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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Facultad de Economía ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>HOMENAJE A ENRIQUE LOW MURTRA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>TRIBUTE TO ENRIQUE LOW MURTRA</b></p>     <p align="left"><i>Jorge Iv&aacute;n Bula</i>*</p>     <p align="left">* Doctor en Sociolog&iacute;a, decano de la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:jibulae@unal.edu.co">jibulae@unal.edu.co</a>&#93;.</p> <hr>     <p>Se&ntilde;or Rector Doctor Fernando Hinestrosa, se&ntilde;or Decano de la Facultad de Econom&iacute;a doctor Mauricio P&eacute;rez, doctor Antonio Hern&aacute;ndez, doctor Luis Fernando L&oacute;pez, doctor Jos&eacute; Manuel &Aacute;lvarez, se&ntilde;ora Yoshiko de Low, Amalia y Olga Low, amigos y amigas todos.</p>     <p>No puedo dejar de expresar el orgullo que me embarga al haber sido honrado, de manera inmerecida por lo dem&aacute;s, para hablar en nombre de los egresados de nuestra Facultad de Econom&iacute;a, y en particular de quienes tuvimos el privilegio de haber sido disc&iacute;pulos de un Maestro como lo fue en muchos aspectos a los que he de referirme, el doctor Enrique Low Murtra.</p>     <p>No pudimos ser m&aacute;s afortunados los estudiantes de mi generaci&oacute;n por haber cursado dos materias con una persona para quien lo p&uacute;blico y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, los problemas de la justicia y la distribuci&oacute;n eran parte de sus preocupaciones intelectuales y acad&eacute;micas: teor&iacute;a fiscal y, su corolario, pol&iacute;tica fiscal. No s&oacute;lo por el dominio que el doctor Low demostraba sobre el tema, reconocido como una de las grandes autoridades en la materia, sino especialmente por la pasi&oacute;n y por la frescura con que impart&iacute;a sus clases. Y cuando me refiero a la pasi&oacute;n, deseo destacar c&oacute;mo buscaba transmitir sus convicciones, producto de su juiciosa disciplina como investigador, sobre el papel de la fiscalidad en la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s equitativa y el car&aacute;cter irrenunciable del Estado como regulador y hacedor de pol&iacute;ticas en este &aacute;mbito de la econom&iacute;a y en tantos otros que &eacute;l consideraba igualmente necesarios. Y hablar de su frescura no es otra cosa que hablar del talante democr&aacute;tico del Maestro Enrique, pues quiz&aacute;s no haya una imagen m&aacute;s marcada en nuestra memoria que su apertura de esp&iacute;ritu para discutir e intercambiar puntos de vista dis&iacute;miles, con la paciencia y la tranquilidad que siempre demostraba. No recuerdo jam&aacute;s haber percibido en &eacute;l, en nuestras discusiones en clase, actitudes que descalificaran o prejuzgaran alguna opini&oacute;n expresada por cualquiera de sus disc&iacute;pulos. Y en la &eacute;poca en la que fuimos sus alumnos, en el momento en que la llamada "lucha de las ideolog&iacute;as" alcanzaba su cl&iacute;max, esta disposici&oacute;n de tolerancia, de apertura intelectual, y por qu&eacute; no decirlo, pol&iacute;tica, contrastaba con el esp&iacute;ritu dogm&aacute;tico reinante entre los adalides de las distintas corrientes que se disputaban los espacios acad&eacute;micos y deliberativos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&Eacute;ramos pues depositarios de un vasto conocimiento producto de una parte, de su bagaje te&oacute;rico resultante de su f&eacute;rrea disciplina de estudio -supongo quiz&aacute;s heredada de sus genes germ&aacute;nicos y de otra parte, de su larga y reconocida experiencia profesional en el sector p&uacute;blico que hac&iacute;an de &eacute;l precisamente la autoridad por todos reconocida.</p>     <p>Enrique Low era pues un gran acad&eacute;mico y, sin la menor duda, uno de los mejores pedagogos de la econom&iacute;a con el que nos hayamos podido topar en el tr&aacute;nsito por estas estimulantes aulas. Ten&iacute;a la virtud de transmitir los conceptos m&aacute;s complejos, que en una disciplina como la econom&iacute;a suelen ser abundantes, de una manera tan sencilla y cristalina que pr&aacute;cticamente no dejaba resquicios o zonas grises sobre las cuales no hubiese quedado un pleno entendimiento. Salir de una clase de Enrique era como salir, y perd&oacute;nenme la analog&iacute;a, de un restaurante de cinco estrellas, porque quedaba la satisfacci&oacute;n de haber sido servido con la obra maestra del chef, cuyo gusto perdura en el paladar a&uacute;n despu&eacute;s de dejar el recinto. As&iacute; eran sus cursos. Porque adem&aacute;s de irradiar el conocimiento propio de la materia, o&iacute;rle hablar era ser testigo de su amplia cultura en todas las acepciones del t&eacute;rmino, de su vasto conocimiento de lo que se llaman las artes liberales, y adem&aacute;s de su bonhom&iacute;a, de la forma siempre respetuosa con la que trataba a sus cong&eacute;neres.</p>     <p>Esa bonhom&iacute;a era adem&aacute;s reconocida -y la recuerdo muy bien por los comentarios que cuando se es estudiante siempre se hacen de los profesores- por un aspecto que siempre se&ntilde;al&aacute;bamos de su personalidad y que estaba en boca de todos y cada uno, el de su ternura. Aunque quiz&aacute;s deba hacer una precisi&oacute;n, creo que era una expresi&oacute;n m&aacute;s frecuentemente utilizaban nuestras compa&ntilde;eras, porque en nuestra generaci&oacute;n -en una &eacute;poca en que la cultura machista se impon&iacute;a de manera a&uacute;n m&aacute;s severa- en el g&eacute;nero masculino no era bien visto el uso de ese tipo de calificativos, y quiz&aacute;s la forma de expresarlo era asentir con ellas, ante nuestra cohibici&oacute;n para expresar lo que quiz&aacute;s hubi&eacute;semos querido vociferar sin ambages: &iexcl;cu&aacute;n tierno es nuestro Maestro Enrique Low!</p>     <p>Todos esos rasgos, su vasto conocimiento, su sencillez, su cultura, su bonhom&iacute;a y su ternura seguramente explican su capacidad para cautivar a sus auditorios, pues era imposible distraerse en alguna de sus clases, y cr&eacute;anme que lo digo con conocimiento de causa, porque desde peque&ntilde;o he sido de esas personas con una alta propensi&oacute;n a abstraerme de la realidad, por fortuna, para muchas otras materias ten&iacute;a el apoyo de las notas de clase de mis colegas.</p>     <p>Todas esas caracter&iacute;sticas de la personalidad de Enrique Low se reflejaban fuera del aula de clase, en los corredores, en la calle donde a veces nos cruz&aacute;bamos con &eacute;l, porque a pesar de sus dificultades motrices era un buen peat&oacute;n -supongo que por ese amor a lo p&uacute;blico- y, como directivo de la Facultad, en su propia oficina. Expresi&oacute;n de ello es una an&eacute;cdota, se&ntilde;or Rector, que me voy a permitir confesar, aunque muy seguramente no sea un secreto para usted. A finales de los a&ntilde;os setenta, cuando ingres&eacute; a &eacute;sta mi Alma Mater, no se hab&iacute;a institucionalizado en el mundo universitario la figura de la representaci&oacute;n estudiantil, como es hoy ya generalizado en cualquier universidad privada o p&uacute;blica. No recuerdo exactamente el problema que nos aquejaba en ese momento, pero por razones que no son del caso explicar ahora, yo era uno de aquellos estudiantes del curso a quienes se reconoc&iacute;a, o por lo menos eso creo, cierto liderazgo para tomar la vocer&iacute;a del grupo en situaciones insatisfactorias que se pudiesen presentar. Era en ese sentido una especie de representante estudiantil espont&aacute;neo de mi cohorte. Quiz&aacute; fuese alg&uacute;n docente con el que est&aacute;bamos insatisfechos, o algo de ese tipo. Hab&iacute;amos elevado, eso s&iacute; recuerdo bien, una queja formal, y en una de las clases, siendo Enrique el decano de la Facultad, en frente del grupo me invit&oacute; a su oficina, junto a los otros l&iacute;deres del movimiento, como se dec&iacute;a entonces, a exponer la situaci&oacute;n. Nos recibi&oacute; en su despacho, nos escuch&oacute; atentamente, y aunque no recuerdo el desenlace preciso del asunto, lo que s&iacute; tengo en mente es que gracias a esa invitaci&oacute;n los &aacute;nimos se calmaron, y encontramos en el "se&ntilde;or decano" a un interlocutor dispuesto a dialogar y a buscar una salida al problema. Ese era su esp&iacute;ritu. Su talante democr&aacute;tico, su actitud liberal y progresista que siempre lo caracteriz&oacute;. Por eso no me extra&ntilde;&oacute; leer en el blog creado por su esposa y sus hijas con ocasi&oacute;n de este vig&eacute;simo aniversario de su muerte que en la universidad se lo catalogaba como izquierdista-socialista-liberal.</p>     <p>Creo, adem&aacute;s, que esa tolerancia que siempre manifest&oacute; se apoyaba en un rasgo de su personalidad de mayor trascendencia a&uacute;n. Enrique Low era una persona profundamente solidaria, a&uacute;n en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles, como es bien sabido de algunas de las situaciones que tuvo que enfrentar, y lo era particularmente con sus estudiantes, gracias a la generosidad que siempre manten&iacute;a hacia nosotros.</p>     <p>Tiene pues la figura de Enrique Low Murtra una trascendencia por todo lo que &eacute;l represent&oacute; como persona. Como alg&uacute;n ex presidente del pa&iacute;s lo describi&oacute; alguna vez, era todo un "ser moral". Sin duda una persona de una &eacute;tica profunda. Si hoy se me preguntase que fue lo que m&aacute;s aprend&iacute; del Maestro Enrique Low, sin vacilaci&oacute;n dir&iacute;a que fue su mirada &eacute;tica de las cosas, su car&aacute;cter inquebrantable frente a la corrupci&oacute;n, que infortunadamente lo llev&oacute; incluso a sacrificar su vida. Buscando en el m&aacute;gico mundo de internet el archivo de la triste noticia que enlut&oacute; a su familia, a sus amigos y a quienes fuimos sus disc&iacute;pulos, encontr&eacute; en la nota informativa del diario <i>El Pa&iacute;s</i> una frase con la que se recuerda a Enrique y que creo que da cuenta de su tes&oacute;n: "Me puede temblar la voz pero no la moral".</p>     <p>Comentando en estos d&iacute;as con una de mis compa&ntilde;eras de clase la honrosa invitaci&oacute;n que la Universidad me hab&iacute;a hecho para hablar en este homenaje a su memoria, ella me dec&iacute;a que si Enrique Low estuviese a&uacute;n vivo entre nosotros, dir&iacute;amos de &eacute;l con toda certeza que es un hombre bueno, y que no tendr&iacute;amos que haber esperado su muerte para afirmarlo, porque como dice el adagio popular todos los muertos terminan siendo buenos. Y s&oacute;lo puedo compartir con ella plenamente esta opini&oacute;n, siempre vimos en &eacute;l esa bondad que afloraba casi como a trasluz, por todos los poros de su ser.</p>     <p>Pero su trascendencia, y creo que no pod&iacute;a ser de otra manera, tambi&eacute;n se manifiesta en el &aacute;mbito acad&eacute;mico, como buen exponente que era de estos quehaceres, y pienso que la Universidad Externado, en particular su Facultad de Econom&iacute;a, han sido sus m&aacute;s fieles custodios. De alguna manera creo justo afirmar que Enrique Low fue pionero de una corriente interdisiciplinaria que se ha abierto paso en las disciplinas jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas, el campo de lo que en el mundo anglosaj&oacute;n se conoce como "Law and Economics", y que en nuestro &aacute;mbito se asemeja al campo del Derecho Econ&oacute;mico, si mi apreciaci&oacute;n es correcta. Y no podr&iacute;a encontrar terreno mejor abonado, en trat&aacute;ndose de dos &aacute;reas del conocimiento de fuerte tradici&oacute;n acad&eacute;mica en nuestra Universidad.</p>     <p>Perm&iacute;tame, se&ntilde;or Rector, la siguiente licencia, pidiendo excusas de antemano por lo abusiva que pueda parecer, pero tengo la plena convicci&oacute;n de que la figura de Enrique Low Murtra, como uno de los directivos de esta Universidad y uno de sus m&aacute;s destacados docentes que fue, era la expresi&oacute;n de un perfecto matrimonio, un hombre moralmente libre para una universidad librepensadora, ella tambi&eacute;n guardiana celosa de la moral y de la &eacute;tica. Como se dice coloquialmente, estaban hechos uno para el otro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Me enter&eacute; del asesinato de Enrique a unos cuantos miles de kil&oacute;metros de aqu&iacute;, toda vez que me encontraba haciendo mis estudios de posgrado en el exterior. Recuerdo el estupor, la desaz&oacute;n y la profunda tristeza que sent&iacute; al escuchar la noticia y la impotencia no s&oacute;lo frente al hecho mismo sino por mi imposibilidad de acompa&ntilde;ar a sus seres queridos en las honras f&uacute;nebres. Por ello no puedo dejar de expresar mi profundo sentimiento de gratitud a la Universidad por haberme dado la oportunidad de ser hoy uno de los oradores en este homenaje, que de alguna manera compensa mi ausencia en el d&iacute;a que m&aacute;s hubiese querido estar presente para darle un &uacute;ltimo adi&oacute;s a mi Maestro. Revisando el blog al que me refer&iacute; antes, caigo en cuenta que la edad a la que muri&oacute; Enrique es similar a la que hoy tengo cuando expreso estas palabras, y me digo a mi mismo, que no es posible, ni justo, que una persona a la que es imposible superar, contrario a lo que se espera siempre de los disc&iacute;pulos, haya visto cortada su existencia antes de tiempo, del tiempo que a&uacute;n habr&iacute;a podido brindarle a su esposa y a sus hijas, a sus amigos y a otras tantas generaciones de estudiantes universitarios que se privaron del privilegio de conocer a uno de los m&aacute;s grandes hombres del siglo XX del cual el mundo acad&eacute;mico y pol&iacute;tico del pa&iacute;s haya sido testigo, y el pa&iacute;s mismo. Sea esta la oportunidad para unirme a su familia en la remembranza y en la exaltaci&oacute;n de su nombre, y en nombre revisar si deja as&iacute; de los egresados de la Facultad y de quienes fuimos sus disc&iacute;pulos decirles que Enrique Low Murtra fue y ser&aacute; siempre nuestro gran maestro, que reposa en lo m&aacute;s profundo de nuestros corazones y de nuestras mentes.</p>     <p>Mil gracias</p> </font>      ]]></body>
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