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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿QUIEN PAGA POR LA PAZ EN COLOMBIA?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper, examines the political costs that will have to be borne by FARC; the Colombian military; Colombia's rightist politicians and elite and vested interests, internally-displaced people, the coca farmers, and Colombia's middle class. The analysis also touches on the roles and impacts of various other actors, such as bandas criminales and militant groups continuing to operate in Colombia, including the ELN.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">       <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.02" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.02</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>&iquest;QUIEN PAGA POR LA PAZ EN COLOMBIA?</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b><I>Who pays for peace in Colombia?</I></b></font></p>      <p align="center"><i>Vanda Felbab-Brown<sup>*</sup></i></p>      <p><sup>*</sup> Senior Fellow, Foreign Policy, Informe elaborado por el Center for 21st Century Security and Intelligence, 29 de septiembre de 2016. Se publica con las autorizaciones correspondientes. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. </p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 1-10-2016, fecha de aceptaci&oacute;n: 20-10-2016. </p>      <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Felbab-Brown, V. &quot;&iquest;Qui&eacute;n paga por la paz en Colombia?&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>18, 35, 2016, pp. 13-38 DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.02" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.02</a>.</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p>Este art&iacute;culo examina los costos pol&iacute;ticos que habr&aacute;n de asumir las FARC, las fuerzas armadas, los pol&iacute;ticos derechistas, la &eacute;lite y los intereses creados, las personas desplazadas, los cultivadores de coca y la clase media. El an&aacute;lisis tambi&eacute;n aborda el papel y el impacto de otros actores, como las Bacrim y los grupos guerrilleros que a&uacute;n siguen operando, incluido el ELN.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B>Palabras clave:</B> costos pol&iacute;ticos; FARC, fuerzas armadas; JEL: H00, E65, E69.</P>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p>This paper, examines the political costs that will have to be borne by FARC; the Colombian military; Colombia's rightist politicians and elite and vested interests, internally-displaced people, the coca farmers, and Colombia's middle class. The analysis also touches on the roles and impacts of various other actors, such as bandas criminales and militant groups continuing to operate in Colombia, including the ELN.</p>      <p><b>Keywords:</b> political costs; FARC, armed forces, JEL: H00, E65, E69.</p>  <hr>      <p>Colombia vota el domingo en un plebiscito sobre el hist&oacute;rico acuerdo de paz con la guerrilla izquierdista de las FARC, y gran parte de la conversaci&oacute;n en ese pa&iacute;s se ha centrado en qui&eacute;n se beneficia con la paz. Aunque el pacto de paz ofrece una oportunidad sin precedentes para poner fin a un factor significativo de la violencia civil que dura ya varias d&eacute;cadas, muchos colombianos creen que las FARC se benefician mucho m&aacute;s que el pueblo colombiano y son ambivalentes ante el acuerdo. Si el plebiscito no aprobase el acuerdo, los costos para el pa&iacute;s ser&iacute;an enormes. El gobierno carece de un plan b y se podr&iacute;a perder una oportunidad que tiene pocas probabilidades de volver a presentarse durante mucho tiempo.</p>     <p>Sin embargo, aun si se aprobase el plebiscito -como es deseable- hay que hacer una pregunta clave: &iquest;qui&eacute;n paga por la paz de Colombia? Esa pregunta incluye los costos monetarios estrictos de implementar los diversos componentes del acuerdo de paz, incluidos el desarme, desmovilizaci&oacute;n y reintegraci&oacute;n (DDR) de los combatientes de las FARC y el desarrollo rural, as&iacute; como la pregunta m&aacute;s amplia de los costos pol&iacute;ticos para los diversos actores colombianos. Este escrito explora los costos pol&iacute;ticos de la implementaci&oacute;n que habr&aacute;n de asumir las FARC, las fuerzas armadas, los pol&iacute;ticos derechistas, la &eacute;lite y los intereses creados, las personas desplazadas, los cultivadores de coca ye la clase media. El an&aacute;lisis tambi&eacute;n aborda el papel y el impacto de otros actores, como las Bacrim y los grupos guerrilleros que a&uacute;n siguen operando, incluido el ELN. Para entender los impedimentos que surgir&aacute;n para implementar con &eacute;xito el acuerdo y los mecanismos que pueden frustrarlo es esencial entender los costos que enfrentar&aacute;n estos actores como resultado de la paz. El marco temporal del an&aacute;lisis es de unos cinco a&ntilde;os.</p>      <p>Aunque a los colombianos se les pide que perdonen muchas atrocidades de las FARC (Sengupta, 2016), y sean ambivalentes y est&eacute;n insatisfechos por tener que hacer ese sacrificio de justicia y responsabilidad (as&iacute; como se les pidi&oacute; que perdonaran a los paramilitares en un acuerdo similar de 2005)<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>, el acuerdo de paz beneficia a muchos. El muy detallado acuerdo de casi trescientas p&aacute;ginas promete una enorme transformaci&oacute;n social de la periferia rural largamente olvidada que har&iacute;a mucho m&aacute;s equitativo el contrato social colombiano<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Esta reestructuraci&oacute;n del contrato social hacia una mayor equidad y hacia la prometida transformaci&oacute;n social est&aacute; en el n&uacute;cleo de la &quot;paz&quot; (o la renovaci&oacute;n de la violencia) que Colombia obtendr&iacute;a con el acuerdo. Esta transformaci&oacute;n es muy deseable, social y normativamente, pero es tambi&eacute;n muy costosa y compleja y se requerir&aacute;n d&eacute;cadas para lograrla. Su ejecuci&oacute;n no ser&aacute; f&aacute;cil y est&aacute; &iacute;ntimamente entrelazada con los costos que enfrentar&aacute;n algunos actores colombianos esenciales.</p>     <p><b>LOS COSTOS MONETARIOS</b></p>     <p>Gran parte de la discusi&oacute;n de los costos del acuerdo se ha centrado en los costos monetarios, en particular de la profunda reestructuraci&oacute;n de las zonas rurales acordada. El gobierno colombiano no ha publicado sus estimaciones y solo lo har&aacute; si el plebiscito aprueba la paz. Se espera que los costos asciendan a varios puntos porcentuales del PIB durante muchos a&ntilde;os. Algunos componentes de la transformaci&oacute;n social pueden ser ya parte de los planes y expectativas presupuestales, lo que reducir&iacute;a el monto total de los nuevos costos.</p>     <p>El &quot;dividendo de la paz&quot; (los beneficios econ&oacute;micos de la reducci&oacute;n de la violencia) podr&iacute;a disminuir a&uacute;n m&aacute;s los costos totales, aunque la magnitud de este dividendo puede variar notablemente. Una parte importante de la reducci&oacute;n de los costos monetarios por dividendos de la paz a menudo est&aacute; asociada a la disminuci&oacute;n de las muertes en combates de guerra y homicidios relacionados (y no relacionados). En Colombia estas ya descendieron sustancialmente hace varios a&ntilde;os.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s, no todas las muertes en el conflicto han sido causadas por las FARC; muchas se pueden atribuir a otros grupos, como las bandas criminales. A diferencia de muchos gobiernos anteriores, el gobierno de Santos ha buscado diligentemente desmantelar esos grupos, como los Urabe&ntilde;os, uno de los m&aacute;s poderosos y destructivamente influyen-tes<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. No obstante, los Urabe&ntilde;os y otros grupos, como los Rastrojos y las &Aacute;guilas Negras, persisten en todo el pa&iacute;s, ejerciendo la violencia, la extorsi&oacute;n y la usurpaci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos, y manteniendo variados portafolios de econom&iacute;as il&iacute;citas, como las drogas, la tala y la miner&iacute;a ilegales. En diversos grados, tambi&eacute;n buscan agresivamente influencia pol&iacute;tica.</p>     <p>Otro componente del dividendo monetario de la paz podr&iacute;a provenir de una reducci&oacute;n del gasto militar, aunque eso puede implicar grandes costos pol&iacute;ticos, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante. Adem&aacute;s, los componentes financieros de un dividendo de la paz suelen provenir de un aumento de la inversi&oacute;n extranjera directa (IED), algo que Colombia ha promovido activamente. Pero, de nuevo, gran parte del aumento de la IED ya se materializ&oacute;, asociado ante todo al <i>boom </i>de productos b&aacute;sicos; y como sus precios han ca&iacute;do de manera sustancial, la IED en Colombia ha disminuido visiblemente (World Bank, 2015). De hecho, la expectativa general es que el gobierno tendr&aacute; que recortar su presupuesto ante la ca&iacute;da de precios de los productos b&aacute;sicos en un momento inoportuno, mientras que el acuerdo de paz demanda un enorme gasto nuevo durante muchos a&ntilde;os.</p>     <p>La ayuda de Estados Unidos a Colombia en el nuevo marco Paz Colombia (Franco, 2016), que asciende a unos 450 millones de d&oacute;lares (dedicada a DDR, cultivos alternativos y pol&iacute;ticas antinarc&oacute;ticos, incluidos la erradicaci&oacute;n, el desminado y la reparaci&oacute;n a las v&iacute;ctimas), cubrir&aacute; una parte muy peque&ntilde;a de los costos monetarios que enfrentar&aacute; el pa&iacute;s<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Eso es apropiado: el Estado y la sociedad colombianos tendr&aacute;n que acoger la transformaci&oacute;n social que promete la paz y pagar por ella. Pero no ser&aacute; f&aacute;cil. Y Estados Unidos debe asegurar que su ayuda no se consuma en esfuerzos antinarc&oacute;ticos imprudentes, como la erradicaci&oacute;n, que poco dejar&iacute;an al desarrollo social y rural. Ciento cinco millones de d&oacute;lares, hasta ahora casi la cuarta parte del paquete, se han asignado &uacute;nicamente al desminado, un esfuerzo al que Noruega tambi&eacute;n hace una importante contribuci&oacute;n. En contraste, entre los a&ntilde;os fiscales 2000 y 2016, el Congreso de Estados Unidos asign&oacute; 10 mil millones de d&oacute;lares al Plan Colombia y al seguimiento de sus programas (Beittel, 2016).</p>      <p><b>COSTOS POL&Iacute;TICOS Y DE OTRO TIPO</b></p>     <p><b><i>LAS FARC</i></b></p>     <p>Una causa de la ambivalencia de la sociedad colombiana respecto del acuerdo de paz es la impresi&oacute;n de que las FARC se benefician excesivamente. Es cierto que la dirigencia de las FARC parece haber logrado su objetivo de evitar el encarcelamiento, pero el futuro de mediano y largo plazo no parece color de rosa para las FARC. Aunque se permita que participen en pol&iacute;tica despu&eacute;s de su conversi&oacute;n en partido pol&iacute;tico, su experiencia en funciones organizativas y administrativas normales es muy limitada. S&iacute;, hist&oacute;ricamente han obtenido legitimidad basada en resultados mediante una provisi&oacute;n m&iacute;nima de bienes p&uacute;blicos -alcantarillado, recolecci&oacute;n de basuras, cl&iacute;nicas y escuelas- en sus zonas de operaci&oacute;n, financiada con ingresos del tr&aacute;fico ilegal de drogas. Pero si las FARC transformadas desisten de participar en el a&uacute;n floreciente tr&aacute;fico de drogas en Colombia, quiz&aacute; no tengan ingresos para tales d&aacute;divas econ&oacute;micas y para seguir compitiendo con el Estado en la provisi&oacute;n de tales bienes p&uacute;blicos. Las FARC tienen poca experiencia o visi&oacute;n econ&oacute;mica, empresarial y administrativa diferente de la anterior. Adem&aacute;s, en la &uacute;ltima d&eacute;cada, la mayor parte de dicha legitimidad ha provenido principalmente de la protecci&oacute;n a los cultivadores contra la erradicaci&oacute;n de sus parcelas de coca. De nuevo, esta tambi&eacute;n disminuir&iacute;a si ahora las FARC ayudaran a extender la presencia del Estado y reducir ese cultivo, aunque las modalidades de ese proceso, que se examinan m&aacute;s adelante, pueden ser muy complejas y proporcionar a las FARC algunas fuentes de legitimidad basada en resultados.</p>     <p>Es m&aacute;s posible, sin embargo, que las FARC intenten competir en elecciones libres, sin duda a nivel nacional pero incluso a nivel municipal. Sus mejores oportunidades de tener futuro pol&iacute;tico se encuentran en las zonas que controlan, en las 22 Zonas Veredales Transitorias de Normalizaci&oacute;n y en los seis campamentos m&aacute;s peque&ntilde;os estipulados en el acuerdo, donde sus unidades residir&aacute;n durante seis meses despu&eacute;s de que este entre en vigor. Y aun as&iacute;, gran parte de su influencia pol&iacute;tica futura puede provenir de la tradici&oacute;n, la narrativa y de medios claramente no democr&aacute;ticos, y no de la legitimidad basada en resultados.</p>     <p>Adem&aacute;s de remodelar su papel como intermediario entre el gobierno y los cultivadores de coca, la mejor opci&oacute;n de las FARC para seguir siendo un actor pol&iacute;tico relevante podr&iacute;a ser su conversi&oacute;n en baluarte contra la extorsi&oacute;n y la usurpaci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos por parte de las Bacrim. Ese papel pol&iacute;tico, sin embargo, supone varias cosas: una, que frentes particulares no deserten y se unan a las Bacrim locales; dos, que el Estado colombiano sea capaz de proteger a los actores pol&iacute;ticos y administrativos de las FARC de que sean asesinados e intimidados por las Bacrim m&aacute;s all&aacute; de la fase de DDR, de hecho, en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os; y tres, que las FARC no adopten el mismo enfoque de &quot;pol&iacute;tica mediante extorsi&oacute;n&quot; que las Bacrim.</p>     <p>Un factor esencial que influir&aacute; en la calidad de la paz que se desarrolle en Colombia ser&aacute; la capacidad de las FARC para mantener el mando y un fuerte control sobre sus comandantes de nivel intermedio, no solo inmediatamente despu&eacute;s de que el acuerdo entre en vigor, sino tambi&eacute;n durante los dos o tres a&ntilde;os siguientes. Las FARC es un grupo armado fuertemente jerarquizado que no se ha dividido a pesar de los golpes repetidos contra su dirigencia, y a pesar de la fractura de otros grupos armados. As&iacute;, es menos probable que muchos de sus comandantes de nivel medio deserten y se conviertan en actores puramente criminales o en grupos armados encubiertos por una ideolog&iacute;a reinventada, como ocurri&oacute; en el caso de la desmovilizaci&oacute;n de los paramilitares hace diez a&ntilde;os. Adem&aacute;s, durante una reciente conferencia de las FARC, sus l&iacute;deres aprobaron por unanimidad el acuerdo de paz. Buscando presentar una faz aceptable para la sociedad y promover el voto afirmativo en el plebiscito, se comprometieron a dejar la guerra atr&aacute;s y abrazar una segunda oportunidad en la pol&iacute;tica (AP, 2016).</p>     <p>Sendero Luminoso en Per&uacute; no era menos jerarquizado, y, sin embargo, dos de sus l&iacute;deres -el camarada Artemio y el camarada Alipio- no solo se escindieron sino que mantuvieron la lucha militar contra el Estado y controlaron un amplio territorio, aunque remoto, como el distrito de Monz&oacute;n, llegando a ser actores esenciales en la producci&oacute;n y el tr&aacute;fico de drogas durante otras dos d&eacute;cadas<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. No es claro qu&eacute; tipo de incentivos mantendr&aacute;n a los comandantes intermedios de las FARC apoyando el acuerdo de paz y operando dentro de sus restricciones. Si renuncian a participar en el tr&aacute;fico de drogas, la mayor&iacute;a probablemente no disfrutar&aacute; los beneficios econ&oacute;micos de la paz ni una carrera pol&iacute;tica exitosa. Que se mantengan anclados en la paz depender&aacute; en gran medida de la fortaleza de su lealtad y obediencia a la dirigencia y quiz&aacute; de las comodidades de vivir en paz, en vez de ocultarse en las selvas y escapar a la persecuci&oacute;n del ej&eacute;rcito colombiano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro caso revelador es el acuerdo de &quot;paz&quot; de 2009, en Nigeria, con el Movimiento por la Emancipaci&oacute;n del Delta Nigeriano (MEND). En esencia, el gobierno nigeriano coopt&oacute; a los dirigentes del MEND pag&aacute;ndoles y dej&aacute;ndoles controlar varias empresas, tanto legales como extorsivas, en sus zonas de influencia. Pero los altos dirigente del MEND no estaban dispuestos a compartir las rentas con sus comandantes de nivel medio, y ni los dirigentes del MEND ni el gobierno dedicaron recursos adecuados para DDR o cooptaci&oacute;n pura de los 15 mil integrantes del MEND que se iban a desmovilizar (Aghedo, 2013). En tres a&ntilde;os, la &quot;paz&quot; se marchit&oacute; gradualmente. Diversas formas de violencia y criminalidad retornaron al Delta, y surgieron nuevos grupos armados, como Vengadores del Delta del N&iacute;ger. En junio y julio de 2016, los Vengadores del Delta del N&iacute;ger y el MEND buscaban negociar un nuevo acuerdo de paz con el gobierno, aunque con pocas posibilidades de que, independientemente de un nuevo acuerdo formal, hubiese cambios sustantivos en el terreno<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>.</p>     <p>Y, por supuesto, en Colombia, muchos comandantes de nivel medio de las FARC, en particular cuando luchen econ&oacute;mica y pol&iacute;ticamente en la vida civil, con el tiempo enfrentar&aacute;n grandes tentaciones de retornar a la t&aacute;ctica armada para obtener el control de actividades ilegales como el tr&aacute;fico de drogas, la miner&iacute;a del oro, la tala ilegal y el robo de tierras incluso para cultivos legales. Las negociaciones del acuerdo de paz y sus perspectivas ya alteraron los equilibrios de poder y del tr&aacute;fico de drogas entre los actores armados, incluidas las Bacrim y el ELN, con el que el gobierno no ha logrado hasta ahora negociaciones de paz significativas. Ambos grupos de actores han intentado entrar en territorio de las FARC y redoblar&aacute;n sus esfuerzos una vez estas empiecen a entregar sus armas. Aunque grupos de narcotraficantes mexicanos, como el cartel de Sinaloa, han tenido presencia en Colombia durante casi una d&eacute;cada, la producci&oacute;n y el contrabando de drogas dentro de sus fronteras est&aacute;n a cargo de actores colombianos. Es entonces posible que las redes de producci&oacute;n y tr&aacute;fico establecidas puedan reconstituirse violentamente despu&eacute;s del acuerdo de paz. Esa respuesta violenta ya est&aacute; en marcha y estabilizar el mercado puede tomar mucho tiempo, incluso en t&eacute;rminos de violencia. En algunas zonas, las unidades de las FARC que deserten podr&iacute;an relevar, unirse o competir violentamente con el ELN, y no solo con las Bacrim.</p>     <p>El n&uacute;mero de guerrilleros rasos de las FARC que sucumban a la violencia criminal organizada o se unan a otros grupos depender&aacute; esencialmente de la calidad del DDR. Durante mucho tiempo el gobierno ha intentado resaltar la efectividad de su DDR de los grupos paramilitares y de desertores de las FARC. De hecho, y como es l&oacute;gico, ese programa no era perfecto, la reincidencia sigue siendo un tema importante y al menos la tercera parte de las Bacrim tuvo origen en grupos paramilitares (Guti&eacute;rrez y Gonz&aacute;lez, 2012). Entre los factores que impulsan esta reincidencia est&aacute;n el bajo nivel educativo de los ex combatientes y, por tanto, sus limitadas oportunidades econ&oacute;micas despu&eacute;s del desarme, as&iacute; como la presencia de grupos criminales en las inmediaciones (Kaplan y Nussio, 2016), es decir, de redes que facilitan la deserci&oacute;n y las oportunidades econ&oacute;micas ilegales. Ambos factores abundan en el caso del DDR de las FARC. Adem&aacute;s, la decisi&oacute;n de realizar en bloque el DDR de los combatientes de las FARC, en vez de hacerlo en forma individual, como se hizo al menos formalmente en la pr&aacute;ctica durante el proceso paramilitar, aumenta a&uacute;n m&aacute;s la probabilidad de que los combatientes de las FARC no encuentren f&aacute;cilmente oportunidades econ&oacute;micas adecuadas; otras caracter&iacute;sticas, como el alejamiento de la sociedad colombiana y la falta de experiencia, plantean otro reto. Muchos han vivido en la selva la mayor&iacute;a de su vida y no tienen habilidades sociales o econ&oacute;micas. Pero en la selva su vida se entrelazaba con un sentimiento ideol&oacute;gico y de autoestima que no podr&aacute;n recuperar despu&eacute;s del DDR. Para muchos, la mejor oportunidad de empleo ser&aacute; como guardias de seguridad en almacenes y parqueaderos.</p>     <p>En la efectividad del DDR tendr&aacute;n fuerte influencia otros factores. &iquest;Las comunidades locales estar&aacute;n dispuestas a acoger a los ex combatientes?, &iquest;estos ser&aacute;n atacados por actores criminales, antiguos paramilitares y Bacrim, por ejemplo?<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. La protecci&oacute;n que el Estado debe proporcionar a los ex combatientes de las FARC va m&aacute;s all&aacute; de la protecci&oacute;n de sus unidades en los campamentos de desmovilizaci&oacute;n planeados y de las zonas de normalizaci&oacute;n durante 180 d&iacute;as. Las fuerzas policiales regulares tendr&aacute;n que proporcionar esa protecci&oacute;n en los a&ntilde;os venideros, de ser necesario en forma individual. La reintegraci&oacute;n de desertores de las FARC a menudo enfrent&oacute; el reto de que fueran expulsados de las zonas con fuerte pasado paramilitar y presencia de las Bacrim, como Medell&iacute;n, o simplemente asesinados por ellos (Felbab, 2011a). A menudo la &uacute;nica protecci&oacute;n que pod&iacute;an encontrar era unirse a un grupo armado o criminal.</p>     <p>En suma, durante un lapso de tres a cinco a&ntilde;os, los ex combatientes y diversos comandantes de nivel medio y jefes de frente enfrentar&aacute;n m&uacute;ltiples e intensas presiones para volver a la criminalidad o a la violencia pol&iacute;ticamente encubierta.</p>     <p><b>EL EJ&Eacute;RCITO Y LA POLIC&Iacute;A</b></p>     <p>El ej&eacute;rcito colombiano tambi&eacute;n enfrentar&aacute; costos sustanciales como resultado de la paz. Un tema es el de los procedimientos de justicia y los castigos que afrontar&aacute;n su cuerpo de oficiales y soldados individuales por atrocidades de guerra. En uno de los casos m&aacute;s notorios -el de los &quot;falsos positivos&quot; durante la d&eacute;cada de 2000-, centenares y quiz&aacute; m&aacute;s de mil personas inocentes fueron asesinadas por soldados que aduc&iacute;an que sus v&iacute;ctimas eran guerrilleros. No fueron casos de identificaci&oacute;n equivocada durante la niebla de la guerra, ni mera consecuencia de que las fuerzas contrainsurgentes no pudieran distinguir entre guerrilleros y pobladores. Muchas de las v&iacute;ctimas fueron llevadas con enga&ntilde;o a lugares remotos, a menudo con promesas de empleo, asesinadas y vestidas de guerrilleros por los soldados, y por ello estos recibieron vacaciones y otras bonificaciones (Romero, 2008). Muchos oficiales superiores conoc&iacute;an el enga&ntilde;o y alentaron el asesinato. Los procesos por los &quot;falsos positivos&quot; han continuado durante a&ntilde;os, antes del acuerdo de paz. Pero se pueden reabrir casos antiguos e inactivos.</p>     <p>Aparte de los procedimientos de justicia por cr&iacute;menes del pasado, el ej&eacute;rcito colombiano quiz&aacute; enfrente grandes costos presupuestales como instituci&oacute;n. Creci&oacute; notablemente en t&eacute;rminos de personal activo, equipo, capacidades y presupuesto en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas. Por ejemplo, solo en t&eacute;rminos de personal, se ampli&oacute; en un tercio entre 2005 y 2015, de 207 mil soldados a 296 mil (IISS, 2006, 39; 2016, 389). Al cabo de algunos a&ntilde;os de paz, la sociedad puede no estar dispuesta a seguir recaudando impuestos para apoyar a los militares, e incluso puede ser que no se cumpla con las pensiones y beneficios antes prometidos a los soldados. &iquest;Los veteranos con pensiones y beneficios reducidos estar&aacute;n tentados a unirse a bandas criminales?</p>     <p>A diferencia de otros ej&eacute;rcitos de Am&eacute;rica Latina, el de Colombia no tiene una historia de golpes de Estado, y tal escenario sigue siendo muy improbable. Pero cabe imaginar que al menos algunos elementos del ej&eacute;rcito den futuro apoyo t&aacute;cito a pol&iacute;ticos de derecha que intenten deshacer la paz legislativa o legalmente. Tales intentos de desbaratar, subvertir y derogar un acuerdo de paz con rebeldes armados se han emprendido repetida y exitosamente en Filipinas en su proceso de paz con el Frente Moro de Liberaci&oacute;n Nacional (FMLN) durante la &uacute;ltima d&eacute;cada<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>     <p>Adem&aacute;s de los costos presupuestales, es posible que cambie la postura de las fuerzas militares colombianas (Ellis, 2016). Se supone que el ej&eacute;rcito se reorientar&aacute; a la defensa externa a lo largo de las fronteras. Gran parte de su frontera es porosa y el ej&eacute;rcito colombiano se enfocar&iacute;a en esas zonas. En particular, la frontera con Venezuela, que facilita el tr&aacute;fico de drogas y muchos tipos de contrabando, podr&iacute;a llegar a ser una gran fuente de inestabilidad si un colapso del r&eacute;gimen venezolano suscitara enormes flujos de refugiados a Colombia o, a&uacute;n peor, si hubiese una guerra civil en Venezuela. Muchos de los grupos armados y criminales que todav&iacute;a quedan en Colombia realizan operaciones en la frontera con Venezuela, y a veces controlan de facto partes de ella. Impulsar la presencia del Estado en esas zonas y limitar las operaciones de estos grupos son la prioridad correcta para el gobierno colombiano. Pero llevar a cabo esa tarea ser&aacute; un desaf&iacute;o.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para reducir la incomodidad de la reducci&oacute;n del ej&eacute;rcito y del recorte potencial de los beneficios prometidos a los soldados, el gobierno tambi&eacute;n est&aacute; explorando oportunidades de mantenimiento de la paz en el extranjero. Estados Unidos y Colombia han intentado promover oportunidades para asesores militares y oficiales de inteligencia colombianos en Am&eacute;rica Central y M&eacute;xico, pero han encontrado cierta renuencia de los gobiernos y ej&eacute;rcitos de esos pa&iacute;ses a aceptar funciones destacadas o sustanciales de los militares colombianos. Adem&aacute;s, as&iacute; aumentara la aceptaci&oacute;n, el empleo y las oportunidades presupuestales para los militares colombianos seguir&iacute;an siendo limitados.</p>     <p>El mantenimiento de la paz promete conservar n&oacute;mina a muchos soldados m&aacute;s y mejorar el prestigio institucional internacional del ej&eacute;rcito colombiano. Ya existe la expectativa de que soldados colombianos se desplieguen en el Congo. El ej&eacute;rcito de Nepal us&oacute; con &eacute;xito el mantenimiento de la paz para compensar los costos de la paz con los mao&iacute;stas despu&eacute;s de 2006 y logr&oacute; integrar al menos 1.500 ex combatientes mao&iacute;stas en sus filas<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. Los nepaleses tambi&eacute;n sobresalen en el mantenimiento de la paz en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses que contribuyen a tales esfuerzos. En &Aacute;frica, como en la Rep&uacute;blica Centroafricana, hay gran necesidad de mantener la paz. En Somalia, la fuerza de contrainsurgencia y mantenimiento de la paz de la Uni&oacute;n Africana, AMISOM, combate con dificultades a los activistas islamistas radicales de Al Shabab (Felbab, 2015b y 2016). Las habilidades de contrainsurgencia y otras capacidades militares que las fuerzas colombianas podr&iacute;an aportar al contexto africano son de mucha utilidad. No obstante, el entorno humano en el Congo o Somalia en nada se parece al que las Fuerzas Armadas colombianas est&aacute;n acostumbradas a encontrar, y las complejidades pol&iacute;ticas del mantenimiento de la paz o, m&aacute;s precisamente, de la contrainsurgencia y el combate activos, son enormes.</p>     <p>La polic&iacute;a colombiana tambi&eacute;n ha crecido: de 121 mil integrantes en 2005 a 159 mil en 2015 (IISS, 2006, 33I; 2016, 39I). Para ampliar la presencia del Estado, desarrollar la periferia largamente olvidada y suprimir la criminalidad se requiere el firme cumplimiento de la ley, la estrategia, la doctrina y los protocolos correctos, as&iacute; como desarrollar capacidades y profesionalizar a la polic&iacute;a. Las cifras por s&iacute; solas no son suficientes, pero tienen importancia. La existencia de un gran n&uacute;mero de polic&iacute;as corruptos y abusivos puede poner en peligro la paz y el desarrollo y acentuar la fragilidad, as&iacute; como la violencia y el resurgimiento de la criminalidad. Pero una escasa presencia de polic&iacute;as efectivos es igualmente problem&aacute;tica. De hecho, aunque en todos los municipios colombianos haya habido alguna presencia de la polic&iacute;a durante una d&eacute;cada, ese despliegue policial es a veces muy peque&ntilde;o. Por tanto, la polic&iacute;a colombiana no puede enfrentar las mismas presiones para reducir el tama&ntilde;o que el ej&eacute;rcito. Puede haber, por el contrario, necesidad de aumentar m&aacute;s su tama&ntilde;o.</p>     <p>Una posibilidad es reentrenar y reenganchar el exceso de soldados colombianos como polic&iacute;as. Este enfoque aliviar&iacute;a los costos de la reducci&oacute;n del ej&eacute;rcito y no es raro en Am&eacute;rica Latina. En gran parte de la regi&oacute;n, en particular en M&eacute;xico y Am&eacute;rica Central, el ej&eacute;rcito se ha desplegado regularmente para cumplir fines de polic&iacute;a, y se han trasladado o recontratado soldados y comandantes en la fuerza policial. Pero este enfoque tiene graves desventajas. Las habilidades de la polic&iacute;a, en particular las necesarias para tener buenas relaciones con las comunidades locales y para suprimir el crimen organizado, como la vigilancia de criminales y puntos candentes, son muy diferentes de las habilidades militares. La diferencia m&aacute;s b&aacute;sica es que los polic&iacute;as deben estar capacitados para utilizar la m&iacute;nima fuerza posible y solo como &uacute;ltimo recurso, mientras que a los soldados se les suele adiestrar para destruir al enemigo con fuerza letal desde el comienzo.</p>     <p>Para desarrollar relaciones positivas con las comunidades locales y legitimarse, la polic&iacute;a colombiana deber&iacute;a hacer el esfuerzo de reclutar localmente, entre comunidades con m&iacute;nima o inexistente presencia de la fuerza policial, entre militares afro-colombianos y entre ex combatientes y simpatizantes de las FARC que aprueben rigurosos programas de selecci&oacute;n y capacitaci&oacute;n.</p>     <p>De hecho, las unidades rurales de la fuerza policial en particular tendr&aacute;n que reorientarse hacia la pol&iacute;tica de acercamiento y protecci&oacute;n de la comunidad y alejarse de la mentalidad de contrainsurgencia paramilitar de facto. Las fuerzas urbanas intentaron esa transformaci&oacute;n hace varios a&ntilde;os. En 2010 se adopt&oacute; el Plan Nacional de Vigilancia por Cuadrantes, com&uacute;nmente llamado &quot;Plan Cuadrantes&quot;, construido en torno a la pol&iacute;tica de acercamiento a la comunidad para corregir las deficiencias y pautas anteriores de comportamiento abusivo en lugares como Medell&iacute;n. El programa hace &eacute;nfasis en el despliegue permanente de unidades en las comunidades, asigna a los agentes de polic&iacute;a la tarea de conocer a la comunidad y ordena que est&eacute;n presentes en una zona particular durante un buen tiempo antes de ser trasladados a otra zona. Al comienzo, las evaluaciones parec&iacute;an muy positivas, pero con el tiempo han variado fuertemente<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. La evaluaci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Ideas para la Paz en noviembre de 2012, por ejemplo, estim&oacute; una reducci&oacute;n del 18% en homicidios, del 11% en asaltos personales y del 22% en robo de veh&iacute;culos (FIP, 2012). Pero estudios posteriores son m&aacute;s cr&iacute;ticos. C&oacute;mo Vamos, una entidad de investigaci&oacute;n que mide indicadores de calidad de vida en las principales ciudades de Colombia y del exterior, clasific&oacute; a Bogot&aacute; en un triste pen&uacute;ltimo lugar a escala nacional en percepci&oacute;n de seguridad; solo el 21% de los residentes se sent&iacute;an seguros en la ciudad (C&oacute;mo Vamos, 2013). El Centro de Estudio y An&aacute;lisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana encontr&oacute; en 2014 que un 71% de los encuestados en Bogot&aacute; estaba &quot;muy insatisfecho&quot; o &quot;insatisfecho&quot; con la polic&iacute;a. Su informe tambi&eacute;n calcul&oacute; que los homicidios aumentaron en la capital entre 2013 y 2014 (CEACSC, 2014). Estas variadas evaluaciones no necesariamente significan que la estrategia y la conceptualizaci&oacute;n sean inv&aacute;lidas: la percepci&oacute;n ciudadana de la polic&iacute;a y la seguridad y las estad&iacute;sticas de delitos var&iacute;an por muchas razones. Pero s&iacute; implican que se requieren mejoras adicionales en el enfoque y el dise&ntilde;o para localidades espec&iacute;ficas. M&aacute;s en general, revelan que la vigilancia de la paz requerir&aacute; numerosos cambios y adaptaciones para que el cumplimiento de la ley no sea lo que sol&iacute;a ser durante la guerra civil y la contrainsurgencia.</p>     <p>La vigilancia de la paz tambi&eacute;n requerir&aacute; una rendici&oacute;n de cuentas y un control civil robustos. As&iacute;, tiene sentido trasladar la polic&iacute;a del Ministerio de Defensa, adonde hoy pertenece, al Ministerio del Interior u otra dependencia, pero separada de las fuerza militares. Pero m&aacute;s all&aacute; de este cambio institucional, tambi&eacute;n es necesario construir y alentar sistem&aacute;ticamente juntas de ciudadanos-polic&iacute;a en ciudades y zonas rurales como mecanismos para la legitimidad y la rendici&oacute;n de cuentas de la polic&iacute;a as&iacute; como para identificar problemas y formular estrategias.</p>     <p><b>LOS POL&Iacute;TICOS DE DERECHA, LAS &Eacute;LITES Y LOS INTERESES CREADOS</b></p>     <p>El ex presidente Alvaro Uribe (quien ocup&oacute; el cargo entre 2002 y 2010) ha hecho una intensa campa&ntilde;a para evitar y subvertir el proceso de paz con las FARC. Los castigos a las FARC en los que ha insistido, como el encarcelamiento, ser&iacute;an una capitulaci&oacute;n que las FARC no aceptar&iacute;an; el ej&eacute;rcito colombiano no la ha conseguido porque requerir&iacute;a la derrota total de las FARC en todo el pa&iacute;s, y el gobierno a&uacute;n no est&aacute; cerca de lograrla. Sin embargo, Uribe y los pol&iacute;ticos de derecha que lo rodean, como las &eacute;lites rurales y otros intereses creados, no abandonar&aacute;n simplemente su empe&ntilde;o de sabotear el proceso de paz, incluso si se aprobara el plebiscito y el acuerdo de paz entrara en vigor. Podr&iacute;an intentar seguir el ejemplo de las fuerzas de derecha filipinas que han recurrido repetidamente a demandas judiciales y legislativas para descarrilar los acuerdos de paz con el FMLN. Durante varios a&ntilde;os ha habido intercambios pol&iacute;ticos y de contrainsurgencia entre Colombia y Filipinas, y Colombia ha intentado exportar su desmovilizaci&oacute;n de los grupos paramilitares como modelo de desmovilizaci&oacute;n para Filipinas.</p>     <p>Con mucha m&aacute;s facilidad, los pol&iacute;ticos de derecha y los intereses creados simplemente podr&iacute;an socavar desde dentro la implementaci&oacute;n del desarrollo rural. Una profunda transformaci&oacute;n rural como la que promete el acuerdo reducir&iacute;a el desproporcionado poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico que a&uacute;n mantienen las &eacute;lites rurales y la impunidad con la que pueden actuar tan a menudo. Incluso la historia reciente del pa&iacute;s est&aacute; repleta de ejemplos de dicha din&aacute;mica. Durante el &uacute;ltimo lapso del gobierno de Uribe y comienzos del gobierno de Juan Manuel Santos, sus ministerios competentes -como el de Agricultura- fueron un gran obst&aacute;culo para el Plan Nacional de Consolidaci&oacute;n Territorial, la fase de construcci&oacute;n de la contrainsurgencia que buscaba llevar una presencia multifac&eacute;tica y robusta del Estado y el desarrollo a zonas donde supuestamente no hab&iacute;a presencia de las FARC<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. Se marchitaron, entonces, el Plan de Consolidaci&oacute;n y esfuerzos similares, incluso sus componentes emblem&aacute;ticos, como el de la regi&oacute;n de la Macarena (Neuman, 2015). Los decepcionantes resultados se debieron en parte a falta de recursos, pero m&aacute;s a menudo y significativamente, a que los ministerios eran reacios o incapaces de implementarlos de manera eficaz. Los intereses creados lograron reformar las pol&iacute;ticas que buscaban beneficiar a la poblaci&oacute;n marginada en beneficio de ellos mismos<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>. De hecho, una de las razones para que el gobierno de Santos desviara su enfoque y sus energ&iacute;as a la negociaci&oacute;n de una paz con las FARC fue la paralizaci&oacute;n total del Plan de Consolidaci&oacute;n y del desarrollo rural en los ministerios y en el campo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero incluso si se pudiera incentivar a los ministerios competentes para que ejecuten con diligencia los esquemas de construcci&oacute;n de Estado y de desarrollo rural y superen los graves problemas de coordinaci&oacute;n que anteriormente socavaron los esfuerzos de consolidaci&oacute;n, &iquest;la administraci&oacute;n municipal podr&aacute; funcionar como socio del Estado en la implementaci&oacute;n? La inyecci&oacute;n de recursos a las administraciones municipales ser&aacute; esencial, pero tambi&eacute;n puede crear incentivos para que los grupos criminales y los actores armados intenten extorsionar y hurtar los recursos para el desarrollo, como ha ocurrido repetidamente en Colombia. El Estado colombiano necesitar&aacute; entonces organizar una protecci&oacute;n m&aacute;s efectiva de los alcaldes y administraciones locales de la que ha logrado hist&oacute;ricamente. Una funci&oacute;n pol&iacute;tica creativa de las FARC podr&iacute;a ser supervisar y revelar la presi&oacute;n de los grupos ilegales o los intereses creados y de las agro-empresas para evitar ese robo de recursos.</p>     <p>Parad&oacute;jicamente, el fin de la violencia formal con las FARC y el aumento del valor de tierra y de los recursos naturales en zonas antes disputadas o inaccesibles podr&iacute;an desatar nuevas formas de violencia, robo de tierras, desalojo y desplazamiento. Esa ya ha sido la din&aacute;mica en Colombia durante algunos a&ntilde;os, donde nuevas formas de intimidaci&oacute;n y desplazamiento de poblaciones locales han logrado el control de tierras para cultivar palma africana, talar bosques, extraer carb&oacute;n e incluso para ecoturismo, como en el Parque Tayrona (ib&iacute;d.; ver Bocarejo y Ojeda, 2016). De hecho, tan solo en el a&ntilde;o pasado fue desplazada la asombrosa cantidad de 200 mil personas debido al nuevo robo de tierras, prolongando la violencia criminal y pol&iacute;tica, y el tr&aacute;fico de drogas (Miroff, 2016). El acuerdo de paz promete devolver la tierra robada a los desplazados, unos 7 millones en total, o darles nuevas tierras en otras zonas. El gobierno colombiano espera utilizar sat&eacute;lites espaciales y otras soluciones t&eacute;cnicas, as&iacute; como las memorias hist&oacute;ricas expresadas a trav&eacute;s de mapas comunales de tierras, para crear catastros y entregar t&iacute;tulos. Pero esos esfuerzos de restituci&oacute;n de tierras han estado en marcha durante la mayor parte del gobierno de Santos, y han avanzado con mucha lentitud. En realidad se han devuelto muchas menos tierras de las que se esperaban en 2010. Adem&aacute;s, muchos desplazados no quieren volver a las zonas rurales aunque breguen econ&oacute;micamente en los barrios marginales que rodean las grandes ciudades del pa&iacute;s. Si bien, en el mediano plazo, puede ser econ&oacute;micamente m&aacute;s viable proporcionarles paquetes de ayuda econ&oacute;mica, capacitaci&oacute;n t&eacute;cnica y otros tipos de ayuda que tratar de que vuelvan a las zonas rurales; tales esfuerzos enfocados en lo urbano tambi&eacute;n son muy costosos en el corto plazo.</p>     <p><b>LOS CULTIVADORES DE COCA</b></p>     <p>Entre los muchos demandantes de los beneficios de la paz en Colombia est&aacute;n los cultivadores de coca. En el acuerdo de paz, las FARC se comprometen a trabajar para terminar el tr&aacute;fico de drogas y el gobierno se compromete con el desarrollo rural que proporcionar&iacute;a oportunidades econ&oacute;micas viables en la econom&iacute;a legal a esos cultivadores. Despu&eacute;s de rechazar las protestas cocaleras contra la erradicaci&oacute;n, el gobierno de Santos detuvo la fumigaci&oacute;n a&eacute;rea de los cultivos, para usar &uacute;nicamente la erradicaci&oacute;n manual<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. Durante mucho tiempo la fumigaci&oacute;n a&eacute;rea ha sido sumamente pol&eacute;mica a nivel pol&iacute;tico y ha proporcionado a las FARC gran capital pol&iacute;tico entre los cultivadores de coca (Felbab, 2010). Durante muchos a&ntilde;os Colombia fue el &uacute;nico pa&iacute;s que utiliz&oacute; la fumigaci&oacute;n a&eacute;rea.</p>     <p>Pero aun en medio de las protestas pol&iacute;ticas contra la erradicaci&oacute;n, y de la incertidumbre pol&iacute;tica sobre el proceso de paz, el cultivo de coca ha aumentado visiblemente. Seg&uacute;n el Departamento de Estado de Estados Unidos, se increment&oacute; en un 39%, de 80.500 ha en 2013 a 112.000 ha en 2014 (USDS, 2016). Ni Estados Unidos ni la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) han publicado datos del cultivo de coca en Colombia en 2015, pero la expectativa general es que no disminuy&oacute; y que quiz&aacute; sea mayor que en 2014. Esto no es sorprendente; nunca se han abordado las causas subyacentes al cultivo de coca, incluida la marginaci&oacute;n de sus cultivadores, y el cultivo ha fluctuado en el pa&iacute;s, pues durante a&ntilde;os se ha desplazado entre Colombia, Per&uacute; y Bolivia seg&uacute;n var&iacute;an las condiciones del mercado, los niveles de supresi&oacute;n y otros factores, como la enfermedad del cultivo.</p>     <p>Proporcionar medios de vida alternativos eficaces a los centenares de miles de cultivadores de coca, y a otros m&aacute;s que podr&iacute;an tomar su lugar, ser&aacute; muy dif&iacute;cil, requerir&aacute; enormes recursos y no tardar&aacute; a&ntilde;os sino d&eacute;cadas. En los a&ntilde;os noventa, pa&iacute;ses como Birmania, Laos y Vietnam lograron erradicar los cultivos de drogas ilegales a una escala similar mediante una combinaci&oacute;n de represi&oacute;n, erradicaci&oacute;n e incentivos econ&oacute;micos limitados negociados a los agricultores, aunque en Birmania eso no dur&oacute; y el cultivo de amapola volvi&oacute; a aumentar (Felbab, 2015c y Windle, 2016). La China de Mao Zedong erradic&oacute; la amapola en la d&eacute;cada de 1950 a una escala a&uacute;n mayor, sin proporcionar casi ning&uacute;n medio de vida alternativo, en un ambiente de total temor y sin resistencia pol&iacute;tica a un r&eacute;gimen que no se abstuvo de ejecutar a millones de personas<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Solo un pa&iacute;s ha tenido &eacute;xito en la eliminaci&oacute;n total del cultivo de drogas ilegales mediante medios de vida alternativos: Tailandia. All&iacute; se necesitaron tres d&eacute;cadas de esfuerzos, mucha experimentaci&oacute;n y ajuste de los medios de vida alternativos, y un gran compromiso pol&iacute;tico y financiero de la familia real tailandesa y de los socios externos, incluida la ayuda financiera sostenida durante largo tiempo. Fundamentalmente, durante los a&ntilde;os clave de esos esfuerzos, en los a&ntilde;os ochenta y noventa, Tailandia fue uno de los tigres asi&aacute;ticos y todo el pa&iacute;s creci&oacute; de un modo que gener&oacute; muchos nuevos empleos. En el pico del cultivo de amapola en los sesenta, la producci&oacute;n total era inferior a 20 mil ha, una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de lo que se debe afrontar en Colombia. Los medios de vida alternativos se dise&ntilde;aron como un desarrollo rural integral y multifac&eacute;tico y no se centraron simplemente en la sustituci&oacute;n de cultivos<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> . Buscaban extender los derechos de ciudadan&iacute;a a los cultivadores de amapola, y proporcionarles oportunidades educativas y servicios de salud. La erradicaci&oacute;n fue negociada, y tard&oacute; varios a&ntilde;os para llevarse a cabo (a menudo cinco o m&aacute;s), despu&eacute;s de que los esfuerzos de medios de vida alternativos llegaran a los pueblos y solo despu&eacute;s de que empezaran a producir ingresos.</p>     <p>Ser&iacute;a conveniente que Colombia estudiara cuidadosamente el modelo tailand&eacute;s. Y Estados Unidos debe tener paciencia y no perjudicar la profundizaci&oacute;n del proceso de paz insistiendo en una erradicaci&oacute;n prematura de la coca. Un problema clave en los esfuerzos para proporcionar medios de vida alternativos en Colombia, a menudo agravado err&oacute;neamente por Estados Unidos, ha sido insistir en la erradicaci&oacute;n de la coca como precondici&oacute;n de la ayuda econ&oacute;mica o demasiado pronto, tres o seis meses despu&eacute;s de que lleguen unos &quot;medios de vida alternativos&quot; muy inadecuados. Esta ayuda inicial nunca ha sido suficiente para estimular medios de vida adecuados y sostenibles, y en su mayor&iacute;a son paliativos contra la inseguridad alimenticia debida a la erradicaci&oacute;n o p&eacute;rdida del cultivo de coca. En la &uacute;ltima d&eacute;cada el gobierno de Barack Obama y el Congreso de Estados Unidos han mostrado una prudente paciencia con el cultivo de amapola en Afganist&aacute;n. Es hora de aplicar un aprendizaje y una prudencia semejantes a las pol&iacute;ticas antinarc&oacute;ticos en Colombia, incluidos sus problemas de largo plazo y sus efectos contraproducentes, como el de la erradicaci&oacute;n prematura<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>.</p>     <p>La realidad es que en Colombia habr&aacute; mucha coca durante largo tiempo, muy posiblemente en niveles bastante mayores que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero si, debido en parte a la presi&oacute;n de Estados Unidos, se pasa a la erradicaci&oacute;n forzada antes de tener medios de vida alternativos, se correr&aacute; el riesgo de perjudicar la transformaci&oacute;n rural que puede ser el ancla profunda de la paz en ese pa&iacute;s.</p>     <p>Aunque en septiembre de 2016 Estados Unidos descertific&oacute; de nuevo a Bolivia, por noveno a&ntilde;o consecutivo, por lo que considera un incumplimiento de los esfuerzos antinarc&oacute;ticos, el modelo boliviano de un <i>cato </i>es otra estrategia que merece explorarse y considerarse en Colombia<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>. Bajo la pol&iacute;tica de un cato se permite que una familia cultive coca en una peque&ntilde;a porci&oacute;n de tierra -un <i>cato, </i>unos 12,35 m<sup>2</sup>- para garantizar la seguridad alimentaria y la supervivencia econ&oacute;mica b&aacute;sica de la familia, mientras que los medios de vida alternativos y los esfuerzos de erradicaci&oacute;n buscan disminuir el cultivo de &aacute;reas mayores que un <i>cato </i>y reducir gradualmente tanto la pobreza como la dependencia de ese cultivo (Youngers, 2013; Farthing y Ledebur, 2014).</p>     <p>El gobierno de Evo Morales ha sido diligente en la erradicaci&oacute;n de la coca excedentaria, a menudo destruyendo casi un tercio del cultivo anual. El nivel real de cultivo es discutible: seg&uacute;n las &uacute;ltimas cifras de Estados Unidos, aument&oacute; en un 30% entre 2013 y 2014, a 35.000 ha (USDS, 2016). Seg&uacute;n la ONUDD y el gobierno boliviano, se redujo de 20.400 ha en 2014 (un tercio menos de lo que estim&oacute; el gobierno de Estados Unidos) a 20.200 ha en 2015 (ONUDD, 2015; Bonello, 2016). Pero incluso con las estimaciones m&aacute;s altas de Estados Unidos, la producci&oacute;n de coca en Bolivia sigue siendo mucho m&aacute;s baja que en Colombia o Per&uacute;. Es discutible que los niveles de cultivo en Bolivia sean el resultado del dise&ntilde;o de pol&iacute;tica y su ejecuci&oacute;n efectiva o consecuencia de factores ex&oacute;genos (desplazados por el aumento de cultivos en Per&uacute; y Colombia). Los funcionarios antinarc&oacute;ticos de Estados Unidos sostienen que en la &uacute;ltima d&eacute;cada Bolivia volvi&oacute; a ser un importante centro de reenv&iacute;o de coca&iacute;na y lugar de reuni&oacute;n favorito y centro financiero de narcotraficantes colombianos y brasile&ntilde;os, y que buena parte del cultivo termina siendo desviada al narcotr&aacute;fico<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>. El gobierno de Bolivia lo niega, y persigue a los traficantes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pol&iacute;tica del gobierno de Morales acerca de la coca tambi&eacute;n ha tenido problemas y se podr&iacute;a decir que ha fracasado en su segundo pilar b&aacute;sico: la &quot;racionalizaci&oacute;n&quot; de la coca, el empe&ntilde;o por encontrar salidas legales a los productos de la coca. En parte, debido a un entorno legal internacional desfavorable, pero tambi&eacute;n a falta de inter&eacute;s de los clientes; productos como el vino o el jab&oacute;n de coca no han despegado. Para crear salidas legales al volumen de coca que excede a la cantidad que consumen los mercados bolivianos tradicionales (t&eacute; y hojas para masticar), el gobierno ha recurrido a productos de harina de coca para alimentar a los ni&ntilde;os que van a la escuela. Pero no les gustan porque la harina de coca es muy amarga.</p>     <p>El papel m&aacute;s productivo para las FARC y que podr&iacute;a asegurarles alg&uacute;n futuro pol&iacute;tico ser&iacute;a que apoyen medios de vida alternativos inteligentes y se opongan a la erradicaci&oacute;n prematura mientras se retiran simult&aacute;neamente del comercio ilegal de coca&iacute;na.</p>     <p>El gobierno colombiano est&aacute; dedicando mucho empe&ntilde;o al cultivo legal de marihuana para mercados medicinales externos e internos futuros como componente clave de sus esfuerzos de medios de vida alternativos. Ya concedi&oacute; varias licencias para cultivar marihuana medicinal <i>(The Economist, </i>2016). Pero a menos que muchos otros aspectos del desarrollo rural -incluidos la distribuci&oacute;n y titulaci&oacute;n de tierras, el acceso a microcr&eacute;dito, el desarrollo de capacidades t&eacute;cnicas y de comercializaci&oacute;n, y el apoyo para establecer cadenas de valor agregado y acceder a los mercados- tambi&eacute;n acompa&ntilde;en el impulso de la marihuana medicinal, esta padecer&aacute; los mismos y numerosos problemas de la sustituci&oacute;n por caf&eacute;, cacao o papa (Felbat et al., 2009). Adem&aacute;s, sin apoyo especial, los peque&ntilde;os cultivadores de marihuana medicinal no podr&aacute;n competir con las grandes empresas agr&iacute;colas as&iacute; como no pueden competir en otros cultivos legales. Se necesitar&aacute; generar empleos e ingresos no agr&iacute;colas como componente esencial del empe&ntilde;o para reducir el cultivo de coca, de los esfuerzos para reducir la pobreza urbana y proporcionar ayuda a los desplazados. Y si el cultivo de marihuana medicinal legalizado despega de modo que pueda emplear m&aacute;s de un peque&ntilde;o n&uacute;mero de cultivadores de coca, su precio podr&iacute;a descender dr&aacute;sticamente a niveles que no proporcionen ingresos suficientes a los cultivadores peque&ntilde;os.</p>     <p>As&iacute;, en muchas zonas donde hoy se cultiva coca, la marihuana medicinal no podr&aacute; competir con la coca&iacute;na. De hecho, debido a los costos de transporte desde esas regiones remotas, separadas de la infraestructura del pa&iacute;s y de los mercados externos por selvas y cordilleras, solo es econ&oacute;micamente viable la producci&oacute;n de drogas ilegales de bajo peso y alto margen de ganancias, como la coca&iacute;na o la hero&iacute;na. En la mayor&iacute;a de esas zonas -con la posible excepci&oacute;n de los nichos de ecoturismo, como el avistamiento de aves que se podr&iacute;a desarrollar con el tiempo- ning&uacute;n esfuerzo de medios de vida alternativos ser&aacute; viable: all&iacute; los cultivadores de coca solo podr&aacute;n participar en econom&iacute;as legales y escapar de la trampa de la ilegalidad si se trasladan a otras partes del pa&iacute;s. Pero hay otras zonas donde hoy se cultivan coca y amapola que se pueden desarrollar econ&oacute;micamente -bien sea con agricultura legal, miner&iacute;a legal u otras industrias-, y el gobierno colombiano y la ayuda internacional a los esfuerzos contra la droga se deber&iacute;an concentrar en ellas.</p>     <p>Infortunadamente, la actividad sustituta m&aacute;s probable y viable para muchos cultivadores de coca puede ser la tala ilegal. Esa tala problem&aacute;tica -legal e ilegal, pero en todo caso insostenible y ambientalmente devastadora- surgi&oacute; como sustituto de la amapola en Tailandia, Birmania, Laos y Vietnam (ver, p. ej. Felbab, 2015c). La tala ilegal aument&oacute; significativamente en Colombia durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, impulsada por la demanda internacional de maderas duras y el desmonte ilegal de tierras para cultivar palma africana. Y, por supuesto, los esfuerzos de erradicaci&oacute;n anteriores empujaron a los cultivadores de coca a los parques nacionales y otras zonas boscosas, poniendo en peligro el entorno natural. Parad&oacute;jicamente, podr&iacute;a ocurrir que la biodiversidad y el medio ambiente paguen un gran precio por la paz de Colombia. La preservaci&oacute;n de esta abundante biodiversidad y la limitaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico son razones adicionales para que Estados Unidos no insista en una erradicaci&oacute;n prematura equivocada del cultivo de drogas, y el gobierno colombiano debe oponerse a tales presiones hasta que pueda proporcionar medios de vida legales viables y deseables. Los costos ambientales no ameritan las bajas ganancias de la erradicaci&oacute;n.</p>     <p><b>LA CLASE MEDIA Y EL CONTRATO SOCIAL</b></p>     <p>A menos que Colombia logre llevar a cabo una reforma tributaria pol&iacute;ticamente complicada, una parte grande y desproporcionada de los gastos financieros para apoyar la paz y el desarrollo y la transformaci&oacute;n social prometidos recaer&aacute; sobre la clase media en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. Y est&aacute; por ver por cu&aacute;nto tiempo la clase media -muy vulnerable a los sufrimientos resultantes de choques macroecon&oacute;micos, a ca&iacute;das de precios de productos b&aacute;sicos y a efectos tales como la mala salud de las cabezas de familia- est&eacute; dispuesta a soportar tal redistribuci&oacute;n de los recursos. En R&iacute;o de Janeiro, la disposici&oacute;n de la clase media a pagar por el desarrollo de las favelas marginadas con alta incidencia de la criminalidad se evapor&oacute; al cabo de tres a&ntilde;os, a pesar del entusiasmo inicial por el esfuerzo y el amplio apoyo al llamado esfuerzo de pacificaci&oacute;n (que tambi&eacute;n ha tropezado contra muchos otros obst&aacute;culos adem&aacute;s de la falta de recursos adecuados)<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. En India, las clases medias han sido incluso menos generosas con los pobres -as&iacute; hayan dejado de ser pobres apenas hace una generaci&oacute;n o a&uacute;n menos-, a menudo boicoteando los esfuerzos del gobierno para extender los servicios p&uacute;blicos y el desarrollo urbano a barrios marginales de las ciudades o zonas rurales subdesarrolladas (Prakash, 2014 y Chaplin, 1999 y 2011).</p>     <p>De hecho, tanto en aras de la sostenibilidad como de la equidad b&aacute;sica, la sociedad y el Estado colombianos deben tratar de imple-mentar una reforma tributaria m&aacute;s equitativa. Pocos ricos deber&iacute;an poder evadir el pago de impuestos o pagar impuestos inapropiada-mente peque&ntilde;os. Un elemento crucial es mantener el impuesto a la riqueza que desde la &eacute;poca de Uribe ha financiado el esfuerzo de guerra y convertirlo en un impuesto para apoyar el proceso de paz y el desarrollo de la periferia.</p>     <p>Adem&aacute;s, la reforma tributaria tambi&eacute;n debe promover el crecimiento que crea empleo y no solo el capital -lo que significa replantear a fondo el sistema tributario arraigado desde hace d&eacute;cadas, que grava muy ligeramente la tierra (exacerbando el robo de tierras y la especulaci&oacute;n) y fuertemente el trabajo, lo que privilegia el crecimiento intensivo en capital pero no la creaci&oacute;n de empleo.</p>     <p><b>CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si Colombia lograse dicha reforma tributaria ser&iacute;a un indicador de que puede alcanzar la paz sostenible con justicia social que promete el acuerdo de paz con las FARC. Una paz m&aacute;s limitada y financiera y pol&iacute;ticamente m&aacute;s barata, sin inclusi&oacute;n social ni equidad, puede ir a paso lento durante largo tiempo. Quiz&aacute; -y tristemente- ese puede ser el resultado pol&iacute;ticamente m&aacute;s probable cualquiera que sea el resultado del plebiscito sobre el acuerdo de paz con las FARC.</p>     <p>Pero ese futuro ser&iacute;a un terrible desperdicio de una oportunidad que puede no volver a presentarse durante largo tiempo. La periferia marginada subdesarrollada -en las zonas rurales remotas as&iacute; como en las barriadas urbanas- se enconar&iacute;a y quiz&aacute; un d&iacute;a verter&iacute;a de nuevo sus problemas sobre las partes desarrolladas y pr&oacute;speras del pa&iacute;s. En el m&aacute;s corto plazo, esa paz sin transformaci&oacute;n social estar&iacute;a impregnada de violencia criminal y social.</p>     <p>Colombia puede evitar ese mediocre resultado mediante varios mecanismos generales.</p>     <p><i>Perseguir la transformaci&oacute;n de largo plazo. </i>El gobierno de Santos debe seguir buscando activamente un amplio apoyo social para la transformaci&oacute;n social ligada a la paz, m&aacute;s all&aacute; del &quot;s&iacute;&quot; en el plebiscito. Para conseguir ese apoyo, deber&iacute;a tratar de inmunizar a la naci&oacute;n contra los esfuerzos de los pol&iacute;ticos de derecha y de los intereses creados para quebrantar la paz y la transformaci&oacute;n social despu&eacute;s de que termine su segundo mandato.</p>     <p><i>Impulsar la reforma tributaria. </i>Santos debe tratar de llevar a buen t&eacute;rmino la reforma tributaria esbozada antes de terminar su gobierno, en especial si el plebiscito da un &quot;s&iacute;&quot; rotundo a la paz. El r&eacute;gimen tambi&eacute;n deber&iacute;a tratar de consagrar legislativamente el desarrollo social obligatorio de las zonas rurales y urbanas marginadas al menos durante una d&eacute;cada. Puesto que ser&aacute; preciso poner a prueba muchos programas de desarrollo y construcci&oacute;n del Estado y a menudo alterarlos considerablemente para lograr mayor efectividad en el terreno, dicha legislaci&oacute;n no debe entrar en los detalles de implementaci&oacute;n. No debe especificar, por ejemplo, d&oacute;nde, en qu&eacute; y c&oacute;mo se ha de gastar el dinero o asignar los fondos; basta indicar que se deben transferir recursos a comunidades y zonas marginadas para facilitar su desarrollo social y alcanzar una paz profunda. El esp&iacute;ritu de dicha legislaci&oacute;n debe ser el de mantener la flexibilidad de la pol&iacute;tica al tiempo que se conserva un fuerte compromiso con la inclusi&oacute;n social y la equidad general. Instrumentalmente, el impuesto de paz se podr&iacute;a promover como un equivalente al impuesto de guerra a los ricos del gobierno de Uribe para apoyar el esfuerzo militar contra las FARC.</p>     <p><i>Bloquear y desalentar las deserciones. </i>El gobierno colombiano y sus acompa&ntilde;antes internacionales deber&iacute;an contrarrestar con prontitud las defecciones de los acuerdos de paz. Esta recomendaci&oacute;n general incluye muchos elementos y facetas, como la persecuci&oacute;n activa y la desactivaci&oacute;n de las unidades de las FARC que se unan a otros grupos armados o criminales, as&iacute; como un esfuerzo resuelto para proporcionar un DDR significativo, s&oacute;lido y bien dise&ntilde;ado a los ex combatientes de las FARC y no una mera ayuda simb&oacute;lica. La contundencia para aplastar las deserciones iniciales puede generar efectos disuasivos para impedir otras. Tambi&eacute;n incluye el aumento de los esfuerzos contra las bandas criminales y el esfuerzo para atraer o debilitar militarmente al ELN y a otros grupos armados que proclaman objetivos pol&iacute;ticos. Y lo m&aacute;s importante, incluye asimismo la protecci&oacute;n contra los ataques f&iacute;sicos y el asesinato de l&iacute;deres y combatientes de las FARC en los a&ntilde;os venideros, m&aacute;s all&aacute; de los 180 d&iacute;as del desarme. Tambi&eacute;n facilitar&iacute;a la paz en el largo plazo prestar asistencia t&eacute;cnica y pol&iacute;tica a las FARC para que encuentren un papel leg&iacute;timo y efectivo en el espacio pol&iacute;tico, quiz&aacute; como vocero de los cultivadores de coca o de los pobres urbanos.</p>     <p><i>Secuenciar los esfuerzos de construcci&oacute;n de Estado y concentrar los recursos. </i>Aunque el compromiso general del Estado y la sociedad ha de ser la construcci&oacute;n y el desarrollo del Estado en todo el pa&iacute;s, se tendr&aacute; que secuenciar c&oacute;mo y d&oacute;nde se extiende y fortalece la presencia del Estado. La demanda de recursos para la construcci&oacute;n de Estado y su s&oacute;lido desarrollo es demasiado alta para cubrir todo el pa&iacute;s. Es pol&iacute;ticamente muy dif&iacute;cil escoger qu&eacute; zonas son estrat&eacute;gicamente m&aacute;s importantes y d&oacute;nde se deben conseguir primero efectos demostraci&oacute;n fundamentales para que se pueda mantener el compromiso con la transformaci&oacute;n. Las elecciones democr&aacute;ticas presionan para que se d&eacute; a cada comunidad alguna d&aacute;diva, aunque esas d&aacute;divas limitadas no tengan efectos transformadores. De hecho, en la fase de construcci&oacute;n de la contrainsurgencia, desarrollo rural y esfuerzos para proporcionar medios de vida alternativos en Colombia se padeci&oacute; este problema. El gobierno colombiano deber&iacute;a revisar las solicitudes de extensi&oacute;n de la presencia del Estado y destacar uno o dos polic&iacute;as en cada municipio, independientemente de cu&aacute;ntas decenas o centenares de kil&oacute;metros cuadrados cubra el municipio, o proporcionar a la comunidad un puente, un generador el&eacute;ctrico o una cl&iacute;nica y nada m&aacute;s.</p>     <p>Pero no solo la pol&iacute;tica, tambi&eacute;n la justicia y la equidad dificultan la selecci&oacute;n de unas pocas zonas como merecedoras de la inyecci&oacute;n de ayuda estatal s&oacute;lida, multifac&eacute;tica y amplia en la primera ronda mientras que otras deben esperar varios a&ntilde;os para que les llegue un paquete similar. De hecho, en las diversas etapas del Plan de Consolidaci&oacute;n hubo desacuerdos dentro del mismo gobierno y con las administraciones locales acerca de cu&aacute;ntas y qu&eacute; zonas se deb&iacute;an seleccionar como zonas estrat&eacute;gicas y prioritarias. Esos debates terminaron sin resolverse, y el gobierno desvi&oacute; la atenci&oacute;n a las negociaciones con las FARC. Ahora tendr&aacute;n que reanudarse.</p>     <p>Aunque la concentraci&oacute;n de recursos y la secuenciaci&oacute;n de las zonas de desarrollo del Estado son pol&iacute;ticamente dif&iacute;ciles, son tambi&eacute;n necesarias. Eventualmente, todas las comunidades colombianas tendr&aacute;n que ser cubiertas por el esfuerzo de desarrollo. Pero si el Estado empieza a hacer muy poco en todas partes, disipar&aacute; sus recursos sin conseguir una transformaci&oacute;n sostenible en la mayor&iacute;a de las zonas y sin lograr apoyo pol&iacute;tico sostenible para los costos de la paz mediante efectos demostraci&oacute;n cre&iacute;bles.</p>  <hr>      <p><b>Notas</b></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Sobre las limitaciones de justicia y reparaci&oacute;n de un acuerdo anterior con los paramilitares en 2006, ver, p. ej., ICG (2008).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Para una revisi&oacute;n del acuerdo, ver IGC (2016).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Ver, p. ej., Gagne (2016a y 2016b).    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Para los detalles de la ayuda de Estados Unidos, ver Beittel (2016).    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> Ver, p. ej., Palmer y Bol&iacute;var (2011).    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> Ver, p. ej., <i>Stratfor </i>(2016) y Amaize et al. (2016).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Para una descripci&oacute;n de c&oacute;mo influyen esos factores en la efectividad del DDR, en sus tasas hist&oacute;ricas de efectividad y en sus desaf&iacute;os, ver, p. ej., Muggah (2009), Felbab (2015a) y Torjese (2013).    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Entrevista de la autora con un negociador clave de los acuerdos de paz filipinos, Singapur, noviembre de 2015, y Bangkok, 2016. Ver tambi&eacute;n Plank (2015) y Coronel (2013).    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> Sharma (2013); ver tambi&eacute;n Bogati (2015) e ICG (2011).    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> Para una excelente recopilaci&oacute;n de las diversas evaluaciones, ver Le&oacute;n (2015).    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> Ver, p. ej., Felbab (2011b) e Isacson (2012).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> Entrevistas con funcionarios colombianos involucrados en el Plan de Consolidaci&oacute;n, funcionarios de USAID y de la embajada de Estados Unidos, expertos en desarrollo y seguridad y actores de desarrollo local, Bogot&aacute;, Nari&ntilde;o, Catatumbo y Magdalena Medio, 2009, 2011, y 2015.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> Para informaci&oacute;n de las marchas cocaleras que promovieron el cambio de pol&iacute;tica y la posici&oacute;n reciente de las FARC ante el movimiento cocalero, ver Bro-dzinsky (2013). Ver tambi&eacute;n Felbab y Newby (2015).    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> Ver, p. ej. Slack (2001), Yongming (1999) y Yung-fa (1995).    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> Ver, p. ej. Renard (2001) y Felbab (2014).    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> Para la efectividad y las limitaciones de los efectos antinarc&oacute;ticos en Colombia y Afganist&aacute;n, ver Felbab (2010 y 2015d).    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> Sobre el proceso de descertificaci&oacute;n y sus problemas, ver, p. ej., <i>New York Times </i>(2016) y Ledebur y Romani (2016).    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Entrevistas de la autora con agentes de la DEA, Washington do, oto&ntilde;o de 2011.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> Para los antecedentes y la efectividad del esfuerzo de pacificaci&oacute;n conocido como UPP, ver, p. ej., Oosterbaan y van Wijk (2015).    <br>  <hr>      <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Aghedo, I. &quot;Wmning the war, losing the peace: Amnesty and the challenges of post-conflict peace-building in the Niger Delta, Nigeria&quot;, <i>Journal of Asian and African Studies </i>48, 3, 2013, pp. 267-280.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883079&pid=S0124-5996201600020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>                <!-- ref --><p>2. Amaize, E.; N. Levinus y T. Nwankwo. &quot;mend, fg strike deal to end N-Delta crisis&quot;, <i>The Vanguard </i>(Nigeria), 31 de julio de 2016, &#91;<a href="http://www.vanguardngr.com/2016/07/mend-fg-strike-deal-end-n-delta-crisis/" target="_blank">http://www.vanguardngr.com/2016/07/mend-fg-strike-deal-end-n-delta-crisis/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883081&pid=S0124-5996201600020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>3. ap. &quot;Colombia's rebels unanimously approve peace accord with government&quot;, The Associated Press, 23 de septiembre de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883083&pid=S0124-5996201600020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Beittel, J. &quot;U.S. foreign assistance as Colombia's peace talks on the cusp of completion&quot;, Congressional Research Service, 20 de julio de 2016, &#91;<a href="http://www.fas.org/sgp/crs/row/IN10454.pdf" target="_blank">http://www.fas.org/sgp/crs/row/IN10454.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883085&pid=S0124-5996201600020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>5. Bocarejo, D. y D. Ojeda. &quot;Violence and conservation: Beyond unintended consequences and unfortunate coincidences&quot;, <i>Geoforum </i>69, Febrero de 2016, pp. 176-183.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883087&pid=S0124-5996201600020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>6. Bogati, S. &quot;Assessing inclusivity in post-war army integration process in Nepal&quot;, IPS paper 11, OINEP, 2015, &#91;<a href="http://ips-project.org/wp-content/uploads/2015/11/IPSPaper11-Assessing-Inclusivity-in-the-Post-War-Army-Integration-Process-in-Nepal_English.pdf" target="_blank">http://ips-project.org/wp-content/uploads/2015/11/IPSPaper11-Assessing-Inclusivity-in-the-Post-War-Army-Integration-Process-in-Nepal_English.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883089&pid=S0124-5996201600020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>7. Bonello, D. &quot;un reports small decreases in Bolivia coca cultivation&quot;, <i>InSight Crime, </i>6 de julio de 2016, &#91;<a href="http://www.insightcrime.org/news-analysis/bolivia-coca-cultivation-drops-closer-to-legal-crop-allowance" target="_blank">http://www.insightcrime.org/news-analysis/bolivia-coca-cultivation-drops-closer-to-legal-crop-allowance</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883091&pid=S0124-5996201600020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>8. Brodzinsky, S. &quot;Colombian rebels offer to support peasant protests&quot;, <i>The Guardian, </i>23 de julio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883093&pid=S0124-5996201600020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. CEACSC. &quot;Primera encuesta: Felicidad y satisfacci&oacute;n de los ciudadanos en Bogot&aacute; D.C., a&ntilde;o 2014&quot;, &#91;<a href="http://www.ceacsc.gov.co/index.php/descargas1/category/14-encuesta-de-felicidad-y-satisfaccion?download=8:encuesta-de-felicidad-y-satisfaccion" target="_blank">http://www.ceacsc.gov.co/index.php/descargas1/category/14-encuesta-de-felicidad-y-satisfaccion?download=8:encuesta-de-felicidad-y-satisfaccion</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883095&pid=S0124-5996201600020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>10. Chaplin, S. &quot;Cities, sewers, and poverty: India's politics of sanitation&quot;, <i>Environment and Urbanization </i>11, 1, 1999, pp. 145-158.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883097&pid=S0124-5996201600020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>11. Chaplin, S. &quot;Indian cities, sanitation, and the State: The politics of the failure to provide&quot;, <i>Environment and Urbanization </i>23, 1, 2011, pp. 57-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883099&pid=S0124-5996201600020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. C&oacute;mo Vamos. &quot;Informe de calidad de vida 2013: Seguridad y convivencia ciudadana&quot;, 2013, &#91;<a href="https://s3.amazonaws.com/s3.documentcloud.org/documents/1508082/22-ene-bcv-convivencia-seguridad-ciudadana.pdf" target="_blank">https://s3.amazonaws.com/s3.documentcloud.org/documents/1508082/22-ene-bcv-convivencia-seguridad-ciudadana.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883101&pid=S0124-5996201600020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>13. Coronel F., M. <i>Costly wars, elusive peace: Collected articles on the peace processes in the Philippines, 1990-2007, </i>Ciudad Quez&oacute;n, University of the Philippines Press, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883103&pid=S0124-5996201600020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Ellis, E. &quot;Strategic insights: The post-conflict and the transformation of Colombia's armed forces&quot;, <i>Strategic Studies Institute, </i>17 de agosto de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883105&pid=S0124-5996201600020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Farthing, L. y K. Ledebur. &quot;To the beat of a different drum: Bolivia's community coca control&quot;, <i>NACLA </i><i>Report on the Americas </i>47, 2, 2014, pp. 51-55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883107&pid=S0124-5996201600020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>16. Felbab-B, V. <i>Shooting up: Counterinsurgency and the war on drugs, </i>Washington do, The Brookings Institution, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883109&pid=S0124-5996201600020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Felbab-B., V. &quot;Reducing urban violence: Lessons from Medell&iacute;n&quot;, The Brookings Institution, 14 de febrero de 2011a, &#91;<a href="http://www.brookings.edu/opinions/2011/0214_colombia_crime_felbabbrown.aspx" target="_blank">http://www.brookings.edu/opinions/2011/0214_colombia_crime_felbabbrown.aspx</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883111&pid=S0124-5996201600020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>18. Felbab-B., V. &quot;Colombia's consolidation: Everything coming up orchids?&quot;, The Brookings Institution, 8 de marzo de 2011b, &#91;<a href="http://www.brookings.edu/opinions/colombias-consolidation-everything-coming-up-orchids/" target="_blank">http://www.brookings.edu/opinions/colombias-consolidation-everything-coming-up-orchids/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883113&pid=S0124-5996201600020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>19. Felbab-B., V. &quot;Improving supply side policies: Smarter eradication, interdiction, and alternative livelihoods and the possibility of licensing&quot;, <i>LSE </i><i>Drug Reform Series, </i>2014, &#91;<a href="http://www.brookings.edu/~/media/research/files/reports/2014/05/07%20improving%20supply%20side%20policies%20felbabbrown/improvingsupplysidepoliciesfelbabbrown.pdf" target="_blank">http://www.brookings.edu/~/media/research/files/reports/2014/05/07%20improving%20supply%20side%20policies%20felbabbrown/improvingsupplysidepoliciesfelbabbrown.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883115&pid=S0124-5996201600020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>20. Felbab-B., V. &quot;DDR in the context of offensive military operations, counterterrorism, CVE and non-permissive environments: Key questions, challenges, and considerations&quot;, J. Cockayne y S. O'Neil, eds., <i>UN DDR </i><i>in an era of violent extremism: Is it fit for purpose?, </i>Nueva York, United Nations University, 2015a, pp. 37-61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883117&pid=S0124-5996201600020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>21. Felbab-B., V. &quot;Saving Somalia (again)&quot;, <i>Foreign Affairs, </i>23 de junio de 2015b, &#91;<a href="http://www.foreignaffairs.com/articles/somalia/2015-06-23/saving-somalia-again" target="_blank">http://www.foreignaffairs.com/articles/somalia/2015-06-23/saving-somalia-again</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883119&pid=S0124-5996201600020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>22. Felbab-B., V. &quot;Enabling war and <i>peace: </i>Drugs, logs, gems, and wildlife in Thiailand and Burma&quot;, The Brookings Institution, East Asia Policy Paper No. 7, diciembre de 2015c, &#91;<a href="http://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/Policy-paper-7-webv5-1.pdf" target="_blank">http://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/Policy-paper-7-webv5-1.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883121&pid=S0124-5996201600020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>23. Felbab-B, V. &quot;No easy exit: Drugs and counternarcotics policies in Afghanistan&quot;, The Brookings Institution, 29 de abril de 2015d, &#91;<a href="http://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/FelbabBrown-Afghanistan-final.pdf" target="_blank">http://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/FelbabBrown-Afghanistan-final.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883123&pid=S0124-5996201600020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>24. Felbab-B., V. &quot;Somalia: Most-failed State&quot;, <i>The Economist, </i>10 de septiembre de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883125&pid=S0124-5996201600020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Felbab-B, V. et al. &quot;Assessment of the implementation of the United States Government's support for Plan Colombia's illicit crops reduction components&quot;, USAID, abril de 2009, &#91;<a href="http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/PDACN233.pdf" target="_blank">http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/PDACN233.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883127&pid=S0124-5996201600020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>26. Felbab-B., B y A. Newby. &quot;How to break free of the drugs-conflict nexus in Colombia&quot;, The Brookings Institution&quot;, 16 de diciembre de 2015.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883129&pid=S0124-5996201600020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. FIP. &quot;Impact evaluation of the National Plan for Community Policing in Quadrants&quot;, Fundaci&oacute;n Ideas para la Paz, Report 18, noviembre de 2012, &#91;<a href="http://archive.ideaspaz.org/images/Informe%20Fip%2018%20PNVCC%20ingles_web-cristal.pdf" target="_blank">http://archive.ideaspaz.org/images/Informe%20Fip%2018%20PNVCC%20ingles_web-cristal.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883131&pid=S0124-5996201600020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>28. Franco, D. &quot;'Paz Colombia': Santos, Obama announce next chapter of U.S. support&quot;, <i>NBC </i><i>News, </i>5 de febrero de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883133&pid=S0124-5996201600020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. Gagne, D. &quot;Colombia security forces failing to block Urabe&ntilde;os expansion&quot;, <i>InSight Crime, </i>11 de abril de 2016a, &#91;<a href="http://www.insightcrime.org/news-briefs/colombia-security-forces-failing-to-block-expansion-urabenos" target="_blank">http://www.insightcrime.org/news-briefs/colombia-security-forces-failing-to-block-expansion-urabenos</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883135&pid=S0124-5996201600020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>30. Gagne, D. &quot;BACRIM: Wmner or Loser in Colombia's Peace&quot;, <i>In Sight Crime, </i>1 de julio de 2016b, &#91;<a href="http://www.insightcrime.org/news-analysis/ bacrim-winner-or-loser-in-colombia-peace-deal" target="_blank">http://www.insightcrime.org/news-analysis/ bacrim-winner-or-loser-in-colombia-peace-deal</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883137&pid=S0124-5996201600020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>31. Guti&eacute;rrez S., F. y A. Gonz&aacute;lez P. &quot;Colombia's paramilitary DDR and its limits&quot;, A. Giustozzi, ed., <i>Post-conflict disarmament, demobilization and reintegration: Bringing state-buidling back in, </i>Ashgate, Farnham, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883139&pid=S0124-5996201600020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. ICG. &quot;Correcting the course: Victims and the justice and peace law in Colombia&quot;, International Crisis Group, Latin America Report 29, 30 de octubre de 2008, &#91;<a href="http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/29-correc-ting-course-victims-and-the-justice-and-peace-law-in-colombia.pdf" target="_blank">http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/29-correc-ting-course-victims-and-the-justice-and-peace-law-in-colombia.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883141&pid=S0124-5996201600020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>33. ICG. &quot;Nepal's peace process: The endgame nears&quot;, <i>Asia Briefing </i>131, 2011, &#91;<a href="http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/b131-nepal-s-peace-process-the-endgame-nears.pdf" target="_blank">http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/b131-nepal-s-peace-process-the-endgame-nears.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883143&pid=S0124-5996201600020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>34. ICG. &quot;Colombia's final steps to the end of war&quot;, International Crisis Group, 7 de septiembre de 2016, &#91;<a href="http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/058-colombia-s-final-steps-to-the-end-of-war.pdf" target="_blank">http://d2071andvip0wj.cloudfront.net/058-colombia-s-final-steps-to-the-end-of-war.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883145&pid=S0124-5996201600020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>35. IISS. <i>The militar balance 2005-2006, </i>International Institute for Strategic Studies, Londres, Routledge, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883147&pid=S0124-5996201600020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>36. IISS. &quot;Chapter eight: Latin America and the Caribbean&quot;, <i>The Military Balance </i>116, 1, 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883149&pid=S0124-5996201600020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Isacson, A. &quot;'Consolidating 'consolidation'&quot;, <i>WOLA, </i>diciembre de 2012, &#91;<a href="http://www.wola.org/files/Consolidating_Consolidation.pdf" target="_blank">http://www.wola.org/files/Consolidating_Consolidation.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883151&pid=S0124-5996201600020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>38. Kaplan, O. y E. Nussio. &quot;Explaining recidivism of ex-combatants in Colombia&quot;, <i>Journal of Conflict Resolution, </i>mayo de 2016, pp. 1-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883153&pid=S0124-5996201600020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. Ledebur, K. y Y. J. Romani. &quot;Some are more equal than others: U.S. decertification of Bolivia's drug control efforts&quot;, <i>Andean Information Network, </i>21 de septiembre de 2016, &#91;<a href="http://ain-bolivia.org/2016/09/some-are-more-equal-than-others-u-s-decertification-of-bolivias-drug-control-efforts/" target="_blank">http://ain-bolivia.org/2016/09/some-are-more-equal-than-others-u-s-decertification-of-bolivias-drug-control-efforts/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883155&pid=S0124-5996201600020000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>40. Le&oacute;n, K. S. &quot;Colombia's national policing model: Real success?&quot; aula Blog, Center for Latin American and Latino Studies, American University, 2 de octubre de 2015, &#91;<a href="http://aulablog.net/2015/10/02/colombias-national-policing-model-real-success/" target="_blank">http://aulablog.net/2015/10/02/colombias-national-policing-model-real-success/</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883157&pid=S0124-5996201600020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>41. Miroff, N. &quot;Colombia's war has displaced 7 million. With peace, will they go home?&quot;, <i>The Washington Post, </i>5 de septiembre de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883159&pid=S0124-5996201600020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. Muggah, R. &quot;Introduction: The emperor's clothes?&quot;, R. Muggah, ed., <i>Security and post-conflict reconstruction: Dealing with fighters in the aftermath of war, </i>Abingdon, Routledge, 2009, pp. 1-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883161&pid=S0124-5996201600020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>43. Neuman, W. &quot;Push for Colombians to stop farming coca falls short&quot;, <i>New York Times, </i>2 de junio de 2015.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883163&pid=S0124-5996201600020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. <i>New York Times. </i>&quot;How Bolivia fights the drug scourge&quot;, 14 de septiembre de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883165&pid=S0124-5996201600020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. ONUDD. <i>Estado Plurinacional de Bolivia: monitoreo de cultivos de coca 2014, </i>agosto de 2015, &#91;<a href="http://www.unodc.org/documents/bolivia/Informe_Mo-nitoreo_Coca_2014/Bolivia_Informe_Monitoreo_Coca_2014.pdf" target="_blank">http://www.unodc.org/documents/bolivia/Informe_Mo-nitoreo_Coca_2014/Bolivia_Informe_Monitoreo_Coca_2014.pdf</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883167&pid=S0124-5996201600020000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>46. Oosterbaan, S. y J. van Wijk. &quot;Pacifying and integrating the favelas of Rio de Janeiro: An evaluation of the impact of the UPP Program on Favela Residents&quot;, <i>International Journal of Comparative and Applied Criminal Justice </i>39, 3, 2015, pp. 179-198.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883169&pid=S0124-5996201600020000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47. Palmer, D. S. y A. Bol&iacute;var, &quot;Peru's Shining Path: Recent dynamics and future prospects&quot;, Florida International University, Western Hemisphere Security Analysis Center Paper 2, 2011, &#91;<a href="http://digitalcommons.fiu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1001&amp;context=whemsac" target="_blank">http://digitalcommons.fiu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1001&amp;context=whemsac</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883171&pid=S0124-5996201600020000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>48. Planck, F. &quot;Not enough pieces of the cake? The Moro National Liberation Front (MNLF) in the Mindanao final agreement&quot;, <i>Asian Security </i>11, 2, 2015.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883173&pid=S0124-5996201600020000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49. Prakash, A. &quot;The periurban water security problem: A case study of Hyderabad in Southern India&quot;, <i>Water Policy </i>16, 3, 2014, pp. 454-469.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883175&pid=S0124-5996201600020000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50. Renard, R. D. <i>Opium reduction in Thailand, 1970-2000: A thirty-year journey, </i>Bangkok, UNDCP Silkworm Books, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883177&pid=S0124-5996201600020000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>51. Romero, S. &quot;Colombia lists civilian killings in guerrilla toll&quot;, <i>New York Times, </i>29 de octubre de 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883179&pid=S0124-5996201600020000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52. Sengupta, S. &quot;Colombia's leader says peace deal rests on people's ability to forgive&quot;, <i>New York Times, </i>19 de septiembre de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883181&pid=S0124-5996201600020000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>53. Sharma, G. &quot;Ex-Maoist fighters join army in Nepal but challenges remain&quot;, Reuters, 26 de agosto de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883183&pid=S0124-5996201600020000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>54. Slack, E. R. <i>Opium, State, and society: China's narco-economy and the Guomindang, 1924-1937, </i>Honolul&uacute;, Hawai University Press, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883185&pid=S0124-5996201600020000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>55. <i>Stratfor. </i>&quot;Nigeria's peace talks are doomed from the start&quot;, 17 de junio de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883187&pid=S0124-5996201600020000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>56. <i>The Economist. </i>&quot;Cannabis in Colombia: Weeds of peace&quot;, 6 de agosto de 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883189&pid=S0124-5996201600020000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57. Torjesen, S. &quot;Towards a theory of ex-combatant reintegration&quot;, <i>Stability: International Journal of Security and Development </i>2 3, 2013, pp. 1-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883191&pid=S0124-5996201600020000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>58. USDS. &quot;International Narcotics Control Strategy Report (INOSR) - Colombia&quot;, marzo de 2016, &#91;<a href="http://www.state.gov/j/inl/rls/nrcrpt/2016/vol1/253252.htm" target="_blank">http://www.state.gov/j/inl/rls/nrcrpt/2016/vol1/253252.htm</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883193&pid=S0124-5996201600020000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>59. Windle, J. <i>Suppressing illicit opium production: Successful interventions in Asia and the Middle East, </i>Londres, I. B. Taurus, 2016.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883195&pid=S0124-5996201600020000200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">60. World Bank. &quot;Colombia country overview: Foreign direct investment, net inflows: 2005-2015&quot;, 2015, &#91;<a href="http://data.worldbank.org/indicator/BX.KLT.DINV.CD.WD?end=2015&amp;locations=CO&amp;start=2005&amp;vie w=chart" target="_blank">http://data.worldbank.org/indicator/BX.KLT.DINV.CD.WD?end=2015&amp;locations=CO&amp;start=2005&amp;vie w=chart</a>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883197&pid=S0124-5996201600020000200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p> <font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>61. Yongming, Z. <i>Anti-drug Crusades in Twentieth-century China: Nationalism, history, and State-building, </i>Lanham, Rowman y Littlefield, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883199&pid=S0124-5996201600020000200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>62. Youngers, C. &quot;Shifts in cultivation, usage put Bolivia's coca policy at the crossroads&quot;, <i>World Politics Review, </i>5 de diciembre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883201&pid=S0124-5996201600020000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>63. Yung-fa, C. &quot;The blooming poppy under the Red Sun: The Yan'an way and the opium trade&quot;, T. Saich y H. van de Ven, eds., <i>New perspectives on the Chinese Communist Revolution, </i>Armonk, Sharpe, 1995, pp. 263-297.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2883203&pid=S0124-5996201600020000200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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