<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962011000200021</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL CISNE NEGRO Nassim Taleb, Barcelona, Paidós, 2008, 492 pp.]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mira]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pablo J]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de Argentina  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Buenos Aires ]]></addr-line>
<country>Argentina</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>13</volume>
<numero>25</numero>
<fpage>405</fpage>
<lpage>410</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962011000200021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962011000200021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962011000200021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>EL CISNE NEGRO</b></font></p>      <p align="center">Nassim Taleb, Barcelona, Paid&oacute;s, 2008, 492 pp.</p>     <p align="center"><i>Pablo J. Mira</i><sup>*</sup></p>     <br>     <p><sup>*</sup> Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, director de Informaci&oacute;n y Coyuntura del Ministerio de Econom&iacute;a y Finanzas P&uacute;blicas de Argentina, Buenos Aires, Argentina, &#91;<a href="mailto:pmiral@ mecon.gov.ar">pmiral@ mecon.gov.ar</a>&#93;.</p>     <p> Fecha de recepci&oacute;n: 12 de enero de 2011, fecha de modificaci&oacute;n: 21 de septiembre de 2011, fecha de aceptaci&oacute;n: 20 de octubre de 2011.</p>  <hr>     <p>Con un t&iacute;tulo que pareciera combinar novela rom&aacute;ntica, ballet cl&aacute;sico y filosof&iacute;a vienesa, Nassim Taleb nos introduce en el mundo del azar para mostrarnos el tremendo impacto de los sucesos de baja probabilidad en nuestra vida. Taleb escultor del buen gusto, y por ello eligi&oacute; como met&aacute;fora el Cisne Negro, privilegiando la elegancia sobre la precisi&oacute;n descriptiva. Adem&aacute;s de sugerir belleza, el Cisne Negro representa un suceso con tres propiedades. Primero, es un evento raro. Segundo, produce un efecto dram&aacute;tico en nuestra existencia. Tercero, es tan importante que no podemos evitar empe&ntilde;arnos en buscarle explicaciones luego de que ha ocurrido. Las guerras y los colapsos financieros son para Taleb los mejores ejemplos de Cisnes Negros.</p>     <p>Para cumplir su cometido, clasifica la incertidumbre creando dos provincias ut&oacute;picas: Mediocrist&aacute;n y Extremist&aacute;n. En la primera los sucesos son predecibles, el promedio es representativo y no hay econom&iacute;as crecientes de escala. All&iacute; los eventos presentan una evoluci&oacute;n suavizada y una natural tendencia al equilibrio. En Extremist&aacute;n, en cambio, la aleatoriedad es salvaje, hay extrema desigualdad en la distribuci&oacute;n de los datos, y la impredecibilidad es absoluta. Obviamente, el Cisne Negro suele aparecer en los lagos de Extremist&aacute;n, no en los de Mediocrist&aacute;n. La tesis central de Taleb es, entonces, que los individuos fallan en la correcta identificaci&oacute;n de estos dos mundos, y a menudo tratan los fen&oacute;menos de Extremist&aacute;n como si pertenecieran a Mediocrist&aacute;n.</p>      <p>Desde el punto de vista conceptual, el libro aporta poco m&aacute;s que esto. Pero es indudable que la idea condensa reflexiones sutiles aplicables a otros &aacute;mbitos del conocimiento. De hecho, recorriendo sus p&aacute;ginas se observa que el Cisne Negro es en realidad una excusa para probar nuestro saber en ciencias sociales. Buena parte del libro se empe&ntilde;a en demostrar que la idea del Cisne Negro es tremendamente poderosa no <i>pese </i>a su sencillez sino <i>gracias </i>a ella.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de que Taleb presenta su idea del Cisne Negro como algo original, es evidente que no es un autodidacta que desatiende toda contribuci&oacute;n cient&iacute;fica en este campo. Aunque en el cuerpo principal del texto no aparecen notas al pie y casi no hay citas (lo que, dicho sea de paso, facilita y hace agradable la lectura), las notas bibliogr&aacute;ficas del final del libro revelan una lectura completa y acertada. Esto permite que el autor seleccione cuidadosamente sus h&eacute;roes y adversarios, a quienes califica lapidariamente de genios o insensatos seg&uacute;n si apoyan o no su tesis principal. Esto lo lleva a una diatriba interminable contra escritores, cient&iacute;ficos, fil&oacute;sofos y expertos en ciencias sociales y humanas que no entienden la trascendencia del concepto de azar, en su profesi&oacute;n y en su vida. Como nota de tono simp&aacute;tico, Taleb ridiculiza todo el tiempo a los intelectuales franceses, tom&aacute;ndose una ligera revancha contra los campeones del mundo de la iron&iacute;a.</p>     <p>Pese a ostentar un doctorado en matem&aacute;tica financiera, Taleb no oculta su desprecio por lo formal y por las habilidades t&eacute;cnicas, y pondera el pensamiento intuitivo, esc&eacute;ptico y emp&iacute;rico. No es que considere que las matem&aacute;ticas no se correspondan con una estructura objetiva de la realidad, solo se&ntilde;ala que no aplicarlas correctamente provoca la ilusi&oacute;n de certezas donde no las hay, creando enormes peligros cuando aparece un Cisne Negro.</p>     <p>Las ideas de Taleb abren un surco epistemol&oacute;gico muy profundo, y el autor no lo desaprovecha. Sus cr&iacute;ticas al estado del conocimiento en las ciencias sociales son filosas, y ponen al desnudo una miscel&aacute;nea de hipocres&iacute;as y enga&ntilde;os destinados a ruborizar a m&aacute;s de un intelectual del campo. El desfile de profesiones maltratadas es largo, pero el primer lugar indiscutido lo ocupan los gur&uacute;es de las finanzas. Taleb acomete, no sin rigor, una deliciosa venganza contra estos exitosos personajes, actitud con la cual el lector tiende a simpatizar casi naturalmente. Despu&eacute;s de todo, estas figuras merecen perder de vez en cuando, ya que son ellos, delata Taleb, los que siempre han tenido las de ganar. El libro deja en claro que las victorias en el mundo de las finanzas por lo general no se logran por m&eacute;rito propio, sino por azar: se trata tan solo de estar en el lugar justo en el momento justo. Los gur&uacute;es exitosos son los sobrevivientes de una ruleta que por razones puramente aleatorias beneficia a unos sobre otros. El efecto psicol&oacute;gico de ser un ganador casual es l&oacute;gico y esperado: uno se siente especial y cree que merece los galardones por los logros alcanzados. Del otro lado de la rueda, los perdedores atribuyen su destino a la mala suerte, en algunos casos exagerando su papel.</p>     <p>La cr&iacute;tica luego se dirige en general a los economistas que predicen y a los neoliberales en particular. Como para Taleb es imposible predecir, no se pierde en eufemismos y dice sin tapujos que quien trabaja prediciendo simplemente est&aacute; cometiendo un desfalco y que la actitud m&aacute;s &eacute;tica ser&iacute;a renunciar a su trabajo. Esa brutal honestidad lleva a preguntar cu&aacute;l ser&iacute;a la tasa de desempleo si todos aquellos que fallan en sus predicciones y aspiran a cumplir altos est&aacute;ndares &eacute;ticos renunciaran con dignidad &eacute;pica a su empleo.</p>     <p>En la lista de Taleb siguen los historiadores. Aqu&iacute; adscribe a la teor&iacute;a popperiana de la historia, seg&uacute;n la cual para pronosticar sucesos hist&oacute;ricos es necesario predecir la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que los genera, en s&iacute; misma impredecible, ya que si alguien pudiera pronosticar el descubrimiento de la rueda, ya la habr&iacute;a inventado. Los fil&oacute;sofos son tambi&eacute;n blanco de sus ataques, porque seg&uacute;n Taleb exhiben un doble est&aacute;ndar entre sus disquisiciones filos&oacute;ficas y sus decisiones financieras. La profundidad y vacilaci&oacute;n reflexiva de sus cavilaciones filos&oacute;ficas se contradice lastimosamente con la confianza que depositan en los "expertos" financieros y sus m&eacute;todos a la hora de confiarles sus ahorros.</p>     <p>Pero las cr&iacute;ticas de Taleb lucen por momentos como enunciados demasiado generales. Pese a que su libro es un gran generador de ideas, no profundiza demasiado sobre las consecuencias concretas que sus reflexiones pueden provocar en las ciencias sociales en general y en la econom&iacute;a en particular. Como economista que soy, conjeturo que si Taleb est&aacute; en lo cierto sus conceptos tienen grandes implicaciones que ponen en cuesti&oacute;n la teor&iacute;a econ&oacute;mica tradicional. Se&ntilde;alo entonces algunos puntos que ata&ntilde;en a ese necesario debate.</p>     <p>Primero, nuestra profesi&oacute;n privilegia el formalismo anal&iacute;tico hasta el punto de descartar las ideas que no son formalizables. El economista George Akerlof escribi&oacute; un c&eacute;lebre art&iacute;culo, cuyo rigor l&oacute;gico no conten&iacute;a como contrapartida expl&iacute;cita el rigor matem&aacute;tico correspondiente. Luego de los reiterados rechazos por este "problema", Akerlof se rindi&oacute; y reescribi&oacute; el trabajo en lenguaje formal; poco despu&eacute;s recibi&oacute; el Premio en Memoria de Alfred Nobel. Cabe preguntar cu&aacute;ntos economistas con ideas brillantes no formalizables no han sido escuchados por la academia, y cu&aacute;nto paga el avance de la teor&iacute;a econ&oacute;mica como consecuencia de este criterio de selecci&oacute;n totalmente arbitrario.</p>     <p>Segundo, la formalizaci&oacute;n a toda costa en teor&iacute;a econ&oacute;mica ha propiciado el desarrollo de innumerables modelos que suscitan una falsa idea de confirmaci&oacute;n. En las revistas m&aacute;s prestigiosas, lo que se eval&uacute;a no es la pertinencia de los axiomas o supuestos utilizados para construir las teor&iacute;as, sino la puntillosidad y la elegancia de los m&eacute;todos formales. As&iacute;, la <i>capacidad anal&iacute;tica formal </i>tiende a interpretarse como <i>mayor grado de justificaci&oacute;n te&oacute;rica</i>, hasta transformarse definitivamente en sin&oacute;nimo de <i>alto grado de confirmaci&oacute;n</i>. Y por ello la necesaria confirmaci&oacute;n o validaci&oacute;n emp&iacute;rica se convierte en un ejercicio que devuelve resultados corroborativos si son positivos, o acertijos y contraintuiciones si son negativos. Despu&eacute;s de todo, la conspicua frase "la realidad no se ajusta a la teor&iacute;a" no naci&oacute; por azar.</p>     <p>Tercero, los agentes representativos del modelo est&aacute;ndar no solo incorporan poderes anal&iacute;ticos y predictivos superlativos para tomar decisiones en situaciones de riesgo e incertidumbre, sino que adem&aacute;s eval&uacute;an sus opciones utilizando una distribuci&oacute;n de probabilidades normal. En la distribuci&oacute;n normal (la campana de Gauss), los riesgos extremos tienen muy baja probabilidad de ocurrencia, y suelen ser demasiado peque&ntilde;os para provocar inestabilidad sist&eacute;mica. Esta caracter&iacute;stica central de la teor&iacute;a es la que hace posible que una econom&iacute;a que navega entre mares de riesgos mantenga una estabilidad artificial y, por tanto, se imagine que, como el Titanic, siempre evitar&aacute; naufragar. Hasta que el coloso tropieza con un Cisne Negro imposible, que nada en medio del Atl&aacute;ntico.</p>     <p>Cuarto, muchos economistas padecemos de una insuficiente humildad epistemol&oacute;gica. Cuando hablamos de nuestra materia, nos cuesta much&iacute;simo decir "no s&eacute;". Como un m&eacute;dico que no puede lucir inseguro ante su paciente, sentimos la imperiosa necesidad de explicarlo todo sin dejar relucir ninguna duda, en lo posible haciendo gala o arrop&aacute;ndola en nuestra maravillosa jerga. Quisiera poder decir que la teor&iacute;a econ&oacute;mica sabe mucho pero no todo, pero me acercar&iacute;a m&aacute;s a la realidad si dijera que sabemos poco, o mejor, poco de lo que es importante. Consideremos la macroeconom&iacute;a. Los textos tradicionales simplemente no dan las respuestas que un lego espera encontrar en esas m&aacute;gicas p&aacute;ginas. La macroeconom&iacute;a est&aacute;ndar contiene un cuerpo te&oacute;rico muy discutible, con evidencia emp&iacute;rica m&aacute;s que insuficiente, y donde los problemas m&aacute;s acuciantes (el desempleo, la pobreza y la inflaci&oacute;n) apenas se tratan marginalmente. Lo que se suele presentar como un modelo macroecon&oacute;mico ampliamente aceptado se edifica en realidad sobre supuestos de comportamiento rebatidos, y no ha tenido aplicaciones concretas relevantes. Y, como indica Taleb, hay algo peor que no tener las respuestas: creer que las tenemos. Siendo la econom&iacute;a una ciencia social atravesada por la acci&oacute;n de grupos de inter&eacute;s, me atrevo a a&ntilde;adir que algunos s&iacute; saben lo que no saben, pero lo ocultan muy bien.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una teor&iacute;a econ&oacute;mica de esta &iacute;ndole solo pod&iacute;a fallar a la hora de dar respuestas a la crisis internacional de 2008-2009. No estaba preparada para lidiar con Cisnes Negros, ni a&uacute;n lo est&aacute;. Por supuesto, pronto aparecieron por doquier todo tipo de explicaciones <i>post hoc</i>, que nos daban a entender que hab&iacute;a signos evidentes de que lo que pas&oacute; iba a pasar. La inconsistencia l&oacute;gica de esta aproximaci&oacute;n recibe en el libro el nombre de "falacia narrativa", y Taleb la ilustra con divertidos ejemplos. Cr&eacute;ase o no, <i>El cisne negro </i>se public&oacute; pocos meses antes de la crisis, pero el autor, de conformidad con su propia teor&iacute;a, niega de plano que la haya predicho.</p>     <p>Guardando congruencia con su tesis, Taleb no aporta soluciones para evitar los Cisnes Negros. Dice que es suficiente reconocer que existen y ser conscientes de que pueden aparecer cuando menos se los espera. De hecho solo dedica tres p&aacute;ginas, de cuatrocientas sin contar el aparato bibliogr&aacute;fico, a sugerir cursos de acci&oacute;n al respecto. Explica que estar al tanto de que estos sucesos pueden producirse es ya un avance esencial, porque evita tomar decisiones suponiendo ausencia de riesgos cuando en realidad hay muchos riesgos.</p>     <p>Aunque Taleb advierte que esto es lo m&aacute;ximo a lo que podemos aspirar, creo que en el &aacute;mbito de las crisis macroecon&oacute;micas esta conclusi&oacute;n se puede flexibilizar un poco. En econom&iacute;a no todos los Cisnes Negros son choques estrictamente ex&oacute;genos. Si algo se repite en cada crisis financiera (incluida la reciente) es que son generadas end&oacute;genamente por el sistema econ&oacute;mico. Una conducta desmesurada del mercado financiero es el resultado de conductas individuales desmesuradas, y en este sentido es posible que ciertas conductas sociales (p. ej., la capacidad de transmitir una historia "cre&iacute;ble" de un agente a otro) contribuyan a crear los cimientos para construir el gran edificio especulativo cuya altura revela que alg&uacute;n d&iacute;a caer&aacute;, aunque no sabemos con precisi&oacute;n cu&aacute;ndo se derrumbar&aacute;.</p>     <p>No es sencillo enfrentar la tendencia a la generaci&oacute;n sistem&aacute;tica de <i>booms </i>financieros especulativos proporcionando incentivos para que los individuos decidan mejor. Pese a que se presentan en forma repetida a lo largo de la historia, los individuos tienden a ignorar una y otra vez la existencia de Cisnes Negros y sus graves consecuencias. Es necesario, entonces, que los hacedores de pol&iacute;tica econ&oacute;mica se convenzan de la importancia de estos eventos, y contribuyan a moldear la formaci&oacute;n de expectativas para evitar la formaci&oacute;n de burbujas especulativas. Aunque pens&aacute;ndolo mejor, quiz&aacute; esta no sea la soluci&oacute;n: pues si esos funcionarios aprendieron econom&iacute;a con los modelos usuales, estar&aacute;n m&aacute;s familiarizados con las teor&iacute;as que "demuestran" la estabilidad inherente de los mercados, la neutralidad de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y la irrelevancia del sistema financiero como factor de riesgo.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
