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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MERCADO Y VIRTUD O CÓMO COMPLICAR LA ECONOMIA. A PROPÓSITO DE LAS PASIONES Y LOS INTERESES, DE ALBERT HIRSCHMAN]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT This article addresses some of the ideas about the intellectual origins of capitalism, discussed in Albert Hirschman's The Passions and the Interests. Montesquieu, James Steuart and Adam Smith saw interest as a sort of benevolent passion that could dominate or keep away evil passions, such as violence or rulers' despotism. For them, the links between trade -and the profit that drives it today- and the progress of civilization were neither a natural law, nor undisputable, as is currently thought.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>MERCADO Y VIRTUD O C&Oacute;MO COMPLICAR LA ECONOMIA. A PROP&Oacute;SITO DE <i>LAS PASIONES Y LOS INTERESES</i>, DE ALBERT HIRSCHMAN</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>MARKET AND VIRTUE OR HOW TO MAKE ECONOMICS COMPLICATED. ABOUT THE PASSIONS AND THE INTERESTS OF ALBERT HIRSCHMAN</b></font></p>      <p align="center"><i>Alberto Castrill&oacute;n</i><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Especialista en Historia Econ&oacute;mica, Profesor de la Facultad de Econom&iacute;a, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:jracastrillon@yahoo.com">jracastrillon@yahoo.com</a>&#93;. Agradezco las sugerencias de Mauricio P&eacute;rez Salazar, en particular la referencia la obra del poeta provenzal Bertrand de Born.</p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 2 de marzo de 2013, fecha de modificaci&oacute;n: 5 de mayo de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 5 dejunio de 2013.</p> <hr>     <p><b><font size="3">RESUMEN</font></b></p>     <p>Este art&iacute;culo comenta algunas de las ideas sobre los or&iacute;genes intelectuales del capitalismo que Albert Hirschman expone en Las pasiones y los intereses. Montesquieu, James Steuart y Adam Smith consideraron el inter&eacute;s como un tipo de pasi&oacute;n ben&eacute;vola que pod&iacute;a dominar o mantener a raya las pasiones malvadas, como la violencia o el despotismo de los gobernantes. Los v&iacute;nculos entre el comercio -y el &aacute;nimo de lucro que hoy lo impulsa- y el progreso de la civilizaci&oacute;n no eran para ellos una ley natural, y tampoco eran indiscutibles, como ahora se suele pensar.</p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: Albert Hirschman, pensamiento econ&oacute;mico, or&iacute;genes del capitalismo; JEL:B25, B31, O43, P16&#93;</p> <hr>     <p><b><font size="3">ABSTRACT</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This article addresses some of the ideas about the intellectual origins of capitalism, discussed in Albert Hirschman's The Passions and the Interests. Montesquieu, James Steuart and Adam Smith saw interest as a sort of benevolent passion that could dominate or keep away evil passions, such as violence or rulers' despotism. For them, the links between trade -and the profit that drives it today- and the progress of civilization were neither a natural law, nor undisputable, as is currently thought.</p>     <p>&#91;<b>Keywords</b>: Albert Hirschman, economic thought, origins of capitalism; JEL: B25, B31, O43, P16&#93;</p> <hr>     <p align="right">Sentir mucho por los otros y poco por s&iacute; mismo,    <br> restringir los impulsos ego&iacute;stas y dejarse dominar    <br> por los afectos benevolentes, constituye la perfecci&oacute;n    <br> de la naturaleza humana.    <br> <i>Adam Smith (1759)</i></p>      <p><font size="3"><b>LA FE EN EL MERCADO</b></font></p>      <p>La actitud general hacia el capitalismo ha variado de un extremo al otro: de la condena total de hace tres siglos, a la visi&oacute;n reformadora de personajes como Roosevelt, Attlee y Keynes de mediados del siglo pasado, hasta la alabanza de hoy en d&iacute;a. Desde los a&ntilde;os ochenta se cree que no hay otra opci&oacute;n y poco se usa ese t&eacute;rmino, lo remplaz&oacute; el eufemismo "sociedad de mercado". "No hay ninguna alternativa", sentenci&oacute; la Baronesa Margaret Thatcher. Es "el fin de la historia", exclam&oacute; Francis Fukuyama. &iquest;Qu&eacute; sentido tiene entonces volver a Albert Hirschman o, mejor, reexaminar los fundamentos ideol&oacute;gicos del capitalismo? Las cr&iacute;ticas al capitalismo parecen anacr&oacute;nicas. Se juzgan como divagaciones irracionales, como atavismos que se niegan a desaparecer: &iquest;acaso la historia no ha demostrado que los <i>intereses</i>, el m&oacute;vil del capitalismo, son propensiones benignas promueven la civilizaci&oacute;n y arrinconan las pasiones malignas que, como dec&iacute;a Hobbes, hacen "solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta" la vida del hombre?</p>      <p>Se ha impuesto la idea de que no cabe duda moral alguna sobre el mercado; bien sea porque es un fen&oacute;meno social que obedece a leyes naturales, amorales como la ley de la gravedad, o porque es el culmen de la moral, el &aacute;mbito donde la libertad humana llega a la perfecci&oacute;n. No importa que esas dos justificaciones se contradigan, el pensamiento conservador poco atiende razones y defiende las suyas como una fe. A&ntilde;os de propaganda han llevado a olvidar que el ascenso del capitalismo es muy reciente y que tuvo que vencer obst&aacute;culos formidables erigidos por religiones, privilegios feudales y cr&iacute;ticos de toda clase.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hirschman recuerda que el ascenso del capitalismo y su aceptaci&oacute;n no fueron f&aacute;ciles: los autores que pulieron los "argumentos pol&iacute;ticos en favor del capitalismo previos a su triunfo" -Montesquieu, James Steuart, Adam Smith, John Millar- tuvieron que esforzarse para vencer la resistencia de la religi&oacute;n -que no ve&iacute;a con simpat&iacute;a el af&aacute;n de lucro o el ahorro-, de autores rom&aacute;nticos contrariados por la fealdad del mundo industrial, y de socialistas ut&oacute;picos o cient&iacute;ficos que consideraban inaceptables los frutos del capitalismo porque eran producto de la injusticia o la explotaci&oacute;n (Ovejero, 1994, 11). Friedrich Nietzsche, que falleci&oacute; en 1900, todav&iacute;a se permit&iacute;a despreciar los afanes del comerciante, el industrial, el obrero. Citemos una de tantas muestras de ese desd&eacute;n:</p>      <blockquote>     <p>Hay algo de salvajismo indio &#91;...&#93; en la manera con que los norteamericanos ambicionan el oro &#91;...&#93; Ahora nos avergonzamos del reposo; la meditaci&oacute;n prolongada casi produce remordimientos. Se medita reloj en mano mientras se come, con los ojos fijos en las cotizaciones de Bolsa &#91;...&#93; Y as&iacute; como para esa precipitaci&oacute;n en el trabajo desaparecen las formas para los ojos, sucumben tambi&eacute;n el sentido de la forma y se pierden la vista y el o&iacute;do para la melod&iacute;a del movimiento. &#91;...&#93; No hay ya tiempo ni constancia para las ceremonias, para los rodeos de la cortes&iacute;a, para el ingenio en la conversaci&oacute;n, ni para "otium" alguno (Nietzsche, 2003, 179-180).</p> </blockquote>      <p>La tesis de Hirschman es que los autores mencionados defend&iacute;an el capitalismo porque pensaban que "activar&iacute;a ciertas tendencias humanas benignas a costa de otras &#91;tendencias&#93; malignas". Hoy no se puede defender con base en esa idea: es claro que no ha suprimido las pasiones malsanas y sus secuelas destructivas. Se acude m&aacute;s bien a los <i>incentivos</i> que ofrece el mercado para satisfacer los intereses personales, los cuales explicar&iacute;an el deseo de progreso de individuos, colectividades y pueblos.</p>      <p>Pese a los elogios desmedidos, el firmamento del mercado est&aacute; cubierto por negros nubarrones. La crisis econ&oacute;mica que estall&oacute; en 2008, por su amplitud y el dolor que ha hecho padecer a millones de europeos y estadounidenses, record&oacute; que los mercados no se regulan as&iacute; mismos. Y dio un ment&iacute;s a la ret&oacute;rica neoliberal de los a&ntilde;os ochenta y noventa. Como dijo Tony Judt, "el estilo materialista y ego&iacute;sta de la vida contempor&aacute;nea no es inherente a la condici&oacute;n humana" (2011a,17). Es resultado de una incesante cantilena que ha terminado por convencer a propios y extra&ntilde;os de que las relaciones humanas se reducen al c&aacute;lculo racional del inter&eacute;s personal. Los profesores de econom&iacute;a y sus cr&eacute;dulos estudiantes repiten "como loros una visi&oacute;n capitalista reducida y empobrecida: un ideal de unidades productivas, a modo de m&oacute;nadas, que maximicen el provecho privado, pero indiferentes a la comunidad o a la convivencia" ( Judt, 2011b, 121). Un punto de partida simb&oacute;lico de esta situaci&oacute;n fue la publicaci&oacute;n en 1975 de <i>La crisis de la democracia. Informe sobre la gobernabilidad de las democracias a la Comisi&oacute;n Trilateral</i>, que llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre la ingobernabilidad de las democracias debido a la demanda de servicios p&uacute;blicos por una ciudadan&iacute;a cada vez m&aacute;s inconforme y politizada. Este informe, encargado por la Comisi&oacute;n Trilateral, fundada por David Rockefelleren 1973, recomend&oacute; poner en manos de la tecnocracia los asuntos que intentaban gestionar los ciudadanos.</p>      <p>Poco antes de 2008, el <i>establishment</i> acad&eacute;mico, salvo pocas excepciones que no se tomaron en serio, se regodeaba con la bonanza financiera. Y despu&eacute;s del estallido de la crisis intent&oacute; lavarse las manos: a ambos lados del Atl&aacute;ntico repet&iacute;a: "nadie pod&iacute;a haberlo predicho". Alan Greenspan, presidente de la FED durante casi dos d&eacute;cadas, con el lenguaje eufem&iacute;stico usual, se neg&oacute; a mencionar la burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsi&oacute;n nacional de precios es muy improbable". Dos a&ntilde;os antes de la crisis, Ben Bernanke, sentenci&oacute;: "el aumento del precio de la vivienda es, en gran medida, reflejo de unos s&oacute;lidos fundamentos econ&oacute;micos". Hoy, los cr&iacute;ticos del capitalismo o de los mercados desregulados podr&iacute;an regocijarse abriendo con sa&ntilde;a la herida de los te&oacute;cratas del mercado: hay todo un bosque de &aacute;rboles ca&iacute;dos para hacer le&ntilde;a. Por respeto al templo del saber y sin af&aacute;n de imitar a Er&oacute;strato, el incendiario, baste citar a Eugene Fama, autor de la hip&oacute;tesis de los mercados eficientes, que un a&ntilde;o antes del desastre sostuvo: "la palabra burbuja me saca de quicio &#91;&hellip;&#93; Los mercados inmobiliarios son menos l&iacute;quidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversi&oacute;n que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios" (Krugman, 2009).</p>      <p>&iquest;C&oacute;mo no compartir la indignaci&oacute;n del viejo Paul Samuelson, cuando exclam&oacute;: "desde Islandia hasta la Ant&aacute;rtida, ni&ntilde;os a&uacute;n por nacer aprender&aacute;n a temblar ante los nombres de Bush, Greenspan y Pitt. Por supuesto, estoy exagerando, pero solo un poco" (Samuelson, 2008).</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; orientaci&oacute;n puede ofrecer la econom&iacute;a dominante para despejar los negros nubarrones? &iquest;Podemos fiarnos ahora de los dict&aacute;menes de austeridad de quienes no advirtieron el desastre y hoy pretenden tener la "soluci&oacute;n" de los problemas que ayudaron a crear -o se oponen a quienes intentan resolverlos con otros remedios-, como el laureado Robert Lucas, quien denomin&oacute; <i>econom&iacute;a de baratija </i>a los esfuerzos de algunos economistas que sirven en el gobierno de Obama empe&ntilde;ados en buscar soluciones a la crisis?</p>      <p>Este tipo de discurso solo tiene unos treinta a&ntilde;os. Despu&eacute;s de decenios de control pol&iacute;tico y democr&aacute;tico de los mercados, en la d&eacute;cada de 1980 se empez&oacute; a considerar "natural" la obsesi&oacute;n por la riqueza, el culto a la privatizaci&oacute;n, el abismo entre ricos y a pobres, la admiraci&oacute;n por los mercados desregulados, el desprecio por el sector p&uacute;blico y la ilusi&oacute;n del crecimiento infinito ( Judt, 2011a, 17). Se retorn&oacute; al esquema vulgar que denunci&oacute; Keynes hace ya tantos a&ntilde;os:"la misma regla de c&aacute;lculo destructivo gobierna todos los &aacute;mbitos de la vida &#91;...&#93; Destruimos la belleza del paisaje porque los esplendores de la naturaleza, de los que nadie se ha apropiado, carecen de valor econ&oacute;mico. Ser&iacute;amos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no pagan dividendos" (Keynes, 1933, 187).</p>      <p>Los d&iacute;as 16 y 17 de abril de este a&ntilde;o Oliver Blanchard, economista jefe del FMI, presidi&oacute; la conferencia "Rethinking macro policy II: First steps and early lessons", a la que acudieron expertos de todas las vertientes. La presentaci&oacute;n del premio Nobel George Akerloff fue diciente: compar&oacute; la crisis con un gato trepado en un &aacute;rbol. Akerloff exclama: "&iexcl;Dios m&iacute;o. Ese gato se va a caer y no s&eacute; qu&eacute; hacer!". David Romer lo sigue: "El gato ha estado en el &aacute;rbol cinco a&ntilde;os. Es hora de obligarlo a bajar y asegurarse de que no se vuelva a subir". Stiglitz sentencia: "No hay una buena teor&iacute;a econ&oacute;mica que explique por qu&eacute; el gato est&aacute; todav&iacute;a en el &aacute;rbol". Para rematar, la conclusi&oacute;n de Oliver Blanchard caus&oacute; estupor en los legos: "No hemos identificado nuestro destino final &#91;...&#93; realmente no tengo ni idea de a d&oacute;nde llegaremos". &iexcl;Qu&eacute; lejos estamos de la jactancia de hace apenas un lustro!</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El mejor economista del siglo pasado, J. M. Keynes, tambi&eacute;n emple&oacute; la met&aacute;fora de los gatos, en alusi&oacute;n a los ortodoxos de su tiempo: burl&aacute;ndose del hombre de chatas pretensiones dijo que no era capaz de amar a su gato, sino a las cr&iacute;as de su gata. Ni siquiera a las cr&iacute;as, sino a los gatitos de los gatitos y as&iacute; sucesivamente "hasta el fin en el reino de los gatos" (Keynes, 1997, 331).</p>      <p><font size="3"><b>ALBERT HIRSCHMAN, UN INTELECTUAL DE ANTA&Ntilde;O</b></font></p>      <p>Se ha dicho que la &uacute;nica ense&ntilde;anza de la historia es que nada ense&ntilde;a. Quiz&aacute;, como dijo Hirschman, lo &uacute;nico que se pueda pedir a la historia, sobre todo a la historia de las ideas, no es que resuelva problemas sino que contribuya a elevar el nivel del debate, para que "tanto los cr&iacute;ticos como los defensores del capitalismo" puedan mejorar "sus argumentaciones mediante el conocimiento del episodio de la historia intelectual" que se narra en <i>Las pasiones y los intereses </i>(1999, 153).</p>      <p>Tal vez haga falta visitar de nuevo la historia del pensamiento social, asignatura secundaria en los estudios universitarios y cuyo espacio es cada vez menor. Lo haremos de la mano de Albert Hirschman, quien vivi&oacute; en Colombia entre 1952 y 1956, los a&ntilde;os m&aacute;s felices de su vida, seg&uacute;n dijera &eacute;l mismo<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>      <p>La obra de Hirschman no se suele estudiar en los cursos normales de nuestras facultades de econom&iacute;a, salvo quiz&aacute; alguna menci&oacute;n en los cursos de desarrollo econ&oacute;mico. Pese a que fue uno de los pioneros de la econom&iacute;a del desarrollo, al lado de lumbreras -la expresi&oacute;n es de Hirschman- como Gunnar Myrdal, Arthur Lewis o Ra&uacute;l Prebisch. Y peor a&uacute;n, pese a que vivi&oacute; en nuestro pa&iacute;s durante la primera mitad de la d&eacute;cada de 1950, experiencia que marc&oacute; su manera de abordar los problemas del desarrollo.</p>      <p>La clave para entender su obra m&aacute;s conocida sobre ese tema, <i>La estrategia del desarrollo econ&oacute;mico</i>, es la historia econ&oacute;mica de Colombia y sus a&ntilde;os de residencia en el pa&iacute;s. Por ello, se&ntilde;al&oacute;: "como siempre les digo a mis amigos, la verdad es que solo s&eacute; de Colombia; pero despu&eacute;s de todo, Marx solo sab&iacute;a de Inglaterra"<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      <p>Tal vez haya dos razones para que no se lo estudie. Primera, seg&uacute;n Krugman, Hirschman -igual que Myrdal- "acab&#91;&oacute;&#93; posicion&aacute;ndose en contra de cualquier intento de formalizar sus ideas", hoy "la teor&iacute;a econ&oacute;mica es una colecci&oacute;n de modelos" y "la influencia de las ideas que no han sido embalsamadas en forma de modelos desaparece". Segunda, los te&oacute;ricos del alto desarrollo fracasaron en comunicar claramente de qu&eacute; estaban hablando.</p>      <p>Hirschman se&ntilde;al&oacute; que los economistas con una visi&oacute;n amplia de las cuestiones del desarrollo no advirtieron los desastres pol&iacute;ticos que se presentaron desde los a&ntilde;os sesenta, y quedaron desconcertados. Este &uacute;ltimo punto conecta con nuestro tema, la teor&iacute;a pol&iacute;tica. Para Hirschman, la raz&oacute;n para escribir <i>Las pasiones y los intereses, </i>despu&eacute;s de varias d&eacute;cadas de estudiar el desarrollo econ&oacute;mico, fueron los desastres pol&iacute;ticos de Am&eacute;rica Latina en los sesenta y setenta. Con los reg&iacute;menes autoritarios latinoamericanos en el trasfondo, en ese libro examin&oacute; "las razones del nacimiento de la democracia" y las "esperanzas y perspectivas &#91;a las que&#93; est&aacute; vinculada" (1996, 650).</p>      <p>Pensaba que antes que un libro de historia era una "investigaci&oacute;n delas articulaciones entre pol&iacute;tica y econom&iacute;a". Una idea permanente en suobra es la de las "consecuencias inesperadas de la acci&oacute;n humana", que recuerda una noci&oacute;n similar de la Ilustraci&oacute;n Escocesa. Dos pensadores, Montesquieu y James Steuart, llamaron la atenci&oacute;n de Hirschman:</p>      <blockquote>  <ol type="a">      ]]></body>
<body><![CDATA[<li>En Montesquieu, la idea de que el comercio influye en la gente dulcific&aacute;ndola. De ah&iacute; la expresi&oacute;n com&uacute;n en el siglo XVIII: <i>doucer du commerce </i>(la dulzura del comercio).</li>        <li>En James Steuart, la idea de que la sociedad comercial, la sociedad de mercado, limita las posibilidades de actuaci&oacute;n arbitraria del soberano. Es decir, algunas formas de la vida econ&oacute;mica podr&iacute;an modificar el comportamiento de los ciudadanos como tambi&eacute;n el del Pr&iacute;ncipe, evitando o dificultando los abusos de este sobre aquellos.</li>     </ol> </blockquote>      <p>Aparece entonces otro elemento central en el pensamiento de Hirschman: las relaciones, los "puntos de conexi&oacute;n" entre la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a, conexiones complejas que siempre tienen "consecuencias inesperadas" e impiden anticipar el futuro. Hirschman buscaba que los economistas prestaran inter&eacute;s a campos poco explorados por la teor&iacute;a econ&oacute;mica convencional. Veamos estas ideas con m&aacute;s detalle, pero antes citemos sus palabras:</p>      <blockquote>     <p>El enemigo principal es justamente la ortodoxia; repetir siempre la misma receta, la misma terapia, para resolver diversos tipos de enfermedad; no admitirla complejidad, querer reducirla a toda costa, cuando las cosas reales son cada vez un poco m&aacute;s complicadas (Hirschman, 1996, 663).</p> </blockquote>      <p><font size="3"><b>PASIONES E INTERESES </b></font></p>      <p>Los versos del poeta y guerrero provenzal Bertrand de Born (11401215) -inmortalizado por Dante Alighieri al lanzarlo al infierno junto con los sembradores de discordias (C&aacute;ntico 28), con la cabeza separada del tronco y cargada en la mano- tal vez sean la mejor expresi&oacute;n de una sociedad guerrera en la que los calculistas de Schumpeter no iban delante de guerreros y conquistadores. As&iacute; dicen algunos apartes del poema (reproducido en Alvar, 1999):</p>      <p><b>Me agrada el alegre tiempo de pascua</b></p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Me agrada que los batidores    <br>   hagan huir a la gente con sus bienes;    <br>   y me agrada ver venir tras ellos    <br>   muchas gentes de armas todos juntos;    <br>   y me agrada en mi coraz&oacute;n    <br>   ver castillos fuertes asediados,    <br>   muros derrumbados y rotos    <br>   y ver la hueste en la orilla,    <br>   rodeada de fosos    <br>   con estacadas de fuertes y apretados palos &#91;...&#93; </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mazas y espadas, yelmos de colores,    <br>   escudos que se rompen y despedazan,    <br>   todo lo veremos al entrar en el combate    <br>    y a muchos vasallos golpear juntos,    <br>   por lo que vagabundear&aacute;n    <br>   los caballos de los muertos y de los heridos.    <br>   Y cuando haya entrado en la batalla, cada noble    <br>   no pensar&aacute; sino en cortar cabezas y brazos,    <br>   que m&aacute;s vale muerto que vivo vencido &#91;...&#93;</p>      <p>Os digo que no me agrada tanto    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   comer, beber o dormir    <br>   como cuando oigo gritar: "&iexcl;A ellos!"    <br>   por ambas partes y oigo relinchar    <br>   caballos vac&iacute;os en la sombra    <br>   y oigo gritar: "&iexcl;Socorro! &iexcl;Socorro!"    <br>   y veo caer por los fosos,    <br>   en la hierba, a grandes y peque&ntilde;os    <br>   y veo los muertos que por los costados    <br>   tienen las astas y los cendales.</p> </blockquote>      <p>Como se&ntilde;al&oacute; Schumpeter, el clima moral que reflejan los versos del trovador occitano no era el m&aacute;s adecuado para que prosperaran las virtudes burguesas del "hombre de bien", tan alabadas por Benjam&iacute;n Franklin (1964, 10). Y ese clima dur&oacute; varios siglos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;En qu&eacute; momento cambi&oacute;? Paul Hazard, en <i>La crisis de la conciencia europea (1680-1715)</i>, muestra c&oacute;mo cambiaron las creencias de los europeos en el tr&aacute;nsito del siglo XVII al XVIII, la &eacute;poca que estudi&oacute; Hirschman en su investigaci&oacute;n. En ese periodo se impusieron el racionalismo continental y el empirismo anglosaj&oacute;n como sistemas filos&oacute;ficos, que rompieron las ataduras escol&aacute;sticas en temas claves como las virtudes, las pasiones, el pecado, la justicia, el precio justo y la usura. Refiri&eacute;ndose a ese cambio, Hazard dice:</p>      <blockquote>     <p>&iexcl;Qu&eacute; contraste, qu&eacute; brusco cambio!, la jerarqu&iacute;a, la disciplina, el orden que la autoridad se encarga de asegurar, los dogmas que regulan la vida firmemente: eso es lo que aman los hombres del siglo XVII. Las trabas, la autoridad, los dogmas: eso es lo que detestan los hombres del siglo XVIII. Los primeros son cristianos, los otros anticristianos. Los primeros creen en el derecho divino, los otros en el derecho natural; los primeros viven a gusto en una sociedad de clases desiguales; los segundos no sue&ntilde;an m&aacute;s que con la igualdad &#91;...&#93; La mayor&iacute;a de los franceses pensaba como Bossuet; de repente, los franceses piensan como Voltaire: es unarevoluci&oacute;n &#91;&hellip;&#93; Una sociedad fundada en la idea del deber -los deberes para con Dios, los deberes para con el pr&iacute;ncipe-, los "nuevos fil&oacute;sofos" intentaron sustituirla por una civilizaci&oacute;n fundada en la idea del derecho: los derechos de la conciencia individual, los derechos de la cr&iacute;tica, los derechos de la raz&oacute;n, los derechos del hombre y del ciudadano (1988, 89).</p> </blockquote>      <p>&iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; esta transici&oacute;n? Un vistazo a la literatura espa&ntilde;ola da pistas del significado de las pasiones en la obra de Hirschman, en particular, del pasatiempo favorito de las clases nobles: la guerra y el sentido del honor, el desprecio del dinero. Los versos del poema &eacute;picom&aacute;s conocido de la lengua castellana, el M&iacute;o Cid, dan un testimonio:</p>      <blockquote>     <p>La suerte viene a buscarme    <br>   del otro lado del mar,    <br> <i>tendr&eacute; que vestir las armas</i>    <br> que no lo puedo dejar,    <br>   y mi mujer y mis hijas    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   ahora me ver&aacute;n luchar.    <br>   Ver&aacute;n en tierras extra&ntilde;as    <br>   lo dif&iacute;cil que es estar,    <br>   <i>harto ver&aacute;n por sus ojos</i>    <br>   <i>c&oacute;mo hay que ganar el pan.</i></p> </blockquote>      <p>Siglos despu&eacute;s, Cervantes puso en boca de su h&eacute;roe las siguientes palabras, expresi&oacute;n de una concepci&oacute;n heroica de la vida. El Quijote tal vez gusta por ser una expresi&oacute;n anacr&oacute;nica de una forma de vida que estaba terminando. Sus discursos son objeto de burla en la casa del ventero, se r&iacute;en de ellos las prostitutas y la gente com&uacute;n. As&iacute;, puede reclamar:</p>      <blockquote>     <p>&iquest;Qui&eacute;n el que ignor&oacute; que son exentos de todo judicial fuero los caballeros andantes, y que su ley es su espada, sus fueros sus br&iacute;os, sus pragm&aacute;ticas su voluntad? &iquest;Qui&eacute;n fue el mentecato, vuelvo a decir, que no sabe que no hay ejecutoria de hidalgo con tantas preeminencias ni exenciones como la que adquiere un caballero andante el d&iacute;a que se arma caballero y se entrega alduro ejercicio de la caballer&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; caballero andante pag&oacute; pecho, alcabala, chap&iacute;n de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? &iquest;Qu&eacute; sastre le llev&oacute; hechura de vestido que le hiciese? &iquest;Qu&eacute; castellano le acogi&oacute; en su castillo que le hiciese pagar el escote? &iquest;Qu&eacute; rey no le asent&oacute; a su mesa? &iquest;Qu&eacute; doncella no se le aficion&oacute; y se le entreg&oacute; rendida, a todo su talante y voluntad?(Cervantes, 1964, 1243).</p> </blockquote>      <p>Los ideales nobiliarios influyen en todas las gentes, en Sancho y en Teresa de Jes&uacute;s, la m&iacute;stica doctora de la Iglesia, fundadora de las Carmelitas Descalzas, cuyos hermanos tambi&eacute;n vinieron a "hacer las Am&eacute;rica". En el relato de su vida, recuerda los juegos infantiles con su hermano:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Concert&aacute;bamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que all&aacute; nos descabezasen. Y par&eacute;ceme que nos daba el Se&ntilde;or &aacute;nimo en tan tierna edad, si vi&eacute;ramos alg&uacute;n medio, sino que el tener padres nos parec&iacute;a el mayor embarazo (Polo, 1986, 87).</p> </blockquote>      <p>El poeta filipino Pac&iacute;fico Victoriano, en "Excelsior a Cervantes", poema escrito en 1905, contrapone el idealismo de Don Quijote al pragmatismo de Sancho:</p>      <blockquote>     <p>Vive a&uacute;n Sancho con vida depravada:    <br>   y el pundonor con su ambici&oacute;n se junta;    <br>   &iexcl;No! No esa humanidad tan corrompida    <br>   que pisotea la honra y el decoro;    <br>   &iexcl;e hipoteca el amor y hasta la vida    <br> por la ruindad, el c&aacute;lculo y el oro! (Santos, 2007, 18).</p> </blockquote>      <p>Dijo Don Quijote a Sancho:"&iquest;Qui&eacute;n barren&oacute; los nav&iacute;os y dej&oacute; en seco y aislados los valerosos espa&ntilde;oles guiados por el cortes&iacute;simo Cort&eacute;s en el Nuevo Mundo?"</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El esp&iacute;ritu caballeresco determin&oacute; la cultura espa&ntilde;ola hasta tal punto que Don Joaqu&iacute;n Costa, el pol&iacute;grafo espa&ntilde;ol a quien debemos sesudos estudios sobre el caciquismo y atinadas reflexiones sobre las causas del atraso y la decadencia espa&ntilde;ola, a pesar de su consejo -"echar siete llaves al sepulcro del Cid"- proclam&oacute;:</p>      <blockquote>     <p>La Humanidad terrestre necesita una raza espa&ntilde;ola, grande y poderosa, contrapuesta a la raza anglosajona para establecer el equilibrio moral en el juego infinito de la Historia &#91;&hellip;&#93; al lado del Sancho brit&aacute;nico no se irguiese puro, luminoso, so&ntilde;ador, el Quijote espa&ntilde;ol &#91;&hellip;&#93; manteniendo perenne aqu&iacute; abajo esa caballer&iacute;a espiritual que cree en algo, que siente por algo y que se sacrifica por algo, y con esta pasi&oacute;n, y con esta fe, y con ese sacrificio que hace que la tierra sea m&aacute;s que una factor&iacute;a, que un mercado donde todo se compra y se vende (Costa, 1969, 171).</p> </blockquote>      <p>Una actitud que comparti&oacute; Werner Sombart, quien se refiri&oacute; a los ingleses como una "naci&oacute;n de tenderos"</p>      <p>Los valores caballerescos fueron duramente criticados por muchos autores. Durante los siglos XVII y XVIII pulularon los escritores que disculpaban las pasiones, en particular la codicia. A eso se refer&iacute;a Schumpeter cuando se&ntilde;al&oacute; que en esa &eacute;poca se produjo la sustituci&oacute;n de los h&eacute;roes, los titanes y conquistadores por los calculistas y los economistas. Y no pudo dejar de decir con nostalgia que el empresario era el l&iacute;der de una civilizaci&oacute;n racionalista y sin h&eacute;roes, absorbido por "el libro mayor y el c&aacute;lculo de costes", en la que "la Bolsa es un pobre suced&aacute;neo del Santo Grial" (1983, 188).</p>      <p>Para Schumpeter, la civilizaci&oacute;n actual, sin brillo y sin lustre, es comandada por hombres incapaces de "ahuyentar un ganso" (ib&iacute;d.), una opini&oacute;n que en cierto modo compart&iacute;a Hirschman, quien no pudo dejar de citar uno de los p&aacute;rrafos finales de la obra de Cervantes sobre el personaje que tuvo la mala idea de "sanar" a Don Quijote, y sumergirlo en "las heladas aguas del c&aacute;lculo racional" y, as&iacute;, perder el "beneficio" derivado de la capacidad para acariciar una y otra vez la idea del &eacute;xtasis y la felicidad (Hirschman, 1982, 24):</p>      <blockquote>     <p>-&iexcl;Oh, se&ntilde;or&iexcl; -dijo don Antonio-, Dios os perdone el agravio que hab&eacute;is hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al m&aacute;s gracioso loco que hay en &eacute;l. &iquest;No veis, se&ntilde;or, que no podr&aacute; llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvar&iacute;os?</p> </blockquote>      <p>Retornemos al comercio y las pasiones<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. En los siglos XVII y XVIII abundaron los escritores -te&oacute;logos y fil&oacute;sofos- que trataron las condiciones para una sociedad virtuosa, una sociedad que compaginara algunos valores deseables con las condiciones que generaba el nacimiento del capitalismo; una sociedad civil comercial virtuosa, para usar los t&eacute;rminos de Adam Ferguson.</p>      <p>Ya no era posible recurrir a la &eacute;tica cristiana, pues era incompatible con la era de la Ilustraci&oacute;n. Adem&aacute;s, la religi&oacute;n no "civiliza" a nadie: reviste el grado de "civilizaci&oacute;n" de la sociedad que la practica. Los recuerdos de las guerras de religi&oacute;n -la matanza de San Bartolom&eacute;, el llamado de Lutero a la nobleza alemana para aplastar a los campesinos- no la autorizaban a asumir ese papel. Descartes no la mencion&oacute; cuando habl&oacute; de "la industria del control de las pasiones". Hab&iacute;a entonces que apelar a la <i>coerci&oacute;n estatal</i>, a la "v&iacute;a compensatoria": un clavo saca otro clavo: unas pasiones se oponen a otras y las aniquilan. El inter&eacute;s, por ejemplo, anula pasiones destructivas: "porque as&iacute; como en el gobierno de los estados es necesario a veces enfrentar una facci&oacute;n con otra, lo mismo ocurre en nuestro gobierno interior"(Bacon, citado en Hirschman, 1999, 30).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Montesquieu, por su parte, expone el ambiguo papel del comercio: "las leyes del comercio contribuyen a perfeccionar las costumbres por la misma raz&oacute;n que las corrompen. El comercio corrompe las virtudes puras: de eso se lamentaba Plat&oacute;n; pero pule y suaviza las costumbres b&aacute;rbaras, como podemos verlo cada d&iacute;a"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>El comercio, a diferencia del <i>logos</i> griego, no logra embridar el deseo de poder, la envidia, la concupiscencia ni la avaricia. Agust&iacute;n de Hipona disculpar&aacute; la <i>libido dominandi</i> -la concupiscencia del poder-, los autores modernos disculpar&aacute;n la avaricia, el <i>amor sceleratus habendi </i>(el maldito amor por la posesi&oacute;n). Para que triunfe el capitalismo habr&aacute; que ver virtud en el vicio, mostrar que los vicios privados traen beneficios p&uacute;blicos. Mandeville sostiene que el bien p&uacute;blico se sirve mejor con el mal privado. La codicia, que para Dante no ten&iacute;a un castigo especial porque era su propio castigo, no solo es inherente a la naturaleza humana, sino que es racional y moralmente permisible. Ser&aacute; Burke quien defienda el amor al lucro como "un principio natural, razonable y prol&iacute;fico"</p>      <p>Las pasiones se trastocan en intereses, m&aacute;s calmos. El inter&eacute;s es una pasi&oacute;n razonada, que contrarresta pasiones m&aacute;s ardientes, como el af&aacute;n de poder, el deseo sexual y otras inclinaciones irracionales:</p>      <blockquote>     <p>La modernidad es el paso de las pasiones c&aacute;lidas a las fr&iacute;as, el paso al fr&iacute;o y calmo inter&eacute;s: all&iacute; irrumpen las pasiones adquisitivas, el <i>homo oeconomicus </i>de la edad liberal &#91;...&#93;El amor y la ira se reducen convirti&eacute;ndose en sexo y violencia. La avaricia y la avidez se redefinen como motores del progreso, la envidia se convierte en competencia creadora, la ambici&oacute;n, representada como af&aacute;n de progreso personal, la codicia, llamada superaci&oacute;n econ&oacute;mica y agresividad competitiva (Bordelois, 2006, 189).</p> </blockquote>      <p>Para Norbert Elias, "La tragedia cl&aacute;sica expresa del modo m&aacute;s n&iacute;tido la importancia de las buenas formas, signo distintivo de toda <i>society</i> aut&eacute;ntica; la moderaci&oacute;n de las pasiones individuales mediante la raz&oacute;n, cuesti&oacute;n vital para cada cortesano. El comedimiento en la conducta y la exclusi&oacute;n de toda expresi&oacute;n vulgar, s&iacute;mbolos espec&iacute;ficos de una cierta fase en el camino hacia la 'civilizaci&oacute;n'" (1994, 67).</p>      <p><font size="3"><b>LIMITACIONES DEL DISCURSO SOBRE EL COMERCIO Y LA VIRTUD</b></font></p>      <p>Los moralistas ingleses del siglo XVIII no se fiaban del recurso a los intereses como pasi&oacute;n compensadora. Primero, como se&ntilde;ala Hirschman, si bien el discurso sobre las virtudes pod&iacute;a tener elementos de verdad no estaba exento de problemas. Mientras que en la cultura moral antigua el ideal moral consist&iacute;a en someter las pasiones al examen de la raz&oacute;n, como sosten&iacute;a Arist&oacute;teles, los autores modernos procurar&aacute;n domar las pasiones sin recurrir a fuerzas extra&ntilde;as -como la fe- pero no confiar&aacute;n exclusivamente en la raz&oacute;n. En la &eacute;poca cl&aacute;sica, la relaci&oacute;n entre el individuo y la verdad se consideraba puramente intelectual. Los fil&oacute;sofos morales ingleses -Smith, Hutcheson, Ferguson, Shatesbury- a quienes podr&iacute;amos a&ntilde;adir a Spinoza, sostendr&aacute;n que la verdad compromete al hombre en su integridad, no solo su corteza cerebral. El racionalismo de Descartes, por ejemplo, ri&ntilde;e con el empirismo ingl&eacute;s. En la ilustraci&oacute;n escocesa no cabe el <i>dictum</i> kantiano de las pasiones como c&aacute;ncer de la raz&oacute;n. Para Hume, la raz&oacute;n es y debe ser esclava de las pasiones. El inter&eacute;s es suced&aacute;neo de las pasiones. Y viceversa.</p>      <p>Hirschman dice que la distinci&oacute;n entre pasiones e intereses no es clara. La idea de que el comercio hace dulce a la gente no es del todo cierta. No todos los ilustrados -con certeza ni Smith ni Ferguson, ni siquiera Montesquieu- compart&iacute;an la fe en el comercio como medio civilizador, aunque no lo atacaban. La sociedad comercial es irreversible, sostendr&aacute;n, y la virtud seguir&aacute; siendo necesaria, aunque no siempre se logre conciliar el inter&eacute;s comercial con la virtud.</p>      <p>Adam Ferguson, por ejemplo, rechaz&oacute; la subordinaci&oacute;n de todas las esferas de la vida social a la "norma econ&oacute;mica", es decir, al mercado. La sociedad no est&aacute; formada &uacute;nicamente, como suger&iacute;an algunos de sus contempor&aacute;neos, por individuos ego&iacute;stas que solo buscan su inter&eacute;s personal. El hombre tambi&eacute;n tiene una inclinaci&oacute;n natural a la sociabilidad, como se&ntilde;al&oacute; Arist&oacute;teles y en contra de lo que postul&oacute; Hobbes. La sociedad comercial corrompe el esp&iacute;ritu c&iacute;vico y amenaza destruir la sociedad. Por ello es necesario que el individuo, adem&aacute;s de perseguir sus intereses, tenga virtud c&iacute;vica, que haga gala de humanismo c&iacute;vico, en la mejor tradici&oacute;n del republicanismo griego o renacentista (Castrill&oacute;n, 2007).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Smith no era ajeno a estas tesis. Aunque no escatim&oacute; elogios a la sociedad comercial y a la divisi&oacute;n del trabajo, no dej&oacute; de ver y de decir que los comerciantes eran rapaces, mezquinos, enga&ntilde;adores, conspiradores, falsos, viles, sofistas, que se aprovechaban de los pobres y de los indigentes. Es decir, estuvo lejos de suscribir sin salvedades la tesis del "dulce comercio" o su correlato, el ego&iacute;smo como motivaci&oacute;n y explicaci&oacute;n primordial de la acci&oacute;n humana, una posici&oacute;n que Hirschman no trat&oacute;. Smith critic&oacute; el reduccionismo de Epicuro, el de Hobbes, el de su maestro Hutcheson y el de Mandeville. Para Smith, los hombres no eran villanos malvados ni h&eacute;roes desinteresados de s&iacute; mismos.</p>      <p>No se puede dejar de mencionar a Sir Steuart, quien pensaba que el comercio, la industria, la sociedad civil comercial, la letra de cambio, la legislaci&oacute;n mercantil y las "fugas de capital" manten&iacute;an a raya las apetencias del poder y frenaban la rapacidad de los gobernantes. El comercio dio origen a la sociedad civil, cuyo signo es contrario al de la arbitrariedad: cuanta m&aacute;s sociedad menos Estado, y viceversa. El comercio modera el esp&iacute;ritu b&eacute;lico y atempera las pasiones del gobernante. Seg&uacute;n Hirschman, los modernos <i>cre&iacute;an, ten&iacute;an fe, </i>en que el progreso econ&oacute;mico y el progreso pol&iacute;tico eran indisolubles. Aunque quisieran, los hombres -gobernantes y s&uacute;bditos-no pod&iacute;an ser malvados. As&iacute; lo dijo Montesquieu: "es una suerte para los hombres estar en una situaci&oacute;n en donde, mientras las pasiones les inspiran la idea de ser malvados, todav&iacute;a tienen inter&eacute;s en no serlo". Lo que les impide ser malvados es la persecuci&oacute;n del inter&eacute;s y la expansi&oacute;n del mercado. Esto recuerda a Kant, emblema de la Ilustraci&oacute;n, para quien el problema del Estado, del gobierno, de la constituci&oacute;n del orden civil ten&iacute;a soluci&oacute;n, as&iacute; se tratase de un "pueblo de demonios", pero dotados de entendimiento para perseguir sus intereses y calcular los medios necesario para conseguirlos.</p>      <p>Ordenar una muchedumbre de seres racionales que, para su conservaci&oacute;n, exigen conjuntamente leyes universales, aun cuando cada uno tienda en su interior a eludir la ley, y establecer su constituci&oacute;n de modo tal que, aunque sus sentimientos particulares sean opuestos, los contengan mutuamente de manera que el resultado de su conducta p&uacute;blica sea el mismo que si no tuvieran tales malas inclinaciones (Kant, 2006, 74).</p>      <p>Para Hirschman, la relaci&oacute;n entre comercio y virtud, entre progreso econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, no tiene un car&aacute;cter un&iacute;voco. Los ciudadanos ricos no siempre mantienen a raya la arbitrariedad del pr&iacute;ncipe: muchas veces se al&iacute;an con los malos gobernantes para perseguir su propio inter&eacute;s, no el bien com&uacute;n.</p>      <p>El crecimiento econ&oacute;mico, el progreso social y la libertad -o m&aacute;s sencillamente, el respeto por los derechos humanos- no avanzan necesariamente juntos &#91;...&#93; algunas variedades de crecimiento econ&oacute;mico son enteramente compatibles con el retroceso social y pol&iacute;tico (Hirschman, citado en Meldolessi, 1997, 259).</p>      <p>Las relaciones entre econom&iacute;a y pol&iacute;tica, entre desarrollo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, son m&aacute;s complejas que las tres que se suelen mencionar:todo lo bueno viene junto, es necesario sacrificar uno en pro del otro (la democracia en pro del mercado, por lo general), y primero uno (el econ&oacute;mico) y despu&eacute;s el otro. En opini&oacute;n de Hirschman: "no hemos querido -o nuestros constructores de modelos no han podido -pensaren t&eacute;rminos de conexiones intermitentes, de acoplamientos y des-acoplamientos, de alternancias entre interdependencia y autonom&iacute;a"(1994, 8).</p>      <p><font size="3"><b>CODA</b></font></p>      <p>La obra de Albert Hirschman no solo es de inter&eacute;s en nuestro pa&iacute;s, por su influencia en la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, igual que Lauchlin Currie. Tanto m&aacute;s cuanto que la opini&oacute;n de Hirschman acerca de la Colombia de hace sesenta a&ntilde;os puede suscribirse hoy sin mayor apuro: "en el gobierno colombiano imperaba un estado de total descomposici&oacute;n que hac&iacute;a el trabajo m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n" (Hirschman,1996, 645)</p>      <p>El inter&eacute;s por la obra de Hirschman trasciende los l&iacute;mites locales, pues sus tesis y sus ideas son una invitaci&oacute;n permanente a pensar los problemas econ&oacute;micos con imaginaci&oacute;n y sin temor a traspasar las fronteras acad&eacute;micas y profesionales entre las disciplinas sociales.</p>  <hr>      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Albert Hirschman (1915-2012), economista alem&aacute;n nacionalizado en Estados Unidos. Emigr&oacute; de Alemania con la llegada de los nazis al poder. Estudi&oacute; en la Sorbona y en Trieste. Particip&oacute; en la resistencia antifascista en Italia, Francia y Espa&ntilde;a. Viaj&oacute; a Estados Unidos, donde trabaj&oacute; para la Reserva Federal y la Universidad de Berkeley, sirvi&oacute; en el ej&eacute;rcito estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. A su regreso fue nombrado Jefe de la Secci&oacute;n Europea de la Reserva Federal, cargo que ejerci&oacute; hasta 1952. Entre 1952 y 1956 trabaj&oacute; para el gobierno colombiano, como consejero financiero de la Junta de Planificaci&oacute;n Nacional (1952-1954) y como asesor privado (1954-1956).    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>En junio de 2008, la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad de los Andes celebr&oacute; los 50 a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de <i>La estrategia del desarrollo econ&oacute;mico</i>.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Sobre este tema, ver Pocock (1985).    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup><i>Esprit des Lois</i>, XX, 1, citado en Hirschman (1984, 13).</p> <hr>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Alvar, C., comp. <i>Poes&iacute;a de trovadores, trov&egrave;res, minnesinger: de principios del siglo XII a fines del siglo XIII</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996201300010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Bordelois, I. <i>La etimolog&iacute;a de las pasiones</i>, Libros del Zorzal, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996201300010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Castrill&oacute;n, A. "Sociedad civil, virtud y comercio", <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>16, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996201300010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Cervantes S. M. de. <i>Obras completas</i>, Parte I, cap. XLV, Madrid, Aguilar, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996201300010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Costa y M., J. <i>Oligarqu&iacute;a y caciquismo. Colectivismo agrario y otros escritos</i> &#91;1901&#93;, Madrid, Alianza Editorial, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996201300010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Elias, N. <i>El proceso de la civilizaci&oacute;n </i>&#91;1939&#93;, M&eacute;xico D.F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996201300010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Franklin, B. <i>El libro del hombre de bien</i>, Madrid, Espasa-Calpe, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996201300010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Hazard, P. <i>La crisis de la conciencia europea (1680-1715)</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996201300010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Hirschman, A. O. <i>La estrategia del desarrollo econ&oacute;mico</i> &#91;1958&#93;, M&eacute;xico D.F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996201300010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Hirschman, A. O. <i>Shifting involvements</i>, Princeton University Press, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996201300010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Hirschman, A. O. <i>L'&eacute;conomie comme science morale et politique</i>, Paris, Seuil, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996201300010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Hirschman, A. O. "La conexi&oacute;n intermitente entre el progreso pol&iacute;tico",<i> Estudios p&uacute;blicos </i>56, 1994, 6-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996201300010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Hirschman, A. O. 	"Entrevista sobre su vida y su obra", <i>Desarrollo Econ&oacute;mico</i> 35, 140, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996201300010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Hirschman, Albert O. <i>Las pasiones y los intereses. Argumentos pol&iacute;ticosen favor del capitalismo previos a su triunfo </i>&#91;1977&#93;, Barcelona, Ediciones Pen&iacute;nsula, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996201300010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Judt, T. <i>Algo va mal</i>, Bogot&aacute;, Taurus, 2011a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996201300010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Judt, T. <i>El refugio de la memoria</i>, Madrid, Taurus, 2011b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996201300010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Kant, I. <i>Sobre la paz perpetua</i> &#91;1795&#93;, Madrid, Alianza Editorial, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996201300010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Keynes, J. M. "National self-sufficiency-studies, <i>Irish Quarterly Review </i>22, 86, 1933.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-5996201300010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. Keynes, J. M. "Las posibilidades econ&oacute;micas de nuestros nietos" &#91;1930), <i>Ensayos de persuasi&oacute;n</i>, vol. 2, Barcelona, Folio, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996201300010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Krugman, P. "&iquest;C&oacute;mo pudieron equivocarse tanto los economistas?",<i> El Pa&iacute;s</i> (Espa&ntilde;a), 13 de septiembre de 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996201300010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Meldolesi, L. <i>En b&uacute;squeda de lo posible. El sorprendente mundo de Albert O. Hirschman</i>, M&eacute;xico D.F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996201300010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Nietzsche, F. <i>La gaya ciencia</i>, Palma de Mallorca, Ola&ntilde;eta, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996201300010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Ovejero, F. <i>Mercado, &eacute;tica y econom&iacute;a</i>, Barcelona, Icaria, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996201300010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Pocock, J. G. A. <i>Virtue, commerce and history</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996201300010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Polo G, V. <i>Literatura universal</i>, Textos, Murcia, Universidad de Murcia, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996201300010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Samuelson, P. "Adi&oacute;s al capitalismo de Friedman y Hayek", <i>El Pa&iacute;s </i>(Espa&ntilde;a), 26 de octubre de 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996201300010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Sandel, M. J. <i>What money can't buy. The moral limits of markets</i>, New York, Farrar, Straus and Girouxm, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996201300010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Santos R, M. "Sanchos y Quijotes en la Espa&ntilde;a de Cervantes", M. A.Galindo, Coord., <i>Cervantes y la econom&iacute;a</i>, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996201300010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>29. Schumpeter, J. A. <i>Capitalismo, socialismo y democracia</i>. Barcelona, Orbis, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996201300010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Viner, J. "Adam Smith y el 'laissez faire'", Spengler, J. y Allen, W. <i>El pensamiento econ&oacute;mico de Arist&oacute;teles a Marshall</i>, Madrid, Taurus, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996201300010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p></font>       ]]></body><back>
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