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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>ILEGALES, HONGOS Y LEVADURA</b></font></p>     <p align="center"><font size="3">Comentario a <i>Tiran&iacute;a de los expertos </i>de Willam Easterly, con una cr&iacute;tica a dos trabajos de expertos</font></p>     <p align="center"><i>Mauricio Rubio</i>*</p>     <p>* Candidato a PhD en Econom&iacute;a, profesor investigador de la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:mauriciorubiop@gmail.com">mauriciorubiop@gmail.com</a>&#93;.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 1 de septiembre de 2014, fecha de modificaci&oacute;n: 20 de septiembre de 2014, fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de octubre de 2014.</p>     <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Rubio, M. &quot;Ilegales, hongos y levadura&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>16, 31, 2014, pp. 359-408.</p> <hr>     <p>&quot;Las diferencias de ingresos resultantes de cualquier forma de discriminaci&oacute;n, como las de raza o g&eacute;nero, son min&uacute;sculas comparadas con las brechas que causan las fronteras nacionales&quot;. Esta frase de un art&iacute;culo publicado en <i>Slate </i>en 2008 destaca el principal aporte del provocador libro de William Easterly, que pone sobre el tapete la contradicci&oacute;n m&aacute;s protuberante del discurso econ&oacute;mico, de las relaciones internacionales y del paradigma de derechos humanos: las restricciones a los flujos internacionales de personas, asim&eacute;tricas y concentradas con sa&ntilde;a en la poblaci&oacute;n pobre, la que m&aacute;s se beneficiar&iacute;a con una apertura de las fronteras.</p>     <p>Aunque el alcance del libro es m&aacute;s amplio, destaco este aspecto inusual en la literatura acad&eacute;mica y s&iacute;ntoma del desinter&eacute;s por la suerte de buena parte de la poblaci&oacute;n menos favorecida. Otro aporte es el examen de la visi&oacute;n estrecha, deductiva y poco democr&aacute;tica de los tecn&oacute;cratas sobre el desarrollo econ&oacute;mico. Utilizo los argumentos contra la &quot;tiran&iacute;a de los expertos&quot; para criticar un famoso trabajo que padece esos defectos y que ignora la inmigraci&oacute;n ilegal, un descuido inaceptable en lo que pretende ser una s&iacute;ntesis de la teor&iacute;a del desarrollo comparativo, econ&oacute;mico, pol&iacute;tico e institucional. Despu&eacute;s centro la atenci&oacute;n en un ensayo sorprendentemente influyente sobre el conflicto colombiano, que adolece de manera m&aacute;s marcada de esos problemas. Para concluir se&ntilde;alo algunas &quot;pajas en el ojo propio&quot; del libro de Easterly que con acierto ve la viga en el ojo ajeno.</p>     <p><b>EL GRAN LUNAR DE LAS DOCTRINAS DE ESO MEJOR NI HABLAR</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ignorando la ineficacia de los controles a la inmigraci&oacute;n analizada por unos pocos acad&eacute;micos, rescatados por Easterly, los pol&iacute;ticos europeos y estadounidenses llevan a&ntilde;os reforzando las fronteras. El &uacute;ltimo paso en esta escalada reguladora es la presi&oacute;n sobre los pa&iacute;ses africanos expulsores de migrantes para embarcarlos en la lucha contra el &quot;tr&aacute;fico de seres humanos&quot;. La cumbre euro-africana de abril de 2014 dio un nuevo apret&oacute;n a los mal llamados ilegales.</p>     <p>En d&iacute;as cercanos a esta cumbre, los medios colombianos destacaron la visita de Joseph Stiglitz, un representante de los tecn&oacute;cratas que Easterly llama &quot;aliados de los tiranos&quot;, despreocupados por c&oacute;mo gobiernan, y sin plena conciencia del impacto de sus sugerencias sobre los derechos de los m&aacute;s pobres. Una entrevista concedida por Stiglitz a Cristina Castro <i>(Semana, </i>2014) -&quot;Si yo fuera Santos...&quot;- no pod&iacute;a ilustrar mejor esa inocultable vocaci&oacute;n por el poder y la ligereza de los expertos que asesoran pol&iacute;ticos en pa&iacute;ses que apenas conocen.</p>     <p>La coincidencia de estos dos hechos, sumada al anuncio de eliminar las visas de turismo en el espacio Schengen, me record&oacute; la &eacute;poca de inmigrante en Espa&ntilde;a cuando buscaba papeles de trabajo y, en particular, dos intercambios de opiniones con personas situadas en los extremos de la reflexi&oacute;n sobre la inmigraci&oacute;n ilegal. Primero, en las fr&iacute;as calles madrile&ntilde;as, con una ecuatoriana que tramitaba su visa de residente y, algo despu&eacute;s, en la estratosfera tecnocr&aacute;tica, con el mismo Joseph Stiglitz en la sede del Banco Mundial.</p>     <p>El hermano de Eulalia, la ecuatoriana, no hab&iacute;a podido salir de la clandestinidad y ella no entend&iacute;a la l&oacute;gica de los obst&aacute;culos para trabajar legalmente: le sobraban oportunidades, no perjudicaba a nadie, sus contratantes no ten&iacute;an otras opciones y el salario era bueno. Adem&aacute;s, no pagaba impuestos ni cotizaba a la seguridad social como estaba dispuesto a hacer; no pod&iacute;a salir del pa&iacute;s ni alquilar vivienda. &quot;Todos pierden&quot;, dijo desconcertada. Mi aporte a su escueta y precisa descripci&oacute;n de la ineficacia de los procedimientos de inmigraci&oacute;n fue decirle que el sistema era, adem&aacute;s, muy regresivo. Eulalia se sorprendi&oacute; con mi visa de profesor universitario que ins&oacute;litamente disfrutaba el mismo r&eacute;gimen de futbolistas, actores y m&uacute;sicos: al empleador no le incumbe si el trabajo lo puede realizar un espa&ntilde;ol, una de las principales trabas para que un inmigrante no calificado consiga un permiso de trabajo. Le chocaba la idea de que en Espa&ntilde;a, que ella percib&iacute;a m&aacute;s democr&aacute;tica e igualitaria que Ecuador, hubiera tales privilegios, y le extra&ntilde;aron esas prerrogativas incompletas que me obligaban a hacer fila de madrugada ante la polic&iacute;a, como a ella. En Ecuador, dijo, me habr&iacute;an llevado los documentos para firmar a la oficina, o un mensajero habr&iacute;a hecho las filas por m&iacute;.</p>     <p>Meses despu&eacute;s de esta conversaci&oacute;n, el Banco Mundial me invit&oacute; a la conferencia anual sobre econom&iacute;a del desarrollo para comentar un trabajo sobre el impacto de la violencia. El anfitri&oacute;n era Joseph Stiglitz, quien dos a&ntilde;os despu&eacute;s recibir&iacute;a el premio Nobel, y que en el almuerzo final hizo un balance. Consideraba bien expuestas y discutidas todas las &aacute;reas importantes para la tarea de apoyar a las naciones pobres. Como por no dejar, pregunt&oacute; si en la conferencia se hab&iacute;an pasado por alto temas relevantes para la agenda del desarrollo. Sab&iacute;a poco de migraciones internacionales y dud&eacute; en intervenir, pero record&eacute; a Eulalia y la mencion&eacute; como una &quot;experta en latinos&quot; que hab&iacute;a conocido en Madrid y que habr&iacute;a propuesto evaluar las leyes de inmigraci&oacute;n, ineficientes, inequitativas e incoherentes con la apertura de los dem&aacute;s mercados. Sorprendido, Stiglitz no encontr&oacute; qu&eacute; decir, y varios tecn&oacute;cratas corrieron en su auxilio subrayando la complejidad pol&iacute;tica del asunto. Por fortuna para m&iacute;, que no ten&iacute;a qu&eacute; responder ante una observaci&oacute;n tan evidente, dos de los asistentes -uno indio y otro pakistan&iacute;- replicaron que cuando los tecn&oacute;cratas empezaron a recomendar abrir las econom&iacute;as, las dificultades pol&iacute;ticas y legales parec&iacute;an infranqueables, y sin embargo no desistieron ante la falta de claridad sobre c&oacute;mo hacerla efectiva, sino que, por el contrario, destacaron las ventajas sugeridas por la teor&iacute;a econ&oacute;mica. No hubo m&aacute;s comentarios y Stiglitz cambi&oacute; de tema.</p>     <p>Los tecn&oacute;cratas y economistas del desarrollo no son los &uacute;nicos que silencian la discusi&oacute;n de las restricciones legales a la inmigraci&oacute;n. Para Easterly, un buen indicio de ese veto impl&iacute;cito es que no haya sido motivo de una cumbre de las Naciones Unidas.</p>     <blockquote>    <p>No se requiere mucho para que la ONU organice una cumbre. La cumbre t&iacute;pica declarar&aacute; que algo constituye un problema y sugerir&aacute; acciones internacionales para enfrentarlo &#91;...&#93; Un indicio de la sensibilidad pol&iacute;tica de las migraciones como tema de discusi&oacute;n es que no ha logrado pasar los bajos requisitos para convocar una cumbre de la ONU (Easterly, 2013).</p></blockquote>     <p>Amnist&iacute;a Internacional, quiz&aacute; la entidad m&aacute;s reputada en la defensa de los derechos humanos, le hace el quite al problema de manera elegante: &quot;&#91;AI&#93; propone reformas a la inmigraci&oacute;n que aseguren que los inmigrantes sean tratados con total respeto a sus derechos humanos y a su dignidad humana&quot;. Aboga entonces por unos derechos humanos desde un segundo nivel, sin cuestionar la legislaci&oacute;n que &quot;crea&quot; inmigrantes ilegales; como si las propuestas contra la discriminaci&oacute;n se pudieran limitar a sugerir que los afectados reciban trato adecuado, sin preocuparse por las causas.</p>     <p>El Consejo Europeo de Refugiados y Exilados agrupa 82 ONG que protegen y promueven los derechos humanos de los refugiados y tiene una posici&oacute;n similar sobre los &quot;desplazados&quot;: que sean tratados con respeto y dignidad, sin cuestionar los obst&aacute;culos legales a su libre tr&aacute;nsito. Humans Rights Watch, por su parte, critica que &quot;los ni&ntilde;os pueden ser detenidos arbitrariamente, en celdas con adultos extra&ntilde;os y sujetos a tratamiento brutal por la polic&iacute;a y otras autoridades&quot;, y sugiere que se les deber&iacute;a tratar de mejor manera, siempre como ilegales. La posici&oacute;n m&aacute;s progresista es quiz&aacute; la de la Red de Derechos de los Inmigrantes (MRN) una ONG brit&aacute;nica que propone &quot;crear espacios para que (los ilegales) expresen sus opiniones y experiencias&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Votar con los pies</b></p>     <p>Para sus reflexiones sobre la inmigraci&oacute;n internacional, Easterly (2013) se apoya en los trabajos de M. Clemens y L. Princhett (2008), economistas dem&oacute;grafos, que estudiaron personas de distintos pa&iacute;ses situadas muy por encima de la l&iacute;nea de pobreza, con ingresos de m&aacute;s de diez veces el umbral de pobreza de un d&oacute;lar diario por persona. Los impact&oacute; el resultado de los haitianos: el 82% de esos privilegiados viv&iacute;an en Estados Unidos y solo un 18% en Hait&iacute;. Para subrayar la ineficacia de las fronteras sugieren &quot;medir el desarrollo como si la gente importara m&aacute;s que los lugares&quot;. Proponen destronar el PIB, centrado en el territorio, y remplazarlo por los ingresos de las personas nacidas en cada pa&iacute;s. La comparaci&oacute;n entre estas dos dimensiones del ingreso var&iacute;a enormemente, desde un 104% en Guyana hasta un 1% en Brasil. Los haitianos emigrantes ganan un 38% m&aacute;s que quienes viven en Hait&iacute;. En el caso de Colombia, la diferencia es mucho menor (3%), pero superior a la de Costa Rica, Venezuela, Chile, M&eacute;xico y Argentina.</p>     <p>Los haitianos emigrantes confirman una perogrullada: para dejar de ser pobre conviene alejarse de la pobreza. As&iacute; lo entendieron quienes siempre buscaron oportunidades en regiones pr&oacute;speras. El libre tr&aacute;nsito permite evitar otros males: enfermedades, crimen, corrupci&oacute;n, dictadura, guerra o fundamentalismo. Dentro de las fronteras nacionales, esos flujos espont&aacute;neos solo son restringidos por reg&iacute;menes totalitarios. En la sociedad globalizada la funci&oacute;n arbitraria y regresiva de impedirlos la cumplen, por ahora, las leyes de inmigraci&oacute;n de pa&iacute;ses desarrollados democr&aacute;ticos; cuyos l&iacute;deres deploran la pobreza y la desigualdad, critican el despotismo y vigilan el respeto por libertades y derechos humanos en el resto del mundo. Eso s&iacute;, intramuros, secundados en su paternalismo territorial por una amplia gama de ONG y una pujante actividad asociativa de solidaridad &quot;sin fronteras, SF&quot; que incluye desde m&eacute;dicos hasta payasos. SF, sufijo infalible del sector, machaca la libertad con la que los europeos se mueven por el mundo. Quienes con menos ingresos y estudios intentan migrar en contrav&iacute;a se estrellan con fronteras cada vez m&aacute;s reforzadas f&iacute;sicamente. La amnesia y la desverg&uuml;enza son tales que los pol&iacute;ticos europeos, en armonioso coro con voces de izquierda, centro y derecha, aprietan a los africanos para que emulen dictaduras represoras de emigrantes, a&ntilde;orando r&eacute;plicas del muro de Berl&iacute;n. En cuanto al &quot;tr&aacute;fico de personas&quot;, secuela inevitable de las fronteras cerradas, el cinismo alcanza para calificarlo de &quot;nueva forma de esclavitud&quot;.</p>     <p>Sorprende que la exitosa experiencia europea en la apertura de fronteras para los trabajadores sin la temida explosi&oacute;n migratoria por los diferenciales de salarios -que en la zona comunitaria pueden alcanzar relaciones de uno a seis- no haya matizado la visi&oacute;n negativa sobre la flexibilizaci&oacute;n del marco legal. Uno de los efectos perversos de las actuales leyes de inmigraci&oacute;n es haber corro&iacute;do la esencia del tratamiento a los refugiados pol&iacute;ticos. Son numerosos los casos que hoy se manejan como demandas de asilo sin serlo. Las deficiencias legales hacen que muchas personas acudan a esta v&iacute;a minando el alcance de la obligaci&oacute;n de proteger a los refugiados pol&iacute;ticos.</p>     <p>Charles Tiebout, economista y ge&oacute;grafo, acu&ntilde;&oacute; una buena met&aacute;fora de la migraci&oacute;n: &quot;votar con los pies&quot;. No lleg&oacute; a ver el absurdo escenario de todos los mercados abiertos menos uno: el que permitir&iacute;a votar contra los tiranos y, literalmente, salir de la pobreza. Le parecer&iacute;a c&iacute;nica la declaraci&oacute;n de Mariano Rajoy, promotor de la cooperaci&oacute;n europea en &Aacute;frica como palanca para progresivos controles: &quot;&#91;Debemos&#93; colaborar con la Uni&oacute;n Africana para intentar sacar de la pobreza a muchas personas que viven en estos pa&iacute;ses &#91;...&#93; que la gente no tenga que irse de su casa&quot;.</p>     <p><b>Peque&ntilde;os da&ntilde;os en muchas personas</b></p>     <p>La burocracia comunitaria anunci&oacute; a comienzos de 2014 que no se necesitar&aacute; visa de turista para viajar a Europa. Desmontar&aacute;n el ritual basado en la clarividencia de empleados consulares que con informaci&oacute;n reducida y estandarizada sobre un latino vaticinan lo que har&aacute; como turista, siempre temiendo la metamorfosis que lo convertir&aacute; en &quot;extranjero ilegal&quot;, el gran ox&iacute;moron del mundo globalizado en la &eacute;poca de los derechos humanos universales.</p>     <p>De las dem&aacute;s visas y sus inconvenientes nadie habla. Altos ejecutivos y cerebros fugados cambian de empleo y de pa&iacute;s cuando les conviene, pero los trabajadores no calificados enfrentan tales obst&aacute;culos que el de los pasajes es un costo irrisorio. Y quien tenga alg&uacute;n v&iacute;nculo con personas que residen donde se exige visa, tendr&aacute; que soportar una abusiva intromisi&oacute;n en sus asuntos familiares. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os innumerables familias latinoamericanas tuvieron que convencer a un empleado consular de que alg&uacute;n evento ameritaba la &quot;reagrupaci&oacute;n&quot; con los seres queridos. As&iacute; se elimine la visa de turismo, estas tendr&aacute;n que seguir insistiendo en caso de una enfermedad, un accidente, un embarazo, un deceso u otra circunstancia que requiera una estad&iacute;a en el exterior superior a unos pocos meses; y, por supuesto, minimizar la posibilidad de la temida mutaci&oacute;n a la ilegalidad. &quot;Pocas cosas me producen m&aacute;s pavor que me nieguen una visa, que me hagan pasar el rid&iacute;culo en inmigraci&oacute;n o que me deporten simplemente por estar ah&iacute;&quot;, dijo un colombiano disuadido. Este atropello individual no suscita grandes esc&aacute;ndalos, pero es demasiada la gente que lo sufre.</p>     <p>Es chocante que la intromisi&oacute;n consular en la vida privada sea determinada por el lugar de nacimiento y, encima, que esa arbitrariedad se considere normal. Se han refinado los eufemismos para la discriminaci&oacute;n basada en una opaca mezcla de nacionalismo, racismo, corporativismo y clasismo cocinada con criminolog&iacute;a barata. La supuesta capacidad prospectiva ser&aacute; utilizada no ya a nivel individual sino agregado para garantizar la seguridad ciudadana en el Viejo Continente. Con poca modestia, la tecnocracia europea anuncia &quot;un an&aacute;lisis de riesgo, seg&uacute;n una serie de criterios como el peligro que puede suponer la inmigraci&oacute;n ilegal, el impacto para el orden p&uacute;blico y la seguridad&quot;. Centralizada, la clarividencia burocr&aacute;tica pronosticar&iacute;a atentados en las capitales europeas observando el desempleo y el endeudamiento de las familias de los pa&iacute;ses pobres.</p>     <p>La intromisi&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de tener que &quot;caerle bien&quot; a un c&oacute;nsul para que autorice una reuni&oacute;n familiar. En Cuenca, Ecuador, una provincia de alta emigraci&oacute;n en la d&eacute;cada pasada, se dispararon los divorcios y m&aacute;s de la mitad de los casos que atend&iacute;a un centro de conciliaci&oacute;n eran conflictos de familias fracturadas: disputas entre abuelos por nietos receptores de remesas, celos posesivos, violencia y abusos del suegro a la nuera retenida por el papeleo, o j&oacute;venes con divisas y escasa supervisi&oacute;n reclutados por pandillas. Los peque&ntilde;os dramas hogare&ntilde;os generados por las visas no conmueven a nadie, pero al sumarse y extenderse califican para que un gobierno europeo o una ONG financien un estudio de diagn&oacute;stico que recomiende todo menos corregir su principal causa, unas leyes de inmigraci&oacute;n vetustas, ineficaces y regresivas. Cuanto m&aacute;s pobre es quien busca viajar, m&aacute;s chances de que el sistema lo desprecie y lo empuje a los coyotes y traficantes, siniestros personajes que desvelan a esos mismos gobiernos y ONG, pero que existen gracias a las restricciones legales, as&iacute; como los narcotraficantes viven de la prohibici&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Tengo grabado en la cabeza el nombre del juez que firm&oacute; mi orden de expulsi&oacute;n, ha destrozado mi vida y la de mi novia. &Eacute;l est&aacute; ahora sentado con su familia y no siente, no puede sentirlo, el dolor que nos est&aacute; haciendo pasar. Eso hay que vivirlo para saberlo&quot;, dice Alioune Diop, un senegal&eacute;s deportado de Espa&ntilde;a tras ocho a&ntilde;os de vivir all&iacute; dejando a su novia, con quien estaba a punto de casarse. &quot;Estoy viviendo un calvario, mi familia de aqu&iacute; depende de m&iacute;, soy el mayor y tengo que ayudarles, pero mi familia de Espa&ntilde;a est&aacute; destrozada&quot;. El Madrid-Dakar en que sali&oacute; Alioune es un &quot;vuelo macro&quot;, una de esas puertas de atr&aacute;s por las que se expulsa en gran secreto a miles de personas, no solo a Senegal, tambi&eacute;n a Nigeria, Marruecos, Ecuador o Colombia. &quot;Algunos de los ocupantes de esos vuelos tienen hijos y mujer en Espa&ntilde;a, otros est&aacute;n a la espera de un papel para casarse&quot;.</p>     <p>Aparte de impulsar la futurolog&iacute;a de la inseguridad y apadrinar la trata de personas, la inmigraci&oacute;n ilegal ha eliminado divergencias entre reaccionarios y progresistas europeos.</p>     <blockquote>    <p>Que el inmigrante que entr&oacute; clandestinamente en Francia sea expulsado fuera de nuestras fronteras tiene algo de doloroso, pero el derecho es el mismo para todos y debe aplicarse &#91;... &#93; humanamente &#91;... &#93; Sea lo que sea, les pido alejar de nosotros la locura racista &#91;... &#93; No ignoro la extrema sensibilidad que este problema despierta entre todos los compatriotas que viven en los barrios de alta inmigraci&oacute;n (Mitterand, 1988).</p></blockquote>     <p>Esta tortuosa declaraci&oacute;n es del mism&iacute;simo Fran&ccedil;ois Mitterand, d&eacute;cadas antes de que el gobierno franc&eacute;s se pusiera realmente duro con los inmigrantes, como cuando en octubre de 2013 deport&oacute; a Leonarda Dibrani, de 15 a&ntilde;os, y a su familia gitana kosovar. Varios polic&iacute;as la detuvieron frente a su colegio, el templo republicano de <i>l'&eacute;galit&eacute;. </i>El socialista Fran&ccedil;ois Hollande declar&oacute;: &quot;Si quiere seguir escolarizada en Francia, ser&aacute; bien acogida, pero sola&quot;. &quot;No quiero estar sola, no dejar&eacute; a mi familia&quot;, respondi&oacute; desagradecida la joven, rechazando la ganga. La nivelaci&oacute;n ideol&oacute;gica se hizo por lo bajo, el humanismo europeo ya no es sensible a los v&iacute;nculos entre una menor de edad y su familia. Ahora tiene un deje de estalinismo <i>soft </i>que en los consulados se disfraza con rituales kafkianos.</p>     <p><b>LOS NI&Ntilde;OS Y J&Oacute;VENES ILEGALES</b></p>     <p>Evelyn Rivera naci&oacute; en Colombia y vive ilegalmente en Estados Unidos. El objeto de su visita a Nogales, en Arizona, parec&iacute;a rutinario: reunirse con su mam&aacute; despu&eacute;s de cinco a&ntilde;os sin verla. Pero las condiciones de ese encuentro familiar s&iacute; fueron peculiares. Tuvo que contentarse con un abrazo a trav&eacute;s de las barras de hierro del muro que existe all&iacute; para aislar la parte gringa y la mexicana de la ciudad, que pertenece al estado de Sonora. Gracias al Plan de Acci&oacute;n Diferida, Evelyn pudo acercarse a la frontera sin temor a ser deportada, como lo fue su mam&aacute; cuando la detuvo la polic&iacute;a estadounidense. &quot;No puede ser as&iacute;, yo viendo a mi mam&aacute; en el otro lado&quot;, dijo llorando. &quot;Los congresistas deben actuar r&aacute;pido, porque no debe ser as&iacute;&quot;. Gorete Teodoro vivi&oacute; 15 a&ntilde;os en Boston antes de que la migra la enviara a su pa&iacute;s contra su voluntad. Tom&oacute; tres aviones desde Brasil para ver a su hija Renata, tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la valla. &quot;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; deportarme? Quiero saber por qu&eacute;, solo deseo estar con mis hijos&quot;.</p>     <p>Los casos de Evelyn y Renata son menos comunes que los de las madres que viven en Estados Unidos y sus hijos por fuera. A comienzos de abril de 2014, los hijos adolescentes de Lucy Cabrera la llamaron desde Honduras para que les enviara el dinero que deb&iacute;an pagar a los coyotes que los pasar&iacute;an por Guatemala y M&eacute;xico para llegar a Estados Unidos. Los mareros de su barrio los hab&iacute;an amenazado. Lucy pidi&oacute; prestados seis mil d&oacute;lares, los envi&oacute; y la semana siguiente recibi&oacute; una llamada de un centro de detenci&oacute;n en Arizona. Esta vez no llor&oacute;. &quot;Gracias a Dios, est&aacute;n a salvo&quot;. Aunque es ilegal, las autoridades federales la contactaron para decirle qu&eacute; deb&iacute;a hacer para obtener la custodia de sus hijos cuando los liberen.</p>     <p>El nuevo rompecabezas de la agencia de inmigraci&oacute;n norteamericana -la migra- es entender y contener el &eacute;xodo de ni&ntilde;os y j&oacute;venes no acompa&ntilde;ados que pasan la frontera. Aunque el n&uacute;mero ven&iacute;a creciendo desde 2011, en el &uacute;ltimo a&ntilde;o el flujo se hizo masivo. Se calcula que solo en 2014 unos 60 mil menores sin papeles llegar&aacute;n a la frontera. Uno de los factores que explican el fen&oacute;meno es la violencia de las maras y pandillas juveniles en El Salvador, Honduras y Guatemala, que afecta a j&oacute;venes de barrios populares cuyos padres emigraron. Otro es la decisi&oacute;n de la administraci&oacute;n Obama de respetar los derechos de los inmigrantes m&aacute;s j&oacute;venes.</p>     <p>La prioridad de los derechos humanos sobre la represi&oacute;n policial ha sido percibida como una oportunidad para reunificar las familias. Un centro de detenci&oacute;n en Estados Unidos es menos inseguro que algunos barrios centroamericanos, y el hecho de que los j&oacute;venes de pa&iacute;ses no lim&iacute;trofes puedan ser albergados y estar bajo tutela mientras un tribunal decide su caso ha disparado el n&uacute;mero de ilegales que se arriesgan a pagar a los coyotes la tra&iacute;da de sus hijos. Incluso algunos salen a buscarlos para intentar reingresar al pa&iacute;s. Una madre trabajadora de Maryland no vio otra opci&oacute;n cuando supo que sus hijas ahora adolescentes eran acosadas sexualmente en la casa por los hombres de la familia y en la calle por las pandillas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un editorial de <i>La Jornada, </i>peri&oacute;dico mexicano, se indigna ante esta &quot;crisis humanitaria&quot; y dice que el problema de fondo es que estos menores ilegales</p>     <blockquote>    <p>encarnan el desgarramiento de familias separadas por pol&iacute;ticas migratorias perversas que deben abandonarse &#91;...&#93; &iquest;C&oacute;mo justificar que, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de la firma de un tratado de libre circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as entre M&eacute;xico y Estados Unidos, la libre circulaci&oacute;n de personas siga siendo un punto muerto? &#91;.&#93; Estados Unidos debe reconocer que tiene necesidad de esa mano de obra extranjera y dejar de tratar a los inmigrantes como criminales <i>(La Jornada, </i>2014).</p></blockquote>     <p>Como si hubiese vasos comunicantes sobre estrategias de inmigraci&oacute;n, un fen&oacute;meno similar, pero menos masivo, ocurre en las fronteras del sur de Espa&ntilde;a. Sayid, un menor marroqu&iacute; que trabaj&oacute; varios a&ntilde;os como carpintero, lleg&oacute; a Algeciras escondido en un cami&oacute;n. &quot;Aunque nos parezca imposible, desde que son ni&ntilde;os ya hablan entre sus amigos de venir a Espa&ntilde;a&quot;, cuenta la encargada de una fundaci&oacute;n de acogida. Cientos de menores inmigrantes llegan a la costa andaluza. A finales de 2013, el Protocolo de Menores Extranjeros No Acompa&ntilde;ados contaba 2.800 infantes registrados. Un gran desaf&iacute;o es averiguar su edad, pues cuando son mayores de 18 a&ntilde;os reciben tratamiento de adulto en situaci&oacute;n irregular. Aunque hay procedimientos para determinar la edad, como un an&aacute;lisis del codo y del hueso metacarpiano, en julio de 2014 el Tribunal Supremo prohibi&oacute; someter a todos los menores a esas pruebas de manera sistem&aacute;tica.</p>     <p>&quot;Tenemos un desaf&iacute;o moral. Y &#91;...&#93; un problema humanitario &#91;...&#93; Si &#91;tuvi&eacute;ramos&#93; leyes de inmigraci&oacute;n m&aacute;s adecuadas a las circunstancias que enfrentamos como pa&iacute;s estar&iacute;amos en mejor posici&oacute;n para responder a estos flujos&quot;, dijo Doris Meissner ex directora del Servicio de Inmigraci&oacute;n y Naturalizaci&oacute;n (INS) de Estados Unidos (VOA, 2014). Es lamentable que solo cuando se tocan fibras tan sensibles como los derechos de los menores salgan a flote las contradicciones entre leyes de inmigraci&oacute;n y derechos humanos.</p>     <p><b>Los legales tambi&eacute;n pierden</b></p>     <p>Las leyes que restringen la inmigraci&oacute;n ser&iacute;an m&aacute;s f&aacute;ciles de asimilar si solo perjudicaran a los ilegales, pero hay indicios de que su impacto negativo va m&aacute;s all&aacute;. La oficina de presupuesto del Congreso de Estados Unidos calcul&oacute; que una reforma del r&eacute;gimen actual traer&iacute;a enormes beneficios fiscales por varias d&eacute;cadas. La l&oacute;gica es simple: la legalizaci&oacute;n aumentar&iacute;a los salarios, que a su vez mejorar&iacute;an el recaudo impositivo federal, estatal y local. Este aumento compensar&iacute;a de sobra los costos en salud, educaci&oacute;n y otros servicios de los inmigrantes y alcanzar&iacute;a para impulsar el empleo en el sector p&uacute;blico.</p>     <p>Una caracter&iacute;stica de los inmigrantes es su flexibilidad para ir a donde se crean nuevos empleos. Unos once millones de ilegales viven hoy en Estados Unidos y casi las dos terceras partes llevan diez a&ntilde;os o m&aacute;s. Esta mano de obra es fundamental en sectores estacionales, como la agricultura, y los servicios o c&iacute;clicos, como la construcci&oacute;n.</p>     <p>Una gran iron&iacute;a es que los ilegales pagan impuestos: el IVA y el impuesto a la propiedad, en forma directa como propietarios o indirecta como arrendatarios. A muchos trabajadores inmigrantes, pese a ser ilegales, se les hace retenci&oacute;n sobre su pago mensual. La administraci&oacute;n de la Seguridad Social estima que el 75% de los ilegales hacen pagos que fortalecen sus finanzas y no reciben ning&uacute;n beneficio. No pueden montar negocios ni hacer donaciones al sistema educativo. Tampoco contribuyen al funcionamiento de la justicia porque no pueden denunciar cr&iacute;menes, incumplimientos ni abusos.</p>     <p>El servicio de fronteras estima que en 2012 murieron cerca de 500 personas tratando de entrar desde M&eacute;xico. La presi&oacute;n para emprender una jornada que a veces termina fatalmente no solo proviene de factores que empujan a los mexicanos a salir de su pa&iacute;s. A finales de 2001, Tyson Foods, la mayor productora de carne de Estados Unidos, fue acusada de promover el contrabando de ilegales para trabajar en sus plantas. La compa&ntilde;&iacute;a trat&oacute; de evadir su responsabilidad diciendo que eran empleados sin escr&uacute;pulos que violaban las pol&iacute;ticas de la empresa. Pero qued&oacute; claro que el enorme volumen de flujos migratorios requiere una fuerte demanda de trabajo ilegal de los hogares y del sector econ&oacute;mico establecido. Un inconveniente de centrarse en la represi&oacute;n sin cambiar la legislaci&oacute;n es que se crea un c&iacute;rculo vicioso que valoriza el papel de los coyotes profesionales que hacen de la ilegalidad un negocio lucrativo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hace unos a&ntilde;os, Samuel Huntington anunci&oacute; con angustia que el persistente flujo de hispanos a Estados Unidos amenazaba con dividir al pa&iacute;s en &quot;dos pueblos, dos culturas, dos idiomas&quot;. A diferencia de las cohortes de inmigrantes anteriores -dijo-, la de latinos, y en particular de mexicanos, es incapaz de asimilarse. Estos temores no son nuevos. Fue com&uacute;n hablar de la incapacidad de los alemanes para aprender ingl&eacute;s, o de los cat&oacute;licos irlandeses para adaptarse a una democracia laica. Al parecer, Huntington no conoc&iacute;a inmigrantes latinos de segunda o tercera generaci&oacute;n que, todo indica, siguen un camino similar al de sus antecesores, en el ingreso familiar medio de las familias y en la tendencia a mezclarse con otras etnias.</p>     <p><b>El retroceso de las doctrinas</b></p>     <p>Durante m&aacute;s de un siglo, Estados Unidos estuvo abierto a la inmigraci&oacute;n. Quien llegaba pod&iacute;a quedarse. A mediados del siglo XIX lleg&oacute; una gran oleada de chinos que hu&iacute;an de la inestabilidad pol&iacute;tica. Atra&iacute;dos por la fiebre del oro, se quedaron para construir el ferrocarril. Cuando acab&oacute; esa obra se los empez&oacute; a responsabilizar de los malos sueldos y la escasez de trabajo. La Chinese Exclusion Act de 1882 prohibi&oacute; la inmigraci&oacute;n asi&aacute;tica. Easterly sostiene que la motivaci&oacute;n &uacute;ltima fue racista, algo que corrobor&oacute; Huntington (2004) en su ensayo sobre &quot;El desaf&iacute;o hisp&aacute;nico&quot;: los fundadores &quot;definieron Am&eacute;rica en t&eacute;rminos de raza, etnicidad, cultura y religi&oacute;n&quot;. El componente racial solo desapareci&oacute; en 1965 con la Inmigration and Nationality Act impulsada por el movimiento de derechos civiles. En los pa&iacute;ses donde las reticencias raciales se superaron antes, las razones para restringir la inmigraci&oacute;n fueron m&aacute;s complejas.</p>     <p>&quot;Hay cuestiones que uno solo entiende a profundidad cuando ha pasado por ciertos sufrimientos&quot;. Esta frase, que podr&iacute;a ser de un ilegal detenido en Espa&ntilde;a -puesto en un vuelo macro y deportado-, es de un diputado socialista franc&eacute;s cuando, a finales del siglo XIX, su grupo se opuso tenazmente a dar facultades al Estado para discriminar a los extranjeros. Se refer&iacute;a a su exilio pol&iacute;tico en Londres tras la persecuci&oacute;n contra &eacute;l y otros copartidarios, en el Segundo Imperio. Pensaba que el proyecto de ley en discusi&oacute;n era una &quot;negaci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n&quot;. No entend&iacute;a que la Rep&uacute;blica pudiera establecer discriminaciones basadas en la nacionalidad. &quot;Es b&aacute;rbaro el movimiento de repulsi&oacute;n, de desconfianza instintiva contra el extranjero por ser extranjero, porque es de otra sangre y de otra raza&quot;, confirm&oacute; otro miembro de la izquierda radical. Un diputado parisino, periodista, intent&oacute; convencer a la Asamblea de que la Constituyente dec&iacute;a que cualquier extranjero ten&iacute;a derecho a establecerse en Francia. Le indignaba el argumento econ&oacute;mico de la competencia con los trabajadores locales: &quot;&iquest;Acaso estos extranjeros no contribuyen a la riqueza nacional? &iquest;No estamos contentos de tenerlos entre nosotros?&quot;.</p>     <p>Los liberales, m&aacute;s preocupados por la eficiencia econ&oacute;mica y la libertad de empresa, dieron argumentos adicionales. Recordaron los ideales de la Revoluci&oacute;n para rechazar la idea de protecci&oacute;n del trabajo. Uno de ellos, varias veces ministro, se&ntilde;al&oacute;: &quot;encuentro realmente sorprendente, extraordinario, que personas que dicen seguir los principios de 1789 tengan semejantes concepciones legislativas&quot;. Para rechazar los obst&aacute;culos que se pretend&iacute;a imponer a quienes &quot;vienen a disfrutar de la hospitalidad nacional&quot; bastaba &quot;invocar razones de orden moral y filos&oacute;fico&quot;. Eran en&eacute;rgicas reacciones contra la propuesta, no de deportar, sino de fijar un impuesto a los trabajadores extranjeros para compensar las ventajas que disfrutaban, seg&uacute;n quejas de obreros y agricultores retomadas por los pol&iacute;ticos.</p>     <p>En la segunda mitad del siglo XIX, Francia fue el principal pa&iacute;s europeo receptor de mano de obra extranjera. All&iacute; llegaban, a la industria, a la artesan&iacute;a y al sector rural -a veces estacionalmente-, trabajadores espa&ntilde;oles, italianos, belgas, suizos y alemanes. En todos los acuerdos de comercio que se firmaban para facilitar la circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as se contemplaba, de oficio, facilitar el libre traslado de las personas. Era usual incluir una cl&aacute;usula similar a la que firmaron Francia y Serbia, seg&uacute;n la cual ambos Estados</p>     <blockquote>    <p>tendr&aacute;n rec&iacute;procamente, y al mismo t&iacute;tulo que los nacionales, y sin ninguna distinci&oacute;n de raza o de religi&oacute;n, la facultad de viajar, residir y establecerse en cualquier lugar donde juzguen conveniente para sus intereses ejercer cualquier tipo de industria u oficio, de hacer comercio al por mayor y al detal, etc., sin tener que pagar derechos a los nacionales.</p></blockquote>     <p>La migraci&oacute;n causaba peque&ntilde;os problemas, que suscitaban ri&ntilde;as y en-frentamientos con los habitantes de alguna regi&oacute;n receptora de mano de obra pero nunca iban m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito local. El origen de muchos de esos conflictos era ancestral: los solteros que llegaban molestaban a las mujeres. Fue a ra&iacute;z de un incidente, en 1881, despu&eacute;s de enviar tropas francesas a T&uacute;nez para contener las ambiciones coloniales de Italia, que los enfrentamientos con extranjeros se volvieron un asunto pol&iacute;tico nacional. Cuando los soldados retornaron y desembarcaron en Marsella, la ciudad los recibi&oacute; c&aacute;lidamente, salvo los miembros de un club italiano que, al pasar el cortejo frente a su sede, los chiflaron. Cerca de 15 mil personas desfilaron despu&eacute;s frente al club con vivas a la armada, a Francia y a la Rep&uacute;blica. Durante varios d&iacute;as los j&oacute;venes marselleses, entonando su himno, matonearon italianos sin discriminaci&oacute;n. El incidente marc&oacute; un quiebre en el tratamiento medi&aacute;tico y pol&iacute;tico de estos enfrentamientos binacionales en las provincias.</p>     <p>Por esa &eacute;poca &quot;los profesionales del discurso p&uacute;blico empezaron a hacer hablar a las multitudes&quot;. Por primera vez un conflicto entre obreros de provincia se vio como un problema pol&iacute;tico nacional. Los medios parisinos se interesaron por las ri&ntilde;as locales que siempre hab&iacute;an ignorado, y el gobierno empez&oacute; a recoger informaci&oacute;n sobre tales asuntos. El historiador G&eacute;rard Noiriel dice que el incidente de Marsella tuvo un papel definitivo en &quot;la invenci&oacute;n del problema de la inmigraci&oacute;n&quot; en Francia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hasta esa fecha, en los peri&oacute;dicos parisinos predominaba la visi&oacute;n republicana liberal que pregonaba la hospitalidad hacia otros pueblos. Todo cambi&oacute; con ese incidente, y en la prensa aparecieron dos nuevos temas: el espionaje alem&aacute;n, y los conflictos entre franceses y trabajadores de distintas nacionalidades. En esa &eacute;poca surgi&oacute; el t&eacute;rmino &quot;inmigraci&oacute;n&quot;, mezclado con la idea de &quot;ellos&quot; y &quot;nosotros&quot;, los &quot;atacantes&quot; y las &quot;v&iacute;ctimas&quot;. El extranjero se convirti&oacute; en enemigo potencial y la polic&iacute;a empez&oacute; a sospechar, de ser esp&iacute;as, de quienes no ten&iacute;an papeles y rondaban por las instalaciones militares.</p>     <p>Despu&eacute;s del asesinato del presidente Sardi Carnot en 1894 por un anarquista italiano, al escenario paranoico se sum&oacute; esa figura que atent&oacute; contra la Rep&uacute;blica. La campa&ntilde;a medi&aacute;tica llev&oacute; a explosiones de violencia contra los inmigrantes en varias ciudades. Desapareci&oacute; buena parte de los oficios callejeros artesanales, en los que predominaban originarios de Italia desde la Edad Media. Los extranjeros reemplazaron a las &quot;clases trabajadoras&quot; en las p&aacute;ginas rojas de los peri&oacute;dicos. Adem&aacute;s, como los campesinos y los obreros ya eran un gran segmento electoral, la nueva figura estigmatizada de un agresor que no pod&iacute;a votar result&oacute; muy funcional.</p>     <p>El discurso pol&iacute;tico no tard&oacute; en adaptarse al escenario del inmigrante que amenaza el trabajo nacional. En ese ambiente surgi&oacute; la idea de fijar un impuesto a los trabajadores no franceses. En 1883, un diputado radical propuso legislar en ese sentido ante el en&eacute;rgico rechazo de socialistas y liberales, acudi&oacute; a todo tipo de argumentos: la guerra, la criminalidad causada por extranjeros y la enorme carga financiera para las oficinas de bienestar. &quot;Jam&aacute;s una masa inmigrante hab&iacute;a implicado tantos elementos perturbadores. Nuestro territorio parece haberse vuelto el refugio de gente sombr&iacute;a de todos los pa&iacute;ses&quot;. Por &uacute;ltimo, afirm&oacute; que eran una competencia insoportable en el mercado de trabajo, pues &quot;no pagan contribuciones y no prestan servicio militar&quot;. La angustiosa carta de un obrero franc&eacute;s contra la competencia de los belgas resumi&oacute; el problema: &quot;nos quitan nuestro trabajo y nuestras mujeres&quot;. Despu&eacute;s de esa propuesta se radicaron cerca de sesenta proyectos de ley proponiendo tasas impositivas para los trabajadores extranjeros. Las iniciativas hac&iacute;an parte de un movimiento general en Europa a favor de medidas proteccionistas.</p>     <p>Una fracci&oacute;n nacionalista, en cabeza de los obreros, apoyaba el movimiento. Las corporaciones de oficios, afectadas por las transformaciones tecnol&oacute;gicas de la industrializaci&oacute;n, tambi&eacute;n eran favorables a las restricciones. Los ebanistas se quejaban de los italianos que, comiendo macarrones y viviendo en condiciones deplorables, no ten&iacute;an casi gastos. Los conflictos entre obreros locales e inmigrantes, particularmente graves en las fronteras, afectaron el panorama electoral. Los pol&iacute;ticos socialistas empezaron a renunciar al internacionalismo para asegurar votos locales, sin que los extranjeros pudieran replicar.</p>     <p>La idea original del impuesto, atacada por las doctrinas predominantes, fue rechazada. La comisi&oacute;n parlamentaria encontr&oacute; una alternativa m&aacute;s presentable: remplazarlo por una &quot;condici&oacute;n para residir y establecerse&quot;. La propuesta fue aceptada de inmediato, y en agosto de 1893 se aprob&oacute; una ley relacionada con &quot;la residencia de extranjeros en Francia y la protecci&oacute;n del trabajo nacional&quot;. Con ella se oblig&oacute; a los extranjeros a registrarse en su comunidad para que la alcald&iacute;a les expidiera una tarjeta de identidad. Liberales y socialistas cedieron a la propuesta burocr&aacute;tica de pedir identificaci&oacute;n a las personas. Se abri&oacute; el camino a la invenci&oacute;n de la nacionalidad y, luego, a la posibilidad de restringir el movimiento de extranjeros. El vuelco fue tan radical que hoy parece congruente la declaraci&oacute;n de un pol&iacute;tico progresista belga, muy alejada de la de sus antecesores ilustrados: &quot;la inmigraci&oacute;n libre es enemiga del socialismo&quot;.</p>     <p><b>La arbitraria idea de naci&oacute;n</b></p>     <p>Easterly destaca la ubicuidad de los t&eacute;rminos <i>naci&oacute;n </i>y <i>pa&iacute;s </i>en la literatura sobre desarrollo econ&oacute;mico, cuyo objetivo es promover el crecimiento de esa unidad territorial sin cuestionar si a&uacute;n es la m&aacute;s relevante para representar un conjunto de personas. Se habla de pa&iacute;ses en desarrollo o de las reformas que deben emprender, suponiendo que se trata de algo homog&eacute;neo. Lamenta que las objeciones de Friedrich Hayek a un concepto tan vago no hayan tenido mayor repercusi&oacute;n. &quot;El inter&eacute;s exclusivo en las naciones acarrea peligros inherentes para los derechos individuales&quot;. La supuesta existencia de fines &quot;nacionales&quot;, dec&iacute;a Hayek, solo sirve para ocultar que los fines de ciertos grupos se consideran prioritarios en detrimento de objetivos promovidos por otros grupos. El desarrollo econ&oacute;mico que recomiendan los expertos simplemente refleja que se sienten autorizados &quot;para decidir cu&aacute;les de los distintos objetivos deben considerarse prioritarios. Es inevitable que impongan su escala de preferencias al resto de la comunidad&quot;. En cuanto a las restricciones a la movilidad, un r&eacute;gimen legal que se ha asimilado hasta el punto de considerar naturales las fronteras entre naciones ser&iacute;a un exabrupto, un s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de totalitarismo, dentro de esos mismos l&iacute;mites arbitrarios.</p>     <p>Los economistas llevan d&eacute;cadas d&aacute;ndole vueltas a la pregunta de Adam Smith sobre por qu&eacute; la riqueza de unas naciones y la pobreza de otras. Seg&uacute;n Easterly, a pesar de esos esfuerzos, el &uacute;nico resultado realmente robusto para predecir las diferencias de crecimiento tiene que ver con la regi&oacute;n en la que se sit&uacute;a cada pa&iacute;s. &quot;En t&eacute;rminos generales, los pa&iacute;ses latinoamericanos crecen cerca de un punto porcentual menos que los asi&aacute;ticos, y los africanos dos puntos por debajo de los asi&aacute;ticos&quot;. Seg&uacute;n &eacute;l, los expertos en desarrollo y las agencias multilaterales ignoran este resultado porque no existen mandatarios ni funcionarios regionales a quienes dar asesor&iacute;a. La obsesi&oacute;n con las naciones se extendi&oacute;, y se refuerza, con mediciones del desarrollo social adicionales al PIB, como los indicadores de desigualdad, o el desempleo. El &eacute;nfasis excesivo en la unidad nacional como lugar donde ocurre el desarrollo ha terminado por interferir los derechos de las personas para hacer acuerdos mutuamente ventajosos.</p>     <p>La carrera de investigador de Easterly se inici&oacute; en un proyecto que buscaba responder una pregunta simple: &iquest;c&oacute;mo afectan las pol&iacute;ticas nacionales el crecimiento de largo plazo? La respuesta fue decepcionante. A pesar de las expectativas, &quot;hab&iacute;a poca evidencia de que las pol&iacute;ticas nacionales tuvieran un efecto significativo sobre el crecimiento&quot;. Uno de los hallazgos era escueto: los periodos de crecimiento suelen ser temporales y con frecuencia se revierten. Y si las diferencias en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica var&iacute;an mucho, las diferencias en crecimiento no. &quot;Hay una fuerte tendencia a que ambos, &eacute;xito extremo y fracaso extremo, regresen al promedio&quot;.</p>     <p>Los inconvenientes de las fronteras arbitrarias, a veces irracionales, se han agravado. A comienzos del siglo XX, con el fuerte arraigo de la idea de naci&oacute;n, hab&iacute;a unos sesenta pa&iacute;ses. Hoy se acercan a doscientos. En forma paralela a la integraci&oacute;n, globalizaci&oacute;n y reducci&oacute;n de los costos de transporte, se han creado unidades pol&iacute;ticas y fronteras que la gente tiene que cruzar para desplazarse.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA RIQUEZA DE LAS NACIONES, NUEVA VERSI&Oacute;N</b></p>     <p>Easterly dirige su cr&iacute;tica central a la alianza tradicional entre aut&oacute;cratas y tecnocracia, en particular a los expertos internacionales, que interfieren las libertades individuales y la democracia. Alude al debate que nunca se dio entre los dos ganadores del premio Nobel de econom&iacute;a de 1974, Friedrich Hayek y Gunnar Myrdal. El primero defensor del ordenamiento espont&aacute;neo resultante de la acci&oacute;n de muchos individuos, las soluciones desde abajo, cr&iacute;tico de los tiranos; y el segundo, de los dise&ntilde;os desde arriba, del desarrollo econ&oacute;mico armonioso planificado y dirigido por expertos, normalmente aliados con los soberanos, incluso con los dictadores.</p>     <p>Easterly lamenta que el pensamiento de Hayek, defensor de las libertades y preocupado por los derechos individuales, se haya asociado con la ideolog&iacute;a de derecha, mientras que se considera progresista a quien pretende dar consejos a un aut&oacute;crata benevolente. &quot;El conocimiento necesario para generar prosperidad no cabe en una sola mente, est&aacute; disperso en muchas mentes&quot;. La sociedad libre defendida por Hayek -dice- es la que crea incentivos para que cada individuo utilice su peque&ntilde;a porci&oacute;n de conocimiento y pueda transmitirla a los dem&aacute;s. Es el mecanismo id&oacute;neo para promover los debates. La posici&oacute;n de Myrdal, en cambio, se basa en el supuesto de que solo un grupo reducido de expertos tiene el conocimiento suficiente para sugerir a los dem&aacute;s c&oacute;mo deben pensar y qu&eacute; deben hacer.</p>     <p>La diferencia entre el paradigma de Hayek, de crecimiento espont&aacute;neo, desordenado e impredecible, y el de Myrdal, arm&oacute;nico y homog&eacute;neo dentro de un espacio geogr&aacute;fico arbitrario, se puede ilustrar con la met&aacute;fora de los hongos y la levadura.</p>     <p><b>Hongos o levadura</b></p>     <p>En su discurso sobre el desarrollo ante la American Economic Association, en 1998, Arnold Harberger propuso como met&aacute;fora la contraposici&oacute;n entre el crecimiento de la levadura y el de los hongos. La primera expande una masa de pan de modo uniforme, como cuando se infla un globo; en cambio, es dif&iacute;cil prever d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y qu&eacute; tan r&aacute;pido crecer&aacute;n los hongos. Luego se&ntilde;al&oacute; que la evoluci&oacute;n de la industria, o de cualquier otro sector agregado, y con m&aacute;s raz&oacute;n la de las unidades productivas, se asemeja m&aacute;s a la imagen de los hongos que a la de la levadura. La mejora de la productividad &quot;es en extremo dispareja entre sectores y actividades. Es muy dif&iacute;cil anticipar d&oacute;nde ocurrir&aacute; y qu&eacute; tan fuerte ser&aacute;&quot;.</p>     <p>Hace unos quince a&ntilde;os, Shirley Lin trabajaba para Goldman Sachs en China, buscando nuevas oportunidades de inversi&oacute;n. Dispon&iacute;a de varios miles de millones de d&oacute;lares para colocar. Hab&iacute;a logrado convencer a Jack Ma, fundador y director de <i>Alibaba, </i>un portal de ventas por internet, para que cediera una tajada de su empresa que, en aquel entonces, no era gran cosa; todav&iacute;a operaba en el apartamento de Ma, con un peque&ntilde;o equipo de gente obsesionada por acercar las empresas chinas a sus clientes. Pero Lin estaba convencida de que apoyar a Jack Ma era una buena apuesta. Antiguo profesor de ingl&eacute;s convertido en pionero de internet, ten&iacute;a el perfil ideal y, de sobra, lo que ella consideraba una condici&oacute;n indispensable: &quot;conocer el mercado local&quot;. Logr&oacute; un arreglo favorable para su banca de inversi&oacute;n: por cinco millones de d&oacute;lares obtuvo la mitad del capital de <i>Alibaba, </i>un asiento en el consejo de administraci&oacute;n y una cl&aacute;usula que garantizaba que la participaci&oacute;n no disminuir&iacute;a con los aumentos de capital. Temerosos de las <i>start-ups, </i>los banqueros exigieron participaci&oacute;n de otros inversionistas, redujeron su tajada al 23% y la inversi&oacute;n a 3,3 millones. Apenas pudieron, y a pesar del &eacute;xito de la operaci&oacute;n, en 2004 vendieron su parte por 22 millones de d&oacute;lares, siete veces la suma inicial. De haber seguido hasta 2014, &quot;habr&iacute;an multiplicado por m&aacute;s de 10.000 veces su aporte&quot;, calcula Lin. Ese c&aacute;lculo alucinante de rentabilidad fall&oacute; por poco cuando <i>Alibaba </i>sali&oacute; a la bolsa, valorada en 132 mil millones.</p>     <p>Esta an&eacute;cdota ilustra un punto crucial se&ntilde;alado por Easterly: la importancia de conocer a fondo las condiciones locales, no solo para tener &eacute;xito en un negocio sino para la tarea igualmente dif&iacute;cil de pronosticar cu&aacute;les funcionar&aacute;n. El oficio del banquero de inversi&oacute;n se asemeja, con poderosos incentivos reales, al del analista que busca identificar y predecir qu&eacute; sectores o empresas crecer&aacute;n. Lo que muestra la divergencia de opiniones entre Shirley Lin y sus patrones de Goldman Sachs es que el trabajo de agorero empresarial es dif&iacute;cil y est&aacute; plagado de inc&oacute;gnitas. Si se acepta la idea de Harberger(1998), de que un sector econ&oacute;mico, y con mayor raz&oacute;n una econom&iacute;a, se parece m&aacute;s a una colecci&oacute;n de hongos dispersos que a una masa homog&eacute;nea con levadura, es claro que aun la tarea de explicar <i>ex post </i>por qu&eacute; crecieron unas empresas, sectores o pa&iacute;ses es quim&eacute;rica, y solo tienen la ilusi&oacute;n de enfrentarla quienes eliminan o aplanan las diferencias y variaciones locales o entre empresas, suponiendo que el desarrollo econ&oacute;mico se puede modelar usando la met&aacute;fora de la levadura.</p>     <p>Sin referencia expresa a esa met&aacute;fora, Easterly presenta evidencia en favor de la imagen de los hongos para entender el desarrollo econ&oacute;mico desequilibrado entre regiones y sectores. Una manifestaci&oacute;n de esa heterogeneidad es la sorprendente variedad y la cantidad de combinaciones de intercambios internacionales h&iacute;per especializados de productos entre pa&iacute;ses de origen y destino. &quot;Egipto exporta sanitarios de cer&aacute;mica a Italia, Filipinas env&iacute;a circuitos integrados a Estados Unidos y Nigeria exporta muelles flotantes a Noruega. Los empresarios de Lesotho exportan pantalones de algod&oacute;n para los estadounidenses y los de Fiji, vestidos de algod&oacute;n para las mujeres&quot;. Cada uno de esos productos representa una buena proporci&oacute;n de los ingresos del pa&iacute;s de origen y de las importaciones de ese producto en el pa&iacute;s de destino. Los sectores m&aacute;s din&aacute;micos de un lugar surgen, como los hongos, de manera inesperada. Y, como <i>Alibaba, </i>pueden crecer como solo so&ntilde;aban sus impulsores. Adem&aacute;s, a veces arrastran todo un sector, o una econom&iacute;a. Tal es el sorprendente caso de Corea que expone en detalle el autor.</p>     <p>En la actualidad, cuatro pa&iacute;ses producen la mitad de todos los veh&iacute;culos automotores del mundo. Al lado de Alemania, Jap&oacute;n y Estados Unidos est&aacute; Corea, o con m&aacute;s precisi&oacute;n, la empresa que los fabrica. Para Corea, dice Easterly, &quot;el &eacute;xito de un pa&iacute;s en la especiali-zaci&oacute;n es realmente el &eacute;xito de una empresa; el &eacute;xito de una empresa es realmente el &eacute;xito de un individuo. El &eacute;xito de Corea exportando autom&oacute;viles se puede reducir a un individuo: Chung Ju Yung y su taller de mec&aacute;nica&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La historia de la industria automotriz coreana es fascinante. La familia de este joven campesino no ten&iacute;a c&oacute;mo alimentar a todos sus hijos. En vez de insistir en aumentar la producci&oacute;n de su tierra, Chung viaj&oacute; a la ciudad de Asan en busca de oportunidades. Ten&iacute;a facilidad para reparar veh&iacute;culos y abri&oacute; un peque&ntilde;o taller de mec&aacute;nica en Se&uacute;l. Como muchos emigrantes, al poco tiempo enviaba remesas a su familia. La demanda por sus servicios era alta, de japoneses; y durante la guerra, de estadounidenses. Al finalizar la guerra se dedic&oacute; a rehabilitar veh&iacute;culos abandonados por las tropas. En 1946 hab&iacute;a rebautizado su taller con el t&eacute;rmino coreano para &quot;moderno&quot;: Hyundai, hoy el cuarto fabricante mundial de veh&iacute;culos. Dos tercios de las exportaciones coreanas de veh&iacute;culos pertenecen a una sola categor&iacute;a, de tama&ntilde;o mediano para pasajeros, y su destino primordial es Estados Unidos.</p>     <p>Cabe preguntar qu&eacute; habr&iacute;a pasado si Chung hubiese tenido restricciones administrativas para instalarse en Se&uacute;l o enviar dinero a su familia. O si se hubiese dejado convencer por un experto de que la decisi&oacute;n correcta era mejorar la productividad de su parcela. Easterly menciona el estudio de un antrop&oacute;logo sobre un proyecto del Banco Mundial para el desarrollo agr&iacute;cola en una regi&oacute;n africana. Los expertos nunca advirtieron lo que hac&iacute;a evidente una etnograf&iacute;a del lugar: ninguno de los hombres quer&iacute;a ser agricultor, todos prefer&iacute;an emigrar para emplearse en otras actividades, como Chung.</p>     <p><b>Instituciones incluyentes con muros excluyentes</b></p>     <p>&quot;El mejoramiento de las instituciones de Nigeria al nivel de Chile podr&iacute;a incrementar siete veces el ingreso de Nigeria en el largo plazo&quot;. Esta ins&oacute;lita conclusi&oacute;n es de un trabajo de 2001 de Daron Acemoglu y James Robinson (A&amp;R), dos economistas que luego ganar&iacute;an fama mundial. Su investigaci&oacute;n parti&oacute; de una misteriosa correlaci&oacute;n entre mortalidad de obispos y militares en la Colonia y desarrollo econ&oacute;mico actual. Sin hacer esfuerzo para elaborar una teor&iacute;a y seguir la pista a esa interesant&iacute;sima correlaci&oacute;n, con gran sofisticaci&oacute;n estad&iacute;stica estos dos expertos &quot;demostraron&quot; que existe una s&oacute;lida persistencia de la calidad institucional a trav&eacute;s de los siglos, y sugirieron una simple pero poco original receta para una econom&iacute;a vigorosa: un gobierno que no pueda expropiar. Esa visi&oacute;n relativamente conservadora del papel del Estado fue sustituida despu&eacute;s por una f&oacute;rmula m&aacute;s progresista, las &quot;instituciones incluyentes&quot;, idea clave del ambicioso esfuerzo que estos economistas hacen para responder a la vieja pregunta de por qu&eacute; unos pa&iacute;ses se desarrollan y otros no. Su obra <i>Por qu&eacute; fracasan las naciones </i>ha sido aclamada por acad&eacute;micos, intelectuales y expertos internacionales, pero cabe esperar poco impacto sobre ciudadanos comunes, empresarios privados o funcionarios estatales, o sobre el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en alg&uacute;n pa&iacute;s concreto. &quot;Incluyente&quot; es una noci&oacute;n tan vaga y dif&iacute;cil de medir y llevar a la pr&aacute;ctica como el &quot;mejoramiento&quot; de las instituciones nigerianas.</p>     <p>Una de las principales cr&iacute;ticas de Easterly a las recomendaciones de los expertos es que las lanzan sin que les importe qui&eacute;n ser&aacute; el responsable de implementarlas. Casi siempre se trata de lo que Ronald Coase denominaba &quot;econom&iacute;a de tablero&quot;: se supone que &quot;alguien&quot; operacionaliza las propuestas, pero ese supuesto responsable nunca se identifica, ni siquiera se sugiere d&oacute;nde buscarlo. Esta &quot;voz pasiva&quot; es, seg&uacute;n Easterly, el sello del enfoque tecnocr&aacute;tico. Las &quot;instituciones incluyentes&quot; de A&amp;R son un buen ejemplo de esas llaves maestras maleables que, aunque supuestamente determinan el desarrollo, no se sabe de d&oacute;nde provienen ni qui&eacute;n las maneja ni c&oacute;mo se activan. La gama de candidatos a &quot;operadores&quot; o &quot;ejecutores&quot; dentro del sector p&uacute;blico es amplia. En los pa&iacute;ses afortunados, se&ntilde;alan A&amp;R, las personas &quot;obtienen buena educaci&oacute;n, y enfrentan incentivos que las alientan a hacer esfuerzos y sobresalir en la vocaci&oacute;n escogida&quot;. Los j&oacute;venes saben que si tienen &eacute;xito como empresarios o trabajadores &quot;podr&aacute;n alg&uacute;n d&iacute;a disfrutar el fruto de sus inversiones y esfuerzos; mejorar su nivel de vida y comprar carros, casas y seguro de salud&quot;. Quien piense apresuradamente que las recomendaciones impl&iacute;citas se dirigen a la burocracia educativa se encuentra con un s&uacute;bito volant&iacute;n a otras &aacute;reas, como el sistema financiero. En los pa&iacute;ses con instituciones incluyentes, &quot;el Estado estimula la actividad econ&oacute;mica, de manera que es posible para los empresarios obtener cr&eacute;dito de los bancos y los mercados financieros, o para las empresas extranjeras asociarse con empresas locales &#91;...&#93; o para los individuos obtener hipotecas y comprar casas&quot;. El inventario de lo que debe funcionar adecuadamente incluye el sistema policivo y judicial: &quot;derechos de propiedad asegurados, la ley, los servicios p&uacute;blicos, y la libertad para contratar e intercambiar dependen del Estado, la instituci&oacute;n con capacidad coercitiva para imponer el orden, prevenir robos y fraudes y hacer cumplir los contratos privados&quot;. Tambi&eacute;n se debe impulsar la tecnolog&iacute;a y la innovaci&oacute;n, y no temer la &quot;creaci&oacute;n destructiva de Schumpeter&quot; ni una autoridad antimonopolio competente. En &uacute;ltimas, las instituciones incluyentes parecen darse cuando el aparato estatal -ejecutivo, legislativo y judicial- y sus posibles alianzas con el sector privado funcionan adecuadamente, lo que despierta inquietud sobre el sentido de la causalidad: si lo incluyente lleva al desarrollo o si los pa&iacute;ses desarrollados son los &uacute;nicos que han invertido recursos suficientes para montar una infraestructura institucional adecuada.</p>     <p>Ni siquiera cuando A&amp;R se esfuerzan por definir las et&eacute;reas instituciones incluyentes identifican acciones concretas. Para complicar a&uacute;n m&aacute;s las cosas, sugieren impl&iacute;citamente que ese nirvana es comparable entre sociedades bien dis&iacute;miles. &quot;Las instituciones econ&oacute;micas incluyentes, como las de Corea del Sur o Estados Unidos, son aquellas que permiten y estimulan la participaci&oacute;n de la gran masa de gente en actividades econ&oacute;micas que mejor aprovechan sus talentos y habilidades y que les permiten a los individuos hacer las elecciones que desean&quot;. Respecto de las instituciones pol&iacute;ticamente incluyentes tampoco dan indicaciones para aterrizar ideas y materializar objetivos concretos. Solo dicen que deben ser &quot;suficientemente centralizadas y pluralistas&quot;.</p>     <p>En el primer cap&iacute;tulo, A&amp;R centran su atenci&oacute;n en la ciudad de Nogales, donde Evelyn Rivera tuvo que abrazar a su madre deportada a trav&eacute;s de un muro met&aacute;lico. Sin mostrar curiosidad por una localidad tan peculiar, la usan para subrayar la importancia de las instituciones, incluyentes al norte, extractivas al sur, sobre el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico.</p>     <blockquote>    <p>La gente de Nogales, Arizona, puede llevar su rutina sin temor por su vida o seguridad y sin estar constantemente temerosa del robo o la expropiaci&oacute;n u otros incidentes que puedan poner en peligro sus inversiones en negocios o propiedades. Da por descontado que su gobierno la representa &#91;...&#93; la democracia es una segunda naturaleza para ella. La vida al sur de la valla, justo a unos metros de distancia, es bien diferente (A&amp;R, 2012).</p></blockquote>     <p>Como descripci&oacute;n, el aporte de A&amp;R sobre Ambos Nogales, nombre de esta ciudad partida en dos, es escaso. Una percepci&oacute;n vaga similar a la de miles de emigrantes latinos que anualmente buscan ingresar a Estados Unidos: &quot;All&aacute; todo es mejor, hasta el cielo es m&aacute;s azul&quot;, exclam&oacute; una familiar la primera vez que visit&oacute; La Florida y qued&oacute; con ganas de ir a vivir a Estados Unidos. Lo que llama la atenci&oacute;n de esta ins&oacute;lita ilustraci&oacute;n del desarrollo desigual es que A&amp;R no hacen ning&uacute;n comentario sobre el muro de metal que divide la ciudad, y que suponen tan natural e intrascendente como el paisaje des&eacute;rtico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para emigrantes como Evelyn Rivera o su mam&aacute;, o un reportero sensible a sus necesidades y desdichas, un rasgo protuberante de esta especie de Berl&iacute;n separada artificialmente es la arbitrariedad y la injusticia de la valla de metal; para estos dos economistas preocupados por la inclusi&oacute;n, tal esperpento contra la libertad de movimiento de los ciudadanos m&aacute;s pobres parece no tener implicaci&oacute;n pol&iacute;tica o econ&oacute;mica alguna. Este descuido sorprende m&aacute;s cuando no solo pretenden describir las obvias diferencias institucionales entre el norte y el sur de la valla, sino explicar su origen. El misterioso mutismo sobre lo que en otras latitudes se considera s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de totalitarismo es realmente incomprensible cuando califican de incluyentes a las instituciones que levantan muros y alambradas para excluir de las ventajas del desarrollo a quienes buscan nuevas oportunidades.</p>     <p><b>Ciudades o Leyes: el modelo sirve para todo</b></p>     <p>Con una simplicidad que recuerda los textos elementales de microeco-nom&iacute;a en los que el experto en modelos supone que una reflexi&oacute;n de escritorio remplaza a la etnograf&iacute;a o la historia local rigurosa, la pregunta de por qu&eacute;, estando tan cerca, las instituciones bajo las que viven los <i>nogalenses </i>son tan distintas de las de los <i>nogalians </i>la despachan A&amp;R de manera tan somera como contundente. &quot;La respuesta &#91;...&#93; se basa en la manera como diferentes sociedades se formaron en la primera &eacute;poca colonial. Una divergencia institucional surgi&oacute; entonces, con implicaciones que llegan hasta nuestros d&iacute;as&quot;. La caricatura es tan burda que corrobora la sospecha de que no se molestaron en hacer una breve investigaci&oacute;n sobre Ambos Nogales y la historia del muro. Para ellos lo &uacute;nico relevante es que a M&eacute;xico lleg&oacute; Hern&aacute;n Cort&eacute;s e impuso una econom&iacute;a extractiva cuya principal y nefasta caracter&iacute;stica fue la encomienda; a Nueva Inglaterra, en cambio, llegaron colonos que no pudieron dise&ntilde;ar un esquema similar para explotar a sus semejantes, y tuvieron que ofrecer incentivos al esfuerzo individual y a la innovaci&oacute;n. En alg&uacute;n momento, sin importar c&oacute;mo ni ordenado por qui&eacute;n, se levant&oacute; un muro en la mitad de Nogales: la parte norte hered&oacute; el legado de los colonizadores ingleses y la del sur, el de los espa&ntilde;oles; y lo que hoy se percibe a cada lado del muro son simples diferencias acumuladas causadas por ese distinto origen. Esa explicaci&oacute;n servir&iacute;a en principio para cualquier ciudad de la frontera, el interior o la costa de ambos pa&iacute;ses. Este &quot;pecado original institucional&quot; tambi&eacute;n explicar&iacute;a diferencias en otros &aacute;mbitos: la educaci&oacute;n, el acceso al cr&eacute;dito, la innovaci&oacute;n o el sistema legal de cada pa&iacute;s. En efecto, Estados Unidos &quot;adopt&oacute; e implement&oacute; una constituci&oacute;n que adhiri&oacute; a los principios democr&aacute;ticos, cre&oacute; limitaciones al poder pol&iacute;tico y distribuy&oacute; el poder ampliamente en la sociedad&quot;. M&eacute;xico, en cambio, no lo hizo, a pesar del ejemplo de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz de 1812. Siendo una carta fundamental incluyente -&quot;pon&iacute;a fin a los privilegios especiales e introduc&iacute;a la igualdad ante la ley&quot;-, era un anatema para las &eacute;lites suramericanas &quot;que deseaban mandar en un entorno institucional configurado por la encomienda, el trabajo forzado y el poder absoluto investido en ellos en el Estado colonial&quot;.</p>     <p>A pesar de su inter&eacute;s por la historia de las instituciones, el celebrado trabajo de A&amp;R padece lo que Easterly llama s&iacute;ndrome de la &quot;tabla rasa&quot;: suponer que el pasado local, espec&iacute;fico, es irrelevante ante el peso de supuestas leyes universales. Nada de lo que exponen sobre Ambos Nogales se basa en algo espec&iacute;fico de esa localidad. Para explicar las diferencias entre el norte y el sur del muro les basta un modelo de dos levaduras: la de los pa&iacute;ses desarrollados, incluyente, y la del resto del mundo, extractiva. Nunca mencionan las eventuales interferencias de la primera, por ejemplo a trav&eacute;s de sus ej&eacute;rcitos, sobre las posibilidades de crecimiento de la segunda. Tampoco hacen alusi&oacute;n a las complejas relaciones de los hongos m&aacute;s grandes en la levadura incluyente, las empresas multinacionales, con la econom&iacute;a extractiva. Aparte de que ignora la inmigraci&oacute;n ilegal, que excluye de las ventajas del desarrollo a los trabajadores no calificados, en esta visi&oacute;n ideal del mundo globalizado no existen problemas como los conflictos entre compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas y el costo de la salud para la poblaci&oacute;n del Tercer Mundo, o entre la actividad minera de gran escala y el medio ambiente, ni la competencia armada por ciertos recursos.</p>     <p>En 1961, Albert Hirschman public&oacute; un ensayo sobre las &quot;Ideolog&iacute;as del desarrollo econ&oacute;mico en Am&eacute;rica Latina&quot;, donde dijo que el equivalente de Adam Smith en la regi&oacute;n fue el argentino Juan Bautista Alberdi, cuya principal recomendaci&oacute;n de pol&iacute;tica era imitar la exitosa historia de Estados Unidos: &quot;en econom&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s que en pol&iacute;tica, el mejor ejemplo que deben seguir los americanos est&aacute; en Am&eacute;rica misma &#91;... &#93; Norteam&eacute;rica es el gran modelo para Suram&eacute;rica&quot;. No ha sido el &uacute;nico pensador en proponer esta estrategia y, en &uacute;ltimas, la recomendaci&oacute;n impl&iacute;cita de A&amp;R, para Nigeria con respecto a Chile, para Nogales Sonora con relaci&oacute;n a Nogales Arizona, y para cualquier pa&iacute;s no desarrollado frente a los que lograron crecer es hacer lo mismo que ellos. No se ha avanzado un &aacute;pice desde Alberdi en la definici&oacute;n de prioridades, en la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas concretas y factibles o en la identificaci&oacute;n de qui&eacute;n podr&iacute;a empezar a transformar las instituciones extractivas en incluyentes.</p>     <p>Easterly cuestiona los primeros informes del Banco Mundial sobre Colombia &quot;porque no mencionan la pol&iacute;tica ni la violencia &#91;en&#93; su larga lista de obst&aacute;culos al desarrollo&quot;. Se puede hacer la misma cr&iacute;tica a la m&aacute;s somera lista de A&amp;R de los problemas que enfrent&oacute; Nogales, M&eacute;xico, al rezagarse de su vecino. La historia de Ambos Nogales y su muro divisorio es interesante y sugestiva, y vale la pena resumirla.</p>     <p><b>Revoluci&oacute;n y restricciones en la frontera</b></p>     <p>Desde el punto de vista econ&oacute;mico, el relato de A&amp;R sobre la desigualdad entre Ambos Nogales es inexacto. La situaci&oacute;n actual m&aacute;s favorable del lado en Arizona no solo dependi&oacute; del legado de Hern&aacute;n Cort&eacute;s frente al de John Smith. Esta localidad, marginal para ambos pa&iacute;ses, naci&oacute; y se desarroll&oacute; en medio del r&aacute;pido crecimiento de la regi&oacute;n noroccidental mexicana a finales del siglo XIX. Situada en un paso natural rodeado de monta&ntilde;as, surgi&oacute; no solo como estaci&oacute;n de ferrocarril sino por los aranceles al comercio exterior. El presidente Porfirio D&iacute;az autoriz&oacute; en 1880 la instalaci&oacute;n de una agencia de aduanas. Casi al tiempo se establecieron comerciantes a ambos lados de la frontera. Sin barreras f&iacute;sicas, las partes mexicana y estadounidense eran muy similares y la principal se&ntilde;a del l&iacute;mite entre los dos pa&iacute;ses era el nombre de la Calle Internacional que atravesaba la ciudad. En una foto de comienzos de siglo no se detectan diferencias urban&iacute;sticas sustanciales entre el norte y el sur, y quienes la archivaron se&ntilde;alaron cada una de las dos partes con una flecha.</p>     <p>Con el levantamiento armado contra Porfirio D&iacute;az, a finales de 1910, la situaci&oacute;n se complic&oacute;. A las ventajas comerciales de Nogales se sum&oacute; su localizaci&oacute;n estrat&eacute;gica para el contrabando de armas. Los enfrentamientos entre las dos facciones mexicanas en una localidad incrustada en otro pa&iacute;s crearon problemas militares en la l&iacute;nea fronteriza. En 1913 Estados Unidos mand&oacute; tropas para impedir que la violencia del lado mexicano salpicara la parte norte de la ciudad.</p>     <p>El ambiente de guerra gener&oacute; tensiones raciales y chovinistas. Bajo rumores de que los mexicanos quer&iacute;an desarmar a los soldados estadounidenses, una ri&ntilde;a entre dos borrachos, uno de cada nacionalidad, estuvo a punto de desatar un enfrentamiento mayor. Los habitantes de Nogales, Arizona, con su artiller&iacute;a e infanter&iacute;a se levantaron contra sus vecinos mexicanos pidi&eacute;ndoles que se fueran. En forma similar a los medios parisinos que sirvieron de caja de resonancia para el incidente de Marsella, el <i>New York Times </i>report&oacute; que los soldados &quot;han sido expulsados de las aceras por los mexicanos y sometidos a otros mezquinos insultos&quot;. Como respuesta vino una ola de violencia y acoso tras la cual doscientos mexicanos tuvieron que cambiar de barrio, irse a su pa&iacute;s. Una turba de estadounidenses atac&oacute; a diez mexicanos, y un grupo de partisanos enfurecidos dio muerte a un gringo en el lado de Sonora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1914, despu&eacute;s de que la d&eacute;bil coalici&oacute;n revolucionaria tom&oacute; el poder y Venustiano Carranza asumi&oacute; la presidencia en nombre del movimiento constitucionalista, las facciones rebeldes se dividieron. Francisco Villa se tom&oacute; los estados de Sonora y Chihuahua, se levant&oacute; contra el nuevo r&eacute;gimen y busc&oacute; apoyo estadounidense. El presidente Woodrow Wilson reconoci&oacute; a Carranza y redujo a los villistas al rango de bandidos. Las fuerzas rebeldes se dirigieron a Nogales por su localizaci&oacute;n estrat&eacute;gica, la saquearon y los gringos reaccionaron enviando m&aacute;s tropas. El declive econ&oacute;mico de la parte mexicana se inici&oacute; entonces como consecuencia directa del conflicto mexicano. Con la llegada de las tropas constitucionalistas mexicanas, los enfrentamientos se agravaron.</p>     <p>Cuando el ej&eacute;rcito insurgente se disolvi&oacute;, el general Villa responsabiliz&oacute; de su derrota a los gringos por apoyar a sus enemigos, y en retaliaci&oacute;n atac&oacute; a Columbus, Nuevo M&eacute;xico. El presidente Wilson envi&oacute; la expedici&oacute;n punitiva con la misi&oacute;n de capturarlo. As&iacute;, sin autorizaci&oacute;n del presidente Carranza, tropas estadounidenses acamparon en el estado de Chihahua cerca de un a&ntilde;o. Los efectos de estas tensiones se sintieron en Nogales, donde Wilson mand&oacute; cerca de veinte guarniciones. Tambi&eacute;n se organizaron milicias civiles a las que el Departamento de Guerra vendi&oacute; rifles y rev&oacute;lveres.</p>     <p>Los controles a la salida de mercanc&iacute;as se endurecieron durante la Primera Guerra Mundial. Los nogalenses que intentaban sacar mercanc&iacute;as hacia M&eacute;xico empezaron a ser detenidos por contrabando y se formalizaron las medidas de seguridad en la frontera. As&iacute; como los franceses impusieron un documento de identificaci&oacute;n a los trabajadores inmigrantes despu&eacute;s de los disturbios de Marsella, el gobierno estadounidense hizo obligatorio el pasaporte. Las nuevas regulaciones tuvieron profundo impacto en la libre circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as y personas que defin&iacute;a hasta entonces la relaci&oacute;n entre las dos partes de esta ciudad comercial. Al declive econ&oacute;mico de la ciudad fronteriza debido al conflicto se sumaron los obst&aacute;culos administrativos al comercio. Incluso para los trabajadores mexicanos con pasaporte, la entrada a la parte gringa se redujo a dos por d&iacute;a. Los no vinculados al mercado laboral solo pod&iacute;an pasar una vez por semana. Los comerciantes estadounidenses anunciaron &eacute;pocas de &quot;p&aacute;nico&quot;. El c&oacute;nsul de M&eacute;xico en Nogales, Arizona, empez&oacute; a reportar abusos de los agentes de inmigraci&oacute;n y aduana sobre sus compatriotas.</p>     <p>En agosto de 1918 un carpintero mexicano volv&iacute;a con sus herramientas despu&eacute;s del trabajo. Ya hab&iacute;a cruzado la frontera cuando un inspector de aduana le orden&oacute; devolverse para revisar el paquete que llevaba. Dos celadores mexicanos le dijeron que desoyera al agente del norte. En medio de la disputa son&oacute; un disparo que deton&oacute; la Batalla de Ambos Nogales. Soldados y civiles de ambos lados se trenzaron en una balacera indiscriminada. El presidente municipal del lado mexicano sali&oacute; con una bandera blanca a pedir que cesara el fuego y fue herido de muerte. Las tropas estadounidenses entraron a Sonora, fueron atacadas por civiles armados y obligadas a devolverse. El c&oacute;nsul mexicano propuso a ambos bandos que izaran bandera blanca para terminar la confrontaci&oacute;n. El coronel Herman respondi&oacute;: &quot;V&aacute;yase al diablo. Nuestras tropas no tienen banderas blancas ni las utilizan&quot;. Y anunci&oacute; que si los mexicanos no se rend&iacute;an, sus soldados entrar&iacute;an a Nogales para incendiarlo. La reputaci&oacute;n de la expedici&oacute;n punitiva y otras incursiones hizo cre&iacute;ble la amenaza, y los mexicanos se rindieron e izaron una bandera blanca en el edificio de la aduana.</p>     <p>Tras el cese al fuego, el comercio fronterizo volvi&oacute; a una &quot;nueva normalidad&quot;. Aunque eran mutuas las manifestaciones de que el diferendo se hab&iacute;a superado sin repercusiones en las relaciones diplom&aacute;ticas, se mantuvieron la desconfianza y las quejas de abuso de las autoridades estadounidenses. Los habitantes de Ambos Nogales intentaron restablecer el car&aacute;cter binacional de su ciudad, pero la batalla dej&oacute; una secuela que a&uacute;n se conserva: la valla a lo largo de la Calle Internacional. Un general estadounidense orden&oacute; construir una separaci&oacute;n f&iacute;sica de tres kil&oacute;metros de largo que, seg&uacute;n anot&oacute;, &quot;servir&aacute; para evitar fricciones m&aacute;s que cualquier otra medida&quot;.</p>     <p>Premonici&oacute;n de las barreras de alambre que d&eacute;cadas m&aacute;s tarde ser&iacute;an comunes para impedir la migraci&oacute;n, la valla de Nogales pronto cumplir&aacute; un siglo separando las instituciones incluyentes del norte -seg&uacute;n A&amp;R- de las extractivas del sur. Ya en esa &eacute;poca se sab&iacute;a que el t&eacute;rmino &quot;incluyente&quot; es selectivo y estratificado. A las ventajas del norte solo han tenido acceso quienes menos necesitan mejorar sus condiciones de vida. Los impedimentos para pasar la frontera siempre afectaron a trabajadores y compradores de bajos ingresos; los comerciantes acomodados se reun&iacute;an sin problemas en la c&aacute;mara de comercio binacional. Un exportador mexicano miembro de esa agremiaci&oacute;n, futuro pol&iacute;tico de renombre, ten&iacute;a su casa en la Calle Internacional. Cuando estallaron los disturbios, una de las acciones de las autoridades estadounidenses fue ponerlo a salvo a &eacute;l y a su familia en casa de su suegro, en el protegido e incluyente lado norte.</p>     <p><b>Las instituciones importan, y algunas se importan</b></p>     <p>Cuando las reflexiones sobre el desarrollo comparativo empiezan con un modelo mundial que &quot;explica&quot; las diferencias entre pa&iacute;ses desde su origen en el medioevo, contrastar la herencia institucional de Hern&aacute;n Cort&eacute;s con la de los Padres Peregrinos parece un avance esclarecedor, pero los microfundamentos de la teor&iacute;a de la instituciones incluyentes no son s&oacute;lidos ni convincentes, ni siquiera sugieren hip&oacute;tesis contras-tables. El extenso trabajo de A&amp;R no hace referencia expl&iacute;cita a dos instituciones que pueden ser fundamentales para el desarrollo, pese a que en varios de sus escenarios es evidente que ya marcaban una diferencia con lo que se observaba en otras sociedades.</p>     <p>A&amp;R anotan que durante muchos a&ntilde;os Gran Breta&ntilde;a deport&oacute; criminales a sus colonias. Despu&eacute;s de la guerra de independencia empez&oacute; a enviarlos a Australia. En 1788 lleg&oacute; a lo que se convertir&iacute;a en Sidney un barco con una pareja de convictos, Henry y Susana Cable. Ella hab&iacute;a sido condenada a muerte por robo y su sentencia fue cambiada por la deportaci&oacute;n. En la c&aacute;rcel conoci&oacute; a Henry, se enamoraron y tuvieron un hijo, pero decidieron enviarlos a Australia sin &eacute;l. La decisi&oacute;n fraccionaba la familia. Una fil&aacute;ntropa se enter&oacute; del drama y su campa&ntilde;a logr&oacute; que viajaran con su hijo. Adem&aacute;s, recogi&oacute; dinero suficiente para comprar art&iacute;culos esenciales. Al llegar a su destino, su modesto equipaje hab&iacute;a desaparecido, seg&uacute;n dijo el capit&aacute;n del barco. Los Cable interpusieron una demanda ante el juez local. Ni siquiera sab&iacute;an firmar y marcaron un par de cruces en el alegato. El capit&aacute;n del barco fue llamado a juicio y condenado por el jurado.</p>     <p>A&amp;R dicen que este fue el primer caso atendido por la justicia en Australia. Sugieren que, como por arte de magia, as&iacute; nacieron las &quot;instituciones incluyentes&quot; en esa tierra. Con ligereza afirman que el juez &quot;no aplic&oacute; la ley brit&aacute;nica, sino que la ignor&oacute;&quot;. En Inglaterra, seg&uacute;n ellos, las &quot;leyes incluyentes&quot; no se extend&iacute;an a los convictos. No reconocen que el juez y el jurado fueron los actores protag&oacute;nicos de este incidente, y que eran una importaci&oacute;n directa del <i>common law, </i>que no se apega a c&oacute;digos sino que resuelve en justicia casos espec&iacute;ficos. Tampoco destacan la importancia de que la familia Cable no estuviera fraccionada, por iniciativa de la fil&aacute;ntropa inglesa que consider&oacute; intolerable que aun ciudadanos de segunda, como los prisioneros en la metr&oacute;poli, tuvieran que vivir separados de sus c&oacute;nyuges e hijos. Actuar como familia y no como individuos disminuidos por estar separados de los suyos, seguramente contribuy&oacute; a que los Cable acudieran a la justicia, un gesto simple pero fundamental que hoy no est&aacute; al alcance de millones de ilegales separados de sus familias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La justicia y la familia coloniales</b></p>     <p>Sin profundizar, Easterly destaca una instituci&oacute;n fundamental para el desarrollo. &quot;La familia es un veh&iacute;culo importante a trav&eacute;s del cual los valores persisten entre generaciones. Los padres ense&ntilde;an con su propia experiencia los costos y las consecuencias de los valores conformistas frente a los individualistas. Deciden entonces qu&eacute; valores transmitir a sus hijos&quot;. Es razonable plantear que los colonos que llegaron a Norteam&eacute;rica ya tra&iacute;an, como sugiere Esaterly, valores que sus familias les transmitieron y que replicaron en el Nuevo Mundo.</p>     <p>El capit&aacute;n John Smith, el amigo de Pocahontas, es para A&amp;R un personaje especial e influyente, y su principal fuente de informaci&oacute;n sobre el desarrollo temprano de la colonia. En su primer viaje a Virginia se amotin&oacute;, y las autoridades del barco pensaban juzgarlo al llegar al Nuevo Mundo. Cuando la nave atrac&oacute; se supo que la Compa&ntilde;&iacute;a de Virginia lo hab&iacute;a designado miembro del concejo que deb&iacute;a gobernar Jamestown. A&amp;R no mencionan la raz&oacute;n de ese cambio en la suerte de Smith, pero dicen que &eacute;l fue definitivo para la supervivencia de la colonia. Lo que est&aacute; impl&iacute;cito en esta historia, y que A&amp;R pasan por alto, es la existencia de un sistema judicial que no depend&iacute;a de las autoridades del barco ni de colonos instalados en ultramar. Su eficacia para hacer cumplir &oacute;rdenes era tal que, al parecer, no fue necesario un procedimiento o juicio para hacerlas valer.</p>     <p>En <i>Abortion rites, </i>el historiador Marvin Olasky cuenta que a&ntilde;os despu&eacute;s otro John Smith fue jurado en el proceso contra Dorcas Howard, una criada soltera arrestada por dar a luz a un ni&ntilde;o que luego apareci&oacute; muerto, pero la evidencia fue insuficiente para condenarla. En la Norteam&eacute;rica colonial eran comunes los abortos forzados de muchachas de origen modesto, subordinadas y amantes de un hombre poderoso al que le era intolerable que el hijo ileg&iacute;timo naciera. El capit&aacute;n Willam Mitchell, por ejemplo, sedujo a una de sus esclavas y al quedar embarazada la oblig&oacute; a beber un abortivo. Mitchell fue condenado por &quot;adulterio, fornicaci&oacute;n e intento de asesinato&quot;. En 1663, el m&eacute;dico Jacob Lumbrozo de Maryland fue acusado por su criada de 22 a&ntilde;os por haberla violado y obligado a beber una p&oacute;cima abortiva. Para librarse de la testigo, Lumbrozo se cas&oacute; con la v&iacute;ctima. Los casos eran tan comunes que las autoridades coloniales sol&iacute;an manifestar preocupaci&oacute;n por el n&uacute;mero de criadas solteras &quot;enga&ntilde;adas con un hijo&quot; que denunciaban su situaci&oacute;n o mor&iacute;an.</p>     <p>Muchos embarazos indeseados se resolv&iacute;an con matrimonio y reconocimiento de la paternidad. En Massachussets las madres solteras ten&iacute;an la obligaci&oacute;n, durante el trabajo de parto, de revelar qui&eacute;n era el padre. Se pensaba que en tales circunstancias eran incapaces de mentir. Y aunque la declaraci&oacute;n no bastaba para un juicio por adulterio, que requer&iacute;a dos testigos, el &quot;supuesto padre&quot; quedaba obligado a asistir econ&oacute;micamente al hijo. La presi&oacute;n judicial y social se ejerc&iacute;a m&aacute;s sobre el progenitor irresponsable que sobre la madre, considerada v&iacute;ctima. Los registros muestran que algunas mujeres abandonadas se casaban con hombres de la misma comunidad. As&iacute;, las tasas de ilegitimidad se mantuvieron muy bajas, entre el 1% y el 3%, cuando en ciudades de Am&eacute;rica hispana llegaban al 50%.</p>     <p>Estas historias reflejan, de nuevo, la existencia de un sistema de justicia que operaba con independencia del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de la colonia, una situaci&oacute;n realmente at&iacute;pica en la mayor&iacute;a de entornos institucionales.</p>     <p>Para Am&eacute;rica Latina, varios estudios sugieren que uno de los legados m&aacute;s desafortunados de la Colonia fue precisamente el p&eacute;simo desempe&ntilde;o del sistema judicial, arbitrario, dependiente de la burocracia, corrupto e ineficiente. Hay diferencias apreciables con el <i>common law, </i>empezando por los archivos de los procesos y las estad&iacute;sticas sobre su funcionamiento. Desde sus inicios, las cortes espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica se destacaron por su corrupci&oacute;n. Las &eacute;lites &quot;buscaron adue&ntilde;arse de la burocracia judicial de la Colonia como una manera de capturar rentas&quot;. En 1729 el presidente de la Audiencia de Santa Fe se quejaba de que la mala administraci&oacute;n judicial era una de las causas de la pobreza en el Virreinato. Pero tambi&eacute;n se sab&iacute;a que esa debilidad se originaba en la falta de recursos p&uacute;blicos para mantener funcionarios bien pagos. El virrey Caballero manifest&oacute; en su informe que no dispon&iacute;a de recursos para garantizar que las oficinas judiciales no fueran ocupadas por quienes solo esperaban lucrarse. El virrey Ezpeleta se refiri&oacute; a la necesidad de nombrar otro corregidor, pero aclar&oacute; que sin recursos suficientes prefer&iacute;a no crear la plaza por temor a que el funcionario nombrado buscara beneficios &quot;por medios indecentes&quot;. Estaba claro desde esa &eacute;poca que la causalidad entre las instituciones y la econom&iacute;a va en ambas direcciones.</p>     <p>La disfuncionalidad judicial tuvo impacto en la estructura de los mercados. En Colombia, la consolidaci&oacute;n del monopolio de unos pocos comerciantes result&oacute; de la privatizaci&oacute;n, literal, del Consulado de Cartagena encargado de administrar justicia.</p>     <p>Las historias judiciales de madres solteras en Norteam&eacute;rica tambi&eacute;n destacan la importancia que los colonos daban a la protecci&oacute;n y cuidado de los hijos nacidos por fuera de la estructura familiar, una tradici&oacute;n brit&aacute;nica desde la alta Edad Media. El hecho de que siglos antes del surgimiento de instituciones favorables al capitalismo, las comunidades inglesas persiguieran a los padres que no respond&iacute;an por sus hijos, y que esa fuera tambi&eacute;n una obsesi&oacute;n de los colonos de Massachussets, no merece m&iacute;nima reflexi&oacute;n en el ambicioso trabajo de A&amp;R, donde el t&eacute;rmino &quot;familia&quot; no aparece en el &iacute;ndice. Tampoco se menciona que Inglaterra precedi&oacute; al resto de Europa en el control de la violencia de pareja, o en la participaci&oacute;n femenina en el mercado de tierras. Ni siquiera al comparar la colonizaci&oacute;n de los ingleses en el norte con la de los espa&ntilde;oles al sur se destaca que all&iacute; se hizo en familia, con el apoyo de mujeres, en contraste con quienes llegaron al sur: hordas de varones sexualmente &aacute;vidos de ind&iacute;genas a las que maltrataban y por cuyos embarazos rara vez respond&iacute;an.</p>     <p>En su discurso para explicar por qu&eacute; volv&iacute;a a Espa&ntilde;a despu&eacute;s de diez a&ntilde;os de huelga por la exigencia de visa a los latinoamericanos, H&eacute;ctor Abad aborda este punto y resume estudios que muestran que</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>el 90% del ancestro materno de los colombianos es ind&iacute;gena. Por el lado materno, es decir por el ADN mitocondrial, somos iguales a las poblaciones ember&aacute;, o chibchas, o zen&uacute;es, o incas. Esto quiere decir algo muy claro, que la historia de la Conquista conoce bien: a Am&eacute;rica fueron muchos varones, muchos conquistadores y muy pocos colonos, es decir, pocas familias completas y muy pocas mujeres solas. Los que llegaron en busca de El Dorado, de gusto o sin gusto, por las buenas o por las malas, se mezclaron con mujeres indias, o con mestizas descendientes de ellas &#91;...&#93; En cuanto al cromosoma Y, se encontr&oacute; lo opuesto: solo el 1% de los linajes paternos son de origen ind&iacute;gena, el 5% proviene de poblaciones africanas, mientras que el 94% procede de europeos &#91;...&#93; Somos los hijos de la Malinche fecundada y traicionada, o para decirlo con m&aacute;s claridad, como se&ntilde;ala Octavio Paz, somos los hijos de la Chingada (Abad, 2010).</p></blockquote>     <p>En alg&uacute;n momento habr&aacute; que pedirle a un buen escritor, interesado en la realidad y no obsesionado por los modelos, que reflexione sobre las consecuencias institucionales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de esos desarreglos familiares. Los economistas ya elevaron la familia nuclear anglosajona a la categor&iacute;a de creencia y no parecen interesados en considerar estructuras distintas.</p>     <p>Es dif&iacute;cil entender el relativo desinter&eacute;s de A&amp;R por una instituci&oacute;n tan determinante como la justicia. Al respecto se pueden plantear algunas conjeturas. La primera es que el punto cr&iacute;tico del sistema judicial no es tanto de dise&ntilde;o experto sino de &quot;c&oacute;mo&quot; hacerlo funcional, algo que requiere conocimiento local y muy espec&iacute;fico. La segunda es que la labor de la justicia de resolver de manera individual asuntos muy dis&iacute;miles se presta poco a los ejercicios de agregaci&oacute;n que est&aacute;n en la base del desarrollo comparativo. La tercera es que, igual que la familia, el modelo de justicia anglosaj&oacute;n est&aacute; tan imbricado en la microeconom&iacute;a que los economistas ni siquiera se preguntan de qu&eacute; modo otros esquemas alternativos o sustitutos -las normas sociales, la burocracia, la religi&oacute;n, los clanes, la familia extendida o las mafias- pueden afectar las relaciones de intercambio, la asignaci&oacute;n de recursos y la soluci&oacute;n de conflictos. As&iacute;, la recomendaci&oacute;n vaga de pol&iacute;tica es tratar de alcanzar unas instituciones incluyentes sin detenerse en la minucia local que las determina.</p>     <p><b>La pobreza de la cliometr&iacute;a</b></p>     <p>En el discurso ante la Asociaci&oacute;n Americana de Historia en 2011, su presidente se&ntilde;al&oacute; que la disciplina nunca antes hab&iacute;a estado en una situaci&oacute;n tan precaria ante la opini&oacute;n p&uacute;blica y en los programas escolares y universitarios. En su libro <i>The poverty of Clio, </i>Francesco Boldizzoni se&ntilde;ala que la mayor amenaza para la historia proviene de la academia, de las facultades de Econom&iacute;a.</p>     <p>Un antecedente de las dificultades de la historia es el &quot;imperialismo econ&oacute;mico&quot;, iniciado por Gary Becker con la pretensi&oacute;n de que la caja de herramientas de la econom&iacute;a era la m&aacute;s id&oacute;nea para explicar fen&oacute;menos ajenos al &aacute;mbito de los mercados tradicionales. Seg&uacute;n Boldizzoni, el esfuerzo intencional por colonizar otras disciplinas se consolid&oacute; con la nueva econom&iacute;a institucional. Estas dos vertientes llevaron a los economistas a ocuparse de la historia de las relaciones de intercambio. Puesto que una buena manera de celebrar las virtudes del mercado es mostrar que su tradici&oacute;n se remonta al pasado remoto, los economistas inventaron una nueva disciplina, la cliometr&iacute;a, &quot;cuya tarea parece consistir en crear narrativas del pasado compatibles con las ideas neoliberales dominantes &#91;... &#93; En el mejor de los casos, sus resultados son ficciones hist&oacute;ricas que transmiten la ideolog&iacute;a de modo m&aacute;s o menos velado, pero que se venden invariablemente como ejemplos sofisticados y vanguardistas&quot; de la nueva manera de hacer historia. Una caracter&iacute;stica de estos trabajos es, contin&uacute;a este autor, cierto</p>     <blockquote>    <p>diletantismo ingenuo que lleva a manipular las fuentes para hacerlas encajar dentro de alguna teor&iacute;a prefabricada, sin someter la evidencia a escrutinio minucioso &#91;... &#93; La teor&iacute;a es a menudo una mezcla de prejuicios acerca del funcionamiento de las sociedades pasadas, que reflejan el sesgo de los economistas ante algunas formas de organizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica diferentes del individualismo de mercado (Boldizzoni, 2011).</p></blockquote>     <p>Desde la elecci&oacute;n del nombre de la nueva disciplina qued&oacute; claro que su vocaci&oacute;n es la de promover ideolog&iacute;as m&aacute;s que la de estudiar o entender el pasado. En la mitolog&iacute;a griega, Cl&iacute;o era la musa de la historia y de la poes&iacute;a &eacute;pica. El verbo <i>kleio </i>significa celebrar o ensalzar; historia significa investigar. A diferencia de la historia tradicional, que busca una comprensi&oacute;n retrospectiva, la cliometr&iacute;a ha estado orientada desde sus or&iacute;genes -seg&uacute;n Boldizzoni- a &quot;crear narrativas del pasado compatibles con la econom&iacute;a neoliberal y con frecuencia es un ejercicio altamente ideol&oacute;gico para endosar visiones espec&iacute;ficas del mundo, teor&iacute;as y recomendaciones de pol&iacute;tica&quot;. Un rasgo distintivo de esta nueva historia es el uso de la &quot;econometr&iacute;a hist&oacute;rica&quot;, que surgi&oacute; por la necesidad de validar modelos. Una diferencia fundamental de este m&eacute;todo con las t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas tradicionales es que se apropi&oacute;, con t&eacute;cnicas sofisticadas y teor&iacute;a deficiente, de las herramientas y convirti&oacute; las correlaciones en v&iacute;nculos de causalidad. Esta tentaci&oacute;n es peligrosa cuando no hay garant&iacute;a de que todas las variables relevantes se han incluido en el modelo, algo que ocurre con frecuencia cuando se busca simplificar, o considerar irrelevantes ciertas diferencias geogr&aacute;ficas o hist&oacute;ricas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El caso de Ambos Nogales, en el que A&amp;R atribuyen el atraso econ&oacute;mico de la parte mexicana al legado de la encomienda sin un m&iacute;nimo repaso de su historia, y el exagerado &eacute;nfasis a su pertenencia a Latinoam&eacute;rica como rasgo esencial, ilustra las limitaciones -se&ntilde;aladas por Boldizzoni- de esa extra&ntilde;a mezcla de econom&iacute;a normativa, econometr&iacute;a agregada y desprecio de las peculiaridades locales.</p>     <p><b>CIEN A&Ntilde;OS DE CONFLICTO</b></p>     <p>Por sus v&iacute;nculos con Colombia, James Robinson, uno de los economistas obsesionados por el fracaso de las naciones, se interes&oacute; por el conflicto armado en este pa&iacute;s. Sus reflexiones aparecen en un ensayo -&quot;Colombia, &iquest;otros cien a&ntilde;os de soledad?&quot; (2013)- que no se apoya en la cliometr&iacute;a pero mantiene la esencia del escrito experto. Robinson recomienda ambiciosas reformas estructurales -refundar la naci&oacute;n- sustentadas no en la historia ni en datos sino en la especulaci&oacute;n ilustrada <i>ad hoc </i>con algunos hechos y, adem&aacute;s, adaptada al ambiente prevaleciente en el momento de su publicaci&oacute;n. Como muchos intelectuales empe&ntilde;ados en arreglar la sociedad colombiana desde sus cimientos para alcanzar la paz, al sugerir pol&iacute;ticas, Robinson -promotor del Estado m&iacute;nimo hace apenas una d&eacute;cada- se confunde con el mamertismo local reencauchado en la mesa de negociaciones de La Habana. Seg&uacute;n dice, ni la guerrilla ni la droga son responsables del conflicto: &quot;fundamentalmente, todos los problemas que Colombia tiene se derivan de la forma como ha sido gobernada&quot;. Esta tajante afirmaci&oacute;n simplemente parafrasea el discurso de los guerrilleros y la izquierda m&aacute;s radical. La perla de su cr&iacute;tica ligera al establecimiento es la siguiente cita de un escritor: &quot;en Colombia, la pol&iacute;tica corrompi&oacute; el narcotr&aacute;fico&quot;. Dif&iacute;cil concebir una generalizaci&oacute;n m&aacute;s desacertada, inoportuna e improcedente cuando se conmemora un cuarto de siglo del magnicidio de Luis Carlos Gal&aacute;n. Nadie medianamente informado sobre la evoluci&oacute;n del narcotr&aacute;fico, la guerrilla y los paramilitares en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se atrever&iacute;a a reproducir en un escrito acad&eacute;mico tal desprop&oacute;sito, que deja al desnudo la confusi&oacute;n entre correlaci&oacute;n y causalidad se&ntilde;alada por Boldizzoni.</p>     <p>El ensayo, inicialmente escrito en ingl&eacute;s para una audiencia internacional, abunda en referencias a incidentes que dan la impresi&oacute;n de una persona informada y familiarizada con la situaci&oacute;n. Este hecho, sumado al prestigio acad&eacute;mico de Robinson, hace a&uacute;n m&aacute;s lamentable su irresponsabilidad. Si al mensaje expl&iacute;cito del ensayo -que el sistema pol&iacute;tico colombiano es la causa del conflicto, por encima del narcotr&aacute;fico y la guerrilla- se le suma un argumento repetido hasta la saciedad en el libro sobre el fracaso de las naciones -que lo determinante de las instituciones latinoamericanas sigue siendo el sistema extractivo y desp&oacute;tico impuesto desde la conquista- el paralelo con un panfleto subversivo, &quot;Marulanda y las FARC para principiantes&quot;, es inevitable. All&iacute;, en una caricatura Tirofijo afirma que la guerrilla &quot;naci&oacute; y existe&quot; por culpa del Estado y los poderosos, &quot;no por propio gusto&quot;. Cuando ese manual explica los or&iacute;genes del capitalismo dependiente del pa&iacute;s, uno de sus argumentos parece calcado del libro de A&amp;R: existe una continuidad institucional desde la conquista, y las FARC son herederas de la resistencia ind&iacute;gena contra &quot;el sistema de propiedad de la tierra que se estructura desde la &eacute;poca de la colonia&quot;. Esta similitud entre un escrito acad&eacute;mico y la propaganda de un grupo guerrillero muestra lo cerca que est&aacute;n las teor&iacute;as econ&oacute;micas supuestamente universales de las doctrinas pol&iacute;ticas decimon&oacute;nicas, ambas menos orientadas a entender lo que pasa que a asesorar tiranos.</p>     <p>La diferencia entre el diagn&oacute;stico de Robinson (2013) y el de las FARC es el imperialismo norteamericano. Al mencionarlo como factor determinante, el panfleto de las FARC al menos desparroquializa el conflicto. Robinson, en cambio, propone una visi&oacute;n aut&aacute;rquica, desligada de la pol&iacute;tica internacional, de Cuba, Centroam&eacute;rica y cualquier extensi&oacute;n de la Guerra Fr&iacute;a. Como minimiza el narcotr&aacute;fico, Robinson no menciona el impacto nefasto de la guerra estadounidense contra las drogas en la violencia colombiana, ni el papel protag&oacute;nico de los extraditables, ni el saboteo a los di&aacute;logos con narcotraficantes que acabar&iacute;an negociando en forma individual con fiscales de Estados Unidos, ni la privatizaci&oacute;n de la guerra a trav&eacute;s de mercenarios de compa&ntilde;&iacute;as de seguridad extranjeras. Como ninguna de estas dimensiones del conflicto encaja en su teor&iacute;a, opta por ignorarlas.</p>     <p>En una entrevista a Mar&iacute;a Isabel Rueda (2012), que lo candidatiz&oacute; al Nobel, el experto baja la guardia y transmite cierta sensaci&oacute;n de asombro e incapacidad para entender muchos aspectos del conflicto. Al escribir el ensayo, esa misma actitud podr&iacute;a haberlo llevado a un ejercicio interesante: el inventario de situaciones colombianas ins&oacute;litas que desaf&iacute;an las supuestas leyes universales sobre los determinantes de un conflicto armado. Solo se requer&iacute;a un esp&iacute;ritu cient&iacute;fico m&aacute;s preocupado por contrastar y rebatir hip&oacute;tesis que por servir de caja de resonancia a ideas burdas tra&iacute;das de otros contextos.</p>     <p>Poco de ciencia tiene el m&eacute;todo de importar en forma selectiva explicaciones o hip&oacute;tesis quiz&aacute; v&aacute;lidas para otras sociedades, y escarbar en el acervo de incidentes locales hasta encontrar el que sirva para respaldar cada una de ellas. Un conjunto deshilvanado de ideas, supuestamente validadas de manera independiente, le sirve a Robinson para pregonar una gran teor&iacute;a unificadora. Pero ni siquiera recurriendo a este procedimiento el autor logra articular argumentos convincentes. Un ejemplo es la noci&oacute;n de &quot;dividir y vencer&quot;, importada de Sud&aacute;n y el Congo, y seg&uacute;n &eacute;l, &quot;ciertamente aplicable a Colombia&quot;. La hip&oacute;tesis es que &quot;el centro fomenta el caos en la periferia&quot;, y para sustentarla cita a un comandante paramilitar que le dice a un ex guerrillero del M-19 que en vez de luchar entre ellos, &quot;nos deber&iacute;amos haber organizado y levantado conjuntamente contra el Estado central&quot;. La absurda sugerencia impl&iacute;cita es que, desde el centro, &quot;alguien&quot; movi&oacute; los hilos para evitar una alianza de los paramilitares con ese grupo guerrillero. El planteamiento no es solo alucinante sino contrario a la evidencia, pues, por ejemplo, en Puerto Boyac&aacute;, hubo una estrecha alianza entre esos dos grupos. La idea de un poder central que busca vencer adversarios provocando divisiones en el bajo mundo, ajena a los an&aacute;lisis serios del conflicto y del crimen organizado en Colombia, no da cuenta del fen&oacute;meno de los Pepes, una de las m&aacute;s vergonzosas alianzas entre el gobierno colombiano, algunas agencias norteamericanas, los paramilitares, el cartel de Cali y el ala rebelde del Cartel de Medell&iacute;n para liquidar a Pablo Escobar. Aqu&iacute; sucedi&oacute; exactamente lo contrario: el poder central se uni&oacute; al imperio y casi a cualquiera de la periferia para vencer al capo de capos.</p>     <p>Un punto desconcertante del ensayo de Robinson, tambi&eacute;n caracter&iacute;stico de su libro con Acemoglu, es la enorme dispersi&oacute;n. En medio de un an&aacute;lisis de los problemas de orden p&uacute;blico y las alianzas entre pol&iacute;ticos y grupos armados, en la secci&oacute;n sobre Dumar Aljure, un bandolero de los cincuenta, pasa a hablar del &quot;alto grado de monopolio que tiene la econom&iacute;a &#91;...&#93; Los hombres m&aacute;s ricos de Colombia han monopolizado diferentes sectores de la industria &#91;...&#93; tal cartelizaci&oacute;n se forma f&aacute;cilmente en un sistema pol&iacute;tico que carece de responsabilidad social&quot;. Dejando de lado el punto, bien complejo, de a&ntilde;adir al diagn&oacute;stico del conflicto la estructura de la propiedad industrial, es evidente la incoherencia entre esa menci&oacute;n de la econom&iacute;a urbana y el caos en la periferia, foco del ensayo.</p>     <p>La reducci&oacute;n apresurada del conflicto colombiano a un problema de reparto del poder pol&iacute;tico entre el centro y la periferia es otra inexactitud que supone representativa la &uacute;ltima etapa de enfrentamiento abierto entre paramilitares y guerrilla, pues ignora &eacute;pocas de violencia no rural, como los grupos subversivos de origen universitario, el surgimiento y consolidaci&oacute;n de los carteles de la droga en dos grandes centros econ&oacute;micos, Medell&iacute;n y Cali, la decisi&oacute;n de la guerrilla de urbanizar el conflicto en los ochenta, y el narcoterrorismo.</p>     <p>Otra idea cuestionable es la de que un mismo factor gener&oacute; problemas tan dis&iacute;miles como el levantamiento armado, la respuesta paramilitar, el narcotr&aacute;fico y la corrupci&oacute;n. Sin duda, el narcotr&aacute;fico y el paramilitarismo impulsaron la corrupci&oacute;n, con mecanismos tan variados como la financiaci&oacute;n de campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, el debilitamiento del sistema judicial y las alianzas con pol&iacute;ticos para capturar rentas estatales. Pero es ins&oacute;lito como teor&iacute;a que detr&aacute;s de todas las manifestaciones de ilegalidad est&eacute; la misma causa relacionada con el reparto regional del poder pol&iacute;tico. Para corroborar sus hip&oacute;tesis, Robinson (2013) tambi&eacute;n recurre al m&eacute;todo de ilustrarlas con casos seleccionados arbitrariamente. Es innegable que el nivel actual de corrupci&oacute;n en Colombia es superior al de cualquier pa&iacute;s desarrollado. Razones m&aacute;s parsimoniosas para explicar esas diferencias son, al menos, el d&eacute;bil desempe&ntilde;o del sistema judicial, las estructuras familiares extensas, la opacidad de la informaci&oacute;n fiscal y las deficiencias en la formaci&oacute;n moral. Pretender que la corrupci&oacute;n se podr&aacute; controlar con reformas pol&iacute;ticas sin alterar esos factores es, como m&iacute;nimo, ingenuo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es llamativo su argumento de que una peculiaridad del pa&iacute;s, similar a la que un antrop&oacute;logo encuentra en Italia, es la doble moral de los pol&iacute;ticos: no son corruptos con desfachatez sino que tratan de salvar la cara en sus regiones. Pol&iacute;ticos con doble moral hay en casi toda sociedad actual. La comparaci&oacute;n de la corrupci&oacute;n en lugares donde a&uacute;n influyen las mafias, como Colombia y algunas zonas de Italia, con la de pa&iacute;ses desarrollados se debe hacer para los momentos en que han estado sometidos al poder del crimen organizado, como Chicago durante la prohibici&oacute;n. Ese ejercicio, adem&aacute;s, matizar&iacute;a la pretensi&oacute;n de que todas las deficiencias institucionales vienen de la Colonia y pasan por la forma de hacer pol&iacute;tica.</p>     <p>Es sorprendente que las tesis de Robinson hayan calado en Colombia como novedosas e influyentes. La <i>Silla Vac&iacute;a </i>(2014), medio digital especializado en pol&iacute;tica, dice que Robinson &quot;ha influido con su idea de que la variable que m&aacute;s distorsiona al pa&iacute;s es la pol&iacute;tica&quot; y transmite sin asomo de cr&iacute;tica su falacia: &quot;el narcotr&aacute;fico es consecuencia de los problemas en la pol&iacute;tica y no al rev&eacute;s&quot;. De los escritos y conferencias del experto internacional no es posible sacar una sola hip&oacute;tesis refutable o una propuesta espec&iacute;fica, susceptible de convertirla en reforma concreta. Ni siquiera se vislumbra en qui&eacute;n recaer&iacute;a la responsabilidad de &quot;romper la l&oacute;gica de las &eacute;lites regionales clientelis-tas&quot;. Ni el ensayo de Robinson ni los &quot;an&aacute;lisis&quot; de sus ideas mencionan el riesgo de que esas reformas vagas y mal formuladas se las apropien los pol&iacute;ticos astutos que se han sabido adaptar a intentos anteriores de alterar sus costumbres. Tampoco discuten un punto cr&iacute;tico para Easterly, el impacto final de los cambios pol&iacute;ticos propuestos sobre las condiciones de vida y los derechos de las personas afectadas por el conflicto.</p>     <p><b>El Macondo econ&oacute;mico y el literario</b></p>     <p>El t&iacute;tulo del ensayo de Robinson sobre el conflicto colombiano invita a establecer paralelos con la obra de Garc&iacute;a M&aacute;rquez. En ambos casos se trata de una met&aacute;fora de la sociedad, un Macondo, que les sirve de disculpa a sus creadores para obsesionarse por sacarnos de all&iacute; y, de paso, acercarse al poder. Para el gran novelista, la fascinaci&oacute;n por el poder habr&iacute;a sido motivada por el af&aacute;n de convertirse, parodiando el t&iacute;tulo del libro de Easterly, en &quot;Experto en tiran&iacute;as&quot;. Robinson (2013), por su parte, como tecn&oacute;crata internacional t&iacute;pico, parece arrimarse al gobernante de turno para sugerirle ambiciosas y vagas reformas con un sentido de la oportunidad que no parece coincidencial. No es un texto que hubiese sido bien recibido en la &eacute;poca de la Seguridad Democr&aacute;tica, un indicio de la prioridad que, seg&uacute;n Easterly, dan los expertos a llegar a o&iacute;do del poder sacrificando rigor e incluso consistencia con trabajos anteriores.</p>     <p>La obra de Gabo es un buen ejemplo del enfoque inductivo, &quot;desde abajo&quot;, pues reconstruye con la magia del lenguaje sus recuerdos de un pueblo real. Como dice su bi&oacute;grafo, &quot;la sustancia de la vida de Gabo pasa transpuesta a su ficci&oacute;n &#91;...&#93; su obra se basa en su propia realidad&quot;. La caricatura de Robinson, en cambio, t&iacute;picamente deductiva, es &aacute;rida por su estructura matem&aacute;tica y poco sugestiva en reformas concretas porque proviene de un modelo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico del mundo; transposici&oacute;n de una caricatura global deficiente, realismo m&aacute;gico sin polo a tierra.</p>     <p>La idea central de su ensayo es que el conflicto colombiano surgi&oacute; por una manera de hacer pol&iacute;tica en la que el gobierno central, desde siempre, negocia poder con las &eacute;lites de provincia. As&iacute; se explicar&iacute;an los enfrentamientos armados desde la Independencia. Un supuesto impl&iacute;cito es que en la periferia hay inter&eacute;s por participar en los destinos de la naci&oacute;n. La visi&oacute;n del Nobel, transmitida por su abuelo el coronel M&aacute;rquez, combatiente en la Guerra de los Mil D&iacute;as, es pr&aacute;cticamente la opuesta. La &eacute;poca feliz era el Macondo aislado dirigido por un hombre fuerte bajo un r&eacute;gimen igualitario y humanista. El equilibrio social se rompe, anota Pernett (2014), por la llegada del poder estatal a Macondo y la aparici&oacute;n de una de las peores pestes: la pol&iacute;tica. Con ella llegan las disposiciones arbitrarias y los fraudes en las elecciones. Dos son las condiciones que impone Jos&eacute; Arcadio Buend&iacute;a al corregidor Apolinar Moscote: &quot;La primera: que cada quien pinta su casa del color que le d&eacute; la gana. La segunda: que los soldados se van en seguida. Nosotros le garantizamos el orden&quot;. Es del fraude orquestado por Moscote que nace la rebeli&oacute;n dirigida por el coronel Aureliano Buend&iacute;a, una reacci&oacute;n impulsiva contra la violaci&oacute;n del principio de honestidad, pero en ning&uacute;n momento los patriarcas de la periferia buscan participar en las decisiones del orden nacional, como pregona Robinson. Los Buend&iacute;a, la &eacute;lite regional, maldicen la llegada a su pueblo de la pol&iacute;tica y su mal ejemplo.</p>     <p>El desinter&eacute;s de los habitantes de territorios aislados por la pol&iacute;tica o la econom&iacute;a nacional no es melancol&iacute;a macondiana. Molano (2014) da fe de la vigencia de lo que considera casi un para&iacute;so, un peque&ntilde;o pueblo apartado al que solo se llega navegando cinco horas desde Buenaventura. Cuenta c&oacute;mo dos autoridades locales &quot;que todos respetan&quot; rechazan cualquier injerencia externa con el argumento de que &quot;el progreso nos empobrece y nos destroza&quot;. Poco despu&eacute;s Molano ratifica su opini&oacute;n sobre el desarrollo &quot;o como se quiera llamar esa fuerza arrolladora y destructora&quot;, en una regi&oacute;n perif&eacute;rica.</p>     <p>Una diferencia abismal entre los dos Macondos es el &aacute;mbito dom&eacute;stico. En el de Gabo el hilo conductor son las relaciones familiares, variadas, complejas, atadas a la violencia. La guerra se ensucia cuando &quot;se mete a la casa&quot;, repet&iacute;a Carlos Casta&ntilde;o. Uno de los principales promotores de la guerra en Macondo fue el doctor Alirio Noguera,</p>     <blockquote>    <p>m&iacute;stico del atentado personal &#91;encargado de&#93; coordinar una serie de acciones individuales que en un golpe maestro liquidara a los funcionarios del r&eacute;gimen con sus familias, sobre todo a los ni&ntilde;os, para exterminar el conservatismo desde la semilla &#91;... &#93; Don Apolinar Moscote, su esposa y sus seis hijas, por supuesto, estaban en la lista.</p></blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ese personaje, cuyo historial inclu&iacute;a el contrabando y otra guerra, fue definitivo para instigar a la gente joven, precisamente la que &quot;carec&iacute;a de formaci&oacute;n pol&iacute;tica&quot;, e involucrar a Aureliano tratando de convencerlo de que &quot;era un deber patri&oacute;tico asesinar a los conservadores&quot;. Aureliano no decidi&oacute; ir a la guerra luego de minuciosas consideraciones pol&iacute;ticas sino despu&eacute;s del fusilamiento de Noguera sin f&oacute;rmula de juicio, del culatazo contra el padre Nicanor y del asesinato en plena calle de una mujer arrebatada a su familia. Sin entender por qu&eacute;, motivado en parte por la rabia ante la muerte de su esposa Remedios y &quot;porque los conservadores son unos tramposos&quot;.</p>     <p>El universo de hongos locales de Gabo se acerca m&aacute;s a la realidad que la levadura universal de Robinson (2013), que propone una especie de politolog&iacute;a uniforme y agregada del conflicto. Gabo, en cambio, parece saber criminolog&iacute;a cuando, a trav&eacute;s de &Uacute;rsula, dice que Aureliano no hizo tantas guerras por idealismo sino &quot;por pura y pecaminosa soberbia&quot;; para ella, ese coronel que en doce a&ntilde;os dej&oacute; diecisiete hijos de diecisiete mujeres distintas &quot;era simplemente un hombre incapacitado para el amor&quot;, desde ni&ntilde;o. Las guerras del Ma-condo literario tienen una perspectiva &quot;microhist&oacute;rica&quot;, desde el punto de vista de los protagonistas, esos hongos impredecibles que participan en ellas. &quot;No existen grandes postulados filos&oacute;ficos ni mucho menos comunicaci&oacute;n con los ide&oacute;logos de la capital, y solo parece existir la afiliaci&oacute;n inmediata a uno de los bandos dependiendo de los vaivenes de la pol&iacute;tica local&quot;, por motivos balad&iacute;es, razones emotivas, v&iacute;nculos afectivos y las pasiones humanas m&aacute;s b&aacute;sicas. Esta visi&oacute;n concuerda con los testimonios de los actores reales del conflicto colombiano, con las pr&aacute;cticas de reclutamiento de j&oacute;venes sin formaci&oacute;n pol&iacute;tica y con la espiral irracional de venganzas originadas por incidentes triviales. En el otro extremo, la teor&iacute;a de Robinson hace aparecer la guerra como resultado de profundas reflexiones pol&iacute;ticas, una especie de versi&oacute;n armada de las discusiones en La Habana en las que busca influir como experto.</p>     <p>Un punto menor, pero que revela distintas preocupaciones por la situaci&oacute;n y los derechos de los individuos m&aacute;s d&eacute;biles es la actitud que muestran ambos autores ante las barreras f&iacute;sicas que separan de modo arbitrario el territorio de los ricos y el de los despose&iacute;dos. En su ensayo, Robinson hace la anotaci&oacute;n est&aacute;ndar de que la exclusi&oacute;n de los m&aacute;s pobres puede generar problemas en una democracia, aun la rebeli&oacute;n, pero en el libro que escribi&oacute; con Acemoglu, en particular en el recuento de las grandes diferencias de desarrollo econ&oacute;mico e institucional en Ambos Nogales, apenas se dice de pasada que hay un muro artificial entre el norte y el sur, sin un m&iacute;nimo comentario sobre su significado en t&eacute;rminos de derechos humanos, libertad e inclusi&oacute;n econ&oacute;mica de los m&aacute;s d&eacute;biles, los ilegales. Es razonable pensar que si Garc&iacute;a M&aacute;rquez hubiese ido a Ambos Nogales, como buen reportero habr&iacute;a centrado su cr&oacute;nica en ese odioso muro que separa la ciudad a lo largo de la Calle Internacional. Aunque menos aberrantes -pues son en &uacute;ltimas un asunto privado de derechos de propiedad-, Gabo no ahorra cr&iacute;ticas a las alambradas que aislaban las viviendas de los empleados estadounidenses de la compa&ntilde;&iacute;a bananera:</p>     <blockquote>    <p>Los gringos hicieron un pueblo aparte al otro lado de la l&iacute;nea del tren &#91;... &#93; El sector estaba cercado por una malla met&aacute;lica, como un gigantesco gallinero electrificado que amanec&iacute;a negro de golondrinas achicharradas.</p></blockquote>     <p>Cuando la huelga se acerca al punto m&aacute;s &aacute;lgido, &quot;la ciudad alambrada de la compa&ntilde;&iacute;a bananera estaba protegida con piezas de artiller&iacute;a &#91;...&#93; El se&ntilde;or Brown, que estaba vivo en el gallinero electrificado, fue sacado de Macondo con su familia&quot;. La destrucci&oacute;n de esa fortaleza hostil e indeseable precede a la de Macondo:</p>     <blockquote>    <p>De la antigua ciudad alambrada solo quedaban los escombros, las casas de madera, las frescas terrazas donde transcurr&iacute;an las serenas tardes de naipes, parec&iacute;an arrasadas por una anticipaci&oacute;n del viento prof&eacute;tico que a&ntilde;os despu&eacute;s hab&iacute;a de borrar a Macondo de la faz de la tierra.</p> </blockquote>     <p>Sin duda a Garc&iacute;a M&aacute;rquez la pretensi&oacute;n de que las instituciones gringas -defendidas con leyes represivas, ej&eacute;rcito y muros alambrados- son incluyentes le parecer&iacute;a un mal chiste, propio del se&ntilde;or Brown.</p>     <p><b>Clima y violencia: la formalizaci&oacute;n de la criminolog&iacute;a barata</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La tendencia de los expertos a usar en sus estudios impresionantes bases de datos internacionales de varias &eacute;pocas, en busca de leyes universales que puedan servir a los gobiernos o tiranos nacionales para emprender reformas ambiciosas, no es monopolio de los economistas preocupados por el desarrollo econ&oacute;mico comparativo. El deplorable legado de la cliometr&iacute;a se extendi&oacute; a otras disciplinas que insisten en la met&aacute;fora de la levadura para proponer &quot;pol&iacute;ticas p&uacute;blicas&quot; generales que generen transformaciones sin el tedioso proceso de estudiar y entender los casos desagregados, los hongos impredecibles. Para ello minimizan la importancia de las variaciones individuales de comportamiento, incluidas las m&aacute;s violentas.</p>     <p>Hace casi dos siglos Andr&eacute;-Michel Guerry, abogado franc&eacute;s aficionado a la estad&iacute;stica, encontr&oacute; una asociaci&oacute;n entre el crimen, las estaciones y el clima. La cartograf&iacute;a se empezaba a usar como herramienta para estudiar el delito en distintas regiones. El belga Alfred Quetelet -astr&oacute;nomo, matem&aacute;tico, estad&iacute;stico y soci&oacute;logo- es considerado, junto con Guerry, pionero de la criminolog&iacute;a y las ciencias sociales modernas. Quetelet observ&oacute; que en el sur de Europa los homicidios se concentraban en los meses de verano y que los robos eran m&aacute;s frecuentes en invierno. Ya en esa &eacute;poca identific&oacute; el principal problema de las cifras oficiales: solo inclu&iacute;an denuncias y dejaban por fuera un alto porcentaje de &quot;cr&iacute;menes cometidos que no se conocen&quot;. Quiz&aacute; Quetelet cay&oacute; en el olvido por haber precedido a C&eacute;sar Lom-broso en el inter&eacute;s por las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y antropom&eacute;tricas de los criminales. Esa inclinaci&oacute;n de los primeros crimin&oacute;logos muestra que su empe&ntilde;o por entender los factores sociales asociados a loa comportamientos violentos era paralelo a su obsesi&oacute;n por responder la pregunta clave: &iquest;por qu&eacute;, en todas partes, y en cualquier &eacute;poca unos individuos son violentos y otros no?</p>     <p>Algo que sorprende del renovado inter&eacute;s por el impacto del clima en la violencia es que no se da debido cr&eacute;dito a los precursores de estos ejercicios entre quienes, con enormes bases de datos y herramientas estad&iacute;sticas de moda, retoman el an&aacute;lisis de esas asociaciones. El desconocimiento de los antecedentes de una disciplina es otra manifestaci&oacute;n del s&iacute;ndrome de la &quot;tabla rasa&quot;, la pretensi&oacute;n de que el pasado no importa en el conocimiento.</p>     <p>La cresta de la ola en esta moda es un meta estudio que combina sesenta trabajos, en su mayor&iacute;a realizados en la &uacute;ltima d&eacute;cada, que mezcla sin titubear variables, periodos y comportamientos en una amalgama incomprensible. Algo impide calificar de charlatanes a investigadores vinculados a universidades reputadas que publican en <i>Science </i>y en <i>Nature. </i>Pero son dif&iacute;ciles de digerir la tranquilidad, la certeza y la prepotencia con que lanzan sus conclusiones:</p>     <blockquote>    <p>La magnitud de la influencia del clima es sustancial: por cada desviaci&oacute;n est&aacute;ndar de cambio en el clima hacia mayores temperaturas, los estimativos indican que la frecuencia de violencia interpersonal aumenta 4% y la frecuencia de conflicto entre grupos aumenta en 14% (Hsiang et al., 2013).</p></blockquote>     <p>Produce verg&uuml;enza ajena la falta de rubor con la que estos autores confunden toda conducta agresiva -choferes ruidosos, retaliaciones de beisbolistas, violencia dom&eacute;stica, brutalidad policial, guerras civiles, golpes de estado- en cualquier lugar del mundo -Estados Unidos, Tanzania, Holanda, China- en cualquier &eacute;poca desde 8000 a.C., y con cualquier frecuencia -horaria, diaria, centenaria- para cuantificar esas asociaciones. M&aacute;s que d&eacute;bil, la teor&iacute;a es inexistente, pero llenan ese vac&iacute;o con un par de consideraciones econom&eacute;tricas sobre causalidad. No discuten la calidad de los datos, que tanto preocup&oacute; a Quetelet, y en cambio inventan una variable, como de ciencia ficci&oacute;n, para unir la amalgama. &quot;Nuestra medida preferida de la importancia &#91;de la relaci&oacute;n de causalidad&#93; consisti&oacute; en responder una pregunta directa: &iquest;causa el clima un cambio en el riesgo de conflicto que un experto, un <i>policy-maker </i>o un ciudadano considerar&iacute;a importante?&quot;.</p>     <p>Con tal mezcolanza de incidentes, agresores, &eacute;pocas, cifras y niveles de agregaci&oacute;n, el an&aacute;lisis se limita a detalles t&eacute;cnicos de las estimaciones, o a trasladar selectivamente conclusiones de trabajos sobre escenarios espec&iacute;ficos para &quot;explicar&quot; ese concepto extra&ntilde;o de conflicto universal, ahist&oacute;rico y ubicuo. De esas piruetas salen perlas:</p>     <blockquote>    <p>Puesto que la agresi&oacute;n en altas temperaturas incrementa la probabilidad de escalamiento de los conflictos en ciertos contextos (como los partidos de b&eacute;isbol) y la probabilidad de que la polic&iacute;a utilice fuerza excesiva (conclusi&oacute;n de la evaluaci&oacute;n de un curso de verano de entrenamiento policial), es posible que este mecanismo afecte la prevalencia de conflictos a gran escala (ib&iacute;d.).</p></blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta comparaci&oacute;n de lugares y &eacute;pocas, con variables sacadas de la manga e impresionantes c&aacute;lculos de elasticidades, es ya usual en varias disciplinas y sorprendentemente aceptada por el notablato acad&eacute;mico sin que quede claro a qui&eacute;n van dirigidas las iluminantes conclusiones que siempre llevan impl&iacute;citas sus recomendaciones de acci&oacute;n p&uacute;blica. El auditorio de esta versi&oacute;n del realismo m&aacute;gico se ha de buscar entre el grupo de &quot;expertos&quot; aficionados a la historia sin historia.</p>      <p><b>HONGOS VENENOSOS</b></p>     <p>As&iacute; como una sola persona habr&iacute;a sido determinante en el desarrollo de la industria automotriz de Corea -como anota Easterly-, la historia del conflicto colombiano ser&iacute;a otra sin la influencia de algunos individuos que acumularon y manejaron a su antojo un poder descomunal. Si el territorio de muchos de ellos se limitaba a un barrio o un municipio, en el que ejercieron un control casi absoluto de las relaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, sociales e institucionales, ninguno como Pablo Escobar desafi&oacute; al Estado casi a t&iacute;tulo personal.</p>     <p>Por supuesto, hubo factores sociales que facilitaron el surgimiento y auge del gran capo en Medell&iacute;n. En primer lugar, una fuerte migraci&oacute;n del campo a la ciudad con un aparato productivo y una infraestructura f&iacute;sica e institucional insuficiente para atender sus demandas. Para satisfacerlas surgieron la pol&iacute;tica clientelista y el sector informal, centrado en el contrabando de cigarrillos, licores, electrodom&eacute;sticos y otros bienes de consumo masivo. Los pol&iacute;ticos profesionales facilitaron invasiones ilegales de terrenos y conexiones piratas a los servicios p&uacute;blicos. Las primeras manifestaciones populistas de Escobar tuvieron que ver con la construcci&oacute;n y donaci&oacute;n de casas e infraestructura urbana. Adem&aacute;s, como se&ntilde;ala Duncan (2013), &quot;fue su involucramiento con las organizaciones contrabandistas de Antioquia lo que lo form&oacute; y le abri&oacute; un espacio dentro de las grandes ligas de la delincuencia en Medell&iacute;n&quot;. As&iacute; aprendi&oacute; a organizar empresas ilegales de gran escala, establecer contactos y adquirir &quot;habilidades en la corrupci&oacute;n de las autoridades&quot;.</p>     <p>No todos los narcotraficantes dieron el salto del negocio ilegal a manipular las relaciones de poder, y a incidir en las oportunidades laborales de los sectores impulsados por la llegada de divisas y la primera fiebre de consumo conspicuo en la que participaron las clases populares que luego le dieron apoyo irrestricto al asociar a Escobar con la bonanza. Al secuestro de Marta Nieves Ochoa en 1981, el capo respondi&oacute; con la prontitud y fiereza que se emplean para proteger familiares. No era simple generosidad sino una oportunidad para erigirse en l&iacute;der y protector del bajo mundo, y cobrar contribuciones para mantener su aparato militar. Este incidente fue un punto de quiebre en el conflicto, no solo porque fue la g&eacute;nesis de los paramilitares del MAS, sino por la creaci&oacute;n del Cartel de Medell&iacute;n, hasta ese momento un grupo desarticulado de traficantes. Otra secuela fue la metamorfosis de un exportador de coca&iacute;na y populista de barrio en ambicioso animal pol&iacute;tico y Patr&oacute;n del bajo mundo. &quot;Esto se fue pa' guerra&quot;, declar&oacute; Escobar, proclamado capo de capos junto a otros vengadores que trabajar&iacute;an con el Patr&oacute;n para dirigir las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los sicarios tuvieron &quot;la sensaci&oacute;n de combo, de mandar en la ciudad&quot;. Con mano de hierro y el mismo esquema de aportes se montar&iacute;a el sistema impositivo criminal que financi&oacute; la guerra contra la extradici&oacute;n y contra el Estado. Uno de sus sicarios dir&iacute;a: &quot;&Iacute;bamos a morir robando un banco. Pablo nos dio la oportunidad de morir declar&aacute;ndole la guerra al Estado&quot;.</p>     <p>El poder de Escobar le sirvi&oacute; para ajustar la legislaci&oacute;n penal seg&uacute;n su conveniencia, alterar la Constituci&oacute;n para borrar la extradici&oacute;n e imponer las condiciones de su entrega y reclusi&oacute;n en un centro dise&ntilde;ado por &eacute;l mismo, con todas las comodidades imaginables, desde donde sigui&oacute; dando &oacute;rdenes. La vergonzosa alianza que se form&oacute; para combatirlo muestra que la respuesta represiva no fue contra el narcotr&aacute;fico en general, sino dirigida contra &eacute;l. Esta historia muestra la pertinencia de la met&aacute;fora de los hongos para el bajo mundo, en este caso hongos venenosos. El Estado centr&oacute; todos sus esfuerzos y traspas&oacute; fronteras &eacute;ticas y legales para combatir a un solo individuo. Es dif&iacute;cil encajar esta etapa fundamental del conflicto en la teor&iacute;a simplista del reparto de poder pol&iacute;tico entre el centro y la periferia.</p>     <p>Incluso en este pa&iacute;s violento las diferencias regionales son abismales, y en los sitios m&aacute;s afectados unos pocos individuos son responsables de una alta proporci&oacute;n de las actividades criminales; y las diferencias en las tasas de homicidio municipales pueden ser de 1 a 100. John Jairo Vel&aacute;squez V&aacute;squez, &quot;Popeye&quot;, jefe de sicarios de Escobar, dice haber asesinado unas 300 personas y participado en unas 3.000 muertes, de haber secuestrado y haber puesto unas 200 bombas. Armando Alberto P&eacute;rez Betancourt, &quot;Camilo&quot;, exjefe del bloque Ca-tatumbo de las AUC, es se&ntilde;alado como responsable de m&aacute;s de 5.000 homicidios. Negarse a estudiar las acciones individuales de un grupo peque&ntilde;o de criminales para encasillarlas en comportamientos social o pol&iacute;ticamente determinados es negarse a entender buena parte del conflicto.</p>     <p>Las instituciones encargadas de controlar la violencia y el crimen, en toda sociedad y en toda &eacute;poca, se dise&ntilde;an para castigar o reprimir a unos pocos infractores de la ley; solo recientemente son complementadas con medidas preventivas orientadas a la poblaci&oacute;n general. Casi en toda biograf&iacute;a de los grandes guerreros colombianos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobresale la falla del sistema judicial para detener a tiempo su carrera criminal. Sin mencionar las que se iniciaron en los cuerpos encargados de enfrentar delincuentes. Las propuestas de reformas &quot;estructurales&quot; -resolver el problema agrario, atender las necesidades de los j&oacute;venes en los barrios marginales o cambiar la forma de hacer pol&iacute;tica para superar la violencia- evaden buena parte del diagn&oacute;stico e impiden identificar las instituciones prioritarias, como la justicia, la familia y el sistema educativo.</p>     <p>El paso de la pol&iacute;tica criminal del enfoque tipo hongo -detectar y controlar a los pocos individuos que amenazan y producen da&ntilde;os- al tipo levadura -aplicar medidas correctivas a una poblaci&oacute;n de ciertas caracter&iacute;sticas para prevenir cr&iacute;menes y atentados- contribuye a la irracionalidad de las leyes de inmigraci&oacute;n. El principal problema del cambio de paradigma es que no tiene, ni podr&aacute; tener, herramientas que permitan a las agencias encargadas de controlar el crimen y el orden p&uacute;blico mejorar su capacidad para identificar, detener y sancionar a esos pocos individuos. Una de las graves deficiencias de los organismos de seguridad despu&eacute;s del &quot;11 de septiembre&quot; es justamente la incapacidad para identificar los pocos individuos que representan una amenaza, mezclada con la exagerada reacci&oacute;n contra todos los inmigrantes. &quot;Las agencias de inteligencia (FBI y CIA) no conf&iacute;an y no mantienen relaciones con el servicio de inmigraci&oacute;n (INS), el de aduanas, los funcionarios de las visas y la guardia costera&quot;, se&ntilde;ala Doris Meissner, ex zar de inmigraci&oacute;n norteamericana.</p>     <p>Las teor&iacute;as agregadas y globales solo alimentan los ya problem&aacute;ticos prejuicios de esas agencias contra ciertos grupos de poblaci&oacute;n, en este caso originarios de pa&iacute;ses &aacute;rabes, cuando algunos de los atacantes proven&iacute;an de pa&iacute;ses europeos. &quot;Necesitamos una manera m&aacute;s sofisticada y focalizada de definir objetivos prioritarios&quot;, concluye Meissner. Otro ejemplo reciente es la muerte, en la peque&ntilde;a ciudad de Ferguson, Missouri, del joven negro Michael Brown, abatido por un polic&iacute;a blanco. Las protestas masivas y los enfrentamientos con la fuerza p&uacute;blica no se hicieron esperar y reavivaron el debate sobre la discriminaci&oacute;n de la polic&iacute;a contra grupos espec&iacute;ficos de la poblaci&oacute;n, un indudable lunar de las instituciones incluyentes. Seg&uacute;n la curiosa contabilidad de &quot;homicidios justificables&quot; del FBI, entre 2005 y 2012 murieron casi dos afroamericanos por semana en circunstancias similares a las de Brown. La situaci&oacute;n es similar para los inmigrantes ilegales, con el agravante de que no pueden recibir apoyo de sus comunidades por no tener papeles.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>DE CAMPESINO BOYACENSE A GRAN EMPRESARIO DE COLCHONES</b></p>     <p>La met&aacute;fora de los hongos no solo es relevante para sociedades industrializadas. En pa&iacute;ses menos desarrollados abundan las historias que contradicen la idea simplista de instituciones que no permiten el desarrollo empresarial. Las m&aacute;s interesantes son similares a la del industrial coreano que abandon&oacute; su entorno campesino para buscar fortuna y, contra todo pron&oacute;stico, la encontr&oacute; en el medio urbano. La idea experta de &quot;vocaci&oacute;n agropecuaria&quot; de una regi&oacute;n o grupo de personas es una generalizaci&oacute;n perniciosa, pues la modernizaci&oacute;n y la concentraci&oacute;n de actividades econ&oacute;micas en los centros urbanos son un gran atractivo para dejar el campo y, eventualmente, tener &eacute;xito.</p>     <p>Gumercindo G&oacute;mez anduvo descalzo por las calles de Ci&eacute;nega, Boyac&aacute;, hasta los nueve a&ntilde;os. En segundo de primaria se obsesion&oacute; por regalarle a su mam&aacute; una casa de teja. Con ese fin viaj&oacute; a Bogot&aacute; en 1953, con solo 16 a&ntilde;os. &quot;Llegu&eacute; a estar solo, no ten&iacute;a ning&uacute;n familiar y mucho menos plata, solo sab&iacute;a que deb&iacute;a retribuirle a mi madre todo el amor que me hab&iacute;a dado&quot;. Trabaj&oacute; en fundici&oacute;n, granito y carpinter&iacute;a, y todos le parecieron trabajos muy pesados. Como no le aumentaban el sueldo renunci&oacute; y se emple&oacute; como ayudante de tapicer&iacute;a. Su antiguo jefe le dijo que tambi&eacute;n fabricaban colchones, que aprendiera a hacerlos para asociarse con &eacute;l. A los 19 a&ntilde;os hizo el primero y le qued&oacute; tan bien que gan&oacute; el doble de lo que hab&iacute;a invertido. A los dos a&ntilde;os, &quot;la entidad que promocionaba el comercio y las exportaciones&quot; lo invit&oacute; con otros empresarios a un viaje por el Caribe. &quot;Eso me son&oacute; a paseo, porque yo no ten&iacute;a una gama de productos. El primer pa&iacute;s que conoc&iacute; fue Puerto Rico, despu&eacute;s Rep&uacute;blica Dominicana, Trinidad y Tobago, Aruba y Curazao&quot;. El guache maleducado que llevaba dentro lo indujo, en cada hotel, a romper los colchones para ver c&oacute;mo estaban hechos. &quot;Yo llevaba una Gillette y una m&aacute;quina de coser. Les hacia una rayita peque&ntilde;a y tomaba nota de todo lo que ve&iacute;a&quot;. Al regreso, puso en pr&aacute;ctica lo que aprendi&oacute; y construy&oacute; una m&aacute;quina para hacer resortes. Su empresa adquiri&oacute; renombre. En un principio se llam&oacute; Sue&ntilde;os Dorados, pero esa marca ya estaba registrada y entonces la llam&oacute; Colchones El Dorado. Hoy tiene 77 a&ntilde;os, no cumpli&oacute; su sue&ntilde;o de darle una casa a su mam&aacute; pero sobrevivi&oacute; en Bogot&aacute; a pesar de haber querido tirar la toalla varias veces. Nunca termin&oacute; el bachillerato. &quot;Me queda pendiente seguir desarrollando la empresa y la industria para hacer grande a Colombia&quot;.</p>     <p>Qu&eacute; gran contraste entre la historia de don Gumercindo, las instituciones extractivas, y el banal plan de empleo rural para el posconflicto elaborado por un experto en el tema agrario:</p>    <blockquote>     <p>A los ex guerrilleros de las FARC, del ELN o de los restos del EPL, el Estado debe garantizarles empleo y seguridad. La mayor&iacute;a son campesinos que podr&iacute;an volver a trabajar el campo, pero no como empleados de los palmicultores o de los ca&ntilde;eros sino como propietarios libres en las Zonas de Reserva Campesina.</p>     <p>Es all&iacute; donde pueden acceder a una vida digna, integrarse a la econom&iacute;a y conservar sin armas su fuerza pol&iacute;tica.</p></blockquote>     <p>Una persona que conoce las limitaciones del enfoque represivo contra la migraci&oacute;n, la ex comisionada del INS recomienda tres pasos t&eacute;cnica y pol&iacute;ticamente viables para racionalizar la colcha de retazos en que se ha convertido ese r&eacute;gimen legal. En primer lugar, fortalecer la cooperaci&oacute;n internacional de los organismos de seguridad encargados de hacer cumplir las leyes. Seg&uacute;n ella, este paso es indispensable para &quot;reducir en algo los incre&iacute;bles abusos, explotaci&oacute;n y dinero envueltos en el tr&aacute;fico de personas&quot;. El segundo, acorde con la mayor relevancia de las regiones frente a la caduca idea de naci&oacute;n se&ntilde;alada por Easterly, es impulsar los procesos de integraci&oacute;n regional, pues algunos problemas espec&iacute;ficos pueden empezar a resolverse en ese nivel. El tercero es mejorar la comprensi&oacute;n de los &quot;v&iacute;nculos entre migraci&oacute;n y desarrollo a trav&eacute;s de investigaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n&quot;.</p>     <p>Con respecto a esta &uacute;ltima recomendaci&oacute;n, la trayectoria de don Gumercindo ilustra que para la migraci&oacute;n, intranacional o internacional, la met&aacute;fora de los hongos es pertinente no solo desde el punto de vista descriptivo sino tambi&eacute;n prescriptivo. Uno de los fen&oacute;menos que m&aacute;s requiere el esfuerzo de identificar los hongos y no pensar solo en la levadura es el de las migraci&oacute;n, legal e ilegal. Para analizarlo es indispensable entender las decisiones individuales. Dadas unas condiciones demogr&aacute;ficas, pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales, son a&uacute;n pocos los individuos que deciden ir a otro lugar a buscar fortuna. En un mismo pa&iacute;s, una misma ciudad, un mismo barrio, una misma familia, con igual educaci&oacute;n e incluso con genes similares, lo m&aacute;s com&uacute;n es que solo unos miembros de ese n&uacute;cleo decidan irse, mientras que los otros, con los mismos factores supuestamente determinantes, deciden quedarse. Desde el punto de vista prescriptivo, la decisi&oacute;n personal de irse a otra localidad o a otro pa&iacute;s refleja que la evaluaci&oacute;n de sus perspectivas en el sitio de origen es desfavorable. Es un hongo que all&iacute; no podr&aacute; crecer y prosperar.</p>     <p>Las t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n que reclama Doris Meissmer parecen estar muy alejadas de la econom&iacute;a y las ciencias sociales engolosinadas con bases de datos globales y poco atentas a historias locales, como la de Ambos Nogales, o personales, como la de don Gumercindo. As&iacute; como las novelas de Garc&iacute;a M&aacute;rquez son m&aacute;s &uacute;tiles para entender el conflicto colombiano que los ensayos de expertos aferrados a modelos o doctrinas para explicar el &eacute;xito de esos hongos que, despu&eacute;s de dejar el suelo original, crecen y aportan al tejido productivo del nuevo asentamiento, a veces un escritor con ojo atento a la realidad local, sin pretensi&oacute;n de adaptarla a una teor&iacute;a, puede ser de m&aacute;s ayuda que un economista equipado de ecuaciones y datos o un soci&oacute;logo iluminado por la doctrina: &quot;cada vida en el mundo es un suceso tan particular y tan extra&ntilde;o y tan delicado, que cualquier generalizaci&oacute;n que se establezca para juzgarla se va a estrellar en alg&uacute;n momento con cosas que no se pueden explicar ni definir ni saber&quot;. La modestia intelectual, la certeza de saber poco y la curiosidad no encajonada son indispensables para entender por qu&eacute; algunos individuos o grupos sociales logran ciertos objetivos, o c&oacute;mo forjan las organizaciones y reglas del juego que los rigen.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LAS VIGAS EN EL OJO AJENO Y LA PAJA EN EL PROPIO</b></p>     <p>A pesar de que el libro de A&amp;R est&aacute; plagado de los defectos del enfoque experto, de la visi&oacute;n deductiva, universal y poco sensible a especificidades locales, al mencionarlo Easterly relaja los est&aacute;ndares de su cr&iacute;tica y hace varias generalizaciones tan inocuas como ingenuas sobre pol&iacute;tica p&uacute;blica o reformas institucionales concretas. Sorprende que pase por alto el hecho de que el libro se basa en la idea de naci&oacute;n que se debe superar en un mundo regional y globalizado, como &eacute;l mismo muestra convincentemente en otra parte de su libro. Aunque es muy exigente en la medici&oacute;n de una variable relativamente bien definida, como la mortalidad infantil, Easterly cae en el embrujo de ver el pasado lejano a trav&eacute;s de variables imaginativas pr&aacute;cticamente imposibles de medir. &quot;La medida clave tanto de cambio institucional como de instituciones anteriores es si el soberano tiene poder absoluto o est&aacute; constre&ntilde;ido por pesos y contrapesos institucionales&quot;: esta es la medida que proponen A&amp;R, y es dif&iacute;cil considerarla operacional.</p>     <p>Easterly destaca el trabajo de A&amp;R celebrando que por fin los economistas del desarrollo incluyan an&aacute;lisis hist&oacute;ricos en sus trabajos. Es demasiado generoso al no evaluar la calidad de esa &quot;historia&quot; que, como se ve en el caso de Ambos Nogales, es bien precaria. Con base en estimaciones que relacionan algunos datos coloniales agregados con las instituciones actuales, A&amp;R pretenden tener la llave maestra para explicar toda discrepancia del desarrollo entre pa&iacute;ses, pasando por alto las circunstancias locales. Sus comparaciones entre lugares, culturas y momentos hist&oacute;ricos son de una ligereza extraordinaria, como cuando comparan las &quot;instituciones pol&iacute;ticas absolutistas&quot; de la actual Corea del Norte con las de Am&eacute;rica Latina colonial. Ellos mismos desvirt&uacute;an su afirmaci&oacute;n apresurada de que la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola fue una aventura asimilable a una dictadura comunista, al se&ntilde;alar que su principal fuente de informaci&oacute;n sobre el primer r&eacute;gimen fueron los escritos de Bartolom&eacute; de las Casas, &quot;una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s devastadoras del sistema colonial espa&ntilde;ol&quot;. Este opositor, inconcebible en un r&eacute;gimen comunista, era capell&aacute;n en Cuba y encomendero del r&eacute;gimen. En cambio, las &quot;Leyes Divinas, Morales y Marciales&quot; establecidas por Sir Thomas Dale en los primeros asentamientos ingleses en Norteam&eacute;rica no les merecen el calificativo de absolutistas a pesar de que contemplaban la pena de muerte por robos menores y para quienes intentaban salir de la colonia. Un detalle interesante de este r&eacute;gimen draconiano, obviamente incumplido, es que quienes lograron escapar, salir adelante y establecerse como colonos fueron los infractores de la ley, los inmigrantes ilegales de hoy que tan poca atenci&oacute;n les merecen a A&amp;R.</p>     <p>En abierto contraste con las narrativas del pasado que usan A&amp;R para sustentar selectivamente sus hip&oacute;tesis universales, el libro de Easterly da un excelente ejemplo de historia detallada y bien contada, sin pretensiones normativas, motivada por la simple curiosidad de saber y entender lo que ocurri&oacute;. Un minucioso relato de la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica y urban&iacute;stica de una calle de Nueva York, Greene Street, cercana a su oficina, ilustra que las peque&ntilde;as democracias, como la de los propietarios de inmuebles en esa calle, fueron capaces de &quot;enfrentarse a los expertos que aspiraban al poder tecnocr&aacute;tico&quot;. Es una l&aacute;stima que, luego de fijar ese est&aacute;ndar de calidad a las historias &uacute;tiles para generar hip&oacute;tesis desde abajo, Easterly acepte la historia deductiva y agregada de A&amp;R. Cita sin cr&iacute;tica su dictamen: &quot;el problema con Suram&eacute;rica es que es un gobierno por la &eacute;lite, para la &eacute;lite y de la &eacute;lite. La &eacute;lite est&aacute; m&aacute;s interesada en explotar al resto de la poblaci&oacute;n que en el desarrollo de m&aacute;s largo plazo&quot;. Hay un abismo entre las t&iacute;midas conclusiones de su trabajo sobre Greene Street y las apresuradas generalizaciones sobre todo un continente.</p>     <p>Uno de los puntos m&aacute;s problem&aacute;ticos del enfoque experto para aproximarse al diagn&oacute;stico de las sociedades menos desarrolladas es el an&aacute;lisis de los conflictos y la violencia. El trabajo de A&amp;R es fiel a la tendencia que postula que las instituciones incluyentes y favorables al desarrollo surgieron de manera casi espont&aacute;nea y contractual, minimizando el impacto de siglos de acumulaci&oacute;n de capital a punta de guerra y coerci&oacute;n, como relata Charles Tilly. Menosprecian tambi&eacute;n el largo proceso de civilizaci&oacute;n de las costumbres descrito por Norbert Elias, que transform&oacute; a los guerreros en empresarios o funcionarios. En esa dimensi&oacute;n, el mismo Easterly hace apreciaciones ligeras. Para apoyar su tesis de que los expertos no se preocupan por el origen del poder de los tiranos a los que asesoran, acusa con ligereza al profesor Lauchlin Currie de haber apoyado un r&eacute;gimen dictatorial, afirmaci&oacute;n que requerir&iacute;a una detenida indagaci&oacute;n.</p>     <p>La parte de cr&iacute;tica a los expertos -la viga en el ojo ajeno- es m&aacute;s convincente que la &quot;propositiva&quot;, en la que cae en errores similares a los que se&ntilde;ala. Por ejemplo, por alinearse con A&amp;R, supone que en innumerables localidades europeas no se necesita un recuento detallado de su historia y sus instituciones. O sea que a nivel local aplica impl&iacute;citamente el principio de la tabla rasa al considerar que existi&oacute; algo como una &quot;ciudad representativa medieval europea t&iacute;pica&quot;, que torna homog&eacute;nea la capacidad para estimular el crecimiento econ&oacute;mico sostenible, en una especie de levadura premoderna que abarca buena parte del Viejo Continente.</p>     <p>Al dar cr&eacute;dito sin mayor reparo al m&eacute;todo de A&amp;R, Easterly ignora que los ejercicios econom&eacute;tricos de corte transversal entre pa&iacute;ses son terreno f&eacute;rtil para el enfoque experto que critica, pues su principal auditorio son las agencias multilaterales que buscan leyes universales y recetas globales que puedan aplicar en distintos pa&iacute;ses sin tener que adaptarlas a las condiciones locales.</p>     <p>Es dif&iacute;cil entender que Easterly haya dejado pasar, sin desmenuzarla, la noci&oacute;n de instituciones incluyentes que abarca una amplia gama, la justicia, la fuerza p&uacute;blica, el sistema financiero, el sector educativo, la autoridad antimonopolio, la salud y muchas otras. Precisamente la caracter&iacute;stica que critica duramente, que ni siquiera identifica la entidad -estatal, privada o mixta- a la que se dirige la recomendaci&oacute;n de que las reglas del juego existentes sean favorables al crecimiento y a la democracia.</p>     <p>Cabe comparar el libro de Easterly con otro trabajo cr&iacute;tico del enfoque experto, <i>Thinking like a state, </i>de James C. Scott, que demuestra que el conocimiento cient&iacute;fico deductivo no puede ignorar lo que denomina &quot;sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica&quot;. La gran diferencia entre los trabajos de Scott y Easterly es la consistencia entre la parte que describe las limitaciones y falencias de la visi&oacute;n deductiva del mundo y la parte propositiva, que en el libro de Scott es mucho m&aacute;s precisa, concreta y microanal&iacute;tica. Easterly tambi&eacute;n critica el enfoque deductivo y ahist&oacute;-rico, pero al final da cr&eacute;dito a un trabajo que no solo tiene pretensi&oacute;n de universalidad sino de atemporalidad.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Abad, H. &quot;El pundonor del bastardo&quot;, <i>El espectador, </i>octubre de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996201400020001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Acemoglu, D.; S. Johnson y J. Robinson. &quot;Los or&iacute;genes coloniales del desarrollo comparativo: una investigaci&oacute;n emp&iacute;rica&quot; &#91;2001&#93;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>7, 3, 2005, pp. 17-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996201400020001700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Acemoglu, D. y J. Robinson. <i>Why nations fail: The origins of power prosperity, and poverty, </i>Londres, Profile Books, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996201400020001700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Boldizzoni, F. <i>The poverty of Clio. Resurrecting economic history, </i>Princeton, N. J., Princeton University Press, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996201400020001700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Boldizzoni, F. &quot;Cl&iacute;o empobrecida. De c&oacute;mo los economistas abusan del pasado&quot;, <i>El Malpensante </i>128, marzo de 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996201400020001700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>6. Castro, C. &quot;Stiglitz: 'Si yo fuera Santos...'&quot;, <i>Semana, </i>9 de abril de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996201400020001700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Clemens, M. &quot;The best way nobody's talking about to help Haitians&quot;, Aidwatch Blog, 25 de enero de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996201400020001700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Clemens, M. y L. Princhett. &quot;Income per natural: Measuring development as if people mattered more than places&quot;, Centre for Global Development, working paper 143, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996201400020001700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. CNN. &quot;Una valla en Nogales, el 'hogar' por unos minutos de familias inmigrantes&quot;, CNN, 13 de junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996201400020001700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Consta&iacute;n, J. E. &quot;Los senderos que se bifurcan&quot;, <i>El Tiempo, </i>20 de agosto de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996201400020001700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>11. D&iacute;az S., M. &quot;Gumercindo G&oacute;mez. El hombre que consiente los sue&ntilde;os de los colombianos&quot;, <i>El Espectador, </i>29 de marzo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996201400020001700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Duncan, G. &quot;Una lectura pol&iacute;tica de Pablo Escobar&quot;, <i>Co-herencia, </i>10, 19, 2013, pp. 235-262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996201400020001700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Easterly, W. <i>The tyranny of experts. Economists, dictators and the forgotten rights of the poor, </i>Nueva York, Basic Books, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996201400020001700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Fajardo, L. &quot;La corrupci&oacute;n heredada: pasado colonial, sistema legal y desarrollo econ&oacute;mico en Colombia&quot;. <i>Revista de Estudios Sociales </i>12, 2004, &#91;<a href="http://res.uniandes.edu.co/pdf/data/Revista_No_12/04_Dossier2.pdf" target="_blank">http://res.uniandes.edu.co/pdf/data/Revista_No_12/04_Dossier2.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996201400020001700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>15. Fariza, I. &quot;Rajoy busca en Bruselas cerrar un plan contra la inmigraci&oacute;n irregular&quot;, <i>El Pa&iacute;s, </i>2 de abril de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0124-5996201400020001700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>16. Gonz&aacute;lez, M. e I. Fariza. &quot;La UE logra el compromiso de los pa&iacute;ses africanos contra la inmigraci&oacute;n irregular&quot;, <i>El Pa&iacute;s, </i>3 de abril de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0124-5996201400020001700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Grieco y B., A. &quot;El socialismo deportador&quot;, <i>Veintitr&eacute;s, </i>2 de abril de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0124-5996201400020001700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Gurucharri, A. &quot;The land of the free&quot;, <i>Notre Dame Magazine, </i>winter, 2013, &#91;<a href="http://magazine.nd.edu/news/44889-the-land-of-the-free/" target="_blank">http://magazine.nd.edu/news/44889-the-land-of-the-free/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0124-5996201400020001700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>19. Harberger, A. &quot;A vision of the growth process&quot;, <i>American Economic Review </i>88, 1, 1998, pp. 1-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0124-5996201400020001700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Harford, T. &quot;What is income per natural?&quot;, <i>Slate, </i>19 de abril de 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0124-5996201400020001700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>21. Hsiang, S. M; M. Burke y E. Miguel, &quot;Quantifying the influence of climate on human conflict, <i>Science, </i>341, 6151, 13 de septiembre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0124-5996201400020001700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Huntington, S. T. &quot;El desaf&iacute;o hispano&quot;, S. T. Huntington, <i>Qui&eacute;nes somos?, </i>Nueva York, Simon and Schuster, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0124-5996201400020001700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. <i>La Jornada. </i>&quot;Los migrantes no son criminales&quot;, tomado de <i>Courrier International </i>1235, 9 de julio de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0124-5996201400020001700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. <i>La Vanguardia. </i>&quot;Canciller&iacute;a celebra aprobaci&oacute;n de exenci&oacute;n de visas para la Uni&oacute;n Europea&quot;, 27 de febrero de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0124-5996201400020001700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Le&oacute;n, J. y A. Berm&uacute;dez. &quot;Los s&uacute;per poderosos de las ideas&quot;, <i>La Silla Vac&iacute;a, </i>22 de junio de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0124-5996201400020001700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>26. Levy, D. &quot;Interview with Arnold Harberger&quot;, Federal Reserve Bank of Minneapolis, marzo de 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0124-5996201400020001700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Lucas, &Aacute;. y S. Lorente L. &quot;Ni&ntilde;os solos, y sin papeles&quot;, <i>El Pa&iacute;s, </i>31 de agosto de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0124-5996201400020001700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Mitterand, F. &quot;Lettre &agrave; tous les Fran&ccedil;ais&quot;, abril de 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0124-5996201400020001700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. Molano, A. &quot;Espejo chiquito&quot;, <i>El Espectador, </i>29 de marzo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0124-5996201400020001700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. <a href="http://www.elespectador.com/opinion/espejo-chiquito-columna-483752" target="_blank">http://www.elespectador.com/opinion/espejo-chiquito-columna-483752</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0124-5996201400020001700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>31. Molano, A. &quot;Casi el para&iacute;so&quot;, <i>El Espectador, </i>6 de septiembre de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0124-5996201400020001700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. Na&iacute;m, M. &quot;On the fence&quot;, entrevista a Doris Meissner, INS Commissioner, <i>Foreign Policy, </i>2002, &#91;<a href="http://www.foreignpolicy.com/articles/2002/03/01/on_the_fence" target="_blank">http://www.foreignpolicy.com/articles/2002/03/01/on_the_fence</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0124-5996201400020001700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>33. Naranjo, J. &quot;Expulsados por la puerta trasera&quot;, <i>El Pa&iacute;s, </i>11 de abril de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0124-5996201400020001700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. Noiriel, G. <i>Immigration, antis&eacute;mitisme et racisme en France </i><i>(XIX</i><i>e</i><i>-XX</i><i>e si&egrave;cle). Discours publics, humiliations priv&eacute;es, </i>Par&iacute;s, Pluriel, 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0124-5996201400020001700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. Olasky, M. <i>Abortion rites: A social history of abortion in America, </i>Wheaton, Ill., Croossway Books, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0124-5996201400020001700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>36. Parra, C. &quot;Valientes nogalenses: The 1918 battle between the US and Mexico that transformed Ambos Nogales&quot;, <i>Journal of Arizona History </i>51, 1, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0124-5996201400020001700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Pernett, N. &quot;Garc&iacute;a M&aacute;rquez y la historia de Colombia&quot;, <i>El Malpensante </i>152, mayo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0124-5996201400020001700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>38. Robinson, J. &quot;Colombia. &iquest;Otros cien a&ntilde;os de soledad?&quot;, traducci&oacute;n de &quot;Colombia: Another 100 years of solitude?&quot;, <i>Current History </i>112, 751, 2013, pp. 43-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0124-5996201400020001700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. Rubio, M. &quot;De la mortalidad militar y episcopal en la Colonia al desempe&ntilde;o econ&oacute;mico contempor&aacute;neo. &iquest;Qu&eacute; pudo pasar?&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>8, 14, 2006, pp. 289-297.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0124-5996201400020001700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40. Rubio, M. <i>La catedral y el bazar. Reflexiones profanas sobre la justicia, </i>Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0124-5996201400020001700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>41. Rueda, M. I. &quot;Profesor de Harvard explica por qu&eacute; fracasan las naciones&quot;. <i>El Tiempo, </i>Agosto 27 de 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0124-5996201400020001700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. Salgari, E. <i>Marulanda y las </i><i>FARC </i><i>para principiantes, </i>Cuadernos de Formaci&oacute;n de las FARC-EP, 2011, &#91;<a href="http://es.scribd.com/doc/101979562/MYLFPP-espanol" target="_blank">http://es.scribd.com/doc/101979562/MYLFPP-espanol</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0124-5996201400020001700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>43. Scott, J. <i>Seeing like a state. How certain schemes to improve the human condition have failed, </i>New Haven, Yale University Press, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0124-5996201400020001700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. Tickner, A. B. &quot;Voto o bala&quot;, <i>El Espectador, </i>27 de agosto de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0124-5996201400020001700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. Vanderklippe, N. &quot;How Goldman Sachs won and lost with China's Alibaba&quot;, <i>The Globe and Mail, </i>2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0124-5996201400020001700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>46. VOA. &quot;Doris Meissner: crisis de ni&ntilde;os es desaf&iacute;o moral&quot;, 16 de julio de 2014, &#91;<a href="http://www.voanoticias.com/content/inmigracion-crisis-frontera-doris-meissner/1958554.html" target="_blank">http://www.voanoticias.com/content/inmigracion-crisis-frontera-doris-meissner/1958554.html</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0124-5996201400020001700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>47. WB. &quot;The World Bank's 11th Annual Bank Conference on Development Economics (ABCDE)&quot;, Washington, D. C., 1999, &#91;<a href="https://sites.google.com/site/mrpblogs/abcde" target="_blank">https://sites.google.com/site/mrpblogs/abcde</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0124-5996201400020001700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>48. Zableh D., A. &quot;As&uacute;melo&quot;, <i>El Tiempo, </i>29 de marzo de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0124-5996201400020001700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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