<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962013000100019</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA ILUSIÓN DE LA PARTICIPACIÓN COMUNITARIA]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pío]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Externadode Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>15</volume>
<numero>28</numero>
<fpage>383</fpage>
<lpage>387</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962013000100019&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962013000100019&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962013000100019&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>LA ILUSIÓN DE LA PARTICIPACIÓN COMUNITARIA</b></font></p>      <P align="center"><I>Lucha y negociaci&oacute;n en los barrios irregulares de Bogot&aacute;, 1992-2003</I>, Noriko Hataya, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia,2010, 478 pp. </p>     <p align="center"><I>P&iacute;o Garc&iacute;a</I><SUP>*</SUP></p>     <p><SUP>*</SUP>Doctor en Filosof&iacute;a, docente-investigador de FIGRI, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<A href="mailto:piogarcia02@yahoo.com">piogarcia02@yahoo.com</A>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 24 de enero de 2013, fecha de modificaci&oacute;n: 22 de abril de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 23 de abril de 2013. </p>  <HR>      <p>Con una combinaci&oacute;n de inquietud intelectual y de solidaridad hacia los grupos humanos m&aacute;s vulnerables, la investigadora japonesa Noriko Hataya se propuso estudiar la acci&oacute;n colectiva en una zona marginada de la capital colombiana. Durante una d&eacute;cada recorri&oacute; barrios, trab&oacute; amistad con las familias, entrevist&oacute; a sus l&iacute;deres, contrast&oacute; la informaci&oacute;n directa con estad&iacute;sticas p&uacute;blicas y fue testigo excepcional de la vida azarosa en la periferia de la gran urbe. A su aporte te&oacute;rico habr&iacute;a que a&ntilde;adir, por tanto, la valent&iacute;a de una dama crecida en una megal&oacute;polis colosal pero segura, como tokio. Caminar por el intrincado laberinto de calles destapadas, lotes sin construir, casas a medio hacer y callejones sin salida es un reto que la mayor&iacute;a de los colombianos prefiere eludir. El resultado de su observaci&oacute;n sociol&oacute;gica se expone en casi 500 p&aacute;ginas, al final de las cuales llega a una conclusi&oacute;n taxativa: en la creaci&oacute;n de los nuevos barrios capitalinos, la organizaci&oacute;n comunitaria espont&aacute;nea es genuina solo hasta el punto en que los dirigentes se pliegan a los planes de los pol&iacute;ticos de turno; desde ese momento, la participaci&oacute;n se torna ilusoria. As&iacute; lo demostr&oacute; el hecho de que despu&eacute;s de varias conquistas colectivas los habitantes de los barrios estudiados se hicieron recelosos de los directivos de las juntas de acci&oacute;n comunal (Jac). La profesora Hataya estudi&oacute; seis comunidades nuevas asentadas en viviendas informales de ciudad Bol&iacute;var, Usme y Rafael Uribe Uribe, en el extremo suroeste de Bogot&aacute;, en esos confines de la ciudad donde prosigue la urbanizaci&oacute;n de monta&ntilde;as antes dedicadas a la producci&oacute;n de tub&eacute;rculos, frutas y legumbres. Los asentamientos corresponden a barrios con nombres tan sugestivos como patrioteros: Jerusal&eacute;n, Bella Flor, Danubio azul, Juan Jos&eacute; Rond&oacute;n, La paz y diana turbay. El tema de investigaci&oacute;n fue el proceso de regularizaci&oacute;n de esos poblamientos a trav&eacute;s de las acciones de instituciones del Estado y otras entidades externas (Iglesia cat&oacute;lica y varias ONG) y su impacto en la capacidad comunitaria para concertar acciones colectivas, por lo general alrededor de las Jac. Las encuestas a hogares, las entrevistas a profundidad y la evidencia emp&iacute;rica, as&iacute; como la informaci&oacute;n institucional, confirmaron su conjetura inicial: en la participaci&oacute;n comunitaria se impone el pragmatismo, es nutrida y espont&aacute;nea cuando los ciudadanos pueden ver resultados tangibles en el mejoramiento de sus condiciones de vida, y decrece a medida que se regulariza la provisi&oacute;n de servicios p&uacute;blicos y la relaci&oacute;n ciudadana con las entidades se individualiza. </p>      <p>De los siete cap&iacute;tulos que componen el libro, los cap&iacute;tulos 5 y 6 exponen el estudio de caso propiamente dicho. All&iacute; se narran las "seis historias de asentamientos irregulares del sur de Bogot&aacute;" y se describe "La visi&oacute;n de los habitantes". Este n&uacute;cleo del texto se enmarca en las aproximaciones te&oacute;ricas, metodol&oacute;gicas y contextuales en los cuatro primeros cap&iacute;tulos: "participaci&oacute;n comunitaria en los barrios irregulares", "contexto territorial de los estudios de caso", "Expansi&oacute;n de los asentamientos irregulares y administraci&oacute;n urbana en Bogot&aacute; hasta los a&ntilde;os ochenta" y "pol&iacute;ticas para los asentamientos irregulares: cambios en los a&ntilde;os noventa". En el remate de la obra &ndash;cap&iacute;tulo 7&ndash; se presentan las "Reflexiones finales", donde se da respuesta a las preguntas inicial es sobre la forma en que han cambiado las relaciones entre las comunidades informales y la administraci&oacute;n de la ciudad, la incidencia de la estrategia administrativa p&uacute;blica m&aacute;s anclada a los mecanismos del mercado que en la vida comunitaria, el impacto de la descentralizaci&oacute;n del Estado desde la constituci&oacute;n de 1991 y el efecto de las normas de participaci&oacute;n ciudadana en la intervenci&oacute;n efectiva de la comunidad en la toma de decisiones y en la asignaci&oacute;n y control de los recursos.</p>     <p>Para valorar mejor el argumento del car&aacute;cter "ilusorio"de la participaci&oacute;n comunitaria es necesario tener en cuenta el viraje hacia una racionalidad m&aacute;s "moderna" en la administraci&oacute;n de la capital colombiana. En efecto, durante el periodo de estudio el influjo tecnocr&aacute;tico en la administraci&oacute;n del distrito Especial de Bogot&aacute; se intensific&oacute;, debido a dos factores entrelazados: el predominio de las pol&iacute;ticas neoliberales de los alcaldes Pe&ntilde;aloza y Mockus, que describe en forma fehaciente la profesora Hataya, y otro &ndash;menos perfilado&ndash; como fue el acopio de recursos que la tesorer&iacute;a bogotana consigui&oacute; desde los a&ntilde;os noventa como resultado del ensanchamiento de la capacidad de captaci&oacute;n tributaria de la ciudad contemplado en el Estatuto org&aacute;nico del alcalde Jaime castro. Ambos procesos fueron desatados por el cambio pol&iacute;tico de 1991, ya que la nueva constituci&oacute;n ensambl&oacute; en forma incre&iacute;ble dos teor&iacute;as antit&eacute;ticas: la descentralizaci&oacute;n y la participaci&oacute;n ciudadana, y el sometimiento del Estado a la l&oacute;gica del capital transnacional. como resultado, nuevos instrumentos legales le abrieron campo a la defensa de los derechos fundamentales de las personas, al mismo tiempo que gran parte de las responsabilidades econ&oacute;micas del Estado se traslad&oacute; a los particulares. La r&aacute;pida privatizaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos incentiv&oacute; la ampliaci&oacute;n y formalizaci&oacute;n de su provisi&oacute;n en los sectores informales de las grandes ciudades. As&iacute;, el encuentro y la concertaci&oacute;n de las comunidades recibieron la doble descarga en su contra propinada por la p&eacute;rdida de las reivindicaciones colectivas para obtener servicios domiciliarios y la obsolescencia de los dirigentes comunales, un personal redundante cuando dej&oacute; de ser necesaria su intermediaci&oacute;n para recibir favores institucionales; lo cual, de paso, fue causa de su descr&eacute;dito cuando la comunidad advirti&oacute; su venalidad en el canje de votos por puestos p&uacute;blicos y dinero. Y como los servicios regularizados se tradujeron en incremento de tarifas,hubo razones para nuevas movilizaciones, aunque ese cap&iacute;tulo de la historia de la ciudad se sale del marco y del periodo de estudio de la profesora Hataya.</p>      <p>Por cierto, la participaci&oacute;n ciudadana auspiciada por el Estado ha sido tard&iacute;a y restringida en Colombia. Surgi&oacute; en respuesta a las dos tendencias deslegitimadoras del Estado centralista: la ofensiva militar de las guerrillas y la desarticulaci&oacute;n de la econom&iacute;a protegida para entroncarla a las corrientes mundiales. De hecho, la <I>apertura</I> econ&oacute;mica de 1990 conmocion&oacute; la industria local hasta desmantelarla, mientras que las fuerzas izquierdistas anti estatales toparon con una nueva fuerza en su contra: los escuadrones paramilitares. Sin opciones f&aacute;cticas para activar un Estado de bienestar, la c&uacute;pula pol&iacute;tica busc&oacute; atender las demandas sociales mediante la participaci&oacute;n en su versi&oacute;n m&aacute;s populista de participaci&oacute;n inducida. De ese modo, en los mecanismos reglamentados aparecieron el referendo, el plebiscito, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa, la revocatoria del mandato, el voto y la consulta popular como medios de empoderamiento popular. En realidad, su uso ha sido muy escaso y restrictivo, aunque ha servido para contrarrestar algunos efectos perversos de las medidas neoliberales plasmadas en el aumento de la brecha entre ricos y pobres y el sacrificio del trabajo para sobredimensionar los beneficios de la inversi&oacute;n extranjera.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El trabajo de la profesora Hataya se realiza en un momento en el que se intenta adecuar las estrategias econ&oacute;micas al proceso de intercambio global acelerado. Ella se ci&ntilde;e a rese&ntilde;ar, con gran detalle, la ef&iacute;mera participaci&oacute;n ciudadana que surgi&oacute; por la necesidad de solucionar la problem&aacute;tica com&uacute;n de la carencia de servicios p&uacute;blicosen los barrios de autoconstrucci&oacute;n. No es su objetivo llevar el an&aacute;lisis a otro nivel, el examen de la din&aacute;mica comunitaria como fundamentode la democratizaci&oacute;n social, ni considerar opciones de participaci&oacute;n ciudadana alternativas a la espor&aacute;dica o manipulada por el sistema pol&iacute;tico-administrativo, a trav&eacute;s del cacicazgo. M&aacute;s all&aacute; del m&eacute;rito de caracterizar la cruda realidad de la participaci&oacute;n ciudadana "ilusoria", sus estudios de caso pueden servir para establecer las conexiones con el contexto nacional e internacional en que transcurren.</p>     <p>En el &aacute;mbito dom&eacute;stico, la problem&aacute;tica de las comunidades nuevas y marginadas suele ser <I>tr&aacute;gica</I>, pues se trata de una b&uacute;squeda desesperada de sobrevivencia entre familias con alto grado de vulnerabilidad. Es probable que en la mayor&iacute;a de los casos, la decadencia dela producci&oacute;n campesina y la intensificaci&oacute;n del conflicto despu&eacute;s de 1990 hayan convertido a Colombia en un pa&iacute;s de desterrados en buscade refugio. Al rededor del 10% de la poblaci&oacute;n total fue desplazada de sus lugares de origen o de asentamiento. Una cifra espeluznante. Los barrios suburbanos del sur de Bogot&aacute; han recibido a esa ciudadan&iacute;a castigada por la simple raz&oacute;n de haber tenido la <I>ilusi&oacute;n</I> de sacar el sustento familiar de la tierra. El ejercicio de la ciudadan&iacute;a en la extenuaci&oacute;n absoluta es un eufemismo. </p>     <p>El desarraigo &ndash;aceptando que las nuevas comunidades suburbanas tienen en gran medida un origen campesino&ndash; fue agravado por la internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, acordada en la constituci&oacute;n de 1991. Desde entonces el modelo agrario e industrial protegido sucumbi&oacute; a las transacciones de la dirigencia pol&iacute;tica con el capital metropolitano, que cambi&oacute; el rumbo cepalino de autosuficiencia de los mercados regionales &ndash;andino y latinoamericano&ndash; por una especializaci&oacute;n acorde con las pautas del mercado globalizado. El suministrode ciertos bienes y servicios y el destape minero-energ&eacute;tico es lo que el inversionista transnacional ha dictado en Colombia y, en procura de su confianza, esa es la direcci&oacute;n de las medidas administrativas y del discurso legitimador de la &eacute;lite criolla. Con esa l&oacute;gica, la producci&oacute;n agraria ha de competir con est&aacute;ndares internacionales que solo cumple la agroindustria de ciertos cultivos tropicales: ca&ntilde;a, palma africana, soya y otros pocos de ese porte. No es casual que, desde los a&ntilde;os noventa, el nivel de vida campesino se haya deteriorado en forma continua y que m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n campesina padezca carencias nutricionales. </p>      <p>Sin embargo, el sometimiento ciudadano a los dict&aacute;menes transnacionales no es irremisible, seg&uacute;n confirman los reclamos de los trabajadores petroleros, las movilizaciones de las comunidades ind&iacute;genas y los movimientos estudiantiles y de ciudadanos conscientes de los efectos perjudiciales de los proyectos extractivos, el m&aacute;s reciente de los cuales es la defensa de la integridad del p&aacute;ramo de santurb&aacute;n, un ecosistema fr&aacute;gil amenazado por el proyecto aur&iacute;fero de la multinacional canadiense Greystar. En estos casos, la movilizaci&oacute;n y la participaci&oacute;n ciudadanas pueden tener un buen grado de espontaneidad,y para quese mantengan son necesarias la conciencia pol&iacute;tica y la organizaci&oacute;n aut&oacute;noma. Es lamentable que la participaci&oacute;n espont&aacute;nea lleve a la decepci&oacute;n as&iacute; como la participaci&oacute;n administrada resulta frustrante. El empoderamiento comunitario, en cambio, puede ser expresi&oacute;n de democracia aut&eacute;ntica, en la cual la comunidad organizada delibera, decide y administra sus recursos comunes. En Colombia, muchos vencon desprecio la necesidad de replantear el orden neoliberal, en lo pol&iacute;tico y en lo econ&oacute;mico, a causa del prurito de creerse superiores a nuestros vecinos venezolanos, ecuatorianos y bolivianos. Cuando los colombianos nos decidamos a controlar nuestro destino, ser&aacute; imprescindible la participaci&oacute;n ciudadana para mantener el poder en la base, en las comunidades locales; en ese momento, las lecciones de los pa&iacute;ses vecinos ser&aacute;n una fuente de reflexi&oacute;n y de est&iacute;mulo, as&iacute; como lo es el inspirador libro de la profesora noriko Hataya sobre la esquiva acci&oacute;n colectiva en la periferia bogotana. </p> </font>      ]]></body>
</article>
