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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>MENOS COCA&Iacute;NA, M&Aacute;S VIOLENCIA</b></font></p>      <p align="center"><I>Boris Salazar</I><SUP>*</SUP>    <BR> <I>Cristian Frasser</I><SUP>**</SUP></p>     <p><SUP>*</SUP>Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor del Departamento de Econom&iacute;a de la Universidad del Valle, Cali, Colombia, &#91;<a href="mailto:bosalazar@gmail.com">bosalazar@gmail.com</a>&#93;.    <BR> <SUP>**</SUP>Economista, profesor del Departamento de Econom&iacute;a de la Universidad del Valle, Cali, Colombia, &#91;<a href="mmailto:cristian.frasser@correounivalle.edu.co">cristian.frasser@correounivalle.edu.co</a>&#93;. Una primera versi&oacute;n de este escrito se public&oacute; en <I>El Observador Regional</I> 26, Cali, junio de 2013.</p>     <P>Fecha de recepci&oacute;n: 2 de octubre de 2013, fecha de modificaci&oacute;n: 4 de ctubre 		de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de octubre de 2013.</P> <HR>     <p>La   ca&iacute;da de la producci&oacute;n colombiana de coca&iacute;na   deber&iacute;a ser una buena noticia. Despu&eacute;s de varios a&ntilde;os de   librar -con una dedicaci&oacute;n sin igual en el mundo- la guerra contra las   drogas ideada en Washington, Colombia parecer&iacute;a estar a punto de   respirar tranquila. El informe de la agencia estadounidense de control de   drogas (la ONDCP) afirma que la producci&oacute;n colombiana de coca&iacute;na   habr&iacute;a ca&iacute;do de un pico de 700 toneladas m&eacute;tricas en 2001   a 195 en 2011.Mientras que en 2005 produc&iacute;a el 57,1% de la   coca&iacute;na mundial, en 2011 solo produjo el 25,5% (<a href="#g1">gr&aacute;fica     1</a>). En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os habr&iacute;a dejado de ser el   primer productor y exportador de coca&iacute;na, para caer al tercer lugar,   dejando en los dos primeros a Per&uacute; y Bolivia. Aunque el bolet&iacute;n   de prensa de la ONDCP no es transparente con respecto a los m&eacute;todos   usados, la tendencia estimada coincide con los datos del &uacute;ltimo informe   de la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas):   entre 2006 y 2011, el &aacute;rea cultivada, la producci&oacute;n potencial de   hoja de coca y la fabricaci&oacute;n potencial de coca&iacute;na no dejaron de   caer en Colombia (UNDOC, 2012,50-52). E igual que la agencia de Estados Unidos,   las Naciones Unidas observaron una tendencia opuesta en Per&uacute; y Bolivia,   pa&iacute;ses que no han participado con igual entusiasmo en la guerra contra   las drogas. </p>     <p align=center><a name=g1></a><img border=0 width=531 height=287 src="img/revistas/rei/v15n29/v15n29a16g1.jpg"></p>     <p>Por su   parte, las incautaciones de coca&iacute;na muestran una tendencia estable   despu&eacute;s de llegar a un pico en 2005, en el punto m&aacute;s alto de las   campa&ntilde;as de erradicaci&oacute;n y fumigaci&oacute;n adelantadas en el   pa&iacute;s. Este dato se debe enmarcar en el contexto de la guerra global   contra las drogas: en ese mismo periodo, las dos terceras partes de las   incautaciones mundiales de coca&iacute;na ocurrieron en Suram&eacute;rica y   Centroam&eacute;rica. La implicaci&oacute;n es obvia: los efectos de las   p&eacute;rdidas de capital y de las exportaciones han afectado, en mayor   proporci&oacute;n, a narcotraficantes que operan desde Colombia, conectados a   operadores de otros pa&iacute;ses de Sur, Centro y Norteam&eacute;rica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si el   narcotr&aacute;fico y la violencia evolucionaron en forma sincronizada en el   pasado, era razonable suponer que una ca&iacute;da de la producci&oacute;n,   fabricaci&oacute;n y exportaci&oacute;n de coca&iacute;na colombiana   deber&iacute;a tambi&eacute;n reducir la violencia asociada al negocio. Pero no   ha ocurrido as&iacute;. Por el contrario, la ca&iacute;da de las exportaciones   nacionales de coca&iacute;na y la destorcida del negocio han provocado una   violencia que se extiende a los sectores sociales m&aacute;s vulnerables. Es lo   que queremos argumentar en este art&iacute;culo. </p>     <p><b>M&Aacute;S   VIOLENCIA </b></p>     <p>&iquest;Qu&eacute;   tan buenas son estas noticias para Colombia? Contrario a lo que afirman las   autoridades estadounidenses, el &eacute;xito de la guerra contra las drogas no   ha resultado ser una buena noticia para los colombianos. M&aacute;s all&aacute;   de la ret&oacute;rica sobre la derrota del crimen organizado, y la consolidaci&oacute;n   del Estado y de la justicia, la realidad visible es una aceleraci&oacute;n de   la violencia en las ciudades y regiones donde el negocio del   narcotr&aacute;fico generaba la mayor parte de los ingresos del crimen   organizado, y donde contaba con m&aacute;s recursos: pistoleros, armas,   excedentes de drogas ilegales sin exportar y j&oacute;venes en   transici&oacute;n hacia el crimen. </p>     <p>Es el caso    de Cali<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup>. Seg&uacute;n la   informaci&oacute;n disponible, despu&eacute;s de un descenso entre 2004 y 2008   la tasa de homicidios ha vuelto a crecer, acerc&aacute;ndose al nivel del   promedio hist&oacute;rico (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). Por su parte,   el n&uacute;mero de homicidios registrados durante 2012 fue de 1.832, apenas   uno menos que los perpetrados en 1993, el a&ntilde;o de m&aacute;s homicidios   en la historia registrada de la ciudad. Y en el primer trimestre de 2013 el   n&uacute;mero de homicidios fue superior al del primer trimestre de 2012. En   definitiva, el descenso de los homicidios del periodo 2004-2008 y el   j&uacute;bilo que despert&oacute; en las autoridades locales son cosas del pasado.   El negocio del narcotr&aacute;fico cambi&oacute; y con ello aparecieron nuevas   articulaciones y modulaciones de la violencia. </p>     <p align=center><a name=g2></a><img border=0 width=527 height=324 src="img/revistas/rei/v15n29/v15n29a16g2.jpg"></p>     <p>En   estricta justicia, el bolet&iacute;n de prensa de la agencia estadounidense no habla   de los beneficios para los colombianos. Su descripci&oacute;n optimista de las   consecuencias de lo ocurrido se concentra en los beneficios para los ciudadanos   de Estados Unidos: menor consumo de coca&iacute;na, menor pureza de la droga   vendida, menos muertes por sobredosis y una ca&iacute;da de las incautaciones   en Estados Unidos. </p>     <p>Con   respecto a Colombia los efectos ben&eacute;ficos son m&aacute;s abstractos y   los relaciona con el fortalecimiento del Estado y la confianza de los   inversionistas extranjeros, no con el bienestar de sus ciudadanos. Colombia y   Estados Unidos habr&iacute;an logrado reducir las exportaciones de   coca&iacute;na debido a unas instituciones democr&aacute;ticas m&aacute;s   s&oacute;lidas, a la mayor presencia del gobierno a lo largo y ancho del   territorio, a la erradicaci&oacute;n persistente y focalizada, a la   represi&oacute;n legal de las organizaciones de narcotraficantes, a las   mejor&iacute;as del sistema judicial, al desarrollo alternativo y a la   creciente inversi&oacute;n extranjera inducida por un ambiente m&aacute;s   seguro (ONDCP, 2012).</p>     <p>El   silencio sobre los efectos reales en la vida, el bienestar y los ingresos de   los ciudadanos colombianos es un reflejo del lado oscuro de la guerra contra   las drogas. Si bien es cierto que la guerra ha tenido &eacute;xito desde el   punto de vista de la ca&iacute;da de la producci&oacute;n y exportaci&oacute;n   de coca&iacute;na, de la desarticulaci&oacute;n de las grandes organizaciones   de narcotraficantes y de su sometimiento a la protecci&oacute;n de la justicia   estadounidense, no lo ha sido desde el punto de vista de la supervivencia y la   calidad de vida de los colombianos, cuya inmensa mayor&iacute;a no participa en   el negocio del narcotr&aacute;fico.</p>     <p>El modelo   de guerra que adopt&oacute; el gobierno de Estados Unidos tiene como su   objetivo derrotar a las grandes organizaciones de narcotraficantes,   desarticularlas y fragmentarlas, dejando al Estado colombiano el tratamiento de   todos los agentes violentos que han crecido a la sombra del narcotr&aacute;fico   y de esa misma guerra. Mientras que miembros de las primeras se entregaron en   forma voluntaria a Estados Unidos, o fueron apresados y extraditados a ese pa&iacute;s   para ser sometidos a su sistema de justicia, los sicarios, pistoleros y   especialistas en violencia en general, que estaban a su servicio, se quedaron   en Colombia, enfrentando un sistema judicial y policivo de tal fragilidad que   es muy cercano a la inexistencia.</p>     <p>Por ello,   el resurgimiento de la violencia observado en algunas ciudades colombianas a   partir de 2009 (Medina et al., 2011), a diferencia de lo que piensan otros   analistas<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>, no es resultado de   los ajustes de cuentas de siempre entre narcotraficantes, ni del simple   reacomodo inducido por las entregas y capturas de grandes capos en los   &uacute;ltimos a&ntilde;os. Hay algo m&aacute;s profundo en esa   aceleraci&oacute;n sincronizada de la violencia en ciudades y regiones donde el   narcotr&aacute;fico era fundamental en su vida econ&oacute;mica y social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   reducci&oacute;n de la demanda de servicios de protecci&oacute;n y de   regulaci&oacute;n en esas ciudades ha reducido los ingresos de los   especialistas en violencia de todo tipo (sicarios, oficinas, bandas,   pandillas), y los ha llevado a extender la oferta de sus &quot;servicios&quot;   a negocios legales e ilegales de menor escala. El crecimiento de la   extorsi&oacute;n a comerciantes, productores, transportadores y aun   trabajadores informales y escolares ha elevado la violencia a trav&eacute;s de   dos v&iacute;as: el asesinato de los que no pagan la extorsi&oacute;n y el pago   de las v&iacute;ctimas a otros agentes violentos para que eliminen a los   extorsionistas. Esta violencia adicional se suma a la &quot;usual&quot;,   generada por la regulaci&oacute;n violenta del negocio del narcotr&aacute;fico.   Es m&aacute;s: ambos tipos de violencia se refuerzan mutuamente y generan un   sistema que tiende a reproducir la violencia a trav&eacute;s de distintos   circuitos. </p>     <p><b>LA   VIOLENCIA EXTENDIDA: EL CASO DE CALI </b></p>     <p>Lo que   parec&iacute;a ser una violencia entre bandidos se ha convertido en una   violencia que afecta a una fracci&oacute;n creciente de la poblaci&oacute;n de   las ciudades y regiones afectadas. Es un efecto perceptible en todas las   escalas: en Cali, los ni&ntilde;os de las escuelas que viven en barrios cuyo   control territorial se disputan las pandillas y otras organizaciones armadas   deben pagar un peaje, o no pueden pasar por los territorios prohibidos camino   de la escuela. Una proporci&oacute;n creciente ha optado por no ir a la   escuela. En Buenaventura, la disputa territorial ha generado una nueva ola de   desplazamiento interno que est&aacute; dejando a una parte de sus habitantes   sin un lugar para vivir en su propia ciudad, mientras cientos de viviendas   est&aacute;n desocupadas.</p>     <p>He   aqu&iacute; nuestra hip&oacute;tesis. El &eacute;xito de la guerra contra las   drogas, que llev&oacute; a una ca&iacute;da de la producci&oacute;n y la exportaci&oacute;n   de coca&iacute;na, y a la entrega de m&aacute;s de 300 capos del   narcotr&aacute;fico a Estados Unidos, redujo los ingresos potenciales y reales   del crimen organizado -que viv&iacute;a de extraer tributos y de las tareas de   regulaci&oacute;n violenta ordenadas por los narcotraficantes-   llev&aacute;ndolo a extender sus pr&aacute;cticas extorsivas y de   tributaci&oacute;n ilegal a la econom&iacute;a legal, que afectan a   peque&ntilde;os productores y comerciantes de todo tipo, y han generado una   cascada de violencia que activa, de paso, a pandillas juveniles y delincuentes   menores, y elevado los &iacute;ndices de inseguridad en Cali, Medell&iacute;n,   Buenaventura, Tulu&aacute;, Pereira y C&uacute;cuta.</p>     <p>Al mismo   tiempo ha crecido el narcotr&aacute;fico &quot;hacia adentro&quot;: una parte   creciente de la producci&oacute;n nacional es vendida en el pa&iacute;s por   bandas m&aacute;s peque&ntilde;as, mediante el narcomenudeo, en las comunas   m&aacute;s vulnerables de las ciudades afectadas. Este tipo de tr&aacute;fico   tambi&eacute;n est&aacute; sometido a la protecci&oacute;n extorsiva de   pistoleros y bandas armadas. </p>     <p>La   evidencia disponible no lleva a rechazar la hip&oacute;tesis anterior, aunque   es necesario hacer an&aacute;lisis cuantitativos m&aacute;s exhaustivos. La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> muestra la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero   de homicidios en Cali y la producci&oacute;n de coca&iacute;na a nivel nacional   seg&uacute;n las dos fuentes de informaci&oacute;n disponibles. All&iacute; se   aprecia que entre 2005 y 2008 la continua reducci&oacute;n de la   producci&oacute;n fue acompa&ntilde;ada de una ca&iacute;da del n&uacute;mero   de homicidios. No obstante, desde 2009 los homicidios aumentaron en forma   notable mientras que la producci&oacute;n de coca&iacute;na continuaba su   destorcida. </p>     <p align=center><a name=g3></a><img border=0 width=526 height=304 src="img/revistas/rei/v15n29/v15n29a16g3.jpg"></p>     <p>Sin   embargo, el impacto de la menor actividad del narcotr&aacute;fico en la   aceleraci&oacute;n de la violencia no fue inmediato. Hay una explicaci&oacute;n   razonable: saber que las condiciones adversas no eran transitorias sino   permanentes requer&iacute;a un periodo de adaptaci&oacute;n y   comprensi&oacute;n de la naturaleza de los cambios ocurridos. M&aacute;s   a&uacute;n: en el corto plazo los agentes violentos todav&iacute;a   dispon&iacute;an de un flujo de recursos provenientes de negocios del pasado   que les permit&iacute;a mantener el nivel de demanda de protecci&oacute;n y   regulaci&oacute;n violenta del negocio. </p>     <p>Para   decirlo en una frase: hoy tenemos m&aacute;s pistoleros peleando por una   cantidad cada vez menor de dinero ilegal. La salida inmediata ha sido buscar   nuevas fuentes de ingresos en la econom&iacute;a legal y en las peque&ntilde;as   econom&iacute;a ilegales, mucho menos l&iacute;quidas y con menor capacidad de   pago. No lo est&aacute;n haciendo las mismas organizaciones de narcotraficantes   y sicarios del pasado, sino los fragmentos que quedaron de ellas despu&eacute;s   de ser sometidas a las fuerzas centr&iacute;fugas internas, propias de todo   negocio ilegal, y a la presi&oacute;n de las autoridades colombianas y   estadounidenses.</p>     <p>Pero no se   trata de muchos pistoleros sueltos, que buscan ingresos por su cuenta   despu&eacute;s de la destorcida del narcotr&aacute;fico. Son estructuras,   bandas, retazos de bandas, pandillas y parches en transici&oacute;n a bandas   organizadas. Un archipi&eacute;lago de bandas y fragmentos de bandas producto   del desorden creciente generado por la presi&oacute;n de las autoridades   estadounidenses y colombianas, y el predominio inevitable de la violencia en el   mundo del narcotr&aacute;fico, y por su combinaci&oacute;n como resultado de la   pol&iacute;tica de negociaci&oacute;n y entrega de narcotraficantes que puso en   marcha Estados Unidos en 1998<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo que ha   seguido es un t&iacute;pico efecto de cascada que se ampl&iacute;a a   trav&eacute;s de las redes sociales en las que est&aacute;n incrustadas las   redes criminales que aspiran a extraer tributos de todos los ciudadanos a su   alcance. Un alcance que no se limita a la proximidad espacial y social, y que   se expande por la falta de protecci&oacute;n legal y estatal de las   v&iacute;ctimas potenciales. Por ello, las v&iacute;ctimas de la nueva oleada   de extorsi&oacute;n no son los m&aacute;s ricos sino los ciudadanos, sin   protecci&oacute;n alguna, que no pueden pagar seguridad privada y que tienen   alg&uacute;n dinero disponible. Estar al alcance no solo es estar cerca, es   tambi&eacute;n carecer de protecci&oacute;n y de seguridad, privada o   p&uacute;blica.</p>     <p>La   reacci&oacute;n de algunas de las v&iacute;ctimas en un medio de violencia   recurrente es pagar para eliminar a quienes las extorsionan. Aunque no   disponemos de los datos espec&iacute;ficos, es razonable suponer que parte de   las ejecuciones en las ciudades mencionadas resultan del pago por matar de   ciudadanos extorsionados que no ven otra opci&oacute;n para sobrevivir y   mantener sus negocios. Estos pagos a sicarios incentivan la actividad homicida,   provocan m&aacute;s violencia y alimentan el avance de la cascada, a   trav&eacute;s de circuitos recursivos de violencia.</p>     <p>El punto   esencial es que se trata de una violencia que involucra a una parte creciente   de la poblaci&oacute;n en sectores sociales que est&aacute;n al alcance del   crimen organizado. Lo que antes se pod&iacute;a interpretar como procesos   naturales de control violento circunscritos al mundo criminal, ha pasado a ser   parte de las formas cotidianas de interacci&oacute;n social en ciertas comunas   y barrios de las ciudades afectadas. Los costos derivados de la actividad   homicida crecen de la mano con el avance de la cascada violenta. A los costos   resultantes de la p&eacute;rdida de vidas humanas, y del capital humano y   f&iacute;sico asociado a ellas, se suman los costos asociados al aumento de la   desigualdad, el deterioro del tejido social y la p&eacute;rdida   econ&oacute;mica ocasionados por la extorsi&oacute;n y la inseguridad.</p>     <p>Los   efectos econ&oacute;micos sobre los sectores de menores ingresos son mucho   mayores: la destrucci&oacute;n de negocios, capitales y expectativas en   sectores sociales desfavorecidos tiene un impacto mucho mayor que en sectores   sociales de mayores ingresos. Y, muy grave, el efecto imitaci&oacute;n para   j&oacute;venes y ni&ntilde;os que ven en el sicariato y la extorsi&oacute;n   alternativas preferibles a la educaci&oacute;n y el trabajo tiene un   alt&iacute;simo costo en t&eacute;rminos de igualdad y posibilidades perdidas.</p>     <p>En el   centro de todo est&aacute; la incapacidad estructural del Estado para proteger   a los ciudadanos. Mientras que los narcotraficantes encontraron un protector   ideal en la justicia estadounidense, los colombianos que no participan en el   negocio, o que viven de actividades legales, no tienen un Estado que los   proteja. Es el desaf&iacute;o m&aacute;s grande de pol&iacute;tica   p&uacute;blica en varias ciudades del pa&iacute;s. Hasta ahora ni el gobierno   ni la sociedad parecen haber reparado en &eacute;l. </p> <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>En   Medell&iacute;n ocurre algo similar, con las diferencias inevitables de las   trayectorias del crimen organizado en las dos ciudades: desde 2008 es   f&aacute;cil ver un aumento de los homicidios y las extorsiones y una   extensi&oacute;n de la violencia organizada a sectores sociales m&aacute;s   amplios (Martin, 2012; Medina et al., 2011). Esto a pesar de los notables   esfuerzos de pol&iacute;tica social de las alcald&iacute;as de Sergio Fajardo y   Alonso Salazar.    <br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup>Ver, por ejemplo, Dur&aacute;n   (2013).    <br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>De hecho, buena parte de la   violencia ocurrida entre 2000 y 2004 se puede atribuir a la aniquilaci&oacute;n   sistem&aacute;tica de familiares y asociados de los capos que intercambiaron   penas menores por delaciones de sus antiguos colegas en Estados Unidos. La   volatilidad derivada de los arreglos con la justicia estadounidense   volvi&oacute; a crecer en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os debido a la   entrega y negociaci&oacute;n de los hermanos Comba y a la captura de jefes de   varias organizaciones de narcotraficantes.</p> <hr>     <p><B>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. 	Dur&aacute;n, A. "Cali, o la invisibilidad de la violencia", Raz&oacute;n P&uacute;blica,2013, &#91;<a href="http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paztemas-30/3671-cali-o-la-invisibilidad-de-la-violencia.html" target="_blank">http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paztemas-30/3671-cali-o-la-invisibilidad-de-la-violencia.html</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0124-5996201300020001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </p>     <!-- ref --><p>2. Martin, G. <I>Medell&iacute;n, tragedia y resurrecci&oacute;n: mafia, ciudad y Estado 1975-2012</I>, Bogot&aacute;, Planeta, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0124-5996201300020001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Medina, C.; C. Posso y J. A. Tamayo. "Costos de la violencia urbana y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas: algunas lecciones de Medell&iacute;n", <I>Borradores de Econom&iacute;a </I>674, Banco de la Rep&uacute;blica, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0124-5996201300020001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. ONDCP. "Survey shows significant drop in cocaine production in Colombia", ONDCP press release, July 30, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0124-5996201300020001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. UNODC. <I>Informe mundial sobre drogas</I>, Viena, Oficina de las Naciones 	Unidas contra la Droga y el Delito, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0124-5996201300020001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
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