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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>DEJAD HACER<sup>*</sup></b></font></p>      <p align="center"><i>Manuel Murillo Toro</i></p>     <br>     <p><sup>*</sup> Carta  publicada  en <i>Neo-Granadino</i>, a&ntilde;o  VI, 246, 15  de  abril  de  1853, pp. 126-128.</p>  <hr>     <p>Sr. Dr. Miguel Samper.</p>     <p>Bajo el rubro que encabeza esta carta dirigi&oacute; usted a este peri&oacute;dico un art&iacute;culo que apareci&oacute; en el n&uacute;mero 225, en 26 de noviembre &uacute;ltimo, y en el cual se esfuerza usted en acreditar la doctrina ego&iacute;sta y funesta preconizada por Juan Bautista Say y toda su escuela, comprendida en la f&oacute;rmula sencilla de dejad hacer; o lo que es lo mismo: dejad robar, dejad oprimir, dejad a los Lobos devorar a los Corderos. Y antes, el n&uacute;mero 212 de este mismo peri&oacute;dico, dio publicidad a un art&iacute;culo bajo su misma firma titulado <i>Ambalema</i>, en que, haciendo una descripci&oacute;n del movimiento industrial de aquel pueblo, arroj&oacute; usted sobre la situaci&oacute;n de la clase trabajadora que emplea sus brazos en la producci&oacute;n del tabaco y sobre el estado actual de ese ramo de industria, observaciones de tal naturaleza que merecen llamar seriamente la atenci&oacute;n de todos los que se ocupan en el estudio de las varias cuestiones conexionadas con el progreso del pa&iacute;s.</p>     <p>Yo que como usted sabe desde alg&uacute;n tiempo atr&aacute;s, me he acostumbrado a mirar siempre la pol&iacute;tica por el lado econ&oacute;mico; que creo que la idea econ&oacute;mica tiene que dominar a la idea pol&iacute;tica, y que tengo la &iacute;ntima persuasi&oacute;n de que mientras no se complete la revoluci&oacute;n econ&oacute;mica iniciada por la ley de descentralizaci&oacute;n y por el establecimiento del impuesto directo, la Rep&uacute;blica no tiene, en verdad, base alguna para consolidarse y menos para ser prol&iacute;fica, he meditado sobre sus dos art&iacute;culos que se contradicen o, por lo menos, sugieren ideas opuestas, y conociendo su gusto por esta clase de estudio y su instrucci&oacute;n en el ramo, quiero entablar con usted una correspondencia que a la larga nos d&eacute; algunas conclusiones aceptables. Y mu&eacute;veme tambi&eacute;n a escribir sobre esto la especie de condenaci&oacute;n que, sin venir a cuento, ha hecho de parte de esta doctrina la alocuci&oacute;n del nuevo Presidente, penetrando atrevidamente en el campo de las teor&iacute;as econ&oacute;mico-sociales.</p>     <p>Presenciando el ardor con que se discuten al presente varias cuestiones de reforma pol&iacute;tica y la esperanza que algunos abrigan de que el sufragio directo y universal, o bien la federaci&oacute;n, nos den la soluci&oacute;n m&aacute;s feliz y m&aacute;s segura de los embarazos de la situaci&oacute;n, no he podido prescindir de un sentimiento de pena vi&eacute;ndolos agitarse y gastar sus fuerzas en la consecuci&oacute;n de una cosa que no afecta sino la superficie, que no debe ser sino un s&iacute;mbolo de la idea cardinal cuyo triunfo se descuida y que tal vez ni se desea. Toda reforma pol&iacute;tica debe tener por objeto una reforma econ&oacute;mica; y si antes de querer realizar &eacute;sta, planteamos aqu&eacute;lla, corremos el riesgo no s&oacute;lo de trabajar est&eacute;rilmente sino de desacreditar a los ojos del pueblo que no discute, el principio que queremos ver en obra. De ah&iacute; viene que, de alg&uacute;n tiempo atr&aacute;s, yo vea con menos inter&eacute;s las reformas pol&iacute;ticas y que a&uacute;n est&eacute; tentado a ser indiferente a ellas, si no han de realizarse conjuntamente las reformas econ&oacute;micas que son la parte sustantiva de la tarea democr&aacute;tica. Las formas pol&iacute;ticas no valen nada sino han de acompa&ntilde;arse de una reconstituci&oacute;n radical del estado social por medio del impuesto, y de la constituci&oacute;n de la propiedad de los frutos del trabajo.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; quiere decir el sufragio universal y directo, aunque sea secreto, en una sociedad en que de cada mil individuos votantes 199 no tienen la subsistencia asegurada y dependen por ella de uno solo?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; quiere decir la federaci&oacute;n cuando cada distrito federado ha de depender en sus m&aacute;s premiosas condiciones de existencia, de uno, de dos o de tres individuos, que tienen el monopolio de la industria y por consiguiente del saber? Querr&aacute; decir que se han constituido feudos pero no asociaciones libres y fecundas, y que habremos retrocedido a los tiempos de Carlo Magno.</p>     <p>As&iacute;, la gran cuesti&oacute;n est&aacute; en asegurar la pureza del sufragio por la independencia del sufragante; y por eso las cuestiones de bienestar tienen que dominar a las otras. Ni la independencia, ni la educaci&oacute;n, podr&aacute;n obtenerse nunca sino proveyendo a la subsistencia independiente del individuo por la libertad y seguridad del trabajo. En todas partes siempre que se quiera plantear el r&eacute;gimen democr&aacute;tico, es necesario que se comience por asegurar la independencia de posici&oacute;n sin la cual no puede haber independencia de car&aacute;cter.</p>      <p>Lo que ha sucedido en Inglaterra y recientemente en Francia, no deja duda alguna sobre este punto, y quiero que sobre lo primero usted me permita citarle la opini&oacute;n, no de algunos socialistas, sino la de un historiador, y la de dos eminentes estadistas, uno de ellos ministro de la corona.</p>     <p>Hablando de los efectos del <i>bill </i>de reforma que desde 1832 extendi&oacute; el derecho de sufragio en Inglaterra, dec&iacute;a el primero, Mr. Macaulay:</p> <ol>    <p>El <i>bill </i>de reforma ha destruido o reducido, por lo menos, a estrechos l&iacute;mites la antigua pr&aacute;ctica del nombramiento directo; pero en cambio ha abierto un campo m&aacute;s vasto al sistema de la intimidaci&oacute;n. Si yo creo en el clamor que se levanta, no del seno de un partido solamente o de alg&uacute;n rinc&oacute;n del reino, sino del seno de los <i>tories </i>como del de los <i>whigs</i>, y del de los <i>whigs </i>como del de los Radicales, en Inglaterra, en Escocia, en Irlanda, muchos Diputados de los que se sientan en la C&aacute;mara deben su nombramiento a votos arrancados por el temor. Toda tiran&iacute;a es detestable pero la peor es aqu&eacute;lla que se cubre con el ropaje de la libertad. Un gran n&uacute;mero de seres humanos vienen a ser puras m&aacute;quinas <i>por medio de las cuales los propietarios expresan su voluntad</i>.</p>    </ol>     <p>Lord John Russell hac&iacute;a sobre el acto de reforma el siguiente comentario:</p> <ol>    <p>El acto de reforma ha extendido los derechos pol&iacute;ticos a millares de hombres que no gozaban de ellos; al mismo tiempo las luces que se han esparcido, y un sentimiento m&aacute;s fuerte de independencia se ha apoderado de los &aacute;nimos y se toma m&aacute;s inter&eacute;s en los negocios p&uacute;blicos; pero por otra parte est&aacute; la influencia de la propiedad, influencia ejercida algunas veces con equidad, con mezcla de bien y de mal otras, y en muchas con tiran&iacute;a.</p>    </ol>     <p>Un miembro eminente de los comunes, Mr. Grote, expresaba con m&aacute;s precisi&oacute;n el peligro del sufragio en Inglaterra diciendo:</p> <ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si hemos de tener un gobierno representativo en Inglaterra tendremos forzosamente multitud de electores colocados en una situaci&oacute;n dependiente: <i>la distribuci&oacute;n de la propiedad en Inglaterra </i>proh&iacute;be cualquier otra suposici&oacute;n. Esperar de estos hombres que la legislatura ha dejado sin defensa contra la seducci&oacute;n<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>, el sacrificio constante de sus intereses materiales a los consejos de su conciencia pol&iacute;tica, esperar que se encuentre en el seno de cada uno esta fuerte divinidad del alma que se sobrepone a la casualidad y al destino, no es ni m&aacute;s ni menos que un sue&ntilde;o.</p>    </ol>     <p>Lo que ha sucedido en Francia desde 1848 hasta la abdicaci&oacute;n de la soberan&iacute;a, hasta el suicidio del mismo sufragio, por el voto en favor del imperio, no necesita comentario alguno; y prueba hasta la evidencia que nada puede conducir m&aacute;s directa y seguramente al absolutismo, que el sufragio universal cuando &eacute;l se acuerda aisladamente sin las consiguientes reformas econ&oacute;micas.</p>     <p>He aqu&iacute; por qu&eacute; es en estos momentos que yo quiero discutir las cuestiones que usted ha iniciado en los dos art&iacute;culos de que dejo hecha menci&oacute;n, y justificar el proyecto sobre enajenaci&oacute;n de tierras bald&iacute;as que, habiendo obtenido la aprobaci&oacute;n de las dos C&aacute;maras objet&oacute; el Presidente, General L&oacute;pez, y que para m&iacute; constitu&iacute;a un eslab&oacute;n indispensable en el plan econ&oacute;mico iniciado por la ley de descentralizaci&oacute;n. No es simplemente por pasar el tiempo en elucubraciones cient&iacute;ficas, sino porque juzgo que al reformarse la Constituci&oacute;n deben dictarse las providencias conducentes a la germinaci&oacute;n y fructificaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, que escribo la presente carta. En ella voy a poner el dedo sobre &uacute;lceras muy delicadas, voy, tal vez, a inquietar intereses de mucha monta; voy a echar sobre m&iacute; las maldiciones de toda esa clase de ego&iacute;stas que porque parece que no tienen la conciencia de la legitimidad de sus goces, viven temblando y ven por todas partes espectros. Voy a tratar de la propiedad en los momentos en que se trata de fijar la fisonom&iacute;a pol&iacute;tica de nuestra sociedad, porque "es la constituci&oacute;n de la propiedad la que determina el car&aacute;cter pol&iacute;tico de la naci&oacute;n. En donde la propiedad territorial se encuentra dividida y pose&iacute;da por el mayor n&uacute;mero, la democracia es posible; pero al contrario: donde el suelo se encuentra ocupado por un peque&ntilde;o n&uacute;mero la aristocracia ha de prevalecer"<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>     <p>Y es la propiedad territorial la causa permanente e incontrastable de esta desigualdad social, o sea, de esta explotaci&oacute;n sistem&aacute;tica del m&aacute;s grande n&uacute;mero en favor del m&aacute;s peque&ntilde;o, contra cuyos efectos ego&iacute;stas in&uacute;tilmente se opondr&aacute;n todas las formas pol&iacute;ticas imaginables.</p>     <p>Esto supuesto, entremos, querido amigo, con decisi&oacute;n en el estudio de la materia, no como socialistas si esto lo alarma, sino simplemente como ecl&eacute;cticos.</p>     <p>Usted en su art&iacute;culo <i>Ambalema</i>, que reproduzco en parte al pie de esta carta, ha expuesto que los proletarios que se encuentran en el circuito que comprende los mejores terrenos de Ambalema para la producci&oacute;n del tabaco, est&aacute;n adheridos a aquella tierra de manera que no pueden cambiar sin graves inconvenientes; que la tierra pertenece a un estrecho c&iacute;rculo de individuos que tienden a apoderarse de los terrenos adyacentes para formar grandes propiedades, o, como usted dice, para acrecentar los feudos que hoy componen el distrito de las siembras; que los propietarios, <i>conociendo perfectamente sus intereses, han logrado organizar los negocios de una manera que altera las leyes naturales que rigen la distribuci&oacute;n de la riqueza</i>; que luego, ese reducido c&iacute;rculo de propietarios celebra contratos con las dos o tres casas que <i>han logrado monopolizar </i>la compra del tabaco; que los mismos dichos propietarios, para cumplir esos contratos, obligan a los cosecheros de sus tierras a vender a ellos exclusivamente el tabaco producido, <i>no al precio que la libre oferta fijar&iacute;a, sino a uno bastante bajo que </i>convenga al propietario; y que, para hacer esto efectivo, algunos de esos propietarios recurren a medidas opresivas como las visitas domiciliarias y la de reconocerse ladr&oacute;n al cosechero a quien se pruebe que ha vendido el fruto de su trabajo a otro que no sea el due&ntilde;o de la tierra; y concluye diciendo:</p> <ol>    <p>Examinando este estado de cosas a la luz de la raz&oacute;n y de la conveniencia general es f&aacute;cil deducir que la distribuci&oacute;n de la riqueza sigue antes que las leyes econ&oacute;micas <i>las decisiones del Le&oacute;n de la f&aacute;bula</i>; y que el comercio del tabaco, el porvenir de esta industria, est&aacute;n seriamente comprometidos si una concurrencia de productores y de compradores no establece los negocios sobre sus bases naturales, que no son otras que la equidad y la justicia.</p>    </ol>     <p>Pero desgraciadamente despu&eacute;s de hacer una exposici&oacute;n tan fiel de ese estado de cosas, que revela un gran vicio en la organizaci&oacute;n social; despu&eacute;s de haber levantado la venda que cubr&iacute;a esa &uacute;lcera, se intimid&oacute; usted y antes que le gritaran: "Usted es socialista, puesto que denuncia las miserias del estado social actual", dej&oacute; caer de nuevo esa venda y dijo con Juan Bautista Say: &iexcl;call&eacute;monos, dejemos hacer, dejemos oprimir, dejemos al Le&oacute;n devorar al cordero; dejemos comprometida la m&aacute;s valiosa industria del pa&iacute;s, dejemos crecer y robustecer la m&aacute;s odiosa de las tiran&iacute;as, la del comunismo de unos pocos sobre la gran mayor&iacute;a que vive del trabajo asiduo sobre la tierra!</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No, querido amigo: esa &uacute;lcera que usted ha denunciado, que ahora apenas se divisa, como tantas otras que empiezan a entorpecer el desarrollo del cuerpo social, es preciso que fije nuestra atenci&oacute;n antes de que ya no tenga remedio. Ser&iacute;a un crimen cerciorarse con est&uacute;pida indolencia de que la sociedad puede ser engullida por la fuerza absorbente de esas bombas aspirantes, sin hacer un esfuerzo para detenerlas. Esa f&oacute;rmula ego&iacute;sta que en Europa est&aacute; a punto de causar un cataclismo, que tal vez va a hacer retrogradar la civilizaci&oacute;n, ese dejar hacer, comienza a hacer sentir entre nosotros su fatal influencia y, si en tiempo, ahora que tratamos de reconstituirnos, no la combatimos con energ&iacute;a y decisi&oacute;n, va a anular todos los esfuerzos que se hagan en pol&iacute;tica para abrir una nueva era a la Rep&uacute;blica.</p>     <p>Bien puede ser que este esfuerzo nos valga el apodo de socialistas, mas fortifqu&eacute;monos con la idea de que trabajamos por la soluci&oacute;n de un problema de la mayor importancia para el porvenir de nuestro pa&iacute;s y con que a ese apodo de socialista le va pasando su tiempo, entre otras razones porque nadie puede fijarle su verdadera significaci&oacute;n.</p>      <p>Depongamos el miedo a los apodos y sarcasmos, y entremos en el campo de la ciencia.</p>     <p>Usted sabe que, no es de ahora, sino desde un poco antes de la revoluci&oacute;n francesa de 89, es que se agita la cuesti&oacute;n de hallar el modo de distribuir los productos creados en raz&oacute;n del esfuerzo hecho por cada uno. La escuela de Smith, de que ha sido sucesor Say, hab&iacute;a hecho inmensos progresos, y la econom&iacute;a pol&iacute;tica parec&iacute;a haber llegado a resolver del modo m&aacute;s acertado los problemas consiguientes a la creaci&oacute;n de las riquezas: las bases fundamentales de la ciencia estaban echadas, pero faltaba resolver lo relativo al segundo punto de la ciencia econ&oacute;mica, que tal vez es el m&aacute;s sustancial. La industria hac&iacute;a inmensos progresos pero los productos se acumulaban en pocas manos y la gran masa de la sociedad empeoraba su situaci&oacute;n, y este hecho llam&oacute; fuertemente la atenci&oacute;n de Sismondi que lanz&oacute; un grito de alarma, cuyo eco a&uacute;n resuena en el mundo. Desgraciadamente le sucedi&oacute; como a usted: no se atrevi&oacute; a indicar el remedio:</p> <ol>     <p>Lo declaro, dec&iacute;a, despu&eacute;s de haber indicado d&oacute;nde est&aacute; a mis ojos el principio, la justicia, no me siento con la fuerza bastante para trazar los medios de ejecuci&oacute;n: la distribuci&oacute;n de los productos del trabajo entre los que concurren a &eacute;l es viciosa (usted habr&iacute;a dicho: sigue antes que las leyes econ&oacute;micas las decisiones del Le&oacute;n de la f&aacute;bula), pero me parece superior a las fuerzas humanas reformarla.</p>    </ol>     <p> Diferentes escritores han aparecido despu&eacute;s ofreciendo soluciones a este terrible problema, pero faltos de poder, y combatidos por los gobiernos y por los monopolistas, apenas han sido conocidos en el mundo como utopistas, como hombres peligrosos a quienes no se deb&iacute;a ni o&iacute;r. Entre tanto, el mal se ha ido agravando a tal punto que ya hasta los m&aacute;s genuinos representantes de la clase privilegiada, no han podido menos de reconocer el hecho y la inminencia del peligro. El fuerte de esta clase privilegiada, est&aacute; en Inglaterra, donde el abuso del principio de propiedad y las doctrinas de la escuela industrial, han dado m&aacute;s abundantes frutos, y v&eacute;ase lo que han dicho a su turno los dos jefes de los dos grandes partidos de aquel pa&iacute;s, ambos a su vez ministros de la corona.</p>     <p>Lord John Russell, jefe de los <i>whigs</i>, en la C&aacute;mara de los Comunes:</p> <ol>    <p>Considerando atentamente esta cuesti&oacute;n no puede menos de reconocerse que, sea por falta de las leyes o a pesar de ellas, las clases laboriosas no han hecho en este pa&iacute;s, los mismos progresos en abundancia y bienestar que las otras clases de la naci&oacute;n. Cuando se compara la Inglaterra de hoy con la de 1740, es imposible no reconocer que las clases superiores han ganado mucho en lujo y en elegancia y que los recursos de que la clase media dispone para los goces de la vida se han acrecentado mucho. <i>Mas, considerando la condici&oacute;n de las clases laboriosas </i>y comparando la cantidad de cosas necesarias a la vida que su salario pod&iacute;a procurarles en el &uacute;ltimo siglo, con las que pueda procurarle hoy, y si descendemos a todos los detalles que ofrecen sobre esta materia las relaciones de los comisarios, nos convenceremos inmediatamente de que el pueblo no ha participado en el mismo grado que las otras clases de la sociedad, de los progresos de la civilizaci&oacute;n y de los conocimientos humanos.</p>    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lord Derby, jefe de los <i>tories</i>, en la C&aacute;mara de los Lores:</p> <ol>    <p>El peligro para una gran naci&oacute;n, como &eacute;sta, en los tiempos que atravesamos, est&aacute; en la acumulaci&oacute;n de la propiedad, a&ntilde;adida a la extrema desigualdad con la que se distribuyen sus productos.</p>    </ol>     <p>As&iacute;, usted ve que en Europa, como comienza a suceder aqu&iacute;, el fruto de la escuela econ&oacute;mica que tiene por f&oacute;rmula el dejar hacer, dejar apropiar indefinidamente, ha sido el de aumentar inmensamente la riqueza de los que eran ricos y empobrecer a&uacute;n m&aacute;s a los pobres. Y esta extrema desigualdad de la riqueza, o mejor dicho, esta falta de reglas acertadas para verificar una equitativa repartici&oacute;n del valor de los productos creados entre todos los que han concurrido a su producci&oacute;n, que no permite que todos los individuos participen de los progresos de la civilizaci&oacute;n, que ha aumentado la desigualdad de las posiciones y engendrado la miseria abajo, y la inquietud arriba, es un hecho important&iacute;simo que conviene estudiar para remediar, en vez de volverle la espalda dici&eacute;ndole: Pod&eacute;is seguir.</p>     <p>Para m&iacute; el mal viene del modo como est&aacute; constituida la propiedad territorial; &eacute;se es el hecho generador que con la doctrina del dejar hacer, est&aacute; agravando esta deformidad social, haciendo est&eacute;riles los progresos de la industria y de la civilizaci&oacute;n. Es, pues, preciso afrontar la cuesti&oacute;n: no hay que tener miedo, y ahora que se trata de reformas es preciso acometerlas todas, porque en esta materia como en la de libertad hay solidaridad, y cuando se emprende una es necesario que le sigan las otras so pena de hacer infructuosa aqu&eacute;lla. Eso de ir paulatinamente en materia de reformas radicales, aunque es un aforismo muy en boga, no es sino el consejo del miedo, o el fruto de la debilidad de las convicciones.</p>     <p>No perdamos de vista que la segunda misi&oacute;n de la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la que trata de la manera como se distribuyen las riquezas, es un ramo de la ciencia que no ha avanzado gran cosa y que si no avanza es porque ha faltado resoluci&oacute;n para tratar las cuestiones que encierra. As&iacute; como en el mundo moral el progreso de la raz&oacute;n debe producir el efecto de disminuir las acciones nocivas y la severidad de las penas, as&iacute; en el mundo f&iacute;sico o industrial el progreso debe producir el resultado de abaratar la vida, aumentando los goces y disminuyendo la porci&oacute;n de esfuerzos que cada uno debe hacer para la producci&oacute;n com&uacute;n; y en efecto, cada conquista hecha sobre la naturaleza, disminuyendo el trabajo del hombre y utilizando las fuerzas de los agentes naturales como del vapor, de la electricidad, etc. debe aparejar para la generalidad una mejora consiguiente en sus condiciones de existencia: de tal suerte que si los descubrimientos siguen en la proporci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, dentro de poco todas las clases de la sociedad tendr&iacute;an que esforzarse poqu&iacute;simo, casi nada, para proporcionarse todas las cosas necesarias a la vida. Pues bien: todo esto no podr&aacute; lograrse sino interviniendo en las decisiones del Le&oacute;n. Es necesario cuidar de que los nuevos descubrimientos, las conquistas que se hagan en el campo de la industria, sean beneficio para todos y no para unos pocos. Y concretando esa doctrina a nuestro pa&iacute;s, &iquest;no cree usted que es indispensable impedir que la industria del tabaco no venga a ser el negocio de uno o de unos pocos, en cuyas manos se acumular&aacute;n, es verdad, inmensas riquezas mientras que los dem&aacute;s que tambi&eacute;n han contribuido a la creaci&oacute;n de ese producto apenas podr&aacute;n alimentarse para no morir y poder seguir trabajando como las bestias de carga? &iquest;No piensa usted que el gran paso de sustituir para la navegaci&oacute;n del Magdalena el vapor a las fuerzas del hombre, ser&iacute;a bien poca cosa si de &eacute;l no han de aprovecharse todos obteniendo una baja considerable en el pasaje y los fletes, para abrir mercado a nuestros frutos y obtener los del extranjero a buen precio? Pues bien, es necesario ponerse a la obra procurando resolver la cuesti&oacute;n no brutalmente, como los salvajes que cortan el &aacute;rbol priv&aacute;ndose de los frutos posteriores, sino buscando en la ciencia una gu&iacute;a segura para proceder.</p>     <p>Para m&iacute;, el remedio para los males que usted ha expuesto, para los riesgos que usted prev&eacute; para la industria del tabaco, estar&iacute;a en prohibir las grandes acumulaciones de tierra: ese es el &uacute;nico remedio y no hay que asustarse. Tal fue mi prop&oacute;sito cuando somet&iacute; a las C&aacute;maras el proyecto de ley sobre tierras bald&iacute;as que obtuvo en su favor la aprobaci&oacute;n de ambas C&aacute;maras votando por &eacute;l, entre otros, los se&ntilde;ores Raimundo Santamar&iacute;a, M. Abello, Vicente Lombana, J. J. Gori, V. Mestre y otros respetables ciudadanos que no recuerdo ahora, y ese proyecto consagraba en su art&iacute;culo 4.&deg; este principio: "Ninguno podr&aacute; hacerse en adelante due&ntilde;o de una extensi&oacute;n de tierra de la perteneciente al Estado, mayor de mil fanegadas". O, lo que es lo mismo: "el cultivo debe ser la &uacute;nica base de la propiedad de la tierra, y nadie debe poseer una extensi&oacute;n mayor de aqu&eacute;lla que, cultivada, pueda proveer c&oacute;modamente a su subsistencia".</p>     <p>Tambi&eacute;n se dispon&iacute;a que cuando se abandonase el cultivo de una porci&oacute;n de tierra ella volviese al dominio com&uacute;n.</p>      <p>De esta manera se echaban aqu&iacute; las bases de un sistema sobre el uso de la tierra que habr&iacute;a tenido inmensas consecuencias: se salvaba el porvenir.</p>     <p>Respecto de los terrenos apropiados actualmente no se ve por qu&eacute; no pudiera decirse que no podr&iacute;an venderse a los que ya tuvieran una porci&oacute;n excedente de cierta medida sin que por eso se expropiase a nadie, como sucedi&oacute; respecto a mayorazgos cuando se dispuso que todos los herederos entrar&iacute;an en participaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nosotros que tenemos que ser, por la configuraci&oacute;n del territorio que habitamos, un pueblo agricultor y nada m&aacute;s; nosotros que aspiramos a vivir bajo la ley de la democracia, no podemos desentendernos de reconstituir la propiedad territorial sobre bases distintas: tenemos que restringir las adquisiciones como hemos prohibido que se compren los votos para las elecciones, sin olvidar que el voto est&aacute; en relaci&oacute;n directa con la tierra; y que &eacute;ste es el primer paso forzoso para dar a las transacciones por base permanente la equidad. Si, como usted dice en su art&iacute;culo citado, es necesario que la concurrencia de productores y compradores d&eacute; a los negocios sus bases naturales, esto no puede lograrse sino poniendo coto al ensanche que se va dando a las haciendas, pues, si eso se consiente, de d&iacute;a en d&iacute;a el monopolio ser&aacute; m&aacute;s efectivo y entonces dar&aacute; la ley a los productores inmediatos, a los cosecheros y a los consumidores. Como la tierra no puede aumentarse ni d&aacute;rsele la propiedad de producir en cualquier zona los art&iacute;culos que se quieran, el que llega a apoderarse de toda la que es propia para cierto cultivo, ese le da la ley al mundo entero, como se la da el Per&uacute; con el guano desde que se le ha reconocido por muerte de Mr. Webster due&ntilde;o absoluto de las islas de Lobos. Pero el derecho de propiedad no puede constituir nunca el derecho de imponer a sus hermanos los sufrimientos del hambre.</p>     <p>Y el sistema que yo propongo es el &uacute;nico que consulta las demostraciones que ha hecho Bastiat en su cap&iacute;tulo sobre la propiedad territorial de las Armon&iacute;as econ&oacute;micas, autor que usted me recomienda y del cual he sacado las conclusiones que dejo apuntadas; as&iacute; como habr&aacute; notado usted que, en el curso de esta carta, no he aducido en favor de mis principios sino autoridades intachables para los disc&iacute;pulos de Say. Bastiat sienta como un principio inconcluso que nadie tiene derecho de apropiarse los servicios gratuitos de la tierra en su calidad de laboratorio donde se preparan todas las materias que sirven a las necesidades del hombre; que estos servicios como los del aire, la luz, el calor del sol y dem&aacute;s agentes naturales de la producci&oacute;n, no pueden constituir una riqueza apropiable a determinadas personas, y todo su esfuerzo lo dirige a aprobar que, bajo el sistema de apropiaci&oacute;n, al fin viene a lograrse que lo que en cada producto pertenece a la acci&oacute;n natural de la tierra no valga nada y se ponga gratuitamente a disposici&oacute;n de los consumidores. Y as&iacute; suceder&aacute;, en efecto, siempre que la apropiaci&oacute;n est&eacute; limitada, porque entonces no hay monopolio en la producci&oacute;n, hay concurrencia de vendedores; mas, tal gratuidad ser&aacute; un sue&ntilde;o cuando por virtud de la libertad ilimitada de adquirir, alguno se haga due&ntilde;o de todo el terreno propio para el cultivo inmediato a los consumidores. Por eso es que yo no ataco la apropiaci&oacute;n de las tierras, sino que, antes la considero &uacute;til y necesaria, siempre que esa apropiaci&oacute;n tenga l&iacute;mites que no puedan traspasarse, y de cuyo respeto se encargue la sociedad.</p>     <p>Advierta usted que la tierra no es producto creado por el trabajo del hombre, sino creado por la Providencia y en cierto l&iacute;mite; de manera que todos los esfuerzos humanos no lograr&iacute;an aumentar un &aacute;pice de tierra; y adem&aacute;s: que &eacute;sta es absolutamente indispensable para la conservaci&oacute;n de la especie; y se convencer&aacute; que con lo que con justicia se diga sobre la propiedad ilimitada que debe tenerse sobre lo que sea fruto del trabajo, no es aplicable a la propiedad sobre la tierra.</p>     <p>Los hombres pueden acumular indefinidamente valores que sean el fruto del trabajo; pero no deben poderse apropiar lo que la naturaleza cedi&oacute; gratuitamente a la especie para su sostenimiento y conservaci&oacute;n. Los hombres pueden hacer muchas casas, muchos buques y agrandar su dominio sobre esas cosas de un modo indefinido, pues que los otros hombres pueden hacer lo mismo y a cada uno debe estarle asegurado el fruto del trabajo; pero si la d&eacute;cima parte de la poblaci&oacute;n se adue&ntilde;a de la tierra, las nueve d&eacute;cimas que no puedan producir tierra, quedar&iacute;an expuestas a perecer o en absoluta dependencia de aqu&eacute;llas; y por el mismo hecho no habr&iacute;a igualdad pol&iacute;tica sino que de hecho quedar&iacute;a erigida la dominaci&oacute;n aristocr&aacute;tica.</p>     <p>El derecho, pues, de propiedad sobre la tierra debe reducirse a los t&eacute;rminos indispensables para asegurar el cultivo, y en esa cuesti&oacute;n tiene que quedar resuelta la de la libertad general del empleo de las facultades del hombre y la de la equitativa remuneraci&oacute;n del contingente puesto en la obra de la producci&oacute;n.</p>     <p><font size="3"><b>CONCLUYO</b></font></p>     <p>Profundizando las cuestiones pol&iacute;ticas se halla que ellas no pueden ser satisfactoriamente resueltas, sin penetrar en la constituci&oacute;n social y conmover todas sus partes: que la libertad industrial, es decir, el ejercicio completo del derecho de consagrar uno sus facultades al ramo de industria que m&aacute;s le acomode, derecho que no puede ejercerse sino acabando con todo monopolio, ya sea del Estado o de los particulares, lo que envuelve necesariamente la infinita divisi&oacute;n de la tierra que es el primer elemento del trabajo, es una condici&oacute;n indispensable para el progreso y para hallar la soluci&oacute;n del problema de la equitativa distribuci&oacute;n de los frutos del trabajo en raz&oacute;n del esfuerzo hecho; que, de la misma manera, que prohibimos comprar el sufragio y prescribimos que las herencias se dividan en porciones iguales entre los herederos que se imponen, y prohibimos las vinculaciones, podemos limitar el derecho de adquirir tierra m&aacute;s all&aacute; de cierto l&iacute;mite, atendiendo no s&oacute;lo a asegurar la subsistencia de las grandes masas sino a la conservaci&oacute;n de la libertad pol&iacute;tica, porque es evidente que cada porci&oacute;n de tierra representa una porci&oacute;n equivalente de soberan&iacute;a.</p>     <p>Que es necesario que se comprenda bien que la propiedad absoluta no puede tenerse sino sobre las cosas que son el resultado del trabajo del hombre, pero que ella no puede acordarse en la misma extensi&oacute;n, respecto de aquellas cosas que han sido dadas a la especie gratuitamente por la naturaleza, constituyendo su goce una condici&oacute;n indispensable para la existencia; que el sistema de dejar hacer es la negaci&oacute;n del principio de la asociaci&oacute;n y de la fraternidad, especialmente si &eacute;l se aplica respetando todas las usurpaciones anteriores; es decir, las ventajas obtenidas bajo una organizaci&oacute;n social de privilegio, pues que el punto de partida envuelve ya una extrema desigualdad; que los hombres se han reunido en sociedad no como pudieran reunirse los Lobos y los Corderos, sino con la mira de protegerse rec&iacute;procamente; y que con tal objeto es necesario cuidar de mantener la exacta y equitativa relaci&oacute;n de las libertades e intereses permanentes de los asociados, lo que no puede consultarse con el sistema de dejar hacer que implica, el dejar robar y dejar oprimir y va hasta la consagraci&oacute;n de la esclavitud, o de la explotaci&oacute;n del hombre por el hombre.</p>     <p>Y finalmente: que si bien estas cuestiones inquietan muchos intereses y arrojan alguna consternaci&oacute;n en cierta clase de la sociedad, no por eso deben abandonarse indolentemente, porque si todav&iacute;a el mal no es bastante sensible porque el pa&iacute;s apenas comienza a desenvolver su fisonom&iacute;a industrial, y la clase de los propietarios territoriales a&uacute;n no ha extendido su influencia, ni acaso apercib&iacute;dose de su poder; sin embargo, es ahora que pueden acometerse sin mayores inconvenientes esas reformas sin las cuales las pol&iacute;ticas quedar&aacute;n frustradas en sus efectos.</p>      <p>Perd&oacute;n, amigo m&iacute;o, por la extensi&oacute;n de esta carta. Aguardo su contestaci&oacute;n y me preparo a modificar mis opiniones en vista de sus raciocinios, pues yo no adopto opini&oacute;n alguna como definitiva, en vista de los progresos de la ciencia, sino que antes bien estoy siempre dispuesto a rectificar las que tengo. Sobre cuanto hay busco la discusi&oacute;n, y as&iacute; notar&aacute; usted que mi peri&oacute;dico est&aacute; siempre a disposici&oacute;n de mis amigos aun para combatir aquellas opiniones por las que parece que muestro m&aacute;s entusiasmo. Con tal de que no se descienda a los insultos abro ancho campo a la discusi&oacute;n, porque habr&iacute;a mala fe en querer poner al alcance de los lectores las razones de un lado &uacute;nicamente: eso ser&iacute;a desconfiar de la exactitud de los juicios mismos que se emit&iacute;an.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Su amigo de coraz&oacute;n,</p>     <p>M. Murillo</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Efectos del dejar hacer.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Leon Faucher.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
