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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>CAF&Eacute; Y DEMOCRACIA EN COLOMBIA: REFLEXIONES DESDE LA HISTORIA</b></font></p>     <p align="center"><i>Eduardo Posada Carb&oacute;</i><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Versi&oacute;n revisada de la conferencia que el autor dict&oacute; en el LXVII Congreso Cafetero Extraordinario, Medell&iacute;n, junio 26 de 2007. Agradezco a Malcolm Deas sus muy &uacute;tiles sugerencias en la preparaci&oacute;n de este ensayo. Santiago Montenegro y Diego Pizano me indicaron valiosas referencias bibliogr&aacute;ficas. Estoy tambi&eacute;n muy agradecido con Marco Palacios por haberme enviado su ensayo in&eacute;dito "&iquest;Qui&eacute;n le teme a Juan Valdez? El caf&eacute; en Colombia: mercanc&iacute;a mundial, fetiche nacional". Estoy especialmente agradecido con Gabriel Silva por su invitaci&oacute;n y por haber motivado esta reflexi&oacute;n.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 8 de marzo de 2012, fecha de modificaci&oacute;n: 25 de septiembre de 2012, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de septiembre de 2012.</p> <hr>      <br>     <p align="center"><font size="3"><b>I</b></font></p>     <p>Cuando Gabriel Silva me asign&oacute; el tema de esta charla, lo primero que hice fue repasar con cuidado un peque&ntilde;o libro que tuvo enorme difusi&oacute;n entre los estudiantes universitarios de mi generaci&oacute;n, escrito por el jurista barranquillero Luis Eduardo Nieto Arteta: <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana</i>.</p>     <p>Comisionado por prestigiosos editores mexicanos, el librito solo se public&oacute; en 1958, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, gracias a gestiones de Gerardo Molina, su amigo. Desconozco cu&aacute;l fue el impacto de esa temprana edici&oacute;n, pero -como recuerda Gonzalo Cata&ntilde;o- en la d&eacute;cada de 1970 "profesores y estudiantes de ciencias sociales se lanzaban con fervor &#91;...&#93; sobre los provocativos cuadernillos de <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana </i>sin conocimiento alguno de la persona que los hab&iacute;a escrito" (Cata&ntilde;o, 2002, 27-28 y 67-69). En su juventud, Nieto Arteta comparti&oacute; "veleidades marxistas" con Molina, que ya hab&iacute;a abandonado al redactar su ensayo sobre el caf&eacute;, donde defendi&oacute; abiertamente -y en t&eacute;rminos &eacute;picos- las bondades del mercado y la iniciativa empresarial, mientras destacaba su positiva influencia en la democracia colombiana.</p>     <p>Al terminar el repaso de aquel breve ensayo de Nieto Arteta me qued&oacute; una sensaci&oacute;n algo contradictoria, entre lo gratificante de su lectura y la insatisfacci&oacute;n frente a un texto tan sugerente -que ofrec&iacute;a tan interesantes perspectivas sobre el desarrollo de nuestra democracia-, pero cuyos argumentos centrales segu&iacute;an hasta hoy sin ser examinados, en su conjunto, de manera sistem&aacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde su publicaci&oacute;n se han escrito important&iacute;simos trabajos sobre la econom&iacute;a cafetera, sus instituciones y sus v&iacute;nculos con el Estado, la pol&iacute;tica y la sociedad. Muchos de ellos reconocen la articulaci&oacute;n cafetera con el sistema democr&aacute;tico. No obstante, mi impresi&oacute;n es que la relaci&oacute;n entre el caf&eacute; y la democracia colombiana -planteada en los t&eacute;rminos de Nieto Arteta- no ha recibido la atenci&oacute;n que merece.</p>     <p>Y no la ha recibido en buena parte por el desprecio hacia la democracia que ha dominado entre amplios c&iacute;rculos intelectuales y acad&eacute;micos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Si la democracia no parec&iacute;a tener mayor valor ("formal" y "burguesa" se la llamaba despreciativamente), y si adem&aacute;s no se le reconoc&iacute;an credenciales democr&aacute;ticas al sistema colombiano, no ten&iacute;a sentido -bajo esos presupuestos- examinar el impacto del caf&eacute; en dicho sistema pol&iacute;tico o, en sentido contrario, los efectos de la democracia en la caficultura.</p>     <p>Otra raz&oacute;n para esa relativa falta de inter&eacute;s es la visi&oacute;n negativa que se impuso sobre el desarrollo de la nacionalidad desde los a&ntilde;os de la <i>Violencia</i>, a mediados del siglo XX -agudizada tras las crisis sucesivas en decadas recientes-, y la permanencia de un conflicto armado que no pareciera tener pronto fin.</p>     <p>En tales circunstancias, no debe sorprender que sean tan relativamente escasas las reflexiones sobre los or&iacute;genes y la evoluci&oacute;n de la democracia colombiana. Cuando se reflexiona sobre ella, suele hacerse solo para se&ntilde;alar sus vicios y fracasos, hasta negar su existencia. Y el desprecio por nuestro pasado democr&aacute;tico va acompa&ntilde;ado de un retrato de la nacionalidad, identificada casi exclusivamente con los extremos: la intolerancia, la guerra, en fin, la incapacidad hist&oacute;rica para resolver civilizadamente incluso cualquier problema cotidiano.</p>     <p>Frente a tantas visiones deseseperanzadoras, el ensayo de Nieto Arteta es alentador y refrescante: un texto apropiado y oportuno para abrir esta charla y repensar las relaciones entre caf&eacute; y democracia. Lo que har&eacute;, entonces, es dar una breve ojeada a sus planteamientos centrales, examinar su validez y su relevancia para algunas de las teor&iacute;as que intentan explicar el desarrollo de la democracia, y concluir con unas reflexiones sobre su pertinencia en la actualidad. Antes, quisiera hacer un par de advertencias preliminares.</p>     <p>El caf&eacute; y la democracia no son socios naturales: en su historia, el caf&eacute; ha sido compatible con una gran variedad de sociedades y reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. En Am&eacute;rica Latina se reconoce su asociaci&oacute;n con la democracia en Costa Rica, pero no en otros pa&iacute;ses, como Guatemala o Brasil (Wilson, 1989; Roseberry et al., 1995). Fuera de Am&eacute;rica Latina -en el mundo colonial africano o en Java- est&aacute; asociado a explotaciones a&uacute;n m&aacute;s tir&aacute;nicas. En Colombia, la enorme variedad regional de las relaciones sociales del caf&eacute;- como lo muestra muy bien el libro cl&aacute;sico de Marco Palacios- sugiere cautela al intentar establecer v&iacute;nculos simples entre caf&eacute; y democracia.</p>     <p>Lo que interesa entonces no es mitificar una supuesta naturaleza "democr&aacute;tica" de la caficultura sino apreciar el contexto particular colombiano en que se desarroll&oacute; el caf&eacute;, y c&oacute;mo pudo haber contribuido en ese contexto a la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s o viceversa.</p>     <p>Debo advertir adem&aacute;s que la democracia colombiana es anterior a la consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a cafetera. Aunque estuvo lejos de ser una historia de progreso gradual, la ampliaci&oacute;n del sufragio, las elecciones competitivas, los partidos pol&iacute;ticos, la libertad de prensa y otros elementos centrales en toda democracia moderna tuvieron desarrollos importantes en el siglo XIX, antes de la expansi&oacute;n cafetera. Hab&iacute;a pues un marco pol&iacute;tico -con significativos componentes democr&aacute;ticos- que condicion&oacute; su desarrollo.</p>     <p>Esta reflexi&oacute;n hist&oacute;rica sobre el caf&eacute; y la democracia colombiana no tiene el prop&oacute;sito de pintar un cuadro halagador ni complaciente. S&iacute; pretende destacar los notables aspectos positivos de una relaci&oacute;n muy compleja.</p>     <p>Es urgente y necesario identificar valores que permitan fortalecer las instituciones democr&aacute;ticas, con el fin de devolverle a la naci&oacute;n las ilusiones en un porvenir justo y pr&oacute;spero. Y creo que la historia del caf&eacute; puede ofrecernos algunas lecciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="3"><b>II</b></font></p>     <p>Perm&iacute;tanme repasar con ustedes el ensayo de Nieto Arteta (1971). Su objeto era describir las "grandes y profundas transformaciones hist&oacute;ricas" que suscit&oacute; el caf&eacute; en la sociedad colombiana. Lo escribi&oacute; en la d&eacute;cada de 1940, en &eacute;pocas de indiscutible predominio de la econom&iacute;a cafetera y de avances democr&aacute;ticos, aunque en medio de graves conflictos y al borde de un profundo quiebre en la sociedad colombiana que el ensayo no parece anticipar.</p>     <p>No era una monograf&iacute;a exhaustiva sino una interpretaci&oacute;n a grandes rasgos del significado hist&oacute;rico del caf&eacute;, a partir de una premisa econ&oacute;mica con arraigo social: el caf&eacute; fue "el creador de una aut&eacute;ntica econom&iacute;a nacional" (ib&iacute;d., 20). Cultivado en varias regiones, su orientaci&oacute;n exportadora tuvo impacto econ&oacute;mico m&aacute;s all&aacute; de las zonas productoras, en las ciudades portuarias, ribere&ntilde;as y mar&iacute;timas. Y, por supuesto, contribuy&oacute; al desarrollo del mercado interno, al estimular el empleo, el consumo, el transporte y la industrializaci&oacute;n.</p>     <p>Dejo a un lado, sin embargo, estas consideraciones econ&oacute;micas para destacar cuatro aspectos centrales de su an&aacute;lisis, directamente relevantes para nuestro tema.</p>     <p>Primero, Nieto Arteta subray&oacute; una caracter&iacute;stica generalmente reconocida en la experiencia colombiana: "Es la peque&ntilde;a propiedad el eje del cultivo cafetero". La "democracia colombiana" se estaba transformando en "una democracia de peque&ntilde;os productores agr&iacute;colas" (ib&iacute;d., 38). De todos los colores pol&iacute;ticos, conservadores y tambi&eacute;n liberales; m&aacute;s a&uacute;n, el caf&eacute; habr&iacute;a promovido al "propietario territorial liberal" (ib&iacute;d.)<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>     <p>Segundo, observ&oacute; el impacto del caf&eacute; en la formaci&oacute;n regional del pa&iacute;s y sus efectos en el peso relativo de las regiones en la pol&iacute;tica nacional: el balance de poder tendi&oacute; a desplazarse del oriente hacia el occidente, alimentando movimientos descentralizadores.</p>     <p>Tercero, dio especial significado a las actividades asociativas del sector cafetero y a su autonom&iacute;a: "El proceso de ampliaci&oacute;n incesante del cultivo del caf&eacute;" era "una realidad hist&oacute;rica" no "creada por el Estado" (ib&iacute;d., 70-75). Su expresi&oacute;n m&aacute;s visible fue el establecimiento de la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros en 1927. Nieto Arteta no ignoraba los v&iacute;nculos entre el Estado y la Federaci&oacute;n pero, antes de encontrar reparos a los contratos entre ambos, ve&iacute;a en ellos el reconocimiento de su "entidad aut&oacute;noma".</p>     <p>Y cuarto, el caf&eacute; dio estabilidad pol&iacute;tica y moderaci&oacute;n al manejo de los conflictos: "Hasta la aparici&oacute;n del caf&eacute; &#91;...&#93; se vive lo precario, la contingencia, el ensayo &#91;...&#93; Esa inestabilidad econ&oacute;mica produc&iacute;a la anarqu&iacute;a pol&iacute;tica". Antes del caf&eacute;, est&aacute;bamos en "la infancia", en "el juego". El caf&eacute; ser&iacute;a "la edad adulta y la seriedad". Sus transformaciones propiciaron el acercamiento entre los partidos pol&iacute;ticos, cuya existencia y organizaci&oacute;n eran "el supuesto de la estabilidad del Estado Liberal de Derecho". No obstante, en ellos hab&iacute;a predominado el "absolutismo ideol&oacute;gico", fuente de "est&eacute;riles pol&eacute;micas" (ib&iacute;d., 26-27 y 36-37).</p>     <p>Con el pragmatismo que acompa&ntilde;&oacute; a la riqueza cafetera, sobre todo en el Departamento de Antioquia, se atenu&oacute; ese "absolutismo ideol&oacute;gico": "Se iniciar&aacute; la &eacute;poca de la mesura y de la sobriedad". A partir del caf&eacute;, "los colombianos ser&aacute;n unos hombres moderados y sobrios &#91;...&#93; la regla, el orden, ser&aacute;n el contenido de la vida colombiana".</p>     <p>Los elogios al caf&eacute; no parec&iacute;an tener l&iacute;mites en el escrito: "Del radicalismo al orden, de la infancia a la edad madura, del desorden a la estabilidad, de la an&aacute;rquica subjetividad a la mesurada y fr&iacute;a subjetividad, he ah&iacute; las transformaciones hist&oacute;ricas que el caf&eacute; produce en Colombia. Los peque&ntilde;os productores, los propietarios que han cultivado, ellos mismos, la tierra, han triunfado. La paz y la tranquilidad reinan en Colombia" (ib&iacute;d., 40).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ni la paz ni la tranquilidad reinaban ya poco tiempo despu&eacute;s de terminar el ensayo. El contraste monumental entre ese retrato final paradis&iacute;aco y la tragedia que sigui&oacute; plantea serios interrogantes sobre las causas de ese giro tr&aacute;gico en el destino nacional, o sobre el sentido de la realidad que ten&iacute;a Nieto Arteta. Las transformaciones colombianas fruto del caf&eacute; adquieren en su descripci&oacute;n una dimensi&oacute;n rom&aacute;ntica, casi m&iacute;tica, aunque no dej&oacute; de hacer algunas cr&iacute;ticas.</p>     <p>Los aspectos que he destacado de su interpretaci&oacute;n tendr&iacute;an, pues, que cotejarse con los resultados de las investigaciones modernas, que nos muestran un cuadro m&aacute;s problem&aacute;tico y menos halag&uuml;e&ntilde;o.</p>     <p>Nieto Arteta, sin embargo, identific&oacute; all&iacute; importantes componentes del proceso democratizador colombiano que habr&iacute;a que reconsiderar a la luz de las teor&iacute;as de la democracia. Y es sobre esos componentes y sus lecciones para nuestro futuro democr&aacute;tico sobre lo que me parece oportuno reflexionar ahora un poco m&aacute;s.</p>     <p align="center"><font size="3"><b>III</b></font></p>     <p>El primer aspecto que destaqu&eacute; fue el de "la peque&ntilde;a propiedad" como "eje del cultivo cafetero". Su observaci&oacute;n, claro est&aacute;, debe calificarse, dada la diversa estructura de la propiedad cafetera y los distintos arreglos laborales en las diferentes regiones productoras. En Cundinamarca, por ejemplo, prevalec&iacute;a la gran hacienda a comienzos del siglo XX, a diferencia de Antioquia, donde el impulso a la peque&ntilde;a propiedad tuvo lugar especialmente despu&eacute;s de 1890 (ver Palacios, 1979, y Brew, 2000, 254).</p>     <p>No obstante, en su <i>Manual sobre el cultivo cafetero </i>de 1882 -de gran circulaci&oacute;n entre los colonos antioque&ntilde;os- Mariano Ospina Rodr&iacute;guez alab&oacute; la extraordinaria adaptaci&oacute;n del caf&eacute; a la empresa de peque&ntilde;a escala, y su mayor rentabilidad "porque sin incrementar la mano de obra para el ma&iacute;z y la yuca, cada colono pod&iacute;a convertir porciones de su tierra en cafetales" (citado en Parsons, 1968, 140). A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1927, cuando la peque&ntilde;a y la mediana propiedad ya estaban firmemente establecidas en Antioquia y Caldas, Alejandro L&oacute;pez, quien despu&eacute;s ser&iacute;a presidente de la FNC, hac&iacute;a sus elogios: "El caf&eacute; es la planta por excelencia adecuada al pejugal, al trabajo peque&ntilde;o, pero independiente. Prospera mejor cultivada en peque&ntilde;o, en el huerto y en familia" (L&oacute;pez, 1976, 45). El tama&ntilde;o de las grandes plantaciones era tambi&eacute;n limitado. En comparaci&oacute;n con Brasil -escribi&oacute; James Parsons en 1960- "hasta la m&aacute;s grande hacienda colombiana parece peque&ntilde;a" (Parsons, 1968, 144)<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>     <p>Se deber&iacute;a a&ntilde;adir el papel que cumplieron los comerciantes en los inicios del cultivo, tanto en Cundinamarca como en Antioquia. As&iacute; mismo en Caldas, caracterizado por su producci&oacute;n minifundista, su cultivo -seg&uacute;n observ&oacute; Roger Brew (2000, 251)- "fue impulsado en gran parte por los comerciantes de Manizales".</p>     <p>No estoy pintando el cuadro id&iacute;lico de una sociedad igualitaria y sin problemas. Con el tiempo, la estructura de la propiedad experiment&oacute; cambios fundamentales en las distintas regiones, y las condiciones sociales del cultivo han estado lejos de ser &oacute;ptimas, como muestran los trabajos de Marco Palacios<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>.</p>     <p>Pero desde una perspectiva hist&oacute;rica de largo plazo son innegables la presencia y el dominio de la peque&ntilde;a y mediana propiedad en la caficultura, evidente hoy en la composici&oacute;n del gremio. Propiedad que -habr&iacute;a que a&ntilde;adir- ha estado en manos nacionales. El caf&eacute; fue con frecuencia una fuerza liberadora en el mercado laboral, promovi&oacute; la formaci&oacute;n de una clase media -un sector social colombiano en general poco estudiado y no suficientemente reconocido- y estimul&oacute; el surgimiento de nuevas &eacute;lites.</p>     <p>No es mi prop&oacute;sito hacer aqu&iacute; un examen detallado de la evoluci&oacute;n de la estructura social cafetera, cuya realidad este auditorio conoce mejor que yo. Lo que s&iacute; me interesa es vincular esas caracter&iacute;sticas centrales con los desarrollos de la democracia en Colombia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los te&oacute;ricos de la democracia han prestado siempre especial atenci&oacute;n al impacto que ciertas estructuras sociales hayan podido tener en el est&iacute;mulo o desest&iacute;mulo de los procesos democratizadores. Hist&oacute;ricamente, se&ntilde;ala Robert Dahl, las sociedades comerciales e industriales han sido m&aacute;s hospitalarias que las agrarias a la pol&iacute;tica competitiva, el fundamento de toda democracia moderna. Pero no todas las sociedades agrarias han tenido igual composici&oacute;n social: aquellas con "agricultores libres" y mayor igualdad en la distribuci&oacute;n de la tierra, donde los elementos de coerci&oacute;n no estaban monopolizados, ofrec&iacute;an condiciones pol&iacute;ticas democratizadoras (Dahl, 1971, 53-57).</p>     <p>Dahl no hace referencia al caso colombiano, donde no toda la estructura agraria tiene las caracter&iacute;sticas cafeteras aqu&iacute; destacadas. Pero los aspectos que he se&ntilde;alado -la significativa presencia de peque&ntilde;os y medianos caficultores, y la naturaleza comercial y agraria de la sociedad- acercan la experiencia cafetera al modelo de un "orden social pluralista" y pol&iacute;ticamente competitivo expuesto por Dahl.</p>     <p>La existencia hist&oacute;rica de miles y miles de cafeteros en tan diferentes rincones del pa&iacute;s est&aacute; vinculada al segundo aspecto que destaqu&eacute;: su impacto en la formaci&oacute;n regional de Colombia. Un impacto que el mismo Nieto Arteta calific&oacute; como algo contradictorio: con el desarrollo del caf&eacute; -nos dijo- desaparec&iacute;a "la precedente disparidad en el desarrollo econ&oacute;mico de las regiones" pero suscitaba una realidad que consideraba "m&aacute;s peligrosa": la concentraci&oacute;n de la industria y la riqueza en el occidente colombiano (Nieto, 1971, 36). No obstante, reconoci&oacute; sus ramificaciones econ&oacute;micas m&aacute;s all&aacute; de las zonas cafeteras, de todas maneras variadas y dispersas: mientras se export&oacute; masivamente por los puertos del Caribe a trav&eacute;s del r&iacute;o Magdalena, por ejemplo, fue notable su contribuci&oacute;n al crecimiento de Barranquilla y Cartagena, o de Girardot, Puerto Berr&iacute;o y Magangu&eacute; (Posada, 1993, 155-164).</p>     <p>La fragmentaci&oacute;n regional colombiana es anterior al caf&eacute;, pero los desarrollos cafeteros -al tiempo que un&iacute;an la econom&iacute;a nacional- ayudaron a preservar la naturaleza regional del pa&iacute;s. Por lo dem&aacute;s, el auge cafetero redujo a&uacute;n m&aacute;s el poder de Bogot&aacute;, tradicionalmente limitado, y, por tanto, tuvo efectos descentralizadores. Existe una estrecha asociaci&oacute;n entre esa composici&oacute;n regional y los desarrollos democr&aacute;ticos, como muestra Santiago Montenegro (2006).</p>     <p>La extrema dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica y econ&oacute;mica del pa&iacute;s -en parte determinada por el caf&eacute;- condicion&oacute; la "fragmentaci&oacute;n del poder" y, as&iacute;, la construcci&oacute;n de unas instituciones pol&iacute;ticas segmentadas que imped&iacute;an que alg&uacute;n actor pol&iacute;tico tuviese capacidad para dominar a otros.</p>     <p>Este "pluralismo regional" -como se&ntilde;al&oacute; Marcus Olson al celebrarse los 70 a&ntilde;os de la Federaci&oacute;n- explicar&iacute;a la excepcionalidad colombiana frente a una tendencia mundial en que los sectores urbanos han tenido mayor capacidad para explotar a los sectores rurales (Olson, 1997, 25-34). En ese pluralismo regional encontr&oacute; la raz&oacute;n para entender los &eacute;xitos organizativos de los caficultores alrededor de la Federaci&oacute;n Nacional del Caf&eacute; -esta expresi&oacute;n extraordinaria de esfuerzo asociativo, reconocida dentro y fuera del pa&iacute;s- y el tercer aspecto que destaqu&eacute; del ensayo de Nieto Arteta.</p>     <p>Para &eacute;l, la creaci&oacute;n de riqueza, a trav&eacute;s del caf&eacute;, era "una afirmaci&oacute;n de la sociedad ante el Estado", y la presencia de la Federaci&oacute;n una manifestaci&oacute;n de la autonom&iacute;a del gremio.</p>     <p>La existencia de organizaciones sociales relativamente independientes del Estado, con capacidad para defender sus intereses, sin el objetivo de usurpar la autoridad del Estado y cuyo comportamiento obedece a reglas de naturaleza civil es lo que hoy se conoce como "sociedad civil"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>     <p>En su libro cl&aacute;sico <i>La democracia en Am&eacute;rica</i>, Alexis de Tocqueville destac&oacute; la importancia de los h&aacute;bitos asociativos en la formaci&oacute;n de las costumbres sociales que hac&iacute;an m&aacute;s propicio el desarrollo democr&aacute;tico. Su obra es referencia obligada para muchos te&oacute;ricos contempor&aacute;neos que, como Robert Putnam, le otorgan a la sociedad civil un papel central: los gobiernos democr&aacute;ticos se fortalecen cuando enfrentan una vigorosa sociedad civil, all&iacute; donde existen h&aacute;bitos sociales de colaborar y compartir intereses (Putnam, 1993, 11 y 182-183).</p>     <p>&iquest;Ha tenido la Federaci&oacute;n de Cafeteros las condiciones para que exista una vigorosa sociedad civil? La pregunta es pertinente, sobre todo para apreciar mejor las relaciones entre caf&eacute; y democracia en el pa&iacute;s. No es adem&aacute;s un interrogante sorprendente, y menos para este auditorio, familiarizado con la vieja discusi&oacute;n sobre las caracter&iacute;sticas <i>sui generis </i>de la entidad, dadas algunas de las funciones que le ha delegado el Estado en contratos sucesivos, y la participaci&oacute;n de representantes del gobierno en algunos de sus &oacute;rganos de direcci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nieto Arteta no parec&iacute;a tener dudas sobre la autonom&iacute;a de la Federaci&oacute;n. Otros, por sus relaciones con el Estado, la se&ntilde;alan como "evidencia de algunas tendencias corporativistas en Colombia"<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>     <p>No tengo aqu&iacute; espacio para un examen detenido. Pero cabe destacar el significativo papel de la sociedad civil en la historia de Colombia y la notable contribuci&oacute;n de la Federaci&oacute;n de Cafeteros en sus desarrollos.</p>     <p>En los a&ntilde;os recientes, muchos sectores de opini&oacute;n parec&iacute;an suscribir la observaci&oacute;n del <i>Callej&oacute;n sin salida </i>-el conocido informe comisionado por la agencia de la ONU, UNDP, publicado en 2003-, seg&uacute;n el cual nuestra sociedad civil solo se hab&iacute;a constituido o auto descubierto recientemente, frente al conflicto (G&oacute;mez, 2003, 447).</p>     <p>Esta y otras observaciones similares desconocen el rico pasado de la sociedad civil colombiana, cuyos or&iacute;genes se confunden con los de la rep&uacute;blica (Posada, 2004). Solo en el Departamento de Antioquia, Patricia Londo&ntilde;o ha identificado la organizaci&oacute;n de unas mil asociaciones c&iacute;vicas entre 1850 y 1930. El sector agr&iacute;cola tard&oacute; algo en consolidar una organizaci&oacute;n para proteger sus intereses, pero logr&oacute; fundar la Sociedad de Agricultores de Colombia en 1871.</p>     <p>La creaci&oacute;n de la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros en 1927 debe inscribirse entonces en un contexto m&aacute;s amplio, en esa historia de la sociedad civil colombiana insuficientemente apreciada. Su fundaci&oacute;n fue precedida de otros esfuerzos asociativos, en Manizales o en Medell&iacute;n, como recordaron Roberto Junguito y Diego Pizano en su estudio de 1997. Y se la cre&oacute; con expl&iacute;citos prop&oacute;sitos gremiales, "como entidad sindical de los interesados en la industria del caf&eacute;"<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>.</p>     <p>Desde sus comienzos, la Federaci&oacute;n ha mantenido estrechos lazos con la pol&iacute;tica y el Estado, pero estos, por s&iacute; mismos, no la convierten en un ap&eacute;ndice. El tema de sus relaciones con los gobiernos es, por supuesto, controvertible y complejo. Pero autores como Miguel Urrutia y Rosemary Torp han mostrado que, hist&oacute;ricamente, la Federaci&oacute;n mantuvo su autonom&iacute;a frente al Estado. Robert H. Bates, quien atribuye a la dirigencia pol&iacute;tica un protagonismo considerable en la fundaci&oacute;n y organizaci&oacute;n del gremio, tambi&eacute;n reconoce su autonom&iacute;a frente al Estado en momentos en que los gobiernos pretendieron controlarlo<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>.</p>     <p>Urrutia ha mostrado adem&aacute;s que la extraordinaria estabilidad en el manejo gerencial de la Federaci&oacute;n -frente a la alta rotaci&oacute;n de los representantes del gobierno- y la extensa institucionalidad del gremio en el territorio nacional -a trav&eacute;s de sus comit&eacute;s departamentales y municipales, y de su gran n&uacute;mero de asociados- le confieren a la Federaci&oacute;n una gran capacidad aut&oacute;noma, que sirve de l&iacute;mite al poder estatal.</p>     <p>Claro est&aacute; que, en su historia, Colombia no ha sido ese para&iacute;so de asociaciones voluntarias que Tocqueville describi&oacute; para Estados Unidos, pero la prolongada vida de la democracia colombiana -y su sobrevivencia en medio de circunstancias muy dif&iacute;ciles- se debe en buena parte a la existencia de una sociedad civil vigorosa, "afanzada" en la experiencia cafetera (Silva, 2004, 324).</p>     <p>El cuarto y &uacute;ltimo aspecto que destaqu&eacute; del ensayo de Nieto Arteta fue su valoraci&oacute;n del impacto del caf&eacute; en la moderaci&oacute;n de los conflictos pol&iacute;ticos y, en consecuencia, en la estabilidad democr&aacute;tica que goz&oacute; el pa&iacute;s durante la primera mitad del siglo XX, sobre todo a partir de 1910.</p>     <p>La imagen que tenemos de nuestra naci&oacute;n y nuestro pasado hoy se identifica casi exclusivamente con un retrato de guerra y de barbarie eternos. Pero en la d&eacute;cada de 1940 -antes del famoso Bogotazo- predominaba una visi&oacute;n m&aacute;s amable de la nacionalidad. As&iacute; lo sugieren las palabras de Alberto Lleras Camargo, quien en 1942 observ&oacute; con orgullo: "vivir en paz entre nosotros y vivir en paz con el mundo, por cuarenta a&ntilde;os continuos, es el mejor t&iacute;tulo de Colombia en el concierto de las naciones civilizadas". Por la misma &eacute;poca, Juan Lozano y Lozano defini&oacute; al temperamento de la naci&oacute;n como "transaccional" y "ecu&aacute;nime"<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Igual que Nieto Arteta, otros autores -como Charles Bergquist (1978, 248)- tambi&eacute;n han reconocido la contribuci&oacute;n del caf&eacute; a la legitimidad y estabilidad pol&iacute;tica de esas primeras d&eacute;cadas del siglo XX. Lo que se reconoce menos es cierta tradici&oacute;n intelectual y pol&iacute;tica que busc&oacute;, en forma persistente, arraigar la tolerancia y la moderaci&oacute;n en la competencia partidista. Si bien sus esfuerzos se vieron frustrados con frecuencia en el siglo XIX, el panorama cambi&oacute; despu&eacute;s del final de la Guerra de los Mil D&iacute;as en 1902: la consolidaci&oacute;n del cultivo cafetero estuvo acompa&ntilde;ada de un movimiento intelectual y pol&iacute;tico que favorec&iacute;a la concordia democr&aacute;tica.</p>     <p>En las letras, la figura emblem&aacute;tica de esa tradici&oacute;n centrista fue Carlos Arturo Torres, quien en 1909 proclam&oacute; que "el sentido de la era que empieza es el de la conciliaci&oacute;n y concordancia": "Todo triunfo perdurable" era el "resultado de una transacci&oacute;n" (1935, 191-192). Torres traz&oacute; un cuadro de porvenir en paz, lleno de met&aacute;foras alusivas a la fecundidad del campo: era preciso "sembrar, sembrar mucho, sembrar ideas, sembrar virtudes, sembrar esfuerzos y sembrar granos, sembrar en la tierra y sembrar en el esp&iacute;ritu, sembrar para el presente y sembrar para el porvenir; cuando venga la cosecha que gan&oacute; nuestra buena voluntad &#91;...&#93; entonces tendr&aacute;n nuestros h&eacute;roes un pedestal digno de su estatura".</p>     <p>En la pol&iacute;tica, el representante m&aacute;s notable del centrismo expuesto por Torres fue Carlos E. Restrepo. Ambos fueron los m&aacute;s claros exponentes de la Generaci&oacute;n del Centenario. Adem&aacute;s, Restrepo fue el l&iacute;der del movimiento republicano que lo llev&oacute; a la presidencia de la naci&oacute;n entre 1910 y 1914. "Portador de las mejores tradiciones antioque&ntilde;as &#91;...&#93; de maneras sencillas, afiables, democr&aacute;ticas", como lo describi&oacute; Luis Eduardo Nieto Caballero, "se preocup&oacute; por ense&ntilde;arle al pa&iacute;s lo que era un buen gobierno. Reaccionaba contra el sectarismo &#91;...&#93; se ingeniaba por encontrar los puntos de contacto entre las doctrinas que parec&iacute;an m&aacute;s opuestas" (Nieto C., 1984, 466).</p>     <p>La evocaci&oacute;n de Carlos E. Restrepo no solo es oportuna por representar ese esp&iacute;ritu de moderaci&oacute;n que Nieto Arteta y otros vinculan con los logros tempranos del caf&eacute;. Lo es adem&aacute;s en esta especial conmemoraci&oacute;n, pues fue presidente del Congreso Cafetero que dio origen a la Federaci&oacute;n hace ochenta a&ntilde;os.</p>     <p align="center"><font size="3"><b>IV</b></font></p>     <p>El repaso del ensayo de Nieto Arteta sirve para reivindicar hist&oacute;ricamente algunos aspectos de la cultura cafetera vinculados a nuestros desarrollos democr&aacute;ticos: la existencia de numerosos peque&ntilde;os y medianos propietarios agr&iacute;colas y el esp&iacute;ritu comercial que anim&oacute; su industria; su impacto en la formaci&oacute;n regional y descentralizada del pa&iacute;s, sus extraordinarios esfuerzos asociativos y su contribuci&oacute;n a la moderaci&oacute;n de las costumbres pol&iacute;ticas.</p>     <p>Debo insistir en que, al repasar el ensayo, no ha sido mi prop&oacute;sito ocultar los problemas que un examen m&aacute;s detallado revelar&iacute;a en cada uno de esos aspectos de la historia cafetera. Tampoco sugiero que la evoluci&oacute;n cafetera fuera condicionante de la democratizaci&oacute;n: advert&iacute; al comienzo que la democracia colombiana es anterior al caf&eacute;. Ser&iacute;a ingenuo adem&aacute;s ignorar el curso accidentado de nuestra democracia, cuyos problemas han afectado a su vez los desarrollos econ&oacute;micos, incluidos los del caf&eacute;.</p>     <p>Pero s&iacute; creo que la visi&oacute;n optimista de Nieto Arteta nos permite identificar unos valores democr&aacute;ticos en la historia colombiana del caf&eacute;, &uacute;tiles no solo para recuperar la autoestima nacional sino m&aacute;s a&uacute;n para afincar el porvenir. Perm&iacute;tanme, para terminar, una breve reflexi&oacute;n sobre la relevancia de esa historia para la b&uacute;squeda de soluciones a la crisis contempor&aacute;nea de nuestra democracia.</p>     <p>Cada uno de los puntos que destaqu&eacute; sugiere reconocer logros relativos, pero plantea al tiempo retos pendientes para la consolidaci&oacute;n de una sociedad justa y democr&aacute;tica.</p>     <p>La presencia de peque&ntilde;os y medianos cultivadores sigue siendo una realidad -y una presencia enorme, como muestran los m&aacute;s de 200.000 caficultores que participaron en las elecciones cafeteras de 2002 (FNC, 2006). M&aacute;s all&aacute; de la suerte de un sector de gran significado para la econom&iacute;a nacional, la experiencia cafetera nos remite tambi&eacute;n a los desaf&iacute;os del mundo rural colombiano: en particular, a la tarea de impedir que todo el desarrollo se quede en las ciudades: esa es la primera lecci&oacute;n que quiz&aacute; nos deje el caf&eacute;. Un mejor equilibro entre las ciudades y el campo podr&iacute;a contribuir a corregir las desigualdades regionales y a propiciar la gobernabilidad. La formaci&oacute;n regional condicion&oacute;, es cierto, una sociedad plural que, al impedir la concentraci&oacute;n del poder, favoreci&oacute; desarrollos democr&aacute;ticos. No creo, sin embargo, que hayamos encontrado la f&oacute;rmula &oacute;ptima para dirimir el dif&iacute;cil conflicto entre descentralizaci&oacute;n y centralismo. Me parece que un Estado central fuerte, capaz de garantizar la seguridad ciudadana, es una premisa indiscutible. Pero no excluye -por el contrario, exige- la existencia simult&aacute;nea de una sociedad civil, por definici&oacute;n aut&oacute;noma frente al Estado, sobre todo para fortalecer la democracia. Los desaf&iacute;os de la globalizaci&oacute;n para el sector cafetero fueron expuestos con lucidez por Gabriel Silva en su informe del a&ntilde;o pasado y aqu&iacute; no me corresponde referirme a ellos. Solo quisiera se&ntilde;alar la importancia de los esfuerzos asociativos en la defensa de los intereses gremiales y en la construcci&oacute;n de una sociedad democr&aacute;tica: la conmemoraci&oacute;n de los ochenta a&ntilde;os de la Federaci&oacute;n deber&iacute;a estimular una reflexi&oacute;n nacional m&aacute;s amplia sobre su significado para el mantenimiento de una sociedad civil vigorosa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero si entre los aspectos del ensayo de Nieto Arteta tuviese que identificar uno como el de mayor relevancia contempor&aacute;nea, destacar&iacute;a la revaloraci&oacute;n de la mesura vinculada al auge cafetero de comienzos del siglo XX. Los absolutismos ideol&oacute;gicos, los extremos, provocan violencia y, por tanto, contradicen la esencia de la democracia. Hoy vivimos preocupantes momentos de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica que, de provocar una nueva ola de sectarismo, dar&iacute;an al traste con los significativos avances en seguridad. Me parece incongruente -y hay que insistir en ello- que mientras Gobierno y oposici&oacute;n se muestran dispuestos a ofrecer soluciones negociadas a grupos armados ilegales, las relaciones entre ellos -el Gobierno y los partidos de oposici&oacute;n- se caractericen por la pugnacidad, el lenguaje deslegitimador rec&iacute;proco, la falta de di&aacute;logo, en fin, la falta de acuerdos sobre materias fundamentales para enfrentar las graves amenazas contra la democracia, contra nuestras libertades y contra el mismo orden social.</p>     <p>El Republicanismo, que desde este departamento antioque&ntilde;o lider&oacute; Carlos E. Restrepo, impuls&oacute; en su momento el acercamiento de los partidos pol&iacute;ticos, acompa&ntilde;ado entonces de las monumentales transformaciones del caf&eacute;. Encuentro pues oportuno en este foro reivindicar ese mensaje de mesura, indispensable para la estabilidad y el progreso democr&aacute;ticos.</p>     <p>Hace ochenta a&ntilde;os, en 1927, se fund&oacute; esta Federaci&oacute;n. Ese mismo a&ntilde;o se public&oacute; un libro bellamente impreso, de gran tama&ntilde;o y contenido simb&oacute;lico: <i>Colombia cafetera</i>, de Diego Monsalve.</p>     <p>Ese libro de Monsalve hac&iacute;a una descripci&oacute;n pormenorizada de la geograf&iacute;a cafetera, departamento por departamento, e inclu&iacute;a la enumeraci&oacute;n de los cafetales, municipio por municipio. Sus p&aacute;ginas dejaron un retrato impresionante de ese ambiente de optimismo nacional, y de logros derivados en buena parte del auge cafetero. Adem&aacute;s de las secciones dedicadas a la caficultura, Monsalve incluy&oacute; informaci&oacute;n sobre el sistema pol&iacute;tico e incluso un ap&eacute;ndice completo sobre los peri&oacute;dicos que se imprim&iacute;an en todo el pa&iacute;s. Inscritas a color, sobresal&iacute;an al comienzo y al final del libro varias frases elogiosas de las virtudes colombianas. Una de ellas cautiv&oacute; especialmente mi atenci&oacute;n: en Colombia "la paz interna est&aacute; cimentada en forma imperecedera".</p>     <p>Sea esta la ocasi&oacute;n para renovar las esperanzas en ese destino que nos ha sido tan esquivo.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>       <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Un estudio de una hacienda cafetera de propietario liberal es el de Deas (1993).    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Mauricio Font muestra que la gran <i>fazenda</i><i> </i>brasile&ntilde;a domin&oacute; la expansi&oacute;n cafetera hasta finales del siglo XIX, y a partir de 1900 los peque&ntilde;os y medianos cafeteros jugaron un papel m&aacute;s importante; ver Font (1990, 14-18).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Palacios, <i>El</i><i> </i><i>caf&eacute;</i><i> </i><i>en</i><i> </i><i>Colombia</i><i> </i>y "&iquest;Qui&eacute;n le teme a Juan Valdez?".    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Esta noci&oacute;n de sociedad civil, basada en esos cuatros presupuestos -autonom&iacute;a dual, acci&oacute;n colectiva, no usurpaci&oacute;n y civilidad- se expone en Whitehead (2001, 73 y ss.).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>John H. Bailey. "Pluralist and corporatist dimensions of interest representation in Colombia", citado en Urrutia (1983, 118).    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Texto del acuerdo por el que se constituy&oacute; la FNC, citado en Junguito y Pizano (1997, 5).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Urrutia (1983), Bates (1997a, 48; 1997b, 54-89) y Thorp (1991, 10).    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup><i>El Liberal</i>, 13 de noviembre de 1942, citado en Alberto Lleras Camargo. <i>Obras selectas</i>, vol. IV, 285, Bogot&aacute;, 1987; y Juan Lozano y Lozano. "Eduardo Santos o el esp&iacute;ritu de la tolerancia", <i>S&aacute;bado</i>, abril de 1944, reproducido en Eduardo Santos. <i>Obras selectas</i>, Bogot&aacute;, p. 672, 1982.    <br> <hr>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Bates, R. H. "Institutions and development", D. Pizano y J. Chalarc&aacute;, eds., Coffee, institutions and economic development, Bogot&aacute;, FNC, 1997a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201200020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Bates, R. H. <i>The political economy of the world coffee trade</i>, Princeton, Princeton University Press, 1997b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201200020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>3. Bergquist, Ch. W. <i>Coffee and conflict in Colombia, 1886-1910</i>, Durham, Duke University Press, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201200020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Brew, R. <i>El desarrollo econ&oacute;mico de Antioquia desde la independencia hasta 1920</i>, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996201200020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Cata&ntilde;o, G. <i>Luis Eduardo Nieto Arteta: Esbozo intelectual</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201200020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Dahl, R. <i>Polyarchy, participation and opposition</i>, New Haven, Yale University Press, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996201200020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Deas, M. 1993. "Una hacienda cafetera de Cundinamarca, 1870-1912", <i>Del poder y la gram&aacute;tica. Y otros ensayos sobre historia, pol&iacute;tica y literatura colombianas</i>, Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996201200020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>8. Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros. "Informe del Gerente General. Federaci&oacute;n. Permanencia, sostenibilidad y futuro", Bogot&aacute;, 2006, &#91;<a href="http://www.cafedecolombia.com" target="_blank">http://www.cafedecolombia.com</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996201200020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>9 .    Font, M. <i>Coffee, Contention and change. The making of modern Brazil</i>, Cambridge, Basil Blackwell, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996201200020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. G&oacute;mez B. H. coord. <i>El conflicto. Callej&oacute;n sin salida. Informe Nacional de Desarrollo Humano para Colombia - 2003</i>, Bogot&aacute;, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996201200020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Junguito, R. y D. Pizano. <i>Instituciones e instrumentos de pol&iacute;tica cafetera</i>, Bogot&aacute;, Fedesarrollo, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996201200020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. L&oacute;pez, A. <i>Problemas colombianos </i>&#91;1927&#93;, Medell&iacute;n, La Carreta, 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996201200020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>13. Montenegro, S. <i>Sociedad abierta, geograf&iacute;a y desarrollo. Ensayos de econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Bogot&aacute;, Norma, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996201200020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Nieto, A., L. E. <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana</i>, Medell&iacute;n, La Soga al Cuello, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996201200020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Nieto, C., L. E. <i>Escritos escogidos</i>, vol. V, Bogot&aacute;, Banco Popular, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996201200020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Olson, M. "The explotation of agriculture", D. Pizano y J. Chalarc&aacute;, eds., <i>Coffee, institutions and economic development</i>, Bogot&aacute;, FNC, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996201200020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Palacios, M. <i>El caf&eacute; en Colombia (1850-1970). Una historia econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica</i>, Bogot&aacute;, Presencia, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996201200020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>18. Parsons, J. J. <i>Antioque&ntilde;o colonization in Western Colombia</i>, Berkeley and Los Angeles, University of California Press, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996201200020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Posada C., E. "M&aacute;s all&aacute; de los Andes: Las ramificaciones de la cultura cafetera en el Caribe colombiano, 1850-1950", <i>Caravelle</i>, 61, 1993, pp. 155-164.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996201200020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Posada C., E. "Reconciliation, institutional strengthening and security: A historical perspective on the challenges for civil society in Colombia", ponencia presentada en la conferencia Moving Beyond Armed Actors: Challenges for Civil Society in Colombia, Universidad de Harvard, Cambridge, 20-21 de febrero de 2004 (in&eacute;dita).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996201200020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Putnam, R. <i>Making democracy work. Civic traditions in modern Italy</i>, Princeton, Princeton University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996201200020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Whitehead, L. <i>Democratization. Theory and experience</i>, Oxford, Oxford University Press, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996201200020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>23. Roseberry, W., G. Lowell y M. Samper. <i>Coffee, society and power in Latin America</i>, Baltimore and London, Johns Hopkins University Press, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996201200020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. Silva, G. "La institucionalidad cafetera: modelo de equidad", F. Cepeda U., ed., <i>Fortalezas de Colombia</i>, Bogot&aacute;, Ariel, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996201200020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Thorp, R. <i>Economic management and economic development in Peru and Colombia</i>, London, Mcmillan, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996201200020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Torres, C. A. <i>Idola Fori</i>, Bogota, Minerva, 1935.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996201200020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Urrutia, M. <i>Gremios, pol&iacute;tica econ&oacute;mica y democracia</i>, Bogot&aacute;, Fondo Cultural Cafetero, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996201200020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>28. Winson, A. <i>Coffee and Democracy in Costa Rica</i>, London, Macmillan, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996201200020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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