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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL VACÍO INSTITUCIONAL EN EL MODELO DE ELECCIÓN RACIONAL APLICADO A LA FECUNDIDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper present two basic ideas. The first one is that the model of rationality applied to fertility and the interaction between quantity and quality were not originally proposed by Becker, as many of those interested in the subject tend to believe; and even that if this relation could seem clear, it is not obvious. The second one is that from the beginning the analysis of fertility has considered the institutional context. Criticism of Becker's model and more recent work strengthen the importance of institutional analysis for the study of the rationality of families in decisions on the number of children.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>EL VAC&Iacute;O INSTITUCIONAL EN EL MODELO DE ELECCI&Oacute;N RACIONAL APLICADO A LA FECUNDIDAD</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>THE INSTITUTIONAL EMPTINESS IN THE RATIONAL CHOICE MODEL APPLIED TO FERTILITY</b></font></p>      <p align="center"><i>Rafael Barrera Guti&eacute;rrez</i><sup>*</sup></p>     <br>     <p>* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:rafael.barrera@uexternado.edu.co">rafael.barrera@uexternado.edu.co</a>&#93;.</p>     <p>Agradezco al profesor Homero Cuevas por su ayuda en la realizaci&oacute;n del trabajo; a &Oacute;scar A. Alfonso, Martha Baquero y Juan P. Herrera por sus comentarios y sugerencias; a Jimena Hurtado y &Eacute;dgar Serrano por los comentarios a una versi&oacute;n anterior, y a los evaluadores an&oacute;nimos por sus indicaciones. Los errores y omisiones son de mi exclusiva responsabilidad.</p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 2 de octubre de 2009, fecha de modificaci&oacute;n: 13 de mayo de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 20 de octubre de 2011.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>       <p>Este art&iacute;culo trata dos ideas b&aacute;sicas. La primera es que el modelo de racionalidad aplicado a la fecundidad y la interacci&oacute;n entre cantidad y calidad no fueron formulados inicialmente por Becker, y aunque dicha relaci&oacute;n hoy parece clara y evidente no es obvia. La segunda es que desde el comienzo el an&aacute;lisis de la fecundidad ha considerado el contexto institucional. Las cr&iacute;ticas al modelo de Becker y los desarrollos posteriores refuerzan la importancia de las instituciones para explicar las variaciones de la fecundidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#91;<b>Palabras clave</b>: pensamiento econ&oacute;mico, teor&iacute;a del consumidor, familia, fecundidad, instituciones; JEL: B25, D01, D02, D10.&#93; </p>  <hr>     <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <P>This paper present two basic ideas. The first one is that the model of rationality applied to fertility and the interaction between quantity and quality were not originally proposed by Becker, as many of those interested in the subject tend to believe; and even that if this relation could seem clear, it is not obvious. The second one is that from the beginning the analysis of fertility has considered the institutional context. Criticism of Becker's model and more recent work strengthen the importance of institutional analysis for the study of the rationality of families in decisions on the number of children.</P>      <p>&#91;<b>Keywords</b>: economic thought, microeconomic behaviour, family economics, institutions; JEL: B25, D01, D02, D10.&#93;</p>  <hr>     <p align="right"><i>Es tambi&eacute;n un problema &#91;&hellip;&#93; saber si vale m&aacute;s tener    <br> una gran cantidad de habitantes pobres y mal alimentados    <br> que un n&uacute;mero m&aacute;s peque&ntilde;o pero mejor atendido.    <br></i>Cantillon (1759)</p>     <p align="right"><i>Los ni&ntilde;os nos lanzan fuera de nuestro inter&eacute;s    <br> inmediato hacia una preocupaci&oacute;n de m&aacute;s largo plazo,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> concerniente al futuro de algo m&aacute;s grande y m&aacute;s dif&iacute;cil de definir. </i>    <br>Folbre (2008)</p>     <p>Gary Becker analiza la variaci&oacute;n de las tasas de fecundidad suponiendo que la funci&oacute;n de utilidad de la familia es la de un solo individuo (el padre), que busca maximizarla sujeto a una restricci&oacute;n. Basado en los supuestos de preferencias fijas y equilibrio, considera que junto al matrimonio el objetivo de la familia es producir y criar hijos. La disminuci&oacute;n de la fecundidad responde a un proceso de elecci&oacute;n racional donde el ingreso determina la demanda de hijos, en cantidad y calidad, de modo que se reduce el n&uacute;mero de hijos y se dedica una mayor parte del ingreso a cada uno de ellos.</p>     <p>En la segunda mitad de la d&eacute;cada de 1970 su modelo era el m&aacute;s utilizado para estudiar la fecundidad porque la demograf&iacute;a, la sicolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a no daban una respuesta satisfactoria a los diferenciales de fecundidad y a las tendencias de crecimiento de la poblaci&oacute;n (Turchi, 1975, y Robinson, 1997). Su trabajo es caracter&iacute;stico dentro del an&aacute;lisis econ&oacute;mico de la familia y forma parte de los trabajos que intentan explicar las variaciones de la fecundidad en el curso del desarrollo econ&oacute;mico.</p>     <p>Aunque se le considera pionero en el an&aacute;lisis de la fecundidad desde un punto de vista microecon&oacute;mico, Becker no fue el primero en aplicar la racionalidad al an&aacute;lisis de la fecundidad y de la interacci&oacute;n entre cantidad y calidad, como se suele pensar. Por otra parte, diversos autores consideran que las explicaciones basadas exclusivamente en el modelo de elecci&oacute;n racional son insuficientes para entender c&oacute;mo se decide el n&uacute;mero de hijos en las familias.</p>     <p>En este trabajo se revisan los antecedentes te&oacute;ricos del an&aacute;lisis de Becker para entender mejor su aporte al estudio del tema, y se examina la fecundidad desde una perspectiva institucional, un enfoque que ayuda a entender la din&aacute;mica familiar y la elecci&oacute;n individual en el marco social. En las dos primeras secciones se discute la originalidad del modelo de fecundidad de Becker, y en las siguientes se revisan las cr&iacute;ticas. En la parte final se resalta la pertinencia de las instituciones para el an&aacute;lisis de la fecundidad.</p>     <p><font size="3"><b>LA ELECCI&Oacute;N RACIONAL Y LA FECUNDIDAD ANTES DE BECKER</b></font></p>     <p>Despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, se estableci&oacute; un fuerte v&iacute;nculo entre econom&iacute;a y demograf&iacute;a a trav&eacute;s de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica, uno de cuyos exponentes m&aacute;s importantes fue Frank W. Notestein. Seg&uacute;n esta teor&iacute;a, el aumento de las expectativas de vida al nacer es seguido por reducciones de la fecundidad y aumentos de la tasa de acumulaci&oacute;n de capital, debidos al desarrollo econ&oacute;mico, la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Bajo el liderazgo de Notestein, en 1936 se fund&oacute; la <i>Office of Population Research </i>de la Universidad de Princeton, que patrocin&oacute; una serie de estudios entre los que se destaca el de Harvey Leibenstein, quien en 1954 public&oacute; <i>A theory of economic-demographic development</i>, donde examin&oacute; los postulados de Malthus y el v&iacute;nculo entre econom&iacute;a y demograf&iacute;a, e hizo notables insinuaciones te&oacute;ricas para estudiar el problema de la elecci&oacute;n sin suprimir las prescripciones normativas.</p>     <p>Seg&uacute;n Leibenstein, las teor&iacute;as macro eran m&aacute;s &uacute;tiles que las teor&iacute;as micro, pero pensaba que una teor&iacute;a micro ser&iacute;a &uacute;til porque dir&iacute;a algo sobre la manera de seleccionar entre alternativas. No obstante dudaba que el principio de maximizaci&oacute;n fuera una regla adecuada de selecci&oacute;n, aunque las condiciones econ&oacute;micas fueran primordiales, en vista de que los valores humanos (o las normas sociales que proh&iacute;ben o limitan en alg&uacute;n grado el comportamiento de los miembros de la sociedad) juegan un papel importante en las decisiones que afectan la fecundidad y el tama&ntilde;o de la familia (1954, 138-143).</p>     <p>En su libro <i>Economic backwardness and economic growth </i>(1957), Leibenstein estudi&oacute; por qu&eacute; unos pa&iacute;ses se desarrollan m&aacute;s r&aacute;pido que otros. Mostr&oacute; el v&iacute;nculo entre crecimiento de la poblaci&oacute;n y desarrollo econ&oacute;mico, y se&ntilde;al&oacute; que era err&oacute;neo que los economistas dejaran de lado los aspectos demogr&aacute;ficos en la formulaci&oacute;n de sus teor&iacute;as. Puesto que la poblaci&oacute;n se deb&iacute;a integrar a las teor&iacute;as econ&oacute;micas del desarrollo y los dem&oacute;grafos no ofrec&iacute;an una estructura te&oacute;rica l&oacute;gica que permitiera entender las condiciones necesarias y suficientes para la reducci&oacute;n de los niveles de fecundidad, intent&oacute; desarrollar un esquema donde la dimensi&oacute;n poblacional del desarrollo pod&iacute;a ser conceb&iacute;a en t&eacute;rminos de un conjunto unificado de ideas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Leibenstein, el punto m&aacute;s importante era el inicio del descenso de la fecundidad, cuya comprensi&oacute;n dar&iacute;a luz sobre la racionalidad de tener familias grandes o peque&ntilde;as y las fuerzas que crean las motivaciones correspondientes. Pensaba que las motivaciones sobre el tama&ntilde;o de la familia son racionales, pues los padres desean un hijo adicional si la satisfacci&oacute;n que proporciona es mayor que los costos. Pero se&ntilde;al&oacute; que deb&iacute;a distinguirse entre el conocimiento de las alternativas y la elecci&oacute;n entre las alternativas conocidas, pues parece razonable que al aumentar el ingreso tambi&eacute;n aumente el conocimiento de las alternativas para limitar la familia<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>     <p>Entre los determinantes del n&uacute;mero deseado de hijos y del tama&ntilde;o de la familia se deb&iacute;an considerar el n&uacute;mero de sobrevivientes y la satisfacci&oacute;n o utilidad de un hijo adicional. Leibenstein (1957, 161) distingu&iacute;a entre tres formas de utilidad:</p> <ol>     <li> La de un hijo como bien de consumo, en cuanto es fuente de satisfacci&oacute;n personal (o placer) para los padres.</li>     <li> La de un hijo como agente productivo, pues en alg&uacute;n momento entra a formar parte de la fuerza de trabajo y contribuye al ingreso de la familia, y</li>     <li> La del hijo potencial como fuente de seguridad en la vejez o en otra etapa de la vida.</li>    </ol>      <p>Los dos &uacute;ltimos tipos se asocian en general a econom&iacute;as agr&iacute;colas de bajo nivel de desarrollo, donde hay un precario (o inexistente) sistema de seguridad social y d&eacute;biles programas de ayuda a los adultos mayores.</p>     <p>Estas consideraciones sobre las motivaciones que inciden en el tama&ntilde;o de la familia y su interpretaci&oacute;n del modelo malthusiano (donde no hay calidad de hijos) indujeron a Becker a utilizar el esquema de elecci&oacute;n racional para explicar formalmente el n&uacute;mero de hijos. As&iacute;, la demanda de hijos depende del ingreso y del precio relativo con respecto a otros bienes; en las familias que tienen un mayor n&uacute;mero de hijos estos son relativamente menos costosos, y viceversa (Becker, 1991, 138-139). Seg&uacute;n la teor&iacute;a malthusiana, "la poblaci&oacute;n crece invariablemente cuando aumentan los medios de subsistencia" (Malthus, 1798, 143); de esa manera los hijos ser&iacute;an un bien de consumo normal (gr&aacute;fica 1); si fueran bienes inferiores, el aumento del ingreso llevar&iacute;a a tener menos hijos.</p>      <p>    <center><a name="gra1"><img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10g1.jpg"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, la elecci&oacute;n entre cantidad de hijos y cantidad de otros bienes corresponde al modelo convencional de demanda de los consumidores, donde una reducci&oacute;n del precio relativo de los hijos aumenta su demanda y disminuye la de otras mercanc&iacute;as<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>.</p>      <p>La experiencia hist&oacute;rica de mayores ingresos y menos hijos sugiere, a primera vista, que los hijos son un bien inferior con elasticidad ingreso baja o negativa, lo que "parece contraintuitivo si se considera los ni&ntilde;os son un bien &uacute;nico sin sustitutos cercanos" (Robinson, 1997). Becker resolvi&oacute; esta cuesti&oacute;n a&ntilde;adiendo el concepto de "calidad del hijo", el pilar de toda su teor&iacute;a posterior. "La interacci&oacute;n entre cantidad y calidad es la raz&oacute;n m&aacute;s importante por la cual el precio efectivo de los ni&ntilde;os aumenta con el ingreso el cual, a su vez, depende del desarrollo econ&oacute;mico" (Becker, 1991, 144).</p>     <p><font size="3"><b>LA CURVATURA DE LA RESTRICCI&Oacute;N PRESUPUESTAL</b></font></p>     <p>En los estudios sobre el comportamiento del consumidor, realizados a mediados del siglo XX en Estados Unidos, donde se intentaba estimar el efecto ingreso sobre el consumo de las familias, se destac&oacute; el an&aacute;lisis de la calidad de los bienes y su relaci&oacute;n con la variaci&oacute;n del ingreso y el tama&ntilde;o de las familias (Houthakker, 1952, y Prais y Houtakker, 1954). La elecci&oacute;n de la calidad se analiza de manera formal en H. Theil (1952-1953), H. S. Houthakker (1952-1953) y J. Hirshleifer (1955). La calidad se define como las caracter&iacute;sticas de un bien, y se intenta formular una teor&iacute;a del comportamiento del consumidor que tenga en cuenta la heterogeneidad de los bienes, y que relacione la elecci&oacute;n de la calidad con el precio y las preferencias de los consumidores (Theil, 1952-1953, y Houtakker, 1952-1953).</p>     <p>Se supone que el individuo tiene un ingreso fijo y adquiere un bien &uacute;nico con un conjunto de cualidades espec&iacute;ficas (y precios fijos) que al aumentar en n&uacute;mero le dan propiedades adicionales, pero reducen la posibilidad de adquirir una cantidad mayor. Para designar esa relaci&oacute;n se utiliz&oacute; la funci&oacute;n r = K/s, donde r representa las cantidades del bien, K el ingreso y s las cualidades adicionales (r, K, s &gt; 0). Seg&uacute;n Theil:</p> <ol>    <p>se usa el precio promedio pagado (la relaci&oacute;n del monto gastado con respecto a la cantidad comprada) como "indicador de calidad" del conjunto de calidades compradas. &#91;As&iacute;&#93; un consumidor le da valor a un bien porque su precio es alto. &#91;&hellip;&#93; Los argumentos de la funci&oacute;n de utilidad son la cantidad comprada x y el precio promedio pagado p &#91;&hellip;&#93; La funci&oacute;n de utilidad tiene que maximizarse sujeta a la relaci&oacute;n px = y representada por una hip&eacute;rbola en un diagrama (x, p), contraria a la l&iacute;nea recta de presupuesto de la tradicional teor&iacute;a del consumo. <a href="#dia1">Diagrama I</a>.</p>      <p>    <center><a name="dia1"><img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10d1.jpg"></a></center></p>      <p>El precio promedio pagado por cada unidad del bien i, p<sub>i</sub>, depende del vector e<sub>i</sub>, que representa el conjunto de caracter&iacute;sticas que conforman la calidad. Se obtiene as&iacute; la siguiente relaci&oacute;n:</p> <img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10f1.jpg"> y la funci&oacute;n de utilidad a maximizar ser&aacute;: u(x1,&hellip;, xn, e1,&hellip;, en)</p>      <p>Las condiciones marginales son:<img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10f2.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>donde &lambda; es el multiplicador de Lagrange. As&iacute;, la utilidad marginal de una cantidad xi es proporcional a su precio pi; la utilidad marginal de un elemento eih del vector ei es proporcional a la correspondiente cantidad xi y la derivada parcial del precio pi con respecto a eih; en ambos casos la constante de proporcionalidad es la misma. La primera de estas condiciones cumple la Ley de Gossen. La segunda dice que si (en equilibrio) un incremento de eih tiene gran influencia en pi (si el mejoramiento de la calidad es costoso) y si la cantidad comprada xi es grande, la utilidad marginal de eih debe ser grande (Theil, 1952-1953).</p>    </ol>     <p>As&iacute;, a diferencia de la restricci&oacute;n presupuestal lineal usual donde se puede destinar ingreso para adquirir un bien renunciando totalmente al otro, este caso indica la inseparabilidad de la cantidad del bien y de sus cualidades b&aacute;sicas, por lo que es imposible renunciar a ellas sin renunciar al bien. El an&aacute;lisis de Theil precede al de Becker en cuanto muestra la importancia de la restricci&oacute;n no lineal y las caracter&iacute;sticas que deben cumplirse para el equilibrio<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. El modelo de elecci&oacute;n racional convencional se altera al introducir la restricci&oacute;n no lineal en las mercanc&iacute;as, y la no linealidad "es responsable de la interacci&oacute;n entre cantidad y calidad de hijos" (Becker, 1991, 143).</p>     <p>Aunque Becker menciona la relaci&oacute;n entre cantidad y calidad de los trabajos de Houthakker, Theil y Hirshleifer, considera que en otros bienes esta interacci&oacute;n "puede no ser tan fuerte debido a que las calidades de las diferentes unidades producidas no est&aacute;n tan vinculadas como la calidad de diferentes hijos. Por ejemplo, una persona rica puede planear obtener un carro costoso y otro barato, pero es improbable que planee tener un hijo costoso y otro barato" (1991, 148). No obstante, estos autores dan los elementos necesarios para ver la elecci&oacute;n entre <i>cantidad </i>y <i>calidad </i>como un aspecto relevante de la teor&iacute;a y analizar de manera m&aacute;s apropiada la elecci&oacute;n en las familias y en las firmas. A este respecto, Hirshleifer dice:</p> <ol>    <p>La cuesti&oacute;n de cantidad &#91;y&#93; calidad, aunque menospreciada por la teor&iacute;a tradicional, es uno de los mayores problemas en la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Una firma manufacturera puede, a un costo total dado, producir un peque&ntilde;o n&uacute;mero de m&aacute;quinas mejores o un mayor n&uacute;mero de un modelo m&aacute;s primitivo; un consumidor en una situaci&oacute;n dada, escoger entre m&aacute;s alimento o mejor alimento; o un departamento militar del gobierno puede enfrentar la elecci&oacute;n de un peque&ntilde;o n&uacute;mero de individuos muy bien armados o un gran n&uacute;mero con armamento m&aacute;s com&uacute;n (Hirshleifer, 1955).</p>    </ol>     <p>Para Becker, el precio de los bienes adquiridos en el mercado influye en el costo de la calidad de los hijos, de modo que un aumento del precio de los bienes hace m&aacute;s costosa cada unidad de calidad. As&iacute; se puede considerar la calidad de forma an&aacute;loga al vector e<sub>i</sub> del modelo de Theil, como un conjunto de atributos que se adquieren con los hijos a partir del consumo de bienes disponibles en el mercado y que los hacen m&aacute;s atractivos para los padres.</p>     <p>La interacci&oacute;n entre cantidad (n) y calidad (q) de los hijos se representa mediante una curva de indiferencia relacionada con la restricci&oacute;n presupuestal (<a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a>) donde la variable que relaciona los otros bienes (Z) se ignora o se mantiene constante. El equilibrio est&aacute; en una posici&oacute;n interna (punto P) solo si la curva de indiferencia tiene una curvatura mayor que la de la curva de presupuesto, lo que solo es posible cuando no son sustitutos cercanos (Becker, 1991, 148). Esta condici&oacute;n fue analizada por Hirshleifer, quien al revisar las condiciones de equilibrio para el caso de una curva isocuanta afirm&oacute;:</p> <ol>     <p>Theil ha se&ntilde;alado que en ciertas condiciones la elecci&oacute;n entre calidad y cantidad de un bien envuelve una l&iacute;nea de presupuesto convexa al origen, &#91;y&#93; se&ntilde;ala que esta convexidad lleva a la inestabilidad de la soluci&oacute;n de tangencia si la isocuanta de utilidad es de menor curvatura que la isocuanta de costos; cuando esto sucede, el punto de tangencia representar&aacute; la peor y no la mejor posici&oacute;n a lo largo de una isocuanta dada (Hirshleifeer, 1955).</p>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="gra2"><img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10g2.jpg"></a></center></p>      <p>Seg&uacute;n Becker, la principal caracter&iacute;stica de dicha interacci&oacute;n se basa en el precio sombra de los hijos, que representa su precio impl&iacute;cito pues no existe un mercado de oferta y demanda, y adem&aacute;s representa la relaci&oacute;n entre la cantidad y la calidad. As&iacute;, el precio sombra de los hijos con respecto al n&uacute;mero corresponder&iacute;a al costo de un ni&ntilde;o adicional, manteniendo la calidad constante; y el precio sombra del hijo con respecto a su calidad corresponder&iacute;a el costo del aumento de una unidad de calidad, manteniendo constante el n&uacute;mero.</p>  <ol>    <p>Los precios sombra imputados al sector de no mercado miden los costos de oportunidad de usar recursos escasos, y para los precios sombra el m&eacute;todo econ&oacute;mico predice el mismo tipo de respuestas de los precios de mercado. En equilibrio, la raz&oacute;n de estos precios debe ser igual a las utilidades marginales (Becker, 1976, 6)<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>    </ol>      <p>Sin embargo, aunque los precios de los bienes que establecen la calidad de los hijos son param&eacute;tricos, los precios sombra no lo son porque los padres asumen precios param&eacute;tricos <i>diferenciales </i>que no se reflejan en precios de mercado. As&iacute;, ciertos insumos que los padres usan para establecer la calidad deseada de los hijos no se adquieren en el mercado, dependen del n&uacute;mero de hijos y de la especificidad del jefe de familia, la cual no es susceptible de elecci&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, la aplicaci&oacute;n (y mayor formalizaci&oacute;n) de la idea original de la interacci&oacute;n entre cantidad y calidad a la demanda de hijos lleva a que Becker considere que esta explicaci&oacute;n es la m&aacute;s prometedora para entender la reducci&oacute;n de la fecundidad. Pero es claro que su planteamiento forma parte de un cuerpo de ideas anteriores elaborado para explicar el desarrollo econ&oacute;mico, que permite entender el comportamiento de los consumidores cuando aumenta su ingreso.</p>     <p><font size="3"><b>CR&Iacute;TICAS AL MODELO DE LA DEMANDA DE HIJOS</b></font></p>     <p>Las dos definiciones m&aacute;s comunes del costo de los hijos son el dinero gastado y el costo de oportunidad<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Para Becker la relaci&oacute;n entre cantidad y calidad puede discutirse mejor si se consideran costos fijos de cantidad y de calidad. Un aumento moderado de los costos fijos de los hijos o una ca&iacute;da moderada de la relaci&oacute;n costo marginal/costo medio de la calidad, que aumenta el precio sombra de la calidad, reduce la demanda de cantidad y aumenta la demanda de calidad en un porcentaje mayor. Considera, por ejemplo, que "mientras que la tasa de fecundidad en Taiw&aacute;n (1960-1975) cay&oacute; en un 51%, la fracci&oacute;n de personas entre 25-34 a&ntilde;os con educaci&oacute;n secundaria aument&oacute; en un 100%, o que mientras la tasa de nacimientos en Estados Unidos (1960-1972) cay&oacute; en un 38% la fracci&oacute;n de personas entre 25-34 a&ntilde;os con educaci&oacute;n secundaria aument&oacute; en un 33%"<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> (Becker, 1991, 149-151).</p>      <p>Pero esos resultados no se pueden atribuir exclusivamente a decisiones individuales y con esa causalidad estricta, dejando de lado el contexto. Aunque Becker no lo se&ntilde;ala en ninguna parte, en el caso de Taiw&aacute;n hay una pol&iacute;tica, vigente desde 1968, de educaci&oacute;n obligatoria de nueve a&ntilde;os, base para estudios avanzados y el ascenso social<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. En Estados Unidos, la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibi&oacute; la discriminaci&oacute;n basada en la religi&oacute;n, el pa&iacute;s de origen y el sexo, sent&oacute; las bases legales de los cambios sociales, que en el caso de las mujeres ayudaron a expresar el inconformismo con el estereotipo de esposa y mujer de la d&eacute;cada de 1950.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La reducci&oacute;n de costos, como los de la educaci&oacute;n, es ex&oacute;gena y en buena parte financiada por el Estado, lo que implica el funcionamiento del sistema institucional. El Estado a veces impide que los padres puedan elegir la educaci&oacute;n, pues en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses occidentales desarrollados una parte significativa no la pagan los padres, excepto una minor&iacute;a, y es una de las obligaciones con sus hijos. En la primera edici&oacute;n del <i>Tratado</i>, Becker no analiza el papel del Estado en forma expl&iacute;cita y lo a&ntilde;ade en la segunda edici&oacute;n, quiz&aacute; en reconocimiento del vac&iacute;o de su trabajo original. El Estado cumple un papel importante en las decisiones de la familia, a la que sustituye en ciertas funciones e incentiva en otras. Por ejemplo, en Espa&ntilde;a la Ley de la Igualdad introdujo el permiso de paternidad intransferible de dos semanas, que comenz&oacute; a regir desde el segundo trimestre de 2007 y se ampli&oacute; en 2009 a cuatro semanas<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>; en Noruega, los padres pueden elegir entre un permiso de un a&ntilde;o con un pago del 80% de su salario o uno de 10 meses con el 100% de su salario.</p>     <p>Por otra parte, el conocimiento de los m&eacute;todos anticonceptivos no implica que el &uacute;nico elemento que influya en su uso efectivo sea la reducci&oacute;n del precio. Esta debe ir acompa&ntilde;ada de la comprensi&oacute;n de las condiciones y normas socio-culturales que permiten su uso, de educaci&oacute;n sanitaria y de divulgaci&oacute;n entre las comunidades. En general, los aspectos ajenos al mercado influyen en que las mejoras en los conocimientos, el acceso y el uso de m&eacute;todos anticonceptivos acerquen el n&uacute;mero de hijos deseado al obtenido.</p>     <p>Si bien la elecci&oacute;n racional ayuda a entender el comportamiento reproductivo de las familias, son importantes las condiciones sociales que ampl&iacute;an el rango de elecci&oacute;n del n&uacute;mero de hijos y el gasto correspondiente. As&iacute;, el desarrollo econ&oacute;mico aparejado al desarrollo institucional hace m&aacute;s fluida la interacci&oacute;n entre cantidad y calidad. El modelo de Becker no considera aspectos como la interacci&oacute;n familiar y el conflicto, objetivos diferentes al de la maximizaci&oacute;n de la utilidad generados en la interacci&oacute;n del grupo familiar ni la equidad y la justicia en la distribuci&oacute;n de recursos en el hogar (Serrano, 2002). Adem&aacute;s, su aplicaci&oacute;n estricta es insuficiente porque a pesar de su rigor omite variables importantes que limitan su uso como herramienta para tomar decisiones de pol&iacute;tica (Turchi, 1975; Hannan, 1982, y Robinson, 1997).</p>     <p><font size="3"><b>CR&Iacute;TICA AL PARADIGMA DE LAS DECISIONES UNITARIAS</b></font></p>     <p>El modelo de fecundidad de Becker se conoce como modelo "de preferencias comunes", "altruista" o de "dictador benevolente", porque la familia act&uacute;a como un individuo. Ignora los desacuerdos entre esposos, las relaciones de poder entre miembros de la familia y la toma de decisiones. Las preferencias comunes son una de las formas de interacci&oacute;n, as&iacute; como el abuso de uno de los padres, y puede ser incompatible con el individualismo porque los miembros de la familia pueden tener preferencias diferentes (Chiappori et al., 1993).</p>     <p>Pollack (1985 y 2002), Tompson y Walker (1995), Dolfsma y Hoppe (2003) y Bergstrom (2007) muestran que la toma de decisiones en la familia involucra dos partes y relaciones de poder; no incluirlas en el an&aacute;lisis "de la familia es lo que muchas feministas consideran un gran y fatal error de omisi&oacute;n" (Folbre, 1983), y lo que hace incompleto el enfoque neocl&aacute;sico aun en sus propios t&eacute;rminos. En general, las mejores condiciones sociales y econ&oacute;micas de la mujer hacen menos conflictivas y violentas las discrepancias en las decisiones familiares, debido a que su mayor educaci&oacute;n eleva su ingreso, su independencia y su poder para decidir el consumo personal y el gasto familiar.</p>     <p>La decisi&oacute;n sobre el n&uacute;mero de hijos involucra como m&iacute;nimo a dos actores, y en la fecundidad influye la existencia de funciones de utilidad diferentes de procreaci&oacute;n y crianza de los hijos entre hombres y mujeres. La influencia de la mujer en las decisiones del tama&ntilde;o del hogar tambi&eacute;n ha aumentado con el uso de los m&eacute;todos anticonceptivos y los cambios socioculturales que favorecen un mayor control de su cuerpo. En cierta forma, la fecundidad depende de la mujer, cuya funci&oacute;n de utilidad es diferente a la del hombre. Los cambios institucionales y el desarrollo en la tecnolog&iacute;a (reflejado en m&eacute;todos de planificaci&oacute;n m&aacute;s baratos y seguros) favorecen la elecci&oacute;n racional en las decisiones de fecundidad.</p>     <p>Aunque Becker modela las relaciones familiares, minimiza las contradicciones pues supone el altruismo de uno de los miembros. Este altruismo explica la din&aacute;mica del grupo familiar y establece un mecanismo que ayuda a igualar las preferencias del grupo familiar. Encuentra una soluci&oacute;n de mercado que maximiza el bienestar de la familia en situaciones de consumo mediante un sistema de estrategia e incentivos (donde al menos uno de los miembros tiene poder para vigilar y castigar). La asignaci&oacute;n de recursos cuando los individuos se comportan de manera ego&iacute;sta y altruista se apoya en el "Teorema del ni&ntilde;o malvado": cada beneficiario, no importa qu&eacute; tan ego&iacute;sta sea, maximiza el ingreso familiar de su benefactor e internaliza todos los efectos de sus acciones sobre otros beneficiarios (Becker, 1991, 287).</p>     <p>Una implicaci&oacute;n del teorema es que cuando un miembro ego&iacute;sta envidia a otro, tomar&aacute; acciones que aumentan el ingreso familiar aunque incrementen la utilidad de la persona envidiada. Bergstrom (1989) considera que el Teorema del ni&ntilde;o malvado no es v&aacute;lido si no se supone utilidad transferible, y que cuanto m&aacute;s restrictivas sean las condiciones mayores conclusiones se pueden obtener; adem&aacute;s, se deben imponer restricciones a las preferencias que implican cuasilinealidad. Estas restricciones, seg&uacute;n Cornes y Silva (1999), se podr&iacute;an pasar por alto en situaciones donde el resultado sea un bien p&uacute;blico puro derivado de las contribuciones individuales a la familia, donde el padre puede hacer transferencias despu&eacute;s de conocer las contribuciones individuales, maximizando el bienestar general y evitando el comportamiento oportunista. Si el teorema no es tan general como se supone y la explicaci&oacute;n que brinda est&aacute; lejos de ser &oacute;ptima, cabe preguntar si las relaciones entre los miembros de la familia se deben analizar &uacute;nicamente con el prisma de la maximizaci&oacute;n<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>.</p>       <p>La familia es una unidad compleja de toma de decisiones, las cuales no conducen necesariamente a la eficiencia y no se sostienen obligatoriamente en mandatos patriarcales. As&iacute; mismo, considerar la relaci&oacute;n de poder entre los miembros de la familia para la toma de decisiones implica levantar el supuesto de <i>ceteris paribus </i>y permite hablar de un modelo diferente del establecido por Becker, pero que corresponde m&aacute;s con las pautas del comportamiento de los agentes al interior de los grupos familiares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>CR&Iacute;TICA A LA IDEA DE LOS HIJOS COMO BIENES DE INVERSI&Oacute;N</b></font></p>     <p>Las caracter&iacute;sticas que se atribuyen a los ni&ntilde;os para considerarlos un bien de inversi&oacute;n (o de consumo duradero) son el flujo de servicios que prestan durante largo tiempo a sus padres y el hecho de no agotarse al satisfacer la necesidad de consumo. Pero algunas caracter&iacute;sticas de los bienes de consumo duradero no se ajustan al caso de los hijos, en particular: a) la restricci&oacute;n presupuestal, b) la recomposici&oacute;n de la posici&oacute;n de equilibrio y c) la propiedad de los hijos<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>     <p>a) La inversi&oacute;n (o compra de bienes duraderos) est&aacute; limitada por el ingreso o la capacidad de cr&eacute;dito. La restricci&oacute;n presupuestal no impide tener hijos, como indica la evidencia de que personas de bajos ingresos tienen mayor n&uacute;mero de hijos que las de altos ingresos. Becker explica esta situaci&oacute;n por medio de los precios sombra: los pobres asumen un menor costo de crianza porque su costo de oportunidad es menor. Este costo de oportunidad se concibe en t&eacute;rminos de mercado, pero si se concibiera en otros t&eacute;rminos podr&iacute;a ser m&aacute;s alto para las personas de ingresos bajos, pues la sociedad penaliza m&aacute;s a quienes tienen pocos recursos y "deciden" tener hijos, y no s&oacute;lo en t&eacute;rminos econ&oacute;micos sino en t&eacute;rminos de las capacidades que pueden desarrollar y el tipo de logros que puede aspirar a obtener.</p>     <p>Adem&aacute;s, aunque se acepte la explicaci&oacute;n del costo de oportunidad, esto no supone que las personas pobres est&eacute;n informadas para actuar en forma congruente y sin conflicto con el criterio de maximizaci&oacute;n. En estos casos, un alto n&uacute;mero de hijos no refleja un an&aacute;lisis costo-beneficio, sino restricciones impuestas por el medio social que impiden la lecci&oacute;n. As&iacute; mismo, el criterio de maximizaci&oacute;n aceptado para explicar el mayor n&uacute;mero de hijos no implica mejoras en el bienestar, pues se carece de las condiciones individuales y sociales que aseguran a los padres el beneficio econ&oacute;mico "esperado".</p>      <p>b) Al adquirir un bien de consumo duradero el consumidor puede flexibilizar su posici&oacute;n de equilibrio recomponiendo el gasto (se puede vender el bien en el mercado); pero si los padres hacen un mal c&aacute;lculo y la utilidad marginal de un hijo adicional es menor que la que obtendr&iacute;an comprando alg&uacute;n bien, normalmente ellos no pueden ajustar la decisi&oacute;n. As&iacute;, los padres s&oacute;lo pueden anticipar, no reacomodar, sus posiciones de equilibrio con respecto a los hijos, pues existen normas que deben cumplir cuando tienen hijos (Blake, 1968).</p>     <p>Sin embargo, aunque no existe un mercado secundario de hijos, la posici&oacute;n de equilibrio se puede corregir: por el abandono f&iacute;sico o moral (reducci&oacute;n del tiempo dedicado a la crianza) de los padres, por el infanticidio o aborto selectivo (permitido o no por la ley), d&aacute;ndolos en adopci&oacute;n y reasignando recursos hacia los hijos que "dan mayor satisfacci&oacute;n".</p>     <p>En este &uacute;ltimo caso, el an&aacute;lisis de Ono (2004) refuta dos ideas: la no flexibilizaci&oacute;n de la posici&oacute;n de equilibrio de Blake, y la de Becker (1981, 148) sobre la imposibilidad de tener un hijo caro y otro barato, aunque no se planee. Ono, con base en la sociedad japonesa, desarrolla un modelo donde el n&uacute;mero de hijos est&aacute; <i>determinado ex&oacute;genamente</i>, y muestra que un mayor n&uacute;mero de hermanos reduce las oportunidades de avanzar en la universidad, para hombres y mujeres, debido a los menores recursos disponibles para cada uno. Un hermano var&oacute;n reduce a las mujeres la posibilidad de estudiar en la universidad porque los recursos financieros del hogar se canalizan en favor de &eacute;l, pues la desigualdad de g&eacute;nero en logros educativos y resultados del mercado de trabajo sigue siendo una caracter&iacute;stica sobresaliente de la sociedad japonesa. Puede ser que los padres no planeen un hijo caro y otro barato, pero las condiciones sociales llevan a esto, lo cual implica un nuevo equilibrio, decidido por los padres pero determinado por las circunstancias particulares de la sociedad.</p>     <p>El trabajo de Ono se complementa con el de Brinton (1988), quien mostr&oacute; que "la estratificaci&oacute;n de g&eacute;nero se apoya en las principales instituciones sociales y econ&oacute;micas de la sociedad &#91;&hellip;&#93; la familia, el sistema educativo, y la organizaci&oacute;n del trabajo". Brinton se&ntilde;ala que Jap&oacute;n, a diferencia de Estados Unidos, es un pa&iacute;s donde la estrecha relaci&oacute;n entre instituciones educativas y mercado de trabajo lleva a que las decisiones de desarrollo personal se concentren en unos pocos a&ntilde;os de vida educacional y laboral de los individuos, de modo que el desarrollo de capital humano en Jap&oacute;n refuerza los roles de los hombres y las mujeres en la econom&iacute;a.</p>      <p>Seg&uacute;n McDonald (2000), donde las instituciones sociales y econ&oacute;micas se han adaptado mejor a la equidad de g&eacute;nero, como en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, angloparlantes y en Francia, la fecundidad no ha ca&iacute;do a niveles muy bajos. Cita a Jones (1995), para respaldar la idea de que las condiciones sociales inciden en la decisi&oacute;n de retrasar el matrimonio o no tener hijos, y en particular que pueden limitar la libertad de elecci&oacute;n de la mujer debida a la mayor educaci&oacute;n<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>     <p>c) Al adquirir un bien en el mercado, el consumidor puede usar el bien de la forma que considere; los padres no pueden hacerlo con sus hijos porque no son sus due&ntilde;os. Son en cambio responsables de protegerlos y brindarles atenci&oacute;n, adem&aacute;s est&aacute;n obligados a ciertos comportamientos hacia ellos. En este sentido, existe un periodo m&iacute;nimo (y m&aacute;ximo) durante el cual los padres pueden disfrutar de la utilidad que proporcionan los hijos, que no es discrecional (Blake, 1968, 17). Se supone que el individuo maximizador conoce las normas irrevocables de ser padre y debe contemplarlas en la decisi&oacute;n de reproducci&oacute;n, por ello no solo est&aacute; restringido por el ingreso y los precios, sino por normas sociales que pueden ser irrelevantes para el consumo de bienes. A manera de ejemplo:</p>  <ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>en Espa&ntilde;a, el art&iacute;culo 226 del C&oacute;digo Penal establece que: "el que dejare de cumplir los deberes legales de asistencia inherentes a la patria potestad, tutela, guarda o acogimiento familiar o de prestar la asistencia necesaria legalmente establecida para el sustento de sus descendientes, ascendientes o c&oacute;nyuge, que se hallen necesitados, ser&aacute; castigado con la pena de prisi&oacute;n de tres a seis meses". Bajo tal figura en 2007 fueron condenados "R.M.V. y R.L.L., padres de tres hijos, a tres meses de c&aacute;rcel para cada uno por un delito de abandono de familia por el absentismo escolar de los menores, y por promover incluso que la hija mayor no acudiera al instituto para hacerse cargo del hermano menor" &#91;<a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/09/20/espana/1190291684.html"  target="_blank">www.elmundo.es/elmundo/2007/09/20/espana/1190291684.html</a>, consulta del 25 de agosto de 2010&#93;.</p>    </ol>     <p>En cada pa&iacute;s existen un sistema legal propio que vela por los derechos de los ni&ntilde;os y mecanismos que vigilan el cumplimiento de las reglas y obligaciones de los padres; aunque, por inoperancia, laxitud o falta de cubrimiento, algunos padres abusan de su posici&oacute;n dominante y no cumplen efectivamente sus obligaciones<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. As&iacute;, la demanda de hijos no est&aacute; determinada exclusivamente por un poder de compra similar al caso de los bienes de inversi&oacute;n o de consumo duradero, y las instituciones inciden, bien sea por acci&oacute;n o por omisi&oacute;n, en la utilidad que brindan los hijos a sus padres y en que el gasto en los hijos no sea totalmente discrecional.    <br></p>      <p><font size="3"><b>CR&Iacute;TICA A LA DISCRECI&Oacute;N EN LA SELECCI&Oacute;N DE CALIDAD</b></font></p>     <p>Al equiparar los hijos a los bienes de consumo duradero y al relacionar la calidad con el gasto, Becker (1976, 173) afirma que "si se gasta voluntariamente m&aacute;s en un hijo &#91;&hellip;&#93; es porque los padres obtienen utilidad adicional del gasto adicional", lo que iguala la elecci&oacute;n de la calidad de los hijos a la de un consumidor de bienes en raz&oacute;n de su precio, gustos e ingreso. No obstante, la calidad de un hijo est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del control directo del padre, pues no depende tan solo de sus deseos e ingresos, sino tambi&eacute;n de normas estatales y de condiciones propias de la sociedad, que conjugan factores culturales relacionados con el nivel de vida del padre, su medio social, elementos tecnol&oacute;gicos (que establecen condiciones m&iacute;nimas de calidad reflejadas en la salud y la educaci&oacute;n), las acciones estatales y las peculiaridades de cada ni&ntilde;o. En las sociedades desarrolladas los padres deben cumplir las obligaciones educativas b&aacute;sicas que fija el Estado, que determinan legalmente las condiciones de escolaridad y los m&iacute;nimos de calidad que requiere y establece la sociedad, y que no son potestad de los padres. Estos s&oacute;lo pueden decidir aquellos atributos a los cuales pueden acceder por su ingreso, y por las normas y creencias sociales de estatus social que determinan sus responsabilidades familiares y laborales (Namboodiri, 1972).</p>     <p>La intervenci&oacute;n estatal apoyada en los adelantos de la ciencia (en particular con la medicina) permite mejorar las condiciones de salud, y unida al conocimiento y la aplicaci&oacute;n de medidas de higiene aumenta la calidad de vida de los hijos y los padres; a los primeros les evita padecimientos futuros y a los segundos mayores gastos. En este sentido, Robinson (1997, 68) considera que el enfoque econ&oacute;mico es &uacute;til para entender la toma de decisiones de fecundidad, aunque la exposici&oacute;n de Becker es insuficiente, ya que mayor calidad implica un tipo de tecnolog&iacute;a de producci&oacute;n en el hogar relacionada con la educaci&oacute;n y la salud que no siempre est&aacute; abierta a la elecci&oacute;n de los padres, quienes a su vez encuentran que las mejoras en calidad son posibles por el financiamiento parcial del gasto p&uacute;blico. Es decir, con el mismo gasto en servicios tecnol&oacute;gicos, <i>ceteris paribus</i>, reciben m&aacute;s utilidad de sus hijos porque obtienen m&aacute;s calidad gracias al gasto que realiza el Estado<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>.</p>     <p>Becker niega que haya determinantes sociol&oacute;gicos de la calidad de los hijos de las familias de diferentes niveles de ingreso. En particular rechaza la idea de que los padres ricos reciban presi&oacute;n social para tener hijos caros, y no ve por lo tanto que el efecto del costo invalida la relaci&oacute;n entre el tama&ntilde;o deseado de la familia y el ingreso (Blake, 1968, y Becker, 1960, 215). Sin embargo, el nivel de vida de los padres marca los est&aacute;ndares de calidad de los hijos, y existen prescripciones normativas para producir un nivel m&iacute;nimo de calidad socialmente aceptado (como dice Malthus en el cap&iacute;tulo 2 del <i>Primer ensayo sobre la poblaci&oacute;n</i>) y determinar el punto en que empieza a operar la desutilidad marginal de los hijos. Por tanto, la elecci&oacute;n de calidad no est&aacute; aislada de las restricciones e incentivos que la sociedad y el mercado imponen a los padres, y aunque la calidad se determina por el precio de los bienes que conforman sus atributos, solo es decidida parcialmente por el individuo.</p>     <p><font size="3"><b>EL VAC&Iacute;O SOBRE EL RIESGO DE LA DECISI&Oacute;N DE TENER HIJOS</b></font></p>     <p>Tener hijos se asocia, en general, con la confianza ligada a la seguridad econ&oacute;mica que dan la estabilidad laboral y una fuente continua y segura de ingresos que permita poseer una vivienda. El desempleo, los bajos salarios, la inseguridad laboral y el aumento del costo de la vivienda, debido a los riesgos que acarrean para la crianza, son un desincentivo para casarse y tener hijos. Las decisiones en condiciones de riesgo se consideran en el cap&iacute;tulo 10 del <i>Tratado sobre la familia </i>s&oacute;lo para el caso del divorcio<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>:</p> <ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>al considerar el matrimonio, la divisi&oacute;n del trabajo, la inversi&oacute;n en hijos y otras decisiones familiares, se han pasado por alto la informaci&oacute;n imperfecta y la incertidumbre. La informaci&oacute;n imperfecta algunas veces se puede dejar de lado &#91;&hellip;&#93; pero es la esencia del divorcio, de la b&uacute;squeda en el mercado del matrimonio, de las contribuciones de los hijos a los padres mayores, de una buena reputaci&oacute;n y de otros comportamientos (Becker, 1991, 324).</p>    </ol>     <p>El riesgo, entonces, no hace parte de las variables beckerianas que inciden en la fecundidad. MacKenzie (1979), Wallerstein (1983) y Robinson (1997) llaman la atenci&oacute;n sobre este aspecto y coinciden en que es fundamental en la teor&iacute;a econ&oacute;mica<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>. Robinson postula que los hijos son un activo riesgoso, quiz&aacute; lo &uacute;ltimo que adquieran quienes tienen capital monetario, que los hijos son diferentes y sus servicios var&iacute;an a trav&eacute;s del tiempo aunque se produzcan con la misma tecnolog&iacute;a del hogar, y que un hijo es una inversi&oacute;n sin retorno de dinero cuyo grado de incertidumbre y de riesgo es mayor que en otros activos del hogar.</p>     <p>No obstante, aunque Becker no elabora un planteamiento formal que ligue la elecci&oacute;n en condiciones de riesgo y la tenencia de hijos, en su modelo hay dos aspectos que los vinculan: el n&uacute;mero de hijos y las condiciones de su producci&oacute;n, y la calidad de los hijos. Sobre el primer aspecto se&ntilde;ala:</p> <ol>    <p>Antes del siglo XIX, aun en los pa&iacute;ses avanzados no m&aacute;s de la mitad de los ni&ntilde;os nacidos vivos sobreviven a los diez a&ntilde;os &#91;&hellip;&#93; Pero sin ca&iacute;das significativas en el n&uacute;mero de nacimientos por familia, el n&uacute;mero de sobrevivientes aument&oacute; durante los siglos XIX y XX, debido al dram&aacute;tico aumento de la probabilidad de supervivencia a los diez a&ntilde;os (1991, 143).</p>    </ol>     <p>Reconoce entonces t&aacute;citamente que hay factores ex&oacute;genos que contribuyen al cambio en la probabilidad de supervivencia, los cuales internalizan los padres y ayudan a acercar el n&uacute;mero de hijos al deseado, cuando no hay obst&aacute;culos a la producci&oacute;n de hijos (seg&uacute;n la definici&oacute;n de Becker, a la demanda de hijos). Adem&aacute;s, se puede decir que la elecci&oacute;n racional en condiciones de riesgo est&aacute; determinada por el desarrollo tecnol&oacute;gico y social. Adam Smith se acerc&oacute; a esta idea en <i>La riqueza de las naciones</i>:</p> <ol>    <p>la pobreza, aunque sin duda, desanima los matrimonios, no los impide totalmente, y aun parece, en cierto modo, dar p&aacute;bulo a la procreaci&oacute;n. &#91;&hellip;&#93; Se oye decir con frecuencia que en las tierras altas de Escocia la madre que ha tenido veinte hijos apenas conserva dos. &#91;&hellip;&#93; A pesar de que es dif&iacute;cil encontrar en parte alguna m&aacute;s criaturas que en las barracas de los soldados, son muy pocos los que llegan a la edad de trece o catorce a&ntilde;os. En ciertos lugares mueren, por lo regular, antes de la edad de cuatro a&ntilde;os, en otros, antes de los siete, y, en los m&aacute;s, sin llegar a los diez. &#91;&hellip;&#93; Aun cuando sus matrimonios son m&aacute;s fecundos que los de las clases altas, s&oacute;lo una proporci&oacute;n de sus hijos alcanza la madurez (Smith, 1776, 77).</p>    </ol>     <p>La cita anterior, que respalda la exposici&oacute;n de Leibenstein en 1957, sugiere que los padres m&aacute;s pobres e ignorantes decid&iacute;an racionalmente considerando el riesgo. Como la probabilidad de supervivencia era tan baja, necesitaban un n&uacute;mero grande de hijos para que algunos llegaran a la edad adulta. Y si bien al modelo de elecci&oacute;n racional no se le pide el c&aacute;lculo exacto de las consecuencias de las acciones, involucra informaci&oacute;n particular que toman en cuenta los padres, en particular, la probabilidad de supervivencia (P<sub>sup</sub>), que determina la funci&oacute;n de utilidad del padre U = f(n(P<sub>sup</sub>), q, Z). La probabilidad de supervivencia est&aacute; relacionada con el nivel de desarrollo social y econ&oacute;mico, reflejado en el acceso a servicios b&aacute;sicos, educaci&oacute;n y nutrici&oacute;n, y en la disminuci&oacute;n de los riesgos cl&iacute;nicos asociados al alumbramiento y al periodo posparto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A medida que hay m&aacute;s desarrollo la tecnolog&iacute;a de anticoncepci&oacute;n es m&aacute;s barata y de m&aacute;s f&aacute;cil acceso. Aunque ha existido informaci&oacute;n probabil&iacute;stica expl&iacute;cita sobre el riesgo de tener hijos, se ampl&iacute;a con el avance tecnol&oacute;gico. Existen abundante informaci&oacute;n y bajas probabilidades de mortalidad (que tienden a minimizarse) en los pa&iacute;ses desarrollados (y en desarrollo), lo cual es consistente con el modelo de Becker, y quiz&aacute; explique por qu&eacute; dej&oacute; de lado el riesgo en el an&aacute;lisis de fecundidad. Pero que existan no implica que est&eacute;n disponibles para todos y de igual manera, al menos en los pa&iacute;ses en desarrollo, lo cual tambi&eacute;n explica por qu&eacute; en estos buena parte de las parejas de bajos ingresos tienen m&aacute;s hijos de los que pueden mantener, a pesar de su disposici&oacute;n a usar anticonceptivos.</p>     <p>Por el lado de la calidad, el riesgo se relaciona con los beneficios esperados de los hijos. En el modelo de Becker, el padre sabe con certeza las consecuencias de sus decisiones, lo que permite estimar la utilidad de los ni&ntilde;os, bien sea por los beneficios que reportan como bien de capital o como bien de consumo, como fuente de ingreso monetario o de satisfacci&oacute;n. En tal caso, se suponen unas condiciones m&iacute;nimas que permiten obtener la utilidad esperada del servicio de los hijos.</p>     <p>En realidad, la senda de nacimientos deseados se genera en un ambiente de incertidumbre, donde las decisiones se toman de acuerdo con la informaci&oacute;n acumulada, y las nuevas circunstancias pueden incidir en la variaci&oacute;n de la fecundidad. Las circunstancias econ&oacute;micas y no econ&oacute;micas alteran no s&oacute;lo la demanda corriente de las parejas sino tambi&eacute;n los pron&oacute;sticos de restricciones futuras y, por ende, la demanda futura (Ward y Butz, 1980). Existe el riesgo de que los beneficios no sean los esperados, porque los resultados no dependen siempre de las decisiones de los padres con respecto a sus hijos. Los padres no pueden prever los resultados entre una lista de alternativas posibles, pues se generan en un proceso que implica tiempo y condiciones cambiantes por elementos externos, las cuales son &uacute;nicas para cada individuo.</p>     <p>El &eacute;xito de las empresas financiadas por los padres no solo depende de sus decisiones, sino de la sociedad y de los mismos hijos, puesto que la sociedad crea los estados del mundo que permiten o impiden obtener los resultados esperados, los hijos pueden fracasar por sus propias limitaciones, y aunque tengan &eacute;xito, no siempre cumplen las expectativas de los padres. Becker reconoce este &uacute;ltimo aspecto, pero considera que el riesgo de incumplimiento se minimiza a medida que aumentan los beneficios y la cobertura de la seguridad social. En este sentido, la baja cobertura de la seguridad social en los pa&iacute;ses de bajo nivel de desarrollo indicar&iacute;a que, pese a las condiciones de riesgo e incertidumbre, tener hijos es una opci&oacute;n racional porque los hijos "aumentan indirectamente la utilidad al servir como seguro contra el riesgo de pobreza en la vejez" (Groezen et al., 2002)<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, las mejoras econ&oacute;micas y los avances sociales se reflejan en un aumento general de la probabilidad de supervivencia de los ni&ntilde;os, con mayores posibilidades de evaluar el riesgo asociado a la tenencia y crianza de los hijos, donde ya no es necesario tener tantos hijos para que uno o algunos lleguen a la edad adulta. La modernizaci&oacute;n altera las circunstancias de la reproducci&oacute;n familiar, y no s&oacute;lo provoca cambios individuales sino en la actitud de la sociedad hacia sus miembros, lo cual determina en buena medida los gastos que los padres realizan para mejorar la calidad de sus hijos.</p>      <p><font size="3"><b>LAS INSTITUCIONES Y LA ELECCI&Oacute;N RACIONAL</b></font></p>     <p>El modelo de fecundidad de Becker encaja con el tipo de familia donde el hombre proporciona los recursos, la mujer cuida los hijos y la diferenciaci&oacute;n de actividades entre hombre y mujer se apoya en el mercado de trabajo masculino. Es de gran importancia su rescate del tema de la calidad en la aplicaci&oacute;n de modelos de elecci&oacute;n racional al an&aacute;lisis de la fecundidad. Trabajos posteriores<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>, basados en su modelo, muestran que la relaci&oacute;n entre cantidad y calidad de los hijos, aunque parezca clara y evidente en la actualidad, no es obvia.</p>     <p>El modelo posee consistencia interna, si bien la familia es un sistema cuya estructura interna se desconoce y la b&uacute;squeda de la eficiencia es el problema central. "Expone las relaciones familiares como relaciones econ&oacute;micas" (Del Pino, 2005) y deja de lado objetivos derivados de la interacci&oacute;n familiar que se manifiestan en compromisos, reglas, percepciones y aspiraciones individuales, lo que vac&iacute;a la sustancia de las relaciones familiares pues las decisiones parecen tomarse en el vac&iacute;o. Permite entender c&oacute;mo funciona la familia en un mundo est&aacute;tico y sin fricciones donde se mantiene el supuesto de escasez y la competencia; pero relega el papel de las costumbres, la jerarqu&iacute;a y las relaciones de poder, los est&iacute;mulos y las sanciones, y evade la discusi&oacute;n de la justicia y la equidad en la distribuci&oacute;n de los recursos dentro del grupo familiar.</p>     <p>"Becker hace grandes supuestos sobre las acciones pero ignora sus motivaciones sustanciales" (Hannan, 1982). Por ello, la consideraci&oacute;n de elementos diferentes de la maximizaci&oacute;n de la utilidad en la elecci&oacute;n del n&uacute;mero de hijos y su calidad puede ayudar a entender el cambio de preferencias, como resultado de nuevos aspectos sociales que llevan a valorar en forma diferente los prop&oacute;sitos a la luz de las nuevas oportunidades y motivaciones. El an&aacute;lisis del modelo permite indicar que es una plataforma inicial para desarrollar un cuerpo anal&iacute;tico que mejore la comprensi&oacute;n del funcionamiento de la familia, donde la maximizaci&oacute;n de la utilidad no es el &uacute;nico incentivo para tomar decisiones. En estas influyen tambi&eacute;n las creencias de grupo y el estatus de los padres y los cambios socioecon&oacute;micos que generan nuevas relaciones entre los individuos.</p>     <p>Las cr&iacute;ticas al modelo resaltan la importancia de las instituciones, formales e informales, en el comportamiento de la familia, y en los incentivos para tomar decisiones concernientes al matrimonio y la fecundidad<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. En las relaciones humanas hay un espacio imperceptible no sujeto a medici&oacute;n cuantitativa, que no por ello deja de existir y no se puede analizar, y que quedar&iacute;a por fuera del campo de la econom&iacute;a. El an&aacute;lisis institucional puede dar respuestas a los interrogantes sobre las decisiones familiares que no han sido respondidos en forma satisfactoria por la econom&iacute;a convencional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una visi&oacute;n m&aacute;s integral indica que el modelo de fecundidad de Becker corresponde a una sociedad en proceso de crecimiento econ&oacute;mico, donde los jefes de familia pueden tomar decisiones sobre el tama&ntilde;o de la prole, porque se puede mantener a la familia con una sola fuente de ingresos (hombre dador, seg&uacute;n McDonald, 2000). Y aunque en el an&aacute;lisis se ve a los padres como consumidores, tambi&eacute;n son productores. M&aacute;s all&aacute; de la disponibilidad de recursos monetarios, esto implica un compromiso con los hijos, un proceso de producci&oacute;n-inversi&oacute;n social y paternal. Y un conflicto entre la b&uacute;squeda individual y colectiva de metas, donde las acciones individuales son influidas por consideraciones &eacute;ticas que reflejan reglas de conducta dif&iacute;ciles de infringir, aunque esto beneficie al individuo (Sen, 1989, y Hakim, 2003).</p>     <p>Se han desarrollado esquemas te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos alternativos que consideran la relaci&oacute;n din&aacute;mica entre elecci&oacute;n individual, el contexto de la pareja y el marco social e institucional. Estos muestran que los cambios institucionales a nivel macro en algunos pa&iacute;ses han llevado a una mejor combinaci&oacute;n del trabajo femenino y el cuidado de los hijos<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. Los pa&iacute;ses que hoy tienen los menores niveles de fecundidad son aquellos donde hay relativamente menores tasas de empleo para las mujeres; y donde la participaci&oacute;n laboral femenina es mayor, tiende a haber mayor fecundidad, con la ayuda de un sistema que reduce la salida de las mujeres del mercado de trabajo cuando tienen que dedicarse a la crianza (Engelhardt et al., 2004, y Hilgeman y Butts, 2009).</p>     <p>Sin hacer referencia al marco institucional es dif&iacute;cil explicar las diferencias y la evoluci&oacute;n reciente de la fecundidad, dejando espacio a la elecci&oacute;n individual del n&uacute;mero y la calidad de los hijos. Aunque la posibilidad de tener un alto n&uacute;mero de hijos ha disminuido, el tema de la calidad es de gran importancia, sobre todo si se considera que esta no s&oacute;lo se refleja en el flujo de recursos que genera sino en el cambio de las instituciones y en la visi&oacute;n de la importancia de la ni&ntilde;ez para el bienestar de toda sociedad.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Ver Easterlin (1975), Lee (2003), Medina y Fonseca (2005), Adsera (2005) y Soares (2005).    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Aunque el aumento del ingreso es s&oacute;lo uno de los factores de cambio que inciden en la interacci&oacute;n de los individuos en la familia y en la sociedad.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>En este caso la funci&oacute;n de utilidad del individuo es U = U(n, Z) donde n representa la cantidad de hijos y Z incluye otros bienes. La restricci&oacute;n presupuestal (convencional) correspondiente es p<sub>n</sub>n + <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>z</sub>Z = I donde p<sub>n</sub>, <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>z</sub> representan los precios de los hijos y de los otros bienes, respectivamente (Becker, 1991, 138). Para la maximizaci&oacute;n se suponen utilidades marginales decrecientes que resultan de las derivadas parciales de primer orden de n y de Z(UM<sub>n</sub>, UM<sub>z</sub> &gt; 0) y de las derivadas parciales de segundo orden (U<sub>nn</sub>, U<sub>zz</sub> &lt; 0). Al cumplirse la condici&oacute;n anterior, si el hessiano orlado es positivo se tiene una funci&oacute;n de utilidad convexa:    <br> <img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10i1.jpg"></p> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Para el an&aacute;lisis de la fecundidad Becker (1991, 137-138) asume una funci&oacute;n de utilidad a maximizar determinada por la ecuaci&oacute;n:    <br>  U = U(n, q, Zi)                                                   &#91;1&#93;    <br> donde n representa la cantidad de hijos, q la calidad de hijos y Z<sub>i</sub> (i = 1,2,...,m) los otros bienes.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Al introducir la calidad en la restricci&oacute;n presupuestal convencional, se transforma en:    <br> p<sub>c</sub>qn + <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>z</sub>Z = I                              &#91;2&#93;     <br>                                                   donde p<sub>c</sub> es el costo de una unidad de calidad y q la calidad de cada hijo.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Los precios sombra se obtienen al reescribir la ecuaci&oacute;n                       &#91;2&#93;  de la forma:    <br>  I + p<sub>c</sub>nq = R; R = <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>q</sub> + <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>n</sub>n + <font face="palatino Linotype" size="3">&pi;</font><sub>z</sub>Z                                   &#91;3&#93;    <br> donde R es el ingreso sombra, igual a las cantidades sombra gastadas en los diferentes bienes. Al maximizar la funci&oacute;n de utilidad &#91;1&#93; sujeta a la restricci&oacute;n presupuestal &#91;4&#93;, se tienen las utilidades marginales de cantidad y calidad de hijos, y de la cantidad de otros bienes de la forma:    <br> <img src="img/revistas/rei/v13n25/v13n25a10f4.jpg">    <br> El sistema de ecuaciones &#91;4&#93; indica que la utilidad marginal de los hijos adicionales es mayor a medida que haya m&aacute;s calidad, y la utilidad marginal de unidades adicionales de calidad es mayor a medida que haya m&aacute;s hijos. Por ello, un aumento de la cantidad es m&aacute;s costoso si los hijos son de mayor calidad; asimismo, mejorar la calidad de un hijo es m&aacute;s costoso a medida que hay m&aacute;s hijos, porque la calidad es id&eacute;ntica para todos los hijos (Becker, 1991, 145-146). Por tanto, si se mejora la calidad de un hijo hay que mejorar obligatoriamente la de los dem&aacute;s.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Espenshade (1972), Easterlin (1975), Pollack (1985), Kohler et al. (2006).    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Tales "costos fijos de cantidad y calidad son: 1) los que no dependen de la calidad, como el tiempo, los gastos f&iacute;sicos y monetarios del embarazo y el alumbramiento (as&iacute; como de evitarlos), junto con ayudas estatales a los hijos (costo negativo); y 2) los que no dependen de la cantidad, en gran parte debidos al consumo conjunto de los hijos (como la ropa que se transfiere de un hijo a otro y el aprendizaje de los padres)" (ib&iacute;d.). Esta &uacute;ltima parte supone que el consumo conjunto tiene un periodo limitado, para hijos del mismo sexo y m&aacute;ximo espaciamiento entre ellos; y en el caso de las mujeres que el aprendizaje incluye condiciones de salud semejantes durante los embarazos y los periodos posparto, hijos con caracter&iacute;sticas (f&iacute;sicas y de comportamiento) afines, y condiciones sociales y familiares estables. Estos costos de "consumo conjunto y aprendizaje" son hasta cierto punto controlados por los padres, a diferencia de los costos fijos de cantidad -ayuda gubernamental, anticonceptivos y desembarazos- que son determinados ex&oacute;genamente, y los que Becker subraya para ejemplificar y mostrar evidencia que refleja la sustituci&oacute;n de cantidad por calidad. Su an&aacute;lisis se apoya en una demostraci&oacute;n conjunta con Lewis de 1973 (Becker y Lewis, 1973).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Gobierno de Taiw&aacute;n, &#91;<a href="http://www.gio.gov.tw" target="_blank">http://www.gio.gov.tw</a>&#93;, consulta del 26 de abril de 2009.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Aunque este es un adelanto, algunas organizaciones consideran que la medida es insuficiente y que se deben igualar los permisos de maternidad y paternidad, as&iacute; como los de adopci&oacute;n, para eliminar la discriminaci&oacute;n laboral hacia las mujeres y modificar la distribuci&oacute;n de tareas del cuidado en el hogar.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>"Mientras que la posibilidad de un ni&ntilde;o malvado se prev&eacute; y trata te&oacute;ricamente con la teor&iacute;a del altruismo, no se considera lo que suceder&iacute;a si hay un 'pap&aacute; malvado'. &Eacute;ste  no solo  puede  no aportar  lo  suficiente  al  ingreso familiar sino que, adem&aacute;s, puede no cumplir el papel altruista de mantener el comportamiento de todos en l&iacute;nea" (Oppenheimer, 1994).    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Estos literales se basan en Blake (1968).    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Seg&uacute;n Jones (1995), "en los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, el estatus de la mujer tiende a declinar sustancialmente en el matrimonio m&aacute;s que en el nacimiento de un ni&ntilde;o y, como consecuencia, las tasas de matrimonio se han reducido bruscamente para la mujer, en particular para las m&aacute;s educadas" (citado por McDonald, 2000).    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>"Thernborn (1993) estableci&oacute; una relaci&oacute;n entre el desarrollo de los derechos de los ni&ntilde;os en las naciones occidentales y las formas legales patriarcales que se aplicaban a comienzos del siglo XX, y que a&uacute;n persisten en diferentes grados, &#91;lo que permite concluir que&#93; la fecundidad es mayor donde hay mayor tradici&oacute;n de valoraci&oacute;n de los ni&ntilde;os. La ley hace una buena reflexi&oacute;n sobre la moralidad ideal de la familia, &#91;y&#93; si los c&oacute;digos patriarcales est&aacute;n consagrados en la ley, o su supresi&oacute;n de la ley es reciente, se puede esperar que la moralidad idealizada de la familia sea tambi&eacute;n patriarcal, y por tanto que se ajuste al modelo de padre-dador" (citado por McDonald, 2000). Este modelo de padre dador corresponde al modelo de Becker.    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Seg&uacute;n Folbre (2008, 173-174), en Estados Unidos se gasta m&aacute;s dinero per c&aacute;pita en salud que en cualquier otro pa&iacute;s, pero en 2000 al menos 24 pa&iacute;ses se situaron mejor en mortalidad infantil. La falta de pago por paternidad desincentiva la lactancia materna, particularmente entre madres de bajos ingresos, con consecuencias desastrosas para los ni&ntilde;os. En los pa&iacute;ses desarrollados, el acceso a pagos por paternidad se asocia con mejoras significativas en la salud de los ni&ntilde;os.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Openheimer (1988, 1994, 1997 y 2003, y Oppenheimer et al., 1997) considera que Becker analiza el matrimonio para explicar su disoluci&oacute;n, m&aacute;s que su formaci&oacute;n; y que la reducci&oacute;n de las ganancias del matrimonio debida a la mayor participaci&oacute;n laboral de la mujer con el respectivo descenso de la fecundidad -porque la divisi&oacute;n sexual del trabajo (la fuente de ganancia del matrimonio para Becker) se vuelve menos ventajosa- es una visi&oacute;n simplista de las relaciones maritales. Tambi&eacute;n analiza los aspectos que determinan el momento del matrimonio y el papel del cambio de posici&oacute;n econ&oacute;mica de los j&oacute;venes para explicar su retraso. Para ella, la especializaci&oacute;n en el matrimonio tiene grandes deficiencias, y se ha buscado en el lugar equivocado para encontrar la explicaci&oacute;n del componente econ&oacute;mico de las recientes tendencias demogr&aacute;ficas que, al enfocarse exclusivamente en la mujer, dejan de lado el an&aacute;lisis de la posici&oacute;n econ&oacute;mica de los hombres, a la cual hay que prestar mayor atenci&oacute;n.    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Seg&uacute;n Schmidt (2008), la literatura sobre el matrimonio y las decisiones de fecundidad presta poca atenci&oacute;n al rol de las preferencias de riesgo y la incertidumbre. Encuentra que las mujeres m&aacute;s tolerantes al riesgo se casan m&aacute;s tarde; que la tolerancia al riesgo acelera los nacimientos en un ciclo temprano de la vida, y que para mujeres no casadas y mujeres con educaci&oacute;n universitaria la tolerancia al riesgo retrasa los primeros nacimientos a medida que se acercan al final del periodo f&eacute;rtil.    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Para McDonald (2000) las pol&iacute;ticas neoliberales (bajos salarios, aumento de la inseguridad laboral y altos costos de vivienda) son un desincentivo para tener hijos, pero ir&oacute;nicamente se justifican porque las sociedades necesitan prepararse para la carga de poblaci&oacute;n mayor. Por ello, quienes tienen menos recursos pierden muy poco al tener hijos pues no tienen oportunidad de &eacute;xito en la econom&iacute;a principal. La vida familiar con los hijos al menos da alg&uacute;n significado a su vida.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Galor y Weil (2000), De la Croix y Doephke (2003), Adsera (2005) y Ribero (2001).    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Pollack (1985), Lundholm y Olson (1998), Kohler et al. (2006), Rasul (2006) y Serrano (2002).    <br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Algunos autores encuentran que en los pa&iacute;ses de la OCDE ha variado la correlaci&oacute;n entre fecundidad total y participaci&oacute;n laboral de la mujer, de valores negativos a positivos, desde la d&eacute;cada de 1980 (Engelhardt et al., 2004).</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1.  Adsera, A. "Vanishing children: From high unemployment to low fertility in developed countries", <i>American Economic Review </i>95, 2, 2005, pp. 189-193.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996201100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.  Becker, G. S. "An economic analysis of fertility", <i>Demographic and economic change in developed countries</i>, Princeton, Columbia University Press, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996201100020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.  Becker, G. S. <i>The economic approach to human behavior</i>, Chicago y London, The University of Chicago Press, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996201100020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.  Becker, G. S. <i>A treatise on the family</i>, 1981, Cambridge y London, Harvard University Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996201100020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.  Becker, G. S. y H. G. Lewis. "On the interaction between quantity and quality of children", <i>Journal of Political Economy </i>81, 2, part 2, 1973, pp. S279-S288.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996201100020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.  Bergstrom, T. "A fresh look at the rotten kid theorem, and other household mysteries", <i>Journal of Political Economy </i>97, 5, 1989, pp. 1138-1159.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996201100020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.  Bergstrom, T. "Some evolutionary economics of family partnerships", <i>American Economic Review </i>97, 2, 2007, pp. 482-486.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996201100020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.  Blake, J. "Are babies consumer durables? A critique of the economic theory of reproductive motivation", <i>Population Studies </i>22, 1, 1968, pp. 5-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996201100020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.  Brinton, M, C. "The social-institutional bases of gender stratification: Japan as an illustrative case", <i>The American Journal of Sociology </i>94, 2, 1988, pp. 300-334.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996201100020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Cantillon, R. <i>Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general</i>, 1759, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996201100020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Chiappori, P., L. Haddad, J. Hoddinot y R. Kanbur. "Unitary vs. collective models of the household. Time to shift the burden of proof?", <i>World Bank Policy Research Working Paper </i>1217, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996201100020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Cornes, R. y E. Silva. "Rotten kinds, purity, and perfection", <i>The Journal of Political Economy </i>107, 5, 1999, pp. 1034-1040.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996201100020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. De La Croix, D. y M. Doephke. "Inequality and growth: Why differential fertility matters", <i>The American Economic Review </i>93, 4, 2003, pp. 1091-1113.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996201100020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Del Pino, J. A. "Integraci&oacute;n de modelos en la explicaci&oacute;n de la fecundidad", <i>Cuadernos Geogr&aacute;ficos </i>36, 2005, pp. 105-124.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996201100020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Dolfsma, W y H. Hoppe. "On feminist economics", <i>Feminist Review </i>75, 2003, pp. 118-128.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996201100020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Easterlin, R. A. "An economic framework for fertility analysis", <i>Studies in Family Planning </i>6, 3, 1975, pp. 54-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996201100020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Engelhardt, H., T. Kögel y A. Prskawetz. "Fertility and women's employment reconsidered: A macro-level time-series analysis for developed countries, 1960-2000", <i>Population Studies </i>58, 1, 2004, pp. 109-120.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996201100020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Espenshade, T. J. "The price of children and socio-economic theories of fertility", <i>Population Studies </i>26, 2, 1972, pp. 207-221.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996201100020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Folbre, N. "Of patriarchy born: The political economy of fertility decisions", <i>Feminist Studies </i>9, 2, 1983, pp. 261-284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996201100020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Folbre, N. <i>Valuing children. Rethinking the economics of the family</i>, Cambridge, Harvard University Press, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996201100020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Galor, O. y D. N. Weil. "Population technology and growth: From malthusian stagnation to the demographic transition and beyond", <i>American Economic Review </i>90, 4, 2000, pp. 806-828.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996201100020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Groezen, B. van, T. Leers y L. Meijdam. "The vulnerability of social security when fertility is endogenous", <i>Journal of Institutional and Theoretical Economics </i>158, 4, 2002, pp. 715-730.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996201100020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Hakim, C. "A new approach explaining fertility patterns: Preference theory", <i>Population and Development Review </i>29, 3, 2003, pp. 349-374.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996201100020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Hannan, M. T. "Families, markets, and social structures: An essay on Becker's 'A treatise on the family'", <i>Journal of Economic Literature </i>20, 1, 1982, pp. 65-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996201100020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Hilgeman, C. y C. Butts. "Women's employment and fertility: A welfare regime paradox", <i>Social Science Research </i>38, 1, 2009, pp. 103-117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-5996201100020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Hirshleifer, J. "The Exchange between quantity and quality", <i>The Quarterly Journal of Economics </i>69, 4, 1955, pp. 596-606.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996201100020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Houthakker, H. S. "Compensated changes in quantities and qualities consumed", <i>The Review of Economic Studies </i>19, 3, 1952-1953, pp. 155-164.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996201100020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Jones, G. W. "The demise of universal marriage in East and South-East Asia", paper presented to The Continuing Demographic Transition: The John C. Caldwell Seminar, The Australian National University, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996201100020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Kohler, H.-P., F. C. Billari y J. A. Ortega. "Low fertility in Europe: Causes, implications and policy options", F. Harris, ed., <i>The baby bust: Who will do the work? Who will pay the taxes?</i>, Lanham, Row-man &amp; Littlefield Pub., 2006, pp. 48-109, &#91;<a href="http://www.ssc.upenn.edu/~hpkohler/papers/Low-fertility-in-Europe-final.pdf" target="_blank">http://www.ssc.upenn.edu/~hpkohler/papers/Low-fertility-in-Europe-final.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996201100020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Lee, R. "The demographic transition: Three centuries of fundamental change", <i>The Journal of Economic Perspectives </i>17, 4, 2003, pp. 167-190.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996201100020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Leibestein, H. <i>A theory of economic-demographic development</i>, Princeton, Princeton University Press, 1954.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996201100020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Leibenstein, H. <i>Economic backwardness and economic growth: Studies in the theory of economic development</i>, New York, Science Editions, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996201100020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Lundholm, M. y H. Ohlson. "Who takes care of the children? The quantity-quality model revisited", <i>Research Papers in Economics </i>4, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996201100020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. MacKenzie, R. B. "The non-rational domain and the limits of economic analysis", <i>Southern Economic Journal </i>46, 1, 1979, pp. 145-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996201100020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Malthus, T. R. <i>Primer ensayo sobre el principio de la poblaci&oacute;n</i>, 1798, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996201100020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. McDonald, P. "Gender equity, social institutions and the future of fertility", <i>Journal of Population Research </i>17, 1, 2000, pp. 1-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996201100020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Medina, M. R. y M. do C. Fonseca. "Trayectoria de paradigmas que explican la fecundidad", <i>Desarrollo y Sociedad </i>55, 2005, pp. 57-100.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996201100020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Namboodiri, K. "Some observations on the economic framework for fertility analysis", <i>Population Studies </i>26, 2, 1972, pp. 185-206.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996201100020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Ono, H. "Are sons and daughters substitutable? Allocation of family resources in contemporary Japan", <i>Journal of the Japanese and International Economies </i>18, 2, 2004, pp. 143-160.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996201100020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Oppenheimer, V. K. "A theory of marriage timing", <i>The American Journal of Sociology </i>94, 1988, pp. 563-591.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996201100020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Oppenheimer, V. K. "Women's rising employment and the future of the family in industrial societies", <i>Population and Development Review </i>20, 2, 1994, pp. 293-342.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996201100020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Oppenheimer, V. K. "Women's employment and the gain to marriage: The specialization and trading model", <i>Annual Review of Sociology </i>23, 1997, pp. 431-453.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996201100020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Oppenheimer, V. K. "Cohabiting and marriage during young men's career-development process", <i>Demography </i>40, 1, 2003, pp. 127-149.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996201100020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Oppenheimer, V. K., M. Kalmijn y N. Lim. "Men's career development and marriage timing during a period of rising inequality", <i>Demography </i>3, 1997, pp. 311-330.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996201100020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Pollack, R. "A transaction cost approach to families and households", <i>Journal of Economic Literature </i>23, 2, 1985, pp. 581-608.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996201100020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Pollack, R. "Gary Becker's contributions to family and household economics", St. Louis, Washington University, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996201100020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Prais, S. J., y H. S. Houthakker. <i>The analysis of family budgets</i>, 1954, London, Cambridge University Press, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996201100020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Rasul, I. "The economics of child custody", <i>Economica </i>73, 2006, pp. 1-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996201100020001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Ribero, R. "Estructura familiar, fecundidad y calidad de los ni&ntilde;os en Colombia", <i>Desarrollo y Sociedad </i>47, 2001, pp. 1-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996201100020001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Robinson, W. C. "The economic theory of fertility over three decades", <i>Population Studies </i>51, 1, 1997, pp. 63-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996201100020001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Schmidt, L. "Risk preferences and the timing of marriage and childbearing", <i>Demography </i>45, 2, 2008, pp. 439-460.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996201100020001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Sen, A. <i>Sobre &eacute;tica y econom&iacute;a</i>, Madrid, Alianza Universidad, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996201100020001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Serrano M., E. D. "Econom&iacute;a de la familia: modelos de comportamiento intrafamiliar y asignaci&oacute;n de recursos", tesis doctoral en Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996201100020001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Smith, A. <i>Investigaci&oacute;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de la naciones</i>, 1776, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996201100020001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Soares, R. S. "Mortality reductions, educational attainment, and fertility choice", <i>American Economic Review </i>95, 3, 2005, pp. 580-601.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996201100020001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Theil, H. "Qualities, process and budget enquiries", <i>The Review of Economic Studies </i>19, 3, 1952-1953, pp. 129-147.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996201100020001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Thompson, L. y A. Walker. "The place of feminism in family studies", <i>Journal of Marriage and the Family </i>57, 4, 1995, pp. 847-865.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996201100020001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Turchi, B. "Microeconomic  theories  of  fertility: A  critique", <i>Social Forces </i>54, 1, 1975, pp. 107-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996201100020001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Wallerstein, M. "A treatise on family by Gary S. Becker. Reviewed work", <i>Ethics </i>94, 1, 1983, pp. 152-153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996201100020001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Ward, M. y W. Butz. "Completed fertility and its timing", <i>The Journal of Political Economy </i>88, 5, 1980, pp. 917-940.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996201100020001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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