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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>RONALD COASE Y EL MAL  USO DE LA ECONOM&Iacute;A</b></font></p>      <p align="center"><I>John Cassidy</I><sup>*</sup></p>     <p><SUP>*</SUP>Tomado de &#91;<A href="http://www.newyorker.com/online/blogs/johncassidy/" target="_blank">http://www.newyorker.com/online/blogs/johncassidy/</A>&#93;, <I>The New Yorker</I>,3 de septiembre de 2013. Se publica con la debida autorizaci&oacute;n. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano.</p>     <P>Fecha de recepci&oacute;n: 25 de septiembre de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de octubre de 2013.</P> <HR>     <p>Esta es   una historia sobre la historia de la econom&iacute;a, de las travesuras y, en   &uacute;ltimas, del poder pol&iacute;tico. Se refiere al economista Ronald   Coase, quien muri&oacute; el lunes pasado a la edad de ciento dos a&ntilde;os. </p>     <p>A lo largo   de su vida, Coase -que naci&oacute; en el barrio londinense de Willesd en y se   educ&oacute; en Inglaterra antes de trasladarse a Estados Unidos en 1951- se   convirti&oacute; en un icono de la derecha. Su famoso &quot;teorema de   Coase&quot; fue utilizado por pol&iacute;ticos, agencias reguladoras y jueces   para justificar un enfoque no intervencionista de las grandes empresas que   dejaba la contaminaci&oacute;n y otros problemas econ&oacute;micos a las   fuerzas correctivas del mercado. En los a&ntilde;os setenta y ochenta, cuando   la Escuela de Econom&iacute;a de Chicago barri&oacute; con todo lo anterior en   Washington y en los tribunales de la naci&oacute;n, la obra de Coase   prob&oacute; ser sumamente influyente. En 1991, los suecos le dieron el Premio   Nobel de Econom&iacute;a, una de las tantas distinciones que recibi&oacute;.</p>     <p>Que esto   parezca ir&oacute;nico o tr&aacute;gico depende de c&oacute;mo se vean las   cosas. Como economista de inclinaci&oacute;n conservadora, Coase era   instintivamente esc&eacute;ptico hacia las regulaciones del gobierno, pero   tambi&eacute;n era un empirista ingl&eacute;s y reconoc&iacute;a que la realidad   es complicada. No cre&iacute;a en el liberalismo, y admit&iacute;a que el   teorema de Coase no se aplicaba en muchos casos de contaminaci&oacute;n y otras   manifestaciones de lo que los economistas llaman &quot;externalidades   negativas&quot;, en especial de las que afectan a muchas personas. </p>     <p>De hecho,   Coase nunca pens&oacute; que el teorema de Coase fuese una teor&iacute;a   econ&oacute;mica de gran escala, sino un mero ejercicio mental &uacute;til que   se pod&iacute;a realizar antes de pasar a casos m&aacute;s realistas.   Qued&oacute; a manos de pros&eacute;litos menos cuidadosos explotar su obra en   las cruzadas contra el gran gobierno. En sus manos, se mutil&oacute; y   distorsion&oacute; su razonamiento sutil. Con ayuda de grupos de derecha, como   la Fundaci&oacute;n Olin, pol&iacute;ticos que cumpl&iacute;an las   &oacute;rdenes de las grandes empresas y jueces que cre&iacute;an estar aplicando   la &uacute;ltima teor&iacute;a econ&oacute;mica pero que en realidad   hac&iacute;an lo mismo que los pol&iacute;ticos, los conservadores utilizaron   la obra de Coase para inclinar la balanza jur&iacute;dica en favor de las   corporaciones, eludir las normas ambientales y suprimir otras restricciones al   comportamiento odioso en los negocios que se establecieron durante los primeros   tres cuartos del siglo XX. </p>     <p>Todo   empez&oacute; a finales de los a&ntilde;os cincuenta, cuando Coase reflexionaba   sobre un antiguo problema de la econom&iacute;a: c&oacute;mo tratar &quot;las   acciones de las empresas de negocios que tienen efectos perjudiciales sobre   otros&quot;, como las f&aacute;bricas que generan mucho ruido y emiten gases   t&oacute;xicos. Las soluciones comunes a este tipo de contaminaci&oacute;n   consist&iacute;an en alentar a las personas afectadas a enjuiciar legalmente a   los contaminadores en los tribunales, o en fijar un impuesto que desalentara la   actividad. Coase, admirador de Adam Smith desde su &eacute;poca de estudiante   en la London School of Economics, dijo que estos enfoques eran err&oacute;neos.   En un art&iacute;culo publicado en 1960 escribi&oacute;: &quot;Mi   opini&oacute;n es que los cursos de acci&oacute;n propuestos son inapropiados   porque llevan a resultados que no necesaria o incluso usualmente son   deseables&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Por   qu&eacute;? Una lectura cuidadosa de su art&iacute;culo &quot;El problema del   costo social&quot; muestra que recurri&oacute; a dos argumentos, uno   te&oacute;rico y otro pr&aacute;ctico.</p>     <p>La   contribuci&oacute;n te&oacute;rica de Coase era contra intuitiva. En un mundo   ideal, dijo, no importar&iacute;a qu&eacute; parte -la empresa o sus vecinos-   era legalmente responsable del acto de contaminaci&oacute;n. Mientras queambas   partes se pudieran reunir para discutir con todas las cifras y hechos   relevantes a mano, podr&iacute;an llegar a un acuerdo socialmente aceptable sin   necesidad de asistencia del gobierno. Para ilustrarlo, us&oacute; el ejemplo   del hato de un ganadero que invad&iacute;a los campos de cereales de un   agricultor vecino.</p>     <p>Si la ley   dec&iacute;a que el ganadero era legalmente responsable, lo m&aacute;s probable   ser&iacute;a que terminara pagando el costo de una nueva cerca. Si levantar la   cerca fuera demasiado costoso, podr&iacute;a terminar pagando al agricultor los   da&ntilde;os ocasionales a sus cultivos. &iquest;Pero qu&eacute;   suceder&iacute;a si el ganadero no era legalmente responsable, quiz&aacute;   porque los linderos de la propiedad no eran claros? En esas circunstancias,   dijo Coase, el agricultor quiz&aacute; terminar&iacute;a pagando la cerca. Pero   si este pensaba que construirla era m&aacute;s costoso que el da&ntilde;o   ocasional causado por el ganado, aceptar&iacute;a con desgano eventuales   incursiones.</p>     <p>La   asignaci&oacute;n de derechos de propiedad decidir&iacute;a qui&eacute;n paga.   Pero desde un punto de vista econ&oacute;mico m&aacute;s general,   argument&oacute; Coase, el resultado ser&iacute;a en esencia igual. Con base en   los costos relativos de levantar cercas y soportar da&ntilde;os ocasionales de   los cultivos, las dos partes concordar&iacute;an en un resultado que maximizara   el valor del producto (carne de res y cereales) que produc&iacute;an sus fincas.   La asignaci&oacute;n de recursos a los diversos tipos de producci&oacute;n y el   valor de la producci&oacute;n total ser&iacute;an los mismos.</p>     <p>Cuando   Coase present&oacute; este argumento a un grupo de economistas en la   Universidad de Chicago, solo uno de ellos estuvo inicialmente de acuerdo.   Veinte lo rechazaron. Al final de la tarde, todos estaban de su lado, lo que no   es sorprendente. La conjetura de Coase es una aplicaci&oacute;n del conocido   supuesto del <i>laissez-faire</i> de que en un mundo perfecto, donde se   explotan todas las negociaciones mutuamente ben&eacute;ficas, el resultado del   mercado es eficiente (en t&eacute;rminos de Pareto), es decir, no es posible   mejorarlo sin reducir el bienestar de al menos una de las partes involucradas.</p>     <p>Una vez   los librecambistas de Chicago entendieron eso, acogieron a Coase. En 1964, se   traslad&oacute; de la Universidad de Virginia a Chicago, donde vivir&iacute;a   el resto de su vida. Un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, George Stigler, una   de las luminarias de la Escuela de Chicago, elev&oacute; la conjetura de Coase   sobre derechos de propiedad y negociaci&oacute;n, que fue enunciada en un   ingl&eacute;s encomiablemente claro, a un dominio te&oacute;rico m&aacute;s   alto, y acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &quot;teorema de Coase&quot;.   Revestido de este nuevo y brillante ropaje, muchos economistas, especialistas   en pol&iacute;tica y jueces conservadores lo interpretaron de un modo que   dec&iacute;a que si los derechos de propiedad se especificaban claramente no   habr&iacute;a necesidad de regulaciones del gobierno, de &quot;impuestos al   pecado&quot; o de sentencias legales punitivas. Se podr&iacute;a confiar en que   la magia del mercado producir&iacute;a un resultado deseable.</p>     <p>Por supuesto,   eso no es lo que dijo Coase. En su art&iacute;culo de 1960 dej&oacute; en claro   que estaba hablando de un mundo en el que las partes afectadas se pod&iacute;an   reunir, con toda la informaci&oacute;n relevante en la mano, y llegar a un   acuerdo voluntario con un costo igual a cero. &quot;Este es, por supuesto, un   supuesto irrealista&quot;, escribi&oacute;. En casos de contaminaci&oacute;n   industrial pueden ser afectadas miles de personas, e incluso m&aacute;s.   Reunirlas y persuadirlas para que lleguen a un acuerdo puede ser una tarea   monumental y muy costosa. Coase se&ntilde;al&oacute;: </p>     <blockquote>       <p>La     regulaci&oacute;n directa del gobierno no necesariamente dar&aacute; mejores     resultados que dejar que el problema sea resuelto por el mercado o la empresa.     Pero, igualmente, no hay ninguna raz&oacute;n para que, a veces, la     regulaci&oacute;n administrativa del gobierno no lleve a un mejoramiento de la     eficiencia econ&oacute;mica. Esto parece particularmente probable cuando, como     suele suceder con las molestias causadas por el humo, est&aacute;n involucradas     muchas personas y, por tanto, los costos de manejar el problema a trav&eacute;s     del mercado o la empresa pueden ser elevados. </p> </blockquote>     <p>Reunir a   las v&iacute;ctimas no es el &uacute;nico problema. En muchos pleitos   ambientales, por ejemplo, no hay acuerdo sobre la intensidad del da&ntilde;o o   cu&aacute;nto costar&iacute;a rectificarlo. A veces -tomemos, p. ej., las   implicaciones sanitarias a largo plazo de la filtraci&oacute;n de   radioactividad en Fukushima- esta informaci&oacute;n no solo est&aacute; en   disputa sino que no existe. Ni siquiera sabemos cu&aacute;ntas personas   enfermar&aacute;n en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os por estar expuestas a la   radiaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque se   dispusiese de toda la informaci&oacute;n relevante, puede haber otros   problemas. Cuando enfrentan a un adversario a menudo dividido y d&eacute;bil,   los grandes contaminadores tienen un incentivo para obstruir, confundir e   influir en los jueces y pol&iacute;ticos locales. Por su parte, las personas   afectadas por la contaminaci&oacute;n tienen un incentivo para esperar que   otras tomen la iniciativa y luego &quot;colincharse&quot; a sus esfuerzos.   Aunque las partes eventualmente se re&uacute;nan para negociar, no es seguro   que el resultado sea el m&aacute;s eficiente. Ambas partes a&uacute;n tienen un   incentivo para mentir, distorsionar y tomar posturas extremas. Los estudios   te&oacute;ricos modernos sobre negociaci&oacute;n bilateral sugieren que, en   tales circunstancias, hay varios resultados posibles y que muchos de ellos no   son eficientes en ning&uacute;n sentido de la palabra.</p>     <p>En suma,   rara vez hay razones para suponer que dejar que el mercado se ocupe de las   externalidades produce un buen resultado. Por supuesto, las soluciones   impuestas por el gobierno, como las normas sobre uso de la tierra y los   l&iacute;mites a las emisiones, a menudo son tambi&eacute;n inconvenientes.   Como Coase se&ntilde;al&oacute; en 1960, el &uacute;nico camino sensato es   examinar cuidadosamente los casos individuales y decidir qu&eacute; enfoque   puede funcionar mejor. Si es una disputa grande y complicada que involucra   miles de partes, la regulaci&oacute;n o la tributaci&oacute;n, o ambas, suele   ser el mejor remedio. Si es m&aacute;s peque&ntilde;a e involucra pocas   personas (p. ej., una disputa sobre un vecino ruidoso) las mismas partes   podr&iacute;an resolverla.</p>     <p>Ese no es   el mensaje que el mundo tom&oacute; de Coase. A una edad avanzada, se   limitar&iacute;a a quejarse de que la gente se centr&oacute; en unas pocas   p&aacute;ginas de su art&iacute;culo original de 1960 -la parte referente al   mundo ideal de negociaciones sin esfuerzo y &quot;costos de transacci&oacute;n   &quot;cero- e ignor&oacute; las dem&aacute;s. En el discurso que   pronunci&oacute; cuando recibi&oacute; el Nobel, dijo modestamente:   &quot;tiendo a ver el teorema de Coase como un paso en el camino del   an&aacute;lisis de una econom&iacute;a con costos de transacci&oacute;n   positivos&quot;. Aunque, para entonces, lo que &eacute;l dijo realmente no   hac&iacute;a mucha diferencia. Para los prop&oacute;sitos de la historia, el   t&iacute;mido joven de Willesd en fue enrolado en una contrarrevoluci&oacute;n   conservadora que orient&oacute; a Estados Unidos (y a muchos otros   pa&iacute;ses)en una direcci&oacute;n m&aacute;s burda, menos regulada y menos   equitativa. </p> </font>      ]]></body>
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