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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana"> DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.18" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.18</a>     <p align="center"><font size="4"><b>EL PARO C&Iacute;VICO NACIONAL DEL 14 DE SEPTIEMBRE DE 1977. UN EJERCICIO DE MEMORIA COLECTIVA</b></font></p>     <p align="center">Mauricio Archila Neira<sup>*</sup></p>      <p><sup>*</sup> Profesor titular de la Universidad Nacional e investigador del Cinep, Bogot&aacute;, Colombia, &#91;<a href="mailto:marchilan@unal.edu.co">marchilan@unal.edu.co</a>&#93;. Agradezco a Martha Cecilia Garc&iacute;a por suministrarme las cifras procesadas de las luchas sociales. La versi&oacute;n original se public&oacute; en <i>CEPA </i>5, 2007, pp. 10-13.</p>      <p> Fecha de recepci&oacute;n: 1-08-2016, fecha de aceptaci&oacute;n: 20-10-2016.</p>      <p>Sugerencia de citaci&oacute;n: Archila N., M. &quot;El paro c&iacute;vico nacional del 14 de septiembre de 1977. Un ejercicio de memoria colectiva&quot;, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional </i>18, 35, 2016, pp. 313-318. DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.18" target="_blank">http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n35.18</a>.</p>  <hr>      <p>La opini&oacute;n p&uacute;blica nacional parece haber olvidado que hace varias d&eacute;cadas, un mi&eacute;rcoles 14 de septiembre, el pa&iacute;s pr&aacute;cticamente se paraliz&oacute;. Los sentimientos ante la muerte de quien era presidente en ese entonces, Alfonso L&oacute;pez Michelsen, y su apoyo al Acuerdo Humanitario, han ocultado su obra de gobierno y las protestas de la gente. Pero en su momento el significado del Paro C&iacute;vico Nacional de 1977 fue materia de acalorados debates acad&eacute;micos y sobre todo pol&iacute;ticos. En efecto, sobre &eacute;l se dieron las opiniones m&aacute;s dis&iacute;miles, desde que fue una insurrecci&oacute;n popular -como simult&aacute;neamente lo vieron sectores de la derecha y la insurgencia- hasta que represent&oacute; una mera escaramuza de la oposici&oacute;n ospino-pastranista y de sectores del clero -seg&uacute;n las c&iacute;nicas palabras del mismo L&oacute;pez tiempo despu&eacute;s. En realidad no fue ni lo uno ni lo otro, y si bien puede ser considerada como la mayor protesta popular de la segunda mitad del siglo XX, su objetivo no fue derrocar el r&eacute;gimen. Aunque en sentido estricto es un hecho irrepetible, como ocurre con los eventos hist&oacute;ricos, su significado y las lecciones que nos dej&oacute; deben ser rescatados del olvido colectivo. Realizar dicha tarea es el objetivo de este ensayo, que mirar&aacute; brevemente el contexto del Paro y luego propondr&aacute; algunas claves de lectura sobre su trascendencia y ense&ntilde;anzas para los colombianos y colombianas del presente.</p>     <p>Alfonso L&oacute;pez Michelsen subi&oacute; al poder en 1974 con la mayor votaci&oacute;n registrada hasta ese momento y, con el 56% del total de sufragios, les gan&oacute; a sus contendores: el conservador Alvaro G&oacute;mez (31%), Mar&iacute;a Eugenia Rojas de la Anapo (10%) y Hernando Echeverri Mej&iacute;a de la coalici&oacute;n de izquierda uno (2,6%). No fue poca cosa. Por primera vez desde 1946 hab&iacute;a competencia abierta por la presidencia y el r&eacute;gimen del Frente Nacional formalmente desaparec&iacute;a, aunque la coalici&oacute;n bipartidista subsistir&iacute;a en forma soterrada otros lustros m&aacute;s. Adem&aacute;s, el &quot;pollo&quot; L&oacute;pez aprovech&oacute; su pasado rebelde para seducir a sectores de la poblaci&oacute;n, cort&aacute;ndole el paso al temido Alvaro y a la oposici&oacute;n anapista y de izquierda. Del reformismo agitado en la campa&ntilde;a, poco se hizo realidad en su &quot;Mandato Claro&quot;. Hubo algunos pasos iniciales que despistaron a unos cuantos, como levantar -por poco tiempo- el estado de sitio, otorgar personer&iacute;a jur&iacute;dica a la central sindical comunista (CSTC) y a la dem&oacute;crata cristiana (CGT), y reestablecer relaciones con Cuba.</p>     <p>Pero la demagogia lopista pronto se agot&oacute; y se hizo evidente su apuesta de favorecer al gran capital gracias a la apertura econ&oacute;mica en lo que se design&oacute; &quot;el Jap&oacute;n de Suram&eacute;rica&quot;. L&oacute;pez cancelaba as&iacute; el proteccionismo estatal, del que siempre fue enemigo, mientras se daba libertad de precios y tarifas, pero eso s&iacute; controlando los salarios. Intent&oacute; hacer una reforma laboral que si bien parec&iacute;a favorecer el sindicalismo de industria, perjudicaba a los asalariados al desmontar el r&eacute;gimen de prestaciones por medio del salario integral y recortaba el derecho de huelga. En cuanto al campo, la reforma agraria, de la cual tampoco fue simpatizante, se congel&oacute; definitivamente y en su lugar aparecieron t&iacute;midos programas alimentarios y de &quot;desarrollo rural integrado&quot;. En las ciudades tampoco hubo avances sociales sustantivos, y m&aacute;s bien se continu&oacute; con el modelo urbano de mayor exclusi&oacute;n y segregaci&oacute;n de los sectores populares. La resultante fue que en medio de un crecimiento econ&oacute;mico pausado -con un PIB por encima del 3%- la inflaci&oacute;n se desbord&oacute; hasta llegar al 35% en 1977. Obviamente los salarios y en general el poder adquisitivo del pueblo se vieron afectados mientras el gran capital redoblaba sus ganancias.</p>     <p>En lo pol&iacute;tico mantuvo la paridad bipartidista haciendo dif&iacute;ciles equilibrios entre antiguos rebeldes como Mar&iacute;a Helena de Crovo y oscuros personajes ligados a la Violencia como Cornelio Reyes. Impuso de nuevo el estado de sitio en 1976 y por el resto de su mandato, mientras les dio carta blanca a los militares en el manejo del orden p&uacute;blico. En vano intent&oacute; frenar el descontento popular y las limitaciones del aparato judicial con una &quot;Peque&ntilde;a Constituyente&quot;, hundida por la Corte Suprema de Justicia. A lo largo de su mandato no cej&oacute; en penalizar la protesta tach&aacute;ndola de subversiva e hizo gala de una arrogancia que le cost&oacute; el desafecto de sectores de la &eacute;lite, como el ospino-pastranismo, y de las centrales tradicionales UTC y CTC.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ese caldo de cultivo no es extra&ntilde;o que la protesta popular hubiera aumentado hasta llegar a cifras nunca alcanzadas en la historia contempor&aacute;nea. Seg&uacute;n la Base de Datos de Luchas Sociales del Cinep, en 1975 se registraron 797 protestas -el a&ntilde;o pico en ese recuento estad&iacute;stico-, 540 en 1976 y 359 hasta septiembre de 1977. Pero esta tendencia en el n&uacute;mero de luchas puede ser enga&ntilde;osa porque no recoge la cantidad de participantes, que seguramente aument&oacute; en esos a&ntilde;os<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. En todo caso el desaf&iacute;o al gobierno de L&oacute;pez ya no proven&iacute;a de una Anapo moribunda o de una peque&ntilde;a izquierda electoral, y menos de una insurgencia muy a la defensiva en ese momento. Proven&iacute;a de la acci&oacute;n social colectiva de distintos sectores populares, que r&aacute;pidamente desenmascararon el verdadero rostro del &quot;Mandato Claro&quot;.</p>     <p>De nuevo apoyados en la Base de Datos del Cinep se destacan tres actores que ten&iacute;an sobradas razones para protestar: asalariados, estudiantes y pobladores urbanos. Para los primeros, tres cuartas partes de los motivos de sus luchas entre enero de 1975 y septiembre de 1977 fueron reclamos por condiciones de trabajo y especialmente por aumento de salarios. Pero m&aacute;s preocupante fue que el Estado no ejerci&oacute; a cabalidad sus funciones de regulaci&oacute;n de las relaciones laborales. No ten&iacute;a injerencia en las que se daban en las empresas privadas y, lo que es peor, era el patrono que m&aacute;s violaciones laborales comet&iacute;a al no cancelar los salarios de sus trabajadores a tiempo y desconocer las normas legales que &eacute;l mismo hab&iacute;a creado. As&iacute;, los a&ntilde;os del &quot;Mandato Claro&quot; presenciaron un conjunto de huelgas que se destacaron no solo por el n&uacute;mero de participantes sino porque paralizaron actividades cruciales de la econom&iacute;a o concitaron solidaridad. Nos referimos a las de los cementeros, los bancarios, los m&eacute;dicos del Seguro Social, los petroleros, los trabajadores del Ingenio Riopaila, de Indupalma y de Vanitex -una huelga predominantemente femenina-, para solo mencionar las m&aacute;s sobresalientes.</p>     <p>El magisterio merece alguna consideraci&oacute;n adicional, pues recurri&oacute; frecuentemente al paro y fue el sector que m&aacute;s huelguistas aport&oacute;. Adem&aacute;s de los motivos ya vistos para el conjunto de asalariados en torno al costo de vida, los maestros se vieron afectados por los incumplimientos del Estado que era su patr&oacute;n, el mismo que les impuso un Estatuto Docente en 1977. Muy cerca de ellos estuvieron los estudiantes universitarios y de secundaria por parejo. Estos vieron el deterioro de la educaci&oacute;n y que las promesas de reformar las universidades p&uacute;blicas -incluso con &quot;experimentos marxistas&quot; como el de Luis Carlos P&eacute;rez en la Universidad Nacional- se derrumbaron r&aacute;pidamente. Realizaron un n&uacute;mero de protestas similar al de los asalariados, pero con ritmos diferentes: entre 1975 y 1976 se mantuvo una intensa lucha estudiantil pero decay&oacute; vertiginosamente en 1977. Entre los motivos de protesta en los a&ntilde;os estudiados sobresale la solidaridad con otros sectores en conflicto (21,6%), no solo con los estudiantes cuyos planteles estaban cerrados, sino con asalariados, campesinos, ind&iacute;genas y pobladores urbanos.</p>     <p>Estos &uacute;ltimos protagonizaron 375 luchas en el periodo se&ntilde;alado, de las cuales el 55,7% fue por demandas relacionadas con el h&aacute;bitat: suelos urbanos, vivienda, servicios p&uacute;blicos -especialmente agua en la Costa Atl&aacute;ntica y Barrancabermeja- e infraestructura f&iacute;sica. El 16,8% de las protestas de pobladores urbanos fue contra el alza del costo de vida y el 5,3% se relaciona con acciones de solidaridad. A las de este actor se pueden sumar las protestas de los trabajadores independientes que sobreviven en las ciudades, cuyo total en los a&ntilde;os rese&ntilde;ados fue de 84, m&aacute;s de la mitad en 1975. En el campo fueron menos numerosas; campesinos e ind&iacute;genas realizaron 88 protestas en 1975, 39 en el a&ntilde;o siguiente y 34 en los nueve primeros meses de 1977.</p>     <p>La revista <i>Alternativa, </i>en un balance de las luchas populares de 1976, percibi&oacute; las tendencias descritas y concluy&oacute; que, a pesar de la aparente multiplicidad de motivos, ellas converg&iacute;an en el rechazo del costo de vida y del estado de sitio <i>(Alternativa, </i>1976, 14-15). Estas son precisamente las principales demandas que las centrales sindicales comenzaron a agitar meses antes del Paro C&iacute;vico. Como hemos visto, la solidaridad afloraba en muchas de las protestas y por todas partes se sent&iacute;a la necesidad de que convergieran en una gran jornada unitaria como la que convocaron la cstc y la cgt, a la que se sumaron las otras centrales, muchas federaciones y organizaciones sociales del campo y la ciudad, as&iacute; como los grupos de oposici&oacute;n, incluido el ospino-pastransimo, con excepci&oacute;n de algunas sectas mao&iacute;stas.</p>     <p>No nos detendremos en el relato de los hechos del 14 de septiembre de 1977, sobre los que hay buenas narraciones. Resaltamos solamente algunos de sus rasgos significativos. Fue un paro m&aacute;s c&iacute;vico o popular que estrictamente laboral, y la ausencia de transportes jug&oacute; un papel definitivo. La acci&oacute;n fue muy urbana ya que cubri&oacute; las grandes capitales y muchas intermedias, pero tambi&eacute;n se extendi&oacute; a los campos. Aunque fue planeada, hubo desbordes por saqueos a almacenes de la periferia urbana y sobre todo por confrontaciones con las fuerzas militares y de polic&iacute;a, las que a juicio del General Var&oacute;n Valencia &quot;obraron con mesura y no con debilidad&quot;<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Sin duda no obraron con debilidad, en cambio, la mesura ni se vio. El saldo de la jornada as&iacute; lo corrobora: 19 muertos, casi 3.500 detenidos -la gran mayor&iacute;a en Bogot&aacute;- y p&eacute;rdidas econ&oacute;micas incalculables.</p>     <p>No acababan de terminar los choques y ya se multiplicaban las interpretaciones de la protesta. En la noche del 14, desde la clandestinidad, las centrales dieron parte de victoria, mientras resaltaban el car&aacute;cter reivindicativo de la protesta. L&oacute;pez, en alocuci&oacute;n televisada, visiblemente molesto, trat&oacute; de minimizar la cobertura del paro mientras resalt&oacute; el supuesto componente subversivo de la jornada mostrando ante las c&aacute;maras las &quot;armas&quot; de la gente: unas cuantas grapas y puntillas. Los militares, el grueso de la clase pol&iacute;tica tradicional y la gran prensa secundaron dicha interpretaci&oacute;n. Por su parte, diversas organizaciones sociales y pol&iacute;ticas de izquierda fueron entusiastas en el balance de la jornada, aunque no faltaron voces m&aacute;s moderadas como los ind&iacute;genas, quienes participaron activamente en el paro convencidos de que no era la soluci&oacute;n inmediata de todos los problemas de los explotados pero s&iacute; el punto de inicio de una prometedora uni&oacute;n popular <i>(Unidad Ind&iacute;gena, </i>1977, 6-8). En medio del furor del grueso de la izquierda llama la atenci&oacute;n la advertencia de Guillermo Fergusson: &quot;el triunfalismo engendra fantas&iacute;as voluntaristas llenas de peligros&quot; <i>(Alternativa, </i>1977, 10).</p>     <p>En la disputa por el significado de la protesta los extremos se tocan. En efecto, un a&ntilde;o despu&eacute;s, aduciendo un desborde subversivo, se expidi&oacute; el Estatuto de Seguridad, que legaliz&oacute; la represi&oacute;n desatada durante el gobierno de Turbay Ayala -otro &quot;prohombre&quot; cuya muerte ocult&oacute; su nefasto pasado-. Pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde un peque&ntilde;o grupo armado de &quot;Autodefensa Obrera&quot; -cumpliendo la profec&iacute;a de Fergusson- asesin&oacute; al ex ministro de gobierno Rafael Pardo Buelvas en el ba&ntilde;o de su casa. De m&aacute;s trascendencia hist&oacute;rica fue la decisi&oacute;n, tomada por las FARC en su vii Conferencia, de modificar su modo de operar y convertirse en una fuerza ofensiva. El cambio estrat&eacute;gico, a juicio de Med&oacute;filo Medina, &quot;se desprendi&oacute; de un diagn&oacute;stico sencillo: el Paro C&iacute;vico Nacional &#91;...&#93; hab&iacute;a sido una insurrecci&oacute;n a la que solo le hab&iacute;an faltado las armas para instaurar el poder popular&quot; (1997, 31).</p>     <p>Pero el balance del Paro del 77 no debe quedarse en criticar esos extremos. La acci&oacute;n sembr&oacute; la semilla de la unidad sindical, que luego de varios avatares logr&oacute; concretarse en 1986 con la CUT. Los &aacute;nimos unitarios tambi&eacute;n se manifestaron en el campo con los intentos de reconstrucci&oacute;n de la ANUC y la creaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n nacional ind&iacute;gena ONIC, y en las ciudades con la convergencia de movimientos c&iacute;vicos y regionales. Incluso la guerrilla cont&oacute; con una Coordinadora que permiti&oacute; la unidad de acci&oacute;n de varios frentes entre los cuales antes hab&iacute;a roces. Con todo, el contexto de los a&ntilde;os ochenta, en especial por la &quot;guerra sucia&quot;, debilit&oacute; los prop&oacute;sitos de unidad popular. Hubo intentos de nuevos paros c&iacute;vicos nacionales, pero fueron duramente reprimidos y carecieron de la amplitud del primero.</p>     <p>Varias d&eacute;cadas despu&eacute;s las cosas no han cambiado y en muchos sentidos han empeorado. Tenemos un gobierno autoritario que cuenta con respaldo electoral hasta para ser reelegido. Los ataques a la Constituci&oacute;n de 1991 y la desinstitucionalizaci&oacute;n son propiciados desde las altas esferas, el conflicto armado se ha degradado desatando una gran crisis humanitaria, los paramilitares est&aacute;n prontos a ingresar a la legalidad y el neoliberalismo campea en la econom&iacute;a. Sin embargo, la gran ense&ntilde;anza del Paro C&iacute;vico Nacional de 1977 es que hay que tener confianza en las posibilidades reales de la unidad popular. Como se ha visto en luchas m&aacute;s recientes -p. ej., en la negativa al referendo constitucional promovido por el entonces presidente Alvaro Uribe en 2003-, cuando los sectores populares se unen, incluidas las organizaciones sociales y pol&iacute;ticas de oposici&oacute;n, logran triunfos resonantes. El cambio de r&eacute;gimen no es cosa de todos los d&iacute;as, pero nadie excluye que pueda ocurrir cuando hay una amplia movilizaci&oacute;n popular como la hemos visto en los pa&iacute;ses vecinos y como se vislumbr&oacute; aquel d&iacute;a de septiembre de 1977, una fecha que conviene recordar.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS</b></p>   <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> En el sector sindical s&iacute; se puede hacer este c&aacute;lculo. Las cifras de Alvaro Delgado sobre huelguistas son: 182.763 en 1975, 103.450 al a&ntilde;o siguiente, 187.349 para 1997 -sin incluir los participantes en el Paro C&iacute;vico que el mismo autor calcul&oacute; en 1.300.000- y 393.637 en 1978 (Archila y Delgado, 1995, 133).    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Citado en Alape (1980, 156).    <br>    <hr>      <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Alape, A., <i>Un d&iacute;a de septiembre, </i>Bogot&aacute;, Ediciones Armadillo, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913786&pid=S0124-5996201600020001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. <i>Alternativa. </i>&quot;Balance de las luchas sociales de 1976&quot;, diciembre de 1976,&nbsp;pp. 14-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913788&pid=S0124-5996201600020001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Fergusson, G. Columna de opini&oacute;n, <i>Alternativa </i>135, octubre de 1977,&nbsp;p. 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913790&pid=S0124-5996201600020001800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Archila, M. y A. Delgado, &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la clase obrera?, Bogot&aacute;, Cinep, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913792&pid=S0124-5996201600020001800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Medina, M. &quot;Dos d&eacute;cadas de crisis pol&iacute;tica en Colombia, 1977-1997&quot;, L. G. Arango, comp., <i>La crisis socio-pol&iacute;tica colombiana, </i>Bogot&aacute;, Universidad Nacional-Fundaci&oacute;n Social, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913794&pid=S0124-5996201600020001800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. <i>Unidad Ind&iacute;gena. </i>&quot;Participaci&oacute;n ind&iacute;gena en el paro c&iacute;vico, 25 de octubre de 1977, pp. 6-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2913796&pid=S0124-5996201600020001800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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