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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL CONCEPTO DE EQUILIBRIOS MÚLTIPLES EN CIENCIAS SOCIALES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The concept of equilibrium has become the centerpiece of modern economic analysis. Moreover, it has provided the impetus behind the expansion of economic theory into areas of the social sciences that used to be regarded as remote. The current paper aims at explaining the changes in economic science that have brought about this process, while at the same time offering a cursory discussion of the foundations of the concept of equilibrium, its strengths, the methodological challenges it presents, especially as regards the case of "multiple equilibria", and a sketch of alternatives that could tackle said challenges.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>EL CONCEPTO DE EQUILIBRIOS M&Uacute;LTIPLES EN CIENCIAS SOCIALES</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE CONCEPT OF MULTIPLE EQUILIBRIA IN SOCIAL SCIENCES</b></p>     <p><i>Luis Fernando Medina</i>*</p>     <p>* Doctor en Econom&iacute;a, investigador senior del Instituto Juan March, Madrid, Espa&ntilde;a, &#91;<a href="mailto:lfmedina@march.es">lfmedina@march.es</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 10 de enero de 2011, fecha de modificaci&oacute;n: 7 de febrero de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 11 de marzo de 2011.</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>&#91;Palabras clave: equilibrio, ciencias sociales; JEL: D50&#93;</p>     <p>El concepto de equilibrio se ha convertido en el eje central del an&aacute;lisis econ&oacute;mico moderno. M&aacute;s a&uacute;n, ha sido este mismo concepto el que ha dado &iacute;mpetu a la expansi&oacute;n de la teor&iacute;a econ&oacute;mica hacia esferas de las ciencias sociales que antes le eran ajenas. El presente art&iacute;culo busca explicar el proceso de cambio en la ciencia econ&oacute;mica que ha llevado a esta situaci&oacute;n, as&iacute; como ofrecer una discusi&oacute;n somera de los fundamentos del concepto de equilibrio, sus fortalezas, los retos metodol&oacute;gicos que plantea, en especial en el caso de los "equilibrios m&uacute;ltiples", y esbozar algunas alternativas para abordar dichos desaf&iacute;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT&nbsp;</b></p>     <p align="left">&#91;Keywords: equilibria, social sciences; JEL: D50&#93;</p>     <p>The concept of equilibrium has become the centerpiece of modern economic analysis. Moreover, it has provided the impetus behind the expansion of economic theory into areas of the social sciences that used to be regarded as remote. The current paper aims at explaining the changes in economic science that have brought about this process, while at the same time offering a cursory discussion of the foundations of the concept of equilibrium, its strengths, the methodological challenges it presents, especially as regards the case of "multiple equilibria", and a sketch of alternatives that could tackle said challenges.</p> <hr>     <p>Si se intentara establecer cu&aacute;l es la categor&iacute;a central del an&aacute;lisis econ&oacute;mico moderno, quiz&aacute; el lugar privilegiado le corresponder&iacute;a al equilibrio. Es dif&iacute;cil pensar en un problema econ&oacute;mico en cuyo an&aacute;lisis no intervenga la noci&oacute;n de equilibrio. Podr&iacute;amos ir m&aacute;s lejos: m&aacute;s que un concepto es un estilo de an&aacute;lisis, un enfoque, el lente a trav&eacute;s del cual el economista contempor&aacute;neo trata de entender la realidad social.</p>     <p>Puesto que es imposible disponer de un aparato conceptual que capte la realidad tal como es, toda ciencia debe partir de un criterio de relevancia, de una noci&oacute;n de cu&aacute;les fen&oacute;menos son dignos de an&aacute;lisis, y cu&aacute;les no, es decir, cu&aacute;les tienen cierta permanencia inherente y cu&aacute;les son, en cambio, eventos puramente transitorios que, por eso mismo, poco o nada nos pueden ense&ntilde;ar sobre la estructura profunda de la realidad. En el caso del an&aacute;lisis econ&oacute;mico, la pieza maestra que ayuda a discernir estos asuntos es el concepto de equilibrio. Para entender por qu&eacute; y c&oacute;mo, repasemos el origen del problema.</p>     <p><b>EL CONCEPTO DE EQUILIBRIO COMO EJE EXPLICATIVO </b></p>     <p>Una discusi&oacute;n detallada de las nociones epistemol&oacute;gicas subyacentes al an&aacute;lisis econ&oacute;mico moderno, y de las controversias que le dieron vida, supera los l&iacute;mites de este escrito. Pero bien vale hacer unas breves observaciones para aclarar el contexto.</p>     <p>La ciencia econ&oacute;mica moderna es, en esencia, una disciplina deductiva. Es decir, parte de unas premisas te&oacute;ricas y luego procede a razonar sobre ellas en busca de conclusiones que a su vez se refieran a fen&oacute;menos observables. Para decirlo en forma pedestre, buena parte del an&aacute;lisis econ&oacute;mico transcurre antes e incluso sin necesidad de observar datos de la realidad. Esta actitud le ha merecido toda clase de cr&iacute;ticas, buenas y malas, e incluso chistes, tambi&eacute;n buenos y malos (supongo que todo lector de esta revista ha escuchado el del abrelatas). Pero, sea como sea, el deductivismo es una forma de abordar el problema, de separar lo permanente y relevante de lo transitorio y secundario.</p>     <p>Como en buena medida todas las ciencias deductivas actuales son herederas de la f&iacute;sica, y &eacute;sta tuvo sus primeras victorias en la astronom&iacute;a, no viene mal a este prop&oacute;sito pensar, por ejemplo, en las constelaciones. Las estrellas est&aacute;n repartidas en la b&oacute;veda celeste conforme a patrones que se han mantenido estables durante toda la existencia de la especie humana, y se han observado durante milenios. Con suficiente capacidad de observaci&oacute;n es f&aacute;cil establecer regularidades. De ah&iacute; vienen todas las constelaciones, las del zodiaco y las dem&aacute;s. En cierto modo, podr&iacute;amos decir que la astrolog&iacute;a era una disciplina eminentemente emp&iacute;rica.</p>     <p>Para el astr&oacute;nomo, este estado de cosas presenta varios problemas. Primero, &iquest;c&oacute;mo saber que los patrones establecidos son correctos? Despu&eacute;s de todo, bien se hubieran podido agrupar las estrellas de otra manera y concluir que en vez del guerrero Ori&oacute;n lo que se ve all&iacute; arriba es una figura totalmente distinta. Segundo, y tal vez m&aacute;s importante, &iquest;c&oacute;mo saber que esos patrones son dignos de atenci&oacute;n? Aun si estuviera de acuerdo en agrupar las estrellas para formar a Ori&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; eso es algo relevante?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al empirismo a ultranza de los astr&oacute;logos que los precedieron, los herederos de Kepler, Galileo y Newton opusieron un sistema deductivo basado en leyes universales. Para el astr&oacute;nomo moderno la configuraci&oacute;n de las constelaciones no tiene mayor inter&eacute;s en s&iacute;, mientras que la &oacute;rbita el&iacute;ptica de los planetas, un fen&oacute;meno muy relevante, responsable de las estaciones, por ejemplo, es una consecuencia l&oacute;gica de las leyes de la f&iacute;sica.</p>     <p>En los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado culmin&oacute; en econom&iacute;a una revuelta similar. El razonamiento deductivo en econom&iacute;a es acaso tan antiguo como la disciplina. El mismo Adam Smith consagr&oacute; un esfuerzo sustancial a elaborar su teor&iacute;a del valor-trabajo (aunque a la postre resultara plagada de vaguedades). Pero fue s&oacute;lo despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial que ese estilo de an&aacute;lisis se volvi&oacute; preponderante.</p>     <p>Un episodio decisivo en este proceso fue el debate sobre el estudio de los ciclos econ&oacute;micos en Estados Unidos elaborado por el National Bureau of Economic Research en 1946: un trabajo descomunal que establec&iacute;a patrones de co-movimiento entre numerosos datos de series de tiempo sobre agregados de la econom&iacute;a norteamericana. En aquel entonces, ya estaba alcanzando su madurez la generaci&oacute;n de economistas que liderar&iacute;a la disciplina en la postguerra, entre los que se destacaba el grupo de la Comisi&oacute;n Cowles. Fue precisamente uno de los miembros de esa comisi&oacute;n, el futuro premio Nobel Tjalling Koopmans, quien redact&oacute; la cr&iacute;tica m&aacute;s visible al voluminoso informe, con un t&iacute;tulo bastante elocuente: "Medici&oacute;n sin teor&iacute;a" (Koopmans, 1947). Para este autor, y en general para los deductivistas de esta nueva generaci&oacute;n, hacer un reporte de todas las correlaciones entre centenares de series econ&oacute;micas era un ejercicio tan laborioso e in&uacute;til como buscar figuras mitol&oacute;gicas en la b&oacute;veda celeste. Desde su punto de vista, sin una teor&iacute;a que guiara el an&aacute;lisis era imposible saber si cierta correlaci&oacute;n constitu&iacute;a una tendencia profunda de la econom&iacute;a norteamericana, o si m&aacute;s bien era resultado de otras fuerzas que el mero an&aacute;lisis estad&iacute;stico hab&iacute;a sido incapaz de develar, o incluso si era una simple coincidencia sin importancia.</p>     <p>En este clima intelectual de desencanto con aquel empirismo a ultranza, ascendi&oacute; a la posici&oacute;n dominante el esquema anal&iacute;tico que se ven&iacute;a gestando desde los tiempos de L&eacute;on Walras y que lleg&oacute; a su codificaci&oacute;n sistem&aacute;tica con los trabajos de Hicks y Samuelson. A diferencia de la sociolog&iacute;a, por ejemplo, que tambi&eacute;n empez&oacute; a adquirir madurez cient&iacute;fica a finales del siglo XIX, la ciencia econ&oacute;mica se fue construyendo sobre una premisa muy controversial: los fen&oacute;menos agregados se explican en funci&oacute;n de los actos individuales y no al rev&eacute;s. En t&eacute;rminos actuales, el an&aacute;lisis econ&oacute;mico es, ante todo, an&aacute;lisis de los microfundamentos de la acci&oacute;n humana. A esta premisa, los economistas de la "revoluci&oacute;n marginalista" le a&ntilde;adieron otra, tanto o m&aacute;s controversial: la noci&oacute;n de que, de todas las facetas de la acci&oacute;n humana, la que merece un papel central a la hora de explicar fen&oacute;menos econ&oacute;micos es la racionalidad medios-fines.</p>     <p>No es &eacute;ste el lugar para discutir si estas premisas son plausibles o no. Se han escrito vol&uacute;menes enteros en torno a este debate. Lo que importa se&ntilde;alar aqu&iacute; es que, una vez aceptadas estas premisas, no estamos muy lejos de erigir el concepto de equilibrio como categor&iacute;a anal&iacute;tica central.</p>     <p>Consideremos, por ejemplo, el problema que ocup&oacute; a Walras: el comportamiento del sistema de precios. En una econom&iacute;a de mercado, los precios de todas las mercanc&iacute;as fluct&uacute;an constantemente en la vida diaria. Por tanto, para poder decir algo significativo sobre el sistema de precios es necesario saber cu&aacute;les precios obedecen a fuerzas profundas de la estructura econ&oacute;mica y cu&aacute;les son, por el contrario, simples valores epis&oacute;dicos. Ante este problema, los economistas de la primera generaci&oacute;n de "neocl&aacute;sicos" optaron por sistematizar una de las observaciones m&aacute;s consistentes y duraderas de la historia econ&oacute;mica: la ley de la oferta y la demanda.</p>     <p>Visto as&iacute; el problema, los precios est&aacute;n siempre gravitando en torno al punto donde la oferta y la demanda se igualan, es decir, en torno al equilibrio del mercado. Si un precio fluct&uacute;a, sus fluctuaciones no son arbitrarias sino que conducen, tarde o temprano, al equilibrio.</p>     <p>Aunque los primeros economistas neocl&aacute;sicos no ten&iacute;an a mano las herramientas anal&iacute;ticas de ahora, para ellos ya era claro que una expresi&oacute;n rigurosa del concepto de equilibrio deb&iacute;a dar cuenta de las interacciones entre m&uacute;ltiples agentes racionales. M&aacute;s concretamente, para ellos ya era claro en forma intuitiva, por lo menos en el caso de la formaci&oacute;n de precios, que un equilibrio es una situaci&oacute;n en la que ning&uacute;n agente racional se beneficia si cambia su curso de acci&oacute;n. Cuando un precio est&aacute; en equilibrio, todos los participantes en el mercado obtienen el mayor beneficio posible, dadas las decisiones de los dem&aacute;s: los productores no se beneficiar&iacute;an si aumentaran (o disminuyeran) su oferta y los consumidores no se beneficiar&iacute;an si ofrecieran pagar un precio distinto. Los lectores familiarizados con la teor&iacute;a de juegos advertir&aacute;n que esta definici&oacute;n es an&aacute;loga a la definici&oacute;n de equilibrio de Nash. En efecto, un equilibrio de Nash en un juego es, precisamente, un perfil de estrategias tal que ning&uacute;n jugador se beneficia de una desviaci&oacute;n unilateral.</p>     <p>En ese sentido, no es accidental que los cabos que dej&oacute; sueltos el an&aacute;lisis walrasiano (en especial, la falta de un argumento convincente sobre la existencia del equilibrio) se ataran en el art&iacute;culo de Arrow y Debreu (1954). Cuando desarrollaron su modelo, Arrow y Debreu estaban en condiciones de aprovechar los avances logrados en la entonces naciente teor&iacute;a de juegos para probar que el equilibrio walrasiano no era otra cosa que un equilibrio de Nash en el juego definido por una econom&iacute;a con intercambio y producci&oacute;n sin rendimientos crecientes a escala.</p>     <p><b>INTERSUBJITIVIDAD Y CONTINGENCIA EN CIENCIAS SOCIALES: EL ENFOQUE DE LOS EQUILIBRIO M&Uacute;LTIPLES </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ya en su trabajo cl&aacute;sico <i>Valor y capital</i> (Hicks, 1939), Hicks consider&oacute; la posibilidad de que la funci&oacute;n de exceso de demanda de un bien <i>no</i> fuera monot&oacute;nicamente decreciente con respecto al precio. Si esto ocurre, es posible que haya varios precios a los cuales el exceso de demanda sea cero, es decir, que el mercado de ese bien pueda estar en equilibrio a distintos precios. Hicks mencion&oacute; esta posibilidad pero no le dedic&oacute; mucho tiempo y pas&oacute; r&aacute;pidamente a considerar el caso convencional. Pero este ejemplo relativamente temprano muestra que, aunque en sus or&iacute;genes la teor&iacute;a del equilibrio general ten&iacute;a ciertos baches, sus principales exponentes hab&iacute;an entendido que este nuevo programa de investigaci&oacute;n habr&iacute;a de abordar el problema de los equilibrios m&uacute;ltiples.</p>     <p>A este respecto hay dos preguntas fundamentales. Primero, una pregunta de orden ontol&oacute;gico: &iquest;cu&aacute;les son las causas de la existencia de equilibrios m&uacute;ltiples? Segundo, una pregunta epistemol&oacute;gica: en caso de que existan equilibrios m&uacute;ltiples, &iquest;cu&aacute;les son sus implicaciones para la teor&iacute;a?</p>     <p>La segunda pregunta se suele responder de manera sumaria: si un modelo presenta equilibrios m&uacute;ltiples, carece de poder predictivo. A simple vista, esto parece correcto. Despu&eacute;s de todo, si el equilibrio es el concepto predictivo por excelencia, los modelos con equilibrios m&uacute;ltiples en esencia formulan al mismo tiempo varias predicciones inconsistentes entre s&iacute;. De hecho, esta es una de las l&iacute;neas de ataque m&aacute;s comunes contra el an&aacute;lisis microecon&oacute;mico, especialmente cuando se trata de extenderlo a otras disciplinas (p. ej., la sociolog&iacute;a y la ciencia pol&iacute;tica).</p>     <p>A mi juicio esta respuesta es inadecuada. M&aacute;s adelante mostrar&eacute; por qu&eacute;. Por ahora subrayo que es apresurado asumir una postura ante las implicaciones epistemol&oacute;gicas del problema de los equilibrios m&uacute;ltiples sin antes preguntar a qu&eacute; se debe, cu&aacute;les son sus causas, es decir, sin antes abordar su aspecto ontol&oacute;gico.</p>     <p>No es este el lugar para hacer un an&aacute;lisis detallado de las circunstancias que propician la existencia de equilibrios m&uacute;ltiples. Pero podemos hacer unas observaciones generales que sirvan de gu&iacute;a.</p>     <p>Recordemos que el equilibrio es un perfil de estrategias tal que ning&uacute;n agente se beneficia de una desviaci&oacute;n <i>unilateral</i>. Este &uacute;ltimo t&eacute;rmino es clave: la noci&oacute;n de equilibrio nada dice sobre desviaciones multilaterales. De modo que bien puede ocurrir que en un equilibrio exista un grupo de agentes tal que cada uno podr&iacute;a mejorar su situaci&oacute;n si entre todos concertaran un curso de acci&oacute;n distinto. Si un juego tiene un equilibrio &uacute;nico, esta posibilidad no debe inquietarnos: al fin y al cabo, ese grupo de jugadores, una vez opte por desviarse del equilibrio, terminar&aacute; volviendo a &eacute;l. Pero este no es el caso con equilibrios m&uacute;ltiples, las desviaciones multilaterales pueden resultar en la aparici&oacute;n de un patr&oacute;n agregado de comportamiento totalmente distinto: un nuevo equilibrio.</p>     <p>Con esto nos encontramos ante una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes de los equilibrios m&uacute;ltiples: en un juego con equilibrios m&uacute;ltiples, el resultado que se observe depende de los entendimientos intersubjetivos de los agentes. Es decir, circunstancias que pueden parecer irrelevantes para el an&aacute;lisis del juego, que tienen que ver con la generaci&oacute;n de creencias mutuamente compartidas, resultan ser fundamentales para explicar el resultado final.</p>     <p>Para ilustrar este punto, acudamos a un ejemplo relativamente simple. Para organizar el tr&aacute;fico de una ciudad, la convenci&oacute;n de conducir por la derecha o la de conducir por la izquierda son equilibrios. Es decir, dado que todos los dem&aacute;s conductores van por la derecha (izquierda), a cada conductor individual le conviene seguir por la derecha (izquierda). Esto quiere decir que no hay nada en la estructura del problema de organizar el tr&aacute;fico en una ciudad que permita decir si se va a optar por una regla o por otra. El resultado final depende de circunstancias que nada tienen que ver con el problema. Por ejemplo, en muchos de los pa&iacute;ses en que se conduce por la izquierda un rasgo com&uacute;n es que son miembros de la Commonwealth brit&aacute;nica (Jap&oacute;n es una excepci&oacute;n). De hecho, es posible cambiar esta convenci&oacute;n, con relativa facilidad. Varios pa&iacute;ses lo han hecho. Aunque a ning&uacute;n conductor por separado le conviene desviarse unilateralmente de ninguno de estos equilibrios, si se generan creencias mutuas adecuadas, una desviaci&oacute;n multilateral (en este caso de todos los conductores) puede resultar aceptable.</p>     <p>Antes de seguir la discusi&oacute;n de aspectos sustantivos de este ejemplo, vale la pena hacer una pausa para observar algo que a simple vista puede parecer trivial: este ejemplo no tiene nada que ver con los problemas econ&oacute;micos de formaci&oacute;n de precios que discutimos antes. Y esa es parte de la fascinaci&oacute;n que ejerce la teor&iacute;a de juegos: al desarrollar un an&aacute;lisis de las interacciones sociales en su forma m&aacute;s abstracta, crea un lenguaje tan flexible que se puede aplicar a muchos dominios, m&aacute;s all&aacute; del estrictamente econ&oacute;mico al que, en parte, debe su origen. Por ello, la noci&oacute;n de equilibrios m&uacute;ltiples ha sido muy importante en el an&aacute;lisis de muy diversos fen&oacute;menos.</p>     <p>La lista de ejemplos es enorme y sigue creciendo. En 1969, el fil&oacute;sofo David Lewis (1969) utiliz&oacute; el tipo de an&aacute;lisis aqu&iacute; esbozado para dar cuenta del fen&oacute;meno de las convenciones sociales y ling&uuml;&iacute;sticas. En su cl&aacute;sico <i>Micromotives and macrobehavior</i>, Thomas Schelling (1978) sugiri&oacute; una fecunda serie de aplicaciones de este estilo de raciocinio. Tal vez el ejemplo m&aacute;s notable sea su an&aacute;lisis del fen&oacute;meno conocido como "fuga de blancos" (<i>white flight</i>) que tan hondo impacto tuvo sobre el paisaje urbano de Estados Unidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la &eacute;poca en que Schelling escribi&oacute; su an&aacute;lisis, la migraci&oacute;n de poblaci&oacute;n negra desde al sur hacia el norte hab&iacute;a alcanzado altos niveles, suficientes para hacerse sentir en centros urbanos importantes. Dado el bajo nivel de tolerancia racial de esa &eacute;poca, muchos blancos se trasladaron a barrios m&aacute;s alejados del centro, contribuyendo de paso a la expansi&oacute;n territorial de las ciudades, con profundas consecuencias sobre el uso de la tierra y los recursos.</p>     <p>Schelling hizo un ingenioso an&aacute;lisis de este fen&oacute;meno, represent&aacute;ndolo como un juego de equilibrios m&uacute;ltiples. A grandes rasgos, su an&aacute;lisis se puede resumir as&iacute;: supongamos que cada individuo tiene un umbral de tolerancia a miembros de la otra raza, es decir, un nivel m&aacute;ximo de personas de distinto color cerca de las cuales est&aacute; dispuesto a vivir. Pero el mecanismo que determina la mezcla racial de un barrio es totalmente descentralizado. Qui&eacute;n llega y qui&eacute;n se va depende de todas las transacciones individuales en el mercado de vivienda. Cada individuo responde a las consecuencias agregadas de los m&uacute;ltiples actos individuales de su entorno.</p>     <p>La observaci&oacute;n crucial de Schelling es que, en condiciones relativamente generales, existen varias mezclas raciales que pueden ser equilibrios. Supongamos, para poner s&oacute;lo un ejemplo, que cuando un barrio es en un 70% blanco, no es atractivo para inmigrantes negros pero que, rec&iacute;procamente, si por alguna raz&oacute;n la proporci&oacute;n de residentes negros aumenta por encima del 70%, los residentes blancos prefieren buscar otro sitio. Una vez superados dichos umbrales, el barrio termina volvi&eacute;ndose unirracial en alguno de los dos sentidos. M&aacute;s a&uacute;n, ese car&aacute;cter unirracial ser&aacute; un equilibrio. Ciudadanos de la raza minoritaria no querr&aacute;n ingresar y los de la raza mayoritaria tampoco querr&aacute;n salir.</p>     <p>Obviamente cabe preguntar por qu&eacute; habr&iacute;a de pasarse de una proporci&oacute;n a la otra. La observaci&oacute;n de Schelling es que mientras el barrio no se encuentre en equilibrio su composici&oacute;n demogr&aacute;fica estar&aacute; sometida a toda clase de vaivenes a medida que entran y salen personas de distinto color. En el momento en que se cruce uno de los dos umbrales, la din&aacute;mica del proceso empujar&aacute; hacia uno de los equilibrios unirraciales.</p>     <p>Schelling deduce un corolario interesante de este an&aacute;lisis: es posible que se llegue a un equilibrio unirracial sin necesidad de altos niveles de intolerancia racial entre los individuos. En cada uno de tales equilibrios bien puede ocurrir que la inmensa mayor&iacute;a de residentes est&eacute; dispuesta a aceptar, e incluso prefiera tener, m&aacute;s vecinos de la otra raza. Pero el resultado agregado no tiene necesariamente que ver con las preferencias individuales.</p>     <p>Vistas as&iacute; las cosas, la existencia de equilibrios m&uacute;ltiples parecer meter palos entre las ruedas del an&aacute;lisis econ&oacute;mico. Al fin y al cabo, el objetivo de los modelos de equilibrio general es precisamente poder inferir resultados agregados (en este caso, los precios) a partir de la estructura b&aacute;sica de preferencias de los individuos. Pero, como muestra el ejemplo de Schelling, en presencia de equilibrios m&uacute;ltiples dicha estructura b&aacute;sica no es suficiente para determinar el resultado final. Antes bien, el resultado final depende en &uacute;ltimas de muchas circunstancias, incluso de peque&ntilde;os accidentes que nada tienen que ver con la estructura subyacente. As&iacute;, en el caso de este barrio hipot&eacute;tico, mientras la composici&oacute;n demogr&aacute;fica no se encuentre en equilibrio, peque&ntilde;os cambios en el flujo de residentes, tanto hacia dentro como hacia afuera, pueden alterar el resultado final.</p>     <p>Como veremos m&aacute;s adelante, estos atisbos tienen profundas consecuencias para la manera de entender los fen&oacute;menos sociales. (En su debido momento me atrever&eacute; a decir que tambi&eacute;n hay algo de exageraci&oacute;n en esto.) Pero para apreciar el impacto de la noci&oacute;n de equilibrios m&uacute;ltiples, vale la pena hacer una lista muy parcial de fen&oacute;menos sociales que han sido interpretados con esta &oacute;ptica. Sin pretender hacer una lista exhaustiva, lo que ser&iacute;a casi imposible. Aun as&iacute;, la diversidad de temas es notable; esta forma de raciocinio se ha extendido m&aacute;s all&aacute; de los temas econ&oacute;micos en que surgi&oacute;.</p>     <p>En la teor&iacute;a econ&oacute;mica uno de los mecanismos m&aacute;s claramente asociados con la existencia de equilibrios m&uacute;ltiples es el de rendimientos crecientes a escala. De hecho, como ya mencion&eacute;, la primera prueba sistem&aacute;tica de existencia del equilibrio general, el modelo Arrow-Debreu, excluy&oacute; deliberadamente este caso porque para los economistas ya era claro que el caso de rendimientos crecientes requer&iacute;a un tratamiento especial. Con rendimientos crecientes a escala el tama&ntilde;o &oacute;ptimo de las firmas depende crucialmente de la demanda. Por tanto, el n&uacute;mero de consumidores de un bien determina no solamente la cantidad producida sino tambi&eacute;n la misma estructura de producci&oacute;n y, por ende, el mecanismo de fijaci&oacute;n de precios. La vieja noci&oacute;n de monopolio natural ya recog&iacute;a esta intuici&oacute;n. Tom&oacute; m&aacute;s tiempo reconocer y luego sistematizar el impacto de este fen&oacute;meno sobre el crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p>En los a&ntilde;os veinte, Allyn Young (1928) esboz&oacute; el argumento a manera de "variaciones en torno a un tema de Adam Smith", por decirlo as&iacute;. Una de las frases m&aacute;s conocidas de Adam Smith es que la divisi&oacute;n del trabajo depende del tama&ntilde;o del mercado. Pocos economistas posteriores han puesto el mismo &eacute;nfasis que Smith en el tema de la divisi&oacute;n del trabajo, y esta frase es parte de la lista de pronunciamientos venerables a los que rinden reverencia las nuevas generaciones, a la vez que les niegan relevancia. Allyn Young la tom&oacute; m&aacute;s en serio. Con rendimientos crecientes, el tama&ntilde;o del mercado puede entrar en una din&aacute;mica autosostenida de crecimiento mediante la cual ganancias de eficiencia en un sector repercuten sobre otros que a su vez lo retroalimentan.</p>     <p>Esta es una de las ideas centrales de la "nueva" teor&iacute;a del crecimiento econ&oacute;mico que despeg&oacute; en los a&ntilde;os ochenta, en especial a partir del trabajo de Paul Romer (1986) y de los modelos del "gran impulso" (Murphy et al., 1989). Cabe ser esc&eacute;ptico sobre el calificativo "nueva" aplicado a una teor&iacute;a que, en &uacute;ltimas, recoge ideas que circulaban desde los a&ntilde;os cincuenta y sesenta o, como en el caso de Allyn Young, desde 1928<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Pero para nuestros efectos lo importante es se&ntilde;alar que los nuevos modelos formales hicieron una sistematizaci&oacute;n de esas ideas en t&eacute;rminos de la noci&oacute;n de equilibrios m&uacute;ltiples.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con rendimientos crecientes, la productividad de un sector no est&aacute; determinada en forma &uacute;nica por su tecnolog&iacute;a. Para saber la escala a la que opera, y por tanto su productividad, es necesario conocer el tama&ntilde;o del mercado. Esto da lugar a la posibilidad de equilibrios m&uacute;ltiples: equilibrios con poca producci&oacute;n, poca demanda y baja eficiencia, y equilibrios con abundante producci&oacute;n, abundante demanda y alta eficiencia.</p>     <p>Otro campo donde la noci&oacute;n de equilibrios m&uacute;ltiples llev&oacute; a repensar el an&aacute;lisis convencional, hasta el punto de generar otra teor&iacute;a "nueva", es el del comercio internacional y la geograf&iacute;a econ&oacute;mica, especialmente a partir de los trabajos de Paul Krugman (1981). En la visi&oacute;n ortodoxa, el intercambio entre pa&iacute;ses est&aacute; determinado por las diferencias en la dotaci&oacute;n de factores. Pa&iacute;ses con capital abundante exportan bienes intensivos en capital a cambio de bienes intensivos en mano de obra, producidos en pa&iacute;ses donde &eacute;sta es la que abunda. Pero, como observ&oacute; Krugman, esto no explica el comercio de magnitudes muy considerables entre pa&iacute;ses con similares dotaciones de factores. El ejemplo cl&aacute;sico es el de Francia y Alemania, pa&iacute;ses con abundante capital y cada uno el principal socio comercial del otro. A&uacute;n m&aacute;s curioso, ambos pa&iacute;ses comercian bienes de alta tecnolog&iacute;a, con costos laborales semejantes. Al examinar el problema a la luz de los rendimientos crecientes, este aparente acertijo queda resuelto. En muchos sectores industriales (desde la producci&oacute;n de alfileres que tanto fascin&oacute; a Adam Smith hasta la moderna producci&oacute;n de piezas de maquinaria) la especializaci&oacute;n aumenta la productividad. Por tanto, es de esperar que en regiones econ&oacute;micas altamente integradas, como Francia y Alemania desde los a&ntilde;os cincuenta, la producci&oacute;n de ciertos bienes tienda a concentrarse geogr&aacute;ficamente en una zona, e incluso en una firma particular. Por tanto, es de esperar que estas unidades geogr&aacute;ficas participen en un vigoroso circuito comercial a pesar de que entre ellas no existan grandes diferencias en su dotaci&oacute;n inicial de factores. Lo mismo se puede decir de otros problemas de geograf&iacute;a econ&oacute;mica, y por eso no es sorprendente que el mismo Krugman haya aportado modelos econ&oacute;micos que buscan explicar la formaci&oacute;n de centros urbanos especializados en distintos tipos de producci&oacute;n (Krugman, 1991).</p>     <p>Aunque no es f&aacute;cil ofrecer un marco anal&iacute;tico unificado para saber cu&aacute;ndo un juego va a tener equilibrios m&uacute;ltiples, los ejemplos anteriores muestran un patr&oacute;n com&uacute;n. En los casos que hemos visto, si un agente toma una decisi&oacute;n (p. ej., ubicar una firma en el sitio X), al hacerlo genera incentivos para que otros agentes tomen decisiones (p. ej. ir a vivir en X) que a su turno hacen a&uacute;n m&aacute;s ben&eacute;fica la decisi&oacute;n inicial. De este modo se genera un ciclo de retroalimentaci&oacute;n entre las decisiones de los individuos. As&iacute;, el sistema podr&iacute;a estar en un equilibrio en el cual el ciclo no arranca y en otro en el que s&iacute; despega.</p>     <p>Una vez se piensa en ellos, es relativamente f&aacute;cil encontrar patrones de este tipo en muchos otros fen&oacute;menos sociales. De ah&iacute; la enorme difusi&oacute;n de los modelos de equilibrios m&uacute;ltiples. As&iacute;, por ejemplo, en estudios sobre criminalidad se han desarrollado modelos de este estilo (Glaeser et al., 1996). Hay distintos argumentos de equilibrios m&uacute;ltiples en esta literatura, pero todos tienen una estructura similar: mediante distintos mecanismos, el solo hecho de que un entorno tenga baja criminalidad hace mayor el costo de incurrir en actos criminales mientras que si, por alg&uacute;n mecanismo ex&oacute;geno, la criminalidad aumenta, reduce el costo para otros delincuentes potenciales, lo que lleva a aumentos a&uacute;n mayores que a su vez reducen a&uacute;n m&aacute;s el costo, y as&iacute; sucesivamente. El mecanismo var&iacute;a. Puede ser, por ejemplo, la probabilidad de detecci&oacute;n, captura y castigo. O que la criminalidad reduce la productividad de actividades econ&oacute;micas legales alternativas. Pero, como podemos apreciar, la estructura formal de equilibrios m&uacute;ltiples sigue siendo la misma.</p>     <p>Se pueden aducir mecanismos similares para la formaci&oacute;n de movimientos sociales y revolucionarios. Las revoluciones c&iacute;vicas que sacudieron a Europa Oriental en 1989, y llevaron al colapso de los reg&iacute;menes comunistas de ese entonces, cogieron por sorpresa a la inmensa mayor&iacute;a de los analistas, incluso a aquellos cuyo oficio era monitorear de cerca los eventos de la regi&oacute;n. S&uacute;bitamente, reg&iacute;menes policivos que, como el de Checoslovaquia, hab&iacute;an controlado y prevenido hasta los m&aacute;s m&iacute;nimos brotes de disidencia, fueron incapaces de impedir que millones de manifestantes se tomaran las calles. Timur Kuran (1991) y Suzanne Lohmann (1994) analizaron este proceso en t&eacute;rminos de equilibrios m&uacute;ltiples. Cuando existen pocos ciudadanos dispuestos a desafiar al r&eacute;gimen, el costo de intentarlo es muy elevado para cualquier individuo. Pero cuando las circunstancias llevan a una generalizaci&oacute;n de la protesta, su costo decrece, de modo que m&aacute;s y m&aacute;s ciudadanos se suman.</p>     <p>David Laitin (1998) utiliz&oacute; el mismo tipo de an&aacute;lisis para entender el problema de la supervivencia del idioma ruso entre las "di&aacute;sporas encalladas" de la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, es decir, entre rusoparlantes radicados en rep&uacute;blicas sovi&eacute;ticas en las que el idioma dominante no es el ruso y que, tras la ruptura de la Uni&oacute;n, sufren la presi&oacute;n de las autoridades locales para quitar al idioma ruso sus antiguas prerrogativas. Los prospectos de cambio ling&uuml;&iacute;stico en cada caso presentan una din&aacute;mica de equilibrios m&uacute;ltiples: en la medida en que suficientes rusoparlantes opten por la nueva lengua, m&aacute;s dif&iacute;cil ser&aacute; para los que quedan mantenerse recalcitrantes. En cambio, si el n&uacute;mero de personas que conservan el ruso es suficientemente grande, ser&iacute;a posible tener comunidades rusoparlantes viables en estos nuevos pa&iacute;ses, como ocurre en muchas otras partes del mundo.</p>     <p>Campos tan alejados de la econom&iacute;a como el de las pr&aacute;cticas culturales tambi&eacute;n se han visto revolucionados por el enfoque de equilibrios m&uacute;ltiples. As&iacute; lo muestran, por ejemplo, estudios sobre convenciones culturales ancestrales como la atrofia inducida de los pies entre las mujeres chinas hasta comienzos del siglo XX y la mutilaci&oacute;n genital femenina en &Aacute;frica que a&uacute;n contin&uacute;a en nuestros d&iacute;as. En la China imperial era costumbre entre familias de cierto rango social (aunque la pr&aacute;ctica a veces se extend&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del notablato) vendar los pies de las ni&ntilde;as para impedir su crecimiento. Era un distintivo social que mostraba inequ&iacute;vocamente -como los tacones altos hoy en d&iacute;a- que no ten&iacute;an que trabajar en el campo. A comienzos del siglo XX surgieron varias sociedades modernizantes que aborrec&iacute;an esta pr&aacute;ctica y fueron creando pactos entre familias en los que se compromet&iacute;an, unas a no atrofiar los pies de sus hijas y otras a casar a sus hijos con mujeres de pies normales. Una vez estos pactos cobijaron a suficientes personas se desencaden&oacute; una din&aacute;mica que cambi&oacute; el equilibrio: era cada vez m&aacute;s f&aacute;cil para una familia abandonar esa pr&aacute;ctica e incluso, en el l&iacute;mite, pod&iacute;a resultar contraproducente tratar de mantenerla. En algunas zona de &Aacute;frica se han ensayado enfoques similares para eliminar la antiqu&iacute;sima pr&aacute;ctica de la ablaci&oacute;n genital femenina (Mackie, 1996).</p>     <p><b>&iquest;M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LA CONTINGENCIA? </b></p>     <p>Es en cierto modo ir&oacute;nico que al desarrollarse y clarificarse el concepto de equilibrios m&uacute;ltiples, el paradigma resultante parezca ser lo opuesto de lo que se buscaba. Recordemos que la aspiraci&oacute;n &uacute;ltima de los economistas neocl&aacute;sicos de tiempos de Walras era discernir cu&aacute;les son los precios que reflejan la estructura profunda de un sistema econ&oacute;mico. El paradigma de equilibrios m&uacute;ltiples parece sugerir que dicho ejercicio es ocioso.</p>     <p>Cuando un sistema tiene m&uacute;ltiples equilibrios, el equilibrio que observamos no est&aacute; determinado por sus par&aacute;metros estructurales. Como vimos en el ejemplo de Schelling sobre homogeneizaci&oacute;n racial, el resultado final depende de accidentes, de peque&ntilde;as perturbaciones que impulsan el sistema hacia un equilibrio u otro con igual facilidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque la falta de pruebas no es indicio de una falta, me atrever&iacute;a a decir que esta idea ha llevado a que los estudiosos de estos modelos desde&ntilde;en las explicaciones de fen&oacute;menos sociales basadas en causas estructurales. El paradigma de equilibrios m&uacute;ltiples invita a pensar en la realidad social como algo intr&iacute;nsecamente contingente, vol&aacute;til, susceptible de cambiar en forma duradera debido a choques aleatorios. Siendo as&iacute;, se podr&iacute;a argumentar que quien pretenda explicar la realidad social como algo que obedece a causas estructurales profundas (como suelen hacerlo varios programas de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, como el marxismo y buena parte de las escuelas sociol&oacute;gicas) est&aacute; construyendo sobre arena movediza. En la medida en que el proceso que lleva a un equilibrio y no a otro requiere un cambio en los entendimientos intersubjetivos de los participantes, una explicaci&oacute;n cabal de la realidad observable requiere dar cuenta de c&oacute;mo cambian esos entendimientos. En esa medida, las ideas, las percepciones y las creencias juegan un papel preponderante.</p>     <p>A mi juicio, esa actitud lleva a extremos indebidos las ense&ntilde;anzas del paradigma de equilibrios m&uacute;ltiples. Cierto es que los accidentes, el azar y los cambios s&uacute;bitos de percepci&oacute;n son parte importante de todo proceso social. Pero es err&oacute;neo, o por lo menos intelectualmente perezoso, tomar esto como excusa para ignorar el papel de las condiciones estructurales en el encauzamiento de los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos.</p>     <p>Cierto es que la criminalidad en un barrio de una gran ciudad puede perpetuarse gracias a la creaci&oacute;n de una "cultura del crimen" que disuade a los individuos de optar por actividades legales y en cambio los incentiva al crimen. Pero no es menos cierto que esta clase de entendimientos intersubjetivos son m&aacute;s persistentes en situaciones de postraci&oacute;n econ&oacute;mica.</p>     <p>Cierto es que la ca&iacute;da de las dictaduras de Europa Oriental tuvo mucho que ver con el cambio de percepci&oacute;n de los ciudadanos acerca de la robustez del r&eacute;gimen. Pero no es menos cierto que Europa Oriental ven&iacute;a acumulando problemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que fueron gestando los niveles de descontento que explotaron en 1989.</p>     <p>Cierto es que la persistencia de enclaves ling&uuml;&iacute;sticos en un pa&iacute;s depende en buena medida de que haya niveles de masa cr&iacute;tica que los hagan autosostenibles. Pero no es menos cierto que esos niveles dependen de otros factores, por ejemplo, de la intensidad de las interacciones comerciales con otras regiones y el resto del mundo.</p>     <p>Contrario a lo que suele creerse, la teor&iacute;a de juegos no avala este rechazo vertical de las explicaciones estructurales. En teor&iacute;a de juegos los equilibrios dependen de condiciones epist&eacute;micas que comparten todos los participantes (p. ej., de las creencias mutuas de los jugadores sobre qu&eacute; van a hacer los dem&aacute;s), y esas condiciones epist&eacute;micas son ex&oacute;genas desde el punto de vista del juego. Pero aunque la teor&iacute;a de juegos no nos dice nada sobre el origen de tales creencias, s&iacute; nos puede decir mucho sobre sus resultados.</p>     <p>Tradicionalmente, la teor&iacute;a de juegos se ha dedicado a caracterizar equilibrios. Pero esto no tiene por qu&eacute; excluir otros an&aacute;lisis igualmente rigurosos. En un juego, cada equilibrio tiene lo que Harsanyi y Selten (1988) denominaron un "conjunto de estabilidad", es decir, un conjunto de posibles creencias compartidas por los jugadores tales que en el momento en que una de ellas se vuelve conocimiento com&uacute;n, la respuesta &oacute;ptima es jugar el equilibrio en cuesti&oacute;n<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p>Dado que todos los veh&iacute;culos de mi ciudad circulan por la derecha, para m&iacute; es &oacute;ptimo conducir por la derecha. Pero esta optimalidad es a&uacute;n m&aacute;s robusta. Si, por alguna raz&oacute;n, hubiera en la ciudad un veh&iacute;culo que circula por la izquierda (suponiendo que no lo detuviera la polic&iacute;a), ser&iacute;a absurdo que yo empezara inmediatamente a conducir por la izquierda. As&iacute; evitar&iacute;a chocar contra ese veh&iacute;culo, pero me expondr&iacute;a a much&iacute;simos accidentes con los dem&aacute;s. Lo mismo ocurre con un n&uacute;mero suficientemente peque&ntilde;o de veh&iacute;culos. Esto es lo que da robustez al equilibrio. No cualquier desviaci&oacute;n lo destruye, para ello se necesitan desviaciones de suficiente magnitud.</p>     <p>&iquest;Cu&aacute;l es el "n&uacute;mero suficientemente peque&ntilde;o de veh&iacute;culos"? Dada la vaguedad de este ejemplo, no preciso las magnitudes. Pero en modelos formales de teor&iacute;a de juegos es posible calcularlas. Desde el punto de vista anal&iacute;tico, a&uacute;n m&aacute;s importante que la posibilidad de calcular tales magnitudes es el hecho de que se puede establecer en forma rigurosa que &eacute;stas dependen de la estructura misma del juego.</p>     <p>Aunque ser&iacute;a absurdo que condujera por la izquierda por el hecho de que un solo conductor en toda la ciudad ya lo est&aacute; haciendo, consideremos otro escenario hipot&eacute;tico, quiz&aacute; m&aacute;s irreal pero ilustrativo. Supongamos que hay cinco mil veh&iacute;culos que est&aacute;n circulando por la izquierda (y suponiendo otra vez, en aras de la discusi&oacute;n, que no hay polic&iacute;a que lo impida). La decisi&oacute;n de si debo o no cambiar de carril depender&aacute; de varios factores. Por ejemplo, si los veh&iacute;culos en cuesti&oacute;n son tractomulas descomunales que van a alta velocidad, ser&iacute;a prudente cambiar de carril.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque aumente mi probabilidad de chocar con otros veh&iacute;culos normales, ser&iacute;an choques de los que tal vez podr&iacute;a salir ileso, mientras que chocar contra una de aquellas tractomulas ser&iacute;a fatal.</p>     <p>A pesar de lo artificioso, este ejemplo ilustra un principio fundamental de los conjuntos de estabilidad que lamentablemente se suele ignorar en los an&aacute;lisis de juegos de equilibrios m&uacute;ltiples: la estabilidad de un equilibrio depende de todo el conjunto de par&aacute;metros del juego, en especial, de los costos y beneficios que enfrentan los jugadores. A la luz de este principio podemos entender por qu&eacute;, en los ejemplos anteriores, aunque el resultado final observable dependa de accidentes y cambios repentinos en las percepciones de los individuos, la estructura del juego sigue cumpliendo un papel crucial, aunque no determinante, en el curso de los acontecimientos. Es de esperar que los equilibrios m&aacute;s robustos tiendan a ser m&aacute;s duraderos. En condiciones controladas (p. ej., en juegos experimentales) es plausible esperar que la probabilidad de que los agentes coordinen en torno a un equilibrio dependa de qu&eacute; tan robusto es este equilibrio.</p>     <p>Me gustar&iacute;a formular las &uacute;ltimas dos frases del p&aacute;rrafo anterior en forma m&aacute;s decisiva (sin cl&aacute;usulas tales como "es de esperar" o "es plausible esperar"). Lamentablemente, dado que la literatura sobre equilibrios m&uacute;ltiples suele ignorar la importancia de los conjuntos de estabilidad, no ha habido esfuerzos sistem&aacute;ticos por validar emp&iacute;ricamente este tipo de predicciones y, m&aacute;s en general, los resultados de est&aacute;tica comparativa que son posibles gracias a este an&aacute;lisis. Pero estoy convencido de que se trata de una promisoria l&iacute;nea de investigaci&oacute;n.</p>     <p>Seamos optimistas. No hay ninguna raz&oacute;n de fondo para que el an&aacute;lisis de equilibrio de los fen&oacute;menos sociales sea incompatible con otros enfoques de &iacute;ndole estructural. Al contrario, es posible una s&iacute;ntesis fecunda para ambas escuelas. Es obvio que cada uno de los participantes en la s&iacute;ntesis ha de pagar un precio. En los enfoques estructurales se tendr&iacute;an que aceptar algunas de las nociones de racionalidad individual y la insistencia en la necesidad de microfundamentos que caracterizan al an&aacute;lisis econ&oacute;mico desde hace mucho tiempo. Por su parte, en la teor&iacute;a de la decisi&oacute;n racional se tendr&iacute;a que reconocer que el proceso de g&eacute;nesis de las creencias colectivas depende de muchos factores que escapan a las consideraciones estrat&eacute;gicas t&iacute;picas del an&aacute;lisis de teor&iacute;a de juegos. Pero estoy convencido de que el resultado, una ciencia social que pueda dar cuenta simult&aacute;neamente de las acciones individuales y de las estructuras en las que ocurren, compensar&iacute;a con creces ese precio.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Dicho sea de paso, a pesar de haber sido un art&iacute;culo muy prominente en su momento, el trabajo de Allyn Young cay&oacute; en el olvido entre los economistas de habla inglesa hasta ser "redescubierto" en los a&ntilde;os ochenta. Pero, por peripecias hist&oacute;ricas dignas de m&aacute;s espacio que el que aqu&iacute; les puedo dar, en nuestras latitudes el trabajo de Young mantuvo su vigencia durante ese largo olvido gracias a los esfuerzos de uno de sus estudiantes y admiradores: Lauchlin Currie.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Un tratamiento m&aacute;s general de los conjuntos de estabilidad y sus implicaciones se puede encontrar en Medina (2007).</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p> 1. Arrow, K. J. y G. Debreu. "Existence of an equilibrium for a competitive economy", <i>Econometrica</i> 22, 3, 1954, pp. 265-290.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996201100010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Glaeser, E. L., B. Sacerdote y J. A. Scheinkman. "Crime and social interactions", <i>The Quarterly Journal of Economics</i> 111, 2, 1996, pp. 507-548.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-5996201100010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Harsanyi, J. y R. Selten. <i>A general theory of equilibrium selection</i>, Cambridge, MIT Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996201100010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Hicks, J. R. <i>Value and capital: An inquiry into some fundamental principles of economic theory</i>, Oxford, Oxford University Press, 1939.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-5996201100010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Koopmans, T. C. "Measurement without theory", <i>Review of Economic Statistics</i> 29, 3, 1947, pp. 161-172.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996201100010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Krugman, P. R. "Intra-industry specialization and the gains from trade", <i>The Journal of Political Economy</i> 89, 5, 1981, pp. 959-973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-5996201100010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Krugman, P. R. "Increasing returns and economic geography", <i>The Journal of Political Economy</i> 99, 3, 1991, pp. 483-499.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201100010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Kuran, T. "Now out of never: The element of surprise in the Eastern European Revolution of 1989", <i>World Politics</i> 44, 1, 1991, pp. 7-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-5996201100010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Laitin, D. <i>Identity in formation: The Russian-speaking populations in the near abroad</i>, Ithaca, Cornell University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201100010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Lewis, D. <i>Convention: A philosophical study</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-5996201100010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Lohmann, S. "The dynamics of informational cascades: The Monday demonstrations in Leipzig, East Germany, 1989-91", <i>World Politics</i> 47, 1, 1994, pp. 42-101.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201100010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Mackie, G. 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Schelling, T. <i>Micromotives and macrobehavior</i>, New York, Norton, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-5996201100010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Young, A. A. "Increasing returns and economic progress", <i>The Economic Journal</i> 38, 152, 1928, pp. 527-542.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201100010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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