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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes, from an agency theory perspective, the effects produced on the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) by both political kidnapping as a long-run political strategy, and its long duration caused by Álvaro Uribe's government decision to not accept prisoner exchanges. These elements led to a separation between the FARC leaders' objectives and the goals of its field commanders. In such a case, the connection between them reveals the existence of a moral hazard problem which has become stronger and more harmful over time.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>LAS FARC Y LOS COSTOS DEL SECUESTRO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>FARC AND THE COSTS OF KIDNAPPING</b></font></p>      <p align="center"><i>Mar&iacute;a del Pilar Castillo V.</i><sup>*</sup>    <br> <i>Gi&aacute;como Balbinotto</i><sup>**</sup></p>     <br>     <p><sup>*</sup> Estudiante de Doctorado en Econom&iacute;a Aplicada, Programa de Posgraduaci&oacute;n en Econom&iacute;a, Universidad Federal de Rio Grande del Sur (UFRGS), Brasil. Profesora de econom&iacute;a, Universidad del Valle, &#91;<a href="mailto:mapica@gmail.com">mapica@gmail.com</a>&#93;. La autora agradece los comentarios y sugerencias de Boris Salazar y Jos&eacute; Marcolino.    <br> <sup>**</sup> Doctor en Econom&iacute;a. Profesor del Programa de Posgraduaci&oacute;n en Econom&iacute;a, Universidad Federal Rio Grande del Sur (UFRGS), Brasil, &#91;<a href="mailto:giacomo.balbinotto@ufgs.br">giacomo.balbinotto@ufgs.br</a>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 24 de marzo de 2012, fecha de modificaci&oacute;n: 4 de septiembre de 2012, fecha de aceptaci&oacute;n: 10 de septiembre de 2012.</p> <hr>     <P><font size="3"><b>RESUMEN</b></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con ayuda de la teor&iacute;a de la agencia, este art&iacute;culo analiza los efectos del secuestro pol&iacute;tico como estrategia de largo plazo en la estructura organizativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, y de la larga duraci&oacute;n de los secuestros impuesta por la decisi&oacute;n del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe de no aceptar el intercambio de prisioneros, que en conjunto produjeron una divergencia entre los objetivos de la c&uacute;pula y los de sus combatientes. As&iacute;, el problema de riesgo moral se hizo m&aacute;s fuerte y da&ntilde;ino con el paso del tiempo.</p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: teor&iacute;a de la agencia, secuestro, contratos; JEL: D82, D86&#93;</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>      <p>This article analyzes, from an agency theory perspective, the effects produced on the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) by both political kidnapping as a long-run political strategy, and its long duration caused by &Aacute;lvaro Uribe's government decision to not accept prisoner exchanges. These elements led to a separation between the FARC leaders' objectives and the goals of its field commanders. In such a case, the connection between them reveals the existence of a moral hazard problem which has become stronger and more harmful over time.</p>     <p>&#91;<b>Key words</b>: agency theory, kidnapping, contracts, JEL: D82, D86&#93;</p> <hR>     <p>A finales de los a&ntilde;os noventa, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieron poner en pr&aacute;ctica el secuestro pol&iacute;tico como estrategia de largo plazo para obligar al Estado colombiano a intercambiar prisioneros. Desde ese momento, militares y polic&iacute;as capturados en combate, personajes pol&iacute;ticos y aun tres contratistas estadounidenses se convirtieron en moneda de intercambio para esta organizaci&oacute;n. En 2012, despu&eacute;s de casi catorce a&ntilde;os en que muchos secuestrados murieron en intentos de rescate, otros fueron rescatados, algunos se fugaron y unos m&aacute;s fueron liberados unilateralmente, las FARC anunciaron el fin de esta actividad criminal<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Aunque han querido presentar esa decisi&oacute;n como un gesto de "buena voluntad", otras pueden ser las razones que la motivan.</p>     <p>Los relatos de secuestrados liberados y rescatados dieron a conocer m&aacute;s de cerca y con m&aacute;s detalle la relaci&oacute;n con sus guardianes y los efectos del secuestro pol&iacute;tico para la estabilidad de la organizaci&oacute;n (Betancourt, 2010; L&oacute;pez, 2011; P&eacute;rez, 2009; Pinchao, 2009). El caso m&aacute;s sonado, punto de partida para este an&aacute;lisis, fue el exitoso rescate de Ingrid Betancourt<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>, junto a tres estadounidenses y once agentes de la fuerza p&uacute;blica. Su cautiverio comenz&oacute; el 23 de febrero de 2002, cuando fue secuestrada por las FARC en San Vicente del Cagu&aacute;n, al sur del pa&iacute;s. En ese entonces, las FARC anunciaron que el plagio de la candidata, junto a un grupo de polic&iacute;as y militares que ten&iacute;an en su poder, era netamente pol&iacute;tico y que seguir&iacute;an cautivos hasta que fuesen intercambiados por miembros de esa organizaci&oacute;n detenidos en c&aacute;rceles colombianas.</p>     <p>Para el presidente de esa &eacute;poca, &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, la negociaci&oacute;n con las FARC para intercambiar rehenes era una alternativa inviable y, por tanto, su gobierno seguir&iacute;a intentando el rescate, a sangre y fuego, de los secuestrados. Por ello, cuando lleg&oacute; la noticia del resultado de la Operaci&oacute;n Jaque, el 2 de julio de 2008, en la cual el ej&eacute;rcito rescat&oacute; a quince secuestrados, no hubo dudas: el gobierno hab&iacute;a cumplido uno de sus objetivos y, m&aacute;s a&uacute;n, con un plan perfecto porque no se dispar&oacute; ni una sola bala. Con el transcurrir del tiempo empez&oacute; a tomar fuerza una nueva hip&oacute;tesis. La exitosa operaci&oacute;n no fue un rescate sino el producto de una negociaci&oacute;n secreta entre el gobierno colombiano y Estados Unidos y dos de los comandantes encargados de custodiar a los rehenes. Por supuesto, esa negociaci&oacute;n se dio a espaldas de la c&uacute;pula de las FARC, e incluy&oacute; un pago millonario y la posibilidad de que estos comandantes y sus familias, con otras identidades, iniciaran una nueva vida en el exterior (Guill&eacute;n, 2011).</p>     <p>Aunque esta versi&oacute;n no se reconoce oficialmente, y la investigaci&oacute;n del periodista Gonzalo Guill&eacute;n no ha sido desmentida, la tesis de que tal negociaci&oacute;n no fue solo un resultado probable es muy plausible desde la visi&oacute;n racional de la teor&iacute;a del principal-agente o teor&iacute;a de la agencia. Y puede haber sido uno de los factores que llevaron a las FARC a poner fin al secuestro.</p>     <p>En este art&iacute;culo, primero se presenta una breve definici&oacute;n de la teor&iacute;a del principal-agente y acto seguido se muestra su pertinencia frente a los modelos de terrorismo. Luego se describe la organizaci&oacute;n de las FARC y se muestran los efectos del secuestro sobre su estructura. Despu&eacute;s se proponen algunas soluciones para resolver los problemas de agencia. En la siguiente secci&oacute;n se exponen las consecuencias del secuestro para las FARC y a continuaci&oacute;n se discute la relevancia pol&iacute;tica de estudiar los problemas de agencia en las organizaciones armadas. Por &uacute;ltimo se exponen las conclusiones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>&iquest;QU&Eacute; OFRECE LA TEOR&Iacute;A DEL PRINCIPAL-AGENTE?</b></font></p>     <p>De uso frecuente en econom&iacute;a, la teor&iacute;a del principal-agente supone una relaci&oacute;n asim&eacute;trica entre ellos: el primero delega tareas al segundo para que act&uacute;e en su nombre en un contexto en el que no puede observar directamente su comportamiento ni verificar, sin incurrir en altos costos, si realiza las tareas que le encomienda. El principal debe ofrecer al agente un esquema de incentivos que lo motive a hacer su mayor esfuerzo<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Este arreglo, en forma de un contrato eficiente que establece los compromisos y obligaciones del principal y el agente, respectivamente, reduce los problemas de agencia o la incompatibilidad de intereses entre las partes. Suponiendo que ambos buscan su propio inter&eacute;s, tienen racionalidad limitada, diferentes actitudes ante el riesgo y que la informaci&oacute;n que circula entre ellos es valiosa, la teor&iacute;a de la agencia propone soluciones estrat&eacute;gicas para reducir la incertidumbre que enfrenta el principal, debida a la nula o mala informaci&oacute;n sobre las acciones que realiza el agente y que afectan los resultados que aquel busca obtener.</p>     <p>En la aplicaci&oacute;n de los instrumentos anal&iacute;ticos de esta teor&iacute;a a las FARC, el primer objetivo es mostrar que uno de los efectos negativos del secuestro pol&iacute;tico fue el aumento del n&uacute;mero de desmovilizados, junto con la captura y muerte de algunos de sus l&iacute;deres m&aacute;s importantes, en el mismo periodo en que mantuvieron en cautiverio a los secuestrados. El aumento del n&uacute;mero de desertores refleja un problema de agencia en la organizaci&oacute;n y es tambi&eacute;n una de las razones que impuls&oacute; a las FARC a decidir poner fin al secuestro. En este an&aacute;lisis se identifican dos elementos. El primero, la incompatibilidad que el secuestro pol&iacute;tico gener&oacute; entre los intereses de los mandos medios -encargados de custodiar a los secuestrados- y los fines de la c&uacute;pula. El segundo, la posibilidad de acuerdos y alianzas entre secuestrados y guardianes, a medida que se prolongaba el cautiverio. Sin olvidar, por supuesto, el impacto del fortalecimiento del programa de desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez.</p>     <p>La hip&oacute;tesis que se intenta probar es que el secuestro pol&iacute;tico, ideado por las FARC como estrategia para llegar a la negociaci&oacute;n y el intercambio de prisioneros, no cumpli&oacute; su objetivo, y en cambio tuvo efectos negativos sobre su cohesi&oacute;n. Una comparaci&oacute;n simple entre la cifra de desmovilizados y la duraci&oacute;n de los secuestros pol&iacute;ticos m&aacute;s relevantes de las FARC corrobora esa hip&oacute;tesis.</p>     <p>En teor&iacute;a de juegos, el secuestro se estudia como una relaci&oacute;n estrat&eacute;gica entre el secuestrador y el representante de la v&iacute;ctima en el proceso de negociaci&oacute;n (Mej&iacute;a, 2000; Selten, 1976; Crettez y Deloche, 2009). Por su parte, la teor&iacute;a de la agencia, una rama de la teor&iacute;a de juegos, dedicada al an&aacute;lisis del comportamiento de las organizaciones legales, ha pasado del campo de la empresa, donde se concentra la mayor&iacute;a de sus aplicaciones, al an&aacute;lisis de otro tipo de relaciones: entre miembros de grupos religiosos (Zech, 2001), ej&eacute;rcitos regulares (Schneider, 2009; Sower, 2005) y organizaciones terroristas (Byman y Kreps, 2010; Shapiro, 2005). Son pocos los estudios de temas relacionados con organizaciones armadas que practican el secuestro, pues por su car&aacute;cter ilegal los mecanismos para verificar las acciones de sus miembros deben ser generados dentro de ellas mismas. No obstante, se han hecho trabajos sobre grupos rebeldes que intentan explicar las razones que los motivan a aterrorizar a la poblaci&oacute;n civil (Haer, 2010; Schneider, 2010; Schneider et al., 2010), los cuales sugieren que un menor control del principal sobre los agentes -y un mayor conflicto entre los objetivos iniciales de los combatientes- los lleva a escalar el terror y la violencia contra los civiles, sin visibles variaciones en la relaci&oacute;n entre principales y agentes. A diferencia de esos trabajos, aqu&iacute; se usa la teor&iacute;a de la agencia para estudiar las relaciones entre c&uacute;pula y comandantes en el contexto del secuestro, y sus efectos sobre la organizaci&oacute;n.</p>     <p>Dada la dificultad para conseguir informaci&oacute;n precisa de los combatientes que refleje en forma directa la aparici&oacute;n de problemas de agencia, se opt&oacute; por usar cautelosamente la informaci&oacute;n cualitativa tomada de los relatos de los secuestrados<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. A nivel cuantitativo se usaron los datos de la Presidencia de la Rep&uacute;blica sobre desmovilizados de las FARC. El enfoque principal-agente permite dar una interpretaci&oacute;n alternativa y complementaria de estos datos, que hasta ahora solo se ven como un resultado del programa de desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez. Y, adem&aacute;s, proponer algunas medidas de pol&iacute;tica, m&aacute;s en el campo estrat&eacute;gico, que acent&uacute;en los problemas de agencia existentes y aceleren la desestabilizaci&oacute;n de las guerrillas.</p>     <p><font size="3"><b>&iquest;QU&Eacute; OMITEN LOS MODELOS EST&Aacute;NDAR?</b></font></p>     <p>El modelo cl&aacute;sico del crimen y la aplicaci&oacute;n de la ley se centra en un agente que decide cometer o no un crimen basado en el an&aacute;lisis del beneficio derivado del delito y del costo de la severidad de la pena en caso de ser capturado y castigado (Becker, 1968). El inter&eacute;s por reducir los actos de terrorismo, y formular una pol&iacute;tica antiterrorista, ha extendido el an&aacute;lisis del crimen al terrorismo considerando las preferencias de los terroristas y centr&aacute;ndose principalmente en el an&aacute;lisis costo-beneficio de sus acciones y en una pol&iacute;tica efectiva de penas (Garoupa et al., 2006). Esto supone encontrar el mejor sistema de castigos que los criminales actuales o potenciales consideren severo; y no solo la sociedad que es, en &uacute;ltimas, la v&iacute;ctima directa.</p>     <p>La extensi&oacute;n del modelo del criminal racional al contexto del terrorismo requiere modificar algunos supuestos. Ante todo, que quien decide cometer el crimen no es el individuo sino la organizaci&oacute;n y sus redes, responsables directas de los actos terroristas realizados. El an&aacute;lisis centrado exclusivamente en los agentes puede ser equ&iacute;voco, por ejemplo, cuando los terroristas son suicidas que ponen bombas, quienes obviamente no temen la condena judicial o no se arredran por altas que sean las sanciones econ&oacute;micas. Mientras que quienes dan las &oacute;rdenes, los apoyan y patrocinan pueden tener grandes recursos y estar realmente interesados en no sufrir fuertes castigos.</p>     <p>Garoupa et al. plantean dos razones fundamentales para atribuir la responsabilidad legal al grupo y no solo al individuo. La primera es que el terrorismo tiene "beneficiarios" ajenos a la organizaci&oacute;n, que se lucran con los actos terroristas. Y la segunda, que las organizaciones son responsables directas al tener la capacidad para controlar a sus miembros e impedir actos terroristas de maneara m&aacute;s efectiva. En la estructura de responsabilidad legal, cuando el gobierno ejerce control directo sobre las organizaciones, delega la tarea de vigilar a los criminales potenciales, reduciendo de paso no solo sus costos, sino los costos para la sociedad en su conjunto. Por ello, los autores sostienen que cuando los modelos est&aacute;ndar tratan los grupos terroristas como unidades cohesionadas, se pierde la riqueza de relaciones que existe en estas organizaciones criminales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ellas, el crimen es resultado de la acci&oacute;n interdependiente o concertada de varios actores y no de la decisi&oacute;n de un solo individuo. Los modelos centrados en los problemas de agencia e informaci&oacute;n asim&eacute;trica, incluidos la coordinaci&oacute;n o los temas de equipos, son m&aacute;s adecuados para analizar las actividades de estas organizaciones. Considerar que son unidades cerradas y aisladas tambi&eacute;n deja de lado las redes (familiares y amigos) de sus miembros (Atran, 2010) que pueden apoyar, directa o indirectamente, los actos terroristas, ocultando su paradero o financi&aacute;ndolos. Por tanto, cuando se consideran los problemas de agencia, o el conflicto de intereses entre miembros de una organizaci&oacute;n, el modelo est&aacute;ndar se debe modificar para que tenga poder descriptivo. Y, frente a los modelos neocl&aacute;sicos de agentes que cometen cr&iacute;menes en forma aislada, es m&aacute;s conveniente adoptar un modelo de agente-principal, el cual tiene la ventaja de que es m&aacute;s directo e intuitivo y m&aacute;s acertado, no solo para predecir el comportamiento de las organizaciones terroristas, sino para identificar los problemas de coordinaci&oacute;n e informaci&oacute;n asim&eacute;trica entre sus miembros, los cuales pueden ser usados por los Estados como herramientas en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas antiterroristas.</p>     <p><font size="3"><b>LAS FARC COMO ORGANIZACI&Oacute;N</b></font></p>     <p>Las FARC tienen una estructura organizativa vertical de subordinaci&oacute;n parecida a la de cualquier ej&eacute;rcito, con un comando central o Estado Mayor que toma las decisiones en el campo militar, financiero y estrat&eacute;gico, y es la m&aacute;xima autoridad, a la que deben obedecer los dem&aacute;s miembros (<a href="#gra1">gr&aacute;fica 1</a>, lado izquierdo). En algunos casos, los comandantes de bloque tienen autonom&iacute;a para asignar ciertas tareas o definir operaciones sin previo consentimiento del comando central, dependiendo del espacio geogr&aacute;fico en que act&uacute;an, de sus actividades ilegales y de la din&aacute;mica que impone el conflicto armado.</p>     <p align="center"><a name="gra1"></a><img src="img/revistas/rei/v14n27/v14n27a06g1.jpg"></p>     <p>Para hacer m&aacute;s simple el an&aacute;lisis del principal-agente se adopta el concepto de estructura jer&aacute;rquica de Arias et al. (2010). En esta estructura, en primer lugar est&aacute;n los jefes o "c&uacute;pula", encargados de guiar y dirigir a los miembros de la organizaci&oacute;n y conducir los procesos de negociaci&oacute;n. Estos tendr&iacute;an el papel de <i>principal</i>. Despu&eacute;s est&aacute;n los mandos medios, que representan al <i>agente </i>y act&uacute;an como correa de transmisi&oacute;n entre quienes toman las decisiones estrat&eacute;gicas y los combatientes que las ejecutan y llevan a cabo, es decir, la base o soldados rasos. Estos constituyen el grueso de la estructura armada (<a href="#gra1">gr&aacute;fica 1</a>, lado derecho). Seg&uacute;n los autores, los mandos medios controlan el territorio, la poblaci&oacute;n y la tropa, conocen en detalle la regi&oacute;n donde act&uacute;an y suelen ser los encargados de las tareas operativas de menor envergadura y de asignar funciones espec&iacute;ficas a los miembros de niveles m&aacute;s bajos.</p>     <p>En cuanto a las actividades ilegales, las FARC se dedican principalmente a combatir al ej&eacute;rcito colombiano, en una guerra de guerrillas. Las actividades de financiaci&oacute;n han evolucionado y hoy las FARC derivan sus recursos econ&oacute;micos de actividades m&aacute;s ligadas al tr&aacute;fico il&iacute;cito de sustancias psicoactivas. El impuesto al gramaje de la base de la coca, el uso de pistas de aterrizaje clandestinas y la comercializaci&oacute;n de clorhidrato de coca son algunas de sus fuentes de financiaci&oacute;n. La extorsi&oacute;n a comerciantes y empresarios (vacunas o impuestos a la revoluci&oacute;n), el rescate por secuestros extorsivos y el abigeato o hurto de ganado (Junta de Inteligencia Conjunta, JIC, 2005) son otras actividades que les aportan recursos. Cabe resaltar, sin embargo, que las FARC siempre han informado a la opini&oacute;n p&uacute;blica, a trav&eacute;s de sus comunicados, su posici&oacute;n frente al narcotr&aacute;fico, al que consideran un fen&oacute;meno social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que debe ser combatido y tratado de igual forma, no por la v&iacute;a militar represiva (ver Fern&aacute;ndez, 2002), aduciendo que ni la coca ni el narcotr&aacute;fico determinan su existencia como organizaci&oacute;n revolucionaria.</p>     <p>Aunque el secuestro extorsivo era una de sus fuentes de recursos econ&oacute;micos, a finales de los a&ntilde;os noventa y comienzos del siglo las FARC incorporaron el secuestro pol&iacute;tico como estrategia pol&iacute;tica permanente. Desde ese momento aument&oacute; la ola de secuestros individuales y masivos de personajes pol&iacute;ticos, que se juntaban a los retenidos en a&ntilde;os anteriores, muchos de ellos militares y polic&iacute;as capturados en combate. Seg&uacute;n estad&iacute;sticas de la Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s Libre (2010), entre 1996 y 2008 las FARC llegaron a tener en su poder 693 personas, entre secuestrados para exigir un rescate monetario y secuestrados pol&iacute;ticos<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Un n&uacute;mero tan alto de secuestrados da una idea de los costos, no solo monetarios sino en hombres, en los que tuvieron que incurrir para mantenerlos en cautiverio. Su duraci&oacute;n y el tipo de manejo, una constante interacci&oacute;n entre captores y secuestrados, tambi&eacute;n tuvieron costos en la moral de la tropa. En cambio, en los secuestros efectuados por terroristas &aacute;rabes, la interacci&oacute;n con los rehenes es nula; muchos de los que han sufrido esta experiencia relatan que nunca llegaron a ver a sus carceleros pues les vendaban los ojos cuando estaban cerca (Keenan, 1993).</p>     <p><font size="3"><b>EFECTOS DIRECTOS DEL SECUESTRO</b></font></p>     <p><b>Divergencia de objetivos entre los mandos medios y la c&uacute;pula</b></p>     <p>Con el secuestro, la c&uacute;pula de las FARC deleg&oacute; en sus mandos medios algunas tareas operativas relacionadas con la custodia de los rehenes. En principio, la asignaci&oacute;n de nuevas tareas no debe afectar a los miembros si comparten las metas pol&iacute;ticas de la organizaci&oacute;n. Los resultados obtenidos deben ser iguales a los esperados, salvo cuando las condiciones externas son adversas a la organizaci&oacute;n. Es decir, se debe cumplir cualquier tarea con el m&aacute;ximo esfuerzo de los mandos medios. Pero las nuevas tareas, muy diferentes a las relacionadas con el combate -que alentaron su ingreso a la organizaci&oacute;n-, provocaron una divergencia entre los intereses de los principales, representados por la c&uacute;pula, y los de los agentes, representados por los mandos medios, as&iacute; como el surgimiento de mecanismos para eludir las tareas que les hab&iacute;an encomendado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Francisco Guti&eacute;rrez (2008), en un estudio comparativo entre combatientes de las FARC y de los paramilitares<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>, present&oacute; evidencia contraria a la hip&oacute;tesis, tan com&uacute;n en la econom&iacute;a pol&iacute;tica del crimen, de que todos los ej&eacute;rcitos armados ilegales se parecen en su forma de actuar, a la vez que explor&oacute; los motivos de los j&oacute;venes para entrar a la guerrilla. Encontr&oacute; que, aunque las motivaciones econ&oacute;micas ten&iacute;an un papel importante, los m&oacute;viles principales de la base de estas organizaciones eran la venganza, la disoluci&oacute;n familiar y el gusto por las armas. Para muchos j&oacute;venes campesinos, portar un arma les daba poder y prestigio. Como se&ntilde;al&oacute; un campesino del Cagu&aacute;n:</p> <ol>&iquest;Por qu&eacute; los muchachos se quieren ir de guerrilleros? Porque les gustan las armas, la fuerza, el estatus. &iquest;Los guerrilleros trabajar&iacute;an con un machete? &iexcl;Nunca! Ellos besan las armas y dicen que a las mujeres les encanta el cobre: los tipos que son del Ej&eacute;rcito, de la Polic&iacute;a, de la guerrilla (<i>Semana</i>, 2004).    </ol>     <p>Para los guerrilleros las armas eran, adem&aacute;s, un s&iacute;mbolo de reconocimiento social y, por tanto, su valor aumentaba cuando las usaban en combate. Esto implicaba que un rol diferente del de ser combatiente reportaba una satisfacci&oacute;n mucho menor, y como reflejo de ello algunos mandos medios manifestaron su descontento con esa nueva asignaci&oacute;n de tareas.</p> <ol>Incluso los guerrilleros expresaron, muchas veces, que en el fondo no estaban de acuerdo con esa pr&aacute;ctica de barbarie que es el secuestro, y no compart&iacute;an el hecho de que nosotros estuvi&eacute;ramos sufriendo semejante situaci&oacute;n. Entre otras cosas porque iba en contrav&iacute;a de los conceptos expresados por Jacobo Arenas, el ide&oacute;logo de las FARC, quien escribi&oacute; varios art&iacute;culos que aparecen en las cartillas, que ellos mismos en alguna ocasi&oacute;n nos prestaron. Ah&iacute; se manifestaba de manera transparente su repudio total al secuestro como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, y mucho m&aacute;s como una forma de financiaci&oacute;n de la guerra (P&eacute;rez, 2009, 178).    </ol>     <p>El paso de individuos preparados como combatientes a ser carceleros los induc&iacute;a a usar mecanismos, no visibles a los ojos de la c&uacute;pula, para evadir esas tareas o hacer m&aacute;s llevadera la situaci&oacute;n. Esto reflejaba, de paso, que su disposici&oacute;n a realizar cualquier actividad que encomendara la organizaci&oacute;n no era infinita y que el orden de preferencias del conjunto de acciones que deb&iacute;an realizar no coincid&iacute;a con el orden de preferencias de la c&uacute;pula. Las nuevas tareas implicaban dejar de lado el combate y dedicarse exclusivamente a velar por la vida de las personas en cautiverio, huyendo de la persecuci&oacute;n del ej&eacute;rcito para no ser capturados. En sus relatos, los secuestrados describen las constantes quejas de los guerrilleros por tener que andar por la selva con personas que no estaban emocional ni f&iacute;sicamente preparadas, y mucho menos bajo la presi&oacute;n intensa y sin tregua del ej&eacute;rcito. Su papel de carceleros distaba mucho de su motivaci&oacute;n personal para entrar a la guerrilla y tra&iacute;a consecuencias negativas que afectaban la moral y la cohesi&oacute;n del grupo.</p>     <p>El segundo problema que debieron enfrentar las FARC es que, debido a su ideolog&iacute;a, sus miembros no ten&iacute;an una retribuci&oacute;n econ&oacute;mica por las funciones que desempe&ntilde;aban. A diferencia de otras organizaciones legales o ilegales, las desviaciones con respecto a la conducta esperada no se pod&iacute;an mitigar con recompensas en dinero. Sus estatutos establecen que quien ingresa a la organizaci&oacute;n tiene un compromiso ideol&oacute;gico con ella. Por tanto, al no existir incentivos econ&oacute;micos para valorar una tarea m&aacute;s que otra, el problema estaba destinado a agravarse al no cumplir las tareas asignadas. Hab&iacute;a algunos mecanismos, por ejemplo, los mandos medios ten&iacute;an acceso a ciertos privilegios o pod&iacute;an ascender si mostraban "buen desempe&ntilde;o". Pero ante la desutilidad producida por el trabajo asignado, estos privilegios eran insuficientes y el deseo de eludir este tipo de acciones crec&iacute;a en el grupo de custodios.</p>     <p><i>Primer efecto: la aparici&oacute;n de diferencias entre la c&uacute;pula y los mandos medios.</i></p>     <p><font size="3"><b>LA RELACI&Oacute;N CON LOS SECUESTRADOS</b></font></p>     <p>El grupo encargado de vigilar a los secuestrados estaba formado por un comandante (el rango m&aacute;s alto dentro del campamento), los guardianes (encargados de cuidar y vigilar) y los recepcionistas (en su mayor&iacute;a mujeres encargadas de alimentar al grupo). La comunicaci&oacute;n entre los comandantes y la c&uacute;pula, en asuntos relacionados con los secuestrados, se hac&iacute;a a trav&eacute;s de un intermediario. Cualquier petici&oacute;n de los secuestrados se pasaba al comandante, y este la transmit&iacute;a al intermediario, quien se encargaba de llevarla a la c&uacute;pula. En los largos a&ntilde;os de cautiverio, los secuestrados registraron visitas espor&aacute;dicas de algunos miembros de la c&uacute;pula, quienes evaluaban en forma indirecta el desempe&ntilde;o del comandante y los dem&aacute;s guerrilleros. Despu&eacute;s de esas visitas sol&iacute;a haber relevos en el personal que los custodiaba y las peticiones se resolv&iacute;an de manera inmediata. El "buen desempe&ntilde;o" estaba determinado por las relaciones que establec&iacute;an los mandos medios con las personas secuestradas. Es dif&iacute;cil saber qu&eacute; significaba para las FARC ese concepto, pues todo depend&iacute;a de c&oacute;mo percib&iacute;an los dem&aacute;s esas relaciones y qu&eacute; se&ntilde;ales enviaban los cautivos. Un comandante o mando medio no pod&iacute;a mostrarse muy suave o muy r&iacute;gido porque pod&iacute;a ser acusado de colaborar con el enemigo. De hecho, la orden expresa de la c&uacute;pula a sus comandantes era no hablar con los prisioneros y matarlos si se intentaba un rescate. En &uacute;ltimas, todo depend&iacute;a de esa relaci&oacute;n que, a medida que transcurr&iacute;a el tiempo, se pod&iacute;a fortalecer o debilitar, con consecuencias poco predecibles por el principal. Este no sab&iacute;a si los v&iacute;nculos que se generaban beneficiaban o perjudicaban a la organizaci&oacute;n. Y su incertidumbre creci&oacute; con el paso del tiempo, pues no solo deb&iacute;a saber si el comandante estaba haciendo la tarea, sino tambi&eacute;n cu&aacute;les eran los efectos de la interacci&oacute;n constante con los secuestrados. Por un lado, esta generaba maltrato y recriminaciones continuas a los secuestrados y, por otro, llevaba a formar alianzas o acuerdos secretos entre guerrilleros y cautivos, en torno a la convivencia diaria, al intercambio de productos y favores. Las consecuencias pod&iacute;an ser variopintas: alianzas, fugas y aun la muerte de los secuestrados<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>     <p>Una tesis que se puede probar, no solo en esta situaci&oacute;n sino en otras parecidas, es que cuando un agente est&aacute; expuesto o interact&uacute;a con el objeto relacionado con la tarea encomendada, y esa relaci&oacute;n se prolonga, es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil que el principal conozca con precisi&oacute;n las acciones del agente y, por tanto, estar&aacute; obligado a incorporar en el sistema de incentivos alg&uacute;n elemento que refleje o se&ntilde;alice esa nueva relaci&oacute;n, bien sea para alentarla o para desincentivarla<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Segundo efecto: se incorpora un nuevo elemento en la ya existente relaci&oacute;n entre c&uacute;pula y mandos medios, la relaci&oacute;n entre mandos medios y secuestrados.</i></p>     <p><font size="3"><b>&iquest;SOLUCIONES PARA LAS FARC?</b></font></p>     <p>Shapiro (2005) plantea algunas medidas que pueden ser efectivas para solucionar los problemas de agencia que enfrenta este tipo de organizaciones. Primera, la direcci&oacute;n puede asignar un monto importante de recursos econ&oacute;micos para supervisar y controlar a sus mandos. Segunda, los l&iacute;deres pueden dar compensaciones basadas en incentivos econ&oacute;micos adicionales, manteniendo pagos por servicios seg&uacute;n los resultados que obtenga la organizaci&oacute;n, por ejemplo, un ataque exitoso. Tercera, pueden imponer castigos ejemplarizantes cuando tengan evidencia de evasi&oacute;n de responsabilidades.</p>     <p>Dadas las limitaciones de la falta de retribuci&oacute;n econ&oacute;mica a sus combatientes, las FARC optaron por medidas parecidas a las que menciona Shapiro. Crearon sistemas de castigos m&aacute;s severos, como se&ntilde;ala un secuestrado en uno de sus relatos:</p> <ol>1. Hacer trincheras de un metro con cincuenta de profundidad y un metro de ancho, hechas para los bombardeos a&eacute;reos. 2. Traer le&ntilde;a, veinte, cincuenta y cien viajes de le&ntilde;a, y pod&iacute;an durar entre quince y veinte d&iacute;as castigados. 3. Las ranchas. La rancha es la cocina. Todos cocinan a excepci&oacute;n del jefe, era uno de los privilegios que ten&iacute;a. El castigo era tener turnos seguidos, es decir, unos cinco d&iacute;as o diez d&iacute;as seguidos cocinando. 4. El m&aacute;s severo era la muerte. La pena de muerte se daba por traici&oacute;n al movimiento, infiltraci&oacute;n, intento de fuga, complicidad con el enemigo, violaci&oacute;n de una guerrillera o de mujeres de la poblaci&oacute;n civil (P&eacute;rez, 2009, 180).    </ol>     <p>E incrementaron la rotaci&oacute;n de los comandantes que cuidaban a los secuestrados. El objetivo de corto plazo de este mecanismo era impedir el contacto permanente entre secuestrado y comandante. Pero, en el largo plazo, aument&oacute; los costos, porque se deb&iacute;an retirar nuevos hombres del combate para cuidar a los secuestrados, agudizando el descontento. La manifestaci&oacute;n de ese descontento, las alianzas o represalias contra los secuestrados, provocaba mayores castigos y m&aacute;s rotaci&oacute;n.</p>     <p>La aplicaci&oacute;n de los castigos estaba ligada a la desconfianza entre los mismos guerrilleros. Las FARC, como toda organizaci&oacute;n ilegal, alentaban la desconfianza y la delaci&oacute;n entre los miembros de los niveles m&aacute;s bajos de la estructura. Es decir, cualquier compa&ntilde;ero pod&iacute;a ser un traidor o un infiltrado, y ese ambiente de sospecha permanente hac&iacute;a que todos vigilaran a los dem&aacute;s. Esto, por supuesto, facilitaba el control de la c&uacute;pula sobre los comandantes de los campamentos. Pero aunque esta soluci&oacute;n pod&iacute;a atenuar el problema de informaci&oacute;n asim&eacute;trica, pues ayudaba a supervisar las acciones de los agentes e incentivar a quienes delataran las conductas o comportamientos contrarios a los objetivos de la organizaci&oacute;n, no paliaba los problemas de riesgo moral que estaban surgiendo. Por el contrario, los agravaba y aumentaba a&uacute;n m&aacute;s la probabilidad de deserci&oacute;n. Y las deserciones que en efecto ocurr&iacute;an, a su vez, daban m&aacute;s informaci&oacute;n al ej&eacute;rcito y en algunos casos facilitaron la captura de los jefes m&aacute;ximos.</p>     <p><font size="3"><b>LAS CONSECUENCIAS SOBRE LA ORGANIZACI&Oacute;N</b></font></p>     <p>Las decisiones de una organizaci&oacute;n armada sobre las acciones que puede acometer se pueden entender en t&eacute;rminos del balance entre el beneficio de generar gran impacto y su costo: la reacci&oacute;n inmediata del Estado o de la fuerza p&uacute;blica para contrarrestar sus efectos.</p>     <p>Dentro de las FARC, el secuestro dio lugar a un <i>trade of </i>entre los recursos dedicados a cuidar a los secuestrados, no solo econ&oacute;micos sino tambi&eacute;n en combatientes, y los que se restaban a otras actividades (incluso financieras). La decisi&oacute;n se basaba en los beneficios pol&iacute;ticos que pod&iacute;an obtener las FARC, en el mediano plazo, si el gobierno aceptaba negociar. Apostaban a que el secuestro de pol&iacute;ticos y militares de alto rango tendr&iacute;a un enorme impacto pol&iacute;tico y medi&aacute;tico, que llevar&iacute;a al gobierno a buscar mecanismos para intercambiar prisioneros. Pero solo en 2001 consiguieron la libertad de 15 guerrilleros a cambio de 310 militares secuestrados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la espera de mejores resultados, prolongaron el cautiverio durante a&ntilde;os, lo que elev&oacute; a&uacute;n m&aacute;s los costos. Y la forma en que se fueron definiendo los secuestros fue muy distinta de la que esperaban: muertes de secuestrados en intentos de fuga, con fuego amigo, rescates y liberaciones sin nada a cambio, en medio de la continua persecuci&oacute;n del ej&eacute;rcito. Con elevados costos militares y pol&iacute;ticos, sumados al inmenso y acelerado deterioro de su imagen y su credibilidad como guerrilla revolucionaria. La <a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a> muestra los resultados de casi catorce a&ntilde;os de cautiverio. El eje horizontal indica las fechas de inicio y terminaci&oacute;n del secuestro. Cada cuadrado se&ntilde;ala la fecha del secuestro de cada una de las 90 personas incluidas en la <i>lista de canjeables</i><sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Los dem&aacute;s puntos indican la fecha y la forma en que termin&oacute; el secuestro. A cada cuadrado le corresponde un punto con otro dise&ntilde;o que cierra el ciclo de la persona secuestrada. La correspondencia entre un cuadrado y un punto en forma de cruz indica que el secuestrado fue liberado. Un tri&aacute;ngulo indica que muri&oacute; en cautiverio, porque fue asesinado por las FARC en un intento de rescate, en un intento de fuga o falleci&oacute; por enfermedad. Un punto en forma de equis indica que fue liberado sin intercambio de prisioneros, y un c&iacute;rculo indica un rescate. La distancia entre los cuadrados y los dem&aacute;s puntos refleja el tiempo de cautiverio. Por ejemplo, la fecha se&ntilde;ala dos puntos: el cuadrado corresponde a un sargento del ej&eacute;rcito secuestrado el 21 de junio de 1999 y rescatado el 5 de mayo de 2003.</p>     <p align="center"><a name="gra2"></a><img src="img/revistas/rei/v14n27/v14n27a06g2.jpg"></p>      <p>Por supuesto, las FARC no previeron la rotunda actitud del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez de no negociar ni que la duraci&oacute;n, que a veces vieron como un elemento a su favor, les acarrear&iacute;a costos tan enormes como los que se&ntilde;alamos. Este an&aacute;lisis es est&aacute;tico y no refleja la complejidad ni el valor real del secuestro para la organizaci&oacute;n, y mucho menos para la sociedad. Pero deja entrever que la duraci&oacute;n y la actitud del gobierno, junto a la continua presi&oacute;n del ej&eacute;rcito nacional y la fuerte inversi&oacute;n en programas de desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n, redujeron gradualmente el impacto y el valor de los secuestrados como moneda de intercambio. La <a href="#gra3">gr&aacute;fica 3</a> muestra la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de desmovilizados de las FARC entre 2002 y 2009, el periodo en que tuvieron mayor n&uacute;mero de personas secuestradas. En esos a&ntilde;os, la deserci&oacute;n se concentr&oacute; en los soldados rasos y los milicianos. Los primeros, que cumpl&iacute;an el papel de guardianes, ten&iacute;an contacto m&aacute;s directo con los secuestrados. Los milicianos se encargaban de las actividades log&iacute;sticas para garantizar la supervivencia de los cautivos; conseguir alimentos, productos para su cuidado y medicamentos. En las dem&aacute;s categor&iacute;as el n&uacute;mero de desmovilizados fue menor.</p>     <p align="center"><a name="gra3"></a><img src="img/revistas/rei/v14n27/v14n27a06g3.jpg"></p>      <p>Por otro lado, en el proceso de entablar conversaciones con las FARC para la liberaci&oacute;n de secuestrados, de ida y venida de emisarios interesados en sus ciudadanos (Ingrid Betancourt y los estadounidenses) y de familiares de los secuestrados, se pudo conocer m&aacute;s de cerca la organizaci&oacute;n. La comunicaci&oacute;n constante con los mediadores y el intercambio de informaci&oacute;n permitieron conocer detalles que antes se ignoraban, datos que permitieron determinar, en algunos casos, la ubicaci&oacute;n de sus unidades operativas y la forma de actuar de los frentes o las unidades guerrilleras<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>RELEVANCIA POL&Iacute;TICA</b></font></p>     <p>Este an&aacute;lisis tiene relevancia pol&iacute;tica porque muestra y describe los problemas de agencia que el secuestro gener&oacute; en las FARC. Con base en ellos se pueden debatir algunas opciones de pol&iacute;tica que podr&iacute;an adoptar los gobiernos no solo para agudizar esos problemas, sino para conseguir resultados derivados de la desestabilizaci&oacute;n de la guerrilla. Por ejemplo, el an&aacute;lisis a posteriori de la situaci&oacute;n de los secuestrados aport&oacute; elementos para concluir que, en t&eacute;rminos estrat&eacute;gicos, la decisi&oacute;n del gobierno de no crear las condiciones para un intercambio de prisioneros con las FARC fue efectiva, mientras que fortalec&iacute;a los programas de desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n en las zonas donde ese grupo reclutaba j&oacute;venes. Esta estrategia acentu&oacute; la divergencia entre las preferencias de la c&uacute;pula y de algunos mandos medios, y llev&oacute; a que un alto n&uacute;mero de mandos medios y soldados desertaran y se acogieran a los programas de desmovilizaci&oacute;n, o a que, como en el caso del secuestro de Ingrid Betancourt, negociaran con el gobierno su liberaci&oacute;n, a espaldas de las FARC. Tambi&eacute;n oblig&oacute; a las FARC a entregar unilateralmente a los secuestrados que hac&iacute;an parte de la lista de canjeables, y a poner fin a esta pr&aacute;ctica delictiva. Pero en t&eacute;rminos de la vida de los rehenes, esta decisi&oacute;n tuvo costos muy altos, no solo para las familias de los que murieron en cautiverio sino para quienes perdieron muchos a&ntilde;os de su vida secuestrados en la selva. Este es un elemento fundamental que deber&iacute;a tenerse en cuenta a la hora de evaluar las decisiones pol&iacute;ticas de los gobiernos.</p>     <p><font size="3"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>     <p>Este art&iacute;culo adopta el enfoque de la elecci&oacute;n racional y usa elementos anal&iacute;ticos de la teor&iacute;a de la agencia para estudiar los problemas entre principal y agente en una organizaci&oacute;n armada que practica el secuestro. El enfoque de la elecci&oacute;n racional es particularmente &uacute;til porque resalta los dilemas organizativos y estrat&eacute;gicos que enfrentan los miembros de las organizaciones, no solo convencionales sino de otro tipo. Tambi&eacute;n ayuda a explicar patrones de comportamiento que parecer&iacute;an poco probables a los ojos de la organizaci&oacute;n misma pero que pueden ser racionales desde la &oacute;ptica de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Con el uso de la teor&iacute;a del principal-agente se intent&oacute; mostrar que el secuestro -adoptado por las FARC como estrategia pol&iacute;tica de largo plazo- tuvo dos efectos visibles sobre su organizaci&oacute;n. Primero, un conflicto de intereses entre la c&uacute;pula, encargada de dise&ntilde;ar estrategias y asignar tareas, y los mandos medios, encargados de ejecutarlas. La divergencia surgi&oacute; por el cambio de expectativas de los comandantes, quienes prefer&iacute;an las actividades ligadas al combate que las relacionadas con el secuestro. Ante la desutilidad de custodiar a los secuestrados, y poner en peligro su propia vida, una alternativa viable y eficiente era acabar con el secuestro o eludirlo. La negociaci&oacute;n con el gobierno, a espaldas de las FARC, era otra alternativa, con costos iguales o menores que los de seguir siendo carceleros. El segundo efecto fue la incorporaci&oacute;n de la nueva relaci&oacute;n entre mandos medios y secuestrados a la ya existente entre los mandos medios y la c&uacute;pula, que gener&oacute; m&aacute;s informaci&oacute;n escondida para la c&uacute;pula y m&aacute;s dificultades para controlar los actos de los mandos medios.</p>     <p>Estos efectos son esenciales para entender la decisi&oacute;n estrat&eacute;gica de las FARC de poner fin al secuestro pol&iacute;tico y la entrega unilateral de todos sus secuestrados. La actitud del gobierno de no negociar e invertir en programas de desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n fue tambi&eacute;n fundamental para agudizar los problemas de agencia y hacer ver que el secuestro era una mala estrategia.</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>       <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>"Mucho se ha hablado acerca de las retenciones de personas, hombres o mujeres de la poblaci&oacute;n civil, que con fines financieros efectuamos las FARC a objeto de sostener nuestra lucha. Con la misma voluntad indicada arriba, anunciamos tambi&eacute;n que a partir de la fecha proscribimos la pr&aacute;ctica de ellas en nuestra actuaci&oacute;n revolucionaria. La parte pertinente de la ley 002 expedida por nuestro Pleno de Estado Mayor del a&ntilde;o 2000 queda por consiguiente derogada" (Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2012).    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Ciudadana colombo-francesa, Senadora en 1998 y candidata presidencial por el Partido Verde en 2002.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Presidente de Colombia durante dos periodos consecutivos, 2002-2006 y 2006-2010.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Ver Arrow (1985), Gibbons (2002), Gorbaneff (2003), Macho y P&eacute;rez (1994), Ross (1973), Shapiro (2005), Sower (2005) y Grossman y Hart (1983).    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Ver Betancourt (2010), L&oacute;pez (2011), P&eacute;rez (2009) y Pinchao (2009).    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Entre los secuestros m&aacute;s destacados cabe mencionar el del 9 de julio de 2001 cuando secuestraron a 41 personas en el casco urbano de Valledupar, Departamento del Cesar, al norte de Colombia. En ese mismo mes obligaron a salir de madrugada a 17 personas del edificio donde resid&iacute;an, en Neiva, Huila, en el centro occidente del pa&iacute;s. El 11 de abril de 2002 llevaron en bus a once diputados de la Asamblea del Valle a las selvas de Colombia. El recinto estaba ubicado en el centro de Cali, la tercera ciudad del pa&iacute;s.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Los paramilitares o autodefensas son grupos armados ilegales de derecha cuyo prop&oacute;sito principal es combatir a las guerrillas de izquierda.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Despu&eacute;s de casi seis a&ntilde;os de cautiverio de once diputados de la Asamblea del Valle del Cauca, las FARC anunciaron la muerte de diez de ellos a manos de sus propios hombres. La atribuyeron a un error de seguridad entre los custodios.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Los relatos de los secuestrados dejan ver que la rotaci&oacute;n de los comandantes encargados de custodiarlos era alta. Era frecuente que la c&uacute;pula de las FARC relevara al comandante cuando percib&iacute;a alg&uacute;n cambio en la conducta de los secuestrados.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>A quienes se pod&iacute;a intercambiar por guerrilleros presos en las c&aacute;rceles colombianas.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Entre otros hechos militares, en los que hubo participaci&oacute;n directa de desmovilizados (e informantes) y que socavaron la estructura organizativa de las FARC, se destacan la operaci&oacute;n en la que muri&oacute; Ra&uacute;l Reyes, miembro del Secretariado; la Operaci&oacute;n Jaque, en la que se liber&oacute; a Ingrid Betancourt, junto a once personas m&aacute;s; el caso de Isaza, quien se fug&oacute; con el congresista &Oacute;scar Tulio Lizcano; el de "Iv&aacute;n R&iacute;os", miembro del Secretariado, muerto a manos de su jefe de seguridad; la desmovilizaci&oacute;n de "Karina", comandante del Frente 47, que operaba en el Departamento de Antioquia; el de "Bruno", quien desert&oacute; en 2008 cuando hac&iacute;a parte del anillo de seguridad del "Mono Jojoy" y cuya informaci&oacute;n a las autoridades ayud&oacute; a debilitar el dispositivo de seguridad del comandante guerrillero. La captura de "Mart&iacute;n Sombra" en Machiqu&eacute;, Venezuela, quien llevaba m&aacute;s de 35 a&ntilde;os en la organizaci&oacute;n (esta nota se basa en <i>Semana</i>, 2010).    <br> <hr>     <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Arias, G. I.; N. Herrera y C. A. Prieto. "Mandos medios de las FARC y su proceso de desmovilizaci&oacute;n en el conflicto colombiano: &iquest;Una propuesta para la paz o para la guerra?", <i>Serie Informes </i>10, FIP, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Arrow, K. J. "The economics of agency", Pratt, J. W. y R. J. Zeckhauser, eds., <i>Principals and Agents</i>, pp. 37-51, Boston Harvard Business School Press, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Atran, S. <i>Talking to the Enemy</i>, New York, Harper Collins Publisher, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Betancourt, I. <i>N&atilde;o h&aacute; sil&ecirc;ncio que n&atilde;o termine</i>, S&atilde;o Paulo, Companhia das Letras, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Byman, D. y S. Kreps. "Agents of destruction? Applying principal-agent analysis to state-sponsored terrorism", <i>International Studies Perspectives </i>11, 2010, pp. 1-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996201200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Crettez, B. y R. Deloche. "A cliometric analysis of the Aldo Moro kidnapping and assassination", <i>Cliometrica </i>3, 2009, pp. 123-139.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. FARC-EP. <i>Resistencia</i>, 2009, &#91;<a href="http://www.farcep.org.co" target="_blank">http://www.farcep.org.co</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996201200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>8. Fern&aacute;ndez A., E. M. <i>El narcotr&aacute;fico y la descomposici&oacute;n pol&iacute;tica y social: el caso de Colombia</i>, M&eacute;xico, D.F., Plaza y Valdez, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996201200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s Libre. "Estad&iacute;sticas Secuestros Generales", 2010, &#91;<a href="http://www.redepaz.org.co/IMG/pdf/Estadisticas_Generales_del_secuestro_en_Colombia.pdf" target="_blank">http://www.redepaz.org.co/IMG/pdf/Estadisticas_Generales_del_secuestro_en_Colombia.pdf</a> &#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996201200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>10. Garoupa, N.; J. Klick y F. Parisi. "A law and economics perspective on terrorism", <i>Public Choice </i>128, 2006, pp. 147-168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996201200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Gibbons, R. "Incentives between Firms (and within)", 2002, &#91;<a href="http://web.mit.edu/rgibbons/www/Gibbons_Mgmt_Sci_02.pdf" target="_blank">http://web.mit.edu/rgibbons/www/Gibbons_Mgmt_Sci_02.pdf</a> &#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996201200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>12. Gorbaneff, Y. "Teor&iacute;a del agente-principal y el mercado", <i>Revista Universidad EAFIT </i>129, 2003, pp. 75-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996201200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Grossman, S. J. y O. Hart. "Analysis of the principal-agent problem", <i>Econometrica </i>51, 1983, pp. 7-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996201200020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Guill&eacute;n, G. "Operaci&oacute;n Jaque: una jugada no tan perfecta", documental presentado en Quito, 11 de junio de 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996201200020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Guti&eacute;rrez, F. "Telling the differences: Guerrilla and Paramilitaries in the Colombian War", <i>Politics and Society </i>3, 3, 2008, pp. 1-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996201200020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Haer, R. "The management of armed groups. Constraining human right abuses in the Democratic Republic of the Congo", presentado en la <i>10th Dutch Political Science Association</i>, Lovaina, 28-29 de mayo de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996201200020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Keenan, B. <i>An Evil Cradling</i>, London, Random House, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996201200020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Junta de Inteligencia Conjunta. Rep&uacute;blica de Colombia. "Estimaci&oacute;n de los ingresos y egresos de las FARC durante 2003 basados en informaci&oacute;n de inteligencia recolectada por las agencias del Estado", Bogot&aacute;, 2005, &#91;<a href="http://www.semana.com/documents/Doc-1760_2008926.pdf" target="_blank">http://www.semana.com/documents/Doc-1760_2008926.pdf</a> &#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996201200020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. L&oacute;pez T., S. <i>El triunfo de la esperanza</i>, Bogot&aacute;, Planeta, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996201200020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Macho S., I. y D. P&eacute;rez C. <i>Introducci&oacute;n a la econom&iacute;a de la informaci&oacute;n</i>, Barcelona, Ariel, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996201200020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Mej&iacute;a, D. "El secuestro en Colombia: una aproximaci&oacute;n econ&oacute;mica en un marco de teor&iacute;a de juegos", <i>Coyuntura Econ&oacute;mica </i>30, 2, 2000, pp. 149-170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996201200020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. P&eacute;rez, L. E. <i>Siete a&ntilde;os secuestrado por las FARC</i>, Bogot&aacute;, Aguilar, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996201200020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Pinchao, J. <i>Mi fuga. Hacia la libertad</i>, Bogot&aacute;, Planeta, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996201200020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Ross, S. "The economic theory of agency: The principal's problem", <i>Decision Making under Uncertainty</i>, 63, 2, 1973, pp. 134-139.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996201200020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Schneider, G. "Incentives to kill: The organizational roots of one-sided violence, 2010, &#91;<a href="http://stockholm.sgir.eu/uploads/organizational%20roots%20one%20sided%20violence%20stockholm.pdf" target="_blank">http://stockholm.sgir.eu/uploads/organizational%20roots%20one%20sided%20violence%20stockholm.pdf</a> &#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996201200020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Schneider, G.; L. Banholzer y R. Haer. "Cain's choice: Causes of one-sided violence against civilians", T. G. Jakobsen, ed., <i>War: An Introduction to Theories and Research on Collective Violence</i>, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996201200020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, 2012, &#91;<a href="http://www.farc-ep.co/" target="_blank">http://www.farc-ep.co/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996201200020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>28. Selten, R. "A simple game model of kidnapping", 1976, &#91;<a href="http://www.imw.uni-bielefeld.de/papers/files/imw-wp-045.pdf" target="_blank">http://www.imw.uni-bielefeld.de/papers/files/imw-wp-045.pdf</a> &#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996201200020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>29.&nbsp;<i>Semana</i>. "Las guerras personales", 29 de febrero de 2004, &#91;<a href="http://www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=76806" target="_blank">http://www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=76806</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996201200020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>30.&nbsp;<i>Semana</i>. "Tres a&ntilde;os de golpes a las Farc", 23 de septiembre de 2010, &#91;<a href="http://www.semana.com/nacion/tres-anos-golpes-farc/144994-3.aspx" target="_blank">http://www.semana.com/nacion/tres-anos-golpes-farc/144994-3.aspx</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996201200020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>31.&nbsp;Shapiro, S. "Agency theory", <i>Annual Review of Sociology</i>, 31, 1, 2005, pp. 263-284.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996201200020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32.&nbsp;Sower, Th. "Beyond the soldier and the State: Contemporary operations and variance in principal-agent relationships", <i>Armed Forces &amp; Society</i>, 31, 3, 2005, pp. 385-409.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996201200020000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33.&nbsp;Zech, Ch. "An agency analysis of Church-pastor relations", <i>Managerial and Decision Economics </i>22, 2001, pp. 327-332.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996201200020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
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