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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.12" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.12</a></p>      <p>Cl&aacute;sicos</p>       <p align="center"><font size="4"><b>CARTAS DEL PA&Ntilde;ERO</b></font></p>      <p align="center"><i>Jonathan Swift</i>*</p>      <p>* En 1724, Jonathan Swift redact&oacute; siete cartas contra el proyecto de acu&ntilde;aci&oacute;n de moneda de William Wood, firmadas por M. B. Drapier, que se conocen como &ldquo;Cartas del pa&ntilde;ero&rdquo;, y cuatro escritos adicionales. Las dos cartas que publicamos se tomaron de <i>The works of the Rev. Jonathan Swift</i>, vol. 9, &ldquo;Drapier&rsquo;s letters&rdquo;, J. Nichols, ed., Londres, Baldwin and Son. Printers, 1801. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Por los buenos oficios de Alberto Castrill&oacute;n, miembro de nuestro comit&eacute; editorial, el traductor pudo consultar tard&iacute;amente la traducci&oacute;n de Ar&aacute;nzazu Usandizaga, publicada por Bosch en 1982, en su colecci&oacute;n de textos biling&uuml;es, que le ayud&oacute; a precisar algunas interpretaciones y a enmendar errores.</p>      <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Swift, J. &ldquo;Cartas del Pa&ntilde;ero&rdquo;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 17(32), 2015, pp. 351-374. DOI: 10.18601/01245996.v17n32.12</p>      <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 2 de febrero de 2015, fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de abril de 2015</p>  <hr>      <p align="center"><font size="4"><b>A los comerciantes, tenderos, agricultores y al pueblo en general del Reino de Irlanda    <br>  (Primera carta)</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>En 1722, cuando Carlos duque de Grafton era virrey de Irlanda, William Wood, un ferretero en bancarrota, alegando la gran necesidad de monedas de cobre en ese reino, se procur&oacute; una patente para acu&ntilde;ar 108.000 libras, con el fin de que circularan como moneda corriente. El de&aacute;n pens&oacute; que esta medida era una tarea vil de principio a fin y que quienes se hab&iacute;an procurado la patente se repartir&iacute;an los beneficios que provendr&iacute;an de la ruina del reino, y asumi&oacute; la personalidad de un pa&ntilde;ero, M. B. Drapier. En las siguientes cartas advirti&oacute; al pueblo que no recibiera la moneda que se le enviar&iacute;a &#91;Nota de los editores de la edici&oacute;n de 1801&#93;.</p> </blockquote>      <p>Hermanos, amigos, compatriotas y compa&ntilde;eros s&uacute;bditos. Lo que hoy pretendo deciros es, junto a vuestro deber con Dios y el cuidado de vuestra salvaci&oacute;n, del mayor inter&eacute;s para vosotros y vuestros hijos, pues vuestro pan, vuestro vestuario y toda necesidad com&uacute;n de la vida dependen totalmente de ello. Por lo tanto, os exhorto encarecidamente, como hombres, como cristianos, como padres y como amantes de vuestro pa&iacute;s, a leer este escrito con la mayor atenci&oacute;n o a que pid&aacute;is a otras personas que os lo lean. Para que pod&aacute;is hacerlo con el menor gasto orden&eacute; al impresor que lo venda a un precio m&iacute;nimo.</p>      <p>Es un gran yerro que cuando una persona escribe sin otra intenci&oacute;n que haceros el bien no os tom&eacute;is la molestia de leer sus consejos. Una copia de este escrito puede servir para una docena de vosotros, as&iacute; cuesta menos de un cuarto de penique por cabeza. Es una locura que no teng&aacute;is en mente el inter&eacute;s com&uacute;n o general, ni aun el m&aacute;s sensato de vosotros, ni sep&aacute;is ni averig&uuml;&eacute;is ni os importe qui&eacute;nes son vuestros amigos o vuestros enemigos.</p>      <p>Hace unos cuatro a&ntilde;os se escribi&oacute; un librito que aconsejaba a todas las personas que usaran las manufacturas de este, nuestro querido pa&iacute;s<Sup><a href="#num1" name="nu1">1</a></Sup>. No ten&iacute;a otro designio, nada dec&iacute;a contra el rey ni el parlamento, ni contra ninguna otra persona; pero el pobre impresor estuvo sometido a juicio durante dos a&ntilde;os con la mayor violencia, e incluso algunos tejedores, en cuyo bien fue escrito, que eran parte del jurado, lo declararon culpable. Esto ser&iacute;a suficiente para desanimar a cualquier hombre que se empe&ntilde;e en haceros el bien, cuando lo abandon&aacute;is u os burl&aacute;is de sus penalidades, y solo le cabe esperar el peligro de ser multado y encarcelado, quiz&aacute; hasta arruinarse.</p>      <p>Sin embargo, no puedo dejar de advertiros una vez m&aacute;s el desastre que os espera si no obr&aacute;is como deb&eacute;is.</p>      <p>Por ello, primero os contar&eacute; la historia llana del hecho y despu&eacute;s os mostrar&eacute; c&oacute;mo deb&eacute;is obrar, con sentido com&uacute;n y conforme a las leyes de vuestro pa&iacute;s.</p>      <p>El hecho es este: como hace muchos a&ntilde;os se acu&ntilde;aron los &uacute;ltimos medios peniques y cuartos de penique de cobre en este reino, desde hace ya alg&uacute;n tiempo son muy escasos y circulan muchas monedas falsas con el nombre de <i>rap</i>, se ha pedido varias veces a Inglaterra que nos d&eacute; libertad para acu&ntilde;ar monedas nuevas, como hac&iacute;amos en tiempos anteriores; sin tener &eacute;xito. Al fin, un tal se&ntilde;or Wood, un hombre com&uacute;n y corriente, ferretero, se procur&oacute; una patente con el gran sello de Su Majestad para acu&ntilde;ar 108.000 libras en cobre para este reino; aunque la patente no obligaba a nadie a aceptarlas, a menos que quisiera. Ahora deb&eacute;is saber que el medio penique y los cuartos de penique circulan en Inglaterra por un poco m&aacute;s de lo que valen; y si los hicieseis pedazos y los vendieseis al chatarrero no perder&iacute;ais m&aacute;s de un penique por chel&iacute;n. Pero como el se&ntilde;or Wood hizo sus medios peniques con metal com&uacute;n y mucho m&aacute;s peque&ntilde;os que los ingleses, el chatarrero apenas os dar&iacute;a m&aacute;s de un penique de buena moneda por uno de sus chelines; as&iacute;, esta suma de 108.000 libras, en buen oro y buena plata, no es m&aacute;s que basura pues no tendr&aacute; un valor real de m&aacute;s de 8 o 9 mil libras. Y esto no es lo peor, pues cuando le plazca, el se&ntilde;or Wood puede enviar a hurtadillas otras 108.000 libras y comprar todos nuestros bienes por once doceavos menos de su valor. Por ejemplo, si un sombrerero vende una docena de sombreros a cinco chelines la pieza, lo que equivale a tres libras, y recibe el pago en la moneda de Wood, en realidad solo recibe el valor de cinco chelines.</p>      <p>Quiz&aacute; os pregunt&eacute;is por qu&eacute; una persona tan com&uacute;n y corriente como este se&ntilde;or Wood pudo ganar influjo para obtener el gran sello de Su Majestad y enviar tan alta suma de dinero malo a este pobre pa&iacute;s, y que nuestra nobleza y nuestra alta clase no hayan podido obtener ese favor y se nos deje hacer nuestros propios medios peniques, como sol&iacute;amos hacer. Os responder&eacute; llanamente: estamos lejos de la corte del rey y no tenemos a nadie que vele por nosotros, aunque un gran n&uacute;mero de lores y se&ntilde;ores irlandeses que tienen aqu&iacute; sus propiedades viven y gastan all&iacute; su fortuna. En cambio, el se&ntilde;or Wood cuida continuamente su propio inter&eacute;s; es ingl&eacute;s, tiene grandes amigos y, al parecer, supo muy bien a quienes dar dinero para que hablaran con otros que intercediesen por &eacute;l ante el rey. Y Su Majestad, o el gran Lord o los lores que lo aconsejaron, quiz&aacute; creyeron que era algo ben&eacute;fico para nuestro pa&iacute;s; y as&iacute;, como lo expresan los abogados, el rey concedi&oacute; la patente con enga&ntilde;o, como suele suceder en todos los reinos. Estoy seguro de que si Su Majestad supiese que si dicha patente se llevara a efecto seg&uacute;n el deseo del se&ntilde;or Wood arruinar&iacute;a completamente a este reino, que tan grandes pruebas de lealtad le ha dado, la revocar&iacute;a de inmediato y mostrar&iacute;a su disgusto con alguno de sus cortesanos, porque al buen entendedor le bastan pocas palabras. Muchos de vosotros os habr&eacute;is enterado de que nuestra honorable C&aacute;mara de los Comunes recibi&oacute; con indignaci&oacute;n el aviso de la patente de Wood. All&iacute; se presentaron buenos argumentos y pruebas claras de que era una trampa enga&ntilde;osa de principio a fin, y despu&eacute;s se publicaron unas declaraciones inteligentes a las que Wood se atrevi&oacute; a responder tambi&eacute;n por escrito, con tono arrogante, como si fuese un hombre mejor que todos los de nuestro parlamento.</p>      <p>Tan pronto se aprob&oacute; su patente, o algo despu&eacute;s, Wood envi&oacute; en barriles esos medios peniques a Corck y a otros puertos de mar, y para ponerlos en circulaci&oacute;n ofreci&oacute; cien libras de su moneda a cambio de setenta u ochenta de plata: pero los recaudadores de la aduana del rey muy honestamente se negaron a aceptarlos, como se negaron casi todos los dem&aacute;s. Y puesto que el parlamento los reprob&oacute; y pide al rey que impida su circulaci&oacute;n, todo el reino los repudia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero Wood sigue obrando a hurtadillas para imponernos sus medios peniques, y cree que lograr&aacute; su prop&oacute;sito si con ayuda de sus amigos de Inglaterra logra conseguir una orden para que los comisionados y los recaudadores del tesoro real los reciban y con ellos se pague al ej&eacute;rcito. En tal caso afrontar&eacute;is la siguiente dificultad: cuando un soldado com&uacute;n vaya al mercado o a la taberna ofrecer&aacute; estas monedas, y si se las rechazan tal vez lance bravatas e intimidaciones y amenace con golpear al carnicero o al tabernero o llevarse los bienes a la fuerza, y les arroje los medios peniques malos. En este caso y en casos parecidos, el tendero, el proveedor o cualquier otro comerciante no puede hacer m&aacute;s que exigir diez veces el precio de sus bienes cuando se pagan con la moneda de Wood; por ejemplo, veinte peniques en esa moneda por un cuarto de gal&oacute;n de cerveza y as&iacute; en todo lo dem&aacute;s, sin entregar los bienes hasta que se reciba el dinero.</p>      <p>Suponed que vais a la taberna con esas monedas y que el propietario os da un cuarto de gal&oacute;n por cuatro de esos medios peniques: &iquest;qu&eacute; har&aacute; el proveedor? El cervecero no aceptar&aacute; que le pague con esas monedas, o si es tan necio que las acepta los agricultores no se las recibir&aacute;n a cambio de su cebada, porque su contrato los obliga a pagar la renta en moneda inglesa buena y legal, y estas no lo son, como tampoco las de Irlanda; y el terrateniente, su se&ntilde;or, nunca ser&aacute; tan c&aacute;ndido que acepte esa basura por sus tierras; de modo que dejar&aacute; de circular en alguna parte, no importa d&oacute;nde pues todos estaremos en la ruina.</p>      <p>El peso com&uacute;n de estos medios peniques es de cuatro a cinco por onza, digamos cinco; as&iacute;, tres chelines y cuatro peniques pesar&aacute;n una libra y, por tanto, veinte chelines pesar&aacute;n el equivalente a seis libras de dieciocho onzas. Ahora bien, cientos de agricultores pagan doscientas libras de renta al a&ntilde;o, y cuando uno de ellos vaya a pagar la renta de medio a&ntilde;o, cien libras, tendr&aacute; al menos seiscientas libras de peso, la carga de tres caballos.</p>      <p>Si un terrateniente piensa venir a la ciudad a comprar ropas, vino y especias para &eacute;l y su familia, o a pasar aqu&iacute; el invierno, tendr&aacute; que traer cinco o seis caballos cargados de sacos, as&iacute; como los agricultores traen su grano, y cuando su se&ntilde;ora venga en carruaje a nuestras tiendas, tendr&aacute; que seguirla un coche repleto de monedas del se&ntilde;or Wood. Y espero que tengamos la gentileza de no aceptarlas por m&aacute;s de lo que valen.</p>      <p>Dicen que William Conolly<Sup><a href="#num2" name="nu2">2</a></Sup> obtiene 16.000 libras al a&ntilde;o; si env&iacute;a su renta a la ciudad, como es probable que lo haga, necesitar&aacute; 250 caballos para cargar la renta de medio a&ntilde;o, y dos o tres bodegas grandes en su casa para almacenarla. No puedo decir qu&eacute; har&aacute;n los banqueros, pues me aseguran que algunos grandes banqueros mantienen 40.000 libras en moneda constante y sonante para cumplir todos los pagos; suma que, en la moneda del se&ntilde;or Wood, requerir&iacute;a 1.200 caballos para cargarla.</p>      <p>Por mi parte, ya resolv&iacute; qu&eacute; hacer: tengo una buena tienda de pa&ntilde;os y sedas irlandesas, y en vez de aceptar el cobre malo del se&ntilde;or Wood, pienso intercambiar bienes por bienes con mis vecinos, los carniceros, panaderos y cerveceros, y con todos los dem&aacute;s. Y  conservar la peque&ntilde;a cantidad de oro y plata que poseo como la sangre de mi coraz&oacute;n hasta tiempos mejores o hasta que est&eacute; a punto de morir de hambre; entonces comprar&eacute; la moneda del se&ntilde;or Wood como hizo mi padre con la moneda de bronce en tiempos del rey Jaime, que pudo comprar diez libras de esa moneda con una guinea. Yo espero obtener mucho m&aacute;s por un dobl&oacute;n de oro y as&iacute; comprar pan a quienes sean lo bastante necios para vend&eacute;rmelo.</p>      <p>Si estos medios peniques llegasen a circular pronto ser&aacute;n falsificados, porque el metal es tan bajo que es muy barato falsificarlos. Es  probable que los holandeses hagan lo mismo y nos los env&iacute;en en pago de nuestros bienes; el se&ntilde;or Wood nunca tendr&aacute; reposo y seguir&aacute; acu&ntilde;ando, de modo que en algunos a&ntilde;os tendremos al menos 108.000 libras multiplicadas por cinco de esta chatarra. Se presume que la moneda que hoy circula en este reino no pasa de 400.000 libras en total, y mientras quede una moneda de plata de seis peniques estos chupasangres no tendr&aacute;n reposo.</p>      <p>Os dir&eacute; cu&aacute;l ser&aacute; el final una vez el reino sea reducido a dicha situaci&oacute;n: los due&ntilde;os de tierras desalojar&aacute;n a sus arrendatarios por falta de pago, porque, como os dije antes, estos est&aacute;n obligados a pagar el arrendamiento en libras esterlinas, la moneda de circulaci&oacute;n legal en Inglaterra. Luego expulsar&aacute;n a sus propios agricultores, como muchos ya lo hacen, criar&aacute;n ovejas donde puedan y solo conservar&aacute;n el resto de ganado necesario, luego se convertir&aacute;n en sus propios comerciantes y enviar&aacute;n su lana y su mantequilla, sus cueros y su lino allende el mar, a cambio de dinero en met&aacute;lico, vino, especias y sedas. Solo mantendr&aacute;n algunos aldeanos miserables. Los agricultores tendr&aacute;n que robar o mendigar, o irse del pa&iacute;s. Los tenderos de este y de todos los pueblos quebrar&aacute;n y morir&aacute;n de hambre, porque el due&ntilde;o de la tierra es el que mantiene al comerciante, al tendero y al artesano.</p>      <p>Pero cuando el terrateniente se convierta en agricultor y comerciante, atesorar&aacute; toda la moneda buena que reciba del extranjero para enviarla a Inglaterra, y en su casa apenas mantendr&aacute; un tejedor o un sastre pobre o alguien semejante, que estar&aacute; feliz de conseguir pan sea como sea.</p>      <p>Jam&aacute;s acabar&iacute;a si os dijera todas las miserias que sufriremos si fu&eacute;semos tan necios y obtusos que acept&aacute;semos esta moneda maldita. Si toda Irlanda se pusiese en un lado de la balanza y este lamentable Wood en el otro ser&iacute;a muy dif&iacute;cil que &eacute;l pesara lo que pesa el reino entero, que cada a&ntilde;o pone en los bolsillos de Inglaterra m&aacute;s de 1.000.000 en libras de buena moneda, m&aacute;s de lo que los ingleses se embolsillan del resto del mundo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero vuestro gran consuelo es que as&iacute; como la patente de Su Majestad no os obliga a aceptar esta moneda, las leyes no le han dado a la corona el poder para obligar a sus s&uacute;bditos a aceptar la moneda que al rey le plazca. Si no fuese as&iacute; se nos podr&iacute;a obligar a aceptar pedruscos, conchas marinas o cuero con sellos como moneda corriente si alguna vez tuvi&eacute;semos que vivir bajo el gobierno de un mal pr&iacute;ncipe, que si tuviese ese poder, podr&iacute;a hacer pasar una guinea por diez libras, un chel&iacute;n por veinte chelines, etc., con lo que en corto tiempo se apoderar&iacute;a de todo el oro y la plata del reino, sin dejarnos m&aacute;s que bronce o cuero, o lo que le placiera. Nada se considera m&aacute;s cruel y opresivo que la pr&aacute;ctica com&uacute;n del gobierno franc&eacute;s de recoger toda su moneda despu&eacute;s de depreciarla mucho y luego acu&ntilde;ar una nueva a un valor mayor. Esta pr&aacute;ctica es, sin embargo, mil veces menos perversa que este repudiable proyecto del se&ntilde;or Wood, porque los franceses dan plata por plata y oro por oro a sus s&uacute;bditos, mientras que este individuo ni siquiera nos dar&aacute; bronce o cobre de buena aleaci&oacute;n por nuestro oro y nuestra plata, ni a la doceava parte de su valor.</p>      <p>Luego de haberos dicho todo esto, ahora os transmitir&eacute; el concepto de algunos eminentes abogados sobre esta materia, a quienes pagu&eacute; en vuestro provecho para que me dieran sus opiniones por escrito; por ello estoy seguro que os expondr&eacute; razones bien fundamentadas.</p>      <p>Un famoso libro de derecho, llamado <i>El espejo de la justicia</i>, que trata de las cartas (o leyes) promulgadas por nuestros antiguos reyes, describe as&iacute; la ley: orden&oacute; que ning&uacute;n rey de este dominio podr&iacute;a cambiar o deteriorar la moneda, o estampar otra moneda que no fuera de oro o plata, sin el consentimiento de todos los condados; es decir, sin consentimiento del parlamento, como dice Lord Coke<Sup><a href="#num3" name="nu3">3</a></Sup>.</p>      <p>Este libro es muy antiguo, y de gran autoridad en la &eacute;poca en que fue escrito; por esa raz&oacute;n lo cita a menudo el gran abogado Lord Coke<Sup><a href="#num4" name="nu4">4</a></Sup>. Por las leyes de Inglaterra los diversos metales se dividen en metales legales o verdaderos, y metales ilegales o falsos; los primeros comprenden la plata y el oro; los segundos, los metales m&aacute;s viles. La orden de que solo los primeros se empleen en los pagos figura en un acta del parlamento<Sup><a href="#num5" name="nu5">5</a></Sup>, aprobada el vig&eacute;simo a&ntilde;o del reinado de Eduardo I, llamada &ldquo;Estatuto sobre la circulaci&oacute;n de peniques&rdquo;, que aqu&iacute; os presento traducida a nuestra lengua pues, como me han dicho, algunas de nuestras leyes de aquel tiempo se escribieron en lat&iacute;n: &ldquo;Quienquiera que al comprar o vender ose rechazar medio penique o un cuarto de penique de moneda legal, que tenga el sello que ha de llevar, ser&aacute; apresado por desacato a la majestad del rey, y llevado a prisi&oacute;n&rdquo;.</p>      <p>Conforme a este estatuto, solo se puede considerar que una persona desacata la majestad del rey, y enviarla a prisi&oacute;n por ese crimen, si se niega a aceptar la moneda real hecha de metal legal, que como observ&eacute; antes solo comprende la plata y el oro.</p>      <p>Que esta es la verdadera interpretaci&oacute;n del acta es evidente no solo en el significado llano de las palabras, sino en el comentario de Lord Coke sobre el acta<Sup><a href="#num6" name="nu6">6</a></Sup>. Seg&uacute;n esta ley (dice &eacute;l), es claro que ning&uacute;n s&uacute;bdito puede ser obligado a aceptar, en una compra o una venta o en otros pagos, una moneda que no sea de metal legal, es decir, de plata o de oro.</p>      <p>La ley de Inglaterra da al rey todas las minas de oro y plata, pero no las minas de otros metales; como explica Lord Coke<Sup><a href="#num7" name="nu7">7</a></Sup>, la raz&oacute;n de esa prerrogativa o poder es que se pueden hacer monedas de oro y plata pero no de otros metales.</p>      <p>Conforme a esta opini&oacute;n, los medios peniques y los cuartos de penique antiguamente se hac&iacute;an de plata, lo que es evidente en el acta del parlamento del reinado de Enrique IV, cap. 4, por la cual se aprob&oacute; el siguiente art&iacute;culo: &ldquo;Debido a la gran escasez de medios peniques y cuartos de penique de plata que hoy se presenta en el reino de Inglaterra, se ordena y se decreta que la tercera parte de toda la moneda de chapa de plata se lleve a lingotes y se convierta en medios peniques y cuartos de penique&rdquo;. Esto demuestra que las palabras medio penique y cuarto de penique de moneda legal del estatuto sobre la circulaci&oacute;n de peniques se refieren a una peque&ntilde;a moneda de medio penique y de un cuarto de penique de plata.</p>      <p>Esto es a&uacute;n m&aacute;s manifiesto en el estatuto del noveno a&ntilde;o de reinado de Eduardo III, cap. 3, que promulg&oacute;: &ldquo;Ni los plateros ni ninguna otra persona pueden fundir medios peniques ni cuartos de penique para hacer vasijas u otros objetos, so pena de confiscaci&oacute;n de la moneda fundida&rdquo;.</p>      <p>Por medio de otra ley de este reinado, la moneda negra no pod&iacute;a circular en Inglaterra. Y una ley del decimo primer a&ntilde;o de su reinado, cap. 5, prohibi&oacute; la circulaci&oacute;n de los medios peniques de galeras. No s&eacute; qu&eacute; clase de monedas eran esas, pero supongo que estaban hechas de metal vil. Y estas leyes no eran leyes nuevas, sino ampliaciones de las antiguas leyes concernientes a la moneda.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta es la ley en vigor con respecto a la moneda, y no hay ejemplos que la contradigan, salvo uno en los Informes de Davis, quien nos cuenta que en la &eacute;poca de la rebeli&oacute;n de Tyrone, la reina Isabel orden&oacute; acu&ntilde;ar moneda de aleaciones de metal en la Torre de Londres y enviarla aqu&iacute; para pagar al ej&eacute;rcito, y que se obligara a todo el pueblo a recibirla; dispuso adem&aacute;s que toda moneda de plata solo se valorara en lingotes, es decir, por lo que pesaba. Davis nos cuenta varios detalles de este asunto, pero son demasiado largos y no os quiero fatigar; entre ellos que el consejo privado de este reino oblig&oacute; a un comerciante de Inglaterra a recibir esta moneda de aleaci&oacute;n en pago de algunos bienes que envi&oacute; a Irlanda.</p>      <p>Pero los mejores abogados rechazan este procedimiento; como es contrario a la ley, el consejo privado no tiene esa facultad legal. Y, adem&aacute;s, se debe considerar que la reina estaba entonces en graves dificultades por la rebeli&oacute;n en este reino apoyada por Espa&ntilde;a. Y  lo que se haga en tiempos de peligro y de grandes exigencias nunca deber&iacute;a ser un ejemplo para proceder en &eacute;pocas de paz y tranquilidad.</p>      <p>Queridos amigos, para ahorraros la molestia, resumir&eacute; lo que la ley os obliga a hacer y lo que no os obliga.</p>      <p>Primero, est&aacute;is obligados a recibir como pago toda moneda acu&ntilde;ada por el rey si cumple la norma o el peso ingl&eacute;s, siempre que sea de oro o plata.</p>      <p>Segundo, no est&aacute;is obligados a aceptar monedas que no sean de oro o plata, no solo los medios peniques o cuartos de penique de Inglaterra, sino las de ning&uacute;n otro pa&iacute;s. Y solo os convendr&aacute; recibirlas por conveniencia o por comodidad, pues hace mucho tiempo que se dejaron de acu&ntilde;ar medios peniques y cuartos de penique de plata, supongo que debido a que se pueden perder.</p>      <p>Tercero, mucho menos estamos obligados a aceptar los medios peniques viles del mencionado Wood, con los que perder&iacute;ais casi once peniques por chel&iacute;n.</p>      <p>En vista de ello, amigos m&iacute;os, todos os deb&eacute;is oponer, y rechazar esta repugnante basura. No es traici&oacute;n rebelarse contra el se&ntilde;or Wood. En su patente, Su Majestad no obliga a nadie a aceptar estos medios peniques: nuestro gracioso pr&iacute;ncipe no tiene tan malos consejeros en la corte, o si los tuviese, como hab&eacute;is visto, las leyes no dan al rey la facultad para obligarnos a aceptar cualquier moneda excepto la que es legal y cumple la norma, de oro y plata. Por ello nada ten&eacute;is que temer.</p>      <p>Permitidme ahora dirigirme en particular a vosotros, los comerciantes m&aacute;s pobres. Quiz&aacute; pens&eacute;is que si estos medios peniques llegaran a circular no perder&eacute;is tanto como los ricos porque rara vez veis plata, y los clientes que van a vuestras tiendas o casetas solo llevan bronce, el que os es igualmente dif&iacute;cil conseguir. Pero pod&eacute;is confiar en mi palabra: si acept&aacute;is esta moneda quedar&eacute;is en la ruina. Si llev&aacute;is estos medios peniques a una tienda para comprar tabaco o brandy, u otra cosa que quer&aacute;is, el tendero os dar&aacute; los bienes seg&uacute;n su precio o quebrar&aacute; y cerrar&aacute; la tienda. &iquest;Cre&eacute;is que os vender&eacute; una yarda de tela de diez peniques por veinte medios peniques del se&ntilde;or Wood? No, ni por menos de doscientos, como m&iacute;nimo, y no me molestar&eacute; en contarlos sino que los pesar&eacute; en bulto. Os dir&eacute; algo m&aacute;s, si el proyecto del se&ntilde;or Wood prospera arruinar&aacute; incluso a nuestros mendigos, porque cuando doy medio penique a un mendigo, apagar&aacute; su sed o encontrar&aacute; una buena manera de llenar el vientre, pero la doceava parte de medio penique no le servir&aacute; m&aacute;s que si le diera tres alfileres de mi manga.</p>      <p>En resumen, estos medios peniques son como el objeto maldito que, seg&uacute;n nos dicen las Escrituras, se les prohib&iacute;a tocar a los hijos de Israel. Se esparcir&aacute;n como la plaga y destruir&aacute;n a todo el que los toque. He o&iacute;do que los eruditos hablan de un hombre que le dijo al rey que hab&iacute;a inventado una manera de atormentar a las personas meti&eacute;ndolas en un toro de bronce sobre fuego ardiente, pero el pr&iacute;ncipe meti&oacute; primero al inventor en el toro de bronce para hacer el experimento. Esto se parece mucho al proyecto del se&ntilde;or Wood, y puede ser posible que el destino del se&ntilde;or Wood sea similar, que el bronce que invent&oacute; para atormentar a este reino resulte ser su propio tormento y, al final, su destrucci&oacute;n.</p>      <p>N. B. El autor de este escrito ha sido informado por personas que en su negocio han hecho observaciones tan exactas del verdadero valor de estos medios peniques que cualquier persona puede esperar comprar un cuarto de gal&oacute;n de cerveza de dos peniques por treinta y seis de esos medios peniques.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Deseo que todas las familias conserven cuidadosamente este escrito para refrescar su memoria cuando tengan nuevo aviso de los medios peniques del se&ntilde;or Wood o de cualquier impostura semejante.</p>      <p>M. B. Drapier    <br> 1724</p>  <hr>      <p align="center"><font size="3"><b>A todo el pueblo de Irlanda    <br> (Cuarta carta)</b></font></p>       <p>Mis queridos compatriotas,</p>      <p>Despu&eacute;s de escribir tres cartas sobre un tema tan desagradable como el del se&ntilde;or Wood y su medio penique, cre&iacute; haber terminado mi tarea. Pero veo que a las constituciones d&eacute;biles, pol&iacute;ticas y naturales, se les debe aplicar con frecuencia t&oacute;nicos fortificantes. Un pueblo largamente acostumbrado a las adversidades pierde poco a poco la noci&oacute;n de libertad y cree estar a merced de los dem&aacute;s; y, en palabras del Informe, que es legal y obligatorio todo lo que le impone una mano m&aacute;s fuerte. De ah&iacute; proviene esa pobreza y cortedad de esp&iacute;ritu a la que puede estar sometido un reino o una persona particular. Y  no es sorprendente que Esa&uacute; vendiera su primogenitura por un plato de lentejas cuando volvi&oacute; del campo muerto de hambre.</p>      <p>Pens&eacute; que hab&iacute;a mostrado suficientemente a todos los que quisieran instruirse los m&eacute;todos que pod&iacute;an emplear sin peligro cuando les ofrecieran esta moneda, y creo que en mucho tiempo no ha habido un ejemplo de un reino tan firmemente unido en un punto de gran importancia como hoy lo est&aacute; el nuestro contra ese detestable fraude. Sin embargo, ocurre que algunas personas d&eacute;biles empiezan a alarmarse de nuevo por rumores laboriosamente difundidos. Wood prescribe lo que tienen que escribir a los pregoneros de noticias de Londres. En uno de sus escritos, publicado aqu&iacute; por un oscuro impresor (y, por cierto, con mala intenci&oacute;n), nos dice que los papistas de Irlanda se asociaron contra su moneda, aunque es de sobra conocido que jam&aacute;s se han ofrecido a intervenir en el asunto. As&iacute;, bajo el nombre de papistas se estigmatiza en bloque a las dos c&aacute;maras del parlamento, al consejo privado, al gran n&uacute;mero de corporaciones, al alcalde y a los concejales de Dubl&iacute;n, a los grandes jurados y a los principales caballeros de varios condados.</p>      <p>Este impostor y sus secuaces tambi&eacute;n dicen que al negarnos a aceptar su escoria como moneda esterlina impugnamos la prerrogativa del rey, que estamos maduros para iniciar la rebeli&oacute;n y dispuestos a liberarnos de la dependencia de Irlanda ante la corona de Inglaterra. Para apoyar esta informaci&oacute;n public&oacute; en otro peri&oacute;dico un p&aacute;rrafo que nos avisa que se orden&oacute; al virrey que viniese de inmediato a imponer su medio penique.</p>      <p>Os ruego, queridos compatriotas, que no os preocup&eacute;is lo m&aacute;s m&iacute;nimo por este rumor ni por rumores semejantes, que no son m&aacute;s que los &uacute;ltimos ladridos de un perro disecado en vida, como espero que as&iacute; haya sido. Estas calumnias son la &uacute;nica reserva que le queda. Porque seguramente nunca se pondr&aacute; en cuesti&oacute;n nuestra lealtad continua y (casi) sin ejemplo para impedir que un oscuro ferretero nos robe todo lo que poseemos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a que impugnamos la prerrogativa del rey, permitidme explicar el significado de la palabra prerrogativa a quienes lo ignoren.</p>      <p>Los reyes de estos dominios gozan de varias facultades a las que no se han interpuesto las leyes. Pueden hacer la guerra y la paz sin el consentimiento del parlamento, y esta es de veras una gran prerrogativa, pero si el parlamento no aprueba la guerra, el rey debe pagarla de su propio bolsillo, y este es un gran freno a la corona. Asimismo, el rey tiene la prerrogativa de acu&ntilde;ar moneda sin el consentimiento del parlamento, pero no puede obligar a sus s&uacute;bditos a aceptar esa moneda excepto que sean libras esterlinas, de oro o plata, porque en esta materia est&aacute; limitado por la ley. Algunos pr&iacute;ncipes han extendido su prerrogativa m&aacute;s all&aacute; de lo que la ley les permit&iacute;a; si bien en estos casos los abogados de &eacute;pocas sucesivas, por su inclinaci&oacute;n a consultar los precedentes, no se han atrevido a justificarlos. Pero a decir verdad, esa prerrogativa solo se estableci&oacute; y se aclar&oacute; en los &uacute;ltimos tiempos. Pues quien lea la historia de Inglaterra ver&aacute; que algunos reyes antiguos, y no los peores, se atrevieron a manipular las leyes con muy poca ceremonia y pocos escr&uacute;pulos, aun despu&eacute;s de la &eacute;poca de la reina Isabel. En su reinado, ese perjudicial consejo de enviarnos moneda de baja aleaci&oacute;n casi la lleva a perder este reino; ante las quejas del Lord delegado, el consejo y todos los ingleses de aqu&iacute;, poco despu&eacute;s de su muerte su sucesor revoc&oacute; la orden y se volvi&oacute; a la moneda legal.</p>      <p>Despu&eacute;s de dar una idea del significado de la prerrogativa del rey, hasta donde es capaz de explicarlo un comerciante, solo a&ntilde;adir&eacute; la opini&oacute;n del gran Lord Bacon: &ldquo;As&iacute; como Dios gobierna el mundo conforme a las leyes de la naturaleza que &eacute;l cre&oacute; y solo trasciende esas leyes en ocasiones excepcionales, as&iacute;, entre los pr&iacute;ncipes terrenales mejores y m&aacute;s sabios gobiernan conforme a las leyes conocidas del pa&iacute;s y rara vez hacen uso de su prerrogativa&rdquo;.</p>      <p>Pod&eacute;is ver ahora que no hay lugar a la vil acusaci&oacute;n de Wood y sus c&oacute;mplices, que nos culpan de impugnar la prerrogativa del rey por rechazar su cobre, pues no es parte de la prerrogativa obligar a los s&uacute;bditos a que acepten una moneda que no sea esterlina. Adem&aacute;s, estoy seguro de que, si lo fuese, ser&iacute;amos el &uacute;ltimo pueblo en impugnarla, bien sea por la inquebrantable lealtad que siempre hemos prestado a Su Majestad o por el trato que nos cabr&iacute;a esperar en tal caso por parte de quienes parecen creer que no tenemos sentido com&uacute;n ni sentimientos comunes. Pero, gracias a Dios, los mejores de ellos solo son compa&ntilde;eros s&uacute;bditos y no nuestros amos. Estoy seguro de que tenemos un gran m&eacute;rito del que no pueden pretender los ingleses de nacimiento: nuestros ancestros sometieron este reino a la obediencia a Inglaterra; por ellos hemos sido recompensados con un clima peor, con el privilegio de que se nos gobierne con leyes a las que no damos consentimiento, con un comercio ruinoso, una c&aacute;mara de pares sin jurisdicci&oacute;n, la casi total incapacidad para conseguir cargos y el temoral medio penique de Wood.</p>      <p>Pero estamos tan lejos de impugnar la prerrogativa de acu&ntilde;aci&oacute;n del rey que reconocemos su facultad de dar a cualquier persona una patente para que estampe su imagen y su inscripci&oacute;n real en el material que le plazca, y la libertad del titular de la patente para ofrecer las monedas en cualquier pa&iacute;s, desde Inglaterra hasta Jap&oacute;n, con la peque&ntilde;a limitaci&oacute;n de que ning&uacute;n ser vivo est&aacute; obligado a aceptarlas.</p>      <p>Basado en estas consideraciones siempre me opuse a recurrir a Inglaterra para remediar este mal inminente, en especial cuando observ&eacute; que la apelaci&oacute;n a ambas c&aacute;maras, despu&eacute;s de larga espera, solo produjo un informe del todo favorable a Wood, el cual ya coment&eacute; en una carta anterior, y sobre el cual podr&iacute;a haber hecho m&aacute;s comentarios porque es un escrito de un car&aacute;cter tan singular como jam&aacute;s he visto.</p>      <p>Pero me equivoco, porque antes de hacer este informe, se envi&oacute; y se imprimi&oacute; aqu&iacute; la gentil respuesta de Su Majestad a la C&aacute;mara de los Lores, en la que constan las siguientes palabras; &ldquo;otorgar la patente para acu&ntilde;ar medios peniques y cuartos de penique, conforme a la pr&aacute;ctica de sus reales predecesores, etc.&rdquo;. Es indiscutible que el rey Carlos II y el rey Jaime II (y solo ellos) concedieron patentes para este prop&oacute;sito, y ya lo coment&eacute; extensamente. Sus patentes se aprobaron con el gran sello de Irlanda, con inscripciones de Irlanda, y el cobre se deb&iacute;a acu&ntilde;ar en Irlanda. El titular de la patente estaba obligado, si se le ped&iacute;a, a aceptar su moneda en Irlanda y a cambio pagar en oro y plata. La patente de Wood lleva el gran sello de Inglaterra, el cobre se acu&ntilde;a en Inglaterra, sin inscripciones de Irlanda; la suma es inmensa y el titular no est&aacute; obligado a recibir de nuevo sus monedas a cambio de moneda legal. Menciono esto porque, en mis pensamientos &iacute;ntimos, me he preguntado si el redactor de las palabras &ldquo;conforme a la pr&aacute;ctica de su reales predecesores&rdquo; de la gentil respuesta de Su Majestad consider&oacute; atentamente las diversas circunstancias que, en mi modesta opini&oacute;n, parecen marcar una diferencia.</p>      <p>Permitid que ahora me refiera a la otra gran causa del temor de algunas personas, que el periodista de Londres difundi&oacute; por instrucci&oacute;n de Wood: que Su Excelencia el virrey viene a imponer los medios peniques de Wood.</p>      <p>Sabemos muy bien que desde hace a&ntilde;os los se&ntilde;ores virreyes no creen que este reino merezca el honor de que residan aqu&iacute; m&aacute;s del tiempo necesario para despachar los asuntos del rey, y por ello los despachan con premura. Es natural entonces que muchas personas hayan llegado a pensar que la venida de un gobernador, en un momento inusual, presagia que va a atender un asunto inusual; en especial si es cierta la noticia de que el Parlamento, prorrogado hasta no s&eacute; cu&aacute;ndo, fue convocado, revocando la pr&oacute;rroga, a reunirse inmediatamente despu&eacute;s de su llegada. Los abogados del otro lado del mar tuvieron la buena suerte de encontrar dos precedentes para justificar este procedimiento extraordinario.</p>      <p>Dando por sentado todo esto, nunca imagin&eacute; que un individuo tan insignificante como Wood pudiera tener el m&eacute;rito suficiente ante el rey y sus ministros para que enviaran al virrey, a toda prisa, a cumplir su encargo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tratemos el asunto escuetamente, tal como es, sin los refinamientos de algunas personas con las que nada tenemos que ver. Con base en insinuaciones falsas se otorga una patente con el gran sello de Inglaterra a un tal William Wood para enviar medios peniques de cobre a Irlanda. El parlamento irland&eacute;s, en previsi&oacute;n de las p&eacute;simas consecuencias de dicha patente, apela al rey para que la revoque. Esta apelaci&oacute;n se rechaza, y un comit&eacute; del consejo privado informa a Su Majestad que Wood cumple las condiciones de su patente. Luego se le deja que haga lo mejor que pueda con sus medios peniques pues nadie est&aacute; obligado a aceptarlos; el pueblo irland&eacute;s, tambi&eacute;n dejado a su libre voluntad, al un&iacute;sono resuelve que nada quiere saber de su mercader&iacute;a. Esta descripci&oacute;n escueta de los hechos muestra que el rey y sus ministros est&aacute;n totalmente al margen del asunto, y que lo tenemos que discutir entre &eacute;l y nosotros. En vista de ello, &iquest;qui&eacute;n me convencer&aacute; de que se va a enviar a un virrey con tanto apremio, antes del plazo normal, y a convocar al parlamento anticipando una pr&oacute;rroga, solo para poner 100.000 libras en el bolsillo de un estafador, para ruina de su reino m&aacute;s leal?</p>      <p>Pero, suponiendo que todo esto sea cierto, &iquest;con qu&eacute; argumentos puede el virrey convencer al mismo parlamento que se opuso a este mal con tanto celo y seriedad para que lo apruebe como ley? Estoy seguro de que su opini&oacute;n sobre Wood y su proyecto no ha cambiado desde la &uacute;ltima pr&oacute;rroga. Y suponiendo que se usen los m&eacute;todos que seg&uacute;n los detractores a veces se emplean para ganar votos, es bien sabido que en este reino hay pocos cargos para repartir, y si hubiese m&aacute;s, tambi&eacute;n es bien sabido a d&oacute;nde van a parar. Pero como muchos de vosotros nada sab&eacute;is de los asuntos de vuestro pa&iacute;s, os revelar&eacute; algunas de las razones por las que se dispone de tan pocos cargos en este reino. Aqu&iacute; todos los cargos importantes de por vida son propiedad de quienes obtuvieron el derecho de sucesi&oacute;n, en general partidarios de los gobernadores, o personas que ten&iacute;an intereses en la corte de Inglaterra. Por ejemplo, Lord Berkeley de Stratton posee el importante cargo de Presidente de la secci&oacute;n civil del Tribunal de Apelaciones; Lord Palmerston es Recaudador de Deudas, un cargo de 2.000 libras al a&ntilde;o. Un tal Dodington, secretario del conde de Pembroke, pidi&oacute; el derecho de sucesi&oacute;n del cargo de Archivista de los Pergaminos del Tesoro, que reporta 2.500 libras al a&ntilde;o y hoy disfruta por la muerte de Lord Newton. El se&ntilde;or Southwell, Secretario de Estado, y el conde de Burlington, Tesorero Mayor de Irlanda, lo son por herencia. Y estos son solo unos pocos de los muchos que me han contado y que no recuerdo. Adem&aacute;s, el derecho de sucesi&oacute;n de algunos cargos se concede de ese mismo modo mientras se ejercen. Esta situaci&oacute;n, entre muchas otras, distingue a Irlanda de las dem&aacute;s naciones de la Tierra, y hace tan dif&iacute;cil conseguir un empleo civil que el se&ntilde;or Addison se vio obligado a comprar un oscuro cargo llamado Guardi&aacute;n de los Registros, en la Torre de Bermingham, de 10 libras al a&ntilde;o, y a conseguir un salario anexo de 400 libras, aunque todos los registros que all&iacute; se guardan no valen media corona bien sea por curiosidad o por uso. Y hace poco vimos que uno de los secretarios favoritos<Sup><a href="#num8" name="nu8">8</a></Sup> descendi&oacute; a Maestro de Ceremonias, un cargo que ha engrandecido por medio del cr&eacute;dito y la extorsi&oacute;n. Nada digo de la Subtesorer&iacute;a, de unas 9.000 libras al a&ntilde;o, ni de los inspectores de rentas, cuatro de los cuales viven en Inglaterra, porque creo que a ninguno de ellos se le ha otorgado el derecho de sucesi&oacute;n. Lo ir&oacute;nico es que he sabido que estos funcionarios absentistas a veces se oponen a los intereses de Irlanda como si no le debiesen ni cuatro peniques.</p>      <p>Confieso que a veces he estado tentado a desear que el proyecto de Wood tenga &eacute;xito porque he imaginado con placer que nos llegar&iacute;a una animada banda de se&ntilde;ores y escuderos, pensionistas de ambos sexos y funcionarios civiles y militares, y que vivir&iacute;amos juntos como mendigos alegres y sociables; con la &uacute;nica desventaja de que no tendr&iacute;amos carne que comer ni ropa para vestirnos, a menos que nos content&aacute;semos con andar en cota de malla o comer bronce, as&iacute; como los avestruces comen hierro.</p>      <p>Retorno de esta digresi&oacute;n al tema central. Creo que ahora estar&eacute;is convencidos de que si el parlamento de Irlanda se dejase tentar como cualquier otra asamblea cristiana de una milla a la redonda (que Dios no lo quiera), los administradores fracasar&iacute;an necesariamente por falta de  herramientas para trabajar. Pero os dar&eacute; una raz&oacute;n m&aacute;s: suponiendo que se crearan cien empleos nuevos, para gratificar a los que se dejas en tentar, persistir&iacute;a una dificultad insuperable. Pues, hasta donde s&eacute;, la moneda no es liberal ni conservadora, ni del partido del campo ni del de la ciudad; y no es improbable que un caballero prefiriese vivir en su propiedad, que le produce oro y plata, y no de un empleo cuando la renta y el salario se le pagan con cobre de Wood, con un descuento de m&aacute;s del 80 por ciento.</p>      <p>Por esta y por otras muchas razones estoy seguro de que no deb&eacute;is sentir el m&aacute;s m&iacute;nimo temor por la s&uacute;bita llegada del se&ntilde;or virrey<Sup><a href="#num9" name="nu9">9</a></Sup>, mientras mantengamos nuestra en&eacute;rgica disposici&oacute;n, que quiz&aacute; no pueda ser alterada por ninguna tentaci&oacute;n posible. Y si, como he afirmado a menudo con base en las mejores autoridades, la ley no da a la corona la facultad de imponer a sus s&uacute;bditos ninguna moneda, excepto la esterlina, mucho menos la de delegarla en otro.</p>      <p>Todo esto lo digo con sumo respeto por la persona y la dignidad de su excelencia Lord Carteret, cuyo car&aacute;cter me fue descrito hace poco por un caballero que lo conoce desde que naci&oacute;. Ese caballero lo describe como un joven de grandes cualidades, excelente educaci&oacute;n, vida ordenada, y mucho esp&iacute;ritu y vivacidad. Como he o&iacute;do, siempre ha estado empleado en el extranjero. Fue primer secretario de Estado, y ahora, a una edad de casi 37 a&ntilde;os, fue nombrado virrey de Irlanda.</p>      <p>Este reino tiene razones para esperar de este gobernador tanta prosperidad como puede esperar en circunstancias tan desalentadoras.</p>      <p>Es de hecho cierto que en nuestros recuerdos hubo gobernadores de tal destreza que provocaron hechos de terribles consecuencias para este reino, por su poder sobre quienes ten&iacute;an cargos y su habilidad para manipular y enga&ntilde;ar a los dem&aacute;s con juramentos, afabilidad y aun con banquetes. Si el cobre de Wood se hubiese pretendido acu&ntilde;aren aquellos tiempos es obvio imaginar los m&eacute;todos que se habr&iacute;an empleado. Se habr&iacute;a dicho llanamente a los subalternos cu&aacute;l era el servicio que se esperaba de ellos, so pena de poner los asuntos p&uacute;blicos en manos m&aacute;s obedientes. A otros se les habr&iacute;a seducido con promesas. A los caballeros rurales, adem&aacute;s de buenas palabras, vino de Borgo&ntilde;a y reuniones privadas, quiz&aacute; se les habr&iacute;a insinuado que, as&iacute; no fuese una obligaci&oacute;n, se ver&iacute;a favorablemente que aceptasen la patente real y si sobreven&iacute;an inconvenientes despu&eacute;s los compensar&iacute;an con otras mercedes y favores, que consideras en si era prudente y seguro disgustar a Inglaterra, que mejor pensasen en buenas leyes para fomentar el comercio y dar trabajo a los pobres, en posibles medidas contra el papismo y en c&oacute;mo unir a los protestantes. Habr&iacute;an hecho el compromiso solemne de no acu&ntilde;ar m&aacute;s de 40.000 libras de su moneda, todas de la mejor clase y el mayor peso, a cambio de las cuales entregar&iacute;amos nuestras manufacturas, y mantendr&iacute;amos el oro y la plata en casa. Y  en el momento adecuado quiz&aacute; se habr&iacute;a difundido el aviso oportuno de una invasi&oacute;n, lo cual es un gran pretexto para reducirlas fricciones en los procedimientos p&uacute;blicos. Y se nos habr&iacute;a dicho que no hab&iacute;a que crear diferencias cuando el reino estaba en peligro.</p>      <p>Os digo que estos m&eacute;todos y otros similares se habr&iacute;an utilizado en tiempos de corrupci&oacute;n para que dej&aacute;semos entrar este diluvio de bronce. Y  si estoy seguro que ni siquiera entonces lo habr&iacute;an logrado, mucho menos bajo la administraci&oacute;n de una persona tan excelente como Lord Carteret, en un pa&iacute;s donde las personas de todas las clases, partidos y confesiones est&aacute;n convencidas, al un&iacute;sono, de que en el momento en que se acepte esa execrable moneda llegar&aacute; para siempre la ruina total para ellas y su posteridad. Pues cuando empiece a circular no se podr&aacute; limitar a una cantidad peque&ntilde;a o moderada, as&iacute; como la peste no se puede limitar a unas pocas familias, y ning&uacute;n poder terrenal puede hacerlo, as&iacute; como ning&uacute;n licor puede devolver la vida a un cad&aacute;ver.</p>      <p>Hay una circunstancia agradable en esta oposici&oacute;n universal al se&ntilde;or Wood: las personas que nos han enviado de Inglaterra para ocupar vacantes eclesi&aacute;sticas, civiles y militares est&aacute;n todas de nuestro lado. En virtud de una extra&ntilde;a revoluci&oacute;n, el dinero, la gran causa de divisi&oacute;n en el mundo, ha unido al pueblo m&aacute;s dividido. &iquest;Qui&eacute;n dejar&iacute;a de ganar 100 libras al a&ntilde;o en Inglaterra (un pa&iacute;s de libertad) a cambio de que le paguen 1.000 en Irlanda con las monedas de Wood? El caballero al que acaban de nombrar Primado<Sup><a href="#num10" name="nu10">10</a></Sup> nunca dejar&iacute;a su esca&ntilde;o en una c&aacute;mara alta inglesa ni sus prebendas en Oxford y Bristol, de 1.200 libras anuales, por una suma nominal cuatro veces mayor en Irlanda, pero que no tiene ni la mitad de ese valor. Espero que, al menos en este punto, este caballero sea tan buen irland&eacute;s como cualquiera de sus hermanos o como los que tuvimos la mala fortuna de nacer en esta isla. Pues como dice el refr&aacute;n, quienes no vienen aqu&iacute; a aprender la lengua jam&aacute;s cambiar&iacute;an un pa&iacute;s mejor por uno peor, y adem&aacute;s para recibir cobre en vez de oro.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra calumnia difundida por Wood y sus emisarios es que al oponernos a &eacute;l revelamos una inclinaci&oacute;n a liberarnos de nuestra dependencia de la corona de Inglaterra. Observad cu&aacute;n importante se cree este William Wood y c&oacute;mo involucra el bienestar p&uacute;blico de dos reinos en su inter&eacute;s personal. Primero, todos los que se niegan a aceptar su moneda son papistas, pues seg&uacute;n dice solo los papistas se han unido contra &eacute;l. Segundo, todos ellos impugnan la prerrogativa del rey. Tercero, est&aacute;n dispuestos a rebelarse. Y  cuarto, van a liberarse de la corona de Inglaterra, es decir, van a elegir otro rey, porque esta expresi&oacute;n no puede tener otro significado, aunque algunos pretendan soslayarlo.</p>      <p>Y esto me da la oportunidad de explicar a quienes lo ignoren otro punto que a menudo me oprime el coraz&oacute;n. Cuando en un discurso mencionamos las palabras libertad y propiedad, quienes vienen de Inglaterra y algunos irlandeses d&eacute;biles de esp&iacute;ritu menean la cabeza y nos dicen que Irlanda es un reino dependiente, como si con esa expresi&oacute;n pretendieran decir que el pueblo de Irlanda se encuentra en un estado de esclavitud o dependencia diferente del estado en que se encuentra el pueblo de Inglaterra, aunque la expresi&oacute;n reino dependiente es un t&eacute;rmino moderno del arte de la pol&iacute;tica y, como me han dicho, desconocido para todos los antiguos civilistas y tratadistas del gobierno. Irlanda es, por el contrario, una corona imperial, como la llaman algunos estatutos, que solo depende de Dios, es decir, un reino del rango m&aacute;s alto que se pueda conferir. Por tanto, la expresi&oacute;n reino dependiente solo se puede interpretar en el sentido que le atribuye el estatuto redactado en Irlanda en el trig&eacute;simo tercer a&ntilde;o del reinado de Enrique VIII, por el cual &ldquo;El rey y sus sucesores ser&aacute;n reyes imperiales de este dominio, unidos y ligados a la corona de Inglaterra&rdquo;. Revis&eacute; todos los estatutos ingleses e irlandeses sin encontrar ninguna ley que haga a Irlanda m&aacute;s dependiente de Inglaterra de lo que Inglaterra depende de Irlanda. De hecho, estamos obligados con ellos a tener el mismo rey y, en consecuencia, ellos est&aacute;n obligados con nosotros a tener el mismo rey. Y puesto que esa ley fue redactada por nuestro propio parlamento, nuestros antepasados no eran tan c&aacute;ndidos (fueren cuales fuesen en el reino anterior) que se sometiesen a s&iacute; mismos a no s&eacute; qu&eacute; dependencia, de la que hoy se habla, sin fundamentarse en la ley, la raz&oacute;n o el sentido com&uacute;n.</p>      <p>Se puede pensar de otra manera, pero yo, M. B., pa&ntilde;ero, quiero ser exceptuado, porque declaro que, despu&eacute;s de Dios, solo dependo del rey mi soberano y de las leyes de mi propio pa&iacute;s, y que estoy tan lejos de depender de las gentes de Inglaterra que si alguna vez se rebelasen contra mi soberano (que Dios no lo quiera), estar&iacute;a dispuesto, a la primera orden de Su Majestad, a empu&ntilde;ar las armas contra ellas, as&iacute; como algunos de mis compatriotas las empu&ntilde;aron contra los suyos en Preston. Y si tal rebeli&oacute;n triunfase e impusiese al pretendiente en el trono de Inglaterra, me arriesgar&iacute;a a transgredir ese estatuto y a perder hasta la &uacute;ltima gota de mi sangre para impedir que fuese rey de Irlanda<Sup><a href="#num11" name="nu11">11</a></Sup>.</p>      <p>Es de hecho cierto que, en nuestros recuerdos, los parlamentos de Inglaterra a veces asumieron la facultad de coartar este pa&iacute;s con leyes decretadas all&iacute;, a las que primero se opuso abiertamente (si la verdad, la raz&oacute;n y la justicia se pueden oponer) el famoso se&ntilde;or Molineux, un caballero ingl&eacute;s nacido aqu&iacute;, as&iacute; como algunos de los grandes patriotas y los mejores liberales de Inglaterra, pero la pasi&oacute;n y el ansia de poder prevalecieron. De hecho, los argumentos de ambas partes eran irrefutables. Porque, en raz&oacute;n, la definici&oacute;n de esclavitud es todo gobierno que carezca del consentimiento de los gobernados, mientras que, en la pr&aacute;ctica, once hombres bien armados vencer&aacute;n a uno solo en mangas de camisa. Pero ya he dicho que quienes han utilizado el poder para coartar la libertad han ido tan lejos que incluso les mortifica el derecho a quejarse; aunque, hasta donde se sabe, nunca se ha impedido que un hombre sometido al potro de tortura grite tan alto como pueda.</p>      <p>Y as&iacute; como tendemos a desanimarnos por temores racionales, tambi&eacute;n tendemos a animarnos por vanas esperanzas (de acuerdo con la naturaleza de nuestro cuerpo cuando enfermamos). Hace unos d&iacute;as se dijo que, en Inglaterra, alguien autoriz&oacute; a una segunda persona para que escribiera a una tercera, en Irlanda, y nos asegurara que no se nos intranquilizar&iacute;a m&aacute;s con esos medios peniques. Y se informa que lo hizo la misma persona<Sup><a href="#num12" name="nu12">12</a></Sup> de quien se dijo hace unos meses que hab&iacute;a jurado que nos los embutir&iacute;a en la garganta (aunque dudo que se nos atascaran en el est&oacute;mago). Pero no es asunto nuestro cu&aacute;l de esos informes es cierto o falso. Porque en este punto nada tenemos que ver con los ministros ingleses, y lamentar&iacute;a que dej&aacute;semos en sus manos la soluci&oacute;n o el cumplimiento de esta injusticia, pues el informe del comit&eacute; me colm&oacute; la paciencia. La soluci&oacute;n est&aacute; completamente en vuestras manos y por ello me desvi&eacute; un poco del tema para refrescar y mantener ese &aacute;nimo que tan oportunamente surgi&oacute; entre vosotros, y para que ve&aacute;is que por las leyes de Dios, de la naturaleza, de las naciones y de vuestro propio pa&iacute;s sois y deb&eacute;is ser un pueblo tan libre como vuestros hermanos de Inglaterra.</p>      <p>Si los panfletos que Wood y sus ac&oacute;litos publicaron en Londres en defensa de su causa se reimprimiesen aqu&iacute;, y se pudiese persuadir a nuestros compatriotas para que los lean, os convencer&iacute;ais de su perversa intenci&oacute;n m&aacute;s de lo que jam&aacute;s pueda deciros. En resumen, los escritos de quienes contrata para justificar su proyecto me hacen imaginar que es un perfecto santo, en comparaci&oacute;n con lo que parece ser. Y es tan diestro en ese campo (dejo que otros adivinen la raz&oacute;n) que ning&uacute;n impresor de Londres se atreve a publicar un escrito en favor de Irlanda, y aqu&iacute; a&uacute;n nadie se ha atrevido a publicar algo en su favor.</p>      <p>Hace unos d&iacute;as me enviaron un folleto de casi cincuenta p&aacute;ginas impreso en Londres, escrito en favor del se&ntilde;or Wood. No vale la pena responderlo porque probablemente nunca se publicar&aacute; aqu&iacute;. Pero me dio la oportunidad de reflexionar sobre la desdicha en que nos encontramos y de que el pueblo ingl&eacute;s nada sepa de nuestra causa; lo que no es extra&ntilde;o, porque es un asunto que no le preocupa ni lo m&aacute;s m&iacute;nimo, y quiz&aacute; solo sea un tema de charla de caf&eacute; cuando no tiene otra cosa de qu&eacute; hablar. Tengo razones para pensar que ning&uacute;n ministro jam&aacute;s se tom&oacute; la molestia de leer un escrito en defensa nuestra, pues supongo que sus opiniones ya est&aacute;n determinadas y se formaron totalmente con base en los informes de Wood y sus c&oacute;mplices; porque de no ser as&iacute; ser&iacute;a imposible que alguien tuviese el descaro de escribir un folleto como el que mencion&eacute;.</p>      <p>Nuestros vecinos, cuya inteligencia est&aacute; al mismo nivel que la nuestra (y que quiz&aacute;s no sea una de las m&aacute;s sobresalientes), sienten gran desprecio por muchas naciones, y en especial por Irlanda. Nos consideran una especie de irlandeses salvajes a quienes nuestros ancestros conquistaron hace cientos de a&ntilde;os. Y si os describiese a los bretones tal como eran en tiempos de C&eacute;sar, cuando se pintaban el cuerpo o se vest&iacute;an con pieles de animales, yo obrar&iacute;a en forma tan razonable como nuestros vecinos. Pero en relaci&oacute;n con el litigio actual es imposible disculparlos porque, como solo escuchan a una de las partes, y no tienen ni siquiera la oportunidad ni la curiosidad para examinar lo que dice la otra, creen una mentira simplemente por comodidad y concluyen que como el se&ntilde;or Wood act&uacute;a como si tuviese poder, la raz&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute; de su lado.</p>      <p>Por ello, para que ve&aacute;is la forma en que Wood y sus partidarios presentan este litigio en Inglaterra me pareci&oacute; adecuado extractar algunas de las falsedades m&aacute;s notorias de ese panfleto, tanto con respecto a los hechos como a los razonamientos. El conocimiento de estos hechos confirmar&aacute; a mis compatriotas sus buenas razones cuando comparen los argumentos de ambas partes y vean que sus enemigos est&aacute;n equivocados.</p>      <p>Primera. El autor afirma categ&oacute;ricamente que los medios peniques de Wood circularon entre nosotros durante varios meses, con el consentimiento de todo el pueblo, sin que nadie los rechazara, y que todos nos sent&iacute;amos felices de tenerlos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Segunda. Afirma que solo empezamos a sentir aversi&oacute;n por las monedas cuando algunos irlandeses astutos con mala intenci&oacute;n se opusieron a la patente de Wood para conseguir otra para ellos.</p>      <p>Tercera. Que quienes empezaron a oponerse a la patente de Wood fueron quienes pretend&iacute;an conseguir otra en su propio beneficio.</p>      <p>Cuarta. Que nuestro parlamento, nuestro consejo privado, el alcalde y los concejales de Dubl&iacute;n, los grandes jurados y los comerciantes, en suma que todo el reino, incluidos los perros (como dice literalmente), estaba satisfecho con esos medios peniques, hasta que fue incitado por esas pocas personas malintencionadas.</p>      <p>Quinta. Dice sin reato que todos los que se opusieron al medio penique eran papistas y enemigos del rey Jorge.</p>      <p>Hasta aqu&iacute; estoy seguro de que incluso los m&aacute;s ignorantes podr&eacute;is jurar con seguridad, bas&aacute;ndoos en vuestro propio conocimiento, que el autor dice grandes mentiras en todos estos puntos. Para el reino entero es tan evidente que la verdad es exactamente la contraria que, si fuese necesario, conseguir&iacute;amos 500.000 firmas para confirmarlo.</p>      <p>Sexta. Pretende convencernos de que si vendi&eacute;semos cinco chelines de bienes y manufacturas nuestras por dos chelines y cuatro peniques de cobre, aunque sea cobre de mala aleaci&oacute;n y aunque pudi&eacute;semos conseguir cinco chelines de oro y plata por dichos bienes, nos ser&iacute;a m&aacute;s provechoso aceptar los dos chelines y cuatro peniques de cobre.</p>      <p>Y, por &uacute;ltimo, con autorizaci&oacute;n de Wood, nos hace una oferta tramposa: si por nuestros productos obtenemos 200.000 libras en sus medios peniques, y le pagamos un inter&eacute;s del tres por ciento durante treinta a&ntilde;os sobre 120.000 libras (la suma que &eacute;l calcula que la acu&ntilde;aci&oacute;n a&ntilde;ade al valor intr&iacute;nseco del cobre) por prestarnos su moneda, despu&eacute;s de ese tiempo nos dar&aacute; moneda buena a cambio de los medios peniques que nos queden.</p>      <p>Permitid que aclare esta oferta hasta donde me sea posible, para demostrar la insoportable villan&iacute;a y el descaro de ese incorregible sinverg&uuml;enza. Primero (dice &eacute;l) enviar&eacute; 200.000 libras de mi moneda a vuestro pa&iacute;s: calculo que el valor real del cobre es de 80.000 libras y os cobro 120.000 libras por la acu&ntilde;aci&oacute;n; como veis os presto 120.000 libras durante treinta a&ntilde;os, por las que me pagar&eacute;is el tres por ciento, es decir, 3.600 libras por a&ntilde;o, lo que en treinta a&ntilde;os sumar&aacute; 108.000 libras. Cuando expiren esos treinta a&ntilde;os, devolvedme mi cobre y os dar&eacute; buena moneda a cambio.</p>      <p>Esta es la propuesta que nos hace Wood en ese panfleto, escrito por uno de sus testaferros, quien se supone que es ese infame Coleby, uno de los que juraron por &eacute;l en el consejo, procesado por robar al tesoro p&uacute;blico de Irlanda cuando era secretario subalterno.</p>      <p>Con esta propuesta Wood recibir&aacute; 200.000 libras en bienes o en esterlinas por un cobre que &eacute;l valora en 80.000 libras, aunque en realidad no vale ni 30.000 libras. Tambi&eacute;n recibir&aacute; 108.000 libras de intereses. Y cuando, dentro de treinta a&ntilde;os, nuestros hijos devuelvan sus medios peniques a sus albaceas (pues es probable que antes de ese tiempo ya se haya ido al lugar que se merece), los albaceas las rechazar&aacute;n razonablemente por ser malas y falsas, como ciertamente lo ser&aacute;n, igual que los millones de monedas de su acu&ntilde;aci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Creo que me agrada un comerciante como este, que nos corrige los precios todos los d&iacute;as, como sucede con la factura holandesa, que cuando reclamamos porque es exorbitante y nada razonable, el mercader la aumenta a&ntilde;adiendo nuevos art&iacute;culos.</p>      <p>Aunque este y otros panfletos similares que Wood public&oacute; en Londres son del todo desconocidos aqu&iacute;, donde nadie podr&iacute;a leerlos sin sentir suma indignaci&oacute;n, como permitir&iacute;a el desprecio, consider&eacute; adecuado daros una muestra de c&oacute;mo emplea su tiempo este hombre, de c&oacute;mo batalla solo, sin que nadie lo contradiga, mientras que nuestros pocos amigos de Londres se sorprenden de nuestro silencio y los ingleses en general, si alguna vez piensan en este asunto, atribuyen nuestro rechazo a la insubordinaci&oacute;n y al desafecto, tal como a Wood y a sus testaferros les place presentarlo.</p>      <p>Pero aunque no se permita publicar nuestros argumentos en Inglaterra eso no tendr&aacute; grandes consecuencias. Dejad que Wood persuada a las personas de all&iacute; de que debemos aceptar su moneda y que yo convenza a las de aqu&iacute; de que deben rechazarla, so pena de nuestra completa ruina. Y que &eacute;l haga entonces lo mejor y lo peor que pueda.</p>      <p>Antes de terminar debo pediros, con toda humildad, que me permit&aacute;is decirle al se&ntilde;or Wood que es culpable de gran indiscreci&oacute;n por haber instigado a mencionar con tanta frecuencia y de tal manera el nombre de una persona tan honorable como el se&ntilde;or Walpole a prop&oacute;sito de este asunto. Un breve escrito impreso en Bristol y reimpreso aqu&iacute; informa que el se&ntilde;or Wood dijo que le sorprend&iacute;a el atrevimiento y la insolencia de los irlandeses al rechazar su moneda, y qu&eacute; har&iacute;a el se&ntilde;or Walpole cuando llegase a la ciudad. Por cierto, aqu&iacute; est&aacute; equivocado porque quienes la rechazan son los verdaderos ingleses de Irlanda; aunque damos por descontado que tambi&eacute;n la rechazar&aacute;n los irlandeses cuando se les pregunte. En otro escrito, tramado por &eacute;l, se dice literalmente que el se&ntilde;or Walpole nos embutir&aacute; su cobre en la garganta. Y que a veces ha dicho que si no aceptamos estos medios peniques tendremos que comernos nuestras abarcas. Y en un bolet&iacute;n de noticias de ayer leemos que ese gran hombre jur&oacute; hacernos tragar su moneda en bolas de fuego.</p>      <p>Esto trae a mi mente la conocida historia del escoc&eacute;s que cuando recibi&oacute; la sentencia de muerte que lo conden&oacute; a ser ahorcado, decapitado, descuartizado, eviscerado y menudencias similares, exclam&oacute;:&ldquo;&iquest;Qu&eacute; necesidad hay de tanta culinaria?&rdquo;. Y  creo que tenemos razones para hacer esa misma pregunta. Porque si creemos a Wood, se nos ha preparado un banquete, y veis el costo de la factura; lamento que se haya olvidado la bebida, pues f&aacute;cilmente se nos podr&iacute;a ofrecer plomo fundido y alquitr&aacute;n ardiente.</p>      <p>&iexcl;Cu&aacute;n viles son estas palabras para ponerlas en boca de un gran consejero que goza de la m&aacute;s alta confianza del rey, y al que se considera primer ministro! Si el se&ntilde;or Wood no puede dar una imagen mejor de sus patronos, el d&iacute;a en que me den un alto cargo no tolerar&eacute; que asista a mi posesi&oacute;n. Ese no es el estilo de un gran ministro; esas palabras despiden el aroma de la marmita y el fog&oacute;n y provienen m&aacute;s bien de la herrer&iacute;a de Wood.</p>      <p>En cuanto a la amenaza de que tendremos que comernos nuestras abarcas, no debemos afligirnos, pues si su moneda llegase a circular este calzado inelegante dejar&iacute;a de ser una verg&uuml;enza nacional porque en el reino ya no quedar&iacute;an ni zapatos ni abarcas. Aqu&iacute; se detecta claramente la falsedad del se&ntilde;or Wood, pues estoy seguro de que en toda su vida el se&ntilde;or Walpole jam&aacute;s ha o&iacute;do hablar de abarcas.</p>      <p>Igual de improbable es la historia de hacernos tragar los medios peniques en bolas de fuego. Porque para ejecutar esa operaci&oacute;n habr&iacute;a que fundir todas las monedas y todo el metal del se&ntilde;or Wood y moldear a fuego vivo bolas huecas no muy grandes, para que pueda tragarlas una garganta de tama&ntilde;o razonable. Ahora bien, el metal que prepar&oacute; y ya acu&ntilde;&oacute; equivale como m&iacute;nimo a 50.000.000 de medios peniques que deber&iacute;an tragar 1.500.000 personas; de modo que si en cada bola hubiese dos medios peniques, cada persona de este reino tendr&iacute;a que tragarse unas diecisiete bolas de fuego vivo, y para administrar esa dosis no puede haber menos de 150.000 operadores, calculando uno por cada treinta personas, lo que es razonable considerando los remilgos de algunos est&oacute;magos y los lloriqueos de los ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os. Ahora bien, sujeto a correcciones de personas m&aacute;s entendidas, calculo que la dificultad y el costo de ese experimento exceder&iacute;an al beneficio. Por ello, creo que este informe es espurio o, al menos, una nueva treta del se&ntilde;or Wood, quien se lo atribuy&oacute; a un ministro de Estado para que recibiera mejor atenci&oacute;n en Irlanda.</p>      <p>Ahora demostrar&eacute;, m&aacute;s all&aacute; de toda duda, que el se&ntilde;or Walpole se opone a este proyecto del se&ntilde;or Wood y est&aacute; totalmente en favor de Irlanda, con este argumento &uacute;nico e irrefutable. En opini&oacute;n de todos, el se&ntilde;or Walpole es un hombre sensato y un ministro capaz que en todas sus actuaciones obra en el verdadero inter&eacute;s del rey, su se&ntilde;or, y que su integridad est&aacute; por encima de toda corrupci&oacute;n y su fortuna por encima de toda tentaci&oacute;n. Considero entonces que por ese lado estamos totalmente a salvo y que nunca tendremos que enfrentarnos a un poder tan formidable, y que se nos dejar&aacute; poseer en paz nuestras abarcas y nuestras patatas, tan lejos del trueno como lo estamos de J&uacute;piter<Sup><a href="#num13" name="nu13">13</a></Sup>.</p>      <p>Queridos compatriotas,</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>soy vuestro afectuoso compa&ntilde;ero s&uacute;bdito, compa&ntilde;ero de sufrimiento y humilde servidor.</p>      <p>M. B.    <br> 13 de octubre de 1724</p>       <p>A la llegada de Lord Carteret, poco despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de esta carta, su excelencia y el consejo emitieron una proclama que ofrec&iacute;a una recompensa de 300 libras por delatar al autor. El impresor Harding fue encarcelado y se orden&oacute; levantar un acta de acusaci&oacute;n contra &eacute;l &#91;Nota de los editores de la edici&oacute;n de 1801&#93;.</p>  <hr>      <p><Sup><a href="#nu1" name="num1">1</a></Sup> <i>Una propuesta para el uso universal de manufacturas irlandesas</i> &#91;N. T.: escrita por el mismo Jonathan Swift en 1720&#93;.</p>      <p><Sup><a href="#nu2" name="num2">2</a></Sup> Entonces vocero de la C&aacute;mara de los Comunes.</p>      <p><Sup><a href="#nu3" name="num3">3</a></Sup> E. Coke, <i>Institutes of the Lawes of England</i>, primera parte, Londres, impreso por Adam Islip, , 1628 p. 576.</p>      <p><Sup><a href="#nu4" name="num4">4</a></Sup> E. Coke, <i>Institutes of the Lawes of England</i>, segunda parte, Londres, impreso por M. Flesher y R. Young para varios libreros de Fleetstreet y Holborn, 1669, p. 576, &sect; 7.</p>      <p><Sup><a href="#nu5" name="num5">5</a></Sup> Ib&iacute;d., 577.</p>      <p><Sup><a href="#nu6" name="num6">6</a></Sup> Ib&iacute;d., 577.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a href="#nu7" name="num7">7</a></Sup> Ib&iacute;d., 577.</p>      <p><Sup><a href="#nu8" name="num8">8</a></Sup> El se&ntilde;or Hopkins, secretario del duque de Grafton.</p>      <p><Sup><a href="#nu9" name="num9">9</a></Sup> Lord Carteret, despu&eacute;s conde de Granville.</p>      <p><Sup><a href="#nu10" name="num10">10</a></Sup> El doctor Hugh Boulter.</p>      <p><Sup><a href="#nu11" name="num11">11</a></Sup> Este p&aacute;rrafo se interpret&oacute; como un grave delito.</p>      <p><Sup><a href="#nu12" name="num12">12</a></Sup> El se&ntilde;or Walpole, despu&eacute;s conde de Oxford.</p>      <p><Sup><a href="#nu13" name="num13">13</a></Sup> <i>Procul a Jove, Procul a fulmine</i>.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
