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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>UN ESTUDIO SOBRE LOS PARTIDOS POL&Iacute;TICOS</b></font></p>      <p align="center"><i>Gonzalo Cata&ntilde;o</i><sup>*</sup></p>     <br>     <p><sup>*</sup> Soci&oacute;logo, profesor del Programa de Sociolog&iacute;a de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia &#91;<a href="mailto:anomia@etb.net.co">anomia@etb.net.co</a>&#93;.</p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 25 de agosto de 2011, fecha de modificaci&oacute;n: 25 de octubre de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de octubre de 2011.</p> <hr>     <p align="right">Toda la ense&ntilde;anza de las materias que constituyen    <br>  la escuela pol&iacute;tica del Externado tiene por fundamento    <br> la filosof&iacute;a de Spencer.    <br> <i>Revista Judicial</i>, noviembre de 1892</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La tesis de grado de Ricardo Hinestrosa Daza, <i>Los partidos pol&iacute;ticos</i>, constituye la expresi&oacute;n m&aacute;s acabada del enunciado de este ep&iacute;grafe. Su marco de referencia -enfoque, hip&oacute;tesis, conceptos, teor&iacute;as- proviene de la obra de Herbert Spencer, lo mismo que sus an&aacute;lisis, conclusiones y recomendaciones. El vocablo "evoluci&oacute;n", transformaciones en las esferas natural y social, frecuenta sus p&aacute;ginas, y las nociones de individuo y sociedad como entidades diferentes pero mutuamente dependientes animan sus reflexiones. Dirigida por el ex presidente Santiago P&eacute;rez, la tesis apareci&oacute; en 1892 en un folleto de 44 p&aacute;ginas en la Imprenta de Echeverr&iacute;a Hermanos de Bogot&aacute;. Su escritura descansa en un lenguaje mesurado de frases y p&aacute;rrafos cortos que atrapan la atenci&oacute;n del lector y lo conducen sin tropiezos hasta el final. Cuando la oraci&oacute;n se explaya por varios renglones y el p&aacute;rrafo cobra alguna extensi&oacute;n, el autor la vigila con una severa puntuaci&oacute;n que impide que la elocuencia tome rumbos indeseados y se aleje de su objeto de estudio. En la urdimbre de su prosa se evidencia la influencia de la pluma de Santiago P&eacute;rez, caracterizada por la lucidez de la expresi&oacute;n derivada de la frase s&oacute;lida y compacta donde el adorno proviene de la claridad de los conceptos<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Entre los miembros del jurado de la tesis se encontraban el profesor de sociolog&iacute;a Salvador Camacho Rold&aacute;n, el catedr&aacute;tico de medicina legal doctor Leoncio Barreto, el rector del Externado Nicol&aacute;s Pinz&oacute;n Warlosten y los fogosos spencerianos Ignacio V. Espinosa, Juan David Herrera y Juan Manuel Rudas.</p>     <p>    <center><b>I</b></center></p>     <p><i>Los partidos pol&iacute;ticos </i>es un trabajo de aliento te&oacute;rico con ilustraciones tomadas de la historia inglesa y de la experiencia colombiana del siglo XIX. Su objetivo -examinar el papel de los partidos en las sociedades modernas-, lleva a puntualizar su nacimiento, su auge y ca&iacute;da, as&iacute; como su eventual desaparici&oacute;n de la escena pol&iacute;tica. Hinestrosa define la sociedad como un agregado de individuos unidos por v&iacute;nculos permanentes que dan lugar a grupos estables (tribus, naciones, imperios). Estos v&iacute;nculos encuentran su fundamento en la cooperaci&oacute;n, la combinaci&oacute;n de acciones que tejen la vida de los individuos y sellan sus actividades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. La cooperaci&oacute;n implica un arreglo social y una organizaci&oacute;n que vigile la conducta de las personas que interact&uacute;an d&iacute;a a d&iacute;a. Este ordenamiento se expresa en la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la instituci&oacute;n encargada de la direcci&oacute;n y defensa del organismo social, que en las sociedades complejas, aquellas de mayor tama&ntilde;o y creciente divisi&oacute;n del trabajo, se traduce en el aparato estatal.</p>     <p>Para que la m&aacute;quina pol&iacute;tica se ponga en movimiento y atienda los intereses de los asociados, necesita fuerzas que la orienten y sacudan su letargo. Una de estas fuerzas -la m&aacute;s significativa se&ntilde;ala Hinestrosa- son los partidos pol&iacute;ticos. Ellos constituyen el nervio, la energ&iacute;a que estimula la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Acudiendo a la postura cl&aacute;sica de Edmund Burke, los define como "un grupo de individuos unidos para promover con sus esfuerzos mancomunados los intereses nacionales sobre un principio particular en que est&aacute;n todos acordes"<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Son <i>partidos </i>en tanto representan las aspiraciones de la fracci&oacute;n de un todo, y <i>pol&iacute;ticos </i>en cuanto luchan por un ideario que influye, o intenta influir, en la voluntad del Estado.</p>     <p>Su teor&iacute;a de los partidos est&aacute; inmersa en la tipolog&iacute;a spenceriana sociedad militar-sociedad industrial, una construcci&oacute;n t&iacute;pico-ideal muy semejante a las elaboraciones polares de nuestros d&iacute;as tales como sociedad tradicional-sociedad moderna. El soci&oacute;logo ingl&eacute;s diferenci&oacute; dos formas de organizaci&oacute;n: una basada en la cooperaci&oacute;n obligatoria (forzada la llama Hinestrosa) y otra en la cooperaci&oacute;n voluntaria. A la primera la llam&oacute; sociedad militar y a la segunda sociedad industrial. La sociedad militar es coercitiva, violenta, guerrera, jerarquizada y econ&oacute;micamente autosuficiente. Los vecinos son sus enemigos o sus potenciales adversarios. El sistema pol&iacute;tico es centralizado, autoritario, desp&oacute;tico; con una estructura de poder donde el jefe militar suele ser a su vez el jefe pol&iacute;tico y religioso. En ella la Iglesia se halla al servicio del Estado y predica la subordinaci&oacute;n como virtud suprema. En su interior el individuo y la propiedad se encuentran subordinados al todo y las asociaciones privadas apenas existen. Es un mundo altamente estratificado donde los miembros se sit&uacute;an en grados sucesivos de subordinaci&oacute;n. Sociedad de <i>estatus </i>la califica Spencer. En ella, desde el d&eacute;spota al esclavo, cada uno es se&ntilde;or de los que est&aacute;n por debajo y s&uacute;bdito de los que est&aacute;n por encima de su esfera de acci&oacute;n. Sus mejores ejemplos se encuentran en el imperio incaico, el antiguo Egipto, el mundo medieval y la Esparta del siglo v antes de nuestra era.</p>     <p>La sociedad industrial es, por esencia, pac&iacute;fica. Comercia con sus vecinos y la expansi&oacute;n de su econom&iacute;a no conoce los impedimentos y las barreras de los poderes centrales. Su organizaci&oacute;n pol&iacute;tica es descentralizada, electiva, democr&aacute;tica, con amplia participaci&oacute;n de los asociados. No existe la subordinaci&oacute;n indiscriminada del individuo y de la propiedad al Estado. Es una sociedad donde hay respeto por la vida, la libertad, las opiniones y las diversas confesiones religiosas, y donde florecen las asociaciones privadas (sindicatos, bander&iacute;as, grupos patronales, partidos pol&iacute;ticos, etc.). Su estratificaci&oacute;n es laxa y abierta. La cooperaci&oacute;n entre los miembros es regulada por el <i>contrato</i>, un convenio entre las partes que atiende los principios de justicia, y no el <i>estatus</i>, la posici&oacute;n social<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Es una relaci&oacute;n entre iguales con obligaciones pactadas, donde el esfuerzo de cada uno recibe el producto de su trabajo. En sus rasgos m&aacute;s generales, se halla representada por la sociedad moderna, por las "naciones avanzadas" seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Spencer. Era la sociedad del capitalismo industrial con Estados democr&aacute;ticos, parlamentos, partidos y sistemas jur&iacute;dicos que amparaban las libertades y defend&iacute;an a los ciudadanos contra el despotismo. Los ejemplos m&aacute;s ilustrativos los hallaba el pensador ingl&eacute;s en la Gran Breta&ntilde;a y en los Estados Unidos de su tiempo, pero no se olvidaba de anotar que la sociedad industrial no hab&iacute;a alcanzado todav&iacute;a su pleno desarrollo. Apenas mostraba sus rasgos m&aacute;s caracter&iacute;sticos a&uacute;n en proceso de normalizaci&oacute;n. Palpitaban en sus entra&ntilde;as las dimensiones militares que acompa&ntilde;aron su g&eacute;nesis y las jerarquizaciones y restricciones a la libertad que limitaban el libre ejercicio de la cooperaci&oacute;n voluntaria.</p>     <p>Los dos tipos de organizaci&oacute;n social eran, cabe recalcarlo, tipos ideales, construcciones <i>a priori </i>para describir acentos y particularidades de las sociedades concretas. En el mundo antiguo hubo experiencias democr&aacute;ticas y en el Medioevo y en los largos a&ntilde;os del feudalismo asociaciones y gremios privados, pero todo ello en medio de un avasallador r&eacute;gimen militar. Spencer cre&iacute;a que el futuro anunciaba un ascenso de las sociedades industriales, en los pa&iacute;ses europeos sobre todo, pero no dudaba de las eventuales reca&iacute;das en las estructuras militares. A su juicio, uno de estos retrocesos estaba representado por los proyectos socialistas afincados en la cooperaci&oacute;n forzada y en la relaci&oacute;n gobernante-gobernados t&iacute;pica de las sociedades autoritarias. Eran programas de subordinaci&oacute;n donde la propiedad estaba en manos del Estado y se constre&ntilde;&iacute;an la competencia, la contrataci&oacute;n y los convenios econ&oacute;micos entre particulares: la <i>libertad</i>, en una palabra. En una ocasi&oacute;n le escribi&oacute; a un amigo alem&aacute;n: "Creo que el socialismo es inevitable, pero ser&aacute; la mayor desdicha que el mundo haya sufrido, y acabar&aacute; en un despotismo militar de la forma m&aacute;s acusada"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>     <p>    <center><b>II</b></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el desarrollo de su tema, Hinestrosa se gui&oacute; por la argumentaci&oacute;n de Spencer cincelada en <i>El individuo contra el Estado</i>:</p>  <ol>     <p>El partido conservador y el liberal tienen su origen respectivo, el uno en el militarismo, el otro en el industrialismo. El primero se caracteriz&oacute; por el r&eacute;gimen del <i>estatus</i>, el segundo por el r&eacute;gimen del <i>contrato</i>; aqu&eacute;l por la cooperaci&oacute;n obligatoria que acompa&ntilde;a a la desigualdad legal de las clases, &eacute;ste por la cooperaci&oacute;n voluntaria que acompa&ntilde;a a su igualdad legal; e indisputablemente los primeros actos de cada partido se dirigieron ya a fortalecer las instituciones que mantienen la cooperaci&oacute;n obligatoria, ya a suprimirlas o a limitarlas<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>    </ol>     <p>Hinestrosa sab&iacute;a que los partidos surgen cuando el Estado los tolera y cuando hay sufragio y una cultura de la democracia representativa acompa&ntilde;ada de instituciones (parlamentos) que protegen y favorecen la lucha entre grupos con idearios encontrados. Prosperan donde fluye libremente la vida pol&iacute;tica y desaparecen en los pueblos que miran con indiferencia los negocios p&uacute;blicos o se encuentran oprimidos. En las organizaciones desp&oacute;ticas no hay lugar para ellos. All&iacute; el pr&iacute;ncipe y sus favoritos concentran el mando y reclaman la obediencia; son &aacute;mbitos donde "el pueblo desaparece ante la omnipotencia del monarca".</p>     <p>&iquest;Cu&aacute;ntos partidos existen en la arena pol&iacute;tica? Muchos, cada pa&iacute;s tiene los suyos con acentos y nombres diversos. En el popular tratado del jurista y pol&iacute;tico suizo Bluntschli, el <i>Derecho p&uacute;blico universal</i>, Hinestrosa hall&oacute; una gama que parec&iacute;a incluirlos a todos: el radical, el liberal, el conservador y el absolutista. El radical era bueno para destruir, el liberal para aupar el progreso, el conservador para defender la tradici&oacute;n y el absolutista para exaltar la autoridad<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Pero en realidad s&oacute;lo hab&iacute;a dos partidos: el de la conservaci&oacute;n y el del cambio; el que se apega a lo antiguo y el que mira hacia adelante; el de derecha y el de izquierda; el conservador y el progresista (m&aacute;s conocido como liberal)<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>.</p>     <p>Para ilustrar esta dicotom&iacute;a, emparentada con la militar y la industrial, describi&oacute; la experiencia inglesa de los siglos XVII-XIX y la colombiana de los a&ntilde;os que siguieron a las jornadas de Independencia. Este giro hist&oacute;rico convierte la tesis en un atractivo ensayo de sociolog&iacute;a comparada y en un ejemplo colombiano de asimilaci&oacute;n de uno de los aspectos m&aacute;s sugestivos, y actuales, de la obra de Spencer. A juicio de Hinestrosa, el caso ingl&eacute;s, "un Estado constitucional regido por la acci&oacute;n de los partidos", es el mejor ejemplo de la tensi&oacute;n entre conservadores (<i>tories</i>) y liberales (<i>whigs</i>). Los primeros ampararon en su tiempo el derecho divino de los reyes, las prerrogativas de los soberanos y la obediencia pasiva de los s&uacute;bditos. Los segundos abrazaron los principios de libertad e igualdad: la independencia del parlamento, la afirmaci&oacute;n de los derechos del pueblo y la resistencia a los monarcas que violaban la ley. Los conservadores defend&iacute;an los valores m&aacute;s preciados del militarismo -la autoridad y, tras ella, la cooperaci&oacute;n forzada-, y los liberales las aspiraciones m&aacute;s queridas del industrialismo: la libre elecci&oacute;n como fundamento de la cooperaci&oacute;n voluntaria. Los tradicionalistas ataban la sociedad al pasado y los progresistas a un presente cargado de futuro. La base social de los conservadores proven&iacute;a de la Iglesia, de las poblaciones peque&ntilde;as y del campo (labradores, feudatarios y se&ntilde;ores de la tierra), y la de los liberales de los habitantes de los puertos comerciales, los distritos manufactureros y las ciudades m&aacute;s populosas y de mayor dinamismo<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>     <p>Algo similar sucedi&oacute; en el caso colombiano. "Despu&eacute;s de trescientos a&ntilde;os de marasmo colonial", el mensaje libertario de las revoluciones norteamericana y francesa promovi&oacute; la emancipaci&oacute;n de las colonias espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica. La Nueva Granada sell&oacute; su independencia en 1819, y al momento surgieron dos corrientes, la militar, de sentimientos autoritarios y de poder vitalicio, heredada de Bol&iacute;var, y la civil, de esp&iacute;ritu republicano, desprendida de la figura de Santander. "Bol&iacute;var era un legislador militar, Santander un militar jurisconsulto". Su profesor de sociolog&iacute;a, Camacho Rold&aacute;n, hab&iacute;a escrito en un trabajo sobre Santander publicado en 1883: "Bol&iacute;var no era dem&oacute;crata..., su alma dominadora exig&iacute;a en todas partes obediencia absoluta". Y all&iacute; mismo hab&iacute;a recordado que los seguidores de Santander quer&iacute;an, por el contrario, "que la independencia y la libertad marchasen de acuerdo al mismo tiempo: juzgaban que la independencia no val&iacute;a gran cosa sin las libertades individuales"<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. A los pocos a&ntilde;os, esta divisi&oacute;n desemboc&oacute; en los partidos liberal y conservador, dos vertientes que marcaron el desenvolvimiento de la Rep&uacute;blica a lo largo del siglo XIX. Los conservadores abrazaron el centralismo, las bondades del poder ejecutivo y la causa de la Iglesia; los liberales las virtudes del federalismo, la libertad de conciencia, los valores de la democracia y la separaci&oacute;n de la Iglesia y el Estado. Al describir los ascensos y ca&iacute;das de las dos facciones, Hinestrosa se&ntilde;al&oacute; que con algunos altibajos los civilistas gobernaron durante la d&eacute;cada de 1830. En el decenio siguiente hubo una reacci&oacute;n conservadora que vino a mitigarse con el gobierno del general Mosquera y la administraci&oacute;n de Jos&eacute; Hilario L&oacute;pez. En 1857 volvieron los conservadores con Mariano Ospina Rodr&iacute;guez y en 1863 se sancion&oacute; la Constituci&oacute;n de Rionegro que dio lugar al periodo radical que se extendi&oacute; hasta los a&ntilde;os ochenta. A continuaci&oacute;n regresaron los conservadores con la Constituci&oacute;n de 1886, r&eacute;gimen en plena expansi&oacute;n cuando Hinestrosa redactaba la tesis. El autor no consider&oacute; los or&iacute;genes sociales de los miembros m&aacute;s conspicuos de los partidos colombianos. Redujo su antagonismo a la esfera ideol&oacute;gica, a las posiciones de potestad y mando de los amigos de la tradici&oacute;n y a los postulados de autonom&iacute;a y libre albedr&iacute;o de los simpatizantes del cambio. Y aunque no lo dijo expl&iacute;citamente, de su perspectiva se deduce que el mundo colonial representaba el militarismo y la sociedad de <i>estatus</i>, y la Colombia independiente los esfuerzos continuos por hacerse a la libertad, al <i>contrato</i>, a la cooperaci&oacute;n sin trabas y al progreso de las naciones civilizadas que se hab&iacute;an apropiado de los elementos b&aacute;sicos de la organizaci&oacute;n industrial<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>.</p>     <p>    <center><b>III</b></center></p>     <p>Esa breve incursi&oacute;n hist&oacute;rica, la faceta emp&iacute;rica de la tesis, le sirvi&oacute; para montar el escenario en el que se mov&iacute;an sus esfuerzos te&oacute;ricos. "Una conclusi&oacute;n pol&iacute;tica cualquiera -escribi&oacute;- no est&aacute; justificada mientras no se apoye en los hechos". Para Hinestrosa, la historia era "un inmenso acopio" de informaci&oacute;n y de experiencias que deben ser evaluadas por la sociolog&iacute;a con ayuda de los datos del presente para derivar generalizaciones en "t&eacute;rminos de leyes naturales". El estudio del pasado muestra los acentos particulares, pero una perspectiva comparativa guiada por los instrumentos de la ciencia de la sociedad extrae las uniformidades que rigen las experiencias de los individuos y las instituciones que las modulan. Y, lo m&aacute;s significativo, de estas generalizaciones se pueden extraer orientaciones para el ciudadano corriente y el pol&iacute;tico activo. Hinestrosa quer&iacute;a saber y aprender para difundir y orientar, y a estas reflexiones, a medio camino entre las cosas como son y c&oacute;mo deber&iacute;an ser, dedic&oacute; las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de la tesis<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La primera generalizaci&oacute;n ense&ntilde;a que los partidos son el motor de la vida pol&iacute;tica en las sociedades modernas y en las que se han propuesto alcanzar los logros de la civilizaci&oacute;n. Son los agentes de cambio y de estabilidad social, los generadores de la participaci&oacute;n ciudadana que busca "el r&eacute;gimen industrial inaugurado por la cooperaci&oacute;n voluntaria". La segunda indica que cualquiera que sea el n&uacute;mero y los nombres que lleven los diferentes partidos, al final se reducen a dos fuerzas: una que "mira y marcha hacia adelante" y otra que busca que "el porvenir respete los derechos del pasado". Este &uacute;ltimo, el conservador, representa la pausa y halla su mejor ocasi&oacute;n despu&eacute;s de las grandes transformaciones, es decir, "cuando se trata de conservar las adquisiciones hechas". Cada partido tiene su funci&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; servir&iacute;a -se pregunt&oacute; Hinestrosa- la adquisici&oacute;n de cosas nuevas si no existiese un mecanismo de conservaci&oacute;n? "Si uno de los partidos dejara de existir, su extinci&oacute;n traer&iacute;a consigo la del otro", respondi&oacute;. Quiz&aacute; en esta tensi&oacute;n descanse la iron&iacute;a estampada en el epigrama que encabeza la tesis: "Con frecuencia olvidamos que no s&oacute;lo hay algo de bondad en las cosas malas, sino tambi&eacute;n algo de verdad en las cosas err&oacute;neas"<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>     <p>La tercera generalizaci&oacute;n proviene de la respuesta a la pregunta: &iquest;por qu&eacute; caen los partidos? Por m&uacute;ltiples razones, respondi&oacute; Hinestrosa, pero la experiencia sugiere tres constantes: las divisiones internas de la facci&oacute;n dominante, el desgaste de los programas de las agrupaciones que han ocupado la direcci&oacute;n del Estado por largo tiempo y los estragos y usos indebidos del poder: "cada cual se corrompe por la ocupaci&oacute;n misma del gobierno". S&oacute;lo la derrota purifica y vigoriza a los partidos. En cualquiera de estos tres casos, la acci&oacute;n de la fuerza contraria, robustecida en la oposici&oacute;n, surge como causa precipitante de la ca&iacute;da de su oponente.</p>     <p>La cuarta generalizaci&oacute;n, extra&iacute;da en buena parte de las anteriores, se&ntilde;ala que el &eacute;xito y el derrumbe de los partidos est&aacute;n asociados a su capacidad de interpretar las aspiraciones de los grupos sobre los cuales desean estampar su huella. Con los partidos ocurre algo semejante a lo que sucede con las constituciones. Si no expresan la realidad de la sociedad que personifican, son letra muerta. Aqu&iacute; Hinestrosa se enfrent&oacute; con el problema de las mayor&iacute;as y el tema movedizo de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Esta &uacute;ltima, "el term&oacute;metro m&aacute;s seguro de las necesidades actuales", cada cual apelando al sentir de los dem&aacute;s, constituye el fundamento de los partidos pol&iacute;ticos. De la capacidad de interpretarla y orientarla depende su existencia en un Estado democr&aacute;tico. Un partido que no consulte la opini&oacute;n est&aacute; perdido, especialmente cuando &eacute;sta se traduce en <i>sentimiento</i>, noci&oacute;n que Hinestrosa tom&oacute; de Spencer para referirse a las creencias colectivas que una vez interiorizadas nutren la conducta de los miembros de la sociedad. "Las instituciones no pueden quedarse atr&aacute;s ni marchar adelante de los sentimientos dominantes&hellip; Los sentimientos y no las ideas son los m&oacute;viles del hombre", se&ntilde;al&oacute; con energ&iacute;a. Para que estas &uacute;ltimas incidan en la vida de los individuos, deben trocarse en disposici&oacute;n emocional, en h&aacute;bitos del coraz&oacute;n que animen las decisiones<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>.</p>     <p>De esta &uacute;ltima conclusi&oacute;n Hinestrosa deriv&oacute; una reflexi&oacute;n sobre el cambio social. Si los partidos son la fuente del dinamismo que alienta el paso de la organizaci&oacute;n militar a la industrial, el ritmo de este desplazamiento es asunto primordial para el analista de los asuntos p&uacute;blicos y el profesional de la pol&iacute;tica. Se sabe que la energ&iacute;a de un partido liberal crea de inmediato resistencias en la facci&oacute;n conservadora y que un apego desmesurado a la tradici&oacute;n promueve la insatisfacci&oacute;n de las fuerzas del progreso. Un apresuramiento en los negocios de la sociedad puede resultar en "desacuerdos que alcanzan un tama&ntilde;o insostenible" y traducirse en angustiosos procesos revolucionarios. Ante esta disyuntiva, nunca f&aacute;cil de resolver, Hinestrosa opt&oacute; por la mesura. Su consejo fue simple y directo:</p> <ol>    <p>Mientras hay mayor&iacute;a conservadora de una medida determinada, no puede ni debe cambiarse dicha medida, como que esa mayor&iacute;a manifiesta el estado del car&aacute;cter dominante; pero cuando se haya convertido en minor&iacute;a y, por lo tanto, haya mayor&iacute;a reformista, ... debe cuidarse de que las innovaciones de que se trata no vayan a sobrepasar las necesidades actuales.</p>    </ol>     <p>Este conservadurismo latente era un llamado al realismo, a no confundir los ideales -tan f&aacute;ciles de estampar en los objetivos de un partido o en la mente de algunos dirigentes-, con los hombres y las situaciones concretas que se quer&iacute;an transformar. Volviendo sobre las palabras de Bluntschli, record&oacute; que la inclinaci&oacute;n por los progresos r&aacute;pidos y violentos se encuentra en los esp&iacute;ritus so&ntilde;adores propios de la adolescencia, muy dados a olvidar "que los fen&oacute;menos sociales, como todos los del universo, est&aacute;n sujetos al orden de causaci&oacute;n natural&hellip; Un adelanto r&aacute;pido y hecho cuando el terreno no est&aacute; todav&iacute;a suficientemente preparado no alcanza ra&iacute;ces profundas". No se forma un pueblo como se modela la arcilla. Si hoy promovemos asaltos para suscitar cambios precipitados, y una minor&iacute;a turbulenta se declara pueblo e impone su yugo, ma&ntilde;ana estaremos implorando la llegada de un tirano que restablezca el orden. "Las instituciones no pueden quedarse atr&aacute;s ni marchar adelante de los sentimientos dominantes". Hinestrosa quer&iacute;a sosegar las pasiones locales, las "bruscas y violentas oscilaciones de nuestro Estado a&uacute;n incipiente" m&aacute;s conocidas como guerras civiles. Hac&iacute;a un llamado a la tolerancia, el arte de orientar la discusi&oacute;n de los principios y doctrinas de los partidos organizados, que tan fecundos ejemplos daba al mundo "la libre Inglaterra"<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>.</p>     <p>    <center><b>IV</b></center></p>     <p>Pero si Hinestrosa sab&iacute;a que "los partidos pol&iacute;ticos nacen directa o indirectamente del conflicto entre el industrialismo y el militarismo"<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>, &iquest;qu&eacute; suceder&aacute; cuando el industrialismo alcance su plenitud y el militarismo sea un asunto del pasado? &iquest;Desaparecer&aacute;n las tensiones entre liberales y conservadores? Se desvanecer&aacute;n las contradicciones esenciales y las dos fuerzas s&oacute;lo diferir&aacute;n en detalles min&uacute;sculos. Spencer, como los ide&oacute;logos del socialismo que tanto detestaba, tambi&eacute;n imagin&oacute; una Arcadia fruto de la evoluci&oacute;n gradual. "En una &eacute;poca m&aacute;s o menos remota -escribi&oacute;-, el tipo industrial llegar&aacute; a establecerse definitivamente" y en ese momento desaparecer&aacute; el antagonismo entre los partidos. Se acabar&aacute; la guerra entre bander&iacute;as y s&oacute;lo subsistir&aacute;n las "diferencias de opini&oacute;n sobre cuestiones de detalle y puntos secundarios de la administraci&oacute;n &#91;p&uacute;blica&#93;"<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>. Los conservadores se encargar&aacute;n de moderar la acci&oacute;n liberal y los liberales, sin utopismos, invertir&aacute;n sus mejores esfuerzos en formar la opini&oacute;n para las reformas exigidas por los hechos. "El liberal -escribi&oacute; Hinestrosa siguiendo a Spencer- ser&aacute; lo bastante conservador para no exigir sino reformas parciales, y el conservador lo bastante liberal para no retener lo que las necesidades pidan que se renueve". Y en lo que respecta a Colombia, las facciones liberal y conservadora- s&oacute;lo pensar&aacute;n en la suerte de la patria. Llegar&aacute; el tiempo, incluso, en que se expida una Constituci&oacute;n "que por ser la resultante de ambas tendencias, adquiera la estabilidad de que hasta ahora han carecido todas las nuestras, y por estar adaptada en lo posible a nuestro estado, encuentre en cada ciudadano un defensor".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;ndo terminar&aacute; la agitaci&oacute;n de los partidos?, &iquest;cu&aacute;ndo se acabar&aacute; su lucha? Cuando la sociedad y sus miembros hayan llegado al l&iacute;mite de su progreso, respondi&oacute;. "S&oacute;lo entonces el individuo no encontrar&aacute; m&aacute;s l&iacute;mites a su actividad que las justas actividades de los dem&aacute;s, y esto s&oacute;lo sucede cuando se haya establecido el equilibrio entre los deseos y las necesidades". Ser&aacute;, adem&aacute;s, la sociedad del <i>altruismo</i>, del amor al otro, de la sociedad del amable vocablo acu&ntilde;ado por Comte en el &uacute;ltimo periodo de su vida cuando se dio la tarea de trazar los contornos de la religi&oacute;n de la humanidad, de aqu&eacute;lla que ama al hombre, no a Dios<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>. En esta nueva sociedad cada cual contribuir&aacute; voluntariamente al mantenimiento del &oacute;rgano de gobierno -si es que todav&iacute;a existe- para que decida sobre "los casos complicados en que la equidad no salte a la vista". Y a medida que la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, el Estado, pierda sus funciones y se haga menos necesaria, "m&aacute;s restringido ser&aacute; el campo donde se muevan sus dos fuerzas: los partidos". La sociedad perfecta ser&aacute; entonces "eminentemente conservadora porque no necesita nuevos cambios, y eminentemente liberal porque si no se exigen es porque ya no hay mayor libertad posible ni m&aacute;s derechos que conquistar". Pero -como dec&iacute;a Spencer- eso era materia de "una &eacute;poca m&aacute;s o menos remota"; de un mundo feliz que el optimista familiarizado con los asuntos humanos tiende a situar en el horizonte, en esa l&iacute;nea imaginaria que separa el cielo de la tierra y que se aleja a medida que intentamos alcanzarla.</p>     <p>    <center><b>V</b></center></p>     <p>Hinestrosa naci&oacute; en Zipaquir&aacute;, la patria chica de su director de tesis, en 1874. Ten&iacute;a 18 a&ntilde;os cuando defendi&oacute; el trabajo sobre los partidos pol&iacute;ticos ante los profesores del Externado. Jam&aacute;s volvi&oacute; sobre los temas sociol&oacute;gicos y los estudios pol&iacute;ticos, pero la ciencia de la sociedad le sirvi&oacute; de orientaci&oacute;n en sus reflexiones jur&iacute;dicas y en sus ensayos literarios y de cr&iacute;tica social y de la cultura. Fue miembro fundador de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua. Colabor&oacute; con B. San&iacute;n Cano -su amigo de toda la vida- en la fundaci&oacute;n y promoci&oacute;n de la <i>Revista Contempor&aacute;nea </i>(1904-1905), la publicaci&oacute;n peri&oacute;dica que difundi&oacute; el modernismo en Colombia. Fue magistrado del Tribunal Superior de Bogot&aacute; de 1905 a 1909 y durante la administraci&oacute;n de Carlos E. Restrepo ocup&oacute; la Secretar&iacute;a del ministerio del Tesoro (en 1912 fue ministro encargado). Fue, adem&aacute;s, abogado de la Comisi&oacute;n Kemmerer en 1931, magistrado de la Corte Suprema de Justicia entre 1935 y 1950 y rector del Externado desde 1933 hasta su muerte. Presidi&oacute; la Comisi&oacute;n de Reformas del C&oacute;digo Civil promovida por el gobierno de Eduardo Santos, donde altern&oacute; con el profesor L&eacute;on Julliot de la Morandi&egrave;re (1885-1968), un acreditado representante de los renovadores del derecho civil franc&eacute;s de la &eacute;poca. Se cas&oacute; en 1919 con Mar&iacute;a Elena Forero y tuvo tres hijos. Uno de ellos, Fernando, nacido en 1931, cuando su padre ten&iacute;a 57 a&ntilde;os, abraz&oacute; el derecho civil, ejerci&oacute; la profesi&oacute;n de abogado, fue embajador, magistrado, tratadista, ministro de Estado y ha dirigido la Universidad Externado de Colombia por cerca de medio siglo. En una ocasi&oacute;n observ&oacute;: "fue un padre dedicado, abierto al di&aacute;logo, amigo de orientar sin brusquedades; muy cercano al retrato del abuelo. Cuando finalic&eacute; mi bachillerato se acercaba a los 72 a&ntilde;os".</p>     <p>Ricardo Hinestrosa muri&oacute; en 1963 a los 89 a&ntilde;os de edad colmado de honores por sus colegas, estudiantes y allegados del mundo de la pol&iacute;tica y de la cultura. Adem&aacute;s de derecho estudi&oacute; medicina, pero jam&aacute;s la ejerci&oacute;. Fue un elemento m&aacute;s en su formaci&oacute;n intelectual. Tuvo un don para los idiomas extranjeros. El ingl&eacute;s fue una pasi&oacute;n temprana que us&oacute; con generosidad en la tesis de grado. Sus lecturas jur&iacute;dicas y literarias vagaron sin tropiezos por varias tradiciones intelectuales. Conoci&oacute; "cuatro o cinco lenguas, algunas de ellas con sus literaturas", escribi&oacute; San&iacute;n Cano<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>. Muy estricto con la prosa, le gustaba decir que sus mejores obras eran las que no hab&iacute;a escrito. Cuando un amigo cercano lo interrog&oacute; acerca de la publicaci&oacute;n de sus conferencias de derecho civil, muy festejadas por sus oyentes del Externado, respondi&oacute;: "guardar&aacute;n silencio, es saludable que la gente piense que son mejores de lo que sugiere la realidad".</p> <hr>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>B. San&iacute;n Cano, "El bronce no es m&aacute;s duradero" en S. P&eacute;rez, <i>Manual del ciudadano</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2000, p. 26.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup><i>The works of Edmund Burke</i>, London, Bohn, 1854-1889, vol. II, p. 335. La definici&oacute;n burkeana proviene del extenso ensayo "Reflexiones sobre la causa del descontento actual" (1770), de f&aacute;cil consulta en la actualidad en E. Burke, <i>Revoluci&oacute;n y descontento</i>, Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2008, pp. 3-84.154    <br> <sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> Estas nociones proven&iacute;an de los conceptos polares (sociedad de estatus <i>versus </i>sociedad contractual) del contempor&aacute;neo de Spencer, el historiador del derecho Sir Henry Maine desarrollados en <i>El derecho antiguo considerado en sus relaciones con la historia de la sociedad primitiva y con las instituciones modernas </i>(1861), autor y libro conocidos en los medios jur&iacute;dicos colombianos de los a&ntilde;os ochenta y noventa del siglo XIX. Salvador Camacho Rold&aacute;n lo cit&oacute; como uno de los fundadores de la ciencia social moderna en su famoso "Discurso" de 1882 sobre el contenido y alcance de la sociolog&iacute;a, y el joven Enrique Mill&aacute;n (del Externado) lo us&oacute; con amplitud y familiaridad en su tesis de grado, <i>El origen y la fuente del derecho</i>, Bogot&aacute;, Imprenta de Echeverr&iacute;a Hermanos, 1892.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Otto Gaupp. <i>Spencer</i>, Madrid, Revista de Occidente, 1930, p. 242. La presentaci&oacute;n m&aacute;s completa de las sociedades militar e industrial se encuentra en H. Spencer, <i>Principles of sociology</i>, New York and London, Appleton and Co., 1910, vol. I, segunda parte, cap. 10, y vol. II, quinta parte, caps. 17 y 18. En las ediciones espa&ntilde;olas, cuyos t&iacute;tulos no siempre coinciden con los de las ediciones inglesas, estas secciones se encuentran en H. Spencer, <i>Principios de sociolog&iacute;a</i>, Madrid, Saturnino Calleja, 1883, vol. II, pp. 107-130, y H. Spencer, <i>Instituciones pol&iacute;ticas</i>, Madrid, La Espa&ntilde;a Moderna, s.f., vol. II, pp. 177-274. Una exposici&oacute;n resumida de la dicotom&iacute;a, muy orientadora por su aplicaci&oacute;n al caso de Inglaterra, se halla en las p&aacute;ginas iniciales del c&eacute;lebre panfleto de Spencer, <i>El individuo contra el Estado</i>, Sevilla, Imprenta y Litograf&iacute;a de Jos&eacute; Ma. Ariza, 1885. Todos estos textos los conoc&iacute;a el joven Hinestrosa en el original ingl&eacute;s.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Herbert Spencer, <i>El individuo contra el Estado</i>, ed. cit., p. 40.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Johann Kaspar Bluntschli, <i>Derecho p&uacute;blico universal</i>, Madrid, F. G&oacute;ngora, 1880, 4 vols. Bluntschli desarroll&oacute; su clasificaci&oacute;n siguiendo la <i>Teor&iacute;a de los partidos pol&iacute;ticos </i>de su amigo el alem&aacute;n Friedrich Rohmer (1814-1856), quien asoci&oacute; la inclinaci&oacute;n de los partidos a la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica y psicol&oacute;gica de los individuos: el radical, a la adolescencia; el liberal, a la juventud; el conservador, a la virilidad; el absolutista, a la vejez.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Quiz&aacute; en esta &uacute;ltima consideraci&oacute;n Hinestrosa ten&iacute;a en mente la advertencia de don Ezequiel Rojas en sus lecciones de <i>Filosof&iacute;a moral</i>, libro que conoc&iacute;a y cit&oacute; en la tesis, donde el pensador colombiano record&oacute; a su audiencia que "la denominaci&oacute;n del partido opuesto al <i>conservador </i>deber&iacute;a ser la de <i>progresista </i>&#91;y no la de <i>liberal</i>&#93;, puesto que en las sociedades existen siempre dos esfuerzos: uno dirigido a conservar todo lo que existe y otro a variarlo o a modificarlo". E. Rojas, <i>Filosof&iacute;a moral</i>, Bogot&aacute;, Imprenta de la Naci&oacute;n, 1868, p. 149.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Las obras que orientaron su excursi&oacute;n por el caso ingl&eacute;s fueron el texto cl&aacute;sico de Sir Thomas Erskine May, <i>La historia constitucional de Inglaterra desde el advenimiento de Jorge III, 1760-1871</i>, Madrid, Imprenta de Fortanet, 1883-1884, 5 vols., y el primer volumen de la fogosa <i>The history of England </i>(1849) de T. B. Macaulay, libro y autor que cita con entusiasmo a lo largo de la tesis. Aunque no la menciona, no ser&iacute;a extra&ntilde;o que conociera la versi&oacute;n castellana de Mariano Juder&iacute;as B&eacute;nder y Daniel L&oacute;pez de los dos primeros vol&uacute;menes de la <i>History</i>, publicados en 1882 y 1883 por la imprenta Luis Navarro de Madrid con el t&iacute;tulo <i>Historia de la revoluci&oacute;n de Inglaterra </i>(cuatro tomos).    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Salvador Camacho Rold&aacute;n, <i>Escritos</i><i> </i><i>varios</i>, Bogot&aacute;, Librer&iacute;a Colombiana, 1893, vol. I, pp. 533, 538 y 551.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Su gu&iacute;a para describir el caso colombiano proven&iacute;a de las <i>Constituciones pol&iacute;ticas de la Am&eacute;rica meridional </i>de Justo Arosemena, El Havre, Imprenta A. Lemale Ain&eacute;, 1870, 2 vols.    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Para lograr una sociolog&iacute;a comparada con base cient&iacute;fica, que a su vez ofreciera una "historia natural de la sociedad", Spencer someti&oacute; a una feroz cr&iacute;tica el estado de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica de su tiempo. Encontr&oacute; que gran parte de lo que pasaba por "historia" eran cr&oacute;nicas, meros tejidos de nombres, fechas y acontecimientos convencionales; narraci&oacute;n de generales que ganaban y perd&iacute;an batallas; simples relatos de intrigas palaciegas, de conspiraciones, asesinatos y usurpaciones; biograf&iacute;as de monarcas donde el rey y sus amantes lo eran todo y el pueblo nada. En contraste, Spencer clamaba por una historiograf&iacute;a que describiera los aparatos de gobierno, el poder de la Iglesia, el papel de las clases sociales, los usos y costumbres de la poblaci&oacute;n y la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica de las naciones. Y a&uacute;n m&aacute;s, que mostrara el estado intelectual de los pueblos (las artes, la ciencia y la educaci&oacute;n), la moral te&oacute;rica y pr&aacute;ctica de los grupos sociales y el marco de la vida cotidiana materializado en cosas tales como las viviendas, la alimentaci&oacute;n y la recreaci&oacute;n. Todos estos hechos -subray&oacute;- "deben agruparse y arreglarse de tal modo que puedan ser comprendidos en conjunto y considerados como partes correlativas de un gran todo. Deben ser presentados de manera que podamos percibir f&aacute;cilmente la relaci&oacute;n y armon&iacute;a entre ellos, a fin de aprender a conocer qu&eacute; fen&oacute;menos sociales son los que coexisten con tales otros. El cuadro de los siglos sucesivos debe formarse de modo que podamos ver claramente c&oacute;mo cada creencia, instituci&oacute;n, costumbre y modo social se ha ido modificando, y de qu&eacute; manera la armon&iacute;a del edificio social ha llegado a fundirse con las de otro edificio social que le ha reemplazado". Herbert Spencer, <i>La educaci&oacute;n intelectual, moral y f&iacute;sica</i>, Nueva York, D. Appleton, 1889, pp. 23 y 49-55. En un viaje por Italia, Spencer volvi&oacute; sobre estas meditaciones. Record&oacute; que aquello que la gente llama "historias" son s&oacute;lo noticias desligadas de un todo, como las ruinas de Pompeya lo son de una ciudad ordenada en el pasado. Es labor de los analistas orientados por la ciencia reconstruir lo que ante sus ojos son piedras, guijarros y ladrillos esparcidos en derredor sin mayor conexi&oacute;n. La sociolog&iacute;a -parec&iacute;a decir- hace suya la idea de la ciudad compacta y las "historias" la de las ruinas conservadas para atracci&oacute;n y estupor de los turistas. H. Spencer, <i>An autobiography</i>, New York, D. Appleton, 1904, vol. II, p. 215.    <br> Para Spencer, la historia era una ciencia auxiliar, servidora (<i>handmaid</i>) de la sociolog&iacute;a. En un ensayo olvidado que rescat&oacute; y compil&oacute; al final de su vida, "Historia pervertida", apunt&oacute; que a trav&eacute;s de los documentos de Estado (actas, cartas, memoriales, leyes, etc.) se descubren "hechos concernientes a las clases, organizaci&oacute;n, costumbres, arreglos y cambios sociales sobre los que descansa la sociolog&iacute;a". H. Spencer, <i>Hechos y explicaciones</i>, Madrid, Librer&iacute;a General de Victoriano Su&aacute;rez, 1903, p. 283.    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>El ep&iacute;grafe proviene de la frase inicial de los <i>First principles </i>(1862) de Spencer, quien a su vez se inspir&oacute; en la invocaci&oacute;n de Enrique V: "&iexcl;Dios todo poderoso! Hay en las cosas malas un alma buena, si los hombres fuesen lo bastante observadores para saber destilarlas... Podemos sacar miel de las malas hierbas y arrancar una moral al diablo mismo" (Shakespeare, <i>Enrique v</i>, acto IV, escena I, 4-5 y 11-12). Un eco de estas palabras se filtr&oacute; en la quinta lecci&oacute;n de la <i>Filosof&iacute;a experimental, extracto de las doctrinas psicol&oacute;gicas de Herbert Spencer</i>, Bogot&aacute;, Imprenta de Lleras, 1891, de Ignacio V. Espinosa, el profesor de psicolog&iacute;a del Externado. Al explicar a sus alumnos las contradicciones de los diversos sistemas filos&oacute;ficos, les recomend&oacute; que no olvidaran que "hay un fondo de verdad en todas las cosas falsas". El texto de Espinosa era un resumen de los <i>Primeros principios </i>y segu&iacute;a de cerca, sin citarlo, el compendio de Frederick Howard Collins, aplaudido por Spencer, <i>An epitome of the synthetic philosophy</i>, London, Williams and Norgate, 1889. El sumario de Collins fue muy popular. R&aacute;pidamente se lo tradujo al franc&eacute;s (1891), al alem&aacute;n (1900) y al castellano: <i>Resumen de la filosof&iacute;a de Herbert Spencer hecho por F. Howard Collins</i>, Madrid, La Espa&ntilde;a Moderna, sf, 2 vols.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>En las situaciones en que la opini&oacute;n p&uacute;blica se afirma como <i>mayor&iacute;a </i>-se&ntilde;ala Hinestrosa- surgen cuestiones inquietantes. Las mayor&iacute;as son ben&eacute;ficas y alcanzan sus mejores logros cuando una decisi&oacute;n de inter&eacute;s p&uacute;blico se obtiene por convencimiento, por persuasi&oacute;n derivada de la discusi&oacute;n, pero cuando se extiende a la coerci&oacute;n de las conductas individuales, "en la cual es il&iacute;cita toda autoridad", se convierte en opresi&oacute;n. No hay raz&oacute;n para que una confesi&oacute;n religiosa mayoritaria asentada en el Estado oprima o aniquile a la minoritaria. Esto es tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a, abuso de poder por parte de los que tienen una autoridad basada en el n&uacute;mero.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>El joven Hinestrosa no siempre sigui&oacute; estos preceptos. Al a&ntilde;o siguiente de la graduaci&oacute;n, en 1893, el presidente en ejercicio Miguel Antonio Caro expatri&oacute; a su director de tesis -el pacifista m&aacute;s reconocido del liberalismo-, y en enero de 1895 los liberales se lanzaron a la guerra civil. Hinestrosa se uni&oacute; a la contienda, lo mismo que a la guerra de los Mil D&iacute;as cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, alcanzando en ambas el grado de Coronel. Ver O. Perry &amp; C&iacute;a., <i>Qui&eacute;n es qui&eacute;n en venezuela, Ecuador, Colombia</i>, Bogot&aacute;, Argra, 1952, p. 758.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>H. Spencer, <i>Instituciones</i><i> </i><i>pol&iacute;ticas</i>, ed. cit., vol. II, p. 290.    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Ib&iacute;d., pp. 282 y 290.    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Ver el primer di&aacute;logo del <i>Cat&eacute;chisme positiviste </i>(1852), donde el fundador de la sociolog&iacute;a sintetiz&oacute; la idea de <i>vivre pour autrui </i>en lugar de <i>au service d'autrui</i>, opci&oacute;n esta &uacute;ltima que conduc&iacute;a a una relaci&oacute;n de subordinaci&oacute;n. Augusto Comte, <i>Catecismo positivista o exposici&oacute;n resumida de la religi&oacute;n universal</i>, Madrid, Editora Nacional, 1982, p. 79.    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Baldomero San&iacute;n Cano, <i>Ideolog&iacute;as y cultura</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2002, vol. VI, p. 170.</p>    </font>      ]]></body>
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