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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA MITOLOGÍA DEL BANCO CENTRAL INDEPENDIENTE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LA MITOLOG&Iacute;A DEL BANCO CENTRAL INDEPENDIENTE</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE MYTHOLOGY OF THE INDEPENDENT CENTRAL BANK</b></p>     <p align="center"><i>El debate sobre la banca central independiente: El caso colombiano</i>, Luc&iacute;a Montoya Cadavid de Restrepo, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, Estudios de caso en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas n.&ordm; 13, 2007, 178 pp.</p>     <p><i>Jairo Parada Corrale</i>s*    <br>   <i>Cristina Albor Cepeda</i>**</p>     <p>* Doctor en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia, &#91;<a href="mailto:jparadac@uninorte.edu.co">jparadac@uninorte.edu.co</a>&#93;.</p>     <p>** Economista, investigadora del Departamento de Econom&iacute;a de la Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia, &#91;<a href="mailto:calbor@uninorte.edu.co">calbor@uninorte.edu.co</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 19 de octubre de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 10 de febrero de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de abril de 2011.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>El debate sobre la banca central independiente</i>, de Luc&iacute;a Montoya, es un trabajo muy completo y pluralista en su enfoque y su narraci&oacute;n, as&iacute; como en el uso de fuentes bibliogr&aacute;ficas y period&iacute;sticas, de los hechos m&aacute;s relevantes en la historia reciente del Banco de la Rep&uacute;blica y los debates sobre su papel en el marco establecido por la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, que consagr&oacute; su autonom&iacute;a administrativa, t&eacute;cnica y patrimonial. Un gran valor de este trabajo es la exposici&oacute;n detallada y concisa de los diferentes puntos de vista en torno a esta idea, que a&uacute;n hoy discuten economistas de todas las corrientes. En este aspecto difiere de otros escritos que desde un principio cierran filas en defensa de la independencia del Banco Central, como el de Kalmanovitz (2003). Este trabajo presenta al lector las diversas posiciones sobre este aspecto crucial del manejo de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica colombiana desde que se adoptaron las reformas econ&oacute;micas de los a&ntilde;os noventa. Para los estudiosos, investigadores y ciudadanos interesados en el tema, el libro es una buena aproximaci&oacute;n.</p>     <p>En el cap&iacute;tulo primero, "El marco conceptual", se exponen los or&iacute;genes te&oacute;ricos e hist&oacute;ricos de la idea de un Banco Central independiente impulsada por la nueva ortodoxia econ&oacute;mica, y se analizan los fen&oacute;menos de estanflaci&oacute;n y de hiperinflaci&oacute;n que en los a&ntilde;os setenta llevaron a replantear la relaci&oacute;n entre crecimiento e inflaci&oacute;n. Considerando distintos enfoques te&oacute;ricos, la autora revisa los argumentos en favor o en contra de la banca central independiente, y muestra que los problemas de medici&oacute;n de la correlaci&oacute;n entre menor inflaci&oacute;n e independencia de los bancos centrales han sembrado dudas sobre los fundamentos conceptuales de esta idea. No obstante, la inclinaci&oacute;n por la independencia del Banco Central es predominante entre los encargados de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica no s&oacute;lo en nuestro pa&iacute;s sino en gran parte del mundo. Y este cap&iacute;tulo sintetiza los argumentos m&aacute;s s&oacute;lidos en su favor. Al final, la autora destaca la importancia del tema para la econom&iacute;a institucional, sin diferenciar sus varias corrientes, lo que en esta discusi&oacute;n era necesario pues mantienen posiciones diferentes frente a este tema, como luego veremos.</p>     <p>El cap&iacute;tulo segundo, "Antecedentes del actual Banco de la Rep&uacute;blica", rese&ntilde;a los esfuerzos anteriores a la creaci&oacute;n del Banco de de la Rep&uacute;blica", rese&ntilde;a los esfuerzos anteriores a la creaci&oacute;n del Banco de Republica   para establecer un Banco Central como autoridad monetaria. Hace una breve revisi&oacute;n de las caracter&iacute;sticas del sistema de banca central anterior al actual y se&ntilde;ala un conjunto de lecciones que "la b&uacute;squeda de un ordenamiento monetario y la evoluci&oacute;n de esa institucionalidad (monetaria)" han dejado en Colombia. Recuerda en forma sint&eacute;tica los per&iacute;odos en que el Banco Central colombiano desempe&ntilde;&oacute; funciones de fomento adem&aacute;s de las monetarias, y la Junta Monetaria acumul&oacute; experiencia en la esfera monetaria. Aqu&iacute; cabe destacar algo que hoy parece haberse olvidado, y es que en el pa&iacute;s no hubo hiperinflaciones y que la labor de ese organismo no fue tan negativa como hoy se pretende.     <p> En este cap&iacute;tulo, la autora destaca algunas ideas motivo de debate. Primera, que el Gobierno no debe controlar la emisi&oacute;n monetaria, la cual da primac&iacute;a al control de la inflaci&oacute;n: "el control de la inflaci&oacute;n (de esta manera) quedaba relegado en la escala de los objetivos de pol&iacute;tica". Segunda, que el endeudamiento del Gobierno con el Banco Central debe estar sometido a fuertes restricciones. Aqu&iacute; no presenta la autora muchos argumentos te&oacute;ricos o emp&iacute;ricos, pero relata la historia de las regulaciones que permit&iacute;an que el Gobierno recurriera al banco como fuente de financiamiento y destaca que "a lo largo de seis d&eacute;cadas (1930-1990) el Gobierno nacional s&oacute;lo acudi&oacute; en 2 ocasiones, y de manera transitoria, a endeudamientos extraordinarios en el Banco de la Rep&uacute;blica" Este dato es crucial pues en la historia monetaria del pa&iacute;s no ha sido tradici&oacute;n el uso de la emisi&oacute;n directa, de modo que los temores de los ‘independistas’ parecen basarse m&aacute;s en consideraciones dogm&aacute;ticas e ideol&oacute;gicas que en la tradici&oacute;n institucional del pa&iacute;s. La tercera, que el Banco Central no debe cumplir labores de fomento; aqu&iacute; primero se muestra que en el pasado se recurr&iacute;a a inversiones obligatorias del sector financiero para obtener parte de los recursos de los fondos de fomento, lo cual obstaculizaba la profundizaci&oacute;n financiera, y luego que la facilidad para obtener recursos de largo plazo a tasas preferenciales desestimulaba el desarrollo del mercado de capitales y propiciaba la asignaci&oacute;n ineficiente de esos recursos. Por &uacute;ltimo, la autora se&ntilde;ala que puesto que la emisi&oacute;n monetaria estaba contemplada como una fuente de recursos de los fondos financieros, se los acusaba de propiciar la laxitud monetaria. Cabe se&ntilde;alar que la autora recoge estos argumentos pero no los contrasta, as&iacute; sea brevemente, con la industrializaci&oacute;n que se logr&oacute; en los cincuenta a&ntilde;os anteriores al dominio de la nueva ortodoxia (1930-1980), una &eacute;poca en la cual resultados en materia de empleo fueron mejores que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, proceso que en parte fue apoyado por estos fondos. Es decir que no todo fue negativo en la experiencia de estos fondos, suprimidos con las reformas de los a&ntilde;os noventa sin que fueran remplazados por una banca de desarrollo.      <p> En el cap&iacute;tulo tercero, "El debate previo a la Constituyente", la autora expone desde diferentes puntos de vista, primero, las cr&iacute;ticas a la Junta Monetaria, "expresi&oacute;n de un excesivo presidencialismo" y "causa de un conflicto de intereses"; segundo, las cr&iacute;ticas al Banco de Rep&uacute;blica en su doble papel de Banco Central y banco de fomento, y tercero, las cr&iacute;ticas a la financiaci&oacute;n monetaria del d&eacute;ficit, a la que se atribuye la responsabilidad del excesivo crecimiento de la base monetaria. Al final del cap&iacute;tulo, se podr&iacute;a haber destacado el choque entre dos proyectos opuestos en la Constituyente: uno basado en la autorregulaci&oacute;n de los mercados y la eficiencia econ&oacute;mica, el otro basado en un mayor papel del Estado en la econom&iacute;a en pro del bienestar social. Hablar de un "consenso" acad&eacute;mico sobre la independencia del Banco Central es sesgado, pues ese mundo acad&eacute;mico se limitaba a ciertos ambientes capitalinos donde predominaban economistas ortodoxos, y no recog&iacute;a las visiones del tema que hab&iacute;a en el resto del pa&iacute;s y entre analistas de otras vertientes del pensamiento econ&oacute;mico colombiano. En la decisi&oacute;n final quiz&aacute; influy&oacute; el hecho de que los constituyentes del segundo bloque no ten&iacute;an claridad sobre las implicaciones de la independencia del Banco Central para el manejo de la pol&iacute;tica monetaria.      <p> El cap&iacute;tulo cuarto, "El debate en la Constituyente", describe puntualmente, mostrando tambi&eacute;n diversas opiniones, algunos aspectos que se discutieron en la Asamblea Constituyente: la coordinaci&oacute;n entre las funciones del banco y la pol&iacute;tica econ&oacute;mica general, las funciones del banco como autoridad cambiaria, la integraci&oacute;n de la Junta Directiva y la financiaci&oacute;n al Gobierno. Aqu&iacute;, la autora destaca la voz de autores como Javier Fern&aacute;ndez Riva, quien vio los peligros del nuevo dise&ntilde;o que se propon&iacute;a, m&aacute;s inspirado en el Consenso de Washington que en una supuesta racionalidad social, sobre todo en un pa&iacute;s que nunca ha sufrido hiperinflaciones, salvo la experiencia de finales del siglo XIX. El hecho cierto, que resalta la autora, es que fue un debate liderado por la burocracia del banco y no por los constituyentes, reflejo de la pobreza te&oacute;rica de estos &uacute;ltimos en esos temas. As&iacute;, no pod&iacute;an ver las implicaciones pol&iacute;ticas y sociales de un discurso que se presentaba como "t&eacute;cnico" y "cient&iacute;fico".     <p>En el cap&iacute;tulo quinto, "El debate posterior", una vez se&ntilde;alados los puntos anteriores, expone la autora la disyuntiva entre objetivos monetarios y cambiarios que enfrent&oacute; el banco con la adopci&oacute;n del sistema de banda cambiaria, que hac&iacute;a end&oacute;gena la oferta monetaria y dificultaba el control de la inflaci&oacute;n sin llevar a niveles alt&iacute;simos de tasas de inter&eacute;s que terminaron estimulando el estallido del peor periodo recesivo de la econom&iacute;a colombiana. El debate de lo que sucedi&oacute; en ese per&iacute;odo, que la autora cubre brevemente, deber&iacute;a alentar m&aacute;s investigaciones sobre los factores internacionales y dom&eacute;sticos que llevaron a la peor crisis desde 1930 y que arruin&oacute; a millones de colombianos, al utilizar la tasa de inter&eacute;s, ligada al UPAC, como herramienta de estabilizaci&oacute;n cambiaria. Algo sobre lo que los "t&eacute;cnicos" de la &eacute;poca no han rendido cuentas al pa&iacute;s. No sobra recalcar, como se&ntilde;ala la autora, que la "independencia" del Banco Central qued&oacute; hecha trizas con la crisis y con la intervenci&oacute;n del Fondo Monetario Internacional.      <p>El cap&iacute;tulo sexto, "El debate en la Junta", rese&ntilde;a las cr&iacute;ticas de la &eacute;poca, en especial a que el Ministro de Hacienda encabece la Junta Directiva. La autora se&ntilde;ala especialmente que "la coordinaci&oacute;n, que ha sido la justificaci&oacute;n de la presencia del ministro en la Junta del Banco, no funciona en un pa&iacute;s donde el gobierno no espera dividendos pol&iacute;ticos de la lucha antiinflacionaria, como s&iacute; suceder&iacute;a en pa&iacute;ses que han sufrido hiperinflaciones recientes o cuyos gobiernos tienen la posibilidad de reelecci&oacute;n, y por tanto, trabajan con un horizonte de m&aacute;s largo plazo". El argumento central del cap&iacute;tulo, expuesto por muchos defensores de la independencia del Banco Central, es que la presencia del ejecutivo es un obst&aacute;culo para la plena independencia del banco. La experiencia desde 1991 muestra que este temor no es muy justificado, pues ni siquiera en los dos periodos presidenciales anteriores, sumando el de la controvertida reelecci&oacute;n, y a pesar de la presi&oacute;n del ejecutivo en temas de la agenda de la Junta, parece que el Ministro de Hacienda haya sido capaz de imponer sus puntos de vista. De nuevo, el argumento parece m&aacute;s ideol&oacute;gico y fundamentalista que basado en la realidad. A prop&oacute;sito, este mismo cap&iacute;tulo muestra que la Junta pas&oacute; de un monetarismo crudo obsesionado por la tasa de inflaci&oacute;n a una visi&oacute;n inspirada en la regla de Taylor. Es muy llamativa la referencia de la autora a un trabajo de Clavijo, que menciona a W.C. Donough, presidente del Banco de la Reserva Federal, un banquero central que se opone a la sabidur&iacute;a convencional: "los bancos centrales no pueden ni deben ser totalmente independientes del gobierno, pues son los gobiernos, y no los banqueros centrales, los que terminan siendo responsables por la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y financiera de un pa&iacute;s" (p. 90).      <p>El cap&iacute;tulo s&eacute;ptimo, "Las principales cr&iacute;ticas a la pol&iacute;tica cambiaria y monetaria del banco", re&uacute;ne las cr&iacute;ticas que se han hecho a la Junta en dos grupos: las cr&iacute;ticas al manejo cambiario, relacionadas con el desplazamiento de la banda cambiaria, los esfuerzos para mantenerla y el momento que eligi&oacute; para desmontarla, y las cr&iacute;ticas a la pol&iacute;tica monetaria, de los propios miembros de la Junta cuando segu&iacute;a una pol&iacute;tica monetaria expansiva, y de fuera cuando era restrictiva. El papel del Banco Central en la agudizaci&oacute;n de la crisis de finales de siglo debe ser objeto de mayor investigaci&oacute;n, como ya se&ntilde;alamos.      <p>El cap&iacute;tulo octavo, "La cartilla del Banco", describe el sustento te&oacute;rico de las actuaciones de la Junta en varios aspectos: objetivos, pol&iacute;tica monetaria, crecimiento econ&oacute;mico y pol&iacute;tica fiscal, al que llama fundamentalismo basado en la ‘teor&iacute;a cl&aacute;sica’, que a nuestro parecer ser&iacute;a m&aacute;s exacto denominar ‘nueva econom&iacute;a neocl&aacute;sica’<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, adem&aacute;s de los elementos keynesianos que con ciertas salvedades tambi&eacute;n formaron parte de la cartilla t&eacute;cnica del banco, aunque en clara minor&iacute;a. Un aspecto importante de este cap&iacute;tulo es que muestra que si bien la mayor influencia en la Junta Directiva ha sido friedmaniana, economistas de origen postkeynesiano como Javier G&oacute;mez han hecho parte de su equipo t&eacute;cnico. Ser&iacute;a infortunado que estos signos de pluralismo te&oacute;rico desparecieran. El cap&iacute;tulo describe bien los cambios en la cartilla del Banco Central a comienzos de siglo, cuando seg&uacute;n la autora el discurso de la Junta se volvi&oacute; m&aacute;s flexible y el Banco adopt&oacute; una posici&oacute;n m&aacute;s institucionalista con respecto a su independencia inspirada por Jon Elster. La autora, ci&ntilde;&eacute;ndose a la evidencia documental, equipara la posici&oacute;n institucionalista a la econom&iacute;a neoinstitucional, lo que muestra que el pluralismo del banco es incompleto y deja de lado otras corrientes de pensamiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cap&iacute;tulo noveno, "El Banco de la Rep&uacute;blica y la Corte Constitucional", muestra que "la opini&oacute;n general es que &#91;con sus fallos en esta materia&#93;, la Corte ha fortalecido la independencia del Banco Central". Pero destaca una importante limitaci&oacute;n que le impuso a la excesiva autonom&iacute;a del Banco cuando, en su fallo de 1999, precis&oacute; el alcance del mandato constitucional y se&ntilde;al&oacute; que el control de la inflaci&oacute;n es el objetivo primario del Banco Central, pero no el &uacute;nico, y determin&oacute; que el esquema institucional de la Constituci&oacute;n de 1991 es un modelo intermedio, en el cual el Banco "no puede ser indiferente a otros objetivos de pol&iacute;tica de raigambre constitucional, como pueden ser la b&uacute;squeda del pleno empleo o la distribuci&oacute;n equitativa de los beneficios del desarrollo". A pesar de este fallo, la Junta siempre ha dado prioridad al control de la inflaci&oacute;n, aunque ha relajado m&aacute;s su posici&oacute;n despu&eacute;s de la crisis financiera mundial de 2008, y con el descenso de la inflaci&oacute;n dom&eacute;stica, debida m&aacute;s a factores internacionales que a los &eacute;xitos de la pol&iacute;tica monetaria y fiscal. El descenso de la inflaci&oacute;n ha llevado a que la Junta reduzca la tasa de intermediaci&oacute;n al 3%, aunque algunos analistas se&ntilde;alan que hay margen para reducirla algo m&aacute;s. Lentamente ha ido incorporando muchos elementos de pol&iacute;tica antic&iacute;clica, aunque todav&iacute;a muy apegada a la ortodoxia anti-inflacionaria. El final del cap&iacute;tulo recoge las exageradas cr&iacute;ticas de algunos miembros de la Junta a los fallos de la Corte Constitucional, que no entienden la fidelidad a una Constituci&oacute;n que garantiza los derechos de los ciudadanos ni que corresponde al Gobierno intentar cumplirlos, reconociendo sus restricciones. Muchas de estas cr&iacute;ticas est&aacute;n inspiradas en enfoques ortodoxos que prefieren un Estado que privilegie la racionalidad privada y tenga presupuestos balanceados.</p>     <p>El cap&iacute;tulo d&eacute;cimo, "Las propuestas de reforma", revisa las iniciativas para modificar la estructura y las funciones del banco, destacando las propuestas de Guillermo Perry quien se&ntilde;al&oacute; la conveniencia de ampliar los espacios de coordinaci&oacute;n, mediante la creaci&oacute;n de una comisi&oacute;n con mayor representaci&oacute;n del Gobierno, y de limitar la discrecionalidad del Banco en la definici&oacute;n del monto de las utilidades que transfiere al Gobierno. En cuanto a la integraci&oacute;n de la Junta, se propon&iacute;an dos cambios: reducir su tama&ntilde;o y nombrar los codirectores por un periodo igual al del Presidente de la Rep&uacute;blica. Tambi&eacute;n comenta la autora la propuesta neo-institucionalista y muy conservadora de la Misi&oacute;n Alesina, que sugiri&oacute; reformar la Constituci&oacute;n para retirar al Ministro de Hacienda, lo que habr&iacute;a derogado la obligaci&oacute;n de coordinar las pol&iacute;ticas monetarias y cambiarias con las dem&aacute;s pol&iacute;ticas, y entregar la supervisi&oacute;n bancaria al Banco Central. Por fortuna, estos excesos de la nueva ortodoxia no han sido acogidos en el pa&iacute;s.</p>     <p>El cap&iacute;tulo final, "&iquest;Qu&eacute; tan independiente es el Banco Central colombiano?", describe un ejercicio de medici&oacute;n del grado de       independencia legal del Banco de la Rep&uacute;blica con el m&eacute;todo       de Cukierman, realizado en 1998. En una escala de 0 a 1, donde 0 representa el grado m&aacute;s bajo de independencia y 1 el m&aacute;s alto, el Banco obtuvo 1 en los temas relacionados con el gerente, la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, el objetivo y la posibilidad de prestarle al sector privado o al Gobierno comprando sus papeles en el mercado primario. Los temas calificados con 0, y que, por tanto, muestran fisuras en la independencia, ten&iacute;an que ver con las condiciones de los pr&eacute;stamos al Gobierno. Se considera que la falta de restricciones legales a los montos, plazos y tasas de inter&eacute;s del eventual financiamiento al Gobierno es una amenaza a la autonom&iacute;a del Banco.</p>     <p>Esta secci&oacute;n es una de las m&aacute;s d&eacute;biles del libro pues se limita a describir los resultados de las pruebas de Cukierman que se han hecho en el pa&iacute;s. En la literatura postkeynesiana hay abundantes escritos que cuestionan la validez de esta prueba. El <i>Journal of Postkeynesian Economics</i> dedic&oacute; un n&uacute;mero completo a la cr&iacute;tica profunda de estas tesis. Por ejemplo, el trabajo de Fernando J. Cardim de Carvalho (1995-1996, 170) muestra que la evidencia emp&iacute;rica de Cukierman es d&eacute;bil te&oacute;rica y emp&iacute;ricamente, pues depende en forma considerable de su visi&oacute;n particular del funcionamiento de los bancos centrales y de las econom&iacute;as. Nadie niega la necesidad de un manejo serio de la pol&iacute;tica monetaria para evitar inflaciones desbocadas, pero identificar ciertas correlaciones con axiomas universales es desconocer los procesos de cada pa&iacute;s y su manera de enfrentar la inflaci&oacute;n.</p>     <p>En este aspecto vemos una limitaci&oacute;n del libro. Cuando se refiere a la econom&iacute;a institucional la limita a la visi&oacute;n neo-institucionalista, que a&uacute;n circunda la periferia del paradigma neocl&aacute;sico. Los institucionalistas de la escuela original (EIO) concuerdan con los postkeynesianos en que el Banco Central no puede ni debe ser independiente. Basta revisar los trabajos de Bell (2000), Wray (2007), Davidson (1995-1996) y una pl&eacute;yade de autores del Levy Institute que conciben el dinero como una creaci&oacute;n del Estado, un hecho institucional, y muestran que el Banco Central, as&iacute; lo pretenda, no puede actuar independientemente. En suma, no todos los estudiosos de la econom&iacute;a institucional acogen la tesis independista. Desde los trabajos pioneros de Dudley Dillard sobre el dinero, los economistas de la EIO tienen claro que la banca central no es independiente del entorno institucional y de las pol&iacute;ticas del Gobierno.</p>     <p>El libro de Luc&iacute;a Montoya es un aporte a este tema apasionante, y constituye material esencial para introducir a los lectores a un tema que tantas implicaciones pol&iacute;ticas y sociales tiene hoy en Colombia. Si hubiese adoptado un contexto conceptual m&aacute;s amplio que enmarcara las discusiones nacionales a diferentes niveles con respecto al tema y rebasara el limitado pluralismo del Banco, el libro habr&iacute;a sido a&uacute;n mejor.</p>     <p><b>NOTA AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. En rigor, la nueva econom&iacute;a neocl&aacute;sica tiene m&aacute;s identidad ontol&oacute;gica y epistemol&oacute;gica con la antigua econom&iacute;a neocl&aacute;sica que con la econom&iacute;a cl&aacute;sica. Es una versi&oacute;n "moderna" con nuevos elementos de teor&iacute;a neocl&aacute;sica.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p>1. Bell, S. "Do taxes and bonds finance government spending?", <i>Journal of Economic Issues</i> 34, 3, 2000, pp. 603-620.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Cardim de C., F. "The independence of central banks: A critical assessment of the arguments", <i>Journal of Post-Keynesian Economics</i> 18, 2, 1995-1996, pp. 159-175.</p>     <p>3. Davidson, P. "Is an independent central bank necessary or desirable?", <i>Journal of Post-Keynesian Economics</i> 18, 2, 1995-1996, pp. 157-158.</p>     <p>4. Kalmanovitz, S. <i>Ensayos sobre banca central en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Norma y Banco de la Rep&uacute;blica, 2003.</p>     <p>5. Wray, L. R. "A post-Keynesian view of central bank independence. Policy targets and the rules-versus-discretion debate", <i>The Levy Economics Institute of Bard College Working Paper</i> 510, 2007.</p> </font>      ]]></body>
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