<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962013000100018</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ÉTICA Y ECONOMÍA]]></article-title>
</title-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>15</volume>
<numero>28</numero>
<fpage>375</fpage>
<lpage>382</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962013000100018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962013000100018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962013000100018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>&Eacute;TICA Y ECONOM&Iacute;A</b></font></p> <hr>      <p>La revista <i>Economic Thought</i>, de la World Economics Association, public&oacute; en su primer n&uacute;mero de este a&ntilde;o una serie de art&iacute;culos sobre &eacute;tica y econom&iacute;a, que fueron seleccionados entre la variedad de trabajos que se presentaron en la conferencia en l&iacute;nea sobre ese tema realizada en el segundo semestre de 2012. Esta asociaci&oacute;n promueve la discusi&oacute;n en l&iacute;nea de los art&iacute;culos enviados a consideraci&oacute;n /e sus revistas y, para evitar las deficiencias de la revisi&oacute;n por pares, los somete a escrutinio p&uacute;blico en su p&aacute;gina web (<a href="http://www.worldeconomicsassociation.org/" target="_blank">http://www.worldeconomicsassociation.org/</a>). En este n&uacute;mero de la <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> presentamos a nuestros lectores el resumen de dos de los art&iacute;culos mencionados, sobre las propuestas de c&oacute;digos de &eacute;tica para la profesi&oacute;n, con sendos comentarios de autores que participaron en la selecci&oacute;n y el mejoramiento de los borradores. Un tema carente de inter&eacute;s para las revistas acad&eacute;micas antes la crisis financiera, y al que solo atendieron despu&eacute;s de la inquietud mundial generada por el documental <i>Inside Job</i>, dirigido por Charles Ferguson, ganador de un premio Oscar en 2010.</p>      <p align="center"><font size="3"><b>C&Oacute;DIGOS DE &Eacute;TICA PARA ECONOMISTAS: UNA VISI&Oacute;N PLURALISTA</b></font></p>      <p align="right"><b><i>Sheila Dow</i></b></p>      <p>En la discusi&oacute;n de la &eacute;tica y la econom&iacute;a algunos han pensado en dise&ntilde;ar un c&oacute;digo de &eacute;tica para economistas. Pero esa idea es problem&aacute;tica desde un punto de vista pluralista. Aqu&iacute; se discuten algunas posibilidades para mostrar que un c&oacute;digo de conducta de los economistas presupone una visi&oacute;n de la naturaleza humana y del profesionalismo.</p>      <p>Adem&aacute;s, el poder socioecon&oacute;mico en la profesi&oacute;n plantea problemas de interpretaci&oacute;n y adopci&oacute;n de los posibles principios, en especial de los que se refieren a las normas de competencia y b&uacute;squeda de la verdad. Se concluye entonces que el c&oacute;digo de &eacute;tica deber&iacute;a ser generaly concentrarse en la &eacute;tica del pluralismo -tolerancia, imparcialidad y amplitud de miras- en la cual se basan todas las dem&aacute;s consideraciones &eacute;ticas.</p>      <p><b>Abierto a comentarios el 6 de septiembre de 2012</b></p>      <p><i>Comentario de Alessandro Roncaglia    <br> 26 de enero de 2013</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo de Sheila Dow examina un asunto muy importante: la dificultad elaborar "un c&oacute;digo de &eacute;tica neutral y detallado del profesionalismo en econom&iacute;a" que tenga en cuenta el pluralismo, una condici&oacute;n necesaria para que sea aceptable para los economistas heterodoxos. Sus tres principios -"anteponer el inter&eacute;s social alinter&eacute;s personal", "buscar y decir la verdad", "no causar da&ntilde;o" - son aparentemente aceptables para todos pero obviamente son dif&iacute;ciles de precisar cuando no hay consenso sobre la definici&oacute;n de "inter&eacute;s social" o "verdad" o hay diferencias en la evaluaci&oacute;n de los resultados (con sus probabilidades respectivas)  de diferentes l&iacute;neas de pol&iacute;tica.</p>      <p>Su an&aacute;lisis la lleva a dos conclusiones, una negativa (contra los c&oacute;digos detallados de &eacute;tica)  y una positiva: "el pluralismo debe ser el centro de nuestra discusi&oacute;n de la &eacute;tica". Concuerdo con esta &uacute;ltima, pero -en vista del triste estado de la &eacute;tica, sea cual sea su significado en la investigaci&oacute;n econ&oacute;mica y en el debate pol&iacute;tico- estoy a favor de c&oacute;digos limitados detallados de &eacute;tica y, quiz&aacute;, de una enunciaci&oacute;n general de principios.</p>      <p>Hay temas en los que no deber&iacute;a haber diferencias de opini&oacute;n entre economistas tradicionales y heterodoxos. No solo el plagiosino tambi&eacute;n ciertos comportamientos que se est&aacute;n volviendo cada vez m&aacute;s comunes como consecuencia del uso de la bibliometr&iacute;a en la evaluaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n (como el intercambio de firmas en los art&iacute;culos aunque no se haga ninguna contribuci&oacute;n sustantiva a su redacci&oacute;n, o la petici&oacute;n de los &aacute;rbitros de las revistas de que se citen sus art&iacute;culos, aunque sean irrelevantes)  deber&iacute;an ser condenados expl&iacute;citamente. Por supuesto, no es f&aacute;cil aclarar en cada caso espec&iacute;fico si la contribuci&oacute;n de una persona es insuficiente para firmar como coautor o si el trabajo del &aacute;rbitro es irrelevante y no merece citarse; pero excluir en principio esas pr&aacute;cticas hoy adoptadas abiertamente puede contribuir a que se preste m&aacute;s atenci&oacute;n a ese asunto y a educar a la generaci&oacute;n m&aacute;s joven. En casos espec&iacute;ficos tambi&eacute;n es dif&iacute;cil evaluar, aunque quiz&aacute; menos, el requisito de indicar posibles conflictos de intereses. Como recuerda Dow, la Asociaci&oacute;n Americana de Econom&iacute;a adopt&oacute; este principio como c&oacute;digo espec&iacute;fico (y tambi&eacute;n lo hicieron otras asociaciones, como la Societ&agrave; Italiana degli Economisti &#91;<a href="http://www.siecon.org/online/anvur-cepr-cun-documenti/regolamento-sie-sui-conflitti-dinteresse/" target="_blank">http://www.siecon.org/online/anvur-cepr-cun-documenti/regolamento-sie-sui-conflitti-dinteresse/</a>&#93;).</p>      <p>Puede ser &uacute;til un enunciado general de principios -una especie de Constituci&oacute;n- si empieza reconociendo el pluralismo en la investigaci&oacute;n econ&oacute;mica. Otros principios (la b&uacute;squeda de la "verdad" o, quiz&aacute; mejor, la seriedad en la actividad de investigaci&oacute;n, la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n en el debate pol&iacute;tico, la meritocracia como criterio de la carrera acad&eacute;mica)  pueden ser adoptados a condici&oacute;n de que se interpreten claramente a la luz del pluralismo. Tambi&eacute;n se deber&iacute;an indicar las implicaciones del pluralismo, aunque a nivel general. Por ejemplo, aunque un punto muy relevante en este contexto, es un asuntode principios que los ejercicios bibliom&eacute;tricos sean neutrales entre campos de investigaci&oacute;n y entre enfoques de investigaci&oacute;n. (Por cierto, en contra de la opini&oacute;n general, esto no es imposible; bastar&iacute;a aplicar un criterio de normalizaci&oacute;n adecuado, como sugiere, por ejemplo, el f&iacute;sico Giorgio Parisi en Italia (<a href="http://www. Anvur.org/?q=content/composizione-dei-gruppi-di-esperti-della-valutazion" target="_blank">http://www. Anvur.org/?q=content/composizione-dei-gruppi-di-esperti-della-valutazion</a>). Y como sol&iacute;adecir Joan Robinson, "que florezcan cien flores, pero que enuncien sussupuestos": contrario a la pr&aacute;ctica dominante en la macroeconom&iacute;a tradicional, siempre se deber&iacute;a indicar que se supone convexidad de las preferencias o de los conjuntos de producci&oacute;n, homogeneidad de los agentes o un solo bien b&aacute; sico.</p>      <p>En suma, como cualquier constituci&oacute;n o c&oacute;digo legal, los c&oacute;digos  &eacute;ticos pueden ser &uacute;tiles o perjudiciales para el pluralismo en econom&iacute;a, seg&uacute;n se redacten. Los economistas heterodoxos deber&iacute;an lucharpor c&oacute;digos pluralistas y no necesariamente contra los c&oacute;digos  &eacute;ticos como tales.</p>      <p>Como ya indiqu&eacute;, el art&iacute;culo trata un tema importante y expone un argumento importante (y, hasta donde s&eacute;, original). En mi opini&oacute;n se deber&iacute;a publicar. Se podr&iacute;a revisar a la luz de los comentarios anteriores, en especial de la distinci&oacute;n entre c&oacute;digos espec&iacute;ficos y principios "constitucionales" generales; pero no es una condici&oacute;n para publicarlo.</p>      <p align="center"><font size="3"><b>&Eacute;TICA ECON&Oacute;MICA PROFESIONAL: POR QU&Eacute; LE DEBE INTERESAR A LOS ECONOMISTAS HETERODOXOS</b></font></p>      <p align="right"><i>George DeMartino</i></p>      <p>Durante los 125 a&ntilde;os desde la fundaci&oacute;n de la AEA, la profesi&oacute;n de la econom&iacute;a en Estados Unidos y m&aacute;s all&aacute; ha buscado influir, continuay exitosamente, en la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Influencia que cre&iacute;a merecer debido a su pericia. Hoy, la econom&iacute;a es ciertamente una de las profesiones m&aacute;s importante en t&eacute;rminos de su impacto en el mundo. Pero en todo este tiempo la profesi&oacute;n nunca se ha ocupado de las cargas &eacute;ticas asociadas a su influencia sobre otros. En Estados Unidos en particular la profesi&oacute;n ha desde&ntilde;ado la idea de que enfrenta deberes  &eacute;ticos que requieren seria atenci&oacute;n. No conozco otra profesi&oacute;n que desde&ntilde;e tanto sus responsabilidades.</p>      <p>Argumento que el desde&ntilde;o de la profesi&oacute;n hac&iacute;a sus desaf&iacute;os &eacute;ticos es &eacute;ticamente enjuiciable. Cuando una profesi&oacute;n busca influir en otros, asume necesariamente obligaciones &eacute;ticas, lo reconozca o no. La profesi&oacute;n deber&iacute;a haber establecido una tradici&oacute;n de cuidadosa investigaci&oacute;n de sus obligaciones &eacute;ticas hace 125 a&ntilde;os, y estas obligaciones deber&iacute;an haber sido una preocupaci&oacute;n central de la profesi&oacute;n desde entonces. Curiosamente, esta idea ha encontrad omucho escepticismo en la izquierda, entre economistas heterodoxos y tradicionales. Este art&iacute;culo propone una investigaci&oacute;n general sobrela &eacute;tica en la econom&iacute;a, y la forma en que se debe llevar a cabo con el prop&oacute; sito de provocar una discusi&oacute;n m&aacute;s amplia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abierto A comentarios el 6 de septiembre de 2012</b></p>      <p><i>Comentario de Gary Mongiovi    <br> 5 de diciembre de 2012</i></p>      <p>En esta nota sobre la &eacute;tica econ&oacute;mica profesional, George DeMartino resume y desarrolla el mensaje de su libro de 2011, <i>El juramento del economista</i>. El escrito hace una concisa revisi&oacute;n de un asunto de vital importancia que, hasta hace poco, ha recibido poca atenci&oacute;n de los economistas. El libro de DeMartino, por un golpe de buena fortuna, pis&oacute; los talones de <i>Inside Job</i>, el laureado documental de Charles Ferguson, que atrajo la atenci&oacute;n sobre la complicidad de los economistas en las disfunciones econ&oacute;micas de la d&eacute;cada anterior. La pel&iacute;cula muestra en forma convincente que las fallas &eacute;ticas de los economistas -conflictos financieros de intereses, notoria deshonestidad cient&iacute;fica y pereza intelectual a una escala que raya en la negligencia criminal- contribuyeron a la crisis financiera de 2007-2008 y a la crisis econ&oacute;mica mundial posterior.</p>      <p>El ensayo de DeMartino es una introducci&oacute;n bien argumentada al tema de la &eacute;tica profesional en nuestra disciplina. En general, concuerdo con sus puntos principales, y por ello solo har&eacute; algunas observaciones generales que se me ocurrieron cuando lo le&iacute;. Aunque tengo sumo inter&eacute;s en saber qu&eacute; piensa el profesor DeMartino de mis comentarios, el art&iacute;culo es publicable m&aacute;s o menos como est&aacute;. Las siguientes reflexiones se pueden calificar como "temas de reflexi&oacute;n" y se pueden dejar de lado para trabajos futuros si el profesor De Martino considera que es la mejor manera de proceder.</p>   <ol>     <li>Quiz&aacute; sea exagerado decir que los economistas han "desde&ntilde;ado la idea de que &#91;su profesi&oacute;n&#93; enfrenta deberes  &eacute;ticos que requieren seria atenci&oacute;n". No han prestado mucha atenci&oacute;n al asunto, es triste decirlo, pero probablemente debido a que hasta que <i>Inside Job</i> meti&oacute; la nariz en el desorden que causaron algunos de sus colegas, el tema no estaba en el radar de la mayor&iacute;a de los economistas. Se podr&iacute;a suponer que, en esta &eacute;poca de consultores y "periodismo gotcha", todos somos susceptibles a posibles conflictos de intereses en nuestra vida profesional; pero como demuestra <i>Inside Job</i> con deprimente claridad, los economistas son muy adeptos a convencerse de que sus intereses financieros no comprometen su integridad cient&iacute;fica. Esto es parad&oacute;jico e ir&oacute;nico en vista del gran peso que los economistas atribuyen a los incentivos pecuniarios como predictores del comportamiento.</li>    <br>      <li>No hay duda de que desde el siglo XVII ocurren incidentes de mal comportamiento de los economistas. Pero solo hasta ahora la mala conducta &eacute;tica se ha convertido en asunto de inter&eacute;s para los economistas, y no puedo evitar preguntarme si esto refleja un fuerte aumento del comportamiento &eacute;ticamente cuestionable de los economistas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Revelaciones como la de <i>Inside Job</i> solo atraen la atenci&oacute;n cuando hay algo para revelar. El inicio del neoliberalismo a finales de los a&ntilde;os setenta es un buen punto de demarcaci&oacute;n: pocos episodios de mala conducta profesional de los economistas anteriores a 1980 vienen a la mente; pero es m&aacute;s f&aacute;cil encontrar ejemplos notables despu&eacute;s de 1980 (Ferguson encontr&oacute; abundantes). &iquest;Qu&eacute; cambi&oacute;? Me interesa saber qu&eacute; piensa De Martino sobre la pregunta &iquest;por qu&eacute; ahora?</li>     <br>      <li>De Martino se&ntilde;ala que los economistas suelen sentir antipat&iacute;a hacia los c&oacute;digos de &eacute;tica, y en particular a hacer cumplirlos mediante sanciones. Esto me choca tanto como el sesgo de la disciplina contra la regulaci&oacute;n. Para la mayor&iacute;a de los economistas, la posici&oacute;n por defecto sobre la regulaci&oacute;n es el escepticismo: puesto que la competenciapresuntamente castiga el mal comportamiento y el bajo desempe&ntilde;o, la regulaci&oacute;n suele ser innecesaria y a menudo contraproducente. No nos deber&iacute;a sorprender que los economistas apliquen el mismo razonamiento poderosamente arraigado (pero poco fiable)  a su propia disciplina. Propongo lo siguiente como prueba A:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <blockquote> El jefe del departamento de econom&iacute;a de Harvard John Campbell, a quien se present&oacute; en <i>Inside Job </i>defendiendo torpemente la profesi&oacute;n, reconoci&oacute; la necesidad de mayor divulgaci&oacute;n de informaci&oacute;n. Pero estableci&oacute; una distinci&oacute;n entre campos como la medicina, donde los investigadores pueden suprimir datos que no apoyan sus resultados o los que desean sus patrocinadores, y la econom&iacute;a, donde la mayor parte de la investigaci&oacute;n se basa en informaci&oacute;n disponible al p&uacute;blico. Y rechaz&oacute; la idea de que los conflictos de intereses contribuyeron a la falla para prever la crisis financiera mundial. "Las recompensas a los economistas por predecir correctamente una crisis o dar la se&ntilde;al de alerta son enormes", dijo Mr. Campbell (B. Casselman, "Economists set rules on ethics", <i>Wall Street Journal</i>, 9 de enero de 2012, edici&oacute;n en l&iacute;nea).  </blockquote> </li>      <li>Un aspecto particularmente interesante del art&iacute;culo de DeMartino, y que espero desarrolle en un futuro trabajo, es la idea de la arrogancia intelectual como falla &eacute;tica. En el art&iacute;culo que se est&aacute; examinando, podr&iacute;a destacare m&aacute;s de lo que destaca que la "distancia epistemol&oacute;gica entre los economistas y aquellos a quienes pretenden servir" es al menos en parte ilusoria, dada la "insuficiencia epistemol&oacute;gica" que rodea a los fen&oacute;menos econ&oacute;micos. Est&aacute; abierto a discusi&oacute;n el grado en que los economistas son conscientes de las limitaciones epistemol&oacute;gicas de sus pronunciamientos. El autoenga&ntilde;o y el exceso de confianza son rasgos humanos generales, como ha dejado en claro un cuarto de siglo valiosa investigaci&oacute;n en econom&iacute;a del comportamiento; pero los economistas han tardado en aplicar esta lecci&oacute;n a s&iacute; mismos.</li>     <br>      <li>Cabe preguntar entonces c&oacute;mo afecta la ideolog&iacute;a la percepci&oacute;n de los economistas acerca de lo que saben. Los economistas son demasiados confiados y arrogantes porque creen realmente que lo que dicen debe ser esencialmente cierto y que la disensi&oacute;n frente a la sabidur&iacute;a convencional (p. Ej., acerca de la ventaja comparativa o del salario m&iacute;nimo)  es un fen&oacute;meno af&iacute;n al de sostener que la tierra es plana. El desd&eacute;n que los economistas suelen mostrar hacia los modos no convencionales de an&aacute;lisis es una verdadera falla &eacute;tica, porque como intelectuales tenemos la responsabilidad de considerar cuidadosamente las ideas serias que desaf&iacute;an nuestras preconcepciones. Pero la culpabilidad &eacute;tica se aten&uacute; a un poco -al menos para los economistas individuales (a nivel microecon&oacute;mico, por decirlo as&iacute;) - porque hoy su formaci&oacute;n es tan estrecha que est&aacute;n mal equipados para consideraren forma constructiva las perspectivas ajenas a la literatura y al tipo de modelos en los que se especializaron en el posgrado. La historia econ&oacute;mica y la historia del pensamiento econ&oacute;mico han sido marginadas del curr&iacute;culo de postgrado; e igual que cualquier otro campo profesional la econom&iacute;a se ha vuelto super especializada en las tres o cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Concuerdo con el profesor DeMartino en que los economistas tienen el deber &eacute;tico de ser pluralistas, y observo que lo que esto significa en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos es una cuesti&oacute;n que queda fuera del alcance de su art&iacute;culo; su objetivo es dejar en claro que debemos iniciar una conversaci&oacute;n sobre el tema. Pero la conversaci&oacute;n no ir&aacute; a ninguna parte a menos que tambi&eacute;n reexaminemos c&oacute;mo se educan los economistas y, en particular, a menos que comencemos a desafiar la l&oacute;gica perezosa que equipara formalismo t&eacute;cnico y aut&eacute;ntico rigor anal&iacute;tico.    <br>       <br>  Aunque es imposible aislarnos totalmente del andamiaje cultural en el que formamos nuestra comprensi&oacute;n del mundo, podemos ser conscientes de que lo que creemos saber est&aacute; influido y hasta cierto punto limitado por preconcepciones que damos por sentadas. Reconocer esto es un paso esencial para encontrar un equilibrio razonable entre la confianza que correctamente proviene de la experiencia y la humildad correspondiente a alguien cuyos pronunciamientos que afectan la vida de otros.    <br>     <br>  A&ntilde;adir&iacute;a que el fil&oacute;sofo marxista italiano Antonio Gramsci ten&iacute;a mucho que decir acerca de la responsabilidad &eacute;tica de los intelectuales. Sus escritos tienen relaci&oacute;n con los temas que se exploran en este art&iacute;culo.</li>    <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Al comienzo de su escrito DeMartino menciona el Comit&eacute; <i>ad hoc</i> sobre normas &eacute;ticas en econom&iacute;a de la Asociaci&oacute;n Econ&oacute;mica Americana. Las recomendaciones del Comit&eacute; fueron adoptadas por el Comit&eacute; Ejecutivo de la AEA en enero de 2012 (<a href="http://www. Aeaweb.org/minutes/12Jan5ExecMtgMin.pdf" target="_blank">http://www. Aeaweb.org/minutes/12Jan5ExecMtgMin.pdf</a>).    <br>    <br>  El resultado parecer&aacute; decepcionante a quienes esperaban queel Comit&eacute; <i>ad hoc</i> acometiera en serio los problemas  &eacute;ticos que los economistas enfrentan en su labor. El Comit&eacute;, en cambio, parece haber limitado sus deliberaciones a establecer reglas de divulgaci&oacute;n de informaci&oacute;n referentes a conflictos de intereses que deben seguir los autores que env&iacute;an art&iacute;culos para que sean publicados en las revistas de la AEA. No es claro que el Comit&eacute; haya publicado un informe substantivo con conclusiones concretas sobre el estado actual de la &eacute;tica profesional en nuestra disciplina: no hay un v&iacute;nculo para consultar tal informe en la p&aacute;gina web de la AEA. Tampoco es claro que el limitado alcance de la labor del Comit&eacute; fue establecido por el Comit&eacute; Ejecutivo o fue determinado por el mismo Comit&eacute; <i>ad hoc</i>. Pero, al parecer, la AEA considera que los problemas  &eacute;ticos planteados en el documental de Ferguson (que llev&oacute; a formar el Comit&eacute; <i>ad hoc</i>) se resuelven oficial y satisfactoriamente con la adopci&oacute;n de reglas de divulgaci&oacute;n de informaci&oacute;n. En la versi&oacute;n final del prudente y sumamente &uacute;til art&iacute;culo de DeMartino se deber&iacute;a incluir un an&aacute;lisis de esta sombr&iacute;a -y debo decir vergonzosa- evasi&oacute;n de una tarea dif&iacute;cil pero necesaria.</li>     </ol> </font>      ]]></body>
</article>
