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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>LA TENENCIA DE LA TIERRA Y LA REFORMA AGRARIA EN COLOMBIA. EMPLEO DE LAS ARMAS FISCALES*</b></font></p>      <p align="center"><b><i>Albert O. Hirschman</i></b></p>     <p><sup>*</sup>Este escrito es un extracto del cap&iacute;tulo 2 del libro <i>Journeys toward progress. Studies of economic policy-making in Latin America</i>, New York, Twentieth Century Fund, 1963. Traducci&oacute;n Alberto Supelano.</p> <hr>      <p>El   progreso econ&oacute;mico de los a&ntilde;os treinta y cuarenta obedeci&oacute;   ante todo a los grandes avances en la industria manufacturera y en la   construcci&oacute;n. A medida que el sector moderno de la econom&iacute;a se   expand&iacute;a r&aacute;pidamente, se hac&iacute;an m&aacute;s claros el   atraso relativo de la agricultura y el uso de t&eacute;cnicas anticuadas en el   cultivo de alimentos y la cr&iacute;a de ganado. Esto dio origen a una nueva   l&iacute;nea de pol&iacute;tica agraria, inspirada en la necesidad de aumentar   la oferta de alimentos y dar un uso m&aacute;s racional a los recursos   agr&iacute;colas disponibles. Por diversas razones, los instrumentos que se   escogieron para este tipo de pol&iacute;tica fueron las medidas fiscales: la   renovaci&oacute;n social, o la restauraci&oacute;n de la ley y el orden a   trav&eacute;s de la reforma, ya no era un objetivo expl&iacute;cito de alta   prioridad. La legislaci&oacute;n de la reforma a trav&eacute;s de medidas como   la Ley 200 hab&iacute;a seguido su curso y se hab&iacute;a considerado un   &quot;fracaso&quot;. Quiz&aacute; surgi&oacute; la idea de que el cambio se   pod&iacute;a lograr con mayor efectividad mediante incentivos y sanciones que   con decretos legislativos y decisiones administrativas. Adem&aacute;s, en el   per&iacute;odo de posguerra empezaron a llegar misiones y expertos extranjeros   que no ten&iacute;an reparos para recomendar medidas tributarias que,   incidental o subrepticiamente, provocaran cambios en la estructura social del   pa&iacute;s; pero que tem&iacute;an recomendar directamente esos cambios, en   particular a un gobierno conservador.</p>     <p><b>LA PROPUESTA DE IMPUESTO   PREDIAL DE LA MISI&Oacute;N DEL BANCO MUNDIAL DE 1949</b></p>     <p>La idea de   usar la tributaci&oacute;n para presionar a los terratenientes para que   cultivaran sus predios se discuti&oacute; brevemente al comienzo del primer   gobierno de L&oacute;pez<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup>; pero   nada se hizo y el instrumento tributario solo se volvi&oacute; a mencionar   quince a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando se public&oacute; la encuesta del   Banco Internacional (BIRF, 1950, caps. 5 y 18).</p>     <p>Es claro   que la misi&oacute;n, dirigida por Lauchlin Currie, pensaba que la manera de   llevar a cabo las actividades agr&iacute;colas en Colombia era absurda e   injusta: &quot;el uso de la tierra sigue un patr&oacute;n inusual. En general,   los valles f&eacute;rtiles se emplean principalmente para pastoreo, mientras   que se cultivan las empinadas laderas monta&ntilde;osas [...] El ganado engorda   en los llanos mientras que la gente lucha para subsistir en las   monta&ntilde;as&quot; (ib&iacute;d. <i>, </i>62-63).</p>     <p>La nitidez   de este juicio es un buen ejemplo de las ventajas y las limitaciones de la   &quot;nueva visi&oacute;n&quot; de una misi&oacute;n extranjera acerca de un   problema. Tiene la ventaja de que el extranjero no conoce o no est&aacute;   acostumbrado a la situaci&oacute;n local, que no la entiende en su   &quot;necesidad hist&oacute;rica&quot; y que se sorprende e indigna por lo que   ve en mayor medida que el reformador local m&aacute;s decidido. Por otro lado,   el visitante experto no duda en calificar de absurdo todo orden que no le sea   familiar y, quiz&aacute; m&aacute;s importante, no puede percibir el proceso de   cambio que opera en la sociedad que intenta entender. Por ello, el   patr&oacute;n de uso de la tierra en los departamentos centrales de Colombia se   presta a la dr&aacute;stica generalizaci&oacute;n del informe Currie, porque la   fotograf&iacute;a de la misi&oacute;n se tom&oacute; en un momento muy peculiar   de un continuo proceso de cambio. En ese momento pr&aacute;cticamente hab&iacute;a   terminado la prolongada ocupaci&oacute;n de monta&ntilde;as y laderas de la   zona central por los colonos y se hab&iacute;an dividido casi todos los   latifundios de esa regi&oacute;n; por otra parte, a&uacute;n no se hab&iacute;a   iniciado en serio la mecanizaci&oacute;n de la agricultura en los Llanos. Si la   misi&oacute;n del Banco hubiese visto la agricultura colombiana veinte   a&ntilde;os antes, tambi&eacute;n habr&iacute;a encontrado latifundios en las   laderas; y si se proyectasen por otra d&eacute;cada las tendencias de los diez   &uacute;ltimos a&ntilde;os, el cultivo de productos alimenticios e industriales   habr&aacute; sustituido a la cr&iacute;a de ganado en las llanuras m&aacute;s   f&eacute;rtiles veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar el informe.</p>     <p>La   conclusi&oacute;n obvia que se debe extraer de ese patr&oacute;n de uso de la   tierra tan &quot;antiecon&oacute;mico y parad&oacute;jico&quot; (ib&iacute;d. <i>, </i>383) denunciado en el informe Currie es que se requiere un cambio revolucionario:   que los campesinos que trabajan en las laderas se apropien de las llanuras y   los valles f&eacute;rtiles y que el ganado se cr&iacute;e en las laderas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es natural   que un informe presentado por el Banco Internacional no recomiende una   revoluci&oacute;n agraria al gobierno de un pa&iacute;s miembro; por ello la   terapia recomendada por el informe Currie era benigna en comparaci&oacute;n con   el potencial revolucionario de su diagn&oacute;stico. Propon&iacute;a un   impuesto a la tierra que penalizara la subutilizaci&oacute;n. El impuesto   predial existente del 4 por mil del valor estimado se aplicar&iacute;a a las   tierras que produc&iacute;an un beneficio &quot;normal&quot; o mayor (como   ejemplo de rendimiento normal de dos tipos de tierras f&eacute;rtiles se   mencionaba el 10% y el 14%); si el rendimiento era inferior, el impuesto   predial aumentar&iacute;a gradualmente hasta llegar al 4% del valor estimado en   caso de un rendimiento nulo (ib&iacute;d., 385). Adem&aacute;s de proporcionar   un incentivo directo para una agricultura m&aacute;s intensiva, con esa idea   tambi&eacute;n se buscaba aumentar la carga tributaria para que los   terratenientes absentistas vendieran la tierra a los minifundistas y bajaran   los precios. Como objetivos gemelos se anunciaron un mejor uso de la tierra y   la distribuci&oacute;n de la propiedad.</p>     <p>Los   c&aacute;usticos comentarios del informe sobre la estructura agraria colombiana   junto con el car&aacute;cter aparentemente parad&oacute;jico de la propuesta   -dados los valores de la tierra, los impuestos<i> aumentar&iacute;an</i> cuando   el ingreso cayera por debajo de cierto nivel- ejercieron profundo impacto en la   opini&oacute;n p&uacute;blica. Como se pensaba que el informe ser&iacute;a el   precursor de la ayuda financiera a gran escala del Banco Internacional, se   deb&iacute;a dar a sus propuestas al menos el beneficio de la duda. Sin   embargo, en el caso de la propuesta del impuesto predial, la reacci&oacute;n   inmediata fue una cr&iacute;tica airada no solo de parte de los terratenientes<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>, sino tambi&eacute;n de los   expertos y administradores fiscales del pa&iacute;s. Era f&aacute;cil mostrar   que la propuesta era una pesadilla administrativa: hab&iacute;a que establecer   beneficios &quot;normales&quot; diferentes para distintas clases de tierras, y   excepciones de todo tipo, por ejemplo, a las tierras en proceso de   reforestaci&oacute;n. Adem&aacute;s, de acuerdo con la propuesta, el impuesto   se fijar&iacute;a con base en el &quot;valor corriente de mercado&quot;, pero   no aclaraba c&oacute;mo se determinar&iacute;a ese valor. El impuesto predial   del 4 por mil existente se fijaba con base en los estudios catastrales   realizados por el Instituto Geogr&aacute;fico, pero era usual que los valores   resultantes de esos lentos estudios fueran muy inferiores a los valores reales   de las propiedades, sobre todo despu&eacute;s de una d&eacute;cada de   inflaci&oacute;n de guerra y posguerra. Adem&aacute;s, los estudios catastrales   no cubr&iacute;an muchas zonas del pa&iacute;s, y all&iacute; los valores que   declaraban los propietarios serv&iacute;an de base del impuesto.</p>     <p>La propuesta   merec&iacute;a entonces el comentario con el que se suele acoger el consejo del   experto extranjero: &quot;Sus ideas son excelentes, pero son   impr&aacute;cticas, no funcionan en<i> nuestro</i> medio&quot;. Aunque en esta   opini&oacute;n intervienen el chauvinismo oculto y la xenofobia, los asesores   extranjeros parecen hacer grandes esfuerzos para merecerla. Una de las razones   es que no suelen ser conscientes de las limitaciones pol&iacute;ticas que   condicionan la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas en el pa&iacute;s al que   prestan asesor&iacute;a; otra raz&oacute;n es que les gusta <i>&eacute;pater</i> a los nativos con el &uacute;ltimo artilugio de pol&iacute;tica. A este   respecto, cabe se&ntilde;alar que un ingeniero nunca propondr&iacute;a   introducir en un pa&iacute;s subdesarrollado un proceso de producci&oacute;n   que no haya probado estar libre de &quot;errores&quot; en un pa&iacute;s   industrialmente avanzado, pero esta muestra de prudencia no es usual entre los   asesores en pol&iacute;ticas econ&oacute;micas o sociales.</p>     <p>Desde un   punto de vista algo ol&iacute;mpico, quiz&aacute; no sea del todo lamentable la   inclinaci&oacute;n de los asesores extranjeros a las medidas   impr&aacute;cticas, pues esta debilidad hace posible que los responsables de   pol&iacute;tica nativos modifiquen la propuesta del experto y la <i>hagan suya</i> en el proceso. El intento de hacer viable la propuesta de impuesto predial del   informe Currie marca las etapas siguientes de la formulaci&oacute;n de   pol&iacute;ticas sobre uso de la tierra en Colombia.</p>     <p>Despu&eacute;s   de publicado el informe, el gobierno colombiano, de acuerdo con el Banco   Internacional, form&oacute; un comit&eacute; para examinar sus recomendaciones.   El &quot;Comit&eacute; de Desarrollo Econ&oacute;mico&quot; fue integrado por   seis respetados ciudadanos colombianos (tres conservadores y tres liberales).   Aunque el Comit&eacute; mantuvo a Currie como asesor, se pronunci&oacute;   contra la aplicaci&oacute;n inmediata del impuesto y aconsej&oacute; en cambio   fortalecer al Instituto Geogr&aacute;fico y acelerar sus estudios catastrales   (CDE, 1951, 114-116). En realidad, Currie present&oacute; al Comit&eacute; una   versi&oacute;n muy revisada de su propuesta original<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. Limit&oacute; el plan a las tierras f&eacute;rtiles   seg&uacute;n la calificaci&oacute;n del Instituto y redujo a la mitad la tasa   de progresi&oacute;n contemplada en el informe del Banco. Adem&aacute;s, ahora   enfrent&oacute; el problema de establecer un aval&uacute;o realista de las   tierras y propuso que se basara en la declaraci&oacute;n de los propietarios;   para que las declaraciones fueran veraces, estipul&oacute; que el Estado   podr&iacute;a comprar cualquier propiedad pagando el 140% del valor declarado.   Pero aunque en general los consejos de Currie ten&iacute;an mucho peso en el   Comit&eacute;, la idea fue archivada en ese momento y recomend&oacute; el paquete   usual de medidas de <i>fomento agropecuario</i>: estudios topogr&aacute;ficos,   cr&eacute;dito agr&iacute;cola, asistencia t&eacute;cnica, almacenamiento y   distribuci&oacute;n, e <i>incentivos</i> tributarios para aumentar el nivel de   cultivo de las tierras. Solo en &uacute;ltima instancia, si fracasaban todos   estos programas, &quot;el gobierno considerar&aacute; la posibilidad de   establecer un impuesto a las tierras agr&iacute;colas subutilizadas&quot;   (ib&iacute;d., 116-117).</p>     <p>As&iacute;   termin&oacute; el episodio de la misi&oacute;n del Banco Internacional,   &iquest;Se deber&iacute;a condenar, como uno de los muchos casos de asistencia   t&eacute;cnica fallida, de una recomendaci&oacute;n de los expertos a la que se   puso o&iacute;dos sordos por ser impr&aacute;ctica o porque ignoraba &quot;la   debilidad -si no la total ausencia- de fuerzas sociales y pol&iacute;ticas que   pudieran inducir a la coalici&oacute;n gobernante a hacer las concesiones   necesarias?&quot; (Baran, 1952, 89).</p>     <p>A la luz   de la evidencia posterior, ese veredicto ser&iacute;a muy duro. El informe del   Banco tuvo varios m&eacute;ritos: 1) mantuvo viva la discusi&oacute;n sobre el   mejoramiento de la estructura agraria y el uso de la tierra en condiciones   pol&iacute;ticas muy adversas; 2) traslad&oacute; la atenci&oacute;n del   enfoque puramente jur&iacute;dico del problema, que durante mucho tiempo fue   indiscutible, a la posibilidad de promover el cambio mediante sanciones e   incentivos financieros; y 3) la formulaci&oacute;n de una propuesta concreta   llev&oacute; a entender las principales dificultades pr&aacute;cticas del   intento de usar el instrumento tributario para fines de reforma agraria.</p>     <p><b>INTENTOS PARA LOGRAR UN   AVAL&Uacute;O REALISTA DE LA TIERRA</b></p>     <p>La   discusi&oacute;n sobre la propuesta tributaria puso en claro que el principal obst&aacute;culo   para el uso efectivo y equitativo de la pol&iacute;tica fiscal era el problema   de la valoraci&oacute;n. En Colombia, la tierra no solo est&aacute; gravada por   el impuesto predial del 4 por mil ya mencionado, cuyo recaudo es la principal fuente   de ingresos municipales; existe, adem&aacute;s, un impuesto nacional al   patrimonio (a su valor neto) que aumenta progresivamente del 1,35 por mil al 15   por mil en el caso de que la propiedad gravable supere un mill&oacute;n de   pesos, de modo que en teor&iacute;a, los grandes latifundios deben pagar un   impuesto cercano al 2% anual, una tasa que deber&iacute;a ser suficiente para   ejercer la presi&oacute;n para utilizarlos, arrendarlos o venderlos que   pretend&iacute;a la propuesta de Currie. A esa misma conclusi&oacute;n llegaron   dos expertos de las Naciones Unidas que estudiaron el sistema fiscal del   pa&iacute;s en 1951:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>se     pidi&oacute; al Comit&eacute; de Desarrollo Econ&oacute;mico que abogara por un     impuesto predial especial a las tierras subutilizadas. Los autores del presente     informe consideran que el Comit&eacute; tom&oacute; la buena decisi&oacute;n de     no recomendar ese impuesto sumamente complicado que quiz&aacute; no se     podr&iacute;a establecer sin dar facultades discrecionales excesivas a la     administraci&oacute;n p&uacute;blica. En circunstancias normales, el impuesto     al patrimonio, bien aplicado y basado en aval&uacute;os realistas de la tierra,     da incentivos suficientes para un cultivo adecuado de la tierra, especialmente     en el caso de los grandes terratenientes contra quienes se dirig&iacute;a el     impuesto predial especial (Naciones Unidas, 1952, 52). </p> </blockquote>     <p>Esta   recomendaci&oacute;n refleja la racionalidad de los autores del informe de las   Naciones Unidas, uno Brit&aacute;nico y otro Holand&eacute;s. Pero deja de   parecer tan racional una vez se entienden los problemas que dificultan el   aval&uacute;o realista de la tierra.</p>     <p>Primera,   los obst&aacute;culos t&eacute;cnicos para la labor catastral son enormes en un   pa&iacute;s monta&ntilde;oso con malas comunicaciones y un clima caprichoso;   los aguaceros irregulares, incluso en la llamada estaci&oacute;n seca, hacen   intransitables las carreteras de modo frecuente e impredecible. Aunque la   fotograf&iacute;a a&eacute;rea es un valioso logro t&eacute;cnico, su utilidad   en Colombia es limitada porque la nubosidad casi permanente cubre grandes e   importantes zonas del pa&iacute;s. Esta dificultad se ha podido superar en   parte gracias a un avance t&eacute;cnico adicional, la fotograf&iacute;a   infrarroja a gran altitud, que permite fotografiar el terreno a trav&eacute;s   de la bruma o de nubes poco densas. Estados Unidos ha dado ayuda t&eacute;cnica   para fotografiar el pa&iacute;s desde el aire, pero solo a peque&ntilde;a   escala, y el avance ha sido lento.</p>     <p>En algunos   pa&iacute;ses se hicieron buenos estudios catastrales incluso antes del invento   de la fotograf&iacute;a a&eacute;rea, por supuesto. Pero la tarea de hacer esos   estudios y estimar el valor de mercado de cada finca es m&aacute;s   dif&iacute;cil en un pa&iacute;s subdesarrollado donde la tierra es de propiedad   privada. Presupone un numeroso grupo de top&oacute;grafos competentes,   incorruptibles y valerosos, y un &oacute;rgano legislativo dispuesto a hacer   las apropiaciones necesarias para esta labor. Adem&aacute;s, se requiere que no   haya inflaci&oacute;n, o hacer reaval&uacute;os frecuentes o usar mecanismos de   indexaci&oacute;n. El r&aacute;pido desarrollo econ&oacute;mico y la   urbanizaci&oacute;n tambi&eacute;n afectan profunda y diferencialmente el valor   de las tierras. En Colombia -un pa&iacute;s con terratenientes poderosos (no   solo los hacendados, sino tambi&eacute;n los numerosos y pol&iacute;ticamente   influyentes propietarios de fincas cafeteras medianas y peque&ntilde;as), una   administraci&oacute;n local d&eacute;bil, una alta inflaci&oacute;n y un   r&aacute;pido desarrollo econ&oacute;mico- no se ha podido establecer entonces   un aval&uacute;o realista de la tierra en todo el pa&iacute;s a trav&eacute;s   de estudios catastrales.</p>     <p>Esta es   una conclusi&oacute;n muy grave porque parece excluir el uso de la   tributaci&oacute;n para persuadir a los terratenientes de que utilicen   plenamente sus tierras y, con ello, se d&eacute; una soluci&oacute;n   pac&iacute;fica y gradual al problema de los latifundios subutilizados. Esta   situaci&oacute;n llev&oacute; a </p>     <blockquote>       <p>T. Lynn     Smith a decir que en Am&eacute;rica Latina es mucho m&aacute;s f&aacute;cil     tener una revoluci&oacute;n que un impuesto predial efectivo (citado en     Barraclough, 1963, 41).</p> </blockquote>     <p>Sea o no   m&aacute;s f&aacute;cil que una reforma, siempre es <i>m&aacute;s f&aacute;cil     imaginar </i>una revoluci&oacute;n; porque &quot;solo&quot; requiere el   derrocamiento violento de ciertos grupos gobernantes, un choque frontal,   mientras que la reforma requiere una combinaci&oacute;n especial de   circunstancias, una secuencia de pasos en el curso de los cuales los grupos   dirigentes aceptan o no se oponen abiertamente a la reducci&oacute;n de sus   privilegios.</p>     <p>As&iacute;   concebida, la reforma es una mara&ntilde;a de intrigas que solo tiene   posibilidades de &eacute;xito si se usan con liberalidad los m&eacute;todos   m&aacute;s arteros de negociaci&oacute;n, como la intimidaci&oacute;n, la   amenaza, la voluntad expresa de recurrir a la violencia, la sorpresa y el   enga&ntilde;o, etc. Algunos de ellos se emplearon en abundancia, pero de modo   err&aacute;tico, en el siguiente per&iacute;odo de la historia colombiana: la dictadura   del general Gustavo Rojas Pinilla.</p>     <p>El General   lleg&oacute; al poder como resultado de la creciente tendencia de la   facci&oacute;n conservadora gobernante a establecer una dictadura sectaria. No   solo empez&oacute; a perseguir liberales sino tambi&eacute;n a grupos   conservadores disidentes, y fue cada vez m&aacute;s incapaz de apaciguar el   malestar rural; por ejemplo, gran parte de los extensos llanos del oriente de   Bogot&aacute; qued&oacute; bajo control de las guerrillas. El general Rojas   Pinilla prometi&oacute; poner fin a la lucha partidista y a la persecuci&oacute;n   pol&iacute;tica y persuadi&oacute; a algunas fuerzas guerrilleras, no a todas,   para que depusieran las armas. Despu&eacute;s de una breve luna de miel durante   la cual se restablecieron algunas de las libertades antes suprimidas, en   particular la de prensa, se hizo claro que el nuevo r&eacute;gimen intentaba   perpetuarse en el poder. Elabor&oacute; una ideolog&iacute;a vagamente   populista, antiolig&aacute;rquica y en pro de los desvalidos, de tinte   peronista, claramente animada por un profundo resentimiento contra los   tradicionales c&iacute;rculos privilegiados de la sociedad colombiana. Aunque   su formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas sol&iacute;a pecar de ineptitud, tuvo   un protagonista muy recursivo, aunque irresponsable, en el ministro de   finanzas, Carlos Villaveces, quien pronto gan&oacute; fama por sus numerosos   decretos sorpresivos, que conten&iacute;an peque&ntilde;as puyas o duros   ataques a la posici&oacute;n financiera de las clases propietarias. En su deseo   de imponer mayores cargas fiscales a los terratenientes, ignor&oacute; la   recomendaci&oacute;n de las Naciones Unidas de mejorar los estudios catastrales   ampliando el personal del Instituto Geogr&aacute;fico. Con su t&iacute;pica   impaciencia y buscando atajos, emiti&oacute; dos decretos. El primero, de   septiembre de 1953, orden&oacute; un alza autom&aacute;tica del valor de todas   las tierras acorde con el aumento del costo de vida desde la fecha del   &uacute;ltimo aval&uacute;o<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup>.   Antes de que cesara la tormenta de protestas contra este edicto, dio una contra   orden, a comienzos de 1954, cuando dispuso que en adelante el aval&uacute;o de   los predios rurales se basar&iacute;a en la declaraci&oacute;n de los   propietarios ante las juntas municipales de catastro. El decreto   conten&iacute;a la amenaza de que el valor declarado por el propietario   ser&iacute;a la base del pago que har&iacute;a el Estado si la propiedad   llegaba a ser expropiada. Este era el atajo que Villaveces buscaba. &iquest;Por   qu&eacute; preocuparnos por el incesante y frustrante trabajo de levantar el   catastro de todo el pa&iacute;s, predio por predio, cuando podemos intimidar al   propietario pidi&eacute;ndole que nos diga el valor real de su tierra?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ya   se&ntilde;alamos que Currie defendi&oacute; ese mismo atajo en 1951, pero propuso   que el Estado tendr&iacute;a derecho a adquirir propiedades pagando el 140% del   valor declarado. Villaveces radicaliz&oacute; esta propuesta y decidi&oacute;   que el 100% era suficiente.</p>     <p>La idea de   obligar a ser honesto mediante la amenaza de expropiaci&oacute;n al valor auto   declarado es antigua<a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup>. Pero no   funcion&oacute;, como tampoco la amenaza de futura expropiaci&oacute;n de la   Ley 200, en ambos casos debido a lo que nuestros estrategas en armas   at&oacute;micas llaman credibilidad de la amenaza. Cuando el Estado tiene que   pagar las expropiaciones en efectivo, como ha sido siempre la norma en   Colombia, la capacidad para adquirir grandes extensiones de tierra, incluso a   bajo precio, es muy restringida y es ingenuo suponer que los terratenientes no   lo saben. Adem&aacute;s, cada terrateniente considera poco probable que el   gobierno decida expropiarlo a <i>&eacute;l </i>-y, de todos modos, tiene un   buen amigo abogado, con buenas conexiones en Bogot&aacute; - as&iacute; que,   &iquest;por qu&eacute; preocuparse?</p>     <p>No   obstante, las opiniones sobre el efecto de la medida de Villaveces est&aacute;n   divididas. Se ha informado que en algunas regiones tuvo el efecto deseado de   elevar los aval&uacute;os a niveles m&aacute;s realistas. Pero, en conjunto, la   interrupci&oacute;n de la labor del Instituto Geogr&aacute;fico caus&oacute;   muchos perjuicios y hay evidencia de que el valor de los latifundios m&aacute;s   grandes estaba tan subvalorado al final del r&eacute;gimen de Rojas Pinilla   como al comienzo. As&iacute;, a pesar de la palabrer&iacute;a ocasional sobre   la reforma agraria y de la amenaza velada de los decretos de Villaveces, los terratenientes   &quot;oligarcas&quot; no sufrieron en la &eacute;poca de Rojas Pinilla,   mientras que los industriales y los inversionistas en activos empresariales   sufrieron un rudo golpe con la derogaci&oacute;n en 1953 de un apreciado y   lucrativo privilegio: la exenci&oacute;n del impuesto de renta a los   dividendos. Este trato diferencial quiz&aacute; obedeci&oacute; a que la   camarilla de Rojas Pinilla sent&iacute;a mayor resentimiento contra el mundo   impenetrable y arrogante de la riqueza industrial y bancaria Antioque&ntilde;a   que contra el hacendado anacr&oacute;nico. Adem&aacute;s, muchos de sus   miembros -procedentes de la clase media baja- estaban consumidos por la   ambici&oacute;n de volverse terratenientes, y, sobra decir, que esta   ambici&oacute;n se hizo realidad, y de modo m&aacute;s conspicuo en el caso de   Rojas Pinilla. No es sorprendente que se abstuvieran de imponerse cargas   tributarias a s&iacute; mismos.</p>     <p>Este hecho   es m&aacute;s que anecd&oacute;tico, porque revela un cambio fundamental que   ocurri&oacute; en Colombia con el vigoroso desarrollo econ&oacute;mico   experimentado desde los a&ntilde;os treinta: la propiedad de la tierra se   volvi&oacute; una inversi&oacute;n popular entre la clase media en   expansi&oacute;n, y as&iacute; los hacendados consiguieron aliados importantes   en la defensa de sus intereses. La propiedad de tierras y ganados, a&uacute;n   apreciada por el prestigio que otorgaba y la protecci&oacute;n que promet&iacute;a   contra la depreciaci&oacute;n de la moneda y contra la propensi&oacute;n a   despilfarrar los ahorros en gastos suntuarios tambi&eacute;n se hizo atractiva   por razones m&aacute;s &quot;modernas&quot; (L&oacute;pez, 1939, 524-525). La   compra venta de tierras y ganados volvi&oacute; a atraer a los inversionistas   porque la tributaci&oacute;n efectiva sobre las tierras y sus rentas se   hab&iacute;a retrasado en comparaci&oacute;n con la pesada y progresiva   tributaci&oacute;n del ingreso proveniente de la industria y el comercio. Era   f&aacute;cil declarar p&eacute;rdidas en las transacciones de ganado, y las   personas con altos beneficios gravables provenientes de actividades no   agr&iacute;colas pod&iacute;an utilizarlas para reducir sus obligaciones   tributarias totales. As&iacute;, aunque la progresiva industrializaci&oacute;n   y urbanizaci&oacute;n del pa&iacute;s cre&oacute; la necesidad de una mayor   productividad agr&iacute;cola, tambi&eacute;n dio lugar a unos tipos de   acci&oacute;n individual que eran un obst&aacute;culo para satisfacer esa   necesidad<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup>.</p>     <p>Este   retraso de la productividad no importaba demasiado mientras el pa&iacute;s   tuviera un creciente y continuo ingreso de divisas como resultado del   r&aacute;pido aumento de los precios del caf&eacute;: los alimentos y las   materias primas agr&iacute;colas necesarias se pod&iacute;an comprar   f&aacute;cilmente en el extranjero. Pero cuando el mercado del caf&eacute; se   desplom&oacute; en 1954, y las divisas volvieron a ser una mercanc&iacute;a   escasa cuya asignaci&oacute;n estaba sometida a un control riguroso, era   inevitable preguntar: &iquest;por qu&eacute; el pa&iacute;s no puede satisfacer   por s&iacute; mismo sus necesidades de productos tales como algod&oacute;n,   oleaginosas, cebada, cacao e incluso ganado? &iquest;Porejemplo, por qu&eacute;   en 1956 tuvo que gastar cien millones de d&oacute; lares, una sexta parte del   total, en importaciones agr&iacute;colas? (Ministerio de Agricultura, 1958,   41).</p> <hr>     <p><b>Pie de   p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>&quot;Se   debe reducir la existencia de grandes propiedades no utilizadas que se pueden   cultivar. Con este fin, adem&aacute;s de plazos cortos al final de los cuales   prescriben los derechos de propiedad, se debe establecer un impuesto progresivo   y diferencial que grave m&aacute;s a las tierras ociosas que a las tierras   cultivadas&quot;, Declaraci&oacute;n sobre pol&iacute;tica agraria, 4 de abril   de 1935, en A. L&oacute;pez, <i>La pol&iacute;tica oficial, </i>v. II, p. 60.    <br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup><i>Revista Nacional de     Agricultura</i>, enero de 1951, 8 y ss.    <br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>Documento in&eacute;dito   proporcionado al autor por Lauchlin Currie.    <br>   <a name=num4></a><sup><a href="#nu4">4</a></sup>Decreto 2. 317 de 1953, art.   20.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num5></a><sup><a href="#nu5">5</a></sup>En un memor&aacute;ndum   proporcionado al autor por el director de estudios catastrales de Colombia, el   doctor Alberto Pardo Pardo, se se&ntilde;ala que se remonta a la &eacute;poca   de Servio Tulio, rey de Roma.    <br>   <a name=num6></a><sup><a href="#nu6">6</a></sup>No se puede determinar   exactamente la importancia cuantitativa de esas acciones en el conjunto de la   agricultura colombiana. En el mercado actuaban fuerzas poderosas en pro de un   mejor uso de la tierra. Pero se sab&iacute;a que la clase media estaba   comprando tierras y que los industriales usaban las transacciones de tierras y   ganado para evadir impuestos, y este hecho es importante en nuestro contexto.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Baran, P. "On the political economy of backwardness", <i> The Manchester School</i>, enero de 1952, reimpreso en Agarwala, A. N. y S. P. Singh, eds., <i>The economics of underdevelopment</i>, Bombay, Oxford University Press, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0124-5996201300010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Barraclough, S. "Major land tenure problem of Latin America", Latin American USOM's Seminar on Agrarian Reform, Washington, International Cooperation Administration, 21-24 de febrero de 1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0124-5996201300010001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. BIRF. <i>The basis of a development program for Colombia</i>, Washington, International Bank for Reconstruction and Development, 1950.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0124-5996201300010001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. CDE. <i>Informe final</i>, Comit&eacute; de Desarrollo Econ&oacute;mico, Bogot&aacute;, Imprenta del Banco de la Rep&uacute;blica, septiembre de 1951.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0124-5996201300010001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. L&oacute;pez, A. "El retorno a la tierra", <i> Revista Nacional de Agricultura</i>, agosto de 1939.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0124-5996201300010001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Ministerio de Agricultura. <i> Memoria al Congreso Nacional 1957-58</i>, v. I, Bogot&aacute;, Imprenta Banco de la Rep&uacute;blica, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0124-5996201300010001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Naciones Unidas, "Report and recommendations on the tax system of Colombia with a short chapter on budget presentation and procedure", New York, United Nations Technical Assistance Programme, 1952.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0124-5996201300010001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body><back>
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