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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La racionalidad y la acción incontinente: Una propuesta de explicación]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[How is well known, the problem of akratic or incontinent actions; i.e., those actions characterized because the agent acts against his best judgement, has been of great interest for philosophers since the time of Socrates. In recent theories, like those advanced by Davidson and by Searle, this problem is examined on the basis of openly contrary claims. In this paper, we shall contrast the views of Searle and Davidson on akrasia. We shall suggest that though Searle&#39;s solution is philosophically better than Davidson&#39;s solution, still has some limitations and that there is room to entertain other alternatives. Finally, we shall offer one alternative way of explaining the problem of akrasia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <center><font face="verdana" size="3"><b>La racionalidad y la acci&oacute;n incontinente.    <br> Una propuesta de explicaci&oacute;n    <br>    <br> <i>Rationality and incontinent action. A possible explanation</i></b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>Daian Tatiana Fl&oacute;rez Q.    <br> Universidad de Caldas.    <br> Universidad Nacional de Colombia.    <br> <a href="mailto:daian.florez@ucaldas.edu.co">daian.florez@ucaldas.edu.co</a></center> </p>     <p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<center>Carlos Emilio Garc&iacute;a D.    <br> Universidad de Caldas    <br> Universidad de Manizales    <br> <a href="mailto:carlos.garcia_d@ucaldas.edu.co">carlos.garcia_d@ucaldas.edu.co</a></center> </p>     <p>     <center>Recibido el 20 de agosto de 2013 y aprobado el 27 de septiembre de 2013</center> </p> <hr>    <br> <b>Resumen</b>     <p> Como es bien sabido, el problema de las acciones <i>akr&aacute;ticas</i> o incontinentes; i.e., de aquellas que se caracterizan porque el sujeto act&uacute;a en contra de su mejor juicio, han atra&iacute;do la atenci&oacute;n de los fil&oacute;sofos desde los tiempos de S&oacute;crates. En teor&iacute;as recientes, como las defendidas por Davidson y por Searle, dicho problema se examina sobre la base de supuestos abiertamente opuestos. En este art&iacute;culo haremos un contraste entre el tratamiento searleano y el davidsoniano del problema de la <i>akrasia</i>. Sugerimos que, aunque la soluci&oacute;n que Searle ofrece es filos&oacute;ficamente superior a la de Davidson, todav&iacute;a tiene limitaciones y que a&uacute;n hay espacio para ensayar otras alternativas. Finalmente, ponemos a consideraci&oacute;n del lector una forma de explicar el fen&oacute;meno de la <i>akrasia</i>. </p> <b>Palabras clave</b>     <p> acci&oacute;n incontinente, <i>akrasia</i>, Davidson, hip&oacute;tesis de la brecha Searle. </p> <b>Abstract</b>     <p> How is well known, the problem of akratic or incontinent actions; i.e., those actions characterized because the agent acts against his best judgement, has been of great interest for philosophers since the time of Socrates. In recent theories, like those advanced by Davidson and by Searle, this problem is examined on the basis of openly contrary claims. In this paper, we shall contrast the views of Searle and Davidson on <i>akrasia</i>. We shall suggest that though Searle&#39;s solution is philosophically better than Davidson&#39;s solution, still has some limitations and that there is room to entertain other alternatives. Finally, we shall offer one alternative way of explaining the problem of <i>akrasia</i>. </p> <b>Key words</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> incontinent action, <i>akrasia</i>, Davidson, hypothesis of the gap, Searle. </p> <hr>    <br> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La <i>akrasia</i> y la explicaci&oacute;n davidsoniana</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> En su formulaci&oacute;n m&aacute;s simple, la <i>akrasia</i> es una acci&oacute;n que se caracteriza porque el agente act&uacute;a &ndash;con conocimiento e intencionalmente&ndash;en contra de sus mejores resoluciones, es decir, en contra de las resoluciones que la prudencia, el proceso de an&aacute;lisis y la deliberaci&oacute;n previas le presentan como mejores. Aunque para algunos autores la <i>akrasia</i> puede definirse como debilidad de la voluntad o incontinencia (para usar la terminolog&iacute;a de Arist&oacute;teles), es importante aclarar que, para efectos de este art&iacute;culo, la <i>akrasia</i> no es mera debilidad de la voluntad o incontinencia <i>simpliciter</i>, sino que involucra, como condici&oacute;n necesaria, los siguientes tres supuestos: (1) el agente tiene pleno conocimiento de la situaci&oacute;n, de las distintas alternativas disponibles y de las implicaciones m&aacute;s relevantes de las acciones que &eacute;l podr&iacute;a realizar; (2) el agente efect&uacute;a un proceso de deliberaci&oacute;n consciente, racional y suficientemente elaborado, como resultado del cual est&aacute; en condiciones de determinar el mejor curso de acci&oacute;n posible, y de hecho lo determina; (3) el agente elige, de manera informada y libre, un curso de acci&oacute;n distinto al mejor, que no recibi&oacute; la evaluaci&oacute;n &oacute;ptima en el proceso deliberativo y que, incluso, pudo haber sido calificado como inconveniente. Esta aclaraci&oacute;n es importante, ya que Arist&oacute;teles, en su detallada discusi&oacute;n de la acci&oacute;n incontinente y de sus relaciones con la virtud, el vicio, la brutalidad, las pasiones y otros problemas relacionados, parece sugerir que el incontinente sabe que obra mal, pero sucumbe a sus pasiones y abandona los dictados de la raz&oacute;n (una intuici&oacute;n que va en la direcci&oacute;n correcta), pero luego clasifica como incontinentes un variado repertorio de casos que no satisfacen las condiciones (1)-(3) que acabamos de expresar y, sobre todo, que conducen al lector a la consideraci&oacute;n de otros tipos de acci&oacute;n que no caen bajo las definiciones tradicionales de <i>akrasia</i> (<i>Cf</i>. Arist&oacute;teles)<a href="#p1" name="p1b"><sup>1</sup></a>. </p>     <p> Con algunas diferencias menores, el an&aacute;lisis que se emprender&aacute; en este art&iacute;culo asume las condiciones estipuladas. Cabe recordar, brevemente, que desde esta perspectiva muchos fil&oacute;sofos llegaron a la conclusi&oacute;n de que la acci&oacute;n incontinente no era posible, pues la idea de un sujeto plenamente informado y consciente, que delibera y determina cu&aacute;l es el mejor curso de acci&oacute;n y luego elige uno claramente inferior parece abiertamente incoherente. Se supone que, dadas las condiciones (1) y (2), un razonador normal deber&iacute;a obrar de acuerdo con los resultados de la deliberaci&oacute;n (como se estipula en la segunda condici&oacute;n); pero la ocurrencia de lo descrito en (3) exhibe claramente la tensi&oacute;n existente en las condiciones con base en las cuales se define la <i>akrasia</i> y, en particular, las tensiones que surgen del requerimiento epist&eacute;mico y argumentativo que pone al sujeto en el escenario de poder haber determinado cu&aacute;l era el mejor curso de acci&oacute;n posible. De hecho, S&oacute;crates consideraba que s&oacute;lo se pod&iacute;a actuar de manera incontinente cuando el agente carec&iacute;a del conocimiento necesario para realizar todo el proceso de deliberaci&oacute;n y elecci&oacute;n racional (<i>Cf</i>. Arist&oacute;teles)<a href="#p2" name="p2b"><sup>2</sup></a>. Pero es evidente que podemos imaginar con facilidad variados ejemplos de incontinencia, y la hip&oacute;tesis de que hay casos genuinos de acci&oacute;n <i>akr&aacute;tica</i> (propios o ajenos) se puede corroborar emp&iacute;ricamente. Tras estas aclaraciones, pasemos a valorar las propuestas de caracterizaci&oacute;n y explicaci&oacute;n de las acciones incontinentes que formulan Davidson y Searle, respectivamente. Comencemos con la definici&oacute;n davidsoniana de <i>akrasia</i> (identificada con la letra D). </p>     <blockquote> (<b>D</b>): Al hacer X un agente act&uacute;a incontinentemente syss (a) el agente hace X intencionalmente, (b) el agente cree que hay una acci&oacute;n alternativa Y, (c) el agente juzga que, despu&eacute;s de considerar todas las posibilidades, es mejor hacer Y que X. </blockquote>     <p> Como se ve, para que tenga lugar la acci&oacute;n incontinente se deben dar tres condiciones (i) la intencionalidad de la acci&oacute;n, (ii) la creencia de que hay otras alternativas, y (iii) el juicio que le otorga superioridad a una de las alternativas disponibles<a href="#p3" name="p3b"><sup>3</sup></a>. Ahora bien, esta definici&oacute;n resulta incompatible con el siguiente supuesto de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n causal de Davidson: (S1) Si las razones son causas, entonces las razones m&aacute;s fuertes ser&iacute;an las causas m&aacute;s fuertes. Y si este supuesto es correcto, entonces no habr&iacute;a acciones incontinentes, pues se supone que los contenidos intencionales son causalmente suficientes para la acci&oacute;n. </p>     <p> Con el prop&oacute;sito de mantener simult&aacute;neamente, (S1) y (<b>D</b>) Davidson ofrece lo que Searle considera como una prueba por <i>Reductio ad Absurdum</i>, que impone la suscripci&oacute;n de los siguientes dos principios: </p>     <blockquote> (P1) Si un agente quiere hacer X m&aacute;s de lo que quiere hacer Y, y se cree &eacute;l mismo libre para hacer X o Y, entonces har&iacute;a intencionalmente X, si hace X o Y intencionalmente. </blockquote>     <blockquote> (P2) Si un agente juzga que ser&iacute;a mejor hacer X en lugar de Y, entonces quiere hacer X m&aacute;s de lo que quiere hacer Y.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------    <br> Estos dos principios son inconsistentes con (P3): Hay acciones incontinentes. </blockquote>     <p> Para mostrar c&oacute;mo podemos admitir simult&aacute;neamente que las intenciones (creencias/deseos) son causalmente suficientes, a la vez que aceptamos que hay acciones incontinentes, Davidson apela a una distinci&oacute;n entre juicios condicionales e incondicionales, lo que adem&aacute;s le permite defender que en los casos de incontinencia, el agente elabora un juicio condicional o <i>Prima Facie</i> (en adelante <i>Pf</i>) y no un juicio evaluativo incondicional. Podremos capturar mejor la fuerza de su argumento, mediante dicho contraste<a href="#p4" name="p4b"><sup>4</sup></a>: </p>     <center><img src="img/revistas/difil/v14n23/v14n23a05t1.gif"></center>     <p> As&iacute;, un razonamiento pr&aacute;ctico en el que aparece el juicio: <i>Ninguna fornicaci&oacute;n es l&iacute;cita</i>, expresado como un juicio incondicional tendr&iacute;a la forma: (X) (X es un acto de fornicaci&oacute;n &rarr; no es l&iacute;cito) o (X) (Fx&rarr;~L). Ahora bien, si se expresa dicho juicio empleando un operador <i>Pf</i>, el juicio se formular&iacute;a de la siguiente manera: <i>Pf</i> (~Lx, Fx), que se lee: un acto que sea de fornicaci&oacute;n, lo hace, <i>Prima facie</i>, il&iacute;cito (<i>Cf</i>. Caorsi). </p>     <p> Para mostrar que (P1) y (<b>D</b>) no son incompatibles, Davidson mantiene que el juicio evaluativo que hace el agente en (P1) es incondicional, mientras que el que mantiene en (<b>D</b>) es condicional. Searle considera que Davidson plantea que si un agente act&uacute;a en contra de sus intenciones, entonces no ten&iacute;a una intenci&oacute;n incondicional para llevar a cabo la acci&oacute;n, sino que s&oacute;lo hab&iacute;a hecho un juicio condicional o <i>Pf</i>. A la luz de semejante soluci&oacute;n (P3) deber&iacute;a reformularse as&iacute; (P3*): <i>a veces un agente formula un juicio condicional, o Pf, de que ser&iacute;a mejor hacer X en lugar de Y, y cree que es capaz de hacer lo uno o lo otro, y entonces hace intencionalmente Y</i>. Con base en dicha reformulaci&oacute;n (P1), (P2) y (P3*) son consistentes. </p>     <p> Contra esta salida, Searle dirige tres l&iacute;neas de ataque: (i) Davidson debe ofrecer un argumento independiente para mostrar que el agente d&eacute;bil no podr&iacute;a hacer un juicio evaluativo incondicional a favor de la ejecuci&oacute;n de cualquier acci&oacute;n, m&aacute;s que la que lleva a cabo. Sobre este particular, Searle considera que Davidson no ofrece ninguna evidencia para probar que el agente d&eacute;bil hizo un juicio condicional; (ii) la soluci&oacute;n de Davidson tiene consecuencias absurdas, que Searle ilustra con el siguiente caso: supongamos que alguien decide, despu&eacute;s de considerar todos los hechos conocidos, que es mejor no tomar vino en la cena porque, asumamos, quiere reflexionar sobre la debilidad de la voluntad despu&eacute;s de cenar. Sin embargo, resulta que, despu&eacute;s de todo, bebe. El vino result&oacute; ser tan tentador que, en un momento de debilidad, lo bebi&oacute;. </p> Sobre la explicaci&oacute;n davidsoniana, la suma de mis estados intencionales ser&iacute;a: <ol>     <li>X hace el juicio condicional: todas las cosas consideradas, es mejor no beber vino.</li>     <li>X hace el juicio incondicional, es mejor beber vino. Y si ese es el caso, bebe el vino.</li>     </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Searle considera que esta explicaci&oacute;n es defectuosa porque es simplemente falso decir que el agente tuvo que haber hecho un juicio evaluativo incondicional para inferir que es mejor tomar vino, ya que para ello, todo lo que necesita es tomar vino, y esto es lo que hace que la acci&oacute;n sea una instancia de debilidad de la voluntad. Searle considera que el problema de la debilidad de la voluntad no radica en c&oacute;mo puedo reconciliar dos juicios aparentemente inconsistentes, sino en c&oacute;mo es que a partir de un juicio antecedente, act&uacute;o en contra de dicho juicio. Adicionalmente, con base en el contraejemplo anterior, Searle muestra que, independientemente de la forma del juicio, el agente puede actuar siguiendo su mejor juicio o en contra de &eacute;l. El caso (1) muestra c&oacute;mo el agente &ndash;siguiendo un juicio condicional&ndash; resuelve no beber vino. El caso (2) muestra c&oacute;mo el agente &ndash;siguiendo un juicio incondicional&ndash; resuelve beberlo. N&oacute;tese, pues, que la forma del juicio no es ni una condici&oacute;n necesaria, ni una condici&oacute;n suficiente para que el agente actue en contra de su mejor juicio. </p>     <p> (iii) La soluci&oacute;n de Davidson parte de un supuesto falso, a saber, que en los casos de las acciones racionalmente motivadas, hay un tipo de conexi&oacute;n causalmente necesaria y suficiente entre los antecedentes psicol&oacute;gicos y la ejecuci&oacute;n de la acci&oacute;n. A juicio de Searle este supuesto es falso, ya que si bien es cierto que hay casos en los que las acciones est&aacute;n causalmente determinadas, como en la adicci&oacute;n a las drogas<a href="#p5" name="p5b"><sup>5</sup></a>, en casos normales, por contraste, podemos hacer cualquier tipo de juicio evaluativo (cuyos antecedentes sean los juicios morales relevantes, o intenciones incondicionales, o lo que quiera) y a&uacute;n as&iacute;, siempre es posible no actuar conforme a nuestras mejores resoluciones. El que Davidson complique innecesariamente este problema radica en que demanda un tipo de causaci&oacute;n como la que opera en los movimientos de las bolas de billar. Por contraste, Searle considera que la causaci&oacute;n que opera en las acciones es harto distinta. La causaci&oacute;n intencional se caracteriza por causar las acciones humanas qua eventos a partir de los estados intencionales, pero ello no implica necesariamente &mdash;y con ello Searle se aparta del modelo cl&aacute;sico&mdash; que tales estados sean causalmente suficientes. A la luz de esta &uacute;ltima tesis, Searle mantiene, de hecho, que las cadenas causales de la acci&oacute;n pueden romperse en tres puntos distintos: (1) entre la intenci&oacute;n previa (en adelante Ip) y la intenci&oacute;n en la acci&oacute;n (en adelante Ia), (2) entre la Ia y el inicio del comportamiento, (3) entre el inicio del comportamiento y la terminaci&oacute;n de la acci&oacute;n. Semejantes rupturas, se pueden explicar mediante la hip&oacute;tesis de la brecha que examinaremos a continuaci&oacute;n. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La hip&oacute;tesis de la brecha y los argumentos trascendentales que la apoyan</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> En este ac&aacute;pite haremos, en primer lugar, una presentaci&oacute;n general de la estructura de la acci&oacute;n intencional seg&uacute;n Searle, con el prop&oacute;sito de formular con claridad el sentido de algunos de los t&eacute;rminos que son centrales en su teor&iacute;a causal de la acci&oacute;n. En segundo lugar, indicaremos qu&eacute; es la brecha y reconstruiremos los argumentos que Searle ofrece a favor de su existencia. Finalmente, analizaremos c&oacute;mo es que <i>los antecedentes causales explican la acci&oacute;n a pesar de que son insuficientes para determinarla</i>; gracias a que la perspectiva searleana presupone un yo irreducible &mdash;y no humeano&mdash;. </p> <b>Elementos ontol&oacute;gicos de la acci&oacute;n</b>     <p> Tanto Davidson como Searle distinguen las acciones de otros movimientos f&iacute;sicos &mdash;o corporales&mdash; en virtud de que las acciones tienen una <i>causa mental</i>. Sin embargo, mientras Davidson considera que la acci&oacute;n es un tipo de vector que resulta de la combinaci&oacute;n de fuerzas como las creencias y los deseos del agente, i.e., que los antecedentes psicol&oacute;gicos son causalmente suficientes para la acci&oacute;n, Searle rechaza esta &uacute;ltima consideraci&oacute;n, motivado en su distinci&oacute;n entre la Ip, la Ia y los movimientos corporales, que son los elementos que, <i>inter alia</i>, intervienen en la acci&oacute;n, as&iacute; como en la naturaleza de ambos tipos de intenciones. </p>     <p> Por Ip podemos entender aquellas intenciones que nos formamos con anterioridad a las acciones. Se trata de una suerte de representaci&oacute;n prospectiva o del conjunto de intenciones que el agente se propone llevar a cabo en la acci&oacute;n antes de la realizaci&oacute;n de la acci&oacute;n misma. Una Ip es, para decirlo en otros t&eacute;rminos, el plan con base en el cual act&uacute;a el agente o que intenta llevar a cabo en la ejecuci&oacute;n de la acci&oacute;n. &Eacute;ste no necesita ser complejo ni detallado, de hecho puede ser un plan de acci&oacute;n minimalista. A pesar de ello, las Ip por s&iacute; solas no son ni una condici&oacute;n necesaria, ni una condici&oacute;n suficiente para que una acci&oacute;n X cuente como una acci&oacute;n intencional. Las Ip no son una condici&oacute;n necesaria porque puedo llevar a cabo acciones de manera espont&aacute;nea y no deliberada. Por ejemplo, cualquiera puede levantarse de su escritorio y pasearse por la habitaci&oacute;n con aspecto preocupado, sin formarse una Ip y sin un plan consciente previo (<i>Cf</i>. Searle 96). Ahora, si es cierto que el agente puede actuar espont&aacute;neamente, i.e., sin formarse una intenci&oacute;n previa de su acci&oacute;n, es porque las Ip no son, por s&iacute; solas, una condici&oacute;n necesaria para las acciones. Pero, por otro lado, tampoco son una condici&oacute;n suficiente y no lo son porque puedo tener la Ip de hacer algo y, no obstante, no actuar de acuerdo con esa intenci&oacute;n. Una persona puede tener la Ip de ir al estadio el domingo, y resolver finalmente quedarse en casa viendo una pel&iacute;cula. </p>     <p> Pero si las Ip no son una condici&oacute;n necesaria ni suficiente para las acciones, &iquest;c&oacute;mo es que parecen ser, de acuerdo con la definici&oacute;n arriba indicada, uno de sus elementos constitutivos? Tal y como lo indicamos, al menos por s&iacute; solas, las Ip no son ni necesarias ni suficientes; sin embargo, si las Ip son la causa de lo que Searle llama <i>intenciones en la acci&oacute;n</i>, i.e., si causan una acci&oacute;n en la que acciones que realizamos tienen el mismo contenido intencional de las Ip, entonces s&iacute; ser&iacute;an un elemento constitutivo fundamental de la acci&oacute;n intencional. En otras palabras, si las Ip son la causa de las Ia, como causas de la acci&oacute;n, s&iacute; parece establecerse una cadena causal directa que relaciona la Ip con la Ia y los movimientos que materializan la acci&oacute;n intencional. Comprender esta conexi&oacute;n es clave para responder a ciertos contraejemplos que se han ideado para rebatir algunas de las tesis centrales de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n intencional de Searle. </p>     <p> Consideremos, adem&aacute;s, otro elemento de la acci&oacute;n <i>simpliciter</i>, a saber, los <i>eventos</i>. Searle considera que una acci&oacute;n es tambi&eacute;n un evento que contiene la ocurrencia de una Ia. Un evento es la realizaci&oacute;n o la materializaci&oacute;n f&iacute;sica de una acci&oacute;n. Si ocurre que dicho evento es causado por la Ia, entonces se trata de una acci&oacute;n intencional. Un ejemplo que puede servir para ilustrar esta idea es que, si alguien levanta su brazo (&eacute;ste es el <i>evento</i>) ese movimiento debe ser causado por la intenci&oacute;n en la acci&oacute;n. De suerte que una condici&oacute;n necesaria y suficiente para la acci&oacute;n es que un evento cualquiera, sea causado por una Ia. As&iacute;, basta con que alguien se dirija al refrigerador, lo abra, saque una cerveza, la lleve a su boca, y dem&aacute;s, (evento) para que se ejecute la acci&oacute;n de beber una cerveza (Ia). </p>     <p> Esta presentaci&oacute;n &mdash;algo sumaria&mdash; de la naturaleza de los elementos constitutivos de la acci&oacute;n seg&uacute;n Searle, nos proporciona el marco conceptual b&aacute;sico para examinar su hip&oacute;tesis de la brecha y poder mostrar que aunque la brecha es filos&oacute;ficamente superior a la explicaci&oacute;n que ofrece Davidson, es a&uacute;n muy limitada para permitirnos distinguir entre acciones racionales e irracionales. </p> <b>&iquest;Qu&eacute; es el fen&oacute;meno de la brecha?</b>     <p> Searle considera que el fen&oacute;meno de la brecha se da, o bien cuando las creencias, los deseos y otras razones no son causalmente suficientes para una decisi&oacute;n (la formaci&oacute;n de la Ip). O bien cuando la Ip no establece una condici&oacute;n causalmente suficiente para una acci&oacute;n intencional. A la luz de lo anterior, Searle formula tres tipos de brecha: (1) se da cuando uno est&aacute; tomando una decisi&oacute;n racional y ocurre una ruptura entre el proceso deliberativo y la propia decisi&oacute;n, en el que la decisi&oacute;n consiste en la formaci&oacute;n de una Ip. (2) una vez uno tiene en mente hacer algo, i.e., se ha formado una Ip, puede ocurrir una brecha entre la Ip y la ejecuci&oacute;n efectiva de la acci&oacute;n al comienzo de la Ia. (3) cualquiera que sea el curso de alg&uacute;n patr&oacute;n extendido de actividad, puede tener lugar una brecha entre las causas en la forma de Ip para llevar a cabo la acci&oacute;n y la Ia, por un lado, y la ejecuci&oacute;n de la actividad compleja para su terminaci&oacute;n, por el otro. En defensa de la existencia de la brecha Searle ofrece dos l&iacute;neas argumentativas. La primera puede ilustrarse mediante un experimento mental y la segunda involucra un argumento trascendental. Examinemos ambas l&iacute;neas. </p> <b><i>(a) Del experimento de Penfield a un experimento mental</i></b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El primer argumento que Searle ofrece consiste en un experimento mental inspirado en las investigaciones llevadas a cabo por W. Penfield. Penfield encontr&oacute; que estimulando la corteza motora de sus pacientes con microelectrodos pod&iacute;a provocar movimientos corporales. Cuando preguntaba a sus pacientes, &eacute;stos invariablemente dec&iacute;an que &#39;ellos no hab&iacute;an hecho tal cosa&#39;, por lo que la experiencia, por ejemplo, de levantar su brazo por la estimulaci&oacute;n del cerebro que hac&iacute;a Penfield es muy diferente de levantarlo voluntariamente<a href="#p6" name="p6b"><sup>6</sup></a>. </p>     <p> Con base en estos reportes, Searle nos pide que imaginemos los casos de Penfield a gran escala, de suerte que todos los movimientos corporales en cierto per&iacute;odo de tiempo sean causados por un cient&iacute;fico que env&iacute;a rayos electromagn&eacute;ticos a la corteza motora. Claramente la experiencia ser&iacute;a totalmente diferente de los casos normales de acciones voluntarias conscientes. Las diferencias estriban en que en los casos normales (i) el individuo causa el movimiento corporal, tratando de levantar su mano, y tratar es suficiente para causar el movimiento del brazo, y (ii) las razones para la acci&oacute;n no son causa suficiente para forzar el intento. Consideremos ahora los argumentos trascendentales: </p> <b>(b) Argumentos trascendentales</b>     <p> <b>I</b> </p>     <blockquote> (P1) Si al actuar el agente dispone de muchas razones operando para ejecutar una acci&oacute;n determinada (hecho), pero s&oacute;lo act&uacute;a sobre la base de una, entonces es el agente quien elige sobre cu&aacute;l de ellas actuar, entre todas las razones y elecciones posibles,    <br> (P2) si el agente elige una raz&oacute;n efectiva para actuar &mdash;entre muchas razones posibles&mdash;, entonces es porque hay una brecha que es la manifestaci&oacute;n de su libertad (condici&oacute;n de posibilidad para la acci&oacute;n).    <br> ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------    <br> (C) Si al actuar el agente dispone de muchas razones, entonces la brecha es una manifestaci&oacute;n de su libertad. </blockquote> <b>II</b>     <blockquote> (P1) La racionalidad s&oacute;lo es posible donde es posible la irracionalidad (Hecho), y una <i>conditio sine que non</i> para ambas es la libertad (condici&oacute;n de posibilidad), y la libertad es una manifestaci&oacute;n de la brecha&hellip;    <br> (P2) Puesto que es un hecho que hay acciones racionales e irracionales, entonces es porque su condici&oacute;n de posibilidad tambi&eacute;n se da, a saber: la brecha. </blockquote> <b>III</b>     <blockquote> (P1) Si al actuar tenemos la experiencia de que tenemos que decidir y elegir (Hecho), entonces tenemos que presuponer la brecha (condiciones de posibilidad)&hellip; Presuponer la brecha implica admitir que los antecedentes psicol&oacute;gicos de muchas de nuestras decisiones y acciones no son condiciones causalmente suficientes para la acci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> (P2) si tales antecedentes fuesen causalmente suficientes, entonces podr&iacute;a sentarme a ver c&oacute;mo se desarrolla la acci&oacute;n, del mismo modo que lo hago cuando veo una pel&iacute;cula en el cine&hellip;pero no puedo hacerlo<a href="#p7" name="p7b"><sup>7</sup></a>, (C) Por tanto, tales antecedentes no son causalmente suficientes. </blockquote>     <p> A la luz de lo anterior podemos preguntarnos, &iquest;c&oacute;mo es que <i>los antecedentes causales pueden explicar una acci&oacute;n a pesar de que son insuficientes para determinarla?</i> Para responder a esta pregunta podemos reconstruir el an&aacute;lisis trascendental que Searle ofrece del yo como una condici&oacute;n de posibilidad de las acciones racionales. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>El &#39;YO&#39; como una condici&oacute;n de posibilidad de las acciones racionales</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Lo primero que conviene indicar, antes de mostrar las motivaciones de Searle en su recurso a un &#39;yo&#39; para indicar las condiciones de posibilidad de la acci&oacute;n racional, es explicar qu&eacute; debemos entender por &#39;yo&#39;. A juicio de Searle, el yo es una condici&oacute;n de posibilidad<a href="#p8" name="p8b"><sup>8</sup></a> &mdash;o requisito formal&mdash; para las acciones racionales, ya que combina tanto las capacidades racionales, como las de agencia de los individuos. A diferencia de otras concepciones ya cl&aacute;sicas, como la de Hume, que concibe al &#39;yo&#39; como un haz de experiencias, i.e., como un objeto que es experimentado (evento), Searle considera que el yo es un presupuesto necesario para la acci&oacute;n, ya que sin una entidad consciente (agente) que sea capaz de iniciar y llevar a cabo las acciones &eacute;stas no tendr&iacute;an lugar. Para mostrar c&oacute;mo es que el yo es una condici&oacute;n de posibilidad de las acciones, Searle ofrece tres argumentos. Todos planteados en una l&iacute;nea trascendental: </p> <i>Primer argumento</i>: Searle nos pide que consideremos los siguientes tres enunciados:     <blockquote> (1) Yo levant&eacute; mi mano porque quer&iacute;a votar a favor de la moci&oacute;n.    <br> (2) Me dio dolor de est&oacute;mago porque quer&iacute;a votar por la moci&oacute;n.    <br> (3) El edificio colaps&oacute; porque el terremoto averi&oacute; las bases. </blockquote>     <p> En opini&oacute;n de Searle, es un hecho que aceptamos (1) como una explicaci&oacute;n, a&uacute;n cuando no indica condiciones suficientes. Si lo hacemos es porque presuponemos la existencia de un yo racional que act&uacute;a sobre razones y sobre la presuposici&oacute;n de la libertad (<i>Cf</i>. Searle 84). Por contraste, (2) es interpretada como (3), ya que proporciona las condiciones causales suficientes del evento. </p>     <p> <i>Segundo argumento</i>: en este argumento Searle contrasta el sentido del yo en el modelo cl&aacute;sico, y la referencia al yo que &eacute;l propone. A su juicio, la referencia a un yo en el modelo cl&aacute;sico es s&oacute;lo un medio para identificar una instancia de un evento, la siguiente formula indica c&oacute;mo es que ello ocurre: <i>Hay un X tal que ese X hace A por S y hay un Y tal que ese Y es una creencia y hay un Z tal que ese Z es un deseo y (el comienzo) de Y y Z causaron X</i>. </p>     <p> Seg&uacute;n Searle, esta f&oacute;rmula, que expresa la visi&oacute;n central del modelo cl&aacute;sico, claramente indica c&oacute;mo es que el yo es un evento y no una condici&oacute;n de posibilidad tal y como la que &eacute;l defiende y que formula as&iacute;: <i>hay un X tal que ese X = S yo, y hay un Y tal que ese Y = instancia de acci&oacute;n A, y hay un Z tal que ese Z = R-raz&oacute;n, y X ejecut&oacute; Y y al ejecutar Y, X actu&oacute; sobre Z</i>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Un ejemplo podr&iacute;a servir para ilustrar el sentido y las diferencias en estas dos f&oacute;rmulas. Supongamos que Pedro est&aacute; sediento. De acuerdo con la primera f&oacute;rmula: Hay un X tal que ese X es Pedro, que hace A por S, es decir, bebe una cerveza (hace A) para satisfacer su sed (por S). Para hacerlo, Pedro no s&oacute;lo cree que beber una cerveza calmar&aacute; su sed (Y), sino que adem&aacute;s tiene el deseo de beberla (Z). Por lo que (Y) y (Z) son las causas de su acci&oacute;n. Seg&uacute;n Searle &eacute;sta es la ecuaci&oacute;n que expresa las condiciones necesarias y suficientes para la acci&oacute;n, seg&uacute;n el modelo cl&aacute;sico, y que encuentra significativamente defectuosa, <i>inter alia</i>, en virtud de que las acciones as&iacute; expresadas no se distinguir&iacute;an de eventos tales como el que una bola de billar A caus&eacute; que otra bola de billar B se mueva. </p>     <p> Por contraste, en su teor&iacute;a, Searle propone una f&oacute;rmula en la que el yo es un presupuesto necesario de la acci&oacute;n, no un evento. De suerte que para poder decir que la acci&oacute;n = &#39;beber una cerveza&#39; (Y) sea una instancia de una acci&oacute;n = &#39;saciar la sed&#39; (A), se presupone a un X = (yo) que en este caso es Pedro; quien ejecuta (Y), i.e., bebe una cerveza sobre la base de (Z = R o raz&oacute;n). Aqu&iacute; la raz&oacute;n puede ser un motivador &mdash;interno<a href="#p9" name="p9b"><sup>9</sup></a>&mdash; como el estar sediento. </p>     <p> Searle se resiste a concebir el yo como un medio para la acci&oacute;n, por lo que con base en el argumento, que aqu&iacute; llamaremos &#39;argumento de la responsabilidad&#39;, se propone mostrar que para poder atribuir a los agentes alg&uacute;n tipo de responsabilidad sobre sus actos, es necesario que los agentes &mdash;ontol&oacute;gicamente hablando&mdash; sean los mismos a trav&eacute;s del tiempo. El argumento se puede reconstruir como sigue: </p> <i>Tercer argumento: el argumento de la responsabilidad</i>     <blockquote> (P1) Si es un hecho que tenemos que atribuirle responsabilidad a los agentes de sus actos (o N), entonces es porque se da la condici&oacute;n necesaria de acuerdo con la cual, para atribuirle responsabilidad al agente, dicho agente tiene que ser una entidad (yo) tal que, es la misma persona a trav&eacute;s del tiempo, i.e., es la misma persona ahora y la que ejecut&oacute; determinadas acciones en el pasado.    <br> (P2) Puesto que es un hecho que tenemos que atribuir responsabilidades    <br> -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------    <br> Se da la condici&oacute;n de posibilidad, i.e., tiene que haber un agente, una entidad (yo). </blockquote> Resumamos la estrategia argumentativa en la l&iacute;nea de Searle:     <blockquote> (P1) Hay un hecho: la existencia de acciones voluntarias e intencionales. De ello, Searle infiere su condici&oacute;n de posibilidad, a saber: que el agente sea consciente.    <br> (P2) La agencia no es suficiente para la acci&oacute;n racional.    <br> (P3) la inteligibilidad requiere que concibamos las causas no como aquellas que determinan un evento, sino como las razones sobre las que act&uacute;a un agente racional.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> (P4) el yo<a href="#p10" name="p10b"><sup>10</sup></a> es un agente para la acci&oacute;n.    <br> (P5) la existencia del yo explica la relaci&oacute;n del agente con el tiempo. </blockquote>     <p> Con base en lo presentado aqu&iacute; hasta ahora, se puede decir que, para Searle, nosotros aceptamos explicaciones que no establecen condiciones suficientes para la acci&oacute;n, ya que las razones que justifican mi acci&oacute;n, i.e., que explican por qu&eacute; fue la acci&oacute;n correcta para llevarla a cabo, pueden no ser las mismas razones que explican por qu&eacute; de hecho lo hice. As&iacute;, si alguien le preguntara a Jones, por ejemplo, por qu&eacute; vot&oacute; por Smith, &eacute;l puede decir que ten&iacute;a una justificaci&oacute;n para votar por &eacute;l, ya que cre&iacute;a que era el candidato m&aacute;s inteligente, a&uacute;n cuando ello no responda a la pregunta, ya que de hecho pudo haber votado por &eacute;l porque es un viejo amigo de tragos (<i>Cf</i>. Searle 110)<a href="#p11" name="p11b"><sup>11</sup></a>. Este caso ilustra con notable claridad que uno es el tipo de explicaci&oacute;n que se demanda cuando preguntamos por qu&eacute; ocurri&oacute; y otro cuando preguntamos: &iquest;por qu&eacute; hice X? La respuesta a la primera pregunta demanda una explicaci&oacute;n del tipo que Searle denomina &#39;explicaciones causales directas&#39;. Este tipo de explicaciones son aquellas que ofrecemos cuando conectamos un evento con otro, como cuando afirmamos que: &quot;Jones cree que &eacute;l es Napole&oacute;n por una contusi&oacute;n cerebral&quot;. La respuesta a la segunda pregunta, por contraste, demanda o bien una justificaci&oacute;n (explicaciones justificativas) o las razones (eficientes) por las cuales hizo X: vot&oacute; por &eacute;l porque era un viejo amigo de copas. </p>     <p> Ahora bien, la tesis searleana que plantea que s&oacute;lo <i>una</i> raz&oacute;n tiene eficacia causal para la acci&oacute;n es problem&aacute;tica, ya que parece tautol&oacute;gica, pues resulta obvio que uno act&uacute;a con base en <i>una</i> raz&oacute;n de entre un conjunto de razones. Adicionalmente, a diferencia de Searle, uno podr&iacute;a mantener que las otras posibles razones tambi&eacute;n tienen cierta eficacia causal. La justificaci&oacute;n racional de una acci&oacute;n es mucho m&aacute;s compleja de lo que el an&aacute;lisis searleano sugiere, ya que para que algo cuente como una genuina raz&oacute;n para la acci&oacute;n entre un repertorio de posibles razones, debemos suponer que todas las razones posibles para la acci&oacute;n tienen la misma eficacia causal. Naturalmente, &eacute;ste no es el &uacute;nico defecto apreciable en el an&aacute;lisis searleano sobre la racionalizaci&oacute;n de las acciones; como veremos enseguida, hay otras debilidades en las dos hip&oacute;tesis explicativas sobre la <i>akrasia</i> que hemos resumido hasta aqu&iacute;. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Debilidades en la hip&oacute;tesis de la disociaci&oacute;n (Davidson) y la hip&oacute;tesis de la brecha (Searle)</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Como se indic&oacute; en el ac&aacute;pite anterior, las acciones <i>akr&aacute;ticas</i> son particularmente problem&aacute;ticas para Davidson, ya que su teor&iacute;a de la acci&oacute;n suscribe un supuesto que es evidentemente incompatible con tales acciones, a saber: que los antecedentes psicol&oacute;gicos de las acciones son causalmente suficientes. Tambi&eacute;n presentamos all&iacute; la explicaci&oacute;n que Davidson ofrece de la <i>akrasia</i>, mediante su recurso a la distinci&oacute;n entre juicios condicionales e incondicionales y del que Searle demanda una prueba adicional, pues se trata, a su juicio de una hip&oacute;tesis emp&iacute;rica. Sin embargo, Davidson parece sugerir una hip&oacute;tesis adicional que, a nuestro juicio, sigue siendo una hip&oacute;tesis emp&iacute;rica. Se trata de la hip&oacute;tesis de la disociaci&oacute;n de acuerdo con la cual si bien <i>r</i> puede ser la raz&oacute;n para que alguien mantenga que <i>P</i>, por lo que <i>r</i> es, en consecuencia, la causa de que mantenga <i>P</i>; sin embargo, sostener <i>r</i> puede causar que sostenga <i>P</i>, sin ser <i>r</i> la raz&oacute;n de que mantenga que <i>P</i>, ya que incluso <i>r</i> podr&iacute;a ser la raz&oacute;n de que rechace <i>P</i> (<i>Cf</i>. Davidson, &quot;How is&quot;). </p>     <p> Seg&uacute;n Davidson, esto es posible porque &quot;hay causas mentales que no son razones de lo que causan&quot; (Davidson, &quot;Paradoxes of&quot; 179). Esta idea se puede ilustrar a partir del siguiente caso de <i>akrasia</i>: un hombre que va caminando por el parque se encuentra una rama y considera que &eacute;sta podr&iacute;a causar alg&uacute;n da&ntilde;o a otro caminante. En virtud de ello, decide arrojarla al seto al lado del camino. Pero ocurre que camino a casa, piensa que en el seto, la rama podr&iacute;a causar alg&uacute;n da&ntilde;o a un caminante incauto, por lo que se baja del tren, regresa al parque y vuelve a poner la rama en el lugar que la encontr&oacute;. El agente hace esto, a pesar de que, en contra de su mejor resoluci&oacute;n &mdash;por razones de tiempo y dinero&mdash; deber&iacute;a seguir su rumbo a casa. &iquest;C&oacute;mo es que este caso ilustra dicha disociaci&oacute;n? La creencia de que &#39;la rama podr&iacute;a causar alg&uacute;n da&ntilde;o a un caminante incauto&#39; <i>causa</i> su acci&oacute;n, pero la <i>raz&oacute;n</i> de la mejor acci&oacute;n alternativa deber&iacute;a ser &#39;por tiempo y dinero, conviene regresar a casa&#39;<a href="#p12" name="p12b"><sup>12</sup></a>. </p>     <p> A la luz de una explicaci&oacute;n como &eacute;sta surgen preguntas del siguiente tipo: (a) &iquest;c&oacute;mo es que hay una raz&oacute;n para la acci&oacute;n, pero lo que causa la acci&oacute;n no es esa raz&oacute;n, sino otra cosa? &iquest;Cu&aacute;l es la naturaleza de esa &#39;cosa&#39;? Preguntamos esto porque uno podr&iacute;a considerar que la creencia de que &#39;la rama podr&iacute;a causar alg&uacute;n da&ntilde;o a un caminante incauto&#39; es tambi&eacute;n una raz&oacute;n para su acci&oacute;n. Si esto es as&iacute;, (b) &iquest;qu&eacute; hace, entonces que X sea una causa y una raz&oacute;n para la acci&oacute;n? Tal parece que la distinci&oacute;n davidsoniana adolece del defecto no despreciable de que no parece admitir que lo que causa una acci&oacute;n &mdash;en casos como la <i>akrasia</i>&mdash; no puede considerarse como una raz&oacute;n. </p>     <p> En la teor&iacute;a searleana, por contraste, se establecen distinciones mucho m&aacute;s afortunadas sobre la naturaleza de las razones y las causas y sobre qu&eacute; condiciones deber&iacute;a satisfacer una raz&oacute;n para que se la considerase como una raz&oacute;n que justifica o no una acci&oacute;n. De acuerdo con Searle, los criterios se pueden expresar de la siguiente manera: </p>     <p> <i>Un agente racional X considera un conjunto de enunciados S, que contiene los enunciados individuales S1, S2, S3&hellip;, como enunciados de una raz&oacute;n total v&aacute;lida para llevar a cabo un tipo de acci&oacute;n A syss:</i> </p> <ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Cada uno de los elementos de S, S1, S2&hellip;, son verdaderos y son considerados por X como verdaderos.</li>     <li>S contiene el enunciado de al menos un motivador racional<a href="#p13" name="p13b"><sup>13</sup></a> y el motivador racional es reconocido as&iacute; por X.</li>     <li>X considera que S no establece condiciones causalmente suficientes para la acci&oacute;n A. O lo que es lo mismo: una condici&oacute;n necesaria para que X pueda tomar una decisi&oacute;n racional es que tiene que asumir que tiene una opci&oacute;n genuina.</li>     <li>X considera que los enunciados en S establecen efectores o constitutores (o ambos) para los motivadores.</li>     <li>La evaluaci&oacute;n racional de las relaciones entre motivadores en competencia, y varios de los requisitos de los efectores y los constitutores, son suficientes para justificar la elecci&oacute;n de A como una decisi&oacute;n racional, todas las cosas consideradas, dado S (<i>Cf</i>. Davidson, &quot;Paradoxes of&quot; 133).</li>     </ol>     <p> Consideremos con algo m&aacute;s de detenimiento esta estructura l&oacute;gica de las razones. De acuerdo con 1 Searle plantea que los enunciados de raz&oacute;n se caracterizan no s&oacute;lo por tener una estructura proposicional, sino que adicionalmente &mdash;y de manera especial&mdash; se caracterizan por tener una estructura <i>factitiva</i>, i.e., las razones incluyen hechos sobre el mundo, creencias, deseos, necesidades, obligaciones, entre otras. As&iacute;, por ejemplo, las razones por las cuales alguien &#39;decide llevar una sombrilla consigo&#39; pueden ser del siguiente tenor: (i) est&aacute; lloviendo; (ii) cree que est&aacute; lloviendo; (iii) no quiere mojarse; (iv) tiene la obligaci&oacute;n de llevarla; (v) necesita estar seco (Ib&iacute;d. 104). De las razones anteriores, es evidente que de (i) se exige que sea verdadera, puesto que como bien se sabe, el tipo de constre&ntilde;imientos racionales que se impone a afirmaciones sobre hechos es que &eacute;stas sean susceptibles de ser verdaderas o falsas. Ahora para que (i) cuente como una genuina raz&oacute;n &mdash;que en este caso explicar&iacute;a la acci&oacute;n a partir de un evento&mdash;, sobre por qu&eacute; alguien decide llevar consigo una sombrilla, debe en efecto ocurrir que est&eacute; lloviendo. </p>     <p> Ahora que Searle demande tanto en 1 como en 2 que el agente reconozca a <i>r</i> como una raz&oacute;n para su acci&oacute;n estriba en que una raz&oacute;n es siempre una raz&oacute;n para un estado intencional, i.e., debe ser una raz&oacute;n para creer una proposici&oacute;n, para tener un deseo, entre otros. Si es cierto que la raz&oacute;n funciona en la deliberaci&oacute;n tiene que ser conocida por el agente (Ib&iacute;d. 114). </p>     <p> Por otro lado, la condici&oacute;n estipulada en 2 demanda que el enunciado contenga al menos un motivador racional. Ello en virtud de que si la racionalidad en la deliberaci&oacute;n sobre las acciones tiene que ver con encontrar la manera de satisfacer los motivadores, entonces toda raz&oacute;n <i>total</i><a href="#p14" name="p14b"><sup>14</sup></a> tiene que ser capaz de motivar racionalmente al agente. Con base en ello, Searle distingue entre <i>motivadores internos y externos</i>. Los deseos, por ejemplo, son motivadores internos; pero tambi&eacute;n lo son la esperanza, el temor, el orgullo, el honor. Las necesidades, las obligaciones, los deberes, son, por contraste, motivadores externos<a href="#p15" name="p15b"><sup>15</sup></a>. </p>     <p> A partir de lo anterior, Searle mantiene que la racionalidad en la toma de decisiones involucra el reconocimiento de varios motivadores, tanto externos como internos, y una apreciaci&oacute;n de sus pesos relativos. As&iacute;, por ejemplo, alguien puede prometer ir a tu fiesta el pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles en la noche, y esta obligaci&oacute;n implica una raz&oacute;n independiente del deseo, y no tiene nada que ver con su deseo de ir a tu fiesta. Pero supongamos que la obligaci&oacute;n de ir a tu fiesta se opone a sus intereses, porque si lo hiciera perder&iacute;a un negocio que le costar&iacute;a mucho dinero. Dicho interes es un motivador externo contrario que tambi&eacute;n debe ser sopesado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En su an&aacute;lisis de la estructura l&oacute;gica de las razones, Searle plantea que en la deliberaci&oacute;n racional tambi&eacute;n est&aacute;n involucradas las creencias de c&oacute;mo satisfacer eficientemente los motivadores (esto es lo que Searle llama <i>efectores internos</i>) o de c&oacute;mo hacer una cosa constituye hacer otra (<i>constitutor interno</i>). Para ilustrar esta idea nos pide que consideremos el siguiente ejemplo: supongamos que te debo algo de dinero (motivador externo). Supongamos que lo s&eacute; (motivador interno). Supongamos que puedo cumplir con esta deuda conduciendo hasta tu casa y dand&oacute;te tu dinero (efector y constitutor externo). Supongamos que s&eacute; todo esto (efector y constitutor interno). Reconociendo todo esto puedo decidir conducir hasta tu casa y darte tu dinero (raz&oacute;n pr&aacute;ctica). </p>     <p> Con base en el an&aacute;lisis anterior, Searle encuentra que las condiciones aqu&iacute; formuladas permiten explicar por qu&eacute; ciertas acciones que son evidentemente irracionales, ser&iacute;an consideradas, a la luz del modelo cl&aacute;sico, de manera absurda claro est&aacute;, como una acci&oacute;n racional. Searle refiere la siguiente an&eacute;cdota: cuando estaba ofreciendo unas conferencias en Dinamarca, ten&iacute;a una estudiante de veinte a&ntilde;os que fumaba mucho. &Eacute;l le indic&oacute; que fumar era muy perjudicial para la salud. Y ella asinti&oacute;. Por lo que enseguida le pregunt&oacute; &iquest;por qu&eacute; segu&iacute;a entonces fumando? Ella respondi&oacute; que no le importaba su salud, que incluso ser&iacute;a perfectamente feliz si muriese m&aacute;s joven. Lo que importaba, por ahora, era su deseo de fumar. Por su respuesta, Searle insisti&oacute; en que, seguramente, cuando tuviese sesenta a&ntilde;os desear&iacute;a no haber fumado. Y de nuevo asiente, se&ntilde;alando adem&aacute;s que su decisi&oacute;n es perfectamente racional, puesto que a la edad de veinte, justo cuando tiene que tomar la decisi&oacute;n, lo que importa es satisfacer su deseo de fumar. </p>     <p> Para capturar mejor este punto, y apreciar c&oacute;mo es que una acci&oacute;n de este tipo ser&iacute;a racional seg&uacute;n el modelo cl&aacute;sico, consideremos el siguiente cuadro en el que se representa la estructura de la acci&oacute;n, tanto en el modelo cl&aacute;sico &mdash;en particular el modelo davidsoniano&mdash; como en el modelo searleano: </p>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La estructura de la acci&oacute;n (modelo Davidsoniano)</b></font></center>    <br> <font face="verdana" size="2">     <center><img src="img/revistas/difil/v14n23/v14n23a05f1.gif"></center>     <p> De acuerdo con este cuadro, resulta evidente por qu&eacute;, en opini&oacute;n de Searle, la an&eacute;cdota cumplir&iacute;a las condiciones de racionalizaci&oacute;n seg&uacute;n el modelo cl&aacute;sico, a&uacute;n cuando se trata de una acci&oacute;n evidentemente irracional. En su modelo, por contraste, la explicaci&oacute;n de esta acci&oacute;n como una acci&oacute;n irracional se da en virtud, de la brecha que tendr&iacute;a lugar entre el proceso deliberativo y la formaci&oacute;n de una intenci&oacute;n previa as&iacute;: </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La brecha como explicaci&oacute;n de la <i>akrasia</i></b></font></center>    <br>     <center><img src="img/revistas/difil/v14n23/v14n23a05f2.gif"></center>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> A la luz del cuadro anterior se puede decir que la causa en virtud de la cual la estudiante act&uacute;a irracionalmente se debe a que tiene lugar una brecha entre (1) y (2) o, lo que es lo mismo, se da una ruptura entre el proceso deliberativo y la formaci&oacute;n de la intenci&oacute;n previa. El que la estudiante act&uacute;e de manera semejante se debe a la brecha que existe entre deliberaci&oacute;n y acci&oacute;n y en virtud de la cual siempre es posible actuar siguiendo nuestros juicios o actuar en contra de ellos. </p>     <p> Sin embargo, la hip&oacute;tesis de la brecha no parece ser la hip&oacute;tesis ontol&oacute;gica m&aacute;s promisoria para el an&aacute;lisis de la acci&oacute;n racional o irracional que las condiciones de racionalizaci&oacute;n de una acci&oacute;n ofrecidas en el modelo cl&aacute;sico. Sugerimos esto porque, aunque podamos suponer que la brecha es una condici&oacute;n necesaria para la deliberaci&oacute;n (i.e., nunca deliberar&iacute;amos si no tuvi&eacute;semos ante nuestro horizonte un amplio rango de posibilidades para la acci&oacute;n<a href="#p16" name="p16b"><sup>16</sup></a>), tambi&eacute;n es cierto que la brecha, como condici&oacute;n ontol&oacute;gica, por s&iacute; sola, no basta para discernir cu&aacute;ndo una acci&oacute;n es irracional o cu&aacute;ndo no. Para apreciar mejor este punto recordemos que la brecha entre nuestras intenciones y las acciones bien puede derivar en una acci&oacute;n racional &mdash;e.g, como cuando seguimos nuestro mejor juicio o disponemos de motivadores para la acci&oacute;n racional&mdash; o puede derivar en una acci&oacute;n irracional, como cuando actuamos en contra de nuestro mejor juicio o lo hacemos basados en las peores razones. </p>     <p> La diferencia entre una acci&oacute;n racional y una irracional estriba, finalmente, en que en la primera seguimos, <i>inter alia</i>, nuestro <i>mejor juicio</i> y en la segunda no, una respuesta que hace que Searle se mueva del plano ontol&oacute;gico al plano normativo. Lo que puede resultar molesto en la explicaci&oacute;n de Searle radica en que la brecha es una condici&oacute;n necesaria para la acci&oacute;n racional o irracional, pero no es una condici&oacute;n suficiente. Si esto es correcto, una explicaci&oacute;n ontol&oacute;gica de la acci&oacute;n racional no basta para comprender la racionalidad o irracionalidad, por lo que tenemos que movermos a un plano normativo en el que tenemos la tarea de establecer un conjunto de criterios normativos b&aacute;sicos y diferenciables que nos permitan discernir qu&eacute; es lo que subvertimos cuando actuamos irracionalmente. </p>     <p> Es m&aacute;s, parece que estamos autorizados a dudar de que la brecha sea una condici&oacute;n necesaria. Si aceptamos que hay casos de irracionalidad &mdash;as&iacute; sean casos bizarros seg&uacute;n Searle&mdash; tales como, el comportamiento adictivo, el comportamiento compulsivo y obsesivo, en los que el deseo y la creencia condicionan de manera necesaria y suficiente la acci&oacute;n, no habr&iacute;a en tales casos ning&uacute;n tipo de brecha operando, a pesar de que se trata claramente de acciones irracionales<a href="#p17" name="p17b"><sup>17</sup></a>. Con base en ello, &iquest;acaso deber&iacute;amos aceptar que la brecha es en algunos casos el mecanismo que explica las acciones irracionales, como en el caso de las acciones incontinentes, y en otras es la ausencia de la brecha, &mdash;como en los casos bizarros de irracionalidad&mdash; la que la explica? </p>     <p> Por estas dificultades tal parece que ni el modelo cl&aacute;sico ni la hip&oacute;tesis searleana de la brecha logran ofrecer una explicaci&oacute;n satisfactoria de las acciones irracionales. Como hemos visto, el modelo cl&aacute;sico exhibe un marco explicativo muy estrecho de las acciones porque si bien en una acci&oacute;n ordinaria en la que satisfacer la sed que tengo en este momento y la creencia de que beber un vaso de agua podr&iacute;a satisfacer dicho deseo, se ajustan al supuesto de que <i>los antecedentes psicol&oacute;gicos son causalmente necesarios y suficientes para la acci&oacute;n</i>, a este modelo se ajustan igualmente bien las acciones irracionales bizarras, tales como el comportamiento adictivo de un adicto a la hero&iacute;na en el que <i>los antecedentes psicol&oacute;gicos son condiciones causalmente necesarias y suficientes para la acci&oacute;n</i>, por lo que su deseo de consumir hero&iacute;na y su creencia de que inyect&aacute;ndose puede satisfacer dicho deseo se ajustan igualmente bien a la estructura de la acci&oacute;n presentada por el modelo cl&aacute;sico. </p>     <p> La hip&oacute;tesis de la brecha tambi&eacute;n ofrece un marco explicativo muy estrecho, porque aunque se puede admitir que el sentido de que hay un rango amplio de alternativas posibles para la acci&oacute;n es una condici&oacute;n necesaria para la deliberaci&oacute;n, no parece ser el mecanismo que podr&iacute;a explicar las acciones irracionales. Ello es as&iacute;, porque como se ha dicho, la brecha se manifiesta tanto en las acciones incontinentes &mdash;que son un tipo ordinario o natural de acciones irracionales&mdash;, como en las acciones racionales. Adicionalmente, en los casos bizarros de acci&oacute;n irracional, la brecha no opera de suerte que no podemos decir, que cuando se manifiesta la brecha, la acci&oacute;n es irracional (<i>akrasia</i>) y cuando no se manifiesta, e.g., adicci&oacute;n, la acci&oacute;n es racional, porque claramente el comportamiento adictivo no es racional. Si esto es correcto la brecha no funciona como una caracter&iacute;stica distintiva de alg&uacute;n tipo de acci&oacute;n. Nuestra intuici&oacute;n es que el error que afecta a la hip&oacute;tesis de la brecha estriba en que se propone ofrecer una explicaci&oacute;n ontol&oacute;gica de la irracionalidad<a href="#p18" name="p18b"><sup>18</sup></a>, i.e., de c&oacute;mo tienen lugar las acciones irracionales o qu&eacute; las causa, cuando dicho asunto solo se puede dirimir en el plano normativo, i.e., indicando qu&eacute; criterios normativos subvierte el agente irracional. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Una posible explicaci&oacute;n de la <i>akrasia</i></b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Como hemos visto hasta aqu&iacute;, es un hecho que hay acciones incontinentes y que, por tanto, se realiza la tensi&oacute;n (que parec&iacute;a imposible a S&oacute;crates, a Arist&oacute;teles y a muchos otros fil&oacute;sofos a lo largo de la historia de la filosof&iacute;a) entre las condiciones (2) y (3) enunciadas con anterioridad. Vale decir, hay casos en los cu&aacute;les el agente delibera, examina las alternativas disponibles, determina cu&aacute;l es el mejor curso de acci&oacute;n posible (el racional, el mejor, el m&aacute;s conveniente &mdash;dadas las circunstancias&mdash;) pero elige, libre y conscientemente un curso de acci&oacute;n que la prudencia y la deliberaci&oacute;n deber&iacute;an haber excluido de manera taxativa. Esta &uacute;ltima cualificaci&oacute;n es particularmente importante porque muestra que el sujeto act&uacute;a con total libertad y elige conscientemente; es decir, sabe que la elecci&oacute;n realizada no es compatible con los resultados de su proceso de deliberaci&oacute;n racional y, sin embargo, decide seguir el curso de acci&oacute;n que la raz&oacute;n desaconseja<a href="#p19" name="p19b"><sup>19</sup></a>. Para explicar una acci&oacute;n como esta, como vimos anteriormente, la tradici&oacute;n &mdash;con la que Davidson parece tener afinidad&mdash; acudi&oacute; a la tesis de que el sujeto actuaba sin conocimiento (lo que equivale a decir que no hay acci&oacute;n incontinente). Searle propone una brecha entre el proceso deliberativo y la acci&oacute;n para explicar el fen&oacute;meno, pero como ya se vio ninguna de estas explicaciones puede resolver todos los problemas que genera la acci&oacute;n incontinente. </p>     <p> En nuestra opini&oacute;n, la acci&oacute;n incontinente ocurre porque el sujeto decide, voluntaria y conscientemente, relegar los resultados de la deliberaci&oacute;n, ignorar el dictamen de la raz&oacute;n y elegir el curso de acci&oacute;n compatible con sus pasiones, sus impulsos y sus compromisos emocionales. La acci&oacute;n incontinente surge, pues, en un contexto en el cual se presenta un conflicto entre la raz&oacute;n y las pasiones, y como ocurre en tantas otras situaciones de la acci&oacute;n pr&aacute;ctica, las pasiones terminan convirti&eacute;ndose en el agente m&aacute;s poderoso y en la causa principal que desencadena la acci&oacute;n<a href="#p20" name="p20b"><sup>20</sup></a>. El ejemplo t&iacute;pico de acci&oacute;n incontinente puede ilustrarse en casos donde un individuo se encuentra involucrado en una relaci&oacute;n inconveniente y, como resultado de las dificultades y los infortunios que experimenta, delibera para decidir si permanece en dicha relaci&oacute;n o la rompe. Cuando los lazos afectivos que unen a una persona con otra son muy fuertes, puede presentarse una situaci&oacute;n en la cual el agente es incapaz de romper la relaci&oacute;n pese a disponer de evidencias y razones suficientes que, en el plano de la deliberaci&oacute;n (y en la opini&oacute;n de cualquier observador sensato, que no est&eacute; involucrado en la situaci&oacute;n conflictiva), hacen aconsejable la ruptura inmediata. Y es com&uacute;n encontrarnos nosotros mismos (y encontrar a otros) en una situaci&oacute;n en la que estando plenamente convencidos de que lo racional es romper la relaci&oacute;n inconveniente, no logramos actuar de conformidad a los dictados de la deliberaci&oacute;n racional. </p>     <p> En claro que en una situaci&oacute;n como la que se acaba de describir no podemos acudir a la falta de conocimientos, ni a fallos de razonamiento, ni a nada similar para explicar la acci&oacute;n incontinente, pues se realizan todas las condiciones especificadas anteriormente y el sujeto elige la alternativa menos buena, simple y llanamente porque sus pasiones, sus impulsos o sus compromisos emocionales no le permiten hacer concordar sus acciones con la raz&oacute;n. Vale la pena agregar que, desde la perspectiva del agente, la acci&oacute;n <i>akr&aacute;tica</i> no es incomprensible ni injustificable, y que el observador neutral, si dispone de todos los elementos del contexto, puede comprender f&aacute;cilmente por qu&eacute; el agente incurre en este tipo de acciones, y por qu&eacute; las pasiones terminan por imponerse a las razones a pesar de que su propia opini&oacute;n &mdash;la cual concuerda con los resultados del proceso de deliberaci&oacute;n del sujeto que act&uacute;a de manera incontinente&mdash; favorezca la alternativa racional o la mejor opci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Naturalmente, esta propuesta de explicaci&oacute;n todav&iacute;a se encuentra en una etapa preliminar y debe considerarse como una aproximaci&oacute;n un tanto cruda al problema examinado. Adem&aacute;s, queremos dejar en claro que no se trata de una soluci&oacute;n original, ya que sigue los planteamientos del an&aacute;lisis cl&aacute;sico de Hume, para quien no hab&iacute;a realmente un conflicto entre la raz&oacute;n y las pasiones. Ello implica que, incluso un razonador perfecto, podr&iacute;a actuar de manera incontinente, pues en los casos t&iacute;picos de acci&oacute;n <i>akr&aacute;tica</i> sus pasiones terminar&iacute;an por dominar a sus razones, cuyo rol quedar&iacute;a relegado al de un mero medio para alcanzar nuestros fines, que si bien no logra evitar que elijamos las alternativas menos buenas (o las menos racionales) puede ayudarnos a comprender mejor las posibles consecuencias de cada una de las alternativas que se examinan en el proceso de deliberaci&oacute;n. </p> <hr>    <br> <b>Notas al Pie</b>     <p> <a href="#p1b" name="p1"><sup>1</sup></a> Es preciso reconocer el rico trabajo de an&aacute;lisis que adelanta el estagirita en esta secci&oacute;n de su <i>&Eacute;tica</i>, pero al mismo tiempo hay que lamentar la polisemia conceptual que afecta su propuesta de explicaci&oacute;n.    <br> <a href="#p2b" name="p2"><sup>2</sup></a> Y en este caso hab&iacute;a un fallo epist&eacute;mico fatal que afectaba el proceso previo de deliberaci&oacute;n, cuyo resultado era precisamente la acci&oacute;n incontinente. Como veremos enseguida, el propio Davidson llega a una conclusi&oacute;n similar.    <br> <a href="#p3b" name="p3"><sup>3</sup></a> Como puede determinarse f&aacute;cilmente, la caracterizaci&oacute;n davidsoniana se construye en un nivel meramente epist&eacute;mico, mientras que nuestra propuesta involucra, adem&aacute;s de la etapa epist&eacute;mica, la decisi&oacute;n y la acci&oacute;n pr&aacute;ctica.    <br> <a href="#p4b" name="p4"><sup>4</sup></a> En esto seguimos a <i>The Standford Encyclopedia of Philosophy</i>.    <br> <a href="#p5b" name="p5"><sup>5</sup></a> As&iacute;, cuando el adicto busca la satisfacci&oacute;n de su adicci&oacute;n, el sistema dopamin&eacute;rgico mesol&iacute;mbico se activa. Su activaci&oacute;n es, en consecuencia, el correlato neurol&oacute;gico del comportamiento adictivo (<i>Cf</i>. Searle 230). No obstante, no es inconcebible que un adicto pueda superar su problema sin ayuda externa y recurriendo a la mera fuerza de voluntad y, de manera consecuente, argumentar (como lo har&iacute;a Arist&oacute;teles) que los adictos (que no son capaces de superar su condici&oacute;n) son individuos incontinentes cuya fuerza de voluntad o determinaci&oacute;n es tan endeble que no les permite vencer la adicci&oacute;n.    <br> <a href="#p6b" name="p6"><sup>6</sup></a> Los movimientos reflejos tambi&eacute;n ilustran este tipo de situaci&oacute;n. Cuando recibo un golpe justo debajo de la rodilla, mi pierna se mueve y es perfectamente apropiado afirmar que &#39;yo no hice eso&#39;.    <br> <a href="#p7b" name="p7"><sup>7</sup></a> Si as&iacute; fuera, no habr&iacute;a libertad. La noci&oacute;n de libertad humana presupone la posibilidad de deliberar y de elegir entre m&uacute;ltiples cursos de acci&oacute;n posibles, lo cual no significa que siempre obremos con la mediaci&oacute;n de un proceso tal. Un problema interesante (aunque no se va a tratar en este art&iacute;culo) es entender los mecanismos que nos hacen seguir un curso de acci&oacute;n a pesar de saber que no es la mejor alternativa disponible o la que ser&iacute;a racional seguir.    <br> <a href="#p8b" name="p8"><sup>8</sup></a> Para Searle el yo consiste en una secuencia de experiencias junto con el cuerpo en el que ocurren. Este sentido est&aacute; inspirado claramente en una concepci&oacute;n humeana del yo. Sin embargo, se distingue de &eacute;ste en que todas esas experiencias son parte de una conciencia unificada (&eacute;ste es claramente un sentido mucho m&aacute;s kantiano). A juicio de Searle, no solo tengo la experiencia del sabor de la cerveza en mi boca, sino que la tengo como parte de una conciencia unificada. Con base en ello, Searle insiste en que el yo no es una experiencia ni un objeto de la experiencia &mdash;tal y como lo es para Hume&mdash;, sino m&aacute;s bien una secuencia de caracter&iacute;sticas formales de nuestras experiencias. Para ilustrar m&aacute;s este punto, Searle recurre a la siguiente analog&iacute;a: cualquier cosa que veamos ocurre dentro de nuestro campo visual, de suerte que, con el prop&oacute;sito de explicar la experiencia visual tenemos que postular un punto de vista desde el cual tiene lugar la experiencia. As&iacute;, para explicar mi experiencia visual del Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico, tengo que postular dicha experiencia como teniendo lugar para alguien en el espacio. Y si bien es cierto que veo el Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico, tambi&eacute;n es cierto que no percibo, a su vez, el punto de vista desde el cual lo veo (<i>Cf</i>. Searle 94). Esta analog&iacute;a tambi&eacute;n parece estar inspirada en la met&aacute;fora del ojo de Wittgenstein en defensa de un sujeto trascendental en el <i>Tractatus Logico Philosophicus</i> (5.633): &iquest;D&oacute;nde en el mundo puede observarse un sujeto metaf&iacute;sico? T&uacute; dices que aqu&iacute; ocurre exactamente como con el ojo y el campo de visi&oacute;n; pero t&uacute; no ves realmente el ojo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#p9b" name="p9"><sup>9</sup></a> Al final de este ac&aacute;pite se indicar&aacute;n algunos de los aspectos generales de la estructura l&oacute;gica de las razones que Searle examina, entre ellos, la necesidad de los motivadores &mdash;internos o externos&mdash; para que <i>r</i> cuente como una genuina raz&oacute;n para actuar.    <br> <a href="#p10b" name="p10"><sup>10</sup></a> Searle caracteriza el yo como sigue: existe un X tal que ese X: (1) es consciente, (2) persiste a trav&eacute;s del tiempo, (3) opera con razones bajo las delimitaciones de la racionalidad, (4) al operar con razones, es capaz de decidir, iniciar y llevar a cabo acciones, bajo la presuposici&oacute;n de la libertad, (5) es responsable, al menos en parte, de su comportamiento (<i>Cf</i>. Searle 95).    <br> <a href="#p11b" name="p11"><sup>11</sup></a>  Pero pueden concurrir ambas razones: es decir, si Smith es un viejo amigo de tragos y adem&aacute;s es el candidato m&aacute;s inteligente o m&aacute;s competente, bien podr&iacute;a, racionalmente, darle primac&iacute;a a la segunda, una raz&oacute;n que adem&aacute;s se puede hacer p&uacute;blica, y poner en la cadena de intenciones y razones la primera, una raz&oacute;n privada.    <br> <a href="#p12b" name="p12"><sup>12</sup></a>  Por otra parte, el ejemplo de Davidson podr&iacute;a analizarse como un caso de una muy pobre capacidad de mantener decisiones o de un proceso sumamente inadecuado de evaluaci&oacute;n de las eventuales consecuencias de decisiones ya tomadas y que pueden ser revisadas. De cuando en cuando, todos caemos en esta trampa. No es muy claro si &#39;el tiempo y el dinero&#39; pudieran ser razones m&aacute;s fuertes que la siguiente reflexi&oacute;n &quot;tal vez si la dejo donde estaba, al menos estoy seguro de no provocar un accidente al caminante incauto, pues los cautos &mdash;como yo&mdash; pueden ver f&aacute;cilmente la rama&quot;.    <br> <a href="#p13b" name="p13"><sup>13</sup></a>  Los cuales pueden ser internos o externos como los deseos y las obligaciones, respectivamente.    <br> <a href="#p14b" name="p14"><sup>14</sup></a>  Por &#39;raz&oacute;n total&#39; Searle se refiere al conjunto de enunciados con los que se relaciona sistem&aacute;ticamente una raz&oacute;n para una acci&oacute;n. As&iacute; la raz&oacute;n para que un individuo lleve una sombrilla es que cree que va a llover. Pero su raz&oacute;n es solamente una raz&oacute;n porque es parte de una raz&oacute;n total que incluye cosas tales como su deseo de estar seco y su creencia de que tiene que llevar consigo una sombrilla para estar seco (<i>Cf</i>. Searle 114).    <br> <a href="#p15b" name="p15"><sup>15</sup></a> Searle considera que los motivadores externos son relativos a la intencionalidad humana, ya que solo algunos estados de cosas en el mundo, pueden ser identificados, por ejemplo, como una necesidad para la salud. La relatividad del observador implica subjetividad ontol&oacute;gica, pero esto no implica necesariamente subjetividad epist&eacute;mica. Lo que significa que la ontolog&iacute;a de los fen&oacute;menos relativos al observador siempre contienen alguna referencia a la intencionalidad de los observadores en cuesti&oacute;n. Por lo que en consecuencia la ontolog&iacute;a es subjetiva. Pero es muy posible que enunciados sobre entidades ontol&oacute;gicamente subjetivas tengan objetividad epist&eacute;mica. Puede ser un hecho objetivo que tenga cierta necesidad sobre mi salud, aunque su identificaci&oacute;n como necesidad es relativa al observador (Ib&iacute;d. 121).    <br> <a href="#p16b" name="p16"><sup>16</sup></a> Esta es una presunci&oacute;n b&aacute;sica, incluso en el modelo que Davidson defiende, a pesar de suscribirse &mdash;o al menos as&iacute; lo cree Searle&mdash; al modelo cl&aacute;sico de la racionalidad. Que ello es as&iacute; se puede apreciar f&aacute;cilmente en el an&aacute;lisis que Davidson ofrece de la <i>akrasia</i> y en el que parte de su examen depende de mantener el principio (P1) de acuerdo con el cual: Si un agente quiere hacer X m&aacute;s de lo que quiere hacer Y, y se cree libre de hacer ya sea X o Y, entonces &eacute;l har&aacute; intencionalmente X, si &eacute;l hace ya sea X o Y intencionalmente. A la luz de dicho principio, Davidson insiste en el hecho de que hay alternativas para la acci&oacute;n, lo que liga la <i>akrasia</i> a la posibilidad de alternativas. A la luz de lo anterior, es claro que la <i>akrasia</i> no es una compulsi&oacute;n o un impulso ciego, sino que es una acci&oacute;n en la que el agente es una persona consciente capaz de elegir una acci&oacute;n irracional (<i>Cf</i>. Davidson, &quot;How is&quot; 30). Naturalmente, aqu&iacute; quedan por fuera ciertos casos, como por ejemplo que alguien que delibera puede elegir el peor curso de acci&oacute;n &mdash;o uno irracional&mdash; porque no es bueno deliberando, no est&aacute; suficientemente concentrado, no est&aacute; bien equipado para hacerlo o hay algo que nubla su raz&oacute;n, entre otras.    <br> <a href="#p17b" name="p17"><sup>17</sup></a> Reconocemos que el caso de las conductas adictivas es desafiante para cualquier teor&iacute;a de la acci&oacute;n racional. Es m&aacute;s, se podr&iacute;a objetar a Searle que el comportamiento adictivo no est&aacute; tan determinado psicol&oacute;gicamente como &eacute;l lo supone, puesto que el adicto podr&iacute;a vencer el impulso de la adicci&oacute;n (por cualquier mecanismo imaginable), y resolver firmemente no volver a consumir, actuar seg&uacute;n su resoluci&oacute;n y someterse, consecuentemente, a una rehabilitaci&oacute;n.    <br> <a href="#p18b" name="p18"><sup>18</sup></a> O de cu&aacute;les son las condiciones de racionalizaci&oacute;n o de explicaci&oacute;n racional de una acci&oacute;n, mas no cu&aacute;les son sus condiciones de racionalidad. Para una cr&iacute;tica a la teor&iacute;a davidsoniana en esta direcci&oacute;n (<i>Cf</i>. Hoyos 27-28).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#p19b" name="p19"><sup>19</sup></a> Este es, precisamente, el punto central de la acci&oacute;n incontinente. Incluso podr&iacute;amos agregar, a las tres condiciones explicadas al comienzo, una cuarta condici&oacute;n del siguiente modo: (4) el agente eligi&oacute;, con pleno conocimiento, un curso de acci&oacute;n que su proceso deliberativo releg&oacute; por debajo de la mejor elecci&oacute;n y que su raz&oacute;n desaconseja seguir.    <br> <a href="#p20b" name="p20"><sup>20</sup></a> Como ya lo hab&iacute;a se&ntilde;alado Hume, no solo la raz&oacute;n es esclava de las pasiones, sino que la raz&oacute;n carece de eficacia causal y por s&iacute; sola no puede ser la fuerza motora que desencadena la acci&oacute;n (<i>Cf</i>. Garc&iacute;a y Arango 223-37). </p> <hr>    <br> </font> <font face="verdana" size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font> <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p> Arist&oacute;teles. &Eacute;tica Nicomaquea. Madrid: Planeta DeAgostini, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-6127201300020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Caorsi, Carlos. &quot;La teor&iacute;a davidsoniana de la akrasia&quot;. <i>Signos Filos&oacute;ficos</i>. Ene-Jun. 2005: 9-30. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-6127201300020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Davidson, Donald. &quot;How is weakness of the will possible?&quot; <i>Essays on Events and Actions</i>. Oxford: Clarendon Press, 2001. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-6127201300020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> ---. &quot;Paradoxes of Irrationality&quot;. <i>Problems of Rationality</i>. Oxford: Oxford University Press, 2004. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-6127201300020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Garc&iacute;a, Carlos E. y Pablo R. Arango. &quot;La neutralidad valorativa de la ciencia y el conflicto entre la raz&oacute;n y las pasiones&quot;. <i>Discusiones Filos&oacute;ficas</i>. Jun-Dec. 2010: 223-237. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-6127201300020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Hoyos, Luis Eduardo. &quot;Irracionalidad&quot;. <i>Ensayos de filosof&iacute;a pr&aacute;ctica y de la acci&oacute;n</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, 2013. Por aparecer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-6127201300020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Searle, John. <i>Rationality in Action</i>. Massachusetts: The MIT Press, 2001. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-6127201300020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Wittgenstein, Ludwig. <i>Tractatus Logico Philosophicus</i>. Madrid: Alianza, 1999. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-6127201300020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
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