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<journal-title><![CDATA[Discusiones Filosóficas]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Vicerrectoría de Investigaciones y Postgrados, Universidad de Caldas]]></publisher-name>
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<article-id pub-id-type="doi">10.17151/difil.2016.17.29.7</article-id>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Apuntes para una teoría estoica de la acción animal]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Observations for a stoic theory of animal action]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper argues that, by applying the doctrine of oikeiosis, it is possible to consider a theory of animal action in the Stoic thought. The text asserts that, even when the Stoics accepted the existence of impressions, impulses and assents in humans as well as in animals, the content of these concepts are, in each case, different. In that sense, this paper permits to identify more precisely what is distinctive of animals, and shows how the comparison between human beings and animals states a consistency in the doctrine according to which animals behave according to its nature.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p> DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.17151/difil.2016.17.29.7" target="_blank">10.17151/difil.2016.17.29.7</a> </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Apuntes para una teor&iacute;a estoica de la acci&oacute;n animal    <br>    <br> Observations for a stoic theory of animal action</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>Catalina L&oacute;pez G&oacute;mez<a href="#a1" name="a1b">*</a>    <br> Universidad de la Salle, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:clopez@gmail.com">clopez@gmail.com</a></center> </p>     <p> <a href="#a1b" name="a1">*</a> <a href="http://orcid.org/0000-0002-9004-8408" target="_blank">orcid.org/0000-0002-9004-8408</a> </p>     <p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<center>Recibido el 23 de junio de 2016, aprobado el 15 de septiembre de 2016</center> </p> <hr>    <br> <b>Resumen</b>     <p> El art&iacute;culo defiende la posibilidad de una teor&iacute;a de la acci&oacute;n animal en el planteamiento estoico apoy&aacute;ndose en la doctrina de la <i>oikeiosis</i>. El art&iacute;culo afirma que, si bien los estoicos plantearon la existencia de impresiones, impulsos y asentimientos en el caso de los seres humanos y de los animales, el contenido que tienen dichos conceptos en cada uno de los &aacute;mbitos es sustancialmente diferente. En ese sentido, la exploraci&oacute;n que se realiza permite, por un lado, identificar con mayor precisi&oacute;n lo que es distintivo de los animales desde la perspectiva estoica y, por otro, mostrar c&oacute;mo la comparaci&oacute;n entre seres humanos y animales ratifica una unidad de criterio en la doctrina, seg&uacute;n la cual los seres naturales se comportan conforme a su naturaleza. </p> <b>Palabras claves</b>     <p> Estoicos, teor&iacute;a de la acci&oacute;n, animal, <i>oikeiosis</i>. </p> <b>Abstract</b>     <p> This paper argues that, by applying the doctrine of <i>oikeiosis</i>, it is possible to consider a theory of animal action in the Stoic thought. The text asserts that, even when the Stoics accepted the existence of impressions, impulses and assents in humans as well as in animals, the content of these concepts are, in each case, different. In that sense, this paper permits to identify more precisely what is distinctive of animals, and shows how the comparison between human beings and animals states a consistency in the doctrine according to which animals behave according to its nature. </p> <b>Key words</b>     <p> Stoics, theory of action, animal, <i>oikeiosis</i>. </p> <hr>     <p> El presente trabajo examina el sentido que la corriente estoica le da a los t&eacute;rminos <i>impresi&oacute;n, impulso</i> y <i>asentimiento</i> en el &aacute;mbito animal<a href="#p1" name="p1b"><sup>1</sup></a>. Lo anterior motivado por el interrogante que surge cuando se constata que los t&eacute;rminos fundamentales que soportan la teor&iacute;a estoica de la acci&oacute;n son atribuidos tanto a los animales como a los hombres, aun cuando los primeros carecen de raz&oacute;n y &eacute;sta es un eje fundamental de dicha teor&iacute;a. La pregunta inicial se puede resumir de la siguiente manera: &iquest;en qu&eacute; medida el sentido que se atribuye a los elementos principales de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n difiere en los &aacute;mbitos humano y animal? </p>     <p> La respuesta que se brinda a lo largo de estas p&aacute;ginas es que, si bien los estoicos plantearon la existencia de impresiones, impulsos y asentimientos en el caso de los hombres y de los animales, el contenido que tienen dichos conceptos en cada uno de los &aacute;mbitos es sustancialmente diferente. En ese sentido, la exploraci&oacute;n que ac&aacute; se realiza permite, por un lado, identificar con un mayor nivel de precisi&oacute;n lo que es distintivo de los animales desde la perspectiva estoica y, por otro, mostrar c&oacute;mo la comparaci&oacute;n entre hombres y animales ratifica una unidad de criterio en la doctrina, seg&uacute;n la cual los seres naturales se comportan conforme a su naturaleza. </p>     <p> Con el prop&oacute;sito de realizar esta indagaci&oacute;n, en el primer aparte del texto se plantea el dilema que implica reconocer el impulso en el &aacute;mbito animal, el cual, por su encadenamiento en la teor&iacute;a estoica, desata una reflexi&oacute;n necesaria sobre los otros elementos aqu&iacute; analizados. Se trata de un proemio sobre las secciones que se desarrollar&aacute;n luego. Por su parte, en las secciones segunda, tercera y cuarta se examinan brevemente los significados de las impresiones, el asentimiento y el impulso. Finalmente, el texto hace un sencillo excurso sobre el tel&oacute;n de fondo que da unidad a la doctrina, el cual consiste, como ya se dijo, en la posibilidad de comprender c&oacute;mo tanto hombres como animales obran conforme a su naturaleza. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>A&#93; El punto de partida: el reconocimiento del impulso en el animal. Necesidad de explorar los dem&aacute;s elementos.</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"> &quot;No hay ni acci&oacute;n ni impulso sin asentimiento, sino que se refieren a ficciones e hip&oacute;tesis vanas quienes creen que, gener&aacute;ndose una impresi&oacute;n apropiada, de inmediato se da el impulso, no habiendo ellos ni cedido ni asentido&quot;    <br> Plutarco (LS 53S) </p>      <p> Desde la postura estoica, tal y como es posible rastrear en Di&oacute;genes Laercio (LS 57A) y Cicer&oacute;n (LS 59D), al momento de nacer, el animal se percata de s&iacute; mismo, de sus partes y de la funci&oacute;n para la que cada una de ellas le fue otorgada por la naturaleza. De dicha conciencia de s&iacute; se deriva necesariamente que el animal sienta aprecio por s&iacute; mismo y por su constituci&oacute;n y que persiga todo aquello que lo beneficia y reh&uacute;ya a lo que puede lastimarlo. </p>     <p> As&iacute;, para dirigirse a aquello que le resulta <i>familiar</i>, el animal debe contar con sensaci&oacute;n e impulso (Cfr. LS 57A). Por medio de la sensaci&oacute;n forma impresiones de los objetos externos y el impulso le permite dirigirse hacia lo que se le presenta como adecuado. De esta manera, &quot;la idea de la preservaci&oacute;n lleva impl&iacute;cita la de <i>actuar</i>: hacer algo a fin de que pueda uno mismo estar en el estado de ser mantenido&quot; (Engberg-Pedersen 158). </p>     <p> Lo anterior implica que la doctrina de la <i>oikeiosis</i> habilita el uso de t&eacute;rminos como impresi&oacute;n, asentimiento, impulso y acci&oacute;n en el &aacute;mbito animal, aun cuando &eacute;stos parecieran estar ligados principalmente al desarrollo epistemol&oacute;gico y &eacute;tico del ser humano. En efecto, al sostener que los animales tienen impresiones y que se presenta en ellos el impulso primario que los dirige hacia lo que preserva su existencia, resulta necesario aceptar que el animal asiente pues &quot;todos los impulsos son asentimientos&quot; (LS 33I). </p>     <p> Los animales, al tener alma, son afectados por impresiones que generan impulsos de atracci&oacute;n o rechazo. El impulso es el que conduce al animal a moverse, a desplazarse, y, seg&uacute;n lo visto, esto no es posible si antes no se ha asentido, pues el asentimiento parece ser el motor que genera toda acci&oacute;n o movimiento local. Siendo esto as&iacute;, conviene rastrear en qu&eacute; medida los conceptos fundamentales de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n estoica se presentan en el caso del animal y para ello se debe abordar el primer momento de este proceso: las impresiones. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>B&#93; Impresiones animales</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Antes de comenzar esta secci&oacute;n es preciso recordar que los estoicos establecen notables diferencias al interior de las impresiones. Por ese motivo, resulta indispensable identificar qu&eacute; tipo de impresiones est&aacute;n en juego en el caso que nos ocupa. Apoyados en los textos de Di&oacute;genes Laercio (LS 39A) y de Estobeo (LS 53Q), sostendremos que las impresiones que afectan el alma del animal son impresiones sensibles<a href="#p2" name="p2b"><sup>2</sup></a>, irracionales e impulsivas. Al afirmar que se trata de impresiones irracionales, se debe inferir que las impresiones de los animales no pueden ser, a diferencia de las de los seres humanos, pensamientos, por lo que no poseen car&aacute;cter proposicional, ni pueden abarcar g&eacute;neros ni especies (en tanto &eacute;stos son concepciones, exclusivas del g&eacute;nero humano)<a href="#p3" name="p3b"><sup>3</sup></a>. Y, tendr&aacute;n que ser impresiones impulsivas dado que, tal y como lo muestra Estobeo, son &eacute;stas las que ponen en movimiento al impulso conduciendo al animal a alg&uacute;n tipo de acci&oacute;n (Cf. LS 53Q). </p>     <p> Una vez admitido que los animales tienen impresiones resulta necesario abordar otro asunto. Seg&uacute;n los estoicos, al hablar de impresiones en el caso del ser humano, es necesario poner sobre la mesa &quot;la parte rectora&quot; o &quot;lo conductor del alma&quot;. No puede ser de otro modo cuando se sostiene que &quot;una presentaci&oacute;n es una alteraci&oacute;n en lo rector&quot; (LS 53F). La impresi&oacute;n, afirman, sucede en relaci&oacute;n con una parte cualificada del alma (Cf. LS 40L y LS 53F), la cual, al ser trasladada hacia el &aacute;mbito animal, requiere ser precisada. </p>     <p> Puesto en otras palabras, se ha afirmado que la <i>aisthesis</i> posee una causa externa (lo que se recibe del sensible) y una causa interna. Si bien en el caso del hombre esta &uacute;ltima se asegura mediante la raz&oacute;n, su contraparte animal a&uacute;n est&aacute; por aclararse. Aunque no es evidente la naturaleza de lo rector o <i>hegemonik&oacute;n</i> en el animal, es claro que a la hora de producirse las impresiones en &eacute;l interviene alguna facultad que le permite al animal reconocer los elementos de la impresi&oacute;n, aunque &eacute;sta no tenga el car&aacute;cter intelectual que posee en el hombre. De hecho, Fil&oacute;n sostiene que &quot;nuestro intelecto posee cierta analog&iacute;a con el alma del animal irracional&quot; (LS 47P), por lo que podr&iacute;a pensarse, siguiendo la tradici&oacute;n aristot&eacute;lica, que dicha capacidad la asegura en el animal la imaginaci&oacute;n<a href="#p4" name="p4b"><sup>4</sup></a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> De otro lado, las impresiones que se dan en los animales no pueden tener la pretensi&oacute;n de ser piezas determinantes de un aparato cognitivo (como s&iacute; lo es en el caso del hombre la impresi&oacute;n <i>kataleptik&eacute;</i>), ni pueden ser evaluadas como verdaderas o falsas. &iquest;Qu&eacute; fin tienen entonces este tipo de impresiones en el caso del animal? Tal y como se recoge en la teor&iacute;a estoica de la <i>oikeiosis</i>, las impresiones que se dan en los animales son el material que &eacute;stos reciben del mundo exterior para conducirse hacia aquello que privilegia su supervivencia y bienestar. De ah&iacute; que el animal asienta a las impresiones que se le presentan con miras a perseguir &quot;lo debido&quot; o &quot;lo apropiado en s&iacute; mismo&quot; (<i>tou kath&eacute;kontos aut&oacute;then</i>) seg&uacute;n su naturaleza (Cf. LS 53Q). Por lo que, una vez determinadas las impresiones que se presentan en el caso del animal, es necesario indagar acerca del asentimiento que &eacute;ste confiere a sus presentaciones. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>C&#93; El problema del asentimiento en el animal</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> De entrada, sostener que el animal asiente genera dificultades en tanto el asentimiento parece ser lo distintivo del ser humano frente a las otras especies y lo que le permite adjudicar responsabilidad a sus actos. El asentimiento es el que posibilita pensar en el examen de las opciones y en el c&aacute;lculo pr&aacute;ctico previo al actuar. </p>     <p> Si el asentimiento se caracteriza por depender del sujeto que lo ofrece, por poderse suspender (como lo hace el sabio en ciertas ocasiones), por alcanzarse tras una deliberaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n con fines pr&aacute;cticos, etc., entonces evidentemente supone una actividad racional que no est&aacute; presente en el &aacute;mbito de los animales. Seg&uacute;n la epistemolog&iacute;a estoica, el asentimiento, tal y como lo afirma Estobeo, se da a proposiciones (Cf. LS 33I)<a href="#p5" name="p5b"><sup>5</sup></a>, siendo el uso lingü&iacute;stico lo que devela los procesos de pensamiento propios de los seres humanos. </p>     <p> Lo anterior parecer&iacute;a un serio impedimento para trasferir el concepto de asentimiento al &aacute;mbito del animal. &iquest;C&oacute;mo debe entenderse que, por una parte, los textos justifiquen hablar de asentimiento en el animal teniendo en cuenta que &eacute;ste posee impulso y, por otra parte, su contenido parezca restringir este concepto al &aacute;mbito humano? &iquest;Debe atribuir el lector esta aparente inconsistencia a diferencias temporales, de transcripci&oacute;n o debidas a la diversidad de voces con las que fue recogido el pensamiento estoico? Dado que los textos habilitan este concepto en el &aacute;mbito animal, quiz&aacute;s la lectura que se debe hacer de este t&eacute;rmino en el caso de los animales irracionales consista en un asentimiento cuyo contenido sea diferente. </p>     <p> A continuaci&oacute;n, se propondr&aacute; una interpretaci&oacute;n del uso del concepto de asentimiento en el animal, partiendo de la tesis de que dicho concepto debe entenderse como an&aacute;logo a aquel propio del &aacute;mbito humano. Para caracterizar este tipo de asentimiento, en el presente art&iacute;culo se propone la necesidad de examinar hacia qu&eacute; se dirige este asentimiento y de qu&eacute; manera lo hace. </p>     <p> La teor&iacute;a estoica de la <i>oikeiosis</i> admite en el caso del animal un conocimiento pre- intelectual que le es otorgado por la naturaleza al momento de nacer y que se traduce como una cierta conciencia de s&iacute; mismos y de su constituci&oacute;n (Cfr. LS 57B). Dicho &quot;conocimiento&quot; es el que permite intuir que, cuando se sostiene que el animal asiente, lo que &eacute;ste est&aacute; haciendo es afirmar de las impresiones ciertas cosas que puede identificar como <i>familiares</i><a href="#p6" name="p6b"><sup>6</sup></a> y, por tanto, convenientes para s&iacute; mismo. De esta manera, tal y como Cicer&oacute;n afirma, el animal &quot;asiente al objeto que se le muestra como evidente&quot; (LS 40O), es decir, a aquello que se le presenta como acorde a su naturaleza (<i>oikeion</i>)<a href="#p7" name="p7b"><sup>7</sup></a>. </p>     <p> Dicho de otro modo, la naturaleza le ha otorgado al animal una herramienta para poder distinguir aquello que lo favorece (en tanto le permite conservar o mejorar su existencia) y aquello que atenta contra su constituci&oacute;n. Esta herramienta es aquello que se ha denominado como un conocimiento pre-intelectual que, a pesar de no provenir de una facultad racional, opera en el animal guiando su asentimiento. </p>     <p> Si esto es as&iacute;, entonces el animal se ve necesariamente orientado a asentir de forma inmediata a aquello que las impresiones le muestran como beneficioso para su naturaleza y a huir de aquello que se le presenta como algo que podr&iacute;a atentar contra su bienestar. El asentimiento no ser&iacute;a entonces, en su caso, m&aacute;s que el momento en el que el animal identifica gracias a su parte <i>hegemonik&oacute;n</i> elementos <i>familiares</i> en las impresiones que gu&iacute;an su curso de acci&oacute;n. A diferencia del hombre, la ausencia de la facultad racional hace que en el caso del animal su asentimiento no pueda ser, en t&eacute;rminos estrictos, una aprobaci&oacute;n de lo que se presenta pues al no poder deliberar el animal no est&aacute; en capacidad de analizar qu&eacute; se debe aceptar y, por ende, perseguir. Ahora bien, en tanto el animal no dirige su asentimiento a proposiciones, el contenido de las impresiones tiene que aparecerle al animal en otra forma, no como conceptos, sino quiz&aacute;s como predicados primitivos. </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>D&#93; Impulso y movimiento local</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> D&aacute;ndose as&iacute; impresiones y asentimiento en el animal es que se manifiesta el impulso de perseguir las cosas que parecen adecuadas a su naturaleza. El impulso a perseguirlas es el que lo lleva a actuar. No obstante, la acci&oacute;n, en estricto sentido, es exclusivamente humana, pues es el resultado de una deliberaci&oacute;n y un proceso de an&aacute;lisis que el hombre lleva a cabo a partir de la informaci&oacute;n suministrada por sus impresiones. Tal y como lo afirma Clemente, &quot;la capacidad racional, siendo privativa del alma humana, no debe ejercer el impulso del mismo modo en que los animales irracionales &#91;la ejercen&#93;, sino seleccionar las presentaciones y no dejarse llevar por ellas&quot; (BS 24.9). </p>     <p> De lo anterior se desprende que, en el caso del animal, haya que hablar de movimiento o de &quot;acci&oacute;n&quot;. Para justificar lo anterior, vale la pena traer el texto de Estobeo en el que distingue entre el impulso que se da en los animales y el que se presenta en el caso del hombre, siendo este &uacute;ltimo &quot;un movimiento de la mente hacia algo de lo que se encuentra en el dominio de la acci&oacute;n&quot; (LS 53Q). Ahora bien, aun comprendiendo que el impulso del animal no lo lleva a actuar como lo hace el hombre, vale la pena preguntar &iquest;en qu&eacute; medida el animal act&uacute;a voluntariamente? &iquest;Puede asign&aacute;rsele responsabilidad por sus acciones? </p>     <p> Por una parte, al ser el animal el agente del movimiento que realiza, se podr&iacute;a sostener que su acto es voluntario en la medida en que es principio de &eacute;ste. No obstante, aun si se sostuviera que sus &quot;acciones&quot; son voluntarias no ser&iacute;a responsables de &eacute;stas pues el animal no puede dejar de asentir a aquello que se le muestra como &quot;evidente&quot;. Dicho de otro modo, no est&aacute; en los animales la posibilidad de evaluar si lo que se les presenta se ajusta a lo que realmente es o si conviene o no realizar determinada acci&oacute;n. </p>     <p> As&iacute;, el asunto de si es moralmente correcto comer carne, no es un problema para el le&oacute;n a quien se le presenta la imagen de la cebra como algo &quot;adecuado&quot; a su naturaleza. Por otra parte, en el caso del hombre la acci&oacute;n de cazar a la cebra tendr&iacute;a que ser justificada. En efecto, frente a la impresi&oacute;n de &eacute;sta puede optar por otras decisiones como dejarla libre y alimentarse de vegetales<a href="#p8" name="p8b"><sup>8</sup></a>. </p> As&iacute;, tal y como afirma Alejandro de Afrodisia,     <blockquote> todos est&aacute;n de acuerdo en que el ser humano es, por naturaleza, superior a los dem&aacute;s animales en que, a diferencia de ellos, no es arrastrado por sus presentaciones, sino que tiene, por ella, un juez de las presentaciones que le acaecen acerca de ciertas cosas elegibles, usando el cual, si, al ser examinadas, las cosas que se presentan parecen tal y como le parecieron al principio, y lo son, asiente a la presentaci&oacute;n, y de este modo sigue a las cosas que se presentan; en cambio, si le parecen distintas, o alguna otra cosa le parece m&aacute;s elegible, elige &eacute;sta, abandonando lo que al principio le pareci&oacute; elegible. (BS 24.8) </blockquote> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>E&#93; El tel&oacute;n de fondo: hombres y animales obran conforme a su naturaleza</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p align="right"> &quot;S&oacute;lo comprender&aacute;s qu&eacute; debes hacer y qu&eacute; debes evitar cuando hayas aprendido qu&eacute; requiere tu naturaleza&quot;    <br> (S&eacute;neca- Ep&iacute;stola 121) </p>     <p> Hasta aqu&iacute; se ha mostrado c&oacute;mo la presencia de impresiones, asentimientos e impulsos adquiere una connotaci&oacute;n particular en el caso de los animales y c&oacute;mo los estoicos examinan por analog&iacute;a estos casos haciendo comparaciones con lo que sucede en el &aacute;mbito humano. Sin embargo, no deja de sorprender que frente a contenidos tan diversos los autores hayan optado por los mismos conceptos. Frente a esta consideraci&oacute;n, lo que propone este texto es que s&iacute; es posible establecer un trasfondo com&uacute;n entre los hombres y de los animales, la cual justificar&iacute;a este paralelismo que se ha expuesto en las p&aacute;ginas anteriores. </p>     <p> Desde esta perspectiva, teniendo como punto de partida la <i>oikeiosis</i> y como fin la acci&oacute;n, el actuar del animal y del hombre compartir&iacute;an una esencia com&uacute;n: perseguir lo adecuado a su naturaleza. De ah&iacute; que, en el caso de los animales, a&uacute;n si no es posible afirmar que sus actos son &quot;buenos&quot; o &quot;malos&quot;, podr&iacute;a sostenerse que sus actos son adecuados en tanto favorecen su preservaci&oacute;n y su bienestar. Los actos debidos, tal y como sostiene Estobeo, son aquellos que son <i>coherentes con la naturaleza</i> (LS 59B), lo cual implica no s&oacute;lo vivir en coherencia con la naturaleza en su conjunto o, en otras palabras, con el plan c&oacute;smico. En el caso de los racionales, los actos debidos son definidos de forma m&aacute;s precisa como <i>aquellos elegidos por la raz&oacute;n</i> (LS 59B). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Dicho lo anterior no deja de ser sugestivo que mientras la naturaleza deja ver con evidencia, en el caso del animal, aquello que es adecuado a su constituci&oacute;n, en el caso del hombre, lo provee de una facultad como medio para descubrir, por cuenta propia, lo que es deseable con respecto a su modo de actuar. De cierto modo se puede afirmar que el obrar conforme a la naturaleza, que, como vimos, establece una continuidad indiscutible entre animales y hombres, requiere, en el caso de estos &uacute;ltimos una serie de operaciones que demuestran la particularidad de la naturaleza humana. En esa particularidad, la posibilidad de establecer juicios y de valorar lo que es apropiado e inapropiado compromete al hombre a un obrar cuidadoso, en el marco del cual, el actuar conforme a la naturaleza est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con la capacidad de refrenar los impulsos. </p> La idea anterior resulta evidente en el siguiente extracto de Di&oacute;genes Laercio:     <blockquote> En nada, afirman, se distingue la naturaleza en las plantas y en los animales, porque a aquellas las administra sin impulso ni sensaci&oacute;n, y en nosotros hay algunos procesos que tienen un car&aacute;cter vegetativo. Pero dado que a los animales adem&aacute;s se les a&ntilde;ade el impulso, haciendo uso del cual se dirigen hacia lo que les es familiar, para ellos lo que es conforme a la naturaleza es ser administrado de acuerdo con el impulso. Y una vez que la raz&oacute;n les ha sido dada a los racionales como el gobernante m&aacute;s perfecto, el vivir seg&uacute;n raz&oacute;n correctamente se vuelve para ellos lo que es seg&uacute;n naturaleza, pues la raz&oacute;n sobreviene como artesana del impulso. (LS 57A) </blockquote>     <p> Esta artesan&iacute;a del impulso es lo que resalta el rol diferencial de la raz&oacute;n en el marco del comportamiento humano, y es lo que en las p&aacute;ginas anteriores nos permiti&oacute; diferenciar la &quot;acci&oacute;n&quot; del movimiento local. De ello podemos derivar que el ejercicio de la naturaleza propia del hombre, en el marco del pensamiento estoico, implica un compromiso profundo, en el que las capacidades con las cuales contamos deben estar al servicio de una acci&oacute;n orientada por la raz&oacute;n en el marco de la libertad de la que gozamos. </p> La intensidad de este compromiso puede ponerse presente en las palabras de Epicteto:     <blockquote> &iquest;Qui&eacute;n puede obligarlos a asentir a lo que parece falso? Nadie. &iquest;Qui&eacute;n a no asentir a lo que parece verdadero? Nadie. Aqu&iacute; ven ustedes, por lo tanto, que en ustedes hay algo que es libre por naturaleza. &iquest;Qui&eacute;n entre ustedes es capaz de desear o rechazar o tener un impulso o una repulsi&oacute;n o estar preparado o proponerse algo sin haber tenido una presentaci&oacute;n de lo conveniente o de lo que no es debido? Nadie. Por lo tanto, tambi&eacute;n en estas cosas ustedes tienen algo no impedido y libre. (BS 6.22) </blockquote> En el buen uso de esta libertad pareciera reposar el comportamiento conforme a la naturaleza.     <p> Es por ese motivo que al interior de la doctrina estoica se hace tanto &eacute;nfasis en el juicio en el &aacute;mbito de la acci&oacute;n humana. En efecto, es el juicio el que nos permite hacer un uso correcto de nuestra libertad. Marco Aurelio es enf&aacute;tico en ello, al afirmar &quot;Venera la facultad del juicio; en ella est&aacute; todo, para que nunca se encuentre en lo rector &#91;de ti&#93; un juicio que no sea coherente con la naturaleza y con la disposici&oacute;n de un animal racional. Esta &#91;facultad&#93; anuncia la ausencia de precipitaci&oacute;n, la familiaridad con los seres humanos y la coherencia con los dioses&quot; (BS 22.22). </p>     <p> Finalmente diremos que, tal y como se sugiere en la parte final de la cita anterior, la capacidad de emitir juicios y, mediante ellos, de actuar correctamente es lo que conecta nuestra constituci&oacute;n con la l&oacute;gica misma de la naturaleza. De hecho, nuestra capacidad de comprender las causas y las consecuencias, lo correcto y lo incorrecto, nos dota del sentido necesario para compartir la esencia misma del mundo. Al respecto de ello es posible afirmar que el hombre deja de ser una parte del Todo y se convierte en un engendrado a imagen y semejanza de quien lo cre&oacute;. Aunque imperfecto, es de la misma naturaleza que el mundo y, por tanto, puede ser consciente del encadenamiento universal. En palabras de Chr&eacute;tien, &quot;Quant &agrave; l&#39;homme, elle &#91;la Providence&#93; lui a donn&eacute; la conscience de se repr&eacute;sentations et la r&eacute;flexion pour qu&#39;il puisse contempler l&#39;h&aacute;rmonie du monde, la comprendre et en reproduire l&#39;image dans sa conduite&quot; (1988: 27-28). </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>***</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p> Para los estoicos, al momento de nacer, la mente del ser humano se encuentra como una hoja en blanco. Una vez la <i>psych&eacute;</i> se relaciona con el mundo exterior, se ve afectada por los objetos externos cre&aacute;ndose en ella las primeras impresiones. Con &eacute;stas el hombre comienza a construir un edificio epistemol&oacute;gico que enriquecer&aacute; a trav&eacute;s de los a&ntilde;os mediante la intervenci&oacute;n de la experiencia y la imaginaci&oacute;n, entre otras cosas. </p>     <p> La naturaleza propia del ser humano, el hecho de ser racional, permite que, adem&aacute;s de las impresiones sensibles, pueda crear ficciones por medio de la semejanza, la analog&iacute;a, la composici&oacute;n, entre otras cosas, y acumular pensamientos por medio de la memoria creando concepciones. </p>     <p> Esta naturaleza es lo que permite sostener que sus impresiones son <i>procesos de pensamiento</i> (Cf. LS 39A) y que, por lo tanto, poseen un contenido proposicional al que el ser humano asiente, permitiendo distinguir las impresiones verdaderas de las falsas (en tanto de las primeras se realiza un enunciado verdadero, es decir, que es el caso, mientras que las segundas no se ajustan a la realidad). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> No obstante, seg&uacute;n la doctrina estoica no s&oacute;lo los hombres cuentan con una <i>psych&eacute;</i>, sino tambi&eacute;n los animales y &eacute;sta, en ambos casos, puede traducirse como una <i>phusis</i> a la que se agrega sensaci&oacute;n y horm&eacute;<a href="#p9" name="p9b"><sup>9</sup></a>. El hecho de tener alma garantiza entonces en el animal, al igual que en el hombre, dos cosas: las impresiones y el impulso (Cf. LS 53P). Y, al hablar de impulso en el animal, parecemos estar obligados a reconocer en &eacute;ste asentimiento pues el impulso se da &uacute;nicamente cuando se ha asentido a una impresi&oacute;n. </p>     <p> Este reconocimiento de la presencia de impresiones e impulsos en los animales ha motivado nuestra reflexi&oacute;n, la cual se ha concentrado en explicitar los contenidos propios de estos elementos y qu&eacute; los hacen tan distintos del &aacute;mbito humano como comunes en el sentido de aportar a la consideraci&oacute;n de que, tanto hombres como animales, se comportan conforme a su naturaleza. </p>     <p> La exploraci&oacute;n que realizamos nos condujo a resaltar los elementos propios del obrar conforme a la naturaleza en el caso de los seres humanos. All&iacute;, adem&aacute;s de hacer evidente el inmenso compromiso que implica la acci&oacute;n enmarcada en la libertad y el juicio, pudimos corroborar c&oacute;mo la naturaleza humana vincula de manera directa a los hombres con el sentido y la l&oacute;gica de la naturaleza, comprendida como un Todo. </p>     <p> Nos falta s&oacute;lo mencionar que, en un sentido amplio, si bien profundizamos en las conexiones entre naturaleza humana y naturaleza del universo, debemos tambi&eacute;n reconocer que desde la postura estoica los animales tambi&eacute;n participan de la l&oacute;gica del Todo. En efecto, en la doctrina estoica todos los elementos del mundo est&aacute;n en correspondencia, conforman una unidad, hay una afinidad entre ellos. </p>     <p> Todos los seres parecen interdependientes y no son m&aacute;s que aspectos diferentes o manifestaciones de una &uacute;nica realidad, por lo que hablar de objetos separados resulta, cuando menos, problem&aacute;tico. En este sentido, cada una de las acciones realizadas a partir del criterio de lo <i>conforme a la naturaleza</i> &ndash;a la conservaci&oacute;n de la propia constituci&oacute;n&ndash; guarda un aspecto racional sin importar si se dan en el ser humano o en el animal. As&iacute;, la postura estoica nos pone frente a la posibilidad de reconocer que incluso en el &aacute;mbito irracional existe una expresi&oacute;n de la racionalidad del Todo. </p> <hr>    <br> <b>Notas al Pie</b>     <p> <a href="#p1b" name="p1"><sup>1</sup></a> A lo largo de este texto nos referimos gen&eacute;ricamente a &quot;animales&quot; como aquellos animales no- racionales. Si bien se da por sentado que los hombres son tambi&eacute;n animales, por econom&iacute;a de lenguaje aqu&iacute; preferimos la distinci&oacute;n entre hombres y animales sin m&aacute;s, sin hacer alusi&oacute;n a su equivalente: animales racionales y animales no- racionales.    <br> <a href="#p2b" name="p2"><sup>2</sup></a> Siguiendo el comentario de Boeri y Salles (BS), habr&iacute;a que hablar de sensaci&oacute;n en el animal y no de percepci&oacute;n al referirse a la <i>aisthesis</i>, pues lo que se presenta en el caso de los animales son impresiones sensibles no cognitivas. En efecto, ellas est&aacute;n desprovistas de actividad intelectual. Sin embargo, la distinci&oacute;n que establecen con la percepci&oacute;n es que &eacute;sta involucra un acto de asentimiento o cognici&oacute;n, lo cual, al habilitar el concepto de asentimiento en el animal habilitar&iacute;a tambi&eacute;n el concepto de percepci&oacute;n (Cf. Boeri, M. y Salles, R. 10).    <br> <a href="#p3b" name="p3"><sup>3</sup></a> En el caso del hombre, en la impresi&oacute;n tienen lugar tambi&eacute;n los conocimientos y las creencias que se han ido adquiriendo a trav&eacute;s de la experiencia, de forma que en ellas no se manifiestan &uacute;nicamente caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas.    <br> <a href="#p4b" name="p4"><sup>4</sup></a> Para rastrear este asunto en Arist&oacute;teles, ver <i>De Anima</i> III.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#p5b" name="p5"><sup>5</sup></a> Es precisamente este punto el que permite defender la teor&iacute;a estoica frente a la acusaci&oacute;n de Arcesilao que el asentimiento no podr&iacute;a versar sobre impresiones (Cf. LS 41C).    <br> <a href="#p6b" name="p6"><sup>6</sup></a> &quot;La familiaridad parece ser una senso-percepci&oacute;n y una captaci&oacute;n de lo familiar &#91;a uno&#93;&quot; (BS 22.7) y se presenta en el animal como un apetito hacia aquello que le es apropiado de acuerdo a la naturaleza (Cf. BS 22.9).    <br> <a href="#p7b" name="p7"><sup>7</sup></a> El pasaje completo es el siguiente: &quot;Aquellos que rechazan la sensaci&oacute;n y el asentimiento en cierto modo se les quita su mente, pues tal como el platillo de una balanza cuando se ponen las pesas sobre &eacute;l forzosamente se inclina, as&iacute; la mente forzosamente cede a lo que es evidente. Pues de la misma manera que un animal no puede no desear aquello que se le muestra como apropiado a su naturaleza &ndash;esto es lo que los griegos llamaban oike&icirc;on&ndash;, as&iacute; tambi&eacute;n no puede no asentir al objeto que se le muestra como evidente&quot; (LS 40O).    <br> <a href="#p8b" name="p8"><sup>8</sup></a> Aunque los animales tambi&eacute;n se equivocan al actuar (el perro, por ejemplo, puede atacar una serpiente venenosa, o el venado comer un fruto venenoso), s&oacute;lo las acciones del hombre pueden valorarse como buenas o malas, correctas o incorrectas. El yerro moral no es propio de los otros animales pues se ha dicho que su asentimiento no est&aacute; mediado, sino que se da conforme a lo que se le presenta por naturaleza como evidente. Los errores que presentan los animales al actuar se dan entonces no en el impulso sino en la falsedad que pueden contener sus impresiones o en irrupciones en el curso de la naturaleza (el hombre, por ejemplo, al ponerle veneno a un trozo de queso, enga&ntilde;a al rat&oacute;n present&aacute;ndole un objeto de deseo natural al que &eacute;ste inmediatamente asiente y se dirige a comerlo).    <br> <a href="#p9b" name="p9"><sup>9</sup></a> Tal y como lo expone Fil&oacute;n en LS 47Q, los cuerpos se sujetan por disposici&oacute;n (<i>hexis</i>), por naturaleza (<i>phusis</i>) o por alma (<i>psych&eacute;</i>) y &quot;el alma es la naturaleza que ha adquirido presentaci&oacute;n e impulso y tambi&eacute;n es com&uacute;n a los animales irracionales&quot; (LS 47P). </p> <hr>    <br> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p> Boeri, M. y Salles, R. <i>Los fil&oacute;sofos estoicos. Ontolog&iacute;a, l&oacute;gica, f&iacute;sica y &eacute;tica</i>. Sankt Augustin: Academia Verlag Gmbh. 2014. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1055003&pid=S0124-6127201600020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Chr&eacute;tien, C. <i>&Eacute;pictete</i>. Paris: Hatier. 1988. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1055005&pid=S0124-6127201600020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Engberg-Pedersen, T. &quot;El descubrimiento del bien: oik&eacute;iosis y kathekonta en la &eacute;tica estoica&quot;, en Schofield, M. y Striker (comps) <i>Las normas de la naturaleza. Estudios de &eacute;tica helen&iacute;stica</i>. Buenos Aires: Manantial, pp 152-190. 1993. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1055007&pid=S0124-6127201600020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> Long A.A y Sedley D.N. <i>The Hellenistic Philosophers</i> (Vol 1). Cambridge: Cambridge University Press. 1987. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1055009&pid=S0124-6127201600020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> <hr>     <p> <b>Como citar</b>:    <br> L&oacute;pez G., Catalina &quot;Apuntes para una teor&iacute;a estoica de la acci&oacute;n animal&quot;. <i>Discusiones Filos&oacute;ficas</i>. Jul-dic. 2016: 97-109. DOI: 10.17151/difil.2016.17.29.7. </p> </font>      ]]></body><back>
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