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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>C&Oacute;MO SE DIFUNDI&Oacute; A KEYNES DESDE ESTADOS UNIDOS</b></font></p>     <p align="center"><I>Albert Otto Hirschman<sup>*</sup></I></p>     <p><sup>*</sup>Tomado de <I>Challenge</I> 31, 6, 1988, pp. 4-7. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano; se publica con las autorizaciones correspondientes.</p>     <p>Fecha de   recepci&oacute;n: 1 de marzo de 2014, fecha de aceptaci&oacute;n: 25 de abril   de 2014.</p> <hr>     <p>John   Kenneth Galbraith escribi&oacute; su famoso art&iacute;culo "C&oacute;mo   lleg&oacute; Keynes a Estados Unidos" a mediados de los a&ntilde;os   sesenta. En la introducci&oacute;n a <i>Econom&iacute;a, paz y risa</i>, la colecci&oacute;n   en la que se reedit&oacute;, se&ntilde;ala: "no s&eacute; por qu&eacute;   raz&oacute;n es el ensayo que m&aacute;s veces se ha reimpreso de los que he   escrito". En realidad hay muchas razones. El art&iacute;culo es muy   informativo (aun un poco chismoso) as&iacute; como caracter&iacute;sticamente   agudo y ocurrente, y trata un tema fascinante: la transmisi&oacute;n y   difusi&oacute;n de ideas econ&oacute;micas que llegan a ser   pol&iacute;ticamente poderosas. Aqu&iacute; mi prop&oacute;sito no es repasar   el terreno que Ken ya cubri&oacute; con gran destreza. Me interesa en cambio un   aspecto complementario de la historia en la que estuve involucrado mientras   trabaj&eacute; en el Plan Marshall en Washington, de 1946 a 1952: la <i>reexportaci&oacute;n </i>de las ideas y doctrinas keynesianas <i>desde </i>Estados Unidos durante   ese periodo de posguerra. Adem&aacute;s, su art&iacute;culo data de la   &eacute;poca en que la influencia de las ideas keynesianas estaba en su   c&eacute;nit, mientras que mis observaciones no pueden dejar de ser afectadas   por el notable cambio del clima intelectual que ocurri&oacute; en los veinte   a&ntilde;os posteriores. </p>     <p><b>PARALELOS   HIST&Oacute;RICOS </b></p>     <p>Como   resultado de este cambio uno se siente tentado a parafrasear un famoso   pronunciamiento de los sesenta y proclamar "hoy todos somos   postkeynesianos". Desde esa posici&oacute;n ventajosa cobran forma   algunas observaciones nuevas. Por ejemplo, hoy se puede trazar un notable paralelo   entre el destino de la doctrina del libre comercio en el siglo XIX y el ascenso   y declive del keynesianismo en el siglo XX. </p>     <p>En 1846 el   libre comercio obtuvo su mayor victoria dom&eacute;stica en Gran   Breta&ntilde;a, en ese entonces la potencia mundial dominante, con la   abolici&oacute;n de las Leyes de Cereales. La doctrina pronto obtuvo un alto   grado de hegemon&iacute;a internacional, que se manifest&oacute; y fue   acentuado por el Tratado Cobden-Chevalier de 1852. Pero sufri&oacute; reveses   con la llegada de la Gran Depresi&oacute;n en la d&eacute;cada de 1870 y fue   sustituida por las pol&iacute;ticas neomercantilistas e imperialistas adoptadas   por las principales potencias continentales y Estados Unidos. La doctrina del   libre comercio tambi&eacute;n lleg&oacute; a ganar conversos   pol&iacute;ticamente poderosos en el protagonista original, el Reino Unido.</p>     <p>El   keynesianismo, la doctrina econ&oacute;mica que expuso Keynes en su <i>Teor&iacute;a     general </i>(1936), obtuvo su primer gran &eacute;xito en la adquisici&oacute;n   de influencia sobre la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de una gran potencia en   Estados Unidos, en el curso y como resultado de la recesi&oacute;n de 1938.Esa   influencia se reforz&oacute; notablemente durante la Segunda Guerra Mundial.   Debido al resultado de la guerra, Estados Unidos adquiri&oacute; el estatus de   superpotencia y procedi&oacute; a promover pol&iacute;ticas de tipo keynesiano.   Y logr&oacute; impulsarlas debido a su nueva posici&oacute;n en el mundo y   porque consigui&oacute; gran influencia directa en las pol&iacute;ticas   econ&oacute;micas de otros pa&iacute;ses importantes, a trav&eacute;s de sus   programas de ayuda de posguerra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de   muchas resistencias, el keynesianismo curiosamente adquiri&oacute; un alto   grado de hegemon&iacute;a intelectual durante casi tanto tiempo como la   doctrina del libre comercio, treinta a&ntilde;os, de los cuarenta a los   setenta. Empez&oacute; a decaer con los choques petroleros de los setenta y la   inquietante experiencia concomitante de la estanflaci&oacute;n. El predominio   te&oacute;rico que el keynesianismo ejerci&oacute; por mucho tiempo fue   impugnado cada vez m&aacute;s por las doctrinas neomonetaristas y   "ofertistas" que se originaron en el mismo pa&iacute;s -Estados   Unidos- desde el cual se difundi&oacute; el mensaje keynesiano.</p>     <p>El   prop&oacute;sito de esbozar este paralelo hist&oacute;rico no es insinuar que   las doctrinas econ&oacute;micas influyentes llegan y se van a intervalos   regulares, como escuelas de pintura tales como el impresionismo o el   expresionismo abstracto, ni examinar el curioso hecho de que lograran   hegemon&iacute;a durante las d&eacute;cadas intermedias de siglos consecutivos.   Es, m&aacute;s bien, se&ntilde;alar que ambos episodios tienen en com&uacute;n   tres elementos caracter&iacute;sticos: </p> <ul>       <li>Una     doctrina econ&oacute;mica reci&eacute;n surgida lleg&oacute; a adquirir     influencia dominante <i>dentro</i> de un pa&iacute;s muy especial: un     pa&iacute;s notablemente C&oacute;mo se difundi&oacute; a Keynes desde     Estados Unidos dotado de poder militar y del prestigio que proviene de ser     un importante faro del progreso econ&oacute;mico.</li>       <li>Este     pa&iacute;s luego sinti&oacute; el ansia de exportar la doctrina a los     dem&aacute;s pa&iacute;ses e inicialmente logr&oacute; cierta     hegemon&iacute;a internacional para ella.</li>       <li>Pese     a la combinaci&oacute;n aparentemente invencible de un cuerpo de     pensamiento persuasivo y del patrocinio del pa&iacute;s m&aacute;s     "moderno"(que era tambi&eacute;n una gran potencia mundial),     las doctrinas pronto encontraron numerosas resistencias y su reinado     result&oacute; ser, inesperadamente, de corta vida. Adem&aacute;s, fueron     impugnadas dentro de los mismos pa&iacute;ses que las hab&iacute;an     difundido.</li>     </ul>     <p><b>LAS   HISTORIAS DIVERGEN </b></p>     <p>La   visi&oacute;n comparativa de la difusi&oacute;n del libre comercio y del   keynesianismo tambi&eacute;n llama la atenci&oacute;n sobre una importante   diferencia entre ambas historias. La doctrina del libre comercio surgi&oacute;   en Inglaterra, se convirti&oacute; en pol&iacute;tica oficial de ese pa&iacute;s   y fue "exportada", junto con sus preciadas manufacturas, al resto   del mundo. El keynesianismo tambi&eacute;n surgi&oacute; en Inglaterra, pero   gan&oacute; su batalla m&aacute;s significativa por la influencia en el   dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas dom&eacute;sticas en Estados Unidos durante   los a&ntilde;os treinta y la Segunda Guerra Mundial, despu&eacute;s se   difundi&oacute; desde all&iacute; al final de la guerra. Quiz&aacute; no sea de   mucho inter&eacute;s que el pa&iacute;s originario y misionero fuese   id&eacute;ntico en la historia del libre comercio, mientras que en el caso del   keynesianismo dos pa&iacute;ses diferentes asumieron sucesivamente la   funci&oacute;n de "invenci&oacute;n" y la de difusi&oacute;n   mundial. En cambio, las caracter&iacute;sticas atrayentes residen en algunos   aspectos espec&iacute;ficos de "C&oacute;mo Keynes lleg&oacute; a Estados   Unidos y se difundi&oacute; desde all&iacute;", para ampliar el   t&iacute;tulo del art&iacute;culo de Galbraith. </p>     <p>Galbraith   nos cont&oacute; c&oacute;mo llegaron las ideas keynesianas a una universidad   clave (Harvard) y a algunas agencias clave de Washington (la Junta de la   Reserva Federal, la Secretar&iacute;a de Hacienda, la Oficina de Presupuesto) a   ra&iacute;z de la prolongada depresi&oacute;n de los a&ntilde;os treinta, en   particular de la aguda y aflictiva recesi&oacute;n de 1938. Rara vez en la   historia algunas proposiciones b&aacute;sicas de una teor&iacute;a   econ&oacute;mica fueron tan sorprendentemente confirmadas por los   acontecimientos como durante el periodo 1938-1945 en Estados Unidos. El nuevo y   heterodoxo concepto keynesiano de equilibrio con subempleo aclar&oacute; las   continuas dificultades de finales de los a&ntilde;os treinta, particularmente   evidentes en Estados Unidos. Poco despu&eacute;s, la capacidad del gasto del   gobierno para vigorizar la econom&iacute;a y orientarla al pleno empleo (con   los controles de tiempos de guerra para restringir los impulsos inflacionarios)   fue juzgada como otra y m&aacute;s positiva comprobaci&oacute;n de la   correcci&oacute;n del an&aacute;lisis keynesiano. Estas verificaciones   experimentales de la teor&iacute;a -tan poco caracter&iacute;sticas de las   proposiciones de la ciencia social- podr&iacute;an haber sido suficientes para   que muchos economistas tomaran en serio las ideas de Keynes, pero, como se ha   comentado a menudo, la ret&oacute;rica de la<i> Teor&iacute;a general </i>tambi&eacute;n   contribuy&oacute; a formar una pandilla de iniciados y devotos parecida a una   secta, por un lado, as&iacute; como a un grupo de adversarios ac&eacute;rrimos,   por el otro. </p>     <p><b>POPULISMO   Y "OSCURIDAD FASCINANTE" </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es   conveniente hacer hincapi&eacute; en el &uacute;ltimo punto. Como Walter Salant   se&ntilde;al&oacute;, Keynes mostr&oacute; que, en una situaci&oacute;n de   subempleo, muchas intuiciones de sentido com&uacute;n acerca de las relaciones   econ&oacute;micas no son de ning&uacute;n modo falaces, como durante mucho   tiempo se crey&oacute; y ense&ntilde;&oacute; en la profesi&oacute;n: contrario   a la ley de Say, <i>puede</i> existir sobreproducci&oacute;n general, el gasto   deficitario del gobierno <i>puede</i> activar la econom&iacute;a y, horror de   los horrores, la imposici&oacute;n mercantilista de derechos de   importaci&oacute;n y subsidios de exportaci&oacute;n puede mejorar la balanza   comercial y el empleo dom&eacute;stico. Al proponer estas herej&iacute;as   populares y populistas, Keynes amenaz&oacute; a los economistas tradicionales,   no solo en sus creencias, sino en su estatus dif&iacute;cilmente ganado como   altos sacerdotes de una ciencia arcana que en buena medida deb&iacute;a su   prestigio a la pretensi&oacute;n de que gran parte de la comprensi&oacute;n de   sentido com&uacute;n de las relaciones econ&oacute;micas era lamentablemente   err&oacute;nea. Esa es una raz&oacute;n para la perpetua hostilidad de algunos   miembros importantes de la profesi&oacute;n hacia el sistema keynesiano.</p>     <p>Pero   aunque rehabilit&oacute; el sentido com&uacute;n, Keynes no expuso su   teor&iacute;a en t&eacute;rminos de sentido com&uacute;n. Por el contrario,   envi&oacute; su mensaje en un texto de oscuridad "fascinante", como   dijo Galbraith. Adem&aacute;s, Keynes present&oacute; a menudo sus   proposiciones en forma contra intuitiva y no como sentido com&uacute;n   confirmado. Por ejemplo, en vez de decir a sus lectores que las decisiones   individuales convergentes de reducir el consumo pueden iniciar un declive   econ&oacute;mico (sentido com&uacute;n), recurri&oacute; a la proposici&oacute;n   contra intuitiva pero equivalente de que una irrupci&oacute;n de decisiones   individuales de ahorrar m&aacute;s no aumentar&aacute; el ahorro agregado. De   este modo logr&oacute; presentar el sentido com&uacute;n en un ropaje   parad&oacute;jico y de hecho hizo su teor&iacute;a doblemente atractiva: al   mismo tiempo satisfizo el ansia de populismo de los intelectuales y su gusto   por la dificultad y la paradoja.</p>     <p>El sistema   keynesiano atrajo as&iacute; a un grupo de seguidores muy devotos. Les dio el   estimulante sentimiento de poseer la clave de la C&oacute;mo se difundi&oacute;   a Keynes desde Estados Unidos verdad mientras eran hostigados repetidamente por   una coalici&oacute;n de ignorantes e intereses siniestros. Adem&aacute;s, los   a&ntilde;os treinta fueron un periodo sumamente ideol&oacute;gico o   "doctrinal", y el keynesianismo, con su revaluaci&oacute;n del   papel correcto del Estado, del mundo de los negocios y de los intelectuales (de   los economistas en particular),ofreci&oacute; una "tercera   v&iacute;a" atractiva que pod&iacute;a competir con los credos fascistas   y marxistas de la &eacute;poca. </p>     <p><b>LOS   KEYNESIANOS ESTADOUNIDENSES ERAN MISIONEROS </b></p>     <p>Fue en   Estados Unidos donde estos factores convergieron de modo m&aacute;s efectivo   para crear un grupo en&eacute;rgico e influyente de keynesianos poco antes y   durante la Segunda Guerra Mundial. Luego vino el giro   "ex&oacute;geno" peculiar de la historia: el resultado de la   guerra. Estados Unidos fue impelido s&uacute;bitamente al liderazgo militar y   pol&iacute;tico mundial, y su grupo de keynesianos devotos e inspirados   pod&iacute;a ir ahora a los rincones m&aacute;s lejanos de la parte del globo   controlada por Estados Unidos para predicar su evangelio a un variado conjunto   de nativos a&uacute;n no convertidos. Y eso es lo que hicieron, respaldados por   el prestigio y el poder de Estados Unidos, primero ocupando cargos en los   gobiernos militares establecidos en Alemania y Jap&oacute;n, y luego   proporcionando buena parte del personal calificado necesario para administrar   la ayuda del Plan Marshall, tanto en Washington como en las misiones   acreditadas ante los pa&iacute;ses que recib&iacute;an esa ayuda.</p>     <p>Abalanzados   sobre las oportunidades reci&eacute;n abiertas y muy atractivas para difundir   el mensaje y ejercer poder en el extranjero, los keynesianos estadunidenses,   que despu&eacute;s de todo eran un grupo peque&ntilde;o, dejaron el frente   dom&eacute;stico peligrosamente desprotegido. La retirada que en Estados Unidos   se impuso a la causa keynesiana en el inmediato periodo de posguerra (con la   mutilaci&oacute;n de la Ley de Pleno Empleo, p. ej.) puede ser explicada en   parte por este factor. Por otro lado, las dificultades para mantener su dominio   en la pol&iacute;tica interna en el clima m&aacute;s contencioso y conservador   de la era Truman pueden haber convencido a muchos keynesianos estadounidenses   afamados y dotados de que tendr&iacute;an tiempos m&aacute;s f&aacute;ciles y   m&aacute;s rentables usando sus habilidades en los teatros de operaciones   reci&eacute;n abiertos en el extranjero. Tales son las dial&eacute;cticas del   Imperio, en especial cuando es de una variedad instant&aacute;nea. </p>     <p>En suma,   la difusi&oacute;n del keynesianismo ocurri&oacute; despu&eacute;s de la   Segunda Guerra Mundial debido a una extraordinaria constelaci&oacute;n de   circunstancias: primero la formaci&oacute;n de un n&uacute;cleo de keynesianos   en Estados Unidos, en funci&oacute;n de problemas econ&oacute;micos <i>dom&eacute;sticos</i>;   luego, la victoria militar de ese pa&iacute;s y, despu&eacute;s, el intento de   "colonizaci&oacute;n" del resto del "mundo libre" con   ideas keynesianas. La forma peculiar de la historia quiz&aacute; se entienda   mejor recordando un paralelo hist&oacute;rico aparentemente extra&ntilde;o. En   el siglo XV, los Reyes Cat&oacute;licos de Espa&ntilde;a completaron,   despu&eacute;s de siglos de lucha contra los musulmanes, la reconquista de ese   pa&iacute;s. En el curso de ese acontecimiento que hizo &eacute;poca, los   "c&iacute;rculos gobernantes" del reino quedaron imbuidos de un   extraordinario esp&iacute;ritu de fervor, de celo misionero y de poder. Con el   descubrimiento del Nuevo Mundo (el acontecimiento ex&oacute;geno en esa   historia), ese esp&iacute;ritu ardiente encontr&oacute; un desfogue listo e   inspir&oacute; la conquista militar que se escenificar&iacute;a en el nuevo   continente y en los subsiguientes e intensos esfuerzos proselitistas del Estado   y la Iglesia espa&ntilde;oles. Una diferencia significativa entre las dos   historias es que, a diferencia de Estados Unidos, Espa&ntilde;a no pas&oacute;   a difundir una fe totalmente diferente treinta a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>     <p>Este   paralelo ex&oacute;tico solo sirve para subrayar el car&aacute;cter no   replicable de la historia que he contado. Ciertamente no produce nada parecido   a un "modelo" utilizable del proceso a trav&eacute;s del cual las   ideas econ&oacute;micas ganan influencia pol&iacute;tica. O, si lo hace, es del   tipo del viejo consejo a un joven que quiere conocer el secreto para hacerse   rico: "Consigue un abuelo rico". Parecer&iacute;a que, para   adquirir influencia mundial, una idea econ&oacute;mica primero debe ganarse a   la &eacute;lite en un solo pa&iacute;s, luego este pa&iacute;s debe ejercer o   tener la oportunidad de adquirir un grado de liderazgo mundial y, finalmente,   la &eacute;lite del pa&iacute;s debe estar motivada y debe aprovechar la   oportunidad para difundir el nuevo mensaje econ&oacute;mico.</p>     <p>Es evidente   que he subrayado las caracter&iacute;sticas &uacute;nicas de la difusi&oacute;n   del keynesianismo. Mi historia no se presta, por tanto, para derivar un   conjunto estable de precondiciones para la difusi&oacute;n de las ideas. No   obstante, la historia puede tener otro tipo de utilidad. Nos advierte y nos   pone en guardia para que, la pr&oacute;xima vez, podamos encontrar una muy   diferente combinaci&oacute;n de circunstancias para explicar (o promover) la   adquisici&oacute;n de influencia pol&iacute;tica por parte de una idea econ&oacute;mica. </p>     <p><b>UN   ACERTIJO FINAL </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Resta   decir algo, desde la perspectiva que aqu&iacute; se adopta, sobre el muy   diferente grado de influencia que ejerci&oacute; el keynesianismo en los   pa&iacute;ses que fueron expuestos a una gran influencia estadounidense   inmediatamente despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, y junto con ella a   las ideas keynesianas. Los factores hist&oacute;ricos espec&iacute;ficos   peculiares a C&oacute;mo se difundi&oacute; a Keynes desde Estados Unidos cada   pa&iacute;s -y que explican parte de la variaci&oacute;n- son bien conocidos:   la repulsi&oacute;n en Italia y Alemania, despu&eacute;s de las experiencias   fascista y nazi, contra la interferencia estatal en la econom&iacute;a; opuesta   a la apertura a la innovaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en   Francia que se hab&iacute;a estancado lamentablemente en los a&ntilde;os   treinta, en gran medida bajo los dict&aacute;menes de manejo econ&oacute;mico   "ortodoxos" (resistencia a la devaluaci&oacute;n e insistencia en   la deflaci&oacute;n).</p>     <p>Pero   a&uacute;n queda un acertijo. Si la influencia estadounidense significa   exposici&oacute;n a las ideas keynesianas como resultado de la   dispersi&oacute;n de keynesianos estadounidenses, &iquest;por qu&eacute; en   Alemania y Jap&oacute;n, que estaban bajo ocupaci&oacute;n y gobierno militar   estadounidense y donde el poder de Estados Unidos era por ello m&aacute;s   fuerte, la influencia de las ideas keynesianas en el dise&ntilde;o de   pol&iacute;ticas fue mucho m&aacute;s d&eacute;bil que en Francia e Italia, que   solo estaban sujetos a la asesor&iacute;a estadounidense como receptores de una   ayuda sustancial de Estados Unidos? Para ayudar a explicar esta paradoja deseo   proponer una hip&oacute;tesis que debe ser comprobada por la   investigaci&oacute;n de archivos, pero que, como participante activo en esos   acontecimientos, pienso que es correcta.</p>     <p>Al final   de la Segunda Guerra Mundial, los keynesianos estadounidenses formaban un grupo   cohesionado, combativo e influyente, aunque, como ya se&ntilde;al&eacute;,   tambi&eacute;n muy asediado. Ten&iacute;an como base diversos organismos del   gobierno en Washington y un n&uacute;mero todav&iacute;a muy peque&ntilde;o de   las principales universidades. En el gobierno, esos economistas keynesianos   ten&iacute;an influencia en materia de asesor&iacute;a pero no en cargos administrativos   directos, de acuerdo con el aforismo de Washington: los economistas deben   "estar a disposici&oacute;n y no al mando".</p>      <p>Cuando el   gobierno estadounidense fue s&uacute;bitamente llamado a improvisar un aparato   de gobierno militar en Alemania y Jap&oacute;n, en los altos cargos se   nombr&oacute; a oficiales del ej&eacute;rcito y hombres de negocios   experimentados, banqueros, abogados y otro tipo de administradores. Estos   grupos no hab&iacute;an sido convertidos al keynesianismo y tend&iacute;an a   serle hostiles en la medida en que ten&iacute;an una opini&oacute;n al   respecto.(En los pa&iacute;ses ocupados por el ej&eacute;rcito -Alemania en   particular- hubo a menudo conflicto entre los administradores de alto nivel y   los asesores keynesianos dentro del gobierno militar estadounidense.) Por el   contrario, en los dem&aacute;s pa&iacute;ses los altos cargos disponibles para   los estadounidenses eran los de asesores econ&oacute;micos de los gobiernos   aliados, y se otorgaron a los keynesianos estadounidenses, que por tanto   ten&iacute;an pr&aacute;cticamente la &uacute;ltima palabra en la   pol&iacute;tica econ&oacute;mica que Estados Unidos trazaba para la   administraci&oacute;n local. Por ello, los keynesianos estadounidenses fueron   m&aacute;s influyentes en los pa&iacute;ses donde Estados Unidos ten&iacute;a   menos poder y lo ejerc&iacute;a indirectamente, a trav&eacute;s de asesores, y   no directamente, por medio de administradores directos. </p>     <p><b>RESUMEN </b></p>     <p>Despu&eacute;s   de la Segunda Guerra Mundial, los keynesianos estadounidenses se abalanzaron   sobre los empleos de asesor&iacute;a en el extranjero cuando su pa&iacute;s   victorioso trabaj&oacute; para reconstruir las econom&iacute;as destruidas por   la guerra. Tuvieron &eacute;xito en difundir el evangelio, pero dejaron   desprotegido el frente dom&eacute;stico.</p>     <p>After   World War II, U.S. Keynesians flocked to advisory jobsabroad as a victorious   America worked to rebuild war-torn economies. They succeeded in spreading the   gospel, but left the home-frontun protected.</p>  </font>      ]]></body>
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