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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA POLÍTICA DE SEGURIDAD DEMOCRÁTICA, 2002-2006: EFECTOS SOCIOECONÓMICOS EN LAS ÁREAS RURALES]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Democratic security policy 2002-2006: socio-economic impacts in rural areas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper exploits the structural change in the number of ruralseizures to measure the impact of strengthening the security policy between 2002 and 2006 on the rural labor market in Colombia. The new policy produced dissimilar effects across gender, age-groups, and type of occupation. In general, there was a socioeconomic loss in terms of reductions in the adult labor supply and income, while for youths and children there was a differentiated effect by gender in labor participation. No significant connections were found with school enrollment.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>LA POL&Iacute;TICA DE SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA, 2002-2006: EFECTOS SOCIOECON&Oacute;MICOS EN LAS &Aacute;REAS RURALES</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b><I>Democratic security policy 2002-2006: socio-economic impacts in rural areas </I></b></font></p>     <p align="center"><I>Gerson Javier P&eacute;rez Valbuena</I><SUP>*</SUP></p>     <P><SUP>*</SUP>Doctor en Econom&iacute;a, Economista del Centro de Estudios Econ&oacute;micos Regionales del Banco de la Rep&uacute;blica &#91;<A href="mailto:gperezva@banrep.gov.co">gperezva@banrep.gov.co</A>&#93;. Agradezco a Marco Francesconi, Patrick Nolen, Joao Santos-Silva, Olivier Marie, Adolfo Meisel, Mar&iacute;a Aguilera, Karina Acosta, Karelys Guzm&aacute;n y dos evaluadores an&oacute;nimos por sus sugerencias y comentarios a una versi&oacute;n anterior de este escrito. A Kenneth Burdett y dem&aacute;s participantes en el RSS de la Universidad de Essex, y a Juan D.  Bar&oacute;n y dem&aacute;s participantes en la 57.<Sup>a</Sup> Reuni&oacute;n Anual de la Asociaci&oacute;n Norteamericana de Ciencias Regionales, por sus comentarios y recomendaciones.</P>     <P>Fecha de recepci&oacute;n: 11 de enero de 2013, fecha de modificaci&oacute;n: 29 de mayo de 2013, fecha de aceptaci&oacute;n: 25 de abril de 2014.</P> <HR>     <p><b><font size="3">RES&Uacute;MEN</font></b></p>     <p>Este trabajo usa el cambio estructural en el n&uacute;mero de incautaciones para medir el impacto de la pol&iacute;tica de seguridad democr&aacute;tica sobre el mercado laboral rural, entre 2002 y 2006. La nueva pol&iacute;tica tuvo efectos diferenciales por g&eacute;nero, edad y tipo de ocupaci&oacute;n. Produjo p&eacute;rdidas socioecon&oacute;micas por la reducci&oacute;n simult&aacute;nea de la oferta laboral y del ingreso de los adultos. En la participaci&oacute;n laboral de los j&oacute;venes y los ni&ntilde;os tuvo un efecto diferenciado, por g&eacute;nero. No parece haber tenido efectos significativos en la matr&iacute;cula escolar. </p>     <p>&#91;<b>Palabras clave</b>: participaci&oacute;n laboral, crimen, econom&iacute;a regional; JEL: J21, K1, R23&#93; </p> <hr>     <p><b><font size="3">ABSTRACT</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This paper exploits the structural change in the number of ruralseizures to measure the impact of strengthening the security policy between 2002 and 2006 on the rural labor market in Colombia. The new policy produced dissimilar effects across gender, age-groups, and type of occupation. In general, there was a socioeconomic loss in terms of reductions in the adult labor supply and income, while for youths and children there was a differentiated effect by gender in labor participation. No significant connections were found with school enrollment. </p>     <p>&#91;<b>Keywords</b>: Labor participation, crime, regional economics; JEL: J21, K1, R23&#93; </p> <hr>     <p>No hay un solo   pa&iacute;s o sociedad inmune a los efectos devastadores de la   corrupci&oacute;n y otras formas de crimen organizado. Las organizaciones   criminales perjudican y deterioran el funcionamiento de los gobiernos, y a   veces desaf&iacute;an o infiltran instituciones y autoridades estatales. Cuando   eso sucede en pa&iacute;ses con un Estado d&eacute;bil, tienen la oportunidad   perfecta para iniciar negocios muy lucrativos<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup>. Aunque el crimen organizado tiene larga trayectoria,   solo hace pocas d&eacute;cadas atrajo la atenci&oacute;n de la sociedad en   general. Los an&aacute;lisis formales se iniciaron en los a&ntilde;os sesenta,   con los trabajos de Gary Becker, quien abri&oacute; la gama de posibilidades   para explicar la racionalidad del crimen y los efectos de las medidas de   disuasi&oacute;n. En particular, Becker (1968) adopt&oacute; un enfoque de   costo-beneficio para analizar las acciones que minimizar&iacute;an el costo   social de este flagelo<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>.   Estudios m&aacute;s recientes muestran claras evidencias de la relaci&oacute;n,   por mucho tiempo controversial, entre mayor seguridad y reducci&oacute;n del   crimen (Machin y Marie, 2011; Draca, Machin y Witt, 2011).</p>     <p>Este   escrito analiza el impacto socioecon&oacute;mico de la lucha contra las   organizaciones criminales en las zonas rurales colombianas. Intenta evaluar el   efecto de la primera versi&oacute;n de la Pol&iacute;tica de Seguridad   Democr&aacute;tica (PSD, 2002-2006) sobre algunos indicadores del mercado   laboral y la educaci&oacute;n considerando el cambio estructural ocurrido en el   n&uacute;mero de incautaciones de propiedades rurales. En particular, tiene en   cuenta el profundo cambio en el sistema legislativo relacionado con los   procedimientos para facilitar el seguimiento y la incautaci&oacute;n de   propiedades en manos de organizaciones criminales. Considera el aumento de la   producci&oacute;n de coca a mediados de los noventa como el cambio   ex&oacute;geno que dio origen a los altos niveles de violencia en el   pa&iacute;s y a la correspondiente necesidad de nuevas estrategias de seguridad<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. En este marco se puede   argumentar que la decisi&oacute;n de diferenciar los departamentos (con alto y   bajo n&uacute;mero de incautaciones) no depende de los resultados de los   indicadores del mercado laboral o la educaci&oacute;n, despu&eacute;s de   controlar las variaciones inducidas por las diferencias en las   caracter&iacute;sticas individuales<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup>. </p>     <p>La   pol&iacute;tica de seguridad adoptada por el gobierno que se inici&oacute; en   agosto de 2002 rompe la alarmante y creciente tendencia de los niveles de   violencia (P&eacute;rez, 2012; Cort&eacute;s et al., 2012). Desde finales de   los setenta, con el fortalecimiento de los grupos guerrilleros, el contrabando   y el tr&aacute;fico de drogas, adem&aacute;s del surgimiento de grupos   paramilitares, el pa&iacute;s enfrent&oacute; uno de los periodos m&aacute;s   violentos de su historia. Durante varios a&ntilde;os ocup&oacute; los primeros   lugares entre los pa&iacute;ses con mayor n&uacute;mero de homicidios por cada   100.000 habitantes, en la clasificaci&oacute;n de Naciones Unidas. Rabasa y   Chalk (2001, 17) atribu&iacute;an buena parte de cerca de 30.000 homicidios en   2001 a la violencia relacionada con las drogas.</p>     <p>Los cambios   legislativos realizados como parte de la fuerte pol&iacute;tica de seguridad   debilitaron dr&aacute;sticamente a las organizaciones criminales. Desde el   comienzo, el gobierno Uribe se comprometi&oacute; a combatir militar y   financieramente sus estructuras. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de su   elecci&oacute;n, el presidente declar&oacute; el Estado de Conmoci&oacute;n   Interior con el fin de adoptar las medidas necesarias para reducir los altos   niveles de violencia. </p>     <p>Cabe   esperar que la PSD, que fortaleci&oacute; los mecanismos legales que aumentaron   las incautaciones y redujeron el crimen, haya afectado el mercado laboral a   trav&eacute;s de dos canales<a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup>:   la reducci&oacute;n del poder econ&oacute;mico y en consecuencia militar de las   organizaciones criminales, y el efecto disuasivo del aumento de los costos o la   reducci&oacute;n de los beneficios derivados de las actividades ilegales.</p>     <p>En el caso   de la incautaci&oacute;n de propiedades rurales hay al menos dos canales,   dependiendo de que el efecto esperado sea de corto o de largo plazo. Si es de   largo plazo, la mejor calidad de vida debida a un lugar m&aacute;s seguro para   vivir y trabajar, y la restituci&oacute;n de propiedades despojadas o   abandonadas, se traducir&aacute; en el retorno de campesinos desplazados a las   zonas rurales, donde encontrar&aacute;n m&aacute;s y mejores oportunidades   laborales. En el corto plazo, los campesinos podr&iacute;an enfrentar una   situaci&oacute;n diferente a causa del conflicto, pues muchos de ellos se   vieron forzados a trabajar en actividades ilegales, especialmente en el cultivo   de coca, donde encontraron una fuente estable de ingresos. En este caso, con la   implementaci&oacute;n de la PSD ser&iacute;an de esperar reducciones de la   participaci&oacute;n laboral y quiz&aacute; del ingreso de los trabajadores.   Como este trabajo solo cubre la primera etapa de la PSD (2002-2006), cabe   esperar algunos de los resultados descritos para el corto plazo<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup>. </p>     <p>Es   necesario se&ntilde;alar que de los ingresos reportados en las &aacute;reas   rurales no es posible conocer cu&aacute;les provienen de actividades   il&iacute;citas, los m&aacute;s susceptibles de ser afectados. No obstante,   despu&eacute;s de varias d&eacute;cadas de existencia de grupos y   organizaciones criminales, cuyo principal centro de operaciones son las   &aacute;reas rurales, es razonable imaginar que incidan en muchas actividades   econ&oacute;micas y, por tanto, que estas se vean afectadas cuando el Estado hace   presencia a trav&eacute;s de sus estrategias de seguridad.</p>     <p>La   principal pregunta que aqu&iacute; se busca responder es si la PSD, mediante el   aumento de las incautaciones, ha afectado las condiciones socio   econ&oacute;micas de la poblaci&oacute;n rural en cualquiera de las formas   descritas, y si sus efectos son homog&eacute;neos por g&eacute;nero, grupo de   edad y tipo de ocupaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los   resultados son consistentes con los hallazgos de Angrist y Kugler (2008), en   cuanto las labores relacionadas con la producci&oacute;n y el tr&aacute;fico de   drogas son fuente de trabajo e ingreso para la poblaci&oacute;n rural, que   encuentra m&aacute;s rentables estas actividades que la actividad   agr&iacute;cola legal. Una vez se debilita a las organizaciones criminales, en   particular a las que tienen que ver con el cultivo de coca, el mercado laboral   de estas zonas tambi&eacute;n se ve afectado. </p>     <p>En la   primera secci&oacute;n se describe la pol&iacute;tica de seguridad, haciendo   &eacute;nfasis en las caracter&iacute;sticas legislativas relacionadas con los   bienes adquiridos ilegalmente. La segunda secci&oacute;n presenta la   informaci&oacute;n y la estrategia utilizada para clasificar las regiones. En   la tercera se describe la metodolog&iacute;a utilizada para calcular el impacto   de la PSD en las variables socioecon&oacute;micas. En la cuarta se presentan   los resultados encontrados y, por &uacute;ltimo, las conclusiones. </p>     <p><b>LA   POL&Iacute;TICA DE SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA </b></p>     <p>El   presidente &Aacute;lvaro Uribe adopt&oacute; e implement&oacute; la PSD en   2002. En su campa&ntilde;a, el candidato anunci&oacute; planes para   intensificar la persecuci&oacute;n de los carteles de la droga, la guerrilla,   los paramilitares y dem&aacute;s organizaciones criminales. En particular,el   Plan de Desarrollo <i>Hacia un Estado Comunitario</i> incluy&oacute; en su   primer cap&iacute;tulo todo lo relacionado con lo que se llamar&iacute;a   Pol&iacute;tica de Seguridad Democr&aacute;tica. Este cap&iacute;tulo   estableci&oacute; los principales objetivos en la lucha contra el crimen   organizado, los derechos humanos y la reparaci&oacute;n social y   econ&oacute;mica de las v&iacute;ctimas y de la poblaci&oacute;n vulnerable<a name=nu7></a><sup><a href="#num7">7</a></sup>. </p>     <p>D&iacute;as   despu&eacute;s de su posesi&oacute;n en agosto de 2002, el presidente Uribe   proclam&oacute; el Estado de Conmoci&oacute;n Interior (ECI) que le   permit&iacute;a autom&aacute;ticamente, como cabeza del poder ejecutivo, tomar   medidas extraordinarias en materia social, econ&oacute;mica y de seguridad<a name=nu8></a><sup><a href="#num8">8</a></sup>. Las razones para proclamar el   ECI fueron los graves y crecientes actos terroristas (especialmente de las   FARC) contra la infraestructura nacional, el tr&aacute;fico de drogas, la   extorsi&oacute;n, el desplazamiento forzado, las masacres y los secuestros. Una   vez aprobado el ECI, el presidente tiene la facultad para expedir nuevos   decretos y tomar decisiones a fin de resolver las perturbaciones de la ley y el   orden<a name=nu9></a><sup><a href="#num9">9</a></sup>. Con tal fin, el gobierno   implement&oacute; nuevas regulaciones y modific&oacute; las existentes, para   hacerlas aplicables a la lucha contra las organizaciones criminales y reducir   los niveles de crimen. Lo que hizo la diferencia con respecto a intentos   anteriores fue la lucha econ&oacute;mica y no solo militar contra el crimen   organizado.</p>     <p>Entre las principales   acciones emprendidas como parte de la PSD se destaca el endurecimiento de la   legislaci&oacute;n relacionada con los bienes adquiridos ilegalmente (Ley 333   de 1996). Con las nuevas medidas el gobierno buscaba el debilitamiento   financiero y militar de los grupos criminales y el correspondiente aumento de   las fuentes econ&oacute;micas del gobierno a trav&eacute;s de la   incautaci&oacute;n. Esos recursos ser&iacute;an utilizados en materia de   seguridad, y para mejorar el sistema de recompensas a quienes denunciaran a los   delincuentes y los bienes adquiridos ilegalmente. En el pasado, esta   legislaci&oacute;n tuvo efectos modestos sobre la incautaci&oacute;n de bienes,   y por ello el gobierno, a trav&eacute;s del Decreto 1975 de 2002, hizo algunos   cambios a la Ley de Extinci&oacute;n de Dominio existente. La nueva ley se   convirti&oacute; en parte fundamental de la lucha contra las organizaciones   criminales<a name=nu10></a><sup><a href="#num10">10</a></sup>. </p>     <p>Los   principales cambios que afectaron las acciones contra los bienes fruto de   acciones criminales fueron los siguientes: primero, la descentralizaci&oacute;n   de los procesos de extinci&oacute;n de dominio, que contribuy&oacute; a   acelerar las acciones de incautaci&oacute;n; segundo, a las personas   investigadas por la posible posesi&oacute;n de bienes adquiridos ilegalmente ya   no les era permitido usar apoderados durante los procedimientos legales de   defensa de sus bienes, al menos al inicio del proceso judicial. En virtud de   esta medida, los due&ntilde;os de las propiedades, en su mayor&iacute;a   requeridos por las autoridades, deb&iacute;an comparecer personalmente ante la   justicia, con la posibilidad de ser capturados. De acuerdo con la   legislaci&oacute;n, si el due&ntilde;o de tales bienes no acud&iacute;a, el   gobierno pod&iacute;a declarar extinto el dominio de los bienes. </p>     <p>El tercero   fue desligar el delito de adquisici&oacute;n de bienes provenientes de   actividades il&iacute;citas de los delitos penales relacionados, como   homicidios o narcotr&aacute;fico. El argumento era que la legislaci&oacute;n   anterior (Ley 333 de 1996) establec&iacute;a que solo las propiedades bajo   proceso penal pod&iacute;an estar expuestas a la extinci&oacute;n de dominio,   lo cual habr&iacute;a contribuido a demorar las confiscaciones. Hoy, los   procesos relacionados con bienes adquiridos ilegalmente son aut&oacute;nomos y   no tienen que estar ligados a largos procesos penales para ser objeto de   extinci&oacute;n de dominio. Todas estas medidas terminaron en un aumento sin   antecedentes del n&uacute;mero de propiedades bajo control de la   Direcci&oacute;n Nacional de Estupefacientes (DNE).</p>     <p>De acuerdo   con la legislaci&oacute;n actual, una vez abierto un proceso legal, la DNE es   la encargada de administrar los bienes y propiedades que se presumen   ilegalmente adquiridos. Cuando el proceso legal termina, hay dos acciones   posibles: devolver al propietario los bienes junto con las ganancias, si las   hubo, en caso de no comprobarse su adquisici&oacute;n ilegal; declarar la   extinci&oacute;n del dominio, en cuyo caso el Estado pasa a ser due&ntilde;o de   los bienes. </p>     <p><b>DATOS Y   CLASIFICACI&Oacute;N DE LAS REGIONES </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Datos</b> </p>     <p>La   informaci&oacute;n de bienes incautados se tom&oacute; de la DNE<a name=nu11></a><sup><a href="#num11">11</a></sup>, cuya base de datos incluye las propiedades   incautadas a las organizaciones criminales que quedan bajo control de su   divisi&oacute;n de activos. Esta entidad recolecta, organiza y administra la   informaci&oacute;n de cada activo confiscado a personas y organizaciones con   v&iacute;nculos criminales desde comienzos de la d&eacute;cada de 1980. Entre   los datos de cada bien incautado se tiene su localizaci&oacute;n   geogr&aacute;fica, as&iacute; como la persona o instituci&oacute;n que   act&uacute;a como custodio temporal o permanente.</p>     <p>Aunque   existe gran variedad de bienes incautados en manos de la DNE, en este trabajo   se tienen en cuenta las propiedades localizadas en &aacute;reas rurales. De los   predios rurales incautados se querr&iacute;a conocer su tama&ntilde;o, pero   este dato solo est&aacute; disponible para una peque&ntilde;a fracci&oacute;n.   Se tiene la fecha de entrada al inventario de la DNE de cada bien incautado, lo   cual permite hacer un seguimiento en el tiempo.</p>     <p>En cuanto   a las variables socioecon&oacute;micas y del mercado laboral, se utilizan los   m&oacute;dulos rurales de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) que publica el   DANE. La ECH es una base de datos mensual con informaci&oacute;n de corte transversal   y un dise&ntilde;o muestral independiente, para la que se entrevistan   individuos pertenecientes a diferentes hogares<a name=nu12></a><sup><a href="#num12">12</a></sup>. La cobertura de la ECH incluye 23 departamentos   pertenecientes a las cuatro primeras regiones, y el Distrito Capital. Los   dem&aacute;s corresponden a nuevos departamentos, con cerca del 4% de la   poblaci&oacute;n nacional. El periodo que cubre el an&aacute;lisis va de abril   de 2001 a junio de 2006, un periodo en que la ECH mantuvo la definici&oacute;n   de las variables de inter&eacute;s; adem&aacute;s, satisface los requerimientos   del an&aacute;lisis, pues la implementaci&oacute;n de la pol&iacute;tica tuvo   lugar a finales de 2002. </p>     <p><b>Clasificaci&oacute;n   De las regiones y estad&iacute;sticas Descriptivas </b></p>     <p>Aunque la   PSD es de alcance nacional, tuvo efectos desproporcionados en las diferentes   regiones del pa&iacute;s<a name=nu13></a><sup><a href="#num13">13</a></sup>. En   este art&iacute;culo se examina si la PSD, medida por el aumento del   n&uacute;mero de propiedades administradas por la DNE, tuvo efectos   desequilibrados en el mercado laboral de las zonas rurales debido al aprovechamiento   del aislamiento por parte delos grupos armados ilegales, el dif&iacute;cil   acceso y la escasa presencia de las autoridades en esas zonas para planear y   ejecutar sus actividades, y porque, a diferencia de otro tipo de bienes   incautados -como veh&iacute;culos o propiedades urbanas- las propiedades   rurales son fuentes de empleo.</p>     <p>Este   an&aacute;lisis puede verse afectado por los casos de corrupci&oacute;n   descubiertos en la DNE, que pueden ocasionar problemas de endogeneidad, pues   las cifras de incautaciones en las zonas donde los criminales tienen m&aacute;s   control suelen ser m&aacute;s ambiguas. No obstante, un incremento de las   incautaciones de un 600% entre 2002 y 2006 demuestra la efectividad de las   medidas legislativas adoptadas por el gobierno en el marco de la PSD y hace   pensar que, pese a los problemas de corrupci&oacute;n, la estrategia es   a&uacute;n v&aacute;lida<a name=nu14></a><sup><a href="#num14">14</a></sup>.   Adem&aacute;s, estudios anteriores revelan que, no obstante tales problemas,   hay evidencia de una relaci&oacute;n causal entre el aumento de las   incautaciones y la reducci&oacute;n de la actividad criminal (P&eacute;rez,   2012)<a name=nu15></a><sup><a href="#num15">15</a></sup>. </p>     <p>Los   departamentos se clasifican seg&uacute;n el cambio porcentual del n&uacute;mero   de incautaciones en zonas rurales. La mejor forma de clasificar las regiones   ser&iacute;a mediante los cambios relativos entre &aacute;rea de propiedades   incautadas y &aacute;rea total del departamento. Pero solo se dispone de los   datos de &aacute;rea de un peque&ntilde;o n&uacute;mero de propiedades y no se   puede usar este indicador. Una opci&oacute;n ser&iacute;a calcular los cambios   relativos respecto de la poblaci&oacute;n, suponiendo que en las zonas   m&aacute;s pobladas el n&uacute;mero de incautaciones es mayor. Pero eso no es   necesariamente cierto en el caso de las propiedades rurales, dadas las   caracter&iacute;sticas del conflicto, porque los criminales las usan para   diferentes prop&oacute;sitos: recreaci&oacute;n, producci&oacute;n agropecuaria   o cultivo de coca. </p>     <p>As&iacute;,   los departamentos se clasifican en dos grupos: con alto incremento porcentual   del n&uacute;mero de incautaciones (grupo de tratamiento) y con bajo incremento   (grupo de control)<a name=nu16></a><sup><a href="#num16">16</a></sup>. Para   definir el umbral que los divide se emplea la distribuci&oacute;n espacial del   n&uacute;mero de incautaciones<a name=nu17></a><sup><a href="#num17">17</a></sup>.   La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra que los departamentos con un incremento   superior al 3.900% se separan del resto, y que en algunos fue negativo; y el <a href="#m1">mapa 1</a> muestra la distribuci&oacute;n espacial de los   incrementos<a name=nu18></a><sup><a href="#num18">18</a></sup>. El primer grupo   incluye los departamentos donde el n&uacute;mero de incautaciones no   cambi&oacute; o se redujo. Cinco de los ocho pertenecen a la Costa Caribe (La   Guajira, Cesar, Bol&iacute;var, Sucre y C&oacute;rdoba), uno a la Regi&oacute;n   Pac&iacute;fica (Choc&oacute;), y dos de la Regi&oacute;n Central (Quind&iacute;o   y Risaralda).</p>     <p align=center><a name=g1></a><img src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10g1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=m1></a><img src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10m1.jpg"></p>     <p>En el   siguiente grupo (bajo incremento) el incremento fue del 1% a menos del 3.900%.   En este grupo hay cuatro departamentos de la Regi&oacute;n Central (Antioquia,   Caldas, Tolima y Huila), uno de la Regi&oacute;n Pac&iacute;fica (Valle) y uno   de la Regi&oacute;n Oriental (Meta). En el siguiente grupo, la base para   distinguir entre grupos de tratamiento y de control, se encuentran los   departamentos con incrementos de hasta un 13.900% (alto incremento), dos de la   regi&oacute;n Caribe (Atl&aacute;ntico y Magdalena), cuatro de la Regi&oacute;n   Oriental (Norte de Santander, Santander, Boyac&aacute; y Cundinamarca), dos de   la Regi&oacute;n Pac&iacute;fica (Cauca y Nari&ntilde;o) y uno de la   Regi&oacute;n Central (Caquet&aacute;): 9 departamentos integran el grupo de   tratamiento y 14 el de control.</p>     <p>La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero   de propiedades rurales administradas por la DNE. Antes de 2002, apenas se   incautaron cien propiedades en promedio, con una clara tendencia decreciente<a name=nu19></a><sup><a href="#num19">19</a></sup>. Una posible explicaci&oacute;n   es la debilidad y vulnerabilidad del sistema legal. La otra parte de la   historia es la puesta en marcha de la nueva pol&iacute;tica de seguridad a   finales de 2002, que se reflej&oacute; en un r&aacute;pido aumento del   n&uacute;mero de bienes administrados por la DNE. La determinaci&oacute;n del   gobierno para fortalecer y hacer cumplir la legislaci&oacute;n hizo posible ese   notable aumento, m&aacute;s de 700 propiedades en 2006.Las incautaciones se   concentraron en los departamentos m&aacute;s ricos: Valle (34%), Cundinamarca   (20%) y Antioquia (8%). </p>     <p align=center><a name=g2></a><img src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10g2.jpg"></p>     <p>El <a href="#c1">cuadro 1</a> compara la situaci&oacute;n anterior y posterior a la   PSD mediante varios indicadores relacionados con la fuerza laboral y las   caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas<a name=nu20></a><sup><a href="#num20">20</a></sup>. Las columnas 1 a 4 dan detalles de los adultos de   21 a 59 a&ntilde;os de edad; las columnas 5 a 8, de los ni&ntilde;os entre 6 y   15 a&ntilde;os<a name=nu21></a><sup><a href="#num21">21</a></sup>; y las cuatro   &uacute;ltimas, de los j&oacute;venes entre 16 y 20 a&ntilde;os de edad. </p>     <p align=center><a name=c1></a><a href="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c1.jpg" target="_blank">CUADRO 1</a></p>     <p>En el   grupo de adultos, la participaci&oacute;n de los hombres en el mercado laboral   fue de un 93%, y la de las mujeres de un 40%, en 2001 y 2006. En promedio, los   salarios totales y monetarios de los hombres aumentaron en un 28% y los de las   mujeres en un 24% en esos a&ntilde;os. Los salarios de los trabajadores por   cuenta propia aumentaron en un 60% para hombres y mujeres<a name=nu22></a><sup><a href="#num22">22</a></sup>. En el Anexo, 3 se muestra la evoluci&oacute;n de   las tasas de empleo y salarios de los diferentes grupos de edad.</p>     <p>La   participaci&oacute;n laboral de ni&ntilde;os y j&oacute;venes muestra una alta   reducci&oacute;n: del 35% entre los ni&ntilde;os y del 10% entre los   j&oacute;venes. En cuanto a la educaci&oacute;n, la participaci&oacute;n de los   ni&ntilde;os y los j&oacute;venes en el sistema educativo muestra un aumento   general. La participaci&oacute;n de los ni&ntilde;os pas&oacute; de 0,783 a 0,820   y la de las ni&ntilde;as de 0,820 a 0,913.Aunque entre los j&oacute;venes el   aumento fue menor, es significativo: de 0,283 a 0,362 para los hombres y de   0,267 a 0,318 para las mujeres. Los resultados del nivel educativo siguen una   tendencia similar.</p>     <p>El <a href="#c2">cuadro 2</a> presenta los resultados educativos en 2005, por   departamento y tipo de regi&oacute;n. Las columnas 1 y 2 indican que no hay   diferencias entre los grupos de tratamiento y de control en la asistencia   escolar de personas de 5 a 17 a&ntilde;os de edad, aparte de la diferencia   entre residencia urbana y rural. Algo similar ocurre con los logros educativos   (columnas 3 a 12); dejando de lado diferencias menores entre los grupos de   tratamiento y de control en zonas urbanas y rurales, las circunstancias son   similares. </p>     <p align=center><a name=c2></a><a href="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c2.jpg" target="_blank">CUADRO 2</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>METODOLOG&Iacute;A </b></p>     <p>La   metodolog&iacute;a que se emplea en este art&iacute;culo tiene las siguientes   caracter&iacute;sticas: 1. Cortes transversales repetidos correspondientes a   las encuestas de hogares de 2001 a 2006. Debido a que los cortes transversales   repetidos no siguen a&ntilde;o a a&ntilde;o a los entrevistados, los resultados   no se pueden considerar realmente como cambios en la participaci&oacute;n   laboral, los salarios o la matr&iacute;cula escolar de los mismos individuos;   2. Desagregaci&oacute;n por individuos y departamentos, y 3. Diferencias   regionales en el n&uacute;mero y el aumento de incautaciones de propiedades   rurales debidas a la nueva pol&iacute;tica de seguridad. El enfoque   emp&iacute;rico se centra en la interacci&oacute;n entre los departamentos con   alto incremento y el periodo de post-pol&iacute;tica. Esas   caracter&iacute;sticas permiten usar la especificaci&oacute;n: </p>     <p align=center><img src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10ec1.jpg"></p>     <p>donde   &gamma; es el efecto departamental, &#955; el efecto del tiempo, <i>D<sub>dtdst</sub></i> representa los departamentos con incautaciones crecientes cuando <i>t = s</i>,donde<i> s</i> indica el periodo post-pol&iacute;tica (2003-2006); y <i>X<sub>i</sub></i> representa el conjunto de caracter&iacute;sticas individuales (edad, estado   civil, nivel de educaci&oacute;n y tama&ntilde;o del hogar). El par&aacute;metro   de inter&eacute;s es <i>d</i>, que representa el t&eacute;rmino de   interacci&oacute;n departamento/a&ntilde;o o estimador de diferencias en   diferencias. Se supone que <i>&epsilon;<sub>idt </sub></i>(e<i>| d, t</i>) = 0.</p>     <p>La   variable dependiente es continua o binaria dependiendo de que se analicen los salarios   o la participaci&oacute;n laboral. Puesto que los salarios est&aacute;n   condicionados al empleo, se usa el modelo de selecci&oacute;n de Heckman,   tomando el n&uacute;mero de ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os como variable   de exclusi&oacute;n para la probabilidad de ser seleccionado. Para las   variables dependientes binarias se estima la versi&oacute;n logit de la   ecuaci&oacute;n (1). En todas las versiones del modelo los errores   est&aacute;ndar se ajustan como agrupaciones (<i>cluster</i>) por   departamentos, lo que permite la correlaci&oacute;n entre individuos dentro de   los departamentos y entre departamentos a trav&eacute;s del tiempo<a name=nu23></a><sup><a href="#num23">23</a></sup>. </p>     <p>Para este   tipo de estimaci&oacute;n se adoptan dos supuestos adicionales. Primero, la   independencia condicional entre las variables de mercado laboral y   educaci&oacute;n (<i>Y<sub>idt</sub></i>) y la nueva pol&iacute;tica de   seguridad (<i>D<sub>dst</sub></i>); es decir, la elecci&oacute;n del grupo de   tratamiento no depende de las variables resultado, despu&eacute;s de controlar   la variaci&oacute;n inducida por las diferencias en el conjunto de variables de   control<a name=nu24></a><sup><a href="#num24">24</a></sup>. Segundo, se supone   que <i>E</i>&#91;<i>Y</i><sub>0<i>idt</i></sub><i>|d, t</i>&#93; &gamma;<i><sub>d</sub>+ </i>&#955;<i><sub>t</sub></i>, donde <i>Y</i><sub>0<i>idt</i></sub> indica que   la variable dependiente "no es de tratamiento" es decir que, en   ausencia de un cambio en la pol&iacute;tica de seguridad, las condiciones de   empleo de la poblaci&oacute;n rural seguir&iacute;an la tendencia conjunta de   los efectos departamentales invariantes en el tiempo y del efecto anual   com&uacute;n para todos los departamentos. En este caso &gamma;<i><sub>d </sub></i>cumple   el mismo papel que los efectos individuales no observables del caso de panel de   datos (Angrist y Pishcke, 2009).</p>     <p>El   par&aacute;metro de inter&eacute;s es d, el estimador de diferencias en   diferencias, que se puede interpretar como el efecto causal de la PSD. La   metodolog&iacute;a de las encuestas de hogares cambi&oacute; a comienzos de   2001,y el hecho de tener informaci&oacute;n solo para dos a&ntilde;os antes de   implementar la PSD tiene al menos una desventaja: la imposibilidad de probar   que las variables resultado de los grupos de tratamiento y de control sigan   tendencias temporales similares en el periodo pre-pol&iacute;tica. Para   absolver esta preocupaci&oacute;n, el Anexo 4 muestra las tendencias pre   pol&iacute;tica (1984-2000) de las principales variables resultado por grupo de   poblaci&oacute;n. Si bien no es posible separar los grupos de tratamiento y de   control, por las caracter&iacute;sticas de la informaci&oacute;n, se observa   que todas las tendencias y patrones se mantienen estables durante esos 17   a&ntilde;os, lo que permite confiar en el cumplimiento de los supuestos. </p>     <p><b>RESULTADOS </b></p>     <p>Esta   secci&oacute;n presenta los hallazgos m&aacute;s relevantes sobre los efectos   de la lucha contra el crimen organizado en el mercado laboral de las zonas   rurales. Como ya se dijo, la poblaci&oacute;n se dividi&oacute; en tres grupos   de edad: adultos, ni&ntilde;os y j&oacute;venes. Adem&aacute;s, en el   an&aacute;lisis de cada uno de ellos se distinguen los principales tipos de   ocupaci&oacute;n<a name=nu25></a><sup><a href="#num25">25</a></sup>.   Tambi&eacute;n se calcularon los efectos del ingreso salarial monetario y del   ingreso salarial total, pero como son muy similares solo se reportan los   efectos sobre el ingreso salarial monetario.</p>     <p>Hay   algunos factores que pueden distorsionar los efectos de la PSD sobre los   indicadores socio-econ&oacute;micos de las zonas rurales. El primero es la   identificaci&oacute;n del grupo de tratamiento, porque el cambio de gobierno en   2002, que hab&iacute;a anunciado previamente la lucha frontal contra el crimen   organizado, puede haber cambiado por s&iacute; mismo el comportamiento de los   individuos y quiz&aacute; las cifras de crimen sin otra intervenci&oacute;n.   Para absolver esta preocupaci&oacute;n se comprob&oacute; si los departamentos   con altas incautaciones son los mismos en los que el candidato &Aacute;lvaro   Uribe tuvo mayor votaci&oacute;n. Una exploraci&oacute;n preliminar   encontr&oacute; que en solo 6 de los 23 departamentos existe una coincidencia.   Adem&aacute;s, al calcular la relaci&oacute;n entre aumento porcentual de las   incautaciones y porcentaje de votos v&aacute;lidos obtenidos por ese candidato,   se obtuvo un coeficiente de correlaci&oacute;n no significativo de apenas   0,053; y al explorar la posibilidad de correlaci&oacute;n espacial entre las   dos variables tampoco se encontr&oacute; una relaci&oacute;n significativa, un   estad&iacute;stico I de Mor&aacute;n de 0,1301 con un <i>valor p</i> correspondiente de 0,112<a name=nu26></a><sup><a href="#num26">26</a></sup>.   Estos resultados demuestran, a favor de la validez del criterio de   selecci&oacute;n, que las elecciones presidenciales no afectaron por s&iacute;   mismas la distribuci&oacute;n regional de las incautaciones y, por tanto, la incidencia   regional de la implementaci&oacute;n de la PSD. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo   factor es la posible preexistencia de alg&uacute;n programa de desarrollo rural   en los departamentos del grupo de tratamiento, lo que complicar&iacute;a la   separaci&oacute;n del efecto particular de la PSD. Pero en esa &eacute;poca no   se implementaban pol&iacute;ticas rurales diferenciales en los departamentos   donde aumentaron las incautaciones; solo difer&iacute;an en el nivel de   desarrollo departamental.</p>     <p>La   migraci&oacute;n es otro factor que puede ocasionar problemas en la   identificaci&oacute;n de los efectos de la PSD. Los efectos de una nueva   pol&iacute;tica de seguridad en la decisi&oacute;n de permanecer, salir o   retornar a las zonas rurales no son directos; esa pol&iacute;tica puede llevar   a que los individuos tomen diferentes decisiones: algunas personas pueden decidir   salir de esas zonas porque esperan un aumento de los enfrentamientos entre las   fuerzas armadas y las organizaciones criminales. Algunas pueden ser m&aacute;s   optimistas y decidir quedarse, confiadas en que los ataques a los grupos   ilegales har&aacute;n m&aacute;s seguros sus sitios de residencia. Quienes   viv&iacute;an en zonas rurales pero hoy residen en cascos urbanos pod&iacute;an   hacer un razonamiento similar para decidir si regresara las zonas rurales o   permanecer en las urbanas. Estos factores, junto con la limitada   informaci&oacute;n sobre migraci&oacute;n, hacen que los efectos sean   impredecibles<a name=nu27></a><sup><a href="#num27">27</a></sup>. </p>     <p>En cuanto   a la participaci&oacute;n en la fuerza laboral, de acuerdo con estudios   anteriores sobre el impacto del conflicto en el mercado laboral rural (Angrist   y Kugler, 2008), y con las estad&iacute;sticas descriptivas de las variables   objetivo, cabe esperar resultados diferenciales por g&eacute;nero y grupo de   edad. Los hombres son los principales actores del conflicto y se   esperar&iacute;a que la pol&iacute;tica de seguridad los afectara negativamente,   a corto y mediano plazos, mientras se vinculan a actividades l&iacute;citas.   Los varones adolescentes colaboran en las actividades productivas del hogar y   se esperar&iacute;a un efecto similar al de los adultos. Los ni&ntilde;os,   debido al efecto ingreso causado por la menor ocupaci&oacute;n de los adultos,   pueden verse en la necesidad de entrar a trabajar, es decir, a participar en el   mercado laboral. El efecto no es tan claro en el caso delas mujeres, pero se   esperar&iacute;a un efecto ingreso similar al de los ni&ntilde;os<a name=nu28></a><sup><a href="#num28">28</a></sup>. </p>     <p><b>Mercado   laboral </b></p>     <p><b><i>Adultos</i></b></p>     <p>Este grupo   integra cerca del 80% de la fuerza laboral en las zonas rurales; las mujeres   representan un 30%. Adem&aacute;s, para hombres y mujeres, la   distribuci&oacute;n entre los tipos de ocupaci&oacute;n indica que el trabajo   por cuenta propia es el de mayor participaci&oacute;n, cerca del50%. El segundo   en orden difiere entre hombres y mujeres, para las mujeres el sector privado es   el segundo m&aacute;s importante (11%), y para los hombres las labores como   jornaleros (25%).</p>     <p>El <a href="#c3">cuadro 3</a> muestra los efectos de la PSD sobre las variables de   mercado laboral de los adultos, para cuatro tipos de ocupaci&oacute;n: sector   privado (columnas 1 y 2), sector p&uacute;blico (columnas 3 y 4), jornaleros   (columnas 5 y 6), y cuenta propia (columnas 7 y 8). En la primera columna de   cada ocupaci&oacute;n se muestran los efectos marginales de la versi&oacute;n   logit de la ecuaci&oacute;n (1); en este caso, la variable dependiente es una   variable <i>dummy</i> que corresponde a la participaci&oacute;n laboral de los   individuos en su grupo de fuerza laboral: la segunda columna muestra los   efectos sobre el ingreso salarial monetario (en logaritmos).</p>     <p align=center><a name=c3></a><a href="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c3.jpg" target="_blank">CUADRO 3</a></p>     <p>Los   estimadores sugieren algunos resultados interesantes. En la participaci&oacute;n   laboral de los hombres no parece haber ning&uacute;n efecto significativo,   aparte de un peque&ntilde;o aumento en el sector privado. En los departamentos   de alta incautaci&oacute;n la participaci&oacute;n laboral de los hombres que   trabajan en el sector privado aument&oacute; en 3,9 puntos porcentuales   despu&eacute;s de la PSD, con respecto a los departamentos de baja   incautaci&oacute;n<a name=nu29></a><sup><a href="#num29">29</a></sup>. La   participaci&oacute;n laboral de las mujeres muestra fuertes reducciones, con   efectos significativos que van de -0,03 en el sector privado (columna 1) hasta   -0,092 para las que trabajan por cuenta propia (columna 7), un resultado   relevante en su mercado laboral pues m&aacute;s del 60% de ellas tiene uno de   estos dos tipos de ocupaci&oacute;n. Hay evidencia de una reducci&oacute;n   general del ingreso de hombres y mujeres en las ocupaciones m&aacute;s   representativas, salvo para las mujeres ocupadas en el sector privado, donde   aument&oacute; en 28 puntos porcentuales (columna 2). El grupo m&aacute;s   afectado fue el de los trabajadores por cuenta propia, con reducciones de 11   puntos porcentuales para los hombres (columna 8) y de 34 puntos porcentuales   para las mujeres (columna 8). En la segunda ocupaci&oacute;n de las mujeres,   jornaleras, tambi&eacute;n se redujo el ingreso salarial, en 34 puntos   porcentuales (columna 6). </p>     <p>Las   inesperadas y significativas reducciones del salario de las mujeres en estas   dos ocupaciones obligaron a analizar con m&aacute;s detalle lo que pudo haber   causado este efecto. Primero se calcularon los efectos de interacci&oacute;n   anuales, y en el caso particular de las jornaleras se encontraron reducciones   significativas y crecientes, desde -0,21 en 2003 hasta -0,441 en 2006. La   exploraci&oacute;n de este grupo, sin distinci&oacute;n de edades, da lugar a   algunas explicaciones razonables. La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> muestra   que aunque sus ingresos son superiores a los del resto de mujeres, su varianza   es mucho mayor, debido al bajo n&uacute;mero de mujeres con esta   ocupaci&oacute;n y a las caracter&iacute;sticas particulares de este mercado:   la inestabilidad y la informalidad, pues todos los d&iacute;as est&aacute;n en   busca de trabajo en alguna actividad agropecuaria, y sus salarios se suelen   establecer mediante negociaciones, lo que, sumado al peque&ntilde;o   tama&ntilde;o del mercado, explicar&iacute;a los grandes efectos sobre los   salarios. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=g3></a><img border=0 width=443 height=340 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10g3.jpg"></p>     <p><b><i>Ni&ntilde;os</i></b></p>     <p>Como ya se   explic&oacute;, para el an&aacute;lisis de esta secci&oacute;n dicho grupo   est&aacute; integrado por personas de 10 a 15 a&ntilde;os de edad, y solo se   analizan los efectos de la PSD sobre la participaci&oacute;n laboral<a name=nu30></a><sup><a href="#num30">30</a></sup>. En este grupo las actividades   laborales con mayor participaci&oacute;n son las de ayudante familiar,   jornalero y cuenta propia<a name=nu31></a><sup><a href="#num31">31</a></sup>.   El <a href="#c4">cuadro 4</a> muestra los efectos marginales de la   versi&oacute;n logit de la ecuaci&oacute;n (1); la variable dependiente es una   variable <i>dummy</i> de situaci&oacute;n ocupacional. </p>     <p align=center><a name=c4></a><img border=0 width=470 height=298 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c4.jpg"></p>     <p>Parece   haber evidencias de efectos significativos sobre la participaci&oacute;n   laboral de los ni&ntilde;os que trabajan como jornaleros, no solo   estad&iacute;sticamente significativos sino de gran magnitud (cerca de 15   puntos porcentuales), pues el 20% de los ni&ntilde;os trabajan como jornaleros.   El resultado es consistente y se puede interpretar como un efecto ingreso, es   decir, como una respuesta a la reducci&oacute;n de la participaci&oacute;n </p>     <p>Queda por   responder si los resultados de los cambios en la participaci&oacute;n laboral   de los ni&ntilde;os se vieron reflejados en la matr&iacute;cula escolar<a name=nu32></a><sup><a href="#num32">32</a></sup>, porque estos tienen dos   opciones: cambiar de ocupaci&oacute;n o regresar a la escuela. Los resultados   del <a href="#c5">cuadro 5</a> no muestran evidencias de cambios en la   matr&iacute;cula escolar debidos a la PSD a trav&eacute;s de los cambios en la   participaci&oacute;n laboral, pese al aumento de la matr&iacute;cula escolar   promedio entre 2001 y 2006 que se observa en el <a href="#c1">cuadro 1</a>. </p>     <p align=center><a name=c5></a><img src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c5.jpg"></p>     <p><b><i>J&oacute;venes</i></b></p>     <p>Dentro del   grupo de los j&oacute;venes se consideran cuatro tipos de trabajadores:   ayudantes familiares sin remuneraci&oacute;n, trabajadores del sector privado,   jornaleros, y trabajadores por cuenta-propia. Para este grupo de la   poblaci&oacute;n, las tres m&aacute;s populares ocupaciones, con casi la misma   representaci&oacute;n (30%) tanto para hombres como para las mujeres, son los   trabajos por cuenta-propia, y los ayudantes familiares sin remuneraci&oacute;n.   Para el caso particular de los hombres, los jornaleros contribuyen con otro 30%   al mercado laboral. En esta secci&oacute;n se analizan los efectos sobre la   participaci&oacute;n laboral y sobre los ingresos salariales.</p>     <p>El <a href="#c6">cuadro 6</a> muestra los estimadores de los t&eacute;rminos de   interacci&oacute;n (departamentos de alta incautaci&oacute;n/periodo   post-pol&iacute;tica) para los j&oacute;venes, hombres y mujeres. Las columnas   2 y 4 de los hombres muestran efectos significativos pero de signo contrario:   una reducci&oacute;n de 4,6 puntos porcentuales en la participaci&oacute;n   laboral de los ocupados en el sector privado y un aumento de 10 puntos   porcentuales en la de los jornaleros. En suma, puesto que un tercio de los   hombres j&oacute;venes trabajan como jornaleros y solo el 12% en el sector   privado, el efecto neto es un aumento de la participaci&oacute;n laboral, lo   que es a&uacute;n m&aacute;s consistente con el efecto ingreso detectado en el   caso de los ni&ntilde;os. Esto indica que la reducci&oacute;n de la   participaci&oacute;n laboral de los adultos en los primeros cuatro a&ntilde;os   de la PSD parecen haberse reflejado en el ingreso de otros miembros del hogar a   la fuerza laboral. En el caso de las mujeres se observa el efecto contrario,   una clara y significativa reducci&oacute;n de 8,3 puntos porcentuales para las   trabajadoras por cuenta propia, que constituyen cerca del 30% de la oferta   laboral femenina entre 16 y 20 a&ntilde;os de edad. Aunque en los salarios, hay   un patr&oacute;n negativo general, solo es significativo para los hombres   (columna5), con una reducci&oacute;n de 38 puntos porcentuales, consistente con   el aumento en la oferta laboral del mismo grupo de poblaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=c6></a><a href="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c6.jpg" target="_blank">CUADRO 6</a></p>     <p>Igual que   en el caso de los ni&ntilde;os, los efectos potenciales sobre la   educaci&oacute;n se estimaron calculando los efectos de interacci&oacute;n   sobre la matr&iacute;cula escolar. El <a href="#c7">cuadro 7</a> muestra que   aunque son positivos no son significativos. Los j&oacute;venes, igual que los   adultos, dado que ya han cruzado el umbral de educaci&oacute;n obligatoria,   pueden elegir otras opciones diferentes a la de seguir estudiando, lo que hace   m&aacute;s dif&iacute;cil distinguir los efectos generados por cambios en la   participaci&oacute;n laboral. Una de esas opciones es cambiar de tipo de   empleo. Esto es evidente entre la poblaci&oacute;n rural, cuyo nivel educativo   es mucho menor que el de la poblaci&oacute;n urbana, especialmente en   educaci&oacute;n secundaria y universitaria. Por ello, para los j&oacute;venes no   hay evidencia robusta de una relaci&oacute;n entre participaci&oacute;n laboral   y matr&iacute;cula escolar como resultado de la PSD. </p>     <p align=center><a name=c7></a><img border=0 width=396 height=150 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10c7.jpg"></p>     <p><b>COMENTARIOS   FINALES </b></p>     <p>El   comienzo del gobierno Uribe y su determinaci&oacute;n de reducir los altos   niveles de criminalidad ofrecen la oportunidad para evaluar el impacto de la   pol&iacute;tica de seguridad sobre la poblaci&oacute;n rural, en   t&eacute;rminos de ganancias y p&eacute;rdidas econ&oacute;micas y sociales.   Adem&aacute;s, el conjunto de medidas que adopt&oacute; el gobierno entre 2002   y 2006 tuvieron altos niveles de &eacute;xito en materia de seguridad. Los   resultados del an&aacute;lisis se pueden dividir en dos grupos: ganancias o   p&eacute;rdidas econ&oacute;micas y ganancias o p&eacute;rdidas sociales.</p>     <p>El primer   grupo est&aacute; relacionado con los cambios en la participaci&oacute;n   laboral y el ingreso salarial de los adultos; el segundo, con la   participaci&oacute;n de ni&ntilde;os y j&oacute;venes en el mercado laboral y   con la asistencia escolar. Se encontraron evidencias significativas de cambios   en la participaci&oacute;n laboral de los adultos, peque&ntilde;os y positivos   para los hombres que trabajan en el sector privado, y mucho m&aacute;s   relevantes para las mujeres, que sufrieron una reducci&oacute;n sustancial en   el caso de las trabajadoras por cuenta propia. El aumento simult&aacute;neo de   la participaci&oacute;n de ni&ntilde;os y j&oacute;venes parece reflejar un   efecto ingreso en el hogar, al que intentan contribuir con su ingreso al   mercado laboral. </p>     <p>Los   salarios disminuyeron en general, salvo para las mujeres que trabajan en el   sector privado. En las dem&aacute;s ocupaciones representativas de los adultos   (cuenta propia y jornaleros), el ingreso se redujo considerablemente. De modo   que el efecto total de la pol&iacute;tica de seguridad fue negativo, por la   reducci&oacute;n simult&aacute;nea de la participaci&oacute;n laboral y de los   salarios. Estos resultados son consistentes con los que encontraron Angrist y   Kugler (2008), pues las organizaciones criminales, en especial las que   est&aacute;n ligadas a la producci&oacute;n de drogas, emplean mano de obra en   forma intensiva, y este tipo de empleo se redujo cuando el gobierno   arremeti&oacute; contra esas organizaciones.</p>     <p>Los   resultados de la participaci&oacute;n laboral de ni&ntilde;os y j&oacute;venes,   son similares y consistentes con los de los adultos: aumento para los hombres y   reducci&oacute;n para las mujeres; con efectos m&aacute;s fuertes en las   ocupaciones m&aacute;s populares en estos dos grupos de edad (jornaleros,   cuenta propia y ayudantes familiares). En el caso de los j&oacute;venes, el   ingreso salarial se redujo en forma sustancial y significativa, igual que para   los adultos, en especial para los hombres que trabajan a jornal. En materia de   educaci&oacute;n, no se encontraron evidencias, para los j&oacute;venes ni para   los ni&ntilde;os, de alg&uacute;n efecto significativo de la implementaci&oacute;n   de la pol&iacute;tica de seguridad y de sus efectos indirectos a trav&eacute;s   de las variables de mercado laboral. </p>     <p align=center><img border=0 width=443 height=726 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10anexo1.jpg"></p>     <p><b>2.   Antecedentes legales</b><a name=nu33></a><sup><a href="#num33">33</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los esfuerzos   del gobierno colombiano en la lucha contra las organizaci&oacute;nes criminales   se remontan a comienzos de los a&ntilde;os sesenta, cuando firm&oacute; la <i>Single     Convention on Narcotic Drugs </i>(Nueva York, 1961). Este acuerdo fue   importante por dos razones: congreg&oacute; un gran n&uacute;mero de   pa&iacute;ses con el prop&oacute;sito de mejorar el control del tr&aacute;fico   de drogas e integr&oacute; muchos acuerdos multilaterales en un solo   instrumento internacional antidrogas.</p>     <p>Una   d&eacute;cada despu&eacute;s, este acuerdo y sus modificaciones llevaron al   gobierno colombiano a promulgar la primera ley contra las drogas, el Decreto   1188 de 1974. Este no solo inclu&iacute;a regulaciones relacionadas con el   tr&aacute;fico y el consumo, sino tambi&eacute;n regulaciones sobre la   posibilidad de incautar bienes provenientes del narcotr&aacute;fico, y facult&oacute;   al Estado para confiscar propiedades<a name=nu34></a><sup><a href="#num34">34</a></sup>. </p>     <p>El   siguiente paso fue la Ley 30 de 1986. Aunque esta se refer&iacute;a a una   amplia gama de temas relacionados con las drogas, hizo menci&oacute;n especial   de las propiedades provenientes de actividades ilegales, como la   producci&oacute;n, el transporte y la comercializaci&oacute;n. Despu&eacute;s,   el gobierno facult&oacute; al Consejo Nacional Antidrogas para realizar   incautaciones administrativas delas propiedades y definir su destino final.   Conforme a la legislaci&oacute;n, estas propiedades se pueden utilizar para   prop&oacute;sitos oficiales, actividades legales de bien com&uacute;n, o ser   cedidas para renta o dep&oacute;sito.</p>      <p>Aunque en   el pasado se hab&iacute;a legislado contra los bienes provenientes de   actividades ilegales, solo a comienzos de los noventa se adoptaron medidas   m&aacute;s fuertes. Con base en la Convenci&oacute;n de Viena, el gobierno   adopt&oacute; medidas adicionales para fortalecer la persecuci&oacute;n de lo   que se conoce como "producto del delito"<a name=nu35></a><sup><a href="#num35">35</a></sup>. En particular, para perseguir no solamente   propiedades directas o indirectas de las organizaciones criminales, sino   propiedades adquiridas con dinero proveniente en parte de actividades legales y   en parte de actividades ilegales, lo que se llam&oacute; 'bienes   equivalentes'. Un avance adicional fue el fortalecimiento de la   cooperaci&oacute;n internacional en la lucha contra las drogas y toda   organizaci&oacute;n criminal.</p>     <p>La   discusi&oacute;n sobre estos asuntos y sus implicaciones dio origen al concepto   de "extinci&oacute;n del dominio"<a name=nu36></a><sup><a href="#num36">36</a></sup>. Este nuevo instrumento ha sido determinante en el   &eacute;xito de la lucha contra el crimen. El C&oacute;digo de Procedimiento   Penal de 1991 estableci&oacute; que las siguientes actividades estar&iacute;an   sujetas a la extinci&oacute;n del dominio: enriquecimiento il&iacute;cito,   acciones en detrimento del patrimonio nacional, y actividades que deterioren   los principios sociales (tr&aacute;fico de drogas, delitos contra los recursos   naturales, lavado de dinero, tr&aacute;fico de armas, testa ferrato,   tr&aacute;fico de influencias, secuestro y extorsi&oacute;n, entre otros). En   1996 (con la Ley 333) y en 1997 (con la reforma del C&oacute;digo de   Procedimiento Criminal) se hizo menci&oacute;n expl&iacute;cita del uso que se   dar&iacute;a a los bienes y propiedades administrados por la DNE: se   deb&iacute;an utilizar en la lucha contra el crimen organizado y con fines   sociales, por ejemplo, en programas de rehabilitaci&oacute;n e inversi&oacute;n   social.</p>     <p>Las   caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes de la figura central de la Ley de   Extinci&oacute;n de Dominio son las siguientes: 1. Procede aunque el bien   est&eacute; en poder de un tercero y por causa de muerte; 2. Est&aacute;   dirigida contra el titular del bien o cualquier beneficiario; 3. Es   retrospectiva, salvaguardando los principios de legalidad; 4. No requiere una   acci&oacute;n condenatoria del titular para dar inicio a la extinci&oacute;n   del dominio; 5. Es imprescriptible, y 6. Las propiedades ser&aacute;n tomadas   por el Estado sin ninguna compensaci&oacute;n o retribuci&oacute;n. </p>     <p><b>3.   Principales variables Del Mercado laboral </b></p>     <p align=center><img border=0 width=443 height=726 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10anexo2.jpg"></p>     <p><b>4.   Din&aacute;mica De pre-pol&iacute;tica De las variables Del Mercado laboral,   1984-2000 </b></p>     <p align=center><img border=0 width=443 height=561 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10anexo3.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5.   Definici&oacute;n De los Diferentes tipos De empleo </b></p>     <p>El DANE   define as&iacute; los tipos de ocupaci&oacute;n:</p>     <p><i>Trabajadores   del sector privado</i>:   individuos que laboran para un empleador privado y reciben un pago por ello.</p>     <p><i>Trabajadores   del sector p&uacute;blico</i>: personas que laboran para una entidad del gobierno, o   de capital mixto p&uacute;blico-privado, sin importar su cargo.</p>     <p><i>Jornaleros</i>: personas que   residen en zonas rurales, a cargo de actividades relacionadas directamente con   la producci&oacute;n agropecuaria; subordinadas a otras personas con quienes   hicieron un acuerdo de pago, o bien este depende de la producci&oacute;n del   trabajador.</p>     <p><i>Ayudantes   familiares</i>:   personas que trabajan al menos una hora semanal en un negocio manejado por un   familiar que vive en el mismo hogar, que no reciben ninguna remuneraci&oacute;n   por su trabajo.</p>     <p><i>Cuenta-propia</i>: personas que   est&aacute;n a cargo de su propio negocio o ejercen su carrera sin contratar   ning&uacute;n empleado, con o sin apoyo de sus familiares. Pueden trabajar   solas o en asocio con otros trabajadores por cuenta propia. </p> <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>De   acuerdo con Naciones Unidas, una organizaci&oacute;n criminal es "un   grupo estructurado de tres o m&aacute;s personas, que existe desde cierto   periodo y act&uacute;a en conjunto con el objetivo de cometer una o m&aacute;s   acciones criminales &#91;...&#93; para obtener, directa o indirectamente,   beneficio material o financiero" (United Nations, 2004, 5.).    <br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup>Los trabajos de Isaac Ehrlich   (1973, 1977, 1981) han ampliado los conocimientos sobre la econom&iacute;a del   crimen.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>El aumento sostenido de la   producci&oacute;n de coca en Colombia ocurri&oacute; por la reducci&oacute;n de   los cultivos en dos grandes pa&iacute;ses productores: Per&uacute; y Bolivia.    <br>   <a name=num4></a><sup><a href="#nu4">4</a></sup>Este supuesto se conoce como <i>supuesto     de independencia condicional</i>.    <br>   <a name=num5></a><sup><a href="#nu5">5</a></sup>Despu&eacute;s del inicio de la   PSD aumentaron las incautaciones y se redujeron las actividades delictivas; en   otras palabras, el incremento de las incautaciones no se debi&oacute; al   aumento de los niveles de crimen (ver Anexo, 1). P&eacute;rez (2013) demuestra   claramente la relaci&oacute;n inversa entre el n&uacute;mero de incautaciones y   varios tipos de actividades delictivas.    <br>   <a name=num6></a><sup><a href="#nu6">6</a></sup>La raz&oacute;n para analizar   &uacute;nicamente el primer per&iacute;odo presidencial del gobierno Uribe es   la falta de informaci&oacute;n, en particular sobre los cambios ocurridos en   las encuestas de hogares desde mediados de 2006. No obstante, se dispone de   informaci&oacute;n para un periodo suficientemente largo que permite evaluar el   efecto causal de la pol&iacute;tica.    <br>   <a name=num7></a><sup><a href="#nu7">7</a></sup>Para los detalles y   antecedentes de las medidas adoptadas desde que el pa&iacute;s empez&oacute; a   ser parte de la Convenci&oacute;n de Drogas de 1961, ver el Anexo 2.    <br>   <a name=num8></a><sup><a href="#nu8">8</a></sup>Seg&uacute;n el art&iacute;culo   213 de la Constituci&oacute;n, la conmoci&oacute;n interior es una   situaci&oacute;n de emergencia que puede ser declarada por el presidente (con   aprobaci&oacute;n del gabinete) en los siguientes casos: "grave   perturbaci&oacute;n del orden p&uacute;blico que atente de manera inminente   contra la inestabilidad institucional, la seguridad del Estado, o la   convivencia ciudadana, y que no pueda ser conjurada mediante el uso de las   atribuciones ordinarias de las autoridades de polic&iacute;a". La   conmoci&oacute;n interior fue regulada por la Ley 137 de 1994. Su   duraci&oacute;n es de noventa d&iacute;as, con la posibilidad de ser prorrogada   por dos per&iacute;odos m&aacute;s de igual duraci&oacute;n.    <br>   <a name=num9></a><sup><a href="#nu9">9</a></sup>Algunas de las medidas   m&aacute;s significativas que adopt&oacute; el presidente fueron: impuestos   temporales sobre la riqueza, aumento del presupuesto de inversi&oacute;n y   defensa nacional, fortalecimiento de las acciones encaminadas a reducir el   contrabando, y modificaci&oacute;n de la regulaci&oacute;n sobre   extinci&oacute;n de dominio.    <br>   <a name=num10></a><sup><a href="#nu10">10</a></sup>Ehrlich (1987) menciona la gran   importancia de lo que llama el "&aacute;mbito legal" que debe   existir para que la lucha contra el crimen tenga efectos positivos.    <br>   <a name=num11></a><sup><a href="#nu11">11</a></sup>Esta informaci&oacute;n es   p&uacute;blica y se puede consultar en la p&aacute;gina web de la DNE.    <br>   <a name=num12></a><sup><a href="#nu12">12</a></sup>Para este trabajo, el   pa&iacute;s se divide en 5 regiones, y estas en 32 departamentos y el Distrito   Capital: 1. Regi&oacute;n Caribe (Atl&aacute;ntico, Bol&iacute;var, Cesar,   C&oacute;rdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre); 2. Regi&oacute;n Pac&iacute;fica   (Choc&oacute;, Cauca, Nari&ntilde;o y Valle); 3. Regi&oacute;n Central   (Antioquia, Caldas, Caquet&aacute;, Huila, Tolima, Quind&iacute;o y Risaralda);   4. Regi&oacute;n Oriental (Cundinamarca, Boyac&aacute;, Norte de Santander,   Meta y Santander); 5. Nuevos departamentos (Amazonas, Arauca, Casanare,   Guain&iacute;a, Guaviare, Putumayo, San Andr&eacute;s y Providencia,   Vaup&eacute;s y Vichada); y, finalmente, Bogot&aacute; D.C.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num13></a><sup><a href="#nu13">13</a></sup>Card (1992) y Angrist y   Kugler (2008) adoptan este enfoque. Card utiliza el cambio del salario   m&iacute;nimo a nivel nacional, que dio origen a cambios regionales desiguales   en Estados Unidos. Angrist y Kugler examinan la producci&oacute;n de drogasen   Colombia considerando los desproporcionados cambios regionales provocados por   el traslado de los cultivos de coca.    <br>   <a name=num14></a><sup><a href="#nu14">14</a></sup>En el Anexo 1 se muestra la   relaci&oacute;n inversa entre aumento de las incautaciones y reducci&oacute;n   de las actividades il&iacute;citas. Cort&eacute;s et al. (2012) y P&eacute;rez   (2012) presentan de dos maneras la efectividad de la PSD en la reducci&oacute;n   de la violencia.    <br>   <a name=num15></a><sup><a href="#nu15">15</a></sup>Angrist y Kugler (2008)   encontraron, por ejemplo, relaciones positivas entre el cultivo de coca y la   participaci&oacute;n laboral en las &aacute;reas rurales.    <br>   <a name=num16></a><sup><a href="#nu16">16</a></sup>En ejercicios anteriores se   us&oacute; el total de incautaciones y sus variaciones absolutas, y aunque los   grupos de tratamiento y control variaban ligeramente, los resultados fueron muy   similares, sin alterar las conclusiones. Se usa el porcentaje relativo para que   la interpretaci&oacute;n de los resultados sea m&aacute;s intuitiva.    <br>   <a name=num17></a><sup><a href="#nu17">17</a></sup>Podr&iacute;a haber un sesgo   de selecci&oacute;n del grupo de tratamiento porque los departamentos donde la   PSD fue m&aacute;s efectiva son los de mayor criminalidad. Esta posibilidad se   descart&oacute; pues en el grupo de tratamiento no se encontr&oacute; una   relaci&oacute;n significativa entre incautaciones y tasas de homicidios,   pirater&iacute;a terrestre, acciones terroristas, robo de veh&iacute;culos y   extorsi&oacute;n por cada 100 mil habitantes.    <br>   <a name=num18></a><sup><a href="#nu18">18</a></sup>No se tuvieron en cuenta los   departamentos situados al oriente del pa&iacute;s, porque las encuestas de   hogares no los incluyen debido a su baja densidad de poblaci&oacute;n. Esta   omisi&oacute;n puede ser problem&aacute;tica para el an&aacute;lisis porque a   pesar de su baja proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n, cubren grandes   extensiones de tierra con dif&iacute;cil acceso, propicias para las actividades   ilegales.    <br>   <a name=num19></a><sup><a href="#nu19">19</a></sup>Los dem&aacute;s bienes y   propiedades incautados muestran una tendencia similar.    <br>   <a name=num20></a><sup><a href="#nu20">20</a></sup>Los c&aacute;lculos se   hicieron para cada a&ntilde;o desde 2001 hasta 2006; aqu&iacute; solo se   presentan los de 2001 y 2006.    <br>   <a name=num21></a><sup><a href="#nu21">21</a></sup>Como las variables del   mercado laboral solo est&aacute;n disponibles para individuos mayores de 10   a&ntilde;os, para describir las caracter&iacute;sticas de la fuerza laboral tan   solo se incluyen los ni&ntilde;os de este rango de edad.    <br>   <a name=num22></a><sup><a href="#nu22">22</a></sup>Este tipo de trabajadores   representa un 50% de la fuerza laboral en las zonas rurales.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num23></a><sup><a href="#nu23">23</a></sup>Adem&aacute;s, la   especificaci&oacute;n incluye tendencias temporales por tipo de departamento   (tratamiento y control). Como dicen Angrist y Kugler (2008), este m&eacute;todo   de identificaci&oacute;n tiene la ventaja de controlar por problemas de   correlaci&oacute;n serial y variables omitidas; en la ecuaci&oacute;n (1) <i>g<sub>d</sub></i> se debe reemplazar por <i>g<sub>0d</sub></i> + <i>g<sub>1d</sub><sup>t</sup></i>.     <br>   <a name=num24></a><sup><a href="#nu24">24</a></sup>Formalmente, <i>y</i><sub>0</sub>, <i>y<sub>1</sub></i>&#57593; <i>D</i> |<i>x</i>, donde <i>y<sub>0</sub></i> y <i>y<sub>1</sub></i> corresponden a las variables resultado de los grupos de control y de   tratamiento, y <i>D</i> es la variable de tratamiento.    <br>   <a name=num25></a><sup><a href="#nu25">25</a></sup>Adultos: trabajadores del   sector privado, del sector p&uacute;blico, jornaleros y trabajadores por cuenta   propia; j&oacute;venes: ayudantes familiares sin remuneraci&oacute;n,   trabajadores del sector privado, jornaleros y trabajadores por cuenta propia;   ni&ntilde;os: ayudantes familiares sin remuneraci&oacute;n, jornaleros y cuenta   propia. En el Anexo5 se presenta una definici&oacute;n detallada de cada tipo   de trabajo.    <br>   <a name=num26></a><sup><a href="#nu26">26</a></sup>La versi&oacute;n bivariada,   entre dos variables <i>x<sub>k</sub></i> y <i>x<sub>l</sub></i>, del   estad&iacute;stico I de Mor&aacute;n se puede calcular as&iacute;: <img border=0 width=189 height=34 src="img/revistas/rei/v16n30/v16n30a10m2.jpg">, donde <i>W</i> corresponde a la matriz de contig&uuml;idad tipo "reina" de primer   orden, que define el conjunto de regiones vecinas para cada observaci&oacute;n.   El I de Moran indica hasta qu&eacute; punto el porcentaje de votos obtenidos en   un departamento est&aacute; correlacionado con la media ponderada (calculada   sobre los departamentos vecinos) del aumento de incautaciones.    <br>   <a name=num27></a><sup><a href="#nu27">27</a></sup>Se hicieron algunos   ejercicios preliminares teniendo en cuenta los datos demigraci&oacute;n de las   encuestas de hogares, pero en ning&uacute;n caso resultaron significativos, lo   que quiz&aacute; refleje la calidad de la informaci&oacute;n. No obstante,   Angrist y Kugler (2008), en su trabajo sobre conflicto y mercado laboral rural,   no encontraron efectos claros de la contribuci&oacute;n de la migraci&oacute;n.    <br>   <a name=num28></a><sup><a href="#nu28">28</a></sup>No se conoce el monto de   ingresos seg&uacute;n que las actividades sean l&iacute;citas o   il&iacute;citas, una carencia de informaci&oacute;n que puede limitar la   interpretaci&oacute;n de los resultados.    <br>   <a name=num29></a><sup><a href="#nu29">29</a></sup>La interpretaci&oacute;n de   los dem&aacute;s resultados es similar.    <br>   <a name=num30></a><sup><a href="#nu30">30</a></sup>Para una revisi&oacute;n   detallada del trabajo infantil en el &aacute;mbito internacional y sus   consecuencias socioecon&oacute;micas, ver Bachman (2000).    <br>   <a name=num31></a><sup><a href="#nu31">31</a></sup>El grupo de "ayudantes   familiares sin remuneraci&oacute;n" corresponde a los que trabajan al   menos una hora semanal en un negocio manejado por un familiar de su propio   hogar, y tiene algunas particulares: 1. En su mayor&iacute;a son ni&ntilde;os y   j&oacute;venes; 2. No reciben remuneraci&oacute;n por su trabajo; 3. Muchas   veces pueden realizarlo en el hogar, y 4. El trabajo se puede realizar   despu&eacute;s de la jornada estudiantil.    <br>   <a name=num32></a><sup><a href="#nu32">32</a></sup>La pregunta es importante si   se tiene en cuenta que los ni&ntilde;os con mayor propensi&oacute;n a trabajar   son tambi&eacute;n los ni&ntilde;os con menor probabilidad de asistir al   colegio (Mancorda, 2006).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num33></a><sup><a href="#nu33">33</a></sup>Esta secci&oacute;n se basa   principalmente en DNE (2002).    <br>   <a name=num34></a><sup><a href="#nu34">34</a></sup>La   "confiscaci&oacute;n" fue sustituida por la "extinci&oacute;n   de dominio", la acci&oacute;n del gobierno que declara terminado el   dominio sobre bienes provenientes de actividades ilegales, no solo del   narcotr&aacute;fico.    <br>   <a name=num35></a><sup><a href="#nu35">35</a></sup>En esa etapa, la   legislaci&oacute;n internacional no cubr&iacute;a solo la lucha contra los   bienes producto del narcotr&aacute;fico, sino tambi&eacute;n contra bienes   provenientes de otras modalidades de crimen organizado.    <br>   <a name=num36></a><sup><a href="#nu36">36</a></sup>El gobierno ya hab&iacute;a   facultado a la DNE para encargarse de las propiedades provenientes de   organizaciones criminales.</p> <hr>     <p><B>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <!-- ref --><p>1. Angrist, J. y A. Kugler. "Rural windfall or a new resource curse? Coca, income, and civil conflict in Colombia", <I>The Review of Economics and Statistics</I> XC, 2, 2008, pp. 191-215.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996201400010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Angrist, J. y J. Pischke. <I>Mostly harmless econometrics. An empiricist's companion</I>, Princeton, Princeton University Press, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996201400010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Bachman, S. L. "A new economics of child labor: Searching for answers behind the headlines", <I>Journal of International Affairs</I> 53, 2, 2000, pp. 545-572.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996201400010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Becker, G. "Crime and punishment: An economic approach", <I>The Journal of Political Economy</I> 76, 2, 1968, pp. 169-217.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996201400010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Card, D. "Using regional variation to measure the effect of the federal minimum wage", <I>Industrial and Labor Relations Review</I> 46, 1, 1992, pp. 22-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996201400010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Cort&eacute;s, D.,et al.. "Seguridad Democr&aacute;tica, presencia de la polic&iacute;a y conflicto en Colombia", <I>Desarrollo y Sociedad</I> 69, 2012, pp. 11-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996201400010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. DNE. <I>Problem&aacute;tica de las drogas en Colombia</I>, Bogot&aacute;, D.C., DNE, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996201400010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Draca, M.; S. Machin y R. Witt. "Panic on the streets of London: Police, crime and the July 2005 terror attacks", <I>American Economic Review</I> 101, 5, 2011, pp. 2157-2181.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996201400010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Ehrlich, I. "Participation in illegitimate activities: A theoretical and empirical investigation", <I>Journal of Political Economy</I> 81, 3, 1973, pp. 521-565.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996201400010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Ehrlich, I. "Capital punishment and deterrence: Some further thoughts and additional evidence", <I>Journal of Political Economy</I> 85, 4, 1977, pp. 741-788.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996201400010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Ehrlich, I. "On the usefulness of controlling individuals: An economic analysis of rehabilitation, incapacitation, and deterrence", <I>American Economic Review</I> 71, 3, 1981, pp. 307-322.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996201400010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Machin, S.	 y O. Marie. "Crime and police resources: The street crime initiative", <I>Journal of the European Economic Association</I> 9, 4, 2011, pp. 678-701.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996201400010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. P&eacute;rez, G. "Primera versi&oacute;n de la pol&iacute;tica de seguridad democr&aacute;tica: se cumplieron los objetivos?", <I>Revista de Econom&iacute;a del Rosario </I>15, 2, 2012, pp. 179-213.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996201400010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Rabasa, A. y P.	 Chalk. <I>Colombian labyrinth: The synergy of drugs and insurgency and its implications for regional stability</I>, Los Angeles, RAND, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996201400010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. United Nations. <I>Single Convention on Narcotic Drugs, 1961</I>, New York, United Nations International Narcotics Control Board, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996201400010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. United Nations. <I>United Nations Convention against illicit traffic innarcotic drugs and psychotropic substances</I>, New York, 1988 &#91;<a href="http://www.unodc.org/pdf/convention_1988_en.pdf" target="_blank">http://www.unodc.org/pdf/convention_1988_en.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996201400010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>17. United Nations. <I>United Nations Convention against transnational organized crime and the protocols the reto</I>, New York, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996201400010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. United Nations. "Optional protocol to the model treaty on mutual assistance in criminal matters concerning the proceeds of crime",December 14, 1990, p. 218, &#91;<a href="http://www.un.org/spanish/documents/instruments/docs_sp.asp?type=conven" target="_blank">http://www.un.org/spanish/documents/instruments/docs_sp.asp?type=conven</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996201400010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>19. United Nations. "Intentional homicide, rate per 100.000 population", Office on Drugs and Crime-International Homicide Statistics (IHS), 2004 &#91;<a href="http://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/IHS-rates-05012009.pdf" target="_blank">http://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/IHS-rates-05012009.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996201400010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>  </font>      ]]></body><back>
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<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
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