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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>DEJAD   HACER<sup>*</sup></b></font></p>      <p align="center"><i>Miguel Samper</i></p>     <br>     <p><sup>*</sup> Art&iacute;culo publicado en <i>Neo-Granadino</i>, a&ntilde;o V, 225, 26 de noviembre de 1852, pp. 295-296.</p> <hr>     <p>Las dos palabras que sirven de ep&iacute;grafe a este art&iacute;culo resumen el principio de la libertad humana, fruto de las conquistas de la ciencia social, de las lecciones de la historia y de los progresos de la democracia. La escuela econ&oacute;mica encabezada por nombres ilustres como Smith, Say, Cobden y Bastiat, descubriendo las verdades de la ciencia, ha purgado de innumerables errores el campo de la discusi&oacute;n y confundido a sus antiguos adversarios los defensores del sistema de la represi&oacute;n.</p>     <p>Cuando ya se pronunciaba la opini&oacute;n por sus doctrinas de una manera decidida, e inspirada por ellas daba principio a las reformas, un nuevo enemigo, el socialismo, se ha presentado en la arena y califica de ego&iacute;sta y antisocial el sistema de libertad.</p>     <p>Cuando los conocimientos han combatido los errores de los proteccionistas, estos, calific&aacute;ndolos de utopistas se han escudado con el espect&aacute;culo que presenta la civilizaci&oacute;n europea que ha llegado, seg&uacute;n ellos, a tanto desarrollo en fuerza de la fecundidad de su sistema. El ejemplo de la prosperidad de Francia e Inglaterra se ha citado como el modelo de la perfecci&oacute;n y opuesto como autoridad a las mejoras o reformas propuestas en otras partes. En vano los amigos de la libertad se deten&iacute;an en demostrar que el adelantamiento de esas grandes naciones ten&iacute;a otras causas; que &eacute;l se hab&iacute;a operado no en virtud sino a despecho del sistema restrictivo, y por la superabundancia de vida que produjeron los avances del <i>self-government</i>, la comunicaci&oacute;n m&aacute;s activa de los pueblos por los progresos de la navegaci&oacute;n y los descubrimientos geogr&aacute;ficos, y en fin , por los inventos maravillosos del genio y de la industria. El monopolio del tabaco, los derechos de exportaci&oacute;n sobre el oro, los diezmos, los derechos diferenciales y otras trabas de que adolec&iacute;a nuestro sistema de finanzas, no han ca&iacute;do sino a los golpes repetidos de los economistas y despu&eacute;s de una lucha de treinta a&ntilde;os.</p>     <p>Las pruebas de bulto que presenta la Inglaterra desde cerca de diez a&ntilde;os, variando sus instituciones financieras con notable beneficio de la clase pobre, del comercio y del Tesoro p&uacute;blico, no han sido bastantes a detener los ataques de las nuevas sectas sociales, que se ceban con encarnizamiento sobre los efectos de la <i>concurrencia </i>y piden la <i>protecci&oacute;n </i>para el pobre, como si esa concurrencia raqu&iacute;tica de los privilegiados del sistema restrictivo, que a&uacute;n permanece en pie casi en su totalidad, pudiera considerarse como el resultado de la libertad absoluta de industria y de comercio que no existe a&uacute;n en ning&uacute;n pueblo de la tierra. No estando desencadenadas todav&iacute;a <i>todas </i>las fuentes de la riqueza, natural es que las medidas imperfectas que se han adoptado en algunas partes adolezcan de los defectos de que carecer&iacute;a la adopci&oacute;n franca y completa del sistema de la libertad.</p>     <p>Si se me presenta un solo ejemplo que acredite que un pueblo que goza de una absoluta libertad de industria y de comercio y de un sistema rent&iacute;stico que no tenga otra fuente que el impuesto &uacute;nico y directo, sufre el mal del pauperismo, yo convendr&iacute;a con los socialistas en que hay que buscar en las leyes el remedio que no se encuentra en la libertad. Y aun en tal supuesto habr&iacute;a que examinar si las restricciones de otros pueblos y causas independientes no influ&iacute;an en los resultados, antes de fallar que el sistema de la libertad no es propio para llenar los fines de la sociedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y desde luego har&eacute; notar que la dicha universal, la dicha igual para todos los hombres se presenta a mi esp&iacute;ritu como una cosa incompatible con la desigualdad <i>natural </i>de ellos en cuanto a sus medios de acci&oacute;n f&iacute;sicos e intelectuales. Pero la econom&iacute;a pol&iacute;tica s&iacute; puede predecir a la humanidad para una &eacute;poca m&aacute;s o menos remota, la desaparici&oacute;n de la indigencia y una desigualdad de riquezas menos sensible, fundando este resultado en que los progresos de la industria, a la sombra de la libertad, har&aacute;n la subsistencia m&aacute;s c&oacute;moda y barata, y establecer&aacute;n la distribuci&oacute;n de la riqueza creada con m&aacute;s equidad. Es un hecho indudable que la industria obtiene m&aacute;s beneficio y el capital menos inter&eacute;s a medida que se desarrolla, y para convencerse de esta verdad basta comparar la tasa del inter&eacute;s y el valor de los salarios en los pa&iacute;ses ricos y en los pobres. Lentamente las acumulaciones del rico ir&aacute;n siendo m&aacute;s dif&iacute;ciles y menores en proporci&oacute;n al capital que las de los pobres; y esa nivelaci&oacute;n de fortunas que hoy ser&iacute;a la obra de un crimen de lesa humanidad, vendr&aacute; a ser la obra de Dios por medio de la acci&oacute;n natural de las leyes de la riqueza y de la propiedad.</p>     <p>El Sistema de la libertad, aun adoptado genuinamente, ser&aacute; por mucho tiempo entrabado por los escombros del r&eacute;gimen restrictivo, por la necesidad de respetar algunos de sus efectos, frutos del despojo, que la buena fe posterior ha hecho dignos de respeto.</p>     <p>Las reformas socialistas (si acaso he logrado comprender sus doctrinas) tienen por base muchos principios econ&oacute;micos, y las dos escuelas no se diferencian, a mi modo de ver, sino en que aquellos se han adelantado hasta la exageraci&oacute;n, y en el exceso estriba su vicio. Abogando por la causa del d&eacute;bil contra las clases privilegiadas, han llegado hasta convertirse en <i>proteccionistas </i>pidiendo la <i>opresi&oacute;n </i>de los ricos en favor de los pobres, cuando la cuesti&oacute;n debe cesar con el privilegio, con el restablecimiento de la justicia y de la libertad. La escuela econ&oacute;mica la quiere para todos, ricos y pobres; la opresi&oacute;n para nadie: en la justicia de sus pretensiones est&aacute; la fuerza que debe conquistarle la opini&oacute;n.</p>     <p>No pertenezco, sin embargo, a los detractores de los hombres que han levantado la bandera del socialismo, reconozco nobleza en sus esfuerzos puesto que luchan contra los poderosos y por la causa de los d&eacute;biles; no desde&ntilde;o muchas de sus ideas en el sentido de que deba operarse sobre las costumbres y los sentimientos para reavivar la caridad y la fraternidad, pero a condici&oacute;n de que no se pretenda esclavizar al hombre so pretexto de emanciparlo.</p>     <p>Por otra, parte cuando entran en la circulaci&oacute;n nueva ideas, es preciso meditarlas y proceder con ellas con prudencia, porque en todos tiempos las verdades m&aacute;s importantes y al mismo tiempo las m&aacute;s sencillas, se han presentado al esp&iacute;ritu de los contempor&aacute;neos como sue&ntilde;os ut&oacute;picos, arranques de locura o esfuerzos de la herej&iacute;a. El que no quiera quedarse atr&aacute;s en la carrera del progreso, debe esforzarse en conservar su esp&iacute;ritu libre de las preocupaciones de su &eacute;poca y del engreimiento sectario, para acoger las nuevas verdades en vez de desecharlas por el despecho de haberse visto sorprendido.</p>     <p>Una de las causas que m&aacute;s poderosamente han contribuido entre nosotros a que el socialismo adquiera las proporciones de una grande escuela, y acaso de un partido, es la oposici&oacute;n sistem&aacute;tica y ego&iacute;sta de las clases acomodadas a las reformas liberales. La contribuci&oacute;n directa, por ejemplo, sufri&oacute; en Bogot&aacute; una terrible oposici&oacute;n cuando la C&aacute;mara provincial adoptaba por base la repartici&oacute;n <i>proporcional</i>, porque las clases que no hab&iacute;an contribuido hasta entonces sino con las contribuciones indirectas, llevaban a mal que los agricultores fueran eximidos del diezmo, si en compensaci&oacute;n deb&iacute;an igualarse con ellos como contribuyentes. En 1852 el amago del impuesto <i>progresivo </i>ha hecho entrar en raz&oacute;n a los adversarios del <i>proporcional </i>&iexcl;que lo defienden hoy como la expresi&oacute;n de la justicia! Ojal&aacute; que esta lecci&oacute;n no sea perdida y que las clases acomodadas sean en adelante m&aacute;s d&oacute;ciles a las reformas. La abolici&oacute;n de las aduanas y del monopolio de la sal, ser&aacute; el ant&iacute;doto m&aacute;s eficaz contra la subvenci&oacute;n nacional <i>progresiva </i>que acaso no tardar&aacute; en presentarse a ser discutida en las C&aacute;maras legislativas.</p>     <p>Entre tanto, los amigos sinceros y entusiastas de la libertad deben entenderse; volver al programa con que vencimos en la lucha eleccionaria de 1848, que bien poco importan los nombres cuando se discuten los hechos y se tiene en mira el bien de la patria. &iexcl;Qu&iacute;tese de en medio la palabra socialismo y a su estandarte sombr&iacute;o suceda el siempre glorioso de la libertad!, sacrif&iacute;quense algunos est&eacute;riles deseos incompatibles con la rigidez de los principios; conv&eacute;ngase en que la sociedad no puede ser organizada ni reorganizada sino por Dios, y el partido liberal unido, fuerte y entusiasta no tendr&aacute; que arrepentirse de haber dejado perdido el poder por sus discordias.</p>     <p>Perd&oacute;neseme esta corta digresi&oacute;n en obsequio del inter&eacute;s actual que la cuesti&oacute;n tiene entre nosotros. Paso a demostrar, si me es posible, que la organizaci&oacute;n natural de la sociedad no puede acordarse con otro sistema que el de la libertad.</p>     <p>La organizaci&oacute;n de la sociedad est&aacute; basada &uacute;nica y esencialmente en la naturaleza del hombre. Como ser inteligente y sensible, necesita desarrollar todas sus facultades y ejercerlas libremente para avanzar en la carrera de su perfecci&oacute;n. Este desarrollo, lento pero progresivo, constituye los progresos de la civilizaci&oacute;n.</p>     <p>La sociedad es tan indispensable para el hombre como el aire que respira, como todos los elementos necesarios para conservar su ser f&iacute;sico, porque el desarrollo de la parte noble de la inteligencia depende de sus relaciones con sus semejantes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La familia, que es la garant&iacute;a de conservaci&oacute;n para la especie humana, y la separaci&oacute;n de las ocupaciones, que es la garant&iacute;a de su desarrollo y perfecci&oacute;n, parecen ser las bases esenciales de la sociedad. En estos dos elementos la sociedad vive y marcha; faltando cualquiera de ellos se trastorna y muere.</p>     <p>El hombre sin afectos, sin la condici&oacute;n de padre, hijo, esposo y hermano; sin ese c&iacute;rculo estrecho de la familia que determina un objeto a sus esfuerzos y aspiraciones, ser&iacute;a un ser esencialmente ego&iacute;sta, sin misi&oacute;n sobre la tierra. Pero el hombre buscando por s&iacute; mismo todas las cosas que le son necesarias para subsistir no podr&iacute;a jam&aacute;s dominar la naturaleza, llamarla en su ayuda conociendo sus secretos.</p>     <p>La separaci&oacute;n de las ocupaciones trae consigo el descubrimiento de las causas de cuantos fen&oacute;menos pueden interesarnos y los medios de aprovechar sus resultados, que es lo que constituye la sabidur&iacute;a humana. El hombre vive consumiendo; dormido o despierto, sano o enfermo, &eacute;l consume; y para consumir es preciso producir, es decir, convertir nuestros esfuerzos en medios de subsistencia, trabajar. Pero el trabajo no es productivo sino cuando es bien aplicado, cuando es inteligente. La buena aplicaci&oacute;n del trabajo, la inteligencia del trabajador, son frutos del estudio y del h&aacute;bito.</p>     <p>La infinita diversidad de objetos que las necesidades del hombre demandan, hace que el individuo solo no pueda producirlos todos y que se separen las ocupaciones. La separaci&oacute;n de las ocupaciones da a cada uno por resultado de su trabajo una cantidad de objetos de una misma naturaleza que exceden sin duda el conjunto del productor y muchas veces le son absolutamente in&uacute;tiles. El cambio les abre una salida y proporciona con ventajas las dem&aacute;s cosas necesarias a la vida; pero el productor perder&iacute;a un tiempo precioso en buscar al consumidor, de manera que el cambio mismo viene a constituir una ocupaci&oacute;n separada. Las causas que operan los fen&oacute;menos en el orden f&iacute;sico, como en el moral, deben ser conocidas por el hombre para no malgastar sus fuerzas productivas en una lucha con la naturaleza, est&eacute;ril y ruinosa. &Eacute;l debe saber aprovecharse de sus leyes, seguirlas antes que contrariarlas para convertir los efectos en su provecho. Estas leyes, esta causas, no se descubren por s&iacute; mismas; es preciso estudiar, experimentar. El estudio es tambi&eacute;n trabajo y el sabio produce.</p>     <p>Mas el conocimiento del modo como las causas producen sus efectos ser&iacute;a est&eacute;ril si no se reunieran los elementos necesarios para hacerlos operar, si no se supiera combinar estas operaciones con el inter&eacute;s y las necesidades del hombre. As&iacute;, el empresario de industria es productor. No todos los hombres encuentran con su inteligencia y aptitud los medios que son necesarios para la producci&oacute;n. La desigualdad de las fuerzas intelectuales y f&iacute;sicas produce la desigualdad en los medios de acci&oacute;n, de tal manera que los que no pueden dirigir son dirigidos; los que no son aptos para pensar, ejecutan. Estos son los obreros, el agente m&aacute;s visible de la producci&oacute;n.</p>     <p>En fin , el empresario despu&eacute;s de meditar sobre los medios de hacer operar las fuerzas productivas de la naturaleza y del trabajo, necesita fondos para adquirir la materia prima, pagar salarios, etc., en una palabra, necesita capital. El due&ntilde;o de este concurre con su servicio a la obra de la producci&oacute;n y es por consiguiente productor.</p>     <p>El producto, la riqueza creada, representa pues, los desvelos del sabio cuyos libros se compran para adquirir conocimientos; los del empresario que ha reunido los fondos productivos, dirigido las operaciones y dado salida a los productos; el servicio del capital cuyo due&ntilde;o no lo dio gratuitamente sino mediante un inter&eacute;s, y en fin , los jornales del obrero. Es en medio de la libre concurrencia, de la libertad absoluta de industria, que el valor de cada uno de estos servicios se fija, y un precio nacido de la oferta y la demanda, ajenas de toda coacci&oacute;n, no puede menos que ir acompa&ntilde;ado, por regla general, de la equidad y la justicia. Tales son las leyes generales que presiden a la formaci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la riqueza.</p>     <p>El talento industrial es de ordinario el mejor retribuido; ya porque no es demasiado com&uacute;n, ya porque al empresario toca lo m&aacute;s pesado de la carga y, sobre todo, el riesgo de la empresa. El capital reporta un beneficio m&aacute;s moderado as&iacute; como el obrero, porque su acci&oacute;n es en cierto modo pasiva y nada riesgosa.</p>     <p>Una empresa industrial viene a ser la combinaci&oacute;n de las fuerzas productivas del hombre y del capital que, dirigidas de acuerdo con ciertas causas naturales, dan por resultado formas u objetos &uacute;tiles al hombre. La sociedad, econ&oacute;micamente puede considerarse como una grande empresa, una compa&ntilde;&iacute;a que se propone explotar todos los medios de subsistencia que la naturaleza ha aglomerado en la regi&oacute;n del globo que forma el territorio que ocupa como naci&oacute;n. En esa empresa unos hombres est&aacute;n dedicados a cultivar la tierra para obtener los alimentos, otros a construir las habitaciones, fabricar las telas para los vestidos, etc., etc., y la riqueza creada circula y se distribuye por las diversas clases de la sociedad para animarla, darle vida y movimiento, semejante a la sangre y a la savia que vivifican y desarrollan los animales y los vegetales.</p>     <p>Tales son los elementos naturales que dan vida al cuerpo social. De su acci&oacute;n es que resulta el mantenimiento de la especie humana, su mejora, progreso y desarrollo. Esos elementos operan a impulso de causas naturales, tan poderosas, tan inmutables como las del mundo f&iacute;sico, y es ante esta consideraci&oacute;n que muchas de las doctrinas socialistas pueden calificarse de ut&oacute;picas. Puestas ellas en planta, la fuerza las mantendr&iacute;a por alg&uacute;n tiempo en vigor, pero despu&eacute;s de inmensos desastres, el g&eacute;nero humano volver&iacute;a a ser regido por la ley de Dios, as&iacute; como el agua contenida por diques busca su nivel y triunfa al cabo de los obst&aacute;culos que se le oponen.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; es pues el gobierno? &iquest;Cu&aacute;l es su papel en el gran fen&oacute;meno de la vida y muerte de los pueblos? &iquest;La acci&oacute;n de los gobiernos es la causa eficiente de la marcha de la sociedad? Bien se ve que no. El Gobierno es un accidente, es para la sociedad lo que la higiene para el cuerpo humano; previene los males pero no da la vida. Sea cual fuere su forma no es sino un medio de regularizar la marcha de la sociedad hacia sus excelsos destinos. Y esa necesidad de una fuerza imparcial superior a la del individuo que regulariza sus relaciones con los dem&aacute;s de su especie, no debe contrariar jam&aacute;s los mismos derechos que trata de asegurar estableciendo diferencias entre los asociados atentatorias contra la libertad y la propiedad de cada uno.</p>     <p>Bien definido el Gobierno, &eacute;l no es sino un resultado; antes que ser el ejercicio de la soberan&iacute;a colectiva debe ser la garant&iacute;a de la soberan&iacute;a individual, el s&iacute;mbolo de los derechos del hombre en acci&oacute;n, sin trabas, sin colusiones, y libres de todo atentado, ya sea de parte de la fuerza p&uacute;blica o de la de un individuo. En este supuesto, el verdadero responsable del malestar social o pol&iacute;tico no es el Gobierno, &iexcl;es el pueblo! El pueblo que sufre la opresi&oacute;n en los Estados desp&oacute;ticos, o la inepcia, la corrupci&oacute;n o la ignorancia en los Gobiernos democr&aacute;ticos. Los d&eacute;spotas deben derribarse; los malos Magistrados no deben elegirse o se remueven. Aquel que no ha concurrido a las votaciones en un pa&iacute;s libre; que no ha trabajado con entusiasmo en favor de los candidatos que representan las buenas ideas; que ha dejado el puesto a la intriga y a la mala fe, que se ha dormido en los brazos del ego&iacute;smo, no tiene derecho de censurar sino a s&iacute; mismo.</p>     <p>De lo antecedente creo se pueden deducir l&oacute;gicamente estos corolarios:</p>  <ol>     <li> <i>La industria </i>es causa y efecto de todos los esfuerzos, de todos los descubrimientos, de todo el saber de la humanidad, y la sociedad viene a ser un hecho nacido del conjunto armonioso de todos los actos de sus diversas clases en su calidad de productoras de riqueza o de conocimientos.</li>     <li> La industria ejercida libremente, sin trabas de ning&uacute;n g&eacute;nero, es el <i>signo </i>pero no el <i>resultado </i>del buen Gobierno. Este no es una causa <i>directa </i>de bien estar, porque la sabidur&iacute;a, la riqueza y todos los bienes sociales, se deben a la industria concebida en su acepci&oacute;n m&aacute;s lata.</li>     <li> El mejor Gobierno es aquel que se hace sentir menos y cuya acci&oacute;n se limita a dar garant&iacute;as a los derechos. As&iacute; es que el colmo de la perfecci&oacute;n social ser&iacute;a la ausencia de todo Gobierno, o lo que es lo mismo, el ejercicio de las facultades del hombre garantizado por el respeto rec&iacute;proco de sus derechos entre los asociados.</li>    </ol>     <p>Pero esta &uacute;ltima suposici&oacute;n ser&aacute; siempre una quimera, toda vez que aun poseyendo el g&eacute;nero humano el c&oacute;digo moral de su divino Redentor, viola constantemente sus sublimes mandatos y necesita de la sanci&oacute;n f&iacute;sica para impedir la relajaci&oacute;n de las costumbres. En la <i>justicia </i>Se&ntilde;ores socialistas, que si condena las usurpaciones de ciertas clases en perjuicio de los desvalidos, no es menos inflexible contra las doctrinas que propongan la protecci&oacute;n a estos m&aacute;s all&aacute; del t&eacute;rmino que los derechos de otros le fijan. Y siempre a la libertad racional la soluci&oacute;n del problema.</p>     <p>Penetrando con la luz de los principios econ&oacute;micos en el abismo de males en que ha llegado a sumergirse la humanidad por la desigualdad arbitraria de los derechos entre los diversos &oacute;rganos o miembros de la sociedad, ha llegado a descubrirse que la mayor parte nacen de la violaci&oacute;n de la libertad industrial y del modo de repartir y recaudar las contribuciones para los gastos p&uacute;blicos. Por eso los economistas reducen su programa a la libertad de industria y al impuesto &uacute;nico y directo. Perm&iacute;taseme pues, que a pesar de la extensi&oacute;n que lleva ya este art&iacute;culo, entre en algunos pormenores respecto del impuesto.</p>     <p>Se llama <i>impuesto </i>la riqueza que se exige de los asociados para sostener el Gobierno. Es m&aacute;s bien el <i>precio </i>a que compran la seguridad de que disfrutan en el estado de civilizaci&oacute;n, para desarrollar y ejercer sus facultades. Seg&uacute;n esto no hay un solo individuo que justamente pueda considerarse exento de pagarlo, siempre que por circunstancias independientes de su voluntad no pueda ejercer esas facultades. El pobre debe pagarlo exactamente por la misma raz&oacute;n que el rico, y yo rechazo como opuesto a la justicia, cualquiera exenci&oacute;n que no se funde en la incapacidad involuntaria de producir. Esta opini&oacute;n no ser&aacute; propia para ganar popularidad, ser&aacute; dura, ser&aacute; lo que se quiera pero yo la concibo como basada en la justicia y no vacilo en exponerla sin rebozo al p&uacute;blico. Que los ricos hagan voluntariamente un sacrificio mayor para aliviar la condici&oacute;n de los pobres en un resultado que los corazones nobles y filantr&oacute;picos deben buscar por los medios de la persuasi&oacute;n e influyendo vigorosamente en las costumbres. Pero la justicia es justicia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mas es fuera de duda que ella no forma la esencia de ninguno de los sistemas tributarios adoptados desde la creaci&oacute;n hasta la fecha, que los pobres han sido siempre esquilmados en beneficio de los ricos, y que en la Nueva Granada apenas se empieza a reparar tama&ntilde;o agravio.</p>      <p>Los ciudadanos deben contribuir para los gastos p&uacute;blicos en <i>proporci&oacute;n </i>a la importancia o valor de sus medios productivos, ya consistan estos en acumulaciones de valores, en talentos profesionales, en tierras, o finalmente en brazos aptos para el trabajo. La importancia o valor de los fondos productivos se grad&uacute;a por la renta que producen, es decir, por el precio que se paga por su cooperaci&oacute;n en la obra de su producci&oacute;n. As&iacute; es que $100 en renta sobre el tesoro valen m&aacute;s que $100 en vales de deuda consolidada entre nosotros. Y no solamente depende esa importancia de la cuant&iacute;a de la renta, sino de las probabilidades de duraci&oacute;n del fondo que la produce. Esta es la raz&oacute;n por que el inter&eacute;s de los capitales comprometidos en empresas riesgosas es m&aacute;s fuerte que el de los que consisten en tierras, edificios, etc. Y, por id&eacute;ntica raz&oacute;n, la renta que nace de la industria, del trabajo, es de peor condici&oacute;n, en igualdad de circunstancias, que la que proviene de los capitales fijos. El industrioso, el trabajador, saben que su capital tiene un fin seguro que es la muerte y, por consiguiente, sus ganancias anuales representan su renta y una parte del capital que se va gastando a medida que su vida transcurre. Por otra parte, est&aacute;n sujetos a perturbaciones m&aacute;s o menos frecuentes, m&aacute;s o menos duraderas a causas de las enfermedades. Estas consideraciones deben tenerse presentes en la repartici&oacute;n del impuesto, como recientemente lo ha demostrado la pluma de un ilustrado extranjero, tan amante de nuestra patria como cualquiera de los m&aacute;s patriotas nacionales. Yo me remito a sus luminosos escritos apoyados en la opini&oacute;n altamente respetable de los hombres que encabezan la reforma en Inglaterra.</p>     <p>No he podido penetrarme de la raz&oacute;n o razones que puedan justificar el impuesto <i>progresivo</i>. Me parece injusto y que constituir&aacute; en manos de las masas pobres, un arma capaz de cometer los mayores atentados y aun de detener la marcha de la civilizaci&oacute;n. La tiran&iacute;a de la muchedumbre es tan odiosa como la de la aristocracia porque es tiran&iacute;a. Dad al pueblo el sufragio universal con el impuesto <i>proporcional</i>, y esos dos grandes principios, lejos de conducir a la anarqu&iacute;a, ser&aacute;n armonizados por el inter&eacute;s com&uacute;n. En esta ocasi&oacute;n no me detendr&eacute; sobre cuesti&oacute;n tan grave, mayormente cuando tendr&iacute;a por adversarios a hombres de reconocidos talentos y de un patriotismo que yo he visto consagrado por los actos m&aacute;s significativos y trascendentales. La pol&eacute;mica por otra parte, ha salido de los l&iacute;mites de la ciencia y &#91;errata del original&#93;. La publicaci&oacute;n hecha no es m&aacute;s sino una parte del conjunto del trabajo que sobre tal materia abrazado las personalidades y odiosas pasiones. Me conservo libre de ellas; m&aacute;s a&uacute;n, profeso a algunos de los mantenedores del impuesto progresivo que m&aacute;s se hace notar, la amistad y la estimaci&oacute;n m&aacute;s sinceras.</p>     <p>La justicia y la equidad del impuesto son las dos leyes primordiales sobre que debe reposar. Es <i>justo </i>solamente cuando lo reclama la satisfacci&oacute;n de una necesidad real de la sociedad, y no el inter&eacute;s de la ambici&oacute;n, de la astucia, o de la hipocres&iacute;a de unos pocos privilegiados. Es <i>equitativo </i>cuando recae sobre <i>todos </i>los ciudadanos y en proporci&oacute;n a su riqueza; y pasa a ser monstruoso, inicuo, atentatorio e inmoral, cuando gravita sobre unos lo que otros dejan de pagar.</p>     <p>Por desgracia los <i>Presupuestos </i>son la prueba de que el impuesto hasta ahora se ha decretado casi especialmente en beneficio del fuerte y a costa del d&eacute;bil. Los inmensos despilfarros de las rentas p&uacute;blicas y las contribuciones m&aacute;s absurdas y contrarias a la riqueza p&uacute;blica, han sido hasta ahora causas constantes de mal estar para los pueblos.</p>     <p>La <i>legitimidad </i>es otro de los requisitos del impuesto. Es leg&iacute;timo cuando lo reparte la autoridad que seg&uacute;n la ley tiene a su cargo esta delicada misi&oacute;n. Debe causar al contribuyente las menores vejaciones y el menor sacrificio posible para su recaudaci&oacute;n, porque uno y otro constituyen verdaderos impuestos, y acaso los m&aacute;s gravosos. Las relaciones entre el Gobierno y la industria no deben salirse de los l&iacute;mites del impuesto establecido seg&uacute;n los caracteres que le son naturales. La protecci&oacute;n, lejos de desarrollarla, tiende a entrabarla y a veces a destruirla. No debe perderse jam&aacute;s de vista que la producci&oacute;n tiene su garant&iacute;a en la naturaleza misma del hombre, que est&aacute; sujeto a numerosas necesidades pero dotado de poderosos medios de satisfacerlas por medio de la producci&oacute;n. Lo mejor que por ella puede hacer el Gobierno es dejarla <i>libre</i>, &iexcl;<i>absolutamente libre</i>! Cuando se ha pretendido por medio de primas, de est&iacute;mulos, de prohibiciones o de derechos protectores obligar a los hombres a producir ciertas cosas, se ha hecho siempre un grave da&ntilde;o a la riqueza <i>nacional</i>. El hecho solo de ser necesarios los auxilios del Gobierno para mantener ciertas industrias, prueba evidentemente que ellas no producen lo que cuestan. Y en materia de producci&oacute;n lo que debe procurarse es que la naturaleza nos ayude con la mayor suma posible de elementos, porque estos los obtiene el hombre gratuitamente. Debe pues desecharse como antiecon&oacute;mico e in&uacute;til todo est&iacute;mulo en favor de la industria; el ojo vigilante del especulador acomete las empresas m&aacute;s ventajosas sin necesidad de orden del Gobierno. Si este, para favorecer la producci&oacute;n de harina en la explanada de Bogot&aacute; prohibiera la importaci&oacute;n de la harina del Norte, no har&iacute;a sino trasladar una parte de las riquezas de los habitantes de las costas al bolsillo de los cultivadores de Bogot&aacute;.</p>      <p>Lo mismo sucede con los altos derechos de ciertas manufacturas, cuyo resultado no es otro que el de hacernos contribuir m&aacute;s fuertemente a favor de un cierto n&uacute;mero de artesanos.</p>     <p>&iexcl;La <i>libertad </i>siempre, la <i>libertad </i>en todo! Aquel que pretenda protecci&oacute;n para unos con perjuicio de otros, no merece militar bajo sus gloriosas banderas.</p>  </font>      ]]></body>
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