumo en el d&iacute;a. Suprimido su estanco, se sacar&aacute;n tres ventajas: el fomento de los az&uacute;cares que abundan en el Reino, y que nunca merecen t&aacute;nta atenci&oacute;n como en el d&iacute;a, por la destrucci&oacute;n o atraso de las islas francesas; el producto que deben dejar al Erario los derechos, que as&iacute; el az&uacute;car como el aguardiente deber&aacute;n pagar a la salida, y el remedio del Reino de que se trata.</p>     <p>Se me objetar&aacute; quiz&aacute;s que la sal es de m&aacute;s necesidad, y que no obstante nada digo contra su estanco, mientras me limito a los que s&oacute;lo son de los que se llaman vicios. Estoy muy lejos de hablar contra los estancos, s&oacute;lo porque son estancos, y s&oacute;lo creo &eacute;stos perjudiciales con atenci&oacute;n a las circunstancias locales. El de la sal no s&oacute;lo no lo creo gravoso, sino &uacute;til al p&uacute;blico, y aqu&iacute; se notar&aacute; la diferencia que hay en saber elegir los ramos que convienen igualmente al p&uacute;blico y al Erario. Las salinas, que aqu&iacute; se trabajan de cuenta de Su Majestad, est&aacute;n limitadas a ciertos terrenos que producen el mineral; el p&uacute;blico est&aacute; bien servido; se le provee de toda la que necesita, de buena calidad y a precio c&oacute;modo, y despu&eacute;s de comprada a Su Majestad puede traficarse libremente con ella, lo que no sucede con el tabaco y el aguardiente. Si Su Majestad abandonara el trabajo de las salinas se har&iacute;a un da&ntilde;o manifiesto al p&uacute;blico, porque este no es un ramo que puede hacer florecer la industria y el trabajo, sino que est&aacute; limitado a ciertos terrenos particulares, que cayendo en poder de algunos individuos alzar&iacute;an el precio a su antojo, sacar&iacute;an m&aacute;s o menos sal, seg&uacute;n sus fuerzas y actividad, y el p&uacute;blico estar&iacute;a expuesto a sufrir sus caprichos y alteraciones, mientras que ahora la tienen a precio fijo, c&oacute;modo y en abundancia.</p>     <p>No s&oacute;lo no creo los estancos en general perjudiciales, sino que &eacute;stos, como las compa&ntilde;&iacute;as, los creo sumamente &uacute;tiles, siempre que se sepa hacer elecci&oacute;n de los ramos, y que sean temporales. Como este punto no s&oacute;lo puede conducir al remedio presente sino que puede ser de mucha importancia en lo sucesivo, y puede tambi&eacute;n aplicarse en otras partes, me detendr&eacute; en &eacute;l un instante, sin pasar los l&iacute;mites que me he prescrito en este papel.</p>     <p>El establecimiento de estancos y compa&ntilde;&iacute;as sobre renglones que produce el suelo de una colonia, y que permanecen dormidos por falta de conocimiento y de industria en sus naturales poseedores, es el medio de darles movimiento y sacarlos de la inacci&oacute;n, sin quebranto del p&uacute;blico, que no los disfruta, y con notoria utilidad. Veamos un ejemplo que aclare este pensamiento. La quina de Santaf&eacute; no se conoc&iacute;a en esta parte del Reino ahora veinte a&ntilde;os, hasta que los desvelos del sabio Mutis, de este hombre cuya memoria pasar&aacute; con gusto y admiraci&oacute;n a nuestra posteridad, la sac&oacute; del caos en que estaba; y habi&eacute;ndose establecido un estanco de un ramo en que el p&uacute;blico no ten&iacute;a conocimiento, se hizo universal la idea de sus ventajas, por el precio a que Su Majestad la tomaba a los particulares; todo el mundo se anim&oacute;, y la quina de Santaf&eacute; entr&oacute; a ser un nuevo ramo de riqueza. Supongamos que hubiera continuado prosperando su estanco; que Su Majestad no s&oacute;lo hubiera reembolsado los costos de su establecimiento, sino que hubiera continuado algunos a&ntilde;os de utilidad, hasta dejar bien entablado su despacho y consumo, y que entonces lo hubiera abandonado al p&uacute;blico con un derecho de salida. Pregunto ahora: &iquest;Este estanco temporal y en un ramo desconocido no habr&iacute;a sido &uacute;til a esta colonia, al Erario, a la Naci&oacute;n y al mundo entero? Pero ya veo que se me dir&aacute; que en este mismo ejemplo manifiesto los inconvenientes de mi pensamiento, porque el ramo no prosper&oacute;, y Su Majestad sufri&oacute; quebrantos en su Real Erario. No est&aacute; el da&ntilde;o en el estanco, ni en el ramo: est&aacute; en una enfermedad que padece la Naci&oacute;n. Yo la comparo a un hombre opulento que goza grandes rentas, y que esta abundancia le hace despreciar la econom&iacute;a y la constancia, que s&oacute;lo forman la riqueza de otros hombres que no gozan tan ricas posesiones. Los holandeses no se habr&iacute;an desmayado por el mal suceso que tuvo la quina al principio; hubieran examinado la cosa en su origen; hubieran hecho nuevas tentativas, y al fin hubieran logrado un ramo m&aacute;s ventajoso, sin disputa, que el de la canela. Pero nosotros, que por todas partes se nos presentan ricas posesiones, no queremos tener esta paciencia y econom&iacute;a, que habr&iacute;an salvado aquellos inconvenientes. La quina que se remiti&oacute; al principio a C&aacute;diz hab&iacute;a experimentado los inconvenientes que tienen todas las cosas en su origen. Se mezclaron cortezas extra&ntilde;as, cuyo amargo y las se&ntilde;ales exteriores hacen parecer a la quina; se empac&oacute; en cajones h&uacute;medos, que con el calor de los distintos temperamentos por donde tuvo que pasar, alteraron su naturaleza; el se&ntilde;or Mutis no pod&iacute;a formar en un d&iacute;a hombres inteligentes. Estos inconvenientes se hubieran remediado, pero apenas se vio que las primeras remesas no correspond&iacute;an a las esperanzas, se suprimi&oacute; el acopio de cuenta de Su Majestad, y este ramo sufri&oacute; la suerte de otros muchos, de morir en su nacimiento por falta de paciencia. Yo, que conoc&iacute;a todas sus ventajas, emprend&iacute; el restablecimiento por mi cuenta, y si mi desgracia no me hubiera cortado el camino en la mitad de la carrera, ya se habr&iacute;an conocido sus utilidades con mi constancia. Pero ya me aparto demasiado; volvamos al asunto principal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parecer&aacute; una paradoja el que se diga que para la prosperidad de las alcabalas conviene suprimirlas en lo interior del Reino; pero si se examina maduramente este punto, se ver&aacute; que no lo es. Las alcabalas producen en raz&oacute;n del consumo y de la extracci&oacute;n, y as&iacute; producir&aacute;n m&aacute;s o menos, seg&uacute;n que el consumo y la extracci&oacute;n fueren m&aacute;s o menos abundantes. Las alcabalas interiores son un obst&aacute;culo invencible para la prosperidad del Reino, que limitan la extracci&oacute;n y el consumo, y por consiguiente la prosperidad del mismo ramo.</p>     <p>No entro a demostrar por menor este asunto, incontestable a mi ver, porque as&iacute; &eacute;ste como los dos anteriores los miro m&aacute;s como remedio del p&uacute;blico que como aumento del Erario, no obstante las ventajas que ofrecen en su reforma, y as&iacute; concluyo que aun cuando el Erario pierda, se deber&iacute;an suprimir, as&iacute; para quitar de ra&iacute;z las quejas que ocasiona su administraci&oacute;n, como porque, sustituy&eacute;ndose otro ramo que los repare y no sea gravoso, parece que quedan llenas las miras del Gobierno enteramente.</p>     <p>Como la supresi&oacute;n de unos ramos ya establecidos que producen una renta cierta, y la creaci&oacute;n de otros nuevos en su lugar, podr&iacute;a hacer temer que las esperanzas, o no correspondiesen en la pr&aacute;ctica, o que en caso de corresponder dejar&iacute;an un vac&iacute;o en el Erario, &iacute;nterin se establecen y toman incremento, es necesario para quitar todo temor y remediar este &uacute;ltimo inconveniente, sustitu&iacute;r un ramo, que independiente de las esperanzas que dan los otros, los llene desde su origen sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda. Este deb&iacute;a ser una capitaci&oacute;n. Ya s&eacute; que este pensamiento ha sido propuesto en distintos tiempos, y en varias naciones, y que se ha despreciado o imposibilitado su ejecuci&oacute;n en unas, y que otras lo han adoptado en todo o en parte. Mas sea lo que fuere del fundamento que en otras partes se ha tenido para adoptarlo o despreciarlo, lo cierto es que aqu&iacute; es f&aacute;cil su ejecuci&oacute;n, es &uacute;til, no es gravosa, y de ning&uacute;n peligro su establecimiento, siempre que se adopten los pensamientos anteriores.</p>     <p>Haci&eacute;ndose el establecimiento de este ramo al mismo tiempo que se supriman los otros; para que su imposici&oacute;n se reciba, no como una nueva carga, sino como un alivio; y para que comience a llenar el vac&iacute;o que al principio dejar&iacute;a la supresi&oacute;n de los otros ramos, creo que no habr&aacute; persona sensata que conociendo este Reino, no convenga en que su imposici&oacute;n de este modo ser&aacute; recibida con los brazos abiertos, y que esparcir&aacute; por todas partes el contento y la alegr&iacute;a, que deben asegurar la tranquilidad.</p>     <p>Antes de entrar en materia sobre el modo de recaudar este ramo, es necesario decir una palabra sobre las cuartas que pagan los curas o los Obispos; que aunque parece este punto ajeno del asunto, no obstante tiene una &iacute;ntima liaci&oacute;n con &eacute;l. En el Reino no hay padrones exactos, sino los que los curas forman en sus distritos para la percepci&oacute;n de sus derechos; pero como el ramo de las cuartas, que los curas creen que no deben pagar, les hace formar otros padrones diminutos para presentar a los Obispos y Visitadores, y librarse por este medio de una parte de los derechos; de ah&iacute; viene que la poblaci&oacute;n parezca menos de lo que en la realidad es; cuyo inconveniente no ser&aacute; f&aacute;cil de remediar mientras subsistan aqu&eacute;llas. Si la opini&oacute;n de los curas es fundada, supuesto las crecid&iacute;simas rentas que gozan en el Reino los Obispos y Arzobispos, ser&iacute;a conveniente suprimir esta contribuci&oacute;n que t&aacute;ntos murmullos ocasionan a los curas. De este modo no s&oacute;lo tendr&iacute;amos padrones exactos, como yo he visto que los tienen los curas, sino que debiendo ellos concurrir a este nuevo ramo, a su establecimiento y recaudaci&oacute;n, lo har&aacute;n con m&aacute;s gusto y actividad si se les impone esta peque&ntilde;a carga al mismo tiempo que se les dispensa de las cuartas.</p>     <p>Como la recaudaci&oacute;n de la capitaci&oacute;n podr&iacute;a traer los mismos inconvenientes que se quieren remediar, y que quiz&aacute;s ser&iacute;a m&aacute;s gravosa que la misma contribuci&oacute;n, yo voy a hacer ver el modo. Los curas, como dejo dicho, tienen padrones exactos con distinci&oacute;n de sexos, edades y condiciones, divididos por cuadrillas, y en cada una un hombre que ellos conocen bien por su probidad, al que encargan la recaudaci&oacute;n de sus derechos, sin m&aacute;s sueldo que la excepci&oacute;n personal de la contribuci&oacute;n. De este modo est&aacute;n bien servidos y sus vecinos no sufren los inconvenientes que en la administraci&oacute;n de los ramos reales se experimentan.</p>     <p>La sencillez en todas las cosas aclara y facilita la ejecuci&oacute;n. Este principio con el ejemplo de los curas me parece que es el que se debe seguir en la recaudaci&oacute;n de la capitaci&oacute;n. No creo que a pesar de las cuantiosas sumas que debe producir este nuevo ramo, sea necesario ahora comenzar por la creaci&oacute;n de nuevos Tribunales, cuya complicaci&oacute;n suele muchas veces detener los progresos de un ramo, y no deja conocer com&uacute;nmente en qui&eacute;nes consiste su malversaci&oacute;n. Me parece que con s&oacute;lo la creaci&oacute;n de corregidores de partido, haciendo unas divisiones arregladas con los Gobernadores y Corregidores de Provincia, con los Oficiales Reales, con la intervenci&oacute;n o auxilio de los curas, y el nombramiento de cuadrilleros cobradores, estar&aacute; este ramo perfectamente servido.</p>     <p>El nombre de <i>corregidor de partido</i> que adopto aqu&iacute;, hace ver que hago atenci&oacute;n hasta en los t&eacute;rminos; yo llevo por delante siempre el car&aacute;cter de los pueblos de que hablo; el de administrador quiz&aacute; no ser&iacute;a tan aparente, y sin mudar los t&eacute;rminos, la naturaleza de las cosas suele ser de mucho recurso en la ocasi&oacute;n. As&iacute; los corregidores deber&iacute;an ser los administradores o recaudadores de cada partido, sin necesidad de m&aacute;s dependientes arrentados que dos oficiales que les ayudasen a llevar los libros, a recibir el dinero, y que firmasen las cuentas alternativamente uno cada a&ntilde;o.</p>     <p>Los Gobernadores o Corregidores de cada Provincia con dos Oficiales Reales podr&iacute;an formar el Tribunal de que deber&iacute;an depender inmediatamente los Corregidores de partido, y a cuyo centro deber&iacute;an hacer sus remesas, para que de all&iacute; pasasen a los Oficiales Reales de la capital.</p>     <p>Los curas, libres de las cuartas, no tendr&aacute;n embarazo en entregar a los Corregidores de partido los padrones verdaderos, ni en remitir al Gobernador de la Provincia una copia firmada. Deber&iacute;an tambi&eacute;n pasar noticia circunstanciada de los que nacen o mueren para que sirviese de arreglo y claridad en la recaudaci&oacute;n y formaci&oacute;n de las cuentas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A los cuadrilleros cobradores, en los mismos t&eacute;rminos que los tienen ahora los curas, se les deber&iacute;a aumentar un peque&ntilde;o tanto por ciento sobre lo que cobrasen. Los Corregidores de partido y los Gobernadores de Provincia, de que se hablar&aacute; en adelante, tambi&eacute;n deber&iacute;an tener sus sueldos sobre este ramo, pero no fijo, sino sobre un tanto por ciento de lo que cada uno recaudara proporcionalmente. El sueldo de tanto por ciento trae la ventaja, en este caso, del inter&eacute;s que resulta al recaudador de no dejar partidas atrasadas, y no trae inconveniente para el p&uacute;blico, porque siendo fijos la cantidad de la contribuci&oacute;n y el tiempo, no da lugar a extorsiones y otras violencias que el inter&eacute;s personal har&iacute;a cometer a los recaudadores.</p>     <p>Vista la facilidad que hay para la recaudaci&oacute;n de este ramo, los ningunos inconvenientes en su imposici&oacute;n y las ventajas que deben resultar al p&uacute;blico por la supresi&oacute;n de los otros ramos, solo nos resta hacer ver la utilidad que traer&aacute; al Real Erario.</p>     <p>Aunque esta demostraci&oacute;n pod&iacute;a tener padrones exactos a la vista, yo me contentar&eacute; con dar un c&aacute;lculo sobre poco m&aacute;s o menos, para ser sensibles las utilidades que promete al Erario.</p>     <p>Las mujeres en una parte del Reino exceden al n&uacute;mero de hombres, y en otras, como en Guayaquil, por ejemplo, exceden los hombres al de las mujeres; y as&iacute;, haciendo una compensaci&oacute;n daremos n&uacute;mero igual. Si de 1.880.000 almas de ambos sexos rebajamos 18.000 esclavos que tiene el Reino, quedar&aacute;n 1.862.000. Partamos el n&uacute;mero de hombres y de mujeres, y nos dar&aacute; 931.000 hombres. Reb&aacute;jese una tercera parte de p&aacute;rvulos varones y una quinta de ancianos, religiosos y mendigos, y quedar&aacute; un total de hombres &uacute;tiles, desde la edad de quince hasta sesenta a&ntilde;os, de 434.467. De esta cantidad se debe rebajar un 2 por 100 para los cuadrilleros cobradores, y resultar&aacute; un l&iacute;quido en estado de pagar la capitaci&oacute;n, sin incluir las tropas, de 425.768 hombres, que a raz&oacute;n de $ 8 al a&ntilde;o producir&aacute;n 3.406.224 pesos.</p>     <p align="center"><i>Census erat brevis commune magnun</i>, Horacio </p>     <p>Para que se vea que no hay arbitrariedad en este c&aacute;lculo, h&eacute; aqu&iacute; mi cuenta: Los consumos interiores se cree que son el term&oacute;metro o la base de la aritm&eacute;tica pol&iacute;tica, sobre que se deben reglar los impuestos: 1.880.000 almas me dan 376.000 familias, que consumiendo una con otra a $73, componen una renta de $ 2 7.448.000. Calculo que aqu&iacute; los consumos inferiores deben contribu&iacute;r con una octava parte, y me dan $ 3.431.000, cuya cantidad se uniforma bastante con la de la capitaci&oacute;n.</p>     <p>Tambi&eacute;n pongo indistintamente una cantidad determinada de $ 8 sobre cada hombre &uacute;til desde quince hasta sesenta a&ntilde;os. Es un error creer que una misma cantidad repartida sobre todos los contribuyentes igualmente, es una desigualdad perjudicial a los pobres, y en favor de los ricos que tienen m&aacute;s comodidad de contribu&iacute;r. El pobre vive a expensas del rico, y no le trabaja sino en cuanto le contribuye con lo necesario para su subsistencia. En el d&iacute;a se calcula que un hombre necesita para su subsistencia de $ 73, y que por esto se da en arrendamiento al rico en esta cantidad; pero al instante que se le grave con $ 8 su subsistencia se regular&aacute; valer $81, y &eacute;l no se dar&aacute; por menos en arrendamiento al rico; de donde resulta que esta desigualdad es aparente, y que la necesidad equilibra la contribuci&oacute;n, haci&eacute;ndola recaer sobre el que tiene: viniendo de este modo a pagarla las rentas en lugar de las personas, que es cuanto se puede desear en la materia.</p>     <p>Se podr&aacute; quiz&aacute;s objetar que este aumento de salario ser&aacute; un perjuicio para la agricultura que se pretende animar. Pero no es as&iacute;, porque el propietario se ve recompensado de este aumento de gasto, con la excepci&oacute;n de los derechos interiores, y con la salida de sus frutos. A m&aacute;s de esto, el derecho de capitaci&oacute;n anima el trabajo, mientras que los derechos interiores sobre los frutos lo desalienta. El hombre que por una parte se ve obligado a pagar las indispensables cargas del Estado, y que por otra no se le ponen l&iacute;mites ni embarazos a su trabajo, sino que se le anima y se le presenta un vasto campo en que ejercitarlo, es imposible que no trabaje. En lugar de que el derecho sobre los frutos detiene el cultivo y atrasa el Erario: porque absorbi&eacute;ndose lo que deb&iacute;a quedar al propietario, oponi&eacute;ndole tambi&eacute;n obst&aacute;culos a su adelantamiento, lo desanima, y abandona un trabajo de que no reporta utilidad, con cuyo abandono queda libre de contribu&iacute;r; lo que no sucede en la capitaci&oacute;n, que le obliga a trabajar para poder contribu&iacute;r, porque la ociosidad no lo exime de la contribuci&oacute;n, como sucede en el d&iacute;a.</p>     <p>Este impuesto se puede aumentar hasta cierto grado a proporci&oacute;n que el Reino vaya tomando incremento; y el aumento de esta contribuci&oacute;n, que no ataca al manantial, aumentar&aacute; la industria y el trabajo de los que la pagan. "En donde el terreno es f&eacute;rtil y el pueblo no es numeroso, dice el caballero Temple, las cosas necesarias a la vida se hallan tan baratas, que un hombre puede ganar en dos d&iacute;as de trabajo con que alimentarse toda la semana. Considero esto, a&ntilde;ade, como el origen de la pereza atribu&iacute;da a los habitantes, porque es natural al hombre preferir el descanso al trabajo, darse a la ociosidad y vivir sin af&aacute;n. Al contrario sucede cuando la necesidad le ha hecho contraer el h&aacute;bito del trabajo; el hombre hecho laborioso por precisi&oacute;n no puede vivir sin trabajar".</p>     <p>Que se compare la cantidad que debe producir la capitaci&oacute;n con lo que ahora producen a la Real Hacienda los ramos del tabaco, aguardiente y alcabalas interiores, y se conocer&aacute; la utilidad que ofrece, sin contar las esperanzas que estos mismos ramos prometen en lo sucesivo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es preciso que en esta comparaci&oacute;n se rebaje el producto actual de los tributos, o el n&uacute;mero de indios que lo pagan, si se quiere exclu&iacute;rlos de la capitaci&oacute;n, supuesto que el tributo excede comparativamente. Pero ser&iacute;a de desear que esta raza miserable de hombres saliera del estado en que se halla en el d&iacute;a. A pesar de los privilegios y especial protecci&oacute;n que les acuerdan nuestras leyes, los que los estamos viendo, palpamos su miseria. Yo creo que reduciendo los indios a la clase de los dem&aacute;s vasallos, el Estado ganar&iacute;a y har&iacute;a una acci&oacute;n muy conforme a las piadosas m&aacute;ximas de nuestro Gobierno y a sus intereses.</p>     <p>No rebajo del n&uacute;mero de los contribuyentes a los empleados, ni a los eclesi&aacute;sticos, porque pag&aacute;ndoles el Estado su trabajo, no hallo raz&oacute;n para exclu&iacute;r a unos ni a otros de las cargas a que todo vasallo est&aacute; obligado, cuando ellos disfrutan como los dem&aacute;s de la protecci&oacute;n de las leyes<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>Otra de las cosas que necesitan remedio en el Reino es la moneda macuquina. El Gobierno se ve precisado todos los d&iacute;as a expedir &oacute;rdenes para obligar al p&uacute;blico a que reciba toda la que no estuviese cortada; pero est&aacute; ya tan diminuta y tan usada, que casi son infructuosos los desvelos del Gobierno. Se ha pensado varias veces en recogerla; pero los muchos quebrantos que debe ocasionar su refundici&oacute;n ha hecho suspender esta providencia con bastante fundamento, pues no baja de un 25 por 100 la diferencia de esta moneda en su peso respecto a la de cordoncillo. En una palabra, el Gobierno como los particulares convienen en la necesidad de su refundici&oacute;n; mas en el modo de efectuarla sin un grave quebranto del p&uacute;blico o del Erario, es en lo que no convienen. Yo voy a hacer el ensayo de proponer uno que salve estos inconvenientes y que procure otras comodidades al p&uacute;blico, al Erario y al comercio nacional. Tal es en mi concepto la creaci&oacute;n de vales reales, la amonedaci&oacute;n del cobre y la introducci&oacute;n de papel moneda.</p>     <p>Para aclarar este pensamiento, en cuanto permiten los l&iacute;mites de este papel, asentemos primero sin contestaci&oacute;n, que es de necesidad suma el recoger la moneda macuquina: as&iacute; porque su poco peso da lugar a la mucha moneda falsa que corre en el d&iacute;a, como porque siendo de figura irregular se corta con facilidad, sin riesgo evidente de que se note. Bajo este principio, la sola refundici&oacute;n de la moneda va a ocasionar una p&eacute;rdida a los particulares de un 25 por 100 en su caudal num&eacute;rico: va a disminu&iacute;r una cuarta parte de la masa de la circulaci&oacute;n de esta moneda, y va a abrirse su salida, reduci&eacute;ndola a moneda corriente fuera del Reino.</p>     <p>Todo el numerario que entra en el d&iacute;a en la circulaci&oacute;n de este Reino por el trabajo de sus minas y el poco comercio con las dem&aacute;s partes de la Am&eacute;rica, vuelve a salir para Espa&ntilde;a y de contrabando, y no queda m&aacute;s moneda para los cambios interiores que la moneda macuquina, que reducida como acabo de decir a moneda de cordoncillo, corriente fuera del Reino, saldr&aacute; tambi&eacute;n como el oro de las minas y los duros que nos vienen de M&eacute;jico, y se quedar&aacute; el Reino sin signos con que representar sus cambios interiores. Se dir&aacute; que se acu&ntilde;e moneda provincial de menos peso. Esto es hacer un c&iacute;rculo para volver a los mismos inconvenientes. A m&aacute;s de esto, en el d&iacute;a est&aacute; ya sumamente escaso el numerario: no es proporcionado a la circulaci&oacute;n interior de los cambios; y aun cuando no saliera la moneda reducida a cordoncillo; cuando no se disminuyera en un cuarto la masa de su circulaci&oacute;n actual, siempre hay necesidad de un aumento de signos para s&oacute;lo el cambio interior, y de unos signos que no tengan valor fuera del Reino, esto es, que no tengan valor intr&iacute;nseco como el papel.</p>     <p>Introducido el papel en una justa proporci&oacute;n, el aumento de los signos facilitar&aacute; los cambios. Los primeros a&ntilde;os el aumento de la salida del numerario, que facilitar&aacute; la refundici&oacute;n de la moneda macuquina, aumentar&aacute; la introducci&oacute;n y el consumo de los g&eacute;neros de Europa; y como el aumento de esta moneda es moment&aacute;neo, su diminuci&oacute;n en los a&ntilde;os siguientes obligar&aacute; a los negociantes a cambiar una parte de sus mercader&iacute;as por papel, que no teniendo valor fuera del Reino, se han de ver precisados a cambiarlo por frutos para poder exportar su valor; y h&eacute; aqu&iacute; que el papel que a primera vista parece que va a destru&iacute;r el Reino, es el que va a forzar, dig&aacute;moslo as&iacute;, su prosperidad.</p>     <p>Por lo que hace a las ventajas que esta sola parte ofrece a la Metr&oacute;poli, la cuenta es bien sencilla: las cantidades que ahora entran de esta colonia continuar&aacute;n lo mismo, y los primeros a&ntilde;os se aumentar&aacute;n con la refundici&oacute;n de la moneda macuquina. Pero esto no es nada: $1.000.000, por ejemplo, s&oacute;lo aumentan su riqueza en una riqueza pasajera de 1.000.000 de pesos: en lugar de que recibiendo tambi&eacute;n materias primeras, 1.000.000 de pesos en algod&oacute;n, aumentan su riqueza en una riqueza permanente de cuatro o cinco millones despu&eacute;s de manufacturado: con el empleo de muchos brazos nacionales y de la marina.</p>     <p>El cobre, como el papel moneda, debe entrar en parte para saldar las p&eacute;rdidas que la refundici&oacute;n de la macuquina deb&iacute;a ocasionar, y para facilitar las compras en el menudeo, quebrados y gasto diario. Pero no circunscribamos su utilidad a tan estrechas miras: ve&aacute;mosla en grande.</p>     <p>Es cierto que el mayor volumen de la moneda de cobre hace que su tr&aacute;fico en grande no pueda ser tan usual como el oro y la plata; pero tambi&eacute;n es cierto que en Europa circula hoy un n&uacute;mero inmenso de esta moneda. Ac&uacute;&ntilde;ese al principio s&oacute;lo la necesaria a nuestro intento del fin&iacute;simo cobre de Moniquir&aacute;, con un tanto m&aacute;s de su peso respectivo a las monedas de Europa, y perm&iacute;tase su salida, no s&oacute;lo para Espa&ntilde;a sino para los pa&iacute;ses extranjeros; d&eacute;sele un valor en Espa&ntilde;a correspondiente a su peso respectivo a la que corre en el d&iacute;a: y las inagotables minas de Moniquir&aacute; van a ser un nuevo Potos&iacute;.</p>     <p>La Suecia paga una parte de las mercader&iacute;as del Mediod&iacute;a con su cobre. Las minas de este metal en Hungr&iacute;a se calculan como un manantial de riquezas, que har&iacute;an circular muchos millones si su cobre fuera m&aacute;s manejable. &iquest;Por qu&eacute; no lo ser&aacute;n las nu&eacute;stras, que son m&aacute;s ricas, y su metal dulce, m&aacute;s manejable y cargado de plata, lo que sube naturalmente su ley?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cobre bajo la forma de moneda no deja de ser fuera del Reino una mercader&iacute;a que compra, no s&oacute;lo el que tiene necesidad de este metal, sino el que tiene necesidad de signos. En una palabra, el cobre bruto lo compra el comerciante que quiere traficar con &eacute;l; y el cobre-moneda lo compra el comerciante, el artesano, el labrador y todo el mundo.</p>     <p>Ya se conoce que no es aqu&iacute; el lugar donde yo debo entrar a detallar el m&eacute;todo de recoger la moneda macuquina, y de hacer el cambio del papel y del cobre.</p>     <p>Aunque he apuntado, hablando de las alcabalas, que los frutos que deben pagar a la salida recompensar&aacute;n las p&eacute;rdidas que la supresi&oacute;n de los derechos interiores deb&iacute;an causar, no creo que deba entrar a tratar de las tarifas. Este importante punto pide un plan bien meditado, y formado sobre buenos principios: esto es, sobre el conocimiento pr&aacute;ctico de los frutos del Reino, y de las distancias de los puertos en que se cultivan con mejor suceso; su estimaci&oacute;n respectiva en los mercados de Europa; su mayor o menor competencia; y finalmente, los que merecen fomentarse con preferencia; distinguiendo los que entran en nuestro consumo y manufacturas, de los que s&oacute;lo entran en el comercio con las otras naciones. Sin estos conocimientos particulares en cada ramo; sin esta atenci&oacute;n en equilibrar la utilidad del Erario, con las ventajas del comercio y de la Naci&oacute;n en general, siempre se encontrar&aacute;n en las tarifas una porci&oacute;n de inconvenientes que se entrechocar&aacute;n para destru&iacute;rse mutuamente. El cacao, por ejemplo, paga hoy derechos crecidos, y el a&ntilde;il no los paga, sin otra raz&oacute;n que un principio demasiado general, de que es un ramo nuevo, y que libre de derechos se animar&aacute; su cultivo. Pero &iquest;se ha examinado si conviene el cultivo del a&ntilde;il en este Reino? &iquest;Se han pesado los inconvenientes que puede traer en lo sucesivo este fomento? El a&ntilde;il, de menos volumen que el cacao, y sin derechos, va destruyendo su cultivo, que para restablecerlo se necesitan de siete a diez a&ntilde;os. El a&ntilde;il es destructor de la poblaci&oacute;n: es un ramo ya muy com&uacute;n en los mercados de Europa; la qu&iacute;mica va sustituyendo otros colores en su lugar, y la competencia del a&ntilde;il no puede durar largo tiempo sin decaer mucho de su valor. En lugar de que el cacao se hace cada d&iacute;a de un uso m&aacute;s universal; su cultivo no ataca a la poblaci&oacute;n, ni hace temer la competencia; es una de las producciones que m&aacute;s convienen a este suelo; esta es su patria, y su consumo en algunas partes de Espa&ntilde;a y en toda la Am&eacute;rica se puede mirar como de primera necesidad. As&iacute; el a&ntilde;il deber&iacute;a pagar derechos en este Reino, que quiz&aacute; no convendr&iacute;a que pagase en Guatemala; y el cacao deber&iacute;a pagar menos de lo que paga en el d&iacute;a.</p>     <p>Por lo que queda dicho hasta aqu&iacute;, se ve que mi idea ha sido s&oacute;lo presentar mis pensamientos a un golpe de vista, sujet&aacute;ndome a lo que he cre&iacute;do sumamente preciso para que se conozca su utilidad, sin entrar en detalles ni reflexiones que ofuscan muchas veces el fondo del asunto principal; pero si se creyere que merecen toda la atenci&oacute;n que yo pienso, estoy pronto a levantar las dificultades que ocurran y a dar un plan detallado de cada punto en particular, y de todos en general, con los auxilios necesarios. S&oacute;lo me tomo la libertad de suplicar que no se decida, a primera vista, de su utilidad o inconveniencia, sino que antes bien se examinen con un sabio pirronismo; porque no es extra&ntilde;o el encontrar oposici&oacute;n cuando se trata de reformar abusos inveterados, por m&aacute;s esfuerzos que se hagan para correr el velo que los cubre. Newton, el primer calculador del universo, tuvo que ceder en un asunto de c&aacute;lculo al imperio de la preocupaci&oacute;n, cuando se trataba de reformar la moneda de plata en Inglaterra: as&iacute;, yo repito lo que dec&iacute;a el caballero Bernard tratando del mismo asunto. "Convido, dec&iacute;a, a todos los que conocen el da&ntilde;o presente a que en lugar de desaprobar mi proposici&oacute;n hagan otra mejor: servir&aacute;n a la patria, y yo se lo agradecer&eacute; de todo coraz&oacute;n".</p>     <p>Es necesario tener presente que hablo de una colonia, y que me contraigo a los principios que me parecen le convienen en particular, sin detenerme en que est&eacute;n o n&oacute; recibidos generalmente, ni en examinar si son convenientes en otras partes. Baste que sigan el inter&eacute;s rec&iacute;proco de la colonia con la Metr&oacute;poli.</p>     <p>Es necesario tambi&eacute;n advertir que todo cuanto digo es sacado del fondo de mis meditaciones en un encierro, destitu&iacute;do de todo auxilio; que no he tenido otra gu&iacute;a que mis deseos de acertar, y que mi situaci&oacute;n me disculpa de los defectos que quiz&aacute; en otra hubiera podido evitar. Mas en pol&iacute;tica como en matem&aacute;ticas, el conjunto de muchas verdades produce casi siempre un uso &uacute;til; si yo he acertado a presentar algunas, aunque no haya atinado en el modo, me doy por satisfecho. Nada me presagia tan fuertemente mi suerte futura como la complacencia que experimenta mi coraz&oacute;n cuando traslado al papel el fruto de mis meditaciones y desvelos.</p>     <p>No he cre&iacute;do conveniente el mezclar en este papel otros puntos igualmente &uacute;tiles, aunque no de t&aacute;nta importancia, y que se pueden mirar en parte como pertenecientes a la polic&iacute;a del Reino, como son los arbitrios para aumentar las rentas de propios y para la composici&oacute;n de caminos: el modo de dar salida a ciertos renglones particulares, y el de fomentar otros que no entran en el d&iacute;a en el comercio; los medios de proveer el Reino de algunos utensilios de suma necesidad; el establecimiento de una f&aacute;brica de riqu&iacute;simas porcelanas en Pamplona; el trabajo de las minas de platina y del metal; los fondos para mantener y adelantar las misiones, etc., etc., etc. Sobre todo esto hablar&eacute;, si se adopta lo que llevo propuesto, y que ha de servir como de base a estos objetos menores. Pero dejar&iacute;a sin llenar la idea que me he propuesto si concluyera sin decir una palabra sobre la administraci&oacute;n de justicia.</p>     <p>Una de las enfermedades m&aacute;s destructoras de esto Reino es la man&iacute;a de los pleitos, que junto a la lentitud y embarazo de los procesos y al pillaje de los escribanos, etc., causa un atraso incre&iacute;ble en la fortuna de los particulares. Nada es m&aacute;s com&uacute;n que ver a un propietario abandonar sus posesiones, hacer un viaje de veinte o treinta d&iacute;as de camino, permanecer a&ntilde;os enteros en la puerta de los Tribunales y consumir finalmente la parte de hacienda que tiene cultivada, por litigar otro terreno inculto, que ni &eacute;l ni sus hijos podr&aacute;n cultivar. &iquest;Qui&eacute;n creer&iacute;a, si no lo estuvi&eacute;ramos palpando, que en donde nada est&aacute; m&aacute;s de sobra que las tierras, la mayor parte de los pleitos sean por un pedazo de tierra? Pero no se limita a este punto su man&iacute;a y el desorden de los procesos. Todos los d&iacute;as vemos comenzar un pleito por los linderos de unas tierras, y acabar por la honra y la hacienda de los litigantes. Homero habr&iacute;a encontrado aqu&iacute; en qu&eacute; emplear su fecunda imaginaci&oacute;n, si hubiera querido limitarse a cantar las guerras de los particulares que han comenzado por un capricho y acabado por la ruina de ambas partes. Podemos asegurar sin exageraci&oacute;n que los pleitos en este Reino son un azote m&aacute;s destructor que los huracanes y los terremotos en las Antillas. Yo conozco una poblaci&oacute;n entera en la Provincia de M&eacute;rida, que a&ntilde;os atr&aacute;s estaba floreciente, y que en el d&iacute;a no conoce m&aacute;s riquezas que los legajos de los pleitos que la han destruido. &iquest;No se podr&aacute; oponer un dique a este torrente impetuoso que arrastra tras s&iacute; la desolaci&oacute;n del Reino?</p>     <p>Como este punto no me es enteramente propio, y por otra parte, temer&iacute;a excederme si quisiese profundizarlo demasiado, me contentar&eacute; con apuntar lo que me parece m&aacute;s necesario para su remedio.</p>     <p>Todo el celo y actividad de los Ministros de la Real Audiencia no puede dar abasto a la multitud de pleitos y causas criminales que ocurren diariamente, y as&iacute; ser&iacute;a conveniente crear un tribunal criminal enteramente separado de la Audiencia, o una sala de alcaldes del crimen como la tiene M&eacute;jico, para que de este modo se facilitara el despacho; pues si los litigantes sufren en sus haciendas, no sufren menos en sus personas los infelices a quienes su desgracia conduce a una prisi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El adoptar aqu&iacute; el establecimiento de jueces de paz me parece que ser&iacute;a otro remedio para cortar de alg&uacute;n modo la man&iacute;a de los pleitos. Si por una parte se obliga a los litigantes a que no puedan ocurrir a los Tribunales sin haberse presentado antes a los jueces de paz, y o&iacute;do verbalmente las proposiciones de acomodo; y por otra se les asigna a los jueces de paz una cierta cantidad sobre los litigantes, en el caso que terminen sus querellas, para animarlos con el inter&eacute;s que les resultar&aacute; en el acomodo de las partes, creo que bien presto se har&iacute;an sentir los buenos efectos de su establecimiento.</p>     <p>El pie sobre que est&aacute;n montados algunos de los gobiernos, corregimientos y tenencias en este Reino, es el menos a prop&oacute;sito para mantener la tranquilidad, la justicia y el buen orden; el tr&aacute;fico con sus s&uacute;bditos es permitido a unos, ordenado en otros, y tolerado a casi todos. Este punto me arrastrar&iacute;a demasiado lejos si quisiera pintar las extorsiones, las injusticias y des&oacute;rdenes que ocasiona esta tolerancia o abuso; b&aacute;steme decir con un poeta:</p>     <p align="center">. el vil inter&eacute;s,    <br> Arbitro de la suerte,    <br> Vende siempre el m&aacute;s d&eacute;bil    <br> Al crimen del m&aacute;s fuerte.</p>     <p>He o&iacute;do decir muchas veces que estos des&oacute;rdenes son inevitables en Am&eacute;rica; pero lo cierto es que si hay des&oacute;rdenes inevitables en todo el mundo, &eacute;stos no lo son absolutamente en Am&eacute;rica. &iquest;Por qu&eacute; ha de ser inevitable que, como lo vemos todos los d&iacute;as, parta un Gobernador o Teniente sin camisa, y vuelva al cabo de tres o cuatro a&ntilde;os cargado de los despojos de los pueblos que se le confiaron para que les administrase justicia y promoviese su adelantamiento? Me parece que esto necesita remedio, y que lo tiene: el escoger personas de luces y de probidad para estos empleos; el asignarles rentas proporcionadas, y prohibirles el comercio; el promoverlos al fin de sus gobiernos, si han llenado las intenciones del Soberano, y el castigarlos irremisiblemente si han abusado del poder que se les confiri&oacute;, son, en mi concepto, verdaderos remedios para un mal tan contagioso en Am&eacute;rica, y que puede al fin ocasionar muy malas consecuencias, por la ignorancia y arbitrariedad de los que llenan com&uacute;nmente estos empleos.</p>     <p>No s&eacute; si ser&aacute; fuera de prop&oacute;sito el apuntar aqu&iacute; que ser&iacute;a conveniente la formaci&oacute;n de un peque&ntilde;o c&oacute;digo criminal americano. &iquest;Por qu&eacute; los distintos climas que producen la palma y el moscatel no producir&aacute;n variedad en los delitos y exigir&aacute;n un m&eacute;todo distinto de castigarlos y precaverlos? Adem&aacute;s de esto, su formaci&oacute;n simplificar&iacute;a las f&oacute;rmulas, abreviar&iacute;a los procesos, har&iacute;a sensible el terror que trae la pronta ejecuci&oacute;n del criminal, y aliviar&iacute;a al inocente de una larga prisi&oacute;n mil veces peor que la muerte. Me parece que esta no es una obra de muchos a&ntilde;os. Los modelos que en esta clase ofrece hoy la Europa y el conocimiento del hombre y de las costumbres de estos pa&iacute;ses, para poder hacer justas aplicaciones, creo que son todos los materiales que se necesitan para facilitar su pronta formaci&oacute;n.</p>     <p>Estos son, en mi concepto, los remedios que la necesidad, la justicia y el inter&eacute;s de la Monarqu&iacute;a exigen por ahora en estas Provincias. Estos son los medios de hacer florecer el Erario, el Reino y el comercio nacional; estos son, finalmente, los muros de bronce que deben asegurar una perpetua paz, a pesar de cuanto han dicho respetables pol&iacute;ticos que conoc&iacute;an la Am&eacute;rica por anteojo de larga vista. Yo no propongo el que se establezcan f&aacute;bricas o manufacturas, que har&iacute;an decaer el comercio nacional, y que perjudicar&iacute;an en una colonia naciente, abundante en frutos y escasa de brazos; no me olvido de que las riquezas de una colonia deben ser diferentes de las de la Metr&oacute;poli, y que esta diferencia es la que debe entretener el comercio rec&iacute;proco. No propongo la impunidad de los delitos, sino el que se castiguen sin demora, y que se reformen los abusos en la administraci&oacute;n de justicia. No presento pensamientos metaf&iacute;sicos e impracticables, sino f&aacute;ciles y asequibles. No me olvido del inter&eacute;s de los pueblos cuando trato del fomento del Erario, ni de &eacute;ste cuando hablo de los medios de fomentar el Reino; y finalmente, en el conjunto de todas estas cosas, m&aacute;s bien que en la fuerza de las armas, creo que consiste la seguridad y la paz de estos dominios.</p>     <p>Bendito sea mil veces el sabio Ministro que a la sombra de un gran Monarca podr&aacute; decir: "yo plante&eacute; la paz en uno y otro mundo: por m&iacute; respiran millares de vasallos al otro lado de los mares; y en mis d&iacute;as la abundancia y el contento se han derramado en uno y otro hemisferio, como el roc&iacute;o de la ma&ntilde;ana sobre las flores marchitas".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Presentado al Excelent&iacute;simo se&ntilde;or Virrey para que lo dirigiese a Su Majestad, en 16 de diciembre de 1797.</p>     <p>Antonio Nari&ntilde;o</p>     <p><b>NOTA AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Es decir, que los <i>fueros</i> son gravos&iacute;simos a los pueblos; porque constituyen una multitud de derechos que pesan como doble carga sobre los no exceptuados, para poder formar el equilibrio. Claro est&aacute; que si las contribuciones valen como 500, los contribuyentes son 1.000, pero entre &eacute;stos hay 300 empleados y eclesi&aacute;sticos, los 700 individuos restantes pagar&aacute;n como 1.000.</p></font>      ]]></body>
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