<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962015000100011</article-id>
<article-id pub-id-type="doi">10.18601/01245996.v17n32.10</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Identificación y caracterización de los trabajadores pobres en Colombia, 2002-2012]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Characteristics and identification of working poor in Colombia, 2002-2012]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sánchez Torres]]></surname>
<given-names><![CDATA[Roberto Mauricio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2015</year>
</pub-date>
<volume>17</volume>
<numero>32</numero>
<fpage>295</fpage>
<lpage>315</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962015000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962015000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962015000100011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[En este artículo se estudia y caracteriza a los trabajadores pobres en Colombia. Analiza la pobreza vinculada al tipo de inserción laboral, y a actividades realizadas en condiciones y sectores específicos. Con datos de las encuestas de hogares se estiman los principales indicadores de pobreza de los ocupados, se presenta su descomposición por zona geográfica y se establece el perfil sociodemográfico y ocupacional de los trabajadores pobres. Se encuentra que la composición del mercado laboral y el tipo de inserción laboral son determinantes en el bajo nivel de ingresos de estos trabajadores.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper is an approach to the study of the working poor in Colombia. The purpose is to analyze poverty linked to types of labor insertion, Using data from the Continuous Household Survey and the Large Integrated Household Survey, it analyses main poverty indicators for the workers, and poverty decomposition by geographical area between 2002 and 2012. In addition, it offers a socio-demographic and occupational characterization of the working poor, concluding that the composition of the labor market and the type of labor insertion are determinants of low income.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[pobreza]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[inserción laboral]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[mercado laboral]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[poverty]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[labor insertion]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[labor market]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.10" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.10</a></p>      <p>Art&iacute;culo</p>       <p align="center"><font size="4"><b>Identificaci&oacute;n y caracterizaci&oacute;n de los trabajadores pobres en Colombia, 2002-2012</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Characteristics and identification of working poor in Colombia, 2002-2012</b></font></p>      <p align="center"><i>Roberto Mauricio S&aacute;nchez Torres</i>*</p>      <p>* Economista, Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;, Colombia Becario del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, Conicet-Argentina, <a href="mailto:rmsanchezt@gmail.com">rmsanchezt@gmail.com</a>.</p>      <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: S&aacute;nchez T., R. M. &quot;Identificaci&oacute;n y caracterizaci&oacute;n de los trabajadores pobres en Colombia, 2002-2012&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 17(32), 2015, pp. 295-315. DOI: 10.18601/01245996.v17n32.10</p>      <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 10 de febrero de 2014, fecha de modificaci&oacute;n: 28 dejulio de 2014, fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de abril de 2015</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este art&iacute;culo se estudia y caracteriza a los trabajadores pobres en Colombia. Analiza la pobreza vinculada al tipo de inserci&oacute;n laboral, y a actividades realizadas en condiciones y sectores espec&iacute;ficos. Con datos de las encuestas de hogares se estiman los principales indicadores de pobreza de los ocupados, se presenta su descomposici&oacute;n por zona geogr&aacute;fica y se establece el perfil sociodemogr&aacute;fico y ocupacional de los trabajadores pobres. Se encuentra que la composici&oacute;n del mercado laboral y el tipo de inserci&oacute;n laboral son determinantes en el bajo nivel de ingresos de estos trabajadores.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> pobreza, inserci&oacute;n laboral, mercado laboral; JEL: J10, J40, J69.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p>This paper is an approach to the study of the working poor in Colombia. The purpose is to analyze poverty linked to types of labor insertion, Using data from the Continuous Household Survey and the Large Integrated Household Survey, it analyses main poverty indicators for the workers, and poverty decomposition by geographical area between 2002 and 2012. In addition, it offers a socio-demographic and occupational characterization of the working poor, concluding that the composition of the labor market and the type of labor insertion are determinants of low income.</p>      <p><b>Keywords:</b> poverty, labor insertion; labor market; JEL: I39, O10.</p>  <hr>      <p>El t&eacute;rmino &quot;pobreza&quot; se refiere a un problema que abarca diferentes aspectos. Las condiciones de vida, el acceso a servicios sociales b&aacute;sicos, las caracter&iacute;sticas de la vivienda, la dependencia econ&oacute;mica y el nivel de ingreso son aspectos y maneras de medir la pobreza (GEEP, 2007). La pobreza afecta a buena parte de la poblaci&oacute;n latinoamericana; a m&aacute;s de la mitad en pa&iacute;ses de Centroam&eacute;rica como Guatemala (54, 8%), Honduras (67, 4%) y Nicaragua (58, 3%), y a una proporci&oacute;n menor en pa&iacute;ses del Cono Sur como Argentina (8, 6%), Uruguay (8, 6%) y Chile (11, 5%) (Cepal, 2013). Como la pobreza es una caracter&iacute;stica de los hogares, son pobres los miembros de hogares pobres<Sup><a href="#num1" name="nu1">1</a></Sup>, independientemente de que sean inactivos, desempleados o empleados, aunque la incidencia es mayor en hogares con alta dependencia econ&oacute;mica (Ponthieux y Concialdi, 2001). En Am&eacute;rica Latina, donde buena parte del empleo es informal con relaciones laborales endebles, y hay alta proporci&oacute;n de empleos por cuenta propia, prolifera el empleo al margen de la regulaci&oacute;n y con baja remuneraci&oacute;n, la pobreza tiene gran incidencia entre los trabajadores, y no solo afecta a quienes no participan en el mercado laboral y a los desempleados (Majid, 2001). Seg&uacute;n c&aacute;lculos del Dane, en 2012 la pobreza era en Colombia del 24, 8% por necesidades b&aacute;sicas insatisfechas, del 27, 0% seg&uacute;n el &iacute;ndice de pobreza multidimensional y del 32, 9% por l&iacute;nea de pobreza (Dane, 2013a). Sea cual sea la manera de medirla, la pobreza se redujo notablemente en el pa&iacute;s durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, sobre todo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os; del 49,7% en 2002 baj&oacute; al 40,3% en 2009 y al 32,9% en 2012 (MESEP, 2012). Pero el mercado laboral no muestra resultados similares: la tasa anual de desempleo solo descendi&oacute; a un d&iacute;gito en 2013 y la informalidad afecta a m&aacute;s de la mitad de los trabajadores; entre 2002 y 2010 el 40% de la variaci&oacute;n neta (aumento) del empleo urbano fue informal (en el sector informal o sin relaci&oacute;n laboral formal) y el 65% de la variaci&oacute;n del empleo nacional total fue en empleos independientes (S&aacute;nchez, 2013).</p>      <p>La aparente divergencia entre la mejora del nivel de vida de la poblaci&oacute;n de mayores carencias y la persistencia de problemas en el mercado laboral, como la informalidad y el desempleo, justifica el objetivo de este art&iacute;culo: analizar la pobreza vinculada a ciertas formas de inserci&oacute;n laboral y a ciertas actividades y sectores de actividad. Para ello se identifica y caracteriza a los trabajadores de hogares pobres, para determinar de qu&eacute; modo la reducci&oacute;n de la pobreza ha alterado la importancia de ciertas caracter&iacute;sticas personales y ocupacionales en la inserci&oacute;n laboral de los miembros de hogares que se mantienen en una situaci&oacute;n de pobreza.</p>      <p>En la primera secci&oacute;n se hace una breve referencia a los enfoques para detectar y medir la pobreza y se precisa qu&eacute; son trabajadores de hogares pobres. En la segunda secci&oacute;n se indican las fuentes de informaci&oacute;n, el enfoque metodol&oacute;gico y la definici&oacute;n de los principales indicadores. La tercera secci&oacute;n compara los principales indicadores de pobreza de la poblaci&oacute;n total y de los trabajadores, y en la siguiente se presenta su descomposici&oacute;n regional. En la quinta secci&oacute;n se caracteriza a los trabajadores pobres y se estima la probabilidad de ser trabajador informal teniendo en cuenta variables personales, ocupacionales, de rama de actividad y &aacute;rea geogr&aacute;fica. En la parte final se presentan las conclusiones.</p>      <p><font size="3"><b>POBREZA Y TRABAJADORES DE HOGARES POBRES</b></font></p>      <p>Los enfoques para estudiar y medir la pobreza son diversos y dependen del contexto econ&oacute;mico, hist&oacute;rico o social. Para identificar la poblaci&oacute;n pobre se adoptan algunos criterios y se especifican las variables correspondientes para determinar si un hogar es o no pobre. En la medici&oacute;n unidimensional se toma el ingreso o el consumo como variable de referencia y en mediciones multidimensionales se toman diversos aspectos, como las caracter&iacute;sticas de las viviendas, el nivel de dependencia econ&oacute;mica, la asistencia escolar de los menores, la salud, las condiciones de trabajo, el tipo de inserci&oacute;n laboral y el bienestar subjetivo (GEEP, 2007; Alkire y Foster, 2009).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una caracter&iacute;stica esencial de las principales nociones de pobreza es que la unidad de an&aacute;lisis son los hogares y no los individuos, de modo que un individuo es pobre si forma parte de un hogar pobre. As&iacute;, quien cumple o no el umbral de referencia es el hogar (unidad de ingreso o gasto). Los trabajadores pobres son aquellos que trabajan y son miembros de hogares pobres; por ello, el concepto de trabajador pobre interrelaciona dos unidades de an&aacute;lisis: el individuo, que cumple el criterio de estar o no empleado, y el hogar, la unidad a la que se atribuye la condici&oacute;n de pobre. En la identificaci&oacute;n de los trabajadores pobres se conjugan dos situaciones (no en forma un&iacute;voca ni directa): en el individuo empleado, la situaci&oacute;n de bajos salarios (ingresos)<Sup><a href="#num2" name="nu2">2</a></Sup>; y en el hogar, la alta dependencia econ&oacute;mica, es decir, la baja proporci&oacute;n empleados/n&uacute;mero de miembros.</p>      <p>La relaci&oacute;n entre el mercado laboral y el nivel de pobreza se ha analizado desde diferentes perspectivas. De acuerdo con Majid (2001), esta relaci&oacute;n depende del nivel de desarrollo y de las caracter&iacute;sticas del sistema de seguridad social. En los pa&iacute;ses en desarrollo donde no hay un sistema de seguridad social establecido, el salario m&iacute;nimo y la organizaci&oacute;n de los trabajadores no funcionan o no incluyen amplios sectores de trabajadores, hay formas h&iacute;bridas de inserci&oacute;n laboral (no asalariadas, sin remuneraci&oacute;n, relaciones laborales endebles, v&iacute;nculos serviles, etc.), se presentan dos situaciones en el mundo del trabajo: una gran proporci&oacute;n de los pobres debe trabajar en ocupaciones de muy baja remuneraci&oacute;n, y los desempleados no son siempre pobres, en la medida en que consiguen, mediante canales institucionales pero sobre todo por v&iacute;nculos personales (familia, redes sociales), niveles de bienestar (ingreso o consumo) superiores a los umbrales de pobreza.</p>      <p>Otros enfoques resaltan el papel del crecimiento econ&oacute;mico. Fields muestra que en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses en desarrollo el crecimiento genera empleo, aumenta los ingresos laborales y por esa v&iacute;a reduce la pobreza, pero no garantiza mejoras en la distribuci&oacute;n del ingreso ni la calidad y permanencia del empleo. Aunque el crecimiento econ&oacute;mico es un elemento fundamental para reducir la pobreza, no es suficiente, y se necesitan pol&iacute;ticas sociales, laborales y de redistribuci&oacute;n del ingreso (Fields, 2012; Cruces y Gasparini, 2013). Para otros autores un objetivo de la pol&iacute;tica p&uacute;blica debe ser mejorar la situaci&oacute;n laboral; Cecchini y Uthoff (2008) argumentan que se necesita mejorar la calidad del empleo y aumentar la productividad del trabajo para que el crecimiento econ&oacute;mico se refleje en una reducci&oacute;n de la pobreza y en mejores indicadores sociales.</p>      <p>En los pa&iacute;ses desarrollados de altos ingresos donde la pobreza se suele medir en t&eacute;rminos relativos, la relaci&oacute;n entre pobreza y desempleo es m&aacute;s clara, buena parte de los individuos de la cola inferior de la distribuci&oacute;n est&aacute;n desempleados, pero la existencia de un piso de seguridad social y el mayor ingreso familiar hacen posible que no acepten empleos muy mal remunerados (Marx y Verbist, 1998).</p>      <p>En Am&eacute;rica Latina, la relaci&oacute;n entre pobreza y mercado laboral depende m&aacute;s de la situaci&oacute;n del empleo y del tipo de inserci&oacute;n laboral (informalidad, precariedad, trabajo por cuenta propia, bajos salarios, inseguridad, inestabilidad, etc.) que del alto nivel de desempleo, aunque esto es m&aacute;s cierto para algunos pa&iacute;ses y determinados grupos de poblaci&oacute;n<Sup><a href="#num3" name="nu3">3</a></Sup>. En pa&iacute;ses de ingreso bajo y medio, las personas que no consiguen empleo y carecen de protecci&oacute;n social no pueden decidir si trabajan o no, y para obtener ingresos y suplir sus necesidades m&iacute;nimas suelen emplearse en ocupaciones por cuenta propia de baja productividad o de bajos salarios e inadecuadas condiciones de trabajo (Banerjee y Duflo, 2011).</p>      <p>La reducci&oacute;n de la pobreza que se present&oacute; en Am&eacute;rica Latina desde comienzos de los a&ntilde;os noventa hasta mediados de la d&eacute;cada anterior obedece en su mayor parte al aumento de la participaci&oacute;n laboral de los miembros de los hogares y a la reducci&oacute;n de la tasa de dependencia (Cecchini y Uthoff, 2008); entre 1997 y 2007 el 79% de la reducci&oacute;n de la pobreza en la regi&oacute;n se debi&oacute; al crecimiento medio del ingreso y el 21% restante a su redistribuci&oacute;n (Medina y Galv&aacute;n, 2014). Los estudios sobre pobreza se centran en la poblaci&oacute;n total teniendo en cuenta los hogares, y pocos examinan la relaci&oacute;n entre pobreza e inserci&oacute;n laboral, tipo de empleo y rama de actividad. Para llenar ese vac&iacute;o aqu&iacute; se estudia la pobreza de los trabajadores tomando como referencia su situaci&oacute;n laboral y las caracter&iacute;sticas de su ocupaci&oacute;n, con el fin de establecer la relaci&oacute;n entre la reducci&oacute;n de la pobreza y los cambios en el tipo de empleo, las caracter&iacute;sticas ocupacionales, la inserci&oacute;n laboral y el tipo de unidad econ&oacute;mica.</p>      <p><font size="3"><b>DATOS, METODOLOG&Iacute;A E INDICADORES DE POBREZA</b></font></p>      <p>Los datos que se utilizan provienen de la Encuesta Continua de Hogares, 2002 y 2005, y la Gran Encuesta Integrada de Hogares, 2008 y 2012, realizadas por el Dane. En 2006 hubo un cambio metodol&oacute;gico en la encuesta de hogares, y la Misi&oacute;n para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (MESEP) tom&oacute; los datos de pobreza monetaria y empalm&oacute; los umbrales de pobreza de cada hogar y el ingreso familiar total. Se dispone de las series empalmadas entre 2002 y 2010 (no hay microdatos para 2006 y 2007) y los datos de 2011 y 2012 que siguen la metodolog&iacute;a propuesta por la MESEP, de modo que las encuestas que se toman como fuente de informaci&oacute;n tienen un alto grado de comparaci&oacute;n, aunque no se realicen con la misma metodolog&iacute;a.</p>      <p>Debido a la disponibilidad de datos, a los objetivos y a que es la manera m&aacute;s usual en Am&eacute;rica Latina, aqu&iacute; medimos la pobreza considerando el ingreso; en particular, contrastamos el ingreso familiar per c&aacute;pita con los umbrales de pobreza per c&aacute;pita para identificar si una persona es pobre o no. Se toma como referencia el umbral de pobreza estimado por el Dane, que tiene en cuenta las necesidades alimentarias basadas en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos (2006-2007), y las necesidades no alimentarias determinadas por el coeficiente de Orshansky, que indica la proporci&oacute;n entre gasto total y gasto en alimentos. Las l&iacute;neas de pobreza calculadas por el Dane tienen en cuenta las diferencias regionales de precios, acceso a alimentos y niveles de consumo de los grupos de referencia para estimar el coeficiente de Orshansky. Por lo tanto, dependen del departamento y de si es una zona urbana o rural.</p>      <p>En las dos secciones siguientes se examina la pobreza tomando en cuenta cuatro indicadores muy utilizados en los estudios sobre pobreza, los indicadores FGT (Foster, Greer y Thorbecke, 1984) y el indicador de Sen. Esta familia de indicadores forma parte de los &quot;&iacute;ndices generalizados de brecha de pobreza&quot;, y se construyen comparando la l&iacute;nea de referencia y la variable observada (ingreso) (Gasparini et al., 2013).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="ecu1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11e1.jpg"></p>      <p>donde <i>N</i> es el n&uacute;mero de individuos (poblaci&oacute;n total o total de empleados, seg&uacute;n sea el caso), <i>x<Sub>i</Sub></i> el ingreso del individuo <i>i</i> (aqu&iacute; el ingreso per c&aacute;pita familiar), <i>z<sub>i</sub></i> el umbral de pobreza de referencia para el individuo <i>i</i>, <i>k<sub>i</sub></i> el indicador de los individuos pobres (cuyo ingreso es menor que el umbral de pobreza) y <b>&prop;</b> el par&aacute;metro que indica el tipo de indicador FGT y la ponderaci&oacute;n de cada individuo pobre. El umbral de pobreza (<i>z<sub>i</sub></i>) no indica que se haya construido una l&iacute;nea de pobreza equivalente para cada individuo, solo resalta que no hay una l&iacute;nea de pobreza &uacute;nica; como ya se se&ntilde;al&oacute;, las l&iacute;neas de pobreza del Dane dependen del departamento y de la zona geogr&aacute;fica. En 2012 hab&iacute;a 300 l&iacute;neas de pobreza diferentes: en promedio, la l&iacute;nea de pobreza per c&aacute;pita en las 13 ciudades principales era de 222.949 pesos de ese a&ntilde;o, en el resto urbano de 223.406 pesos y en las zonas rurales de 133.534 pesos.</p>      <p>Cuando &alpha;=0, el FGT es la proporci&oacute;n de pobres o <i>incidencia de la pobreza</i>, es decir, la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n que est&aacute; por debajo del umbral de pobreza (<i>z<Sub>i</Sub></i>). El an&aacute;lisis de la pobreza en t&eacute;rminos de incidencia, n&uacute;mero y proporci&oacute;n de pobres es sencillo, pero no tiene en cuenta lo que sucede en el margen, la distancia entre los individuos pobres y el umbral de pobreza ni la distribuci&oacute;n dentro de la poblaci&oacute;n pobre. Cuando &alpha;=1, el FGT se conoce como <i>brecha de pobreza</i>, y tiene en cuenta la distancia entre el ingreso de los individuos pobres y su l&iacute;nea de pobreza. Este indicador computa la tasa de incidencia seg&uacute;n la brecha de pobreza del promedio de personas pobres; por lo tanto, no solo es funci&oacute;n del n&uacute;mero de pobres sino tambi&eacute;n de la distancia entre ese ingreso promedio y el umbral de pobreza (Foster et al., 1984).</p>      <p>A medida que &alpha; aumenta es mayor la importancia de los individuos m&aacute;s alejados del umbral de pobreza de referencia en el c&aacute;lculo del FTG. En general, se toma un &alpha;=2 como indicador de <i>intensidad de la pobreza</i>; este indicador cambia aunque la proporci&oacute;n de pobres o la brecha de pobreza promedio no var&iacute;en, lo que puede ocurrir si hay transferencias entre personas pobres. Adem&aacute;s, se considera un indicador que tiene en cuenta la proporci&oacute;n de pobres, la brecha promedio entre su ingreso y el umbral de pobreza, y la desigualdad entre los pobres medida por el coeficiente de Gini (<i>G<Sup>i</Sup></i>), conocido como el Indicador de Sen, y su particularidad es que tiene en cuenta la distribuci&oacute;n de ingresos dentro de la poblaci&oacute;n pobre (Gasparini, et al., 2013).</p>      <p align="center"><a name="ecu2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11e2.jpg"></p>      <p><font size="3"><b>INDICADORES DE POBREZA, POBLACI&Oacute;N TOTAL Y EMPLEADOS</b></font></p>      <p>La pobreza se redujo en forma significativa durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, medida con cualquier indicador convencional. El <a href="#cua1">cuadro 1</a> muestra los indicadores FGT de incidencia (&alpha;=0), brecha (&alpha;=1) e intensidad (&alpha;=2) y el Indicador de Sen para la poblaci&oacute;n total y la empleada en el per&iacute;odo 2002-2012. La incidencia se redujo en unos 16 puntos, 10 de ellos entre 2008 y 2012. La brecha tambi&eacute;n disminuy&oacute; en la primera d&eacute;cada de este siglo, y en forma m&aacute;s notable en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. La intensidad, que tiene en cuenta el n&uacute;mero de pobres y la distancia al umbral de pobreza, y da mayor ponderaci&oacute;n a los m&aacute;s pobres, tambi&eacute;n tendi&oacute; a disminuir en forma sistem&aacute;tica<Sup><a href="#num4" name="nu4">4</a></Sup>. La reducci&oacute;n del 38% en el Indicador de Sen es el resultado de la reducci&oacute;n conjunta de la incidencia y la brecha de pobreza cuando se tienen en cuenta los cambios en la distribuci&oacute;n del ingreso entre los pobres.</p>      <p align="center"><a name="cua1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c1.jpg"></p>      <p>La pobreza tambi&eacute;n tiende a reducirse para la poblaci&oacute;n que tiene empleo, que no incluye personas inactivas, desempleadas y menores de 12 a&ntilde;os. Es evidente que si solo se toma en cuenta a los trabajadores se excluye a la poblaci&oacute;n que no tiene ingresos laborales, y a todos los hogares que no tienen miembros que participen en el mercado laboral; se deja de lado entonces a buena parte de los miembros de hogares con ingresos inferiores a la l&iacute;nea de pobreza.</p>      <p>Para el grupo de los empleados los indicadores de pobreza son menores que los de la poblaci&oacute;n total, porque en los hogares pobres hay m&aacute;s dependencia econ&oacute;mica, es decir, la relaci&oacute;n empleados/miembros del hogar es menor. Como muestra el <a href="#cua2">cuadro 2</a>, en promedio trabaja uno de cada tres miembros de hogares pobres, mientras que en los no pobres trabaja uno de cada dos. Adem&aacute;s, los primeros son m&aacute;s numerosos; mientras que el 65% de ellos tiene m&aacute;s de tres miembros, el 60% de los no pobres tiene tres o menos (<a href="#cua3">cuadro 3</a>). Por ello, cuando la poblaci&oacute;n de referencia es la de los trabajadores (empleados) se toman menos individuos por hogar pobre y se incluye a la mitad de los miembros de hogares con ingreso superior al umbral de pobreza.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="cua2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c2.jpg"></p>      <p align="center"><a name="cua3"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c3.jpg"></p>      <p>La <a href="#gra1">gr&aacute;fica 1</a> muestra que en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada analizada la leve reducci&oacute;n en los indicadores de pobreza se present&oacute; en la misma dimensi&oacute;n para el total de la poblaci&oacute;n y para los trabajadores. La variaci&oacute;n porcentual de los &iacute;ndices de pobreza entre 2002 y 2004 es igual en los trabajadores y en el total de la poblaci&oacute;n. A partir de 2004 (y con la misma metodolog&iacute;a utilizada hasta 2005) empieza a presentarse una reducci&oacute;n m&aacute;s grande en los indicadores de la pobreza para el caso de los empleados. Entre 2005 y 2008, la tendencia que se observ&oacute; entre 2004 y 2005 se acentu&oacute;, pues aument&oacute; visiblemente la diferencia entre la reducci&oacute;n de los indicadores de pobreza de la poblaci&oacute;n empleada y total; mientras que la brecha e intensidad de la pobreza de la poblaci&oacute;n total aument&oacute;, en el caso de los trabajadores se redujo. Sin embargo, cabe se&ntilde;alar que no hay informaci&oacute;n disponible para 2006 y 2007 (cuando se puso en marcha la nueva encuesta de hogares), y por ello en la <a href="#gra1">gr&aacute;fica 1</a> se omite un efecto acumulado de 3 a&ntilde;os. Adem&aacute;s, en medio hay un cambio metodol&oacute;gico en la imputaci&oacute;n de ingresos que puede haber afectado la ampliaci&oacute;n de la diferencia mencionada en la variaci&oacute;n de los indicadores de la poblaci&oacute;n empleada y total.</p>      <p align="center"><a name="gra1"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11g1.jpg"></p>      <p>La situaci&oacute;n que se registr&oacute; entre 2004 y 2008 (bien sea por el efecto de los cambios en la poblaci&oacute;n, que impuls&oacute; la reducci&oacute;n de la pobreza, o por el cambio metodol&oacute;gico en 2006), contrasta con lo que sucede desde 2008; una reducci&oacute;n similar de los indicadores de pobreza de la poblaci&oacute;n total y de los empleados (que en la <a href="#gra1">gr&aacute;fica 1</a> est&aacute; representada por la similar pendiente de los &iacute;ndices). Desde 2008 hasta 2011 el indicador de intensidad se ha reducido m&aacute;s para el total de poblaci&oacute;n que para los empleados, quiz&aacute; debido a la ampliaci&oacute;n del programa de transferencias condicionadas que mejor&oacute; el ingreso de los m&aacute;s pobres, pero no los sac&oacute; de la pobreza.</p>      <p><font size="3"><b>DISTRIBUCI&Oacute;N GEOGR&Aacute;FICA DE LOS TRABAJADORES POBRES</b></font></p>      <p><b>Indicadores de pobreza de los trabajadores por &aacute;rea geogr&aacute;fica</b></p>      <p>Todos los indicadores de pobreza que analizamos se redujeron en todas las zonas del pa&iacute;s entre 2002 y 2012, como muestra el <a href="#cua4">cuadro 4</a>, que los presenta por zona geogr&aacute;fica: las 13 ciudades principales y sus &aacute;reas metropolitanas, las ciudades m&aacute;s peque&ntilde;as<Sup><a href="#num5" name="nu5">5</a></Sup> y las &aacute;reas rurales.</p>      <p align="center"><a name="cua4"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c4.jpg"></p>      <p>Se observan grandes diferencias en los niveles de pobreza de los trabajadores por zona geogr&aacute;fica. En el pa&iacute;s, en promedio, uno de cada cuatro trabajadores pertenece a un hogar bajo el umbral de pobreza, cifra que aumenta en las zonas rurales, donde el 39% de los trabajadores es pobre.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pobreza de quienes trabajan en zonas rurales es mucho mayor que la de quienes trabajan en zonas urbanas, seg&uacute;n todos los indicadores<Sup><a href="#num6" name="nu6">6</a></Sup>. La diferencia entre las zonas rurales y las ciudades es mayor en brecha e intensidad, es decir, cuando se toma en cuenta el ingreso y su distribuci&oacute;n entre los trabajadores pobres, y no solo el n&uacute;mero de trabajadores con un ingreso per c&aacute;pita familiar inferior al umbral de pobreza. Esa diferencia no ha disminuido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os<Sup><a href="#num7" name="nu7">7</a></Sup>, y de hecho en t&eacute;rminos relativos ha aumentado con la mayor reducci&oacute;n de la pobreza en las ciudades frente al mejoramiento de los ingresos de los trabajadores rurales.</p>      <p>La <a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a> muestra la participaci&oacute;n por zona geogr&aacute;fica en los indicadores de pobreza de los trabajadores para cada a&ntilde;o. El 37, 5% de los trabajadores pobres vive en zonas rurales, el 24, 5% en las 13 ciudades principales y el restante 38% en el resto urbano. Seg&uacute;n el a&ntilde;o y el indicador considerados, la participaci&oacute;n de las ciudades oscila entre el 18, 6% y el 31, 2%, la del resto urbano entre el 31, 2% y el 39, 4%<Sup><a href="#num8" name="nu8">8</a></Sup>, y la de las zonas rurales entre el 34, 8% y el 45, 0%. En estas &uacute;ltimas se observan los mayores grados de brecha e intensidad. En 2002, la participaci&oacute;n en esos indicadores era del 42, 1% y del 45%, y en 2012 del 40, 8% y del 43%; es decir que, a pesar de la reducci&oacute;n de la pobreza, las diferencias entre el sector rural y el urbano en lo que ata&ntilde;e a profundidad de la pobreza no variaron. Las zonas rurales contin&uacute;an integrando gran parte de la pobreza de los trabajadores; en el periodo considerando no hubo variaciones importantes en la participaci&oacute;n en sus indicadores de pobreza, como s&iacute; las hubo en las zonas urbanas (<a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a>).</p>      <p align="center"><a name="gra2"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11g2.jpg"></p>      <p>A pesar de que los indicadores de pobreza de los empleados son m&aacute;s bajos, en las ciudades principales hay una alta participaci&oacute;n de los indicadores de pobreza pues estas concentran casi la mitad de los empleados del pa&iacute;s, aunque la participaci&oacute;n de cada indicador difiere, lo que indica diferencias en la problem&aacute;tica de la pobreza. La mayor participaci&oacute;n se registra en la incidencia mientras que en la intensidad es baja; es decir, los ingresos de los trabajadores pobres son mayores respecto al umbral de pobreza en las ciudades que en las zonas rurales. La situaci&oacute;n es diferente en el resto urbano donde todos los indicadores tienen una participaci&oacute;n muy similar, intermedia entre los del campo y los de las ciudades principales.</p>      <p>La reducci&oacute;n de la pobreza de los trabajadores de las ciudades principales fue mayor que en el resto urbano y en el campo, y as&iacute; lo indica la reducci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa de la participaci&oacute;n de las ciudades en todos los indicadores. Aunque esa reducci&oacute;n fue compensada por el incremento de la participaci&oacute;n de las zonas urbanas de menor tama&ntilde;o: como muestra la <a href="#gra2">gr&aacute;fica 2</a>, es all&iacute; donde m&aacute;s aument&oacute; la participaci&oacute;n de todos los indicadores, del 32% en 2002 al 38% en 2012.</p>      <p><font size="3"><b>CARACTERIZACI&Oacute;N DE LOS TRABAJADORES POBRES Y CAMBIOS EN LA &Uacute;LTIMA D&Eacute;CADA</b></font></p>      <p>Los trabajadores de hogares pobres tienen caracter&iacute;sticas personales que los diferencian de los trabajadores de hogares cuyo ingreso per c&aacute;pita supera el umbral de pobreza, como muestra el <a href="#cua5">cuadro 5</a> que compara sus caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, ocupacionales y de inserci&oacute;n laboral. En casi todos estos aspectos las diferencias son estad&iacute;sticamente significativas.</p>      <p align="center"><a name="cua5"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c5.jpg"></p>      <p>Hay una mayor proporci&oacute;n de empleados hombres de hogares pobres. La diferencia en la participaci&oacute;n de los hombres entre trabajadores pobres y no pobres era del 8% en 2002, la cual se redujo en 2012 al 4%. El aumento de la participaci&oacute;n laboral femenina se reflej&oacute; en un mayor porcentaje de trabajadoras de hogares pobres; gran parte de las mujeres (jefas de hogar o c&oacute;nyuges) que entraron al mercado laboral entre 2002 y 2012 tiene bajos ingresos (inferiores al umbral de pobreza dado el tama&ntilde;o de su hogar). No hay grandes diferencias por grupos de edad (aunque son estad&iacute;sticamente significativas) entre empleados de hogares pobres y no pobres: el &uacute;nico caso notable es el de los menores de 16 a&ntilde;os de hogares pobres cuya participaci&oacute;n es mayor; aunque esto quiz&aacute; obedezca a la medici&oacute;n de la pobreza mediante el ingreso familiar per c&aacute;pita, pues a medida que aumenta el tama&ntilde;o del hogar aumenta la probabilidad de pobreza y, en general, ese aumento est&aacute; asociado al n&uacute;mero de menores en el hogar.</p>      <p>La principal diferencia en la composici&oacute;n de cada grupo de trabajadores por posici&oacute;n en el hogar se observa en los jefes de hogar y los c&oacute;nyuges, donde est&aacute;n sobrerrepresentados los jefes de hogares pobres empleados, con una diferencia de 5 puntos porcentuales que se mantuvo en la &uacute;ltima d&eacute;cada; cabe destacar que la reducci&oacute;n de la participaci&oacute;n laboral de miembros del hogar diferentes del jefe y su c&oacute;nyuge es sido similar entre trabajadores pobres y no pobres. Como muestra el <a href="#cua5">cuadro 5</a>, el nivel educativo es la caracter&iacute;stica personal en la que m&aacute;s difieren los trabajadores pobres y no pobres; en 2012 m&aacute;s de la mitad de los pobres tiene como m&aacute;ximo educaci&oacute;n primaria, solo el 3% tiene educaci&oacute;n t&eacute;cnica o tecnol&oacute;gica, y pr&aacute;cticamente no hay profesionales; estas &uacute;ltimas cifras poco variaron en la &uacute;ltima d&eacute;cada. El aumento del nivel educativo de los trabajadores se ha reflejado en forma diferenciada seg&uacute;n el nivel de ingresos del hogar al que pertenecen; el leve aumento del nivel educativo promedio de los trabajadores pobres ocurri&oacute; en los niveles bajos, donde una fracci&oacute;n pas&oacute; de primaria a secundaria, mientras que el 9% de los trabajadores no pobres hizo el tr&aacute;nsito de la educaci&oacute;n t&eacute;cnica a la profesional.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En lo que respecta a las caracter&iacute;sticas de la ocupaci&oacute;n de los trabajadores pobres y no pobres, no hay diferencias cuantitativas importantes (aunque s&iacute; estad&iacute;sticas) en la antig&uuml;edad ni en la segunda ocupaci&oacute;n<Sup><a href="#num9" name="nu9">9</a></Sup>. Sin embargo, el aumento de la pluriactividad -m&aacute;s de una ocupaci&oacute;n remunerada- es un cambio de la &uacute;ltima d&eacute;cada que ha afectado a trabajadores pobres y no pobres, con un mayor aumento en el primer grupo.</p>      <p>Hay notorias diferencias en la intensidad de la ocupaci&oacute;n, la posici&oacute;n ocupacional y el subempleo. En promedio, los trabajadores pobres laboran menos horas por semana que los no pobres, y esta diferencia se ampli&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando tambi&eacute;n se redujo la pobreza en buena proporci&oacute;n; esto indicar&iacute;a (sin tener evidencia causal) que al tiempo que se redujo la pobreza aument&oacute; la proporci&oacute;n de trabajadores pobres que laboran pocas horas por semana dentro de los empleados de hogares pobres; es decir, los que suelen salir de la pobreza trabajan m&aacute;s horas por semana y los que se mantienen en la pobreza tienen trabajos de baja intensidad horaria; el n&uacute;mero de empleados pobres que trabajan menos de 20 horas aument&oacute; en un 50% entre 2008 y 2012, aunque la pobreza de los empleados se redujo. El subempleo es mayor entre los trabajadores pobres considerando la intensidad horaria<Sup><a href="#num10" name="nu10">10</a></Sup>, y mucho m&aacute;s considerando el ingreso. No sucede as&iacute; si se considera el subempleo por calificaci&oacute;n, que aument&oacute; notablemente, lo que est&aacute; vinculado al bajo nivel educativo de los trabajadores pobres.</p>      <p>La posici&oacute;n ocupacional de los trabajadores pobres (frente a los de hogares no pobres) revela que las ocupaciones t&iacute;picamente informales<Sup><a href="#num11" name="nu11">11</a></Sup> est&aacute;n asociadas a un bajo nivel de ingresos y a la pobreza<Sup><a href="#num12" name="nu12">12</a></Sup>. En 2012, el 61, 5% de los trabajadores pobres laboraba por cuenta propia, casi un 20% no era remunerado o era empleado dom&eacute;stico, y solo el 16, 8% era asalariado. Los cambios en la composici&oacute;n ocupacional del mercado laboral -ampliaci&oacute;n del trabajo por cuenta propia y reducci&oacute;n del trabajo asalariado- afectaron m&aacute;s a los trabajadores pobres, entre los cuales la participaci&oacute;n de los asalariados se redujo en un 33%. Los trabajadores por cuenta propia informales y los empleados dom&eacute;sticos tienen, en promedio, los ingresos laborales m&aacute;s bajos de todos los ocupados remunerados; en su mayor&iacute;a terminan emple&aacute;ndose en estas actividades para sobrevivir y como una salida a los problemas de desempleo, e incluso a las malas condiciones de trabajo en empleos dependientes. Dadas las insuficientes oportunidades de empleo asalariado formal, deben crear sus propias oportunidades de empleo independiente, obteniendo ingresos insuficientes para suplir sus necesidades b&aacute;sicas (Fields, 2012).</p>      <p>El an&aacute;lisis del tama&ntilde;o de la empresa confirma la asociaci&oacute;n entre ser trabajador pobre y el tipo de ocupaci&oacute;n; la mayor&iacute;a de los trabajadores pobres desempe&ntilde;a actividades en las que no hay dependencia y cuando existe se presenta en peque&ntilde;os establecimientos (sector informal); en 2012 solo el 5, 5% de ellos trabajaba en empresas con m&aacute;s de 30 empleados; entre los no pobres esa proporci&oacute;n era del 30%<Sup><a href="#num13" name="nu13">13</a></Sup>.</p>      <p>El sector de actividad indica la ubicaci&oacute;n de los trabajadores pobres en la estructura productiva. Como ya se observ&oacute;, la pobreza es mucho mayor en las zonas rurales, y esto se refleja en el hecho de que uno de cada tres trabajadores pobres trabaja en la agricultura. En las zonas urbanas, un elevado n&uacute;mero de trabajadores pobres se dedica al comercio, actividad con gran participaci&oacute;n de trabajadores por cuenta propia;, tambi&eacute;n es alta la proporci&oacute;n de trabajadores pobres en la construcci&oacute;n, donde las relaciones laborales suelen ser de car&aacute;cter informal.</p>      <p>La probabilidad de ser trabajador pobre se estim&oacute; en funci&oacute;n de variables sociodemogr&aacute;ficas, ocupacionales, rama de actividad y zona geogr&aacute;fica, para determinar el tipo de v&iacute;nculo y el peso de estos rasgos en la probabilidad de que un trabajador pertenezca a un hogar pobre. Se hicieron dos estimaciones para 2002 y 2012, una con un modelo lineal y otra con un modelo probit para verificar la consistencia de los resultados. Los resultados se presentan en el <a href="#cua6">cuadro 6</a>. La direcci&oacute;n de los efectos marginales de todas las variables coincide en ambos modelos, y en la mayor&iacute;a de las variables el efecto marginal del modelo lineal (coeficiente estimado) es similar al del modelo probit (calculado en las medias de las variables explicativas).</p>      <p align="center"><a name="cua6"></a><img src="img/revistas/rei/v17n32/v17n32a11c6.jpg"></p>      <p>La direcci&oacute;n del efecto de la edad y el sexo cambia en las estimaciones de 2002 y 2012, pero el efecto de la edad solo es significativo en las estimaciones de 2002, y es muy bajo. El efecto del sexo tambi&eacute;n cambia, y adem&aacute;s de ser muy bajo solo es significativo al 5% en la estimaci&oacute;n lineal de 2012. Estos resultados indican que son otras caracter&iacute;sticas personales las que m&aacute;s influyen en que los hogares de los trabajadores sean pobres; entre ellas el bajo nivel educativo, ser jefe de hogar, trabajar por cuenta propia o sin remuneraci&oacute;n, trabajar pocas horas a la semana, trabajar en la agricultura o la construcci&oacute;n, y vivir en pueblos peque&ntilde;os o en &aacute;reas rurales. El <a href="#cua6">cuadro 6</a> muestra que estos factores tienen efectos marginales apreciables y significativos en ambos modelos.</p>      <p>Entre 2002 y 2012 se redujo el efecto del nivel de educaci&oacute;n en la probabilidad de que un empleado sea pobre; en 2012 un bajo nivel de educaci&oacute;n ten&iacute;a mayor correlaci&oacute;n con la pertenencia a un hogar pobre, y aunque en 2012 es menor (por la mayor escolaridad de toda la poblaci&oacute;n), sigue siendo un aspecto distintivo de los trabajadores pobres; en promedio, un a&ntilde;o adicional de educaci&oacute;n, <i>ceteris paribus</i>, reduce la probabilidad de ser trabajador pobre entre 0, 0261 y 0, 0323. Como ya se indic&oacute; (<a href="#cua2">cuadros 2</a> y <a href="#cua5">5</a>), en los hogares pobres hay mayor dependencia econ&oacute;mica y el 51, 5% de los trabajadores de estos hogares son jefes de hogar; de all&iacute; la alta asociaci&oacute;n entre ser jefe de hogar y hogar pobre. Esa asociaci&oacute;n aument&oacute; en comparaci&oacute;n con la de ser c&oacute;nyuge y se redujo frente a la de otros miembros del hogar.</p>      <p>Aunque el efecto de trabajar por cuenta propia o sin remuneraci&oacute;n se redujo en esos diez a&ntilde;os, son las caracter&iacute;sticas ocupacionales m&aacute;s correlacionadas con la pobreza de los trabajadores, como indicaba el hecho de que m&aacute;s del 70% de los trabajadores pobres sean por cuenta propia o no remunerados. En el periodo de estudio no vari&oacute; el efecto, <i>ceteris paribus</i>, del sector de actividad; la agricultura y la construcci&oacute;n siguen siendo los sectores donde es mayor la probabilidad de ser trabajador de un hogar pobre tomando como referencia la industria manufacturera.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n se mostr&oacute; que el n&uacute;mero de trabajadores pobres que labora menos de 20 horas semanales aument&oacute; un 50% entre 2008 y 2012, y que gran parte de los que superaron el umbral de pobreza trabajaban tiempo completo o con alta intensidad horaria. Ese hecho se refleja en el cambio de magnitud del efecto marginal del n&uacute;mero de horas (manteniendo el signo negativo, es decir, un mayor n&uacute;mero de horas reduce la probabilidad de ser trabajador pobre); en el modelo lineal, ese efecto se multiplic&oacute; por cuatro y en el modelo probit por tres, lo que indica que cuanto m&aacute;s baja es la intensidad horaria mayor es la probabilidad de ser miembro de un hogar pobre, efecto que ha adquirido mayor relevancia.</p>      <p>Un resultado interesante de las estimaciones es que la influencia de vivir en zonas rurales en la probabilidad de ser trabajador informal no es tan grande como se esperar&iacute;a (dados los altos indicadores de pobreza de las zonas rurales frente a los de las zonas urbanas). A&uacute;n m&aacute;s notable es que el efecto marginal sobre la probabilidad de ser trabajador pobre (positivo tomando como referencia las ciudades principales), <i>ceteris paribus</i>, de vivir en el resto urbano sea de 4 a 5 veces mayor que el de vivir en el campo. Entre 2002 y 2012 el efecto de vivir en zonas rurales sobre la probabilidad de estar empleado y pertenecer a un hogar pobre se redujo, mientras que el de vivir en zonas urbanas peque&ntilde;as aument&oacute; (frente al de vivir en grandes ciudades). Esto indicar&iacute;a que la pobreza de los trabajadores rurales no se debe intr&iacute;nsecamente a la zona donde viven sino a caracter&iacute;sticas personales (como el bajo nivel educativo) y de la ocupaci&oacute;n (trabajar por cuenta propia o sin remuneraci&oacute;n); y que la pobreza rural est&aacute; m&aacute;s vinculada al tipo de actividad que desempe&ntilde;an los trabajadores rurales que a la ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica (el 65% de ellos se dedica a labores agr&iacute;colas, el 64% trabaja por cuenta propia y el 17% en trabajos familiares no remunerados).</p>      <p><font size="3"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>      <p>La pobreza se redujo sistem&aacute;ticamente en el pa&iacute;s entre 2002 y 2012, y a&uacute;n m&aacute;s en el caso de los empleados, de modo que los hogares con menor dependencia econ&oacute;mica fueron los que superaron el umbral de pobreza. Un factor de la pobreza de pa&iacute;ses en desarrollo es la falta de una protecci&oacute;n social m&iacute;nima que lleva a que los miembros de hogares pobres se empleen en trabajos de bajos salarios y baja productividad, informales o por cuenta propia. A diferencia de la relaci&oacute;n entre desempleo y pobreza que se encuentra en los pa&iacute;ses de altos ingresos, en los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina la pobreza guarda mayor relaci&oacute;n con el tipo de inserci&oacute;n laboral que con el desempleo (con matices entre pa&iacute;ses), aunque la tasa de desempleo es mucho mayor para los miembros de hogares pobres: en Colombia es del 16% y la de hogares no pobres es del 9%.</p>      <p>En Colombia, uno de cada cuatro trabajadores integra un hogar pobre, cifra que es mayor en las zonas rurales donde el 39% de los trabajadores es pobre y el ingreso de los pobres con respecto al umbral de pobreza es m&aacute;s bajo que en las ciudades. Del total de trabajadores pobres, el 24, 5% vive en las 13 ciudades principales, el 38% en el resto urbano y el 37, 5% en zonas rurales. Los trabajadores de las zonas rurales tienen mayores niveles de pobreza sea cual sea el indicador; esta diferencia, que se ha mantenido en la &uacute;ltima d&eacute;cada, se debe principalmente al tipo de empleo (trabajo por cuenta propia, familiar o no remunerado) y al sector econ&oacute;mico donde trabajan (agricultura).</p>      <p>Junto con la reducci&oacute;n de la pobreza de los trabajadores se redujo la influencia del nivel educativo y de algunos tipos de empleo (cuenta propia y no remunerado) en la probabilidad de ser trabajador pobre, y aument&oacute; el efecto de las ocupaciones de baja intensidad horaria y del subempleo horario. No obstante, los trabajadores de hogares pobres mantienen ciertas caracter&iacute;sticas: bajo nivel educativo, vivir en pueblos peque&ntilde;os y en zonas rurales, trabajar por cuenta propia o sin remuneraci&oacute;n, trabajar pocas horas a la semana, y en el sector agr&iacute;cola o en la construcci&oacute;n. Las actividades t&iacute;picamente informales est&aacute;n asociadas a los niveles de pobreza dentro de los trabajadores; el 61, 5% de los trabajadores pobres tiene empleos por cuenta propia, el 11% no es remunerado, el 8, 2% es empleado dom&eacute;stico y la mayor parte de los asalariados trabaja en establecimientos peque&ntilde;os. Sin embargo, se necesita explorar con mayor profundidad el v&iacute;nculo entre la pobreza y la inserci&oacute;n laboral de los trabajadores de hogares pobres en actividades y empleos informales.</p>  <hr>      <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      <p><Sup><a href="#num1" name="nu1">1</a></Sup> Aunque a veces la referencia sea la vivienda y no los hogares, como cuando se mide por necesidades b&aacute;sicas insatisfechas.</p>      <p><Sup><a href="#nu2" name="num2">2</a></Sup> En algunos enfoques la situaci&oacute;n laboral y la pobreza se vinculan a un bajo nivel de remuneraciones y no directamente al estatus de pobreza del hogar correspondiente. Para Marx y Verbist (1998) un trabajador con bajo salario es aquel que trabaja tiempo completo todo el a&ntilde;o y recibe menos del 66% del salario mediano de todos los trabajadores de tiempo completo en ese a&ntilde;o. Y proponen una medida relativa de la pobreza: es pobre un hogar cuyo ingreso familiar equivalente es un50% menor que el promedio del ingreso familiar equivalente del total de hogares.</p>      <p><Sup><a href="#nu3" name="num3">3</a></Sup> Seg&uacute;n Fields (2012), en el mundo el problema del empleo es mayor que el del desempleo: mientras que hay 200 millones de desempleados, 900 millones de trabajadores tienen un ingreso tan bajo que no cubre las condiciones de vida m&iacute;nimas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu4" name="num4">4</a></Sup> Los intervalos de confianza indican que la reducci&oacute;n a&ntilde;o a a&ntilde;o de todos los indicadores de pobreza es estad&iacute;sticamente significativa.</p>      <p><Sup><a href="#nu5" name="num5">5</a></Sup> O resto urbano: zonas densamente pobladas dentro del per&iacute;metro urbano municipal.</p>      <p><Sup><a href="#nu6" name="num6">6</a></Sup> La distribuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n var&iacute;a seg&uacute;n el a&ntilde;o, entre el 46% y el 49% en las 13 ciudades principales, entre el 27% y el 29% en el resto urbano y entre el22% y el 25% en zonas rurales.</p>      <p><Sup><a href="#nu7" name="num7">7</a></Sup> Como se muestra m&aacute;s adelante, la mayor diferencia entre la pobreza urbana y la rural en el caso de los empleados obedece m&aacute;s a las caracter&iacute;sticas del trabajo que a factores geogr&aacute;ficos.</p>      <p><Sup><a href="#nu8" name="num8">8</a></Sup> En esta zona, a diferencia de las otras, la participaci&oacute;n en todos los indicadores de pobreza es similar, del 32% en 2002 y del 38% en 2012.</p>      <p><Sup><a href="#nu9" name="num9">9</a></Sup> Los datos de antig&uuml;edad solo se tienen en forma continua desde 2008 y no se presentan en el cuadro 5. La diferencia mencionada se estim&oacute; para 2012.</p>      <p><Sup><a href="#nu10" name="num10">10</a></Sup> Un subempleado por ingreso, calificaci&oacute;n u horario es aquel que dice querer cambiar de ocupaci&oacute;n por el motivo respectivo y est&aacute; disponible para ocupar otro empleo. En el subempleo horario debe, adem&aacute;s, trabajar menos de 48 horas a la semana.</p>      <p><Sup><a href="#nu11" name="num11">11</a></Sup> Sector/actividad/empleo, ver Portes y Haller (2004) y Perry et al. (2007).</p>      <p><Sup><a href="#nu12" name="num12">12</a></Sup> Ver Cecchini y Uthoff (2008) y Beccaria y Groisman (2008).</p>      <p><Sup><a href="#nu13" name="num13">13</a></Sup> Igual que en el caso de la antig&uuml;edad, no se tienen datos del tama&ntilde;o del establecimiento para todos los meses de 2002, por ello esa informaci&oacute;n no se incluye en el <a href="#cua5">cuadro 5</a>.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Alkire, S. y J. Foster. &quot;Counting and multidimensional poverty measurement&quot;, OPHI working paper series 32, Oxford, University of Oxford, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0124-5996201500010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Beccaria, L. y F. Groisman. &quot;Informalidad y pobreza en Argentina&quot;, <i>Investigaci&oacute;n Econ&oacute;mica</i> LXVII, 266, 2008, pp.135-169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0124-5996201500010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Banerjee, A. y E. Duflo. <i>Poor economics</i>, Nueva York, Public Affairs, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0124-5996201500010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Cecchini, S. y A. Uthoff. &quot;Poverty and employment in Latin America:1990-2005&quot;, <i>Cepal Review</i> 94, 2008, pp. 41-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-5996201500010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Cepal. <i>Panorama social de Am&eacute;rica Latina 2012</i>, Cepal, Santiago de Chile, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-5996201500010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Cruces, G. y L. Gasparini. &quot;Pol&iacute;ticas sociales para la reducci&oacute;n de la desigualdad y la pobreza en Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Diagn&oacute;stico, propuesta y proyecciones en base a la experiencia reciente&quot;, documento de trabajo 142, CEDLAS, La Plata, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-5996201500010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Dane. &quot;Pobreza monetaria y multidimensional en Colombia 2012&quot;, Bolet&iacute;n de Prensa, Bogot&aacute;, 2013a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-5996201500010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Dane. &quot;Gran Encuesta Integrada de Hogares. Microdatos anonimizados&quot;, 2013b, &#91;<a href="http://www.dane.gov.co" target="_blank">http://www.dane.gov.co</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-5996201500010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p>9. Fields, G. &quot;Challenges and policy lessons for the growth-employment poverty nexus in developing countries&quot;, <i>IZA</i> <i>Journal of Labor Policy</i> 1, 6, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-5996201500010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. Foster, J.; J. Greer y E. Thorbecke. &quot;A class of decomposable poverty measures&quot;, <i>Econometrica</i> 52, 3, 1984, pp. 761-766.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-5996201500010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Gasparini, L.; M. Cicowiez y W. Sosa E. <i>Pobreza y desigualdad en Am&eacute;ricaLatina. Conceptos, herramientas y aplicaciones</i>, Buenos Aires, Temas, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-5996201500010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. GEEP. &quot;Compendio de mejores pr&aacute;cticas en la medici&oacute;n de la pobreza&quot;, Grupo de Expertos en Estad&iacute;sticas de Pobreza, Grupo de R&iacute;o, Santiago de Chile, Cepal, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-5996201500010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. Majid, N. &quot;The working poor in developing countries&quot;, <i>International Labour Review</i> 140, 3, 2001, pp.271-291.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-5996201500010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>14. Marx, I. y G. Verbist. &quot;Low-paid work and poverty: A cross-country perspective&quot;, S. Baze, M. Gregory y W. Salverda, eds., <i>Low-wage employment in Europe</i>, Cheltenham, Edward Elgar, 1998, pp. 63-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996201500010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Medina, F. y M. Galv&aacute;n. &quot;Crecimiento econ&oacute;mico, pobreza y distribuci&oacute;n del ingreso. Fundamentos te&oacute;ricos y evidencia emp&iacute;rica para Am&eacute;rica Latina, 1997-2007&quot;, Serie Estudios Estad&iacute;sticos 82, Santiago de Chile, Cepal, 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996201500010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. MESEP. &quot;Pobreza monetaria en Colombia: nueva metodolog&iacute;a y cifras2002-2010&quot;, Bogot&aacute;, Dane-DNP, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996201500010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>17. Perry, G.; W. Maloney, O. Arias et al., 	<i>Informalidad: escape y exclusi&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Banco Mundial, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996201500010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>18. Ponthieux, S. y P. Concialdi. &quot;Bajos salarios y trabajadores pobres: una comparaci&oacute;n entre Francia y Estados Unidos&quot;, <i>Cuadernos de Relaciones Laborales</i> 18, 2001, pp. 173-203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996201500010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>19. Portes, A. y W. Haller. &quot;La econom&iacute;a informal&quot;, Santiago de Chile, Cepal, Serie pol&iacute;ticas sociales No. 100, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996201500010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>20. S&aacute;nchez, R. &quot;Balance y caracter&iacute;sticas del mercado de trabajo y generaci&oacute;n de empleo en Colombia 2002-2010&quot;, <i>Apuntes del Cenes</i> 32, 55, 2013, pp. 93-124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996201500010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alkire]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Foster]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Counting and multidimensional poverty measurement]]></source>
<year>2009</year>
<volume>32</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Oxford]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beccaria]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Groisman]]></surname>
<given-names><![CDATA[F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Informalidad y pobreza en Argentina]]></article-title>
<source><![CDATA[Investigación Económica]]></source>
<year>2008</year>
<volume>LXVII</volume>
<numero>266</numero>
<issue>266</issue>
<page-range>135-169</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Banerjee]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Duflo]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Poor economics]]></source>
<year>2011</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Public Affairs]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cecchini]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Uthoff]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Poverty and employment in Latin America: 1990-2005]]></article-title>
<source><![CDATA[Cepal Review]]></source>
<year>2008</year>
<volume>94</volume>
<page-range>41-56</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Cepal</collab>
<source><![CDATA[Panorama social de América Latina 2012]]></source>
<year>2013</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cepal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cruces]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gasparini]]></surname>
<given-names><![CDATA[L.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Políticas sociales para la reducción de la desigualdad y la pobreza en América Latina y el Caribe. Diagnóstico, propuesta y proyecciones en base a la experiencia reciente]]></source>
<year>2013</year>
<publisher-loc><![CDATA[La Plata ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CEDLAS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>Dane</collab>
<source><![CDATA[Pobreza monetaria y multidimensional en Colombia 2012]]></source>
<year>2013</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Boletín de Prensa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="">
<collab>Dane</collab>
<source><![CDATA[Gran Encuesta Integrada de Hogares. Microdatos anonimizados]]></source>
<year>2013</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Fields]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Challenges and policy lessons for the growth-employment poverty nexus in developing countries]]></article-title>
<source><![CDATA[IZA Journal of Labor Policy]]></source>
<year>2012</year>
<volume>1</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foster]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Greer]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Thorbecke]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[A class of decomposable poverty measures]]></article-title>
<source><![CDATA[Econometrica]]></source>
<year>1984</year>
<volume>52</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>761-766</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gasparini]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cicowiez]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[W. Sosa]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Pobreza y desigualdad en AméricaLatina. Conceptos, herramientas y aplicaciones]]></source>
<year>2013</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Temas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>GEEP</collab>
<source><![CDATA[Compendio de mejores prácticas en la medición de la pobreza]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cepal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Majid]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The working poor in developing countries]]></article-title>
<source><![CDATA[International Labour Review]]></source>
<year>2001</year>
<volume>140</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>271-291</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marx]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Verbist]]></surname>
<given-names><![CDATA[G.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Low-paid work and poverty: A cross-country perspective]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Baze]]></surname>
<given-names><![CDATA[S.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gregory]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Salverda]]></surname>
<given-names><![CDATA[W.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Low-wage employment in Europe]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>63-86</page-range><publisher-loc><![CDATA[Cheltenham ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Edward Elgar]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Medina]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Galván]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Crecimiento económico, pobreza y distribución del ingreso. Fundamentos teóricos y evidencia empírica para América Latina, 1997-2007]]></source>
<year>2014</year>
<volume>82</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cepal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>MESEP</collab>
<source><![CDATA[Pobreza monetaria en Colombia: nueva metodología y cifras2002-2010]]></source>
<year>2012</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dane-DNP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Perry]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Maloney]]></surname>
<given-names><![CDATA[W.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Arias]]></surname>
<given-names><![CDATA[O.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Informalidad: escape y exclusión]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Banco Mundial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ponthieux]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Concialdi]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Bajos salarios y trabajadores pobres: una comparación entre Francia y Estados Unidos]]></article-title>
<source><![CDATA[Cuadernos de Relaciones Laborales]]></source>
<year>2001</year>
<volume>18</volume>
<page-range>173-203</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Portes]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Haller]]></surname>
<given-names><![CDATA[W.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La economía informal]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cepal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sánchez]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Balance y características del mercado de trabajo y generación de empleo en Colombia 2002-2010]]></article-title>
<source><![CDATA[Apuntes del Cenes]]></source>
<year>2013</year>
<volume>32</volume>
<numero>55</numero>
<issue>55</issue>
<page-range>93-124</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
