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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[En busca de las causas del conflicto armado colombiano y las violencias: analizando los comienzos de una tendencia científico-social]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[In search of the causes of the Colombian armed conflict and its violences: analyzing the beginnings of a social-scientific tendency]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad De San Buenaventura  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The search for the causes of the armed social conflict and its diverse violences in Colombia remains the predominant tendency in the academic literature dedicated to the analysis of various aspects of the Colombian armed conflict and its social, cultural and political expressions. Although it has been a commonplace to refer to the &#39;structural causes&#39; or &#39;objective causes&#39; and &#39;underlying causes&#39; to explain the armed conflict and its related violences, some authors have questioned the coherence of such concepts. Nevertheless, the article suggests that these are important concepts and that, although it is necessary to scrutinize them critically, they can still be used, with some philosophical and theoretical caveats, to illuminate certain aspects of the armed social conflict in Colombia. With the aim of casting light upon the notion of structural/objective causes and its potential usefulness, the article analyses two classic studies of the causes of political and social violence in Colombia: La violencia en Colombia and Colombia: violencia y democracia.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[causas estructurales/objetivas]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <center><font face="verdana" size="3"><b>En busca de las causas del conflicto armado colombiano y las violencias: analizando los comienzos de una tendencia cient&iacute;fico-social    <br>    <br> <i>In search of the causes of the Colombian armed conflict and its violences:    <br> analyzing the beginnings of a social-scientific tendency</i></b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>Paul A. Chambers    <br> Universidad De San Buenaventura, Colombia. <a href="mailto:paul.chambers@usbmed.edu.co">paul.chambers@usbmed.edu.co</a></center> </p>     <p>     <center>Recibido el 22 de agosto de 2013 y aprobado el 03 de noviembre de 2013</center> </p> <hr>    <br> <b>Resumen</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Buscar las causas del conflicto armado social y sus diversas violencias en Colombia sigue siendo la tendencia predominante en la literatura acad&eacute;mica dedicada al an&aacute;lisis de los diversos aspectos del conflicto armado colombiano y sus expresiones sociales, culturales y pol&iacute;ticas. Aunque ha sido com&uacute;n referirse a las &#39;causas estructurales&#39; o &#39;causas objetivas&#39; y &#39;causas subyacentes&#39; para explicar el conflicto armado y las violencias, algunos autores han cuestionado la coherencia de tales conceptos. No obstante, se sugiere que son conceptos importantes y que, aunque es necesario interrogarlos cr&iacute;ticamente, todav&iacute;a se pueden utilizar, con unas salvedades filos&oacute;ficas y te&oacute;ricas, para arrojar luz sobre ciertos aspectos del conflicto armado social en Colombia. Con el fin de iluminar la noci&oacute;n de las causas estructurales/objetivas y su potencial utilidad, el art&iacute;culo analiza dos estudios cl&aacute;sicos de las causas de la violencia pol&iacute;tica y social en Colombia: <i>La violencia en Colombia y Colombia: violencia y democracia</i>. </p> <b>Palabras clave</b>     <p> causas estructurales/objetivas, conflicto armado, violencia pol&iacute;tica y social. </p> <b>Abstract</b>     <p> The search for the causes of the armed social conflict and its diverse violences in Colombia remains the predominant tendency in the academic literature dedicated to the analysis of various aspects of the Colombian armed conflict and its social, cultural and political expressions. Although it has been a commonplace to refer to the &#39;structural causes&#39; or &#39;objective causes&#39; and &#39;underlying causes&#39; to explain the armed conflict and its related violences, some authors have questioned the coherence of such concepts. Nevertheless, the article suggests that these are important concepts and that, although it is necessary to scrutinize them critically, they can still be used, with some philosophical and theoretical caveats, to illuminate certain aspects of the armed social conflict in Colombia. With the aim of casting light upon the notion of structural/objective causes and its potential usefulness, the article analyses two classic studies of the causes of political and social violence in Colombia: La violencia en Colombia and Colombia: violencia y democracia. </p> <b>Key words</b>     <p> Structural/objective causes, armed conflict, political and social violence. </p> <hr>    <br> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> El concepto de causalidad en las ciencias sociales tiene una trayectoria filos&oacute;fica compleja y ha sido sujeto de importantes debates sobre su significado, alcance y las implicaciones que trae para el an&aacute;lisis y la explicaci&oacute;n social (Fay and Moon) (MacIntyre, <i>The Idea</i>) (Winch). En t&eacute;rminos generales, el debate principal se ha enfocado en si las ciencias sociales leg&iacute;timamente deben buscar explicaciones sociales en t&eacute;rminos de leyes causales fijas al estilo de las ciencias naturales o si se deben limitar no m&aacute;s a interpretar el funcionamiento de diversos ordenes sociales y culturales, enfoc&aacute;ndose solamente en iluminar el trasfondo conceptual de los actores sociales y aceptando las explicaciones proferidas por los mismos actores sociales para sus acciones con base en este trasfondo conceptual. Una parte importante de esta discusi&oacute;n se ha centrado en el papel que juegan factores externos o &#39;estructurales&#39; y factores internos o &#39;intencionales&#39; en las acciones que emprenden los actores sociales, lo cual se vincula con el debate entre la escuela positivista y la escuela &#39;humanista&#39; (Fay and Moon 627). </p>     <p> Tambi&eacute;n, al tratar de explicar las causas de varios fen&oacute;menos sociales se tiene el problema de que frecuentemente las categor&iacute;as y conceptos que se usan tienen tintes normativos e ideol&oacute;gicos que luego se incorporan en los marcos te&oacute;ricos que se usan (<i>Cf</i>. MacIntyre, <i>The Idea</i>) (<i>Cf</i>. Harvey) (<i>Cf</i>. Mesz&aacute;ros) (<i>Cf</i>. Taylor).Un enfoque marxista va a diferir bastante de un enfoque funcionalista o freudiano en el momento de explicar ciertos fen&oacute;menos sociales. Tales marcos te&oacute;ricos determinan las variables que se tendr&aacute;n en cuenta y, por ende, &quot;ofrecen perspectivas distintas sobre la identificaci&oacute;n de los elementos cruciales para la explicaci&oacute;n y las relaciones causales involucradas&quot; (Taylor 550). En fin, el concepto de causalidad en las ciencias sociales es filos&oacute;ficamente complejo y matizado, adem&aacute;s incorpora elementos normativos e ideol&oacute;gicos, lo cual es importante tener en cuenta al momento de buscar las causas de varios conflictos sociales, pol&iacute;ticos y violentos (Miall, Ramsbotham, Woodhouse 79)<a href="#p1" name="p1b"><sup>1</sup></a>. </p>     <p> Buscar las causas del conflicto armado social y sus diversas violencias en Colombia sigue siendo la tendencia predominante en la literatura acad&eacute;mica dedicada al an&aacute;lisis de los diversos aspectos del conflicto armado colombiano y sus expresiones sociales, culturales y pol&iacute;ticas (Ram&iacute;rez Castro). Sin embargo, la noci&oacute;n de las <i>causas objetivas/estructurales</i> de la guerra y las violencias ha sido criticada por ser imprecisa y por enfocarse err&oacute;neamente en la pobreza como causa primaria de las violencias (<i>Cf</i>. Bejarano et al.) (<i>Cf</i>. Montenegro y Posada); por ser &#39;ideol&oacute;gica&#39; y encubrir posiciones normativas (<i>Cf</i>. Rubio); por no tener pertinencia explicativa (<i>Cf</i>. Pizarro); y por perder importancia y prioridad frente a la guerra misma como causa de violaci&oacute;n de derechos humanos (<i>Cf</i>. Orozco). Por ende, para poder evaluar tales cr&iacute;ticas es importante mirar c&oacute;mo el concepto se ha entendido y utilizado en la tradici&oacute;n cient&iacute;fico-social a la hora de analizar las violencias y el conflicto armado en Colombia. </p>     <p> Mientras hay mucho m&aacute;s por decir sobre esto en t&eacute;rminos filos&oacute;ficos, el objetivo de este art&iacute;culo es mirar c&oacute;mo las explicaciones de las causas del conflicto armado social y las violencias se han conceptualizado, utilizado y desarrollado desde los or&iacute;genes de los estudios propiamente acad&eacute;micos acerca de la violencia en Colombia. </p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<center><font face="verdana" size="3"><b>La violencia en Colombia</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> El libro <i>La violencia en Colombia</i> de Germ&aacute;n Guzm&aacute;n, Orlando Fals Borda y Eduardo Uma&ntilde;a Luna fue publicado en 1962, resultado del primer esfuerzo propiamente acad&eacute;mico de analizar de manera sistem&aacute;tica el conjunto de complejos fen&oacute;menos sociales y pol&iacute;ticos que incidieron en lo que se ha denominado como la &eacute;poca de &#39;la Violencia&#39;, per&iacute;odo que abarca, aproximadamente, los a&ntilde;os 1948 hasta 1958. En 1958, con el objetivo de &quot;analizar fr&iacute;a y objetivamente el fen&oacute;meno de la violencia en Colombia&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 29), la entonces Junta Militar cre&oacute; la Comisi&oacute;n Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia, de la que fue miembro Monse&ntilde;or Germ&aacute;n Guzm&aacute;n. Gran parte del material recogido por la Comisi&oacute;n en las numerosas visitas de campo a las zonas afectadas por la violencia sirvi&oacute; como fuente para el estudio. </p>     <p> El texto es un trabajo de tres personas de distintas y distinguidas caracter&iacute;sticas profesionales: Monse&ntilde;or Germ&aacute;n Guzm&aacute;n, sacerdote cat&oacute;lico quien vivi&oacute; en el epicentro de la violencia como p&aacute;rroco de El L&iacute;bano, Tolima; Orlando Fals Borda, Ph.D en Sociolog&iacute;a y co-fundador de la Facultad de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional; y Eduardo Uma&ntilde;a Luna, Ph.D en Derecho y tambi&eacute;n co-fundador de la misma Facultad. El trabajo es una combinaci&oacute;n de recolecci&oacute;n de datos emp&iacute;ricos de diversa &iacute;ndole &mdash;estad&iacute;sticas oficiales y datos hist&oacute;ricos de archivos locales y regionales, entrevistas con campesinos, dirigentes pol&iacute;ticos y guerrilleros, observaci&oacute;n general de las &aacute;reas afligidas por la violencia&mdash; y una interpretaci&oacute;n sociol&oacute;gica basada en las teor&iacute;as sociales de la &eacute;poca. Los primeros diez cap&iacute;tulos del primer tomo fueron escritos por Guzm&aacute;n y &quot;son b&aacute;sicamente descriptivos&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 31), los cuales brindan los datos b&aacute;sicos necesarios para el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico llevado a cabo por Fals Borda y Uma&ntilde;a Luna. </p>     <p> Se puede decir que el libro es innovador en su esfuerzo por darle lo que hoy se denominar&iacute;a una mirada inter o transdisciplinar al fen&oacute;meno. Combina ciertas competencias de disciplinas como la historia, la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a y el an&aacute;lisis estad&iacute;stico. El historiador Carlos Ortiz destaca la calidad e innovaci&oacute;n del estudio: </p>     <blockquote> Existe all&iacute; un enriquecedor acercamiento a las fuentes, distinto de la mirada etnoc&eacute;ntrica del &#39;cient&iacute;fico&#39; que reduce sus interlocutores a nada m&aacute;s que datos manipulables por las teor&iacute;as; en Guzm&aacute;n m&aacute;s bien se dan, a trav&eacute;s de las fuentes, encuentros de mundos y sentidos diversos. (Ortiz 391) </blockquote>     <p> Tal encuentro de mundos implica el desaf&iacute;o a las ciencias sociales representado por el &#39;Otro&#39;, por distintos modos de conocer el mundo, por distintas racionalidades (<i>Cf</i>. Uribe Botero). Tambi&eacute;n, las fuentes emp&iacute;ricas basadas en las entrevistas de los protagonistas hacen uso de categor&iacute;as valorativas en sus propios an&aacute;lisis y comprensi&oacute;n de la violencia, lo cual complica la tarea anal&iacute;tica del cient&iacute;fico social a la hora de buscar explicaciones puramente &#39;sociol&oacute;gicas&#39; y &#39;cient&iacute;ficas&#39;. Hay una tensi&oacute;n inevitable en la metodolog&iacute;a del libro debido a este traslapar de enfoques y m&eacute;todos, la que en &uacute;ltimas no se resuelve. </p>     <p> El texto ofrece una mirada compleja, detallada y a veces contradictoria del fen&oacute;meno de &#39;la Violencia&#39;. Como se&ntilde;alan los autores, </p>     <blockquote> &#91;&hellip;&#93; no se debe caer en escueto simplismo al precisar las razones determinantes de la violencia. Se trata de un  fen&oacute;meno multicausal y sucesivo en el que los efectos, a su turno, originan nuevas e imprevistas manifestaciones, sin descontar que muchos de los m&oacute;viles de una etapa contin&uacute;an incidiendo en las posteriores. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 435) </blockquote>     <p> Los autores sugieren la utilidad de dividir los fen&oacute;menos violentos en dos etapas: la primera, antes del asesinato de Gait&aacute;n y, la segunda, la que sigue a su homicidio. Sin embargo, no hay una ruptura clara entre las dos. Los autores se enfocan, principalmente, en la segunda etapa, pero esbozan la hip&oacute;tesis de que tiene relaci&oacute;n con anteriores factores estructurales y generacionales: </p>     <blockquote> &#91;&hellip;&#93; este proceso de desintegraci&oacute;n social y de crisis institucional que hoy observamos no tiene igual en la historia del pa&iacute;s y su origen debe buscarse, por lo mismo, en eventos socio-pol&iacute;ticos recientes &#91;&hellip;&#93; Es posible que en ello incida el acelerado cambio social por el que atraviesa la naci&oacute;n, fen&oacute;meno que seg&uacute;n algunos observadores comienza en la d&eacute;cada de 1920 a 1930 y plantea el problema en t&eacute;rminos generacionales. La generaci&oacute;n que hoy surge, parece que est&aacute; reaccionando con arrebato desalado contra las estructuras sociales consagradas por la generaci&oacute;n del centenario y la del postcentenario. (Ib&iacute;d. 436) </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El marco te&oacute;rico es funcionalista en tanto que interpreta el conflicto violento como un asunto de una acumulaci&oacute;n de <i>disfunciones</i> en el sistema social (Ib&iacute;d. 437), paradigma asociado con Talcott Parsons (<i>The Social, The Structure</i>) y que parte desde la noci&oacute;n de que las sociedades est&aacute;n en una posici&oacute;n de relativo equilibrio. Sin embargo, los cr&iacute;ticos de tal modelo observan que, </p>     <blockquote> el modelo de equilibrio, al enfatizar la integraci&oacute;n y el consenso, lleva directamente a la posici&oacute;n de que los conflictos, que amenazan la estabilidad, deben ser restringidos a favor del mantenimiento de la integraci&oacute;n de la estructura social. (Jacoby 52) </blockquote>     <p> Los autores destacan varias hip&oacute;tesis sobre las diversas causas remotas, pr&oacute;ximas e inmediatas de la violencia, resaltando la din&aacute;mica sectaria que se remonta a la imposici&oacute;n del catolicismo en la conquista y los posteriores choques pol&eacute;micos entre los cat&oacute;licos y los liberales anti-clericales posteriores a la Independencia. A pesar de este reconocimiento, leemos que el sectarismo &#39;contagi&oacute;&#39; a la sociedad y que &quot;el pa&iacute;s perdi&oacute; su cohesi&oacute;n y su clima fraternal&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 441), la cual es una afirmaci&oacute;n algo cuestionable, pero que es comprensible dentro de los par&aacute;metros te&oacute;ricos del modelo funcionalista. Este modelo tiene la tendencia de relegar a segundo plano la cuesti&oacute;n de <i>la agencia de los actores sociales</i>. En el caso espec&iacute;fico de <i>La violencia en Colombia</i>, se nota que los autores tienden a mirar a los campesinos como una masa manipulada<a href="#p2" name="p2b"><sup>2</sup></a>. Por ejemplo, despu&eacute;s de esbozar una explicaci&oacute;n de la violencia basada en el odio ideol&oacute;gico y pol&iacute;tico entre los conservadores y liberales, leemos: &quot;&iquest;pero d&oacute;nde naci&oacute; ese odio? Que respondan los que ense&ntilde;aron al pueblo a que se odiara&quot; (Ib&iacute;d. 443). </p>     <p> Quiz&aacute;s el modelo funcionalista lleva a tales falencias debido a que asume que antes del conflicto violento la sociedad andaba bien en un &#39;clima fraternal&#39;. Como veremos, tal modelo es problem&aacute;tico y, adem&aacute;s, entra en tensi&oacute;n con las otras explicaciones que se le dan a la violencia. Pero quiz&aacute;s los autores buscan la raz&oacute;n del odio entre los campesinos en causas externas debido a la influencia del enfoque ostensiblemente marxista que estaba en boga durante los a&ntilde;os sesenta. En el contexto colombiano la culpa que se le endilga a la &#39;oligarqu&iacute;a&#39; como responsable por la violencia solo tiene coherencia dentro de este tipo de an&aacute;lisis marxista, lo cual tiende a mirar al Estado como un aparato dominado e instrumentalizado por las clases dominantes (la oligarqu&iacute;a). No obstante, como observa Malcolm Deas, tanto los liberales y los conservadores en Colombia desde el siglo XIX le han culpado a la &#39;oligarqu&iacute;a&#39; de ambos lados (<i>Cf</i>. Deas 51-3). Tambi&eacute;n, tal explicaci&oacute;n parece asumir un control del Estado por parte de una oligarqu&iacute;a unificada y due&ntilde;a de un poder manipulador abrumador que hist&oacute;ricamente, y en ese mismo per&iacute;odo, simplemente no pose&iacute;a (<i>Cf</i>. Sanders). Seg&uacute;n Malcolm Deas, tal interpretaci&oacute;n simplifica una realidad muy compleja en la que los sectores populares ejerc&iacute;an una agencia pol&iacute;tica activa en &#39;la Violencia&#39; y los anteriores episodios de conflicto del siglo XIX. De acuerdo con Deas los &quot;apologistas revolucionarios en las d&eacute;cadas de 1960, 1970 y 1980&quot; han encasillado la participaci&oacute;n de los campesinos en las luchas sectarias de &#39;la Violencia&#39; &quot;como un simple problema de manipulaci&oacute;n&quot;, descartando su involucramiento &quot;como efecto de la falsa conciencia&quot; (Deas 42-3). Para Deas, una interpretaci&oacute;n de &#39;la Violencia&#39; como efecto y responsabilidad de una guerra de clase desatada por la &#39;oligarqu&iacute;a&#39; ser&iacute;a un ejemplo de &quot;el af&aacute;n por hacer a un lado la apariencia amorfa de la violencia en Colombia, para lidiar con un fen&oacute;meno que presente perfiles pol&iacute;ticos m&aacute;s claros, historias narrativas m&aacute;s lineales&hellip;&quot; (Ib&iacute;d. 18). Esto es el riesgo de cualquier esfuerzo te&oacute;rico y anal&iacute;tico en las ciencias sociales por buscar explicaciones al estilo de leyes cient&iacute;ficas para fen&oacute;menos sociales<a href="#p3" name="p3b"><sup>3</sup></a>. </p>     <p> Sin embargo, esto no quiere decir que un an&aacute;lisis marxista en t&eacute;rminos de clase sea totalmente incorrecto. Es posible que a pesar de las diferencias sectarias que divid&iacute;an ideol&oacute;gicamente a liberales y conservadores, los intereses econ&oacute;micos compartidos finalmente hubieran tenido m&aacute;s peso que las diferencias m&aacute;s &#39;formales&#39; entre las oligarqu&iacute;as de ambos partidos (<i>Cf</i>. Palacios y Safford 315). As&iacute; que una identificaci&oacute;n de clase que trascend&iacute;a las identificaciones nominales de liberales y conservadores quiz&aacute;s pudo haber llevado a que las &eacute;lites utilizaran el odio sectario para dividir y conquistar en aras de &#39;rescatar&#39; el pa&iacute;s del da&ntilde;o social que estaba afectando el funcionamiento del sistema econ&oacute;mico. De esta manera las &eacute;lites habr&iacute;an &#39;manipulado&#39; a &#39;las masas&#39;. </p>     <p> La explicaci&oacute;n principal del texto<a href="#p4" name="p4b"><sup>4</sup></a> es que &#39;la Violencia&#39; fue una estrategia desatada por las &eacute;lites pol&iacute;ticas para contrarrestar el movimiento popular que buscaba una revoluci&oacute;n social y pol&iacute;tica. El pr&oacute;logo para la edici&oacute;n del 2005, escrito por el mismo Orlando Fals Borda, nos informa que, &quot;recoge la tragedia del pueblo colombiano desgarrado por una pol&iacute;tica nociva de car&aacute;cter nacional y regional y dise&ntilde;ado por una oligarqu&iacute;a que se ha perpetuado en el poder a toda costa&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 13). No obstante, esta explicaci&oacute;n es matizada al reconocer el papel que jugaron las instituciones y estructuras sociales colombianas en el desarrollo del fen&oacute;meno y, se presume, en la conducta de las mismas &eacute;lites. Fals Borda aplica la teor&iacute;a estructural-funcionalista al an&aacute;lisis, pero en &uacute;ltimas utiliza un lente marxista seg&uacute;n el cual el Estado es un instrumento de las clases dominantes para imponer sus intereses. Como dice Fals Borda, </p>     <blockquote> algunas clases dirigentes y las &#39;oligarqu&iacute;as&#39; de ambos partidos tradicionales, coaligadas por la seria amenaza a sus intereses, tomaron entonces las riendas del Estado para efectuar la contrarrevoluci&oacute;n. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 450-51) </blockquote>     <p> Esto se vincula con la tesis de que la incipiente revoluci&oacute;n social era una manifestaci&oacute;n de la <i>frustraci&oacute;n de las necesidades</i> de amplios sectores sociales del pa&iacute;s: la semilla de lo que se convertir&iacute;a m&aacute;s adelante en la explicaci&oacute;n de &#39;la Violencia&#39; y las violencias como resultado de ciertas condiciones o &#39;causas objetivas&#39; como la pobreza, la desigualdad, la restricci&oacute;n de la democracia, entre otras<a href="#p5" name="p5b"><sup>5</sup></a>. </p>     <p> Como hemos visto, esta explicaci&oacute;n de &#39;la Violencia&#39; se combina con la explicaci&oacute;n estructural-funcionalista, que mira al fen&oacute;meno del conflicto humano no en t&eacute;rminos de las categor&iacute;as <i>revoluci&oacute;n/contra-revoluci&oacute;n</i>, las cuales se entienden (por lo menos, impl&iacute;citamente) en t&eacute;rminos de intenciones, actitudes y voluntades pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas, sino en t&eacute;rminos de <i>funci&oacute;n/disfunci&oacute;n</i> para un sistema social: </p>     <blockquote> &#39;El conflicto tiende a ser disfuncional para una estructura social en la que no hay tolerancia e institucionalizaci&oacute;n del conflicto, o en las que hay pero de manera insuficiente&#39; dice Coser en su tratado <i>Funciones del conflicto social</i>. Esta hip&oacute;tesis parece hallar confirmaci&oacute;n en el caso colombiano. Atacada la base del consenso valorativo del sistema social m&aacute;s amplio e influyente que era la naci&oacute;n, qued&oacute; amenazado el equilibrio de &eacute;sta. Sin embargo, el conflicto subsiguiente no fue la mayor amenaza para el equilibrio y solidez de aquella estructura: fue la intolerancia y la rigidez misma de ella su mayor peligro &#91;...&#93;. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 451) </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Sin embargo, se puede cuestionar esta hip&oacute;tesis al reconocer que la &#39;disfunci&oacute;n&#39; del conflicto para el sistema, en este caso el Estado-naci&oacute;n, afecta a ciertos sectores de la poblaci&oacute;n m&aacute;s que a otros. Seg&uacute;n quienes se incluyan dentro de la &#39;naci&oacute;n&#39;, la disfunci&oacute;n del conflicto va a ser de mayor o menor impacto (y tambi&eacute;n depende de qu&eacute; tipo de conflicto se trata; es claro que Fals Borda y Guzm&aacute;n hablan de conflicto de clase, lo cual es m&aacute;s &#39;disfuncional&#39; para los m&aacute;s d&eacute;biles en tal conflicto). Es m&aacute;s, la interpretaci&oacute;n en t&eacute;rminos de funci&oacute;n/disfunci&oacute;n asume un sistema social equilibrado y un consenso sobre c&oacute;mo caracterizar las funciones de las instituciones y estructuras sociales. Si se parte desde una mirada no funcionalista, sin embargo, se podr&iacute;a decir que la supuesta disfunci&oacute;n de ciertas instituciones como la Polic&iacute;a o el Congreso es en realidad su funci&oacute;n actual y esencial. </p>     <p> A estas dos explicaciones causales se a&ntilde;ade una interpretaci&oacute;n sobre la inconmensurabilidad e imposici&oacute;n de los valores, lo que en el campo del an&aacute;lisis de conflictos se llama el fen&oacute;meno de &#39;desacuerdo radical&#39; (<i>Cf</i>. Ramsbotham) (<i>Cf</i>. MacIntyre, <i>Whose Justice</i>). </p>     <blockquote> Los grupos o partidos enfrentados han concebido el poder como una herramienta para imponer sus respectivas utop&iacute;as &mdash;utop&iacute;as muchas veces excluyentes, como la que exig&iacute;a por una parte la separaci&oacute;n de la Iglesia y el Estado versus la que impon&iacute;a un Estado clerical; la que avocaba absoluta libertad de ense&ntilde;anza y pensamiento versus la que requer&iacute;a la ense&ntilde;anza y el pensamiento controlados. Una vez definidas las incompatibilidades de estos valores y descubierto que la &uacute;nica v&iacute;a de imponerlos era por el Estado, quedaron sentadas las bases para el conflicto interpartidista. Con base en la evidencia colombiana, el conflicto puede entonces definirse como un proceso social que se desarrolla cuando dos o m&aacute;s partes tratan de imponer valores excluyentes dentro de escasez de posiciones y recursos, con el fin de influir en la conducta de los grupos y determinar as&iacute; la direcci&oacute;n del cambio social en esos grupos. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 442) </blockquote> Luego a&ntilde;ade Fals Borda que,     <blockquote> la primera etapa del conflicto, que utiliz&oacute; la violencia tel&eacute;tica, fue de &iacute;ndole pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, con la intenci&oacute;n de imponer desde el Estado (visto como arma &uacute;nica y como bot&iacute;n burocr&aacute;tico excluyente e incompatible) ciertas pautas de conducta y filosof&iacute;a de la acci&oacute;n que se consideraban por una de las partes como esenciales para la salud del pa&iacute;s, pero incompatibles con las de la otra parte, &eacute;sta ya frustrada en su af&aacute;n de transformar de acuerdo con su propia filosof&iacute;a. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo I</i> 452)<a href="#p6" name="p6b"><sup>6</sup></a> </blockquote>     <p> La tesis del choque de valores excluyentes luego se conecta con el argumento sobre la &#39;intolerancia&#39; de las &eacute;lites hacia otras ideolog&iacute;as y su institucionalizaci&oacute;n en el seno del Estado (Ib&iacute;d. 451). </p>     <p> Entonces, para resumir, la explicaci&oacute;n principal se centra en una mirada ostensiblemente marxista seg&uacute;n la cual el Estado fue utilizado como un instrumento para promover los valores e intereses de las clases dominantes que quer&iacute;an evitar una &#39;revoluci&oacute;n social&#39;; las frustradas expectativas y necesidades del pueblo, expresadas en la figura de Gait&aacute;n cuyo asesinato fue la causa inmediata de &#39;la Violencia&#39;, en parte explican la violencia en tanto que son condiciones que alimentan el conflicto basado en el choque de valores y visiones excluyentes; y todo esto implica y lleva a la intolerancia por parte de las mismas &eacute;lites y el aparato estatal. Luego, el conflicto opera seg&uacute;n las complejas interacciones entre el nivel nacional y el nivel veredal, con sus cadenas de retroalimentaci&oacute;n, llevando a lo que los autores llaman el &#39;agrietamiento estructural&#39; y a la descomposici&oacute;n de las instituciones y la &#39;crisis moral&#39;. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La l&iacute;nea difusa entre moral y conocimiento: moral, agencia y estructura</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p align="right"> &#91;El libro&#93; <i>La violencia en Colombia</i> es s&iacute;ntoma de la crisis que en estos a&ntilde;os atraviesa la direcci&oacute;n moral que llamo <i>querer parecer civilizado</i>. (Zuleta 22) </p>     <p> De acuerdo a los iluminantes postulados nietzscheanos de M&oacute;nica Zuleta, la intelectualidad colombiana en la &eacute;poca de los 1960, principalmente los nuevos profesionales en las emergentes ciencias sociales, le hace una condena moral a las viejas pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y sociales que culpan de da&ntilde;arle al pa&iacute;s, pero se encuentran atrapados en el dilema de c&oacute;mo transformar esas pr&aacute;cticas mientras, en el fondo, siguen creyendo en las premisas de la &#39;civilizaci&oacute;n&#39; y la &#39;modernizaci&oacute;n&#39;<a href="#p7" name="p7b"><sup>7</sup></a> Se decide que la transformaci&oacute;n requiere de la participaci&oacute;n activa de las &#39;v&iacute;ctimas&#39; de la violencia: </p>     <blockquote> Est&aacute;n de acuerdo con el desarrollo, pero no con sus pol&iacute;ticas, puesto que no admiten como posible que el cambio social que demandan se haga a trav&eacute;s de medidas ejecutadas por las &eacute;lites. Al contrario, creen que esas acciones son responsabilidad de los sectores populares, y se valen de las herramientas t&eacute;cnicas para despertarlos y fortalecerlos, y para vigilar que se encaminen hacia las finalidades idealistas en las que creen. (Zuleta 22) </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Sin embargo, a pesar de la condena que le hacen a la &#39;oligarqu&iacute;a&#39;, los nuevos intelectuales &#39;comprometidos&#39; acaban legitimando el Estado, es decir, la dominante estructura socio-pol&iacute;tica cuyos &#39;agrietamientos&#39; en parte llevaron a la violencia desbordada. Este &#39;giro&#39; es evidente, seg&uacute;n Zuleta, en el libro <i>La subversi&oacute;n en Colombia</i>, publicado en 1967 por Orlando Fals Borda. </p>     <p> Este &#39;clima moral&#39; inevitablemente colorea y permea el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico de <i>La violencia en Colombia</i>, llevando a ciertas incoherencias internas en relaci&oacute;n con el tipo y peso de la explicaci&oacute;n que los autores le dan a la violencia. Estas incoherencias se manifiestan en la tensi&oacute;n entre una explicaci&oacute;n enfocada en el protagonismo y voluntad del &#39;pueblo&#39; y de las &eacute;lites, y otra que enfatiza las estructuras sociales (en t&eacute;rminos del modelo equilibrista, no en t&eacute;rminos marxistas). El libro, como se&ntilde;ala Carlos Ortiz, por primera vez otorga &quot;protagonismo a sectores sociales, como los cuadrilleros campesinos o sus auxiliadores veredales&quot; (Ortiz 390). Sin embargo, el texto es inconsistente respecto a la voluntad y la agencia de los campesinos. Por un lado, son vistos como agentes aut&oacute;nomos, actuando acorde con sus aspiraciones y visiones sociales y pol&iacute;ticas; por otro lado, son vistos como una masa manipulada por las &eacute;lites pol&iacute;ticas en los centros urbanos. A veces, el texto pinta a los campesinos como un conjunto homog&eacute;neo e inocente, forzados a convertirse en violentos que recurrieron a la sevicia y la crueldad. Otras veces hay un reconocimiento de que los campesinos eran victimarios conscientes, divididos entre s&iacute;. En relaci&oacute;n a esto, los autores hablan de una divisi&oacute;n y polarizaci&oacute;n fundamental entre el ej&eacute;rcito oficial y el &#39;ej&eacute;rcito campesino&#39;, pero en otros momentos se&ntilde;alan la guerra entre los mismos campesinos. </p>     <p> Pareciera que los autores est&aacute;n confundidos con respecto a la evaluaci&oacute;n y explicaci&oacute;n del papel del campesinado, quiz&aacute;s debido a su deseo de rescatar la voluntad pol&iacute;tica y moral del campesinado como la fuerza social que pueda transformar la realidad de las injustas pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas que los autores condenan. En efecto, los autores est&aacute;n atrapados en el viejo rompecabezas te&oacute;rico de estructura-agencia. Si los campesinos fueron forzados por el &#39;sistema&#39; a comportarse de manera brutal y vengativa, entonces, se le puede condenar al sistema, pero a costa de restarles agencia moral y voluntad pol&iacute;tica a los campesinos. Por otro lado, si los campesinos no fueron conducidos a su demencial conducta por la estructura socio-pol&iacute;tica, entonces, se pone en cuesti&oacute;n su idoneidad moral como posibles agentes de la anhelada transformaci&oacute;n social y pol&iacute;tica. </p>     <p> En su lectura del mismo texto Carlos Ortiz resalta la estrategia explicativa de &quot;buscar estructuras, funciones-disfunciones, agrietamientos estructurales y &#39;v&iacute;nculos sist&eacute;micos&#39; antes que culpables o causas-actores, de privilegiar, en la interpretaci&oacute;n, el papel del conflicto sobre la explicaci&oacute;n causa-efecto unilineal...&quot; (Ortiz 390). Sin embargo, si las estructuras sociales se conciben en t&eacute;rminos de <i>construcciones sociales din&aacute;micas</i> (y no en t&eacute;rminos de estructuras est&aacute;ticas) el destacar estructuras sociales en la explicaci&oacute;n es proponer causas-actores (o condiciones que contribuyeron al conflicto, como la estructura de propiedad, la cual se mantiene por voluntad e intenci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica, no por inercia &#39;natural&#39;). Adem&aacute;s, el libro es claro en culpar a las &eacute;lites. No se trata de una explicaci&oacute;n unilineal, ni de echarles toda la culpa a los mandatarios pol&iacute;ticos, sino de buscar explicaciones. Pero es imposible buscar explicaciones sin, de alg&uacute;n modo, implicar causas y culpables. </p>     <p> Respecto a este &uacute;ltimo, hay una contradicci&oacute;n en el texto. Por un lado, parece claro que al menos uno de los autores culpa de mayor manera a la &#39;oligarqu&iacute;a&#39; de ambos partidos que al resto de la sociedad. Pero, por otro lado, en el <i>Tomo II</i>, leemos que, &quot;pareci&oacute; por un momento que el mensaje central del libro sobre la culpabilidad de toda la sociedad colombiana hab&iacute;a sido comprendido y apreciado&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 35). Como escribi&oacute; un columnista liberal poco despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n: </p>     <blockquote> El libro &#91;&hellip;&#93; no parte de una divisi&oacute;n entre buenos y malos &#91;&hellip;&#93; Todo an&aacute;lisis de la violencia que no enjuicie a la totalidad de la sociedad colombiana, sufre de una radical e incurable equivocaci&oacute;n. Por a&ntilde;os se ha comprobado que esos an&aacute;lisis de muy poco sirvieron. En el libro de Monse&ntilde;or Guzm&aacute;n hay un acusado: la sociedad colombiana &#91;&hellip;&#93; La primera consecuencia y la m&aacute;s &uacute;til del libro &#91;&hellip;&#93; debe ser que cada cual asuma su cuota de responsabilidad en la violencia, antes que empe&ntilde;arse en endilgarle la suya a otros. (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 33-4) </blockquote>     <p> Pero quiz&aacute;s se podr&iacute;a decir que si todos son igualmente culpables y responsables, nadie lo es. Si no se se&ntilde;alan estas diferentes cuotas de responsabilidad, que, sugiero, no se pueden identificar sin buscar cuotas diferenciadas de &#39;bueno&#39; y &#39;malo&#39;, se llegar&aacute; (y quiz&aacute;s en el libro se haya llegado) a un an&aacute;lisis que no sirve para orientar a la sociedad. Pero aqu&iacute; es menester recordarnos del contexto hist&oacute;rico y cultural. La violencia hab&iacute;a incendiada las pasiones y los odios en toda la sociedad. Cualquier an&aacute;lisis y subsiguiente remedio que no recurriera a un idioma y marco te&oacute;rico m&aacute;s bien &#39;neutral&#39; y &#39;objetivo&#39; habr&iacute;a arriesgado con incitar de nuevo la violencia que buscaba remediar. De ah&iacute; que al menos un lector y uno de los autores hayan concordado en caracterizar el mensaje central del libro como una condena sim&eacute;trica a toda la sociedad. </p>     <p> No obstante, la idea de una simetr&iacute;a de responsabilidad es poco cre&iacute;ble y seguramente sirve de muy poco en el momento de buscar respuestas y soluciones. Sugiero que aqu&iacute; se vislumbra la futura tendencia en el campo de los an&aacute;lisis de las violencias, seg&uacute;n la cual el problema fundamental radica no en la voluntad, las intenciones e ideolog&iacute;as de ciertos sectores de la poblaci&oacute;n cuyas decisiones impactaron en la estructuraci&oacute;n econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social del pa&iacute;s (es decir, los pol&iacute;ticos y tecn&oacute;cratas del Estado), sino en el &#39;atraso&#39; de la modernidad y sus instituciones. De ah&iacute; el &eacute;nfasis en la &#39;construcci&oacute;n del Estado&#39; en mucha de la literatura sobre el tema en los &uacute;ltimos a&ntilde;os (<i>Cf</i>. Gonz&aacute;lez, Bol&iacute;var, V&aacute;zquez). </p>     <p> Hay una tensi&oacute;n en el libro entre una explicaci&oacute;n cuasi-marxista, la cual aparece cuando los autores hablan de guerra de clase (la verdad, en muy pocas ocasiones), y de la &#39;oligarqu&iacute;a&#39; que &#39;toma las riendas del Estado&#39; para imponer sus &#39;intereses&#39;; y una explicaci&oacute;n estructural-funcionalista tipo parsoniana. La primera tiende a ser m&aacute;s &#39;controversial&#39; en tanto al menos implica una explicaci&oacute;n &eacute;tica, pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica de lo que ocurri&oacute;, esgrimiendo las intenciones de ciertos sectores de la poblaci&oacute;n que, desde un enfoque marxista/materialista, est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionadas con la base econ&oacute;mica de la sociedad y el papel integral del Estado en promover y perpetuar el modelo econ&oacute;mico dominante. La segunda es menos controversial en tanto que desv&iacute;a la atenci&oacute;n sobre clases y sectores sociales, favoreciendo una mirada ostensiblemente &#39;neutral&#39; en t&eacute;rminos de estructuras sociales impersonales/ahist&oacute;ricas y la funci&oacute;n y disfunci&oacute;n de ciertas instituciones. De esta manera, el texto cumple con la funci&oacute;n acad&eacute;mica (la del <i>statu quo</i>) de ofrecer un an&aacute;lisis &#39;balanceado&#39; y &#39;objetivo&#39;, desprovisto de demasiados juicios de valor. Al final del libro, como ya vimos, es claro que al menos uno de los autores entend&iacute;a su evaluaci&oacute;n final en t&eacute;rminos de una condena sim&eacute;trica y equilibrada a toda la sociedad. Por esta raz&oacute;n, el libro quiz&aacute;s resulta insatisfactorio desde la perspectiva de se&ntilde;alar con precisi&oacute;n cient&iacute;fico-social las causas y ra&iacute;ces de &#39;la Violencia&#39; y los posibles caminos de respuesta. Se podr&iacute;a argumentar que los dos esquemas explicativos sociol&oacute;gicos utilizados esconden distintos y quiz&aacute;s contradictorios esquemas morales respecto a la manera de buscar y juzgar causas y responsables. A pesar de una aparente postura compartida entre los autores, como sugiere M&oacute;nica Zuleta en su discusi&oacute;n sobre la moral de la &eacute;poca, hay evidencia de rupturas morales internas entre los autores, lo cual no es sorprendente. Pero tambi&eacute;n hay evidencia de que, como sugiere tambi&eacute;n Zuleta, en &uacute;ltimas los autores comparten la posici&oacute;n normativa de legitimar el Estado y, parad&oacute;jicamente, el excluyente sistema pol&iacute;tico, a pesar de su fuerte cr&iacute;tica a &eacute;ste y su creencia que el &#39;desarrollo&#39; y la &#39;civilizaci&oacute;n&#39; del pa&iacute;s no pod&iacute;an ser trabajo de las &eacute;lites. A pesar del radicalismo de Fals Borda y lo que se podr&iacute;a denominar su &#39;opci&oacute;n por el pueblo&#39;, en &uacute;ltimas, la perspectiva estructural-funcionalista mitigaba esto y chocaba con las explicaciones sociol&oacute;gicas en t&eacute;rminos de intenciones, voluntades y agencia (vinculadas a intereses de clase relacionados con la estructura econ&oacute;mica capitalista), que favorec&iacute;a Fals Borda. Discutiblemente, las categor&iacute;as parsonianas legitimaban y reforzaban posturas a favor de la institucionalidad que, contraria a la mirada marxista, se concibe en t&eacute;rminos algo est&aacute;ticos, ahist&oacute;ricos y no inherentemente conflictivos. </p>     <p> Despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de <i>La violencia en Colombia</i>, &quot;es poco lo que la sociolog&iacute;a colombiana aporta a la comprensi&oacute;n de la violencia&quot; (Ortiz 392). El vac&iacute;o lo llenan los polit&oacute;logos norteamericanos con sus categor&iacute;as centrales de &#39;tradici&oacute;n&#39; y &#39;modernidad&#39;, que intentan explicar los conflictos sociales en t&eacute;rminos de las transiciones de un tipo de sociedad a otro. El arquetipo de &#39;lo moderno&#39; es la sociedad norteamericana, lo cual representa el etnocentrismo ideol&oacute;gico que Orlando Fals Borda y otros soci&oacute;logos y fil&oacute;sofos (Cf Dussel) ve&iacute;an como parte de las trabas conceptuales impuestas por las tendencias cient&iacute;fico-sociales provenientes de otros lados, como el funcionalismo estructural de Parsons. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El trabajo del norteamericano Paul Oquist (<i>Violencia, conflicto y pol&iacute;tica en Colombia de 1978</i>) tiene una importante influencia sobre los posteriores an&aacute;lisis de la violencia en Colombia, debido a su pregunta por el papel del Estado. Como lo dice Ortiz, </p>     <blockquote> Los cient&iacute;ficos pol&iacute;ticos americanos pusieron sobre la mesa de debate una pregunta que, a decir verdad, hab&iacute;a estado descuidada por parte de los investigadores colombianos: la pregunta por el Estado que &#91;&hellip;&#93; se ligaba particularmente a &#39;La Violencia&#39;. (395) </blockquote>     <p> En Oquist este inter&eacute;s se centra en la preocupaci&oacute;n por el colapso o derrumbe del Estado, lo cual, posteriormente, tiene eco en algunos an&aacute;lisis de los investigadores colombianos. </p>     <p> La antropolog&iacute;a tambi&eacute;n le a&ntilde;ade algo en este periodo a la comprensi&oacute;n de la violencia, principalmente, en su recolecci&oacute;n y presentaci&oacute;n de fuentes orales que, a diferencia del enfoque de la ciencia pol&iacute;tica, hace hincapi&eacute; en las dimensiones y din&aacute;micas humanas de los conflictos y la violencia. Otro aporte importante desde este campo que tendr&iacute;a impacto en futuras investigaciones es el libro de Jaime Arocha, <i>La violencia en el Quind&iacute;o. Determinantes ecol&oacute;gicos y econ&oacute;micos del homicidio en un municipio caficultor</i>, publicado en 1979. Adem&aacute;s de su enfoque regional, la diferenciaci&oacute;n de los homicidios &#39;al azar&#39; y los que tienen motivos pol&iacute;ticos (y la desagregaci&oacute;n de estos), este estudio &quot;abre mayores posibilidades de comprensi&oacute;n, avanzando hacia aquello que la Comisi&oacute;n de la Violencia en 1987 llamar&iacute;a las interrelaciones entre violencia pol&iacute;tica y otras m&uacute;ltiples violencias&quot; (Ortiz 401). </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>La comisi&oacute;n de los &#39;violent&oacute;logos&#39;, Colombia: violencia y democracia</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> A principios de 1987 el gobierno colombiano convoc&oacute; la Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia que fue la sucesora de la Comisi&oacute;n convocada unos treinta a&ntilde;os atr&aacute;s. El informe de la Comisi&oacute;n de 1987 destaca las rupturas y discontinuidades con &#39;la Violencia&#39; de los a&ntilde;os 50, enfatizando las violencias en plural que azotan al pa&iacute;s. Hace una clara diferenciaci&oacute;n entre la violencia propiamente pol&iacute;tica enfocada en captar el poder pol&iacute;tico y la violencia social. En relaci&oacute;n con esta &uacute;ltima, los autores hacen hincapi&eacute; en la violencia urbana, la cual &quot;es superable con rectificaciones profundas de las condiciones de desigualdad existentes en nuestra sociedad&quot; (S&aacute;nchez et al. 11); y se&ntilde;alan que esta violencia urbana no muestra &quot;una clara relaci&oacute;n directa entre pobreza y violencia&quot; (Ib&iacute;d. 56). La violencia urbana es multifac&eacute;tica, involucrando violencia social propagada por grupos de narcotr&aacute;fico, sicarios a sueldo, adem&aacute;s est&aacute; relacionada con el porte de armas, la desigualdad, la injusticia, la mimesis, el ascenso social, imaginarios de machismo, y dem&aacute;s<a href="#p8" name="p8b"><sup>8</sup></a>. Estos tipos de violencia se califican de &#39;no-negociables&#39;, ya que no se trata de violencia asociada directamente con los contendores pol&iacute;ticos armados. Sin embargo, a trav&eacute;s de distintas reformas sociales que inevitablemente tendr&iacute;an que definirse en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, ciertas condiciones &#39;objetivas&#39; o subyacentes de las violencias sociales se pueden identificar y modificar. Por ejemplo, para los autores es, </p>     <blockquote> imperioso acometer decididamente reformas encaminadas a fortalecer los mecanismos de la sociedad. Entre ellas merece especial prioridad una nueva pol&iacute;tica agraria y urbana que acometa la redistribuci&oacute;n del latifundio y de la propiedad urbana para que por fin desempe&ntilde;en su funci&oacute;n social. (S&aacute;nchez et al. 29) </blockquote>     <p> Esbozan tambi&eacute;n la tesis sobre la ausencia del Estado, la cual ven como responsable por la violencia en zonas alejadas y por los conflictos en torno a la actividad econ&oacute;mica extractiva asociada con la gran miner&iacute;a y la producci&oacute;n de petr&oacute;leo: </p>     <blockquote> En este contexto, el Estado no ha aparecido como &aacute;rbitro de los diferentes intereses econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos en juego, haciendo posible que se expresen acabadamente por las v&iacute;as legales. El Estado, en sus diversas manifestaciones, ha aparecido m&aacute;s bien como un conjunto institucional de muy baja legitimidad &#91;&hellip;&#93; Aparece entonces clara la profunda crisis del Estado colombiano, estimulando una diversidad de formas de violencia organizada asentadas en una regi&oacute;n sin Dios ni ley. (S&aacute;nchez et al. 86) </blockquote>     <p> Seg&uacute;n los autores, &quot;los colombianos se matan m&aacute;s por razones de la calidad de sus vidas y de sus relaciones sociales que por lograr el acceso al control del Estado&quot; (Ib&iacute;d. 27). Es decir, las violencias tienen que ver con las precarias condiciones sociales tanto en el campo como en la ciudad, m&aacute;s que en las acciones violentas asociadas con el conflicto armado entre el Estado y la insurgencia.&quot;Mucho m&aacute;s que las del monte, las violencias que nos est&aacute;n matando son las de la calle&quot; (Ib&iacute;d. 18). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Agregando, </p>     <blockquote> aunque la violencia en Colombia se muestra, cuantitativamente hablando, como un fen&oacute;meno muy alarmante, m&aacute;s del 90% de sus v&iacute;ctimas no han de considerarse de naturaleza pol&iacute;tica, en cuanto a que no provienen de la confrontaci&oacute;n del Estado actual con grupos e individuos que buscan sustituirlo. Son, esencialmente, las v&iacute;ctimas de una violencia originada en las desigualdades sociales, muchas veces en situaciones de pobreza absoluta, que se expresa en formas extremas de resolver conflictos que en otras circunstancias tomar&iacute;an v&iacute;as bien diferentes. (Ib&iacute;d. 18) </blockquote>     <p> Aqu&iacute; se plantea la tesis de que las violencias tienen su origen en la desigualdad, que difieren de los an&aacute;lisis posteriores que explican la violencia m&aacute;s como un producto de la delincuencia y la criminalidad, por ejemplo, Rubio (1998). Sin embargo, lo que es cuestionable es la suposici&oacute;n de que la violencia pol&iacute;tica se pueda reducir a la violencia guerrillera y que la violencia &#39;del monte&#39; no tenga relaci&oacute;n con la violencia &#39;de la calle&#39;. Si seg&uacute;n los autores la violencia urbana tiene origen en las desigualdades sociales, &iquest;no se puede interpretar la violencia rural, y por ende, la violencia guerrillera, como tambi&eacute;n originando en semejantes desigualdades? En tal caso la violencia social no se podr&iacute;a desconectar de la violencia &#39;pol&iacute;tica&#39;. Adem&aacute;s, si las condiciones de desigualdad social en los centros urbanos tienen relaci&oacute;n con el desplazamiento y el flujo de personas a las ciudades en busca de oportunidades de empleo, entre otras cosas, es dif&iacute;cil sustentar que no haya relaci&oacute;n entre la violencia pol&iacute;tica &#39;del monte&#39; y la violencia social urbana. </p>     <p> Es m&aacute;s, para la Comisi&oacute;n, la violencia pol&iacute;tica se entiende como la que proviene de una confrontaci&oacute;n directa entre el Estado y la insurgencia, lo cual parece ignorar la manera en que el Estado, desde al menos los 60, ha adoptado una estrategia contrainsurgente que se basa en utilizar el paramilitarismo para atacar no tanto a la guerrilla, sino a su percibida base social (<i>Cf</i>. Giraldo) (<i>Cf</i>. Hylton). La estrategia contrainsurgente ha acudido a las t&aacute;cticas de una &#39;guerra sucia&#39; que incluye el uso de sicarios para matar civiles, quienes son sospechosos de tener alg&uacute;n v&iacute;nculo con la guerrilla. De esta manera, toda la violencia &#39;de la calle&#39; no se puede calificar de no pol&iacute;tica. Por supuesto, el problema radica, precisamente, en saber c&oacute;mo caracterizar y distinguir entre un tipo de violencia y otro. Los autores reconocen que hay un aspecto pol&iacute;tico en la violencia sicarial, pero no le dan mayor importancia (<i>Cf</i>. S&aacute;nchez et al. 67). La dificultad es definir la l&iacute;nea borrosa entre la violencia pol&iacute;tica y la violencia social. Aun cuando no se trata de violencia pol&iacute;tica, en el sentido directo de que un sicario mata a un dirigente pol&iacute;tico o funcionario del Estado, es posible interpretar otras formas de violencia como indirectamente relacionadas con la violencia pol&iacute;tica en tanto que surgen de la consolidaci&oacute;n de un cierto orden social y pol&iacute;tico logrado a trav&eacute;s de la violencia social, las amenazas, y dem&aacute;s, y que posiblemente favorezca el mantenimiento del actual sistema socio-econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. </p>     <p> En el informe la interpretaci&oacute;n apol&iacute;tica de la violencia social se muestra en la lectura que se le da al fen&oacute;meno de los sicarios. Los autores se&ntilde;alan que esta modalidad de acci&oacute;n violenta se asemeja a primera vista a la violencia de los llamados &#39;p&aacute;jaros&#39; de la &eacute;poca de &#39;la Violencia&#39;. Sin embargo, </p>     <blockquote> la nueva versi&oacute;n guarda diferencias sustanciales con su antecedente &#91;&hellip;&#93; La forma actual &#91;&hellip;&#93; tiende &#91;&hellip;&#93; a despojarse de dimensiones pol&iacute;ticas o &eacute;ticas y a convertirse en un oficio cuya &uacute;nica motivaci&oacute;n es la paga. Es frecuente el caso en que el ejecutor ni siquiera conozca a su futura v&iacute;ctima. (Ib&iacute;d. 21) </blockquote>     <p> Pero lo que esto parece ignorar es el hecho de que en muchos casos lo que le da elementos pol&iacute;ticos al crimen se encuentra en qui&eacute;n dio el orden de matar a <i>x</i> persona. Es decir, fijarnos solamente en el ejecutor directo y en sus posibles motivos econ&oacute;micos nos quita la debida atenci&oacute;n a los autores intelectuales detr&aacute;s del crimen, quienes muy posiblemente tuvieran razones pol&iacute;ticas para asesinar a dicha persona. </p>     <p> El texto reconoce la violencia estatal basada en &quot;una visi&oacute;n imperial del Estado que a&uacute;n legitima la ficci&oacute;n de que existen &#39;razas salvajes&#39; o &#39;b&aacute;rbaras&#39;, at&aacute;vicamente incompetentes para ejercer dominio sobre sus tierras&quot; (S&aacute;nchez et al. 24). Tambi&eacute;n resalta la violencia del Estado contra movimientos sociales (Ib&iacute;d. 20) cuyas protestas son respondidas con fuerza y no con di&aacute;logo. Junto con este reconocimiento de la violencia estatal, el texto plantea la tesis de la debilidad y ausencia del Estado como causa de violencias en cuanto a su falta de presencia en muchas partes del territorio y tambi&eacute;n respecto a su debilidad institucional para encauzar y mediar los conflictos sociales. Seg&uacute;n esta tesis, esta debilidad deja a la sociedad a su suerte, lo cual ha llevado al surgimiento de formas privadas de justicia y resoluci&oacute;n de conflictos. No obstante, un problema de este argumento es que parece asumir una realidad social hobbesiana, donde los individuos son inherentemente competitivos y agresivos, incapaces de convivir pac&iacute;ficamente sin la acci&oacute;n coercitiva del &#39;Leviat&aacute;n&#39;. Adem&aacute;s, la tesis sobre la supuesta debilidad del Estado parece ignorar o disminuir el hecho de que el Estado ha sido lo suficientemente fuerte para imponer su modelo econ&oacute;mico, lo cual requiere del uso de la fuerza en ciertas zonas estrat&eacute;gicas. El hecho de que el Estado no haya invertido sus recursos y energ&iacute;a en fortalecer su presencia en ciertas otras zonas del pa&iacute;s se podr&iacute;a interpretar no como <i>debilidad</i>, sino como resultado de sus <i>prioridades</i> ideol&oacute;gicas y estrat&eacute;gicas a favor de ciertos intereses sociales y econ&oacute;micos. </p>     <p> Lo que se desprende de la lectura de este texto es que el Estado colombiano no utiliza la violencia como estrategia sistem&aacute;tica para imponer cierto modelo pol&iacute;tico y socioecon&oacute;mico. Por ende, la naturaleza del Estado colombiano y su configuraci&oacute;n socio-pol&iacute;tica no es vista como causa de las violencias sociales. Seg&uacute;n el informe, estas est&aacute;n relacionadas m&aacute;s con la <i>debilidad</i> del Estado y la correlacionada inhabilidad de la sociedad para convivir pac&iacute;ficamente. </p>     <p> Sin embargo, los autores parecen caer en una incoherencia en relaci&oacute;n con su argumento acerca de que el Estado puede servir de &aacute;rbitro y canalizador de los conflictos sociales cuando escriben que, </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> el hecho de que los &aacute;mbitos socioecon&oacute;mico y sociocultural muestren extraordinaria capacidad para generar y alimentar la violencia no es fruto solamente de la incompetencia del Estado para regularlos, sino tambi&eacute;n de la renuncia de &eacute;ste a colocarse de manera decidida del lado de los d&eacute;biles y los no violentos. (S&aacute;nchez et al. 28) </blockquote>     <p> No obstante, si el Estado fuera a hacer esto, no podr&iacute;a ser el ente neutral para mediar los conflictos, que parece ser una suposici&oacute;n te&oacute;rica del texto. Desde otra perspectiva te&oacute;rica (p. ej. marxista) el Estado es estructuralmente incapaz de ponerse del lado de los d&eacute;biles y los pobres, para decir nada de la composici&oacute;n social e ideol&oacute;gica particular del Estado colombiano. </p>     <p> Una explicaci&oacute;n importante que el informe le da al surgimiento de la violencia contempor&aacute;nea,  </p>     <blockquote> es la democracia restringida, institucionalizada con el Frente Nacional, que consagr&oacute; el monopolio bipartidista del aparato estatal y toda una red de mecanismos para garantizar su reproducci&oacute;n, tales como el estado de sitio permanente, la hipercentralizaci&oacute;n de las decisiones en el poder ejecutivo y, ante todo, el abandono por parte de las autoridades civiles &mdash;tanto el orden nacional, como regional&mdash; del manejo del orden p&uacute;blico. (S&aacute;nchez et al. 45) </blockquote> El Frente Nacional produjo convivencia entre los dos partidos tradicionales, pero al mismo tiempo cre&oacute; las condiciones de,     <blockquote> una confrontaci&oacute;n ya no burocr&aacute;tica (por el control del Estado) sino revolucionaria (por el cambio del sistema). Como corolario, formas institucionales de acci&oacute;n pol&iacute;tica social (elecciones, huelgas) fueron perdiendo su margen de legitimidad en beneficio de formas no institucionales o desinstitucionalizadas por el r&eacute;gimen, como guerrillas, paros c&iacute;vicos, huelgas ilegales, invasiones de tierra. Las guerrillas, espec&iacute;ficamente, aparec&iacute;an en este contexto como uno de los instrumentos obligados y a veces legitimados por algunas capas de la poblaci&oacute;n para expresar sus demandas y expectativas ante un sistema cerrado. (Ib&iacute;d. 46) </blockquote>     <p> Seg&uacute;n los autores, la ausencia de una vigorosa izquierda democr&aacute;tica y el bloqueo sistem&aacute;tico a la consolidaci&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas legales diferentes del bipartidismo, &quot;constituyen el ambiente natural en el que florecen las opciones insurreccionales. Por ello, avance o retroceda la pol&iacute;tica de paz, la ampliaci&oacute;n del espacio democr&aacute;tico seguir&aacute; siendo una necesidad sentida de la naci&oacute;n&quot; (Ib&iacute;d. 52). </p>     <p> Como se&ntilde;alamos anteriormente, las violencias sociales y urbanas se clasifican de &#39;no-negociables&#39;, en el sentido de que no pueden ser objeto de una negociaci&oacute;n formal, ya que no se trata de un grupo armado espec&iacute;fico, sino de una multiplicidad de actores con diversos objetivos y motivos. En relaci&oacute;n con la violencia contra minor&iacute;as &eacute;tnicas, dicen los autores que no se trata solamente de intolerancia frente a su diferencia, sino &quot;porque son due&ntilde;os de tierras ricas en oro, platino, carb&oacute;n, petr&oacute;leo, maderas y animales de pieles y plumas valiosas. Es una de las formas de violencia m&aacute;s antiguas y menos negociables&quot; (S&aacute;nchez et al. 105). Sin embargo, la noci&oacute;n de que estos temas no pueden ser negociados se podr&iacute;a cuestionar al reconocer que los grupos insurgentes han colocado el tema de la econom&iacute;a como uno de sus puntos claves en cualquier agenda de negociaci&oacute;n. Al negociar con la guerrilla se supone que habr&aacute; que negociar el tema de la econom&iacute;a, sus fallas estructurales y la relaci&oacute;n que tiene con las din&aacute;micas de violencia. Al tratar el tema de la econom&iacute;a como un factor integral del conflicto, indirectamente se tocar&iacute;a el problema de las violencias supuestamente no-negociables que, de diversas maneras, est&aacute;n conectadas al modelo econ&oacute;mico imperante. </p>     <p> Los autores apoyaron la posici&oacute;n del ex-presidente Belisario Betancur, quien tom&oacute; la valiosa decisi&oacute;n de insistir en darle un tratamiento pol&iacute;tico al conflicto y a la guerrilla, m&aacute;s que un tratamiento militar/criminal (y quien acu&ntilde;&oacute; la noci&oacute;n de las &quot;condiciones objetivas&quot; de la violencia (Ib&iacute;d. 177). El entonces candidato liberal, Alfonso L&oacute;pez Michelsen, tambi&eacute;n subray&oacute; la importancia de esto: &quot;a la subversi&oacute;n hay que encontrarle una soluci&oacute;n pol&iacute;tica, para la cual se requiere un fuerte respaldo de opini&oacute;n&quot; (Ib&iacute;d. 167). Para los autores del informe, las violencias sociales que van m&aacute;s all&aacute; de la violencia propiamente pol&iacute;tica y que son nutridas por los &#39;errores&#39; del Estado, su &#39;debilidad&#39; y su &#39;ineficiencia&#39;, minando la legitimidad del Estado, tienden a reforzar la violencia pol&iacute;tica: </p>     <blockquote> &#91;&hellip;&#93; la desconfianza en las v&iacute;as civilizadas, engendrada por esas formas de violencia, alimenta las motivaciones de muchos ciudadanos para incorporarse a la vida guerrillera, lo cual las convierte en un factor m&aacute;s de la propia violencia pol&iacute;tica. (Ib&iacute;d. 170) </blockquote>     <p> Entonces, aqu&iacute; encontramos una tesis m&aacute;s compleja y matizada sobre el continuum entre la violencia social y la violencia pol&iacute;tica. Los autores sugieren que las dos formas de violencia se deber&iacute;an tratar de manera conjunta. Sin embargo, en fin, el texto tiene una orientaci&oacute;n Estado-c&eacute;ntrica, que se inclina, principalmente, hacia el liberalismo y que habla en t&eacute;rminos algo as&eacute;pticos y ambiguos sobre el papel de la econom&iacute;a frente a las violencias. Por ejemplo, dicen que, </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> los sectores dirigentes de la sociedad colombiana deben asumir su cuota de responsabilidad por su inacci&oacute;n ante las posibilidades de desarrollo socioecon&oacute;mico de nuestro pa&iacute;s, la cual ha influido en la situaci&oacute;n de pobreza y violencia que sufren amplios sectores de la poblaci&oacute;n. (S&aacute;nchez et al. 29) </blockquote>     <p> El problema es percibido como un asunto de inacci&oacute;n m&aacute;s que algo relacionado con la naturaleza de la econom&iacute;a capitalista y su relaci&oacute;n estructural con el Estado moderno. Sin embargo, en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo la Comisi&oacute;n es m&aacute;s cr&iacute;tica del Estado con respecto a los derechos humanos. Reconoce la aniquilaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica y encarga al Estado con la responsabilidad de respetar los derechos humanos so pena de convertirse en Estado de terror. Se&ntilde;ala que sectores del Estado est&aacute;n vinculados con los paramilitares. Sobre la responsabilidad por violar el derecho a la vida leemos que, </p>     <blockquote> &#91;&hellip;&#93; los responsables se pueden diferenciar, pasando de los puramente individuales hasta los institucionales, como el Estado y la forma como est&aacute; organizada la sociedad. Esto explica que en el recorrido del trabajo de la Comisi&oacute;n nos hayamos planteado problemas que van desde la supervivencia de las sociedades ind&iacute;genas en nuestro pa&iacute;s, el papel del Estado en el desarrollo regional urbano, las responsabilidades de las agrupaciones pol&iacute;ticas en la b&uacute;squeda de la paz, hasta modalidades m&aacute;s privadas e individualizadas de expresi&oacute;n de la violencia y de imposibilidad de manifestar los derechos humanos. (Ib&iacute;d. 255) </blockquote>     <p> La responsabilidad es entendida en t&eacute;rminos directos relacionados con ciertos individuos y, en sentido indirecto, relacionado con las instituciones y las estructuras sociales. Entonces, para resumir, las principales tesis de la Comisi&oacute;n sobre la violencia son: </p> <ol>     <li>La violencia es multifac&eacute;tica con diversas causas y condiciones.</li>     <li>La violencia principal es la &#39;de la calle&#39;, la que es &#39;no-negociable&#39; y que no es propiamente pol&iacute;tica.</li>     <li>La debilidad del Estado, su falta de presencia y su ineficiencia administrativa (particularmente en la rama judicial) explican la presencia de violencia en muchas regiones (m&aacute;s que la configuraci&oacute;n de clase del Estado y sus prioridades ideol&oacute;gicas y estrat&eacute;gicas).</li>     <li>La desigualdad social es un factor en fomentar las violencias.</li>     <li>El cerramiento del sistema pol&iacute;tico en el Frente Nacional cre&oacute; las condiciones para el surgimiento de opciones insurreccionales.</li>     </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En fin, se puede decir que el texto reconoce, hasta cierto punto, las llamadas &#39;condiciones objetivas&#39; de la violencia y que apunta a la necesidad de negociar no solo entre el Estado y la insurgencia, sino entre todos los sectores sociales. No puede haber una &quot;reforma por arriba&quot; (S&aacute;nchez et al. 53). A pesar de ciertas debilidades del an&aacute;lisis, posiblemente derivadas de sus inclinaciones ideol&oacute;gicas y normativas, la narrativa que se desprende de este importante diagn&oacute;stico no descarta la noci&oacute;n de razones estructurales de fondo que al menos inciden en, si no causan, las violencias. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Estos dos an&aacute;lisis hacen uso del concepto de las causas estructurales/objetivas de las violencias, con sus matices particulares. Demuestran unas diferencias entre s&iacute; respecto a las explicaciones que le dan a la violencia/las violencias, particularmente, en relaci&oacute;n con el papel del Estado y su responsabilidad por las violencias, pero hay que tener en cuenta que se trata de dos &eacute;pocas hist&oacute;ricas diferentes. Hay elementos de continuidad respecto al tipo de an&aacute;lisis, especialmente en relaci&oacute;n con las llamadas causas estructurales/objetivas, igual que elementos de diferencia, como el papel del Estado y el factor de la pobreza en las explicaciones. En fin, los dos informes demuestran en sus an&aacute;lisis la centralidad del concepto de las causas estructurales/objetivas; y a pesar de algunas incoherencias en las explicaciones, ambos informes demuestran la utilidad y adaptabilidad del concepto, lo cual sugiere que todav&iacute;a puede ser un concepto anal&iacute;tico valioso para comprender los conflictos y violencias actuales. </p> <hr>    <br> <b>Notas al Pie</b>     <p> <a href="#p1b" name="p1"><sup>1</sup></a> &quot;Diferentes tipos de explicaci&oacute;n la mayor&iacute;a de las veces est&aacute;n pol&iacute;ticamente implicados, sea que vengan de los contendores de un conflicto o de terceros. Esto fue el caso durante la Guerra Fr&iacute;a y es una caracter&iacute;stica com&uacute;n de los conflictos posteriores. Por ejemplo &#91;&hellip;&#93; se puede observar la diferencia entre las interpretaciones relacionales de &#39;terceros&#39; del conflicto en Irlanda del Norte, por ejemplo la del modelo &#39;interno&#39; de conflicto, y las interpretaciones &#39;tradicionales nacionalistas&#39; y &#39;tradicionales unionistas&#39; hist&oacute;ricamente propagadas por los principales actores del conflicto. Esto tambi&eacute;n demuestra c&oacute;mo las perspectivas externas &#39;neutrales&#39;, incluyendo las diversas teor&iacute;as acad&eacute;micas, pueden estar tan pol&iacute;ticamente implicadas en el conflicto como cualquier otra&quot; (Miall, Ramsbotham, Woodhouse 79).    <br> <a href="#p2b" name="p2"><sup>2</sup></a> Como se&ntilde;ala el historiador James Sanders, hay una tendencia en la literatura cl&aacute;sica sobre la pol&iacute;tica colombiana del siglo XIX a concebir a los subalternos como una masa manipulada e ignorante, lo cual seguramente ha contagiado ciertos enfoques y abordajes sobre el siglo XX. &quot;Traditional literature concerning nineteenth-century Colombian politics suggests that subalterns were politically ignorant, indifferent, or, simply, the clients of powerful patrons. This approach &mdash;besides excluding plebeians from history and denying them agency&mdash; fails to explain the astonishing variety of subaltern political action and discourse in the nineteenth century and elites&#39; continual efforts to come to terms with subaltern politics. Such assumptions also ascribe a power to elites that, at least in Colombia, they simply did not possess&quot; (Sanders 2).    <br> <a href="#p3b" name="p3"><sup>3</sup></a> Como nota el fil&oacute;sofo Alasdair MacIntyre, &quot;tal concepto de ciencia social ha dominado la filosof&iacute;a de la ciencia social durante doscientos a&ntilde;os&quot; (MacIntyre, <i>Tras la</i> 116).    <br> <a href="#p4b" name="p4"><sup>4</sup></a> El texto es claro en reconocer la multi-causalidad de la violencia y la dificultad de precisar causas exactas. No obstante, es claro que los autores le dan m&aacute;s peso a unas posibles explicaciones sobre otras.    <br> <a href="#p5b" name="p5"><sup>5</sup></a> Los autores esbozan la hip&oacute;tesis de que la desigualdad econ&oacute;mica, el desempleo, y la injusta distribuci&oacute;n de la tierra son posibles causas de resentimientos que preparan el terreno social y subjetivo para las opciones subversivas en la forma de acci&oacute;n colectiva (<i>Cf</i>. Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 460-62). Sin embargo, en la parte del segundo tomo dedicada a postular posibles &#39;terap&eacute;uticas&#39; a la violencia, es de notar que no haya menci&oacute;n de los factores econ&oacute;micos. La tesis de la frustraci&oacute;n de necesidades est&aacute; relacionada con la noci&oacute;n de la &#39;violencia estructural&#39; propuesta por Johan Galtung (1969) (<i>Cf</i>. Jacoby).    <br> <a href="#p6b" name="p6"><sup>6</sup></a> El concepto de violencia &#39;tel&eacute;tica&#39; lo definen as&iacute;: &quot;cuando el conflicto emplea la t&eacute;cnica de la violencia con miras a llegar a una meta racional, o cuando apela a un bien com&uacute;n superior, real o ficticio, para los grupos encontrados, est&aacute; en la etapa tel&eacute;tica&quot; (Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, <i>Tomo II</i> 442).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#p7b" name="p7"><sup>7</sup></a> Guzm&aacute;n, Fals, Uma&ntilde;a, afirman que para solucionar la crisis &quot;es necesario crear de nuevo en los colombianos &#39;un pensamiento, un inter&eacute;s y una voluntad de naci&oacute;n&#39;&quot; (<i>Tomo II</i> 498).    <br> <a href="#p8b" name="p8"><sup>8</sup></a> Este informe quiz&aacute;s representa el primer paso en el generalmente aceptado cuestionamiento de una relaci&oacute;n entre pobreza y violencia, a pesar de su reconocimiento de una relaci&oacute;n entre desigualdad y violencia. Como nota Pablo Valenzuela, la negaci&oacute;n de un v&iacute;nculo entre pobreza y violencia &quot;tiende a popularizarse en Colombia&quot; (Valenzuela 8). Sobre la menor importancia dada a la pobreza como factor explicativo de la violencia a favor de explicaciones centradas en la impunidad y el narcotr&aacute;fico dice, &quot;pese a su importancia para explicar la violencia explosiva de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el narcotr&aacute;fico y el colapso de la justicia &mdash;los factores enfatizados en los nuevos estudios&mdash; no ocurren en un vac&iacute;o social, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico; m&aacute;s bien, son eslabones de una cadena causal m&aacute;s larga de la que muy probablemente condiciones objetivas &mdash;como la pobreza y la exclusi&oacute;n&mdash; son parte. La localizaci&oacute;n de una variable al final de la secuencia &mdash;aun dejando de lado el problema de los efectos resultantes de la interacci&oacute;n entre variables&mdash; no justifica que se le considere como &quot;la causa&quot; del fen&oacute;meno&quot; (Ib&iacute;d. 10). </p> <hr>    <br> </font> <font face="verdana" size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font> <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p> Bejarano &Aacute;vila, Jes&uacute;s Antonio, Echand&iacute;a Castilla, Camilo, Escobedo, Rodolfo, Enrique Le&oacute;n Queruz. <i>Colombia: inseguridad, violencia y desempe&ntilde;o econ&oacute;mico</i>. Bogot&aacute;: Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo/Universidad Externado de Colombia, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0124-6127201300020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Deas, Malcolm. <i>Intercambios violentos. Reflexiones sobre la violencia pol&iacute;tica en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Taurus/Pensamiento, 1999. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0124-6127201300020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Fals Borda, Orlando. <i>El problema de c&oacute;mo investigar la realidad para transformarla por la praxis</i>. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, 1994. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-6127201300020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Fay, Brian and Donald J. Moon. &quot;What would an adequate philosophy of social science look like? Martin, Michael y Lee C. McIntyre. <i>Readings in the Philosophy of Social Science</i>. Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1994. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-6127201300020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Giraldo, Javier s.j. <i>Guerra o democracia</i>. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n y la Cultura, 2003. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-6127201300020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Gonz&aacute;lez, Fern&aacute;n E., Bol&iacute;var, Ingrid J. y Te&oacute;filo V&aacute;squez (eds.). <i>Violencia pol&iacute;tica en Colombia: de la naci&oacute;n fragmentada a la construcci&oacute;n del Estado</i>. Bogot&aacute;: CINEP, 2002. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-6127201300020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Guzm&aacute;n Campos, Germ&aacute;n, Fals Borda, Orlando y Eduardo Uma&ntilde;a Luna. <i>La violencia en Colombia, Tomo I</i>. Bogot&aacute;: Taurus, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-6127201300020001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> ---. <i>La violencia en Colombia, Tomo II</i>. Bogot&aacute;: Taurus, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-6127201300020001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Harvey, David. &quot;Population, Resources, and the Ideology of Science&quot;. <i>Economic Geography</i>. Jul. 1974: 256-277. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-6127201300020001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Hylton, Forrest. <i>Evil Hour in Colombia</i>. London: Verso, 2006. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-6127201300020001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Jacoby, Tim. <i>Understanding Conflict and Violence. Theoretical and Interdisciplinary Approaches</i>. Abingdon: Routledge, 2008. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-6127201300020001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> MacIntyre, Alasdair. &quot;The idea of a Social Science&quot;. <i>Against the Self-Images of the Age. Essays on Ideology and Philosophy</i>. London: Duckworth, 1971. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-6127201300020001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> ---. <i>Whose Justice? Which Rationality?</i> Indiana: University of Notre Dame Press, 1988. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-6127201300020001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> ---. <i>Tras la virtud</i>. Madrid: Biblioteca de Bolsillo, 2001. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-6127201300020001500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> M&eacute;sz&aacute;ros, Istv&aacute;n. &quot;Ideology and Social Science&quot;. <i>Socialist Register</i>. 1972: 35-81. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-6127201300020001500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Miall, Hugh, Ramsbotham, Oliver, Tom Woodhouse. <i>Contemporary Conflict Resolution: The Prevention, Management, and Transformation of Deadly Conflicts</i>. Oxford: Polity Press, 2005. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-6127201300020001500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Montenegro, Armando y Carlos Esteban Posada. <i>La violencia en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Alfaomega, 2001. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-6127201300020001500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Orozco, Iv&aacute;n. <i>Sobre los l&iacute;mites de la nueva conciencia humanitaria: dilemas de la paz y la justicia en Am&eacute;rica Latina</i>. Bogot&aacute;: Temis/Universidad de Los Andes, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-6127201300020001500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Ortiz, Carlos Miguel. &quot;Historiograf&iacute;a de la Violencia&quot;. Archila Neira, Mauricio et al. <i>La historia al final del milenio: ensayos de historiograf&iacute;a colombiana y latinoamericana</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional, 1995. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-6127201300020001500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Palacios, Marco y Frank Safford. <i>Colombia: pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida</i>. Su historia. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma, 2002. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-6127201300020001500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Parsons, Talcott. <i>The Social System</i>. Glencoe, Illinois: The Free Press, 1951. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-6127201300020001500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> ---. <i>The Structure of Social Action. Volume I & II</i>. Glencoe, Illinois: The Free Press, 1967. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-6127201300020001500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Pizarro Le&oacute;n G&oacute;mez, Eduardo. <i>Insurgencia sin revoluci&oacute;n: la guerrilla en Colombia en una perspectiva comparada</i>. Texas: Universidad de Texas, 1996. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-6127201300020001500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Ram&iacute;rez Castro, Juana. &quot;&iquest;Desde qu&eacute; presupuestos se estudia la violencia en Colombia? Entre las convicciones y la realidad cotidiana de su elecci&oacute;n&quot;. <i>Co-Herencia</i>. Jul-Dic. 2010: 69-93. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-6127201300020001500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Ramsbotham, Oliver. <i>Transforming Violent Conflict: Radical Disagreement, Dialogue and Survival</i>. Abingdon: Routledge, 2010. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-6127201300020001500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Rubio, Mauricio. &quot;Rebeldes y criminales. Una cr&iacute;tica a la tradicional distinci&oacute;n entre el delito pol&iacute;tico y el delito com&uacute;n&quot;. Arocha, Jaime, Cubides, Fernando y Myriam Jimeno. <i>Las violencias: inclusi&oacute;n creciente</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional, 1998. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-6127201300020001500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> S&aacute;nchez, Gonzalo, Arocha, Jaime, Camacho G., &Aacute;lvaro, Fajardo M., Dar&iacute;o, Guzm&aacute;n B., &Aacute;lvaro, Andrade A., Lu&iacute;s Alberto, Jaramillo, Carlos Eduardo et al. <i>Colombia: violencia y Democracia</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional/COLCIENCIAS, 1988. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-6127201300020001500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Sanders, James. <i>Contentious Republicans. Popular Politics, Race, and Class in Nineteenth-Century Colombia</i>. Durham/London: Duke University Press, 2004. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-6127201300020001500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Taylor, Charles. &quot;Neutrality in Political Science&quot;. Martin, Michael y Lee C. McIntyre. <i>Readings in the Philosophy of Social Science</i>. Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1994. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-6127201300020001500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Uribe Botero, &Aacute;ngela. &quot;Berito Cobaria: &iquest;El Otro de la Inclusi&oacute;n Discursiva?&quot; Sierra Mej&iacute;a, Rub&eacute;n y  Alfonso G&oacute;mez-M&uuml;ller (eds.). <i>La Filosof&iacute;a y la Crisis Colombiana</i>. Bogot&aacute;: Taurus, 2002. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-6127201300020001500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Valenzuela, Pedro. &quot;Reflexiones sobre interpretaciones recientes de la violencia en Colombia&quot;. <i>Seminario sobre Pobreza y Violencia en Colombia</i>. Universidad de Uppsala, Suecia, 28 de noviembre de 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-6127201300020001500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Winch, Peter. <i>The Idea of a Social Science</i>. London: Routledge, 1958. Print.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-6127201300020001500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Zuleta Pardo, M&oacute;nica. &quot;La Moral de la Crueldad&quot;. <i>N&oacute;madas</i>. Oct. 2010: 13-29. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-6127201300020001500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
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