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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>EL CAF&Eacute; EN LA SOCIEDAD COLOMBIANA</b></font></p>     <p align="center"><i>Gonzalo Cata&ntilde;o</i><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Soci&oacute;logo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:anomia@etb.net.co">anomia@etb.net.co</a>&#93;. Este escrito es parte de un trabajo m&aacute;s extenso sobre Luis E. Nieto Arteta y la recepci&oacute;n del pensamiento moderno en Colombia.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 17 de septiembre de 2012, fecha de modificaci&oacute;n: 4 de octubre de 2012, fecha de aceptaci&oacute;n: 16 de octubre de 2012.</p> <hr>     <br>     <p>Terminados sus estudios de cr&iacute;tica social, Luis Eduardo Nieto Arteta volvi&oacute; sobre el asunto del caf&eacute;. El libro estaba destinado a la colecci&oacute;n "Tierra Firme" del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Deb&iacute;a ser un texto de lectura fluida, parco en citas y en cuadros estad&iacute;sticos, destinado al lector corriente sin descuidar la sobriedad de la exposici&oacute;n y la seriedad de los esfuerzos interpretativos. En diciembre de 1947 le escribi&oacute; a Cos&iacute;o Villegas: "La obra sobre el caf&eacute; y la sociedad colombiana la terminar&eacute; a mediados de febrero. Usted la recibir&aacute; a finales del mismo mes"<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>     <p>Con este compromiso lleg&oacute; 1948 y Nieto se inclin&oacute; sobre la m&aacute;quina de escribir para cumplir la obligaci&oacute;n que se hab&iacute;a transformado en cuesti&oacute;n de honor. Organiz&oacute; las secciones, pidi&oacute; datos a sus amigos de Bogot&aacute; y emprendi&oacute; la excitante y angustiosa tarea de redacci&oacute;n. "Ser&aacute; una obra sociol&oacute;gica, no econ&oacute;mica -le coment&oacute; a Arturo G&oacute;mez Jaramillo de la Federaci&oacute;n de Cafeteros-. Figuran en ella algunos datos estad&iacute;sticos, los necesarios para fundamentar las conclusiones que sustentar&eacute;. El prop&oacute;sito es hacer girar la vida toda de Colombia en torno al caf&eacute;. No s&eacute; si tendr&eacute; &eacute;xito en llevar al &aacute;nimo del lector la convicci&oacute;n de que las conclusiones son objetivas"<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>     <p>Abandon&oacute; el Hotel Paysand&uacute; y, junto a su esposa y su hijo, tom&oacute; un apartamento en el afamado barrio de Copacabana sobre la calle Aires de Salda&ntilde;a pr&oacute;ximo a la playa. "He podido verificar -le manifest&oacute; a un amigo- que a esta distancia de Colombia las consideraciones que el tema me suscita son como m&aacute;s n&iacute;tidas, claras, objetivas. Al parecer, el espacio es una buena perspectiva para comprender los hechos de la patria lejana, pero espiritualmente muy pr&oacute;xima"<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Trabaj&oacute; sin descanso, y el 20 de enero ten&iacute;a, en medio del agotador verano carioca, treinta p&aacute;ginas y se acercaba al cap&iacute;tulo vi, "Las dos Colombias", que consideraba clave en su razonamiento. Tres semanas despu&eacute;s superaba el cap&iacute;tulo y entraba airoso en los dem&aacute;s. Estaba entusiasmado con la obra y pensaba que ser&iacute;a un complemento necesario de <i>Econom&iacute;a y cultura, </i>donde el caf&eacute; apenas se mencionaba. Le resumi&oacute; el manuscrito a un colega de la Canciller&iacute;a:</p> <ol>En la obra sobre el caf&eacute; y la sociedad colombiana habr&aacute; un cap&iacute;tulo titulado "Las dos Colombias". En &eacute;l quiero describir c&oacute;mo el caf&eacute; ha ocasionado una gran diferencia o desigualdad en el desarrollo econ&oacute;mico de Antioquia, Caldas, Valle del Cauca comparado con el del resto de la naci&oacute;n. Los datos de la producci&oacute;n industrial en esos tres departamentos, as&iacute; como tambi&eacute;n los del valor de la producci&oacute;n del caf&eacute;, ya remitidos, como le dijeron a usted en la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros, son de inmenso valor para mostrar esa diferencia. En ese mismo cap&iacute;tulo hablar&eacute;, en consecuencia, del llamado "movimiento descentralista". Dir&eacute; que el caf&eacute; ha unido, al trav&eacute;s de la distinci&oacute;n (lo dial&eacute;ctico), a la naci&oacute;n colombiana, creando la econom&iacute;a nacional. En el cap&iacute;tulo quinto titulado "Humanistas, poetas, y empresarios", aludo al general Pedro Nel Ospina. Digo as&iacute;: "Corresponde a un antioque&ntilde;o, a un hombre que ven&iacute;a del caf&eacute;, el general Pedro Nel Ospina, iniciar la nueva &eacute;poca. No es un intelectual. Afortunadamente no fue un intelectual. Los antioque&ntilde;os son realistas, l&uacute;cidos, claros. Tienen una particular intuici&oacute;n para los problemas econ&oacute;micos (&iquest;un remoto semitismo?). En Antioquia la econom&iacute;a se ha desarrollado con naturalidad y espontaneidad. Es una realidad que ha suscitado en los habitantes de ese departamento una tendencia al contacto permanente y ateor&eacute;tico con la realidad". En ese mismo cap&iacute;tulo he escrito lo siguiente: "Es una &eacute;poca radicalmente nueva. El caf&eacute; exige que los colombianos est&eacute;n en permanente vinculaci&oacute;n con los problemas de la econom&iacute;a nacional. Es la tiran&iacute;a de los hechos econ&oacute;micos. La vida tiene ahora un estilo distinto, presenta unos modos diversos. El caf&eacute; ha modificado al hombre colombiano"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Avanzaba el mes de febrero y todav&iacute;a no finalizaba. Le escribi&oacute; a Cos&iacute;o Villegas que hacia el 10 de marzo recibir&iacute;a los originales. Los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos se hab&iacute;an demorado en espera de estad&iacute;sticas solicitadas en las lejanas y algo demoradas oficinas de Bogot&aacute;<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. Pero diez d&iacute;as despu&eacute;s le manifest&oacute; con regocijo:</p> <ol>Fiel a lo prometido le remito los originales de la obra "El caf&eacute; y la sociedad colombiana". Cuando usted tenga ocasi&oacute;n de leerla ver&aacute; que result&oacute; un breve tratado elemental de sociolog&iacute;a colombiana &#91;...&#93; Procur&eacute; ajustarme a los t&eacute;rminos del contrato. No hay un recargo de citas ni de estad&iacute;sticas. Es un ensayo <i>ligero</i>. Lo escrib&iacute; pensando m&aacute;s en el lector americano que en el colombiano. Si mal no recuerdo &#91;el documento lo dej&eacute; en Bogot&aacute;&#93; en el texto del contrato se estipulaban los m&aacute;rgenes que deb&iacute;an tener las p&aacute;ginas de los originales a m&aacute;quina y el n&uacute;mero de las mismas. No s&eacute; si las 55 p&aacute;ginas que tiene el ensayo a m&aacute;quina &#91;alcancen la&#93; extensi&oacute;n adecuada en relaci&oacute;n al formato habitual de las obras de la colecci&oacute;n Tierra Firme<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>.    </ol>     <p>La respuesta no se hizo esperar. Cos&iacute;o Villegas lament&oacute; que Nieto no tuviera a mano el contrato, donde se estipulaba con claridad que la extensi&oacute;n m&iacute;nima era de 150 p&aacute;ginas y la m&aacute;xima de 300. Las hojas enviadas apenas llegaban a un folleto. "Lo que usted nos ha enviado solo es la tercera parte de lo que necesitamos". No eran suficientes para un libro<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. Nieto contest&oacute; que pod&iacute;a aumentar las p&aacute;ginas, pero el director del Fondo, siempre ocupado, lo dej&oacute; a su elecci&oacute;n. Present&iacute;a que el libro se demoraba y que en su actual estado dif&iacute;cilmente llegar&iacute;a a buen t&eacute;rmino. Nieto pareci&oacute; entenderlo y pronto archiv&oacute; sus folios y no volvi&oacute; a hablar del asunto. Meses despu&eacute;s, sin embargo, recibi&oacute; una autorizada y entusiasta carta del economista V&iacute;ctor Urquidi, estrecho colaborador del Fondo, y ahora funcionario del Banco Mundial en Washington, donde lo alentaba a continuar la investigaci&oacute;n:</p> <ol>En cuanto a su precioso ensayo sobre el caf&eacute;, se me ocurren algunos temas que quiz&aacute; podr&iacute;a usted hacer figurar en cap&iacute;tulo aparte, o bien ampliar en donde est&aacute;n, si es que piensa alargar el estudio para darle la magnitud de una de las obras de Tierra Firme. Los temas son los siguientes: 1) el caf&eacute; en la depresi&oacute;n de 1929-1933 y consecuencias de &eacute;sta; 2) el caf&eacute; y la t&eacute;cnica agr&iacute;cola; 3) el caf&eacute; y las organizaciones obreras o el movimiento sindical; 4) el caf&eacute; y la Flota Mercante Grancolombiana, y 5) el caf&eacute; y las finanzas p&uacute;blicas. Me doy cuenta de que en muchos casos ser&iacute;a un poco de repetici&oacute;n, pero valdr&iacute;a la pena tal vez concentrar en un solo cap&iacute;tulo o secci&oacute;n algo de lo que se dice en diversas partes. En cualquier forma, no tengo sino admiraci&oacute;n por lo que me parece ser un estupendo estudio sociol&oacute;gico, adem&aacute;s magn&iacute;ficamente escrito<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.    </ol>     <p>Nieto agradeci&oacute; las sugerencias, bastante ricas por cierto, pero ahora su mente estaba en otra parte. Un nuevo inter&eacute;s embargaba su coraz&oacute;n y a &eacute;l se entreg&oacute; de lleno durante los convulsionados d&iacute;as que siguieron al asesinato de su abominado Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n. "No le hab&iacute;a contestado -le manifest&oacute; a Urquidi- porque me hab&iacute;a dedicado a escribir con febril entusiasmo e ingenua alegr&iacute;a una obra org&aacute;nica de filosof&iacute;a que se llamar&aacute; 'L&oacute;gica y ontolog&iacute;a'. Ya tengo 110 p&aacute;ginas a m&aacute;quina. Creo que la filosof&iacute;a me ganar&aacute; definitivamente para su causa, pero &#91;tambi&eacute;n s&eacute; que&#93; no podr&eacute; abandonar totalmente la objetiva, seca y dura ciencia econ&oacute;mica"<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>.</p>     <p>El estudio sobre el caf&eacute; se conoci&oacute; una d&eacute;cada despu&eacute;s de su apurada redacci&oacute;n en los calores de R&iacute;o de Janeiro. Gerardo Molina lo rescat&oacute; de los papeles p&oacute;stumos de su amigo y lo llev&oacute; a la imprenta en 1958, en un folleto de 98 p&aacute;ginas auspiciado por la ef&iacute;mera colecci&oacute;n Breviarios de Orientaci&oacute;n Colombiana. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el severo Luis Ospina V&aacute;squez, poco dado al elogio, lo llam&oacute; "op&uacute;sculo de mucho arte y sabor" (1960, 16). El marxista-leninista Jaime Cu&eacute;llar, m&aacute;s conocido como Anteo Quimbaya, uno de sus primeros cr&iacute;ticos, lo calific&oacute; de "jugoso ensayo" (1967, 97). El folleto se gan&oacute; el favor del p&uacute;blico y se convirti&oacute; en lectura obligada en los cursos universitarios de ciencias sociales. Profesores y estudiantes de historia y problemas agrarios colombianos se apropiaron de su marco de referencia para emprender investigaciones sobre el desarrollo. Ser&iacute;a uno de sus textos m&aacute;s editados y citados y, junto a <i>Econom&iacute;a y cultura en la historia de Colombia</i>, la obra que lo llevar&iacute;a a ocupar un puesto de liderazgo en la ciencia social nacional. A&ntilde;os despu&eacute;s apareci&oacute; incluso un fasc&iacute;culo divulgativo del periodista Rafael Duque Naranjo (2002) -de amplio uso entre docentes y alumnos de pregrado y de la ense&ntilde;anza media-, que resum&iacute;a, explicaba y actualizaba sus datos. En pocas palabras, lo negado en una &eacute;poca se traduc&iacute;a en exaltaci&oacute;n y fogosidad en la siguiente.</p>     <p><i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana </i>es un ensayo sociol&oacute;gico de &iacute;ndole monogr&aacute;fica. Consta de nueve cap&iacute;tulos que tratan asuntos econ&oacute;micos, sociales, culturales y pol&iacute;ticos. Los tres primeros, los de mayor fuerza anal&iacute;tica, presentan el marco de referencia del estudio, pero a medida que llegan los otros el texto pierde su norte y el autor se entrega a la especulaci&oacute;n sin freno. En ellos se opacan el historiador y el soci&oacute;logo y surgen el periodista y el cr&iacute;tico social valorativa-mente orientado. En las &uacute;ltimas p&aacute;ginas brotan los temas en forma inesperada y el ensayo empieza a deshacerse ante los ojos del lector. El argumento central desaparece y las frases vac&iacute;as y categ&oacute;ricas, las posturas impresionistas y la libre asociaci&oacute;n terminan por gobernar el op&uacute;sculo (Palacios, 2002, 269-270).</p>     <p>El enfoque y los problemas de <i>El caf&eacute; </i>eran una prolongaci&oacute;n de las discusiones de <i>Econom&iacute;a y cultura</i>. Temas desvanecidos en sus p&aacute;ginas, como el papel de los antioque&ntilde;os en el desarrollo nacional (Nieto, 1941, 343-346), colmaban ahora el escenario para explicar el nacimiento de la Colombia moderna. En la esfera te&oacute;rica, el dominio de las fuerzas econ&oacute;micas sobre las "superestructuras", tan pronunciadas en <i>Econom&iacute;a y cultura</i>, cede terreno ante la acci&oacute;n de otros impulsos. Si bien buscaba mostrar que el caf&eacute;, una realidad econ&oacute;mica, hab&iacute;a suscitado profundas transformaciones hasta moldear la imagen de la nueva Colombia, las tradiciones, las creencias y la acci&oacute;n pol&iacute;tica jugaban un papel moderado pero no por ello menos significativo.</p>     <p>El ensayo se inicia con una meditaci&oacute;n acerca de las condiciones internas y externas de la expansi&oacute;n del grano. Las internas se refieren a las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas de la naci&oacute;n y las externas a las circunstancias del mercado mundial. Haciendo suya la generalizaci&oacute;n de Luis L&oacute;pez de Mesa, "Colombia, una civilizaci&oacute;n de vertiente" (1934, 29-31 y 95-96), muestra que la poblaci&oacute;n, despu&eacute;s de un inicial asentamiento en las tierras altas y de clima fr&iacute;o, se fue desplazando paulatinamente hacia las faldas de las cordilleras oriental, central y occidental. En ellas encontr&oacute; un medio adecuado para la explotaci&oacute;n del caf&eacute;, infusi&oacute;n de gran recepci&oacute;n en el mercado internacional a fines del siglo XIX y principios del XX. Esta colonizaci&oacute;n dio lugar a la fundaci&oacute;n de pueblos y ciudades intermedias con vivencias no experimentadas en el pasado. En pocos a&ntilde;os sus habitantes se familiarizaron con la administraci&oacute;n municipal, los servicios p&uacute;blicos y la agitaci&oacute;n pol&iacute;tica. A todo esto se sumaron las escuelas y colegios, las calles y avenidas asfaltadas, los transportes, el comercio, la banca, los clubes y el consumo de productos provenientes de la capital y del extranjero ofrecidos por almacenes asentados en las calzadas y arterias centrales de los pueblos. En las vertientes de los departamentos de Antioquia y Caldas, las m&aacute;s propicias para el cultivo del arbusto se fundaron Salamina, Aguadas y P&aacute;cora; en el Tolima, Fresno y El L&iacute;bano y, junto a estas poblaciones, los antiguos asentamientos de Armenia, Pereira y Manizales crecieron con celeridad hasta hacerse ciudades y dejar atr&aacute;s, en una generaci&oacute;n, la monoton&iacute;a de los antiguos y todav&iacute;a frescos vecindarios espa&ntilde;oles.</p>     <p>La expansi&oacute;n del caf&eacute; super&oacute; la producci&oacute;n local cerrada y aut&aacute;rquica del mundo colonial, que se prolong&oacute; hasta bien entrado el siglo XIX. La Colonia era una econom&iacute;a de archipi&eacute;lago, dispersa, sin v&iacute;nculos entre el conjunto de la Nueva Granada. Las comunicaciones eran precarias y los pueblos y aldeas vegetaban alejados del trabajo y la riqueza de las dem&aacute;s regiones. Eran d&iacute;as en que se desperdiciaba la cosecha de trigo en el interior de la Rep&uacute;blica y se lo demandaba con urgencia en el litoral Atl&aacute;ntico. El tabaco, la quina y el a&ntilde;il fueron el primer esfuerzo por crear una din&aacute;mica nacional, pero solo incluyeron zonas muy reducidas del pa&iacute;s y no sobrevivieron mucho tiempo. El tabaco se localiz&oacute; en la Costa, en el Valle del Cauca y en Ambalema sobre el r&iacute;o Magdalena, y la quina y el a&ntilde;il, de car&aacute;cter extractivo, se esfumaron con la misma prontitud con la que se hab&iacute;a anunciado su aurora. Con el caf&eacute; ocurri&oacute; algo diferente. Nunca desapareci&oacute; ni retrocedi&oacute;; siempre estuvo en franca expansi&oacute;n. En las vertientes hall&oacute; un h&aacute;bitat propicio y en la poblaci&oacute;n que las habitaba, la mano de obra que requer&iacute;a su explotaci&oacute;n. Era un producto para el consumo nacional y para el comercio internacional y, al afirmarse, florecieron los caminos, los ferrocarriles, las carreteras, los fondeaderos sobre los r&iacute;os y los puertos mar&iacute;timos sobre el Atl&aacute;ntico y el Pac&iacute;fico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Detr&aacute;s de todo esto vino la formaci&oacute;n y expansi&oacute;n del mercado interno. La producci&oacute;n del interior se relacion&oacute; con la producci&oacute;n de la Costa, y la tierra fr&iacute;a intercambi&oacute; sus mercanc&iacute;as con las de los climas c&aacute;lidos y templados. El cultivo del caf&eacute; ampli&oacute;, adem&aacute;s, la capacidad de consumo y, tras ello, la industria y la actividad urbana. Aument&oacute; el n&uacute;mero de heredades y se democratiz&oacute; la propiedad. El colono que llegaba a las deshabitadas tierras de las vertientes y descuajaba la selva con su familia, legitimaba la alquer&iacute;a reci&eacute;n abierta mediante el trabajo y la ocupaci&oacute;n. Esto produjo una clase media rural de peque&ntilde;os propietarios con ideolog&iacute;as de afirmaci&oacute;n e independencia personales ajenas a la mentalidad feudal. Mientras que en otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina "fue necesario eliminar el feudalismo mediante reformas agrarias leves o fundamentales", en Colombia no hubo necesidad de emprender transformaciones radicales del agro. El caf&eacute; estimul&oacute; estos cambios de manera natural y sin mayores traumatismos.</p>     <p>La exportaci&oacute;n del caf&eacute; foment&oacute; las importaciones, acrecent&oacute; la industria y multiplic&oacute; el comercio de mercanc&iacute;as de las f&aacute;bricas reci&eacute;n fundadas. En el mundo rural extendi&oacute; el trabajo y la cultura del salario en hombres y mujeres dedicados al cuidado de la cosecha, a la recolecci&oacute;n del grano y a su laborioso procesamiento en las trilladoras. Aceler&oacute;, igualmente, el n&uacute;mero de trabajadores encargados de conducir, almacenar, cargar y descargar la producci&oacute;n por la estrujada geograf&iacute;a nacional hasta su destino final.</p>     <p>Una vez registr&oacute; los anteriores procesos de gran alcance, Nieto ense&ntilde;&oacute; sus consecuencias en la pol&iacute;tica y la cultura. Estableciendo correlaciones no siempre persuasivas, y algunas francamente espurias. Afirm&oacute; que los cafetales trajeron la estabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica. Antes de su irrupci&oacute;n todo era experimentaci&oacute;n, precariedad y contingencia. Las esperanzas depositadas en los fr&aacute;giles y huidizos productos del comercio internacional del siglo XIX -tabaco, quina y a&ntilde;il- se desvanecieron a los pocos a&ntilde;os y la pobreza nutri&oacute; las conductas movedizas, la inquietud y el desorden. Las guerras civiles -apunt&oacute;- brotaron en las regiones m&aacute;s pobres. La penuria produjo la anarqu&iacute;a pol&iacute;tica y el hurac&aacute;n desatado en las provincias paup&eacute;rrimas destruy&oacute; las pocas "islas de fecunda actividad econ&oacute;mica que hab&iacute;a en la naci&oacute;n".</p>     <p>Pero lleg&oacute; el caf&eacute; y con &eacute;l la mayor&iacute;a de edad. La seriedad y la firmeza manejaron los asuntos econ&oacute;micos. El grano acompa&ntilde;&oacute; el amanecer del siglo XX y liquid&oacute; la confusi&oacute;n, el desorden y las contiendas armadas de los a&ntilde;os anteriores. Trajo la paz, la seguridad y la riqueza. Al asentarse en las regiones de mayor densidad demogr&aacute;fica, la vertiente andina, llev&oacute; el progreso a todo el pa&iacute;s. A diferencia del pasado, no fue un fen&oacute;meno de zonas aisladas rodeadas de provincias pobres e inestables. Su fundamento social, la clase media rural, exigi&oacute; orden para el desarrollo pac&iacute;fico de sus actividades y subray&oacute; las funciones ancestrales del Estado: seguridad y protecci&oacute;n. Era la estabilidad econ&oacute;mica suscitando la solidez pol&iacute;tica.</p>     <p>Nieto subray&oacute; el papel de los sectores medios y los contrast&oacute; con la estratificaci&oacute;n social del per&iacute;odo colonial y del siglo XIX. Eran lo opuesto al viejo latifundista descendiente de familias que se hab&iacute;an adjudicado or&iacute;genes aristocr&aacute;ticos. Para estos "la sangre y no el dinero era el valor fundamental para la vida social". Sus antepasados vivieron del trabajo ind&iacute;gena y de la explotaci&oacute;n de los esclavos tra&iacute;dos de &Aacute;frica. Eran ausentistas, de vida ociosa y contemplativa, muy dados a denigrar del trabajo manual. "Un grupo social reaccionario afiliado al partido conservador", incapaz de explotar racionalmente sus haciendas. Pero el caf&eacute;, vinculado a la peque&ntilde;a propiedad adquirida mediante el cultivo directo de la tierra, rompi&oacute; con esta estructura y cre&oacute; "el propietario territorial liberal". Sus miembros afirmaron el trabajo independiente, creador y fecundo. Con tes&oacute;n promovieron la tolerancia y la creaci&oacute;n de movimientos pol&iacute;ticos, como el Republicanismo de Carlos E. Restrepo, dirigidos a borrar las divergencias que dilapidaban la riqueza de la naci&oacute;n. Muy propenso a la conclusi&oacute;n apresurada, declar&oacute;:</p> <ol>De la infancia a la edad madura, del desorden a la estabilidad, de la an&aacute;rquica subjetividad a la mesurada y fr&iacute;a objetividad, h&eacute; ah&iacute; las transformaciones hist&oacute;ricas que el caf&eacute; produce en Colombia. Los peque&ntilde;os productores, los propietarios que han cultivado ellos mismos la tierra, han triunfado. <i>La paz y la tranquilidad reinan en Colombia </i>(Nieto, 1958, 45)<sup><a name="nu01"></a><a href="#num10">10</a></sup>.    </ol>     <p>Era el a&ntilde;o de 1948 y no se daba cuenta de la violencia rural que azotaba el pa&iacute;s y que se acelerar&iacute;a con la llegada de Laureano G&oacute;mez al poder en 1950, de la cual Nieto ser&iacute;a v&iacute;ctima. Un analista extranjero se&ntilde;al&oacute;:</p> <ol>Como si se tratara de una maldici&oacute;n, una violencia aterradora arras&oacute; el pa&iacute;s. Las libertades civiles murieron y los partidos de oposici&oacute;n fueron silenciados: bandas de campesinos libraron batallas campales con el ej&eacute;rcito y la polic&iacute;a; refugiados aterrorizados invadieron por miles las ciudades despoblando el campo &#91;y&#93; las c&aacute;rceles se llenaron de presos pol&iacute;ticos (Fluharty, 1981, 9-10).    </ol>     <p>El eufemismo era a&uacute;n m&aacute;s engorroso pues se sabe que conoc&iacute;a los hechos por informes directos de sus amigos. El jurista Vicente Laverde Aponte, alumno de Nieto y futuro Ministro de Justicia, le envi&oacute; a principios de 1948 una conmovedora descripci&oacute;n de la situaci&oacute;n:</p> <ol>En nuestro "bello pa&iacute;s colombiano" las cosas andan terriblemente mal. Los godos est&aacute;n matando gente en Santander que da miedo. Hay m&aacute;s de trescientos exiliados pol&iacute;ticos en Venezuela. La regi&oacute;n cercana a la frontera fue tomada por los azules a sangre y fuego, tal como lo prometi&oacute; &#91; Jos&eacute; Antonio&#93; Montalvo en el Senado. Incendiaron, robaron, saquearon, violaron, etc., etc. Hace dos d&iacute;as empez&oacute; el baile en Santander del Sur y ya lleva varios meses en Bol&iacute;var, donde el gobernador &#91; Jos&eacute; Gabriel&#93; de La Vega, siempre borracho, recorre los pueblos haciendo campa&ntilde;a conservadora. Su comitiva la componen varios camiones llenos de <i>manzanillos </i>y de aguardiente. A Boyac&aacute; no hay para qu&eacute; mencionarlo. A principios de diciembre hice un viaje a Soat&aacute; en una diligencia judicial y tuve ocasi&oacute;n de ver lo que es el miedo reflejado en las caras de las gentes. El tono de voz, el gesto, la mirada, indican el estado de terror. Entonces me di cuenta de lo que debi&oacute; ser la persecuci&oacute;n fascista en Alemania. Le juro, profesor, que la literatura de Malraux, Silone, Anna Seghers y dem&aacute;s escritores apenas puede dar idea de lo que est&aacute;n sufriendo los pobres boyacenses bajo el gobierno de Uni&oacute;n Nacional. Los campos est&aacute;n vac&iacute;os. Se han formado sociedades de especuladores para comprar tierras a menos precio. Las comunicaciones &#91;son&#93; controladas extralegalmente. La polic&iacute;a integrada por bandoleros. Hay asesinos sueltos condenados a 24 a&ntilde;os escapados de los pan&oacute;pticos y contra quienes existen &oacute;rdenes de captura, que se pavonean por las calles de los pueblos y toman cerveza y ron en todas las plazas junto con las autoridades. Todas las noches se abalean casas, se encarcela arbitrariamente y se asesina. Todo fomentado por el gobernador &#91; Jos&eacute; Mar&iacute;a&#93; Villareal<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando Nieto cerr&oacute; el manuscrito, registr&oacute; en la &uacute;ltima p&aacute;gina la fecha de finalizaci&oacute;n: R&iacute;o de Janeiro, marzo 6 de 1948. Treinta y cuatro d&iacute;as despu&eacute;s, el 9 de abril, el centro de Bogot&aacute; ard&iacute;a en llamas. &iexcl;Mataron a Gait&aacute;n! Un joven de 26 a&ntilde;os descarg&oacute; su rev&oacute;lver sobre la humanidad del l&iacute;der popular liberal y seguro futuro presidente de la Rep&uacute;blica en el per&iacute;odo 1950-1954. Muchedumbres enfurecidas se tomaron las calles de la ciudad, saquearon almacenes e incendiaron casas, edificios, iglesias y tranv&iacute;as. Era la manifestaci&oacute;n citadina de lo que despu&eacute;s se conoci&oacute; como la <i>Violencia</i>, los prolongados conflictos urbanos y rurales que el auge del caf&eacute; no logr&oacute; apaciguar<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>     <p>Pero aqu&iacute; no terminaban las ense&ntilde;anzas del ensayo de Nieto. A su juicio, la expansi&oacute;n del grano alent&oacute; el ascenso pol&iacute;tico de las regiones productoras. El occidente colombiano, tan relegado en el siglo XIX, adquiri&oacute; presencia en los asuntos del Estado. Se hizo clara la influencia de presidentes, ministros, banqueros, industriales y financistas provenientes de Antioquia, Caldas, Tolima y el Valle del Cauca. Eran los d&iacute;as en que se dec&iacute;a que no hab&iacute;a m&aacute;s Ministro de Hacienda que el precio del caf&eacute; y que un congreso de cafeteros ten&iacute;a m&aacute;s influencia que el Congreso de la Rep&uacute;blica (Nieto, 1958, 49; Palacios y Saford, 2002, 498). Igual sucedi&oacute; con la cultura intelectual. En la &eacute;poca anterior al apogeo del caf&eacute; la ilustraci&oacute;n colombiana era "una cultura humanista y abstracta". Dominaban la <i>philosophia perennis </i>y "los suaves humanistas" entregados a la literatura del Siglo de Oro, a la filolog&iacute;a y al estudio del lat&iacute;n y el griego. La realidad circundante no interesaba a sus representantes. Todo les parec&iacute;a mansedumbre y sosiego: h&aacute;bitos sencillos, devoci&oacute;n religiosa, regocijo dominical. La explosi&oacute;n cafetera dej&oacute; atr&aacute;s todo esto. Surgieron la sociolog&iacute;a (la ciencia de la crisis y del cambio social), la ciencia econ&oacute;mica y las instituciones encargadas de fortalecer la racionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y del Estado. Promovi&oacute; la creaci&oacute;n de la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros, la fundaci&oacute;n del Banco Central para controlar la masa monetaria, el establecimiento de la Superintendencia Bancaria para regular el capital financiero y el trazo de un sistema nacional de carreteras para desarrollar el comercio. Nieto remat&oacute; con premura: "El juego infantil del siglo XIX hab&iacute;a cesado. Se inicia la decadencia de lo cl&aacute;sico y se abandonan las in&uacute;tiles y estorbosas discusiones pol&iacute;ticas de contenido ideol&oacute;gico".</p>     <p>Detr&aacute;s de todo esto estaba el antioque&ntilde;o, un nuevo tipo de hombre en permanente vinculaci&oacute;n con los problemas del pa&iacute;s. A diferencia de los habitantes de las dem&aacute;s provincias, los antioque&ntilde;os eran "realistas, l&uacute;cidos y claros". Ten&iacute;an un inter&eacute;s particular por los problemas econ&oacute;micos que anunciaba, como lo hab&iacute;a manifestado en la carta a Pedro Rueda Mart&iacute;nez, una remota huella sem&iacute;tica. Este arquetipo estaba representado por hombres como Esteban Jaramillo (1874-1947), portador de una amplia y universal cultura, de una fina e inmediata comprensi&oacute;n de la econom&iacute;a y de una personalidad afincada en la serenidad, objetividad, sobriedad y tenacidad en las decisiones. Pero sobre todo por figuras como el presidente Pedro Nel Ospina (1858-1927), iniciador de una nueva &eacute;poca, "que conceb&iacute;a a Colombia como una gran f&aacute;brica en la cual el proceso de creaci&oacute;n de mercanc&iacute;as y de riqueza deb&iacute;a ser continuo". Ospina era gerente, empresario, hombre din&aacute;mico e impetuoso que, "afortunadamente, no fue un intelectual"<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>.</p>     <p>Si bien el desarrollo del caf&eacute; comprometi&oacute; al conjunto de la naci&oacute;n, asent&oacute; sus reales en el occidente colombiano. La geograf&iacute;a le fue propicia y la poblaci&oacute;n estaba lista a experimentar un producto que auguraba &eacute;xito comercial. Antioquia, Caldas y Valle del Cauca produc&iacute;an el 70%. Esto plante&oacute; de nuevo la existencia de dos Colombias, aunque no las mismas que tutelaron la econom&iacute;a del pasado. En <i>Econom&iacute;a y cultura </i>mostr&oacute; que desde finales de la Colonia hasta mediados del siglo XIX se pod&iacute;an distinguir dos econom&iacute;as y dos sociedades: la del oriente y la de la regi&oacute;n central (Nieto, 1941, 11-15). Ahora volv&iacute;a sobre estas diferencias. El oriente, el actual territorio de los Santanderes, con una econom&iacute;a agr&iacute;cola de peque&ntilde;os campesinos y una industria textil manufacturera en discretas agrupaciones urbanas, transformaba el algod&oacute;n producido en la regi&oacute;n y lo vend&iacute;a en el mercado local. No estaba orientado al exterior. La regi&oacute;n central, Boyac&aacute; y Cundinamarca, descansaba en el latifundio y en la explotaci&oacute;n ind&iacute;gena. All&iacute; "los campesinos son pobres y harapientos &#91;...&#93; antiguos chibchas transformados en una suerte de siervos de la gleba" (Nieto, 1958, 64). En esos a&ntilde;os el occidente no ten&iacute;a mayor presencia. Caldas estaba formada por monta&ntilde;as y selvas inh&oacute;spitas y Antioquia apenas abr&iacute;a sus minas con mano de obra esclava junto a una econom&iacute;a agr&iacute;cola para el consumo familiar. El caf&eacute; trastorn&oacute; este escenario y cre&oacute; dos nuevos pa&iacute;ses: un occidente din&aacute;mico de "aut&eacute;ntica econom&iacute;a capitalista" y un oriente estancado que todav&iacute;a no se liberaba del latifundio y de las pr&aacute;cticas coloniales. "El gran r&iacute;o Magdalena es la l&iacute;nea divisoria de esas dos Colombias". El caf&eacute; las un&iacute;a, pero no alcanzaba a superar las diferencias enraizadas en el pasado. "Es el dualismo fundamental de la econom&iacute;a colombiana" que volv&iacute;a a manifestarse y se resist&iacute;a a morir.</p>     <p>Este dualismo suscit&oacute; un movimiento de autonom&iacute;a administrativa en la &eacute;lite cafetera, industrial y comercial, conocido con el mote de "descentralismo". Sus finalidades eran confusas, pero no por ello menos sentidas. Si el occidente produc&iacute;a mayor riqueza tambi&eacute;n ped&iacute;a que sus impuestos, administrados por la naci&oacute;n, se vieran reflejados en una ampliaci&oacute;n de las obras p&uacute;blicas de la regi&oacute;n, en una mejora de sus v&iacute;as de comunicaci&oacute;n y en mayores cuotas de importaci&oacute;n para el desarrollo de sus industrias. Esto dio lugar a una conciencia de la sociedad frente al Estado. Se fortaleci&oacute; la sociedad civil, los ciudadanos y sus organizaciones trabajando por fuera de las estructuras gubernamentales para la consecuci&oacute;n de sus fines. "La sociedad civil no es otra cosa que la vida del ciudadano que no est&aacute; sometida a ning&uacute;n poder eclesi&aacute;stico o estatal", se&ntilde;al&oacute; con aire desenvuelto Hermann Heller (1942, 129). Nieto no us&oacute; el concepto de sociedad civil, pero apunt&oacute; a sus manifestaciones tal como fueron sugeridas por Hegel y Marx: los individuos actuando por fuera del Estado en pos de sus intereses. A su juicio, la creaci&oacute;n de riqueza gir&oacute; en el pasado alrededor del gobierno central. No hab&iacute;a iniciativa particular; el Estado era una entidad paternal, caritativa, indulgente, que todo lo quer&iacute;a dirigir y amparar. Las empresas de mayores consecuencias econ&oacute;micas proven&iacute;an de su empuje y aliento, una herencia colonial que perdur&oacute; a lo largo del siglo xix. El Estado era, adem&aacute;s, el gran dispensador de empleos proveniente del reparto de puestos por las adhesiones pol&iacute;ticas al partido de gobierno. Esto impidi&oacute; la creaci&oacute;n de un cuadro administrativo moderno con funcionarios especializados para el cabal desempe&ntilde;o de las tareas del organismo rector de la sociedad. Era una administraci&oacute;n de diletantes. "No hay burocracia -se&ntilde;al&oacute;-, tan solo hay empleoman&iacute;a. Los funcionarios del Estado carecen de ese peculiar sentido de la racionalidad y de la objetividad que ha de distinguir a la burocracia" (Nieto, 1958, 75)<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Eran los a&ntilde;os en que la sociedad se identificaba con el Estado; una y otro eran lo mismo. A juicio de Nieto, el caf&eacute; pulveriz&oacute; este asfixiante monopolio. El grano naci&oacute; en condiciones internas y externas muy precisas que nada o poco tuvieron que ver con iniciativas estatales. "Es una realidad nueva: unas labores eminentemente productivas de riqueza que no est&aacute;n subordinadas al Estado, ni han tenido que ser expresamente propiciadas por &eacute;l &#91;...&#93; Es una afirmaci&oacute;n de la sociedad ante el Estado" (ib&iacute;d., 77-78).</p>     <p>Con el caf&eacute; surgen, adem&aacute;s, nuevas clases sociales. En el pasado predominaban los amos y los esclavos, los jornaleros y los propietarios de la tierra, los funcionarios p&uacute;blicos, los comerciantes al por menor y los maestros y aprendices caracter&iacute;sticos de los talleres artesanales del oriente del pa&iacute;s. En la Colombia moderna, la de aroma de caf&eacute;, florecen nuevas clases y con ellas una nueva sociedad. Despu&eacute;s de ampliar el mercado interno para la futura producci&oacute;n industrial, "suscita la formaci&oacute;n de una econom&iacute;a capitalista" y con ella surgen la burgues&iacute;a y el proletariado, grandes exportadores y comerciantes al por mayor.</p>     <p>Y aqu&iacute; Nieto volvi&oacute; sobre la cultura intelectual. Si "el ser social determina el pensar social", la filosof&iacute;a, las artes y las ciencias sociales tambi&eacute;n debieron cambiar para dar cuenta de las nuevas realidades. En forma nada f&aacute;cil de entender para el lector contempor&aacute;neo, escribe: "siendo el caf&eacute; la autonom&iacute;a de la sociedad ante el Estado y habiendo ocasionado fundamentales transformaciones hist&oacute;ricas, est&aacute; vinculado a la ampliaci&oacute;n y el perfeccionamiento de la sociolog&iacute;a colombiana". Y a&ntilde;ade: "Sin el caf&eacute; la sociolog&iacute;a colombiana no se habr&iacute;a perfeccionado, no habr&iacute;a podido estudiar las condiciones internas del desarrollo del capitalismo en Colombia" (ib&iacute;d., 81). &iquest;Quiere decir esto que la sociolog&iacute;a del siglo XIX -la de Salvador Camacho Rold&aacute;n, Rafael N&uacute;&ntilde;ez y de los hermanos Jos&eacute; Mar&iacute;a y Miguel Samper- era imperfecta por haber centrado su atenci&oacute;n en una sociedad agraria y atrasada?<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>     <p>Pero si esto ocurr&iacute;a con la sociolog&iacute;a, las artes y las humanidades no escapaban al impacto del caf&eacute;. Sus resultados no fueron tan solo empresarios, industriales y grandes comerciantes; tambi&eacute;n notables eruditos "de universales conocimientos" como Luis L&oacute;pez de Mesa y fil&oacute;sofos "egregios" como Cayetano Betancur. A ellos se suman los "insignes" pintores y escritores costumbristas de la din&aacute;mica Antioquia, de poblaci&oacute;n vertida al exterior. Sus habitantes han superado el ensimismamiento, la quietud y la contemplaci&oacute;n. All&iacute; "la costumbre es lo externo y la pintura es siempre pintura de lo concreto y de lo individual", afirma sin cortapisas para explicar el avance y la solidez de los artistas y escritores de Antioquia (ib&iacute;d., 88). De nuevo, si esto era as&iacute;, &iquest;c&oacute;mo explicar el florecimiento del costumbrismo animado por el peri&oacute;dico <i>El Mosaico </i>en la "atrasada" Bogot&aacute; de la segunda mitad del siglo XIX?, &iquest;en Antioquia la novela costumbrista expresaba impetuosas conductas "hacia afuera" y en la zona central los relatos de costumbres anunciaban calmosos y sosegados comportamientos "hacia adentro"?</p>     <p>En su af&aacute;n por explicar los logros y bondades de las regiones cafeteras, Nieto se abandona con frecuencia a las explicaciones <i>deus ex machina, </i>del desenlace pr&oacute;spero y venturoso de los procesos sociales y culturales sin atender a su verosimilitud. Cuando se ve en la necesidad de explicar la elevada natalidad de las regiones cafeteras, afirma que sus familias tienen numerosos hijos porque son "muy eficaces en la labor de extender el cultivo del caf&eacute; y de esperar que los primeros frutos maduren en el &aacute;rbol" (ib&iacute;d., 19). Lo mismo sucede cuando describe los rasgos de la poblaci&oacute;n que todav&iacute;a no se ha acomodado al pujante modo de vida de las regiones cafeteras. En el departamento del Tolima -dice- todav&iacute;a existe el hombre "de la yuca, el ma&iacute;z y el algod&oacute;n". Son individuos tranquilos, levemente ap&aacute;ticos, mestizos o mulatos, rasgos que contrastan con el car&aacute;cter emprendedor, airoso y de raza blanca de sus paisanos dedicados al caf&eacute;. Tambi&eacute;n se descubre en el Tolima al hombre del trigo, siempre "triste, callado, solitario, que produce para el mercado interno" (ib&iacute;d., 89-90). Es claro que el lector, guiado por Nieto, viaja aqu&iacute; por los ingeniosos terrenos de la literatura, lejos del control emp&iacute;rico y anal&iacute;tico de las ciencias sociales.</p>     <p>Al final del ensayo dedic&oacute; un cap&iacute;tulo, "Nueva vida, nuevos hombres", a compendiar las innovaciones del caf&eacute;. En sus p&aacute;ginas emprendi&oacute; una tipolog&iacute;a del hombre colombiano de fondo sociol&oacute;gico con elementos psicol&oacute;gicos derivados de la teor&iacute;a de los valores de la antropolog&iacute;a filos&oacute;fica. Era una aspiraci&oacute;n que ven&iacute;a de a&ntilde;os atr&aacute;s cuando se hab&iacute;a acercado a <i>El burgu&eacute;s </i>de Sombart y a la <i>La formaci&oacute;n de la conciencia burguesa en Francia </i>de Groethuysen. Siguiendo el ejemplo de estos autores, y las ense&ntilde;anzas de la filosof&iacute;a de la cultura y de la vida, aprovech&oacute; el estudio del caf&eacute; para ofrecer una primera aproximaci&oacute;n a las variaciones experienciales de los colombianos. "Esa historicidad de la vida -hab&iacute;a escrito en la discordia con Papini- permite describir y comprender los diversos tipos de hombre que han existido en la historia, las varias vidas que se han realizado"<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A su juicio, el caf&eacute; impuso un hombre distinto y tras &eacute;l una nueva vida que exaltaba el trabajo, la ganancia y la inversi&oacute;n; la audacia, la novedad y el riesgo. Ahora lo econ&oacute;mico y la noci&oacute;n de utilidad gobiernan la existencia de los moradores de pueblos y ciudades. El nuevo hombre es din&aacute;mico, no conoce el reposo; rechaza la desidia y condena la indolencia, el ocio y la pereza. Realza los negocios, la producci&oacute;n y el comercio; hace que su labor cotidiana sea fecunda y creadora. De las tareas puramente agr&iacute;colas pasa a las comerciales, y de una combinaci&oacute;n de ambas a las industriales. Antioquia es la expresi&oacute;n m&aacute;s acabada de esta renovaci&oacute;n de los valores. "Los antioque&ntilde;os son decisionistas, l&uacute;cidos, realistas, emprendedores". Superan la provincia, la insularidad y la vida sosegada del terru&ntilde;o. Miran hacia afuera, no est&aacute;n de espaldas al mundo (Nieto, 1948, 221; ver el cuadro siguiente).</p>     <p align="center"><a name="img1"></a><img src="img/revistas/rei/v14n27/v14n27a12img1.jpg"></p>     <p>Este hombre expresa el surgimiento de un nuevo tipo de sociedad. Atr&aacute;s ha quedado el mundo rural, cerrado, aislado, de vida comunitaria en parroquias de escaso comercio con sus vecinos. Es la vida sencilla, simple, contemplativa, de uso restringido del dinero, heredada de la Colonia y fundada en la explotaci&oacute;n rural para el consumo local. Estos &eacute;nfasis dan lugar a dos universos contrapuestos que Nieto describe con nociones marxistas ayudadas de algunos conceptos tomados de la sociolog&iacute;a alemana. Es la sociedad "feudal", precapitalista, agraria y premoderna <i>versus </i>la sociedad capitalista, industrial, urbana de amplio comercio nacional e internacional. Son dos naturalezas encontradas, dos modos de apreciar y de experimentar la vida. Dos climas sociales opuestos: el de la tradici&oacute;n y el de la modernidad; el de los comportamientos repetitivos y el de las novedosas conductas racionales; el de la econom&iacute;a natural y el de la econom&iacute;a monetaria; el de <i>l'ancien r&eacute;gime </i>estacionario y altamente estratificado y el de la "revoluci&oacute;n cafetera" igualitaria, abierta, resuelta y progresiva. Es el amable universo espiritual de la "comunidad" confrontado con el clima indiferente y pr&aacute;ctico de la "sociedad".</p>     <p>En esos d&iacute;as Nieto manifest&oacute; inter&eacute;s en la versi&oacute;n castellana de "la muy conocida y ya cl&aacute;sica obra de Ferdinand T&ouml;nnies, <i>Comunidad y sociedad</i>"<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup><i>. </i>No sabemos con cu&aacute;nto esmero se adentr&oacute; en sus cap&iacute;tulos y en el complejo examen de su argumentaci&oacute;n central. Pudo haberse servido de la presentaci&oacute;n condensada de Freyer que aparece en <i>La sociolog&iacute;a, ciencia de la realidad </i>o en la amable <i>Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a</i><sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup><i>. </i>Se sabe sin embargo que ley&oacute; los <i>Principios de sociolog&iacute;a</i>, donde el propio T&ouml;nnies, consciente de la importancia de su tipolog&iacute;a, resumi&oacute; y contrast&oacute; en un lenguaje llano los elementos t&iacute;pico-ideales de las relaciones comunitarias y de las societarias. Las primeras aluden a los v&iacute;nculos de intimidad, solidaridad, compa&ntilde;erismo y devoci&oacute;n a la amistad caracter&iacute;stica de las aldeas, los vecindarios estables y los grupos peque&ntilde;os. Las segundas apuntan al ego&iacute;smo, la competencia, la ganancia ilimitada de los medios urbanos y comerciales de gran tama&ntilde;o, donde la gente interact&uacute;a y se conoce, espor&aacute;dicamente, para ofrecer o solicitar un servicio. Esta &uacute;ltima es una "amistad" instrumental que se apoya en el reconocimiento rec&iacute;proco de que alguien es &uacute;til y necesario para otro. Su expresi&oacute;n jur&iacute;dica m&aacute;s clara y dominante en nuestros d&iacute;as es -seg&uacute;n T&ouml;nnies- el contrato, "el v&iacute;nculo propio que mantiene unidos a los disgregados miembros de la sociedad burguesa" (T&ouml;nnies, 1942, 88-89)<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>.</p>     <p>Este era el retrato del pa&iacute;s que dej&oacute; Nieto en su inteligente op&uacute;sculo franqueado por sutilezas discursivas. <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana </i>es un estudio impresionista, rico en ideas, sugerencias e hip&oacute;tesis. Abri&oacute; el tema del caf&eacute; y tras &eacute;l promovi&oacute; un campo fruct&iacute;fero de investigaci&oacute;n. Ligero e inorg&aacute;nico en numerosos pasajes -impreciso en los detalles, sugestivo en el conjunto-, sus cap&iacute;tulos brindan jugosas intuiciones emp&iacute;ricas y anal&iacute;ticas. Falto de verdad en sus apresuradas generalizaciones, dej&oacute; a los futuros observadores un marco de referencia para examinar las consecuencias del grano en el conjunto de la sociedad colombiana. Como se&ntilde;al&oacute; en su momento el perceptivo David Bushnell, sus trabajos son provocativos, pero solo constituyen "un punto de partida para la investigaci&oacute;n definitiva"<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. Su postulado central, Colombia no fue la misma despu&eacute;s del caf&eacute;, se ha convertido en un locus classicus y sigue siendo una verdad aceptada por los estudiosos m&aacute;s finos del per&iacute;odo. Es la idea que recorre el libro cl&aacute;sico de Marco Palacios, <i>El caf&eacute; en Colombia, </i>y que registran los manuales de historia de Colombia m&aacute;s perceptivos. Cuando lleg&oacute; el caf&eacute; al occidente colombiano hubo "una transformaci&oacute;n social", apunt&oacute; Bushnell en su popular <i>Colombia a pesar de s&iacute; misma </i>(1996, 236). El caf&eacute; ampli&oacute; y diversific&oacute; la base productiva de la naci&oacute;n y "fue considerado el motor de la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s", se&ntilde;alaron Palacios y Saford en su celebrada <i>Colombia: pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida </i>(2002, 502 y 504). Una vez m&aacute;s Nieto dejaba un interrogante de larga duraci&oacute;n para la historiograf&iacute;a nacional muy semejante al que hab&iacute;a planteado en Econom&iacute;a y cultura para el siglo XIX con el "significado hist&oacute;rico de 1850". En aquella ocasi&oacute;n se&ntilde;al&oacute; el medio siglo como un momento de grandes rupturas, "una revoluci&oacute;n social", caracterizado por la substituci&oacute;n de un modo de producci&oacute;n colonial, agrario y atrasado por un modo de producci&oacute;n din&aacute;mico de &iacute;ndole comercial y manufacturero. Eran los a&ntilde;os florecientes del tabaco, de la abolici&oacute;n de la esclavitud, la ca&iacute;da de los monopolios, la supresi&oacute;n de los estancos coloniales, la liquidaci&oacute;n de los resguardos ind&iacute;genas y la liberaci&oacute;n del comercio exterior (Nieto, 1941, 241)<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. Con El caf&eacute; ofrec&iacute;a de nuevo una seductora perspectiva para explicar las mudanzas de la Colombia del siglo XX, que ser&iacute;a continuada con mayor rigor te&oacute;rico y emp&iacute;rico por la siguiente generaci&oacute;n de analistas sociales.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Carta a Daniel Cos&iacute;o Villegas, R&iacute;o de Janeiro, 28 de diciembre de 1947.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Carta a Arturo G&oacute;mez Jaramillo, R&iacute;o de Janeiro, 15 de febrero de 1948.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Carta a Aurelio Caicedo Ayerbe, R&iacute;o de Janeiro, 3 de enero de 1948.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Carta a Pedro Rueda Mart&iacute;nez, R&iacute;o de Janeiro, 21 de febrero de 1948. Las citas corresponden a Nieto (Bogot&aacute;, 1958, 56-57).    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Carta a Daniel Cos&iacute;o Villegas, R&iacute;o de Janeiro, 22 de febrero de 1948.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Carta a Daniel Cos&iacute;o Villegas, R&iacute;o de Janeiro, 6 de marzo de 1948.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Carta de Daniel Cos&iacute;o Villegas, M&eacute;xico, 17 de marzo de 1948.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Carta de V&iacute;ctor L. Urquidi, Washington, 1&deg;. de junio de 1948.     <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Carta a V&iacute;ctor L. Urquidi, R&iacute;o de Janeiro, 7 de agosto de 1948.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Las it&aacute;licas son nuestras. La frase sobre "la paz y la tranquilidad" quiz&aacute; fuera una extensi&oacute;n de las dos sentencias que aparecen en los folios iniciales del libro de exaltaci&oacute;n nacional -muy conocido en la &eacute;poca- del ingeniero Diego Monsalve, <i>Colombia cafetera </i>(1927). En "Colombia -escribi&oacute; Monsalve-, la paz interna est&aacute; cimentada en forma imperecedera &#91;...&#93; Su poblaci&oacute;n es esencialmente pac&iacute;fica, laboriosa, inteligente y frugal". Posiblemente, los anaqueles de la embajada de Colombia en R&iacute;o de Janeiro contaban con una copia de este extenso y orientador libro, que ofrec&iacute;a una rica informaci&oacute;n sobre el pa&iacute;s de gran utilidad para los funcionarios del cuerpo diplom&aacute;tico en el exterior.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Carta de Vicente Aponte, Bogot&aacute;, 24 de enero de 1948. Aponte termin&oacute; as&iacute; su misiva: "Las noticias sobre persecuciones son aut&eacute;nticas. &iexcl;No hay exageraci&oacute;n!".    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Este es uno de los pasajes del ensayo m&aacute;s discutidos por los investigadores sociales nacionales y extranjeros. Para una muestra, ver Quimbaya (1967, 97-100), Hirschman (1977, 17), Bergquist (1988, 327-329) y Henderson (2006, 181-182).    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Nieto (1958, 56 y 59-60). En su entusiasmo por la figura de Ospina, Nieto forzaba los hechos. Olvidaba que, adem&aacute;s de ingeniero, era poeta, cuentista, periodista y autor, en la mejor tradici&oacute;n humanista, de un aplaudido ensayo sobre la leyenda de Fausto. El cr&iacute;tico literario B. San&iacute;n Cano, amigo personal de Ospina, escribi&oacute; en su obituario: Pedro Nel "era hombre de gusto firme y de vastas lecturas. Ten&iacute;a el dominio de la dicci&oacute;n po&eacute;tica y hay alguna de sus composiciones en verso que ocupan lugar distinguido en nuestras antolog&iacute;as" (San&iacute;n, 1998, 191). Ver tambi&eacute;n Robledo (1959, 145-157).    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Estas declaraciones portan, sin duda, evidentes resonancias weberianas, pero Nieto parece haberlas extra&iacute;do de otras fuentes como la citada <i>Teor&iacute;a del Estado </i>de Heller. All&iacute; el te&oacute;rico de la Rep&uacute;blica de Weimar indic&oacute; que el Estado moderno exige, formalmente, una burocracia fiel a sus tradiciones de honor, cerrada e impenetrable a la corrupci&oacute;n. "La administraci&oacute;n estatal, cada vez m&aacute;s extensa y complicada -escribi&oacute;- , hace preciso en todas sus ramas un cuerpo profesional de funcionarios, especializado y conocedor de los asuntos, cuya competencia y experiencia absorben una parte no peque&ntilde;a del poder estatal" (1942, 158 y 275).    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Sin mencionarlo, Nieto hac&iacute;a aqu&iacute; una aplicaci&oacute;n apurada de la visi&oacute;n de Hans Freyer, quien defini&oacute; la sociolog&iacute;a como la ciencia de la estructura, movimiento y tendencias de la sociedad actual, esto es, la "ciencia de la sociedad de clases del alto capitalismo". Freyer indic&oacute; que "en la medida en que surgen en la realidad hist&oacute;rica movimientos sociales que son independientes del Estado y que obedecen a leyes propias en su proceso, madura el pensamiento sociol&oacute;gico en el reino de la ciencia. Es el correlato espiritual de las revoluciones burguesas" (Freyer, 1944, 22 y 23).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Nieto sab&iacute;a que este enfoque requer&iacute;a un trabajo especial en archivos y fuentes nada f&aacute;ciles de cubrir. Era consciente de que deb&iacute;a consultar autobiograf&iacute;as, sermones, conferencias, peri&oacute;dicos, cartas privadas, diarios &iacute;ntimos, peri&oacute;dicos, textos literarios y cursos universitarios, sin olvidar las costumbres, las modas, las fiestas populares y los discursos pol&iacute;ticos (<i>ib&iacute;d., </i>222). Cabe recordar, adem&aacute;s, que en su ensayo Nieto no cita libro alguno, salvo una r&aacute;pida alusi&oacute;n a su <i>Econom&iacute;a y cultura, </i>la &uacute;nica obra sobre Colombia que ten&iacute;a a mano. <i>El caf&eacute; </i>era algo as&iacute; como un ensayo "escrito de memoria". Se sabe, sin embargo, que antes de salir de Bogot&aacute; para Brasil tuvo contacto con el joven Robert C. Beyer, que en aquellos d&iacute;as redactaba su tesis de doctorado para la Universidad de Minnesota, "The Colombian Coffee Industry: Origins and mayor trends, 1740-1940", la primera historia moderna del desenvolvimiento del grano en el pa&iacute;s.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Cartas a Cayetano Betancur, R&iacute;o de Janeiro, 7 de diciembre de 1947 y a N&eacute;stor Madrid-Malo, R&iacute;o de Janeiro, 14 de diciembre de 1947.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Freyer conceptu&oacute; que el volumen de T&ouml;nnies era "una de las obras m&aacute;s modernas de la actual sociolog&iacute;a &#91;y&#93; uno de los m&aacute;s bellos y fecundos libros que el siglo XIX ha legado al XX". Estas palabras redoblaban los aplausos de Weber estampados en su p&aacute;gina inicial<i>: </i>el "bello libro de F. T&ouml;nnies, <i>Comunidad y sociedad"</i>. El libro era "bello" por su tema, por la indecisa y juvenil prosa de afirmaci&oacute;n y ensayo que lo asiste, y por la lucidez te&oacute;rica que le abri&oacute; caminos insospechados a la siguiente generaci&oacute;n de analistas sociales.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>T&ouml;nnies estaba muy familiarizado con el marxismo. En 1921 public&oacute; un libro sobre la vida y obra de Marx muy semejante al que escribi&oacute; sobre Hobbes a finales del siglo XIX, y la primera edici&oacute;n alemana de <i>Comunidad y sociedad </i>(1887) llevaba el subt&iacute;tulo "Tratado del comunismo y del socialismo como formas emp&iacute;ricas de la vida social". Incluso se carte&oacute; con Engels a prop&oacute;sito de Comte y de Saint-Simon. (Existe versi&oacute;n castellana de esta misiva a cargo del colombiano Alberto Supelano). La contraposici&oacute;n comunidad-sociedad lleva a cuestas una ambivalencia. Puede entend&eacute;rsela como una etapa de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica (el paso de la comunidad a la sociedad), tal como aparece en el florecimiento y decadencia del vecindario medieval y el surgimiento y afirmaci&oacute;n de la gran ciudad del capitalismo moderno. Pero tambi&eacute;n se la puede concebir, y as&iacute; se hace hoy, como tipos ideales: primac&iacute;a de las relaciones afectivas (la "comuni&oacute;n de vida" que impera en la familia, en las aldeas o en los peque&ntilde;os poblados) o predominio de las relaciones fundadas en el c&aacute;lculo privado animado por los intereses individuales caracter&iacute;sticos de los grandes conglomerados (las que prevalecen en los acuerdos entre comerciantes, en los v&iacute;nculos deudor-acreedor de la banca moderna o en el acercamiento a la clientela por parte de las empresas de gran tama&ntilde;o). Pero la realidad muestra, usualmente, una mezcla de lo comunitario y de lo societario no siempre f&aacute;cil de diferenciar. Es tarea de la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica evaluar el clima dominante que acompa&ntilde;a la relaci&oacute;n objeto de estudio. Algunos autores, como el norteamericano Robert K. Merton, han enriquecido la tipolog&iacute;a con un caso intermedio, la <i>pseudo- Gemeinschaft </i>(seudocomunidad): fingir inter&eacute;s y calor humano para ganar el favor de los otros y orientar (manipular) su conducta en una direcci&oacute;n determinada. La industria de la propaganda es su mejor ejemplo (Merton, 1946, 142-143).    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Palabras de David Bushnell en el pr&oacute;logo a <i>Caf&eacute;</i><i> </i><i>y</i><i> </i><i>conflicto</i><i> </i>de Charles Bergquist, libro admirable que debe mucho a los trabajos hist&oacute;rico-sociol&oacute;gicos de Nieto.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>El ensayo de Nieto ha dado lugar a una literatura modesta pero creciente. Adem&aacute;s de los citados Ospina V&aacute;squez, Quimbaya, Hirschman, Palacios y Duque Naranjo, se deben mencionar el detenido estudio de J. S. Correa Restrepo (2003) y la conferencia (in&eacute;dita) de E. Posada Carb&oacute; (2007), que resalta la democratizaci&oacute;n de la industria cafetera fundada en el trabajo del peque&ntilde;o y mediano cultivador.    <br> <hr>     <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Bergquist, Ch. Los trabajadores en la historia latinoamericana, Bogot&aacute;, Siglo XXI, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-5996201200020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>2. Bergquist, Ch. Caf&eacute; y conflicto, Medell&iacute;n, FAES, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-5996201200020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. <i>Bushnell, D. Colombia, una naci&oacute;n a pesar de s&iacute; misma, Bogot&aacute;, Planeta</i>, <i>1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996201200020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>4. Correa R., J. S. "El caf&eacute; en la sociedad colombiana: una aproximaci&oacute;n cr&iacute;tica", Ensayos sobre el pensamiento econ&oacute;mico de Luis E. Nieto Arteta, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2003, pp. 39-99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996201200020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. <i>Duque N., R. El caf&eacute; en la sociedad colombiana &#91;de&#93; Luis Eduardo Nieto Arteta: an&aacute;lisis y actualizaci&oacute;n, Ediciones Esquilo, Bogot&aacute;, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996201200020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>6. Fluharty, V. L. La danza de los millones, Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996201200020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>7. Freyer, H. La sociolog&iacute;a, ciencia de la realidad, Buenos Aires, Losada, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996201200020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Freyer, H. Introducci&oacute;n a la sociolog&iacute;a, Madrid, Nueva &Eacute;poca, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996201200020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Heller, H. La teor&iacute;a del Estado, M&eacute;xico D.F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1942.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201200020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10.&nbsp;Henderson, J. D. La modernizaci&oacute;n en Colombia, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201200020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11.&nbsp;Hirschman, A. O. Salida, voz  y  lealtad, M&eacute;xico, D.F., Fondo  de Cultura Econ&oacute;mica, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201200020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>12. <i>L&oacute;pez de Mesa., L. De c&oacute;mo se ha formado la naci&oacute;n colombiana, Bogot&aacute;, </i>Librer&iacute;a Colombiana<i>, 1934.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201200020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>13.&nbsp;Merton, R. K. Mass persuasion, New York, Harper &amp; Brothers, 1946.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996201200020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14.&nbsp;Monsalve, D. Colombia cafetera, Barcelona, Artes Gr&aacute;ficas, 1927.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201200020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15.&nbsp;Nieto   A., L. E. <i>Econom&iacute;a y  cultura  en   la   historia   de   Colombia</i>, Bogot&aacute;, Ediciones Librer&iacute;a Siglo XX, 1941.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996201200020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16.&nbsp;Nieto A., L. E. <i>El caf&eacute; en la sociedad colombiana</i>, Bogot&aacute;, Breviarios de Orientaci&oacute;n Colombiana, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996201200020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>17.&nbsp;Nieto A., L. E. "Hombre y cultura en Latinoam&eacute;rica", Universidad Nacional de Colombia 11, febrero-abril de 1948.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996201200020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18.&nbsp;Ospina  V. L. "Perspectiva  hist&oacute;rica  de  la  econom&iacute;a  colombiana", Ciencias Econ&oacute;micas, 16, Medell&iacute;n, mayo de 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996201200020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19.&nbsp;Palacios, M. El caf&eacute; en Colombia: 1850-1970, Bogot&aacute;, Planeta, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996201200020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. <i>Palacios, M. y F. Safford. Colombia: pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida, Bogot&aacute;, Norma</i>, 2<i>002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996201200020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>21.&nbsp;Posada C., E. "Caf&eacute; y democracia en Colombia: reflexiones desde la historia", in&eacute;dito, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996201200020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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