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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[TRANSFERENCIAS MONETARIAS UNIVERSALES E INGRESO. SIMULACIÓN EN UNA ZONA MEXICANA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[UNIVERSAL CASH TRANSFERS AND INCOME. SIMULATION IN A MEXICAN ZONE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article compares the effects of the basic income and conditioned cash transfer programs that have been implemented in Latin America. The empirical case study is the Programa Oportunidades from a Mexican metropolitan zone. A Kernel estimation was applied and it showed no statistical differences in household incomes whether they received cash transfers or not. However, family incomes equivalent to the threshold of the minimum wage or the extreme poverty show significant statistical differences in the purchasing power which aids in the eradicaton of extreme poverty.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>TRANSFERENCIAS MONETARIAS UNIVERSALES E INGRESO. SIMULACI&Oacute;N EN UNA ZONA MEXICANA</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>UNIVERSAL CASH TRANSFERS AND INCOME. SIMULATION IN A MEXICAN ZONE</b></font></p>     <p align="center"><I>Oscar Alfonso Mart&iacute;nez Mart&iacute;nez</I><SUP>*</SUP></p>     <p><SUP>*</SUP>Doctor en Pol&iacute;ticas Comparadas de Bienestar Social, Universidad Aut&oacute;noma de Nuevo Le&oacute;n, M&eacute;xico, profesor de la Universidad Iberoamericana de M&eacute;xico, &#91;<A href="mailto:oscar.martinez@ibero.mx">oscar.martinez@ibero.mx</A>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 27 de junio de 2011, fecha de modificaci&oacute;n: 18 de julio de 2012, fecha de aceptaci&oacute;n: 23 de abril de 2013.</p> <hr>     <p><b><font size="3">RESUMEN</font></b></p>     <p>Este art&iacute;culo compara los efectos de los programas de renta b&aacute;sica con los de transferencias condicionadas que se han adoptado en Am&eacute;rica Latina, tomando el Programa Oportunidades en un &aacute;rea metropolitana de M&eacute;xico. Mediante una estimaci&oacute;n de tipo Kernel se encontr&oacute; que no existen diferencias estad&iacute;sticas en el ingreso de los hogares que tienen y los que no tienen transferencias condicionadas. En cambio, un ingreso equivalente al umbral de extrema pobreza o de un salario m&iacute;nimo genera diferencias estad&iacute;sticamente significativas en el poder adquisitivo que ayudan a superar la pobreza extrema. </p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: pol&iacute;tica social, renta b&aacute;sica y pobreza; JEL: E24, I38, I32&#93; </p> <hr>      <p><b><font size="3">ABSTRACT</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This article compares the effects of the basic income and conditioned cash transfer programs that have been implemented in Latin America. The empirical case study is the Programa Oportunidades from a Mexican metropolitan zone. A Kernel estimation was applied and it showed no statistical differences in household incomes whether they received cash transfers or not. However, family incomes equivalent to the threshold of the minimum wage or the extreme poverty show significant statistical differences in the purchasing power which aids in the eradicaton of extreme poverty. </p>     <p>&#91;<b>Keywords</b>: social policy, basic income and poverty; JEL: E24, I38, I32&#93; </p> <hr>      <p>La crisis que   empez&oacute; en 2008 tuvo graves efectos en M&eacute;xico, en materia de desempleo   y pobreza; no solo debido a la contracci&oacute;n causada por la ca&iacute;da   de la econom&iacute;a estadounidense sino tambi&eacute;n al brote de gripe   aviar<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup>. Esos efectos obedecen al   fuerte descenso de las remesas internacionales y a la reducci&oacute;n de las   exportaciones. El consumo interno fue afectado por la baja generaci&oacute;n de   empleos, el aumento del desempleo y la p&eacute;rdida de poder adquisitivo de   los salarios. El n&uacute;mero de desempleados aument&oacute; en forma continua   desde el tercer trimestre de 2008 hasta el cuarto trimestre de 2011, cuando   m&aacute;s de 2 millones de personas econ&oacute;micamente activas   hab&iacute;an perdido su empleo por causa de la crisis (ENOE, 2008 a 2011).   Estos resultados indican la debilidad del mercado laboral y su fuerte dependencia   de la econom&iacute;a estadounidense, la cual condiciona la recuperaci&oacute;n   de la econom&iacute;a mexicana. A diferencia de China y Brasil, que adoptaron   paquetes fiscales de est&iacute;mulo a la econom&iacute;a como instrumentos   contra c&iacute;clicos, el gobierno mexicano tuvo una actitud pasiva, y las medidas   que adopt&oacute; no incentivaron la generaci&oacute;n de empleos en las   empresas, en especial en las peque&ntilde;as y medianas. Las personas que   perdieron su empleo durante la crisis, sumadas a los miles de desempleados   desde antes, enfrentan graves dificultades para cubrir los gastos del hogar, y   carecen de un programa federal, como el seguro de desempleo (salvo en el   Distrito Federal, donde se estableci&oacute; hace algunos a&ntilde;os, con   limitaciones) o de ingresos que les proporcionen una remuneraci&oacute;n mientras   est&eacute;n sin trabajo, una situaci&oacute;n que ya no es coyuntural sino   estructural, y cuya soluci&oacute;n puede tardar mucho tiempo. Adem&aacute;s,   si el actual seguro de desempleo se extendiera a nivel federal, solo   funcionar&iacute;a cuando el desempleo es de corta duraci&oacute;n (hasta 6   meses), y el tiempo para encontrar empleo es cada vez m&aacute;s prolongado.   Esto lleva a preguntar si un seguro de esta clase es efectivo para enfrentar la   falta de oportunidades laborales.</p>     <p>Por otra   parte, aunque los programas sociales pretenden mejorar la situaci&oacute;n   social de las personas, el n&uacute;mero de pobres aument&oacute; fuertemente   entre 2006 y 2010 (<a href="#c1">cuadro 1</a>)<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>. En 2010, hab&iacute;a un poco m&aacute;s de 21,1   millones de pobres alimentarios, casi 30 millones de capacidades y 57,6   millones de patrimonio. </p>     <p align=center><a name=c1></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14c1.jpg"></p>     <p>Aunque   sean discutibles las causas de este aumento de la pobreza, se debe subrayar que   estas cifras reflejan la falta de pol&iacute;ticas que ayuden a proporcionar un   ingreso sostenido y cubran todas las formas de pobreza. El programa de   transferencias monetarias m&aacute;s grande es el Programa Oportunidades   (PrOp), que beneficia a casi 6 millones de hogares, unos 23,2 millones de   personas (suponiendo que est&aacute; bien focalizado), pero deja por fuera   millones de pobres.</p>     <p>Un grupo   de especial importancia es el de los adultos mayores. El porcentaje de personas   de 65 a&ntilde;os y m&aacute;s que no trabajaban y no recib&iacute;an   pensi&oacute;n en 2008 era del 46,2%. Dentro del 20% de los m&aacute;s pobres,   representa el 70,2% (Coneval, 2009). Estas cifras apenas dan una idea de su   vulnerabilidad en t&eacute;rminos de poder adquisitivo y de su dependencia de   otros miembros del hogar.</p>     <p>Aunque se   han hecho esfuerzos importantes, a nivel federal y estatal, para otorgar una   pensi&oacute;n no contributiva, esta no cubre toda la poblaci&oacute;n de 65 a   69 a&ntilde;os a pesar de que son adultos mayores, pues por lo regular se   otorga a partir de los 70 a&ntilde;os. Adem&aacute;s, no opera en todos los   estados y el programa federal (70 a&ntilde;os y m&aacute;s) se focaliza en   zonas de alto nivel de marginaci&oacute;n. En suma, un elevado n&uacute;mero de   adultos mayores carece de ingreso.</p>     <p>Los datos   anteriores muestran la debilidad del sistema de bienestar mexicano. Primero,   carece de un seguro de desempleo que cubra las necesidades primarias, sobre   todo en momentos de crisis, cuando aumenta el desempleo. Segundo, hace falta un   programa de transferencias de ingreso que cubra todas las formas de pobreza.   Tercero, no existe un programa universal de pensiones no contributivas o, al   menos, que cubra a las personas desempleadas de 65 a&ntilde;os y m&aacute;s.   Ante esta situaci&oacute;n, cabe examinar los programas de ingreso universal,   no de corte residual o focalizados en cierto grupo de poblaci&oacute;n, que   impulsan la econom&iacute;a en cuanto se usan como instrumento   contra-c&iacute;clico y, al mismo tiempo, proporcionan mayor poder adquisitivo   y un m&iacute;nimo de bienestar, por medio de la redistribuci&oacute;n del   ingreso y el cumplimiento de los derechos sociales.</p>     <p>Una   propuesta de esta naturaleza es la Renta B&aacute;sica (RB) o Ingreso   Ciudadano, que en opini&oacute;n de Sanzo (2005) reduce el riesgo de que   algunos beneficiarios potenciales no la disfruten porque viven fuera del   &aacute;rea que cubren los programas o son un poco menos pobres. La RB   garantiza el acceso de todas las personas y no solo a un miembro del hogar, al   tiempo que evita el clientelismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s,   como se&ntilde;ala van Parijs (2003), la RB no crea estigmas porque es un   derecho ciudadano y no un programa de asistencia, y no crea dependencia ni   exclusi&oacute;n. Este art&iacute;culo intenta mostrar que la RB puede ser una   estrategia efectiva contra la pobreza, y determina el monto de RB que tiene   efectos m&aacute;s significativos en los hogares en comparaci&oacute;n con la   transferencia monetaria del PrOp. Consta de dos secciones: la primera sintetiza   los argumentos que fundamentan las transferencias de ingreso y la RB; la   segunda presenta las estimaciones de las funciones de densidad para comparar el   impacto de una transferencia del PrOp y el impacto de la RB. Aunque el trabajo   de campo se llev&oacute; a cabo en el &Aacute;rea Metropolitana de Monterrey (AMM)   en el estado de Nuevo Le&oacute;n, el ejercicio de simulaci&oacute;n da una   idea de los efectos la RB, no solo en M&eacute;xico sino en otros pa&iacute;ses   donde operan programas de transferencias. </p>     <p><b>PROGRAMAS DE   TRANSFERENCIAS Y RENTA B&Aacute;SICA</b></p>     <p>En esta   secci&oacute;n se describe el esquema de los programas de transferencia de   ingreso de corte residual y focalizado, se explica su base te&oacute;rica y se   muestra c&oacute;mo operan. Luego se describen los programas de ingreso   universal para mostrar por qu&eacute; son una buena opci&oacute;n para combatir   la pobreza.</p>     <p>Los   programas de transferencias condicionadas (PTC) son parte integral de las   pol&iacute;ticas sociales de los gobiernos latinoamericanos, y buscan   desarrollar las capacidades de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes para que   entren al mercado laboral en mejores condiciones de competitividad   despu&eacute;s de terminar sus estudios. Estos programas persiguen el   mejoramiento del capital humano mediante tres componentes: educaci&oacute;n,   salud y alimentaci&oacute;n.</p>     <p>La   elecci&oacute;n de los componentes se basa en Sen (2000, 180): &quot;existen   abundantes pruebas de que incluso con un ingreso bajo, un pa&iacute;s que   garantiza la asistencia sanitaria y la educaci&oacute;n a todos puede conseguir   notables resultados en lo que se refiere a longevidad y calidad de vida de toda   la poblaci&oacute;n&quot;. Si se asegura ese m&iacute;nimo de bienestar se obtienen   resultados visibles en cualquier contexto, en especial en los de mayor   marginaci&oacute;n y pobreza.</p>     <p>Los   programas de transferencias condicionan la entrega de recursos a la asistencia   a controles de salud y al env&iacute;o de los hijos a la escuela. En caso de incumplimiento,   se excluyen del programa por un mes o en forma definitiva. Aunque este   requisito asegura la formaci&oacute;n de capital humano, pues ayuda a mejorar   la educaci&oacute;n y la salud, &quot;puede privar a los pobres de la libertad   de elegir los servicios apropiados&quot;(Samson, 2006, 10), oblig&aacute;ndolos   a realizar las actividades trazadas por el programa, que a veces requieren   doble o triple jornada, especialmente de la madre. </p>     <p>Los PTC   proporcionan dinero a las familias beneficiadas para ayudarlas a mejorar sus   condiciones de pobreza en el corto plazo. En teor&iacute;a, ese dinero aumenta   su poder adquisitivo y les permite elegir los bienes que compran, as&iacute;   como su cantidad y su calidad (Gertler y Fernald, 2005). El ingreso es entonces   un medio importante para mejorar sus oportunidades, y su carencia predispone a   llevar una vida de pobreza (Sen, 2000). En vista de ello y de acuerdo con los   resultados de su estudio, Townsend (2009) afirma que los pa&iacute;ses   m&aacute;s exitosos en lograr un crecimiento sostenido y reducir la pobreza lo   han hecho fortaleciendo los sistemas de seguridad social mediante   transferencias y servicios sociales de amplia cobertura<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. El impacto positivo de los programas de   transferencias monetarias consiste precisamente en que cubren a los pobres   (Voipio, 2010, 158).</p>     <p>Desde este   punto de vista te&oacute;rico se han dise&ntilde;ado varios programas, entre   ellos el Programa de Educaci&oacute;n, Salud y Alimentaci&oacute;n (Progresa),   un programa de primera generaci&oacute;n que se inici&oacute; en M&eacute;xico en   1997, y que en 2002 se transform&oacute; en el Programa de Desarrollo Humano   Oportunidades (PrOp). Igual que cualquier programa de transferencias   condicionadas, este otorga una transferencia por becas escolares<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup> (<a href="#c2">cuadro 2</a>). </p>     <p align=center><a name=c2></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14c2.jpg"></p>     <p>La   transferencia tiene un tope m&aacute;ximo mensual de 112,30 d&oacute;lares por   hogar cuando los becarios son de educaci&oacute;n b&aacute;sica y de 181,15   d&oacute;lares si los becarios son de educaci&oacute;n media superior. Ambas   sumas se pueden incrementar en 22,69 d&oacute;lares mensuales por cada adulto   mayor. Aunque las cifras del cuadro son mensuales, el pago se hace cada dos   meses por transferencia bancaria si en la zona existe un cajero   autom&aacute;tico; en caso contrario, el dinero se entrega en los puntos se&ntilde;alados   por el programa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El PrOp   supone que estas transferencias mejoran el ingreso de los hogares y la   alimentaci&oacute;n de sus miembros. Se espera que reduzcan las variaciones de   ingreso, hagan posible la planeaci&oacute;n de los gastos, no tengan que fiar   productos alimentarios y mejoren las condiciones de compra de los alimentos   (Escobar y Gonz&aacute;lez de la R., 2004).</p>     <p>Uno de los   puntos m&aacute;s d&eacute;biles del PrOp, igual que en todos los PTC, es la   focalizaci&oacute;n, porque la selecci&oacute;n de unas pocas personas en un   espacio de pobreza deteriora el tejido social y las relaciones dentro de la   comunidad, pues se da prioridad a los m&aacute;s pobres entre los pobres.   Adem&aacute;s, en el caso del PrOp se ha encontrado que algunos beneficiarios   tienen mayores ingresos, a nivel dom&eacute;stico y per c&aacute;pita, que los   que no reciben el apoyo (ib&iacute;d.), lo que pone en tela de juicio la   validez de la focalizaci&oacute;n, incluso dentro de las mismas colonias.   Algunas personas no declaran su ingreso verdadero por el estigma de declararse   pobres, que afecta su amor propio y su situaci&oacute;n en la comunidad; de   modo que falsean la informaci&oacute;n y quedan excluidas del programa. Otras   declaran un ingreso menor del que reciben, de modo que son incluidas entre los   necesitados, lo que genera el error tipo I (Sen, 2000).</p>     <p>La   focalizaci&oacute;n deficiente es clara cuando se compara el n&uacute;mero de   beneficiarios del programa, 5,8 millones de familias, unos 23,2 millones de   personas, con el n&uacute;mero de personas pobres por ingreso, 50,6 millones,   de los cuales 19,5 millones son pobres por alimentos (Coneval, 2009). En el   mejor de los casos, siempre y cuando se haya hecho una buena   focalizaci&oacute;n, se cubre a los pobres extremos y algunos pobres por   capacidades. Estas cifras reflejan algunos problemas del PrOp y llevan a buscar   propuestas que den una soluci&oacute;n integral a la pobreza. Una de ellas es   la RB, una suma en efectivo que se otorga en forma universal como un derecho   ciudadano, individual y no por hogar, e incondicional, es decir, independiente   del nivel de ingresos y sin contraprestaci&oacute;n o corresponsabilidad   (Mu&ntilde;oz, 2008).</p>     <p>Este tipo   de propuestas no es nuevo. Seg&uacute;n van Parijs (2003), se encuentra ya en   1848 en <i>La soluci&oacute;n del problema social</i>, del jurista belga Joseph   Charlier, donde propuso un dividendo territorial, es decir, una suma que el   municipio pagar&iacute;a a los ciudadanos por el derecho a la tierra y los   recursos naturales. Por su parte, Oskar Lange (1936) argument&oacute; que para   mejorar la protecci&oacute;n social se deb&iacute;a garantizar una renta   m&iacute;nima a cada individuo, sin importar su situaci&oacute;n   econ&oacute;mica, por su participaci&oacute;n en el producto de cada   naci&oacute;n. Con esta medida el gobierno pod&iacute;a redistribuir el ingreso   con criterios de equidad y justicia.</p>     <p>Desde un   comienzo se propuso que la RB se entregara sin condiciones, como un derecho que   todos los ciudadanos tienen a recibir los medios necesarios para su pleno   desarrollo, un derecho consagrado en la mayor&iacute;a de las constituciones.   Por ello, Sanzo (2005) se&ntilde;ala que el prop&oacute;sito de la RB es   asegurar el derecho individual a la existencia, y que se debe entregar a todos   los ciudadanos, pobres o ricos, con independencia de otros recursos y fuentes   de ingreso. De ese modo, los ciudadanos tendr&iacute;an asegurado un ingreso   para hacer frente a sus necesidades b&aacute;sicas, independientemente del   ciclo econ&oacute;mico, de la inestabilidad del mercado, de quedar desempleados   o de llegar a adultos mayores y sin pensi&oacute;n.</p>     <p>Esos   beneficios son importantes, pero seg&uacute;n Pinilla (2004, 51) la RB puede   tener repercusiones m&aacute;s importantes: &quot;erradicar la pobreza y el   desempleo involuntario; mejorar la eficiencia econ&oacute;mica para lograr el   pleno empleo, un crecimiento econ&oacute;mico m&aacute;s sano y una mayor   estabilidad econ&oacute;mica, aumentar la seguridad econ&oacute;mica y la   libertad efectiva de los ciudadanos para llevar a cabo cualquier plan de vida   que puedan tener motivos para valorar&quot;. El dinero que las personas reciben   por la RB no solo fortalecer&iacute;a el estado de bienestar sino que   podr&iacute;a ayudar a revitalizar la econom&iacute;a elevando el consumo, lo   que en &eacute;pocas de crisis es esencial. Como se&ntilde;ala Pinilla, la RB   dinamizar&iacute;a el mercado e impulsar&iacute;a las fuerzas   econ&oacute;micas.</p>     <p>Una   pregunta que surge del an&aacute;lisis de esta secci&oacute;n es si la RB ayuda   m&aacute;s a reducir la pobreza que los PTC. Para responderla, en la siguiente   secci&oacute;n se presenta la simulaci&oacute;n de un esquema universal frente   a uno focalizado. </p>     <p><b>RESULTADOS DE LA   SIMULACI&Oacute;N</b><a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup></p>     <p>Una de las   obligaciones del Estado es crear las condiciones para que la poblaci&oacute;n   tenga educaci&oacute;n, vivienda, seguridad, salud, alimentaci&oacute;n,   trabajo e ingreso para comprar los bienes y servicios necesarios para   desarrollar las capacidades de los individuos. Por diversas causas (que no son   el tema de an&aacute;lisis de este art&iacute;culo) el desempleo se ha vuelto   un problema estructural y el gobierno no ha dado una soluci&oacute;n eficaz   para mantener el poder adquisitivo de los hogares. Aunque ha hecho algunos   esfuerzos, como los programas de transferencias condicionadas, para adultos   mayores y seguros de desempleo, todos focalizados hacia grupos vulnerables,   bien sea por forma de pobreza, edad, situaci&oacute;n laboral o   marginaci&oacute;n.</p>     <p>El PrOp ha   sido la columna vertebral del modelo de pol&iacute;tica social durante casi   tres periodos de gobierno y continuar&aacute; en el que inicia en 2013. No   obstante, este programa no responde eficazmente a los problemas sociales y   econ&oacute;micos actuales, ni a la crisis econ&oacute;mica ni a la   flexibilizaci&oacute;n y precarizaci&oacute;n del mercado laboral, que se   manifiestan en el aumento del empleo temporal o parcial, y en la r&aacute;pida   expansi&oacute;n del comercio informal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto lleva   a explorar nuevos esquemas basados en los derechos sociales que mantengan el   ingreso de los hogares independientemente del comportamiento del mercado. La   RB, a diferencia de otro tipo de pol&iacute;ticas de bienestar, no discrimina   entre quienes tienen empleo remunerado, dom&eacute;stico o voluntario   (Ravent&oacute;s, 2003), y se otorga como un derecho universal e incondicional   (Sanzo, 2005).</p>     <p>En los   p&aacute;rrafos siguientes se presentan los resultados de una simulaci&oacute;n   realizada con los datos obtenidos en la investigaci&oacute;n sobre el impacto   del PrOp en el &aacute;rea metropolitana de Monterrey, que compara el ingreso   resultante de las transferencias del programa con dos tipos de RB. La   estimaci&oacute;n es de tipo kernel, que ajusta f<i>(x) </i>en X, la cual, a   diferencia de un histograma com&uacute;n, suaviza la distribuci&oacute;n de los   datos y permite ver las diferencias estad&iacute;sticas entre una   poblaci&oacute;n con transferencia del PrOp y otra con RB. </p>     <p>Antes de   presentar los resultados de las estimaciones de la RB, el <a href="#c3">cuadro     3</a> muestra los niveles de pobreza en que se encontraban los hogares sin   tomar en cuenta la transferencia monetaria del PrOp. </p>     <p align=center><a name=c3></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14c3.jpg"></p>     <p>El   porcentaje de pobreza m&aacute;s alto corresponde a la alimentaria (64%),   seguida de la patrimonial (18%) y de la de capacidades (11%). Entre los   beneficiarios hay un 7% de hogares no pobres. Estos datos ayudar&aacute;n a ver   el efecto de la RB, cuya funci&oacute;n kernel no param&eacute;trica se   representa de la siguiente manera: </p>     <p><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14ec1.jpg"></p>     <p>donde es   la ventana &oacute;ptima y la funci&oacute;n es normal: </p>     <p><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14ec2.jpg"></p>     <p>Se   hicieron tres estimaciones. La primera muestra la distribuci&oacute;n del ingreso   mensual por hogar, sin transferencias del PrOp (<i>Ymen</i>) y con   transferencias (<i>Ytmen</i>), para determinar el impacto del dinero que   entrega el PrOp en el ingreso de los hogares. La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra las distribuciones estimadas. </p>     <p align=center><a name=g1></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14g1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   distribuci&oacute;n estimada de <i>Ymen</i>, <i>fymen</i>(x), es muy parecida a   la distribuci&oacute;n estimada de <i>Ytmen</i>, <i>fytmen</i>(<i>x</i>). Las   l&iacute;neas <i>y</i>+, <i>y</i>-y <i>yt</i>+, <i>yt</i>- son los intervalos   de confianza respectivos al 95%. La gr&aacute;fica muestra que la densidad   estimada de los ingresos con transferencias se desplaza hacia la derecha, lo   que indica (sin tomar en cuenta los intervalos de confianza) que la   transferencia mejora el ingreso del hogar. Pero el desplazamiento de la   densidad es m&iacute;nimo y no es estad&iacute;sticamente significativo (<i>p</i>&gt;0,05).</p>     <p>Esto   obedece a que 304,61 d&oacute;lares es el pico de la distribuci&oacute;n, el   cual se visualiza con un supuesto recorrido hacia la derecha debido a que el   l&iacute;mite inferior del intervalo de confianza de <i>fytmen </i>(<i>x</i>)   queda por debajo del l&iacute;mite inferior de, pero ese desplazamiento es   m&iacute;nimo. En cuanto a los l&iacute;mites superiores, si bien se da un   desplazamiento entre el l&iacute;mite superior de la estimaci&oacute;n de <i>fytmen </i>(<i>x</i>) y la estimaci&oacute;n de <i>fymen</i>(<i>x</i>), al estar la   primera por encima, dicho desplazamiento es m&iacute;nimo. Ello se debe a que   el promedio de los ingresos de los hogares sin las transferencias es de 338,29   d&oacute;lares por mes, situ&aacute;ndolos dentro de la l&iacute;nea de pobreza   alimentaria 307,70 d&oacute;lares; al sumar a los ingresos las transferencias   del PrOp, el promedio sube a 370,15 d&oacute;lares, que no sobrepasan los   377,39 d&oacute;lares al mes que representan la l&iacute;nea de pobreza de   capacidades.</p>     <p>Este   resultado acerca de las l&iacute;neas de pobreza indica que no existen impactos   estad&iacute;sticamente significativos al superar <i>p</i>&lt;0,05, de modo que   los hogares, aun sumando las transferencias del PrOp, no rebasan la   l&iacute;nea de pobreza en la que se encontraban originalmente, e incluso los   hogares que estaban en el umbral para salir no dan el salto final para dejar de   ser pobres.</p>     <p>En suma,   un esquema de transferencias como el del PrOp tiene pocos efectos en el ingreso   del hogar y en la reducci&oacute;n de la pobreza, debido a que el PrOp es   focalizado, tiene topes m&aacute;ximos independientes del n&uacute;mero de   miembros de la familia, se otorga por hogar y no en forma individual, por   mencionar algunas limitaciones. Por ello, en las simulaciones siguientes el   dinero se entrega en forma universal, individual e independiente del nivel de   ingresos de las personas.</p>     <p>En la   primera simulaci&oacute;n se compara el ingreso total del hogar, incluyendo la   transferencia mensual del PrOp (<i>Ytmen</i>), con el ingreso total del hogar   m&aacute;s una RB (<i>YLp</i>1) equivalente a 77,11 d&oacute;lares mensuales   por persona, la l&iacute;nea de pobreza alimentaria para zonas urbanasen 2009.   Esta suma de dinero asegura que cada miembro del hogar solvente la   alimentaci&oacute;n diaria, independientemente de la situaci&oacute;n laboral   del hogar. Las distribuciones estimadas de <i>Ymen </i>y <i>YLp</i>1 se   muestran en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>, donde se observan diferencias   estad&iacute;sticamente significativas (<i>p</i>&lt;0,01) entre una RB y el   programa de transferencias. </p>     <p align=center><a name=g2></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14g2.jpg"></p>     <p>La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra que la distribuci&oacute;n estimada de <i>Ymen</i>, <i>fymen</i>(<i>x</i>), es muy distinta de la distribuci&oacute;n estimada de <i>YLp1</i>(<i>x</i>), <i>fylp1</i>(<i>x</i>). Las l&iacute;neas <i>y+, y-</i>y <i>ylp+, ylp-</i> son   los intervalos de confianza respectivos al 95%. Estos resultados indican que   una RB equivalente al monto de la pobreza alimentaria mejora la   distribuci&oacute;n del ingreso en forma estad&iacute;sticamente significativa   (<i>p</i>&lt;0,01).</p>     <p>Cabe   observar que hay un movimiento dentro de las l&iacute;neas, pues todos los   hogares con pobreza alimentaria (64%) pasan a pobreza de capacidades (<i>p</i>&lt;0,01),   y la pobreza alimentaria desaparece. Esto significa que todos tienen el dinero   suficiente para cubrir la ingesta alimentaria del hogar. Los hogares con   pobreza de capacidades (11%) suben a pobreza de patrimonio, y los de patrimonio   (18%) salen de la pobreza (<i>p</i>&lt;0,05), con un ingreso superior a 617,37   d&oacute;lares mensuales, el monto de dicha l&iacute;nea de pobreza en 2009.</p>     <p>En suma,   una RB de 77,11 mensuales por persona, equivalente a la l&iacute;nea de pobreza   alimentaria, lleva a que el 18% de los hogares deje de ser pobre y desaparezca   la pobreza extrema. Pero el 75% sigue siendo pobre pues solo pasa de una   l&iacute;nea a otra. Cabe se&ntilde;alar entonces que la RB, por el hecho de   ser universal e individual, no necesariamente saca a las personas de la   pobreza. Esto quiz&aacute; obedezca a la profundidad de la pobreza, debida a los   bajos ingresos individuales y por hogar, as&iacute; como al n&uacute;mero de   personas dependientes (ni&ntilde;os, adolescentes y adultos mayores).</p>     <p>En la   segunda simulaci&oacute;n se compara el ingreso mensual por hogar con   transferencias del PrOp (<i>Ytmen</i>) con el ingreso mensual por hogar con una   RB (<i>Ywmin</i>) igual al salario m&iacute;nimo m&aacute;s bajo en 2009<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup>, 119,88d&oacute;lares mensuales   por persona, que representa la menor erogaci&oacute;n para el gobierno. Los   resultados se muestran en la <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=g3></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14g3.jpg"></p>     <p>La   distribuci&oacute;n estimada de <i>Ymen</i>, <i>fymen</i>(<i>x</i>), es muy   distinta de la distribuci&oacute;n de <i>Ywmin</i>, <i>fywmin</i>(<i>x</i>).   Las l&iacute;neas <i>y+, y-</i>y <i>ywmin+, ywmin-</i> son los intervalos de confianza   respectivos al 95%. Esto indica que una RB universal de un salario   m&iacute;nimo mensual por persona mejora significativamente la   distribuci&oacute;n del ingreso (<i>p</i>&lt;0,05), porque el promedio del   ingreso del hogar se eleva a 916,61 d&oacute;lares. Esta suma tiene efectos   estad&iacute;sticamente significativos en las tres l&iacute;neas (<i>p</i>&lt;0,01),   pues todos los hogares superan la pobreza por ingreso; es decir, todas las   personas pueden cubrir sus necesidades de alimentos, educaci&oacute;n, salud,   vestido, transporte y vivienda. </p>     <p>Estas   simulaciones indican que solo una RB de al menos un salario m&iacute;nimo   (119,88 d&oacute;lares) mensual por persona tiene efectos reales sobre la   pobreza. Dicho problema no se resuelve con una RB menor y mucho menos con   programas de transferencias, pues la pobreza se suele heredar de una   generaci&oacute;n a otra. Es necesario entonces que el gobierno adopte medidas   m&aacute;s eficaces para erradicar la pobreza, por ejemplo, con una RB robusta,   que como se&ntilde;ala Roberts (1982) permitir&iacute;a el libre funcionamiento   del mercado de trabajo, y a pesar de los pocos empleos que genere o de su   precariedad, los hogares mantendr&iacute;an su estabilidad financiera. </p>     <p>Adem&aacute;s   de otras ventajas de la RB frente a los programas de transferencias: reduce los   costos administrativos al no tener que verificar el cumplimiento de   corresponsabilidades; evita la exclusi&oacute;n social al asegurar el ingreso   (Ravent&oacute;s, 2007); no deteriora el tejido social, como la   focalizaci&oacute;n, en la que siempre hay errores tipo I y II (beneficiarios   que no deber&iacute;an serlo y exclusi&oacute;n de quienes deber&iacute;an   serlo). </p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>En procura   de la eficiencia del gasto social, los programas del gobierno seleccionan a los   m&aacute;s pobres de los pobres, olvidan el aspecto humano, deterioran el   tejido social y discriminan a las clases media y alta, cuyos miembros no dejan   de tener necesidades (seguridad, espacios de esparcimiento, empleo, etc.). Esto   lleva a explorar programas que proporcionen un nivel m&iacute;nimo de bienestar   y fluidez del ingreso a los hogares. Uno de ellos puede ser el de RB, que   otorga una suma mensual a todas las personas, con indepencia de su   situaci&oacute;n econ&oacute;mica, y mejora la distribuci&oacute;n del ingreso   siguiendo el principio de justicia social.</p>     <p>Este   trabajo muestra que la RB es una estrategia efectiva contra la pobreza e   identifica el tipo de RB que tiene efectos significativos en los hogares (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>). Adem&aacute;s, constata que las   transferencias condicionadas no son la mejor opci&oacute;n para salir de la   pobreza en el corto plazo, y es incierta a m&aacute;s largo plazo, cuando los   ni&ntilde;os y j&oacute;venes de hoy entren a trabajar, si encuentran empleo.   La RB asegura un ingreso se tenga o no empleo o se llegue a la vejez sin   pensi&oacute;n, pues ser&iacute;a un derecho social. </p>     <p>Adem&aacute;s   del cambio de mentalidad y de las dificultades pol&iacute;ticas, la   introducci&oacute;n de la renta b&aacute;sica lleva a preguntar cu&aacute;l   ser&iacute;a el costo para el Estado y c&oacute;mo obtendr&iacute;a los   recursos para financiar el programa. Se han hecho varias propuestas; en   Espa&ntilde;a, por ejemplo, se ha sugerido financiarlo con el recaudo   tributario y en menor medida con cotizaciones sociales (Ayala, 2000, 122). Eso   no significa crear nuevos impuestos o aumentarlos sino distribuir mejor las   partidas presupuestales. Adem&aacute;s, si el gobierno se endeuda para rescatar   bancos y empresas privadas, &iquest;por qu&eacute; no invierte en desarrollo humano   mediante esquemas como la RB? </p>     <p>En   M&eacute;xico habr&iacute;a que establecerla por etapas, pues es poco factible   introducirla de lleno en el corto plazo. El primer paso ser&aacute; cubrir a   las personas que viven en la pobreza (como en las simulaciones descritas) que   sufren las condiciones m&aacute;s precarias. En la segunda etapa se   convertir&iacute;a en un derecho social y cubrir&iacute;a a todas las personas,   sin importar el nivel de ingreso. </p>     <p><b>MATERIALES Y   M&Eacute;TODOS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El estudio   se realiz&oacute; en el &aacute;rea metropolitana de Monterrey, integrada por   los municipios de Apodaca, General Escobedo, Guadalupe, Monterrey, San Pedro   Garza Garc&iacute;a, San Nicol&aacute;s de los Garza y Villa de Ju&aacute;rez.   La unidad de an&aacute;lisis fue el hogar, que el PrOp define como el conjunto   de personas que viven en com&uacute;n en un espacio f&iacute;sico, con o sin   lazos de parentesco, comparten gastos de manutenci&oacute;n y preparan los   alimentos en la misma cocina (Sedesol, 2005).</p>     <p>El   muestreo, poliet&aacute;pico y por conglomerados, se realiz&oacute; entre julio   y septiembre de 2009. La informaci&oacute;n de la p&aacute;gina   electr&oacute;nica del PrOp (www.oportunidades.gob.mx) ayud&oacute; a ubicar   las colonias donde operaba el programa y sus beneficiarios. En la primera etapa   se seleccionaron los conglomerados -las colonias- donde se har&iacute;a el   estudio. Al observar el n&uacute;mero de hogares beneficiarios se   encontr&oacute; que en algunos lugares solo hab&iacute;a de cinco a diez   hogares beneficiarios y, adem&aacute;s, dispersos geogr&aacute;ficamente. Se   tomaron entonces lugares donde hab&iacute;a al menos 40 hogares.</p>     <p>Con esos   datos se seleccionaron aleatoriamente las colonias donde se aplicar&iacute;a el   instrumento, buscando que fueran representativas. Se asign&oacute; un   n&uacute;mero progresivo a cada una y se corrieron n&uacute;meros aleatorios,   el resultado determin&oacute; las posiciones de las colonias dentro de la   lista, con los siguientes resultados. </p>     <p>El <a href="#c4">cuadro 4</a> muestra que las colonias seleccionadas se localizan en   seis municipios del &aacute;rea metropolitana de Monterrey, con alta   heterogeneidad y buena representatividad. En la siguiente etapa se   calcul&oacute; el tama&ntilde;o de la muestra, con una confiabilidad del 95% y   un margen de error del 5%. En Nuevo Le&oacute;n hab&iacute;a 12.592 hogares   beneficiarios. El tama&ntilde;o de muestra se determin&oacute; con la   f&oacute;rmula: no= Z<sup>2</sup>pq/E<sup>2</sup>, que despu&eacute;s de la   correcci&oacute;n finita arroj&oacute; 412 hogares.</p>     <p align=center><a name=c4></a><img border=0 width=32 height=32 src="img/revistas/rei/v15n28/v15n28a14c4.jpg"></p>     <p>Tambi&eacute;n   se tom&oacute; una muestra de control porque la investigaci&oacute;n   cubr&iacute;a otras &aacute;reas (alimentaci&oacute;n, educaci&oacute;n, salud   y nutrici&oacute;n) en las que se medi&oacute; el impacto. En total se   aplicaron 100 instrumentos a personas no beneficiarias de las mismas colonias   seleccionadas para el grupo de intervenci&oacute;n, para as&iacute; cumplir el   criterio estad&iacute;stico de iguales condiciones socioecon&oacute;micas. </p> <hr size=2 width="100%" align=center>     <p><b>Pie de   p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>La   gripe A1HN1 ocasion&oacute; un fuerte descenso de la actividad   econ&oacute;mica, cercano al 0,8 % del PIB.    <br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup>A finales de 2009 el Consejo   Nacional de Evaluaci&oacute;n (Coneval) gener&oacute; una metodolog&iacute;a   para medir la pobreza de una manera multidimensional, en donde se integran   otras variables diferentes al ingreso. Sin embargo, para este documento se   consider&oacute; conveniente realizarlo por medio de las tres l&iacute;neas de   la pobreza que de acuerdo al &oacute;rgano antes se&ntilde;alado se definen de   la siguiente manera: a) pobreza alimentaria, que corresponde a todas aquellas   personas que aun utilizando todo el ingreso disponible en el hogar no   podr&iacute;an adquirir una canasta b&aacute;sica alimentaria; b) pobreza de   capacidades, que corresponden a todas aquellas personas que aun dedicando el   ingreso total del hogar no pueden adquirir el valor de la canasta alimentaria y   efectuar los gastos necesarios en salud y educaci&oacute;n; c) pobreza de   patrimonio, que corresponde a todas aquellas personas que aun dedicando el   ingreso total del hogar no pueden adquirir la canasta alimentaria, as&iacute;   como realizar los gastos necesarios en salud, vestido, vivienda, transporte y   educaci&oacute;n.    <br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>Su idea de &quot;<i>social     protection floor</i>&quot; busca reducir la brecha entre sectores sociales   proporcionando un acceso m&iacute;nimo a servicios b&aacute;sicos y asegurando   un ingreso para todos, y satisfacer en forma gradual los derechos humanos a la   protecci&oacute;n social, a los servicios sociales y de salud para todos los   individuos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num4></a><sup><a href="#nu4">4</a></sup>El monto se expresa en   d&oacute;lares porque permite la comparaci&oacute;n internacional. Las cifras   corresponden a 2009, a&ntilde;o en que se hizo el trabajo de campo.    <br>   <a name=num5></a><sup><a href="#nu5">5</a></sup>Los c&aacute;lculos se hicieron   en pesos mexicanos pero se presentan en d&oacute;lares.    <br>   <a name=num6></a><sup><a href="#nu6">6</a></sup>El salario m&iacute;nimo   var&iacute;a seg&uacute;n la zona econ&oacute;mica en que se viva; hay tres   zonas (A, B y C); el salario m&iacute;nimo m&aacute;s bajo corresponde a la   zona C; ver <a href="http://www.sat.gob.mx" target="_blank">http://www.sat.gob.mx</a>.</p> <hr>     <p><font size="3"><B>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Ayala, L. <I>Las rentas m&iacute;nimas en la reestructuraci&oacute;n de los Estados de bienestar,</I> Madrid, Consejo Econ&oacute;mico y Social de Espa&ntilde;a, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0124-5996201300010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Coneval. <I>Informe de evaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de desarrollo social en M&eacute;xico 2008</I>, M&eacute;xico, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0124-5996201300010001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Escobar, A. y M. Gonz&aacute;lez de la R. <I>Documento final de diagn&oacute;stico cualitativo de hogares semiurbanos. Localidades de 2.500 a 50.000 habitantes, 2001</I>, M&eacute;xico, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropolog&iacute;a Social, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0124-5996201300010001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. 	Escobar, A. y M. Gonz&aacute;lez de la R. "Evaluaci&oacute;n cualitativa del PrOpen zonas urbanas, 2003", Instituto Nacional de Salud P&uacute;blica, eds., <I>Resultados de la evaluaci&oacute;n externa del Programa de Desarrollo Humano Oportunidades 2003</I>, pp. 265-299, M&eacute;xico D.F., Secretar&iacute;a de Desarrollo Social, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0124-5996201300010001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>5. Escobar, A. y M. Gonz&aacute;lez de la R. <I>Evaluaci&oacute;n cualitativa de mediano plazo del PrOp en zonas rurales</I>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Salud P&uacute;blica, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0124-5996201300010001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Gertler. P y L. Fernald. "Impacto de mediano plazo del Programa Oportunidades sobre el desarrollo infantil en &aacute;reas rurales. Resultados de corto plazo en zonas urbanas y de mediano plazo en zonas rurales", Instituto Nacional de Salud P&uacute;blica, <I>Evaluaci&oacute;n externa de impacto 2004</I>, M&eacute;xico, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0124-5996201300010001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Hoddinott, J., E. Skoufias y R. Washburn. "El impacto de Progresa sobre el consumo: informe final", <I>Evaluaci&oacute;n de resultados del programa educaci&oacute;n, salud y alimentaci&oacute;n</I>, M&eacute;xico, Secretaria de Desarrollo Social, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-5996201300010001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. INEGI. <I>Encuesta Nacional de Ocupaci&oacute;n y Empleo</I>, ENOE 2008, Aguas-calientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-5996201300010001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. INEGI. <I>Encuesta Nacional de Ocupaci&oacute;n y Empleo</I>, ENOE 2009, Aguas-calientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-5996201300010001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. INEGI. <I>Encuesta Nacional de Ocupaci&oacute;n y Empleo</I>, ENOE 2010, Aguas-calientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-5996201300010001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. INEGI. <I>Encuesta Nacional de Ocupaci&oacute;n y Empleo</I>, ENOE 2011, Aguas-calientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-5996201300010001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Lange, O. 	"On the economic theory of socialism", <I>The Review of Economic Studies</I>, IV, 1, 2, 1936-1937, pp. 53-71 y 123-142.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-5996201300010001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Mu&ntilde;oz, D. "Comparaci&oacute;n entre la renta garantizada de ciudadan&iacute;a del Pa&iacute;s Valencia y la renta b&aacute;sica de las iguales o modelo fuerte de la renta b&aacute;sica", <I>Jornadas de Econom&iacute;a Cr&iacute;tica</I>, pp. 1-14, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-5996201300010001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Pinilla, R. <I>La renta b&aacute;sica de ciudadan&iacute;a</I>, Barcelona, Icaria, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0124-5996201300010001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Ravent&oacute;s, D. "La renta b&aacute;sica en el Reino de Espa&ntilde;a: breve historia, dos simposios y algunos debates", Escuela Nacional Sindical, <I>La renta b&aacute;sica</I>, <I>m&aacute;s all&aacute; de la sociedad salarial</I>, Medell&iacute;n, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0124-5996201300010001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Roberts, K. <I>Automation, unemployment and the distribution of income</I>, Maastricht, European Center for Work and Society, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0124-5996201300010001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Robinson, J. <I>Essays in the theory of employment</I>, Oxford, Basil Blackwell, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0124-5996201300010001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Robinson, J. <I>Contributions to modern economics</I>, Oxford, Basil Blackwell, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996201300010001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. Samson, M. "El caso de las transferencias sociales no condicionadas", Tercera conferencia internacional sobre transferencias en efectivo condicionadas, Estambul, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996201300010001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Sanzo, L. "La introducci&oacute;n de la renta b&aacute;sica en Espa&ntilde;a", <I>Cuadernos de Relaciones Laborales</I> 23, 2, 2005, pp. 123-149.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996201300010001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Sedesol. <I>Programa de Desarrollo Humano Oportunidades, Reglas de operaci&oacute;n para el ejercicio fiscal 2009</I>, M&eacute;xico D.F., Secretar&iacute;a de Desarrollo Social, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996201300010001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Sen, A. <I>Desarrollo y libertad</I>, M&eacute;xico, D. F., Planeta, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996201300010001400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Townsend, P. <I>Building decent societies. Rethinking the role of social securityin State building</I>, Geneva/Basingstoke, ILO, Palgrave MacMillan, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996201300010001400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Van Parijs, P. "La renta b&aacute;sica: &iquest;por qu&eacute;, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo en el Nortey en el Sur?", Escuela Nacional Sindical, <I>La renta b&aacute;sica, m&aacute;s all&aacute; de la Sociedad Salarial</I>, Medell&iacute;n, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996201300010001400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Voipio, T. "Building social floors for decent societies", <I>Global Social Policy</I> 10, 2, 2010, pp. 158-162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996201300010001400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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