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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Neuroeconomics gives a material foundation to economics. The basic framework of this paper is one that takes into account cognitive psychology, economics, biology and neuroscience in general. Specifically, it is a review of findings which aim to make explicit the idea that it is the body and brain that determine individual economic behaviour. In other words, decisions are a function of revealed biology. The basic hypothesis is that a rational organism must be consistent with its revealed biology.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>ECONOM&Iacute;A MATERIAL: CUERPO Y CEREBRO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>MATERIAL ECONOMICS: BODY AND BRAIN</b></font></p>     <p align="center"><i>Santiago Alonso</i><sup>*</sup></p>      <p><sup>*</sup> M.S. en Neurociencia y Educaci&oacute;n, Columbia University. Catedr&aacute;tico de Neuroeconom&iacute;a en la Universidad de los Andes y la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:sa2480@columbia.edu">sa2480@columbia.edu</a>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 31 de mayo de 2011, Fecha de modificaci&oacute;n: 21 de febrero de 2012, Fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de marzo de 2012. </p>  <hr>      <p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>      <p>La neuroeconom&iacute;a proporciona un sustrato material a la econom&iacute;a. Este trabajo se enmarca en el campo de la psicolog&iacute;a cognitiva, la econom&iacute;a, la biolog&iacute;a y la neurociencia. En particular, revisa los hallazgos de la neuroeconom&iacute;a que fundamentan la idea de que el cuerpo y el cerebro determinan el comportamiento econ&oacute;mico individual. En otros t&eacute;rminos, la biolog&iacute;a revelada determina los cursos de acci&oacute;n que se toman. La hip&oacute;tesis b&aacute;sica es que m&aacute;s que las preferencias reveladas, la biolog&iacute;a revelada debe ser consistente con un organismo racional.</p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: neuroeconom&iacute;a, econom&iacute;a del comportamiento, comportamiento microecon&oacute;mico; JEL: D87, D03, D01&#93;</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Neuroeconomics gives a material foundation to economics. The basic framework of this paper is one that takes into account cognitive psychology, economics, biology and neuroscience in general. Specifically, it is a review of findings which aim to make explicit the idea that it is the body and brain that determine individual economic behaviour. In other words, decisions are a function of revealed biology. The basic hypothesis is that a rational organism must be consistent with its revealed biology.</p>     <p>&#91;<b>Keywords</b>: neuroeconomics, behavioral economics, microeconomic behavior; JEL: D87, D03, D01&#93;</p>  <hr>      <p>El cuerpo -los componentes org&aacute;nicos y biol&oacute;gicos que forman parte del organismo- es el sustrato material que permite decidir. Esto no es sorprendente e incluso puede parecer obvio. Para pagar una cuenta en un restaurante se necesitan manos, para escoger un producto en una tienda hay que ver o tocar, un corredor de bolsa necesita cuerdas vocales para comunicarse con otras personas. En general, necesitamos el cuerpo para actuar y en distintas actividades se usa de manera diferente. La noci&oacute;n de que el cuerpo, junto consus limitaciones, es el que permite decidir se ha extendido a diferentes campos. Pfeifer y Bongard (2006) la extienden al campo dela inteligencia artificial. Seg&uacute;n ellos, la inteligencia necesita cuerpo, y para producirla no basta obrar en las dimensiones cognitivas y computacionales, tambi&eacute;n se debe considerar la estructura f&iacute;sica deaquello a lo que se quiere imprimir inteligencia. Usan un t&eacute;rmino transparente: "computaci&oacute;n morfol&oacute;gica", que transmite la idea de que parte del control o del procesamiento computacional de un robot, por ejemplo, se puede realizar mediante las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y formales del cuerpo (as&iacute; como los m&uacute;sculos, debido a su estructura, act&uacute;an como un resorte). Esas caracter&iacute;sticas dan m&aacute;s rapidez y robustez reduciendo la tarea computacional de la unidad central de procesamiento (el cerebro). Seg&uacute;n algunos psic&oacute;logos cognitivos, el cuerpo es el que permite construir met&aacute;foras y combinaciones de conceptos, los cuales son  esenciales para entender las abstracciones y comunicarnos (Fauconnier y Turner, 2002). Por ejemplo, la capacidad para entender una pel&iacute;cula en la que el protagonista viaja en el tiempo y se encuentra a s&iacute; mismo requiere esquemas conceptuales abstractos y complejos, que la mayor&iacute;a podemos construir por que nuestra corporalidad (un cuerpo con ciertas caracter&iacute;sticas) permite volver discreto cualquier objeto mediante la capacidad para ver (ojos), sentir (piel), oler (nariz), o&iacute;r (o&iacute;do) y categorizar (Ashby y Maddox, 2005; Fredman etal., 2003). Si tuvi&eacute;semos un cuerpo con receptores sensoriales diferentes (p. ej., m&aacute;s sensibles) categorizar&iacute;amos de manera diferente. La corporalidad tambi&eacute;n permite entender la idea de copiar, a causade los receptores sensoriales (p. ej., los ojos) y aparatos motores que reconocen similitudes y pueden imitar (p. ej., los sistemas espejo; Rizzolatti y Craighero, 2004). La combinaci&oacute;n de discretizar y copiar, que nuestro organismo hace posible por sus caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas y fisiol&oacute;gicas, permite entender conceptualmente la extra&ntilde;a idea de encontrarse a s&iacute; mismo. Se puede copiar cualquier objeto discreto y esa copia se puede encontrar con ella misma, pues son dos objetos diferentes.</p>  </font>    <p><font size="2" face="verdana">M&aacute;s all&aacute; del cine de ciencia ficci&oacute;n, la idea de cognici&oacute;n y met&aacute;foras corporizadas es robusta y suscita muchas reflexiones. En un detallado estudio de la cognici&oacute;n matem&aacute;tica, Lakoff y N&uacute;&ntilde;ez (2000) plantean argumentos interesantes acerca de la forma en que el cuerpo hace reales y comprensibles las matem&aacute;ticas. Argumentan que las matem&aacute;ticas que construyen los seres humanos son aquellas que el cuerpo y el procesamiento cerebral hacen posibles. Por ejemplo, concebimos el infinito como un proceso repetitivo incesante (as&iacute; como en los n&uacute;meros naturales, donde se a&ntilde;ade uno m&aacute;s para obtener el siguiente). Esto obedece en parte a que nuestro sistema motor tiene capacidad para iterar (caminar es repetir un paso tras otro). Y tiene implicaciones interesantes, en particular que es dif&iacute;cil defender el platonismo en matem&aacute;ticas (Dehaene, 1997). Las intuiciones y los momentos de inspiraci&oacute;n no implican que el matem&aacute;tico tenga r&aacute;pido acceso a un mundo de las ideas, sino que hubo una nueva activaci&oacute;n neuronal o motora (sobre las intuiciones aritm&eacute;ticas, ver Dehaene, 2009). As&iacute;, un tema que parece abstracto e inmaterial por definici&oacute;n, no lo ser&iacute;a del todo. No hay evidencia de que la matem&aacute;tica es independiente de las disposiciones corporales, que se expresan en la forma en que el organismo interact&uacute;a con el entorno y lo procesa. Decir que las matem&aacute;ticas son <i>exclusivamente</i> ideas que habitan en otro mundo es metaf&iacute;sico y especulativo. No hay manera de recoger datos que lleven a aceptar que una idea matem&aacute;tica habita alg&uacute;n supramundo. Pero s&iacute; se puede demostrar que la corporalidad hace posible concebirlas y entenderlas. Este es un nuevo campo de estudio, relacionado con lo que se llama cognici&oacute;n corporizada.</font></p>  <font face="verdana" size="2">     <p>En econom&iacute;a, Oullier y Basso (2010) proponen extender el concepto de cognici&oacute;n corporizada al estudio de la toma de decisiones. En esto siguen a F. Hayek, quien se&ntilde;al&oacute; que el comportamiento humano es inseparable de la circularidad que se forma entre sentidos y procesos motores: lo que percibimos afecta nuestro comportamiento y nuestro comportamiento influye en lo que percibimos.Witt y Proffitt (2008) encontraron evidencia que respalda esta idea. Pidieron a diversos sujetos que reportaran la distancia que percib&iacute;an entre dos puntos y luego tocaran el punto m&aacute;s lejano. Los sujetos estaban sentados ante una mesa, no se pod&iacute;an levantar y el punto lejano no se pod&iacute;a alcanzar con los brazos. El artificio ingenioso fue el siguiente. En algunas rondas se les daba una vara para que pudieran tocar el punto lejano. Y encontraron algo interesante: la distancia percibida era mayor cuando deb&iacute;an tocar el punto m&aacute;s lejano extendiendo los brazos. Cuando ten&iacute;an la vara en la mano la distancia percibida era menor. Es decir, la percepci&oacute;n vari&oacute; por el simple hecho de poder alcanzar el punto lejano, por el alcance corporal.</p>      <p>Lo que Oullier y Basso proponen se basa en ideas an&aacute;logas. La intuici&oacute;n es simple: las decisiones econ&oacute;micas no se toman en elvac&iacute;o, las personas, con sus cuerpos, interact&uacute;an; y esta interacci&oacute;n determina las decisiones econ&oacute;micas. Ellos llaman din&aacute;micas de coordinaci&oacute;n social (SCD, por sus siglas en ingl&eacute;s) al marco experimental en que recogen e interpretan las evidencias de interacci&oacute;n corporal. Por ejemplo, los resultados de un experimento donde dos sujetos ponen sus dedos &iacute;ndices frente a frente y los mueven libremente, en frecuencia y amplitud, dan una m&eacute;trica aproximada de qu&eacute; tan buena es la coordinaci&oacute;n entre pares de personas. En otros experimentos se ha encontrado que los sujetos que coordinan mejor aumentan los intercambios monetarios en juegos cl&aacute;sicos, como el juego de la confianza (Oullier, Thoron et al., 2010).</p>      <p>La pregunta es por qu&eacute; el cuerpo influye o tiene efectos sobre las decisiones econ&oacute;micas (p. ej., de coordinaci&oacute;n con otras personas). Oullier y Basso dicen que este tema no se ha explorado en profundidad y afirman que su marco experimental SCD es el primer intento deponer a prueba estas ideas, lo que no es del todo cierto. El prop&oacute;sito de la neuroeconom&iacute;a es que la econom&iacute;a tenga mejores fundamentos biol&oacute;gicos, psicol&oacute;gicos y neurocorporales, que tome en cuenta los resultados de los estudios actuales sobre el comportamiento, la gen&eacute;tica, las im&aacute;genes cerebrales, los des&oacute;rdenes mentales.</p>      <p>En este art&iacute;culo se revisan algunos hallazgos recientes en neuroeconom&iacute;a y se argumenta que el estudio del cerebro y del cuerpo es relevante para la ciencia econ&oacute;mica. Consta de dos secciones. En la primera se comentan algunos trabajos que muestran que el cuerpo -y su cerebro- tiene rasgos econ&oacute;micos, en el sentido de que optimiza algunos procesos, o es esencial para tomar decisiones (p. ej., en el procesamiento de informaci&oacute;n). En la segunda se presentan algunos hallazgos sobre el procesamiento del valor en el cerebro y unas breves reflexiones sobre una idea que se podr&iacute;a derivar de la neuroeconom&iacute;a: la biolog&iacute;a revelada, un concepto que sintetiza la noci&oacute;n de que los organismos deben ser consistentes con su biolog&iacute;a. Las preferencias reveladas, medidas en dos momentos, t y t+1, pueden ser inconsistentes, pero el trasfondo biol&oacute;gico del procesamiento de valor tambi&eacute;n debe ser diferente en esos momentos (Fehr y Rangel, 2011). </p>      <p><font size="3"><B>CUERPO, CEREBRO Y DECISIONES</b></font></p>      <p>El ojo es una parte del cuerpo humano cuya funci&oacute;n es recoger las se&ntilde;ales visuales (como el color). Es la &uacute;nica estructura corporal que tiene fotorreceptores o unidades sensibles a la luz (por ese hecho no vemos con los dedos). Pero tambi&eacute;n cumple un papel en la asignaci&oacute;n de valores y al decidir. Algunos estudios han encontrado, por ejemplo, que sujetos con habilidad para inferir la probabilidad de un evento reparten eficientemente el tiempo de observaci&oacute;n entre las distintas fuentes de informaci&oacute;n (Alonso, 2011). En otro estudio, donde los sujetos deb&iacute;an elegir entre dos opciones, el tiempo de observaci&oacute;n iba acumulando el valor relativo de cada opci&oacute;n y cuando alguna llegaba a un umbral de valor total era elegida (Krajbich et al., 2010). En t&eacute;rminos simples, los ojos acumulan evidencia acerca del valor.Si se llega a un l&iacute;mite, que favorece una opci&oacute;n, entonces es elegida. Es interesante que en este estudio la observaci&oacute;n no se relaciona con la preferencia; la preferencia revelada puede ser m&aacute;s una funci&oacute;ndel tiempo de observaci&oacute;n de una opci&oacute;n que de la preferencia en s&iacute; misma (una hip&oacute;tesis que requiere m&aacute;s investigaci&oacute;n).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A&uacute;n no es claro por qu&eacute; el tiempo de fijaci&oacute;n visual es importante en la toma de decisiones. M&aacute;s adelante se indica que algunas &aacute;reas cerebrales tienen correlatos neuronales del valor de las opciones, aqu&iacute; basta decir que el hallazgo de que los ojos acumulan valor relativo, mediante el tiempo de observaci&oacute;n, implica que est&aacute;n conectados con esas &aacute;reas cerebrales. Es decir, la actividad cerebral que hace posible la visi&oacute;n no se limita a captar luz y reconocer figuras; los ojos, y los dem&aacute;s sentidos, son los que captan la evidencia necesaria para determinar el valor de las opciones y modificar las decisiones. En ese sentido, independizar el proceso de toma de decisiones del cuerpo y sus conexiones neurales materiales es un esfuerzo interesante pero hace de la econom&iacute;a un ejercicio plat&oacute;nico.</p>      <p>Por otra parte, el cuerpo parece tener rasgos an&aacute;logos al funcionamiento econ&oacute;mico. Se ha encontrado que el sistema motor humano puede hacer optimizaciones an&aacute;logas a la del valor esperado. Por ejemplo, si se pide a sujetos experimentales que hagan un movimiento r&aacute;pido, de menos de 1 segundo, con consecuencias positivas o negativas, su acci&oacute;n motora maximiza el valor esperado (Trommersh&auml;user et al., 2003; Gephstein et al., 2007). Cuando se hace un movimiento r&aacute;pido, sin tiempo para reflexionar, se puede decir que el c&oacute;mputo es impl&iacute;cito/autom&aacute;tico. Lo sorpresivo es que las personas, mediante su sistema motor, optimizan de acuerdo con el valor esperado. Quiz&aacute; m&aacute;s relevante, hacer movimientos motores r&aacute;pidos es una tarea err&aacute;tica, probabil&iacute;stica en el sentido de que el resultado var&iacute;a (el lector puede intentar detener un cron&oacute;metro lo m&aacute;s r&aacute;pido posible en repetidas ocasiones, nunca lo har&aacute; al mismo tiempo, el registro indicar&aacute; tiempos diferentes una y otra vez, dentro de cierto rango). Esto indica que el organismo integra la variaci&oacute;n motora err&aacute;tica en la decisi&oacute;n, y pr&aacute;cticamente en forma &oacute;ptima, pues los sujetos experimentales maximizan conforme al valor esperado.</p>      <p>El hecho de que el sistema motor parece ser un mecanismo probabil&iacute;stico eficiente contrasta con los resultados cl&aacute;sicos del estudio del comportamiento (Kahneman et al., 1982). En econom&iacute;a del comportamiento se ha encontrado repetidamente que para las personas esdif&iacute;cil tomar decisiones probabil&iacute;sticas. Y, al parecer, m&aacute;s bien utilizan heur&iacute;sticas, atajos (Gigerenzer y Brighton, 2009); como si evitaran dilapidar esfuerzos en el procesamiento al tomar decisiones aleatorias y riesgosas. Esta tesis tiene amplio respaldo experimental, incluso mereci&oacute; el premio en conmemoraci&oacute;n de Alfred Nobel (Kahneman, 2002). Sin embargo, si solo se consideran los resultados de los experimentos de econom&iacute;a del comportamiento se transmite la idea parcial de que en un marco de optimizaci&oacute;n, las personas no tienen habilidad para el c&aacute;lculo de probabilidades. Esto deja de lado otros resultados,como los de Trommersh&auml;user et al., ya mencionados, que indican que el sistema motor integra las probabilidades eficazmente. Incluso, los primates tienen neuronas parietales que "operan" probabil&iacute;sticamente (Yang y Shadlen, 2007), y varios grupos de experimentadores consideran que el cerebro es un dispositivo bayesiano (Doya et al., 2007; Temperley, 2007).</p>      <p>El problema epistemol&oacute;gico es que al omitir toda referencia a lo que hacen el cerebro y el sistema motor se deja en el lector la sensaci&oacute;n de que las personas son sub-&oacute;ptimas cuando sus decisiones involucran probabilidades. En otras palabras, la econom&iacute;a del comportamiento sigue un camino similar al de la econom&iacute;a est&aacute;ndar: a&iacute;sla variables, omite algunas y crea im&aacute;genes parciales. Quiz&aacute; en contextos est&aacute;ticos (p. ej., resolver un problema de probabilidades en el papel o en una pantalla de computador, cuya respuesta es &uacute;nica y l&oacute;gica), como en los que se eval&uacute;an los efectos de encuadramiento, los sujetos adopten comportamientos probabil&iacute;sticos particulares, como elegir ganancias seguras o preferir las p&eacute;rdidas m&aacute;s riesgosas, as&iacute; el problema sea el mismo aunque planteado en forma diferente (Tversky y Kahneman,1981). Pero en contextos din&aacute;micos, de aprendizaje con retroalimentaci&oacute;n, los resultados experimentales sugieren gran habilidad para el c&aacute;lculo probabil&iacute;stico, aun para el c&aacute;lculo bayesiano (Estes et al.,1989; Meeter et al., 2008).</p>      <p>No solo el cuerpo recoge evidencia del valor de las opciones (con los ojos, p. ej.) y puede hacer "juicios probabil&iacute;sticos" eficientes (si hay retroalimentaci&oacute;n) sino que tiene una herramienta adicional, esencialen las decisiones sociales, la cual es tema de estudio de la teor&iacute;a de la mente: la capacidad para formar expectativas/teor&iacute;as de lo que sucedeen la mente de otros (que en adelante llamamos ToM, por su sigla en ingl&eacute;s). Sabbagh et al. (2010) encontraron que la ToM se relaciona con la modulaci&oacute;n corporal. En su experimento evaluaron un grupo de ni&ntilde;os con dos pruebas: una prueba est&aacute;ndar para evaluar la intensidad de la ToM (los autistas suelen tener bajo puntaje) y otra de levantamiento de pesos. En esta deb&iacute;an levantar secuencialmente dospesos diferentes, pero visualmente iguales. Se encontr&oacute; que quienes obten&iacute;an alto puntaje en la primera prueba se adaptaban mejor a los pesos (p. ej., no ejerc&iacute;an fuerza excesiva cuando el peso era menor, as&iacute; fuese visualmente id&eacute;ntico). Esto sugiere que el control corporal est&aacute; ligado a la ToM, aunque no es claro c&oacute;mo ni por qu&eacute;. </p>      <p>La ToM parece intervenir en el comportamiento econ&oacute;mico, aun donde se piensa que solo se usan c&aacute;lculos. Por ejemplo, en el juego del concurso de belleza, inspirado en las subastas. En este juego, de varios participantes, cada cual elige libremente un n&uacute;mero dentro de un rango determinado (1 a 100, p. ej.). Gana el que m&aacute;s se acerque al promedio de los n&uacute;meros elegidos por todos los jugadores. Coricelly y Nagel (2009) encontraron que en el curso de este juego a los participantes se les activaban &aacute;reas sociales del cerebro (la corteza prefrontalmedial, la corteza cingulada posterior y la uni&oacute;n temporal-parietal) relacionadas con la ToM, y no las regiones num&eacute;ricas (como la IPS). Brugier et al. (2010) encontraron resultados similares. En su experimento, los sujetos observaban el movimiento de los precios y montos transados en una sesi&oacute;n de negociaci&oacute;n. Se esperaba observar alguna actividad en las &aacute;reas num&eacute;ricas; no obstante, mientras observaban la sesi&oacute;n en los sujetos se activaban &aacute;reas del cerebro social conectadas con la ToM y ning&uacute;n circuito l&oacute;gico o num&eacute;rico.</p>      <p>Las posibles razones para que en estos experimentos no se activen los m&oacute;dulos num&eacute;ricos/l&oacute;gicos (como el surco intraparietal) no son tema de este escrito, y basta se&ntilde;alar la activaci&oacute;n de las &aacute;reas ToM. Esta activaci&oacute;n se puede interpretar como una asignaci&oacute;n de intencionalidad, como si antropomorfizara los datos y sus variaciones; de ah&iacute; que intervengan las &aacute;reas esenciales para mentalizar al otro. Por supuesto, esta interpretaci&oacute;n es pol&eacute;mica, aunque sea congruente con los resultados. M&aacute;s interesante es que la ToM depende de la modulaci&oacute;n corporal, lo que sugiere que si hay decisiones econ&oacute;micas que se antropomorfizan, el cuerpo es esencial para entenderlas.</p>      <p>Esto no implica que toda decisi&oacute;n est&eacute; libre de c&oacute;mputo, pues siempre se deben procesar inputs de informaci&oacute;n. Quiz&aacute; el detallado estudio de Burks et al.(2009) sea el que mejor muestre que la habilidad de procesamiento se relaciona con las decisiones. En su investigaci&oacute;n evaluaron el coeficiente intelectual no verbal (con matrices de Raven), la habilidad num&eacute;rica b&aacute;sica (con la prueba de numerosidad) y la aptitud para planear (con la prueba "Hit 15") de 1.066 camioneros estadounidenses. Adem&aacute;s, les hicieron pruebas econ&oacute;micas paramedir la actitud frente al riesgo (p. ej., de decisi&oacute;n entre opciones seguras o probabil&iacute;sticas), las preferencias inter-temporales (elegir entre recompensas menores ahora y recompensas mayores m&aacute;s tarde) y evaluar el comportamiento estrat&eacute;gico (dilema del prisionero). Adem&aacute;s, revisaron los archivos de las empresas en que trabajaban para determinar qu&eacute; tiempo permanec&iacute;an en el empleo.</p>      <p>En ese extenso estudio encontraron varios resultados. Primero, la habilidad cognitiva se relaciona con la consistencia de las decisiones  (p. ej., si se es averso al riesgo, la consistencia implica que se tiende a evitar las opciones riesgosas, medida por la frecuencia). Segundo,una menor habilidad cognitiva se relaciona con una mayor aversi&oacute;n al riesgo en t&eacute;rminos de ganancias. En t&eacute;rminos de p&eacute;rdidas, aspecto en que las personas tienden a ser propensas al riesgo (De Martino et al., 2006), la propensi&oacute;n al riesgo disminuy&oacute; con la mayor habilidad cognitiva. Es decir, esta influye, de un modo que a&uacute;n no es claro, en la actitud hacia el riesgo. Tercero, los sujetos con mayor habilidad cognitivas son m&aacute;s pacientes en las decisiones inter-temporales. Cuarto,en la prueba estrat&eacute;gica, los sujetos con mayor coeficiente intelectual (CI) preve&iacute;an mejor el comportamiento de los otros. Y por &uacute;ltimo, la mayor permanencia en el empleo se relaciona con un CI m&aacute;s alto. En suma, seg&uacute;n todas las medidas, las diferencias en la habilidad cognitiva generan diferencias en el comportamiento econ&oacute;mico.</p>      <p>El problema es que los &iacute;ndices de inteligencia, como los que usan Burks et al., son controversiales (Gould, 1981; Sternberg, 1999), y sus resultados se deben tomar con cautela. No obstante, esos &iacute;ndices muestran diferencias en la estructura y el desarrollo cerebral. En una revisi&oacute;n de la literatura sobre tama&ntilde;o cerebral y habilidad cognitiva, Rushton y Ankney (2009) concluyen que hay suficiente evidencia de una correlaci&oacute;n entre ambas variables, aunque la correlaci&oacute;n no indicarelaciones causales. La relaci&oacute;n no es simple, y m&aacute;s que el tama&ntilde;o quiz&aacute;la evoluci&oacute;n cortical durante el desarrollo del ni&ntilde;o sea lo que determina el coeficiente intelectual (Shaw et al., 2006). &iquest;Qu&eacute; elementos intervienen en el desarrollo cerebral? La respuesta tampoco es simple, pero buen cuidado prenatal, est&iacute;mulos cognitivos y ambientes ricos son factores esenciales que no solo modulan la estructura cerebral sino los resultados cognitivos (Hackman et al., 2010), quiz&aacute; por los cambios estructurales que inducen.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sea como sea, si la cognici&oacute;n afecta el comportamiento econ&oacute;mico (Burks et al. 2009) y la estructura cerebral afecta la cognici&oacute;n (Shaw et al., 2006), la conexi&oacute;n entre estructura cerebral y comportamiento econ&oacute;mico no es irrelevante.Tost et al. (2010) encontraron que cierta expresi&oacute;n gen&eacute;tica en los sujetos que evaluaron afectaba el volumen de su hipot&aacute;lamo y que esta expresi&oacute;n gen&eacute;tica explicaba la intensidaddel comportamiento pro-social, medido con tests de personalidad estandarizados. Aunque falte m&aacute;s investigaci&oacute;n, su estudio sugiere que el tama&ntilde;o de una parte del cuerpo explica las actitudes pro-sociales,y estas son centrales en la econom&iacute;a.</p>      <p>Para terminar esta secci&oacute;n cabe recalcar que las instituciones que regulan la econom&iacute;a son un manifestaci&oacute;n del procesamiento cognitivo (Mantzavinos et al., 2003; North, 2005) asociado a nuestra estructura cerebral. Con esta idea en mente, se pueden hacer preguntas hipot&eacute;ticas. Por ejemplo, &iquest;el tama&ntilde;o del sistema de seguros depende de la aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidas inducida por los procesos amigdalares suscitados por ciertos est&iacute;mulos? Tal vez s&iacute;. La aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidas es real, y nosolo en los humanos, tambi&eacute;n en los primates; lo que indica factores evolutivos (Lakshminarayanan et al., en prensa). Por otro lado, la aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidas se relaciona con el procesamiento amigdalar (DeMartino et al., 2010): los pacientes con lesiones focales bilaterales enla am&iacute;gdala (carentes de am&iacute;gdala) sienten menos aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidas. La am&iacute;gdala cumple un papel esencial y forma parte del cerebro reptiliano, que compartimos con otras especies. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si los humanos tuvi&eacute;ramos una estructura cerebral diferente, sin am&iacute;gdala? &iquest;Habr&iacute;a menos aversi&oacute;n general a las p&eacute;rdidas y, por ende, un sistemade seguros m&aacute;s peque&ntilde;o? Estas preguntas ret&oacute;ricas aluden al punto principal de este ensayo: la econom&iacute;a y las decisiones econ&oacute;micas no est&aacute;n desligadas del organismo. No hay decisiones plat&oacute;nicas.</p>      <p><font size="3"><B>EL VALOR Y EL CEREBRO</b></font></p>      <p>La explicaci&oacute;n plat&oacute;nica de las decisiones es un ejercicio intelectual interesante, y la econom&iacute;a ha hecho magn&iacute;ficos avances en esta &aacute;rea.La neurociencia no pretende criticar la econom&iacute;a normativa. Como sostienen Gul y Pesendorfer (2008), eso significar&iacute;a que no se entiende que la econom&iacute;a y la neurociencia tienen motivos y herramientas diferentes para explicar sus temas de estudio. No obstante, la comprensi&oacute;n de los procesos de toma de decisiones se bloquea si no se refinan las herramientas anal&iacute;ticas y si se omiten los hallazgos de las ciencias del cerebro (Camerer, 2008).</p>      <p>Esta secci&oacute;n se dedica a un tema en particular: &iquest;c&oacute;mo se procesa el valor en el cerebro? Una pregunta esencial, pues cualquiera que sea la forma que tome el proceso de toma de decisiones es dif&iacute;cil pensar que no intervenga alguna valoraci&oacute;n (aunque no es dif&iacute;cil de concebir, pero implica un determinismo mec&aacute;nico, una acci&oacute;n refleja m&aacute;s que una decisi&oacute;n). Los hallazgos de la neurociencia tienen alcances interesantes, y lo que sigue no es una revisi&oacute;n exhaustiva.</p>      <p>Lo primero es se&ntilde;alar los circuitos b&aacute;sicos que se modulan cuando se toman decisiones que involucran valores. Sugrue et al. (2005) exponen un marco conceptual de uso frecuente en neurociencia que es &uacute;til para entender las se&ntilde;ales de valor en el cerebro. Consta de dos niveles: un actor y un cr&iacute;tico. El actor asigna valores y toma decisiones.Esto implica dos mecanismos de procesamiento: el de valoraci&oacute;n de las opciones y el de toma de toma de decisiones (diferente o complementario): valorar es diferente de decidir. Esto no significa que la decisi&oacute;n sea independiente de la valoraci&oacute;n; ambos procesos se retroalimentan y, en un marco biol&oacute;gico, son, m&aacute;s bien, diferenciables (ver Glimcher, 2009). </p>      <p>El cr&iacute;tico es esencial para dar flexibilidad y capacidad de aprendizaje al organismo. En t&eacute;rminos simples, el cr&iacute;tico compara la realidad que enfrent&oacute; el actor y sus predicciones. Por ejemplo, si el actor recibe una recompensa mayor que la esperada, el cr&iacute;tico se "activa" y actualiza las representaciones de valor anteriores, conforme a la nueva informaci&oacute;n. Este cr&iacute;tico se relaciona usualmente con la actividad dopamin&eacute;rgica, pues estas neuronas se disparan cuando hay un desfase entre lo esperado y lo real (Schultz, 2002).</p>      <p>El modelo de actor-cr&iacute;tico se asocia con ciertas estructuras del cerebro. Las representaciones del valor, que sirven de input al actor,parecen generarse en regiones del estriado y la corteza frontal. En particular, la corteza &oacute;rbito-frontal (OFC, todas las siglas se citanen ingl&eacute;s), la corteza ventromedial prefrontal (vmPFC) y el n&uacute;cleo accumbens (NAcc) se modulan cuando se valoran opciones. La parte del actor que decide no es clara, y entender la significar&iacute;a resolver el misterio de la conciencia. No obstante, la corteza prefrontal (PFC)parece cumplir un gran papel pues recibe los inputs sensoriales, est&aacute; conectada con &aacute;reas motoras suplementarias, integra informaci&oacute;n, representa objetivos y el modo de alcanzarlos y, en general, es esencialen el control cognitivo (Miller y Cohen, 2001). En lo que respecta al cr&iacute;tico, ya se mencionaron las regiones dopamin&eacute;rgicas: la substantia nigra (SN) y el &aacute;rea ventrotegmental (VTA), que generan se&ntilde;ales de error, y son esenciales en los modelos de aprendizaje reforzado y para entender el comportamiento flexible y adaptativo.</p>      <p>En suma, el circuito que procesa el valor es extenso y debe ser alimentado con inputs adicionales que provienen del sistema l&iacute;mbico (laam&iacute;gdala) y otras &aacute;reas, como las parietales (intraparietal sulcus, IPS), que parecen esenciales en el procesamiento de las probabilidades y la incertidumbre (Huettel et al., 2005; Yang y Shadlen, 2007).</p>      <p>Cabe preguntar cu&aacute;l es la relevancia de conocer el circuito de valoraci&oacute;n de las recompensas. La idea es que lo que hace el cuerpo y su estructura de procesamiento de recompensas determina el comportamiento econ&oacute;mico (una idea que no es novedosa y fue planteada por economistas como Hayek y Edgeworth). La hip&oacute;tesis expl&iacute;cita de la neuroeconom&iacute;a es que la neurociencia contribuye a la teor&iacute;a econ&oacute;mica explicando mejor los procesos internos de las personas (Camerer et al., 2005; Lo ewenstein et al., 2008). La hip&oacute;tesis impl&iacute;cita, que defiende este ensayo, es que si tuvi&eacute;ramos otra estructura corporal, y en particular cerebral, observar&iacute;amos otro tipo de decisiones. Es decir,el comportamiento humano no es independiente de la biolog&iacute;a y los hallazgos de la neurociencia tienen relevancia (al menos descriptiva, pues a&uacute;n falta mucho en el campo te&oacute;rico y explicativo, Bernheim,2008).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ejemplo, una pregunta esencial es si los organismos tienen una moneda neuronal com&uacute;n para asignar valores. Esto implicar&iacute;a que la actividad cerebral representa los objetos en forma cardinal. Esto no solo interesa a los neurocient&iacute;ficos sino que deber&iacute;a captar la atenci&oacute;n de los economistas (esc&eacute;pticos o no). Quiz&aacute; los avances t&eacute;cnicos permitan encontrar una continuidad cardinal. Esto no es f&aacute;cil, pues el cerebro no es simple. Y es dif&iacute;cil que en un futuro cercano se invente un hedon&iacute;metro (incluso parece imposible). Por ahora solo se puede decir que la cardinalidad no es plat&oacute;nica, que debe operar en nuestra biolog&iacute;a. Si nuestro mecanismo biol&oacute;gico fuese diferente quiz&aacute; podr&iacute;amos decidir considerando &uacute;nicamente las probabilidades (p. ej., elegir lo m&aacute;s probable). Pero no es el caso.Tenemos un cerebro y un cuerpo que nos permiten extender la noci&oacute;n de cardinalidad a las decisiones y objetos.</p>      <p>Con respecto a la idea de una moneda neuronal com&uacute;n, hay investigaciones que indican que las cortezas prefrontales pueden representarla, espec&iacute;ficamente la vmPFC, pues su actividad parecereflejar una se&ntilde;al absoluta y no relativa de valor. Por ejemplo, Smith et al. (2010) lograron diferenciar el valor experimentado y el valor de decisi&oacute;n. En su experimento primero mostraron a los sujetos (hombres heterosexuales) fotos de billetes y de mujeres m&aacute;s y menos atractivas.Como se esperaba, la vmPFC se modul&oacute; positivamente con el monto del billete y el atractivo de la mujer (un billete de $10 activaba m&aacute;s la vmPFC que uno de $5). En la siguiente ronda, los sujetos pod&iacute;an pagarpara ver las fotos de las mujeres. Lo interesante es que la actividad de la vmPFC (su parte posterior) en la primera etapa se correlacion&oacute; positivamente con la tendencia a pagar por verlas. En otras palabras, era m&aacute;s probable que los sujetos que produjeron una se&ntilde;al m&aacute;s fuerte en la primera etapa ante el rostro de las mujeres pusieran dinero propio para pagar en la ronda de mercado, donde se pagaba por ver.</p>      <p>En otro estudio de elecci&oacute;n intertemporal, Kable y Glimcher(2010) encontraron que esa misma regi&oacute;n (la vmPFC) se modul&oacute; poruna se&ntilde;al absoluta de valor y no por una se&ntilde;al relativa que compara ahora y despu&eacute;s. Es decir, el cerebro no hace una comparaci&oacute;n binaria entre hoy y ma&ntilde;ana; al parecer hay un continuo, una escala neuronal de valor absoluto, que tambi&eacute;n han encontrado otras investigaciones (Padoa-Schioppa y Assad, 2008).</p>      <p>Pero nunca es tan simple. Hare et al. (2009) encontraron que las se&ntilde;ales de vmPFC se modulaban por la corteza dorsolateral prefron-tal (dlPFC). Esto significa que si hay en efecto una escala absoluta en la vmPFC, decidir no es un problema exclusivo de valor, pues laescala se modula. Aun si se construyera un hedon&iacute;metro perfectono ser&iacute;a suficiente, pues su funcionamiento no depende &uacute;nicamentede &eacute;l: las interacciones cerebrales lo regulan. Luego de construir el hedon&iacute;metro habr&iacute;a que saber c&oacute;mo ocurre la regulaci&oacute;n. Quiz&aacute; el individuo revele una preferencia y el hedon&iacute;metro confirme que esla de mayor utilidad, pero que en el momento de decidir la dlPFC altere la valoraci&oacute;n original. Esto implicar&iacute;a que el hedon&iacute;metro hipot&eacute;tico deber&iacute;a ser din&aacute;mico y captar se&ntilde;ales continuamente. As&iacute;, el problema es m&aacute;s complejo, pues incluye preferencias reveladas y funcionamiento biol&oacute;gico revelado. Entonces cobra sentido preguntar si un organismo racional consistente implica una biolog&iacute;are velada consistente, por ejemplo, que elija los bienes que generan mayor se&ntilde;al en la vmPFC despu&eacute;s de la modulaci&oacute;n por la dlPFC. La hip&oacute;tesis es que los organismos deben ser consistentes con subiolog&iacute;a.</p>      <p>El debate se centra en si esto implica determinismo biol&oacute;gico.En forma de pregunta: &iquest;decir que el organismo es consistente consu biolog&iacute;a implica determinismo biol&oacute;gico? No, pues la biolog&iacute;aes modulada por el contexto (cultura, ideas, etc.). Un ejemplo:Sokol-Hessner et al. (2009) pidieron a un grupo de sujetos que siguieran una de dos estrategias al elegir, repetidamente, entre unaopci&oacute;n riesgosa y otra segura: la primera era pensar en cada rondacomo si fuera un portafolio, donde lo importante no era la p&eacute;rdida moment&aacute;nea sino la ganancia de largo plazo; la segunda era fijarse en las p&eacute;rdidas y ganancias moment&aacute;neas. En el experimento tambi&eacute;n se registraron las respuestas galv&aacute;nicas (conductividad el&eacute;ctrica en la piel, sudoraci&oacute;n) y la aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidas. En los sujetos que siguieron la primera estrategia, la aversi&oacute;n a las p&eacute;rdidasy la respuesta galv&aacute;nica fueron menores. La respuesta corporal semodul&oacute; simplemente dici&eacute;ndoles que no se centraran en la p&eacute;rdidamoment&aacute;nea. </p>      <p>La posici&oacute;n contraria, que la biolog&iacute;a nada importa, es insostenible. Los resultados de pruebas gen&eacute;ticas son muy dicientes. En un experimento similar al anterior, donde los sujetos escog&iacute;an entre una opci&oacute;n segura y otra riesgosa, se encontr&oacute; que los sujetos que portaban el alelo de un gen, el cual codifica la producci&oacute;n de una enzima que regula el catabolismo de los neurotransmisores -serotonina, dopamina, norepinefrina y epinefrina- tomaban la decisi&oacute;n riesgosa cuando era mejor. En particular, los que portaban el alelo MAOA-L aceptaban la opci&oacute;n riesgosa cuando ten&iacute;a un valor esperado positivo. Esto no implica determinismo gen&eacute;tico, pero pone de relieve que la biolog&iacute;a es el sustrato material de nuestro comportamiento. </p>      <p><font size="3"><B>CONCLUSIONES</b></font></p>      <p>Este art&iacute;culo argumenta, por medio de la revisi&oacute;n de varios estudios, que el cuerpo y el cerebro constituyen el sustrato material de muchas decisiones. Primero presenta trabajos que muestran que los ojos acumulan el valor de las opciones, y que esta acumulaci&oacute;n, cuando llega a un umbral, lleva a elegir la opci&oacute;n de mayor valor acumulado. Luego expone evidencia que respalda la tesis seg&uacute;n la cual el sistema motor "elige" por nosotros y puede maximizar el valor esperado, en forma impl&iacute;cita-autom&aacute;tica. Adem&aacute;s, muestra que el volumen del hipot&aacute;lamo se correlaciona con el comportamiento pro-social y que eldesarrollo de la densidad cortical del cerebro humano se correlaciona con la habilidad cognitiva, la que a su vez guarda una relaci&oacute;n con la toma de decisiones econ&oacute;micas. Existen muchos otros estudios que llevan a una conclusi&oacute;n esencial: las decisiones no son plat&oacute;nicas, provienen de un organismo que tiene una estructura espec&iacute;fica, y esta determina el procesamiento de la informaci&oacute;n.</p>      <p>El estudio del cuerpo y del cerebro es entonces esencial, enparticular el estudio del procesamiento del valor. La posibilidad de encontrar una moneda neuronal com&uacute;n deber&iacute;a captar la atenci&oacute;n de los economistas. Se ha encontrado, por ejemplo, que la actividad de la vmPFC se correlaciona con las decisiones de mercado (Smith et al., 2010). El hedon&iacute;metro que propuso Edgeworth a&uacute;n no existe y es dif&iacute;cil y quiz&aacute; imposible construirlo, pero hay algo cierto: el hecho de que podemos entender la idea de cardinalidad implica que nuestro organismo la procesa internamente, que no es una mera construcci&oacute;n cultural; todav&iacute;a falta saber c&oacute;mo la procesa.</p>      <p>Somos un cuerpo, con un cerebro, aunque a&uacute;n no se acepten sus consecuencias. Tal vez porque eso lleva a dejar de lado idealismos,construcciones axiom&aacute;ticas y dualismos, o por otras razones, como pensar que equivale a un determinismo biol&oacute;gico. No obstante, decir que somos organismos biol&oacute;gicos no significa decir que la biolog&iacute;a opera en forma determin&iacute;stica, y ah&iacute; radica la diferencia. Este escrito pone de relieve que el cuerpo, sus ojos, m&uacute;sculos y estructuras cerebrales son esenciales para entender las decisiones econ&oacute;micas. Se esfuerza por sintetizar, en forma no exhaustiva, los trabajos sobre la parte corporal m&aacute;s estudiada: el cerebro. Las implicaciones te&oacute;ricas a&uacute;n no son claras, pero la idea de que la econom&iacute;a pueda pasar de las preferencias reveladas a la biolog&iacute;a revelada es sugerente, y merece atenci&oacute;n especial, a nivel te&oacute;rico, pr&aacute;ctico y &eacute;tico. </p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><B>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Alonso, S. "Probabilistic learning: An eye tracking experiment using the weather prediction task", Memorias del XXXIII Congreso Interamericano de Psicolog&iacute;a, Medell&iacute;n, Sociedad Interamericana de Psicolog&iacute;a, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0124-5996201200010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Ashby, G. y T. Maddox. "Human category learning", <i>Annual Reviews Psychology</i> 56, 2005, pp. 149-178.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0124-5996201200010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bernheim, D. "On the potential of Neuroeconomics: A critical (buthopeful) appraisal", NBER Working Paper, April, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0124-5996201200010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Brugier, A. J., S. R. Quartz y P. L. Bossaerts. Exploring the nature oftrading intuition &#91;<a href="http://www.econ.upf.edu/docs/seminars/bossaerts1.pdf" target="_blank">http://www.econ.upf.edu/docs/seminars/bossaerts1.pdf</a> &#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0124-5996201200010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Buckholtz, J. W., C. L. Asplund, P. E. Dux, D. H. Zald et al. "The neural correlates of third party punishment", <i>Neuron</i> 60, 5, 2008, pp. 930-940.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0124-5996201200010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Burks, S. V., J. P. Carpenter, L. Goette y A. Rustichini. "Cognitive skills affect economic preferences, strategic behavior, and job attachment",<i> PNAS</i>, 2009, pp. 7745-7750.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0124-5996201200010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Camerer, C., G. Loewenstein y D. Prelec. "Neuroeconomics: How Neuroscience can inform Economics", <i>Journal of Economic Literature </i>43,2005, pp. 9-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0124-5996201200010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Churchland, P. <i>Brain-wise: Studies in Neurophilosophy</i>, Cambridge, Mass., MIT Press, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0124-5996201200010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Coricelli, G. y R. Nagel. "Neural correlates of depth of strategic reasoningin medial prefrontal cortex", <i>PNAS</i>, 2009, pp. 9163-9168.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0124-5996201200010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. De Martino, B., C. Camerer y R. Adolphs. "Amygdala damage eliminates monetary loss aversion", <i>PNAS</i>, 2010, pp. 3788-3792.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0124-5996201200010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. De Martino, B., D. Kumaran, B. Seymour y R. Dolan. "Frames, biases and rational decision making in the human brain", <i>Science </i>313, 5787, 2006, pp. 684-687.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0124-5996201200010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Dehaene, S. 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Rao. <i>Bayesian brain: Probabilistic approaches to neural coding</i>, Cambridge, Mass., MIT Press, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0124-5996201200010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Estes, W., J. Campbell, N. Hatsopoulos y J. Hurwitz. "Base-rate effectsin category learning: A comparison of parallel network and memory storage-retrieval models", <i>Journal of Experimental Psychology</i> 15, 4, 1989, pp. 556-571.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0124-5996201200010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Fauconnier, G. y M. Turner. <i>The way we think: Conceptual blending and the mind's hidden complexities</i>, New York, Basic Books, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0124-5996201200010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fredman, D., M. Riesenhuber, T. Poggio y E. Miller. "A comparison ofprimate prefrontal and inferior temporal cortices during visual categorization", <i>The Journal of Neuroscience</i> 23, 12, 2003, pp. 5235-5246.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-5996201200010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Gephstein, S., A. Seydell y J. Trommershauser. "Optimality of human movement under natural variations of visual-motor uncertainty", <i>Journal of Vision</i> 7, 5, 2007, pp. 1-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-5996201200010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Gigerenzer, G. y H. Brighton. "Homo Heuristicus: Why biased mindsmake better inferences, <i>Topics in Cognitive Science</i> 1, 1, 2009, pp. 107-143.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-5996201200010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Glimcher, P. "Choice: Towards a standard back-pocket model", P. Glimcher, E. Fehr, C. Camerer et al. <i>Neuroeconomics: Decision making and the brain</i>, pp. 503-522, London, Academic Press, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-5996201200010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Gould, S.	 J. <i>The Mismeasure of Man</i>, New York, W. W. Norton and Company, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-5996201200010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Gul, F. y W. Pesendorfer. "The case for mindless economics", A. Caplin y A. Schotter, <i>The Foundations of Positive and Normative Economics</i>, Oxford, Oxford University Press, 2008, pp. 3-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996201200010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Hackman, D.	 A., M. J. Farah y M. J. Meaney. "Socioeconomic status and the brain: Mechanistic insights from human and animal research",<i> Nature Reviews Neuroscience</i> 11, 2010, pp. 651-659.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-5996201200010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Hare, T. A., C. F. Camerer y A. Rangel. "Self-control in decision-makingin volves modulation of the vmPFC Valuation System", <i>Science</i> 324, 5927, 2009, pp. 646-648.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996201200010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Henrich, J., J. Ensminger, R. McElreath, A. Barr et al., "Markets, religion, community size, and the evolution of fairness and punishment", <i>Science </i>327, 5972, 2010, pp. 1480-1484.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-5996201200010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Huettel, S. A., A. W. Song y G. McCarthy. "Decisions under Uncertainty: Probabilistic Context Influences Activation of Prefrontal and Parietal Cortices", <i>The Journal of Neuroscience</i> 25, 3, 2005, pp. 3304-3311.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996201200010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Kable, J. W. y P. W. Glimcher. "An 'As soon as possible' effect in human intertemporal decision making: Behavioral evidence and neural mechanisms", <i>Journal of Neurophysiology</i> 103, 5, 2010, pp. 2513-2531.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-5996201200010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Kahneman, D. 	"Maps of bounded rationality: A perspective on intuitive judgment and choice", December, 2002, consultado el 13 de mayode 2011 &#91;<a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf" target="_blank">http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996201200010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Kahneman, D., P. Slovic y A. Tversky. <i>Judgment under uncertainty: Heu</i><i>ristics and biases</i>, New York, Cambridge University Press, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0124-5996201200010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Krajbich, I., C. Armel y A. Rangel. "Visual fixations and the computation and comparison of value in simple choice", <i>Nature Neuroscience</i> 13, 10, 2010, pp. 1292-1298.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996201200010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Lakoff, G. y R. N&uacute;&ntilde;ez. <i>Where mathematics comes from: How the embodied mind brings mathematics into being</i>, New York, Basic Books, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0124-5996201200010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Lakshminarayanan, V. R., M. K. Chen y L. R. Santos. "The evolution of decision-making under risk: Framing effects in monkey risk preferences",<i> Journal of Experimental Social Psychology, </i>en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996201200010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Loewenstein, G., R. Scott y J. Cohen. "Neuroeconomics", <i>Annual Reviews Psychology</i> 59, 2008, pp. 647-672.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0124-5996201200010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Mantzavinos, C., D. North y S. Shariq. <i>Learning, institutions and economic performance</i>, Bonn, Max Planck Institute, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201200010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Meeter, M., G. Radics, C. Myers, M. Gluck y R. Hopkins. "Probabilistic categorization: How do normal and amnesic patients do it?", <i>Neuroscience and Biobehavioral Reviews</i> 32, 2, 2008, pp. 237-248.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0124-5996201200010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Miller, E. K. y J. D. Cohen. "An integrative theory of prefrontal cortexfunction", <i>Annual Review of Neuroscience</i> 24, 2001, pp. 167-202.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201200010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. North, D.	 C. <i>Understanding the process of economic change</i>, Princeton, Princeton University Press, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0124-5996201200010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Oullier, O. y F. Basso. "Embodied economics: How bodily information shapes the social coordination dynamics of decision-making", <i>Philosophical Transactions of the Royal Society</i> 365, 1538, 2010, pp. 291-301.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201200010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Oullier O., S. Thoron, J. Aimonetti, E. Guerci et al. "Motor synchrony and the emergence of trust in social economics games", <i>Front. Comput.Neurosci. Conference Abstract: Computations, Decisions and Movement</i>, February, 2010 &#91;doi: 10.3389/conf.fnins.2010.01.00014&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0124-5996201200010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Padoa-Schioppa, C. y A. J.	 Assad. "The representation of economic value in the orbitofrontal cortex is invariant for changes of menu", <i>Nature Neuroscience</i> 11, 2008, pp. 95-102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201200010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Pfeifer, R. y J. Bongard. <i>How the body shapes the way we think</i>, Cambridge, Mass., MIT Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-5996201200010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Rizzolatti, G.	 y L. Craighero. "The Mirror-Neuron System", <i>Annual Review of Neuroscience </i>27, 2004, pp. 169-192.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996201200010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Rushton, J. P. y C. D. Ankney. "Whole brain size and general mental ability: A review", <i>International Journal of Neuroscience</i> 119, 5, 2009, pp. 692-732.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-5996201200010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Sabbagh, M. A., S. F. Hopkins, J. E. Benson y J. F. Randall "Conceptual change and preschoolers' theory of mind: Evidence from load-forceadaptation", <i>Neural Networks</i> 23, 8-9, 2010, pp. 1043-1050.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201200010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Schultz, W. "Getting formal with dopamine and reward", <i>Neuron</i> 36, 2, 2002, pp. 241-263.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-5996201200010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Shaw, P., D. Greenstein, J. Lerch, L. Clasen et al. "Intellectual ability and cortical development in children and adolescents", <i>Nature </i>440, 2006, pp. 676-679.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996201200010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Smith, D. V., B. Y. Hayden, T. K. Truong, A. W. Song et al. "Distinctvalue signals in anterior and posterior ventromedial prefrontal cortex",<i>The Journal of Neuroscience</i> 30, 7, 2010, pp. 2490-2495.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-5996201200010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Sokol-Hessner, P., M. Hsu, N. Curley, M. Delgado et al. "Thinking likea trader selectively reduces individuals' loss aversion", <i>PNAS</i> 106, 2009, pp. 5035-5040.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996201200010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Sternberg, R. J. "The theory of successful intelligence", <i>Review of General Psychology</i> 3, 4, 1999, pp. 292-316.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-5996201200010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Sugrue, L., G. Corrado y W. Newsome. "Choosing the greater of twogoods: Neural currencies for valuation and decision making", <i>Nature Reviews, Neuroscience</i> 6, 5, 2005, pp. 363-375.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996201200010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Temperley, D. <i>Music and probability</i>, Cambridge, Mass., MIT Press, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-5996201200010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Tost, H., B. Kolachana, S. Hakimi, H. Lemaitre et al. "A common allelein the oxytocin receptor gene (OXTR) impacts prosocial temperamentand human hypothalamic-limbic structure and function", <i>PNAS</i> 107, 2010, pp. 13936-13941.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996201200010000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Trommersh&auml;user, J., L. T. Maloney y M. S. Landy. 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