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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La distribución global del ingreso. De la caída del muro de Berlín a la gran recesión]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The paper presents a newly compiled and improved database of national household surveys between 1988 and 2008. In 2008, the global Gini index is at 70.5 percent having declined by approximately 2 Gini points over this twenty year period. When it is adjusted for the likely under-reporting of higher? incomes in surveys by using the gap between national accounts consumption and survey means in combination with a Pareto-type imputation of the upper tail, the estimate is a much higher global Gini of almost 76 percent. With such an adjustment the downward trend in the Gini almost disappears. Tracking the evolution of individual country- deciles shows the underlying elements that drive the changes in the global distribution: China left the bottom ranks, modifying the overall shape of the global income distribution in the process and creating an important global "median" class that transformed a twin-peaked 1988 global distribution into a single-peaked one. The "winners" were country-deciles which in 1988 stood at the median of the global income distribution, 90 percent of which are from Asia in terms of population. The "losers" were the country-deciles in 1988 were around the 85th percentile of the global income distribution, almost 90 percent of which are from mature economies in terms of population.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[distribución del ingreso]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.03" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.03</a></p>      <p>Art&iacute;culo</p>       <p align="center"><font size="4"><b>La distribuci&oacute;n global del ingreso. De la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n a la gran recesi&oacute;n</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Global Income Distribution from the Fall of the Berlin Wall to the Great Recession</b></font></p>      <p align="center"><i>Christoph Lakner</i>* <i>Branko Milanovic</i>**</p>      <p>* DPhil in Economics, Universidad de Oxford; Departamento de Investigaciones del Banco Mundial, USA <a href="mailto:clakner@worldbank.org">clakner@worldbank.org</a>.    <br>  ** Doctor en Econom&iacute;a/Estad&iacute;stica, Universidad de Belgrado; Departamento de Investigaciones del Banco Mundial, USA <a href="mailto:bmilanovic@worldbank.org">bmilanovic@worldbank.org</a>.</p>      <p>Agradecemos a Statistics Finland, Statistics Portugal y Eurostat por proporcionar micro datos tabulados; a Mar&iacute;a Ana Lugo y Philippe van Kerm por la ayuda en la implementaci&oacute;n emp&iacute;rica de las CIC no an&oacute;nimas; a Shaohua Chen por la ayuda con Povcal Net; a Tony Atkinson y La-Bhus Jirasavetakul por muchas discusiones &uacute;tiles. Se tuvo acceso a los datos BHPS v&iacute;a UK Data Service. El trabajo fue financiado en parte por el Banco Mundial bajo el Proyecto Conocimiento para el Cambio TF012968. Presentamos partes del art&iacute;culo en talleres realizados en el Banco Mundial y en la OCDE; agradecemos a los participantes por sus &uacute;tiles comentarios. Las interpretaciones y las conclusiones son de los autores; no representan los puntos de vista del BIRD, del Banco Mundial ni los de los Directores Ejecutivos del Banco Mundial o de los gobiernos que representan. El original se public&oacute; como &quot;Global income distribution, from the fall of the Berlin Wall to the Great Recession&quot;, Banco Mundial, &#91;<a href="http://www-wds.worldbank.org/external/default/WDSContentServer/WDSP/IB/2013/12/11/000158349_20131211100152/Rendered/PDF/WPS6719.pdf" target="_blank">http://www-wds.worldbank.org/external/default/WDSContentServer/WDSP/IB/2013/12/11/000158349_20131211100152/Rendered/PDF/WPS6719.pdf</a>&#93;. Licencia: Creative Commons Reconocimiento (CC BY 3.0 IGO).</p>      <p>Traducci&oacute;n de Alberto Supelano; no fue elaborada por el Banco Mundial y no es una traducci&oacute;n oficial del Banco, el cual no se hace responsable de ning&uacute;n error contenido en ella. Se publica con las autorizaciones correspondientes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Lakner, C. y B. Milanovic. &quot;La distribuci&oacute;n global del ingreso de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n a la gran recesi&oacute;n&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 17, 32, 2015, pp. 71-128. DOI: 10.18601/01245996.v17n32.03</p>      <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 22 de enero de 2015, fecha de aceptaci&oacute;n: 9 de febrero de 2015</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p>Este art&iacute;culo presenta una base de datos reci&eacute;n compilada y mejorada de encuestas nacionales de hogares entre 1988 y 2008. En 2008, el &iacute;ndice global de Gini es de un 70,5% despu&eacute;s de disminuir en cerca de 2 puntos Gini en este periodo. Cuando se ajusta por el probable subregistro de los ingresos superiores de las encuestas usando la brecha entre el consumo de cuentas nacionales y el promedio de las encuestas junto con una imputaci&oacute;n tipo Pareto de la cola superior, resulta un Gini global mucho m&aacute;s alto de casi un 76%. Con tal ajuste la tendencia decreciente del Gini casi desaparece. El seguimiento de la evoluci&oacute;n de los deciles-pa&iacute;s individuales muestra los elementos subyacentes que impulsan los cambios en la distribuci&oacute;n global: China sali&oacute; de los rangos m&aacute;s bajos, en el proceso se modific&oacute; la forma total de la distribuci&oacute;n global del ingreso y se cre&oacute; una importante clase &quot;mediana&quot; global que transform&oacute; la distribuci&oacute;n de dos picos de 1988en una de un pico. Los &quot;ganadores&quot; fueron los deciles-pa&iacute;s que en 1988 estaba alrededor de la mediana de la distribuci&oacute;n global, el 90% de los cuales, en t&eacute;rminos de poblaci&oacute;n, son de Asia. Los &quot;perdedores&quot; fueron los deciles-pa&iacute;s que en 1988 estaban alrededor del percentil 85 de la distribuci&oacute;n global, casi el 90% de los cuales, en t&eacute;rminos de poblaci&oacute;n, son de econom&iacute;as maduras.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> distribuci&oacute;n del ingreso, globalizaci&oacute;n, ingresos superiores; JEL: D31.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p>The paper presents a newly compiled and improved database of national household surveys between 1988 and 2008. In 2008, the global Gini index is at 70.5 percent having declined by approximately 2 Gini points over this twenty year period. When it is adjusted for the likely under-reporting of higher? incomes in surveys by using the gap between national accounts consumption and survey means in combination with a Pareto-type imputation of the upper tail, the estimate is a much higher global Gini of almost 76 percent. With such an adjustment the downward trend in the Gini almost disappears. Tracking the evolution of individual country- deciles shows the underlying elements that drive the changes in the global distribution: China left the bottom ranks, modifying the overall shape of the global income distribution in the process and creating an important global &quot;median&quot; class that transformed a twin-peaked 1988 global distribution into a single-peaked one. The &quot;winners&quot; were country-deciles which in 1988 stood at the median of the global income distribution, 90 percent of which are from Asia in terms of population. The &quot;losers&quot; were the country-deciles in 1988 were around the 85th percentile of the global income distribution, almost 90 percent of which are from mature economies in terms of population.</p>      <p><b>Keywords:</b> Income distribution, globalization, higher incomes; JEL: D31.</p>  <hr>      <p>Este art&iacute;culo presenta nueva evidencia sobre la evoluci&oacute;n de la desigualdad del ingreso interpersonal global entre 1988 y 2008. Este concepto mide la desigualdad entre individuos de todo el mundo sin importar el pa&iacute;s de residencia; supone impl&iacute;citamente una funci&oacute;n de bienestar social &quot;cosmopolita&quot; y traduce la preocupaci&oacute;n por la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses a nivel global. En el periodo 1988-2008, el rostro de la globalizaci&oacute;n cambi&oacute; dr&aacute;sticamente con la integraci&oacute;n de muchos pa&iacute;ses en desarrollo a la econom&iacute;a mundial. La desigualdad interpersonal global capta los efectos de estos cambios sobre la desigualdad dentro los pa&iacute;ses y entre pa&iacute;ses.</p>      <p>Encontramos que la desigualdad en la distribuci&oacute;n global del ingreso (medida, p. ej., por un &iacute;ndice de Gini) no cambia mucho en este periodo. Pero esto oculta una reordenaci&oacute;n sustancial de los deciles-pa&iacute;s y los cambios en la composici&oacute;n regional de diferentes partes de la distribuci&oacute;n global. Primero presentamos nueva evidencia sobre la evoluci&oacute;n de la desigualdad interpersonal global. Despu&eacute;s profundizamos y analizamos los cambios en la composici&oacute;n de la distribuci&oacute;n global del ingreso.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Medir la desigualdad global es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que medir la desigualdad en cada pa&iacute;s. En ausencia de una encuesta global de hogares, debemos combinar encuestas nacionales. Nuestra base de datos incluye 565 encuestas de hogares de cinco a&ntilde;os de referencia y cada observaci&oacute;n a&ntilde;o-pa&iacute;s se representa mediante el ingreso promedio de los diez grupos de deciles de ingreso<Sup><a href="#num1" name="nu1">1</a></Sup>. Las encuestas nacionales re&uacute;nen informaci&oacute;n en monedas locales y debemos convertirlas en una moneda com&uacute;n, preferiblemente ajust&aacute;ndolas por las diferencias en el nivel de precios (entre pa&iacute;ses <i>y</i> en el tiempo)<Sup><a href="#num2" name="nu2">2</a></Sup>. Debemos se&ntilde;alar que al construir nuestra distribuci&oacute;n global mezclamos encuestas de ingreso y de consumo. Nos referimos a ellas en forma intercambiable, como es t&iacute;pico en la literatura, aunque somos plenamente conscientes de las importantes diferencias entre ambos conceptos<Sup><a href="#num3" name="nu3">3</a></Sup>.</p>      <p>Este art&iacute;culo hace cuatro contribuciones al estudio de la desigualdad global del ingreso. Primera, compila una nueva y mejor base de datos de encuestas nacionales de hogares en respuesta a la cr&iacute;tica a conjuntos de datos anteriores (p. ej., de Anand y Segal, 2008). Segunda, esto permite presentar resultados m&aacute;s cre&iacute;bles de la desigualdad interpersonal global del ingreso entre 1988 y 2008.Tercera, construye paneles balanceados y desbalanceados de los deciles-pa&iacute;s para cinco a&ntilde;os de referencia. Esto permite ir m&aacute;s all&aacute; de se&ntilde;alar qu&eacute; pa&iacute;ses afectaron (y cu&aacute;nto) la desigualdad global, examinando una distribuci&oacute;n m&aacute;s desagregada de deciles-pa&iacute;s. As&iacute; podemos identificar aquellos que m&aacute;s ganaron y perdieron en estos 20 a&ntilde;os. Cuarta, presenta uno de los primeros ajustes integrales de los ingresos superiores omitidos en el estudio de la desigualdad global<Sup><a href="#num4" name="nu4">4</a></Sup>. Ofrece una nueva y valiosa comprensi&oacute;n emp&iacute;rica acerca de por qu&eacute; no es claro <i>a priori</i> el efecto de la falta de respuesta del grupo superior de cada pa&iacute;s sobre la desigualdad global (Deaton, 2005)<Sup><a href="#num5" name="nu5">5</a></Sup>.</p>      <p>Calculamos que el &iacute;ndice de Gini est&aacute; alrededor del 70%. El &iacute;ndice global de Gini disminuy&oacute; en estos 20 a&ntilde;os, y la mayor disminuci&oacute;n ocurri&oacute; entre 2003 y 2008. Pero estos cambios observados quiz&aacute; no sean robustos a errores est&aacute;ndar razonables. El patr&oacute;n de las series de tiempo es robusto a medidas alternativas de la desigualdad, como los &iacute;ndices de Theil. Gran parte de la desigualdad global es explicada por las diferencias entre pa&iacute;ses, aunque esta contribuci&oacute;n ha descendido en el tiempo, lo que sugiere que los pa&iacute;ses se han vuelto m&aacute;s similares. Sin embargo, el componente dentro de los pa&iacute;ses de la desigualdad global ha aumentado continuamente en estos 20 a&ntilde;os.</p>      <p>Presentamos varias pruebas de robustez. Cuando escalamos los ingresos de las encuestas al consumo final de los hogares de cuentas nacionales obtenemos un nivel m&aacute;s bajo del &iacute;ndice global de Gini y un mayor descenso en el tiempo<Sup><a href="#num6" name="nu6">6</a></Sup>. Tambi&eacute;n presentamos una prueba simple de robustez del subregistro de los ingresos m&aacute;s altos en las encuestas de hogares. Tratamos la discrepancia entre el consumo de cuentas nacionales y el de encuestas de hogares, un asunto que ha recibido mucha atenci&oacute;n en la literatura, como una <i>proxy</i> del grado de &quot;omisi&oacute;n&quot; de los ingresos m&aacute;s altos. Obtenemos los cuantiles superiores detallados de la distribuci&oacute;n asignando esta brecha al decil superior y ajustando una distribuci&oacute;n de Pareto. El &iacute;ndice de Gini de esta distribuci&oacute;n revisada es casi 5 puntos Gini mayor y no disminuye sustancialmente entre 1988 y 2008. La diferencia de niveles se debe ante todo a la asignaci&oacute;n del exceso de consumo de cuentas nacionales al decil superior y no a la imputaci&oacute;n de Pareto, es decir, a la elongaci&oacute;n de la cola superior de la distribuci&oacute;n.</p>      <p>La composici&oacute;n regional de la distribuci&oacute;n global cambi&oacute; sustancialmente en estos 20 a&ntilde;os. China sali&oacute; de los rangos m&aacute;s bajos de la distribuci&oacute;n global, lo que ha tenido un gran efecto no solo en la composici&oacute;n regional sino tambi&eacute;n en la forma total de la distribuci&oacute;n global. El crecimiento del ingreso promedio y el cambio en la desigualdad del ingreso en China fueron excepcionalmente fuertes. India creci&oacute; m&aacute;s lentamente, pero su desigualdad tambi&eacute;n creci&oacute; mucho menos. Como resultado del crecimiento en China (y en menor medida en India), &Aacute;frica subsahariana ahora est&aacute; en la parte inferior de la distribuci&oacute;n global.</p>      <p>No es sorprendente que China (en particular la parte urbana) est&eacute; entre los deciles-pa&iacute;s que m&aacute;s crecieron entre 1988 y 2008. En Am&eacute;rica Latina, algunos deciles-pa&iacute;s tambi&eacute;n tuvieron buen desempe&ntilde;o. Los nuevos estados miembros de la UE se pueden encontrar entre los ganadores y perdedores m&aacute;s grandes, as&iacute; como &Aacute;frica subsahariana despu&eacute;s de 1993.</p>      <p>En la construcci&oacute;n de la distribuci&oacute;n global del ingreso intentamos ser tan cuidadosos como nos fue posible dada la restricci&oacute;n de datos, y corregir algunos sesgos de estudios anteriores (ver m&aacute;s adelante). No obstante, subsisten fuentes de incertidumbre sobre nuestras estimaciones que son dif&iacute;ciles (e imposibles en algunos casos) de cuantificar. Sugerimos un enfoque conservador y concluimos que los cambios que observamos en el tiempo no son estad&iacute;sticamente significativos. En la conclusi&oacute;n volvemos a algunos de estos asuntos y sugerimos maneras de abordarlos en futuros trabajos.</p>      <p>El art&iacute;culo consta de seis partes. Primero revisa la literatura sobre desigualdad global, la medici&oacute;n de la paridad del poder adquisitivo (PPA), la discrepancia entre cuentas nacionales y encuestas de hogares, la subestimaci&oacute;n de los ingresos m&aacute;s altos en las encuestas de hogares, y esboza nuestro enfoque de estos asuntos. La secci&oacute;n 2 resume la construcci&oacute;n de datos y la metodolog&iacute;a, incluidos el concepto de bienestar y la imputaci&oacute;n de Pareto que usamos para tener en cuenta los ingresos m&aacute;s altos. La secci&oacute;n 3 presenta estad&iacute;sticas sumarias de nuestra base de datos, en particular de la cobertura del PIB global y regional y de la poblaci&oacute;n, as&iacute; como los principales resultados sobre la desigualdad en la distribuci&oacute;n global del ingreso. Probamos la robusteza diferentes medidas de desigualdad e investigamos el cambio en la composici&oacute;n regional as&iacute; como las curvas globales de incidencia del crecimiento. La secci&oacute;n 4 propone un l&iacute;mite superior del Gini global que tiene en cuenta la subestimaci&oacute;n de los ingresos m&aacute;s altos. La secci&oacute;n 5 pasa del enfoque de corte transversal a un an&aacute;lisis de panel que tiene en cuenta el movimiento de cada decil-pa&iacute;s en la distribuci&oacute;n global. La secci&oacute;n 6 presenta las conclusiones.</p>      <p><font size="3"><b>REVISI&Oacute;N DE LA LITERATURA Y NUESTRO ENFOQUE</b></font></p>      <p>El art&iacute;culo est&aacute; relacionado con diversas vertientes de la literatura. Primero resumimos la literatura sobre desigualdad global y definimos qu&eacute; entendemos por este t&eacute;rmino. Luego explicamos los diversos problemas asociados con la derivaci&oacute;n de tasas de cambio PPA y porqu&eacute; consideramos que las tasas que aqu&iacute; usamos son las m&aacute;s robustas. Por &uacute;ltimo abordamos trabajos anteriores sobre (a) el subregistro de los ingresos m&aacute;s altos en las encuestas de hogares y (b) la discrepancia entre medidas del ingreso o el consumo de cuentas nacionales y sus equivalentes de encuestas de hogares. Argumentamos que ambos asuntos est&aacute;n estrechamente relacionados y los consideramos conjuntamente en nuestro an&aacute;lisis.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La desigualdad global</b></p>      <p>Milanovic (2005) distingue tres conceptos de desigualdad global. Primero, la desigualdad internacional no ponderada es la desigualdad del ingreso per c&aacute;pita entre los pa&iacute;ses del mundo. Segundo, la desigualdad internacional ponderada por la poblaci&oacute;n, o desigualdad entre pa&iacute;ses (Anand y Segal, 2008), mide la desigualdad entre las personas asign&aacute;ndoles a todas el ingreso per c&aacute;pita de su lugar de residencia; ignora as&iacute; la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses. Tercero, la desigualdad interpersonal global capta la desigualdad de los ingresos individuales en el mundo dando a todos su propio ingreso<Sup><a href="#num7" name="nu7">7</a></Sup>.</p>      <p>Aqu&iacute; nos centramos en el &uacute;ltimo concepto, la desigualdad interpersonal global, y siempre que usamos el t&eacute;rmino &quot;desigualdad global&quot; nos referimos a ese concepto. La desigualdad internacional no ponderada (concepto 1) puede ser apropiada en estudios de convergencia del ingreso entre pa&iacute;ses (p. ej., Barro y Sala-i-Martin, 1992), pero no mide la desigualdad interpersonal, entre otras cosas porque el peso asignado a los individuos depende de su pa&iacute;s de residencia. Bourguignon (2011b) muestra que entre 1989 y 2006 la desigualdad internacional no ponderada (concepto 1) sigui&oacute; aumentando, mientras que la desigualdad global (concepto 3) disminuy&oacute;, medida por la proporci&oacute;n P90/P10. Esto puede ser explicado por el hecho de que algunos pa&iacute;ses asi&aacute;ticos populosos crecieron muy r&aacute;pido, mientras que algunos pa&iacute;ses m&aacute;s peque&ntilde;os (en su mayor&iacute;a africanos) se rezagaron o incluso declinaron. La desigualdad internacional ponderada por la poblaci&oacute;n (concepto 2) ignora la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses, lo que parece inapropiado dada la extendida preocupaci&oacute;n por este tema. Podr&iacute;a ser mejor verla como un paso intermedio (sesgado hacia abajo) hacia la desigualdad interpersonal global cuando no se dispone de datos de encuestas para medir la distribuci&oacute;n dentro de los pa&iacute;ses (Milanovic, 2005).</p>      <p>Anand y Segal (2008) distinguen dos razones por las que podemos estar interesados en medir el grado de desigualdad global. Primera, debido a la preocupaci&oacute;n por la &quot;justicia global&quot; podemos estar intr&iacute;nsecamente interesados en la distribuci&oacute;n de recursos entre los ciudadanos del mundo que refleja la preocupaci&oacute;n por la desigualdad a nivel de pa&iacute;ses (Pogge, 2002; Singer, 2002). Esta visi&oacute;n cosmopolita del mundo supone una funci&oacute;n global de bienestar social que trata por igual a las personas, independientemente de su pa&iacute;s de residencia (Atkinson y Brandolini, 2010)<Sup><a href="#num8" name="nu8">8</a></Sup>. Segunda, los cambios en la desigualdad global captan algunos efectos de la globalizaci&oacute;n. En el periodo de 20 a&ntilde;os que aqu&iacute; analizamos, la econom&iacute;a mundial se volvi&oacute; m&aacute;s integrada. Queremos subrayar que a las estimaciones que aqu&iacute; se presentan no se les puede dar una interpretaci&oacute;n causal porque no existen econom&iacute;as mundiales contrafactuales. Adem&aacute;s, la globalizaci&oacute;n no empez&oacute; en 1988. Pero desde entonces el patr&oacute;n del comercio y de los flujos globales de capital cambi&oacute; dram&aacute;ticamente, con la integraci&oacute;n de China (Haskel et al., 2012), de otros pa&iacute;ses en desarrollo (Goldberg y Pavcnik, 2007) y de Rusia a la econom&iacute;a mundial. Bourguignon (2012) tambi&eacute;n considera los efectos de la globalizaci&oacute;n sobre la desigualdad global, pero se centra en sus efectos sobre la distribuci&oacute;n dentro de los pa&iacute;ses<Sup><a href="num9" name="nu9">9</a></Sup>.</p>      <p>La desigualdad global se medir&iacute;a idealmente a partir de una encuesta &uacute;nica de hogares mundial representativa, lo que ser&iacute;a an&aacute;logo a medir la desigualdad en cada pa&iacute;s a partir de su encuesta nacional de hogares. En ausencia de esa encuesta, debemos combinar las encuestas nacionales de hogares. La mayor parte de la literatura sobre desigualdad global usa 1) informaci&oacute;n distributiva (p. ej., &iacute;ndices de Gini) de bases de datos secundarios, como Deininger y Squire (1996); 2) supone que en todas partes el ingreso o el consumo se distribuyen seg&uacute;n una distribuci&oacute;n log-normal, y 3) usa ingresos promedio de cuentas nacionales (p. ej., Bourguignon y Morrisson, 2002, y Sala-i-Martin, 2006). El punto (3) implica un rechazo del ingreso o consumo promedio de las encuestas de hogares, que suele estar disponible. Los puntos 1-3 son conjuntamente necesarios para obtener el nivel de ingresos en todos los puntos de la distribuci&oacute;n supuesta. Seg&uacute;n Anand y Segal (2008), Milanovic (2002, 2005, 2012) es el &uacute;nico autor que trabaja directamente con los datos de encuestas de hogares sin escalar a cuentas nacionales; seguimos este enfoque en nuestra especificaci&oacute;n b&aacute;sica.</p>      <p>Anand y Segal (2008) revisan en detalle la literatura sobre desigualdad interpersonal global hasta la fecha. Todos los estudios coinciden en que el nivel de desigualdad es muy alto, con un &iacute;ndice de Gini del 63,0% al 68,6% en los a&ntilde;os noventa. Debido a que las metodolog&iacute;as y las fuentes de datos difieren sustancialmente (p.ej., el uso de agregados de cuentas nacionales, la estimaci&oacute;n de la distribuciones dentro los pa&iacute;ses, el uso de tasas de cambio PPA diferentes y a menudo inconsistentes), hay mucha incertidumbre sobre la direcci&oacute;n del cambio en la desigualdad global. De all&iacute; que haya &quot;insuficiente evidencia para rechazar la hip&oacute;tesis nula de ning&uacute;n cambio en la desigualdad interpersonal global en 1970-2000&quot; (p. 91), en lo que Pinkovskiy (2013) coincide usando una metodolog&iacute;a muy diferente (ver m&aacute;s atr&aacute;s). En la secci&oacute;n de resultados comparamos nuestras estimaciones con estos resultados anteriores.</p>      <p><b>Tasas de cambio PPA</b></p>      <p>La comparaci&oacute;n de ingresos en pa&iacute;ses diferentes requiere usar tasas de cambio. Si la ley de un precio se mantuviese y no hubiese bienes no transables, simplemente podr&iacute;amos usar tasas de cambio de mercado (Deaton y Heston, 2010). Pero este no es el caso y estas tasas subestimar&iacute;an el nivel de vida real de los pa&iacute;ses pobres, sobrestimando as&iacute; la desigualdad global (Anand y Segal, 2008)<Sup><a href="#num10" name="nu10">10</a></Sup>. Usamos tasas de cambio PPA para tener en cuenta las diferencias en el costo de vida entre pa&iacute;ses. Las tasas de cambio PPA convierten una moneda local dada en d&oacute;lares, el numerario. Puesto que nos ocupamos del ingreso o el consumo de los hogares, usamos las tasas de cambio PPA para el consumo privado en vez de los factores de conversi&oacute;n del PIB.</p>      <p>El primer paso en el c&aacute;lculo de las PPA involucra la recolecci&oacute;n de datos de precios en todo el mundo por el Programa de Comparaci&oacute;n Internacional, que en su ronda m&aacute;s reciente fue coordinado por el Banco Mundial. La &uacute;ltima ronda de comparaci&oacute;n de precios se refiere a 2005. Esta ronda tiene la mayor cobertura global e incluye 146 pa&iacute;ses, frente a 117 de la ronda anterior de 1993. China particip&oacute; por primera vez, e India por primera vez desde 1985.</p>      <p>Adem&aacute;s de las mejoras en la cobertura de los pa&iacute;ses, la metodolog&iacute;a de las encuestas tambi&eacute;n se mejor&oacute; en la &uacute;ltima ronda del IPC, sobre todo en la especificaci&oacute;n de los productos. Pero el problema del sesgo urbano en la recolecci&oacute;n de precios (es decir, de datos recolectados desproporcionadamente en &aacute;reas urbanas) ha recibido particular atenci&oacute;n en el caso de China, donde la ronda del IPC de 2005 llev&oacute; a una sustancial revisi&oacute;n hacia arriba del nivel de precios anterior (el cual se bas&oacute; principalmente en conjeturas). La encuesta de precios se hizo en 11 &aacute;reas metropolitanas y periurbanas escogidas porque era probable que hubiese lugares de venta de los productos comparados en la encuesta del IPC (Cheny Ravallion, 2010a); estos autores argumentan que el nivel de precios medido es representativo de los precios urbanos y sobrestima notablemente el nivel de precios rural. Aqu&iacute; seguimos el enfoque adoptado por Chen y Ravallion (2010b): tratar la tasa PPA oficial como representativa de China urbana y usar una tasa PPA ajustada hacia abajo para China rural.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo paso para estimar las tasas de cambio PPA es calcular un &iacute;ndice de precios, es decir, un esquema ponderado particular que combina los precios nacionales recolectados en el primer paso. En la ronda del IPC de 2005, el Banco Mundial us&oacute; el &iacute;ndice EKS debido a Eltet&ouml; y Koves (1964) y Szulc (1964). Las Penn World Tables y las estimaciones anteriores del Banco Mundial usaron el m&eacute;todo Geary-Khamis (GK) (Khamis, 1972). El &iacute;ndice EKS es un &iacute;ndice multilateral de precios que combina todos los &iacute;ndices bilaterales de precios de Fischer<Sup><a href="num11" name="nu11">11</a></Sup>. M&aacute;s precisamente, es la media geom&eacute;trica de todos los &iacute;ndices indirectos de Fisher entre el pa&iacute;s base y el pa&iacute;s de inter&eacute;s<Sup><a href="num12" name="nu12">12</a></Sup>. El &iacute;ndice EKS satisface la transitividad, de modo que tenemos un &iacute;ndice por pa&iacute;s en vez de una matriz de &iacute;ndices. Pero elm&eacute;todo EKS viola la propiedad de &quot;independencia de pa&iacute;s irrelevante&quot;, puesto que el &iacute;ndice entre dos pa&iacute;ses cualesquiera es afectado por precios y ponderaciones de terceros pa&iacute;ses (porque combina los &iacute;ndices indirectos de Fisher).</p>      <p>El &iacute;ndice GK compara precios nacionales y precios mundiales. El problema es que en el c&aacute;lculo de estos precios mundiales el peso asignado a un pa&iacute;s depende de su volumen f&iacute;sico de consumo. As&iacute;, en la pr&aacute;ctica, los pa&iacute;ses ricos dominan estos precios mundiales compuestos. Como los bienes que son relativamente caros en pa&iacute;ses ricos (p. ej., los servicios) tienden a consumirse en cantidades relativamente grandes en pa&iacute;ses pobres, precisamente porque son m&aacute;s baratos, el uso de un &iacute;ndice GK tiende a sobrestimar el valor del consumo en pa&iacute;ses pobres. Esta es una manifestaci&oacute;n del conocido efecto Gerschenkron (1947) (o sesgo de sustituci&oacute;n) que dice que el consumo de un pa&iacute;s es sobrevalorado cuando se eval&uacute;a a los precios de otro pa&iacute;s, y que cuanto m&aacute;s alejados est&aacute;n los dos vectores de precios mayor es la sobrevaluaci&oacute;n. El &iacute;ndice EKS no padece este sesgo porque promedia los pesos del consumo de ambos pa&iacute;ses, haciendo &quot;un compromiso que es posiblemente lo mejor que se puede hacer en tales circunstancias&quot; (Deaton y Heston, 2010, 11)<Sup><a href="#num13" name="nu13">13</a></Sup>. Como resultado del efecto Gerschenkron, el &iacute;ndice GK subestima la desigualdad global (y la pobreza global; ver Ackland et al., 2013). Deaton y Heston (2010) calculan la desigualdad del PIB per c&aacute;pita entre pa&iacute;ses ponderada por la poblaci&oacute;n usando diferentes &iacute;ndices. Obtienen un &iacute;ndice de Gini del 53,3% para el EKS y un valor del52,7% para el GK.</p>      <p>En resumen, usamos el &iacute;ndice EKS, como sugieren Anand y Segal (2008), Deaton y Heston (2010), Ravallion (2010) y Ackland et al.(2013). Para otros prop&oacute;sitos podr&iacute;a ser m&aacute;s relevante el &iacute;ndice GK, que satisface la aditividad<Sup><a href="num14" name="nu14">14</a></Sup>. Usamos una sola tasa de cambio PPA por pa&iacute;s (diferenciando &uacute;nicamente entre China urbana-rural, India e Indonesia), ignorando as&iacute; cualquier diferencia de consumo y precios a lo largo de la distribuci&oacute;n del ingreso<Sup><a href="#num15" name="nu15">15</a></Sup>.</p>      <p>El problema final en el uso de PPA es c&oacute;mo extender las PPA en el tiempo. Comparamos precios entre pa&iacute;ses solo una vez usando la ronda m&aacute;s reciente del IPC, confiando en la inflaci&oacute;n dom&eacute;stica de los precios al consumidor para las comparaciones dentro de los pa&iacute;ses. En otras palabras, nuestro enfoque solo requiere una ronda del IPC: las unidades de moneda local dom&eacute;stica de cualquier a&ntilde;o se convierten a precios dom&eacute;sticos de 2005 usando un deflactor dom&eacute;stico del IPC, y a estas unidades de moneda local (a precios constantes) luego les aplicamos la tasa de cambio PPA de 2005 obtenida de las comparaciones directas de precios bajo el IPC.</p>      <p>Conceptualmente, nuestro enfoque es simple porque mantiene separadas las comparaciones en el espacio y en el tiempo. Todas nuestras comparaciones dentro de los pa&iacute;ses son independientes de los precios internacionales y solo dependen de los precios nacionales, lo que es atractivo ante todo porque los precios dom&eacute;sticos son apropiados para valorar los <i>trade-offs</i> a nivel de pa&iacute;s (Nuxoll, 1994).</p>      <p><b>Cuentas nacionales y encuestas de hogares</b></p>      <p>Normalmente, el consumo per c&aacute;pita de los hogares de cuentas nacionales es mayor que el consumo o el ingreso promedio registrados en las encuestas (Deaton, 2005)<Sup><a href="#num16" name="nu16">16</a></Sup>. Adem&aacute;s, como muestra Deaton, la discrepancia parece haber aumentado en el tiempo no solo en India (que es en cierto modo una <i>cause c&eacute;l&egrave;bre</i> a ese respecto) sino tambi&eacute;n en pa&iacute;ses ricos como Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a. Los estudios sobre desigualdad global difieren en la manera de explicar esta discrepancia. En nuestra especificaci&oacute;n principal, seguimos el enfoque sugerido por Anand y Segal (2008), y simplemente usamos el ingreso promedio registrado en las encuestas.</p>      <p>Como ya mencionamos, otros trabajos (excepto Milanovic, 2002,2012) anclan el nivel de ingreso a cuentas nacionales (usualmente al PIB per c&aacute;pita), combinado con informaci&oacute;n distributiva de las encuestas de hogares y suponiendo log-normalidad. Anand y Segal argumentan que el PIB per c&aacute;pita &quot;no es una medida adecuada del ingreso de los hogares&quot; (2008, 67) y que no se deber&iacute;a usar para anclar la media de las encuestas de hogares, porque incluye rubros como la depreciaci&oacute;n, las utilidades retenidas o impuestos qufrdxsw3s&quot; no se redistribuyen a los hogares, que solo est&aacute;n remotamente relacionados con el ingreso de los hogares. Adem&aacute;s, hay &quot;una incongruencia b&aacute;sica al suponer quelas distribuciones relativas dentro de los pa&iacute;ses son medidas aceptablemente bien por las encuestas, pero no su media&quot; (Anand y Segal,2008, 70). Adem&aacute;s, sustituir la media de las encuestas por un PIB per c&aacute;pita normalmente mayor implica un ajuste equiproporcional de todos los ingresos. Es improbable que este tipo de ajuste, que llamamos &quot;proporcional&quot;, sea correcto porque implica la misma subestimaci&oacute;n del ingreso, en t&eacute;rminos relativos, en la distribuci&oacute;n total.</p>      <p>En comparaci&oacute;n con el PIB, el gasto final en consumo de los hogares de cuentas nacionales est&aacute; m&aacute;s cerca del ingreso (o el consumo) de los hogares registrado en las encuestas (Anand y Segal, 2008)<Sup><a href="#num17" name="nu17">17</a></Sup>. Pero se debe se&ntilde;alar que los datos y los m&eacute;todos utilizados para estimar el consumo de cuentas nacionales no son necesariamente m&aacute;s confiables que los de las encuestas de hogares (Anand y Segal ,2008; Deaton, 2005)<Sup><a href="#num18" name="nu18">18</a></Sup>. Tambi&eacute;n hay diferencias en la definici&oacute;n del consumo de las encuestas de hogares y de cuentas nacionales, como la inclusi&oacute;n del valor imputado de la vivienda ocupada por el due&ntilde;o (aunque conceptualmente se deber&iacute;a incluir en ambos, pero en la pr&aacute;ctica no se suele incluir en el de las encuestas de hogares), de los servicios financieros imputados y del consumo de entidades sin &aacute;nimo de lucro (Deaton, 2005).</p>      <p><b>Ingresos superiores</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El trabajo reciente sobre desigualdad de la participaci&oacute;n de los grupos superiores usando registros tributarios argumenta que los ingresos m&aacute;s altos est&aacute;n subestimados en las encuestas de hogares comunes. Esta literatura estudia la desigualdad en la parte m&aacute;s alta de la distribuci&oacute;n, expresada t&iacute;picamente como participaci&oacute;n de la parte superior, por ejemplo la participaci&oacute;n del ingreso total recibido por el 1% superior (Atkinson y Piketty, 2007, 2010). Los datos de impuestos pueden dar informaci&oacute;n m&aacute;s precisa sobre el ingreso de la parte superior por diversas razones: primera, puede ser m&aacute;s dif&iacute;cil entrar a las comunidades cerradas de los ricos que hacer encuestas en zonas pobres, de modo que la falta de respuesta a la encuesta aumentar&iacute;a con el ingreso (Groves y Couper, 1998). Segunda, el1% superior es raro por definici&oacute;n, de modo que una encuesta de hogares con el tama&ntilde;o de muestra est&aacute;ndar de unos pocos miles dar&iacute;a estimaciones poco precisas de la participaci&oacute;n de los grupos superiores, o podr&iacute;a omitir del todo a estas personas. Por su parte, los datos de impuestos sobre muestrean intencionalmente a los ricos. Tercera, aspectos de dise&ntilde;o de las encuestas, como la codificaci&oacute;n de los grupos superiores o la supresi&oacute;n de &quot;valores at&iacute;picos&quot;, manipulan los ingresos m&aacute;s altos. Adem&aacute;s, los datos de impuestos no est&aacute;n exentos de problemas, debido por ejemplo a la evasi&oacute;n de impuestos y a la minimizaci&oacute;n del ingreso, que pueden ser muy fuertes en los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>      <p>Hay evidencia para apoyar el argumento de que los ingresos m&aacute;s altos se omiten en las encuestas de hogares. Alvaredo (2010) encuentra que una encuesta de hogares en Argentina no registra observaciones de ingresos mayores de 1 mill&oacute;n de d&oacute;lares mientras que los datos de impuestos contienen cerca de 700 observaciones en ese rango. En una comparaci&oacute;n de encuestas de hogares de 16 pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, Sz&eacute;kely e Hilgert (1999) encuentran que los 10 hogares m&aacute;s ricos de las encuestas reciben ingresos similares al salario de un gerente. Parece razonable que los propietarios de capital en estos pa&iacute;ses reciban ingresos mucho mayores que los de un gerente. Algunos estudios comparan la participaci&oacute;n estimada de los grupos superiores de encuestas de hogares y de datos de impuestos, y en algunos casos obtienen resultados muy similares, aunque esto suele depender de la disponibilidad de encuestas excepcionales que tengan tama&ntilde;os de muestra suficientes y no est&eacute;n sujetas a codificaci&oacute;n de los ingresos m&aacute;s altos (Burkhauser et al., 2012, con datos internos de la CPS de Estados Unidos; Leigh y van der Eng, 2009, para Indonesia, y Morival, 2011, para Sud&aacute;frica).</p>      <p>Dado que los datos de impuestos parecen ser m&aacute;s precisos para medir los ingresos m&aacute;s altos y que las encuestas de hogares ofrecen informaci&oacute;n m&aacute;s precisa del resto de la distribuci&oacute;n, un paso natural ser&iacute;a combinar las dos fuentes de informaci&oacute;n para obtener una distribuci&oacute;n del ingreso completa. Pero la a&uacute;n escasa disponibilidad de datos de impuestos entre pa&iacute;ses limita la utilidad de ese ejercicio para analizar la distribuci&oacute;n global. Adem&aacute;s, las medidas de la poblaci&oacute;n y del bienestar son esencialmente diferentes en las dos fuentes de datos, lo que dificulta ese ejercicio<Sup><a href="#num19" name="nu19">19</a></Sup>.</p>      <p><b>Tratamiento conjunto de los ingresos superiores subreportados y de la discrepancia de cuentas nacionales</b></p>      <p>El subregistro de los ingresos m&aacute;s altos en las encuestas de hogares y su discrepancia con cuentas nacionales son asuntos estrechamente relacionados. Es razonable esperar y hay evidencia emp&iacute;rica para corroborar que la discrepancia entre encuestas y cuentas nacionales no es una distribuci&oacute;n neutral, y que se debe principalmente a la falta de participaci&oacute;n de los ricos en las encuestas de hogares (Mistaenen y Ravallion, 2003; Korinek et al., 2006)<Sup><a href="#num20" name="nu20">20</a></Sup>. Deaton (2005) se&ntilde;ala que, debido a que el consumo de cuentas nacionales hace seguimiento al dinero y no a las personas, es m&aacute;s probable que los datos de cuentas nacionales capten las grandes transacciones. Usando datos de registros tributarios de India, Banerjee y Piketty (2010) encuentran que una parte significativa de la discrepancia entre el crecimiento del consumo de cuentas nacionales y el de encuestas de hogares puede ser explicada por el subregistro de los ricos. Finalmente, se puede argumentar que las encuestas de hogares dan una buena aproximaci&oacute;n al 90% inferior de la distribuci&oacute;n (ignorando, sin embargo, el subregistro del ingreso entre los muy pobres)<Sup><a href="#num21" name="nu21">21</a></Sup>.</p>      <p>En la segunda parte del an&aacute;lisis asignamos la brecha entre el consumo final de los hogares en cuentas nacionales y en las encuestas de hogares al 10% superior de la distribuci&oacute;n y obtenemos cuantiles superiores m&aacute;s desagregados ajustando una distribuci&oacute;n de Pareto a la cola superior. Nuestro enfoque se basa en Atkinson (2007), que usa una imputaci&oacute;n de Pareto en combinaci&oacute;n con los datos de Bourguignon y Morrisson (2002). Atkinson usa el PIB per c&aacute;pita, repartiendo as&iacute; <i>de modo uniforme</i> en la distribuci&oacute;n la discrepancia entre cuentas nacionales y encuestas de hogares, pero para la parte superior &quot;elonga&quot; la distribuci&oacute;n usando una interpolaci&oacute;n de Pareto<Sup><a href="#num22" name="nu22">22</a></Sup>. Llamamos &quot;ajuste proporcional con cola de Pareto&quot; al enfoque de Atkinson. En cambio, nuestra metodolog&iacute;a propone asignar el &quot;exceso&quot; de consumo registrado en cuentas nacionales solo al decil superior y usar una interpolaci&oacute;n de Pareto, elevando as&iacute; el promedio y modificando la desigualdad. Llamamos &quot;ajuste superior fuerte con cola de Pareto&quot; a este ajuste.</p>      <p>Justificamos el ajuste de la media de las encuestas al consumo de cuentas nacionales en raz&oacute;n de los ingresos superiores omitidos. Esto, sin embargo, est&aacute; sujeto a cr&iacute;tica. Se puede argumentar que algunos elementos del consumo de cuentas nacionales deber&iacute;an (1) excluirse del todo o (2) repartirse a lo largo de toda la distribuci&oacute;n y no solo en el 10% superior. Por ejemplo, parte de la discrepancia entre el consumo de cuentas nacionales y el de encuestas de hogares obedece a diferencias en la definici&oacute;n, como la inclusi&oacute;n de gastos de entidadessin &aacute;nimo de lucro que prestan servicios a los hogares (ESLSH) o al consumo imputado de bienes proporcionados colectivamente<Sup><a href="#num23" name="nu23">23</a></Sup>. Debemos restar estos componentes del consumo de cuentas nacionales, pero no se dispone por separado de datos suficientemente detallados para un gran n&uacute;mero de pa&iacute;ses. Se podr&iacute;an incluir (si no se estiman en las encuestas de hogares) otras fuentes de discrepancia, como los arriendos imputados de los propietarios ocupantes en cuentas nacionales, pero repartidas en toda la distribuci&oacute;n y no solo en el 10% superior<Sup><a href="#num24" name="nu24">24</a></Sup>. Por estas razones nuestras estimaciones deben verse como un primer paso aproximado, a falta de un an&aacute;lisis m&aacute;s cuidadoso que use datos de registro por unidad.</p>      <p><font size="3"><b>CONSTRUCCI&Oacute;N DE DATOS Y METODOLOG&Iacute;A</b></font></p>      <p><b>Fuentes de datos</b></p>      <p>En este art&iacute;culo se usan como datos el ingreso-consumo promedio de los deciles a&ntilde;o-pa&iacute;s del periodo 1988-2008, es decir, el ingreso promedio per c&aacute;pita de un decil dado en un pa&iacute;s <i>i</i> en el a&ntilde;o <i>t</i>. Los datos provienen de varias fuentes. PovcalNet es el punto de partida de nuestra base de datos, que aporta m&aacute;s de dos terceras partes de las encuestas<Sup><a name="nu25" href="num25">25</a></Sup>. PovcalNet compila un gran n&uacute;mero de encuestas de hogares acopiadas por el departamento de investigaci&oacute;n del Banco Mundial. Se ha usado sobre todo para estimar la pobreza mundial, como en Chen y Ravallion (2010b), y entonces carece de datos de los pa&iacute;ses ricos. A partir de PovcalNet obtenemos ingresos per c&aacute;pita promedio, ya convertidos en d&oacute;lares PPA de 2005, y participaciones de los deciles, que combinamos para calcular el ingreso promedio de los deciles<Sup><a href="#num26" name="nu26">26</a></Sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s, combinamos los datos de la World Income Distribution (WYD) actualizados (Milanovic, 2012). PovcalNet y WYD proporcionan casi el 98% de los datos. Convertimos estos datos en deciles a&ntilde;o-pa&iacute;s para obtener una base de datos consistente<Sup><a href="#num27" name="nu27">27</a></Sup>. Donde es posible, llenamos los vac&iacute;os restantes con datos del Luxembourg In-come Study (LIS), de la British Household Panel Survey (BHPS), de la European Union Survey of Income and Living Conditions (SILC)y de las oficinas estad&iacute;sticas de los pa&iacute;ses<Sup><a href="#num28" name="nu28">28</a></Sup>. En total terminamos con 565 encuestas en los cinco a&ntilde;os de referencia: 1988, 1993, 1998, 2003y 2008 (<a href="#cua1">cuadro 1</a>).</p>      <p align="center"><a name="cua1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04c1.jpg"></p>      <p>La distribuci&oacute;n de cada pa&iacute;s se representa mediante los ingresos promedio de los diez deciles. Esto no difiere de otros estudios como el de Bourguignon y Morrisson (2002), que usa 11 cuantiles, pero ignora cualquier desigualdad dentro de los deciles y, como argumentan Anand y Segal (2008), subestima entonces la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses y quiz&aacute; la desigualdad global. Nuestra elecci&oacute;n de los grupos de deciles fue dictada por PovcalNet, donde no se dispon&iacute;a de informaci&oacute;n m&aacute;s detallada<Sup><a href="#num29" name="nu29">29</a></Sup>. Por consistencia y facilidad de discusi&oacute;n,tambi&eacute;n decidimos usar deciles en las encuestas donde se dispon&iacute;a de informaci&oacute;n m&aacute;s detallada.</p>      <p><b>Selecci&oacute;n de las encuestas</b></p>      <p>Las encuestas incluidas en la base de datos deben cumplir dos condiciones: primera, estar en un intervalo de dos a&ntilde;os con respecto al a&ntilde;o de referencia. Segunda, distar al menos tres a&ntilde;os y no m&aacute;s de siete de la encuesta anterior y la siguiente. La justificaci&oacute;n de la segunda condici&oacute;n es no permitir encuestas demasiado cercanas o lejanas del intervalo de cinco a&ntilde;os, puesto que gran parte del an&aacute;lisis supone que los intervalos de cinco a&ntilde;os se mantienen en toda la muestra. El <a href="#cua1">cuadro 1</a> muestra los a&ntilde;os que distan el a&ntilde;o de la encuesta y el a&ntilde;o de referencia<Sup><a href="#num30" name="nu30">30</a></Sup>. La elecci&oacute;n de los a&ntilde;os de referencia es en esencia arbitraria, y seguimos a Milanovic (2012) al escoger 1988, 1993 y 1998. La cobertura de la encuesta global de hogares es muy baja antesde 1988. Los a&ntilde;os 2003 y 2008 se escogieron para obtener a&ntilde;os de referencia igualmente espaciados. En comparaci&oacute;n con Milanovic(2012), logramos obtener un ajuste m&aacute;s cercano al a&ntilde;o de referencia en todos los a&ntilde;os con cerca de tres cuartas partes de las encuestas realizadas un a&ntilde;o distante del a&ntilde;o de referencia.</p>      <p>Usamos una mezcla de encuestas de ingreso y de consumo, como se acostumbra en la literatura. Aunque hay diferencias obviamente importantes entre el ingreso y el consumo, nos referimos a ellos en forma intercambiable, como ya se mencion&oacute;<Sup><a href="#num31" name="nu31">31</a></Sup>. No ajustamos las diferencias entre ingreso y consumo de las encuestas porque ese ajuste, aplicado a los deciles, ser&iacute;a arbitrario<Sup><a href="#num32" name="nu32">32</a></Sup>.</p>      <p>Una de las innovaciones de nuestra base de datos es que restringimos el concepto de ingreso para que sea igual en el tiempo para un pa&iacute;s dado. Esto evita cambios espurios provenientes de un cambio en el concepto de bienestar que se est&aacute; usando<Sup><a href="#num33" name="nu33">33</a></Sup>. Para cada pa&iacute;s, el ingreso/consumo se escogi&oacute; a fin de maximizar el n&uacute;mero de a&ntilde;os de referencia cubiertos (sujeto a las dos condiciones antes mencionadas)<Sup><a href="#num34" name="nu34">34</a></Sup>. Como muestra el <a href="#cua1">cuadro 1</a>, en la muestra total el n&uacute;mero de encuestas de consumo y de ingreso es casi igual. En los a&ntilde;os anteriores, la mayor&iacute;a de las encuestas recog&iacute;a informaci&oacute;n del ingreso, mientras que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os sucede lo contrario. Esto puede ser explicado por la mejor cobertura de las encuestas en pa&iacute;ses pobres, donde son m&aacute;s comunes las encuestas de consumo (salvo en Am&eacute;rica Latina)<Sup><a href="#num35" name="nu35">35</a></Sup>.</p>      <p><b>El concepto de bienestar</b></p>      <p>Nos interesa analizar la distribuci&oacute;n global (anual) del ingreso per c&aacute;pita (en d&oacute;lares PPA de 2005). Los ingresos per c&aacute;pita ignoran algunas econom&iacute;as de escala en el consumo de los hogares y la desigualdad dentro de los hogares. Los ingresos per c&aacute;pita tienen la ventaja de que es f&aacute;cil calcularlos y tienen contrapartes naturales en cuentas nacionales (que no calculan ingresos equivalentes). El efecto de usar una escala de equivalencia diferente sobre la desigualdad mundial no es claro <i>a priori</i><Sup><a href="#num36" name="nu36">36</a></Sup>.</p>      <p>En nuestra base de datos, cada distribuci&oacute;n a&ntilde;o-pa&iacute;s del ingreso per c&aacute;pita se representa mediante los ingresos promedio de los diez deciles<Sup><a href="#num37" name="nu37">37</a></Sup>. En el an&aacute;lisis, cada decil se pondera por su poblaci&oacute;n (es decir, el 10% de la poblaci&oacute;n nacional de los Indicadores Mundiales del Desarrollo, WDI). Siempre que estemos interesados en el desempe&ntilde;o de nuestra estimaci&oacute;n o base de datos, por ejemplo, en la divisi&oacute;n de las encuestas de consumo e ingreso o en el valor de las constantes de Pareto, las observaciones no son ponderadas, como se indica en los cuadros.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Usamos el consumo PPA para tener en cuenta las diferencias de precios entre pa&iacute;ses. Los ingresos obtenidos de PovcalNet ya est&aacute;n convertidos a d&oacute;lares PPA de 2005. Para las encuestas adicionales replicamos el enfoque de PovcalNet: como se explic&oacute; antes, y despu&eacute;s de tener en cuenta la conversi&oacute;n de monedas<Sup><a href="#num38" name="nu38">38</a></Sup>, convertimos los ingresos promedio en unidades de moneda local a precios de 2005 usando IPC dom&eacute;sticos<Sup><a href="#num39" name="nu39">39</a></Sup>. Luego aplicamos las tasas de cambio del consumo PPA de 2005 para convertirlas a d&oacute;lares internacionales<Sup><a href="#num40" name="nu40">40</a></Sup>.</p>      <p>Es importante se&ntilde;alar que las tasas de cambio PPA solo existen a nivel de pa&iacute;ses, de modo que ignoramos toda diferencia de precios que exista dentro de los pa&iacute;ses. En consecuencia, posiblemente sobrestimemos la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses. Como ya se mencion&oacute;,tratamos las zonas rurales y urbanas de los tres pa&iacute;ses en desarrollo m&aacute;s populosos -China, India e Indonesia- como &quot;pa&iacute;ses&quot; separados. Debido a la falta de datos desagregados, suponemos un IPC para las zonas rurales y urbanas, pero permitimos tasas de cambio PPA diferentes<Sup><a href="#num41" name="nu41">41</a></Sup>.</p>      <p>La inmensa mayor&iacute;a de las encuestas cubren todo el pa&iacute;s, salvo en algunos pa&iacute;ses, sobre todo de Am&eacute;rica Latina, que solo encuestan zonas urbanas<Sup><a href="#num42" name="nu42">42</a></Sup>. Tratamos estas encuestas como representativas de todo el pa&iacute;s<Sup><a href="#num43" name="nu43">43</a></Sup>.</p>      <p><b>Definici&oacute;n de regiones</b></p>      <p>Agrupamos los pa&iacute;ses en ocho regiones. El primer grupo consiste en econom&iacute;as maduras, 27 pa&iacute;ses de la EU (los miembros en 2008) m&aacute;s los pa&iacute;ses de alto ingreso en el mundo<Sup><a href="#num44" name="nu44">44</a></Sup>. Tratamos a India y China como regiones por derecho propio. Los dem&aacute;s grupos se definen como residuos de acuerdo con las regiones geogr&aacute;ficas de los WDI.</p>      <p><b>I Imputaci&oacute;n de pareto y escalamiento al consumo de cuentas nacionaLes</b></p>      <p>Asignamos el exceso de consumo de cuentas nacionales frente al de las   encuestas de hogares en tres pasos. Primero ajustamos el promedio pa&iacute;s para igualar el consumo promedio m&aacute;ximo de las encuestas y el consumo de cuentas nacionales<Sup><a href="#num45" name="nu45">45</a></Sup>. Despu&eacute;s recalculamos la participaci&oacute;n de todos los deciles excepto el m&aacute;s alto usando los ingresos promedio originales de los deciles y el promedio ajustado (por tanto, la participaci&oacute;n en el ingreso total de aquellos deciles disminuye).Luego calculamos la nueva participaci&oacute;n del decil m&aacute;s alto como la diferencia entre el 100% y la suma de las participaciones revisadas de los 9 deciles m&aacute;s bajos. Usamos las participaciones revisadas del 10% y el 20% superiores en la imputaci&oacute;n de Pareto.</p>      <p>Obtenemos el gasto en consumo final de los hogares<Sup><a href="#num46" name="nu46">46</a></Sup> (en PPA de 2005) de los WID para los a&ntilde;os de las encuestas<Sup><a href="#num47" name="nu47">47</a></Sup>. Cabe se&ntilde;alar que la muestra cambia en esta parte del an&aacute;lisis por dos razones. Primera, debido a la falta de datos macro perdemos algunas observaciones a&ntilde;o-pa&iacute;s. Segunda, por falta de datos macro desagregados usamos las distribuciones de todo el pa&iacute;s en los casos de China, India e Indonesia(donde antes usamos distribuciones urbana/rural por separado). En el caso de China, ahora usamos encuestas de ingreso donde antes usamos encuestas de consumo<Sup><a href="#num48" name="nu48">48</a></Sup>.</p>      <p>Usamos una imputaci&oacute;n de Pareto para dividir el decil superior en cuantiles m&aacute;s peque&ntilde;os. Elegimos dividir el 10% m&aacute;s alto en P90-P95, P95-P99 y P99-P100. El conjunto de datos resultante consiste entonces en 12 grupos (desiguales) de fractiles por pa&iacute;s (que son ponderados por la poblaci&oacute;n en el an&aacute;lisis). El supuesto impl&iacute;cito es que el decil m&aacute;s alto de nuestra base de datos sigue una distribuci&oacute;n continua de Pareto. Sea <i>H<Sub>i</Sub></i> la participaci&oacute;n acumulativa de la poblaci&oacute;n de individuos con ingresos mayores o iguales a <i>y</i>, por ejemplo, la poblaci&oacute;n del <i>i</i> 10% superior. Sea <i>S</i> la participaci&oacute;n del ingreso total recibido por este <i>i</i> grupo. Atkinson (2007) muestra que para esa distribuci&oacute;n de Pareto, la participaci&oacute;n relativa de los dos grupos superiores est&aacute; dada por:</p>      <p align="center"><a name="ecu1"><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04e1.jpg"></a>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Podemos reordenar as&iacute; para calcular el coeficiente de Pareto <i>a</i>:</p>      <p align="center"><a name="ecu2"><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04e2.jpg"></a>     <p>Usamos las participaciones del 10% y el 20% superiores para calcular el coeficiente de Pareto <i>a</i> para cada observaci&oacute;n a&ntilde;o-pa&iacute;s<Sup><a href="#num49" name="nu49">49</a></Sup>. Despu&eacute;s calculamos las participaciones del 1% y el 5% superiores usando esta estimaci&oacute;n de <i>a</i> y resolviendo la ecuaci&oacute;n (1) para <i>S<Sub>i</Sub></i>. Entonces podemos construir f&aacute;cilmente los nuevos grupos de cuantiles. P99-P100 es simplemente el 1% superior. P95-P99 es la participaci&oacute;n del 5% superior menos la participaci&oacute;n del 1% superior. Y P90-P95 es la participaci&oacute;n del 10% superior menos la participaci&oacute;n del 5% superior. Para cada a&ntilde;o-pa&iacute;s, tenemos as&iacute; 12 fractiles de ingreso.</p>      <p>La validez de nuestros resultados depende obviamente de los supuestos param&eacute;tricos. Nuestra elecci&oacute;n de la forma funcional es relativamente com&uacute;n en la literatura, donde se argumenta que las colas superiores son aproximadamente de Pareto. Adem&aacute;s, la estimaci&oacute;n es relativamente flexible, pues estimamos una constante de Pareto diferente para cada observaci&oacute;n a&ntilde;o-pa&iacute;s.</p>      <p><b>La dimensi&oacute;n de panel de nuestros datos</b></p>      <p>Tambi&eacute;n nos interesan los cambios de un decil-pa&iacute;s dado en el tiempo. Por ello, la dimensi&oacute;n del panel de nuestros datos es crucial. El cuadro2 cuenta el n&uacute;mero de pa&iacute;ses por el n&uacute;mero de a&ntilde;os de referencia en los que un pa&iacute;s aparece en los datos. Por ejemplo, para 58 pa&iacute;ses (de un total de 162), en su mayor&iacute;a de econom&iacute;as maduras y de Am&eacute;rica Latina, tenemos el panel completo. Cuando examinamos los cambios entre dos a&ntilde;os de referencia, no requerimos observaciones de los a&ntilde;os intermedios, o sea que puede haber vac&iacute;os en el panel. Para 63 pa&iacute;ses, podemos entonces considerar los cambios entre 1988 y 2008. Como prueba de robustez, tambi&eacute;n consideramos el periodo 1993-2008, para el cual tenemos 90 pa&iacute;ses y en particular mejora la cobertura regional de &Aacute;frica subsahariana, Rusia/Asia Central/sureste de Europa.</p>      <p align="center"><a name="cua2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04c2.jpg"></p>      <p><font size="3"><b>LA DISTRIBUCI&Oacute;N DE CORTE TRASVERSAL EN EL TIEMPO</b></font></p>      <p><b>Estad&iacute;sticas sumarias</b></p>      <p>Como nos interesa analizar la distribuci&oacute;n mundial del ingreso, una primera pregunta es qu&eacute; tan representado est&aacute; el mundo en las encuestas incluidas en nuestra base de datos (<a href="#cua1">cuadro 1</a>). Puesto que es m&aacute;s probable que los pa&iacute;ses de altos ingresos tengan una encuesta que puede estar incluida en nuestros datos, nuestra cobertura es mayor cuando se mide en t&eacute;rminos del PIB que en t&eacute;rminos de poblaci&oacute;n. Nuestros datos representan el 95% del PIB mundial en promedio y m&aacute;s del 90% en todos los a&ntilde;os de referencia. En promedio (y en todos los a&ntilde;os desde 1993), tambi&eacute;n cubren el 90% de la poblaci&oacute;n mundial.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay, sin embargo, grandes diferencias entre regiones. La cobertura de &Aacute;frica subsahariana y Rusia/Asia Central/sureste de Europa mejor&oacute; notablemente, en particular despu&eacute;s de 1988. Nuestra cobertura del Medio Oriente/norte de &Aacute;frica parece haber disminuido, en particular en el a&ntilde;o de referencia m&aacute;s reciente, m&aacute;s en t&eacute;rminos del PIB quede la poblaci&oacute;n<Sup><a href="#num50" name="nu50">50</a></Sup>. En esta &uacute;ltima parte del an&aacute;lisis nos centramos en el periodo 1993-2008, porque 1988 tiene mala cobertura de &Aacute;frica subsahariana y Rusia/Asia Central/sureste de Europa.</p>      <p><b>El &iacute;ndice de GINI de La distribuci&oacute;n global del ingreso</b></p>      <p>El <a href="#cua3">cuadro 3</a> presenta nuestros principales resultados sobre la desigualdad en la distribuci&oacute;n global del ingreso calculada para el panel desbalanceado de deciles-pa&iacute;s. En comparaci&oacute;n con las distribuciones dentro de los pa&iacute;ses, encontramos un nivel muy alto de desigualdad medido por el &iacute;ndice de Gini: entre el 70,5% y el 72,2%<Sup><a href="#num51" name="nu51">51</a></Sup>. El &iacute;ndice global de Gini se ha mantenido pr&aacute;cticamente sin cambios. Los cambios entre los a&ntilde;os de referencia son de un 0,5%, excepto en el periodo 2003-2008, cuando el Gini disminuy&oacute; en un 1,89%, o 1,35 puntos Gini. Las curvas de Lorenz de 1988 y 2008 (que aqu&iacute; no se muestran) se intersecan.</p>      <p align="center"><a name="cua3"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04c3.jpg"></p>      <p>Podr&iacute;amos calcular f&aacute;cilmente los errores est&aacute;ndar de remuestreo del &iacute;ndice de Gini para tener en cuenta la incertidumbre de muestreo (es decir, del hecho de que usamos una muestra en vez de la poblaci&oacute;n). Pero como argumentan Anand y Segal (2008), estos errores est&aacute;ndar no son apropiados, porque suponen que existe una sola encuesta de hogares global con una incertidumbre de muestreo claramente definida. En cambio, combinamos un gran n&uacute;mero de encuestas nacionales de hogares, cada una con su propia incertidumbre de muestreo. Como resultado, los errores est&aacute;ndar plausibles pueden ser mucho mayores que los errores est&aacute;ndar de remuestreo, haciendo insignificantes los cambios observados.</p>      <p>Como muestra el <a href="#ane1">cuadro 1A</a>, nuestras estimaciones del &iacute;ndice de Gini global son mucho mayores que las estimaciones anteriores de la literatura<Sup><a href="#num52" name="nu52">52</a></Sup>. Los estudios all&iacute; mencionados difieren esencialmente en su metodolog&iacute;a, como en el uso de cuentas nacionales agregadas, en el tipo de tasas de cambio PPA y en la interpolaci&oacute;n de a&ntilde;os perdidos. Sin embargo, la mayor parte de la diferencia se debe a que estos estudios usan las &quot;viejas&quot; tasas de cambio PPA de 1993 que dan niveles de precios mucho m&aacute;s bajos para China, India, Indonesia, Bangladesh y otros pa&iacute;ses de Asia y, por tanto, implican ingresos m&aacute;s altos en esos pa&iacute;ses relativamente pobres. El estudio m&aacute;s cercano al nuestro es el de Milanovic (2012) que tambi&eacute;n usa &uacute;nicamente encuestas, y aplica las tasas de cambio PPA de 2005. Nuestra estimaci&oacute;n del &iacute;ndice de desigualdad global de Gini es mayor que la de Milanovic (2012), aunque la brecha disminuye en el tiempo, de 4,35 puntos Gini en 1988 a 1,76 puntos Gini en 2003. La direcci&oacute;n del cambio entre los a&ntilde;os de referencia es similar, excepto la del periodo 1988-1993.</p>      <p><b>Medidas alternativas de desigualdad</b></p>      <p>Probamos la robustez de estas conclusiones a diferentes medidas de desigualdad, como las de Entrop&iacute;a Generalizada y de Atkinson. El &iacute;ndice de Gini da un peso particular a la desigualdad en los diferentes puntos de la distribuci&oacute;n del ingreso. El &iacute;ndice de Theil-L (GE(0) o desviaci&oacute;n logar&iacute;tmica promedio) es muy sensible a diferencias en la participaci&oacute;n de los ingresos bajos, mientras que el &iacute;ndice GE(2) es sensible a diferenciales en la parte superior (Cowell, 2009) y a valores extremos (Cowell y Flachaire, 2007). El &iacute;ndice de Theil-T (o GE(1))es un caso intermedio.</p>      <p>Conforme al &iacute;ndice GE(2), la desigualdad aument&oacute; entre todos los a&ntilde;os de referencia del periodo 1988-2003. Por su parte, conforme al &iacute;ndice Theil-L la desigualdad disminuy&oacute; entre 1988 y 1998 y tuvo un aumento marginal, pero quiz&aacute; insignificante, de 1998 a 2003. Esto parece sugerir que entre 1988 y 2003 la desigualdad entre los ingresos m&aacute;s bajos disminuy&oacute;, mientras que aument&oacute; entre los ingresos m&aacute;s altos. Entre 2003 y 2008 hubo una disminuci&oacute;n en t&eacute;rminos generales, pero un cambio m&aacute;s fuerte de la medida (0) sensible a diferencias en la parte inferior.</p>      <p>Calculamos el &iacute;ndice de Atkinson (1970) para tres niveles de aversi&oacute;n a la desigualdad e. Cuanto m&aacute;s alto es e m&aacute;s fuerte es la aversi&oacute;n a la desigualdad de la distribuci&oacute;n del ingreso y mayor el peso asignado a los ingresos m&aacute;s bajos. Para e <i>=</i> 0, la sociedad es indiferente al grado de desigualdad del ingreso. Con e <i>=</i> &infin;, solo importa la posici&oacute;n del grupo m&aacute;s pobre.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n todos los tres niveles de e, la desigualdad es m&aacute;s alta en 1988<Sup><a href="num53" name="nu53">53</a></Sup>. A(1) y A(0,5) coinciden en la ordenaci&oacute;n relativa de los a&ntilde;os de referencia (de la desigualdad m&aacute;s baja a la m&aacute;s alta: 2008, 1998,2003, 1993, 1988). Para A(2), el mayor nivel de aversi&oacute;n a la desigualdad que aqu&iacute; se considera, 2008 tiene un nivel de desigualdad m&aacute;s alto que 1998, y el nivel no es diferente entre 2003 y 2008 (al menos para un punto decimal). Adem&aacute;s, e &gt; 2 mostrar&iacute;a un aumento de la desigualdad entre 2003 y 2008 (en contraste con las dem&aacute;s medidas que aqu&iacute; se reportan). En suma, entre 2003 y 2008 los ingresos bajos no mejoraron mucho, lo que lleva al mismo valor de A(2) en 2008 y 2003, mientras que grados de aversi&oacute;n a la desigualdad menores -A(1) y A(0,5)- muestran una mejor&iacute;a.</p>      <p><b>Desigualdad regional y descomposici&oacute;n de la desigualdad global entre pa&iacute;ses</b></p>      <p>El &iacute;ndice de Gini calculado para todos los individuos que viven en una regi&oacute;n es m&aacute;s alto en Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica subsahariana. En las econom&iacute;as maduras hubo un fuerte aumento en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de referencia. La desigualdad en China aument&oacute; fuertemente entre 1988y 2008, en m&aacute;s de 10 puntos Gini. El incremento en India fue mucho m&aacute;s moderado. El &iacute;ndice de Gini de &Aacute;frica subsahariana aument&oacute; en cerca de 5 puntos Gini entre 1993 y 2008. En el Medio Oriente y Rusia/Asia Central/sureste de Europa la desigualdad parece haber disminuido. La desigualdad en Am&eacute;rica Latina y otros de Asia se mantuvo pr&aacute;cticamente inalterada, con altibajos, en el periodo considerado.</p>      <p>Presentamos una descomposici&oacute;n de las medidas de Entrop&iacute;a Generalizada, que, a diferencia de los &iacute;ndices de Atkinson y de Gini, son descomponibles aditivamente<Sup><a href="#num54" name="nu54">54</a></Sup>. Nos concentramos en el &iacute;ndice GE(0), porque la interpretaci&oacute;n del componente dentro-de-grupos como la desigualdad residual despu&eacute;s de igualar los ingresos promedio entre pa&iacute;ses solo es correcta para este &iacute;ndice del tipo GE (Anand y Segal, 2008)<Sup><a href="#num55" name="nu55">55</a></Sup>. La contribuci&oacute;n dentro-de-pa&iacute;ses disminuy&oacute; en este periodo de 20 a&ntilde;os, lo que sugiere que los pa&iacute;ses, ponderados por sus poblaciones, se han vuelto m&aacute;s similares<Sup><a href="#num56" name="nu53">56</a></Sup>. En 2008 la igualaci&oacute;n de los ingresos promedio entre pa&iacute;ses, manteniendo igual la distribuci&oacute;n dentro de los pa&iacute;ses, reducir&iacute;a la desigualdad global en un 77%. En cambio, la igualaci&oacute;n de los ingresos dentro de cada pa&iacute;s solo la reducir&iacute;a en un 23%. En otras palabras, a pesar de su disminuci&oacute;n relativa, el componente dentro-de-pa&iacute;ses sigue siendo de lejos la fuente m&aacute;s importante de desigualdad global.</p>      <p><b>Curvas de incidencia del crecimiento</b></p>      <p>La parte inferior del cuadro 3 muestra el crecimiento del ingreso promedio por fractiles de ingreso. El grupo que creci&oacute; con m&aacute;s rapidez es el que se sit&uacute;a entre los percentiles 50 y 60 (con una tasa de crecimiento del 71,7% en 20 a&ntilde;os), seguido por el grupo P40-P50 (70,6%) y el 1%global m&aacute;s alto (64,8%). Quiz&aacute; una manera m&aacute;s &uacute;til de ilustrar este patr&oacute;n sea mediante una variante de la curva global de incidencia del crecimiento (CIC) (Ravallion y Chen, 2003)<Sup><a href="#num57" name="nu57">57</a></Sup>. Esta compara el ingreso medio del grupo de un fractil dado (p. ej., el 10% inferior, el 1% superior) en 2008 (p. ej.) con el ingreso medio del mismo grupo en 1988. Esto se muestra en las <a href="#gra1">gr&aacute;ficas 1a</a>, <a href="#gra1b">1b</a> y <a href="#gra1c">1c</a>, donde el eje y es la tasa de crecimiento total entre esas dos fechas. Una CIC inclinada hacia abajo (hacia arriba) implica que el crecimiento econ&oacute;mico tiene un efecto de igualaci&oacute;n (desigualaci&oacute;n) en la distribuci&oacute;n del ingreso, es decir, que es pro pobre (pro rico). Estas CIC son an&oacute;nimas porque ignoran la composici&oacute;n de la poblaci&oacute;n que se encuentra en el mismo fractil de ingresos en dos a&ntilde;os diferentes.</p>      <p align="center"><a name="gra1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g1.jpg"></p>      <p align="center"><a name="gra1b"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g1b.jpg"></p>      <p align="center"><a name="gra1c"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g1c.jpg"></p>      <p>La <a href="#gra1">gr&aacute;fica 1a</a> muestra la CIC global del periodo 1988-2008. Como vimos en el <a href="#cua3">cuadro 3</a>, el crecimiento fue m&aacute;s alto en el rango P50-P60. Desde cerca del percentil 75, el crecimiento es menor que el crecimiento del promedio global. Luego, para el 1% superior de la distribuci&oacute;n global, el crecimiento vuelve a ser m&aacute;s alto que el promedio. Esto da a la curva CIC una forma de <i>S</i> ladeada, con dos picos, cerca de la mediana y en la parte muy superior, y un engrosamiento alrededor de los percentiles 80-85. Debido a que la CIC es siempre mayor que 0, la distribuci&oacute;n global estoc&aacute;stica de primer orden de 2008 domina la distribuci&oacute;n de 1988.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La <a href="#gra1b">gr&aacute;fica 1b</a> repite la CIC global para periodos de 5 a&ntilde;os separados entre a&ntilde;os de referencia. La CIC de 2003-2008 est&aacute; en forma casi uniforme por encima de la de los dem&aacute;s periodos, lo que sugiere que el crecimiento fue mayor en este periodo. Durante 1988-1993 los ingresos disminuyeron particularmente para los percentiles situados entre el 70 y alrededor del 88. Las curvas quinquenales sugieren que la forma de <i>S</i> ladeada estuvo presente en todo el periodo de 20 a&ntilde;os. Las ganancias de los percentiles mediano y superior fueron particularmente fuertes en el &uacute;ltimo periodo (2003-2008), mientras que las p&eacute;rdidas de los grupos situados alrededor del percentil 80 fueron excepcionalmente altas en el primer periodo (1988-1993).</p>      <p>La &uacute;ltima parte del cuadro 3 muestra el crecimiento del ingreso promedio de las diferentes regiones. No es sorprendente que China sea la regi&oacute;n de mayor crecimiento; los ingresos promedio se triplicaron entre 1988 y 2008. Es seguida por Rusia/Asia Central/sureste de Europa (solo tasas de crecimiento de 15 a&ntilde;os) y Otros de Asia. Las econom&iacute;as maduras e India crecieron a una tasa muy similar, superio ral promedio mundial. Am&eacute;rica Latina creci&oacute; a una tasa m&aacute;s baja (marginalmente) que el promedio mundial. &Aacute;frica subsahariana casi no creci&oacute; entre 1993 y 2008. La ordenaci&oacute;n regional del crecimiento ilustra claramente entonces el &eacute;xito de China y del resto de Asia, un buen desempe&ntilde;o de las econom&iacute;as maduras e India y un resultado muy decepcionante en &Aacute;frica.</p>      <p>La <a href="#gra1c">gr&aacute;fica 1c</a> muestra las CIC de 20 a&ntilde;os de cinco regiones<Sup><a href="#num58" name="nu58">58</a></Sup>. Con la posible excepci&oacute;n del 5% superior en Am&eacute;rica Latina, siempre est&aacute;n por encima de 0, de modo que las distribuciones estoc&aacute;sticas de primer orden de 2008 dominan las distribuciones de 1988. El crecimiento parece ser fuertemente pro rico en China y menos en las econom&iacute;as maduras e India, mientras que la CIC es plana para Otros de Asia y no muestra una direcci&oacute;n clara en Am&eacute;rica Latina.</p>      <p>Mientras que la CIC global mostr&oacute; ganancias relativamente grandes para la parte de la distribuci&oacute;n cercana a la mediana, debemos recordar que estas ganancias fueron medidas en t&eacute;rminos relativos (porcentaje). Pero precisamente debido a que la desigualdad global del ingreso es sumamente alta, y a que el ingreso de la parte superior es varios &oacute;rdenes de magnitud mayor que el ingreso de la parte mediana (en 1988, el ingreso medio per c&aacute;pita del 1% superior era de unos 39.000 d&oacute;lares PPA mientras que el ingreso mediano era de unos 600 d&oacute;lares PPA), las ganancias absolutas son mucho mayores para los percentiles m&aacute;s altos. La <a href="#gra1d">gr&aacute;fica 1d</a> muestra que el ingreso medio per c&aacute;pita del 1%superior aument&oacute; en 25.000 d&oacute;lares PPA entre 1988 y 2008, mientras que la ganancia absoluta de la mediana global fue de solo 400 d&oacute;lares PPA. Las ganancias absolutas en los percentiles m&aacute;s pobres fueron a&uacute;n menores. El resultado total fue entonces que el 44% del incremento del ingreso global entre 1988 y 2008 fue al 5% superior de la poblaci&oacute;n mundial<Sup><a href="#num59" name="num59">59</a></Sup>.</p>      <p align="center"><a name="gra1d"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g1d.jpg"></p>      <p><b>La composici&oacute;n regional de la distribuci&oacute;n global</b></p>      <p>La <a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a> muestra c&oacute;mo ha cambiado en el tiempo la distribuci&oacute;n global del ingreso<Sup><a href="#num60" name="nu60">60</a></Sup>. El crecimiento del ingreso se muestra mediante el desplazamiento de la distribuci&oacute;n hacia la derecha. La distribuci&oacute;n de 1988 parece tener dos picos, uno alrededor de 400 d&oacute;lares PPA y otro alrededor de 10.000 d&oacute;lares PPA. En 2008, el segundo pico desapareci&oacute; y hay m&aacute;s masa cerca de la marca de 3.000 d&oacute;lares PPA. Como implican las casi universalmente positivas CIC del periodo de cinco a&ntilde;os (gr&aacute;fica 1b), la gr&aacute;fica de la distribuci&oacute;n global se desplaza a la derecha en cada periodo de cinco a&ntilde;os y el cambio m&aacute;s notable es la expansi&oacute;n de la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n global con ingresos de 750 a 6.000 d&oacute;lares PPA (es decir, de aproximadamente 2 a 16 d&oacute;lares PPA diarios). Esa poblaci&oacute;n pas&oacute; de 1,16 mil millones de personas, un 23% de la poblaci&oacute;n mundial, en 1988 a casi 2,7 mil millones, un 40% de la poblaci&oacute;n mundial, 20 a&ntilde;os despu&eacute;s<Sup><a href="#num61" name="nu61">61</a></Sup>.</p>      <p align="center"><a name="gra2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g2.jpg"></p>      <p>Para desenmara&ntilde;ar a&uacute;n m&aacute;s estos cambios, la <a href="#gra3">gr&aacute;fica 3</a> muestra las densidades del n&uacute;cleo agrupadas por regiones<Sup><a href="#num62" name="nu62">62</a></Sup>. No es sorprendente que el crecimiento de China haya tenido un profundo efecto en la distribuci&oacute;n global. El cambio en la forma total de la distribuci&oacute;n parece ser indicado por el movimiento ascendente del ingreso de los deciles superiores de China. China e India ascendieron a lo largo de la distribuci&oacute;n mientras que &Aacute;frica subsahariana (que no se muestra en la <a href="#gra3">gr&aacute;fica</a>) parece estar atrapada en la parte inferior.</p>      <p align="center"><a name="gra3"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g3.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El movimiento ascendente de China, por su magnitud en t&eacute;rminos de poblaci&oacute;n y cantidad de crecimiento, est&aacute; muy bien ilustrado en las densidades del n&uacute;cleo agrupadas. En 1988, la poblaci&oacute;n china se distribuy&oacute; sim&eacute;tricamente sobre la moda de la distribuci&oacute;n global (excluida China). En otras palabras, China y el resto del mundo ten&iacute;an casi el mismo ingreso modal. Con cada periodo sucesivo de cinco a&ntilde;os, la distribuci&oacute;n china se desplaz&oacute; m&aacute;s hacia la derecha (hacia niveles de ingreso m&aacute;s altos), hasta que en 2008 unas cuatro quintas partes de la poblaci&oacute;n china ten&iacute;an un ingreso mayor que el ingreso modal mundial sin China. La moda del ingreso en China es ahora claramente mayor que en el resto del mundo. Este desplazamiento hacia la derecha de la distribuci&oacute;n china es lo que m&aacute;s contribuy&oacute; al cambio de una distribuci&oacute;n global de dos picos en 1988 a una distribuci&oacute;n de un solo pico 20 a&ntilde;os despu&eacute;s. Esto ocurri&oacute; en su mayor parte porque China &quot;llen&oacute;&quot; la parte relativamente vac&iacute;a de la distribuci&oacute;n global del ingreso entre 2.000 y 6.000 d&oacute;lares PPA.</p>      <p>La <a href="#gra4">gr&aacute;fica 4</a> se centra en el cambio de la composici&oacute;n regional de la distribuci&oacute;n global del ingreso entre 1988 y 2008. La gr&aacute;fica muestra la composici&oacute;n regional de la poblaci&oacute;n en cada ventil de la distribuci&oacute;n global<Sup><a href="#num63" name="nu63">63</a></Sup>. Igual que antes, podemos ver un claro movimiento ascendente de China. El decil superior de China llega hasta el ventil 17 (es decir, entre los percentiles 80 y 85) de la distribuci&oacute;n global en 2008, mientras que en 1988 los chinos m&aacute;s ricos solo estaban entre los percentiles 65 y 70. A la inversa, en 2008 China sali&oacute; totalmente del 5% inferior del mundo, mientras que en 1988 casi el 40% de la poblaci&oacute;n estaba en ese grupo.</p>      <p align="center"><a name="gra4"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g4.jpg"></p>      <p>A medida que los ingresos m&aacute;s bajos de China han ascendido en la distribuci&oacute;n global, en &Aacute;frica subsahariana y en menor grado en India ha aumentado la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n situada en el ventil m&aacute;s bajo. La distribuci&oacute;n de &Aacute;frica subsahariana es muy dispersa y algunos grupos de deciles (de Sud&aacute;frica y las Seychelles) llegan al 10% superior de la distribuci&oacute;n global. India no se ha movido dram&aacute;ticamente, porque su tasa de crecimiento ha sido similar al promedio mundial.</p>      <p>Las CIC globales de 20 a&ntilde;os muestran que los grupos de los fractiles situados entre el percentil 75 y aproximadamente el 95 crecieron m&aacute;s lentamente que el promedio mundial (<a href="#gra1">gr&aacute;fica 1a</a>). En 1988, los percentiles situados entre el 70 y el 85(ventiles 15, 16 y 17) se originaron principalmente en las econom&iacute;as maduras y Am&eacute;rica Latina, y en menor grado en Medio Oriente y norte de &Aacute;frica. En 2008, China y en menor medida Rusia<Sup><a href="#num64" name="nu64">64</a></Sup> se movieron a estos percentiles, reduciendo la participaci&oacute;n de las econom&iacute;as maduras y Am&eacute;rica Latina y Medio Oriente, que los abandonaron casi del todo (no todas las regiones se muestran por separado). Estos cambios en la composici&oacute;n son los que explican la forma de la CIC global. La CIC no hace seguimiento a un grupo particular de fractiles sino que compara los ingresos de un fractil dado en las <i>diferentes</i> distribuciones iniciales y finales. Cuando comparamos los ingresos chinos m&aacute;s altos de 2008 con los ingresos latinoamericanos de 1988, obtenemos una baja tasa de crecimiento promedio. A pesar de que los ingresos chinos m&aacute;s altos crecieron mucho m&aacute;s r&aacute;pidamente que el promedio global. Pero este tema, las curvas de incidencia del crecimiento (cuasi) no an&oacute;nimas, que mantienen la composici&oacute;n de los fractiles igual a la del a&ntilde;o original, se discute m&aacute;s adelante.</p>      <p><font size="3"><b>CONTABILIZACI&Oacute;N DE LOS INGRESOS SUPERIORES OMITIDOS EN EL C&Aacute;LCULO DE LA DESIGUALDAD GLOBAL</b></font></p>      <p>Hasta ahora, en el an&aacute;lisis usamos nuestra principal muestra de corte trasversal y &uacute;nicamente la informaci&oacute;n contenida en las encuestas, es decir, no ajustamos los promedios de las encuestas a cuentas nacionales. En esta parte del an&aacute;lisis probamos la robustez de nuestras conclusiones: 1) al anclaje a cuentas nacionales, esto es, a la distribuci&oacute;n del &quot;exceso&quot; de ingreso de la brecha entre el consumo de cuentas nacionales y el promedio de la encuesta de hogares bien sea en toda la distribuci&oacute;n o solo en el decil superior, y 2) al uso de una interpolaci&oacute;n de Pareto para &quot;elongar&quot; la distribuci&oacute;n del decil superior.</p>      <p>El <a href="#cua4">cuadro 4</a> presenta los resultados. Puesto que aqu&iacute; remplazamos el promedio de las encuestas por el consumo privado de cuentas nacionales (solo cuando este &uacute;ltimo es mayor; si no lo es mantenemos el promedio de las encuestas<Sup><a href="#num65" name="nu65">65</a></Sup>), perdemos los a&ntilde;os-pa&iacute;s para los cuales no tenemos informaci&oacute;n de cuentas nacionales. Esto deja 520 encuestas en los cinco a&ntilde;os de referencia en vez de 565. Adem&aacute;s, ahora tratamos a China, India e Indonesia como pa&iacute;ses &uacute;nicos porque no tenemos informaci&oacute;n de cuentas nacionales para zonas rurales y urbanas por separado. El nuevo Gini de base de esta nueva muestra (<a href="#cua4">cuadro 4</a>, fila 1) es muy similar al Gini de la muestra completa (<a href="#cua3">cuadro 3</a>): la diferencia es de menos de 0,5 puntos Gini salvo en 2008, cuando el nuevo Gini de base es 0,9 puntos Gini menor que el obtenido con la muestra total.</p>      <p align="center"><a name="cua4"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04c4.jpg"></p>      <p>Primero remplazamos el promedio de las encuestas por el consumo privado de cuentas nacionales, un &quot;reanclaje&quot; que se hace a menudo en la literatura, excepto que se suele hacer usando el PIB en vez del consumo privado. Tal &quot;reanclaje&quot; obviamente no cambia la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses. El efecto total sobre la desigualdad global proviene del cambio dentro de los componentes (y, en el caso del &iacute;ndice de Gini, indirectamente del cambio en el componente de traslapo). Los cambios dentro de los componentes obviamente var&iacute;an debido a que el promedio-pa&iacute;s cambia. <i>A priori</i> no es clara la direcci&oacute;n en la que esperamos que cambie el Gini global. Pero los c&aacute;lculos anteriores muestran sobre todo que el reanclaje al PIB (sin otros ajustes) tiende a disminuir la desigualdad global en los a&ntilde;os m&aacute;s recientes (ver Milanovic, 2005, 118, y el <a href="#cua1">cuadro 1A</a>). Aqu&iacute; encontramos el mismo resultado. Como se ve en el <a href="#cua4">cuadro 4</a> (fila 2), el Gini disminuye en cerca de 1 punto, excepto (de nuevo) en 2008 cuando disminuye en 2 puntos Gini. Intuitivamente, la raz&oacute;n del cambio hacia abajo es que la subestimaci&oacute;n de las encuestas es mayor en pa&iacute;ses m&aacute;s pobres (ponderados por la poblaci&oacute;n). En otras palabras, los pa&iacute;ses pobres parecen menos pobres cuando remplazamos el consumo privado de las encuestas por el de cuentas nacionales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s suponemos que la distribuci&oacute;n del 10% superior puede ser aproximada por una distribuci&oacute;n de Pareto, lo cual es similar al enfoque de Atkinson (2007)<Sup><a href="#num66" name="nu66">66</a></Sup>. Este &quot;ajuste proporcional con cola de Pareto&quot; deja aumentar la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses, mientras que la desigualdad entre pa&iacute;ses permanece igual (pues los promedios no se alteran), y el t&eacute;rmino de traslapo permanece igual o aumenta. Es posible que el componente de traslapo aumente porque la &quot;elongaci&oacute;n&quot; de las distribuciones tiende a aumentar la &quot;confusi&oacute;n&quot; entre el ingreso de la poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres y m&aacute;s ricos (o en el caso extremo, no la cambia)<Sup><a href="#num67" name="nu67">67</a></Sup>. En consecuencia, esperar&iacute;amos que el Gini global, comparado con el de la fila 2, sea mayor. Este es de hecho el caso (ver fila 3) aunque el incremento es muy moderado: a lo sumo medio punto Gini.</p>      <p>Por &uacute;ltimo aplicamos nuestro &quot;ajuste fuerte superior con cola de Pareto&quot;, donde se permite que aumenten a&uacute;n m&aacute;s las desigualdades dentro de los pa&iacute;ses. Esto se hace asignando toda la brecha entre el consumo privado y el promedio de las encuestas al decil superior y aplicando (como en el caso anterior) una &quot;elongaci&oacute;n&quot; de Pareto. Deber&iacute;a ser intuitivamente claro que el aumento de la participaci&oacute;n del decil superior aumenta la desigualdad del ingreso y reduce la constante de Pareto<Sup><a href="#num68" name="nu68">68</a></Sup>. Como mostramos en el anexo 2, en algunos casos ese ajuste puede parecer excesivo, un problema que debemos abordar m&aacute;s exhaustivamente en futuros trabajos. Por ejemplo, si el promedio de las encuestas solo es igual al 50% del consumo privado (similar al valor observado en India), &quot;atribuir&quot; simplemente este 50% al decil superior es probablemente excesivo. Es posible que los ingresos de los deciles m&aacute;s bajos tambi&eacute;n se subestimen<Sup><a href="#num69" name="nu69">69</a></Sup>, porque consideramos que el &quot;ajuste fuerte superior con cola de Pareto&quot; es un caso extremo. Los resultados (cuadro 4, fila 4) muestran que el incremento del Gini (comparado con el &quot;ajuste proporcional con imputaci&oacute;n de Pareto&quot;, fila3) es ahora de 4,5 a casi 8 puntos. De nuevo, el cambio m&aacute;s dram&aacute;tico ocurre en 2008. En el anexo 2 probamos la robustez de estos valores a un rango m&aacute;s plausible de coeficientes de Pareto.</p>      <p>En resumen, el Gini global calculado &uacute;nicamente con datos de encuestas se reduce entre 1 y 2 puntos Gini cuando remplazamos el promedio de las encuestas por el consumo privado de cuentas nacionales (asignando as&iacute; la brecha proporcionalmente entre distribuciones nacionales del ingreso). Cuando tambi&eacute;n suponemos una cola superior de Pareto, el Gini total apenas cambia: aumenta en cerca de 0,5 puntos Gini<Sup><a href="#num70" name="nu70">70</a></Sup>. Solo si incrementamos m&aacute;s la desigualdad al no asignar proporcionalmente la brecha, sino imputarla &uacute;nicamente al decil superior, el Gini global aumenta sustancialmente, entre 4,5 y casi 8 puntos. Pensamos entonces que esto fija el rango dentro del cual es probable que est&eacute; el Gini global &quot;verdadero&quot;. En 2008, por ejemplo, ese rango est&aacute; entre 68% y 76%. Nos inclinamos a pensar que est&aacute; m&aacute;s cerca del l&iacute;mite superior pero no hay manera de probarlo.</p>      <p>El resultado principal de este ejercicio no es, sin embargo, el rango del nivel de desigualdad global, sino el cambio probable entre 1988 (o 1993) y 2008. Como aclaran las dos &uacute;ltimas columnas del <a href="#cua4">cuadro 4</a>, con un ajuste &quot;fuerte superior&quot; la reducci&oacute;n de la desigualdad global, presente cuando usamos todos los dem&aacute;s ajustes, casi se disipa totalmente. El cambio en el Gini global durante estos 20 (o 15) a&ntilde;os es ahora de apenas -0,2 o -0,4 puntos, debido a que la brecha entre el promedio de cuentas nacionales y el de las encuestas aument&oacute; de un promedio del 19% en 1988 al 25% en 2008<Sup><a href="#num71" name="nu71">71</a></Sup> (ver el <a href="#ane2">cuadro 2A</a>). Cuando asignamos totalmente esta brecha a la cola superior, obtenemos una desigualdad creciente dentro de los pa&iacute;ses, y en &uacute;ltimas global. Antes argumentamos que la variaci&oacute;n del &iacute;ndice Gini global observado de la muestra completa (y usando los ingresos reportados directamente en las encuestas) probablemente no era robusta a errores est&aacute;ndar plausibles. Esta prueba de robustez apoya una visi&oacute;n m&aacute;s cautelosa de la reducci&oacute;n de la desigualdad global: si las encuestas tienden de hecho a subregistrar los ingresos de la parte superior, bien podr&iacute;a ser que la desigualdad global, medida por el &iacute;ndice de Gini, no se haya reducido en el periodo de 20 a&ntilde;os que consideramos.</p>      <p>Usando el ingreso reportado en las encuestas, m&aacute;s atr&aacute;s concluimos que la distribuci&oacute;n global del ingreso hab&iacute;a pasado de dos picos a un solo pico. Esto se mantiene para la distribuci&oacute;n global del ingreso ajustada por los ingresos superiores perdidos (<a href="#gra5">gr&aacute;fica 5</a>). No es sorprendente que la imputaci&oacute;n fuerte superior de Pareto alargue la cola superior y la engruese alrededor de 40.000 d&oacute;lares PPA. M&aacute;s abajo de la distribuci&oacute;n, la masa parece desplazarse de 3.000 a 5.000 d&oacute;lares PPA, que son los fractiles m&aacute;s altos en pa&iacute;ses pobres.</p>      <p align="center"><a name="gra5"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g5.jpg"></p>      <p><font size="3"><b>CAMBIOS EN EL TIEMPO: &iquest;CU&Aacute;LES SON LOS GANADORES Y LOS PERDEDORES?</b></font></p>      <p>En esta secci&oacute;n volvemos al tema de los deciles-pa&iacute;s que han contribuido a los cambios totales de la distribuci&oacute;n global. La evidencia sobre el cambio de la composici&oacute;n regional (<a href="#gra3">gr&aacute;ficas 3</a> y <a href="#gra4">4</a>) fue un primer paso en esta direcci&oacute;n, aunque no dijo nada del movimiento de los deciles-pa&iacute;s individuales. Esta secci&oacute;n intenta identificar los deciles-pa&iacute;s que ganaron o perdieron m&aacute;s en el periodo.</p>      <p>La muestra usada en el texto principal incluye todos los pa&iacute;ses observados en 1988 y 2008, aunque hay vac&iacute;os en los a&ntilde;os de referencia. En el anexo replicamos los resultados usando todos los pa&iacute;ses observados en 1993 y 2008, lo que mejora la cobertura sobre todo en &Aacute;frica subsahariana y Rusia/Asia Central/sureste de Europa.</p>      <p><b>Curvas de incidencia del crecimiento cuasi no an&oacute;nimas</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para identificar los ganadores y perdedores, primero consideramos los &quot;perfiles de movilidad del ingreso&quot; (van Kerm, 2009), o &quot;curvas de incidencia del crecimiento no an&oacute;nimas&quot; (Bourguignon, 2011a;Grimm, 2007). Cuando se aplica a datos de registro individuales, la distinci&oacute;n entre CIC an&oacute;nimas y no an&oacute;nimas es clara: la CIC an&oacute;nima (est&aacute;ndar) compara el ingreso de un percentil dado en las distribuciones de los periodos inicial y final. En la medida en que hay alguna movilidad en la distribuci&oacute;n, los individuos de este percentil pueden ser diferentes. En cambio, la CIC no an&oacute;nima es la regresi&oacute;n (no param&eacute;trica) del crecimiento del ingreso contra el rango (percentiles) de la distribuci&oacute;n inicial<Sup><a href="#num72" name="nu72">72</a></Sup>. Como esta tasa de crecimiento se obtiene para cada individuo, es no an&oacute;nima, teniendo en cuenta la distribuci&oacute;n conjunta del ingreso inicial y final. Pero en nuestro caso la unidad de an&aacute;lisis son los deciles de ingreso de un pa&iacute;s particular, de modo que mientras preservamos la identidad de un decil -pa&iacute;s particular, estos deciles se definen con respecto a personas diferentes. Por ello nos referimos a nuestras gr&aacute;ficas como curvas de incidencia del crecimiento &quot;cuasi no an&oacute;nimas&quot;.</p>      <p>La <a href="#gra6">gr&aacute;fica 6</a> muestra las CIC cuasi no an&oacute;nimas de 1988-2008 y 1993-2008. Grafica el crecimiento durante los siguientes 20 (15) a&ntilde;os contra el rango fraccionario normalizado de la distribuci&oacute;n global transversal del ingreso de 1988 (1993). Para explotar las dimensiones transversal y de panel de los datos, cada observaci&oacute;n incluida en la CIC cuasi no an&oacute;nima se ordena en la distribuci&oacute;n transversal (ponderada por la poblaci&oacute;n) completa de 1988 (no solo entre los 63 pa&iacute;ses observados en 1988 y 2008)<Sup><a href="#num73" name="nu73">73</a></Sup>. Para cada periodo, presentamos las gr&aacute;ficas con y sin el diagrama de dispersi&oacute;n<Sup><a href="#num74" name="nu74">74</a></Sup>. Los diagramas de dispersi&oacute;n muestran la amplia dispersi&oacute;n de las tasas de crecimiento alrededor de la l&iacute;nea ajustada. A juzgar por la escala del eje y, la dispersi&oacute;n parece haber aumentado, pero esto podr&iacute;a ser inducido por un valor at&iacute;pico cerca de los rangos m&aacute;s bajos en 1993-2008. La l&iacute;nea ajustada (una regresi&oacute;n polinomial local del n&uacute;cleo ponderado) se muestra en un eje y m&aacute;s detallado del panel inferior para los periodos 1988-2008 y 1993-2008.</p>      <p align="center"><a name="gra6"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g6.jpg"></p>      <p>Es inmediatamente claro que la forma de las curvas cuasi no an&oacute;nimas es muy similar a la forma de la CIC an&oacute;nima (<a href="#gra1">gr&aacute;fica 1a</a>): una forma de <i>S</i> ladeada inducida esencialmente por el muy lento crecimiento alrededor de los percentiles 80 y 90 de la distribuci&oacute;n global, con m&aacute;ximos locales alrededor de la mediana de la distribuci&oacute;n y en la parte muy superior. Pero si comparamos los resultados de 1988-2008, es claro que las ganancias de los deciles-pa&iacute;s que estaban en el 1% m&aacute;s alto en 1988 fueron menores que las que obtenemos comparando simplemente los niveles de ingreso del 1% m&aacute;s alto en 2008 y 1988. Esto se esperaba: no todos los deciles-pa&iacute;s que estaban en el 1% m&aacute;s alto en 1988 lograron un alto crecimiento en los siguientes 20 a&ntilde;os. En forma similar, algunos deciles-pa&iacute;s que no estaban en el 1% m&aacute;s alto en 1988 y mostraron alto crecimiento ahora est&aacute;n en el 1% m&aacute;s alto (en 2008). Encontramos el resultado equivalente para el decil-pa&iacute;s m&aacute;s pobre de 1988 cuya tasa de crecimiento fue mayor que la que encontramos a partir de la CIC an&oacute;nima. Adem&aacute;s, algunas de estas diferencias pueden provenir de la restricci&oacute;n de la muestra a los pa&iacute;ses presentes en 1988 y en 2008.</p>       <p>En el periodo 1988-2008, el crecimiento m&aacute;s alto fue el de los deciles-pa&iacute;s situados alrededor del percentil 40 de la distribuci&oacute;n global de 1988, y el m&aacute;s bajo el de los alrededor del percentil 85. Los grupos de m&aacute;s &eacute;xito provienen en su gran mayor&iacute;a de China e India y los de menos &eacute;xito sobre todo de econom&iacute;as maduras. As&iacute;, tres cuartos de la poblaci&oacute;n que estaba entre los percentil globales 36 y 45 (incluido el percentil 45) en 1988 pertenec&iacute;an, en general, a deciles-pa&iacute;s de alrededor de la mitad de las distribuciones nacionales del ingreso, de China e India. Si incluimos a Otros de Asia, el porcentaje de personas perteneciente a estos grupos de m&aacute;s &eacute;xito llega al 90%. Los deciles chinos, por ejemplo, multiplicaron su ingreso por un factor de 2,7-2,8.</p>      <p>En cambio, los deciles-pa&iacute;s situados entre los percentiles 81 y 90 (incluido el 90) en 1988 son abrumadoramente de econom&iacute;as maduras, y vienen de la mitad inferior de su distribuci&oacute;n nacional del ingreso. De un total de 420 millones de personas pertenecientes a este grupo, cerca de 365 millones son de econom&iacute;as maduras (o, en otros t&eacute;rminos, 135 de 165 deciles-pa&iacute;s). Aunque de las econom&iacute;as maduras excluimos las que en 1988 eran comunistas, la participaci&oacute;n de las econom&iacute;as ricas &quot;tradicionales&quot; en este grupo es a&uacute;n muy grande: el 78% de las personas. Algunos ejemplos de econom&iacute;as ricas con tasas de crecimiento real particularmente bajas incluyen casi la mitad total inferior de las distribuciones del ingreso de Austria, Alemania, Dinamarca, Grecia y Estados Unidos. Todas ellas tuvieron tasas de crecimiento de menos del 20% en 20 a&ntilde;os, lo que se traduce, en el mejor de los casos, en un 0,9% per c&aacute;pita anual.</p>      <p>En el periodo 1993-2008, el crecimiento m&aacute;s alto fue el de alrededor del percentil 60. La forma de la l&iacute;nea ajustada tambi&eacute;n parece haber cambiado, con algunas tasas de crecimiento altas en los rangos m&aacute;s bajos de 1993. Esto se debe principalmente a la inclusi&oacute;n de Rusia en 1993 (ausente en 1988), cuyos deciles bajos experimentaron un alto crecimiento entre 1993 y 2008.</p>      <p><b>M&aacute;s exitosos y menos exitosos</b></p>      <p>Consideremos ahora los 20 ganadores y perdedores m&aacute;s grandes (deciles-pa&iacute;s) en este periodo de 20 a&ntilde;os (<a href="#cua5">cuadro 5</a>)<Sup>75</Sup>. Ordenamos los deciles-pa&iacute;s seg&uacute;n el promedio de las tasas de crecimiento (anualizadas) de 5 a&ntilde;os entre 1988 y 2008<Sup><a href="#num76" name="nu76">76</a>, <a href="#num77" name="nu77">77</a></Sup>.</p>      <p>Entre 1988 y 2008, los veinte deciles-pa&iacute;s superiores (excepto uno) crecieron m&aacute;s del 5% al a&ntilde;o, lo que significa que su ingreso aument&oacute; al menos 2,65 veces. Para los deciles que crecieron alrededor del 8% al a&ntilde;o, el ingreso real se multiplic&oacute; por un factor mayor de 4,5. Casi todos los grupos de deciles urbanos chinos se cuentan entre los veinte deciles de m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento del mundo. Adem&aacute;s, se clasifican n&iacute;tidamente entre los deciles m&aacute;s altos de m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento. Esto ilustra el patr&oacute;n de aumento de la desigualdad del crecimiento ya observado en China. La China rural tiene un crecimiento m&aacute;s lento pero cabe observar que los dos deciles rurales m&aacute;s altos tambi&eacute;n est&aacute;n entre los veinte ganadores, y de nuevo se cuentan entre los deciles rurales superiores que crecieron m&aacute;s r&aacute;pidamente que el segundo decil rural m&aacute;s alto. En general, el car&aacute;cter notable del crecimiento chino -sumamente r&aacute;pido y creador de mayor desigualdad- est&aacute; bien ilustrado en estos datos: la mitad o m&aacute;s de los deciles-pa&iacute;s m&aacute;s exitosos son de China. Cabe se&ntilde;alar que esto nada tiene que ver con el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n porque aqu&iacute; se trata por igual a cada decil-pa&iacute;s. En efecto, debido al enorme tama&ntilde;o de los deciles chinos, se podr&iacute;a argumentar que es m&aacute;s dif&iacute;cil elevar el ingreso promedio de esa gran masa de personas de lo que ser&iacute;a el caso en un pa&iacute;s m&aacute;s peque&ntilde;o. Aparte de China, los otros deciles de m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento son los deciles relativamente pobres de El Salvador, Costa Rica, Irlanda, Reino Unido y Chile.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="cua5"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04c5.jpg"></p>      <p>En la parte inferior hay una concentraci&oacute;n similar. Con la excepci&oacute;n de Bolivia, los deciles del este europeo llenan casi exclusivamente los rangos de los grupos menos exitosos<Sup><a href="num78" name="nu78">78</a></Sup>. Casi todos los deciles de Rumania y Bulgaria parecen haber experimentado un crecimiento negativo. Una disminuci&oacute;n promedio del 3-4% al a&ntilde;o se traduce, despu&eacute;s de 20 a&ntilde;os, en una p&eacute;rdida de ingreso real de cerca de la mitad. Los resultados son diferentes para el periodo 1993-2008 (<a href="#ane4">cuadro 4A</a>)<Sup><a href="#num79" name="nu79">79</a></Sup>. Los deciles-pa&iacute;s que m&aacute;s perdieron entre 1993 y 2008 son en su mayor&iacute;a de &Aacute;frica subsahariana y Am&eacute;rica Latina; los deciles del este europeo se recuperaron. Estos resultados son consistentes con las desastrosas reducciones del ingreso en Europa Oriental entre 1988 (el comienzo del proceso de reforma) y mediados de los noventa, seguidos en algunos pa&iacute;ses por una fuerte recuperaci&oacute;n, y en otros por una lenta recuperaci&oacute;n.</p>      <p>Otra manera simple de evaluar el &eacute;xito de los diversos deciles-pa&iacute;ses comparar su posici&oacute;n en la distribuci&oacute;n global del ingreso. Esto se puede hacer obviamente para cada decil-pa&iacute;s y cada a&ntilde;o. En la gr&aacute;fica7, lo hacemos para varios pa&iacute;ses seleccionados. El panel izquierdo superior ilustra la notable movilidad ascendente (en la distribuci&oacute;n global) ya discutida de los deciles rurales y urbanos chinos. En 2008, el decil urbano chino superior est&aacute; en el percentil global 83 mientras que 20 a&ntilde;os antes estaba en el 68. En otras palabras, si alguien sigui&oacute; en el mismo decil chino durante 20 a&ntilde;os y su ingreso sigui&oacute; la senda de crecimiento promedio del decil, super&oacute;, en t&eacute;rminos de ingreso, a m&aacute;s de 900 millones de personas de todo el mundo. Es interesante que en 2008 el percentil <i>rural</i> chino superior est&eacute; en una posici&oacute;n global m&aacute;s alta que la del percentil <i>urbano</i> chino en 1988. Esa misma evoluci&oacute;n, aunque menos dram&aacute;tica, es ilustrada por las mejoras en la posici&oacute;n de los deciles rurales y urbanos indonesios que se muestra en el panel superior derecho de la <a href="#gra7">gr&aacute;fica 7</a>.</p>      <p align="center"><a name="gra7"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04g7.jpg"></p>      <p>Pero cuando pasamos al panel izquierdo inferior la situaci&oacute;n es exactamente la contraria. All&iacute; vemos que los deciles de Nigeria y Costa de Marfil se desplazaron casi uniformemente hacia abajo en la distribuci&oacute;n global del ingreso. Solo el decil superior marfile&ntilde;o logr&oacute; conservar su posici&oacute;n de 1988. Por &uacute;ltimo, en el panel inferior derecho mostramos la evoluci&oacute;n de Alemania y Brasil. La posici&oacute;n de los deciles alemanes se mantuvo muy alta y muestra muy poca variaci&oacute;n. Brasil es un ejemplo de un crecimiento razonablemente r&aacute;pido en todo su espectro de ingresos y de mejoras en la distribuci&oacute;n, hasta el punto de que todos sus deciles, excepto el m&aacute;s alto, ahora se sit&uacute;an globalmente m&aacute;s arriba que en 1988.</p>      <p><font size="3"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>      <p>El art&iacute;culo presenta evidencia sobre la evoluci&oacute;n de la distribuci&oacute;n global del ingreso durante un periodo crucial de globalizaci&oacute;n acelerada que va desde el fin de los reg&iacute;menes comunistas en Europa Oriental y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica hasta el comienzo de la crisis financiera global. En muchos aspectos, este puede haber sido el periodo m&aacute;s globalizado (y m&aacute;s optimista, en el sentido de confiar en el potencial de la globalizaci&oacute;n) de la historia. Es muy importante estudiar cu&aacute;les fueron sus efectos sobre el nivel y la distribuci&oacute;n del ingreso entre la poblaci&oacute;n mundial. Nuestros resultados confirman los hallazgos anteriores de que el nivel de desigualdad global sigue siendo alto, con un Gini de alrededor del 70%, y que aunque la desigualdad parece haber disminuido en los a&ntilde;os m&aacute;s recientes, probablemente estos cambios no son robustos a errores est&aacute;ndar plausibles (si se pudieran formular y calcular).</p>      <p>Una prueba de robustez por medio de la cual los ingresos perdidos, definidos como la brecha (positiva) entre el consumo per c&aacute;pita de los hogares de cuentas nacionales y el ingreso per c&aacute;pita promedio de las encuestas de hogares, se asignan al 10% superior de los individuos receptores, y se supone que los ingresos m&aacute;s altos siguen una distribuci&oacute;n de Pareto, da estimaciones del &iacute;ndice global de Ginicerca de 5 puntos mayores. La mayor parte del incremento se debe a la asignaci&oacute;n de toda la brecha al decil superior, no a la elongaci&oacute;n de Pareto de la parte superior de la distribuci&oacute;n. Un valor del 75% se puede considerar como el l&iacute;mite superior del Gini global &quot;verdadero&quot;.</p>      <p>El enfoque mediante el cual se asigna la brecha total a los deciles nacionales m&aacute;s altos nos parece m&aacute;s realista que la alternativa usada hasta ahora en la literatura de repartir uniformemente la brecha. En efecto, argumentamos que los dos problemas que se han discutido por separado -la gran, y en algunos casos, creciente brecha entre el consumo de cuentas nacionales y el promedio de las encuestas de hogares, y la comprensi&oacute;n, debida a los resultados obtenidos de datos fiscales, de que las encuestas tienden a subestimar los ingresos superiores- son en realidad uno y el mismo problema.</p>      <p>Nuestro enfoque arroja otro resultado importante. La desigualdad global, medida por el &iacute;ndice de Gini, puede no haber disminuido en absoluto si todo el ingreso perdido (o su mayor parte) proviene de la subestimaci&oacute;n del ingreso en la parte superior de las distribuciones nacionales. Es obvio que este importante problema requiere m&aacute;s investigaci&oacute;n, pero pone de relieve los posibles efectos globales del subregistro en la parte superior se&ntilde;alados en varios pa&iacute;ses.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La forma de la distribuci&oacute;n global del ingreso tambi&eacute;n cambi&oacute; en los 20 a&ntilde;os considerados aqu&iacute; (con respecto al escenario de base sin ajustar por los ingresos superiores perdidos). En 1988, la distribuci&oacute;n global del ingreso mostr&oacute; una forma de dos picos que desde entonces desapareci&oacute; en gran parte gracias al alto crecimiento de China, cuyos deciles &quot;llenaron&quot; el rango situado entre 2.000 y 6.000 d&oacute;lares PPA, que estaba relativamente &quot;vac&iacute;o&quot; en 1988. El periodo tambi&eacute;n presenci&oacute; un notable incremento de lo que se puede llamar una &quot;clase media global&quot;, con ingresos de 2 a 16 d&oacute;lares PPA per c&aacute;pita al d&iacute;a: la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mundial perteneciente a ese grupo pas&oacute; del 23% al 40%.</p>      <p>Particularmente importante es la forma de las CIC an&oacute;nimas y cuasi no an&oacute;nimas en el periodo 1988-2008. Ambas muestran grandes ganancias relativas alrededor de la mediana de la distribuci&oacute;n global del ingreso, que fueron principalmente a los deciles medio o medio superior de Asia y especialmente de China. En cambio, las ganancias de ingreso real m&aacute;s bajas se registraron en el rango situado alrededor de los percentiles globales 80-85, donde los deciles de bajos ingresos de las econom&iacute;as maduras estaban sobrerrepresentados. Un hecho sorprendente es que en los percentiles de 1988 que 20 a&ntilde;os despu&eacute;s resultaron ser la parte m&aacute;s exitosa de la distribuci&oacute;n global del ingreso, el 90% de las personas proven&iacute;a de Asia. Entre los percentiles de 1988 que 20 a&ntilde;os despu&eacute;s resultaron ser la parte menos exitosa, el 86% proven&iacute;a de econom&iacute;as maduras.</p>      <p>El art&iacute;culo hace otra contribuci&oacute;n. Se cre&oacute; una nueva base de datos, que (a) consta casi totalmente de datos derivados de micro datos de las encuestas de hogares, (b) mantiene constante el concepto (ingreso o consumo) de las encuestas de hogares en el tiempo para un pa&iacute;s dado, (c) solo usa las tasas de cambio PPA m&aacute;s recientes y m&aacute;s robustas y (d) hace posible un an&aacute;lisis de panel balanceado entre los deciles-pa&iacute;s. Este &uacute;ltimo aspecto es especialmente importante porque no se ha usado antes. En otras palabras, aunque sab&iacute;amos que las tasas de crecimiento de China eran altas y que el proceso era pro rico (los deciles m&aacute;s altos crecen m&aacute;s r&aacute;pidamente), no pod&iacute;amos comparar directamente el crecimiento del decil urbano chino superior con su decil rural 8 (p. ej.), y a&uacute;n menos con el crecimiento de los deciles de Reino Unido, Espa&ntilde;a o Kenia. Ahora todo esto es posible, y aqu&iacute; solo explotamos algunos aspectos abiertos por la nueva base de datos. De hecho, encontramos que todos los deciles chinos, rurales y urbanos, mejoraron su posici&oacute;n relativa en la distribuci&oacute;n global, a veces dram&aacute;ticamente, saltando m&aacute;s de 10 percentiles. El decil urbano chino superior pas&oacute; as&iacute; de estar en el percentil 68 del mundo al 83. Por otra parte, varios pa&iacute;ses africanos experimentaron una evoluci&oacute;n exactamente opuesta: la posici&oacute;n de todos o casi todos sus deciles descendi&oacute; globalmente. China contiene la mitad de los 20 deciles-pa&iacute;s superiores m&aacute;s exitosos en el periodo 1988-2008. Entre los deciles-pa&iacute;s menos exitosos es preponderante la participaci&oacute;n de deciles del este europeo y m&aacute;s recientemente africanos.</p>  <hr>      <p align="center"><a name="ane1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04a1.jpg"></p>      <p align="center"><b>Anexo 2</b></p>      <p><b>Pruebas de robustez para la cola de pareto fuerte superior</b></p>      <p>Para determinar si nuestros resultados son razonables consideramos el tama&ntilde;o del ajuste a cuentas nacionales y comparamos nuestros coeficientes de Pareto con los de la WTID (Alvaredo et al., 2013). Esto &uacute;ltimo es necesario para averiguar si nuestra combinaci&oacute;n de la asignaci&oacute;n de la brecha total al 10% superior y la aplicaci&oacute;n de un ajuste de Pareto a las participaciones reci&eacute;n calculadas produce coeficientes de Pareto similares a los observados en los datos fiscales de la WTID (que se cree son razonablemente buenos para captar la participaci&oacute;n de los ingresos m&aacute;s altos). Por supuesto, no esperar&iacute;amos una correspondencia exacta debido a las diferencias (p. ej., en la definici&oacute;n del ingreso o de la unidad de an&aacute;lisis) entre las dos fuentes de datos. Por &uacute;ltimo, probamos la robustez del &iacute;ndice global de Gini a un conjunto restringido de coeficientes de Pareto.</p>      <p>Para resumir la magnitud de nuestro ajuste a cuentas nacionales, el <a href="#ane2">cuadro 2 del anexo</a> presenta los valores m&iacute;nimo y medio de la relaci&oacute;n (promedio de las encuestas y promedio usado en el ajuste fuerte superior de Pareto) entre los cinco a&ntilde;os de referencia y entre las diferentes regiones<Sup><a href="#num80" name="nu80">80</a></Sup>. En los cinco a&ntilde;os de referencia, la media de las encuesta est&aacute; en promedio entre el 75,1% y el 81,4% del m&aacute;ximo (media de las encuesta, consumo de cuentas nacionales). El valor m&iacute;nimo es 22,2% (Suazilandia en 2008).</p>      <p align="center"><a name="ane2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04a2.jpg"></p>      <p>Tambi&eacute;n comparamos las encuestas de nuestra base de datos con informaci&oacute;n de la WTID para el mismo a&ntilde;o de las encuestas. Para los a&ntilde;os-pa&iacute;s que pudimos comparar, el coeficiente de Pareto de la WTID var&iacute;a de 1,29 a 3,62 (en todos los a&ntilde;os). Se piensa que la constante de Pareto del ingreso normalmente est&aacute; entre 1,5 y 2,5 (Cowell, 2009). Como se explic&oacute; en la secci&oacute;n 4, tenemos dos imputaciones de Pareto: ajustes &quot;proporcionales&quot; y &quot;fuertes superiores&quot;. El ajuste proporcional tiende a producir coeficientes de Pareto demasiados altos en comparaci&oacute;n con los de la WTID, subestimando as&iacute; la desigualdad (comparar el panel A del <a href="#ane3">cuadro 3A</a> con el panel C). Esto no es sorprendente dado que esperamos que las encuestas de hogares (de las que se toman las participaciones de los deciles en esta imputaci&oacute;n) subreporten los ingresos superiores. Los coeficientes de Pareto obtenidos usando el ajuste &quot;fuerte superior&quot; parecen m&aacute;s cercanos a los valores de la WTID (comparar el panel B del <a href="#ane3">cuadro 3A</a> con el panel C). Pero los valores m&aacute;s bajos de este ajuste (justo por encima de 1) son incre&iacute;blemente bajos, y quiz&aacute;s sobrestiman la desigualdad. Es decir, como ya se mencion&oacute;, el resultado de las grandes discrepancias de cuentas nacionales asignado totalmente al 10% superior. Adem&aacute;s, solo cerca del 70% de las constantes de Pareto est&aacute; en el rango observado en la WTID, frente al 90% en el ajuste proporcional.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="ane3"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04a3.jpg"></p>      <p>Estas comparaciones se deben tomar con cautela. Por supuesto, nos gustar&iacute;a que las constantes de Pareto (y, por tanto, las participaciones del ingreso) despu&eacute;s del ajuste sean similares a las estad&iacute;sticas obtenidas de la WTID. Pero, por otra parte, se debe reconocer que las dos bases de datos se refieren a conceptos de ingreso diferentes (ingreso disponible vs. gravable) y a unidades diferentes (individuos vs. unidades gravables). Por tanto, la plena correspondencia entre las dos es muy improbable. El problema es que no tenemos un criterio para juzgar qu&eacute; tan cercanas deber&iacute;an ser idealmente las dos fuentes.</p>      <p>Para probar la sensibilidad del coeficiente global de Gini a estas constantes de Pareto incre&iacute;blemente bajas, decidimos restringir los l&iacute;mites dentro de los cuales pueden estar estas constantes. Consideramos dos rangos: primero, el rango observado en la WTID, es decir, <i>a</i> = &#91;1,29, 3,62&#93;. Segundo, escogimos l&iacute;mites m&aacute;s estrechos (esencialmente arbitrarios) tales que <i>a</i> = &#91;1,5, 3&#93;. En ambos casos, las constantes de Pareto que est&aacute;n por debajo del l&iacute;mite inferior (por encima del superior) se cambian al l&iacute;mite inferior (superior). Usando estos valores revisados de <i>a</i>, calculamos hacia atr&aacute;s el tama&ntilde;o de la brecha de cuentas nacionales y en el paso final calculamos las participaciones revisadas y los ingresos promedio de los fractiles<Sup><a href="#num81" name="nu81">81</a></Sup>. Puede parecer enredado ajustar las constantes de Pareto y despu&eacute;s calcular la brecha de cuentas nacionales. La justificaci&oacute;n para proceder as&iacute; (y somos conscientes de que esta no es una raz&oacute;n muy s&oacute;lida) es que tenemos una gu&iacute;a de cu&aacute;l podr&iacute;a ser un rango razonable de las constantes de Pareto de la WTID.</p>      <p>Como muestra el <a href="#ane4">cuadro 4A</a>, el efecto de restringir las constantes de Pareto es que reduce el Gini global entre 0,2 y 0,8 puntos Gini en comparaci&oacute;n con el ajuste &quot;fuerte superior&quot; del texto principal (comparar la filas 1 y 2 del <a href="#ane4">cuadro 4A</a>). Para l&iacute;mites de <i>a</i> m&aacute;s estrechos &#91;1,5,3&#93;, las diferencias se encuentran entre 0,8 y 2,2 puntos Gini (compararlas filas 1 y 3). Por tanto, solo la fijaci&oacute;n de l&iacute;mites m&aacute;s estrechos a las constantes de Pareto admisibles puede tener un impacto considerable sobre el Gini global. No obstante, en comparaci&oacute;n con los resultados b&aacute;sicos usando el promedio de las encuestas, el &iacute;ndice global de Gini es a&uacute;n mucho mayor.</p>      <p align="center"><a name="ane4"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04a4.jpg"></p>      <p align="center"><a name="ane5"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04a5.jpg"></p>  <hr>      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      <p><Sup><a href="#nu1" name="num1">1</a></Sup> Cada decil se pondera por su poblaci&oacute;n; por tanto, medimos la desigualdad interpersonal global del ingreso, donde a cada individuo se le asigna el ingreso de su decil de ingresos.</p>      <p><Sup><a href="#nu2" name="num2">2</a></Sup> Los an&aacute;lisis de la desigualdad nacional del ingreso se suelen hacer en ingresos nominales, lo que supone un nivel de precios nacional com&uacute;n. Seguimos esos estudios nacionales ignorando las diferencias en el nivel de precios dentro de los pa&iacute;ses (excepto en los casos de China, India e Indonesia donde admitimos diferenciales de precios rural-urbanos).</p>      <p><Sup><a href="#nu3" name="num3">3</a></Sup> Sin embargo, mejoramos los enfoques anteriores manteniendo constante el tipo de encuesta (ingreso o consumo) en el tiempo de cada pa&iacute;s.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu4" name="num4">4</a></Sup> Pinkovskiy (2013) calcula l&iacute;mites no param&eacute;tricos del &iacute;ndice global de Atkinson permitiendo cualquier distribuci&oacute;n del ingreso a nivel de pa&iacute;ses dadas las participaciones de los fractiles y un &iacute;ndice de Gini. Con una falta de respuesta del grupo superior suficientemente alta, la direcci&oacute;n del cambio del <i>bienestar</i> global entre 1970 y 2006 se vuelve ambigua. &Eacute;l no presenta l&iacute;mites de las medidas de <i>desigualdad</i> global que permitan la falta de respuesta del grupo superior.</p>      <p><Sup><a href="#nu5" name="num5">5</a></Sup> Podr&iacute;a parecer intuitivo que alargar la cola de la parte superior aumenta la desigualdad dentro de los pa&iacute;ses. Esto no es cierto en general y depende del patr&oacute;n particular en el que ocurre el subregistro. Como muestra Deaton (2005), si la probabilidad de que el grupo superior responda disminuye siguiendo una distribuci&oacute;n de Pareto y la distribuci&oacute;n verdadera del ingreso es log-normal, la varianza &quot;verdadera&quot; no ser&aacute; diferente de la que se obtiene con una distribuci&oacute;n truncada. El efecto en la desigualdad global depende del grado de subregistro de los ingresos m&aacute;s altos en los pa&iacute;ses, de d&oacute;nde est&aacute;n los pa&iacute;ses y sus grupos de m&aacute;s altos ingresos en la distribuci&oacute;n global del ingreso, de d&oacute;nde empieza la falta de participaci&oacute;n en la distribuci&oacute;n nacional del ingreso (p. ej., en el 10% o en el 5% m&aacute;s altos), y de cu&aacute;n populosos son los pa&iacute;ses y sus receptores de altos ingresos. Si el subregistro de los ingresos m&aacute;s altos es particularmente fuerte en pa&iacute;ses pobres, la desigualdad global podr&iacute;a caer realmente una vez permitimos el subregistro en la parte superior.</p>      <p><Sup><a href="#nu6" name="num6">6</a></Sup> Queremos subrayar que el escalamiento de los ingresos de las encuestas a cuentas nacionales no es nuestra estrategia de estimaci&oacute;n preferida. Simplemente replicamos el enfoque com&uacute;nmente adoptado en la literatura, que escala los ingresos de las encuestas al PIB de cuentas nacionales. El nuestro es el primer trabajo que escala al consumo de cuentas nacionales (y no al PIB), lo cual se deber&iacute;a preferir (Anand y Segal, 2008), como argumentamos m&aacute;s adelante.</p>      <p><Sup><a href="#nu7" name="num7">7</a></Sup> Anand y Segal (2008) a&ntilde;aden un concepto cero: la desigualdad en el ingreso total (y no per c&aacute;pita) entre pa&iacute;ses.</p>      <p><Sup><a href="nu8" name="num8">8</a></Sup> No todos comparten esta visi&oacute;n del mundo. Por ejemplo, Bhagwati califica de &quot;locura&quot; a la preocupaci&oacute;n por la desigualdad interpersonal global, porque los habitantes del planeta &quot;no pertenecen a una 'sociedad' en la que se comparen con los dem&aacute;s&quot; (2004, 67). Usando un impuesto de renta mundial simulado, Kopczuket al. (2005) encuentran que los niveles actuales de ayuda externa son consistentes con preferencias que valoran mucho menos a los extranjeros (o con el supuesto de que la mayor&iacute;a de las transferencias internacionales se pierden).</p>      <p><Sup><a href="#num9" name="nu9">9</a></Sup> Adem&aacute;s, nuestras metodolog&iacute;as son muy diferentes, pues &eacute;l usa el PIB per c&aacute;pita combinado con datos distributivos de PovcalNet y de la OCDE.</p>      <p><Sup><a href="#nu10" name="num10">10</a></Sup> Alessandria y Kaboski (2011) explican la falla de la ley de un precio incluso para bienes transables mediante un modelo que supone que los consumidores de pa&iacute;ses pobres tienen una ventaja comparativa en la actividad de b&uacute;squeda.</p>      <p><Sup><a href="#nu11" name="num11">11</a></Sup> El &iacute;ndice de Fisher es la media geom&eacute;trica de los &iacute;ndices de Paasche y de Laspeyres. Por ello, sus pesos tienen en cuenta los pa&iacute;ses de referencia y de comparaci&oacute;n. Cabe destacar que obedece a la propiedad de la reversi&oacute;n, es decir, que el nivel de precios del pa&iacute;s 1 basado en el pa&iacute;s 2 es la inversa del nivel de precios del pa&iacute;s 2 basado en el pa&iacute;s 1. En el caso especial de preferencias homot&eacute;ticas id&eacute;nticas entre dos pa&iacute;ses, el &iacute;ndice de Fisher es una aproximaci&oacute;n de segundo orden a un &iacute;ndice de costo de vida &quot;verdadero&quot; (Deaton y Heston, 2010).</p>      <p><Sup><a href="#nu12" name="num12">12</a></Sup> Supongamos que nos interesa estimar el nivel de precios de Ghana (con respecto al de Estados Unidos, el pa&iacute;s base). Existe un &iacute;ndice de Fisher que va de Estados Unidos a Alemania y otro que va de Alemania a Ghana. El &iacute;ndice EKS es la media geom&eacute;trica de todos estos &iacute;ndices indirectos de Fisher.</p>      <p><Sup><a href="#nu13" name="num13">13</a></Sup> Por ejemplo, consideremos el alcohol en Bangladesh, donde tiene una baja participaci&oacute;n y un precio relativamente alto (ver Deaton y Heston, 2010). El &iacute;ndice de Fisher logra un compromiso entre dos posiciones extremas: la participaci&oacute;n en el presupuesto de Bangladesh subestimar&iacute;a los precios de Bangladesh, mientras que las participaciones de la OCDE los sobrestimar&iacute;an.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#num14" name="nu14">14</a></Sup> Este puede ser importante, por ejemplo, cuando se estudia la composici&oacute;n del PIB, debido a que los componentes convertidos a los factores de conversi&oacute;n GK son aditivos. Lo que no es el caso del &iacute;ndice EKS. Esta es una raz&oacute;n para que las Penn World Tables sigan usando el enfoque GK.</p>      <p><Sup><a href="#num15" name="nu15">15</a></Sup> Reddy y Pogge (2010) argumentan que el consumo PPA no se debe usar para medir la pobreza global porque las canastas de consumo de los pobres son sistem&aacute;ticamente diferentes de las del resto de la poblaci&oacute;n. Por ejemplo, los pobres pueden enfrentar precios diferentes debido a d&oacute;nde compran (Frankel y Gould, 2001) o cu&aacute;nto compran (Rao, 2000). Sin embargo, Deaton y Dupriez(2009) encuentran que las canastas de bienes b&aacute;sicos ponderadas de nuevo para tener en cuenta las canastas de consumo de los pobres y los no pobres tienen muy poco efecto en las tasas de cambio PPA estimadas, lo que tambi&eacute;n es tranquilizador para nuestra estrategia de estimaci&oacute;n.</p>      <p><Sup><a href="#nu16" name="num16">16</a></Sup> En algunos pa&iacute;ses -en su mayor&iacute;a africanos-, el consumo per c&aacute;pita de cuentas nacionales es en realidad menor que el de las encuestas de hogares. Deaton (2005) argumenta que esto se podr&iacute;a explicar por la subestimaci&oacute;n en cuentas nacionales, m&aacute;s que por problemas de las encuestas de hogares. Para una exposici&oacute;n anterior del problema, ver Milanovic (2002, pp. 65-66).</p>      <p><Sup><a href="#nu17" name="num17">17</a></Sup> Se podr&iacute;a argumentar que el <i>ingreso</i> registrado en encuestas de hogares se debe aproximar con el PIB (y no con el consumo de cuentas nacionales). Pero Anand y Segal (2008) argumentan que, aun en este caso, es preferible el consumo de cuentas nacionales debido a los componentes no relacionados incluidos en el PIB antes mencionados.</p>      <p><Sup><a href="#nu18" name="num18">18</a></Sup> Los problemas de medici&oacute;n en cuentas nacionales incluyen la medici&oacute;n de transacciones ilegales o de insumos intermedios. Adem&aacute;s, debido a que el consumo se calcula como un residuo, los errores de medici&oacute;n se agravan (Anand y Segal, 2008).</p>      <p><Sup><a href="#nu19" name="num19">19</a></Sup> En los datos de impuestos, la unidad de an&aacute;lisis es una unidad tributaria, que dependiendo de la jurisdicci&oacute;n puede ser una pareja casada o un individuo. Un hogar normalmente es m&aacute;s grande que una unidad tributaria. La literatura de datos de impuestos usa el ingreso gravable (usualmente antes de impuestos), mientras que la encuesta de hogares recoge el ingreso disponible. El ingreso gravable excluye algunos ingresos reales, como intereses exentos de impuestos sobre bonos del gobierno, y deducciones y exenciones, aunque muchos de los trabajos emp&iacute;ricos que usan datos de impuestos suman esos ingresos excluidos. Por otra parte, las encuestas de hogares suelen medir mal los ingresos y las ganancias del capital en comparaci&oacute;n con los datos de impuestos, que cubren al menos los ingresos y las ganancias del capital gravables. Debido a que los datos de impuestos no suelen contener informaci&oacute;n suficiente para construir unidades e ingresos similares a los de una encuesta de hogares com&uacute;n, la &uacute;nica posibilidad es construir unidades tributarias e ingresos gravables en la encuesta de hogares, como en Alvaredo (2010). En el paso final de ese ejercicio se necesita suponer qu&eacute; partes de la distribuci&oacute;n verdadera son representadas por los datos de impuestos y qu&eacute; partes son cubiertas por la encuesta de hogares. CBO (2012) ajusta los registros tributarios de Estados Unidos con registros de encuestas de hogares usando el ingreso. Esto a&ntilde;ade el ingreso no gravable (p. ej., transferencias o ingresos en especie) de la encuesta. Armour et al. (2013) tambi&eacute;n ajustan los registros por el ingreso pero a&ntilde;aden los ingresos del capital a la encuesta de hogares porque estos ingresos tienden a ser mal medidos en este tipo de datos.</p>      <p><Sup><a href="nu20" name="num20">20</a></Sup> Esto tambi&eacute;n puede explicar por qu&eacute; la discrepancia aumenta en pa&iacute;ses como China o India cuando se vuelven m&aacute;s ricos (Anand et al., 2010).</p>      <p><Sup><a href="#nu21" name="num21">21</a></Sup> Incluir a los pobres puede ser insuficiente debido a la definici&oacute;n usada en las encuestas, que excluye las poblaciones sin hogar e institucionalizadas (ver Carr-H.,2013) o a problemas de muestreo (exclusi&oacute;n de regiones remotas y quiz&aacute; m&aacute;s pobres). As&iacute;, la parte m&aacute;s baja de la distribuci&oacute;n puede estar truncada. Adem&aacute;s, el ingreso de los pobres incluidos en las encuestas puede estar mal medido debido a la producci&oacute;n dom&eacute;stica o a beneficios recibidos en especie que no siempre se pueden incluir.</p>      <p><Sup><a href="#nu22" name="num22">22</a></Sup> La imputaci&oacute;n de Pareto no a&ntilde;ade &quot;nuevas&quot; observaciones sino que &quot;alarga&quot; el decil superior. Esto implica que la imputaci&oacute;n en s&iacute; misma no altera el promedio.</p>      <p><Sup><a href="#nu23" name="num23">23</a></Sup> Seg&uacute;n Deaton (2005), el consumo ESALSH represent&oacute; el 3,9% del consumo total en el Reino Unido en 2001, frente al 2,1% en 1970. Adem&aacute;s, argumenta que esta participaci&oacute;n puede ser a&uacute;n mayor en pa&iacute;ses pobres, aunque all&iacute; no existen datos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="nu24" name="num24">24</a></Sup> Deaton (2001) argumenta que en India cerca de la mitad de la brecha entre el consumo de cuentas nacionales y el de las encuestas de hogares se debe a arriendos imputados.</p>      <p><Sup><a href="#nu25" name="25">25</a></Sup> PovcalNet es el instrumento en l&iacute;nea para medir la pobreza desarrollado por el Grupo de Investigaci&oacute;n del Desarrollo del Banco Mundial, &#91;<a href="http://iresearch.worldbank.org/PovcalNet" target="_blank">http://iresearch.worldbank.org/PovcalNet</a>&#93;. Los datos se descargaron el 29 de julio de 2012, y corresponden a la &uacute;ltima actualizaci&oacute;n de datos del 28 de febrero de 2012.</p>      <p><Sup><a href="#nu26" name="num28">26</a></Sup> PovcalNet usa datos agrupados de encuestas de hogares para estimar estas participaciones de los deciles. Estas se estiman a partir de curvas de Lorenz ajustadas a la distribuci&oacute;n del ingreso o consumo per c&aacute;pita de los hogares ponderada por la poblaci&oacute;n (considerando el tama&ntilde;o de los hogares y la ponderaci&oacute;n del muestreo). Se estimaron las curvas de Lorenz cuadr&aacute;tica generalizada y beta y se escogi&oacute; la forma funcional con el mejor ajuste.</p>      <p><Sup><a name="num27" href="#nu27">27</a></Sup> La inmensa mayor&iacute;a de las observaciones a&ntilde;o-pa&iacute;s ya est&aacute;n en deciles o en cuantiles igualmente espaciados (p. ej., ventiles), y se pueden convertir f&aacute;cilmente. En total se imputaron 13 a&ntilde;os-pa&iacute;s ajustando una curva de Lorenz log-normal usando el comando &quot;ungroup&quot; incluido en el Paquete DASP (Abdelkrim y Duclos,2007). Este procedimiento implementa el ajuste de Shorrocks y Wan (2008) y asegura as&iacute; que la curva de Lorenz ajustada concuerda con los puntos originales. Escogemos una forma funcional log-normal y ajustamos la curva de Lorenz a las observaciones del a&ntilde;o 2000, como sugieren Shorrocks y Wan (2008). Minoiu y Reddy (2012) demuestran que para estimar la distribuci&oacute;n global del ingreso es mejor ajustar una curva de Lorenz param&eacute;trica que estimar la densidad del n&uacute;cleo.</p>      <p><Sup><a href="#nu28" name="num28">28</a></Sup> Las fuentes para la base de datos final (a&ntilde;os-pa&iacute;s entre par&eacute;ntesis) son: PovcalNet (379), WYD (173), LIS (8), SILC (2) y una encuesta de BHPS (Bardasi et al., 2012), de Statistics Finland y de Statistics Portugal.</p>      <p><Sup><a href="#nu29" name="num29">29</a></Sup> Utilizando PovcalNet, Segal (2011) obtiene fractiles m&aacute;s detallados (limitados a representar a lo sumo 5 millones de personas) accediendo al c&oacute;digo de estimaci&oacute;n detallada de las curvas de Lorenz que PovcalNet ajusta a los datos agrupados. Esto es dif&iacute;cil y no nos fue factible dado el gran n&uacute;mero de encuestas que consideramos, pero se puede abordar en futuros trabajos.</p>      <p><Sup><a href="#nu30" name="nu30">30</a></Sup> Por ejemplo, para el a&ntilde;o de referencia 2008, el 7,4% de las encuestas se realiz&oacute; en 2006. En el caso de PovcalNet, el a&ntilde;o de encuesta no es a veces entero, lo que ocurre cuando una encuesta se hizo hace algo m&aacute;s de un a&ntilde;o. En todos los casos tomamos el a&ntilde;o de inicio de la encuesta, es decir, redondeamos por abajo los a&ntilde;os no enteros.</p>      <p><Sup><a href="#nu31" name="num31">31</a></Sup> La desigualdad tiende a ser menor en t&eacute;rminos de consumo que en t&eacute;rminos de ingreso (Deininger y Squire, 1996) y (al menos en Estados Unidos) ha aumentado al menos en t&eacute;rminos de consumo (Fisher et al., 2013). En los datos completos de PovcalNet (no en la muestra que se usa aqu&iacute;), el &iacute;ndice de Gini promedio de las encuestas de consumo (37,98%) es cerca de 10 puntos Gini menor que el de las encuestas de ingreso (48,44%). Una diferencia mayor que el ajuste propuesto por Li et al. (1998) de 6,6 puntos Gini.</p>      <p><Sup><a href="#nu32" name="num32">32</a></Sup> Por ejemplo, los datos del ingreso se podr&iacute;an escalar hacia abajo por los ahorros de cuentas nacionales (es decir, la brecha entre consumo nacional e ingreso nacional) (Deaton, 2001). No adoptamos ese enfoque debido a (1) los problemas de datos de cuentas nacionales discutido m&aacute;s atr&aacute;s y (2) la evidencia de que la tasa de ahorro no es invariante al ingreso (Dynan et al., 2004). Cheny Ravallion incorporan ese ajuste en estimaciones anteriores de la pobreza global pero lo abandonan en un trabajo posterior (Chen y Ravallion, 2004).</p>      <p><Sup><a href="#nu33" name="num33">33</a></Sup> La desigualdad del ingreso y del consumo se pueden mover en direcciones diferentes durante el mismo periodo (p. ej., Krueger y Perri, 2006).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu34" name="num34">34</a></Sup> Para Bulgaria, Botswana y Croacia el n&uacute;mero de a&ntilde;os de referencia con informaci&oacute;n de consumo y de ingreso fue igual. En todos los casos escogimos el tipo de encuesta que maximizara el n&uacute;mero de encuestas tomadas de PovcalNet. Para Nicaragua, ten&iacute;amos ambos tipos de encuestas en todos los a&ntilde;os en PovcalNet. Escogimos las encuestas de ingreso porque este es el tipo prevaleciente en Am&eacute;rica Latina.</p>      <p><sup><a href="#nu35" name="num35">35</a></sup> En China, India y Medio Oriente/norte de &Aacute;frica, nuestra base de datos solo usa encuestas de consumo (excepto en toda China, donde se usan encuestas de ingreso). En &Aacute;frica subsahariana el 98% de las encuestas son de consumo. En otros de Asia el 91% son encuestas de consumo. En las econom&iacute;as maduras y en Am&eacute;rica Latina el 97% y el 96%, respectivamente, son encuestas de ingreso.</p>      <p><Sup><a href="#nu36" name="num36">36</a></Sup> En su estudio de los datos LIS, Atkinson et al. (1995) encuentran que la desigualdad del ingreso per c&aacute;pita de los hogares es mayor que la desigualdad del ingreso de los hogares ajustado por una escala de equivalencia de ra&iacute;z cuadrada. El efecto exacto en las comparaciones de la desigualdad entre pa&iacute;ses depende de la distribuci&oacute;n conjunta del ingreso y el tama&ntilde;o del hogar.</p>      <p><Sup><a href="#nu37" name="num37">37</a></Sup> Para Suiza, en 2008, el decil m&aacute;s bajo tuvo un ingreso promedio nulo. Recodificamos esta omisi&oacute;n, porque de no hacerlo el 10% m&aacute;s bajo en Suiza ser&iacute;a la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre del mundo. Por tanto, tenemos una observaci&oacute;n perdida en 2008.</p>      <p><Sup><a href="#nu38" name="num38">38</a></Sup> La conversi&oacute;n de monedas incluye cambios en la moneda que se est&aacute; usando, como la formaci&oacute;n de la zona del euro, y redenominaciones monetarias como las que se observan a menudo en entornos de alta inflaci&oacute;n.</p>      <p><Sup><a href="#nu39" name="num39">39</a></Sup> Como primer paso, usamos las cifras dom&eacute;sticas de los WDI. Donde no est&aacute;n disponibles, recurrimos directamente a las estad&iacute;sticas del <i>World Economic Outlook</i> del FMI o de las oficinas de estad&iacute;sticas de los pa&iacute;ses.</p>      <p><Sup><a href="#nu40" name="num40">40</a></Sup> Los WDI no proporcionan PPA para Kosovo; as&iacute; que usamos los factores de conversi&oacute;n PPA impl&iacute;citos del PIB reportados en el <i>World Economic Outlook</i> del FMI.</p>      <p><Sup><a href="#nu41" name="num41">41</a></Sup> Los datos de China e Indonesia, proporcionados por PovcalNet, ya incorporan ajustes por los costos diferenciales de residir en zonas rurales y urbanas. Para India, donde a&ntilde;adimos una encuesta de la WYD, usamos tasas de cambio PPA urbanas y rurales de 17,24 y 11,40 rupias respectivamente, las cuales se presentan en Ravallion (2008).</p>      <p><Sup><a href="#nu42" name="num42">42</a></Sup> Estos pa&iacute;ses incluyen Argentina, Colombia, Ecuador, Honduras, Micronesia y Uruguay, y todos se toman de PovcalNet.</p>      <p><Sup><a href="#nu43" name="#num43">43</a></Sup> Es posible que esto subestime la desigualdad dentro del pa&iacute;s en estos pa&iacute;ses, porque esperamos que las zonas rurales sean m&aacute;s pobres que las urbanas. Aunque la proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n rural en varios de ellos es m&iacute;nima (Argentina, Uruguay).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu44" name="num44">44</a></Sup> Para ser precisos, las econom&iacute;as maduras incluyen los 27 pa&iacute;ses de la UE, Australia, Bermudas, Canad&aacute;, Hong Kong, Islandia, Israel, Jap&oacute;n, Corea, Nueva Zelanda, Noruega, Singapur, Suiza, Taiw&aacute;n y Estados Unidos.</p>      <p><Sup><a href="#nu46" name="num46">46</a></Sup> Definido como &quot;el valor de mercado de todos los bienes y servicios &#91;...&#93;comprados por los hogares&quot; &#91;<a href="http://data.worldbank.org/indicator/NE.CON.PRVT.PP.KD" target="_blank">http://data.worldbank.org/indicator/NE.CON.PRVT.PP.KD</a>&#93;. Incluye bienes durables, arriendos imputados de propietarios-ocupantes, pagos para obtener permisos y licencias y gastos de las ESLSH.</p>      <p><Sup><a href="#nu47" name="num47">47</a></Sup> Llenamos algunos vac&iacute;os de los WDI con datos de <i>Estad&iacute;sticas Financieras Internacionales</i> (EFI) del FMI o de las oficinas estad&iacute;sticas de los pa&iacute;ses. Complementamos la serie en d&oacute;lares constantes PPA de 2005 con informaci&oacute;n de los WDI y las EFI en monedas corrientes y constantes locales as&iacute; como en d&oacute;lares corrientes. Convertimos los d&oacute;lares corrientes usando tasas de cambio de mercado. En el resto de la conversi&oacute;n seguimos el mismo enfoque que con los micro datos usando el consumo PPA y el IPC.</p>      <p><Sup><a href="#nu48" name="num48">48</a></Sup> Para el &uacute;ltimo a&ntilde;o de referencia PovcalNet no tiene una encuesta de consumo, de modo que usamos una encuesta de ingreso de la WYD.</p>      <p><Sup><a href="#nu49" name="num49">49</a></Sup> Atkinson (2007) usa las participaciones del 5% y el 10% superiores. Hlasny y Verme (2013) usan el 10% y el 1% superiores. La World Top Incomes Database (Alvaredo et al., 2013) usa el 0,1% y el 1% superiores en la mayor&iacute;a de los casos.</p>      <p><Sup><a href="#nu50" name="num50">50</a></Sup> Esto parece obedecer a la ca&iacute;da de Ir&aacute;n y T&uacute;nez en 2008, que representan el 26% del PIB y el 23% de la poblaci&oacute;n de la regi&oacute;n en 2008. La cobertura en esta regi&oacute;n sigue siendo baja porque omitimos pa&iacute;ses grandes como Arabia Saudita o Emiratos &Aacute;rabes Unidos que representan el 17% y el 10% de PIB regional respectivamente.</p>      <p><Sup><a href="#nu51" name="num51">51</a></Sup> Por ejemplo, los &iacute;ndices de Gini a nivel de pa&iacute;s reportados en PovcalNet (la muestra completa, no la muestra usada aqu&iacute;) var&iacute;an del 19,4% al 74,3%, con un promedio del 42,2%. Solo Jamaica (70,81%) y Namibia (74,33%) tienen &iacute;ndices de Gini mayores del 70%. Este conjunto de datos excluye los pa&iacute;ses ricos, que tienden a tener menor desigualdad; as&iacute;, el Gini promedio puede estar sesgado hacia arriba.</p>      <p><Sup><a href="#nu52" name="num52">52</a></Sup> El <a href="#cua1">cuadro 1A</a> del anexo se basa en Milanovic (2002, 2005, 2012), Bourguignon (2012) y Anand y Segal (2008). Anand y Segal se refieren err&oacute;neamente a Milanovic (2005) como GE(0), cuando de hecho es GE(1). Para Milanovic (2002,2005) usamos la muestra completa, porque es la m&aacute;s cercana a nuestro enfoque. La descomposici&oacute;n solo est&aacute; disponible para la muestra de pa&iacute;ses que es com&uacute;n en todos los a&ntilde;os.</p>      <p><Sup><a href="#nu53" name="num53">53</a></Sup> El nivel de aversi&oacute;n a la desigualdad se puede interpretar como sigue (Atkinson, 1975). Consideremos dos personas que son id&eacute;nticas, excepto que una tiene dos veces el ingreso de la otra. Consideremos una transferencia que quita 1 d&oacute;lar a la persona rica y da una proporci&oacute;n <i>x</i> a la m&aacute;s pobre. Una aversi&oacute;n a la desigualdad de 2 significa que aceptar&iacute;amos una transferencia en la que apenas 25 centavos llegan a la persona m&aacute;s pobre para cada d&oacute;lar quitado a la rica. Para e = 1 aceptar&iacute;amos 50 centavos y para e = 0,5 requerir&iacute;amos 71 centavos.</p>      <p><Sup><a href="#nu54" name="num54">54</a></Sup> El &iacute;ndice de Atkinson es descomponible por subgrupos de poblaci&oacute;n, mientras que el &iacute;ndice de Gini no lo es. Pero el &iacute;ndice de Atkinson no es descomponible aditivamente, en el sentido de que se pueda dividir en un promedio ponderado de las desigualdades dentro y entre grupos (Bourguignon, 1979).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu55" name="num55">55</a></Sup> En la descomposici&oacute;n GE(0) se usan proporciones de poblaci&oacute;n y en la descomposici&oacute;n GE(1) participaciones del ingreso. La redistribuci&oacute;n del ingreso entre pa&iacute;ses para igualar los ingresos promedio modificar&iacute;a las participaciones del ingreso (pero no las de la poblaci&oacute;n). En ese sentido, solo es consistente la interpretaci&oacute;n de GE(0) porque la plena eliminaci&oacute;n de una fuente de desigualdad (desigualdad entre o dentro) no afecta el nivel de la otra.</p>      <p><Sup><a href="#nu56" name="num56">56</a></Sup> En un borrador anterior tambi&eacute;n descompusimos la desigualdad por regiones. La contribuci&oacute;n entre regiones disminuy&oacute; m&aacute;s r&aacute;pidamente que la contribuci&oacute;n entre pa&iacute;ses. Esto sugiere que las regiones se han vuelto a&uacute;n m&aacute;s similares entres&iacute; que los pa&iacute;ses.</p>      <p><Sup><a href="#nu57" name="num57">57</a></Sup> La CIC original, como la definen Ravallion y Chen (2003), muestra la tasa de crecimiento de los ingresos para el mismo percentil (p. ej., el percentil 10de la distribuci&oacute;n global) entre los periodos inicial y final. En cambio, nosotros comparamos el ingreso medio del mismo fractil (p. ej., del 10% inferior) en el tiempo. La justificaci&oacute;n es importante cuando hay un cambio distributivo dentro de un fractil dado. Para ser m&aacute;s precisos: la CIC original evaluada en los 100 percentiles no muestra el crecimiento de los ingresos si todas o la mayor&iacute;a de las ganancias de ingreso se concentran en el 1% superior. Como el grupo de ingreso m&aacute;s alto considerado es el percentil 99, la CIC de Ravallion-Chen mostrar&aacute; un crecimiento nulo o casi nulo. No registrar&iacute;a la mayor parte del crecimiento.</p>      <p><Sup><a href="#nu58" name="num58">58</a></Sup> Las CIC por regi&oacute;n se evaluaron en grupos de deciles (promedio a promedio) y el decil superior se dividi&oacute; en dos ventiles porque en China e India, que son regiones en s&iacute; mismas, tenemos a lo sumo 20 observaciones.</p>      <p><Sup><a href="#nu59" name="num59">59</a></Sup> Por supuesto, estos no son necesariamente los mismos deciles-pa&iacute;s (ni la misma poblaci&oacute;n) que estaban en el 5% superior en 1988. Volvemos a este asunto en la quinta secci&oacute;n, donde discutimos las curvas de incidencia de crecimiento (cuasi) no an&oacute;nimas.</p>      <p><Sup><a href="#nu60" name="num60">60</a></Sup> Usamos un n&uacute;cleo de Epanechnikov y el ancho de banda por defecto, seleccionados &oacute;ptimamente por Stata.</p>      <p><Sup><a href="#nu61" name="num61">61</a></Sup> Los n&uacute;meros totales corresponden a la poblaci&oacute;n mundial total y no solo a la poblaci&oacute;n cubierta aqu&iacute; por las encuestas.</p>      <p><Sup><a href="#nu62" name="num62">62</a></Sup> Estas gr&aacute;ficas fueron creadas como densidades del n&uacute;cleo superpuestas (acumulativas). Como la &uacute;ltima densidad se muestra en la parte superior, procedemos en orden inverso: la primera densidad graficada es la densidad global incluyendo todas las regiones (igual que en la <a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a>). Despu&eacute;s graficamos la densidad de todas las regiones, excepto China. Procedemos eliminando una regi&oacute;n a la vez. El &aacute;rea bajo la densidad global es 1. Las dem&aacute;s densidades incompletas se escalaron hacia abajo de acuerdo con la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n regional en un a&ntilde;o particular. Por ejemplo, en 2008 la segunda densidad que graficamos se escal&oacute; hacia abajo a 0,7828 = 1 -<i>x</i>, donde <i>x</i> es la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n de China en 2008. Usamos un n&uacute;cleo de Epanechnikov y el ancho de banda por defecto, seleccionados &oacute;ptimamente por Stata. Se permite que el ancho debanda var&iacute;e en a&ntilde;os diferentes, pero para cada a&ntilde;o de referencia es igual entre las diferentes densidades acumulativas del n&uacute;cleo.</p>      <p><Sup><a href="#nu63" name="num63">63</a></Sup> Los ventiles corresponden a cantidades absolutas de dinero diferentes en 1988 y 2008.</p>      <p><Sup><a href="#nu64" name="num64">64</a></Sup> La primera observaci&oacute;n que tenemos para Rusia es la del a&ntilde;o de referencia1993.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu65" name="num65">65</a></Sup> Esto significa que usamos el m&aacute;ximo consumo privado per c&aacute;pita y el promedio de la encuesta. En otras palabras, cuando el promedio de la encuesta es mayor que el consumo privado mantenemos el promedio de la encuesta. Atkinson (2007) remplaza el promedio de la encuesta por agregados de cuentas nacionales en todos los casos. Adoptamos un enfoque diferente porque nos centramos en la subestimaci&oacute;n de los ingresos m&aacute;s altos en las encuestas de hogares. Es decir, suponemos que las encuestas no pueden sobrestimar, sino solo subestimar el ingreso total de los hogares.</p>      <p><Sup><a href="#nu66" name="num66">66</a></Sup> Nuestro enfoque difiere del de Atkinson en tres aspectos: primero, usamos el consumo privado, y Atkinson usa el PIB. Segundo, mantenemos el promedio de las encuestas cuando es mayor que el promedio de cuentas nacionales, y Atkinson no lo hace. Tercero, Atkinson supone la distribuci&oacute;n de Pareto solo para el 5% superior.</p>       <p><Sup><a href="#nu67" name="num67">67</a></Sup> El componente de traslapo no cambia si los promedios-pa&iacute;s est&aacute;n muy alejados y la imputaci&oacute;n de Pareto solo tiene un efecto peque&ntilde;o. Por ejemplo, si solo tuvi&eacute;ramos a Suiza y Congo en la muestra, la elongaci&oacute;n de Pareto de la parte superior de la distribuci&oacute;n congole&ntilde;a podr&iacute;a no llevar ning&uacute;n fractil congole&ntilde;o al rango de la distribuci&oacute;n suiza (es decir, todos los fractiles suizos a&uacute;n tendr&iacute;an ingresos m&aacute;s altos).</p>      <p><Sup><a href="#nu68" name="num68">68</a></Sup> Un valor m&aacute;s peque&ntilde;o del coeficiente de Pareto implica una desigualdad mayor.</p>      <p><Sup><a href="#nu69" name="num69">69</a></Sup> Por supuesto, esto ignora algunas diferencias de definici&oacute;n y otras razones por las que el promedio de cuentas nacionales y el de encuestas de hogares podr&iacute;an diferir.</p>      <p><Sup><a href="#nu70" name="num70">70</a></Sup> Pero para otras aplicaciones, como el n&uacute;mero de personas de todo el mundo que est&aacute;n por encima de cierto nivel de ingresos, la imputaci&oacute;n de Pareto podr&iacute;a hacer una diferencia sustancial (ver Atkinson, 2007).</p>      <p><Sup><a href="#nu71" name="num71">71</a></Sup> Estas son brechas no ponderadas. En India, la brecha aument&oacute; en casi 25puntos porcentuales (del consumo privado nacional). Pero la situaci&oacute;n no es mucho mejor en otros lugares: las econom&iacute;as maduras, Medio Oriente y &Aacute;frica subsahariana muestran brechas crecientes de cerca de 10 puntos porcentuales (ver el <a href="#ane2">cuadro 2A</a> del anexo).</p>      <p><Sup><a href="#nu72" name="num72">72</a></Sup> Un tipo especial de CIC no an&oacute;nima mostrar&iacute;a la tasa media de crecimiento medio ponderada adecuadamente de todos los individuos que pertenec&iacute;an aun percentil dado en el a&ntilde;o inicial (por supuesto, haciendo esto para los 100 percentiles). Tal CIC no an&oacute;nima especial puede ser una comparaci&oacute;n del ingreso medio ponderado de las mismas personas (pertenecientes a un percentil dado) en los a&ntilde;os final e inicial.</p>      <p><Sup><a href="#nu73" name="num73">73</a></Sup> Los rangos fraccionarios se derivan de un estimador de la distribuci&oacute;n acumulativa suave que asegura que el rango promedio es 0,5, estimado con la rutina fracrank de Stata de Philippe van Kerm.</p>      <p><Sup><a href="#nu74" name="num74">74</a></Sup> Hay dos razones para que las observaciones del diagrama de dispersi&oacute;n no est&eacute;n igualmente distribuidas a lo largo del eje x, y parezcan estar concentradas en los rangos superiores. Primera, los rangos se calculan en la distribuci&oacute;n de corte transversal, mientras que el diagrama de dispersi&oacute;n solo incluye los deciles-pa&iacute;s observados en 1988 y 2008, muchos de los cuales son de pa&iacute;ses ricos. Segunda, los deciles-pa&iacute;s se ponderan por el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n al calcular los rangos, mientras que esta informaci&oacute;n no se muestra en los puntos de dispersi&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu75" name="num75">75</a></Sup> Los deciles-pa&iacute;s est&aacute;n numerados del 1 al 10; el 1 es el decil m&aacute;s bajo.</p>      <p><Sup><a href="#nu76" name="num76">76</a></Sup> Esto excluye algunos pa&iacute;ses que no tienen intervalos de 5 a&ntilde;os. Chipre (para1988-2008) y Nigeria (para 1993-2008) se observaron en los a&ntilde;os inicial y final, pero no tienen intervalos de crecimiento de 5 a&ntilde;os en el intermedio.</p>      <p><Sup><a href="#nu77" name="num77">77</a></Sup> En cambio, la <a href="#gra6">gr&aacute;fica 6</a> muestra el crecimiento (anualizado) de los deciles de ingreso entre 1988 y 2008 en el eje y, lo que nada dice de la permanencia de ese crecimiento. Por ejemplo, un decil puede mostrar una tasa de crecimiento muy alta entre 1988 y 2008 porque tuvo un ingreso excepcionalmente grande en 2008 (o porque no le fue bien en 1988). Por cierto, las dos ordenaciones son muy similares.</p>      <p><Sup><a href="#nu78" name="num78">78</a></Sup> La ordenaci&oacute;n por tasas de crecimiento de 20 a&ntilde;os modifica ligeramente los resultados porque los deciles m&aacute;s bajos de Honduras y Paraguay est&aacute;n entre los veinte deciles menos exitosos. Esto tambi&eacute;n sucede para los deciles menos exitosos en t&eacute;rminos de tasas de crecimiento de 15 a&ntilde;os (<a href="#ane4">cuadro 4A</a> del anexo), seg&uacute;n las cuales Kenia y Tanzania tuvieron muy mal desempe&ntilde;o.</p>      <p><Sup><a href="#nu79" name="num79">79</a></Sup> El decil m&aacute;s bajo de Jap&oacute;n disminuy&oacute; en un 4,5% al a&ntilde;o en promedio, una reducci&oacute;n que parece ser muy sustancial. En el mismo periodo, el ingreso promedio de Jap&oacute;n (en nuestros datos) se redujo en un 1,35% al a&ntilde;o, mientras que el PIB per c&aacute;pita (en d&oacute;lares PPA de 2005) aument&oacute; en un 0,88% al a&ntilde;o. Solo pudimos obtener micro datos de LIS para Jap&oacute;n en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de referencia. Antes, los datos se basaban en tabulaciones, lo que quiz&aacute; explique el fuerte descenso del decil m&aacute;s bajo entre 1988 y 2008.</p>      <p><Sup><a href="#nu80" name="num80">80</a></Sup> En otras palabras, el <a href="#cua2">cuadro 2</a>A de este anexo muestra la relaci&oacute;n promedio de las encuestas para max (promedio de las encuestas, consumo privado de cuentas nacionales), que por definici&oacute;n es menor o igual a 1.</p>      <p><Sup><a href="#nu81" name="num81">81</a></Sup> El ajuste de cuentas nacionales (e) est&aacute; dado por:</p>      <blockquote>     <p align="center"><a name="anee"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04ae1.jpg"></p>      <p>donde <img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a04ay.jpg" align="absmiddle"> son los ingresos promedio de los deciles 9 y 10 observados en la encuesta de hogares.</p> </blockquote>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Abdelkrim, A. y J.-Y. Duclos. &quot;DASP: Distributive analysis Stata Package&quot;, Quebec, PEP, World Bank, UNDP y Universidad de Laval, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0124-5996201500010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Ackland, R.; S. Dowrick y B. Freyens. &quot;Measuring global poverty: Why PPP methods matter&quot;, <i>Review of Economics and Statistics</i> 95, 3, 2013, pp. 813-824.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0124-5996201500010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Alessandria, G. y J. P. Kaboski. &quot;Pricing-to-market and the failure of absolute PPP&quot;, <i>American Economic Journal: Macroeconomics</i> 3, 1, 2011, pp. 91-127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0124-5996201500010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Alvaredo, F. 2010, &quot;The rich in Argentina over the Twentieth Century, 1932-2004&quot;, A. B. Atkinson y T. Piketty, eds., <i>Top incomes: A global perspective</i>, Oxford, N. Y., University Press, pp. 253-298.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0124-5996201500010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Alvaredo, F.; A. B. Atkinson, T. Piketty y E. Saez. &quot;The World Top Incomes Database&quot;, 2013, &#91;<a href="http://topincomes.g-mond.parisschoolofeconomics.eu/" target="_blank">http://topincomes.g-mond.parisschoolofeconomics.eu/</a>&#93;, acceso del 24/01/2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0124-5996201500010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Anand, S., P. Segal y J. E. Stiglitz. &quot;Introduction&quot;, S. Anand, P. Segaly J. E. Stiglitz, eds., <i>Debates on the measurement of global poverty</i>,  N. Y., Oxford University Press, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0124-5996201500010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Anand, S. y P. Segal. &quot;What do we know about global income inequality?&quot;, <i>Journal of Economic Literature</i> 46, 1, 2008, pp. 57-94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0124-5996201500010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Armour, P.; R. V. Burkhauser y J. Larrimore. &quot;Deconstructing income and income inequality measures. A crosswalk from market income to comprehensive income&quot;, <i>American Economic Review</i>, <i>Papers and Proceedings</i> 103, 3, 2013, pp. 173-177.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0124-5996201500010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9. Atkinson, A. B. &quot;On the measurement of inequality&quot;, <i>Journal of Economic Theory</i> 2, 3, 1970, 244-263.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0124-5996201500010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. Atkinson, A. B. <i>The economics of inequality</i>, Londres, Clarendon Press, 1975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0124-5996201500010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Atkinson, A. B. &quot;Measuring top incomes. Methodological issues&quot;, A.B. Atkinson y T. Piketty, eds., <i>Top incomes over the Twentieth Century. A contrast between Continental European and English-speaking countries</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0124-5996201500010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Atkinson, A. B. y A. Brandolini. &quot;On analyzing the world distribution of income&quot;, <i>The World Bank Economic Review</i> 24, 1, 2010, pp. 1-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0124-5996201500010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. Atkinson, A. B. y T. Piketty. Top incomes over the Twentieth Century. A contrast between continental European and English-speaking countries, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0124-5996201500010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>14. Atkinson, A. B. y T. Piketty. <i>Top incomes. A global perspective</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0124-5996201500010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Atkinson, A. B.; L. Rainwater y T. M. Smeeding. <i>Income distribution in OECD countries: Evidence from the Luxembourg Income Study</i>, Par&iacute;s, OECD Social Policy Studies, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0124-5996201500010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. Banerjee, A. y T. Piketty. &quot;Top Indian incomes, 1922-2000&quot;, A. B. Atkinson y T. Piketty, eds., <i>Top incomes. A global perspective</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0124-5996201500010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>17. Bardasi, E.; S. Jenkins, H. Sutherland, H. Levy y F. Zantomio. &quot;British household panel survey derived current and annual net house hold income variables&quot;, <i>Waves</i> 1-18, 1991-2009, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0124-5996201500010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>18. Barro, R.J. y X. Salai Martin. &quot;Convergence&quot;, <i>Journal of Political Economy</i> 100, 2, 1992, pp. 223-251.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0124-5996201500010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>19. Bhagwati, J. <i>In defense of globalization</i>, Nueva York, Oxford University Press, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0124-5996201500010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>20. Bourguignon, F. 1979, &quot;Decomposable income inequality measures&quot;,<i> Econometrica</i> 47, 4, pp. 901-920.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0124-5996201500010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>21. Bourguignon, F. &quot;Non-anonymous growth incidence curves, incomemobility and social welfare dominance&quot;, <i>Journal of Economic Inequality</i> 9, 4, 2011a, pp. 605-627.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0124-5996201500010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>22. Bourguignon, F. &quot;A turning point in global inequality... and beyond&quot;, presentaci&oacute;n en la Conferencia ABCDE, Washington, 2011b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0124-5996201500010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>23. Bourguignon, F. 	<i>La mondialisation de l'in&eacute;galit&eacute;</i>, Par&iacute;s, Seuil y La R&eacute;publique des Id&eacute;es, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0124-5996201500010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>24. Bourguignon, F. y C. Morrisson. &quot;Inequality among world citizens.1820-1992&quot;, <i>The American Economic Review</i> 92, 4, 2002, pp. 727-744.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0124-5996201500010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>25. Burkhauser, R. V.; S. Feng et al. &quot;Recent trends in top income shares in the United States. Reconciling estimates from March CPS and IRS tax return data&quot;, <i>Review of Economics and Statistics</i> 94, 2, 2012, pp. 371-388.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000312&pid=S0124-5996201500010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>26. Carr-H., R. &quot;Missing millions and measuring development progress&quot;,<i> World Development</i> 46, 0, 2013, pp. 30-44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000314&pid=S0124-5996201500010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>27. CBO. &quot;The distribution of household income and federal taxes, 2008 and 2009&quot;, Washington, Congressional Budget Office Report 4441, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000316&pid=S0124-5996201500010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>28. Chen, S. y M. Ravallion. &quot;How have the world's poorest fared since the early 1980s?&quot;, <i>The World Bank Research Observer</i> 19, 2, 2004, pp. 141-169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000318&pid=S0124-5996201500010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>29. Chen, S. y M. Ravallion. &quot;China is poorer than we thought, but no less successful in the fight against poverty&quot;, S. Anand, P. Segal y J. Stiglitz, eds., <i>Debates on the measurement of global poverty</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2010a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000320&pid=S0124-5996201500010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>30. Chen, S. y M. Ravallion. &quot;The developing world is poorer than we thought, but no less successful in the fight against poverty&quot;, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 125, 4, 2010b, pp. 1577-1625.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000322&pid=S0124-5996201500010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>31. Cowell, F.A. <i>Measuring inequality</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000324&pid=S0124-5996201500010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>32. Cowell, F.A. y E. Flachaire. &quot;Income distribution and inequality measurement. The problem of extreme values&quot;, <i>Journal of Econometrics</i> 141, 2, 2007, pp. 1044-1072.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000326&pid=S0124-5996201500010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>33. Deaton, A. &quot;Counting the world's poor. Problems and possible solutions&quot;, <i>The World Bank Research Observer</i> 16, 2, 2001, pp. 125-147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000328&pid=S0124-5996201500010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>34. Deaton, A. &quot;Measuring poverty in a growing world (or measuring growth in a poor world)&quot;, <i>Review of Economics and Statistics</i> 87, 1, 2005, pp. 1-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000330&pid=S0124-5996201500010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>35. Deaton, A. y O. Dupriez. &quot;Purchasing power parity exchange ratesfor the global poor&quot;, <i>American Economic Journal. Applied Economics</i> 3, 2, 2011, pp. 137-166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000332&pid=S0124-5996201500010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>36. Deaton, A. y A. Heston. &quot;Understanding PPPs and PPP-based National Accounts&quot;, <i>American Economic Journal. Macroeconomics</i> 2, 4, 2010, pp. 1-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000334&pid=S0124-5996201500010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>37. Deininger, K. y L. Squire. &quot;A new data set measuring income inequality&quot;, <i>World Bank Economic Review</i> 10, 3, 1996, pp. 565-591.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000336&pid=S0124-5996201500010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>38. Dynan, K.E.; J. Skinner y S.P. Zeldes. &quot;Do the rich save more?&quot;,<i> Journal of Political Economy</i> 112, 2, 2004, pp. 397-444.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000338&pid=S0124-5996201500010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>39. Eltet&ouml;, D. y P. Koves. &quot;On a problem of index number computation relating to international comparison&quot;, <i>Statisztikai Szemle</i> 42, 1964, pp. 507-518.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000340&pid=S0124-5996201500010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>40. Fisher, J.D.; D.S. Johnson y T.M. Smeeding. &quot;Measuring the trends in inequality of individuals and families. Income and consumption&quot;,<i> American Economic Review. Papers and Proceedings</i> 103, 3, 2013, pp. 184-188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000342&pid=S0124-5996201500010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>41. Frankel, D.M. y E.D. Gould. &quot;The retail price of inequality&quot;, <i>Journal of Urban Economics</i> 49, 2, 2001, pp. 219-239.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000344&pid=S0124-5996201500010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>42. Gerschenkron, A. &quot;The Soviet indices of industrial production&quot;, <i>Review of Economics and Statistics</i> 29, 4, 1947, pp. 217-226.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000346&pid=S0124-5996201500010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>43. Goldberg, P.K. y N. Pavcnik. &quot;Distributional effects of globalization in developing countries&quot;, <i>Journal of Economic Literature</i> 45, 1, 2007, pp. 39-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000348&pid=S0124-5996201500010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>44. Grimm, M. &quot;Removing the anonymity axiom in assessing pro-poor growth&quot;, <i>Journal of Economic Inequality</i> 5, 2, 2007, pp. 179-197.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000350&pid=S0124-5996201500010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>45. Groves, R.M. y M. Couper. Nonresponse in household interview surveys, Nueva York, Wiley, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000352&pid=S0124-5996201500010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>46. Haskel, J.; R.Z. Lawrence, E.E. Leamer y M.J. Slaughter. &quot;Globalization and U.S. wages. Modifying classic theory to explain recent facts&quot;, <i>Journal of Economic Perspectives</i> 26, 2, 2012, pp. 119-140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000354&pid=S0124-5996201500010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>47. Hlasny, V. y P. Verme. &quot;Top incomes and the measurement of inequality in Egypt&quot;, World Bank Policy Research working paper 6557, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000356&pid=S0124-5996201500010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>48. Khamis, S.H. &quot;A new system of index numbers for national and international purposes&quot;, <i>Journal of the Royal Statistical Society</i>, Series A (General) 135, 1, 1972, pp. 96-121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000358&pid=S0124-5996201500010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>49. Kopczuk, W.; J. Slemrod y S. Yitzhaki. &quot;The limitations of decentralized world redistribution. An optimal taxation approach&quot;, <i>European Economic Review</i> 49, 4, 2005, pp. 1051-1079.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000360&pid=S0124-5996201500010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>50. Korinek, A.; J.A. Mistiaen y M. Ravallion. &quot;Survey non response and the distribution of income&quot;, <i>Journal of Economic Inequality</i> 4, 1, 2006, pp. 33-55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000362&pid=S0124-5996201500010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>51. Krueger, D. y F. Perri. &quot;Does income inequality lead to consumption inequality? Evidence and theory&quot;, <i>Review of Economic Studies</i> 73, 1, 2006, pp. 163-193.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000364&pid=S0124-5996201500010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>52. Leigh, A. y P. van der Eng. &quot;Inequality in Indonesia. What can we learn from top incomes?&quot;, <i>Journal of Public Economics</i> 93, 2009, pp. 209-212.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000366&pid=S0124-5996201500010000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>53. Li, H.; L. Squire y H.-f. Zou. &quot;Explaining international and intertemporal variations in income inequality&quot;, <i>Economic Journal</i> 108, 446, 1998, pp. 26-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000368&pid=S0124-5996201500010000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>54. Milanovic, B. &quot;True world income distribution, 1988 and 1993. First calculation based on household surveys alone&quot;, <i>Economic Journal</i> 112,476, 2002, pp. 51-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000370&pid=S0124-5996201500010000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>55. Milanovic, B. Worlds apart. Measuring international and global inequality, Princeton, N. J., Princeton University Press, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000372&pid=S0124-5996201500010000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>56. Milanovic, B. &quot;Global inequality recalculated and updated: The effect of new PPP estimates on global inequality and 2005 estimates&quot;,<i> Journal of Economic Inequality</i> 10, 2012, pp. 1-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000374&pid=S0124-5996201500010000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>57. Minoiu, C. y S. Reddy. &quot;Kernel density estimation on grouped data: The case of poverty assessment&quot;, <i>Journal of Economic Inequality</i>, 2012, pp. 1-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000376&pid=S0124-5996201500010000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>58. Mistiaen, J.A. y M. Ravallion. &quot;Survey compliance and the distribution of income&quot;, World Bank Policy Research working paper, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000378&pid=S0124-5996201500010000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>59. Morival, E. &quot;Top incomes and racial inequality in South Africa. Evidence from tax statistics and household surveys 1993-2008&quot;, tesis de maestr&iacute;a, Paris School of Economics, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000380&pid=S0124-5996201500010000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>60. Nuxoll, D.A. &quot;Differences in relative prices and international differences in growth rates&quot;, <i>American Economic Review</i> 84, 5, 1994, pp. 1423-1436.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000382&pid=S0124-5996201500010000400060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>61. Pinkovskiy, M.L. &quot;World welfare is rising. Estimation using nonparametric bounds on welfare measures&quot;, <i>Journal of Public Economics</i> 97, 0, 2013, pp. 176-195.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000384&pid=S0124-5996201500010000400061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>62. Pogge, T.W. World poverty and human rights. Cosmopolitan responsibilities and reforms, Cambridge, Polity Press, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000386&pid=S0124-5996201500010000400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>63. Rao, V. &quot;Price heterogeneity and 'real' inequality. A case study of prices and poverty in rural South India&quot;, <i>Review of Income and Wealth</i> 46, 2, 2000, pp. 201-211.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000388&pid=S0124-5996201500010000400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>64. Ravallion, M. &quot;A global perspective on poverty in India&quot;, <i>Economic and Political Weekly</i> 43, 43, 2008, pp. 31, 33-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000390&pid=S0124-5996201500010000400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>65. Ravallion, M. &quot;Understanding PPPs and PPP-based National Accounts. Comment&quot;, <i>American Economic Journal. Macroeconomics</i> 2, 4, 2010, pp. 46-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000392&pid=S0124-5996201500010000400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>66. Ravallion, M. y S. Chen. &quot;Measuring pro-poor growth&quot;, <i>Economics Letters</i> 78, 1, 2003, pp. 93-99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000394&pid=S0124-5996201500010000400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>67. Reddy, S.G. y T. Pogge. &quot;How not to count the poor&quot;, S. Anand, P. Segal y J. E. Stiglitz, eds., <i>Debates on the measurement of global poverty</i>, Oxford, N. Y., Oxford University Press, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000396&pid=S0124-5996201500010000400067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>68. Sala-i-Martin, X. &quot;The world distribution of income. Falling poverty and... convergence, period&quot;, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 121, 2, 2006, pp. 351-397.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000398&pid=S0124-5996201500010000400068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>69. Segal, P. 2011, &quot;Resource rents, redistribution, and halving global poverty. The resource dividend&quot;, <i>World Development</i> 39, pp. 475-489.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000400&pid=S0124-5996201500010000400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>70. Shorrocks, A. y G. Wan. &quot;Ungrouping income distributions&quot;, working paper UNUWIDER, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000402&pid=S0124-5996201500010000400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>71. Singer, P. <i>One world. The ethics of globalization</i>, New Haven, Yale University Press, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000404&pid=S0124-5996201500010000400071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>72. Szekely, M. y M. Hilgert. &quot;What's behind the inequality we measure: An investigation using Latin American data&quot;, Research Department working paper Inter-American Development Bank, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000406&pid=S0124-5996201500010000400072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>73. Szulc, B. &quot;Indices for multiregional comparisons&quot;, <i>Przeglad Statystyczny</i> 3, 1964, pp. 239-254.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000408&pid=S0124-5996201500010000400073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>74. Van Kerm, P. &quot;Income mobility profiles&quot;, <i>Economics Letters</i> 102, 2, 2009, pp. 93-95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000410&pid=S0124-5996201500010000400074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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