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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[A PROPÓSITO DE LA OBRA PÓSTUMA DE HOMERO CUEVAS: "EL PODER Y EL MERCADO EN LA ECONOMÍA INTERNACIONAL"]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.14" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v17n32.14</a></p>      <p>Notas y discusiones</p>       <p align="center"><font size="4"><b>A PROP&Oacute;SITO DE LA OBRA P&Oacute;STUMA DE HOMERO CUEVAS: &ldquo;EL PODER Y EL MERCADO EN LA ECONOM&Iacute;A INTERNACIONAL&rdquo;</b></font></p>      <p align="center"><i>Luis Armando Blanco</i>*</p>      <p>* Doctor en Ciencias Sociales del Colegio de M&eacute;xico, profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:lblancoc@msn.com">lblancoc@msn.com</a>.</p>      <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Blanco, L. A. &ldquo;A prop&oacute;sito de la obra p&oacute;stuma de Homero Cuevas: &lsquo;El poder y el mercado en la econom&iacute;a internacional&rsquo;&rdquo;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 17, 32, 2015, pp. 385-402. DOI: 10.18601/01245996.v17n32.14</p>      <p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: 7 de abril de 2015, fecha de modificaci&oacute;n: 14 de abril de 2015, fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de abril de 2015</p>  <hr>      <p>La obra p&oacute;stuma del profesor Homero Cuevas es una profunda reflexi&oacute;n te&oacute;rica e hist&oacute;rica sobre dos temas de econom&iacute;a internacional ignorados por la ortodoxia actual: el intercambio desigual y el imperialismo. Es una obra cuya riqueza est&aacute; en los detalles que revela, desde los economistas cl&aacute;sicos hasta hoy. En ese largo viaje, Cuevas hace una exposici&oacute;n robusta del contexto hist&oacute;rico de la econom&iacute;a y de la pol&iacute;tica internacional, y critica las teor&iacute;as que examina. Este art&iacute;culo sintetiza las ideas b&aacute;sicas de un libro provocador sobre la relaci&oacute;n entre el poder y el mercado, que cuestiona lo que cre&iacute;amos saber sobre el pasado y deja grandes inquietudes sobre el futuro. Adem&aacute;s, presenta algunas reflexiones sobre la importancia de estos temas, que no se deber&iacute;an omitir en la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a.</p>      <p><font size="3"><b>EL INTERCAMBIO DESIGUAL</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Los cl&aacute;sicos de La econom&iacute;a pol&iacute;tica y el colonialismo</b></p>      <p>Cuevas comienza con Adam Smith, quien detect&oacute; cuatro tipos de monopolio colonial: el holand&eacute;s, que concentra el monopolio en una sola compa&ntilde;&iacute;a, la de las Indias Orientales; el espa&ntilde;ol o portugu&eacute;s, abierto a muchas compa&ntilde;&iacute;as, pero limitado a un solo puerto, C&aacute;diz o Lisboa; el brit&aacute;nico o franc&eacute;s, abierto a muchas compa&ntilde;&iacute;as y puertos; y el que en t&eacute;rminos generales denomina libre comercio (Cuevas, 2014, 15). Smith argument&oacute; que cuanto m&aacute;s distante de la plena competencia fuese el modelo colonial peor ser&iacute;a el resultado social, aun en los pa&iacute;ses colonialistas. Se&ntilde;al&oacute; que Espa&ntilde;a y Portugal eran pa&iacute;ses industriales antes de tener colonias, y que los da&ntilde;os infligidos por la dominaci&oacute;n colonial fueron un &ldquo;impacto monopol&iacute;stico sobre los precios en la metr&oacute;poli y el aumento de la tasa normal de beneficio dom&eacute;stico, cuyo indicador, en el sistema de Smith, es la tasa de inter&eacute;s&rdquo;, que afectaron el desarrollo econ&oacute;mico (pp. 18 y 19).</p>      <p>Con base en la experiencia de Norteam&eacute;rica, Smith propuso dos razones para abandonar las pol&iacute;ticas colonialistas: 1) que la administraci&oacute;n colonial solo le produc&iacute;a p&eacute;rdidas a Gran Breta&ntilde;a y 2) que el monopolio del comercio deprim&iacute;a la industria de todos los pa&iacute;ses. No obstante, dice Cuevas, &ldquo;ninguna de estas dos tesis sobrevivir&iacute;a despu&eacute;s de la independencia de Estados Unidos, lo cual coincidir&iacute;a con la publicaci&oacute;n de <i>La riqueza de las naciones</i>&rdquo; (p. 21).</p>      <p>David Ricardo parti&oacute; de una idea diferente: nada garantiza el beneficio general como la distribuci&oacute;n m&aacute;s productiva del capital; es decir, como la libertad universal del comercio. Supuso que la ley del valor que regula el valor relativo de las mercanc&iacute;as en un pa&iacute;s no se aplica a las mercanc&iacute;as intercambiadas en el comercio internacional, pero al introducir los procesos monetarios dedujo un &ldquo;intercambio desigual en trabajo&rdquo;, por las devaluaciones o revaluaciones de la tasa de cambio (p. 27). Con base en esa idea, las revaluaciones y devaluaciones -por ajustes monetarios de la balanza de pagos- implicaban un intercambio desigual de trabajo, es decir, un pa&iacute;s deficitario entregaba una mayor cantidad de trabajo. En s&iacute;ntesis:</p>      <blockquote>     <p>La especializaci&oacute;n internacional queda determinada por las ventajas absolutas de precios; y estas son codeterminadas, a su vez, por los ajustes monetarios en la balanza de pagos; los cuales involucran no solo a la balanza comercial, como argument&oacute; Ricardo, sino tambi&eacute;n a las cuentas de inversi&oacute;n directa, inversi&oacute;n en cartera, intereses y dividendos (p. 30).</p> </blockquote>      <p>De la monumental obra de James Mill, Cuevas destaca que las implicaciones del dominio imperialista, conforme al modelo de la India, ser&iacute;an estrat&eacute;gicas al menos en tres dimensiones:</p>      <blockquote>     <p>Primera: la difusi&oacute;n nacional de esa &ldquo;masa de riqueza&rdquo; y de las expectativas conexas en las potencias con probabilidad de controlar la cuarta parte de la poblaci&oacute;n mundial; segunda: sus impactos sobre su sistema pol&iacute;tico interno estimulando &ldquo;una confederaci&oacute;n t&aacute;cita entre fuerzas previamente enfrentadas y un debilitamiento de los controles p&uacute;blicos sobre las decisiones del poder ejecutivo&rdquo; y, tercera: la creciente importancia de dicha riqueza en los cargos y privilegios del poder internacional (p. 54).</p> </blockquote>      <p>Aunque Mill fue tajante sobre la operaci&oacute;n comercial y se&ntilde;al&oacute; que toda ganancia derivada del monopolio se perd&iacute;a por la dilaci&oacute;n, la negligencia y el derroche de su administraci&oacute;n, acept&oacute; que el monopolio comercial pod&iacute;a beneficiar al pa&iacute;s colonialista, coincidiendo con Ricardo contra Smith. No obstante, Cuevas recuerda que en1825, en su art&iacute;culo sobre las colonias para la <i>Enciclopedia Brit&aacute;nica</i>, Mill reafirm&oacute; y elev&oacute; a tesis general su posici&oacute;n contra la dominaci&oacute;n internacional &ldquo;como un beneficio para la minor&iacute;a gobernante a expensas de la mayor&iacute;a en las metr&oacute;polis porque: a) una situaci&oacute;n de guerra sirve como pretexto para disminuir los controles democr&aacute;ticos sobre los gobernantes; b) mediante tal combinaci&oacute;n, estos se lucran en honores, poder, gasto, masa de cargos e influencias; c) los costos corren a cargo de las mayor&iacute;as&rdquo; (p. 76).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De Friedrich List destaca su f&oacute;rmula general: &ldquo;libre cambio cuando un pa&iacute;s es atrasado, proteccionismo industrial cuando es avanzado, sin tener la supremac&iacute;a, libre cambio cuando alcanza la supremac&iacute;a para prevenir su embotamiento y para debilitar a sus competidores&rdquo; (p. 80). A pesar de su optimismo sobre la tecnolog&iacute;a, List consider&oacute; injustificada la protecci&oacute;n de la actividad agropecuaria, pues sus ventajas eran determinaciones de la naturaleza, y las industriales eran un producto social y pol&iacute;tico de pa&iacute;ses con cierto nivel de desarrollo. A este respecto, Cuevas anota: &ldquo;sin explicaci&oacute;n alguna List omiti&oacute; el reconocimiento al control estrat&eacute;gico sobre los alimentos como instrumento de guerra y de influencia geopol&iacute;tica&rdquo; (p. 80).</p>      <p>En contraste con los manuales de microeconom&iacute;a, en la obra de List las econom&iacute;as de escalas y las externalidades son el caso normal: &ldquo;los negocios manufacturados pueden ser conducidos en una escala mucho mayor y consecuentemente m&aacute;s rentable con menores costos y menores precios&rdquo; (p. 86). En el caso de las externalidades Cuevas destaca los impulsos rec&iacute;procos entre los sectores potencialmente m&aacute;s din&aacute;micos y el resto de la econom&iacute;a nacional, los efectos de la aglomeraci&oacute;n, la organizaci&oacute;n y la coordinaci&oacute;n nacional es sobre la distribuci&oacute;n de las oportunidades, los recursos y la riqueza global.</p>      <p>Seg&uacute;n Cuevas, List fue uno de los primeros te&oacute;ricos de la econom&iacute;a mixta y neoinstitucionalista, pues en su obra sobresalen las instituciones informales -como las costumbres y la responsabilidad personal- y los derechos como determinantes del progreso y, antes que Keynes, dijo que sin instituciones representativas adecuadas los individuos &ldquo;fracasan&rdquo; sin importar cu&aacute;n industriosos, austeros, ingeniosos e inteligentes sean: &ldquo;para el &eacute;xito econ&oacute;mico, alg&uacute;n sistema de representatividad pol&iacute;tica &#91;&hellip;&#93; ser&iacute;a el complemento de las libertades y del mercado&rdquo; (p. 88).</p>      <p><b>El mercado global en Marx y la perspectiva internacional de J.S. Mill</b></p>      <p>En el cap&iacute;tulo &ldquo;El mercado global en la dial&eacute;ctica de Karl Marx&rdquo; se&ntilde;ala, para comenzar, que en su obra magna James Mill no consider&oacute; el impacto de la revoluci&oacute;n industrial, y que Marx tom&oacute; su relevo y analiz&oacute; el colonialismo desde la perspectiva del &ldquo;paradigma indio&rdquo;. El cuadro b&aacute;sico que analiz&oacute; Marx se sintetiza en tres aspectos: 1) los objetivos industriales fueron prioritarios en Inglaterra a partir de 1813; 2) la unidad pol&iacute;tica en India, impuesta &ldquo; por la espada brit&aacute;nica, se ver&aacute; fortalecida y perpetuada por el tel&eacute;grafo el&eacute;ctrico, la prensa libre y los ferrocarriles&rdquo;, y 3) con un sistema judicial deplorable y sin inversi&oacute;n p&uacute;blica, India se encontraba en una situaci&oacute;n financiera precaria permanente y arruinada por las diligencias fiscales de la Compa&ntilde;&iacute;a (pp. 96-97).</p>      <p>Cuevas comenta: &ldquo;el escaso &eacute;nfasis de Marx en la perspectiva de una &lsquo;lucha de naciones&rdquo; en vez de una &lsquo;lucha de clases&rsquo; parece reflejarse en el debate contra los argumentos de Brigth sobre la regresividad tributaria del imperio brit&aacute;nico dada la pobreza india&rdquo; (p. 98). En el caso de China, Marx atribuy&oacute; los decepcionantes resultados de la apertura por la fuerza a su estructura econ&oacute;mica atrasada y juzg&oacute; inevitable la ruina y disoluci&oacute;n de su industria ancestral, como ocurri&oacute; en India; como lo expres&oacute; en la famosa frase &ldquo;los bajos precios de las mercanc&iacute;as constituyen la artiller&iacute;a pesada que derrumba todas las murallas de China&rdquo; (p. 103).</p>      <p>Otro aspecto clave que destaca del an&aacute;lisis de Marx del mercado global es el impacto sobre la tasa de ganancia. En un primer modelo, con comercio internacional y producci&oacute;n especializada, la imperfecta movilidad del capital hace que la transferencia de valor entre capitalistas de diferentes pa&iacute;ses funcione como plusval&iacute;a globalizada, lo cual es consistente con la consigna: &ldquo;Proletarios de todos los pa&iacute;ses, un&iacute;os&rdquo; (p. 109). En el segundo modelo, con tasas de ganancia id&eacute;nticas a nivel internacional y plusval&iacute;as distintas, los proletarios de unos pa&iacute;ses se benefician a expensas de los obreros de otros. En opini&oacute;n de Cuevas, el modelo de Emmanuel sigui&oacute; esta opci&oacute;n un siglo despu&eacute;s, con implicaciones pol&iacute;ticas radicalmente distintas; aunque advirti&oacute; que puede haber intercambio desigual con tasas de ganancias iguales o distintas en ambos pa&iacute;ses, como muestra en el ap&eacute;ndice.</p>      <p>En sus <i>Principios de Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica</i>, J. S. Mill expuso tres tesis significativas e influyentes:</p>      <blockquote>     <p>Primera: &ldquo;Lo que determina el intercambio internacional no es una diferencia en el costo absoluto de producci&oacute;n sino una diferencia en el costo comparativo&rdquo;. Segunda: &ldquo;La ley de los valores internacionales y, por lo tanto, la divisi&oacute;n de las ventajas del comercio entre las naciones se revelan id&eacute;nticas bajo un sistema monetario o bajo un sistema de trueque&rdquo;. Y tercera: &ldquo;Un pa&iacute;s que hace pagos regulares a pa&iacute;ses extranjeros, aparte de perder lo pagado, pierde tambi&eacute;n algo m&aacute;s, debido a los t&eacute;rminos de intercambio menos ventajosos sobre sus productos&rdquo; (pp. 114-116).</p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En contraste con Smith, para quien el &ldquo;comercio, que deber&iacute;a ser un lazo de uni&oacute;n y amistad entre las naciones &#91;&hellip;&#93; se ha convertido en fuente m&aacute;s fecunda de discordia y animosidad&rdquo;, J. S. Mill dijo con optimismo que &ldquo;el comercio internacional est&aacute; haciendo obsoleta la guerra&rdquo;, a pesar de los cataclismos mundiales que estaban por llegar. Y, adem&aacute;s, &ldquo;que una mayor apertura comercial nunca perjudicar&iacute;a a los exportadores de un pa&iacute;s pues, si sus ventas cayeran, podr&iacute;an reasignar sin p&eacute;rdidas todo su capital a la producci&oacute;n dom&eacute;stica&rdquo; (p.117). Cuevas cr&iacute;tica esas tesis y plantea que las ventajas comparativas determinan el intercambio internacional solo en un modelo simple de dos pa&iacute;ses y dos mercanc&iacute;as, donde los empresarios en vez de buscar el lucro privado maximizan la riqueza colectiva. Con base en esa idea cuestiona la proposici&oacute;n de que los valores de cambio internacionales se sit&uacute;an entre las proporciones de unos costos dom&eacute;sticos iniciales y constantes de los pa&iacute;ses comerciantes. Al respecto dice:</p>      <blockquote>     <p>Ricardo y Mill partieron de dos errores fundamentales al menos: la identificaci&oacute;n de los precios dom&eacute;sticos con las cantidades de trabajo involucradas en la producci&oacute;n, y el tratamiento de los precios de producci&oacute;n como si permaneciesen inmodificables ante los ajustes de la balanza de pagos (p. 115).</p>      <p>Para esas complicaciones de los t&eacute;rminos de intercambio se puede formular un remedio peor que la enfermedad, &ldquo;a&ntilde;adiendo el supuesto de inexistencia de &lsquo;bienes intermedios&rsquo;, como acostumbran los modelos neocl&aacute;sicos de equilibrio general aplicados al comercio internacional&rdquo; (p. 117).</p> </blockquote>      <p>Al parecer, dice Cuevas, el pensamiento de los economistas de la &eacute;poca fue influido por la estructura te&oacute;rica de la dominaci&oacute;n internacional. La civilizaci&oacute;n y el progreso eran fines supremos y deseables en s&iacute; mismos; lo que hac&iacute;a necesario que pueblos &ldquo;superiores&rdquo; sometieran a los atrasados. Dice entonces: &ldquo;como James Mill y Karl Marx, John Stuart Mill sustituy&oacute; el bienestar de personas de carne y hueso, as&iacute; como de sus sociedades concretas, por el bienestar abstracto de una sociedad abstracta en un futuro abstracto, axiomatizado de manera ventajosa para los europeos&rdquo;, y recuerda la provocativa observaci&oacute;n de A. Smith:</p>      <blockquote>     <p>Por contraste, en las sociedades b&aacute;rbaras &#91;&hellip;&#93; cada individuo es en alguna medida un hombre de Estado &#91;&hellip;&#93; Su creatividad se mantiene viva y su mente no ha ca&iacute;do en esa let&aacute;rgica estupidez que en una sociedad civilizada parece nublar la inteligencia de casi todas las personas de las clases inferiores (p. 129).</p> </blockquote>      <p><b>Cuevas y el intercambio desigual</b></p>      <p>En esos a&ntilde;os se estaba esbozando una de las caracter&iacute;sticas actuales del comercio internacional, el deterioro sistem&aacute;tico de las relaciones de intercambio en favor de los pa&iacute;ses industrializados. El concepto de &ldquo;intercambio desigual&rdquo; puede asociarse a la idea de que la evoluci&oacute;n de los t&eacute;rminos de intercambio refleja ante todo la disparidad de los ingresos del trabajo entre pa&iacute;ses desarrollados y en desarrollo.</p>      <p>Emmanuel extendi&oacute; el an&aacute;lisis de los precios de producci&oacute;n a la determinaci&oacute;n de los precios internacionales cuando el capitales m&oacute;vil y el trabajo no. Su an&aacute;lisis gira en torno a un patr&oacute;n de especializaci&oacute;n internacional &ldquo;predeterminado&rdquo;. En su formulaci&oacute;n inicial, Emmanuel (1972) asoci&oacute; el concepto de intercambio a la diferencia entre precios y valores de producci&oacute;n de la teor&iacute;a marxista. La tendencia a la igualaci&oacute;n de las tasas de ganancia en medio de grandes disparidades de salarios implica el intercambio, a un mismo precio, de mayores valores de trabajo de los pa&iacute;ses en desarrollo por valores menores de los pa&iacute;ses desarrollados. As&iacute; se transfiere valor de la periferia al centro. La principal debilidad de este argumento es que no explica por qu&eacute; todo el capital no fluye a pa&iacute;ses de bajos salarios; seg&uacute;n Emmanuel sucede lo contrario debido a los m&eacute;todos de producci&oacute;n mecanizados de los pa&iacute;ses industrializados, lo cual se podr&iacute;a justificar con supuestos especiales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A diferencia de Emmanuel, que usa el esquema de precios de Marx, Brawn propone una relaci&oacute;n de intercambio desigual basada en el modelo de formaci&oacute;n de precios de Sraffa. Brawn parte de la obra de Emmanuel pero modifica la relaci&oacute;n de causalidad de las variables: de salarios a precios en Emmanuel y de precios a salarios en Brawn, quien en s&iacute;ntesis sostiene que &ldquo; el imperialismo contempor&aacute;neo se explica por el intercambio desigual, es decir, por la ventaja que a los pa&iacute;ses imperialistas les representa comprar barato y vender caro&rdquo;. Los bajos precios de exportaci&oacute;n de los pa&iacute;ses dependientes obedecen al bajo nivel relativo de salario real. El imperialismo frena el desarrollo de las fuerzas productivas en los pa&iacute;ses dependientes, en contra de lo que esperaba Lenin: un r&aacute;pido desarrollo del capitalismo en los pa&iacute;ses dependientes, condici&oacute;n esencial de la inminente revoluci&oacute;n mundial.</p>      <p>Seg&uacute;n Cuevas el defecto del modelo de Emmanuel, y tambi&eacute;n en el de Brawn, es que no considera las tasas de cambio, el capital humano y la heterogeneidad de salarios dentro de cada pa&iacute;s: &ldquo;las ventajas internacionales no se determinan, entonces, en funci&oacute;n de las mercanc&iacute;as como tales, sino en funci&oacute;n de los procesos, aunque en algunos casos particulares y extremos estos dos criterios puedan coincidir&rdquo; (p. 255).</p>      <p>Como hemos esbozado, el an&aacute;lisis marxista y el de Emmanuel dependen de la exportaci&oacute;n de capital como factor cr&iacute;tico del imperialismo moderno. Pero ambos se basan en la ventaja comparativa, una ley que seg&uacute;n Cuevas es limitada pues el libre comercio asegura que el pa&iacute;s en desarrollado est&eacute; en d&eacute;ficit y cr&oacute;nicamente endeudado. Para Cuevas, la ventaja absoluta y no la comparativa es la que predomina en el comercio.</p>      <p>En un esfuerzo por integrar la tradici&oacute;n marxista y neomarxista y los aportes del pensamiento econ&oacute;mico latinoamericano, Cuevas expone su tesis sobre el intercambio desigual: un aumento de la tasa real de remuneraci&oacute;n del trabajo en un pa&iacute;s, <i>ceteris paribus</i>, implica una menor tasa real de inter&eacute;s, una reducci&oacute;n del precio real de los productos intensivos en capital y un aumento del precio real de los productos intensivos en trabajo. En consecuencia:</p>      <blockquote>     <p>los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados, con mayor remuneraci&oacute;n al trabajo y menores tasas de inter&eacute;s desarrollan ventajas en los productos m&aacute;s intensivos en capital humano mientras los m&aacute;s atrasados &#91;&hellip;&#93; son relegados a la especializaci&oacute;n en actividades intensivas en el trabajo m&aacute;s bruto &#91;&hellip;&#93; con una espiral viciosa para la concentraci&oacute;n creciente del empleo mundial del trabajo m&aacute;s calificado en los pa&iacute;ses avanzados y del menos calificado en los pa&iacute;ses atrasados, generando o reforzando un patr&oacute;n particular de desigualdad de oportunidades a nivel internacional (p. 209).</p> </blockquote>      <p>Las ventajas de los productos intensivos en capital humano se podr&iacute;an mitigar con la devaluaci&oacute;n, que altera los precios de los productos y el ingreso nacional, y afecta los salarios y beneficios. Con base en los efectos de la devaluaci&oacute;n de la tasa de cambio, Cuevas advierte:</p>      <blockquote>     <p>Si esta diminuci&oacute;n del ingreso del pa&iacute;s atrasado ocurre a expensas de bajar a&uacute;n m&aacute;s su remuneraci&oacute;n al trabajo, mientras los sube todav&iacute;a m&aacute;s en el pa&iacute;s adelantado; como subrayan los planteamientos m&aacute;s reconocidos, entonces aparte del empeoramiento de la distribuci&oacute;n internacional del ingreso, puede dinamizarse la espiral viciosa de la especializaci&oacute;n &#91;&hellip;&#93; En s&iacute;ntesis, mediante los tipos de cambio reales y tales correcciones se hace visible un &ldquo;intercambio desigual entre las naciones&rdquo;, sin necesidad de recurrir a los insostenibles supuestos, simplificaci&oacute;n y restricci&oacute;n de los modelos pioneros (p. 215).</p> </blockquote>      <p>Al indicar que desde la &eacute;poca colonial el intercambio entre pa&iacute;ses desarrollados y pa&iacute;ses pobres ha seguido una l&oacute;gica distinta de la del modelo simple de ventajas comparativas, con resultados distintos de los del Teorema Stolper-Samuelson, revela la din&aacute;mica de la relaci&oacute;n entre mercado y poder en la econom&iacute;a internacional.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los aportes m&aacute;s recientes est&aacute;n asociados al modelo din&aacute;mico de interacci&oacute;n entre pa&iacute;ses desarrollados y en desarrollo. Los modelos Norte-Sur tienden a corroborar la intuici&oacute;n de Prebish y de Cuevas de que los pa&iacute;ses desarrollados captan los aumentos de productividad, mediante mayores ingresos reales de sus trabajadores; en cambio, los pa&iacute;ses en desarrollo son obligados a transferir la creaci&oacute;n de valor mediante el deterioro de los t&eacute;rminos de intercambio.</p>      <p>En su cr&iacute;tica al Teorema Stolper-Samuelson, que nunca fue aceptado por Heckscher, Cuevas se&ntilde;ala que para que los precios relativos de los factores se igualen se necesita igualar la inversi&oacute;n en capital por trabajador y eliminar las potenciales desigualdades en el avance tecnol&oacute;gico (p.210). Carece de sentido que las firmas transnacionales movilicen el capital hacia los pa&iacute;ses donde el trabajo es m&aacute;s barato, pues en ellos existen distintas clases de trabajo con remuneraciones diferentes. Una empresa transnacional que busque maximizar sus beneficios procurar&aacute; movilizar &ldquo; el capital de los sitios con menor tasas de inter&eacute;s a los sitios donde la mezcla de trabajos exigidos por su tecnolog&iacute;a tenga los menores precios&rdquo; (p. 212). Adem&aacute;s, cuanto mayor es el periodo de espera entre el empleo de trabajo calificado y el producto final, menor es la competitividad de los pa&iacute;ses con menor remuneraci&oacute;n al trabajo y mayores las tasas de inter&eacute;s, que son rasgos caracter&iacute;sticos de los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>      <p>La vulnerabilidad a choques externos, a trav&eacute;s de los t&eacute;rminos de intercambio, es importante en el an&aacute;lisis del comercio exterior de la regi&oacute;n, y los choques financieros han sido un protagonista central en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La vulnerabilidad es resultado de la endogeneidad de los mercados financieros globales y de las asimetr&iacute;as de los flujos entre pa&iacute;ses. Cuevas destaca que durante la acelerada globalizaci&oacute;n de finales del siglo XX, Am&eacute;rica Latina y otras regiones experimentaron un proceso similar de endeudamiento externo exagerado, crisis financiera y ajustes macroecon&oacute;micos &ldquo;para garantizar los condicionamientos de la inversi&oacute;n extranjera bajo lineamientos del &lsquo;Consenso de Washington&rsquo;&rdquo; (p. 22).</p>      <p>Para concluir este tema cabe a&ntilde;adir un aspecto que James Tobin plante&oacute; en 1978 y apunt&oacute; al problema central: &ldquo;El debate sobre el r&eacute;gimen cambiario elude y oculta el problema de base que es la excesiva movilidad del capital financiero privado&rdquo;. Las crisis financieras recientes que golpearon a los pa&iacute;ses expuestos a la merced de los mercados internacionales de capital confirman esta preocupaci&oacute;n. Tobin se&ntilde;al&oacute; que la movilidad del capital financiero ten&iacute;a consecuencias internas graves y dolorosas, y que la econom&iacute;a mundial pod&iacute;a ir en dos direcciones: adoptar una moneda mundial o un federalismo global, que consideraba pol&iacute;ticamente imposibles. Y la otra, seg&uacute;n su conocida frase: &ldquo;echar un poco de arena a las ruedas de nuestros excesivamente eficientes mercados de divisas&rdquo; (1978).</p>      <p><font size="3"><b>EL IMPERIALISMO</b></font></p>      <p><b>El imperialismo en Hobson</b></p>      <p>Hobson defini&oacute; el &ldquo;imperialismo moderno&rdquo; como &ldquo;el esfuerzo m&aacute;s o menos consciente y organizado de una naci&oacute;n para expandir sus fronteras pol&iacute;ticas y anexarse pa&iacute;ses donde sus ciudadanos han adquirido fuertes intereses industriales&rdquo;, y lo opuso, inspirado en Smith, a la colonizaci&oacute;n &ldquo;genuina&rdquo;.</p>      <p>El &lsquo;nuevo imperialismo&rsquo; &#91;&hellip;&#93; caracterizado por los monopolios, las sociedades an&oacute;nimas, el predominio financiero y la exportaci&oacute;n de capitales habr&iacute;a reemplazado, en los t&eacute;rminos de Hobson, al &lsquo;viejo imperialismo&rsquo; de la libre competencia, la revoluci&oacute;n industrial y la exportaci&oacute;n de mercanc&iacute;as (p. 143).</p>      <p>Seg&uacute;n Cuevas, Hobson no consider&oacute; que los super&aacute;vits de balanza comercial son un medio de inversi&oacute;n externa. Por tanto, una era de exportaci&oacute;n de mercanc&iacute;as puede ser a la vez una era de exportaci&oacute;n de capitales. Por ignorar este hecho, muchos economistas no analizan los cambios inducidos en la econom&iacute;a internacional por los avances del comercio intraindustrial y la exportaci&oacute;n de servicios. En 1889 Hobson public&oacute; un libro sobre el subconsumo como causa de la oferta &ldquo;excedentaria&rdquo; de bienes y capitales y de las recesiones en las potencias industriales. En forma general, concluy&oacute; que &ldquo;m&aacute;s ahorro del exactamente necesario para proveer la cantidad requerida de capital va contra los intereses de la sociedad&rdquo; (p. 144). Esa tesis anticip&oacute; la <i>Teor&iacute;a General</i> de Keynes y atisb&oacute; el fondo del problema:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de alcanzado el pleno empleo &#91;&hellip;&#93; la tasa de beneficio se desploma si excede la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n &#91;&hellip;&#93; es decir, si el crecimiento de la demanda excede al de la oferta en el mercado laboral. Como Keynes mostrar&iacute;a formalmente, una depresi&oacute;n subsiguiente de la inversi&oacute;n deseada, de la producci&oacute;n y de los ingresos es el mecanismo espont&aacute;neo que elimina dicho exceso de acumulaci&oacute;n o de ahorro (p. 145).</p> </blockquote>      <p>La opci&oacute;n, preservando la econom&iacute;a de mercado y sin considerar la inmigraci&oacute;n, ser&iacute;a entonces la depresi&oacute;n o el aumento del consumo interno, el cual implicaba una redistribuci&oacute;n del ingreso o la exportaci&oacute;n neta de capitales. Hobson, como luego Keynes, se inclin&oacute; por la segunda, pero subray&oacute; que el inter&eacute;s de los propietarios del capital se inclinaba por la exportaci&oacute;n de capitales (p. 145). Lamentablemente, el planteamiento de Hobson sobre el &ldquo;sub consumo&rdquo; abri&oacute; campo a la interpretaci&oacute;n de que el producto interno brit&aacute;nico era su &uacute;nica o m&aacute;s importante fuente de inversi&oacute;n externa, sin considerar los rendimientos de la explotaci&oacute;n colonial que cambiaron notablemente el mercado laboral:</p>      <blockquote>     <p>Precisamente entre 1850 y 1900, sus salarios reales casi se duplicaron, sus jornadas laborales disminuyeron, sus condiciones de trabajo mejoraron y, en general, las transferencias de excedentes acumulables de capital hacia los asalariados eran tan notables que empez&oacute; a hacer carrera el concepto de aristocracia obrera (p. 148).</p> </blockquote>      <p>Hobson renov&oacute; una tesis de James Mill: &ldquo;El nuevo imperialismo ha sido un mal negocio para la naci&oacute;n, pero un gran negocio para ciertas clases&rdquo;. Adem&aacute;s, presinti&oacute; las consecuencias catastr&oacute;ficas de la competencia entre imperialismos y se&ntilde;al&oacute; que en esas condiciones el imperialismo se convert&iacute;a en agente de la guerra y en &ldquo;enemigo permanente de la paz, y, por &uacute;ltimo, renov&oacute; la tesis de List sobre el error de creer que un federalismo global as&iacute; como su paz con comitante podr&iacute;an lograrse suprimiendo las nacionalidades d&eacute;biles bajo el orden de una pol&iacute;tica imperialista&rdquo; (p. 151).</p>      <p><b>Evoluci&oacute;n de la teor&iacute;a sobre el imperialismo</b></p>      <p>Para autores como John Strachey, en su mayor&iacute;a pertenecientes a corrientes marxistas reformistas, el imperialismo caracteriza a una pol&iacute;tica &ldquo;particular&rdquo; de las grandes potencias entre finales del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial. Para oros, como Rosa Luxemburgo, vinculados a sectores m&aacute;s radicales, el imperialismo es un fen&oacute;meno &ldquo;general&rdquo; de todo sistema capitalista desarrollado. Y para los seguidores de Hilferding, primero, y de Lenin, despu&eacute;s, es un fen&oacute;meno necesario, fatal e inevitable una vez se alcanza la etapa monopolista.</p>      <p>En 1910 apareci&oacute; <i>El capital financiero</i> de Hilferding, &ldquo;la obra que esper&aacute;bamos desde hace tiempo&rdquo;, como dijo Otto Bauer. Hilferding radicaliz&oacute; la tesis de Hobson en varios aspectos: 1) el &uacute;nico determinante econ&oacute;mico del imperialismo moderno era el capital financiero:2) la expansi&oacute;n imperialista no solo era impulsada por los excedentes de capital sino por el desarrollo de los instrumentos financieros y la enorme expansi&oacute;n del cr&eacute;dito; 3) el nuevo proteccionismo ampliaba los instrumentos para facilitar los subsidios a las exportaciones y la cartelizaci&oacute;n (p. 157).</p>      <p>Cuevas dice que si alguna vez se vio al libre cambio no solo como la mejor pol&iacute;tica sino como el inicio de una era de paz, ese ideal se abandon&oacute; con la hegemon&iacute;a del capital financiero y la concentraci&oacute;n de las decisiones productivas en un conjunto de carteles dominados por una &ldquo;oligarqu&iacute;a&rdquo;, que en vez de generar orden econ&oacute;mico internacional producen mayor anarqu&iacute;a en el mercado (p. 160):</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>a pesar de las advertencias de Engels a Marx y a Kautsky sobre el &ldquo;provecho&rdquo; sacado por el proletariado de la principal potencia imperialista &#91;&hellip;&#93; el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <i>El capital financiero</i> parece una simple declaraci&oacute;n de lealtad al primitivo discurso socialista, basado en la solidaridad obrera internacional&#91;&hellip;&#93; entre las consecuencias aparec&iacute;a la posibilidad de colaboraci&oacute;n del proletariado, en vez de un inexorable antagonismo con el capital en los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados (p. 162).</p> </blockquote>      <p>Rosa Luxemburgo tambi&eacute;n radicaliz&oacute; la tesis de Hobson y argument&oacute; que la acumulaci&oacute;n era imposible en un medio totalmente capitalista; lo que exig&iacute;a destruir la econom&iacute;a precapitalista. As&iacute;, el imperialismo ser&iacute;a la &uacute;ltima etapa del capitalismo y la prueba de la inevitabilidad del socialismo. Una caracter&iacute;stica de la producci&oacute;n capitalista es su tendencia a la expansi&oacute;n. La &ldquo;teor&iacute;a del imperialismo&rdquo; analiza esa tendencia y estudia la influencia de los pa&iacute;ses avanzados en el desarrollo de los pa&iacute;ses atrasados. Cuevas se&ntilde;ala que para Rosa Luxemburgo era necesario que el sistema capitalista integrara nuevas &aacute;reas para aumentar la demanda de bienes de producci&oacute;n. Su pregunta b&aacute;sica era si una econom&iacute;a capitalista cerrada pod&iacute;a expandirse indefinidamente usando sus propios recursos. De ser as&iacute;, la eliminaci&oacute;n del imperialismo no llevar&iacute;a a la desaparici&oacute;n del capitalismo. Lenin y sus seguidores dieron una respuesta negativa y fundieron la revoluci&oacute;n socialista y la liberaci&oacute;n nacional.</p>      <p>La obra de Luxemburgo gener&oacute; gran controversia te&oacute;rica y pol&iacute;tica. Paul Sweezy critic&oacute; este &ldquo;teorema de la imposibilidad&rdquo; y record&oacute; la ir&oacute;nica frase de Bujarin: &ldquo;si se excluye la reproducci&oacute;n ampliada al comienzo de una demostraci&oacute;n es f&aacute;cil hacerla desaparecer al final&rdquo;. Tugan Baranowsky afirm&oacute;: &ldquo;En general cuando la producci&oacute;n social est&aacute; repartida proporcionalmente, ninguna reducci&oacute;n del consumo y de la demanda de objetos de consumo puede provocar en el mercado un exceso de oferta sobre la demanda&rdquo; (p. 163). En todo caso: &ldquo;la obra de Luxemburgo avanz&oacute; el an&aacute;lisis sobre &#91;&hellip;&#93; los modelos dualistas de crecimiento, con un sector &lsquo;tradicional&rsquo; &#91;&hellip;&#93; tanto en los pa&iacute;ses &lsquo;sat&eacute;lites&rsquo; &#91;&hellip;&#93; como en las metr&oacute;polis&rdquo; y el inter&eacute;s de las metr&oacute;polis &ldquo;para promover el endeudamiento externo de los sat&eacute;lites en convivencia con altos dignatarios locales, cuando la demanda es insuficiente en las metr&oacute;polis (p. 164).</p>      <p>A diferencia de Luxemburgo, Joan Robinson sostiene que el aumento del salario real que los obreros logran en los pa&iacute;ses centrales provee el est&iacute;mulo a la inversi&oacute;n de la que el capitalismo carece. El aumento del salario real en este siglo ha permitido que el capitalismo supere el escollo que Rosa Luxemburgo se&ntilde;al&oacute;. Por su parte, &ldquo;Kaleckyy Keynes mostrar&iacute;an que en econom&iacute;as desarrolladas bajo condiciones de recesi&oacute;n, el gasto alternativo en escuelas, hospitales, diques, parques y autopistas, sobre todo mediante d&eacute;ficits fiscales, impactar&iacute;a la demanda efectiva de manera semejante&rdquo; (p. 167).</p>      <p>En su &ldquo;op&uacute;sculo&rdquo;, como &eacute;l mismo lo calific&oacute;, Lenin solo pretend&iacute;a dar una visi&oacute;n de conjunto de la econom&iacute;a capitalista mundial en sus relaciones internacionales a comienzos del siglo XX, en v&iacute;speras de la Primera Guerra Mundial y llamar la atenci&oacute;n sobre las guerras imperialistas, inevitables en el capitalismo monopolista moderno. Y plante&oacute;:</p>      <blockquote>     <p>&lsquo;un pu&ntilde;ado de pa&iacute;ses avanzados &#91;&hellip;&#93; con menos de una d&eacute;cima parte de los habitantes del globo &#91;&hellip;&#93; excepcionalmente ricos y poderosos saquean al resto del mundo &#91;&hellip;&#93; y lo mantienen bajo una &lsquo;estrangulaci&oacute;n financiera&rsquo;, tales ganancias &lsquo;permiten subordinar a los l&iacute;deres y a la capa m&aacute;s alta de la aristocracia obrera&rsquo; &#91;&hellip;&#93; que &lsquo;inevitablemente &#91;&hellip;&#93; toman el lado de la burgues&iacute;a&rsquo; (p. 173).</p> </blockquote>      <p>Para Lenin, la Revoluci&oacute;n de Octubre confirm&oacute; que &ldquo;el imperialismo es la antesala del socialismo a nivel mundial&rdquo;. Cuevas dice ir&oacute;nicamente que el tiempo fue, &ldquo;como siempre en las predicciones econ&oacute;micas y sociales, aun cuando son correctas, el principal problema &#91;&hellip;&#93; Transcurrir&iacute;an tres cuartos de siglo antes de la autodisoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica&rdquo; (p. 174).</p>      <p>Entre los elementos que desestabilizaron el equilibrio preb&eacute;lico, Keynes destac&oacute; el r&aacute;pido incremento de la poblaci&oacute;n, con un encarecimiento mundial de los alimentos y una reversi&oacute;n de los t&eacute;rminos de intercambio con perjuicio de la potencias europeas, el cuestionamiento por parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica del progreso basado en una desigualdad y la transformaci&oacute;n de Alemania en la vasta y compleja maquinaria de primera potencia industrial en Europa continental (p. 167).</p>      <p>El auge econ&oacute;mico de posguerra colaps&oacute; con la Gran Depresi&oacute;n de 1929, cuando la tasa de desempleo pas&oacute; del 3,2% al 25% en 1933 en Estados Unidos, y a niveles mayores en Alemania. En ese contexto, Keynes propuso una teor&iacute;a para explicar la crisis, y una pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica para superar la depresi&oacute;n preservando la paz, la eficiencia y la libertad. Cuevas recuerda que Joan Robinson expres&oacute; su frustraci&oacute;n cuando dijo: &ldquo;antes de que Keynes terminara de explicar por qu&eacute; ocurre el desempleo, Hitler ya hab&iacute;a descubierto c&oacute;mo curarlo&rdquo; (p. 168). Despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial ocurri&oacute; una serie de eventos como la enorme ampliaci&oacute;n del &aacute;rea ocupada por pa&iacute;ses socialistas, la concentraci&oacute;n de la riqueza en Estados Unidos, la sublevaci&oacute;n de los pa&iacute;ses dependientes y el flujo de capital americano para la recuperaci&oacute;n de Europa Occidental y Jap&oacute;n. En s&iacute;ntesis, se modificaron todos los &ldquo;rasgos leninistas&rdquo;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El paradigma del neocolonialismo y la fase corporativa</b></p>      <p>En la descripci&oacute;n de Marshall, las grandes corporaciones, con su palanca financiera, sus econom&iacute;as de escala, su poder de mercado y su burocracia profesional, desplazaron a los empresarios tradicionales. Resalt&oacute; la simbiosis entre los conglomerados y sus gobiernos nacionales para adelantar negocios internacionales y sentenci&oacute;: &ldquo;La influencia de los negocios tiende a corromper la pol&iacute;tica: y la influencia de la pol&iacute;tica tiende a corromper los negocios&rdquo; (p. 169).</p>      <p>Bastaba examinar la situaci&oacute;n norteamericana de la segunda pos-guerra para imaginar que las viejas potencias desprovistas de su colonialismo tambi&eacute;n podr&iacute;an, mediante la modernizaci&oacute;n pertinente, mantener su nivel de vida y prosperar; y esa es la tesis central del libro de Strachey. Pero las l&iacute;neas pol&iacute;ticas distan de ser rectas, y en 1950 se denunci&oacute; al imperialismo sovi&eacute;tico que buscaba forzar los t&eacute;rminos de intercambio en su favor, de ser necesario con la ocupaci&oacute;n militar. Cuevas cita una observaci&oacute;n de Strachey:</p>      <blockquote>     <p>La tremenda subestimaci&oacute;n del nacionalismo es, sin duda, el m&aacute;s grande error de Marx en el campo de la pol&iacute;tica. Hoy &#91;&hellip;&#93; tanto los obreros como los campesinos distan de no tener patria, nada tienen hasta que poseen una patria (p. 181).</p> </blockquote>      <p>A partir de las tesis de Hobson y Keynes, Strachey concluy&oacute; que la redistribuci&oacute;n del ingreso en los pa&iacute;ses avanzados mitigar&iacute;a sus impulsos imperialistas reduciendo los excedentes de capital exportables. No obstante, la universalizaci&oacute;n del sufragio y el traspaso de las decisiones empresariales a la burocracia corporativa llevar&iacute;an a una especie de dominaci&oacute;n indirecta muy lejana de convertirse en &ldquo;paz&rdquo;, y se inaugurar&iacute;a &ldquo;un periodo de intensas tormentas y convulsiones&rdquo; (p. 181). Cuevas argumenta que la segunda posguerra pareci&oacute; confirmar el temor de Hobson sobre una confederaci&oacute;n de potencias imperialistas, y la profec&iacute;a del &ldquo;ultra imperialismo&rdquo; de Kautsky. Se desvanecieron las ilusiones de la solidaridad internacional de clases, pues a trav&eacute;s del Estado benefactor las masas populares, y no solo la &ldquo;aristocracia obrera&rdquo;, se lucrar&iacute;an de la subordinaci&oacute;n de los pa&iacute;ses m&aacute;s d&eacute;biles (p. 188).</p>      <p>Para Baran y Sweezy, la supremac&iacute;a del &ldquo;capital financiero&rdquo; fue relegada, pues dada la autofinanciaci&oacute;n de las grandes empresas&ldquo; resulta imposible no considerar hoy en d&iacute;a a los industriales o a los banqueros constituidos por los grandes accionistas y los bur&oacute;cratas de las corporaciones&rdquo; (p. 189). El divorcio entre propiedad y control resultante implica, casi por necesidad, una nueva forma de organizaci&oacute;n de la sociedad, un &ldquo;sistema corporativo&rdquo;, dada la mayor complejidad de los objetivos. La maximizaci&oacute;n de las ganancias fue replanteada en la teor&iacute;a de Simon sobre &ldquo;racionalidad limitada&rdquo;. Para Simon, la complejidad organizacional ayudar&iacute;a a enfrentar los l&iacute;mites de la racionalidad; y para Baran y Sweezy, los fines de la burocracia: aumentar su poder e importancia (pp. 191, 192).</p>      <p>Seg&uacute;n Baran, Sweezy y Magdoff, el desarrollo &ldquo;monopolista&rdquo; provoc&oacute; un aumento end&oacute;geno de la tasa media de ganancia, contrario a la teor&iacute;a de Smith, Ricardo y Marx; agrav&oacute; el exceso de ahorro y la tendencia al &ldquo;estancamiento cr&oacute;nico&rdquo;. Cuevas cuestiona esta interpretaci&oacute;n de la tasa de ganancia porque la mayor rentabilidad de los oligopolios es compensada por una rentabilidad menor en el resto de la econom&iacute;a, y porque la inversi&oacute;n por trabajador tiende a aumentar con el desarrollo de las grandes empresas. Aun con precios reales y un tasa de ganancia decrecientes en el largo plazo, el exceso de ahorro tiende a persistir en el capitalismo corporativo si, despu&eacute;s de alcanzar el pleno empleo, la tasa de ganancia supera a la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n (p. 197).</p>      <p>Comentando los remedios al exceso de capitales, Baran y Sweezy consideraron que la pol&iacute;tica keynesiana era limitada por la &ldquo;resistencia de la oligarqu&iacute;a a una mayor expansi&oacute;n del gasto&rdquo; y que la exportaci&oacute;n de capitales agravaba el exceso de ahorro en vez de aliviarlo. No obstante, los datos de inversi&oacute;n extranjera mostraban que la inversi&oacute;n extrajera entre pa&iacute;ses avanzados era mucho mayor que la dirigida a pa&iacute;ses atrasados. En el campo pol&iacute;tico, la &ldquo;oligarqu&iacute;a&rdquo; estaba dividida entre partidarios y opositores al gasto p&uacute;blico, como a&uacute;n muestra la controversia entre dem&oacute;cratas y republicanos en Estados Unidos, y entre la socialdemocracia y la derecha en Europa. Adem&aacute;s, gran parte de ese gasto se destin&oacute; a la investigaci&oacute;n militar que aument&oacute; la ventaja tecnol&oacute;gica de las empresas norteamericanas.</p>      <p>Hoy, la proporci&oacute;n de los activos f&iacute;sicos en el valor de las firmas se ha derrumbado en todos los sectores. Entre el 40% y, en algunos casos, el 90% del valor de mercado de una compa&ntilde;&iacute;a procede de sus &ldquo;intangibles&rdquo;, que incluyen patentes, propiedad intelectual, calidad de los productos, gesti&oacute;n y administraci&oacute;n empresarial. Cabe a&ntilde;adir que, desde finales de 2001, los fondos de pensiones son los principales accionistas de las corporaciones y, seg&uacute;n algunas estimaciones, el capital humano, por la inversi&oacute;n en calificaci&oacute;n laboral, sobrepasa al capital &ldquo;empresarial&rdquo; (p. 147). Adem&aacute;s, los pa&iacute;ses de &ldquo;mediano desarrollo&rdquo; entraron en una nueva etapa de inserci&oacute;n en el sistema global, como indica el hecho de que de las 500 corporaciones m&aacute;s grandes, 20 ten&iacute;an sede en China , 12 en Corea del Sur, 6 en India, 5 en Rusia, 5 en M&eacute;xico y 4 en Brasil (p. 155).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La dispersi&oacute;n del poder econ&oacute;mico en el &aacute;mbito internacional es cada vez mayor, las compa&ntilde;&iacute;as multinacionales han dejado de ser las protagonistas del proceso econ&oacute;mico; en a&ntilde;os recientes la inversi&oacute;n extranjera proviene cada vez m&aacute;s de las econom&iacute;as emergentes. En la lista de las empresas m&aacute;s importantes aparecen con mayor frecuencia nombres y marcas de China, India, Corea del Sur, Brasil y M&eacute;xico.</p>      <p>Cuevas no deja de mencionar a Nkrumach, l&iacute;der de la liberaci&oacute;n y luego presidente de Ghana, para quien la &ldquo;dura realidad&rdquo; del neocolonialismo consiste en sus detalles, y que destac&oacute; las &ldquo;conexiones&rdquo; de la estructura de poder que hacen posible &ldquo;que el control neocolonialista sea ejercido por un consorcio de intereses financieros a los que no se puede identificar con alg&uacute;n Estado en particular. Ese conjunto de conexiones conforma una estructura de poder olig&aacute;rquico donde &ldquo;los nombres pueden cambiar&rdquo; pero las posiciones permanecen, a lo que Nkrumah llam&oacute; &ldquo;gobierno invisible&rdquo; (pp. 182, 184).</p>      <p><b>Las ideolog&iacute;as del nuevo orden mundial</b></p>      <p>La tesis central de la teor&iacute;a de la estabilidad hegem&oacute;nica de Charles Kindleberger (1973) es que una potencia dominante con el inter&eacute;s y la capacidad para garantizar el orden mundial es el mejor ant&iacute;doto contra el caos internacional. Seg&uacute;n William Wollforth (1999), Estados Unidos fue el primer Estado de la historia contempor&aacute;nea que logr&oacute; una potencia abrumadora en todos los &aacute;mbitos del poder. Lo interesante es que a los factores econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y militares se sumaron nuevos ingredientes, que Joseph Nye llama &ldquo;poder blando&rdquo;, como el atractivo de su cultura y de sus ideas, a los que se a&ntilde;ade la proliferaci&oacute;n de tratados y leyes internacionales, normas y convenios comerciales que forman un &ldquo;marco institucional global&rdquo; en expansi&oacute;n que crea orden internacional.</p>      <p>El poder blando es dif&iacute;cil de medir pero f&aacute;cil de detectar. El sistema de tratados, organizaciones y normas de conducta hoy aceptado, y los foros que tratan asuntos concretos de inter&eacute;s com&uacute;n, favorecen la estabilidad mundial. Los te&oacute;ricos de la estabilidad hegem&oacute;nica parec&iacute;an tener raz&oacute;n en que la combinaci&oacute;n del poder duro y el poder blando aseguraba un &ldquo;largo y virtuoso periodo de paz&rdquo; (Naim, 206). Pero no ha sido as&iacute;. Los ataques terroristas del 11 de septiembre, las crisis financieras globales de 1998 y 2008 y la convulsionada geopol&iacute;tica actual parecen confirmar la tesis de Robert Kaplan (2000) de que est&aacute; surgiendo una nueva anarqu&iacute;a internacional alimentada por Estados fallidos y redes de delincuencia internacional, por la volatilidad econ&oacute;mica y la vulnerabilidad de un mundo interconectado. No obstante, si el poder norteamericano parece tambalearse lo mismo sucede a sus rivales. &ldquo;Las grandes potencias ya no pueden decidir solo entre s&iacute; y de manera unilateral los grandes temas que afectan al mundo o a una regi&oacute;n &#91;&hellip;&#93; Lo que hoy est&aacute; disminuyendo no son los activos sino su eficacia y la capacidad de usarlos, sea poder militar, poder econ&oacute;mico o poder blando&rdquo; (Naim, 202-210).</p>      <p>Cuevas comenta las predicciones de Wallerstein sobre la crisis de legitimidad de los Estados ocasionada por la desilusi&oacute;n sobre el futuro del reformismo, exitoso en los dos siglos anteriores, y la frustraci&oacute;n con el &ldquo;wilsonismo&rdquo; como ideolog&iacute;a de la marcha hacia &ldquo;la igualdad de las naciones&rdquo;, ante los abismales &iacute;ndices internacionales de desigualdad (p.221). Argumenta que as&iacute; el pesimismo se haya extendido en los pa&iacute;ses avanzados, eso a&uacute;n no ha ocurrido en los pa&iacute;ses atrasados, y que en los pa&iacute;ses avanzados &ldquo;tales desigualdades &#91;&hellip;&#93; no necesariamente vaticinan una reacci&oacute;n contra el sistema, sobre todo en los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos donde, aparte del eficaz aparato tributario y de gasto p&uacute;blico, funcionan instituciones capaces para la democratizaci&oacute;n de oportunidades&rdquo; (p.225). La propuesta de Wallerstein de suprimir la acumulaci&oacute;n ignora el potencial de las rentas diferenciales, tecnol&oacute;gicas, organizacionales, empresariales, cient&iacute;ficas, art&iacute;sticas, deportivas, pol&iacute;ticas y culturales, que adem&aacute;s de las monop&oacute;licas, caracterizan el mundo actual.</p>      <p>Luego comenta a Huntington, para quien &ldquo;un imperio planetario &uacute;nico es imposible porque la distribuci&oacute;n del poder mundial se refleja en la distribuci&oacute;n de las culturas con una &lsquo;lenta pero inevitable&rsquo; consolidaci&oacute;n multipolar, al mismo tiempo que la &lsquo;indigenizaci&oacute;n&rsquo; se ver&aacute; reforzada&rdquo;. Y hace tres recomendaciones a Estados Unidos:</p>      <blockquote>     <p>Primera: fortalecer su identidad cultural de n&uacute;cleo europeo occidental &#91;&hellip;&#93; Segunda: evitar la diluci&oacute;n en el &lsquo;multiculturalismo&rsquo;, principalmente de origen latinoamericano y asi&aacute;tico &#91;&hellip;&#93; Tercera: tanto por su impotencia como por su inmoralidad, cancelar la pol&iacute;tica de imposici&oacute;n de sus propios valores sobre otras culturas (p. 224). &#91;Pero&hellip;&#93;, al fin y al cabo, la distribuci&oacute;n del poder mundial se refleja no solo en la distribuci&oacute;n de las culturas, sino tambi&eacute;n en la distribuci&oacute;n de los recursos, los empleos, los ingresos, las jerarqu&iacute;as y las oportunidades (p. 225).</p> </blockquote>      <p>Mientras que Hungtinton subestima algunas confluencias culturales de la globalizaci&oacute;n debidas a las ciencias, las innovaciones, la educaci&oacute;n, los medios de comunicaci&oacute;n, los patrones de consumo, las negociaciones y los acuerdos, Hardt y Negri las ven como la &ldquo;materializaci&oacute;n&rdquo; de un <i>&ldquo;</i>imperio virtual&rdquo;, ant&iacute;tesis del &ldquo;imperialismo&rdquo;, sin centro geopol&iacute;tico, sin fronteras, por encima de las naciones, espacio del derecho universal y destinado a la &ldquo;paz perpetua&rdquo;, donde la fuerza policiaca de Estados Unidos no obra por un inter&eacute;s imperialista sino por solicitudes del mundo para respaldar, con &ldquo;guerras justas&rdquo;, un derecho internacional legitimado por valores universales (p. 227). Hardt y Negri se apoyan en la tesis de que</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>&lsquo;la econom&iacute;a nacional&rsquo; pierde sentido debido a la movilidad internacional de &lsquo;casi&rsquo; todos los factores de producci&oacute;n &#91;&hellip;&#93; Por lo tanto, identificar la globalizaci&oacute;n con la extinci&oacute;n de las fronteras y de las soberan&iacute;as de los Estados nacionales, los cuales contin&uacute;an siendo las coaliciones geopol&iacute;ticas m&aacute;s n&iacute;tidas &#91;&hellip;&#93; &#91;es&#93; una extensi&oacute;n de la falacia que pretende ignorar anal&iacute;ticamente los problemas de la distribuci&oacute;n (p. 229).</p> </blockquote>      <p>Por su parte, Niall Ferguson critica el sistema vigente por su insuficiente difusi&oacute;n y por la timidez de Estados Unidos para universalizar la democracia, los derechos humanos, la lucha contra la corrupci&oacute;n, el respeto a la propiedad, las leyes y la libertad de los mercados, con la intervenci&oacute;n por la fuerza, de ser necesaria, en los Estados recalcitrantes, fracasados o delincuentes (p.229). En su obra <i>Colossus. The rise and fall of the American Empire</i> (2005), Ferguson argumenta que el &ldquo;imperialismo vergonzante&rdquo; de Estados Unidos podr&iacute;a colapsar por la falta de acciones m&aacute;s decididas. Aunque Estados Unidos ha intervenido en defensa de sus intereses econ&oacute;micos y estrat&eacute;gicos, su esfuerzo por no incurrir en el colonialismo y tratar de promover la democracia ha dificultado el balance entre sus acciones militares de corto plazo y su intrincada geopol&iacute;tica de largo plazo. El resultado de este imperialismo &ldquo;vergonzante&rdquo; son unos pueblos a la deriva, en la miseria y en manos de dictadores. Si la democracia, las libertades y la justicia son objetivos universales, cabr&iacute;a esperar que exigiera contrapesos al poder unipolar, pero esto es ajeno al planteamiento de Ferguson, pues su visi&oacute;n de un futuro global multipolar, o &ldquo;apolar&rdquo;, se basa en las crudas limitaciones que critica a la superpotencia.</p>      <p>En el examen de la acci&oacute;n imperialista en la globalizaci&oacute;n actual se puede pensar en un &ldquo;trilema pol&iacute;tico&rdquo; cuyos nodos son la globalizaci&oacute;n, el Estado-naci&oacute;n y la democracia, en el que, como demuestra la historia del siglo XIX, solo se pueden alcanzar dos objetivos. Para lograr una verdadera integraci&oacute;n econ&oacute;mica internacional se debe optar por el Estado-naci&oacute;n o por la democracia. En el primer caso el alcance de la pol&iacute;tica nacional se restringir&iacute;a notablemente; y en el segundo, habr&iacute;a que renunciar a la pol&iacute;tica de masas y optar por el federalismo global. Para preservar el Estado-naci&oacute;n se debe elegir entre la democracia y la integraci&oacute;n econ&oacute;mica internacional. En otras palabras, este trilema implica elegir entre el federalismo global, el retorno a los acuerdos de Bretton Woods o la camisa de fuerza dorada de la globalizaci&oacute;n, <i>Golden straitjacket</i>, como la llam&oacute; Thomas Friedman (1999).</p>      <p>La experiencia del patr&oacute;n oro y su posterior desaparici&oacute;n son una buena ilustraci&oacute;n de esta incompatibilidad. En el apogeo del patr&oacute;n oro, el limitado alcance de la pol&iacute;tica nacional garantiz&oacute; que la pol&iacute;tica monetaria se orientara a mantener las paridades. Pero en el periodo de entreguerras, a medida que se extendi&oacute; el derecho al voto y se organiz&oacute; el sindicalismo, los gobiernos nacionales percibieron que ya no se pod&iacute;an apegar a la ortodoxia econ&oacute;mica. Cuando la necesidad del pleno empleo choc&oacute; con el orden monetario internacional este se derrumb&oacute;. El caso argentino tambi&eacute;n ilustra esta situaci&oacute;n. Para salir de la crisis, Argentina estableci&oacute; la caja de convertibilidad, pero cuando la necesidad de empleo choc&oacute; con la estabilidad monetaria, el r&eacute;gimen cambiario se desplom&oacute; por presi&oacute;n de la movilizaci&oacute;n social (Rodrik, 2011).</p>      <p>Sin embargo, el federalismo global no es la &uacute;nica manera de lograr la integraci&oacute;n econ&oacute;mica global. Una alternativa es mantener el sistema de Estados nacionales, sin mayores cambios, pero asegurando que las jurisdicciones nacionales no entorpezcan las transacciones econ&oacute;micas.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Cuevas, H. <i>El poder y el mercado en la econom&iacute;a internacional</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-5996201500010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Emmanuel, A. <i>El intercambio desigual</i>, M&eacute;xico, D. F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1972.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0124-5996201500010001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Ferguson, N. <i>Colossus. The rise and fall of the American Empire</i>, Nueva York, Penguin Books, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0124-5996201500010001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Friedman, T. <i>The Lexus and the Olive Tree</i>, Nueva York, Anchor Books, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-5996201500010001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Naim, M. <i>El fin del poder, </i> Bogot&aacute;, Debate, 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-5996201500010001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Nye, J. <i>La naturaleza cambiante del poder norteamericano</i>, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996201500010001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Nye, J. <i>The future of power, </i> Nueva York, Public Affairs, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996201500010001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Kaplan, R. <i>La anarqu&iacute;a que viene: la destrucci&oacute;n de los sue&ntilde;os de la posguerra fr&iacute;a, </i> Barcelona, Ediciones B, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996201500010001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9. Kindleberger, C. <i>The World in Depression, 1929-1933</i>, Berkeley, University of California Press, 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996201500010001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. Rodrick, D. <i>La paradoja de la globalizaci&oacute;n</i>, Barcelona, Antoni Bosch, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996201500010001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Tobin, J. &quot;A proposal for monetary reform&quot;, <i>Eastern Economic Journal</i> 4, 3-4, 1978, pp. 153-159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996201500010001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Wohlforth, W. &quot;The stability of a unipolar world&quot;, <i>International Security</i> 24, 1, 1999, pp. 5-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996201500010001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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