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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA VOZ Y LA LEALTAD MEJORAN LA EFICIENCIA DE LOS MERCADOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Voice and loyalty play an important role because they facilitate market adjustments and improve efficiency. Conventional theory establishes an immediate relationship between prices and output, and ignores the complexities introduced by human interaction in markets. Voice and loyalty postpone exit, and these mechanisms will help companies to improve their relationships with customers. Hirschman's perspective builds bridges between economics and politics. As he said: "I hope to show political science academics the value of economic concepts, and economists the value of political ideas".]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>LA VOZ Y LA LEALTAD MEJORAN LA EFICIENCIA DE LOS MERCADOS</b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b>VOICE AND LOYALTY IMPROVE MARKET EFFICIENCY</b></font></p>     <p align="center"><I>Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez</I><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup>Doctor en Econom&iacute;a, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:jorgeivangonzalez@telmex.net. co">jorgeivangonzalez@telmex.net.co</a>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 20 de marzo de 2013, fecha de modificaci&oacute;n: 23 de abril de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 14 de mayo de 2013.</p> <hr>     <p><b><font size="3">RESUMEN</font></b></p>     <p>La voz y la lealtad cumplen un papel importante porque facilitan los ajustes en el mercado y mejoran la eficiencia. La teor&iacute;a convencional establece una relaci&oacute;n inmediata entre los precios y la salida, y desconoce las complejidades que introduce la interacci&oacute;n humana en los mercados. La voz y la lealtad posponen la salida, y estos mecanismos le ayudan a las empresas a mejorar sus relaciones con los clientes. Perspectiva de Hirschman ayuda a tender puentes entre la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica. Como &eacute;l dijo: "Espero mostrarle a los polit&oacute;logos la utilidad de los conceptos econ&oacute;micos, y a los economistas la utilidad de los conceptos pol&iacute;ticos".</p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: econom&iacute;a, pol&iacute;tica, interacci&oacute;n humana, eficiencia de mercado; JEL: B20, B41, O43&#93;</p> <hr>     <p><b><font size="3">ABSTRACT</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Voice and loyalty play an important role because they facilitate market adjustments and improve efficiency. Conventional theory establishes an immediate relationship between prices and output, and ignores the complexities introduced by human interaction in markets. Voice and loyalty postpone exit, and these mechanisms will help companies to improve their relationships with customers. Hirschman's perspective builds bridges between economics and politics. As he said: "I hope to show political science academics the value of economic concepts, and economists the value of political ideas".</p>     <p>&#91;<b>Keywords</b>: economics, politics, human interaction, market efficiency; JEL: : B20, B41, O43&#93;</p> <hr>      <p align="right">Homero Cuevas in memoriam<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>      <p>En el mundo real de la econom&iacute;a los ajustes no son autom&aacute;ticos. Las divergencias entre oferta y demanda no siempre se cierran alrededor de un precio de equilibrio, y aun en las ocasiones en que tal precio existe, la convergencia es lenta. <I>Salida, voz y lealtad</I>, de Albert Hirschman, es una invitaci&oacute;n a reflexionar sobre el comportamiento humano, no solo en la esfera de la pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n en el mundo econ&oacute;mico. Los ajustes que se realizan en el mercado son imperfectos. Las fallas que se presentan pueden ser corregidas a trav&eacute;s de la voz. Los precios no son suficientes para hacer los ajustes. Las personas que demandan bienes expresan su opini&oacute;n de diversas maneras, y este comportamiento puede modificar la actitud de los oferentes. Los productores no reaccionan &uacute;nicamente a los precios, tambi&eacute;n tienen en cuenta la voz y la lealtad de los consumidores. El mercado no es la relaci&oacute;n impersonal entre precios y cantidades. Es un resultado de la <I>acci&oacute;n humana</I>, en la cual los valores cumplen un papel central. La preocupaci&oacute;n por la acci&oacute;n humana es clara en von Mises. Su concepci&oacute;n del mercado pone en primer plano la interacci&oacute;n entre los sujetos. Los procesos de mercado no son impersonales. Los precios se forman en los mercados como resultado de la oferta y la demanda de bienes, generadas por individuos que act&uacute;an de acuerdo con valores y juicios subjetivos. En sus palabras: </p>     <blockquote>     <p>El mercado no es un lugar, una cosa o una entidad colectiva. El <I>mercado es un proceso que est&aacute; constituido por la interacci&oacute;n de varios individuos </I>que cooperan bajo la divisi&oacute;n del trabajo. Las fuerzas que determinan los cambios del mercado son los juicios de valor de los individuos, y las acciones que se derivan de dichos juicios de valor. El estado del mercado en cualquier instantes la estructura de precios. Ello significa que la <I>totalidad de las relaciones de intercambio dependen de la interacci&oacute;n entre quienes desean comprar y quienes desean vender. En su totalidad, el proceso de mercado depende de la acci&oacute;n humana</I>. Cada uno de los fen&oacute;menos del mercado est&aacute; soportado en decisiones espec&iacute;ficas de los miembros de la sociedad de mercado (von Mises, 1949, posici&oacute;n 5496-5501, &eacute;nfasis m&iacute;o). </p></blockquote>      <p>La frase de von Mises ayuda a entender el significado de la <I>salida</I>, la <I>voz</I> y la <I>lealtad</I> en el pensamiento de Hirschman. Estas tres dimensiones de la acci&oacute;n humana tienen validez en el terreno pol&iacute;tico y en el &aacute;mbito del mercado. Pero, sobre todo, permiten hacer expl&iacute;cita la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica existente en los procesos de mercado.</p>      <p><I>Salida, voz y lealtad</I> ampl&iacute;a las fronteras de la econom&iacute;a porque introduce la <I>acci&oacute;n pol&iacute;tica</I> en el campo de las instituciones econ&oacute;micas y de los ajustes micro. La <I>salida</I> corresponder&iacute;a en forma m&aacute;s directa a la dimensi&oacute;n convencional del mercado, mientras que la <I>voz</I> se aproxima m&aacute;s a los mecanismos diferentes del mercado, en los que los precios no son fuente de informaci&oacute;n<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Estas correspondencias no son precisas, ya que la voz puede intervenir dentro y fuera del mercado. La demanda del consumidor no depende exclusivamente del precio sino de otros criterios, relacionados con sus valores y creencias. Cuando el precio sube, el consumidor no se va porque conf&iacute;a en la marca y manifiesta su descontento. La <I>voz</I> hace expl&iacute;cita la dimensi&oacute;n valorativa. Si aceptamos que la voz es "la acci&oacute;n pol&iacute;tica por excelencia" (Hirschman, 1970, 16), y si reconocemos adem&aacute;s que los precios son un resultado de la acci&oacute;n humana (von Mises), el mercado termina siendo un lugar donde confluyen las decisiones derivadas de los criterios valorativos y normativos de los individuos. Por su parte, la <I>lealtad </I>"es un concepto clave en la batalla entre la salida y la voz"(ib&iacute;d., 82). La lealtad "pospone la salida".</p>      <p>Las categor&iacute;as de Hirschman son propicias para el an&aacute;lisis econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. Aunque tienen su especificidad en cada campo, permiten establecer puentes. La econom&iacute;a convencional insiste en considerar los mercados como un espacio en el que solo caben e intervienen los precios y la salida. No considera las acciones derivadas de la voz y la lealtad. La visi&oacute;n est&aacute;ndar supone que la persona "sale" tan pronto percibe que los precios no son adecuados. Eso no es as&iacute; en la realidad, porque la posibilidad de hablar no solo existe en instituciones en las que la salida es muy dif&iacute;cil (familia, Estado, iglesias, etc.), sino tambi&eacute;n en el mercado.</p>     <p>La <I>voz</I> tiene la virtud de facilitar los ajustes y corregir algunas fallas. Es una pieza central de los ajustes en el mercado. Los desequilibrios de la econom&iacute;a se resuelven mediante la combinaci&oacute;n de fuerzas de mercado (competencia, precios y cantidades) y de no-mercado (l&iacute;mites a la competencia, ausencia de precios, ambig&uuml;edad de las cantidades, naturaleza difusa del bien). Ambos tipos de fuerzas se mezclan y el ajuste de precios no es autom&aacute;tico. Puede tomar m&aacute;s tiempo del que supone un modelo de equilibrio. La intervenci&oacute;n de la voz no significa que los desequilibrios se eliminen ni que los estados sub &oacute;ptimos dejen de serlo. Siempre existir&aacute;n equilibrios por debajo del &oacute;ptimo. Las empresas pueden quebrar porque no oyen la voz, y porque la lealtad de los consumidores no es eterna. La tensi&oacute;n entre salida y voz prolonga el tiempo de ajuste, y los equilibrios toman m&aacute;s tiempo del que suponen las versiones del mercado que solo reconocen la salida. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la voz y la salida se conjugan en la interacci&oacute;n humana, la separaci&oacute;n entre mercado y no mercado no es n&iacute;tida. El mecanismo de la competencia se agota y, entonces, puede intervenir la voz. Para Hirschman, la salida y la voz cumplen papeles de igual importancia y carece de sentido decir que la salida es superior a la voz. Si la salida y la voz permiten la interacci&oacute;n entre las fuerzas de mercado y de no- mercado, el ajuste v&iacute;a precios reviste dimensiones institucionales. Los precios son resultado de la acci&oacute;n humana, que est&aacute; determinada por valores y concepciones del mundo. Desde esta perspectiva, la visi&oacute;n del mercado de von Mises es compatible con la forma en que Hirschman concibe la relaci&oacute;n entre voz y salida. La acci&oacute;n pol&iacute;tica hace parte del mercado. La voz ayuda a entender el funcionamiento de las instituciones, del Estado, de las empresas, etc., pero tambi&eacute;n facilita la comprensi&oacute;n de los ajustes en el mercado. </p>     <p>La concepci&oacute;n del mercado que tiene Hirschman combina el intercambio de mercanc&iacute;as con la interacci&oacute;n entre personas. Sin que utilice el t&eacute;rmino, se acerca a la noci&oacute;n austriaca de <I>catalaxia</I><sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. </p>      <p>En el modelo de equilibrio convencional, cuando los precios suben o la calidad del producto disminuye, el consumidor <I>sale</I>, ya que no le interesa adquirir el bien. Este movimiento permite que el mercado se equilibre reduciendo la oferta o bajando los precios. El consumidor no queda satisfecho porque se va, y el empresario tampoco termina bien porque tiene que reducir la oferta. La decisi&oacute;n de salir se presenta como un movimiento r&aacute;pido, pero nunca se hace claridad sobre la forma como este se realiza. </p>     <p>Hirschman (ib&iacute;d., p. vii) explora nuevos territorios al introducir la <I>voz</I>. La &oacute;ptica del an&aacute;lisis se ampl&iacute;a. Rompe la dicotom&iacute;a que considera la salida como una fuerza t&iacute;pica del mercado, y la voz como una fuerza ajena al mercado. En los teoremas micro que relacionan el &oacute;ptimo de Pareto y los equilibrios de mercado, se supone que la salida favorece la eficiencia. En las versiones m&aacute;s sencillas del modelo de equilibrio general los ajustes r&aacute;pidos son preferidos a los ajustes lentos. En este contexto, la salida ser&iacute;a el camino m&aacute;s expedito. Pero de la lectura de Hirschman se concluye que la salida sin voz genera ineficiencias. </p>     <p>Hirschman introduce la <I>voz</I> por dos razones. Una <I>inductiva</I>, la voz se presenta en el mundo real, tanto en la relaci&oacute;n cliente-empresa como entre los miembros de las organizaciones. Y la otra raz&oacute;n es <I>normativa</I>: es bueno que las empresas den cabida a la voz. En ambos casos el espacio del an&aacute;lisis econ&oacute;mico se ampl&iacute;a.</p>     <p>En la literatura convencional sobre los ajustes de mercado, la flexibilizaci&oacute;n de los precios se considera una condici&oacute;n fundamental para lograr el equilibrio. Mientras mayor sea la variabilidad, m&aacute;s r&aacute;pido es el ajuste. La relaci&oacute;n entre precios y cantidades se suele examinar a la luz de las proporciones walrasianas entre precios y cantidades. La interpretaci&oacute;n generalizada del mundo walrasiano supone que los ajustes se realizan v&iacute;a precios. </p>      <p>Si este proceso se mirara desde el lado de los agentes, se constatar&iacute;a que en cualquiera de las dos alternativas (precios hacia arriba o precios hacia abajo) uno de los participantes resulta favorecido y el otro se ve perjudicado. Los dos no est&aacute;n bien de manera simult&aacute;nea. El oferente querr&iacute;a que el precio fuera m&aacute;s alto y al demandante le encantar&iacute;a que el precio fuera m&aacute;s bajo. Este tipo de reflexi&oacute;n no suele acompa&ntilde;ar la teor&iacute;a del equilibrio general por dos razones. En primer lugar, porque la atenci&oacute;n se centra en el equilibrio de los vectores de precios y de cantidades, y no en las personas. En segundo lugar, porque se supone que el precio de equilibrio es &oacute;ptimo de Pareto: dada la presencia del otro, no es posible mejorar la utilidad de uno de los individuos sin reducir la utilidad del otro. Los agentes econ&oacute;micos aceptar&iacute;an esta situaci&oacute;n paretiana porque terminar&iacute;a siendo la mejor opci&oacute;n para todos.</p>      <p>En este enfoque no hay posibilidad de negociaci&oacute;n por fuera de la informaci&oacute;n de precios. En sentido estricto, los precios logran un ajuste inmediato que cumple todos los requerimientos impl&iacute;citos en la negociaci&oacute;n paretiana. No queda espacio para alcanzar acuerdos entre sujetos, como los que podr&iacute;an formularse en condiciones de dilema de prisionero, o en presentaciones edgewortianas en las que es factible reducir la utilidad de alguno de los agentes<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. En otras palabras, las proporciones que garantizan el equilibrio no dejar&iacute;an margen para considerar estados sub &oacute;ptimos. La insatisfacci&oacute;n de cada agente en el punto de equilibrio no se tiene en cuenta. En el mejor de los casos se considerar&iacute;a inevitable dada la necesidad del ajuste general. La secuencia descrita se puede representar as&iacute;: </p>     <p><img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04ec1.jpg"></p>     <p>Partamos de una situaci&oacute;n inicial de desequilibrio, <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img1.jpg">. Para lograr el ajuste los precios suben, <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img2.jpg">. Este movimiento se realiza en  un periodo de tiempo &Delta;t. En el proceso al menos una persona queda insatisfecha; as&iacute;, existe un sujeto <I>i</I> que disminuye su utilidad, <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img3.jpg">.  Esta situaci&oacute;n, que llamar&eacute; <I>insatisfacci&oacute;n transitoria</I>, no es contemplada por la teor&iacute;a convencional. La p&eacute;rdida de utilidad de la persona <I>i</I> es la condici&oacute;n para lograr el equilibrio <I>x<sub>1</sub>P<sub>1</sub></I> = <I>X<sub>2</sub>P<sub>2</sub></I>. En los ejercicios convencionales se deja por fuera la insatisfacci&oacute;n de la persona que no pudo adquirir el bien porque los precios subieron y se supone, entonces, que el resultado final es un estado en el que las personas mejoran su utilidad, sin que disminuya la de ninguno, as&iacute; que <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img4.jpg">. El signo "+" quiere decir que nadie reduce su utilidad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque en realidad la insatisfacci&oacute;n de al menos uno de los agentes es la condici&oacute;n para que haya equilibrio, en la concepci&oacute;n del equilibrio general este momento de descontento queda subsumido en un estadio final, en el que nadie reduce su utilidad. La teor&iacute;a no explica las razones por las cuales la utilidad de los agentes en el equilibrio resultante tiene el poder necesario para desconocer la secuencia de des utilidades de las transacciones particulares.</p>     <p>La versi&oacute;n convencional de los procesos de ajuste se salta un paso:  la des utilidad del agente y su decisi&oacute;n de salir, <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img3.jpg">. El empresario queda mal si el precio baja y el consumidor no est&aacute; satisfecho si el precio sube. Cuando el precio baja la firma reduce la oferta. Cuando el precio sube el consumidor opta por la salida. Estas decisiones de las empresas o de los consumidores no son &oacute;ptimas. Son alternativas sub &oacute;ptimas.</p>      <p>Debe tenerse en cuenta, adem&aacute;s, que los tiempos de los consumidores y de los empresarios son muy distintos. El empresario tiene dificultades para reducir la oferta en el corto plazo. Imaginemos un escenario en el que los productos ya est&aacute;n elaborados. La salida del empresario no es inmediata. Adem&aacute;s de ser dolorosa, tambi&eacute;n toma tiempo. En el corto plazo el empresario puede tener dificultades para reducir la oferta. Hay obst&aacute;culos evidentes para salir: costos irrecuperables, m&aacute;quinas que se han de vender, socios a quienes se debe consultar, dudas sobre el comportamiento futuro de los precios, diferencias entre las demandas nominal y real, etc.</p>     <p>No solo existen problemas para reducir la oferta. Tambi&eacute;n hay dificultades para aumentarla. La producci&oacute;n requiere tiempo, y los pedidos de hoy se tienen que satisfacer en el futuro. La oferta aumenta porque el empresario percibe que hay una relaci&oacute;n positiva entre los precios futuros esperados y los precios actuales. En este mundo incierto, el tiempo que transcurre entre los mayores precios de hoy y el incremento de la oferta el d&iacute;a de ma&ntilde;ana puede ser relativamente largo. En virtud de la lealtad a la marca, el consumidor tambi&eacute;n puede posponer su salida. Los procesos que demoran la salida del empresario son muy distintos de los del consumidor.</p>     <p>La salida afecta a la empresa de una manera compleja y el proceso puede ser relativamente lento. Si los clientes son leales, la empresa toma decisiones que evitan la salida. Puesto que no todos los clientes se retiran al mismo tiempo, la empresa tiene informaci&oacute;n valiosa que le permite hacer cambios. Desde el punto de vista de la eficiencia, la voz y la lealtad son favorables. La asimetr&iacute;a de percepci&oacute;n de los clientes y la heterogeneidad de sus respuestas pueden ser aprovechadas por la empresa, que tiene tiempo para reaccionar. La firma quiebra &uacute;nicamente si el proceso de salida de los clientes se mantiene en forma continua durante alg&uacute;n tiempo.</p>     <p>Cuando los textos de micro convencional grafican las curvas de oferta y demanda suponen que la oferta aumenta inmediatamente despu&eacute;s de que sube el precio. Olvidan que la oferta de ma&ntilde;ana (<I>O</I><Sub><I>t+1</I></Sub>) depende de los precios de hoy (<I>p<sub>t</sub></I>) y, sobre todo, de los precios espera-dos para el d&iacute;a en que el producto salga al mercado, (<I>O<sub>t+1</sub>= fp</I>, <I>p<sub>t+1</sub></I>). Esta secuencia intertemporal era perfectamente clara para Walras (1887) y Marshall (1920). Como los precios de ma&ntilde;ana no necesariamente est&aacute;n en consonancia con los precios de hoy, el empresario siempre se llena de sorpresas. La decisi&oacute;n sobre la cantidad ofrecida es incierta y requiere tiempo. Los empresarios no entran y salen del mercado en forma inmediata, tan solo porque los precios actuales suban o bajen.</p>      <p>El tiempo del empresario es m&aacute;s largo que el del consumidor. La heterogeneidad de los tiempos de ajuste entre oferta y demanda es un tema fundamental de la discusi&oacute;n. La asimetr&iacute;a de los ritmos de ajuste aliment&oacute; el escepticismo de Walras sobre la existencia y la sostenibilidad del equilibrio. De diversas maneras este expres&oacute; sus dudas sobre la posibilidad de integraci&oacute;n de ambas secuencias. Walras reflej&oacute; la asimetr&iacute;a en el comportamiento de los oferentes y demandantes en la forma de la pendiente de la curva de oferta. Inicialmente la curva es positiva y luego se vuelve negativa. Para Walras el mercado cerrar&iacute;a con excedentes de demanda iguales a cero &uacute;nicamente en condiciones especiales, que adem&aacute;s requieren que los bienes sean perecederos. Cuando no son perecederos, el oferente puede regresar a su casa con la mercanc&iacute;a, sin que se logre un cierre de equilibrio. La discusi&oacute;n posterior a Walras sobre la convivencia simult&aacute;nea de los equilibrios parciales y el equilibrio general es una expresi&oacute;n de la dificultad inherente a los ajustes entre oferentes y demandantes (Hicks, 1939).</p>     <p>Las versiones m&aacute;s simplistas de los procesos de ajuste olvidan la insatisfacci&oacute;n de al menos uno de los agentes en cada transacci&oacute;n, y dejan de lado la asimetr&iacute;a de los tiempos de los oferentes y los demandantes. Estas dos realidades pueden ser captadas a trav&eacute;s de la <I>voz</I>. La introducci&oacute;n de la voz tiene dos ventajas. Primero, rescata el eslab&oacute;n <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img3.jpg"> de la secuencia de ajuste. Y, segundo, reduce la asimetr&iacute;a entre los tiempos del empresario y del consumidor. Gracias a la voz el demandante prolonga su salida. Y si la empresa acepta su petici&oacute;n no se retira. Esta decisi&oacute;n es buena para el consumidor y para la empresa.</p>      <p>La interacci&oacute;n entre personas ocurre en cada una de las transacciones. Puesto que la salida es una expresi&oacute;n de insatisfacci&oacute;n, la voz puede reducir las p&eacute;rdidas de utilidad de ambas partes (empresario y consumidor). Al introducir la voz en la transacci&oacute;n, Hirschman <I>institucionaliza</I> el mercado. O, mejor, <I>politiza</I> el mercado, ya que la voz es acci&oacute;n pol&iacute;tica. En este sentido, su reflexi&oacute;n no solo es &uacute;til para entender el funcionamiento de las instituciones, del Estado, los partidos, etc., sino que tambi&eacute;n ayuda a entender las caracter&iacute;sticas de los ajustes micro. La voz pone en primer plano la relevancia de la interacci&oacute;n de los sujetos en cada transacci&oacute;n. El precio adquiere dimensiones pol&iacute;ticas, y el mundo del no-mercado irrumpe en la esfera del mercado. Desde esta perspectiva, pierde sentido la distinci&oacute;n inicial entre mercado y no-mercado de la que parte Hirschman en su argumentaci&oacute;n. La voz tiende lazos entre el mundo econ&oacute;mico y el mundo pol&iacute;tico, y hace m&aacute;s difusa su frontera.</p>     <p>Hirschman (1970, 19) aspira a que los polit&oacute;logos entiendan la importancia de los conceptos econ&oacute;micos y los economistas comprendan la relevancia de los conceptos pol&iacute;ticos. El autor refuerza la percepci&oacute;n de la escuela austriaca: los precios tienen una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando se acepta la voz, se reconoce que los sujetos que participanen la transacci&oacute;n est&aacute;n insatisfechos y que el resultado final no es &oacute;ptimo paretiano. Es sub &oacute;ptimo, en cuanto la utilidad de unas personas mejora y la de otras empeora, tal y como se observa a continuaci&oacute;n: </p> <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img5.jpg">      <p>La voz no es una decisi&oacute;n discrecional del empresario o del consumidor. Es una necesidad para ambos. Si las instituciones crean espacio para la voz, reducen la asimetr&iacute;a entre oferentes y demandantes y mejoran la eficiencia. Y en ciertas circunstancias, cuando la voz est&aacute; acompa&ntilde;ada de lealtad, los resultados finales pueden ser favorables para consumidores y empresarios. La voz y, sobre todo, la lealtad pueden evitar el derrumbamiento de la empresa<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. Pero cualquiera de estas soluciones es sub&oacute;ptima. </p>      <p>La dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, expresada a trav&eacute;s de la voz, suaviza la ca&iacute;da de las empresas, y aunque las utilidades finales no se deriven de condiciones &oacute;ptimas en el sentido de Pareto, la situaci&oacute;n que se alcanza al final del proceso es preferible a la que se llegar&iacute;a cuando las empresas quiebran. La voz y la lealtad crean condiciones propicias para alcanzar equilibrios sub &oacute;ptimos. Es la posici&oacute;n intermedia entre un mundo ideal de &oacute;ptimos, y otro escenario, tambi&eacute;n extremo, en el que la empresa quiebra r&aacute;pidamente porque los clientes, sin voz y sin lealtad, no esperan.</p>      <p>As&iacute; como los austriacos (B&ouml;hm-Bawerk, von Mises, Hayek,Schumpeter), Hirschman reconoce que los procesos c&iacute;clicos implican <I>destrucci&oacute;n creativa</I> (1970, 14). Es inevitable que desaparezcan empresas. El <I>deterioro</I> es una fase del proceso c&iacute;clico de los negocios. Cuando la firma, o cualquier otra organizaci&oacute;n, empieza a desmejorar la calidad del producto o del servicio que ofrece, los clientes o miembros de la organizaci&oacute;n pueden optar por la <I>salida</I>. Aunque el deterioro es condici&oacute;n sustantiva de todo proceso din&aacute;mico, la voz puede contrarrestarlo o, al menos, posponerlo.</p>     <p>Los ajustes no solo se realizan v&iacute;a precios sino tambi&eacute;n v&iacute;a calidad, <img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04img6.jpg">. Si Walras subraya los ajustes v&iacute;a <I>precios</I>, y Marshall destaca los ajustes v&iacute;a <I>cantidades</I>, Hirschman hace &eacute;nfasis en los ajustes v&iacute;a <I>calidad</I>. El consumidor puede expresar su opini&oacute;n sobre la calidad. Ni el empresario ni el consumidor determinan los precios. Por tanto, all&iacute; no tiene sentido la voz. Las cantidades son asunto del empresario, que eval&uacute;a las condiciones del mercado. Pero el juicio sobre la calidad  (<I>c</I>) s&iacute; le compete al consumidor.</p>      <p>La voz reduce la asimetr&iacute;a entre los tiempos de los oferentes y de los demandantes. Las referencias a la voz se refieren a la calidad y no al precio. Hirschman no relaciona directamente la voz con el precio sino con la calidad. No aclara cu&aacute;l es el proceso que permite ir modificando la calidad a lo largo del tiempo. Es claro que el ajuste de calidad modifica de forma sustantiva la manera de realizar los acercamientos entre oferta y demanda.</p>      <p>La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra el di&aacute;logo entre un consumidor y un empresario. Pero como los clientes son heterog&eacute;neos, su percepci&oacute;n de la calidad es distinta. El ajuste convencional es sencillo porque todos los individuos reaccionan de igual manera a los precios. El agente representativo permite pensar en comportamientos homog&eacute;neos. Pero cuando se acepta que cada sujeto es diferente, se debe reconocer que las percepciones sobre la calidad del producto var&iacute;an.</p>     <p align="center"><a name="g1"></a><img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04g1.jpg"></p>     <p>Mediante la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>, Hirschman resume el <I>di&aacute;logo</I> que se establece entre el cliente y la empresa. La primera secuencia va de <I>A</I> a <I>B</I>. La calidad del producto empieza a deteriorarse. Entre <I>B</I> y <I>C</I> el proceso contin&uacute;a. El primer impacto sobre la demanda es menor que el segundo. El consumidor se desencanta de la calidad del producto en forma progresiva. Entre <I>A</I> y <I>B</I> la elasticidad de la cantidad demandada con respecto al deterioro de la calidad es menor que entre <I>B</I> y <I>C</I>. </p>      <p>Si el empresario presta o&iacute;dos a las quejas de los clientes, tiene la posibilidad de reaccionar y mejorar la calidad del producto. En el primer momento del proceso de mejoramiento, <I>C-D</I>, la respuesta del consumidor es lenta porque desconf&iacute;a. En un segundo momento, <I>D-A</I>, las mejoras de calidad tienen una respuesta m&aacute;s r&aacute;pida del consumidor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Gracias a la voz, el equilibrio vuelve al punto <I>A</I>. Sin voz y sin cierta lealtad, el empresario habr&iacute;a tenido una p&eacute;rdida de producto (punto <I>C</I>), que lo habr&iacute;a llevado a cerrar la empresa. El proceso de ajuste circular <I>A&nbsp;</I>&rarr; B&nbsp;&rarr; C&nbsp;&rarr; D &rarr; A no es inmediato. El consumidor espera antes de tomar la decisi&oacute;n de salir, y as&iacute; se reduce la asimetr&iacute;a entre oferentes y demandantes.</p>     <p>Hirschman introduce una dimensi&oacute;n adicional en el an&aacute;lisis: las soluciones sub&oacute;ptimas que resultan de la interacci&oacute;n entre personas se expresan en el espacio. En el mercado no solo importa el tiempo, sino tambi&eacute;n la ubicaci&oacute;n espacial. Retomando a Hotelling (1929), Hirschman muestra que cuando dos personas buscan la mejor localizaci&oacute;n en un espacio limitado llegan a soluciones sub&oacute;ptimas (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). </p>     <p align="center"><a name="g2"></a><img src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a04g2.jpg"></p>     <p>Sean dos personas, <I>A</I> y <I>B</I>. La mejor localizaci&oacute;n para <I>B</I> es la que mayor descontento le causa a la persona <I>A</I>. De la misma manera, la mejor localizaci&oacute;n para <I>A</I> es la que le genera mayor descontento a <I>B</I>. La soluci&oacute;n final tiende al centro, donde el descontento de ambas personas se reduce. En la localizaci&oacute;n correspondiente ninguna de las dos personas se siente bien, pero tampoco se siente tan mal como lo estar&iacute;a en alguno de los dos extremos.</p>      <p>El espacio a&ntilde;ade otra complejidad a las relaciones de los seres humanos en el mercado. Si la voz y la lealtad requieren tiempo, y si el empresario prepara su plan de producci&oacute;n en medio de la incertidumbre, la localizaci&oacute;n abre una puerta a otras causas de descontento. Y, de nuevo, la tensi&oacute;n entre la salida y la voz es evidente. Las personas no siempre "votan con los pies" (Tiebout 1956), porque tienen la opci&oacute;n de protestar y de guardar la lealtad a su ciudad. </p>     <p><B><font size="3">A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N</font></b></p>      <p>El libro <I>Salida, voz y lealtad </I>de Hirschman nos invita a pensar en el comportamiento humano, tanto en el mercado como en las actividades que se llevan a cabo por fuera del sistema de precios. En los modelos de competencia est&aacute;ndar se supone que el individuo recurre a la salida cuando los precios o la calidad no le gustan. Esta visi&oacute;n ingenua fue replanteada desde la aparici&oacute;n del libro de Hirschman. En virtud de la lealtad, las personas buscan mecanismos como la voz, que posponen la salida.</p>      <p>La combinaci&oacute;n de salida, voz y lealtad lleva a resultados sub&oacute;ptimos, que pueden ser mejores que los que se derivar&iacute;an exclusivamente de la salida. La teor&iacute;a convencional se equivoca al considerar que la salida es el fundamento de un mercado ideal, en el que los precios de equilibrio se conjugan con los &oacute;ptimos del consumidor y del productor. Desde la perspectiva de Hirschman la salida no es la mejor opci&oacute;n porque lleva a una destrucci&oacute;n de empresas que se podr&iacute;a evitar. Gracias a la voz y a la lealtad los sujetos que participan en el mercado tienen la posibilidad de reorientar la acci&oacute;n, y lograr que se corrijan las asimetr&iacute;as sin necesidad de que se opte por la salida (del consumidor o del productor).</p>     <p>Los precios no est&aacute;n dados sino que dependen de distintas formas de interacci&oacute;n humana. Adem&aacute;s, la informaci&oacute;n de los precios es insuficiente. La voz y la lealtad complementan el conocimiento que estos no proporcionan. La voz y la lealtad no son s&iacute;ntomas de ineficiencia. Todo lo contrario. Contribuyen al funcionamiento del mercado porque crean condiciones que favorecen la interacci&oacute;n humana. </p> <hr>      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Cuando present&eacute; una primera versi&oacute;n de este art&iacute;culo en un seminario sobre Hirschman, Homero me hizo comentarios sobre su percepci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre los espacios de mercado y no mercado. Recuerdo con agradecimiento y aprecio aquella discusi&oacute;n. Tambi&eacute;n fui su disc&iacute;pulo...    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>La distinci&oacute;n entre mecanismos de mercado y mecanismos diferentes del mercado tiene sus or&iacute;genes en Smith (1759-1776). Para el autor siempre exist&iacute;o una tensi&oacute;n entre los espacios en los que operan los precios y aquellos en los que los precios no pueden informar de manera adecuada. En el &aacute;mbito del mercado los precios act&uacute;an y sirven de referencia para determinar la oferta y la demanda; es el mundo del pan, los alfileres, las herraduras, etc. En este espacio tiene sentido la afirmaci&oacute;n de la <I>mano invisible</I>. Pero existen otras dimensiones, que est&aacute;n por fuera del mercado, ya que los precios dejan de ser relevantes, y las elecciones de las personas incorporan otros criterios asociados a la <I>simpat&iacute;a</I>. Los precios se quedan cortos en campos como la educaci&oacute;n, la salud, la justicia, el respeto por el otro, la garant&iacute;a de la sociedad para que "nadie salga a la calle sintiendo verg&uuml;enza" porque no tiene camisa de lino o zapatos de cuero, etc.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>"La catalaxia se ocupa de los fen&oacute;menos del mercado con todas sus ra&iacute;ces, ramificaciones y consecuencias. No hay duda de que las personas que participanen el mercado est&aacute;n motivadas no solo por el deseo de conseguir comida, vivienda, goce sexual, sino tambi&eacute;n por ideales m&uacute;ltiples. Las acciones humanas tienen quever con 'cosas' materiales e ideales. La persona escoge entre varias alternativas, no importa si son clasificadas como materiales o ideales" (von Mises, 1949, 233). Y en palabras de Hayek (1976, 109): "El t&eacute;rmino catalaxia viene del verbo griego <I>katallattein</I> (o <I>katallassein</I>) que quiere decir, no solo 'intercambiar', sino tambi&eacute;n 'admitir en comunidad', y 'cambiar de enemigo en amigo'".    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>En la visi&oacute;n de Edgeworth (1879), la funci&oacute;n de utilidad tiene la forma de U invertida. Por tanto, la primera derivada puede ser negativa a partir de cierto nivel de consumo. En otras palabras, la utilidad puede disminuir cuando se pasa de cierto punto. La idea de Edgeworth es contraria al supuesto de <I>no saciabilidad </I>de Samuelson (1937).    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>El siguiente comentario de Mauricio P&eacute;rez muestra las bondades de escucharla voz:     <br>     <blockquote>"Yo entiendo la tesis de Hirschman en t&eacute;rminos de que crear y construir instituciones y organizaciones y empresas (p&uacute;blicas y privadas) es costoso; y que muchas veces reparar es menos costoso que destruir y reemplazar. De all&iacute; que aun en el &aacute;mbito del mercado de competencia imperfecta la voz (costosa) pueda ser una soluci&oacute;n m&aacute;s eficiente que la salida. En el &aacute;mbito de la competencia imperfecta, as&iacute; como en el &aacute;mbito de la cosa p&uacute;blica, la pregunta en &uacute;ltimas es por qu&eacute; el individuo acepta costos privados (su voz) mayores a los beneficios privados (la mejora en la calidad del producto, o lo que sea) que recibir&aacute;. Lo interesante del problema de la lealtad (en el &aacute;mbito de la competencia imperfecta o de la pol&iacute;tica) es que puede haber motivaciones distintas de las que se desprenden del individualismo metodol&oacute;gico. As&iacute;, puede haber afinidades entre el patriotismo, el apego a una marca (en el caso de un consumidor) o el sentido de pertenencia (en el caso de un empleado). Quiz&aacute; el caso extremo &ndash;donde no hay ning&uacute;n v&iacute;nculo con el inter&eacute;s seg&uacute;n los c&aacute;nones del individualismo metodol&oacute;gico&ndash; es el hincha de f&uacute;tbol cuando su equipo siempre pierde" (P&eacute;rez Mauricio, comunicaci&oacute;n personal con el autor).</blockquote></p> <hr>     <p><B><font size="3">REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</font></b></p>     <!-- ref --><p>1. Edgeworth, F. "The hedonical calculus", <I>Mind</I> 4, 15, 1879, pp. 394-408.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-5996201300010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>2. Hayek, F. Von. <I>Law, legislation and liberty. The mirage of social justice</I>, vol. 2, Chicago, University of Chicago Press, 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-5996201300010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Hicks, J. <I>Valor y capital</I> &#91;1939&#93;, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996201300010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Hirschman, A. <I>Salida, voz y lealtad</I> &#91;1970&#93;, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996201300010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Hotelling, H. "Stability in competition", <I>Economic Journal</I> 39, 1929, pp. 41-57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996201300010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Marshall, A. <I>Principles of economics. An introductory volume</I> &#91;1920&#93;, eighth edition, London, MacMillan, 1956.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996201300010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>7. Mises, L. von. <I>La acci&oacute;n humana (Tratado de econom&iacute;a) </I>&#91;1949&#93;, 2 vol., Valencia, Fundaci&oacute;n Ignacio Villalonga, 1960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0124-5996201300010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Samuelson, P. "A note on measurement of utility", <I>Review of Economic Studies</I> 4, 2, 1937, pp. 155-161.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0124-5996201300010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Smith, A. <I>The theory of moral sentiments </I>&#91;1759&#93;, New York, Prometheus Books, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201300010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Smith, A. <I>Investigaci&oacute;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones</I>, &#91;1776&#93;, M&eacute;xico, Publicaciones Cruz, 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201300010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Tiebout, C. "A Pure Theory of Local Expenditures", <I>Journal of Political Economy</I> 64, 1956, pp. 416-424.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201300010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>12. Walras, L. <I>Elements of pure economics</I> &#91;1887&#93;, London, Allen and Unwin, 1954.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201300010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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